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Sebastián Blasco Aznar, el republicano que “suicidaron” al acabar la Guerra Civil

Fue asesinado el 17 de abril de 1939. En octubre de 2020 se exhumaron sus restos junto al cementerio de Andorra. May Borraz narra en ‘El último cuento. De abuelos y cunetas’ los cinco años de investigación sobre la muerte de su abuelo

eldiario.es / Candela Canales / 18/06/2021

“Hacía dos semanas que había acabado la Guerra Civil, aunque en Andorra hacía ya un año que mandaban los fascistas. Sebastián, que es como se llamaba aquel sastre valiente y apuesto, no había ido a la guerra porque era cojo y tenia familia, pero sus hermanos pequeños habían luchado en el bando republicano y hacía muy poco que habían vuelto del frente. Todos estaban muy asustados, pues cada día se iba esparciendo el horror y no había pueblo en el que no hubieran apresado o matado a alguien. Maestros, sindicalistas o simples obreros no dispuestos a achantarse eran sus victimas favoritas”, así empieza el cuento que relata la historia de Sebastián Blasco, el abuelo de May Borraz, que fue asesinado el 17 de abril de 1939 en Andorra (Teruel).

Sebastián Blasco, vecino de Andorra y defensor de la República, murió poco después de terminar la Guerra Civil. Oficialmente se hizo constar como un suicidio, aunque la familia nunca lo creyó. Cuando empezó el conflicto, Sebastián tenía 51 años y su familia se posicionó al completo en el lado republicano. “Desde que había acabado la guerra los fascistas del pueblo se habían envalentonado aún mas y se pasaban el día amenazando a todos los que no comulgaban con sus ideas. Y ellos eran, claramente, de los que no lo hacían. No hacía ni dos días que Sebastián había gritado un ‘Viva la República’ con el puño alzado en las escaleras del Ayuntamiento”, relata Borraz en el libro ‘El último cuento. De abuelos y cunetas’.

Portada del libro ‘El último cuento. De abuelos y cunetas’

El 17 de abril de 1939, terminada la Guerra Civil, murió. La versión oficial de su muerte fue un suicidio, pero su viuda, Manuela, siempre sostuvo que “lo habían matado por la espalda de noche cuando ya había acabado la guerra y volvía a casa, simplemente por republicano”. Estas palabras las reproduce su nieta, May Borraz, en el libro ‘El último cuento. De abuelos y cunetas’, escrito a modo de diálogo ficticio en el que relata a su abuela la búsqueda de los restos de Sebastián.

Fue asesinado por un grupo de falangistas, guardias civiles y afectos al nuevo régimen, y enterrado junto a la tapia del cementerio de la localidad. El parte oficial de la época determinó que Sebastián se suicidó clavándose su navaja en el cuello, para evitar su captura por haber tomado parte “durante la dominación roja en robos y otros hechos”.

La muerte de Sebastián dejo una viuda, Manuela, y tres hijas huérfanas de padre. Pilar, la mayor, tenia trece años; Luisa, la mediana, ocho; y Fabiola, la más pequeña y madre de May Borraz, aún no había cumplido los dos años.

80 años después de su muerte, May Borraz decidió desentrañar los misterios que la rodeaban: “Yo iba preguntando y tenía varias versiones de lo que había pasado y llegó un momento en el que quise conocer la verdad, tampoco sabíamos donde estaban sus restos y decidí que ya tocaba, empezó un proceso de investigación que acabó con una exhumación y dio pie al libro que es un diario novelado sobre el proceso”, explica. Cinco años después, publica ‘El último cuento. De abuelos y cunetas’ en el que relata todo el proceso de búsqueda e investigación.

“Mi abuela repetía como un mantra que lo habían asesinado después de la guerra una pandilla de cobardes, pero mi madre, que sólo tenía dos años cuando ocurrió, lo vivió como con vergüenza; creo que la primera generación, la de entonces, lo vivió con mucho miedo, la siguiente con vergüenza y la mía con rabia”, declaró May durante los trabajos de exhumación.

Exhumación de Sebastián Blasco Aznar

A finales de octubre de 2020 se exhumaron sus restos en las inmediaciones del cementerio de Andorra y el 7 de enero de 2021 se confirmó la identidad de Sebastián Blasco mediante una prueba de ADN. Las labores de exhumación se llevaron a cabo en la zona conocida como el “Corralico”, junto a la tapia exterior del cementerio de Andorra, donde señalan los testimonios que tras ser asesinado, su cadáver fue arrastrado hasta las inmediaciones del cementerio, siendo enterrado fuera del recinto.

El proceso se llevó a cabo con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), a la que van destinados los beneficios de este libro, “es impresionante ver su implicación por una causa de lo mas loable y necesaria. Encontramos varios cuerpos, uno de ellos parecía que era de mi abuelo y luego lo confirmamos”, cuenta Borraz. Destaca la labor de esta asociación y de todas las que se dedican a la lucha por la memoria histórica, y recuerda que “debería ser competencia del Estado, son muertos del país, son derechos humanos y es el Estado el que se tiene que hacer cargo”.

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Fotografía destacadas: Sebastián Blasco Aznar

Fuente:https://www.eldiario.es/aragon/cultura/sebastian-blasco-aznar-republicano-suicidaron-acabar-guerra-civil_1_8051436.html

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Retoman las exhumaciones de la fosa de El Rellán, en Grau

La ARMH, además de llevar a cabo la exhumación de los restos ya localizados, va a llevar a cabo una toma de muestras de ADN a 29 familias de las que se tienen datos

diario16.com / Eva Maldonado / 15/06/2021

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) retoma mañana la exhumación de la fosa de El Rellán, en Grau (Asturias) después de meses de paralización por parte de un juzgado que obligó a interrumpir los trabajos en julio de 2020 y no llevó a cabo como autoridad judicial ningún avance en la búsqueda de los restos de los asesinados que se encuentran en la finca.

En esta ocasión la ARMH, además de llevar a cabo la exhumación de los restos ya localizados,  va a llevar a cabo una toma de muestras de ADN a 29 familias de las que se tienen datos. Además, va a solicitar al juzgado la devolución de todo el material óseo que fue trasladado al juzgado, así como los casquillos de bala que recogieron hace un año. El objetivo es reagrupar todos los restos con los que vayan a ser recuperados estos días.

Un año del inicio del trabajo de la ARMH en Grau

Hace casi un año que la ARMH inicio sus trabajos y ante las primeras evidencias de restos humanos con signos de violencia, y la recuperación de varios casquillos de bala, el Juzgado Número 1 de Grau se personó en el lugar, detuvo la exhumación y lo que parecía una intervención judicial destinada a buscar a los desaparecidos supuso una paralización de la búsqueda que ha causado un retraso de casi un año.

Durante ese tiempo en varias ocasiones la ARMH solicitó al juzgado permiso para retomar los trabajos y fue denegado en espera de informes que tardaron meses en redactarse.

En todos esos momentos la ARMH apeló a la edad avanzada de algunos familiares y a que la Convención de la ONU contra de Desaparición Forzada e Involuntaria insiste en la urgencia con la que deben actuar las instituciones públicas para eliminar lo antes posible las consecuencias dolorosas de la desaparición de un ser querido.

ARMH, recursos propios

La exhumación y las identificaciones de la fosa de Grau la lleva a cabo la ARMH con recursos propios que les proporcionan sus socios, socias y donantes, además del impagable trabajo de personas voluntarias que dedican mucho tiempo y esfuerzos a reparar a las familias.

Por eso molestó que la consejera de Presidencia, Rita Camblor, visitara sus labores de exhumación, que se llevan a cabo sin la participación económica de ninguna institución. La consejera aprovechó ese escenario para hablar del dinero que el Estado destina este año para la memoria en Asturias, cuando la ARMH se opone al sistema de subvenciones y ha llevado a cabo numerosas protestas a políticos que hablan mucho de las partidas económicas y poco de los crímenes y los responsables de los mismos.

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Fotografía destacada: Exhumaciones de ARMH en Grau

Fuente:https://diario16.com/retoman-las-exhumaciones-de-la-fosa-de-el-rellan-en-grau/

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81 años bajo el centro de gravedad permanente

Sus asesinos los enterraron en dos fosas de seis metros de profundidad. Les tenían miedo pese a su muerte. La ARMH ha exhumado los restos de 34 republicanos en el cementerio de Manzanares. Aún quedan otros 250

ctxt.es / Willy Veleta / 12/06/2021

Los lanzaron a plomo desde un carro a una fosa del cementerio, a seis metros de profundidad. La mayoría, tras ser fusilados en una tapia cercana; otros, todavía vivos, y fusilados dentro de la fosa. Caían de pie, iban rebotando en las paredes calizas; algunos, boca abajo; y otros han aparecido en posición fetal, como protegiéndose de los proyectiles de máuser.

Ocurrió en el cementerio de Manzanares (Ciudad Real) en los veranos de 1939 y 1940. Por la profundidad de las fosas 1 y 4 de la zona de extramuros cabe imaginar que fue cavada por picapedreros de la zona, expertos en hacer norias para regar. Picapedreros a punta de pistola, mano de obra barata, falsos autónomos del fascismo. Sin saberlo, estaban construyendo el centro de gravedad permanente para unos socialistas y anarquistas que creían en un mundo más justo. Luego, gracias a la lucha de dos nietas de uno de los fusilados y a voluntarios y voluntarias de una asociación díscola, la permanencia fue de solo 80 u 81 años.

Que las fosas midiesen seis metros de profundidad no fue un calentón de un día, huele a premeditado. Durante los casi tres años de guerra, la CNT colectivizó parte de la comarca –al pueblo de Membrilla se le llegó a llamar La pequeña Rusia– y demostró que las cosas marchaban cuando el señorito no estaba abriendo y cerrando las compuertas de la subsistencia. Todo funcionaba como un reloj y nadie murió de hambre en esos años. Pero la mente de los fascistas de la zona ya estaba diseñando en su cabeza ese centro de gravedad permanente, de permanente gravedad. Cuanto más hondo, mejor, pensarían. Les tenían tanto miedo, que mandaron excavar a seis metros de profundidad, fosas perfectas, inaccesibles para algún familiar despistado o con ganas de “abrir heridas”. Porque si esa gente fue capaz de darle la vuelta a la historia, al campo, a la vida, quién les decía que no podrían darle la vuelta a una fosa y salir de ella arrastrándose para seguir cambiando el mundo.

En los 17 días que pasé en el cementerio no hubo ni uno en el que no me engullera el vértigo y la pena al asomarme a las fosas 1 y 4, donde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) buscaba los restos de 30 fusilados –terminaron encontrando 34–. Te acercabas, mirabas hacia abajo, resoplabas y decías entre dientes: “Madre mía”. Me pasó a mí, le pasó a la bisnieta de uno de los fusilados que vino desde Sevilla, le pasó a una diputada de ERC,  a una nieta de otro fusilado y, seguramente, le pasó a los mismos verdugos si no iban demasiado borrachos.

Imaginé varias veces lo que cruzó por la cabeza de 21 hombres al asomarse a la fosa 1 esa madrugada de junio de 1939. Por momentos, lo pensé de una manera muy irreal.

–Oye, rojo de mierda… te vamos a tirar ahí abajo, no ves el fondo porque es de noche, pero son seis metros de caída vertical, te vas a golpear la cabeza contra las paredes de la fosa, te vamos a alumbrar con una lamparita y te vamos a rematar.

–Vais a estar a las puertas del infierno, llamad, llamad.

Y las víctimas preguntando el porqué, imaginé.

–¿Vosotros creéis que podéis llegar aquí y cargaros 300 años de historia? Colectivizar, dar de comer a todo el mundo, alfabetizar a la gente, no ir a misa, bailar, leer…

Pero no sucedió de esta manera. Un pelotón de fusilamiento asesinó en una tapia, situada a escasos 100 metros de la fosa, a los 21 compañeros de la fosa 1 y a los nueve de la fosa 4, que no confesaron su fe, ni la de nadie.

Alguno seguramente, medio vivo o medio muerto, pudo apreciar la profundidad mientras caía y escuchar los gritos de sus compañeros despeñándose. Muchos fueron arrojados boca abajo, para que les costara más salir. ¿Salir? El centro de gravedad era permanente, pero, cuando se trata de héroes, siempre queda la duda.

No salieron en 81 años, los sacaron sus nietas. Sus hijos e hijas no pudieron. Lo hizo la Agrupación de Familiares de Manzanares. El centro de gravedad quedó atado y bien atado, respetado por siete presidentes de gobierno, tres de ellos de un partido en el que militaban un tercio de los muertos en las cunetas y las fosas. Paradojas de la muerte.

En estas ocho décadas han muerto varias veces más. Murieron el día que Hitler perdió la guerra y los aliados le dieron la espalda a los republicanos españoles. Murieron los que estaban en las fosas y los que sobrevivieron famélicos a Mauthausen-Gusen. Fueron fusilados de nuevo el día en que el genocida murió en la cama, ni cautivo ni desarmado. Los remataron durante la engañosa Transición, llena de amnistía para los verdugos. Los fusilados de la fosa 1 y 4 se giraron y miraron hacia arriba en el 79, y en el 82… Estuvieron a punto de llamar al centro de gravedad mundial para cancelar su permanencia, pero nadie les hizo caso.

Al final, un verano de 2021, un grupo de voluntarios, unos colectivizadores del siglo XXI, se unieron a dos hermanas que habían nacido en ese pueblo maldito y habían huido a Cataluña y empezaron a excavar a dos metros, a tres metros… Resoplaron… siguieron bajando, entibaron, pusieron andamios, se cagaron en Dios al hacerse un esguince en el tobillo por tropezar con uno. Y cuando llegaron al fondo y sacaron al último fusilado… Aplaudieron las nietas, aplaudió una bisnieta. Y el minero entibador y el voluntario del esguince se fundieron en un abrazo.

Yo miré al fondo de la fosa por última vez e imaginé el run run que hubo durante las exhumaciones.

– Compañero, nos están sacando, te lo dije… Algún día saldremos, dio igual cómo nos lanzaran, estamos saliendo, veo la luz, veo caras sonrientes, no veo camisas azules…

– Nunca pensé que sería tanto tiempo, ¿tan abajo estábamos? ¿Cómo es posible que nadie supiera que estábamos aquí?

– Esa señora lleva una camiseta con mi foto, mi hija no es, será mi nieta, tiene mi nariz.

(Las hermanas que movieron Roma con Madrid y Berlín para sacar a los 30 de Manzanares llevaban una camiseta con la foto de su abuelo Alfonso Fontiveros, uno de los jefes de la CNT en la zona).

– Entramos en verano y salimos en verano, no encuentro mis gafas… Me duele todo, quiero ver a mi mujer, o al menos a mi hija, ¿tendré nietas?

– Ya no estoy boca abajo, ya veo el cielo… ¿por qué tanto tiempo? ¿Por qué? Esto merece un pitillo, no encuentro la caja de cerillas, a ver si alguien arriba me da lumbre.

En la fosa 1 se encontraron unas gafas con montura circular y una caja de fósforos alicantinos. Varios de los fusilados pasaron por el puerto de Alicante en un intento de huir del país; luego volvieron a su pueblo al escuchar las palabras de Franco: “Al que no tenga las manos manchadas de sangre no le pasará nada.”

Pero les pasó. Juicio sumarísimo, un par de meses de cárcel. Noches entre rejas obligados a comer arenques mientras les cortaban el agua. Culatazos de máuser en la cara, violaciones a las mujeres, risas de los verdugos sobre el destino que correrían.

Se le puede llamar centro de gravedad permanente o genocidio. Escojan ustedes.

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P.D.: Solo en este cementerio de Manzanares quedan unos 250 fusilados más por exhumar en la parte “católica”. 250 centros de gravedad permanente con permanencia en vigor. Se podría decir que España, en cuanto a gravedad se refiere, es un país centralista. Faltan unos 115.000 compañeros y compañeras por exhumar. ¡Viva Franco, Battiato!

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Fotografía destacada: Fosa del cementerio de Manzanares (Ciudad Real).| W.V.

Fuente:https://ctxt.es/es/20210601/Politica/36315/Willy-Veleta-fosas-guerra-civil-CNT-ARMH-memoria-fusilado.htm?fbclid=IwAR0QrDjPuQGedSfNL3ddKtM5xA7vxeyZDrMFd3_tXmcJvnrEMTkaAf_Q9M0

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El turista indignado ante el olvido del Parador de León como campo de concentración: “Debería dejar de ser un hotel”

El alemán Wilfried Stuckmann señaló en 2014 que no había información en las páginas oficiales sobre el horror vivido allí por los prisioneros republicanos. Siete años después, se ha conseguido un homenaje a puerta cerrada y un panel informativo, aunque sigue ausente alguna referencia en las webs de reserva hotelera

— El Parador de San Marcos de León rinde al fin homenaje a los prisioneros de cuando fue campo de concentración

eldiario.es / Elena Cabrera / 10/06/2021

Wilfried Stuckmann prendió la llama. Lo hizo con la gasolina de la sorpresa y la indignación del extranjero que con tanta frecuencia carece el español. El principio de esta historia habría que situarlo en las vacaciones de Semana Santa de un turista alemán en el mes de abril del año 2014. Wilfried y su esposa recorrían la cornisa cantábrica y decidieron pasar dos noches en San Marcos, el impresionante Parador Nacional de León. ¿Qué es lo que sabían los Stuckmann de aquel lugar antes de llegar? Lo que habían leído en la central de reservas Booking: la exaltante belleza renacentista del edificio, su concepción original como convento, la decoración dotada de fastuosos muebles y tapices, y las habitaciones con wifi gratuita. Ni una sola mención a lo que, una vez allí, les despertó una profunda repulsa.

En su primer día en la ciudad vieron las procesiones y, al caer la noche, tomaron una copa en la Plaza Mayor y se fueron a dormir. A la mañana siguiente, visitaron el claustro del antiguo monasterio y leyeron la información que se les proporcionaba sobre el edificio, como por ejemplo que en el siglo XVI, fue la prisión en la que estuvo encarcelado el ilustre poeta español Francisco de Quevedo. No fue hasta que rebuscaron más, fijándose como solo se fijan los visitantes ociosos, que en la parte de atrás del claustro encontraron unos carteles en los que se explicaba que aquello había sido un campo de concentración entre 1936 y 1940, durante la Guerra Civil española y algo más allá.

“Nos quedamos en shock”, confesó en aquel momento a este diario, que contó que su enfado ante la ausencia de un dato tan relevante como aquel en la plataforma de reservas, le movió a escribir un comentario de queja. La sorpresa siguió en aumento al comprobar que se rechazaba la publicación del comentario porque la política de uso del sitio prohíbe dejar comentarios que hagan alusiones a las guerras. Stuckmann siguió poniendo reclamaciones, pues aseguró que jamás se habría alojado en un lugar donde se hubiera humillado y maltratado a personas de aquella manera, de haberlo sabido. La empresa prefirió devolverle el dinero de su alojamiento antes que publicar sus palabras. El turista decidió donar esos 396 euros a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

El Hostal de San Marcos de León estuvo cerrado durante tres años y fue reabierto en diciembre de 2020 EFE/J.Casares

El pequeño gesto de Wilfried hizo su historia grande y mucha más gente, no los que van y vienen sino los que cada día pisan el mismo suelo que se pisó hace ochenta años, comenzaron a ver lo que estaba delante de sus narices: el Parador de Turismo de León había sido un campo de concentración y nada parecía recordarlo. Los que sí lo recordaban, se estaban muriendo, y a menudo callaban. Siete años después, se ha instalado un panel explicativo que antes no existía y se ha rendido homenaje a los presos de esos muros, con la presencia del más longevo de ellos, Josep Sala, de 101 años. No obstante, ni la página de Booking ni la de Paradores advierte a los viajeros que por allí pasaron alrededor de 20.000 presos republicanos y que entre 1.500 y 2.900 murieron por enfermedades, maltrato o asesinato.

Por otro lado, la placa que solicita la ARMH no es tal, sino el mencionado panel explicativo, que el presidente de la asociación, Emilio Silva, valora que es demasiado pequeño y está mal ubicado. “Esa placa es microscópica y está detrás de una puerta que está cerrada, por lo que solo se visita si específicamente lo pide un cliente”, dice. Silva recuerda que Antonio Gamoneda escribió un manifiesto para la recogida de firmas que se titulaba Una puerta para la memoria, “pero han puesto una puerta cerrada”, añade. Tras esa puerta cerrada, está también la escultura formada por piedra de talco y una chapa de hierro que hasta ahora era el único recuerdo del campo de concentración. Forma parte del Museo de León y está acompañada del texto de Quevedo: “Vivo en conversación con los difuntos y escucho con los ojos a los muertos” y una dedicatoria a “quienes sufrieron prisión, tortura y muerte en San Marcos durante la Guerra Civil (1936-1939)”. Un homenaje que tampoco gusta a Emilio Silva, cuya asociación nació en León, en Ponferrada: “Ni dice quiénes sufrieron prisión ni quiénes los reprimieron, y habla de Guerra Civil pero en León no hubo Guerra Civil”, como recordaba la periodista Olga Rodríguez en su intervención: “No hubo Guerra Civil porque el golpe triunfó a pocas horas del inicio ni hubo bandos enfrentados. Se produjo una persecución sistemática contra quienes pensaban de forma diferente a los franquistas, un plan estudiado para eliminar a quienes tenían unas ideas políticas determinadas y asesinadas por no apoyar el golpe”. Por todo eso, la ARMH va a realizar una queja ante Paradores para que el tablón informativo se sitúe en un lugar de paso, para que sea más visible y que se incluya un párrafo sobre el campo de concentración en la web oficial de este hotel de lujo.

El nuevo panel informativo, de difícil acceso al público, en el Parador de San Marcos Foto cedida

En este tiempo, Wilfried ha seguido las actividades de la ARMH y volvió a saber que nada había cambiado en el Parador de León cuando elDiario.es se puso en contacto con él en diciembre de 2020. En ese momento, dijo que estaba dispuesto a hacer otra donación para conseguir que se instalara la placa que la Asociación llevaba tiempo pidiendo, incluso con una recogida de firmas encabezada por literatos de alta fama. “Supe que el Parador iba a ser renovado y que se estaba intentando borrar el recuerdo de los crímenes fascistas”, explica a elDiario.es desde Berlín tras la celebración del homenaje .

“Es una gran pena que el Parador no haga referencia oficial a su pasado”, dice Stuckmann al respecto de la ausencia de información en la web de Paradores. En el acto de esta semana en San Marcos, en el que además de Josep Sala asistió el poeta Antonio Gamoneda, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, el director del Instituto Cervantes Luis García Montero y los periodistas Olga Rodríguez y Carlos Hernández, hizo la presentación Óscar López, presidente de Paradores. López dijo: “En Paradores no ocultamos la historia”. Que se recoge la información al respecto del campo de concentración en la web es una petición que también viene haciendo en este tiempo la ARMH. “Nunca nos habríamos alojado en un lugar como ese, de haberlo sabido”, dice Wilfried. Hay información que no es fácil de obtener, como dijo Carlos Hernández durante el homenaje, “la historia de San Marcos es muy conocida en León pero muy desconocida en el resto de España”, pero tampoco tan difícil, pues Hernández es el autor del libro Los campos de concentración de Franco: Sometimiento, torturas y muerte tras las alambradasFueron más de 300.

En su presentación, que fue seguida por los medios por streaming ya que se realizó únicamente para un pequeño grupo de invitados, Óscar López habló de que aquel era “un acto para reconocer a las personas que sufrieron por lo que sufrieron”, en un edificio “que tiene mucha historia y por lo tanto no toda ella es positiva, evidentemente”. “Hoy se dedica a cosas mucho más positivas de las que se dedicó en el pasado”, añadió. Y se despidió dedicando el acto “a la memoria de Josep Sala y de los miles como él que vivieron lo que vivieron en estas cuatro paredes”. Unos minutos después, en su intervención, Carlos Hernández pidió a la gente que se aloja en el Parador que “disfrute pero con memoria” y que “no se esconda nunca más la historia, y mucho menos la historia de las víctimas de lugares como este, debajo de la alfombra”.

Josep Sala, de 101 años, superviviente del campo de concentración que el franquismo instaló en el convento de San Marcos y que hoy es el Parador de León. En la fotografía posa delante del panel que al fin recoge la información de lo que ocurrió allí durante la Guerra Civil EFE/J.Casares/POOL

Carlos Hernández califica el campo de San Marcos como uno de los más “letales y terribles” de los 300 que existieron. Zapatero, en su intervención, le contestó diciendo que lamentaba que España “no reparase en que existieron cientos de campos de concentración”, con “personas que estuvieron presas, que fueron fusiladas o que simplemente desaparecieron”. Hernández, contundente en su intervención, indicó que había que “sacar del olvido una página ignorada en los libros de historia y los educativos y es que en España hubo un sistema de campos de concentración, lo cual no es una definición subjetiva, si no que así lo llamaban las tropas franquistas y así lo llamaba la dictadura cuando terminó la guerra”. Un sistema de campos y batallones por el que pasaron cerca de un millón de prisioneros, en su mayor parte hombres. “Hubo exterminio selectivo, investigación a los prisioneros para que ninguno quedara sin purgar, explotación laboral para realizar trabajos forzados por toda España”, añade. San Marcos “era un sitio punitivo y reeducación, donde querían lavarles el cerebro después de haberles derrotado en el campo de batalla”.

Wilfried Stuckmann está aprendiendo español y espera volver pronto de viaje. Ha seguido las reacciones a su pequeña cruzada y también los comentarios en Twitter de familiares de presos que han visibilizado las historias poco a poco olvidadas. “Por otro lado, sigo siendo de la opinión de que el Parador de León no debería ser un hotel, sino exclusivamente un lugar de recuerdo”, señala Stuckmann cuyo ojo está entrenado no solo por la distancia sino también por ser alemán. “Puede ser que en Alemania nos importe más que en España la revalorización histórica de los crímenes fascistas”, dice. “Tal vez, pero también en nuestro país vuelven a sonar voces retrógradas que trivializan los crímenes de los fascistas. Todos, en todos los países del mundo, no debemos cejar en el empeño de mantener viva la memoria de los crímenes”, señala.

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Fotografía destacada: Presos en el patio del campo de concentración de San Marcos de León

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/turista-indignado-olvido-parador-leon-campo-concentracion-deberia-hotel_1_8025764.html

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Homenaje al último superviviente de la prisión de San Marcos: «Pido cordura y sensatez para que no se repita nunca más»

Paradores organiza un homenaje al último supervivientes de la cárcel de San Marcos, Josep Sala | Numerosas autoridades, entre ellas el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, han acudido a este acto

leonoticias.com / 08/06/2021

Con más año pero con la memoria intacta, Josep Sala regresaba a San Marcos. Él es el último superviviente del campo de concentración instalado en la época franquista en lo que hoy es un parador del descanso y del ocio.

Este martes, 8 de junio, ha disfrutado de la hospitalidad que ahora ofrece este lugar, muy distinta al trato que allí recibió hace más de 80 años , por ello pide «cordura y sensatez para los que nos mandan porque una guerra civil es lo peor que le puede pasar a un país».

En esta cita no ha estado solo, el nieto del Capitán Lozano, preso en el campo de Concentración de San Marcos y fusilado en Puente Castro. José Luis Rodríguez Zapatero, conocido por ser expresidente del Gobierno, también ha estado presente para homenajear a su a abuelo y a los miles de presos que allí estuvieron. «Me gustaría poder dar un abrazo intenso a todas las familias de los presos que vivieron unos crudos inviernos de hambre veranos secos de afectos», ha expresado Zapatero quien puesto de manifiesto «el derecho a la memoria personal».

El ex presidente Zapatero confía en la nueva Ley de Memoria Democrática. «Simplemente tener un censo nacional en el que se pueda leer el nombre de los represaliados ya es un reconocimiento», ha apuntado Zapatero.

El acto ha contado con la participación del presidente de Paradores de Turismo, Óscar López, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero.

A ellos también se ha unido el poeta Antonio Gamoneda, quien desde su casa del Crucero venía, siendo un niño, pasar a hombre que nunca regresaban. «La razón por la que no volvían los señores no puede repetirse, la advertencia es un valor que tenemos que potenciar», ha detallado el poeta.

La periodista leonesa Olga Rodríguez, quien conoce de cerca los conflicto bélicos por ser corresponsal de guerra también ha estado presente para honrar la memoria de «mi bisabuelo Santos Francisco, «preso en esta cárcel y asesinado por los golpistas en 1936 en Villadangos y que seguimos buscándolo porque sigue desaparecido».

Un acto emotivo cargado de sentimiento con el conseguir que la historia no se quede debajo de las alfombras de este hospitalario parador.

Uno de los centros más severos

En ese último episodio fue campo de concentración de prisioneros republicanos durante la Guerra Civil (desde el 25 de julio de 1936) y la posguerra.

Entre 1936 y 1940 fue uno de los establecimientos represivos más severos y saturados de la España franquista, alcanzando una población reclusa de 6.700 hombres.

San Marcos fue el símbolo de la represión en León y parte de España y se cobró 791 fusilados, 1563 paseados y 598 sin asignar (ejecutados, paseados, muertos en los campos, entre otros), además de 860 prisioneros políticos distribuidos por campos y prisiones leonesas y nacionales.

Petición de la ARMH

En junio de 1939 se entregaba a los internados un panfleto en el que, tras presentar el campo como «un redil más o menos cómodo», se termina explicando el por qué los «españoles» habían ido a la guerra contra los «Rojos»: «Ellos querían el matrimonio sólo civil, el divorcio y aun el amor libre. Nuestros soldados lucharon por la institución Familia Cristiana. Y nuestros soldados han vencido».

Por aquí pasaron, entre otros, el escritor Victoriano Crémer y el que fuera seleccionador de la Selección Española de Fútbol Joaquín Heredia, este último sacado y asesinado extrajudicialmente.

En 2020 la ARMH solicitó a Patrimonio Nacional la «colocación de una placa que recuerde la historia de las miles de personas que pasaron por sus instalaciones, detenidas ilegalmente por el franquismo, muchas de las cuales fueron torturadas o sacadas de allí para ser asesinadas».

Aquella solicitud derivó en el homenaje convocado en el Hostal de San Marcos.

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Fotografía destacada: Josep Sala, de 102 años, último superviviente de los presos políticos que fueron encerrados en el Hostal de San Marcos.

Fuente:https://www.leonoticias.com/leon/directo-homenaje-ultimo-20210608104412-nt.html

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El tiempo de la memoria

Un equipo de la AMRH ha exhumado 34 cuerpos de dos fosas en el cementerio de Manzanares, Ciudad Real. Allí quedan aún 255 personas enterradas en 14 fosas comunes.

elsaltodiario.com / Pablo “Pampa” Sainz / 04/06/2021

David F. Sabadell / Álvaro Minguito / Fotógrafos 

“Qué hora es”, pregunta Isabel Fontiveros Carrión, y mira las agujas del reloj con cadena, marca Majestime. “Sigue funcionando”, comprueba. Pertenecía a su abuelo, Alfonso Fontiveros Muñoz, que era presidente de la agrupación de jornaleros de la Federación de Trabajadores de la Tierra y afiliado a la CNT, fusilado el 20 de julio de 1939 en Manzanares, Ciudad Real.

Alfonso sería una de las 34 víctimas arrojadas a una fosa común entre el 15 de junio de 1939 y el 8 de noviembre de 1940 y que en la tarde del miércoles 2 de junio el equipo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (AMRH) ha terminado de arrancar del olvido. “Mi abuelo consta como desaparecido y nosotras estamos seguras de que está en esta fosa. En el libro de enterramiento aparece en la fosa 1, cuerpo número 13”, comenta. Resta esperar a que las pruebas de ADN certifiquen la identidad.

“Tengo este reloj que es de él. Atrasa un poquito. No sé qué hora es. ¿Las 3.23? Ah, bien”, reconfirma Isabel. Tras los fusilamientos, cuando su tío se exilió en Francia, su abuela le regaló el reloj a su papá. Al morir éste, en 1992, el viejo Majestic llevaba unos cuantos años sin funcionar. Desde aquella fecha lo tenía guardado en una cajita con la lista de fusilados en la fosa. Cuando con su hermana, Alfonsa, se venían de Catalunya a Manzanares para presenciar los trabajos de exhumación, se lo trajo.

“Estábamos por aquí con algunas familias y preguntaron si alguien tenía algún objeto de las víctimas. Dije yo tengo el reloj de mi abuelo, pero lleva 40 años por lo menos parado. Lo saco, ¡y estaba andando!“

“Estábamos por aquí con algunas familias y preguntaron si alguien tenía algún objeto de las víctimas. Yo dije que tengo el reloj de mi abuelo, pero lleva 40 años por lo menos parado. Lo saco, ¡y estaba andando! Mi hermana no cree mucho en estas cosas y decía ‘sí, es verdad, hacía mucho que no funcionaba’. Lo llevaré conmigo cada día”, confiesa.

Isabel Fontiveros Carrión, nieta de Alfonso Fontiveros Muñoz, presidente de la agrupación de jornaleros de la Federación de Trabajadores de la Tierra y afiliado a la CNT, fusilado el 20 de julio de 1939 en Manzanares. ÁLVARO MINGUITO

Como su historia vital, el reloj recuperó la marcha allí donde la vida de Alfonso había sido detenida a balazos y sepultada a seis metros de profundidad. El dolor de Isabel es el de tantas familias a quienes urge que el Estado garantice las exhumaciones. “Cuando nos marchamos a Barcelona mi tía Antonia nos decía que había que sacar al abuelo, que había que llevarlo. Y se lo prometí ‘tía, trabajaremos en esto’”, se emociona Isabel.

La vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, presentó el pasado 15 de septiembre el anteproyecto de Ley de Memoria Democrática aduciendo que no se podía “perder un segundo”. Ocho meses después sigue sin tramitarse. “Cuando haces eso estás demostrando que tu voluntad política tiene muy poca consistencia”, critica el presidente de la ARMH, Emilio Silva.

“El Gobierno está planteando la Ley de la Memoria como un concurso de subvenciones, grupos de familiares compitiendo a ver quién se lleva una, eso es una vergüenza. Tiene que garantizar todas las exhumaciones”.

“El Gobierno está planteando la Ley de la Memoria como un concurso de subvenciones, grupos de familiares compitiendo a ver quién se lleva una, eso es una vergüenza. Tiene que garantizar todas las exhumaciones. Si una víctima del franquismo entrara a un organismo del Estado que la atendiera para ver qué tiene que repararle, estaría estableciendo en esa conversación un contrato, un deber. Han pasado 45 años y todavía no existe un organismo, deberían poner a todas las delegaciones y subdelegaciones de Gobierno a disposición de los familiares para atenderlos. Tiene forenses, policía judicial, laboratorios de ADN, todas las herramientas. Si lo podemos hacer nosotros que no tenemos ni una sede, cómo no va a poder hacerlo el Estado”, exige.

Isabel no ha faltado un solo día a colaborar en los trabajos de la ARMH en la zona de extramuros del cementerio de Manzanares, una parcela rectangular que hasta los años 80 estuvo excluida del perímetro del camposanto. Era la zona civil que los genocidas habían separado de forma grotesca de la zona católica. Con la democracia el muro que les separaba fue destruido y esta parte se fusionó con el resto. En ese simbolismo se acabó el intento democrático institucional por restituir la memoria de las víctimas. El resto del recorrido ha sido casi exclusivo de la sociedad civil.

La fosa, con una profundidad de más de 6 metros, se encontraba extramuros del cementerio. DAVID F. SABADELL

Según el dossier del proyecto de exhumación de la AMRH, en el cementerio de Manzanares hay un total de 288 víctimas asesinadas entre 1939 y 1947. De ellas, 255 están enterradas en 14 fosas intramuros y 30 personas en 2 fosas extramuros. Pero en estas últimas han sido 34 los cuerpos recuperados, entre ellos, se espera confirmar que está el último alcalde republicano de la vecina localidad de Membrilla, Avelino Bellón.

“A los que no confesaban los echaban allí a un barranco. A mi padre, aquella noche, lo echaron el último, les echaron una poquita tierra y mi padre estuvo con una pierna destapada, fuera de la tierra, porque a mi padre no lo remataron. ¿Tú crees que no es duro lo que estoy hablando? Mucho tiempo sin saber dónde estaba enterrado”, confiesa María Alcarazo, hija de Francisco Martín Alcarazo, afiliado a UGT fusilado el 25 de octubre de 1940.

Ni los fascistas ni la amnesia decretada en la transición han logrado sepultar la memoria. Las familias de una u otra forma se las ingeniaron para saltarse la censura franquista. “Nosotros siempre supimos que estaban aquí. Había una pared que saltábamos o echábamos flores. Veníamos del lado del campo, yo tenía una escalera con un gancho que me servía para trepar”, recuerda Isabel.

María relata a la ARMH que su familia estuvo mucho tiempo sin conocer el lugar preciso de la fosa. Sabían que estaba en “el corralillo” como llamaban a aquella zona de extramuros a la que se accedía por una puerta lateral “que casi siempre estaba con candado”. Pasaron muchos años hasta que en el Ayuntamiento les precisaron la fosa.

“Entonces no se podía poner nada, sólo saber dónde estaba. Tiempo después, mi tío Manuel, un hermano de mi padre, se atrevió a ir a pedir permiso para ver si podía ponerle una señal donde estaba, porque claro estaba así un poco tapado y ya está. Sí se lo concedieron, y le hicieron un monolito que decían mis tíos, se lo hicieron ellos de esto de granito, y es lo que ha tenido puesto desde entonces, pero no tantos años eh. Allí no había nada, nada puesto ni… Luego ya le pusimos un tablero y le subieron un cerco que tiene. Mi hermano se encargó y le pusieron una chapa con los nombres de los que hay”, detalla.

Las  fosas más profundas

Una de las primeras tareas del equipo de personas voluntarias de la ARMH fue la quita de las lápidas que las familias habían ido poniendo a lo largo de los años. Aquel lunes 17 de mayo Isabel apoyó en las tareas de levantar y trasladar adoquines y restos de hormigón. “Mientras trabajaba no me daba cuenta, era como una más del equipo, pero cuando parábamos un momento entonces ya me removía, me iba por ahí a llorar porque empezaba a pensar en mis seres queridos, en mi padre, en mi tío, en mi tía, en lo que hemos sufrido. Peor cuando abren y ves que están amontonados, tirados, te pones mal, tomas conciencia de todo lo que se ha sufrido”. Emociona.

Han sido 17 días de trabajo ininterrumpido hasta sacar a la luz el último de los cuerpos de aquellos hombres. “Una intervención muy complicada donde hemos trabajado a seis metros de profundidad, cuando lo máximo hasta ahora había sido a cuatro metros, en las tres fosas que habíamos abierto en Guadalajara”, explica el coordinador de la exhumación, Marco Antonio González Carrera.

“A partir de abril de 1939 podemos hablar de un claro plan de exterminio a toda la gente de izquierdas, sindicada, que había estado en movimientos obreros, que había estado en colectivizaciones de tierras”

“Son fosas que están hechas en piedra caliza al estilo de cuando en la zona hacen pozo. Quiere decir que a partir de abril de 1939 podemos hablar de un claro plan de exterminio a toda la gente de izquierdas, sindicada, que había estado en movimientos obreros, que había estado en colectivizaciones de tierras. Creemos que las fosas son premeditadas, porque incluso los enterradores de aquí nos dicen que ni siquiera las tumbas de tres o cuatro pisos son tan profundas”, asegura Marco.

Entre la fosa 1 y 4, se encontraban la 2 y la 3, ya vacías. La imposibilidad de trabajar a tanta profundidad obligó a utilizar maquinaria pesada. “En un punto vimos que el barro se desmoronó y absorbió varios cuerpos hacia el centro. Hubo que parar durante un día y traer una máquina para poner todo a ese nivel. A partir de esos 2,5 metros y hasta donde estamos ahora, hemos tenido que sacarlo a pico y pala. Hemos removido muchos metros cúbicos de tierra, sacados a caldero con cuerdas, con un gran desgaste para el equipo”, especifica.

Respecto a los cuerpos encontrados, el arqueólogo Serxio Castro Lois detalla que “se han encontrado en posiciones forzadas, arrojados, incluso en las primeras sacas de cada fosa hemos visto cómo hay disparos contra ellos ya dentro de la fosa. Quiere decir que a algunos los han fusilado a pie de fosa”. También se han encontrado una decena de casquillos a unos treinta metros del lugar, justo por la línea donde se levantaba el antiguo muro que separaba la parcela de la zona católica.

“La posición de los individuos en la fosa 1 indicaba que al menos siete u ocho de ellos se encontraban apilados en la pared sur de la misma, lo cual puede indicarnos que fueron arrojados a la vez con una carretilla o algo similar. No había capas de tierra entre ellos, por lo cual se puede deducir esa circunstancia”, describe.

Para el antropólogo forense voluntario que trabaja en la exhumación, Sergio León Matos, esa situación complica la identificación, pero mucho más que no exista una correlación entre el libro de enterramiento y el número de cuerpos exhumados. “El hecho de que la documentación que se tomó en la época no sea la correcta, nos invita a dudar”, acota.

“Está hecho el trabajo de campo y quedaría toda la parte de laboratorio: identificar y significar cada uno de los restos encontrados con los individuos de los que tenemos constancia en los archivos. Hemos encontrado lo típico, cinturones, zapatillas, botones, unas gafas, unas cerillas, una medallita, pero no ha habido ningún elemento con un poder identificativo total”, agrega León.

“Cuando más o menos lo sacaron, presuntamente, desapareció el mal sueño. Hemos ganado paz”

Isabel y Alfonsa han pasado de desvelarse a la madrugada a poder dormir. “Cuando más o menos lo sacaron, presuntamente, desapareció el mal sueño. Hemos ganado paz”, concluye. Muchas familias de las víctimas enterradas en las fosas comunes del lado católico estuvieron en un acto que la ARMH organizó en el cementerio para que pudieran encontrarse. “Si hay familias que lo piden, con nuestros recursos finitos haremos lo que podamos”, confirma Emilio Silva. El tiempo de la memoria, en Manzanares, ha retomado su tic-tac.

DAVID F. SABADELL

ÁLVARO MINGUITO

DAVID F. SABADELL

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ÁLVARO MINGUITO

DAVID F. SABADELL

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DAVID F. SABADELL

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ÁLVARO MINGUITO

ÁLVARO MINGUITO

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Fotografía destacada: ÁLVARO MINGUITO

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/el-tiempo-de-la-memoria

Publicado por ARMH
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