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Un viaje para recuperar el reloj de Cayo, fallecido en un campo nazi hace 75 años

Un familiar se enteró de la existencia de Cayo de casualidad, en un acto sobre deportados españoles en los campos nazis.

Cayo, militante de la UGT y natural de Boquiñeni (Zaragoza), se exilió de España tras la Guerra Civil y fue detenido en Francia en 1944.

Tras un proceso de investigación descubrió que se conservaba el reloj de pulsera que tuvo entregar a las SS cuando fue detenido.

cuartopoder.es / Miguel Muñoz / 19-08-2019

Cayo Pelegay Villoque nació en el pueblo de Boquiñeni, provincia de Zaragoza, en 1898. Su madre dio a luz a otros diez hermanos, de los cuales sólo llegaron a vida adulta 5, incluido Cayo. Militante de la UGTdesde 1933, tras la Guerra Civil se exilió a Francia donde fue detenido en 1944 y trasladado a Alemania. Un año después falleció en el campo nazi de Bremen-Farge, donde realizaba trabajos forzosos. Poco antes había tenido que entregar sus objetos personales. Uno de ellos, un reloj de pulsera. 75 años después ha vuelto a España gracias a la investigación realizada por un familiar, Santiago Gimeno Pelegay, que ha viajado este verano a Alemania con tal propósito.

Gimeno, periodista de formación y natural de Zaragoza aunque residente en Madrid desde hace casi 15 años, no conocía la historia de su familiar. Al menos no recordaba conversaciones al respecto. No fue hasta el 1 de febrero de 2016 cuando su nombre le removió por dentro. Y fue por pura casualidad. “Me metí de rebote en el Teatro del Barrio (Lavapiés, Madrid) a un acto sobre deportados españoles a campos de concentración nazi”, señala en conversación con cuartopoder.es.

Antes de empezar el acto, Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), pasó el libro Memorial, de Benito Bermejo, que recoge las víctimas españolas en campos de concentración nazis y los que se refugiaron en Francia. “Nos dijo a los asistentes que echáramos un ojo por si conocíamos a alguien. Miré en mi pueblo, Boquiñeni, y encontré a Cayo Pelegay Villoque, una persona con mi segundo apellido”.

“Me quedé chocado. Le escribí a mi madre. Para ella era un tío abuelo que se había ido de España después de la Guerra Civil pero no tenía más información”. A partir de ahí, Santi descubrió que aparecía en los listados de los campos de concentración o en bases de datos de fundaciones francesas. Fue su punto de arranque en el proceso para saber más de Cayo.

¿Quién era Cayo?

Santi comenzó su investigación sobre Cayo. Su historia es la de muchos agricultores aragoneses. Su familia, al igual que la mayoría del pueblo, se dedicaba a trabajar en el campo. En Boquiñeni no existía una presencia importante de terratenientes, sino que los labradores accedían a través de arriendos a pequeñas parcelas, muchas de ellas de propiedad pública.

Para conocer más, recurrió a Juan Manuel Calvo Gascón, de la AMICAL de Mauthausen. Es aragonés y tiene un libro llamado Identidades e itinerarios, sobre deportados aragoneses en campos nazis. Había recogido también el caso de Cayo. “Me pasó una ficha con todo lo que tiene. Ya se sabe cuándo le detienen en Francia, dónde, a qué campo le llevan en primer lugar, etc. Tenía la información en bruto pero los detalles vinieron más adelante”, afirma.

Santi se puso manos a la obra. Su historia completa la ha recogido en un hilo de Twitter. Recogió testimonios en Boquiñeni, leyó actas del Ayuntamiento, libros, etc. Y descubrió que la huida de Cayo podía haber sido consecuencia del asesinato de sus hermanos, de los que hablaremos más adelante. Pero según el testimonio de Pedro García, también se pudo producir antes, en los últimos días de julio. El abuelo de esta persona, también llamado Pedro García, escapó del pueblo el 26 de julio junto con otros republicanos de izquierdas entre los que se podía encontrar Cayo.

“En cualquier caso, a partir de su huida no tenemos muchas certezas sobre su destino en los últimos años de la Guerra Civil”, señala Santi. Sí permaneció junto a Pedro García, y según el relato de su nieto, se incorporó a algún batallón en Cataluña y tras el triunfo franquista huyó a Francia. Lo siguiente conocido, según el testimonio de un sobrino es que trabajaba para alguna familia francesa. “Mandó varias cartas al pueblo. Le prometió a un sobrino una bicicleta. Se intuía una intención de volver”, señala. La familia dejó de recibir cartas y, aunque preguntaron a la familia qué había pasado, no recibieron respuesta.

Cayo fue detenido en la localidad francesa de Flesselles el 25 de junio de 1944, por su condición de “refractario”, es decir, por negarse a realizar el Servicio de Trabajo Obligatorio implantado por el régimen nazi durante su ocupación de Francia. En este pueblo existen dos monumentos, uno a los deportados y otro a los muertos en deportación, en los que figura el nombre de Cayo.

Monumento en la ciudad francesa de Flesselles a los detenidos por los nazis, donde aparece el nombre de Cayo Pelegay. / Santi Gimeno

Fue encarcelado en la ciudadela de Amiens, y posteriormente trasladado al Camp de Royalieu, en Compiègne. Desde ese lugar fue enviado a Alemania en un convoy del 15 de julio de 1944 que iba cargado con 1.522 personas, una veintena de ellas españolas. En el memorial construido en Compiègne se recuerda el nombre de 43.553 prisioneros que pasaron por allí durante la Segunda Guerra Mundial. Su primer destino en Alemania fue el campo de Neuengamme, donde ingresó el 18 de julio de ese mismo año, siéndole asignado el número de matrícula 37272. Es en ese momento cuando se genera su ficha de prisionero y donde tiene que entregar su reloj de pulsera.

A los pocos días fue destinado a uno de los kommando externos dependientes, el de Bremen-Farge, para participar en la construcción del búnker para submarinos U-Boot Bunker ValentínSegún el acta de defunción elaborada por los funcionarios nazis, Cayo falleció el 15 de febrero de 1945 a las 16:00, aunque esa hora no tiene por qué ser la de la muerte. El motivo “oficial”, una insuficiencia cardíaca como consecuencia de una infección en el flemón. “Los médicos nazis tenían un listado de enfermedades ambiguas y aleatorias que iban poniendo. Las condiciones en ese campo de trabajo debían ser brutales, les hacían cargar sacos de cemento de 60 kilos”, apunta Santi.

Las noticias sobre la muerte de Cayo llegaron al pueblo una vez concluida la Segunda Guerra Mundial. Pedro García, nieto del otro deportado de Boquiñeni que había fallecido en Gusen, asegura que al Ayuntamiento llegó una documentación del gobierno alemán que permitió que su abuela tuviera acceso a una pensión. Al no tener familia Cayo, se desconoce si se perdió ese derecho en su caso. Lo que sí se sabe es que sus terrenos se repartieron entre la familia y que su hermana Rosa y su marido se hicieron cargo de la casa en la que seguía viviendo su madre, Gregoria.

Los hermanos, fusilados

Paralelamente, a raíz de Cayo, Santi conoció la historia de otra parte de la familia: dos hermanos suyos que fueron fusilados. Uno de ellos era el bisabuelo directo de Santi, Aniceto Miguel. El otro, su hermano Marcial. “Sobre ellos es más difícil encontrar información, la voy encontrando poco a poco porque hay un montón de errores históricos sobre los dos”.

“Marcial es el líder de la izquierda del pueblo, está bien situado dentro de la estructura de UGT en Zaragoza. Es elegido alcalde del 1931-1933, propone muchas cosas en el pueblo de obra pública sencilla, le mete mano al tema laicismo, etc.”, resume Santi.

En las elecciones de 1936 en las que ganó el Frente Popular además de Marcial, otro de los hermanos, Aniceto Miguel, resulta elegido concejal. Tras el levantamiento del 18 de julio, hubo un pequeño tira y afloja en el que la Guardia Civil de la comarca quiso otorgar el poder a las fuerzas de derechas, un intento de resistencia del equipo municipal del Frente Popular y finalmente, el control total de los mandos franquistas.

Marcial fue detenido y llevado a Zaragoza el 1 de agosto, fecha en la que resultó asesinado. El día 20 de ese mismo mes, Aniceto Miguel, junto a otra veintena de republicanos del pueblo fue convocado al Ayuntamiento. Algunos testimonios hablan de que supuestamente para que declarasen en los juzgados de Borja. En lugar de eso, fueron trasladados a Mallén, un municipio situado a unos 20 kilómetros, donde fueron fusilados ese mismo día.

Certificado de defunción de Cayo Pelegay. / Santi Gimeno

Después de esa fase de investigación sobre los hermanos de Cayo, en enero de 2018 Santi retomó la búsqueda escribiendo a los memoriales y centros de estudios de los lugares donde estuvo su familiar tras ser detenido. Antes de recibir las primeras respuestas, publicó un tuit resumiendo su historia, y recibió un mensaje del periodista Carlos Hernández de Miguel. “Me ofreció su ayuda, y me recomendó escribir al International Tracing Service (ITS) de Bad Arolsen”, señala.

Desde Neuengamme, en Hamburgo, le respondieron también con la información que conservaban sobre Cayo. Ahí le adelantaron que se conservaba el reloj de pulsera que tuvo entregar a las SS cuando fue detenido. “Me indicaron cómo recuperarlo contactando con el ITS, que efectivamente me respondió en marzo ofreciéndome esa posibilidad. En los siguientes meses realicé las gestiones para ello y les avisé de que en verano de 2019 quería planificar un viaje para recogerlo en persona”, apunta.

Para realizar el trámite, Santi señala que simplemente le mandaron un formulario, aportó el acta de nacimiento de Cayo y su DNI. “Nos contaron que no han generado un sistema muy estricto para recuperar los objetos. Esto es debido a que llevan muchos años intentando contactar con familiares de los fallecidos en todo el mundo y en muchos casos no consiguen nada por los suelen dan por válido de manera sencilla”.

Cuenta Santi que el viaje en sí, del que ha regresado la pasada semana, no le ha aportado muchas novedades respecto a la investigación que ya había realizado previamente. Pero desde luego le ha servido para ver en persona ciertos lugares. En su opinión, el segundo campo que visitó, el de Bremen-Farge, fue lo más interesante. En el bunker donde Cayo murió trabajando, justo han empezado una investigación sobre los españoles que pasaron por ahí. “Tienen una lista de 50 pero no saben nada sobre ellos. Les vino muy bien porque me hicieron una entrevista. Ahí estuvo muy bien porque las encargadas del centro estuvieron todo el día con nosotros, nos llevaron al bunker, donde dormían, donde había una fosa común, etc, recrearon un espacio muy bueno”, señala.

“A las investigadoras les interesaba mucho saber qué ha pasado en España con estas personas, saber el impacto en las familias, no sólo de Cayo en este caso sino de los otros familiares”, añade Santi. En este sentido, y sobre las políticas de memoria en Alemania, se vio sorprendido. “Parece que desde aquí pensamos que han resuelto muy bien los temas de memoria, el holocausto y demás. Pero para nada. En la mayoría de los sitios donde he estado se quejaban de que no recibían ayudas públicas suficientes. En la mayoría de los sitios no ha sido fácil crear un memorial y hubo resistencias”, señala.

Pone como ejemplo el espacio de la mencionada ITS. El gobierno alemán está obligado a financiarlo porque es Patrimonio de la UNESCO pero estuvo cerrado durante los 80 y 90 porque no tenía apoyo público. “Normalmente lo que se dice es que en Alemania se ha hecho muy bien pero yo la idea que me traigo es que allí tienen muchos conflictos todavía, debates, tienen tabúes, etc. Tampoco pueden presumir mucho”, concluye. En todo caso, las personas con las que mantuvo contacto se muestran asombradas con la existencia de lugares en nuestro país como el Valle de los Caídos, algo imposible de concebir en aquel país.

Trabajos forzados en Bremen-Farge. / Bundesarchive Bild

Experiencia vital

“Todo esto lo he hecho porque es lo que encontré es suficientemente impactante para que te llame la atención y te pique la curiosidad”, señala Santi sobre el proceso llevado a cabo en los últimos años. Quizás, añade, tiene que ver también con su trabajo realizado en años anteriores en otras violaciones de DDHH. Y apunta un aspecto interesante: la huella de este tipo de sucesos. “Me he dado cuenta de que en la manera de ser de mi familia tiene mucha importancia esta historia de violencia. En los años de posguerra, toda el hambre, humillación, etc. Todas estas cosas tienen que ver con cuestiones de la personalidad en mi familia”.

Además, se muestra satisfecho por haber tenido la oportunidad de entrevistar a muchas familias. “Como en muchos pueblos, ha habido gente que ha estado viviendo toda su vida con la pena de que su verdad el resto de su entorno no la ha querido ver. Me motivaba mucho que hubiera personas que pudieran desahogarse. Para mí lo más importante fue que la gente pudiera contar cosas que no hubiera contado nunca”, destaca.

La semana pasada, el BOE publicó el listado de víctimas españolas en los campos nazis de Mauthausen y Gusen. “Este listado, ya existía”, recuerda Santi, haciéndose de las críticas realizadas por la ARMH. “El Ministerio de Cultura tiene un buscador donde puedes encontrarlos”. El nombre de Cayo Pelegay aparece en este último listado, ya que se han añadido víctimas registradas en otros campos alemanes. Pero es que, además, lo curioso, es que el nombre de Cayo ya salió publicado en un BOE francés en los año 90. “Esto nos da la medida de lo tarde que llegamos en hacer este reconocimiento oficial”, apunta.

Preguntado por su opinión personal sobre las políticas de memoria en España, Santi hace hincapié en que “no ha habido personas capaces de crear consensos”. “Probablemente sea muy difícil porque los partidos de derechas no tienen ninguna voluntad. Solo serán exitosas estas políticas si dependen de consensos. Si son medallitas que se quiere poner el PSOE para tirárselas a la cabeza al PP, no sirve”, afirma.

Destaca, no obstante, los pasos que se están dando como, pese a las críticas, la ley estatal aprobada en 2007 u otras más recientes a nivel autonómico. Pero tiene claro que “queda mucho por hacer”. Sobre todo, “cosas muy pequeñas y locales”. “Todo se atasca cuando vamos a los grandes temas: Valle de los caídos, calles franquistas o juicios a torturadores. No se está investigando la verdad, no se está reparando adecuadamente a las víctimas ni se va a juzgar a los responsables. Lo triste es que los estándares internacionales de DDHH te dicen que si no haces esas cosas no te aseguras que en tu sociedad no se vaya a repetir lo mismo”, concluye.

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Fotografía destacada: Imagen del reloj de Cayo recuperado 75 años después de su muerte en un campo nazi. / Santi Gimeno

Fuente:https://www.cuartopoder.es/derechos-sociales/2019/08/19/un-viaje-para-recuperar-el-reloj-de-cayo-fallecido-en-un-campo-nazi-hace-75-anos/

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Memoria del Preventorio de Guadarrama: “Era un campo de concentración para niñas en el franquismo”

El Preventorio Doctor Murillo de Guadarrama (Madrid) fue uno de los centros que la dictadura franquista puso en marcha como sanatorios antituberculosos.

Victoria Madrera Pareja, interna con 13 años, recuerda “una cárcel” donde las niñas sufrían múltiples vejaciones.

Los testimonios de las víctimas de los preventorios forman parte de la Querella Argentina y describen violencia sistemática y alimentación en mal estado.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 13-08-2019

El Preventorio de Guadarrama “era un campo de concentración para niñas en el franquismo”, dice Victoria Madrera Pareja. Ella tenía 13 años cuando penó seis meses en el centro ubicado en la sierra de Madrid. Le dijeron que ahí estaría protegida contra enfermedades como la tuberculosis infantil. Pero muchas internas describen la estancia como “una cárcel” como “venganza” contra los derrotados en la guerra.

“Le dicen Guadarrama, pero esto es Guardamarrana, porque sois piaras”, escupía una monja a las niñas, según el relato de Victoria (76 años). La dictadura de Francisco Franco edificó una suerte de caridad adiestradora en diversos sanatorios y colegios desplegados por España. Con especial énfasis en el obligado ‘sumisa y devota’ femenino.

Las malsanas condiciones de estas “cárceles para niñas” hacían del día a día un discurso claustrofóbico, según denuncian las víctimas. La imputación forma parte de la única causa judicial abierta en el mundo contra los crímenes franquistas, la Querella Argentina. En los testimonios quedan reseñados las vejaciones y malos tratos que los curas y cuidadoras ejecutaban en unas instalaciones que dependían del Patronato Nacional Antituberculoso.

Victoria, como otras “compañeras”, no quiere que estas historias queden en el olvido. “A los desmanes allí ocurridos nunca se le puede aplicar el borrón y cuenta nueva, como ha sucedido, por eso quienes niegan esa verdad lo hacen para evitar esa realidad incómoda”, relata.

Victoria Madrera Pareja con trabajos realizados cuando era niña. | JUAN MIGUEL BAQUERO

“Seis meses de estupendas vacaciones”

“Me da asco cuando recuerdo lo que pasamos”, asegura. Pero es necesario combatir la desmemoria, asiente. Por eso quiere contarlo. Victoria Madrera recibe a este periódico en su piso de Sevilla, con la vista puesta en el recuerdo impuesto en el internado franquista de la sierra madrileña. Tiene “todo escrito”. Más de “100 páginas”.

Y arranca. “En marzo de 1956 fui seleccionada por la superiora de mi colegio” sevillano. El destino era el Preventorio Doctor Murillo de Guadarrama. “La causa, estar muy delgadita”, apunta. “Después de seis meses de estupendas vacaciones volvería rolliza y muy guapa”.

Pero eso era solo la publicidad de la dictadura de Franco. El escenario sería, asegura, muy diferente. “Fueron seis meses sin salir”. Victoria retiene el aliento. “Han pasado 63 años y me sigo emocionando”, respira. “Y lo peor es que se ha quedado sin justicia, que es lo que te rebela. Ni en la democracia se ha hecho nada… y esto con niñas, por dios”.

Aquella “cárcel infantil” supuso un impacto vital. Ante las niñas se alzaba “un caserón tétrico de piedra fría y oscura” como visión primeriza. De puertas adentro, Victoria atestigua escenas de violencia contra las menores, de vejaciones, de comida pobre e higiene escasa y de sometimiento y trabajo forzado.

Victoria –izquierda– con la “señorita Leo” en el Preventorio de Guadarrama. | J.M.B.

De comer, “legumbres con gorgojos”

Guadarrama dejó huella en Victoria desde su entrada en aquel mes de marzo del 56. “Todas tuvimos que cortarnos el pelo y con la cabeza cubierta de polvo blanco y una toalla nos mandaron a la cama, tuviéramos o no piojos”. Era la primera noche cuando, como todas, “el sueño fue interrumpido bruscamente por unas palmadas y luces encendidas”.

El “alboroto” de las cuidadoras despertaba a las niñas. El objetivo era “invitarnos a orinar, a toda prisa”. Una tal “señorita Julia”, matiza, contaba: “Vamos, vamos, una meadita rápida. Una, una y media, dos, dos y media, tres menos cuarto y tres. Fuera, fuera. A la cama”.

“Y era tan desalmada que la infeliz que mojara la cama” recibía un castigo colectivo: “recurrían a técnicas tan inhumanas como acercar una cerilla al culito y obligar a las demás a gritarle ‘meona, meona’, hasta el cansancio”, asegura. “Casi siempre se orinaban una o dos niñas y el sufrimiento lo tenían asegurado”, sumado a un aseo “raquítico” porque las duchaban “una vez a la semana, los sábados, y usaban estropajo y jabón verde”.

Luego, el primer desayuno consistió “en una especie de engrudo sin identificar, una rebanada de pan rancio con mantequilla y un vaso de leche en polvo con sus grumos y un intenso sabor amargo”. Un menú repetido durante medio año. Como los almuerzos o cenas: “Legumbres con gorgojos –plagas de insectos en alimentos vegetales– o una papilla nauseabunda”.

La comida “producía arcadas y vómitos” a muchas niñas. La respuesta de las cuidadoras era radical. “Lo más cruel que recuerdo es un día que salíamos del ‘comedero’ y vimos a una niña de cinco añitos que llamaba a su madre, “mamá”, con la garganta atorada con la incomestible comida que vomitaba y los gritos de “puerca, puerca, te lo vas a tragar y…”. Victoria se emociona.

Victoria Madrera Pareja. | JUAN MIGUEL BAQUERO

“Expertas en lavar cerebros infantiles”

“Te vas a tragar tus vómitos, cacho puerca”, les decían. “La impotencia de tener que dejar a esa inocente criatura bajo la zarpa de aquella depredadora de infancia me atormentó mucho tiempo”, dice Victoria subrayando el episodio de “la niña de cinco añitos”. Porque ella era “mayor, con 13 años, y lo recuerdo todo con más claridad”.

Tiene la memoria “fresca”, desde aquel primer día en Guadarrama. “Antes de desayunar nos llevaron al patio, donde nos enseñaron a cantar un Cara al sol desconocido, y un rezo del Rosario bajo la batuta de don Lauro, el capellán, persona desagradable, de sotana y capa vampiresca”, describe Victoria.

Los sanatorios infantiles del franquismo, igual que los colegios para niñas pobres, estaban diseñados para perpetuar la “venganza” contra los vencidos en la guerra civil. “Para anularnos solo necesitaban conocimientos fascistas, y hacerse expertas en lavar cerebros infantiles con jabones de sumisión patriótica y estropajos clericales”, define.

Victoria muestra bordados de su infancia. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Era el perfil habitual. “Solo una ínfima minoría de cuidadoras no estaba de acuerdo con aquella educación del nacionalcatolicismo”. Como “una que se llamaba Leo”, recuerda con “mucho cariño”. Leo “nos leía Platero y yo“, de Juan Ramón Jiménez, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1956. El mismo año que Victoria ingresaba en Guadarrama.

A las internas las clasificaban por colores, con una cinta en el pelo según la sala donde dormían. “La mía era rosa”, dice. En los “campos de concentración para niñas” había también “una zona para las ricas y otra para niñas pobres, algunas con el padre en la cárcel por ser republicano”.

Bordar “ajuares para ricas”

Una “ignominia” que no podían contar a sus familias “porque las cartas eran abiertas y censuradas con tachones o no llegaban nunca”. Sus padres, Manuela Pareja y Antonio Madrera, no conocieron la verdad hasta que Victoria regresó a su casa. Como la violencia. “A mí me pegaron dos veces. Poco”, matiza, para las vejaciones que veía a diario.

Victoria con el álbum de fotos de Guadarrama. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Los padres de Victoria pensaban que la dictadura les hacía casi un favor. No conocían a “una tal señorita Lourdes que era de Vigo y disfrutaba ridiculizando mi acento andaluz”, recuerda: “Sevillana, fulera, no sabes ni pronunciar, y tu madre que clase de madre será que ni siquiera enseña a hablar a su hija como las personas”.

Manuela y Antonio no sabían, por ejemplo, que la buena maña de su hija para bordar sería usada como trabajo forzado. “Sí, me ponían a coser, eran ajuares para ricas, supongo, nunca nos dijeron para quienes estábamos cosiendo”, reconoce. Una pieza tras otra, “manteles, servilletas”. Y luego otras. “Nos ponían a las que sabíamos bordar”.

Victoria no olvida. “Ni perdono”. Porque la democracia española “nunca ha hecho justicia”, reivindica. “Y la gente tiene que saber todo lo que pasó”. Victoria, hoy, sigue conservando la “la aguja de hacer croché o ganchillo y el canutero donde guardaba las agujas”. Pone los objetos sobre una mesa de camilla con un tapete blanco elaborado con sus manos. Al lado coloca las “cinco fotos” que conserva de su estancia en el Preventorio de Guadarrama. “El resto que tenía las rompió mi madre”. Después de saber lo que ocurría en aquel “campo de concentración para niñas en el franquismo”.

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Fotografía destacada: Victoria –segunda por la derecha– en el Preventorio de Guadarrama. | J.M.B.

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Memoria-Preventorio-Guadarrama-concentracion-franquismo_0_923208011.html

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Piden que el Gobierno desclasifique documentos que relacionan el franquismo y el nazismo

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica solicita la publicación del listado de nombres de deportados que sobrevivieron a los campos de concentración.

diario16.com / Eva Maldonado / 13-08-2019

Ante el conocimiento público, a través del Boletín Oficial del Estado, de un listado de republicanos españoles deportados y fallecidos en los campos nazis de concentración, y detectando la ausencia de cientos de nombres de personas fallecidas en ellos, que no forman parte de esos datos, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) considera la información incompleta y reclama al Gobierno que facilite más datos.

Así, la ARMH insta al Gobierno a utilizar la investigación de los historiadores Benito Bermejo y Sandra Checa, que es la más completa al respecto según afirman desde la asociación, ya que incluyó los libros enviados desde Francia en los años 50 y porque fueron investigadas las fuentes originales en Francia y Alemania. Se trata del “Libro Memorial” que lleva colgado en la web del Ministerio de Cultura desde que ocupó esa cartera Carmen Calvo en 2006.

Además, desde ARMH solicitan la publicación del listado de nombres de deportados que sobrevivieron y fueron liberados en los campos y que de igual modo sufrieron la intervención del gobierno franquista y las gestiones de Ramón Serrano Súñer ante sus aliados nazis para que fuera el ejército de Hitler quien llevara a cabo las deportaciones.

También instan al Gobierno a hacer públicos, de una vez por todas, los documentos relativos a las estrechas relaciones que mantuvo el Estado franquista con la Alemania nazi, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, relacionadas con asuntos militares, transporte de objetos y recursos económicos, piezas de arte, personas que entraron en España, así como los movimientos que se produjeron en España de miembros de las Fuerzas Armadas del III Reich.

Así mismo, ARMH entiende que la participación del Estado franquista en la deportación de esos casi 10.000 republicanos españoles merece un ejercicio de responsabilidad y son, por lo tanto, víctimas de la dictadura por lo cual deberían ser reparadas. En ese sentido se podrían utilizar para su reparación los lingotes de oro nazi que tienen estampada una esvástica y que se encuentran depositados en el Banco de España, ya que se sabe que no tienen nada que ver con el robo de oro a los judíos y por lo tanto sin un recurso disponible.

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Fuente:https://diario16.com/piden-que-el-gobierno-desclasifique-documentos-que-relacionan-el-franquismo-y-el-nazismo/

 

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