Archivo de la categoría: Destacado

Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

Las rapadas de Lekeitio: víctimas de la represión franquista

Humillaban a mujeres y niñas públicamente y convirtieron el castigo de género en arma política durante la guerra y la posguerra.

publico.es / Ibon Pérez Bárcena / 20-10-2019

Tam-Tam, tampatantam. Gregori Goitia Izurieta (1919) tenía 16 años pero recuerda como si fuese ayer el sonido del tamboril que anunciaba el “paseo de la vergüenza”. Con el apoyo de los “señoritos”, los alguaciles y guardias civiles testaban en Lekeitio un castigo que se extendió por muchos pueblos y ciudades del nuevo Estado dictatorial, aunque los registros de aquellas humillaciones públicas sean escasos. De norte a sur, solamente se conservan tres únicas fotografías que ilustran esa barbarie.

Rufo Atxurra, historiador autodidacta y una de las fuentes más fiables de información del pueblo no pudo recabar documentos de lo acaecido en Lekeitio porque “las víctimas hicieron lo posible por enterrar esas vejaciones” y “las autoridades no escribieron un listado de las atrocidades cometidas”.

Tampoco figuran expedientes sobre estas mujeres en los tribunales militares del franquismo. Han sido las grandes olvidadas. Son los propios familiares los que, con su testimonio, pueden ayudar a escribir el relato de aquellos escarnios.

Para que os hagáis una idea, era tal la brutalidad con la que fueron tratadas estas mujeres que, en el periódico madrileño ahora, fechado el 2 de octubre de 1936, hablaban de “bárbaros instintos de las hordas fascistas que dejaban sus huellas en estas mujeres vascas”.

Hacia el modelo de una nueva mujer

Los ataques sistemáticos de los “vencedores” contra las mujeres de Lekeitio eran castigos por haber cuestionado los principios básicos y el orden que pretendía establecer el nuevo estado dictatorial.

“Las potxuas” – chicas en el lenguaje coloquial de la zona- eran mujeres que destacaban por tener un fuerte carácter y desafiaban la autoridad de los alzados con sus costumbres y tradiciones; el euskera era dominado por la gran mayoría de las madres, abuelas y nietas. Algo que el régimen no veía con buenos ojos por considerarlo el lenguaje del demonio y de los nacionalistas.

Eusebia Barinagarrementeria (dch) en 1975. Le cortaron el pelo con 42 años en Berriatua en mayo de 1937.

Devotas acérrimas de la Antiaguako Ama- La Virgen de la Antigua- aún conservaban bailes paganos en los que eran exclusivamente mujeres las que bailaban la danza del sol o el aurresku femenino. Esos bailes quedaron proscritos.

Javier Martin Burgaña las describe trabajando en el puerto: “cosiendo las redes de los marineros, descargando el pescado, encestándolo, limpiando el muelle, etc”. Además, se encargaban del cuidado de los niños y del bienestar de la familia; hacían de padre y madre porque sus maridos estaban en la mar, habían fallecido en combate o- en el mejor de los casos- porque habían abandonado el país en un exilio forzado.

Por “rojas” y “vascas”

Brijida, Mari “Ondarru”, Miren “Ponpon”, Rosario “Akorda”, Claudia y Carmen “Antzarra” no salen en los libros de historia pero tienen algo en común: fueron despojadas de uno de los símbolos más visibles de feminidad de la época.

Sin haber “torturado, violado y asesinado” a nadie, les raparon el pelo de la cabeza al cero en el ayuntamiento y, a alguna de ellas, también el de las cejas. Ese sería solamente el inicio de un calvario que iban a experimentar en sus propias carnes, una venganza y un ensañamiento que supera lo imaginable.

“Les dejaban una cabellera más blanca que el color de mi brazo”, explica Gregori señalando una de sus articulaciones agarrotadas por el exceso de trabajo de años y años. A punto de cumplir un siglo de edad , Gregori todavía suspira al hablar de la guerra “entre hermanos”: “Ay la guerra, ay la guerra”, lamenta con un debilitado hilo de voz.

Gregori Goitia en uno de los momentos de la entrevista.

Una falsa denuncia de un vecino del propio pueblo, el simple hecho de tener un familiar en el bando republicano, vizcaíno o nacionalista sin la necesidad de que ellas compartieran esas ideas y, en definitiva “porque a ellos les daba la gana”, concluye Mila Mendia. Cualquier pretexto era válido para que una mujer acabase en prisión.

“A mi abuela María se la llevaron simplemente por haber estado ayudando en el puesto de la Cruz Roja a los gudaris que llegaban heridos del frente”, explica Iñaki Ruiz Laka. “A la mía, en cambio, por llevar una ikurriña”, responde el nieto de otra. “A fulana y a mengana por no cantar el “Cara al sol”.

Documentos de la condena de Mari Egaña ´Ondarru`

“Fueron trasladadas a una prisión que habían improvisado en una casa donde actualmente se encuentra el bar Itxasalde”, informa Mari Nieves Erkiaga, “donde está el primer mirador”. Dormían hacinadas y arrinconadas en el suelo, en un espacio que no superaba los 60 centímetros de ancho. “La comida escaseaba y los contados alimentos que llevaban a la boca estaban podridos”.

En el centro, el edificio con miradores blancos donde se ubicaba la prisión femenina

La inquisición franquista

Una de las secuencias más memorables de Juego de Tronos es el “Walk of Shame”- el paseo de la vergüenza- al que sometieron a Cersei. “La Lannister era obligada a ir hasta el castillo real atravesando desnuda y sin su larga melena por las calles de Desembarco del Rey”.

Un padre que prefiere mantenerse en el anonimato no es capaz de buscar un símil mejor para contarle a su hijo lo que aconteció entre 1937 y 1940 en Lekeitio. “Aquí pasó algo parecido”, afirma tajante. Su mujer compara los sucesos de la villa marinera con otra figura de la “España Negra”, “con los sambenitos esos que imponía la inquisición española a los acusados de brujería, a los falsos conversos y a los herejes”.

Tras ser arrestadas, a las mujeres peladas las forzaban a ingerir grandes cantidades de aceite de ricino, un laxante al que muchos le otorgaban propiedades abortivas. En el mejor de los casos el nauseabundo líquido les provocaba fuertes dolores de barriga y quemazón estomacal, en el peor de los casos diarrea y vómitos.

La vida de las mujeres de Lekeitio está ligada a su puerto

“Bebe esto”, le dijeron a Claudia, “porque tú eres vieja y para que mueras antes” y, así hizó ella. Pero afortunadamente, la primera vez que la bebió, Claudia consiguió tirar gran parte de la sustancia a un pañuelo que le habían dado los verdugos para limpiarse las “babas”. “Vais a echar todas las tonterías comunistas fuera del cuerpo”, les advertían.

“Las fuerzas vivas” del municipio obligaban a desfilar a las mujeres desde la plaza hasta el rompeolas en un teatro tumultuoso que duró más de un mes. Caminaban dando pequeños pasos amortiguados por el sonido de un txistu y un tambor, defecando por el poderoso laxante que les habían dado. En otras ocasiones les acompañaba la banda de música del pueblo. De esa manera, habían sido señaladas para el resto de sus vídas para su propio escarnio y el de sus propias familias. Estaban avisadas las futuras disidentes femeninas.

Según afirma el psiquiatra Enrique González Duro en su libro Las rapadas, el franquismo contra la mujer (S.XXI) , “las víctimas quedaban marcadas indefinidamente, aunque no tuvieran secuelas físicas”. Quedaron grabadas en el imaginario colectivo de toda la población.

La rapada Mari Egaña, de negro y sujetando a la bebé que alumbró en la cárcel

“Vagaban como almas en pena” narra Nicolasa Laka Egaña “Niko” con la firmeza del que conoce bien la historia. Su madre, Mari “Ondarru” se libró de milagro del ricino porque estaba a punto de dar a luz a su hermana , pero la exhibieron de modo deshonroso. “A la pobre le subieron la minifalda por encima de las rodillas y la pasearon de aquí para allá entre las sonrisas de algunas personas y la cara de pena de otras”, agrega con tristeza. “La dejaron libre para traer al mundo a Txaro, que caprichos del destino, nació el mismo día en el que cumplía años el Caudillo”, esboza una sonrisa tendenciosa. “Al de tres días nos la metieron presa otra vez”, lamenta.

“Se les dejaba un pequeño mechón de pelo al que le anudaban un “txori” – un lazo en euskera – rojo y amarillo”, amplia Mila Mendia , “llevaban los colores de la bandera monárquica como mofa”.

A las hermanas María y Alejandra Erkiaga Bengoetxea les obligaron a limpiar los palacetes y las casas de los terratenientes y ricachones. “Dejábamos el suelo como la patena y, al acabar, los soldados echaban escupitajos al parqué mientras gritaban “puta vasca, limpia otra vez”, solía contarle en vida María a su hija Rosa Bárcena Erkiaga. “Otras mujeres se encargaban de dejar como la patena la Basílica de Santa María, los cuartelitos de la Guardia Civil y el ayuntamiento”, apostilla Rosa, “todo con jabón y frotando con la arena de la playa pequeña, eh”.

El horror hecho lugar

A muy pocos kilómetros de Lekeitio, en la playa de Saturrarán de Mutriku, límite entre Bizkaia y Gipuzkoa, se encontraba la Prisión Central de la playa de Saturrarán. El bello entorno asalvajado, antiguo balneario, lugar de veraneo y descanso para turistas con dinero en otros tiempos, distaba mucho de la embajada de la muerte en el que se convirtió. Guarda una historia cruenta real que habría que recordar.

Vista de la antigua cárcel de Saturrarán

Entre 1938 y 1944 por sus celdas pasaron más de cuatro mil presas republicanas de 18 a 80 años . “Lekeitianas habían pocas pero trajeron a 700 asturianas” comenta Jesusa Goiogana. Allí encontraron la muerte 116 mujeres y 57 niños a los que consideraban “débiles mentales” y los pequeños que sobrevivieron fueron entregados en adopción a afines a los gobernantes franquistas.

De entre las guardianas las presas distinguían a la superiora sor María Aranzazu Vélez de Mendizábal “por lo mala que era”. “Le pusimos el mote de sor “Pantera blanca” porque tenía el hábito blanco pero el corazón muy negro”, apuntó una superviviente. “Todas las monjas eran unas déspotas y les faltaba humanidad”, dejaron escrito las demás.

Diez prisioneras con sus “monjas guardianas”

Las presidiarias fueron sometidas a la férrea disciplina impuesta por las monjas de la orden Mercedarias –hasta negaban la leche a los niños pequeños- y eran frecuentes las palizas y violaciones a las que les sometían las monjas.

En todos los pueblos se conocen historias parecidas. “Pregunta, pregunta”, me reta una señora. En Berriatua, sin ir más lejos “en el pueblo de al lado de Lekeitio, a partir de mayo de 1937 cortaron el pelo a otras siete y fusilaron a otras dos”, dice tajante para acallar las preguntas.

Oropesa (Toledo) , Montilla (Córdoba), Marín (Pontevedra), La Peña (entre Jaca y Ayerbe), Fuente de Cantos (Badajoz)… son algunos de los otros ejemplos de esta práctica extendida. No hay territorio ni municipio en el que las mujeres no pudieron evitar el rapado sistemático como forma de castigo.

Un grupo de niñas y jovenes rapadas en Montilla ( Córdoba) haciendo el saludo franquista.

El general Gonzalo Queipo de Llano –la máxima autoridad militar de Sevilla–, solo cinco días después de empezada la guerra civil, decía en la radio: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a sus mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que pataleen y forcejeen”.

Feminicidas de altas esferas

Los instigadores o altos mandos del levantamiento militar no escondían sus pretensiones ante la opinión pública.

Queipo de Llano, uno de los militares golpistas más feroces y máxima autoridad en Sevilla, lanzó este mensaje contra la mujer en Unión Radio Sevilla, perteneciente a la Cadena Ser tan solo cinco días después de empezar la guerra civil: “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y de paso también a sus mujeres […] Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”.

Queipo de Llano lanza uno de sus discursos propagandísticos por la radio.

Ahí no acaba todo

Las “liberadas” que vivieron esos episodios volverían al ámbito privado del hogar, avergonzadas y estigmatizadas. Hasta que les volvía a crecer el cabello, las mujeres se escondían en sus casas y se cubrían el pelo que no tenían con un pañuelo (en el caso del País Vasco tapaban la cabellera con una txapela).

En muchas ocasiones, al ver que no llevaban “sus vergüenzas a la vista”, los falangistas les arrancaban las telas que protegían sus cabezas cuando las veían por las calles para así aumentar su vergüenza.

Pero el rapado del cabello y las purgas de ricino no fueron las únicas formas represivas y ejemplificadoras. En el peor de los casos, las mujeres se enfrentaron a agresiones sexuales, a abusos y a violaciones por parte de las fuerzas falangistas, moras y regulares o cualquiera que las consideraba exclusivamente un cuerpo y se creía el derecho de hacer uso de la fuerza contra ellas.
En ocasiones, fruto de estas relaciones no consentidas se dieron infinitos casos de embarazos no deseados.

Pura Sánchez, autora de la represión de las mujeres en Andalucía (2009) cree que en la guerra civil al igual que “en las guerras antiguas, como en las guerras contemporáneas, (…) la mujer es considerada un territorio en el que el hombre proyecta sus deseos”. Por eso, era frecuente que, sufrieran el acoso de los autoridad y hombres con poder que les pedían relaciones sexuales para favorecer a familiares encarcelados.

Al igual que los hombres, sufrieron brutales torturas en interminables interrogatorios para dar cuenta del paradero de amigos y conocidos contrarios al franquismo , fueron obligadas a realizar trabajos forzados y las excluyeron de la sociedad de diversas maneras.

Cuatro mujeres rapadas al cero por los franquistas en Oropesa (Toledo) por ser familiares de republicanos.  Fundación: Pablo Iglesias

Cabe destacar que como subraya Ana Verdugo en Represión franquista sobre mujeres (2012) “muchas de ellas habían ejercido de cargos públicos durante la República, como alcaldesas y concejalas, o distintas profesiones como farmacéuticas, enfermeras o maestras”. Les fue prohibido trabajar condenándolas a la más absoluta miseria.

Patxi Juaristi Larrinaga (Markina-Xemein, 1967) es Doctor en Sociología y ha publicado numerosos artículos y libros relacionados con la Guerra Civil. Habla de una “represión atroz generalizada” contra la mujer que “cambió de raíz” su forma de vida.

Los partidarios de Franco eliminaron de golpe todos los avances y los derechos que habían conseguido las mujeres en la República. “Una de las banderas del régimen franquista fuese esa”, afirma el experto. Durante décadas, se valieron del fanatismo religioso, misógino y homófobo para moldear la cimientos del machismo más opresor. La familia, la tradición y Dios estaban por encima de cualquier otra cosa y bajo el eje de esta triada, la mujer era sometida a la cultura patriarcal más humillante.

Las “incorregibles” eran fusiladas sin ningún miramiento y a acababan enterradas en fosas comunes.

A las “rojas” les fueron arrebatados muchos bebés para acabar en manos de familias acaudaladas, una práctica normalizada gracias a la cooperación de religiosas y doctores que operaron en una red organizada hasta bien entrada la democracia.

Justicia y reparación

Las difamaciones sobre las Trece Rosas vertidas abiertamente y sin ningún tipo de rigor histórico que ha vertido el secretario general de VOX, Ortega-Smith, y la escalada de declaraciones guerracivilistas de sus socios en Madrid, deja de manifiesto que sin alimentar rencores, hay que hacer un ejercicio de memoria colectiva.

Las difamaciones sobre las Trece Rosas vertidas abiertamente y sin ningún tipo de rigor histórico que ha vertido el secretario general de VOX, Ortega-Smith, y la escalada de declaraciones guerracivilistas de sus socios en Madrid, deja de manifiesto que sin alimentar rencores, hay que hacer un ejercicio de memoria colectiva.

Ahora, más que nunca, es necesario que conozcamos el pasado que nos pertenece para que generaciones venideras sean conscientes de lo peligroso que es el fascismo y lo importante que es proteger una democracia. No se trata de que reconstruyamos aquella oscura época en la que cambió el modo de vida y la convivencia de toda la sociedad, sino de conocer lo que hemos podido dejar atrás y cerrar heridas en un acto de sanación.

“Hay que recordar que nosotros estábamos tranquilos”, opina el familiar de una de las víctimas, “nosotros no iniciamos la guerra y nos acusan por habernos defendido”, zanja el tema.

Gabriel Akordarrementeria perdió a su madre hace cinco años. Rosario “Akorda”, su ama era una de las lekitxarras a las que raparon el pelo pensando que nunca sería libre e independiente. “Se equivocaron”, asegura. “Ya que el martirio que vivieron era un tema tabú, sería bonito que hablásemos por ella, se lo merecen”, manifiesta abiertamente.

Akordarrementeria se despide, nos sin antes haber prometido que la próxima vez que vea a Koldo Goitia, el alcalde de Lekeitio, le pedirá que haga un homenaje público a “las rapadas que tenían sus nombres, fueron señalas y han sido olvidadas”.

Sin embargo, en la copia borrosa que preserva la memoria siguen presentes. Cada una de ellas aún vive en las cabezas de quienes se acuerdan de sus nombres. Debería estar prohibido por ley no recordar.

___

Fotografía destacada: Lekeitio, 1916. Maria Erkiaga encabeza una de las únicas danzas femeninas del País Vasco.

Fuente:https://www.publico.es/politica/rapadas-lekeitio-victimas-represion-franquista-desentierran-practicas-estigmatizaron-degradaron-matriarcado-vasco.html

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

Mujeres del exilio republicano: la historia silenciada de la lucha feminista y el antifranquismo

Del medio millón de refugiados que provocó la guerra civil española, una parte quedó anclada en el segundo plano de la historia: eran ellas, las mujeres.

Maestras, políticas, escritoras, enfermeras… desde Victoria Kent hasta Maruja Mallo, de Dolores Ibárruri a Neus Català y otras muchas “mujeres sencillas”.

“En el exilio, las mujeres dejarán para otro momento sus propias demandas de igualdad a favor de causas prioritarias como la lucha antifranquista o la supervivencia”, explica Matilde Eiroa, doctora en Historia Contemporánea.

eldiario.es / Juan Miquel Baquero / 17-1 -2019

Maestras, políticas, periodistas, sanitarias, escritoras o científicas… mujeres. Y la mayoría sin notoriedad pública. Entre el medio millón de personas que vivieron el éxodo provocado por la guerra civil española, una parte quedó anclada al segundo plano. Eran ellas, las mujeres del exilio republicano. Desde Victoria Kent hasta Maruja Mallo, de Dolores Ibárruri a Neus Català.

Porque si la España vencida quedó relegada a las cunetas del silencio, la versión femenina de la historia sufrió un doble abandono. Hace 80 años de la diáspora que atravesó primero la frontera francesa para aterrizar pronto en dispares destinos europeos, africanos y americanos.

Y dentro de la marabunta de refugiados queda el drama callado. Es la memoria de un contingente humano en el que las mujeres formaron un bloque menos visibilizado.

Esa parte de la historia secundaria que ha rescatado el Congreso Internacional ‘Mujeres en el exilio republicano de 1939’, que acaba este viernes. La cita ha prestado una atención específica al colectivo femenino de perfiles diversos, desde la élite de mujeres dirigentes y profesionales a aquellas desconocidas.

Y dando a conocer los espacios destinados entonces a las republicanas. Como los campos de concentración, las maternidades especiales o los albergues. Lugares donde compartieron tiempo y penurias con una infancia también abocada al destierro. Ellas, de la proyección pública a las mujeres ocupadas en tareas de la vida cotidiana. Y su relato.

“En el exilio las mujeres dejarán para otro momento sus propias demandas de igualdad a favor de causas prioritarias, como la lucha antifranquista o la supervivencia en una España extraoficial y sin territorio”, explica Matilde Eiroa San Francisco, doctora en Historia Contemporánea y profesora titular en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

Victoria Kent (Málaga, 1898 – Nueva York, 1987). Primera mujer en el mundo que ejerció como abogada ante un tribunal militar. Diputada en las Cortes constituyentes de la II República por el Partido Republicano Radical Socialista y en 1936 en las listas de Izquierda Republicana, dentro del Frente Popular. Fue directora general de Prisiones e intentó reformas para “humanizar” el sistema penitenciario.

Victoria Kent.

Contraria al sufragio femenino pese a sus convicciones democráticas y feministas, sostenía que la mujer española no tenía la suficiente preparación social y política. Mantuvo una batalla dialéctica con Clara Campoamor. Escapó del exilio en París tras la invasión nazi de Francia y se quedó hasta su muerte en México y Estados Unidos.

Maruja Mallo (Viveiro, Lugo, 1902 – Madrid, 1995). Pintora surrealista. Una de las principales artistas de la Generación del 27. Formó parte de ‘Las Sinsombrero’, movimiento feminista de un grupo de jóvenes intelectuales para quebrar el papel de la mujer en una sociedad patriarcal. Su nombre real era Ana María Gómez González.

Una obra de Maruja Mallo. | EFE

Exiliada en Argentina en 1937, recibió un rápido reconocimiento. Pasa por Uruguay y Chile y expone en París, Brasil o Nueva York. Se codea con Picasso, Magritte, Miró; es admirada por Warhol, André Breton… Amiga de María Zambrano, Federico García Lorca, María Teresa León, Salvador Dalí… Era, ante todo, libre. Pero las crónicas de la época destacaban de ella sus “conquistas”, como Pablo Neruda, Miguel Hernández o Rafael Alberti. Regresó a España en 1962. En 1982 recibió la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, concedida por el Ministerio de Cultura.

Margarita Nelken (Madrid, 1894 – Ciudad de México, 1968). Escritora y crítica de arte. Como política fue diputada del PSOE por Badajoz y la única mujer que logró las tres actas parlamentarias en la II República (1931, 1933 y 1936). Escribió libros de corte feminista, aunque también votó contra el sufragio femenino. Se le atribuye la primera traducción al español de La metamorfosis de Franz Kafka.

Margarita Nelken.

Conocida por sus duros discursos, fue condenada a 20 años de prisión tras la Revolución de Asturias, pero huyó a Francia. En la Guerra Civil se afilió al PCE. Estuvo en el frente, participó en la defensa de Madrid y colaboró en la organización de la Unión de Mujeres Antifascistas. El exilio la llevó a México. Su correspondencia y documentación están en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

Neus Català (Guiamets, Tarragona, 1915 – 2019). Era la única superviviente española del campo de concentración nazi de Ravensbrück. Falleció con 103 años tras toda una vida de lucha antifascista. Feminista y comunista, era enfermera y cruzó la frontera a Francia en los últimos días de la guerra civil con 180 niños que cuidaba en Premià de Mar (Barcelona).

Neus Català con su traje de prisionera. | CORTESÍA DE NEUS CATALÀ

Obligada por las SS a trabajar en la industria de armamento, formó el ‘Comando de las gandulas’, un grupo de mujeres que boicoteó e inutilizó unos diez millones de balas. Tras su liberación continuó la lucha clandestina contra el franquismo. Tiene reconocimientos como la Cruz de San Jordi (2005) y la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya (2015), al Mérito Cívico por el Ayuntamiento de Barcelona (2014) y la Medalla de la Villa de París con el grado de ‘Grand Vermeil’ –la mayor distinción de la capital francesa– (2019) y Catalana del Año (2006).

Dolores Ibárruri (Vizcaya, 1895 – Madrid, 1989), La Pasionaria. Histórica dirigente del Partido Comunista de España. Fue diputada en la Segunda República y en las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, en 1977. Vicepresidenta de las Cortes en 1937. Secretaria general (1942-1960) y presidenta de honor a perpetuidad del PCE (2005). Miembro del Secretariado de la Internacional Comunista.

Dolores Ibárruri y Rafael Alberti, en la Mesa de Edad de la constitución de las Cortes, el 13 de julio de 1977. | EFE

Unió la acción política con la lucha de los derechos de las mujeres y asumió la doctrina marxista como herramienta para la liberación de la clase obrera. En 1933 fue presidenta de la recién fundada Unión de Mujeres Antifascistas. Encarcelada en varias ocasiones. Tras finalizar la Guerra Civil Española, se exilió en la URSS. Regresó a España el 13 de mayo de 1977. Está enterrada en el recinto civil del Cementerio de La Almudena. Publicó sus memorias, El único camino, en 1962.

Y el destierro de las “mujeres sencillas”

Mujeres como Kent, Catalá, Mallo, Nelken o Ibárruri “representan la política, la sociedad, la cultura, la ciencia, pero también otros valores, como el esfuerzo, la superación, la humildad, el servicio a la sociedad, la ética, la democracia y la apuesta firme por las libertades y derechos sociales”, en palabras de Eiroa.

Todas “constituyeron un apoyo básico en la perduración y la memoria de la libertad y la democracia”, continúa. Con una “diferencia importante con los hombres”: tuvieron que pasar “de la participación en la vida pública, del activismo cultural, social y político” desarrollado en los años 30 a la reducción o, en algunos casos, al cese de su actividad.

Mujer votando por primera vez en 1933.

“Pero en la mayoría de los casos su labor perteneció y permaneció en el terreno doméstico y emocional”, subraya Matilde Eiroa en conversación con eldiario.es. El destierro también fue distinto para las “mujeres sencillas”. Para aquellas “que no habían tenido notoriedad pública, la expulsión de su entorno fue un drama y el comienzo de una nueva vida en sitios, a veces, muy inhóspitos”.

Nuevas costumbres para “nuevas formas de sobrellevar la vida cotidiana”. A veces convertidas también “en el principal ingreso doméstico hasta que sus maridos encontraron trabajo”. Con “la máquina de coser y la costura” o “la confección de labores y útiles para el hogar” como vías de subsistencia.

Porque, al final, “ellas fueron las encargadas de la recomposición de la familia, de la instalación en los nuevos destinos y de la adaptación del núcleo familiar a la vida cotidiana”, dice la profesora de la UC3M. Y de conservar “las costumbres españolas: las recetas de cocina, las canciones, los cuentos, las fiestas, la memoria familiar”.

Ellas “transmitieron a sus hijos y a las segundas generaciones nacidas en el exilio una idea de España casi mitificada: el paisaje, la luz, el color de la geografía española”. Y “todas querían volver a España”. Como, en general, “todos los exiliados”. Pero “a una España donde hubiera libertades y no la de Franco”.

___

Fotografía destacada: Mujeres antifascistas.

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Mujeres-republicano-silenciada-feminista-antifranquismo_0_953305679.html

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

Angüés (Huesca) cierra el círculo: comienza la búsqueda de los últimos nueve ejecutados de la localidad durante la Guerra Civil

29 vecinos de esta localidad fueron ejecutados en los primeros días de la contienda y enterrados en fosas comunes del cementerio de Las Mártires, en Huesca. Se trabaja ahora para hallar los restos de nueve de ellos en la última parte de un proyecto que ha constado de tres fases.

En la búsqueda inicial, llevada a cabo en octubre de 2018, se encontró a cinco de estos angüesinos y a doce en la segunda, que tuvo lugar el verano pasado en el mismo camposanto con la colaboración entre la Arico y el Círculo Republicano Oscense Manolín Abad.

“A mi abuelo lo mataron por un trozo de periódico”: exhuman los cuerpos de 17 personas asesinadas en 1926 en Pomer

eldiario.es / Miguel Barluenga / 15-10-2019

En los primeros días de la Guerra Civil, durante el verano de 1936, la represión del bando nacional se cebó con la localidad altoaragonesa de Angüés. 29 de sus vecinos fueron asesinados y enterrados en fosas comunes del cementerio de Las Mártires, en Huesca. La magnitud de la empresa para recuperar sus restos ha obligado a afrontarla en varias etapas. La última se inició el pasado 7 de octubre y se busca a nueve personas más, separadas en tres tumbas diferentes a las que se dará un entierro mucho más digno en el mismo espacio.

La primera fase se ejecutó hace un año, en octubre de 2018 bajo la promoción y dirección técnica de la Asociación por la Recuperación e Investigación contra el Olvido (Arico), y con la colaboración del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca (Crmahu), Charata de Uncastillo y el Batallón Cinco Villas. La segunda fase, con los mismos parámetros, se realizó en julio y, en ambos casos, con éxito: se halló a cinco de estos vecinos en el primero y a doce en el segundo. Ahora, los oscenses son quienes encabezan los trabajos con la asistencia técnica de Arico y la colaboración de voluntarios que trabajan en tres espacios.

Según las investigaciones llevadas a cabo por Toño Moliner, vocal de Memoria Histórica del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca, en la primera de las fosas se inhumó a Demetrio Huguet Ubico, José Huguet Ubico y Juan José Lomero Bravo. En la segunda, a Domingo Tomás Rivera Sarvisé, Luis Val Casabón y Francisco Zamora Campo. Y en la tercera, a Domingo Ponz Conte, Joaquín Rivera Sarvisé y José Villacampa Bravo.

Durante la primera de las sesiones de trabajo ya se registraron resultados en el primero de los intentos, y los días sucesivos también han evidenciado que se trabaja en la buena dirección con la ayuda de alumnos de la Universidad de Zaragoza y termos de café ahora que el frío comienza a apretar temprano, cuando se inician estas largas jornadas.

Entre los primeros identificados después de haber sometidos los primeros restos hallados a las pruebas de ADN fue Román Arnal Mur, hermano del conocido militante anarquista Martín Arnal Mur.  Angüés contaba con poco más de 800 habitantes durante la década de los 30 y una potente base de jóvenes anarquistas articulados en el sindicato local de la CNT, y tras el golpe de Estado de julio de 1936 se concentraron en la localidad las dotaciones de varios puestos de la Guardia Civil bajo el mando del teniente Manuel Lahoz Julve, que se replegaron a Huesca ante la presión ejercida por las milicias organizadas en Barbastro.

23 vecinos anarquistas de Angüés fueron detenidos por la Guardia Civil e ingresados en la Prisión Provincial de Huesca el 24 de julio de 1936. Durante esa semana en que Angüés estuvo en manos de los sublevados fueron enviados a la cárcel un total de 31 angüesinos y todos ellos serían asesinados en Huesca en los meses siguientes. El destino habitual de los cadáveres, en sucesivas sacas, fue el cementerio de Las Mártires.

Entre los días 3 y 6 de enero de 1937 se ejecutó a 17 vecinos separados en diferentes sepulturas. El 3 de enero de 1937 se asesinó, a las 23:30, a Emeterio Alpín Zaballos (32 años), José Franco Carpi (46 años), Dionisio Gallo Brusau (32 años), José María Batos Lacasta (48 años) y Emilio Cardiel Huguet (26 años). Todos ellos fueron enterrados en una fosa común que ocuparía dos sepulturas distintas (zanja 7, fila 20, sepulturas nº 299-300), tras ser recogidos los cadáveres por la ambulancia número 24 de la Cruz Roja.

El 5 de enero de 1937 fueron ajusticiados, a las 22:30, Santos Buil Tornil (27 años), Tomás Canudo Domper (26 años), Gregorio Espona Vitales (55 años), Ramón Briac Oliveros (19 años) y Bartolomé Casasín Pérez (53 años). Se les dio sepultura en una fosa común. Finalmente, el 6 de enero de 1937 fueron asesinados Agustín Bravo Brusau (31 años) y Mariano Buil Tornil (23 años). Ya el 4 de enero de 1937 habían sido ejecutados otros cinco vecinos de Angüés: Román Arnal Mur (24 años), Fabián Alsina Soliva (26 años), Ramón Bonet Buil (25 años), Miguel Cardiel Huguet (27 años) y Manuel Gallo Brusau (35 años).

___

Fotografía destacada: En la búsqueda inicial, llevada a cabo en octubre de 2018, se encontró a cinco de estos angüesinos y a doce en la segunda CARLOS NEOFATO / HUESCA

Fuente:https://www.eldiario.es/aragon/sociedad/Angues-Huesca-ejecutados-Guerra-Civil_0_952955343.html

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

Piden que el Gobierno desclasifique documentos que relacionan el franquismo y el nazismo

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica solicita la publicación del listado de nombres de deportados que sobrevivieron a los campos de concentración.

diario16.com / Eva Maldonado / 13-08-2019

Ante el conocimiento público, a través del Boletín Oficial del Estado, de un listado de republicanos españoles deportados y fallecidos en los campos nazis de concentración, y detectando la ausencia de cientos de nombres de personas fallecidas en ellos, que no forman parte de esos datos, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) considera la información incompleta y reclama al Gobierno que facilite más datos.

Así, la ARMH insta al Gobierno a utilizar la investigación de los historiadores Benito Bermejo y Sandra Checa, que es la más completa al respecto según afirman desde la asociación, ya que incluyó los libros enviados desde Francia en los años 50 y porque fueron investigadas las fuentes originales en Francia y Alemania. Se trata del “Libro Memorial” que lleva colgado en la web del Ministerio de Cultura desde que ocupó esa cartera Carmen Calvo en 2006.

Además, desde ARMH solicitan la publicación del listado de nombres de deportados que sobrevivieron y fueron liberados en los campos y que de igual modo sufrieron la intervención del gobierno franquista y las gestiones de Ramón Serrano Súñer ante sus aliados nazis para que fuera el ejército de Hitler quien llevara a cabo las deportaciones.

También instan al Gobierno a hacer públicos, de una vez por todas, los documentos relativos a las estrechas relaciones que mantuvo el Estado franquista con la Alemania nazi, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, relacionadas con asuntos militares, transporte de objetos y recursos económicos, piezas de arte, personas que entraron en España, así como los movimientos que se produjeron en España de miembros de las Fuerzas Armadas del III Reich.

Así mismo, ARMH entiende que la participación del Estado franquista en la deportación de esos casi 10.000 republicanos españoles merece un ejercicio de responsabilidad y son, por lo tanto, víctimas de la dictadura por lo cual deberían ser reparadas. En ese sentido se podrían utilizar para su reparación los lingotes de oro nazi que tienen estampada una esvástica y que se encuentran depositados en el Banco de España, ya que se sabe que no tienen nada que ver con el robo de oro a los judíos y por lo tanto sin un recurso disponible.

___

Fuente:https://diario16.com/piden-que-el-gobierno-desclasifique-documentos-que-relacionan-el-franquismo-y-el-nazismo/

 

Publicado por ARMH