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La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica comenzará el lunes la exhumación de dos fosas comunes en Manzanares

Ha sido promovida por la Agrupación de Familiares de las Víctimas en esta localidad

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) iniciará el próximo lunes 17 de mayo la exhumación de dos fosas comunes en la localidad de Manzanares, con lo que se esperan recuperar los restos de treinta víctimas de la represión franquista, asesinadas después de la guerra, entre junio de 1939 y noviembre de 1940.

lanzadigital.com / 14/05/2021

En Manzanares hay un total de 288 víctimas asesinadas entre 1939 y 1947. De éstas hay 255 enterradas en una fosa intramuros y dos con treinta y tres personas extramuros; la separación entre ellas se debe a la división entre las zonas católica y civil del cementerio. En esta primera actuación de la ARMH, se va a llevar a cabo la exhumación de la zona civil, lo que fue extramuros.

Los familiares han estado muchos años protegiendo ese lugar. En 1981, Josefa Peñuelas, viuda de uno de los asesinados, Francisco Martín Alcarazo, promovió la colocación de una placa con todos los nombres.

Durante los quince días que tienen previstos los trabajos de exhumación, la ARMH recogerá muestras de ADN de los familiares, aunque hay algunos que ya han hecho por su cuenta esa gestión, tratará de localizar a las familias que todavía no están en contacto, y recogerá información y documentación de los familiares de otras fosas con vistas a otras posibles actuaciones.

Todos los gastos de la exhumación son sufragados con recursos propios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que no solicita subvenciones para las exhumaciones por qué se opone a este modelo por parte de las administraciones públicas y defiende que sean atendidas directamente por las distintas administraciones del Estado y no por asociaciones.

Desde esa perspectiva, ahora que el Gobierno central prepara una nueva ley de memoria democrática, la ARMH defiende que el Estado cree un organismo público y atienda directamente a las familias “porque los derechos humanos no se subvencionan, los derechos humanos se garantizan y cuando una administración financia una cierta ayuda a unas familias y a otras no, está creando una discriminación entre las víctimas”.

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Fotografía destacada: Agrupación de familiares de Manzanares en un acto celebrado en 2017

Fuente:https://www.lanzadigital.com/provincia/manzanares/la-asociacion-para-la-recuperacion-de-la-memoria-historica-comenzara-el-lunes-la-exhumacion-de-dos-fosas-comunes-en-manzanares/

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Las exhumaciones a contrarreloj de las fosas: “Nuestra pelea es que el estado se haga responsable de ello”

Las exhumaciones a contrarreloj de las fosas: “Nuestra pelea es que el estado se haga responsable de ello”

elboletin.com / María Márquez / 13/05/2021

El abuelo de Violeta Santos nunca quiso oír hablar de política a su nieta, cada vez que esto sucedía venía con su correspondiente bronca. Entonces esta profesora no entendía que pasaba con su abuelo. Ahora, muchos años después, comprende el porqué: el miedo y el terror. Jesús Barriopedro Santamaría era el hermano de su abuelo y uno de los asesinados por la dictadura de Francisco Franco.  Enterrado en una fosa después de ser asesinado, hoy tiene un sepulcro digno gracias a la Asociación de la para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Violeta desconocía la historia de su tío abuelo. Un joven de veintitrés años que se entregó al régimen para que liberaran a su madre, entonces encarcelada, una promesa que fue incumplida.

El descubrimiento de esta parte de su historia, le llegó a Violeta gracias al caso de Asunción Mendieta que entonces buscaba a su padre Timoteo Mendieta en el cementerio de Guadalajara. La ARMH fue la encargada de esa exhumación y antes de proceder a la apertura de las fosas, intentaron buscar al resto de familiares. “Un día una amiga me mando me dijo que había visto en Facebook un señor con el mismo apellido que yo. Y yo al verlo pensé, no es que tenga mis mismos apellidos, es que son los mismos que los de mi abuelo”, explica Violeta. Entonces decidió preguntar a su tía abuela María y ella se lo contó todo después de décadas de silencio. Por ello, decidió ponerse en contacto con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y comenzar la búsqueda, que finalizó hace apenas un mes.

“Para mí tía abuela ha sido increíble, recuperar a su hermano ha sido volver a tener dignidad”, comenta Violeta: “Es una conquista a  un poder que se estableció por la fuerza, es volver a tener tu familiar, darle una sepultura digna. Tener de nuevo tu historia sin que esté rodeada de miedo”. La identificación de su tío abuelo fue posible gracias a que fue encontrado con una plaquita con sus iniciales y a las pruebas de ADN.

La búsqueda de los desaparecidos dejada en manos de las asociaciones

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica lleva veinte años de trabajo en el campo de la búsqueda de desaparecidos en la época franquista. Su labor comenzó a raíz de la búsqueda del abuelo de Emilio Silva su presidente. En este tiempo han ayudado a más de 2.000 personas a localizar a sus familiares. “Además de ello hemos ayudado a miles de personas, no se puede cuantificar, a ayudar documentación sobre la historia de su familia”, detalla Emilio Silva. Desde la ARMH estiman que en España hay unas 3.000 fosas, de las cuáles solo han sido exhumadas unas 900. “No sabemos cuántas serán exhumadas depende del estado y de asociaciones como la nuestra”, añade.

La asociación se financia gracias a las cuotas de sus socios y donaciones que reciben. Nunca han optado a alguna subvención pública para su trabajo, ya que consideran que esto deja en las asociaciones la labor. “El gobierno convoca ayudad pero no estamos de acuerdo con este modelo. Se les da dinero a las asociaciones para que resuelvan ellas el problema. Nuestra pelea es que el estado se haga responsable de ello”, denuncia Silva: “No entendemos como el estado no crea un organización para ello para darles a estas personas una sepultura digna, que debería ser un derecho”.

La falta de financiación obliga a que su labor esté desarrollada por voluntarios que no cobran ningún sueldo por ello. El proceso para abrir una fosa se inicia, normalmente, por las comunicaciones de las familias que buscan a alguien. “Intentamos buscar a todos los familiares antes de ponernos a trabajar. Una vez hecho esto, buscamos la autorización del ayuntamiento competente”, completa Silva.

El mayor problema que se encuentran es el tiempo. “Corre en nuestra contra, muchos de los familiares directos van desapareciendo”, explica preocupado el presidente de la ARMH. Sin embargo, mira con positividad el futuro ya que en los últimos años han recibido a muchas personas que buscan a sus bisabuelos: “Hay una generación que está heredando esta preocupación”. Por último, destaca que si la ARMH ha podido en veinte años abrir unas 200 fosas, si el estado se pusiera a trabajar solucionaría el problema en “cuatro o cinco años”.

Eugenio Juan Insua, encontrado gracias a la ARMH

La hija de Eugenio Insua, desparecido desde el inicio de la guerra, se conformaba con poder poner una placa con el nombre de su padre en la fosa del cementerio de El Espinar, lugar donde pensaba que había sido enterrado. Insua abandonó a su mujer y a sus dos hijos para combatir en el frente de la Sierra de Guadarrama. Allí se perdió su rastro, aunque su mujer siempre supo que se encontraba en el cementerio con otros compañeros. Sin embargo, la dictadura le dio por desaparecido, lo que dejó a su esposa sin ningún tipo de pensión por viudedad.

“Mi abuela durante la dictadura no podía hacer nada, incluso le decía a mi madre que si preguntaban sobre mi abuelo, dijera que murió por una enfermedad”, relata Irene Herrera, su nieta. Quien en 2019 decidió ponerse en contacto con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica para iniciar la búsqueda de los restos de su abuelo Eugenio Juan. “Como no sabíamos cuánto podía tardar la asociación nos recomendó tomar una muestra de ADN a mi madre”, recuerda.

Gracias a ello, hoy su abuelo está en la misma tumba que su abuela. “La muerte los separó a las cinco años de matrimonio y ahora están juntos de nuevo”, celebra. El anillo de bodas de Eugenio Juan fue lo primero que permitió que supieran que habían encontrado a su familiar después de días de excavaciones. Ahora, su madre vive con satisfacción el poder haberle dado una sepultura a su padre, el cuál le arrebataron cuando tenía seis meses de edad. “Mi madre siempre estuvo muy preocupada porque su padre tuviera un sitio digno”, explica Irene Herrera.

Sólo cuatro Comunidades Autónomas con bancos de ADN

Además de las asociaciones como la de Emilio Silva, los familiares de desaparecidos pueden buscar a través de los bancos de ADN. Aunque esto sólo es posible en cuatro Comunidades Autónomas: Andalucía, Navarra, País Vasco y Catalunya. “Si hubiera un banco estatal todo el proceso sería mucho más sencillo”, relatan fuentes del Instituto Navarro de la Memoria, el encargado del banco de ADN de esa comunidad.

“El banco es uno de los eslabones del trabajo de localización de las personas desaparecidas tras el golpe militar de 1936”, concretan. Además de ello, desde hace cinco años el Instituto Navarro de la Memoria tiene un plan de exhumaciones, a través del cual han localizado ya a  115 personas, de entre ellas han sido identificadas 28 personas.

Los navarros que estén interesados pueden acudir al instituto a que les tomen una muestra de ADN por si en el futuro encontraran a su familiar desparecido. “Nuestra labor es tomar estas muestras por si en algún momento coincidieran con algún resto óseo”, detallan desde el instituto. En este momento, tienen abiertos 270 expedientes. “No todos los familiares sirven por igual, desde el punto de vista genético, los mejores donantes siempre son los hijos, lo que ocurre es que a estas alturas solo en algunos casos viven todavía”, añaden.

Desde el ente autonómico ven positivo la existencia de este tipo de iniciativas en las comunidades autónomas y se muestran de acuerdo con la creación de un banco de ADN estatal. “Para las familias tiene un carácter reparador que se encargue de su caso una institución pública, les hace ver que se preocupan por su problema”, concretan.

Cuando las instituciones fallan: Desde 2008 buscando a su abuelo

Álvaro López Ruiz fue llamado a filas del ejército republicano a sus 38 años, durante ese período, debido a su edad, le encomendaron laborales como cavar trincheras, nunca llegó a estar en el frente con un arma. Cuando terminó la guerra fue a buscar a su familia, que había huido de su hogar, para regresar al pueblo. Una vez volvieron fue llevado a una casa cárcel a esperas de ir a Badajoz a exponer su caso, pero esto nunca llego a suceder, unos jóvenes falangistas sacaron una noche a todos los presos del pueblo, incluidos Álvaro, y los fusilaron.

Años más tarde, con el siglo nuevo, Purificación López no sabía nada de su antepasado. “Era un tabú, yo pensaba que había muerto en la guerra, no cuando ésta ya había terminado”, relata su nieta. Un día, su padre le sorprendió llamándola a parte en una reunión familiar para contarle que quería buscar a su padre. “Yo le he escuchado decir que daría la mitad de lo que le queda de vida para encontrar los huesos de su padre”, demanda.

Purificación decidida a ayudar a su padre se puso en contacto con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en 2008, ellos le derivaron a la Junta de Extremadura. El problema en su caso, es que su abuelo fue enterrado en una trinchera, no en un cementerio, lo que facilitaría la búsqueda. La Junta comenzó a buscar según los relatos de residentes del pueblo, pero al no encontrar nada, acabo desistiendo: “Han vuelto un par de veces, pero nos dan siempre muchas largas. Volvieron en 2017 pero estuvieron cuatro horas y se marcharon”.

Ella decidió no rendirse y encontró la localización de las trincheras y poco a poco, con el dinero que han podido, y con la ayuda de Luis Albial que tiene una empresa de georradares, han ido abriendo en distintas zonas para encontrar la fosa. “A día de hoy seguimos sin encontrarles”, relata. “Es la Junta quien tiene que asumir esa responsabilidad, no nosotros”, denuncia: “El tiempo corre en nuestra contra”.

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Fotografía destacada: Exhumación de víctimas del franquismo

Fuente:https://www.elboletin.com/las-exhumaciones-a-contrarreloj-de-las-fosas-nuestra-pelea-es-que-el-estado-se-haga-responsable-de-ello/

 

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Renfe, los trenes que recorren España gracias a dos décadas de trabajo esclavo de los vencidos por el franquismo

El Gobierno reconoce que el trabajo esclavo en el sector del ferrocarril “hasta la fecha no había sido abordada de forma institucional”

— Los trabajadores ‘esclavos’ valencianos a las órdenes de un capataz llamado Francisco Franco

eldiario.es / Lucas Marco / 09/05/2021

Muchas grandes empresas españolas, tanto públicas como privadas, tienen su origen en la España franquista de la posguerra con el uso de mano de obra esclava de los vencidos republicanos.

El senador de Compromís Carles Mulet registró una pregunta dirigida al Gobierno, tras la celebración del 80 aniversario de la empresa pública Renfe, en la que “no hubo ningún reconocimiento a los que trabajaron redimiendo penas por el trabajo haciendo que la infraestructura ferroviaria de hoy tenga su sustento en las grandes obras públicas desarrolladas por aquellos hombres utilizados como mano de obra esclava”, según lamentaba.

Además de presos políticos usados para la redención de penas, también hubo militares republicanos, “que constituían los batallones disciplinarios de soldados trabajadores que pasaban a formar parte de ellos por el hecho de ser soldados” del Ejército de la II República. “La utilización de mano esclava en las infraestructuras ferroviarias se desarrolló nada menos que durante dos décadas”, recuerda Mulet.

“Así de beneficiosa le resultaba al Estado franquista como a Renfe, que a partir de 1941 era ya titular la empresa Red Nacional de Ferrocarriles Españoles, esta explotación del enemigo vencido”, agrega el senador de Compromís, quien lamenta el desconocimiento sobre el uso de mano de obra esclava durante la dictadura del general Franco.

El Gobierno, en su respuesta, recuerda que la ley por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura, prevé la elaboración de un “censo de edificaciones y obras realizadas por miembros de los Batallones Disciplinarios de Soldados Trabajadores, así como por prisioneros en campos de concentración, Batallones de Trabajadores y prisioneros en Colonias Penitenciarias Militarizadas”.

Además, el anteproyecto de ley de Memoria Histórica, actualmente en tramitación, reconoce expresamente como víctimas a las personas privadas de libertas o que padecieron deportación, trabajos forzoso o internamientos en campos de concentración y colonias penitenciarias militarizadas, dentro y fuera de España”. Así, el Estado español prevé el “reconocimiento y reparación a estas víctimas y la señalización de los lugares directamente relacionados con los trabajos forzados, de forma que se permitan su identificación y el recuerdo de lo sucedido”.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez también prevé “impulsar iniciativas por parte de las organizaciones o empresas respecto de las que se constate, a través de la realización de un censo, que utilizaron los trabajos forzados en su beneficio, para que adopten medidas en ese sentido”.

El anteproyecto de ley incluye “programas específicos de divulgación” con el relato de las víctimas, actos conmemorativos y homenajes públicos, reconocimientos públicos y solicitudes de perdón o el diseñó e instalación de lugares de memoria”. Entre las actividades previstas con cargo al presupuesto de este año, figura un “amplio programa de investigación académica destinado a la elaboración de inventarios de obras y edificaciones realizadas con presos, prisioneros o trabajadores forzados”, así como las empresas beneficiarias de la mano de obra esclava.

En 2005, los consejos de administración de Adif y Renfe encargaron a la Fundación de los Ferrocarriles Españoles un estudio general del proceso de depuración d los ferroviarios durante la Guerra Civil y el franquismo. Desde entonces la fundación ha elaborado un “amplio trabajo de identificación del fondo documental” con una base de datos nominal que cuenta con más de 90.000 registros.

El Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, recuerda la respuesta del Gobierno, ha desarrollado con Renfe un “amplio” programa de actuaciones para la recuperación de la memoria histórica en el sector del ferrocarril, “una situación que hasta la fecha no había sido abordada de forma institucional”.

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Fotografía destacada: El ‘canal de los presos’, construido con mano de obra esclava. RMHSA (CGT)

Fuente:https://www.eldiario.es/comunitat-valenciana/renfe-trenes-recorren-espana-gracias-decadas-trabajo-esclavo-vencidos-franquismo_1_7909383.html

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Un tesoro desde el infierno

Hoy se conmemora la liberación de Mauthausen en 1945. Allí murió el abuelo de Laura. Hace un año que descubrió quién era, con unas cartas. Bárbara investiga el destino de su bisabuelo. Dos ourensanos en el horror nazi.

laregion.es / Elisabet Fernández / 05/05/2021

Hace solo un año que Laura García se enteró de quién era su abuelo. José García Rodríguez (Baltar, 1902) fue uno de los veinte ourensanos asesinados en Mauthausen. Esta mujer de Barcelona descubrió también sus orígenes gallegos. Fue a través de las cartas que su tía política conservó en una carpeta y que le entregó ahora. Doce misivas a su mujer, Ángeles, y a sus cuatro hijos, entre marzo de 1939 y abril de 1941.

“A veces tengo que parar de leer. Son tremendas. Se excusa por todo, por dejar desamparada a la familia. Y son cartas de muchísimo amor. Aún no encuentro palabras para describirlas”, cuenta. A la ourensana Bárbara María Pérez le ocurrió algo similar: “De mi bisabuelo solo me habían dicho que lo habían matado en Alemania. No se hablaba más”. Es la bisnieta de Avelino Pérez Rodríguez (Entrimo, 1899). Murió en Gusen el 19 de diciembre de 1941. Cuatro meses después que el abuelo de Laura, y en el mismo campo. Las dos coinciden: “Que esto no quede en el olvido”. Hoy se conmemora la liberación del campo de concentración de Mauthausen en 1945. Es el Día del Homenaje a los españoles deportados y fallecidos en este y otros campos de concentración. Un infierno del que no salieron estos dos ourensanos. Dos historias que siguen tirando del hilo para que el pasado no se olvide.

Cartas de amor

 

José García Rodríguez fue encarcelado en Gusen el 20 de octubre de 1941, con el número de prisionero 14331. Murió dos meses después, a las 2,10 horas. La causa de la muerte: miocarditis. Los registros suelen certificar este tipo de fallecimientos naturales tras los que se ocultan los asesinatos. Tenía 41 años. “Si tengo que ir a Ourense y poner unas flores en Baltar, en su lugar natal, voy. Me gustaría que se reconozca. Esto no puede quedar en el olvido”, afirma Laura García, todavía sorprendida con lo que ha descubierto.

Las cartas son muy duras. Están escritas desde el campo de refugiados de Argelés, desde los destinos de la Segunda Compañía de Trabajadores Españoles y desde el Stalag 11-A. Fue su tía política la que le entregó las cartas hace un año, la mujer de uno de los hijos que dejó José García. El padre de Laura apenas tenía tres años cuando su abuelo fue encarcelado. Y los hijos nacieron en Madrid, para después trasladarse a Barcelona. De ahí que Laura García desconozca por completo sus orígenes gallegos.

Las cartas. “Te quiero tanto, Ángeles. He sido tan dichoso a vuestro lado que no estaba preparado para este cambio brutal de la suerte”, se lee en uno de los fragmentos. Una caligrafía impecable en la que José García subraya palabras como “tu padre” o los nombres de los niños.  Están escritas con carbón. Se lamenta de dejarles desamparados en Barcelona, pero conserva la esperanza de regresar. Frío, plagas de piojos, dientes rotos, trabajos forzados… y las duras condiciones de vida en el lugar en el que murió. Eso es lo que explica este ourensano de Baltar en la correspondencia, en la que, según Laura, oculta a su mujer la durísima realidad del campo de concentración.

“Necesito sentirme en paz. Que esto se sepa. Porque vivieron un infierno y tanto mi abuelo como los demás deben ser reconocidos”, explica esta barcelonesa. De su abuelo, al que ahora conoce por estas cartas, dice: “De él conservo las ideas y las cartas”.

Construyendo una biografía

Una corazonada le llevó a Bárbara María Pérez a pensar que su bisabuelo era una víctima del Holocausto. Buscó su nombre en el Memorial de Mauthausen. Y allí estaba: Avelino Pérez Rodríguez, natural de Entrimo, fallecido en Gusen el 5 de agosto de 1941. Esta ourensana empezó hace unos años el viaje de la reconstrucción de la biografía de su bisabuelo. Pistas y documentos que pueden tardar hasta un año en llegar, periodos largos de espera para que las instituciones sigan ayudándole a encontrar más datos. “Cada vez que continuaba investigando, me lo tomé como que esta era mi misión”, cuenta. Saber qué le ocurrió a su bisabuelo. “En los registros aparece como miliciano, simplemente era de izquierdas”, explica. Lo capturaron los alemanes en Francia, cuando realizaba trabajos viales. “Creo que él ayudaba en labores de avituallamiento”. Bárbara continúa averiguando las “lagunas” de su periplo. Le gustaría saber en qué campo estuvo en Francia. Su bisabuelo murió en Gusen, a los 42 años, con el número de prisionero 10.021. Causa: bronconeumonía.

Los 20 ourensanos que fueron víctimas del infierno de los campos nazis

Un total de 34 ourensanos, según los registros disponibles, fueron víctimas del Holocausto. Lo fueron con destinos dispares: “fallecido”, “liberado”, “evadido”. De algunos no se supo nada nunca más. Nueve fueron liberados.

Fallecieron 20: José García Rodríguez, Manuel Yebra Dacoba, Julio Rajó Lorenzo, Antonio Villar Febrero, Isauro González Prada, Tiberio Fernández Lorenzo, Jesús Vázquez Valdominos, Avelino Pérez Rodríguez, Abilio Álvarez Bernardo, Antonio Diéguez Blanco, Benedicto Folla Arias, Ramón Conde Ramos, Antonio Araújo González, Manuel Soutullo Iglesias, Antonio Vázquez González, Eligio Formoso Fernández, Jesús Fernández Rodríguez, Demetrio Rey Domínguez, Magín Pérez López y Alberto Suárez Gallego.

De cuatro ourensanos, según los registros, no se supo nada nunca más de su destino: son Antonio Pérez, Francisco Cortez, Francisco Iglesias Fernández y Santiago Durán Durán.

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Fotografía destacada: Avelino Pérez, en una foto de la infancia.

Fuente:https://www.laregion.es/articulo/ourense/un-tesoro-desde-el-infierno/20190505075147869907.html

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El desconocido héroe holandés de la Segunda Guerra Mundial

Piet Kuijt marcó las fosas comunes donde había miembros de la resistencia para que pudieran ser exhumados

elpais.com / Isabel Ferrer / 02/05/2021

Las dunas que bordean la costa situada al norte de la ciudad holandesa de La Haya son hoy un entorno natural protegido para favorecer la biodiversidad. Durante la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, fueron declaradas zona de exclusión por los nazis, que ocuparon los Países Bajos entre 1940 y 1945. Allí, los soldados alemanes ejecutaban a los miembros de la resistencia y enterraban luego sus cadáveres en fosas comunes pensando que nunca se descubrirían.

Pero hubo un hombre silencioso y tenaz que marcó las sepulturas sutilmente, sin llamar la atención de los invasores. Se llamaba Piet Kuijt (1892-1972) y tenía permiso para trabajar en ese paraje plantando carrizo, una especie de caña cuyos tallos fijan los terrenos arenosos. Gracias a su determinación, las familias de unos 270 fusilados pudieron recuperar sus restos. Kuijt nunca lo contó, ni siquiera a su familia, que le tenía por un hombre taciturno. Este viernes, su nieto Peter no pudo contener la emoción cuando se desveló la placa que lleva el nombre del abuelo, en la vía para bicicletas construida en la misma ruta que debió recorrer tantas veces durante la contienda.

Piet Kuijt era un hombre muy alto nacido en la localidad de Katwijk, un municipio costero que en 1943 rondaba los 20.000 habitantes (hoy son 66.000). Contratado por la empresa de mantenimiento de las dunas, tenía un pase de los nazis para entrar y salir del entorno, que permanecía cerrado al resto de la población. Conocía cada palmo del terreno, y como las ejecuciones se producían al amanecer, cuando veía una fosa recién tapada plantaba allí carrizo para poder encontrarla después. Lo hizo con tanta pericia que no se ha podido averiguar el tipo de patrón que seguía, pero en julio de 1945 —Países Bajos había sido liberado en mayo— dio las pistas necesarias para proceder a la exhumación de los cuerpos.

Las fotos que se conservan de esos días en el Instituto para el Estudio de la Guerra, el Holocausto y el Genocidio (NIOD) le muestran con gorra, apoyado en una pala a pie de fosa. Hay una cierta expresión de sorpresa en su mirada, como si el fotógrafo le hubiera llamado interrumpiendo la triste labor en la que se afanaba como uno más. “La verdad es que no sabemos por qué señaló las fosas arriesgando su vida si le descubrían, y tenía nueve hijos. Por lo que cuenta su familia, lo más probable es que pensara que los ejecutados no podían quedarse en el olvido. Que merecían un entierro con su propia identidad”, explica, en conversación telefónica, Edward Verhey, gerente de marketing y comunicación de Dunea, la empresa que se ocupa actualmente de esta zona y del agua potable que almacena.

Vista de la zona de las dunas donde fueron ejecutados miembros de la resistencia holandesa. / NIODEL PAÍS

Licenciado en Historia, Verhey oyó en la empresa retazos de la historia de Piet Kuijt y se puso a investigar. Parecía uno de los héroes más silenciosos de la historia del país y valía la pena recuperar su memoria porque van a cumplirse cincuenta años de su muerte. Tuvo que emplearse a fondo para seguir su rastro. “Kuijt es un apellido muy común en su pueblo, en Katwijk, y nadie le conocía. Acabé pidiendo al diario local que publicaran un artículo y di con familiares lejanos y después con los dos hijos que siguen vivos: Adrie, de 85 años, y Piet, de 80”.

Ellos ignoraban que su padre, durante la guerra, no solo plantaba carrizo en las dunas y cazaba algún conejo, que luego repartía también entre los vecinos. En sus recuerdos, era un hombre callado que fumaba absorto en su silla favorita, y ahora entienden mejor su carácter. Sí hay un episodio de ira recogido en la biografía que se ha ido completando estos días. Ocurrió cuando un soldado nazi llamó a su puerta para salir con la única hija de Kuijt, y recibió un par de puñetazos del progenitor allí mismo. No hubo paseo con la chica y Kuijt recibió al día siguiente un aviso del comandante nazi local.

Según Verhey, “se trata de una generación que no hablaba de la contienda, y Kuijt rechazó incluso la Cruz de la Resistencia, una condecoración instituida por la entonces reina Guillermina”. También declinó la propuesta de que su nombre apareciera en un programa de televisión sobre las ejecuciones de los miembros de la resistencia.

Sí se había reconocido su labor en el Erepeloton de Waalsdorp, el lugar dedicado a homenajear a quienes fueron ejecutados por las fuerzas de ocupación en el claro de las dunas utilizado para fusilarlos, y poco más. Que era un hombre modesto lo ha confirmado su nieto Peter durante la presentación de la placa en nombre del abuelo. “Él marcó los enterramientos, y creo que apreciaría este honor. Pero vio demasiadas cosas horribles en la guerra y tuvo que asimilarlas”, dijo.

Cavar con las manos

La exhumación de los cadáveres dio comienzo poco después de la liberación, y la llevaron a cabo los antiguos miembros del Movimiento Nacionaldocialista de Países Bajos (NSB, en sus siglas en holandés), que estaban encarcelados. Según los testimonios recogidos en la prensa del momento, realizaron la excavación con palas, pero en ocasiones fueron obligados a cavar con sus propias manos hasta dar con los restos. Unos pocos años antes, Piet Kuijt recorría ese mismo terreno plantando literalmente la memoria de la guerra en la tierra, mientras en otro lugar de La Haya un compatriota dibujaba un mapa mental de la zona.

Se llamaba Gerrit Bos y era pastor protestante en la cárcel de Scheveningen, el distrito costero de la ciudad. Confortaba a los miembros de la resistencia que iban a ser fusilados y le costó mucho que los nazis aceptaran este tipo de apoyo espiritual para los prisioneros, pero estaba presente durante las ejecuciones. Les acompañaba hasta las dunas y vio las fosas abiertas donde luego les arrojaban y echaban cal viva. Kuijt y Bos no se conocieron, pero la información del religioso fue igualmente valiosa a la hora de proceder a las exhumaciones. Aunque el nombre del sacerdote aparece en los documentos históricos de la cárcel, el Erepeloton de Waalsdorp considera ja la posibilidad de incluirle en el recuerdo que cada 4 de mayo se rinde a las víctimas en las dunas.

La recuperación de la figura de Piet Kuijt aporta luz a los héroes prácticamente anónimos de la Segunda Guerra Mundial. El padre, y luego abuelo, que no contaba historias de la guerra, se había jugado la vida para que sus compatriotas caídos tuvieran un funeral honroso, y su nieto cree que estaría “secretamente orgulloso, aunque sin llamar la atención”. En las dunas hay ahora un sendero, de paso, pero que tiene una placa con su nombre.

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Fotografía destacada: Piet Kuijt, con gorra y apoyado en una pala, trabaja en una exhumación.| NIOD

Fuente:https://elpais.com/internacional/2021-05-02/el-heroe-anonimo-holandes-de-la-segunda-guerra-mundial.html

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El llanto niño del anciano Juan Ochoa en la Carretera de la Muerte

Llora a sus dos hermanos fusilados y a su madre y hermana encarcelada y vejadas como si no hubieran transcurridos siete décadas desde que se cometieron los crímenes.

elsaltodiario.com / Félix Población / 26/04/2021

El pasado 10 de abril, en Radio Andalucía Información, el programa La Memoria entrevistó a la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. Aparte de lamentar la actitud de la derecha española con relación a la Memoria Histórica, Hidalgo recordó a su padre y abuelo, perseguidos por la dictadura franquista y víctimas de uno de los episodios más violentos de la Guerra de España, popularmente conocido por La Desbandá. Las declaraciones de la alcaldesa me llevaron a rastrear en la documentación gráfica de aquellos hechos y a encontrarme con un singular ser humano, cuyo testimonio es uno de los más estremecedores de los que tengo conocimiento.

Recomiendo tomar asiento y ver el documental en el que aparece la imagen de Juan Ochoa -al término del film- haciendo sonar la húmeda voz de su memoria. Después de haber revisado mucha documentación gráfica relativa a la Memoria Histórica durante muchos años, no he visto a nadie con la retentiva emocional tan dolida por la pena, setenta años después de ocurridos los hechos,  según podemos comprobar en  Málaga, 1937. La carretera de la muerte, incluido en la serie de Alfonso Domingo La memoria recobrada, cuando programas de esta entidad y calado histórico eran posibles en RTVE (2006). ¿No volverán a ser posibles?

Con guión y dirección del escritor Juan Madrid, hijo de uno de los integrantes de aquella penosa marcha por la vieja carretera costera que comunicaba las ciudades de Málaga y Almería, aquel episodio al que se le conoce por el nombre de La desbandá tuvo lugar los días 7 y 8 de febrero de 1937, tras la entrada en Málaga de las tropas sublevadas en julio de 1936. Una marea humana cifrada en 100.000 personas -puede que más- abandonó la capital andaluza, adonde muchas familias habían acudido además como refugiadas desde otras provincias de la región, y fue ametrallada desde el aire y cañoneada desde el mar por los aviones y buques de guerra facciosos.

Puede que esta fuera la primera versión documental del que pasaría a la historia como uno de los episodios más trágicos de la Guerra de España, por la matanza indiscriminada que se perpetró contra tantísimos refugiados civiles que huían de la represión franquista con sus pocos enseres y a los que puso calificativo preciso el doctor Norman Bethune (1890-1939) con estas pocas y explícitas palabras: doscientos kilómetros de miseria. Es de resaltar el papel jugado por este médico canadiense, que además de documentar aquella masacre, transportó hasta Almería a muchas de las personas que resultaron heridas, principalmente mujeres y niños, y por cuya acción humanitaria se le recuerda en el llamado Paseo de los Canadienses.

En esta valiosa película de poco menos de una hora de duración podrán ver y escuchar los que la revisen el llanto y las palabras de un anciano de muy modesta condición que llora a sus dos hermanos fusilados y a su madre y hermana vejadas y encarcelada la primera (once años). Se trata de un muy emotivo testimonio, transcurridas  siete décadas desde que fueron cometidos los asesinatos y la burla y mofa de su madre y hermana. Las cámaras nos muestran que nada ha podido el paso del tiempo contra el sentimiento de unas lágrimas y el temblor de una voz que rebrotan con todo el abatimiento, la pena y la rabia que esas atrocidades provocaron en un niño de pocos años.

Juan Ochoa se llama, en efecto, el protagonista de esas secuencias, de las más impactantes que hayamos podido ver entre las muchas imágenes de similar carácter que ha venido promoviendo el rescate y reparación de la memoria de los vencidos. Todo el dolor callado y amordazado de las víctimas de la dictadura durante tantos años se derrama en el llanto y las palabras de ese hombre, como prueba fehaciente y perdurable de la hondura que ha tenido la herida de la represión en la historia de este país y lo poco que se ha hecho por restañarla en las personas de los miles de descendientes de quienes fueron asesinados por los vencedores de la guerra, pretendiendo enterrar en el olvido y la impunidad sus crímenes, algo que a lo que se resistió el corazón y la memoria de Juan Ochoa.

Decía nuestro admirado Antonio Machado, fallecido al final de aquella guerra de exterminio en el exilio de Collioure, que la calidad moral de los hombres puede medirse, con relación a su edad, por la mayor o menos cantidad de años que se quitan de encima cuando sonríen. Me atrevería a incluir también el llanto en ese cómputo sobre la calidad moral, en cuyo caso la de Juan Ochoa es digna de admiración porque el suyo es un hondo y vivo llanto de niño con una pena muy vieja, como si su dolor fuera el del primer día que sintió la vejación y muerte de los suyos.

Añado a la cita del gran poeta andaluz el no menos lúcido pensamiento del poeta leonés Juan Carlos Mestre al referirse a quienes se propusieron extirpar la memoria individual y colectiva de los procesos sociales, tal como ha ocurrido en este país durante tanto tiempo como para pretender secar el llanto de Juan Ochoa y de tantos y tantos ancianos hijos o hermanos de los vencidos. “La memoria no es una elección -sostiene Mestre-, sino un imperativo categórico, una facultad  de naturaleza inherente a la condición humana, y su amputación como ejercicio primordial de la conciencia constituye la consumación inicial del discurso autoritario: la negación de la identidad del que difiere, el asesinato de la conciencia de individuo, el delito criminal y abominable de suprimir el recuerdo biológico, la recordación emocional y la remembranza de cuanto nos constituye sinápticamente como sujetos de memoria”.

Entiende el autor berciano, muy sensibilizado con quienes fueron pasto del olvido en la intemperie de las múltiples fosas y cunetas, que privarnos de la memoria “constituye una perversidad dialéctica comparable al exterminio de la conciencia y la aniquilación moral de la persona, la pérdida definitiva de todo respeto por la condición humana, la agonía de los seres privados de memoria, de los pueblos desposeídos de su pasado, del duelo negado a los dolientes y de la privación última de su ya única existencia en el recuerdo de los muertos”.

A Juan Ochoa y a tantos otros no han podido negarle el duelo ni cuarenta años de dictadura, ni otros muchos de indiferencia u olvido ante su dolor silente. Su llanto, empañado en el recuerdo de la barbarie, proclama la victoria del ser humano como sujeto de memoria  frente a quienes pretendieron o pretendan negar esa identidad y la aniquilación  con ello de la conciencia moral de la persona.

Juan Madrid pone fin al documental, dedicado a la memoria de su padre, con una palabras en referencia a la doble herida que soportaron y soportan quienes sufrieron esas penalidades: las propias de aquella masacre y las de guardar silencio tantos años. Por esta segunda herida también corren sobre sus viejas mejillas las lágrimas que Juan Ochoa trata de ocultar con su brazo, como cuando le mataron a los suyos.

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Fotografía destacada: El Salto

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/los-nombres-de-la-memoria/el-llanto-nino-del-anciano-juan-ochoa-en-la-carretera-de-la-muerte?fbclid=IwAR396anl5pTmKUXQVXqRrC5lXxcUyMub97SROCxB8iggwpLzEN8IWBHQgPw

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