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Fallece con coronavirus Rafael Gómez, último superviviente de ‘La Nueve’, la compañía de españoles que liberó París de los nazis

Tenía 99 años y residía en Estrasburgo. Fue uno de los 145 republicanos que marcharon en la capital francesa tras liberarla de las tropas alemanas

eldiario.es / 31-03-2020

Ha muerto a los 99 años Rafael Gómez Nieto, el último superviviente de ‘La Nueve’, la legendaria compañía del Ejército francés cuyos 160 hombres, de los que 146 eran republicanos españoles, fueron los primeros en desfilar por las calles del París liberado de las nazis en 1944. Gómez Nieto, residente en Estrasburgo, ha fallecido tras dar positivo por coronavirus, según ha confirmado su hijo al diario Ideal.

La noche del 24 de agosto de 1944 los aliados liberaron París del yugo nazi. Los primeros combatientes que entraron a pie en la capital de Francia pertenecían a ‘La Nueve’, una compañía formada por 160 hombres. De ellos, 146 eran republicanos españoles que habían luchado contra Franco en la Guerra Civil.

Sin embargo, su reconocimiento oficial no llegó hasta el 60 aniversario de la liberación de París, en agosto de 2004. “Liberaron París, pero no solo París. La liberación de esta ciudad fue celebrada en el mundo entero como la victoria de la libertad. Aunque todavía quedaba por combatir para acabar con el nazismo, se cuenta que incluso en Buenos Aires sonaron también las campanas ese día, cuando entraron en París”, señaló en su día la alcaldesa de París, Anne Hidalgo.

Gómez Nieto nació en Adra, Almería, en 1921. Vivió en Cádiz, Madrid, Badalona… De allí fue reclutado en las levas de la llamada ‘Quinta del Biberón’, cuando el Gobierno republicano intentaba a la desesperada engrosar su número de efectivos, llegando a llamar a filas a niños de 14 años. Este combatiente participó en la batalla del Ebro. Luego se refugió en Francia, donde estuvo en un campo de confinamiento. Logró huir con su padre a Argelia y allí fue reclutado por el Ejército francés. Hizo campaña contra los nazis en Gran Bretaña y desembarcó en Francia 1944 a las órdenes del general estadounidense George Patton. Pocos meses después, fue de los primeros soldados aliados en entrar en París.

Al parecer, llevaba días ingresado en un centro sanitario de Estrasburgo. “No se ha podido recuperar, tenía los pulmones infectados y se ha ido esta noche”, ha declarado su hijo en el citado medio.

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Fotografía destacada: Rafael Gómez, en un acto de homenaje | MARCOS SERVERA

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Fallece-Rafael-Gomez-Nieto-Paris_0_1011749828.html

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La deportación a Alemania de un guardia nazi del campo de Neuengamme anima a los descendientes españoles de las víctimas a investigar

Siete españoles fueron deportados a un subcampo de Neuengamme, según las investigaciones en los Arolsen Archives del historiador Antonio Muñoz, de la Universitat Rovira i Virgili

Se busca a los descendientes del valenciano Fernando Navarro para que hereden el reloj que les requisaron los nazis en el campo de Buchenwald

eldiario.es / Lucas Marco / 21-03-2020

Friedrich Karl Berger, un anciano de 94 años que vivía desde 1959 en Estados Unidos, será deportado a Alemania por el Departamento de Justicia al haber prestado un “servicio voluntario como guardia armado en un campo de concentración”, según la jueza estadounidense Rebecca L. Holt.

El hombre vivía en Tennessee y seguía cobrando una pensión de Alemania que incluía su servicio durante la II Guerra Mundial. “Berger era parte de la maquinaria de opresión de las SS que mantenía a los prisioneros de los campos de concentración en condiciones atroces de confinamiento”, dijo el fiscal general adjunto Brian A. Benczkowski, de la División Criminal del Departamento de Justicia.

Desde 1979, cuando se puso en marcha el programa del Departamento de Justicia para investigar a los “perseguidores nazis”, ha habido casos contra 109 personas. “En los últimos 30 años, el Departamento de Justicia ha ganado más casos contra personas que participaron en la persecución nazi que las autoridades judiciales de todos los demás países del mundo juntas”, indica el comunicado que anuncia la deportación a Alemania del exguardia nazi.

El tribunal estadounidense que ordenó la deportación de Berger sostiene que el anciano sirvió en un subcampo de Neuengamme, cerca de Meppen, en el que había “judíos, polacos, rusos, daneses, holandeses, letones, franceses, italianos y opositores políticos”.

La lista de nacionalidades olvida a los, al menos, siete españoles que pasaron por aquel recinto del horror nazi. El investigador Antonio Muñoz Sánchez, de la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, ha localizado a siete ciudadanos españoles que figuran en los Arolsen Archives, el mayor archivo del mundo sobre víctimas de la II Guerra Mundial y del nazismo y con el que la URV mantiene un convenio para investigar sus fondos.

“Nos está permitiendo encontrar decenas y decenas de nuevos deportados españoles”, explica a eldiario.es por correo electrónico el historiador Antonio Muñoz. La investigación también se centra en localizar a los descendientes de las víctimas españolas para que puedan heredar los objetos que les fueron requisados, tal como informó este diario.

El campo de Neuengamme tenía a su vez una red de 80 subcampos, explica Muñoz. El de Meppen, al que fue destinado Friedrich Karl Berger, estaba situado cerca de la frontera holandesa y fue muy efímero: “Se creó para presos que tenían que construir infraestructuras para parar el avance de los aliados”, señala el historiador de la URV.

Ficha de Pedro Tola González en el campo de concentración de Neuengamme. AROLSEN ARCHIVES

Así, en los Arolsen Archives el investigador ha localizado a siete españoles que pasaron por aquel subcampo. De algunos poco se sabe más allá de su identidad y su fecha de nacimiento. Pedro Tola González, nacido en Valladolid el 20 de octubre de 1891, era panadero y probablemente fue deportado desde Burdeos (Francia). Miguel Sosa Tostado, nacido en Miajada (Cáceres) el 1 de diciembre de 1915; Vicente Ferrando Bostella, nacido en Maó el 5 de enero de 1908; y otro hombre sin identificar nacido en 1904, completan la lista de aquellos españoles de los que no se tienen, por el momento, demasiados datos.

El reloj de Ángel Casaus García recuperado por sus descendientes gracias a los Arolsen Archives. AROLSEN ARCHIVES

Los descendientes de otros españoles que pasaron por el subcampo de Meppen han podido recuperar algunos objetos personales de sus seres queridos. Es el caso de los familiares de Ángel Casaus García, nacido en Uncastillo (Huesca) el 1 de marzo de 1903, que el pasado año recuperaron su reloj. Los descendientes de Juan Vila Bataller, nacido en Girona en 1921 y deportado a Neuengamme en 1944, también recuperaron sus objetos recientemente.

El investigador de la URV Antonio Muñoz intenta ahora localizar, entre muchos otros, a los descendientes de Antonio Jiménez Ramos, nacido en Baena (Córdoba) el 18 de diciembre de 1910 y deportado al subcampo de Meppen, para que recuperen una estilográfica depositada en los Arolsen Archives.

Balbina Rebollar, del Amical de Neuengamme e hija de una víctima de los campos nazis, celebra la deportación del ex guarda nazi y destaca el infatigable trabajo del historiador Antonio Muñoz para localizar a los familiares y entregarles los objetos requisados. “Somos un grupo de familias, algunos amigos y colaboradores e intentamos que la gente conozca la historia de este campo”, cuenta por teléfono.

La estilográfica de Antonio Jiménez Ramos, pendiente de ser recuperada por sus descendientes. AROLSEN ARCHIVES

Balbina, hija de Evaristo Rebollar (deportado en 1944 a Neuengamme) se dedica ahora a divulgar mediante charlas y conferencias la experiencia de los españoles en los campos de concentración nazis y la historia de su padre. Una de las familias que forman parte del Amical de Neuengamme ya pudo recuperar los objetos que los nazis requisaron a su ser querido.

“Todos tenemos la misma sensación de que hay un gran olvido en este país sobre los españoles que hubo en Neuengamme”, dice Rebollar.

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Fotografía destacada: El exguardia del campo de concentración de Neuengamme, Friedrich Karl Berger.

Fuente:https://www.eldiario.es/cv/deportacion-Alemania-Neuengamme-descendientes-investigar_0_1007899972.html

 

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Llega a España con 70 años de retraso ‘Agnese va a morir’, el best-seller que reconoció a las partisanas italianas

La novela de Renata Viganò, la primera en poner en escena a las mujeres como protagonistas de la Resistencia, llega a España de la mano de Errata Naturae

eldiario.es / Matías de Diego / 06-03-2020

La historia de Agnese va a morir es la de tres mujeres: una escritora, una editora y una partisana. Renata Viganò, Natalia Ginzburg y Agnese, el seudónimo con el que la escritora enmascaró la verdadera identidad de la guerrillera que luchó en las filas de la Resistencia italiana. Tres mujeres que sacudieron la Italia de finales de los 40 con una novela que sirvió para darle voz a todas las que combatieron en la Segunda Guerra Mundial

Renata Viganò conoció a Agnese, o a la mujer que en su novela lleva el nombre de Agnese, en “un momento verdaderamente horrible” de su vida. Su casa había quedado completamente destruida en un bombardeo y su marido, el periodista y escritor antifascista Antonio Meluschi, la persona que la había animado a unirse a la Resistencia en 1944, acababa de ser detenido por las SS.

“A cada hora que pasaba me lo imaginaba torturado y fusilado, un cuerpo anónimo que no volvería a encontrar, ni siquiera para enterrarlo”, recordaría en un artículo publicado en el diario L’Unità en 1949 y que sirve de epílogo a la novela, que acaba de publicar por primera vez en España Errata Naturae.

En ese artículo la escritora cuenta cómo se encontró con Agnese, una correo de enlace que se había unido a los partisanos después de matar a un soldado alemán, cómo le fue contando toda su historia y cómo Meluschi logró escapar de la prisión en la que le habían encerrado los nazis.

A través de su historia y de su propia experiencia personal durante la guerra, Viganò escribió una novela sobre el espíritu y los valores de todos los que combatieron la ocupación alemana y plantaron cara al fascismo hasta la liberación definitiva de Europa. Agnese se convirtió entonces en un símbolo de la lucha partisana.

Antonio Meluschi y Renata Viganò. ASSOCIAZIONE NAZIONALE PARTIGIANI D’ITALIA

Más allá del valor testimonial de la novela, para Andrea Battistini, profesor emérito de Literatura italiana de la Universidad de Bolonia, el mérito está precisamente en ser un texto que “resume el carácter de todos los hombres y de todas las mujeres –unas 35.000– que hicieron la Resistencia en Italia”.

A diferencia de Hombres o no de Elio Vittorini o El sendero de los nidos de araña de Italo Calvino, ambas novelas centradas en heroísmos individuales, Viganò aporta una visión de conjunto de los partisanos. “Este papel coral es el que hace del libro la obra más representativa de la Resistencia, que fue una guerra del pueblo en su conjunto y no de héroes solitarios”, asegura Battistini por correo electrónico a eldiario.es.

“Es la primera novela que pone en escena a la mujer como protagonista en la guerra partisana”, destaca Maria Isabella Mininni en ‘La voz dormida’ de Renata Viganò: ausencias femeninas en el marco de la literatura resistencial italiana traducida en España. La profesora de Literatura española de la Universidad de Turín denuncia en su ensayo que las obras de la escritora italiana y de otras autoras de la época, como Natalia Ginzburg, Anna Banti, Elsa Morante o Alba de Cèspedes, apenas hayan sido traducidas y publicadas en castellano.

Viganò escribió la novela más importante de toda su carrera en 1947 y fue publicando varios fragmentos en el diario Il Progresso d’Italia. Fue Ginzburg, por entonces editora en Einaudi, la que leyó el manuscrito y decidió apostar por Agnese va a morir. Cuando se publicó, en 1949, se convirtió en un nuevo éxito de ventas para la prestigiosa editorial turinesa.

Han tenido que pasar más de setenta años para poder leer la obra en España. Una ausencia que Mininni atribuye en parte a la censura del franquismo, que jamás habría permitido su publicación por su marcado carácter antifascista. “Agnese es una obra sin escepticismo ni incertidumbres, resuelta en el odio antifascista y en la exaltación del comunismo y la Resistencia”, remarca Battistini.

“Un clásico del siglo XX”

La historia de Agnese va a morir es también la de Irene Antón. Rebuscando entre los ejemplares de varias librerías, la editora de Errata Naturae dio con la obra de Viganò. “Es un clásico del siglo XX”, asegura a eldiario.es la mujer que decidió acabar con el silencio editorial de más de siete décadas y publicar la novela.

Errata ha tratado de recuperar aquellos títulos que fueron “clásicos en sus tradiciones literarias originales” pero que no lograron traspasar la frontera de los Pirineos. Y Agnese va a morir es uno de esos libros. “Una obra que es testigo de su tiempo, emocionante y escrita con la lucidez de quien ha vivido la guerra, el hambre y la muerte, y se ha enfrentado a ellos”.

Renata Viganò escribiendo junto a su gato en una imagen de archivo. WIKIMEDIA COMMONS

Los silencios editoriales o la falta de traducciones, apunta Antón, eran algo habitual que afectaba aún más a las novelas firmadas por mujeres y a las autoras que trataban temas considerados “tradicionalmente masculinos”.

Por entonces, a finales de los años cuarenta, la guerra y el mundo rural en la literatura eran dominio de hombres. “Que apenas hayamos leído libros sobre el papel de las mujeres en las guerras o en las revoluciones y que no sepamos de su trabajo fundamental en el campo es muy grave”, denuncia la editora.

Esta ausencia en torno a la obra de Viganò y el resto de escritoras que contaron la Resistencia contrasta con el papel que tuvieron las mujeres durante la guerra. Isabella Mininni considera que esos años fueron “claves para el despertar de la conciencia femenina”. “Las mujeres se vieron envueltas en tareas hasta entonces desconocidas o prohibidas para ellas, y empezaron a tomar conciencia de sí mismas y de la importancia de sus acciones”, asegura por mail a este periódico.

La traductora entiende que ahora puede ser más complicado acabar con ese vacío porque “a nadie le interesa volver la mirada atrás” y porque “la literatura resistencial italiana, salvo las obras maestras de Beppe Fenoglio o Calvino, ha dejado de leerse”. Un punto en el que coincide el profesor Battistini: “Agnese va a morir tuvo el mérito de recordar la lucha del pueblo, pero a día de hoy se ha olvidado”. Su memoria sobrevive vinculada a la cuestión feminista y de género gracias al trabajo que hacen “grupos apasionados y devotos lectores de su obra”.

Elena Sofía Tarozzi, Margherita Occhilupo, Sofía Fiore, Marta Selleri y Dafne Carletti formaron en marzo de 2017 uno de esos grupos. Ellas, estudiantes universitarias –de Magisterio, Literatura Clásica, Derecho y Ciencia Política–, son la Brigata Viganò: el batallón que trata de mantener viva la voz de la escritora en su Bolonia natal.

“La madre de Dafne, pedagoga y conservadora de libros infantiles, nos propuso colaborar en una reedición de La bambola brutta“, explica la Brigata por correo a eldiario.es. Atraídas por su militancia antifascista, las cinco jóvenes, de entre 23 y 24 años, decidieron participar en la reedición del cuento de Viganò.

La ‘Brigata Viganò’ en Bolonia en una imagen de archivo. BRIGATA VIGANÒ / CEDIDA

Su bambola brutta se utilizó en talleres sobre la Resistencia organizados en varios colegios boloñeses, pero su labor de divulgación no se quedó ahí. Investigando la literatura resistencial italiana dieron con todo un archivo dedicado a Viganò en la biblioteca del Archiginnasio de Bolonia. Recortes de periódico, fotografías, notas, manuscritos, cuentos ya publicados e inéditos.

“Fue muy emocionante… Después de estudiar todo el material decidimos dar a conocer la obra de Renata y compartir todo lo que habíamos ido descubriendo y aprendiendo”, recuerdan.

Para Battistini, el trabajo de la Brigata va más allá de “revivir la memoria” de la escritora italiana: “Están consiguiendo que se reconozca su figura. Han logrado que se coloque una placa conmemorativa en la casa en la que vivieron Viganò y Meluschi, donde se reunieron los grandes intelectuales antifascistas, como Pier Paolo Pasolini o Mariano Moretti”.

Cuando le pregunta por qué es importante leer Agnese va a morir, el profesor destaca el “valor literario” de la obra –”un testimonio apasionado de la épica de un pueblo”– como una forma de reivindicar la memoria de la Resistencia frente a los nuevos fascismos y los negacionistas del Holocausto.

“Viganò nos cuenta sin retórica, con sencillez casi de cronista, hechos de nuestra atormentada historia reciente que lamentablemente han quedado en el olvido”, asegura Mininni.

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Fotografía destacada: La escritora y partisana italiana Renata Viganò CEDIDA

Fuente:https://www.eldiario.es/cultura/Agnese-Renata-Vigano-best-seller-partisanas-Resistencia-italiana-Espana_0_997051078.html

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Mujeres vejadas, encarceladas y violadas: retratos del feminicidio franquista

Retratos de “carne y hueso” de cien mujeres represaliadas por el régimen de Franco.

publico.es / María Serrano / 07-03-2020

¿Quién fue Gertrudis Ríos? Una maestra gaditana que todo el pueblo de Algodonales conocía por sus enseñanzas en pedagogías modernas y su carácter fuerte, alegre y bondadoso. ¿Y Carmen y Concha Díaz? Dos hermanas que tuvieron que elegir en el peor momento de la historia de España cuál de ellas iba a ser fusilada como escarmiento por la desaparición de su hermano José. ¿Y Rafaela Ayala? La mujer que fue asesinada junto a su hija María por insultar a los falangistas que mataron a su marido en un camino rural de Morón de la Frontera (Sevilla).

La periodista Susana Falcón ha vivido en primera persona el exilio y la huella de la dictadura Argentina, su país natal. Su conciencia por la memoria la ha llevado a sacar a la luz un centenar de historias inéditas de cien mujeres, cien rosas, recopiladas en forma de relato poético que denuncian la barbarie cometida durante la guerra y la dictadura de Franco.

Su libro, Cien mujeres andaluzas. Retratos del feminicidio franquista (editorial Garaje poesía) ha querido desentrañar la historia “de carne y hueso” de un centenar de mujeres andaluzas que fueron víctimas del feminicidio franquista cometido hace menos de un siglo en nuestro país. Falcón habla de mujeres que fueron fusiladas, encarceladas, rapadas. “Este libro va para ellas a las guerrilleras, las exiliadas, las resistentes y las sobrevivientes, todas dueñas de la dignidad más inmensa”, apunta Falcón a Público.

Las víctimas, protagonistas de este libro, salen del detalle más burocrático para convertirse en mujeres protagonistas. Falcón destaca la ingente tarea que ha supuesto retratar cada detalle de cada una de ellas, como el color de sus ojos o qué les gustaba hacer en su tiempo libre. “Justamente, eso era muy importante para mí, que fueran ellas en carne y hueso, por eso ha sido mas difícil conseguir la información, que en muchas historias sepamos detalles de su vida, si eran altas o bajas, de buen o mal carácter. Quería sacarlas de la trama burocrática, saber si tocaba un instrumento”, como fue el caso de Amparo García Cano, a la que llamaban Amparito de Cádiz, cigarrera de profesión y que tocaba la bandurria en su tiempo libre.

Cada uno de estos perfiles han podido salir a la luz gracias a las investigaciones de historiadoras de la talla de Pura Sánchez que, a través de su libro Individuas de dudosa moral, Falcón pudo tirar del hilo para desgranar cada uno de los perfiles. La investigadora Sánchez ha destacado la necesidad de dar luz a la vida de este centenar de mujeres andaluzas anónimas para que se iluminen, esclareciendo así “las biografías de las sin nombre, olvidadas tan frecuentemente por la historia, con mayúsculas y con minúsculas”. Falcón aclara “que las investigaciones de las autoras y páginas como Todos los nombres me han permitido dar con sus historias, tan difíciles de sacar a la luz a pesar de que están en la memoria colectiva”.

La maestra Gertrudis, las hermanas Díaz y el final de Ayala

Falcón va poco a poco haciendo un repaso, a través de un relato poético de biografías como la de Gertrudis Ríos, una maestra de Algodonales (Cádiz) cuyo cuerpo torturado se encuentra aún en un paraje perdido. “Dónde tiraron a Gertrudis, la maestra, en qué agujero de la tierra habían escondido su cuerpo torturado, después de pasearla por el pueblo exhibiendo los estragos del ricino ante los alucinados ojos de los niños y niñas que fueron sus alumnos”. Aquella maestra, apunta Falcón, fue un referente en las luchas sindicales y dejó huella imborrable en su pueblo al introducir pedagogías modernas, heredadas de aquella Segunda República. Aún no se conoce su paradero, al igual que el de su marido Ramón, cartero de profesión.

Falcón no puede dejar de lado la historia de las hermanas Díaz Ramos, Concha y Carmen, dos mujeres sevillanas, hermanas del dirigente comunista José Díaz, que tuvieron que decidir la peor de las suertes en la cárcel improvisada del cine Jáuregui, abarrotadas de civiles. Los falangistas se dirigieron a ambas para espetarles. “Decidan, pero rápido, cuál de las dos va a morir”. Falcón señala a Público que fue una de las historias más estremecedoras, al pensar como la hermana mayor Carmen le pedía a Concha, diez años más joven que “cuidara de sus hijas y las críe junto a las suyas”. “Carmen estaba dispuesta a la muerte cercana”. Falcón retrata, gracias a los testimonios orales como Carmen Díaz pidió a aquellos falangistas que no la dejaran morir sin vendas en los ojos, “como su hermano merecía con dignidad irrevocable”.

La maestra Gertrudis Ríos, asesinada por el franquismo.

Su cuerpo se encuentra sellado en una de las fosas del inmenso camposanto de San Fernando en la ciudad de Sevilla. Rafael Ayala Dorado era de Alcalá de los Gazules pero vivía antes de la guerra junto a su marido Juan en una tierra arrendada por el Conde de la Maza en un cortijo de Morón de la Frontera. Pensó como muchas familias aquellos días del verano de 1936 “por qué huir, si no hemos hecho nada”, pero Rafaela nunca imaginó como el devenir de aquel verano acabaría en la peor de las tragedias. Trabajando como jornaleros en sus cosechas un día de buena mañana Rafaela vio como aquellos falangistas se llevaron a Juan, su marido, para simplemente hacerle unas preguntas. Cuando pasan varios días “parten Rafaela y su hija María, a buscarlo por lugares de detención, la falange, al cuartelillo”. Con la peor de las intenciones los falangistas las llevan hasta el camino donde está el cuerpo acribillado de Juan. Rafaela y su hija pierden la compostura, lloran ante la ira y el desprecio de los guardias civiles. Aquellos falangistas pensaron que era mejor unirlas al cuerpo de Juan. Rafaela y su hija María fueron cosidas a balazos en el mismo camino de Morón, mientras el resto de la familia intentaría huir para no acabar en las mismas circunstancias.

Las aceituneras de San Juan, entre las más jóvenes

“La detención, los golpes, los abusos que ni mentar quieren, después el barco con nombre gallego, prisión flotante en el puerto sevillano. Y al final los disparos en las tapias del cementerio, la muerte, la fosa común” Falcón habla en su libro de casos colectivos como fue la trágica historias de las aceituneras de San Juan de Aznalfarache (Sevilla), y que logró rescatar gracias a la ayuda de investigadores locales como fue el caso de Raúl Sánchez Caro, quien se dejó la vida por desentrañar la vida y luz de estas jornaleras.

Ellas eran María, Rosario, Leonisa, Josefa, Francisca, Gabina, Victoria, Josefa y Guadalupe. Eran mujeres del mundo agrícola de entre 19 y 43 años de edad. Todas vivían en el municipio de San Juan de Aznalfarache y fueron fusiladas en la saca del 24 de octubre de 1936. A Josefa la violaron antes de su muerte. Eso cuenta la bisnieta de su hermana Caridad, Esmeralda. También le cortaron los pechos. De María Díaz Arriaza se ha logrado rescatar parte de su biografía. El asesinato de sus hermanos menores. De Guadalupe solo se conoce el testimonio de su hijo huérfano a los 10 años, Manuel Anillo. Su único delito fue ser trabajadoras afiliadas al sindicato de la UGT en Andalucía.

El último caso, Isidora Márquez Herrero es el retrato más longevo, del que Falcón haya tenido constancia. Se trata de un caso estremecedor, el encarcelamiento de una anciana de 97 años en Hinojosa del Duque, (Córdoba) que logró volver de nuevo a su pueblo y en autobús en octubre de 1943 tras ser encarcelada al final de la guerra. “Volviste, Isidora, volviste. Con tu hatillo pobre en una mano centenaria y fatigada te apeaste del autobús, cuatro años después”. Falcón relata como fue acusada por una vecina de informar a milicianos y como en las cárceles del régimen la tuvieron encerrada, a pesar de tener con 101 años de edad.

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Fotografía destacada: Las aceituneras de San Juan, asesinadas por el franquismo.

Fuente:https://www.publico.es/sociedad/mujeres-vejadas-encarceladas-y-violadas-retratos-del-feminicidio-franquista.html?fbclid=IwAR2i-c7Ez9nHRoaQtJEnOe3SsB5S7FMbxeibm3HU9pVaRdyqyDG_85msOxk

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Veinte años de ‘Los 13 de Priaranza’

El presidente de la ARMH recuerda cómo dio con la fosa donde yacía su abuelo, Emilio Silva Faba, y doce hombres más.

diariodeleon.es / Carlos Fidalgo / 05-03-2020

Debajo de una nogal recrecida, en un triángulo de tierra entre la carretera N-536 y un camino vecinal. Así encontró Emilio Silva Barrera, tal día como hoy hace veinte años, la fosa donde yacía enterrado su abuelo, Emilio Silva Faba, y otros 12 paseados a las puertas de Priaranza del Bierzo. Aquel descubrimiento y la posterior exhumación de los 13 cuerpos en el mes de octubre serían el embrión de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), empeñada en romper el silencio que todavía entonces obstaculizaba la localización de los cuerpos de represaliados en la guerra de 1936 y durante la represión posterior a los familiares que se atrevían a preguntar.

Y lo que ocurrió, cuenta Silva Barrera en el artículo que acompaña esta página, no fue «ninguna operación política diseñada para dividir la sociedad y reabrir heridas», como han acusado a la ARMH los sectores reaccionarios, sino algo muy simple: «una persona que hace preguntas sobre su abuelo se cruza con otra que le da respuestas».

Emilio Silva Barrera, periodista afincado en Madrid y con raíces familiares en Pereje, había dejado su trabajo para escribir una novela sobre dos exiliados que volvían de Argentina con la intención de volar el Valle de los Caídos. Pero las notas para construir la trama de ficción y los frecuentes viajes al Bierzo le llevaron hasta la tragedia de su propio abuelo, dueño de la tienda de coloniales La Preferida en Villafranca del Bierzo, detenido, encarcelado y asesinado el 16 de octubre de 1936 junto a otros 13 hombres.

A Silva Faba, militante de Izquierda Republicana, ya le habían esquilmado los falangistas de Villafranca. Pero a medidos de octubre lo hicieron llamar de nuevo a la Casa Consistorial y no le dejaron volver a casa. «No sabemos lo que pasó. Quizá ya no le quedaba más dinero», explicaba ayer su nieto, que vuelve a contar cómo Silva Faba solo pudo despedirse de uno de sus hijos, al que entregó el reloj y un anillo con sus iniciales porque ya se temía lo peor.

Subidos a un camión de Gaseosas Olarte, los 14 hombres detenidos en Villafranca fueron trasladados de madrugada hasta la entrada de Priaranza del Bierzo después de hacer una parada para sacar de la cama a otro hombre al que también quería ajusticiar. Por el relato de Leopoldo Moreira, el único de los 15 que logró huir a la carrera cuando los bajaron del camión y que sobrevivió diez meses en los montes de Sotogayoso antes de que lo asesinaran también, Silva Barrera supo que su abuelo les había pedido a sus compañeros que le dejara morir el primero. No quería verles caer.

A la noche siguiente, la familia del hombre al que habían sacado de la cama, todavía hoy sin identificar, «pagó 50 pesetas» a los tres chavales de Priaranza y Villalibre que habían enterrado los cuerpos para que recuperan el cadáver en ropa interior. Por eso sesenta y cuatro años después, cuando el palista que escarbaba el terreno para exhumar la fosa dio con los restos a última hora del domingo 29 de octubre de 2000, encontraron 13 cuerpos y un hueco en la tierra.

Aquella no fue la primera fosa exhumada en el Bierzo. En febrero de 1998, los familiares de seis guerrilleros abatidos en una emboscada y sepultados en 1941 a las puertas del cementerio de Canedo recuperaban sus restos seis meses después de que este periódico se hiciera eco de su malestar porque el Ayuntamiento de Arganza, que desconocía el suceso, hubiera habilitado un aparcamiento sobre la tumba sin señalizar. Pero la historia de ‘Los 13 de Priaranza’ —así los dio a conocer la prensa— llegó mucho más lejos. Caló en los medios nacionales. Y fue el germen de la ARMH, que preside el propio Emilio Silva Barrera.

En el Paseo del Corro, así llamaban los niños de Priaranza al lugar de la fosa porque sabían que allí había muertos enterrados y el miedo les hacía ir de prisa, hoy hay una placa que lo recuerda todo para que la gente se pare a leer.

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Fotografía destacada: Exhumación en octubre de 2000. BARREDO

Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/bierzo/veinte-anos-13-priaranza/202003050232401993503.html

Memoria Histórica: dos décadas de preguntas y respuestas

Emilio Silva / Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

El anciano se detuvo en la intersección de las dos carreteras, estiró un brazo, señaló el triángulo de tierra y dijo: “Debajo de esa nogal recrecida”. Su memoria fue la respuesta a la pregunta de ese nieto que buscaba una fosa común en la que podían encontrarse los restos de su abuelo paterno y de otros doce o trece hombres.

diariodeleon.es / 05-03-2020

Ocurrió en Priaranza del Bierzo, un 5 de marzo como hoy, hace veinte años; preguntas y respuestas de una persona mayor se cruzaron junto a ese lugar al que los niños del pueblo llamaban “el Paseo del Corro”, porque sabían que por allí había unos muertos y el miedo les hacía pasar corriendo junto ese tramo de la carretera.

El nieto de Emilio Silva Faba dejó su trabajo en el verano de 1999 para escribir una novela; la historia de dos hombres exiliados en Argentina que regresaban a su pueblo, Pereje, con la idea de cumplir un viaje promesa, volar el Valle de los Caídos. La historia partía de un relato escrito años atrás: “El recuerdo y la piedra”. Para ambientarla viajó varias veces al Bierzo y conversó con personas mayores. Su abuelo era un personaje en la historia, pero no era el centro de la trama.

En el ecuador de la campaña de unas elecciones generales, ese nieto viajó a Ponferrada. Se había citado con Arsenio Marcos, viejo amigo de la familia, militante comunista, encarcelado por haber organizado una célula del partido en su empresa. Por la tarde tenían otra cita, pero mientras comían el paisano al que iban a visitar telefoneó para decir que por un problema familiar no podía verles. Sin esa casualidad, sin las horas en las que la conversación continuó en casa de Arsenio, el nieto de ese militante de Izquierda Republicana, que regentaba un almacén de coloniales en Villafranca del Bierzo, llamado La Preferida, no estaría escribiendo estas líneas.

Aquella casualidad estaba esperando a ocurrir desde 1936. En el debate sobre la memoria histórica que se ha producido en estos últimos años, ha sido acusada de tenebrosa operación política, diseñada para dividir a la sociedad y reabrir heridas. La realidad fue muy simple; una persona que se hace preguntas sobre su abuelo se cruza con otra que le da respuestas.

Cuando el nieto pisó la tierra en la que podía estar enterrado aquel abuelo comprometido con la enseñanza pública y la igualdad, llamó a su padre para contárselo. Entonces, formando parte de una generación nacida en la dictadura y crecida en democracia, no utilizó la palabra paseado; lo calificó de desaparecido. Así le asignó una categoría jurídica y política a esa fosa de civiles que habían sido detenidos por pistoleros de Falange ilegalmente, torturados, asesinados y sus cadáveres ocultos, para multiplicar el dolor de sus familias y el terror de sus compañeros de identidad política.

El encuentro hizo encajar algunas piezas: el impenetrable silencio de la abuela Modesta Santín, a la que jamás oyó referirse a su marido; los papeles que había en el desván de la casa como participaciones de lotería, sobres con membrete y algunas listas de gastos con el sello de la tienda; la fotografía de ese niño que, en la campaña electoral de febrero de 1936, sostenía una pancarta en la que podía leerse ¡Queremos el grupo escolar! ¡Viva Azaña!; o los baúles con ropa que enviaba desde Nueva York la hermana del abuelo asesinado. Los silencios a veces cuentan muchas cosas, las subrayan y anuncian lo que no se puede enunciar.

Unos meses después, el operario de una excavadora anunció que había encontrado algo, porque notó que el cazo de la máquina entraba con más facilidad en la tierra. Al sacarlo de las entrañas de aquella cuneta portaba una bota que llevaba 64 años detenida, sin pisar, sin caminar, sin estampar su suela en un sendero, pero convertida en una intensa y emocionante huella.

La exhumación de trece cuerpos en Priaranza del Bierzo, la primera identificación genética de un republicano desaparecido por la represión franquista, la de Silva Faba, y el cruce de varias historias familiares convirtieron el silencio en montones de preguntas.. ¿Por qué tras veinticinco años de democracia los restos de esas personas seguían en una cuneta? ¿Tenían derecho sus familias a ser reparadas por la justicia? ¿Cuántas personas seguían desaparecidas? ¿Por qué ningún gobierno las había buscado? ¿Quién decidió que las historias de estas personas no estuvieran en los libros de texto? ¿Por qué en los años setenta se llevaron a cabo desenterramientos hechos por familiares y se detuvieron?

El surgimiento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, a partir de esa primera exhumación, inició un largo viaje para responder a tantas preguntas y hacer algunas nuevas. Hay cosas pequeñas en tamaño e inmensas en su significado, capaces de desencadenar procesos sociales y políticos trascendentales.

La memoria estaba ahí, esperando a ser preguntada, a ser un lapsus, a que alguien la liberase de su celda de miedo, de su precaución porque el poder lo han seguido ejerciendo los franquistas en democracia. Despertó, abrió bien los ojos, y ya no duerme, porque tardará mucho tiempo en compensar todos esos años de silencio y en representar a tantos hombres y mujeres que han muerto ignorados por el Estado, por todos sus gobiernos. Los avances que construyeron pacíficamente durante la Segunda República y el sufrimiento de sus familias no podían quedar enterrados en el pasado y tenían que hacerse presente.

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Fotografía destacada: Exhumación en Priaranza del Bierzo

Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/bierzo/memoria-historica-decadas-preguntas-respuestas/202003051126301993656.html

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Memoria Histórica: dos décadas de preguntas y respuestas

Emilio Silva / Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

El anciano se detuvo en la intersección de las dos carreteras, estiró un brazo, señaló el triángulo de tierra y dijo: “Debajo de esa nogal recrecida”. Su memoria fue la respuesta a la pregunta de ese nieto que buscaba una fosa común en la que podían encontrarse los restos de su abuelo paterno y de otros doce o trece hombres.

diariodeleon.es / 05-03-2020

Ocurrió en Priaranza del Bierzo, un 5 de marzo como hoy, hace veinte años; preguntas y respuestas de una persona mayor se cruzaron junto a ese lugar al que los niños del pueblo llamaban “el Paseo del Corro”, porque sabían que por allí había unos muertos y el miedo les hacía pasar corriendo junto ese tramo de la carretera.

El nieto de Emilio Silva Faba dejó su trabajo en el verano de 1999 para escribir una novela; la historia de dos hombres exiliados en Argentina que regresaban a su pueblo, Pereje, con la idea de cumplir un viaje promesa, volar el Valle de los Caídos. La historia partía de un relato escrito años atrás: “El recuerdo y la piedra”. Para ambientarla viajó varias veces al Bierzo y conversó con personas mayores. Su abuelo era un personaje en la historia, pero no era el centro de la trama.

En el ecuador de la campaña de unas elecciones generales, ese nieto viajó a Ponferrada. Se había citado con Arsenio Marcos, viejo amigo de la familia, militante comunista, encarcelado por haber organizado una célula del partido en su empresa. Por la tarde tenían otra cita, pero mientras comían el paisano al que iban a visitar telefoneó para decir que por un problema familiar no podía verles. Sin esa casualidad, sin las horas en las que la conversación continuó en casa de Arsenio, el nieto de ese militante de Izquierda Republicana, que regentaba un almacén de coloniales en Villafranca del Bierzo, llamado La Preferida, no estaría escribiendo estas líneas.

Aquella casualidad estaba esperando a ocurrir desde 1936. En el debate sobre la memoria histórica que se ha producido en estos últimos años, ha sido acusada de tenebrosa operación política, diseñada para dividir a la sociedad y reabrir heridas. La realidad fue muy simple; una persona que se hace preguntas sobre su abuelo se cruza con otra que le da respuestas.

Cuando el nieto pisó la tierra en la que podía estar enterrado aquel abuelo comprometido con la enseñanza pública y la igualdad, llamó a su padre para contárselo. Entonces, formando parte de una generación nacida en la dictadura y crecida en democracia, no utilizó la palabra paseado; lo calificó de desaparecido. Así le asignó una categoría jurídica y política a esa fosa de civiles que habían sido detenidos por pistoleros de Falange ilegalmente, torturados, asesinados y sus cadáveres ocultos, para multiplicar el dolor de sus familias y el terror de sus compañeros de identidad política.

El encuentro hizo encajar algunas piezas: el impenetrable silencio de la abuela Modesta Santín, a la que jamás oyó referirse a su marido; los papeles que había en el desván de la casa como participaciones de lotería, sobres con membrete y algunas listas de gastos con el sello de la tienda; la fotografía de ese niño que, en la campaña electoral de febrero de 1936, sostenía una pancarta en la que podía leerse ¡Queremos el grupo escolar! ¡Viva Azaña!; o los baúles con ropa que enviaba desde Nueva York la hermana del abuelo asesinado. Los silencios a veces cuentan muchas cosas, las subrayan y anuncian lo que no se puede enunciar.

Unos meses después, el operario de una excavadora anunció que había encontrado algo, porque notó que el cazo de la máquina entraba con más facilidad en la tierra. Al sacarlo de las entrañas de aquella cuneta portaba una bota que llevaba 64 años detenida, sin pisar, sin caminar, sin estampar su suela en un sendero, pero convertida en una intensa y emocionante huella.

La exhumación de trece cuerpos en Priaranza del Bierzo, la primera identificación genética de un republicano desaparecido por la represión franquista, la de Silva Faba, y el cruce de varias historias familiares convirtieron el silencio en montones de preguntas.. ¿Por qué tras veinticinco años de democracia los restos de esas personas seguían en una cuneta? ¿Tenían derecho sus familias a ser reparadas por la justicia? ¿Cuántas personas seguían desaparecidas? ¿Por qué ningún gobierno las había buscado? ¿Quién decidió que las historias de estas personas no estuvieran en los libros de texto? ¿Por qué en los años setenta se llevaron a cabo desenterramientos hechos por familiares y se detuvieron?

El surgimiento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, a partir de esa primera exhumación, inició un largo viaje para responder a tantas preguntas y hacer algunas nuevas. Hay cosas pequeñas en tamaño e inmensas en su significado, capaces de desencadenar procesos sociales y políticos trascendentales.

La memoria estaba ahí, esperando a ser preguntada, a ser un lapsus, a que alguien la liberase de su celda de miedo, de su precaución porque el poder lo han seguido ejerciendo los franquistas en democracia. Despertó, abrió bien los ojos, y ya no duerme, porque tardará mucho tiempo en compensar todos esos años de silencio y en representar a tantos hombres y mujeres que han muerto ignorados por el Estado, por todos sus gobiernos. Los avances que construyeron pacíficamente durante la Segunda República y el sufrimiento de sus familias no podían quedar enterrados en el pasado y tenían que hacerse presente.

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Fotografía destacada: Exhumación en Priaranza del Bierzo

Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/bierzo/memoria-historica-decadas-preguntas-respuestas/202003051126301993656.html

 

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Se busca a los descendientes del valenciano Fernando Navarro para que hereden el reloj que le requisaron los nazis en el campo de Buchenwald

Un investigador de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona localiza a cuatro valencianos que fueron identificados en Buchenwald como franceses

Justicia contabiliza cerca de 400 valencianos asesinados en campos de concentración nazis

eldiario.es / Lucas Marco / 29-02-2020

75 años después de la liberación de los campos de concentración nazis siguen apareciendo españoles que no figuran en las listas oficiales de víctimas impulsadas por el Gobierno ni en el buscador de deportados del Portal de Archivos Españoles.

Al menos cuatro internos fueron catalogados en el campo de Buchenwald, aun habiendo nacido en València, como franceses en los característicos triángulos que la burocracia nazi incluía en las fichas de los prisioneros. Ahora se busca a sus posibles descendientes para que recuperen los objetos personales que se conservan en un archivo alemán.

Al Konzentrationslager de Buchenwald fueron a parar presos políticos, especialmente comunistas y socialistas, de más de 30 nacionalidades a los que se sumaron más tarde homosexuales, gitanos, testigos de Jehová, judíos (llegaron en masa a este campo en 1938) y delincuentes comunes. En 1944 había 85.000 prisioneros obligados a trabajar como esclavos en unas durísimas condiciones.

En Buchenwald fueron internados destacados líderes comunistas, como el alemán Ernst Thälmann –asesinado en el campo el 18 de agosto de 1944–; socialistas, como el expresidente francés Léon Blum; y escritores, como el premio Nobel de Literatura húngaro Imre Kertész, quien noveló su experiencia en el estremecedor Sin destino (Acantilado, 2006) o el español Jorge Semprún, autor de El largo viaje (Tusquets, 2014).

Semprún –joven miembro de la Resistencia francesa y décadas más tarde ministro de Cultura del Gobierno español– narró en su libro las terribles condiciones de Buchenwald, donde los presos no tenían ni siquiera un espejo en el que apreciar la paulatina destrucción que sufrían: “Veía mi cuerpo, su progresiva delgadez, una vez por semana, en la ducha. Un cuerpo irrisorio, sin cara”.

Junto a estos conocidos líderes de la izquierda y escritores, en Buchenwald fueron prisioneras miles y miles de personas anónimas de las que solo se conoce su internamiento en el campo por las fichas de la burocracia nazi y por las pertenencias que les fueron requisadas. El 12 de abril de 1945, día de la liberación del campo de Buchenwald, las tropas aliadas descubrieron 21.800 supervivientes, de los cuales 200 eran españoles, según las cifras citadas por el escritor Eduardo Pons Prades en Morir por la libertad. Españoles en los campos de exterminio nazis (VOSA, 1995).

Antonio Muñoz, investigador de la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, ha localizado a cuatro valencianos que fueron deportados a Buchenwald y que figuraban como ciudadanos de nacionalidad francesa. Por eso, oficialmente, no constan como víctimas españolas de los campos nazis. Muñoz, que investiga los fondos de los Arolsen Archives del Centro Internacional sobre la Persecución Nazi, sigue la pista de dos hermanos oriundos de Favara (València) y de otros dos hombres nacidos en la capital del Turia.

Reloj de Fernando Navarro Serrano requisado en el campo de concentración nazi de Buchenwald. AROLSEN ARCHIVES

A pesar de haber nacido en España, los cuatro figuran en las fichas del campo de Buchenwald como ciudadanos franceses. Fernando Navarro Serrano, nacido en València el 17 de febrero de 1911, fue deportado a Buchenwald, donde le asignaron el número de prisionero 30946.

Poco más se sabe, de momento, sobre este hombre aunque los Arolsen Archives han localizado un reloj cronómetro Dival, cuyas agujas se pararon a las tres menos cuarto, y que pertenecía a este valenciano residente en Pau, en el sudoeste de Francia, al campo de concentración. El archivo alemán custodia los objetos personales de una treintena de españoles deportados a los campos de concentración y busca a los familiares para entregárselos.

El historiador de la URV contactó con la Delegación de Memoria Histórica de la Diputación de València, muy activa en la exhumación de las fosas franquistas, que ahora intenta localizar a los posibles descendientes de Fernando Navarro Serrano para que puedan heredar esta pieza antigua confiscada por los nazis.

El investigador Antonio Muñoz también ha descubierto otras tres fichas de valencianos que figuraban como franceses. Se trata de Juan José Eduardo Roselló Castellá, nacido en 1907, y de su hermano Luis Segundo, nacido en 1913. Las fichas, en la esquina superior derecha, incluyen el característico triángulo rojo con la letra F, que en la jerga de la burocracia del universo concentracionario nazi alude a la nacionalidad francesa de los presos políticos.

Ficha de Juan Roselló en el campo de concentración de Buchenwald. AROLSEN ARCHIVES

Los hermanos Roselló, nacidos en Favara (un municipio de la provincia de València perteneciente a la comarca de la Ribera Baixa), ingresaron en el campo el 19 de enero de 1944 provenientes de Grenoble, en el sudeste de Francia. Las actas de nacimiento de los Roselló, localizadas por la Delegación de Memoria Histórica de la Diputación de València en el Registro Civil, confirman que nacieron en Favara.

La ficha de Luis Roselló, prisionero número 40410, es la única que cuenta con una fotografía del preso. Su hermano Juan, prisionero 40665, probablemente estuvo en el campo anexo de Dora-Mittelbau (aparece manuscrito en la ficha), un espacio de galerías subterráneas construido por los internos en condiciones extremas para la fabricación del armamento del III Reich.

Además de estos dos hermanos, el investigador de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona también ha localizado a otro preso de Buchenwald llamado Víctor Roselló (la ficha no indica el segundo apellido) y nacido el 24 de marzo de 1910 en València. Con número de prisionero 40373, su ficha indica una dirección en Grenoble, la misma ciudad francesa de la que procedían Juan y Luís Roselló.

Ficha de Víctor Roselló en el campo de concentración de Buchenwald. AROLSEN ARCHIVES

La Diputación de València intenta ahora localizar, tanto en España como en Francia, a los descendientes de estos cuatro valencianos. De momento, han podido confirmar que los hermanos Roselló efectivamente nacieron en Favara en fechas coincidentes con las que indican sus fichas de prisioneros. También han seguido alguna pista que ha resultado ser un callejón sin salida. El próximo paso consiste en contactar con las autoridades diplomáticas francesas para comprobar si viven descendientes de los Roselló en Grenoble.

Las pesquisas continúan en marcha 75 años después de la liberación del campo de Buchenwald.

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Fotografía destacada: Ficha del valenciano Luis Roselló en el campo de concentración de Buchenwald. AROLSEN ARCHIVES

Fuente:https://www.eldiario.es/cv/descendientes-Juan-Luis-Rosello-Buchenwald_0_1000200198.html

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Ponferrada dedicará un monolito a la memoria de Jerónima Blanco y a su hijo Fernando Cabo, asesinados en 1936

Jerónima Blanco y su hijo, Fernando Cabo, fueron dramáticamente asesinados en 1936 por un grupo de paramilitares fascistas como acto de represalia contra Isaac Cabo (esposo de Jerónima y padre del niño), cuyos restos fueron exhumados de una fosa ubicada en el barrio de Flores del Sil por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en el año 2008.

infobierzo.com / 28-02-2020

El Ayuntamiento de Ponferrada aprobó en el Pleno de este viernes, por unanimidad de toda la Corporación, nombrar un espacio público con los nombres de Jerónima y Fernando, en memoria y homenaje de Jerónima Blanco y su hijo, Fernando Cabo, dramáticamente asesinados -con 22 años y embarazada, ella, con solo 4, él- en 1936 por un grupo de paramilitares fascistas como acto de represalia contra Isaac Cabo (esposo de Jerónima y padre del niño), cuyos restos fueron exhumados de una fosa ubicada en el barrio de Flores del Sil por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) en el año 2008. El homenaje a Jerónima y Fernando consistirá en un monolito ubicado en las proximidades del número 340 de la avenida de Portugal de Ponferrada, que incluirá el texto “Jerónima y Fernando. En memoria de…” junto a la fecha y descripción del asesinato.

A continuación, transcripción literal del extracto del informe de Andrés Crespo Prieto, redactor del Informe arqueológico realizado en la excavación de dicha fosa:

“Tras el Golpe de Estado de julio de 1936 y el control por parte de los militares sublevados de buena parte de la provincia de León, se desató una desmedida represión violenta contra la sociedad civil. Como consecuencia directa de la misma y con el objetivo de salvar sus vidas, cientos de personas se refugian en las montañas de la zona, siendo sustentados en estos primeros meses por sus familiares y personas de máxima confianza. Y serán estos apoyos los que sufrirán, en muchos casos, las consecuencias de la represión.

 En este caso, gracias a las labores de investigación llevadas a cabo por parte del personal de la ARMH y a diversos testigos, conocíamos la historia de Isaac Pérez Cabo y su familia. Isaac relató ante un juez militar lo acontecido: huyó a un monte próximo llamado Pajariel, desde donde algunas noches, ocultándose, bajaba a ver a su mujer y a su único hijo, de tres años de edad, llamado Fernando, hasta que en una de aquellas visitas vio, horrorizado, a la puerta de la casa los cadáveres de su esposa Jerónima Blanco Oviedo, de 22 años, dedicada a sus labores, sin filiación política ni sindical, y de su hijo, asesinados aquel día. Que de la misma forma murieron, por aquellos días: su padre, Demetrio Pérez, de más de 70 años, jornalero, sin filiación política ni sindical; su madre, Visitación Cabo González, de 60 años, también sin filiación política o sindical; su hermano Demetrio, de 34 años, casado, jornalero, afiliado a la UGT sin cargo directivo alguno, dejando viuda y dos hijos; su hermano Victorino, de 26 años, jornalero, que vivía con sus padres y también estaba afiliado a la UGT, sin que ostentara ningún cargo; y su hermano político Salvador Blanco, de 38 años y jornalero.

Una auténtica tragedia familiar que comenzó con la muerte de Jerónima Blanco Oviedo, de 22 años y en avanzado estado de gestación, y del niño Fernando Cabo Blanco, hijo de Isaac y de Jerónima y de tan sólo 3 años de edad. Ambos fueron enterrados, después de permanecer varios días “expuestos” junto a la antigua carretera Ponferrada-Ourense, junto a la casa familiar, en el barrio ponferradino de Flores del Sil, en un terreno por entonces destinado a huerta de labranza. Con el paso de los años, este terreno se convirtió en un cobertizo en el que vivían animales y se almacenaba material para las faenas del campo, habiendo sido removidos los restos en obras realizadas en el lugar. A pesar de esto, los trabajos arqueológicos sacaron a la luz algunos de los restos de Jerónima y Fernando, y su caso se presenta como uno de los más impactantes en los que ha trabajado la Asociación”.

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Fotografía destacada: Jerónima Blanco y su hijo, Fernando Cabo| ARMH

Fuente:https://www.infobierzo.com/ponferrada-dedicara-un-monolito-a-la-memoria-de-jeronima-blanco-y-a-su-hijo-fernando-cabo-asesinados-en-1936/535454/

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Muere a los 101 años Juan Aznar, uno de los últimos españoles que logró sobrevivir al campo nazi de Mauthausen

Aznar ha fallecido este lunes en un hospital de París, exclamaba al recordar su periplo en el campo: “Eso no se puede olvidar”

MÁS INFORMACIÓN | Españoles en los campos nazis

eldiario.es / Carlos Hernández / 25-02-2020

“Eso no se puede olvidar. ¡No se puede olvidar!”. La voz de Juan Aznar García se quebraba cada vez que recordaba los cuatro años y medio que pasó en el campo de concentración nazi de Mauthausen. Solo la muerte, que le ha reclamado cuando estaba a punto de cumplir los 102 años, ha logrado acabar con las pesadillas que le seguían atormentando con demasiada frecuencia: “Hay veces que por la noche no consigo dormir. Me despierto. Aquello fue lo peor. Fue muy exagerado”.

El camino que le condujo hasta Mauthausen comenzó en 1918, en la localidad murciana de Caravaca de la Cruz: “Crecí en los tiempos en que un borrego valía más que un hijo. Era más importante cuidar de esos borregos que ir a la escuela”. Al igual que ocurrió en buena parte de España, la explotación a la que los terratenientes sometían a los trabajadores hizo que Juan fuera adquiriendo conciencia política. La llegada de la II República fue la esperanza a la que, como muchos, se agarró para cambiar la situación de extrema desigualdad que se vivía en el país. Por eso, cuando parte del Ejército se sublevó contra el orden constitucional, el joven caravaqueño no dudó en alistarse en las filas del Ejército republicano. Tras combatir en batallas como la de Teruel o la del Ebro, en la que resultó herido, Juan cruzó los Pirineos en febrero de 1939 huyendo del ya imparable avance fascista.

Carta de deportado político de Juan Aznar

Después de pasar por los campos de concentración en que la democracia francesa encerró a medio millón de compatriotas exiliados, Juan se enroló en una de las Compañías de Trabajadores Españoles que el Ejército francés había creado para preparar la guerra contra Hitler. La arrolladora invasión alemana se saldó con la captura de centenares de miles de prisioneros, entre ellos más de 10.000 españoles. Juan fue enviado a un campo de prisioneros de guerra en Estrasburgo. Allí debería haber pasado el resto de la contienda, como de hecho hicieron los prisioneros franceses, belgas o británicos. Sin embargo, el régimen franquista pactó con la cúpula nazi que esos españoles cautivos fueran desposeídos de su condición de prisioneros de guerra para ser enviados a los campos de la muerte. “Lo que Franco hizo… fue asesinar la España… se diga lo que se quiera”, resumía Juan muchos años después.

Sangrienta bienvenida a Mauthausen

“Llegamos de noche. Nos pusieron en cueros, desnudos. Acostados allí en la tierra. Con un frío que se helaba Dios. Al día siguiente vimos cómo se acercaba corriendo un prisionero que ya llevaba tiempo en el campo y nos decía «tienes un cigarrillo, tienes un trozo de pan, tienes algo para darnos… aquí nos matan a todos, aquí nos morimos todos». Eso fue ya el primer día que llegamos a Mauthausen”. Y fue solo el anticipo de lo que lo le ocurrió a Juan, horas después. Un SS se encaprichó del reloj de pulsera que llevaba y le preguntó que cuánto dinero quería por él: “Yo ya veía lo que podía ocurrir y le dije que no quería nada… que se lo regalaba. Y él me dijo «No, los alemanes lo pagamos todo». Para pagarme el reloj ordenó que me dieran 75 latigazos en el culo con una verga de toro. Seis meses después de aquello, la sangre me caía por las piernas. Las costras saltaban y caía toda la sangre”.

Listado de entrada a Mauthausen del convoy procedente de Estrasburgo el 13 de diciembre de 1940

Además de víctima, Aznar fue también testigo de la barbarie nazi. Entre sus recuerdos más dolorosos se encontraba el del prisionero que fue obligado por los SS a ver cómo asesinaban a su padre, el de los deportados que eran enterrados vivos en una fosa y el de los niños judíos que desaparecían en la cámara de gas. Él mismo estuvo a punto de morir varias veces. En una ocasión le sometieron a uno de los típicos castigos de Mauthausen: atarle los brazos a la espalda y colgarle de ellos durante días. “Tenía un metro de nieve encima cuando me descolgaron. Los compañeros me tuvieron que vestir durante 3 o 4 meses porque no podía mover los brazos”.

Lo que sí tuvo que seguir haciendo es trabajar en la terrible cantera del campo. Allí habría perecido, debido al esfuerzo extremo y a la escasísima alimentación, de no ser porque fue elegido para formar parte de un grupo de trabajo que dirigía un valenciano llamado César Orquín. Este kommando, todo él formado por españoles, trabajó en distintos destinos fuera de Mauthausen. La comida era más abundante y las condiciones de vida algo menos duras. César, según Juan y el resto de prisioneros que estuvieron a sus órdenes, trató de evitar muertes en el grupo. El 3 de mayo de 1945, debido a la cercanía de las tropas estadounidenses, los SS trasladaron a los prisioneros a Mauthausen: “Salté del camión con varios compañeros y nos escondimos. Estuvimos comiendo hierba como las bestias hasta que, dos días después, llegaron los americanos”.

Exiliado y olvidado

“Yo tenía una familia en España y no podía verla. Yo tenía a mi madre, a mis hermanos y hermanos… Pero no podía volver. Me quedé en Francia y traté de trabajar, de comer, de vivir…”. Al igual que la inmensa mayoría de los supervivientes españoles de los campos nazis, Juan se quedó para siempre en el exilio. La llegada de la democracia a España, tras la muerte del dictador, no cambió nada su situación. Mientras el resto de deportados eran considerados héroes en naciones como Francia, Holanda o Gran Bretaña, los españoles siguieron condenados al olvido.

No fue hasta el año 2015 cuando, gracias al empeño de Cruzi Talavera, su sobrina-nieta, la historia de Juan salió a la luz. Dos años después, se inauguró un monolito en Caravaca de la Cruz en memoria de sus cuatro vecinos deportados a los campos nazis. Aznar participó en el acto a través de videoconferencia, pero unos meses más tarde, regresó por primera vez a Caravaca de la Cruz. Acompañado desde Francia por su nieta Carole celebró en su tierra su “cumplesiglo”. Con 100 años, visiblemente emocionado, tomó brevemente la palabra en el acto de homenaje que le organizó el Ayuntamiento de la localidad murciana, a instancias del grupo municipal de Izquierda Unida. Al acercarse al micrófono, dejó pasar unos segundos para acabar lanzando un emocionado “compatriotas, ¡Viva la República!”

Juan Aznar falleció a las 21:30 horas de este lunes en un hospital de París. Su muerte se produce solo mes y medio antes de que se conmemore el 75º aniversario de la liberación del campo de concentración de Mauthausen. Para esa efeméride solo quedarán con vida dos supervivientes españoles de los campos de la muerte de Hitler: el cordobés de Torrecampo Juan Romero Romero y el ibicenco, de origen judío-alemán, Siegfried Meir.

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Fotografía destacada: Juan Aznar en su casa de París. Abril de 2015

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Adios-antepenultimo-superviviente-espanol-concentracion_0_999500176.html

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La ARMH pide al Gobierno conmemorar como día de los ‘exiliados republicanos’ el 22 de febrero, día de la muerte de Antonio Machado

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha solicitado al Gobierno que cambie las fechas en las que tiene previsto conmemorar el exilio republicano y reconocer a las víctimas de la dictadura. En el acuerdo del Gobierno de Pedro Sánchez se presentó como día del exilio el 5 de mayo, reconocido como día de la liberación de Europa. Para el presidente de la ARMH, Emilio Silva “no podemos celebrar la liberación de Europa porque cuando los aliados vencieron al nazismo nosotros nos quedamos con una dictadura durante treinta años más. Ni siquiera los republicanos que fueron liberados de los campos nazis de concentración pudieron regresar a su tierra y la mayoría murieron fuera de su país y lejos de sus familiares: ¿Cómo vamos a celebrar una fecha en la que España no dejó de ser una cárcel para quienes defendían la democracia?”

nuevatribuna.es / 21-02-2020

La ARMH le ha propuesto al Gobierno que se conmemore el exilio el día de la muerte del poeta Antonio Machado, el 22 de febrero, “porque la muerte de Machado escenifica la tristeza del exilio, el dolor de la persecución y la pérdida que supuso huir de la represión franquista para intentar salvar la vida. Machado representa toda la defensa de los valores democráticos y las terribles consecuencias de la dictadura. Debemos recordar a las personas que nunca regresaron”, explica Silva.

Con respecto a las víctimas del franquismo la ARMH solicita que se conmemore el 12 d ediciembre, día de la condena de la ONU al franquismo

Por otra parte el Gobierno ha anunciado que conmemorará la fecha de reconocimiento a las víctimas de la dictadura el 31 de octubre, la fecha en la que el Congreso de los Diputados aprobó el texto de la Constitución de 1978. Pero la asociación memorialista considera que esa fecha supuso “una palada de tierra sobre las víctimas de la dictadura”, porque la Constitución no reconoce en su preámbulo a las víctimas de la dictadura ni condena el franquismo.

Considera incomprensible la selección de esa fecha que supuso que miles de cuerpos y proyectos de vida iban a seguir ocultos y rotos en las cunetas de nuestra democracia. Entiende la asociación que habría que señalar una fecha que recuerde que hubo gente capaz de cometer tremendas violaciones de Derechos Humanos, que eso no se puede volver a repetir, y como a algunos familiares les molestaría que fuera el 18 de julio, la asociación ha propuesto al Gobierno que se conmemore y reconozca a las víctimas de la dictadura el 12 de diciembre, aprovechando la fecha del año 1946 en la que la asamblea de Naciones Unidas condenó a la dictadura franquista con los siguientes argumentos:

  • En origen, naturaleza, estructura y conducta general, el régimen de Franco es un régimen de carácter fascista, establecido en gran parte gracias a la ayuda recibida de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini;
  • Durante la prolongada lucha de las Naciones Unidas contra Hitler y Mussolini, Franco, a pesar de las continuas protestas de los Aliados, prestó una ayuda considerable a las potencias enemigas. Primero, por ejemplo, de 1941 a 1945, la División de Infantería de la Legión Azul, la Legión Española de Voluntarios y la Escuadrilla Aérea Salvador, pelearon en el frente oriental contra la Rusia soviética. Segundo, en el verano de 1940, España se apoderó de Tánger en violación del estatuto internacional, y, debido a que España mantenía un importante ejército en el Marruecos español, gran cantidad de tropas aliadas quedó inmovilizada en el África del Norte;
  • Pruebas incontrovertibles demuestran que Franco fue, con Hitler y Mussolini, parte culpable en la conspiración de guerra contra aquellos países que finalmente en el transcurso de la guerra mundial formaron el conjunto de las Naciones Unidas. Fue parte de la conspiración en que se pospondría la completa beligerancia de Franco hasta el momento que se acordara mutuamente”.

“El Gobierno pretende conmemorar el exilio el día que Europa fue liberada del nazismo, pero no España, y para las víctimas del franquismo la aprobación en el Congreso del texto constitucional que ni recuerda a las víctimas ni condena la dictadura”

El presidente de la ARMH, Emilio Silva añade que “si el Congreso de los Diputados eligió el 27 de junio para conmemorar a las víctimas del terrorismo porque ese día hubo un atentado terrorista, las víctimas de la dictadura tienen el mismo derecho a que el Estado las conmemore recordando el carácter violento, fascista y antidemocrático de sus verdugos”.

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Fuente:https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/armh-gobierno-exiliadosrepublicanos-22febrero-muerte-antoniomachado/20200221131055171313.html

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