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Inician la exhumación de un asesinado por los franquistas en Andorra (Teruel)

En la Causa General, que instruyó el franquismo y que llevó a la condena a miles de republicanos, sólo se asegura que era cercano a las organizaciones de izquierda locales

diario16.com / Eva Maldonado / 26/10/2020

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que la semana pasado cumplió veinte años desde su primera exhumación en el Bierzo, ha iniciado este lunes la búsqueda de los restos de Sebastián Blasco Aznar, nacido en la localidad turolense de Andorra, el 20 de mayo de 1885. Allí trabajó como labrador, sastre y sereno. En la Causa General, que instruyó el franquismo y que llevó a la condena a miles de republicanos, sólo se asegura que era cercano a las organizaciones de izquierda locales.

En la versión oficial de su muerte, redactada por las autoridades franquistas, se asegura que se trató de un suicidio, cuando iba a ser detenido por la Guardia CivilPero su viuda y sus hijas siempre han sabido que fue brutalmente asesinado por un grupo de vecinos a los que se sumaron dos guardias civiles.

Las labores de exhumación se llevan a cabo en la zona conocida como el “Corralico”, junto a la tapia del cementerio de Andorra, donde señalan los testimonios que tras ser asesinado, su cadáver fue arrastrado hasta las inmediaciones del cementerio, siendo enterrado fuera del recinto. A priori se calcula que el área a prospectar no será superior a 50 m². Se abrirán catas del grosor de la pala retroexcavadora para retirar la primera capa de terreno superficial y cuando se encuentren los restos el resto del trabajo se llevará a cabo manualmente.

Su nieta, May Borraz, presente al inicio de los trabajos, ha estado tres años investigando la localización del lugar y ,  al inició la búsqueda de los restos de su abuelo, explicaba lo duras que fueron para su familia las consecuencias del asesinato y las secuelas que dejó: “Mi abuela repetía como un mantra que lo habían asesinado después de la guerra una pandilla de cobardes, pero mi madre, que sólo tenía dos años cuando ocurrió, lo vivió como con vergüenza. Creo que la primera generación, la de entonces, lo vivió con mucho miedo, la siguiente con vergüenza y la mía con rabia”.

En el auto del juzgado de Alcañiz, con fecha del 17 de abril de 1939 se dice que “al ser perseguido por las fuerzas encargadas de su captura, Sebastián Blasco Arnau (sic) por ser individuo que tomó parte durante la dominación roja en robos y otros hechos, y para no caer en poder de las mismas, se suicidó dándose un corte con una navaja en el lado izquierdo del cuello, que le produjo la muerte casi instantánea, todo ello según la opinión de los facultativos en el dictamen de la autopsia”. El propio juzgado parece no asumir el informe forense cuando se distancia de él no dando por hechas las causas de la muerte, sino asegurando que esas son “según la opinión de los facultativos”.

En el acta de defunción de Sebastián Blasco se dice: “En Andorra, provincia de Teruel a las 18:15 minutos del día 18 de abril de 1939, ante don Juan Miguel Miguel, Juez municipal interino y Don Macario Julián Ejarque, Secretario, se procede a escribir la función de D. Sebastián Blasco Aznar, hijo de José y Dolores, domiciliado en la Calle de la Fuente, núm102, piso toda, de profesión jornalero y de Estado casado con Manuela Bielsa Pradas, de 38 años de edad, natural y vecina de esta Villa, de cuyo matrimonio deja tres hijas menores llamadas: María, María Luisa y María Fabiola Blasco Bielsa, falleció en la partida “El Saso” de este término municipal el día de ayer, sobre las seis y escasos minutos, a consecuencia de suicidio según resulta de informe de los facultativos y reconocimiento practicado, y su cadáver habrá de recibir sepultura en el cementerio de esta población”.

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Fuente:https://diario16.com/inician-la-exhumacion-de-un-asesinado-por-los-franquistas-en-andorra-teruel/

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Memoria antifranquista para la salvación de España

Mientras no saque a las víctimas del franquismo del vagón de tercera para sentarlas junto a otras víctimas de otras violencias en el de primera, esta democracia estará muy lejos de la ejemplaridad cacareada por quienes defienden que todo quedó resuelto en la Transición

eldiario.es/opinion / Emilio Silva / 20/10/2020

“La comisión constituida para reunir fondos necesarios para el sostenimiento de las milicias de Falange que tan importante servicio prestan de guarnición y vigilancia nocturna en esta Villa y para cooperar al triunfo del Ejército que representa la salvación de España de manos del comunismo ruso ha estimado procedente señalarle a usted para dichos gastos la aportación de la cantidad de 75 pesetas que deberá ingresar en el plazo de tres días y por cuyo pago quedaremos muy reconocidos. Villafranca 28 de agosto de 1936”.

Con escritos como este, firmados por un alcalde golpista, la falange de Villafranca del Bierzo extorsionó a Emilio Silva Faba, un comerciante progresista, de 44 años, padre de seis hijos, que había sido interventor autorizado notarialmente para representar al partido de Manuel Azaña, Izquierda Republicana, en las elecciones generales del 12 de febrero de 1936.

Así lo obligaron quienes serían sus asesinos, a financiar su asesinato, una vez que se hicieron con el poder local por la fuerza de las armas y sembraron algún cadáver por las cunetas cercanas. Eliminaban adversarios políticos y utilizaban sus cuerpos sin vida abandonados a la intemperie, como superconductores del terror, como megáfonos de la deshumanización sin límites que había tomado el poder de las instituciones, capaz de sacar de la vida a los vivos y de una muerte digna a los muertos.

Silva Faba pagó sus imposiciones y vio como le eran confiscadas caprichosamente los haberes de su tienda de coloniales, por falangistas que pasaban “a saludar”. Se mantuvo al lado de su familia pensando que la situación se resolvería y volverían los tiempos en que la política se había hecho con papeletas y no con pistolas.

Él nunca escuchó cañonazos de esa guerra en la que decían que murió, porque donde él vivía nunca hubo dos ejércitos enfrentados, ni una trinchera frente a otra, ni movimientos de artillería, ni bombardeos.

A Emilio Silva Faba lo secuestraron y lo asesinaron como a Miguel Ángel Blanco, pero sus asesinos franquistas fueron más terribles e hicieron desaparecer su cadáver para negarle la honra de una tumba y multiplicar el padecimiento de su familia. Lo detuvieron ilegalmente el 16 de octubre de 1936. Su mujer, Modesta Santín, se movió rápidamente para buscar ayuda, para que alguien pudiera sacarlo de los calabozos del Ayuntamiento antes de que le reventara la cabeza un tiro de gracia, de noche, a quemarropa, hecho por un brazo vestido con una camisa azul y correajes, en una cuneta.

Las gestiones de su mujer no obtuvieron piedad, ni compasión. Esa misma noche lo sacaron del sitio en el que estaba detenido, en el remolque de un camión, con otros 12 hombres, recogieron a dos más por el camino, y asesinaron a todos ellos, menos a Leopoldo Moreira, que consiguió escapar. Eran trabajadores, civiles, buena gente asesinada por quienes representaron la “salvación de España de manos del comunismo ruso”.

Hasta ahí su muerte se parece a la de Miguel Ángel Blanco, a la de otras tantas violencias, pero para su familia, sólo fue el principio. Emilio no vio cómo a la familia que dejaba en este mundo le terminaban de despojar de todos sus bienes. No vio cómo su hijo mayor, que se llamaba como él, abandonaba la escuela, recién cumplidos los 10 años, muerto de pena y de angustia, para ofrecer sus brazos en cualquier faena que pudiera permitir llevar a casa una hogaza de pan o cualquier otra cosa que llevarse a la boca. No vio cómo su viuda padecía ataques de pánico, y caía paralizada al suelo, rodeada de sus seis hijos, que no podían salir a pedir ayuda porque había toque de queda y antes de preguntar, las milicias de Falange disparaban. Tampoco vio a sus asesinos pasar frente a la casa cuando iban de caza, con una escopeta al hombro y la sorna de sentirse respaldados por el enorme aparato represor de la dictadura.

Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, este país se llenó de cunetas escondiendo crímenes, de asesinos sentados en despachos institucionales, de violadores que aparecían en listados de nombramientos en el Boletín Oficial del Estado, y de víctimas sosteniendo sobre sus hombros una estructura social que construyó para ellas un apartheid en el que los azules disfrutaban de las dádivas del Régimen y los rojos les servían bien callados, agachando la cabeza y dando las gracias por estar vivos.

El daño que padecieron estas familias fue durante años el orgullo del Régimen, el renglón en mayúsculas y negrita en el currículum de miles de asesinos que crearon un país a su imagen y semejanza. Una sociedad miserable, corrupta, orgullosamente inculta y sostenida sobre la sangre, el sudor y las lágrimas de las miles de familias que soportaban sobre sus hombros y su esfuerzo la riqueza que disfrutaban los vencedores.

Cuando terminó la dictadura, la mayoría de los señoritos satisfechos del franquismo borraron de su currículum esos renglones que habían exhibido durante décadas y como tenían hijos en los partidos de oposición al Régimen nunca se sintieron amenazados por el regreso de la democracia, en la que no creían, pero sí se les permitía quedarse con sus privilegios, las decenas de miles de puestos de trabajo en la administración, los miles de pisos propiedad del Estado que pasarían a ser suyos, y la justicia, la policía y el ejército seguían intactos, pues adelante.

Lo que Emilio no vio que le pasaba a su familia no lo vio este país durante décadas. Los asesinos, los jefes de los asesinos, y los descendientes de los asesinos se encargaron de que no se conociera. No estaría en los libros de texto, ni en la televisión pública, ni en los juzgados, ni se debatiría en los parlamentos, ni en los ayuntamientos y harían sobrevivir la idea de que hacía falta un golpe de Estado para terminar con los supuestos desmanes de la república.

Pero el 21 de octubre de 2000, en una cuneta de un pequeño pueblo del Bierzo comenzaron los trabajos de exhumación de una fosa con los restos de 13 hombres asesinados por pistoleros de falange 64 años antes. Y una prueba de ADN determinó que allí estaban los restos de Emilio Silva Faba, con sus dos orificios de bala, oculto bajo la tierra, lejos de donde sus antepasados habitaban la muerte.

Cuando eso ocurrió jamás se había debatido en el Congreso de los Diputados nada sobre los desaparecidos del franquismo. Durante 25 años las familias de los miles de desaparecidos no tuvieron una voz parlamentaria que las representara. Se acostumbraron a escuchar que ya nos habíamos reconciliado en la Transición, como si tras la muerte del dictador hubiera terminado una guerra y no una dictadura de 40 años.

Cuando aquellos metros cuadrados de tierra mostraron su terrible secreto, los plenos del Congreso y del Senado no habían hecho una condena de la dictadura y el Gobierno no había redactado una declaración institucional condenando al franquismo y reconociendo a sus víctimas. Tampoco había sido juzgado un solo responsable de aquellos crímenes. Veinte años después y con más de 9.000 asesinados recuperados de las fosas, nada de lo que enuncia este párrafo ha ocurrido.

Cuando los asesinos han muerto en la cama en democracia y las víctimas han muerto añorando los cadáveres de sus seres queridos, desaparecidos en las cunetas, es fácil determinar la disfuncionalidad de la democracia actual española. Mientras las víctimas de “quienes querían romper España” han recibido verdad, justicia y reparación, las víctimas de los que asesinaban por “una España grande y libre” no han obtenido un miligramo de justicia, de verdad, ni de reparación.

Mientras no haya una Ley de Memoria Antifranquista, mientras el Estado y todas las instituciones que lo conforman no rechacen la dictadura firme y contundentemente; mientras no saque a las víctimas del franquismo del vagón de tercera para sentarlas junto a otras víctimas de otras violencias en el de primera, esta democracia estará muy lejos de la ejemplaridad cacareada por quienes defienden que todo quedó resuelto en la Transición. La salvación democrática de España supone reconocer y tratar con dignidad y garantizar los derechos a las buenas y a los buenos españoles que todavía están en las cunetas.

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Fotografía destacada: Placa en la cuneta donde se encontraba la fosa de los trece de Priaranza, entre ellos el abuelo de Emilio Silva, exhumada en octubre de 2000

Fuente:https://www.eldiario.es/opinion/tribuna-abierta/memoria-antifranquista-salvacion-espana_129_6307741.html

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La ARMH pide a Sánchez que negocie con el Papa la apertura de los archivos vaticanos del franquismo

La asociación de víctimas del franquismo reclama que la Iglesia “pida perdón por su participación y legitimación de la dictadura”.

nuevatribuna.es / 20/10/2020

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha registrado en la presidencia del Gobierno una petición dirigida a Pedro Sanchez con vistas al viaje que llevará a cabo el presidente español al estado Vaticano, el próximo día 24 de octubre.

En la petición, la ARMH asegura que es “una excelente ocasión para negociar la apertura de todos los documentos que se guardan en el Archivo Apostólico Vaticano, relacionados con la Segunda República, el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, la guerra civil y las cuatro décadas de dictadura franquista”.

 

En el artículo XXI.5 del Concordato, firmado por España y el Vaticano en 1953, se dijo que “las autoridades eclesiásticas darán facilidades para el estudio de los documentos custodiados en los archivos eclesiásticos públicos, exclusivamente dependientes de aquellas”. (En la imagen, artículo XXI del Concordato. Pinchar para ampliar).

La ARMH critica “la falta de la transparencia necesaria y acceso libre a la documentación” generada por la iglesia católica en España, entre 1931 y 1975. “Dado su nivel de incumplimiento y su representación de los intereses españoles es momento de que se exija su aplicación y se tenga acceso a la numerosa información que manejaron sacerdotes de toda España, especialmente en las retaguardias de la guerra, en las cárceles franquistas y en el apoyo a la dictadura de la que fueron uno de los principales soportes legitimadores”, señala el colectivo de víctimas del franquismo.

Además, la asociación que acaba de cumplir veinte años en su búsqueda de personas desaparecidas por la persecución política del franquismo, pide al presidente que como representante de las víctimas de la dictadura “negocie un gesto de disculpa y reparación de la jerarquía de la Iglesia Católica hacia quienes durante 40 años sufrieron el azote de su doctrina moral, aplicada desde las aulas los actos oficiales de la dictadura, e incluso la legislación franquista; y en especial hacia las mujeres, que vivieron marcadas por el “designio divino” de servir al varón”.

Explica el texto de la petición diciendo que “millones de españoles vieron y vivieron cómo quienes desde los principios que promulgaban deberían haber practicado el amor al prójimo, eligieron colaborar con la terrible represión con la que el franquismo persiguió a quienes no lo apoyaron o lo combatieron, paseando bajo palio al dictador responsable de la desaparición de decenas de miles de civiles y otorgándole una legitimidad divina, como figuraba en numerosos documentos y podía leerse incluso en las monedas de la dictadura “Caudillo por la gracia de Dios”.

Y termina diciendo que esperan “que cierre un acuerdo que permita alcanzar la desacralización de la basílica del Valle de los Caídos, que debe ser un punto de partida para la difícil resignificación de un lugar presidido y coronado por la cruz más grande construida por el nacional catolicismo franquista”.

De hecho, el anteproyecto de ley de Memoria Democrática aprobado recientemente por el Gobierno ya contempla la resignificación de Cuelgamuros.

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Fotografía destacada:  Imagen de los archivos vaticanos.

Fuente:https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/armh-victimas-franquismo-pide-pedrosanchez-negocie-papafrancisco-apertura-archivosvaticanos-franquismo/20201020113111180323.html

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Emilio Silva: “Cuando empezamos a exhumar hace 20 años no conocíamos la dimensión de los crímenes franquistas”

ENTREVISTA Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

Cuando se cumplen 20 años de la primera exhumación de desaparecidos por el franquismo con métodos científicos, elDiario.es entrevista a su impulsor, fundador de la ARMH: “La equidistancia del Estado explica que pasen cosas como las amenazas de Vox o la retirada de la placa de Largo Caballero”

eldiario.es / Olga Rodríguez / 17/10/2020

El deseo de escribir una novela sobre republicanos como su abuelo llevó a Emilio Silva en el año 2000 a viajar al Bierzo y a indagar sobre las vidas de guerrilleros. No buscaba los restos de su abuelo desaparecido. Más bien indagaba sobre la naturaleza humana de aquellas personas que defendieron la democracia y combatieron la dictadura. Pero la vida a veces nos coloca delante de nuestras narices nuevos interrogantes y eso es lo que le pasó a Silva cuando una mañana una cita prevista con un guerrillero se truncó en el último momento “porque le surgieron problemas personales, y esos problemas personales de ese hombre son la primera causa de que hoy esté aquí hablando contigo”.

A falta de cita, Silva entabló conversación con un amigo de la infancia de su padre, Arsenio Marcos, quien en un momento dado pronunció unas inesperadas palabras que obligaron a Emilio a olvidarse del relato que esperaba oír del guerrillero, de su libro, de la escritura: “Yo sé dónde está enterrado tu abuelo”.

Esa frase pospuso hasta hoy todos los planes del Silva aspirante a novelista y le empujó a impulsar un proceso en busca de verdad, justicia y reparación que veinte años después ha visto sin duda sus frutos.

El abuelo de Emilio Silva, Emilio Silva Faba, era militante de Izquierda Republicana. Fue asesinado el 16 de octubre de 1936

Fue el inicio de su viaje hacia la memoria, “un viaje que es el sentido de la vida de mucha gente” y que ha tenido algunos momentos clave: la exhumación de la fosa de su abuelo hace ahora veinte años, la primera con métodos científicos, una exhumación en 2002 en Piedrafita de Babia que llamó la atención de medios de comunicación extranjeros y nacionales y disparó las peticiones de familias de víctimas, el viaje de Silva en coche desde Madrid a Ginebra para reunirse con integrantes de Naciones Unidas, lo que supuso la inclusión de España en el listado anual de países con desapariciones forzadas, un gran concierto-homenaje a los republicanos en Rivas en 2004, la investigación frustrada de los crímenes franquistas en la Audiencia Nacional o la apertura de la querella argentina que investiga los crímenes del franquismo.

“No le puedes encontrar sentido a esta democracia -ni tampoco significado- si no incorpora lo que construyeron sus abuelos y abuelas, y lo que sufrieron por haberlo construido. Una democracia donde no está eso incorporado es poco significante”, explica en conversación con elDiario.es en una terraza del centro de Madrid.

Placa en la cuneta donde se encontraba la fosa de los trece de Priaranza, entre ellos el abuelo de Emilio Silva, exhumada en octubre de 2000 | Olga Rodríguez

Eso es lo que ha estado haciendo Silva junto con otras muchas personas estos últimos veinte años: “No solo extraer el significante, sino darle un significado a lo oculto”. Tras la exhumación en octubre de 2000 de la fosa donde encontró los restos de su abuelo -todavía se emociona al recordar el hallazgo de la primera bota con huesos dentro- vinieron otras muchas, que han supuesto la identificación de más de mil quinientas víctimas del franquismo . Esa actividad, la búsqueda de las personas desaparecidas, ha sido uno de los principales objetivos de la asociación que preside. Y, a través de ella, la recuperación de una verdad habitualmente oculta o puesta en duda. De ahí el nombre: Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

Las elites han creado un significado de democracia a su medida que ha permitido lavar la cara de los franquistas 

Cuando los cadáveres aparecen, los crímenes no pueden seguir negándose. De esa forma todo un país ha podido ir conociendo que lo que muchos pensaban que era puntual, anecdótico o menor, fue en realidad un plan sistemático de persecución contra un sector de la sociedad que tenía unas ideas políticas determinadas. “Ni yo mismo era consciente de semejante dimensión. No conocíamos aún la envergadura de los crímenes del franquismo”. Nadie la conocía con exactitud.

“Hoy en día el pasado solo es significado. Ese significado puede ser democrático y justo o puede ser el construido por las elites, que han creado un significado a su medida. Nosotros llevamos veinte años desordenado ese significado que ha permitido lavarse la cara a miles de franquistas”.

Emilio Silva, al fondo, en una exhumación en Guadalajara esta semana | ARMH/Oscar Rodríguez

El miedo

En estos veinte años quienes buscan a personas desaparecidas se han encontrado a menudo con muros de silencio, desprecio o negación. Y han tenido que enfrentarse al miedo.

Silva recuerda cómo en la exhumación de su abuelo en 2000 apareció una mujer que contó que ella nunca “hablaba con sus hermanas de estas cosas”. “Estas cosas” eran la detención ilegal de su propio padre por pistoleros falangistas, su asesinato y su desaparición. Rememora también cómo a Vicente Moreira, que cuando murió Franco empezó a buscar la fosa de su madre, asesinada por falangistas, un vecino le indicó la ubicación de la misma desde lejos, sin salir de su casa, a través de la ventana, solo gesticulando con la mano, indicándole que se moviera más a la izquierda o más a la derecha, por miedo a que lo vieran junto a él.

Menciona la dimensión del miedo, cuyo origen reside en la envergadura de la represión, con criminales como los asesinos de los hermanos de Asunción Álvarez, cuya madre “tuvo que cocinarles esa noche, tras los asesinatos, un cordero porque querían celebrarlo. Imagina la perversión. A medida que en esos años íbamos recogiendo estas historias íbamos tomando conciencia de la dimensión de los crímenes y de la importancia de enmarcarlos en la defensa de los derechos humanos”.

Ese miedo ha atravesado a todo un país durante décadas. “Yo mismo lo viví, al principio cada vez que dábamos un paso teníamos esa sensación de ‘uf, me puede pasar algo’”.

“Recuerdo la primera vez que entré en un juzgado, el 9 de julio de 2002 en Villablino, con una fotocopia de una resolución de Naciones Unidas sobre las personas desaparecidas, a pedir a una jueza que interviniera en una fosa en Piedrafita de Babia. Iba con tanto miedo que casi temblaba”.

Restos de personas desaparecidas en la sede de Ponferrada de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica | Olga Rodríguez

Tanto él como las personas integrantes de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica fueron entendiendo que aquel miedo podía ser una brújula.

“Nos dimos cuenta de que en España nos habían educado para el miedo, y que eso era una protección para quienes cometieron estos crímenes o se beneficiaron de ellos. Sentíamos miedo justo donde podíamos perjudicar los intereses de los franquistas, de los verdugos. Al final el miedo se acaba convirtiendo en un brújula: si siento miedo tengo que seguir por aquí”.

“El miedo tiene un gran beneficiario, es el gran protector de los franquistas, ha sido una herramienta usada durante cuarenta años. Las amenazas ahora de Vox pidiendo derogar la Ley de la Memoria forman parte de ese lenguaje del miedo, para que mucha gente diga ‘¿ves? Mejor no tocarlo’”.

Ese miedo ha ido resquebrajándose en estos veinte años, a través de las exhumaciones, a través de la conversación que surge en torno a ellas, a través de actos de reparación impulsados por la sociedad civil.

“Se han ido conquistando espacios de naturalidad al hablar. Lo que han logrado las familias de las víctimas del franquismo es que dejemos de decir “estas cosas”, que podamos enunciar, denunciar y llamar las cosas por su nombre. Pero aún falta algo”.

Estuche de maquillaje encontrado en una exhumación reciente por la ARMH | Olga Rodríguez

“El Estado tiene que dejar de ser equidistante”

Lo que falta para acabar con el miedo, dice Silva, es que el Estado dé un paso para dejar de ser equidistante.

“La no intervención del Estado es una forma de equidistancia, una forma de decir que no se está ni con los franquistas ni con los antifranquistas, de mantenerse al margen, y eso genera confusión. El Estado debería contar a este país todo lo que gastó el franquismo en reparar los daños reales y los inventados de lo que llamó la violencia roja. El BOE está repleto de becas, de puestos de trabajo en la Administración pública para toda la vida para familias de ‘caídos por Dios y por España’, de licencias de lotería, gasolineras, de estancos, de pensiones especiales”, denuncia Silva.

“El propio Estado debería acabar con ese discurso que dice que hay que reparar a todos. Ya está bien. Ese es un discurso habitual de partidos políticos de la derecha y de gente de la sociedad civil que está en contra de los derechos de las víctimas del franquismo”.

La gran deuda pendiente con las víctimas del franquismo es acabar con la equidistancia del Estado

“El Estado debe decir que aquí hubo una causa general que fusiló a 55.000 personas, que se llevó los bienes de miles, que dejó a miles de huérfanos sin escolarizar cuando sus familias centraban todos sus esfuerzos en que sus hijos se educaran. El Estado tiene que terminar con esa especie de neutralidad que en el fondo beneficia a los franquistas”.

Y en opinión de Silva esta equidistancia implica impunidad y explica que ocurran cosas como la retirada esta semana de la placa que homenajeaba a Largo Caballero.

“Se ha llamado fallecidos a republicanos asesinados en campos nazis de concentración en un monumento público inaugurado por la actual vicepresidenta responsable de Memoria Democrática, se han arrasado lugares de memoria como la plaza de toros de Badajoz o la cárcel de Carabanchel, o se han trasladado los restos de Franco a otro lugar de propiedad pública que pagamos con nuestros impuestos. Mueren o siguen vivos torturadores con medallas y pensiones especiales, la Ley de Amnistía es propagada como un acto de reconciliación, se permite que el Ayuntamiento de Madrid destroce las lápidas de tres mil fusilados por los franquistas y el Gobierno no declara ese espacio Bien de Interés Público…”.

“¿No hay justicia para estos crímenes?”. Sede de la ARMH en Ponferrada y Teresa, encargada de la oficina, al fondo | Olga Rodríguez

Qué debería incluir la nueva Ley de Memoria

La nueva ley que el Gobierno prepara bajo el nombre de Ley de Memoria Democrática corre el riesgo también de ser equidistante en opinión de Silva. “¿Por qué no llamarla Ley Antifranquista?”, se pregunta:

“Romper con la equidistancia no es solo hablar de Clara Campoamor, es también hablar de Queipo de Llano, que pedía a sus soldados que violaran a mujeres como Clara Campoamor, y así lo decía públicamente en su programa de radio. Es un señor que hoy estaría en un Tribunal Penal Internacional. Hay que hablar de los buenos pero rechazar contundentemente a los malos, porque si no, tenemos una especie de equidistancia 3.0”.

“El relato y el contenido de la ley tiene que partir del fin de la equidistancia. Tiene que estar con las víctimas, acabar con ese negacionismo que defiende que los franquistas no fueron reparados. Nuestras abuelas han visto cómo los franquistas fueron premiados por asesinar a gente como sus maridos y ahora lo niega el Estado en una ley en la que se supone que va a reparar a las víctimas de la dictadura”, denuncia.

Otro de los asuntos pendientes señalados a lo largo de la entrevista es la ausencia de una condena al franquismo por parte del Pleno del Congreso. “Una Comisión constitucional condenó el franquismo en 2002 pero tiene que ser el Pleno del Congreso, donde estén los líderes de todos los partidos, y también en el Senado. Nunca se ha legislado algo que sea una amenaza para el estatus del franquismo”.

¿Puede esa equidistancia explicar cuestiones de nuestra actualidad? La respuesta de Silva es que sí, sin duda. Esa equidistancia “influye en la política, en la sociedad y en la justicia”.

“Cuando el Estado ha sido equidistante es difícil que las familias de las víctimas detecten los signos de verdadero cambio que les ayude a confiar en ese Estado. En estos años donde no ha intervenido el Estado hay mucha gente que a los daños sufridos por la dictadura ha tenido que sumar los causados en democracia”, denuncia.

Exhumación de una fosa en Guadalajara esta semana, por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que preside Emilio Silva | ARMH/Oscar Rodríguez

“Cuando el relato de las víctimas emerge, la derecha sobreactúa”

“Este Gobierno tendría que acabar con ese relato almibarado y falso. Cuando Carrillo se dio la mano con Fraga en el Club Siglo XXI la derecha lo reivindicó y se dijo que ahí acababa todo. Ahí no acabó nada para las víctimas del franquismo, a las que nadie preguntó ni consultó. Lo que hicieran las elites políticas va por un lado, y la sociedad, por otro”, señala.

En ese sentido Silva subraya la importancia de que haya una verdad oficial no equidistante.

“Nosotros dentro de dos meses tendremos un informe arqueológico de las últimas exhumaciones que hemos hecho en El Espinar y Guadalajara, luego un informe forense, luego vendrá el laboratorio de ADN que nos dará más datos, lo graparemos y formará parte de un archivo de una asociación que algunos consideran parte del problema. Todo esto debería hacerlo el Estado, o como mínimo debería enviar un notario a las exhumaciones para decir ‘esto ha ocurrido, aquí están estos cuerpos, estos orificios de bala, les juzgaron por estos supuestos delitos, etc’. De ese modo habría un relato oficial del que el Estado sigue escapando”, denuncia.

“Hay una gran batalla por ese relato y por eso la derecha se crispa en parte, sobreactúa, como Vox diciendo eso de ‘primer aviso’. La fractura del relato equidistante tiene que llegar a todos los ámbitos para evitar estas cosas. Las fosas han servido para resquebrajar ese relato donde hay que reparar a todos porque todos fueron buenos y malos”.

Exhumación de una fosa en Guadalajara esta semana, por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que preside Emilio Silva | ARMH/ Óscar Rodríguez

“Que la nueva ley incluya una oficina estatal de Atención a las Víctimas”

“Es evidente que en la Transición los militares no iban a dejar las armas ni a decir a los presos políticos de Carabanchel que salieran para entrar ellos. Pero que se cuente. Cuando nos dicen ‘no sabes lo difícil que era aquello’, yo no lo discuto, pido que se cuente, que se cuente que el franquismo no se había evaporado, que se cuente si se puso una pistola encima de la mesa a la hora de pactar, que se renuncie a ese relato edulcorado, que se narren las presiones del franquismo”, prosigue.

Silva lamenta que miles de personas hayan fallecido sin haber sido nombradas por el Parlamento, sin reconocimiento, sin una legislación reparadora. Reivindica la creación de una oficina del Estado donde las familias puedan llamar y decir “mi abuelo fue un preso político, ¿me puede enviar su expediente penitenciario, por favor?”.

Han sido miles las personas que en estos años han recorrido cientos de kilómetros en busca de información sobre sus padres, madres, abuelas o abuelos, las que han mendigado en archivos, rogado en Ayuntamientos, pagado cientos de euros por la digitalización de documentos, preguntado en pueblos en busca de pistas sin ayuda alguna de las instituciones.

“Por eso esta nueva ley debería incluir algo que no se sabe aún si está incluido, que es que el Estado atienda a las familias de los desaparecidos. Ayer cuando terminamos la exhumación de Guadalajara vino un hombre de 83 años, hijo de un desaparecido, preguntando por su padre. Como no tiene dónde ir, viene al cementerio, a nosotros. A un kilómetro y medio de donde estábamos hay una subdelegación del Gobierno que tendría que atender esas peticiones. Hay víctimas de primera y víctimas de segunda claramente”

Detalle en la sede de la ARMH en Ponferrada | Olga Rodríguez

La influencia de Argentina en España

“En la primavera el ánade salvaje vuelve a su tierra para las nupcias. Nada ni nadie podrá detenerlo. Si le cortan las alas, nadará con las patas. Si le cortan las patas se impulsará con su pico porque ese viaje es su razón de ser, el sentido de su vida”: Emilio Silva recuerda a menudo este relato contado por el maestro de La lengua de las mariposas, libro de Manuel Rivas llevado al cine por José Luis Cuerda.

Esa razón de ser sigue siendo para él la recuperación de la memoria histórica. Y en ella siempre ha habido una especie de viaje de ida y vuelta: el que España y Argentina llevan décadas manteniendo.

Silva se pregunta cómo habría sido todo si él no hubiera forjado buena amistad en sus años universitarios con varios hijos del exilio argentino, si no hubiera conocido en el año 1997 a dos grandes abogados, Carlos Castresana y el argentino Carlos Slepoy, “dos personas muy importantes en los juicios en España sobre las dictaduras de Chile y Argentina” y uno de ellos, Slepoy, impulsor de la querella argentina contra los crímenes del franquismo, o si en esos años noventa no hubiera tenido acceso a la Asociación Pro Derechos Humanos argentina o si no hubiera conocido la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo.

Su relación con estas personas le introdujo en una cultura de derechos humanos esencial para abordar posteriormente una lucha por la memoria antifranquista española que ha marcado un antes y un después en este país.

Quizá por eso cuando Emilio Silva escuchó aquellas palabras en boca de ese amigo de su padre -“yo sé dónde está enterrado tu abuelo”- decidió escribir un artículo en un diario de León titulado “Mi abuelo también es un desaparecido”, en un momento en el que casi nadie en España empleaba ese término usado en Argentina -desaparecido-, porque el lenguaje estaba aún cargado de eufemismos, “y para contar que alguien había sido detenido, torturado, fusilado y desaparecido se decía paseado”. Hubo periodistas y hasta académicos de la Lengua que le afearon el uso de ese término, pero Silva no cejó en su empeño, a pesar del miedo.

Posteriormente Argentina siguió estando presente, como en ese café que Silva tomó con el jurista argentino Eugenio Raúl Zaffaroni en una céntrica terraza de Madrid en el año 2008, cuando varias víctimas del franquismo buscaban vías judiciales para que se investigaran los crímenes de la dictadura española. O como aquél cumpleaños al que le invitó un argentino en Madrid, a quien Silva acababa de conocer. A punto de soplar las velas ese hombre dijo, ante los presentes:

 “Yo quiero decirle a Emilio hoy aquí que Argentina también ha aprendido mucho de España, de la dignidad de sus republicanos y republicanas”.

Y entonces decenas de exiliados argentinos allí presentes -médicos, abogados, filólogos- levantaron sus copas y pronunciaron los nombres de sus profesores, de sus referentes, de sus mentores en las universidades argentinas, antes de sus exilios: “Y eran nombres de españoles exiliados que habían huido del franquismo, nombres que en algún caso conocía, como Manuel Lamana, y que en otros muchos casos no. Todo un viaje de la justicia que viene y va, de los exilios que vienen y van, de las migraciones que vienen y van entre España y Argentina”.

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Fotografía destacada: Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica e impulsor de la primera exhumación con métodos científicos en una fosa con personas desaparecidas por el franquismo

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/emilio-silva-empezamos-exhumar-20-anos-no-conociamos-dimension-crimenes-franquistas_1_6298791.html?fbclid=IwAR1o5uNwmZ4NXCXNfrzEQM1CIE8ODfjjH8gHNHA1zJdtqi57yM50YJV6Zzo

 

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Se cumplen 20 años de la primera exhumación de represaliados de la Guerra Civil

Fue en en la fosa común localizada en el municipio leonés de Priaranza del Bierzo

cadenaser.com / Diego Merayo / 17/10/2020

El 21 de octubre del año 2000 comenzaron las tareas de exhumación de ‘Los 13 de Priaranza’, así fueron denominadas las personas asesinadas a la entrada de esa localidad el 16 de octubre de 1936. Ese momento fue el germen de la creación de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) y del inicio de los trabajos para desenterrar a los desaparecidos de las cunetas.

La historia de ‘Los 13 de Priaranza’ es la de otros muchos desaparecidos de la Guerra Civil, pero fue con este caso en concreto, cuando comenzó todo.

Emilio Silva, periodista y nieto de uno de los desaparecidos, escribió una carta meses antes a un periódico de la zona. En ese escrito, que se puede leer en la web de la ARMH, el ahora presidente de esta asociación contaba la historia de su abuelo y dejaba clara la necesidad e importancia que tenía para las familias dar una sepultura digna a esas personas. “La intención de mi familia era básicamente enterrar a mi abuelo con mi abuela (…) pero allí se cruzaron otras historias personales y se convirtió en algo colectivo. Yo no tenía ni idea de la cantidad de desaparecidos y fosas comunes que había en España, más que nada porque no existía, ni existe a día de hoy, bibliografía sobre el tema”, nos cuenta Emilio Silva en la entrevista mantenida en A vivir Castilla y León.

Veinte años más tarde de esa exhumación, 84 después de aquel asesinato, todavía quedan miles de personas desaparecidas en las cunetas de nuestro país.  Por ello, la ARMH ha participado en 250 exhumaciones por toda España y seguirá trabajando para que nadie se quede sin identificar.

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Fotografía destacada: Fosa de ‘Los trece de Priaranza’, represaliados de la Guerra Civil, de la que se cumplen 20 años de su apertura / ICAL

Fuente:https://cadenaser.com/emisora/2020/10/17/radio_valladolid/1602939827_223225.html

 

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Destapando crímenes de lesa humanidad 80 años después en el cementerio de Guadalajara

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica trabaja estos días en la exhumación de una fosa común con 21 cuerpos en el cementerio de Guadalajara. Fueron asesinados en a principios de 1940, finalizada la Guerra Civil. Ya ha aparecido una docena de cadáveres.

elsaltodiario.com / Christian Martínez / 10/10/2020

Llevan más de una semana desenterrando a pico y pala el silencio de la represión franquista en el cementerio de Guadalajara. A varios metros de profundidad, con las caricias de un pincel retiran la tierra, devolviendo la memoria y la dignidad de los hombres asesinados y arrojados a la fosa común número 3 junto a la tapia del cementerio.

El 1 de octubre la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) comenzó los trabajos de exhumación de 21 hombres asesinados por el franquismo entre el 24 de febrero y el 9 de marzo de 1940. Tras excavar varios metros de profundidad ya han aparecido los restos de una docena de cuerpos. Fueron arrojados a esta fosa común justo al lado de otra en la que se encontraron los restos de Timoteo Mendieta y otros 50 represaliados, cuya exhumación fue posible gracias a un exhorto judicial de la llamada “querella argentina contra los crímenes del franquismo”. En esta ocasión ninguna administración ha puesto impedimento y los trabajos promovidos y sufragados por la ARMH, que se realizan a petición de una decena de familiares de víctimas.

Con curiosidad y prudencia una mujer que lleva colgando dos fotos antiguas de un represaliado se asoma a ver los trabajos de exhumación. Es María Ángeles Ortega, de Sacedón, un pequeño municipio de Guadalajara. Lleva viniendo varios días seguidos esperando que aparezcan los restos de Romualdo Puerto Ibarra, el abuelo de su cuñado Ángel. “A mi abuelo también le fusilaron y le enterraron aquí, pero en otra fosa común, la número 21. Ahí debe haber unos 600 cuerpos más, y como hace años ampliaron el cementerio y metieron las máquinas, sus restos deben de estar en el osario”, se lamenta.

ÁLVARO MINGUITO

El cuerpo de su abuelo Francisco Ortega Aranda es prácticamente irrecuperable. “A mi abuelo le asesinaron por venganza”, continúa María Ángeles. “Un hijo suyo, mi tío Cándido, era del Partido Comunista y se alistó con otros 16 jóvenes de Sacedón cuando estalló la guerra. Mi abuelo no había hecho nada, pero como su hijo se alistó con los republicanos y cuando terminó la guerra pudo escapar huyendo a Francia, mataron a su padre, a mi abuelo, solo por venganza”.

María Ángeles cuenta su historia familiar con voz triste y pausada. “El hermano de mi abuelo que era de Falange en Sacedón, intentó que no se lo llevaran a la cárcel, pero le amenazaron con llevárselo también a él preso, así que se calló para poder cuidar a sus cinco hijos y a sus sobrinos. Porque mi abuela también estaba en la cárcel. Le raparon el pelo y la dejaron encerrada tres años en combinación. Así se llamaba entonces a la lencería o a la ropa interior”.

Tras un largo silencio, un suspiro de alivio o esperanza. “Hoy me han dicho que puede que hayan encontrado a Romualdo, ahora hay que esperar a las pruebas de ADN y todo eso, pero en principio, ya está aquí”. En los próximos días tomarán muestras genéticas a una hija de Romualdo que vive en Francia y tiene 93 años.

VOLVER PARA MORIR

Romualdo Puerto Ibarra nació el 7 de febrero de 1903, en Sacedón, donde trabajaba de jornalero. Estaba casado y tenía tres hijos. “Estaba afiliado a la UGT, como casi todos los jornaleros de la época, pero como tenía a sus hijos no fue a la guerra ni se alistó. Pero terminando la guerra fue a Pareja, un pueblo cercano a Sacedón, donde había una reunión de la UGT. Al volver, un vecino les avisó que no entraran al pueblo, que huyeran, que los iban a matar. Así que ni entró, se fue a Francia con los demás”, relata Ángeles. “Cuando está casi llegando a la frontera salió un comunicado de Franco o algo así, que decía que si no tenían las manos manchadas de sangre, que no les iba a pasar nada y que podían volver a sus casas sin miedo. Algunos se quedaron en Francia, pero él tenía tres hijos y como no había hecho nada malo, volvió. Y el mismo día que llegó, cuando se echó a descansar llamaron a la puerta. Que venían a buscarlo y se lo llevaron preso a la cárcel de Guadalajara”.

El 1 de octubre la ARMH comenzó los trabajos de exhumación en Guadalajara. ÁLVARO MINGUITO

El 24 de octubre de 1939, mediante el juicio sumarísimo nº 2453/39, Romualdo Puerto Ibarra es condenado a muerte. Fue asesinado cinco meses después.

“Lo que hacen con ellos mientras están presos, no se sabe bien. Pero me contaron que les llevaban a trabajar con un saco lleno de piedras a la espalda, atado con una cuerda, como si fuera una mochila, solo para joderlos más. Les darían lo que fuera de comer, si les daban algo, y trabajaban para los ricos gratis y en esas condiciones”, continúa María Ángeles. El 8 de marzo de 1940, casi un año después de terminar la guerra, Romualdo fue ejecutado y enterrado, según el registro del cementerio, en la fosa 3 del cementerio de Guadalajara. Tenía 37 años.

La Guerra Civil había finalizado, pero la represión franquista no había hecho más que comenzar. El Foro por la memoria de Guadalajara cifra en 822 los cuerpos de víctimas fusiladas y enterradas tras la guerra en el cementerio de Guadalajara, pero podrían ser más de mil. Tras varias ampliaciones del cementerio, los restos de una fosa común con centenares de cadáveres fueron removidos y, hoy día, son prácticamente inidentificables.

ÁLVARO MINGUITO

Además, junto a la fosa número 3 en la que estos días trabaja la ARMH hay al menos otra docena de fosas comunes con aproximadamente 350 cuerpos. Están en el patio 4 y van a lo largo del la tapia del cementerio, donde aún hoy se pueden ver las huellas de los impactos de bala en el muro. La ARMH ha señalizado decenas de estos agujeros y pide que sean conservados.

MASA CRÍTICA PARA EXHUMAR MÁS FOSAS

“Una fosa llama a otra fosa”. Es la idea que repite Malena García, historiadora y la voluntaria encargada de las investigaciones de la ARMH, cada vez que alguien llega y pregunta si algún día podrán encontrar a sus familiares. A pesar de la pandemia no ha dejado de pasar gente, a cuenta gotas pero sin cesar, a visitar los trabajos de exhumación. Algunos son familiares de otros represaliados de otras partes de España. Otros son vecinos de Guadalajara que al enterarse han querido ver con sus propios ojos lo que llevaba 80 años enterrado y silenciado. “Tiene que haber una masa crítica para que se puedan exhumar más fosas, sobre todo las más granes. Tiene que haber más gente que reclamen a sus familiares fusilados”, dice Oscar, un jubilado voluntario de la ARMH que se encarga de fotografiar y documental cara paso que se da en la exhumación.

ÁLVARO MINGUITO

Entre la decena de voluntarios de la ARMH se encuentra Eugenio, que no deja de trabajar con un rictus melancólico que parece que mira al pasado. Es alto y callado, y no para de cribar la tierra que sacan de la fosa buscando con meticuloso cuidado restos de pequeños huesos o quizá algún botón. “Esto podrían ser falanges y esto pequeñitos huesos del cráneo, se nota por la porosidad del hueso, ¿ves?”, dice mientras aparta de la tierra cribada algunos trozos diminutos, que a simple vista solo parecen pequeños granitos de arena. “Los voy a dejar aquí para que los vean los que saben”.

ÁLVARO MINGUITO

Pero Eugenio ya sabe lo suficiente para poderlos distinguir. Su bisabuelo fue encontrado en la fosa de al lado hace unos años. Y en esta ocasión, aunque no tiene enterrado a ningún familiar, no ha querido dejar de colaborar con la asociación. Ha pedido dos semanas de vacaciones para echar una mano. “Lo hago por ayudar, porque creo que es lo justo, es lo menos que se puede hacer por quienes defendieron la libertad. Por poner mi pequeño granito de arena”, dice, mientras sigue buscando huesos, cribando tierra.

También se ha pasado por la exhumación Violeta Santos, acompañando a dos alumnas suyas, que han podido recibir una clase magistral de historia a pie de fosa. Esta maestra también tiene enterrado aquí a su tío abuelo, Jesús Barriopedro Santamaría, nacido el 14 de enero de 1917, en Mondejar, Guadalajara. Vivía en la de Loranca de Tajuña, en la misma provincia, era soltero y trabajaba del albañil. También militaba en el Partido Comunista y llegó a ser comisario delegado de Guerra durante la contienda.

ÁLVARO MINGUITO

Cuando terminó la guerra un grupo de franquistas y militares del ejercito golpistas fueron a buscarle a su casa, pero él no estaba. Registraron la casa e interrogaron a sus padres y hermanos, y se llevaron detenida a su madre para forzarle a que regresara. Jesús se entregó a los militares y lo llevaron preso a la cárcel de Pastrana. Después fue trasladado a la prisión militar de Guadalajara. Allí, el 22 de septiembre de 1939, fue condenado a muerte en juicio sumarísimo 819/39 por un delito de “adhesión a la rebelión con la concurrencia de agravante de perversidad social”.

ÁLVARO MINGUITO

El 24 de febrero de 1940 fue fusilado en la zona de “la Rambla” al otro lado de la tapia del cementerio. Tenía 23 años. Sus restos seguramente también se encuentren en esta fosa número 3 del cementerio de Guadalajara.

En la parte religiosa del cementerio, a escasos cien metros de donde trabajan los voluntarios en la exhumación, hay otra lápida, con el mismo nombre repetido tres veces: Esteban Esteban Esteban. Está identificado como presbítero, un líder religioso católico, que según varios testimonios era el cura que daba el tiro de gracia a los fusilados. César, que trabajó 35 años en el cementerios de Guadalajara y tiene a un abuelo y a un tío enterrados en fosas comunes allí mismo, cuenta que a este cura le llamaban ‘Seis dedos’. “Era manco de la mano derecha y llevaba siempre un guante negro”. Los forenses que vinieron cuando exhumaron la fosa 1 decían que por la trayectoria de la bala en los cráneos del tiro de gracia, el tirador era zurdo.

ÁLVARO MINGUITO

Encontramos su lápida con ayuda de María Ángeles. Está enterrado con otros religiosos y pone que murió a los 85 años, en 1982. “¿Y este moriría tranquilamente en la cama? Ya da igual”, se lamenta María Ángeles. Le duele recordar que aquel cura, participase o no en los fusilamientos, fue amnistiado cinco años antes de morir.

DEMÓCRATAS ANTIFRANQUISTAS

Para Emilio Silva, presidente de la ARMH lo más importante de estas exhumaciones y de la futura Ley de Memoria Democrática que se está redactando es “terminar con esta equidistancia, hay que acabar con esta confusión de guerra entre hermanos”, dice. “Nos gustaría que se llamara Ley de Memoria Antifranquista. Es en lo que hay que poner el dedo, en este país no te puedes llamar demócrata sin condenar el franquismo”, sentencia Silva.

Este mes la ARMH cumple 20 años trabajando en exhumaciones, y ya llevan más de 180 realizadas. Aún quedan más de 114.000 desparecidos, según documentó el juez Garzón, de los cuales, según el antropólogo forense Paco Etxeberría, que también ha visitado esta exhumación, aún se pueden recuperar los restos de unos 20.000 represaliados ,ya que el resto serían inidentificables.

Aunque Silva y Etxeberría han discrepado recientemente sobre el redactado de la futura ley, ambos coinciden que para que la memoria histórica no se quede otra vez en la cuneta, debe ser el Estado el responsable de realizar este trabajo y así garantizar que haya verdad, reparación y justicia.

CHRISTIAN MARTÍNEZ

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Fotografía destacada: Álvaro Minguito

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/destapando-crimenes-lesa-humanidad-80-anos-despues-cementerio-guadalajara

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