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La victoria de las ‘mujeres de negro’ sobre 40 años de franquismo en La Barranca

Las viudas de 400 personas asesinadas por los franquistas custodiaron durante cuatro décadas las tres fosas comunes donde yacían, en Lardero, La Rioja.

Conocidas desde entonces como las mujeres de negro, lograron doblegar al régimen franquista y convertir el lugar en un cementerio civil desde el año 1979.

El Memorial La Barranca cumple 40 años de homenaje a las víctimas del terror en tierra riojana, una región sin guerra donde los golpistas dejaron 2.000 ejecutados.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 15-07-2019

Las mujeres de negro velaron los cadáveres de 400 personas asesinadas por los franquistas. Muchos eran sus maridos. Custodiaron la memoria de los suyos durante 40 años de dictadura, logrando que nadie tocara las tres fosas comunes de Lardero (La Rioja) donde fueron arrojados. Y en 1979 convirtieron el lugar en cementerio civil. Hoy es el Memorial La Barranca.

El conjunto monumental es uno de los mayores memoriales de España dedicado a las víctimas de los golpistas en la guerra civil. Cumple cuatro décadas como camposanto y forma parte del patrimonio de la Comunidad Autónoma desde 1980, gestionado por el Gobierno de La Rioja en colaboración con la Asociación para la preservación de la Memoria Histórica en La Rioja ‘La Barranca’, que custodia el memorial.

El barranco de Barrigüelo, a unos cinco kilómetros de Logroño, fue usado por los golpistas para enterrar los cuerpos de una quinta parte de las 2.000 que ejecutaron en la región. Aunque en La Rioja no hubo guerra. Apenas resistencia al fracasado golpe de Estado que provocó la guerra civil.

En aquel campo trazaron las fosas comunes plagadas de muerte. De la pedagogía del terror aplicada en masa por los rebeldes hasta finales de 1936. Ahora, La Barranca es un paraje de recogimiento familiar. De recuerdo íntimo. De Memoria colectiva con mayúsculas. Una tierra que guarda la victoria de las ‘mujeres de negro’ sobre 40 años de franquismo.

Las tres fosas comunes de Lardero. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Todos los nombres de La Barranca

Varios carteles cuentan en las paredes de La Barranca cada uno de los nombres de las víctimas riojanas. ‘A las Mujeres de Negro, 75 años después’, reza la placa del monumento de homenaje a las viudas de los republicanos asesinados por los fascistas. Fue inaugurado el uno de noviembre de 2011. Un Día de Todos los Santos.

‘Los pueblos que olvidan su Historia están condenados a repetirla’, señala otro póster. Todo es recuerdo. Memoria. ‘No hay nada en el mundo que haga olvidar una injusticia’, dice una frase escrita sobre una bandera republicana.

El memorial también muestra un enorme mapa de España. Es el original que los golpistas colocaron en la plaza de toros de Logroño –usada como cárcel– para restregar a los presos republicanos el avance de las tropas fascistas. Ahora, vencer la cartografía del olvido es una de las tareas de las familias de La Barranca.

“No se puede estar”, decían los franquistas

“Aquí no se puede estar”, afeaban las autoridades franquistas a las ‘mujeres de negro’. “Pues estamos”, respondían ellas. Las viudas acudían “casi a diario” a custodiar las fosas comunes donde yacen 400 víctimas. De esta forma, a pie de fosas, empieza a narrar la historia Jesús Vicente Aguirre.

“Que no se puede estar”, reprendían los uniformados. “Estamos”, sostenían las mujeres. Y así un día tras otro. Un año tras otro. Hasta que las dejaron por imposibles. Por conseguidoras de lo improbable.

El conjunto momunental es hoy un cementerio civil. | JUAN MIGUEL BAQUERO

“Estas familias se dedicaron a cuidar este lugar”, continúa Aguirre, autor de varios libros sobre la represión en La Rioja, como Aquí nunca pasó nada –con mil páginas y la historia de dos mil represaliados– y la novela Lo que pasó.

Las ‘mujeres de negro’ guardaron la tierra que da cobijo a sus seres queridos y esa parcela de la finca, desde entonces, nunca se sembró. Las tumbas quedaron intactas. La Barranca nació así como recuerdo “digno” a las víctimas del terror franquista. “Un espacio de convivencia y esperanza” destinado “a que estas cosas no vuelvan a ocurrir”.

Las 300 llaves de La Barranca

Un cartel en la entrada indica: “Si quiere conocer esta fosa común llame a los teléfonos…”. Y ahí están los números en los que responden Paco, Ángel o Ricardo. “Siempre hay alguno de guardia”, tercia el presidente de la asociación, Ricardo Blanco. “Sea a la hora que sea y el día que sea”, certifica.

La Barranca, memoria de La Rioja. | JUAN MIGUEL BAQUERO

“Y eso que tenemos repartidas más de 300 llaves”, continúa. Porque La Barranca “está abierta a todo el mundo”. Incluso hay descendientes de las víctimas que depositan las cenizas de sus familiares cerca de las fosas. Quizás en las zonas ajardinadas. Algunas pequeñas placas, alguna banderas republicanas chiquitas, marcan nuevos lugares de reposo eterno. Quizás.

“No sabemos si es legal”, cuestiona un integrante del colectivo. “Claro, nadie los ve”, sonríe otra voz. Y quién podría decir que no. Con qué legitimidad, asienten. “¿A alguien le gustaría estar aquí cuando le toque?”, pregunta una mujer. Muchos alzan la mano, voluntarios.

Como una chica joven, ataviada con un bolso rojo, alumna de los Cursos de Verano de la Universidad de La Rioja. El seminario está organizado por la Asociación La Barranca y cumple su tercera edición con el título ‘Historia, Medios de comunicación y Legislación después de la Transición. 2019: 80 años del exilio’. La cita incluye una visita al memorial.

El espacio acoge, además, diversos homenajes a lo largo del año, como cada 14 de abril con motivo del aniversario de la Segunda República. O visitas de centros educativos. Hacer pedagogía de los Derechos Humanos con el alumnado, dicen, es sembrar cultura de paz. Y La Barranca se ha convertido en una plaza para la verdad, la justicia, la reparación y garantías de no repetición. Todo, con el recuerdo latente de la victoria de las ‘mujeres de negro’ sobre 40 años de franquismo.

Ataques nazis a la Memoria

El Memorial La Barranca ha sufrido la embestida de la extrema derecha. El cementerio civil apareció dos veces con pintadas nazis y fascistas. Sendos ataques fueron un 14 de abril, el día que se celebra la proclamación de la Segunda República española.

El primero, en 2016. Esvásticas y simbología neonazi cubrían lápidas y el mapa de los presos republicanos. La pintura blanca alcanzó también el monumento a las damas de negro. Las pintadas de apología franquista rezaban “Pasamos y pasaremos”, en réplica al lema antifascista “¡No pasarán!”. La Asociación La Barranca denunció los hechos ante la justicia como un “doble ataque contra el patrimonio y contra la memoria de las víctimas, así como enaltecimiento del terrorismo”.

Dos años después, volvió a suceder. El 87 aniversario de la II República quedó teñido con más ignominia. Sobre un pequeño tejado de los que tapa las fosas comunes podía leerse “Arriba España”. Los carteles con los nombres de los más de 2.000 riojanos asesinados estaban mancillados con cruces celtas, símbolo usado por organizaciones ultraderechistas y frases nazis. Y, en la diana, siempre las Mujeres de negro.

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Fotografía destacada: Monumento a las ‘mujeres de negro’ en el Memorial La Barranca. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/Memorial-Barranca-victoria-mujeres-franquismo_0_919009097.html

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Piden al Gobierno una declaración institucional de condena del 18 julio de 1936

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha registrado ante la presidencia del Gobierno la petición como reconocimiento a las víctimas de la dictadura franquista

diario16.com / Eva Maldonado / 16-07-2019

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha registrado ante la presidencia del Gobierno una petición para que el próximo 18 de julio lleve a cabo una declaración institucional de condena del 18 de julio de 1936 como reconocimiento a las víctimas de la dictadura franquista y condena a las consecuencias del fascismo.

El próximo 18 de julio se cumplirán 83 años desde que un grupo de militares y civiles fascistas decidieron asaltar el poder mediante el uso de la violencia por no respetar los resultados de unas elecciones democráticas celebradas en febrero de 1936.

Como consecuencia del golpe de Estado, se desató una guerra con la que desarrollaron un plan, que llevaba diseñado meses antes, para exterminar a decenas de miles de civiles adversarios y allanar el camino para establecer un régimen mono político en el que solo las ideas del dictador, y su mandato, concentraran el poder absoluto en nuestro país.

Mediante ese largo, profundo y terrorífico uso de la violencia, se estableció una dictadura de 40 años, que arrebató los derechos a millones de ciudadanos, convirtió a las mujeres en ciudadanas de tercera clase, persiguió a los homosexuales y a las lesbianas como enfermos psiquiátricos y delincuentes sociales, y condeno a nuestra sociedad a un atraso secular sin olvidar los cientos de miles de personas que tuvieron que escapar del país para salvar sus vidas y morir lejos de sus seres queridos.

Para sumar todo ese sufrimiento social, emocional y político a nuestro patrimonio de los Derechos Humano, queremos solicitarle al Gobierno de España que el próximo jueves lleve a cabo una declaración institucional, que bajo el lema “18 DE JULIO NUNCA MÁS”, condene la dictadura franquista y respalde a sus víctimas con las que el Estado democrático recuperado tras la dictadura franquista guarda una enorme deuda que está muy lejos de ser saldada.

Cuando en los años 30 del pasado siglo, durante el periodo de la Segunda República, los hombres y las mujeres votaron con sufragio universal, llevando al gobierno a partidos de diferente ideología, nuestra sociedad conoció por primera vez una democracia y un desarrollo político, cultural y educativo sin precedentes.

Cuando en Europa la sombra renovada del fascismo penetra en los parlamentos y en las instituciones es necesario recordar y condenar lo que supuso el ascenso del fascismo al poder y el enorme daño que causó a la sociedad.

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Fuente: https://diario16.com/piden-al-gobierno-una-declaracion-institucional-de-condena-del-18-julio-de-1936/

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Informe Navasqüés: el documento que prueba que Franco dio refugio a jerarcas nazis en España

El diplomático franquista Emilio de Navasqüés, tío abuelo del alcalde de Madrid José Luis Martínez-Almeida, eludió la petición del Consejo de Control Aliado para repatriar a todos los hombres de Hitler que se escondieron en nuestro país durante la Segunda Guerra Mundial

diario16.com / José Antequera / 08-07-2019

Emilio de Navasqüés y Ruiz de Velasco (1904-1976) fue un destacado diplomático español al servicio de Franco que dejó algunas páginas ciertamente interesantes para la historia durante el final de la Segunda Guerra  Mundial. Navasqüés, tío abuelo del actual alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, fue el responsable de que un buen puñado de jerarcas y espías nazis consiguieran escaparan de los aliados, que al término de la contienda exigieron la extradición de todos aquellos sospechosos de haber pertenecido al Tercer Reich. Y es que la supuesta neutralidad del Caudillo durante la contienda mundial sirvió, entre otras cosas, para que España se convirtiera en un tranquilo oasis de paz y refugio para altos mandatarios del nazismo.

Nacido en Madrid, Emilio de Navasqüés​ ingresó en la carrera diplomática española en 1929 y ocupó, entre otros cargos, el de cónsul general en Tánger (1934-1935) y el de embajador español en Buenos Aires (1950-1951), Roma (1958-1959) y Lisboa (1972-1974). Entre 1950 y 1972 fue director de la Escuela Diplomática.

Navasqüés llegó a ejercer como director general de política económica del Ministerio de Asuntos Exteriores y fue el encargado de negociar con las potencias aliadas el destino del importante patrimonio alemán acumulado en nuestro país al término de la Segunda Guerra Mundial. Desde ese puesto de responsabilidad, el alto funcionario elaboró un informe confidencial en el que recomendaba no entregar a los aliados a un buen puñado de contactos y agentes nazis que pululaban por tierras españolas. Fue así como se sospecha que muchos criminales de guerra lograron huir o permanecer ocultos en España durante largos años.   ​

La historia del “informe Navasqüés” comenzó cuando Estados Unidos envió a España un listado de eminentes cargos del Tercer Reich reclamados por el Consejo de Control Aliado en 1947. La primera lista fue confeccionada a partir de 1945 y presentada al Gobierno franquista ese mismo año. Constaba de 11 folios escritos a máquina y en lengua inglesa. El documento, bajo el sencillo título de Lista de repatriación, fue redactado por los servicios de espionaje aliados (principalmente agentes de Estados Unidos, Francia y Reino Unido) y remitido a Franco con el fin de reclamarle la expulsión de todos ellos y su entrega inmediata a la nueva Alemania.

En aquel listado con más de un centenar de nombres había jerarcas del nazismode la talla de Karl Albrecht, amigo personal de Adolf Hitler y presidente de la Cámara de Comercio Alemana en Madrid; ​Hans Becker Wolf, representante del Nationalsozialistische Volkswohlfahrt (NSV) en Barcelona; Wilhelm Beisel Heuss, jefe del Partido Nazi en San Sebastián y delegado de propaganda para el norte de España; y Johannes E.F. Bernhardt, el gran empresario del grupo Sociedad Financiera Industrial (Sofindus), general de las SS, contacto de Hermann Göringen España y uno de los hombres fuertes de las finanzas del Tercer Reich. Se sabe que Navasqüés llegó a negociar personalmente con este industrial la entrega de los bienes del grupo Sofindus ordenada por las potencias ganadoras de la guerra.

El 4 de marzo de 1948, poco después de que el Gobierno español recibiera el listado del mando aliado, Emilio de Navasqüés redactó el pertinente informe dirigido a la atención de Alberto Martín Artajo, ministro de Asuntos Exteriores durante la dictadura franquista, en el que dividía a los 104 alemanes residentes en España y sospechosos de pertenecer al Partido Nazi en tres categorías. Además, el director general formulaba distintas recomendaciones sobre la conveniencia o no de su entrega a los aliados, según publicó el periodista José María Irujo en un extenso artículo publicado el 11 de mayo de 1997 en el diario El País.

En la primera categoría del informe, Navasqüés incluía a 26 personas bajo el calificativo de “agentes profesionales del servicio de espionaje alemán o similares”. El funcionario de Franco recomendaba que todos ellos fuesen entregados a los aliados. En un segundo bloque se agrupaba a otras 36 personalidades sobre las que Navasqués opinaba que “no había datos suficientes” de su pertenencia al Gobierno de Hitler, aunque dio margen de maniobra al ministro Artajo para que él mismo decidiera las que debían ser entregadas a los norteamericanos.

En la tercera categoría figuraban 39 personas más que “de ninguna manera” debían ser repatriadas porque su historia interesaba “a la economía nacional” de España o merecían por parte de las autoridades españolas “una especial consideración”. En este último grupo se encontraban directores de grandes empresas alemanas como Merck, IG-Farben y Sofindus, el importante holding germano formado por 16 firmas y presidido por el ya citado Johannes Bernhardt, el general de las SS que figuraba en el número 7 de la lista de perseguidos por los aliados.

Bernhardt, el todopoderoso ejecutivo de Sofindus −un conglomerado de empresas de la Alemania del Tercer Reich−, trabajó en España durante toda la Guerra Civil y hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. De hecho, llegó a acumular un gran número de empresas filiales con las que ayudó a financiar el golpe militar de Franco.

Bernhardt −afincado en el Marruecos español desde 1929− había montado Sofindus en noviembre de 1938 en Lisboa. Para ello se había servido de un capital valorado en dos millones y medio de pesetas de la época. Por entonces, el industrial ya había fundado la Sociedad Hispano-Marroquí de Transportes (Hisma), una empresa fantasma encargada de servir como tapadera para el tráfico de armas destinadas al bando franquista. Hisma (en alemán Hispano-Marokkanische Transport-Aktiengesellschaft) fue constituida el 31 de julio de 1936 en Tetuán, es decir, a los pocos días del alzamiento nacional que dio paso a la sangrienta Guerra Civil. Controlada por el Partido Nazi gracias a Johannes Bernhardt, esta compañía iba a desempeñar un papel clave en el contienda española, ya que pasó toneladas de material bélico al bando nacional.

Con la creación de Hisma se pretendía que el trato comercial de Bernhardt con Franco fuera lo más discreto posible, aunque a medida que avanzó la guerra las actividades de la empresa fueron haciéndose cada vez más oficiales y públicas. Avanzada la guerra, Hisma se integró en la Sociedad Financiera Industrial (Sofindus), consorcio de empresas alemanas que acabaría monopolizando el comercio exterior español. La Hisma-Sofindus continuó con sus operaciones tras estallar la Segunda Guerra Mundial, canalizando el suministro de materiales hasta el fin de la contienda que terminó con la derrota de Hitler. ​

Sofindus, que tuvo su sede central en el número 1 de la avenida del Generalísimo de Madrid, contaba en 1939 con delegaciones en ocho ciudades españolas y con una plantilla de 260 empleados −la mitad de ellos españoles−. Para entonces poseía catorce filiales a cargo de diversas actividades −transportes, minería, maquinaria, cueros, vino y frutas−. La mayor parte del capital era alemán, aunque los nazis se sirvieron de una red de testaferros españoles para cumplir con la legislación española de la época, que establecía un límite del 25% para capitales extranjeros. Si bien este conglomerado empresarial estuvo controlado parcialmente por la administración franquista, Sofindus se encontraba subordinada a la dirección de otra compañía, Rowak, y recibía todos sus fondos económicos de Alemania.

Durante la Segunda Guerra Mundial el grupo Sofindus registró una intensa actividad en el comercio hispano-alemán, aunque también desarrolló otro tipo de actividades. Así, en agosto de 1941 creó la compañía Transcomar −acrónimo de Compañía Marítima de Transportes−, que mediante mercantes con bandera neutral española lograría transportar 125.000 toneladas a las fuerzas del Eje en el Norte de África entre 1941 y 1942. En marzo de 1943 fundó otra filial, la compañía Somar, encargada de la adquisición de fluorita y wolframio, minerales de gran valor estratégico para la industria bélica nazi. Más adelante, en 1944, Sofindus participó en el contrabando de suministros a las guarniciones alemanas que habían quedado aisladas en la costa atlántica francesa tras el desembarco de Normandía. Se cree que en una ocasión Bernhardt intervino en la adquisición de un cargamento médico de penicilina que los aliados habían enviado a España y que él desvió a Alemania. El empresario alemán mantuvo unas estrechas relaciones con Francisco Franco, quien le hizo un buen regalo personal una vez terminada la Guerra Civil: más de 1,4 millones de pesetas.

Las actividades de Bernhardt y Sofindus no solo supusieron una gran preocupación para los aliados, sino que también provocaron las protestas de algunas compañías alemanas en España por su posición monopolística. La historia del jerarca nazi acabó con el final de la Segunda Guerra Mundial. En octubre de 1945 las autoridades franquistas, apoyadas por el informe Navasqüés, acordaron con las autoridades británicas, francesas y estadounidenses que el patrimonio y los activos de Sofindus fueran puestos bajo control de las potencias aliadas.

Sin embargo, Franco dio orden de proteger a ese empresario fiel que le había ayudado a ganar la guerra y se mantuvo firme frente a las presiones de los aliados. Incluso le acabó concediendo la nacionalidad española en 1946. Bernhardt nunca fue deportado. De nada sirvió el informe Navasqüés. Durante los años de posguerra el jerarca alemán residió en Denia, donde pasó casi desapercibido. Fue uno más de los muchos nazis que gozaron del soleado balneario español franquista. Se sabe que en 1953 se trasladó a Sudamérica,​ instalándose en Argentina, donde siguió manteniendo diversos negocios. Falleció en Múnich en 1980 aunque misteriosamente se ha conservado una lápida con su nombre en el Cementerio Civil de Madrid. De cualquier forma el jerarca nazi vivió un retiro dorado. Otro criminal de guerra que se iba de rositas. El “Informe Navasqüés” había cumplido a la perfección con su cometido: dar cobijo y amparo a los señores del nazismo.

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Fotografía destacada: Franco con varios jerarcas nazis. El segundo por la izquierda es Bernhardt.

Fuente:https://diario16.com/informe-navasques-el-documento-que-prueba-que-franco-dio-refugio-a-jerarcas-nazis-en-espana/

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Una gran muestra pionera en España ‘removerá’ el franquismo y sus consecuencias este sábado en las calles de Torrelavega

eldiariocantabria.es / Javier Lezaola / 02-07-2019

La muestra Removiendo, organizada y realizada por la torrelaveguense Asociación Cultural Octubre, pretende remover las cuatro décadas de franquismo y sus consecuencias este sábado, 6 de julio, en las calles más céntricas de Torrelavega. Pionera –probablemente se trate de la mayor exposición sobre memoria histórica realizada en España–, Removiendo sólo estará un día, pero estará desde las diez de la mañana hasta las diez de la noche y comenzará en el boulevard Demetrio Herrero –delante del Ayuntamiento de la capital del Besaya–, continuará en la calle Serafín Escalante y finalizará en la calle Consolación, y a las siete y media de la tarde la Plaza del Sol acogerá un concierto acústico de Lucía Socam y un recital poético de Silvia Delgado. “Pretende remover conciencias y hacer reflexionar, va a ser impactante”, asegura Aris Rosino, el artista que está detrás –junto al resto de Octubre– de esta muestra compuesta por ocho montajes artísticos simultáneos: RecuperandoDesconocidoVidas robadasAl albaImpunesLa procesión del ultrajeRecuerda y Sin voz. “Cada uno de ellos está relacionado con una temática concreta de la represión franquista”, avanza Rosino, que insiste en que la exposición está realizada “con todo el respeto hacia las víctimas y sus familias, que son los verdaderos protagonistas de la muestra”.

¿Por qué aún hoy se archivan denuncias sin investigación alguna, negándose a juzgar los crímenes del franquismo?

Remover –tan relacionado con agitar, hurgar, revolver, cavar, escarbar…– es hacer que un tema detenido o abandonado “se ponga de nuevo de actualidad o en funcionamiento”, y es lo que pretenden los miembros de Octubre con Removiendo, que aborda un tema que efectivamente los “remueve por dentro”: la memoria histórica y las consecuencias que la posguerra y el franquismo –la guerra civil finalizó hace 80 años y el franquismo duró 40 años– tuvieron para la población, gran parte de la cual padeció “hambre, miseria, detenciones masivas, torturas, vejaciones, trabajos forzosos, encarcelamientos en campos de concentración o en cárceles, paseos, sacas, ejecuciones, depuraciones profesionales, incautaciones de bienes… y un silencio que se ha prolongado hasta hace muy pocos años”. Preguntas como por qué “tanta violencia con la guerra ya finalizada y en pleno dominio del país por el bando franquista”, cómo “se instauró el silencio” y “se cerró la boca de millones de españoles” o por qué “aún hoy se archivan denuncias sin investigación alguna, negándose a juzgar los crímenes del franquismo” están detrás de Removiendo, que pretende “dar voz” a la memoria y “recuperar y divulgar” la experiencia de las víctimas del franquismo, pues “el miedo y el paso de los años están sepultando la posibilidad de recuperar un inmenso caudal de recuerdos y testimonios de aquella época”.

Para Octubre, la cultura “se labra y se construye a partir del recuerdo compartido, de la memoria colectiva, de la historia de las personas que la conforman”, por lo que “silenciar y ocultar parte de nuestra historia, parte de la memoria” sólo puede dar como resultado “una cultura maquillada, disfrazada, falseada”. Por eso Removiendo también es “un trabajo de estudio y análisis” sobre esa historia ocultada y “una forma de protesta creativa”. “Salimos a las calles para representar esa historia y compartirla; nos apoyamos en el arte para transmitir ideas, para provocar reacciones, para remover conciencias, para desvelar lo que ha sido enterrado, tapado y silenciado”. En definitiva, lo que pretende Octubre es “remover el pasado” para “conocer y entender nuestra historia, la que se nos está negando”. Porque sólo acabando con esa ocultación y rompiendo ese silencio “podremos encontrarle un sentido al presente que vivimos y construir nuestro futuro más libremente”.

“Va a costar menos sacar a Franco del Valle de los Caídos que sacar al franquismo de la cabeza de algunos jueces”

“Va a costar menos sacar a Franco del Valle de los Caídos que sacar al franquismo de la cabeza de algunos jueces”, ironiza Rosino, que recuerda que este sábado estará en Torrelavega una delegación de la leonesa Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, surgida a raíz de la exhumación –en el año 2000 en la localidad leonesa de Priaranza del Bierzo– de una fosa común en la que se encontraban los restos de 13 civiles republicanos asesinados por un grupo de falangistas el 16 de octubre de 1936. Otros activistas de la memoria histórica como Antonio Ontañón –presidente de Héroes de la República y la Libertad–, Marisol González –delegada en Cantabria de Archivo Guerra y Exilio– o miembros de Desmemoriados también han colaborado con Octubre para hacer posible Removiendo.

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Fotografía destacada: Exhumación de una fosa común con víctimas mortales de la represión franquista | ARMH

Fuente:https://www.eldiariocantabria.es/articulo/memoria/gran-muestra-pionera-espana-removera-franquismo-consecuencias-sabado-calles-torrelavega/20190702183111061958.html

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“Marxistas, propagandistas y provocadoras”: el asesinato de 16 mujeres y 5 hombres de Zufre

El fatídico 4 de noviembre de 1937, entre las diez y las once de la mañana, se produce el fusilamiento de 16 mujeres y 5 hombres, en el pueblo onubense de Higuera de la Sierra. La historia de su muerte está llena de incógnitas, aún pendientes, cuando más de 68 víctimas iban ante el pelotón y de repente una orden superior frenó parte de los asesinatos.

publico.es / María Serrano / 30-06-2019

Amadora Guerrero Duque recuerda los zapatos pequeños, casi de niña, que había en su trastero cuando era apenas una cría. “Parecían los tacones sacados de una película, de punta redonda y que brillaban por sí solos”. Amadora corría sin descanso por el trastero de la vivienda sin saber que aquellos viejos tacones pertenecían a su bisabuela, con el mismo nombre, Amadora Domínguez Labrador, fusilada el 4 de noviembre de 1937 en el pueblo de Higuera de la Sierra (Huelva). Con ella fueron asesinadas 15 mujeres más y 5 hombres. La biznieta de Amadora encontraría, al lado de aquellos tacones desmoronados, una mantilla que sí se ha podido salvar después de casi cien años de vida. “Eran uno de los pocos objetos que pudieron rescatar de mi bisabuela después de saquear su casa cuando la llevaron presa”.

Amadora es una de las descendientes de las 21 víctimas que fueron cruelmente asesinadas aquella fatídica mañana del 4 de noviembre de 1937, en el municipio de Higuera de la Sierra, procedentes de la prisión de Zufre. A tan solo 12 kilómetros de distancia. El Ayuntamiento de Higuera, y su alcalde Enrique Garzón Álvaro ya han dado luz verde al permiso del inicio de la exhumación en el cementerio durante las próximas semanas, tras el presupuesto que había aprobado la extinta Dirección General de Memoria Democrática de la Junta de Andalucía en 2018.

Amadora lloraba al ver a su hija correr sin descanso porque no lograba alcanzar aquel camión de la muerte

La hija de Amadora tenía solo 13 años cuando vio por última vez a su madre. “Mi abuela María Dolores fue a llevarle un mantón la misma mañana que las montaron en el camión”. Su biznieta cuenta hoy a Público como Amadora lloraba al ver a su hija correr sin descanso porque no lograba alcanzar aquel camión de la muerte que nunca le devolvió con vida a su madre. “Se echó las rodillas abajo y no pudo llegar a tiempo. Cuando su padre fue encarcelado y su madre asesinada, mi abuela y mi tío abuelo tuvieron que ser criados entre vecinas que poco a poco fueron sacándolos adelante”. Amadora Domínguez Labrador era conocida con el apodo de “La Pasionaria”, y tenía 40 años de edad. En su declaración ante el juez de Aracena negó “haber pertenecido a ningún partido ni sindicato, así como haber ayudado a los huidos o tener algún familiar fugitivo”.

El rastro de sus vecinas, fusiladas entre las diez y las once de la mañana de aquel 4 de noviembre han quedado registradas en los anexos de los Consejos Sumarísimos de Urgencia. Y respondían a los nombres de Remedios Gil Cortés (56 años), Mariana Sánchez Vázquez (51 años), Amadora Sánchez González (52 años), Encarnación Méndez Díaz (56 años), Bernabela Rodríguez Ruiz (40 años), Dominica Rodríguez Ruiz (42 años), Elena Ramos Navarro (55 años), Alejandra Garzón Acemel (62 años), Teodora Garzón Núñez (45 años), Modesta Huerta Santos (29 años), Felipa Rufo Alcaide (39 años), Antonia Blanco Prieto (53 años), Josefa Labrador Arroyo (40 años), Faustina Ventura Sánchez (72 años), Carlota Garzón Núñez (47 años), José Mallofret Domínguez (38 años), Francisco Cerca Rodríguez (42 años), Manuel Suárez Durán (58 años), Marcelo Brito Cortés (55 años) y Manuel Muñoz Navarro (71 años).

Todas fueron víctimas de uno de los días más sangrientos de la represión fascista en Andalucía. De aquella jornada se conoce también que ocurrieron los fusilamientos de las conocidas 17 rosas de Guillena en la provincia de Sevilla. La declaración de bando de guerra dejó aquellos pueblos sembrados de terror. Hoy muchos vecinos aún recuerdan los hechos y vejaciones que sufrieron sus víctimas.

Pero ¿qué se conoce de aquellas mujeres de Zufre? Francisco Espinosa y José María Márquez relatan en su libro La desinfección del solar patrio, como una de las mujeres más jóvenes era Modesta Huerta Santos. “Con 29 años de edad, es ya viuda porque su marido, Calixto Garzón Movilla, que fue fusilado en los primeros meses de la ocupación de Zufre. El cuñado que tiene fugitivo es una de las “piezas” más codiciadas de los sublevados: Valerio Garzón Movilla, escondido en un majano los tres años de Guerra Civil”. Alejandra Garzón Acemel, de 62 años, de estado civil casada, “nunca había pertenecido a ninguna organización obrera, tenía dos hijos y un yerno fugitivos”. Era una de las más mayores”.

El alcalde Gregorio Garzón Labrador y el jefe local de Falange Víctor Macías Bejarano acusaron a cinco de aquellas mujeres de “marxistas, propagandistas y provocadoras”, considerándolas capaces de dar víveres a los fugitivos. A todas ellas las tildaron como “marxistas destacadas, propagandistas; añadiendo que según rumores en la casa de Remedios Gil Cortés ensayaban las coplas marxistas de las Juventudes Socialistas” a la que pertenecían la mayoría.

En Zufre solo se fusila a 21 personas y no a 68

Un libro inédito, sacado recientemente a la luz, 4 de noviembre: Una historia (des)narrada de la Guerra Civil en Zufre habla de aquella jornada sangrienta. Y narra el reflejo de las dos versiones, los días vividos en paralelo entre los dos pueblos vecinos de Higuera y Zufre. Raquel Almodóvar, doctoranda en Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla se ha adentrado, desde el punto de vista local, durante más de dos años de investigación, en un relato que no deja de despertar nuevas incógnitas. “Las historias que he podido rescatar son increíbles. Maridos que vieron fusilar a sus esposas, hermanos a sus propias familias”. La investigadora narra como “Luis Padilla Garzón vio como fusilaban a su esposa, Antonia Blanco Prieto o también se conoce el caso del fusilamiento de las hermanas Bernabela y Dominica Rodríguez Ruiz”.

Acusaron a cinco de aquellas mujeres de “marxistas, propagandistas y provocadoras”

Lo más impactante de la investigación de Almodóvar es que “más allá que se fusilarán a 16 vecinas y 5 vecinos, es que iban a ser fusiladas 68 personas, casi la totalidad de las personas que he demostrado se encontraban en la cárcel de Zufre aquel 4 de noviembre de 1937.” Estos datos se pueden conocer por el archivo carcelario de Aracena (el de Zufre se quemó en un incendio). “Con esta documentación he constatado que, como mínimo, había 70 personas aquel día. Veinticinco zufreñas y 43 zufreños (68 en total). Dos serían finalmente puestas en libertad por ser familias de derechas”.

Raquel también destaca la historia de uno de aquellos fusilados, Manuel Muñoz, del que apenas se conoce la historia. “Era calero y su trayectoria anticaciquil es la que le lleva a la fosa. Manuel era uno de los propietarios agrícolas progresistas del pueblo”. Su hermano, veinte años mayor que él, también va en uno de los camiones el día 4 aunque no es fusilado y sí testigo del fusilamiento de su hermano”.

¿Por qué paran los fusilamientos?

Raquel Almodóvar ha podido ir recopilando en su trabajo de campo la historia inédita de una “una zufreña, hermana de una de las 25 zufreñas que van en el camión que está sirviendo en la casa de un alto cargo de la nueva estructura de poder surgida tras la ocupación militar de Andalucía occidental en Santa Olalla del Cala” (pueblo muy cercano a Zufre). Almodóvar cuenta que “este caballero se encuentra reunido en el salón de su casa con otro caballero repasando la lista de los 68 que van a ser fusilados”. Mientras repasan la lista en voz alta, la sirvienta de Zufre escucha cómo su hermana forma parte del pelotón. Entra en pánico y ellos llaman a Higuera de la Sierra para parar los fusilamientos, pero ya han fusilado a 21 personas. Es una anécdota que marca la historia de este fusilamiento, aunque “ha sido un testimonio imprescindible para desenmarañar la complejidad que envuelve a los sucesos del 4 de noviembre en Zufre”.

Gracias al Juez que instruye las causas de los 68 zufreños conocemos las identidades de “las 21 personas fusiladas, pero también la fecha, hora y el lugar”. ´Éste solicitó a Novoa Viadero, Cabo Comandante de la Guardia Civil de Zufre, esta información mediante oficio. Por tanto, “el Cabo, no podía desatender el mandato del Juez. Esta información el propio Juez la incorpora al expediente de los Consejos de Guerra de los 21 fusilados”. Sin embargo, el Juzgado de Zufre inscribe solo parte de los asesinatos. “Se escribieron 6 durante la Guerra Civil y tres en los años 80”.

Una intervención aprobada desde 2018

La intervención arqueológica, coordinada por los arqueólogos Elena Vera y Jesús Román y el antropólogo Juan Manuel Guijo, señala que el informe de la Junta sitúa el enterramiento “dentro del antiguo cementerio de Higuera de la Sierra. La fosa se encuentra entrando por la puerta principal, enfrente y hacia la izquierda hay una zona rectangular de setos muy altos”.

Guijo ha destacado a Público que la morfología del esqueleto podrá determinar en poco tiempo y al, inicio de los trabajos, la naturaleza de los restos, así como al tratarse de un contexto cerrado, una aproximación de la edad en la que fueron asesinadas para poder identificar a las víctimas. “Solo esperemos que la tierra ácida donde están enterradas y las raíces de los setos que están sembrados encima de la fosa no hayan deteriorado mucho los restos”.

El Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía de CGT-A (RMHSA) fue quien solicitó la exhumación en febrero de 2018 a la Dirección General de Memoria Democrática, para la actuación en la fosa. La solicitud fue registrada para que se llevara a cabo un “proceso de intervención que debería pasar por la investigación, localización, exhumación e identificación de los restos de las mujeres y hombres fusilados, ante el muro del viejo cementerio, donde aún se pueden ver los impactos de bala en la reja”, apunta el coordinador Cecilio Gordillo.

La Consejería de Cultura ha inicio de los trabajos que había pendientes desde la anterior Dirección General de Memoria Democrática El Gobierno andaluz del PP y Ciudadanos no ha dejado de incluir las partidas destinadas a exhumaciones que la citada Dirección dejó asignadas en el anterior gobierno socialista.

En el libro de Espinosa Maestre y García Márquez La desinfección del solar patrio, se muestra el Consejo y parte de sentencia. En ella se destacan, las peores calificaciones hacia estas mujeres, describiéndolas de “fieras humanas sin Dios, sin Patria, sin Ley, sin familia, porque ni a ella la quieren, el que suscribe, considerándolas autoras de delito tan gravísimo, procedió a su detención para ser puesta a disposición del Señor Teniente Coronel Don Fermín Hidalgo”.

Nadie puede conocer con certeza como se desarrollaron aquellos últimos momentos

Según destacan ambos historiadores “el juez militar, al finalizar los 21 fusilamientos, se limitó a dar por cerrado el caso y remitió los dos sumarios al presidente del Consejo de Guerra Permanente, el teniente coronel José Gómez Sánchez”. Casi un año y medio después seguía abierto el segundo procedimiento, con las diez procesadas ya asesinadas. El 10 de marzo de 1938 se las señalaba como “enlaces que también facilitaron noticias sobre la situación y movimientos de las fuerzas”. El procedimiento fue sobreseído de forma definitiva tras confirmar su muerte.

Sin embargo, nadie puede conocer con certeza como se desarrollaron aquellos últimos momentos, aunque entre los testimonios orales recuerdan las horas más amargas de aquellas 16 mujeres y 5 hombres. “Nadie se creyó que iban a declarar porque el Juez les había visitado y casi la mitad de ellos ya tienen sentencia del Consejo de Guerra. Saben perfectamente a dónde van, se despiden de sus familiares igual que vivieron sus vidas, desde la absoluta dignidad.

Antes de salir de la cárcel de Zufre, “el barbero las raparía para dejarle un pequeño moño y colgar de los pocos mechones que tenía la bandera de España. Lloraba pidiendo perdón delante de cada una de ellas” por lo que estaba haciendo.

La humillación fue latente para crear el pánico entre los que quedaron con vida. “En sus últimos momentos las obligaron a coser en sus ropas el sagrado corazón de Jesús y las castigaron ejemplarmente”. No se supo nada más. Solo los más niños y jóvenes de Higuera de la Sierra sabían dónde estaba la fosa y pudieron en aquellos años de miedo ponerse muy de cerca de aquellos ejecutores. 

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Fotografía destacada: Amadora Domínguez, una de las ’16 mujeres asesinadas en Zufre’.

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/memoria-historica-marxistas-propagandistas-provocadoras-asesinato-16-mujeres-5-hombres-zufre.html

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Aleida Assmann: “La política del olvido no es una solución”

La especialista alemana abre las jornadas de la Asociación de Estudios de la Memoria (MSA) y afirma que el silencio no es garantía de paz en las sociedades posdictatoriales

elpais.com / Peio H. Riaño / 25-06-2019

La profesora de la Universidad de Konstanz (Alemania) e investigadora Aleida Assmann, una de las personas más influyentes en el ámbito de la memoria, ha inaugurado las jornadas de la Asociación de Estudios de la Memoria (MSA), que se celebran hasta el viernes en Madrid. La egiptóloga alemana que ha centrado su carrera en la antropología cultural, con interés central en la historia de la memoria alemana desde 1945, ha intervenido para hablar del giro nacionalista en la Unión Europea y las políticas de la memoria que deben realizarse para integrar a todos los grupos sociales. Porque la memoria, según sus palabras, puede ser motivo de encuentro, diálogo y unión, pero también de todo lo contrario.

Assmann ha asegurado que “en Europa la Segunda Guerra Mundial no ha terminado y España es un claro ejemplo de la polarización que todavía se vive”. Falta comunicación, falta el encuentro de las memorias. “El pacto de silencio de 1977 español fue una decisión pragmática, que permitió una transición exitosa a la democracia, pero hoy queda claro que la política del olvido no es una solución. Es muy difícil mantener a un país unido cuando no se está de acuerdo en ciertos elementos de la historia”, ha dicho.

¿Cómo podemos hacer para que todos se integren en la misma visión? Ella misma se ha contestado: “Con una concepción de la memoria más inclusiva. Hace falta más comunicación, que seamos más conscientes de las diferencias para integrarlas en todos los discursos”, ha dicho en referencia a la crisis migratoria y al problema de reconocimiento de los recién llegados en la integración de las naciones, que los acogen y las transforman.

En el aula magna de la Facultad de Filología, de la Universidad Complutense, ha dicho que el Valle de los Caídos fue un intento de acabar la guerra sellándola con la marca de los vencedores, “pero eso no cierra la guerra”. Las investigaciones de Assmann (Alemania, 1947) defienden que el silencio no es garantía de paz en las sociedades postdictatoriales. La adaptación democrática en estos casos pasa por el recuerdo, no como una meta, sino como un paso intermedio e irremplazable.

Por eso el mito de la experiencia de guerra volverá con el mito del nacionalismo. “La guerra es lo que embrutece y lo que le debe seguir es un proceso civilizador. Embrutecer o civilizar son caminos distintos que debe elegir una nación”, ha zanjado. Y civilizar es sinónimo de integrar, de ahí que “crear barreras sobre las experiencias de cada grupo socava la comunicación, el discurso libre y los valores conjuntos”. Es lo que están haciendo los nacionalismos y la extrema derecha: “Son una vergüenza y están dirigiendo la política de la UE”, dijo la especialista, que lamentó que la izquierda haya abandonado el concepto de nación y la derecha se haya aprovechado, reforzándose en la polarización (“con el rencor y el resentimiento”).

La crisis actual de la idea de nación se ve presionada por la llegada de migrantes y en ellos está la solución. Para Assmann la integración cultiva el proceso de paz, porque las naciones no son violentas o cívicas por sí mismas, sino en función de sus proyectos: “La civilización no es un proceso, sino un proyecto. Solo los humanos pueden consumarla. Reimaginar la nación es un problema muy complicado, pero es lo que tenemos que intentar en estos momentos”. El primer paso para la integración es el reconocimiento, porque “es un concepto fundamental de la condición humana para aceptar la identidad de cada uno de los grupos”.

La memoria es el arma que han utilizado los líderes populistas e imprudentes, según la experta, para plantar una batalla de expulsión, en la que participan todas las naciones. El Reino Unido no se libra, cuenta, celebrando en sus homenajes a los soldados británicos caídos en la Segunda Guerra Mundial y olvidándose de los compañeros europeos. “La Segunda Guerra Mundial no se ha cerrado en los corazones de mucha gente. En Italia se conmemoraba el final del régimen fascista. Pero este año la derrota de las tropas fascistas ya no es un motivo de recuerdo para el partido de Matteo Salvini, sino que rehabilita a Mussolini como un líder nacional y lo incluye en sus discursos”, ha afirmado Assmann.

Ha recordado cómo Winston Churchill dijo, para pasar página de la Segunda Guerra Mundial, que deberíamos mirar al futuro: para salvar a Europa debería darse un acto de olvido hacia los crímenes y las locuras del pasado. Assmann le ha contestado que esta estrategia de olvido tiene un inconveniente: “Apoya a los vencedores y hace daño a las víctimas. La política del olvido acabó en los noventa, cuando se inició una nueva tendencia sobre el recuerdo”. La historia no tiene puntos finales.

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Fotografía destacada: Aleida Assmann, este martes en Madrid tras su su intervención en el congreso. VÍCTOR SAINZ

Fuente: https://elpais.com/cultura/2019/06/25/actualidad/1561481627_054946.html

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La asociación para la recuperación de la memoria histórica adquiere el dominio Franco.es

El objetivo es tratar de concienciar sobre los crímenes del franquismo

elpais.com / Natalia Junquera / 24-06-2019

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha adquirido el dominio de internet franco.es para “convertirlo en un lugar de denuncia de los crímenes de la dictadura”. El dominio pertenecía a un ciudadano norteamericano. La asociación, que agrupa a la mayoría de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura, estableció una puja para hacerse con él.

Apenas unos días después de que el Tribunal Supremo describiera a Franco como jefe del Estado desde 1936, la ARMH se ha hecho con el dominio de internet para tratar de utilizar el sitio web como lugar de concienciación sobre los crímenes del franquismo. “Se trata de una estrategia más en la lucha contra la impunidad del franquismo, para utilizarlo como un método de denuncia de los crímenes de la dictadura, dar reconocimiento a sus víctimas y generar conocimiento para enfrentarnos al negacionismo que desde diferentes ámbitos, culturales y políticos tratan de relativizar la violencia que ejerció el franquismo sobre buena parte de la sociedad española”, ha explicado su presidente, Emilio Silva.

La asociación hará una consulta ahora entre sus asociados para ver qué contenidos concretos desean ver en el dominio. En Alemania, www.hitler.es lleva al usuario a una página sobre el holocausto.

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Fuente:https://elpais.com/politica/2019/06/24/actualidad/1561367051_204544.html

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Martín recupera el sonajero que le arrebató la guerra civil hace 83 años

Su madre lo llevaba en el mandil cuando fue fusilada y enterrada sin nombre cuando él era un bebé de nueve meses.

Sus restos no se encontraron hasta 2011, cuando el cementerio palentino en el que estaba era ya un parque infantil.

rtve.es / EFE/ Almudena Álvarez / 22-06-2019

 

Han tenido que pasar 83 años para que Martín Díaz Muñoz sujete de nuevo entre sus manos el sonajero de colores que su madre se llevó en el mandil a una tumba sin nombre, tras ser fusilada en la Guerra Civil cuando él era un bebé de nueve meses.

Catalina Muñoz Arranz era una mujer de 37 años que en 1936 vivía en el pequeño pueblo palentino de Cevico de la Torre, con Tomás, su marido, y con sus cuatro hijos, entre ellos un bebé, cuando fue detenida, juzgada y fusilada por un vecino de su pueblo, y después enterrada en el cementerio de La Carcavilla de Palencia.

Sus restos no se encontraron hasta 2011, cuando el cementerio palentino ya era un parque infantil, y gracias al empeño de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica fueron exhumados junto a los de otras 108 personas.

“Los restos hablan”

“Y los restos hablan”, ha afirmado el presidente de la ARMH, José Luis Posadas, durante el homenaje que este sábado le han rendido a Martín, a su hermana Lucía, los dos únicos hijos vivos de Catalina, y a todos sus nietos, en el mismo parque donde se encontraron sus restos y donde hoy se los han entregado a sus hijos.

Los de Catalina Muñoz estaban acompañados de un sonajero de colores y hablaron. Dijeron que Catalina era mujer y madre, una madre y un sonajero que se han convertido en el símbolo de la barbarie de la guerra y en el hilo que siguió el periodista de El País, Nuño Domínguez, hasta dar con esta historia.

A Catalina le arrebataron un bebé de sus brazos y nunca más se volvió a saber de ella“, ha señalado Posadas.

La suya es la historia de una madre fusilada, de un padre encarcelado, de unos hijos huérfanos, de una niña de 11 años, Lucía, que tuvo que encargarse de su hermano Martín, un bebé de 9 meses, y que hoy a sus 95 años ha podido llorar sobre los restos de su madre con la satisfacción de saber que por fin ahora tiene donde llevarle flores.

El dolor de no saber dónde estaba

“Hoy estamos aquí para enterrar de una forma digna a nuestra abuela y con ella enterramos el dolor que de todos estos años nos produjo no saber donde estaba”, ha afirmado muy emocionada su nieta Lucía. “Ojalá que los que seguís buscando a vuestros familiares lleguéis a vivir un día como este”, ha deseado.

“Mi abuela fue fusilada por uno de su pueblo, por venganza, por defender su libertad y sus ideales”, ha manifestado Josefa Díaz, otra de las nietas de Catalina que ha querido tener un recuerdo para “aquellos que murieron asesinados en tierras y cunetas y que a día de hoy, siguen ahí”.

Mi abuela fue fusilada por uno de su pueblo, por venganza, por defender su libertad y sus ideales

Porque la historia de Catalina y su familia es una historia de represión, la muerte y violencia todavía con muchas páginas en blanco, “el reflejo fiel de lo que ocurrió durante la Guerra Civil”, ha afirmado el presidente de la ARMH.

Los restos de 108 represaliados

“Catalina representa a todas las mujeres que dieron su vida por defender sus ideales”, ha subrayado Manuel Monge, el historiador que empezó a tirar del hilo en 2009 e impulsó en 2011 las exhumaciones en el parque de la Carcavilla donde se encontraron los restos de 108 represaliados.

Entre ellos los de Catalina, en la sepultura numero 39, fila cuarta, termino primero, sección tercera… junto a un sonajero de colores.

“Hoy el sonajero ha vuelto a manos de su legítimo dueño”, ha añadido Almudena García, la arqueóloga que dirigió las excavaciones.

Mercedes Herrero, de Pez Luna Teatro, ha dado vida a esta historia, con flores, un pico negro y un mandil como el que llevaba Catalina el día que fue asesinada, y trazando con tiza sobre el monumento a la Memoria Histórica todo el árbol genealógico de esta madre de cuatro hijos.

Un árbol genealógico que Mercedes Herrero ha cerrado escribiendo la frase “ninguna guerra puede matar a una madre” mientras el anciano Martín hacía sonar su sonajero junto a otros muchos sonajeros de colores que en otras muchas manos se han sumado a este emotivo homenaje.

El cantautor turolense Joaquín Carbonel ha puesto fin a este homenaje interpretando la canción que ha compuesto en memoria de esta madre, “la madre del sonajero”, en memoria de esta historia que hoy se ha cerrado y de otras muchas historias que todavía siguen sin cerrarse.

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Fuente:http://www.rtve.es/noticias/20190622/martin-recupera-sonajero-arrebato-guerra-hace-83-anos/1960620.shtml

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Madrid, capital mundial de la Memoria

El 25 de junio arranca en la Universidad Complutense de Madrid el mayor congreso del mundo sobre estudios de memoria en el que participarán alrededor de 1.300 especialistas cuando se cumplen 80 años del final de la Guerra Civil. 

publico.es / Alejandro Torrús / 21-06-2019

El concepto de Memoria Histórica ya no extraña a nadie. Tampoco en España, donde incluso se ha convertido en ley. Aquí, la Memoria se ha presentado como una herramienta o proceso para la “recuperación del legado de los que lucharon por la democracia y la legalidad republicana o fueron masacrados por oponerse al golpe de Estado y la dictadura franquista”, tal y como escribía el profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Carlos III Rafael Escudero en el prólogo de la obra Callar al mensajero de Francisco Espinosa.

Pero la Memoria Histórica es tan solo una gota en el océano de un campo académico y de estudio mucho más amplio: el de la Memoria. A secas. Sin apellido. Un campo que estudia la manera en la que como sociedad nos relacionamos en el presente con nuestro pasado y que tiene una proyección en el futuro. Se puede estudiar, así, como nos relacionamos con un pasado traumático como una guerra civil o una dictadura, pero también otras muchas disciplinas como una revolución, una corriente literaria o un ciclo de manifestaciones y de movimientos sociales como el que inició el 15M en las plazas de España.

“La Memoria es lo que somos. Nos dota de identidad. Lo tenemos incorporado en nuestra manera de actuar, en nuestra ideología”, dice Ferrándiz (CSIC)

La Memoria, por tanto, está en todas partes. La Memoria dota de identidad a las sociedades contemporáneas y no es única. Siempre hay muchas memorias conviviendo a la vez y luchando, en muchos casos, por ser hegemónicas. Cuando Vox inicia su campaña electoral bajo la sombra de la estatua de Don Pelayo o apela a la Reconquista está haciendo uso de una determinada memoria para construir su propia identidad. Cuando Izquierda Unida agita la bandera republicana está haciendo lo propio. No hay colectivo sin memoria. No hay nación que no se haya construida sobre una memoria común. 

Con el objetivo de analizar estos aspectos y muchos más, de estudiar cómo las sociedades humanas se relacionan con su pasado desde el presente se reunirán en Madrid, entre el 25 y el 28 de junio, más de 1.300 especialistas de todo el mundo con motivo del tercer Congreso de la Memory Studies Association, en la que, según señalan los organizadores, será “la reunión académica más importante que se ha celebrado nunca sobre este tema”.

El Congreso, que convertirá a Madrid en la capital mundial de la Memoria durante unos días, tendrá lugar en el campus de Moncloa de la Universidad Complutense, el mismo que acabó destruido tras la Guerra Civil y en el mismo año en el que se conmemora el 80 aniversario del final de la Guerra Civil española. Pero no será el único aniversario que se tendrá en cuenta. Este año también se cumplen 25 años del genocidio del pueblo Tutsi en Ruanda, que protagonizará el cierre del encuentro.

Entre los más de 1300 invitados están intelectuales como Aleida Assman, creadora del concepto ‘memoria cultural’; Marianne Hirsch, creado del concepto posmemoria; Elizabeth Jelin (pionera de los estudios sobre represión y memoria en el Cono Sur), los escritores Viet Thanh Nguyen (Premio Pulitzer, 2016) e Isaac Rosa; la dramatura Laila Ripoll o Federico Mayor Zaragoza como ex director general de la Unesco.

“Es el primer congreso de esta magnitud que abarca tantos temas relacionados con la memoria de las sociedades de diferentes culturas y lugares del mundo”, señala Hristova

“Es el primer congreso de esta magnitud que abarca tantos temas relacionados con la memoria de las sociedades de diferentes culturas y lugares del mundo. Tenemos invitados de diferentes comunidades y países no occidentales con diferentes culturas a la nuestra y que tienen una concepción diferente del tiempo a la nuestra y eso lo hace muy interesante”, explica a Público Marije Hristova, de la Universidad de Warwick y coorganizadora del Congreso.

Junto a Hristova están en el comité organizador María García Alonso (UNED), Johanna Vollmeyer (UCM) y el antropólogo del CSIC Paco Ferrándiz. “Uno de los temas más potentes que trataremos será el de la memoria digital y cómo está contribuyendo a modificar nuestra relación con el pasado. Los ‘selfies’, por ejemplo, constituyen un ejemplo de memoria personal, pero cuando los subes a las redes o se suben miles de ellos a internet comienza a crear memoria colectiva. Y eso también lo estudiaremos”, señala a Público Paco Ferrándiz.

La Memoria es lo que somos. Nos dota de identidad. Lo tenemos incorporado en nuestra manera de actuar, en nuestra ideología, en nuestro comportamiento e incluso en nuestros niveles de tolerancia. Por eso es tan importante que estudiemos y analicemos nuestra  memoria colectiva. Es una fuerza colectiva e impregna todos los aspectos. Por ejemplo, una bandera no es más que un trapo lleno de memoria”, sentencia Ferrándiz.

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Fotografía destacada: Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, inmediata predecesora de la actual Universidad Complutense, en una vista tomada justo después del final de la Guerra Civil

Fuente:https://www.publico.es/politica/madrid-capital-mundial-memoria.html

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Teo, la única mujer topo que se escondió del franquismo y lo pagó con años de torturas

Muchos republicanos se ocultaron durante largo tiempo para evitar la represión. Tras ser descubierta, Teodomira Gallardo fue encarcelada y su marido, fusilado. Rehízo su vida en Madrid y, pese a las vejaciones, se mantuvo fiel al PCE hasta su muerte.

publico.es / Henrique Mariño / 20-06-2019

Teodomira Gallardo fue la única mujer topo del franquismo. O, al menos, la única conocida por haberse enterrado en vida para escapar de las fauces de la represión. Hubo hombres que llegaron a pasar años —e incluso décadas— escondidos durante la posguerra, aunque la venganza se cernió sobre las republicanas de otras maneras, algunas terribles, pero que no pasaron por el encierro autoimpuesto.

Nacida a principios del siglo pasado, su marido era el alcalde de Zarza del Tajo cuando estalló la guerra civil en 1936. Comunista, pese a que la localidad conquense no contaba con una delegación organizada, Valerio Fernández cogió el fusil a los treinta y combatió en el Cuerpo de Carabineros, que en su mayoría permaneció fiel al Gobierno de la Segunda República.

Un camarero del casino de la vecina Santa Cruz de la Zarza que llegó a ascender a teniente. Y que, cuando terminó la contienda y regresó a casa, se encontró con que el regidor del municipio donde trabajaba había sido molido a palos por los falangistas. Un amigo le advirtió del peligro que corría, aunque él consideraba que no había hecho nada malo.

Sin embargo, las represalias no tardarían en llegar a su pueblo, donde al comienzo de la guerra unos anarquistas madrileños habían matado a los hombres que aparentaban ricos, mas quienes tenían dinero ya habían huido y pocos varones quedaban, pues muchos habían sido llamados a filas. Así lo recordaba Teodomira Gallardo, más conocida como Teo, cuando ya había cumplido los setenta y vivía en el barrio de San Blas, en Madrid.

Su testimonio fue incluido en un prólogo “para españoles menores de cuarenta años” del libro Los topos, de Jesús Torbado y Manuel Leguineche, originalmente publicado en 1977 y reeditado por Capitán Swing. Aunque su investigación se centraba en los hombres ocultos, de algún modo hacían justicia con ella, entrevistada en la salita de su humilde casa, presidida por un retrato del Che y otro de Dolores Ibárrurila Pasionaria.

“Ejemplifica con precisión suprema lo que fue el terror de la guerra —el terror impuesto por unos y por otros; especialmente por unos, evidentemente— y la inagotable venganza de los vencedores, una verdadera orgía sangrienta, sobre seres no sólo indefensos, sino muchas veces absolutamente inocentes”, escribían los periodistas.

Valerio, su marido, huyó, pero fueron a por ella. Registraron su vivienda en busca de armas, en vano, después del chivatazo de un viejo camarada que la había traicionado. La echaron de su hogar, sin comida ni ropa, y tuvo que irse con una bebé y un niño de cuatro años a casa de su suegra, cuyo esposo había sido detenido. Ante las amenazas, buscó a su pareja y se echaron al monte.

Tres días tardaron en llegar a Aranjuez, donde se escondieron en una habitación que su cuñada tenía en el patio, donde permanecieron enclaustrados seis meses. Allí escucharon gritar de desesperación a Las Cuelvas, como eran apodadas una madre y sus dos hijas, quienes serían fusiladas por no revelar el paradero de un tercer hijo que se había ocultado.

Sin embargo, cuando su cuñada enfermó, se vio obligada a dejar el escondrijo para cuidarla, porque pedir ayuda o llamar a un médico los habría descubierto. Aun así, la policía comenzó a sospechar y tuvieron que volver a huir, esta vez de pueblo en pueblo, haciéndose pasar por hojalateros.

Agazapados de noche en un tejar, una vecina de Huecas, en la provincia de Toledo, les advirtió de que no tenían pinta de quincalleros, por lo que no tardarían en caer. Estaba dispuesta a alojarlos en su vivienda, al menos hasta que pariera. Teo estaba embarazada.

Crescencia, su ángel de la guarda, le habían matado a una hermana y pronto ejecutarían a su marido.

A finales de marzo de 1940, justo un año después de que Valerio se escapase, Teodomira dio a luz una niña. No había pasado ni un mes del alumbramiento cuando la policía los detuvo: ella fue ingresada en la cárcel de Ventas y su pareja, en la de Santa Rita, en el barrio madrileño de Carabanchel. “Más de cuatro años estuvimos nosotros sin juicio. En ese tiempo, a él le habían sacado cinco veces para darle palizas que lo dejaban medio muerto”, contaba Teo a los periodistas.

Finalmente, fueron juzgados por rebelión militar y les atribuyeron el asesinato de un cura, aunque —¡milagro!— don Pedro estaba vivo en el momento de la acusación. Condenado a muerte, otro marzo para el recuerdo, en este caso el de 1945: Valerio cayó ante un pelotón de fusilamiento. A ella la seguirían deteniendo intermitentemente por comunista hasta 1970, cuando arrestaron a un hijo suyo en una manifestación proamnistía y, tras protestar, entró detrás de él en los calabozos de la Puerta del Sol.

“Eso es lo peor del mundo”, relataba en referencia a la Dirección General de Seguridad, donde la habían encerrado tantas veces. “Una noche se presentó un policía con todas las partes fuera. Yo cogí un zapato y le dije: Se va usted de aquí ahora mismo o le reviento los cojones con este zapato”.

Tuvo más suerte que otras compañeras: “A una amiga le pasaron encima nueve tíos seguidos, uno detrás de otro, la misma noche. Nueve policías, uno detrás de otro. La pobre está pirada. Y a otra que tenía un cuerpo precioso, y no quería desnudarse, la ataron al techo, le quemaron un brazo, la desnudaron y la violaron también. Y otra amiga salió embarazada de allí…”.

Tiempo atrás, en 1948, la habían retenido durante un mes en la higadilla [sic] de la estación de Atocha, donde recibió veintisiete palizas en nueve días, a razón de tres al día, aseguraba a Torbado y Leguineche. “Los guardias me llevaban donde estaban las porras, los vergajos, y me hacían elegir con cuál quería que me pegasen. También me obligaban a hacer el gato: dar vueltas agachada alrededor de la mesa mientras todos me iban arreando”.

Cuando confesaba el sufrimiento vivido, Teodomira se había casado en segundas nupcias con otro militante comunista y ambos, jubilados, vivían en una “modesta casa” del barrio obrero de San Blas. Sin embargo, las palizas permanecían selladas en su memoria y las secuelas, en su cuerpo: “Tengo varias costillas desviadas, la columna mal y las muñecas torcidas desde entonces”.

Los autores de Los topos justificaban en el prólogo, titulado El terror franquista, los fugados, los ocultos y una venganza interminable, la inclusión de su relato en una obra protagonizada por hombres: “Por tratarse de la única mujer topo de que tenemos noticias y porque ofrece un abanico bastante completo de los horrores de la guerra y de la posguerra”.

Apenas hay literatura ni información publicada sobre ella. El filólogo e investigador José Colmeiro señala que sus declaraciones no fueron incluidas en la primera edición, sino en otra de 1999 a cargo de Aguilar. Y apunta el motivo, más allá de su condición femenina: “Ocupa el primer lugar el testimonio de Teodomira Gallardo, como signo de los tiempos, […] por dar un panorama de todos los tipos de represión, incluida la violencia sexual”, escribe en Memoria histórica e identidad cultural: de la postguerra a la postmodernidad (Anthropos).

Albert Buschmann y Luz Souto, coordinadores del libro Decir desaparecido(s). Formas e ideologías de la narración de la ausencia forzada (LIT Verlag), aportan una escueta ficha, donde consta que pasó seis meses como topo, desde 1939 hasta 1940: “Acaba en la cárcel de Ventas. Sale en libertad en 1947. Su marido es fusilado en 1945”. También identifica como su topera una habitación en el patio de la casa de su cuñada en Aranjuez.

Pese a los escasos datos que nos ha proporcionado la imprenta, José Sanchis Sinisterra escribió la obra teatral Terror y miseria en el primer franquismo (Cátedra), compuesta por nueve cuadros, uno de los cuales está basado en sus vivencias. “Esta dramaturgia de reelaboración se basa en el testimonio de Teodomira Gallardo para la construcción de los monólogos de dos de los personajes femeninos, Teresa y Nati. La escena se tituta Intimidad y transcurre en 1944 en la cárcel de mujeres”.

Basada en su reclusión en Las Ventas, refleja la dureza de la prisión a través de los diálogos entre dos reclusas, una comunista y otra anarquista: género documental que no rehúye del lirismo. Interpretada a finales de 2002 por Teatro del Común, una compañía integrada por profesores y alumnos de institutos de bachillerato madrileños, sobre las tablas se escuchaba este diálogo:

– Intimidad, Nati. ¿Sabes lo que es eso? Aquí, oliéndonos el culo unas a otras todo el santo día… y aún más por la noche; amontonadas como animales para dormir, y en manada de un lado para otro, para trabajar, para comer, para cagar… Tener por lo menos un pequeño rincón de una misma que las otras no puedan tocar, ni ver, ni oír… Los sueños, por muy horribles que sean. Algo privado, sí… y es gracioso que yo lo diga. Privado. ¿Lo entiendes?

– Lo del culo no lo dirás por mí, que me lo lavo cada día… No, no lo entiendo. Yo me conformo con aguantar aquí, y entera, si puede ser, todo lo que haga falta. A ver si mientras llega un indulto…

Quizás no sea una casualidad, mas Nati también era el nombre de la sobrina del cura que golpeó la puerta de la casa de Teo horas después de que Valerio huyese. La chica le exigió que hiciese el saludo fascista, aunque se negó, ofreciéndole una contundente respuesta: “Yo no te he obligado a ti a levantar el puño”. Pero ésta es otra historia, que ya ha quedado atrás.

Han pasado más de sesenta años y el dramaturgo José anchis Sinisterra escribe Terror y miseria en el primer franquismo, que recrea la estancia de Teo en prisión en Intimidad. Tras el estreno de la obra, a finales de 2002, el crítico Javier Villán la ensalza en El Mundo: “Hay terror, vida detenida, miedo en estado puro en el temeroso comportamiento de cada día”.

“Utiliza las palabras como bisturí para realizar una operación de cirugía sentimental, política y social sobre los tiempos del franquismo español. Para que esa herida —cicatrizada para algunos— no se olvide y para procurarle una justa cura basada en el recuerdo de todas las atrocidades cometidas”, describe Itziar de Francisco en el mismo diario.

En cambio, Teodomira no se jactaba de aquel pasado entre los militantes del PCE de San Blas. Ya mayor, no presumía de los castigos recibidos, como si cada varazo fuese un galón. Algunos chavales de las Juventudes Comunistas, sobrados de autosuficiencia, ignoraban a los viejos camaradas. Teo tenía tanto que contar, y tanto se callaba…

“Cuando me afilié, había una serie de viejetes pululando por allí a quienes los más jóvenes no les dábamos importancia”, recuerda Valentín Calderón, militante de la entonces Agrupación Teodomira Gallardo —llamada así en honor a Teo—, hoy rebautizada Camilo Cienfuegos. Aquel chaval no tardaría en darse cuenta de quién era y había sido aquella mujer austera, vestida de negro y con una sonrisa perenne: “Un mito del partido”.

Calderón lamenta que su trayectoria no haya tenido un mayor repercusión en el distrito de San Blas-Canillejas. Al menos una calle en el este de Madrid, “pero ni la tiene ni se la espera”, algo que sucedería si se tratase de un personaje como ella en París, cree el miembro de la Asociación Amistad Hispano-Cubana Bartolomé de las Casas. “Es una pena que no tenga el más mínimo reconocimiento”.

Al principio, Valentín y los cachorros de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) procuraban que aquellos veteranos, entre los que se encontraba la histórica Concha Carretero, no les diesen la chapa. “Luego me enteré de que había chupado años de cárcel y torturas. Sin embargo, no hablaba del sufrimiento ni del maltrato, sino que me lo contaron viejos camaradas de la agrupación. Ella jamás estuvo con el yo en la boca: yo he estadoyo he vividoyo he sido…”.

Calderón, quien no ha cumplido los cincuenta, echa cuentas y cree que falleció hace unos quince años, aunque nunca dejó de pasarse por el local del partido. “Destacaba por su modestia, desde su ropa hasta su vivienda. Era extremadamente austera y, al mismo tiempo, un encanto de persona. Sobresalía por su militancia activa y siempre animaba a los jóvenes, pero sin tirarse el pisto ni presumir de pasado ni de militancia”.

“Un mito del PCE”

¿Qué fue de aquella bebé y de aquel niño de cuatro años que se llevó a cuestas cuando tuvo que refugiarse en casa de su suegra? ¿Y de la niña que nació en casa de Crecencia, la señora que los acogió cuando iban de pueblo en pueblo arreglando ollas, cacerolas y lebrillos, haciéndose pasar por hojalateros gracias a que Valerio era muy mañoso? Un pasaje de la historia personal de Teo que se pierde tras la detención, el juicio y la condena a muerte de su marido.

Ella rehace su vida en Madrid. Allí conoce a un trabajador de la construcción y militante comunista, Antonio López, con quien se casa y tiene dos hijos. Ella, probablemente, trabaja limpiando casas para sacar adelante a la prole, según sus camaradas de San Blas, donde residirá hasta el final de sus días. Sobrevivió a ambos hijos, Jesús y Antonio, quienes habían heredado su ideología y fallecerían de cáncer, como Andrés Cabrera, una figura del movimiento vecinal de Canillejas.

Julián Escribano traza a sus setenta y siete años una sentida semblanza de Teo. “Era seria, combativa y muy dada al pueblo y a la gente. En los setenta y ochenta, gozaba de una gran reputación en el barrio y era un mito entre las mujeres comunistas”, recuerda este militante del PCE de San Blas, en cuya sede su marido atendía el bar.

“Fíjate que integridad tenía que, antes de irse a casa, Antonio se miraba los bolsillos. O sea, que se registraba a sí mismo, no fuese a ser que se llevase algún cambio que no le correspondía”, añade Valentín Calderón. Ella era muy querida entre sus camaradas, aunque desconocida para muchos vecinos. “Un barrio obrero no significa que sea netamente de izquierdas. De hecho, hay mucha más conciencia comunista en otras zonas”, matiza Escribano. “Sin embargo, Teo, pese a no haber estudiado, estaba muy politizada y sí que la tenía”.

Ella hablaba con criterio y sus palabras sonaban con firmeza. “En cambio, no ocupaba cargos dirigentes, ni lo pretendía. Ejercía, eso sí, de conciencia moral entre los más jóvenes, pero sin pretensiones”, apunta Julián Escribano. “Nunca se permitió un consejo más allá del ánimo”, corrobora Calderón.

Lo hacía sin apelar a su currículo, impregnado de polvo y sangre, redactado en la topera y en la cárcel. “No contaba por lo que había pasado, porque el presente y el futuro siempre priman más que el pasado. Pese a que es fundamental conocer la historia para no repetir los errores, le importaban los problemas del momento”.

Teodomira Gallardo, “una mujer enérgica, tajante y fuerte, porque así la hizo la vida”.

Teodomira, “discreta, como otros cientos de compañeras, aunque ella era ejemplar: un mito del PCE”.

Teo, una leyenda tan humilde y prudente que ni en su madriguera comunista de San Blas sabían que fue la única mujer topo de España.

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Fotografía destacada: Teodomira Gallardo, junto a un retrato de la Pasionaria, fotografiada por Torbado y Leguineche. / CAPITÁN SWING

Fuente:https://www.publico.es/politica/mujer-topo-teodomira-gallardo-pce-franquismo.html

Publicado por ARMH