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Un viaje para recuperar el reloj de Cayo, fallecido en un campo nazi hace 75 años

Un familiar se enteró de la existencia de Cayo de casualidad, en un acto sobre deportados españoles en los campos nazis.

Cayo, militante de la UGT y natural de Boquiñeni (Zaragoza), se exilió de España tras la Guerra Civil y fue detenido en Francia en 1944.

Tras un proceso de investigación descubrió que se conservaba el reloj de pulsera que tuvo entregar a las SS cuando fue detenido.

cuartopoder.es / Miguel Muñoz / 19-08-2019

Cayo Pelegay Villoque nació en el pueblo de Boquiñeni, provincia de Zaragoza, en 1898. Su madre dio a luz a otros diez hermanos, de los cuales sólo llegaron a vida adulta 5, incluido Cayo. Militante de la UGTdesde 1933, tras la Guerra Civil se exilió a Francia donde fue detenido en 1944 y trasladado a Alemania. Un año después falleció en el campo nazi de Bremen-Farge, donde realizaba trabajos forzosos. Poco antes había tenido que entregar sus objetos personales. Uno de ellos, un reloj de pulsera. 75 años después ha vuelto a España gracias a la investigación realizada por un familiar, Santiago Gimeno Pelegay, que ha viajado este verano a Alemania con tal propósito.

Gimeno, periodista de formación y natural de Zaragoza aunque residente en Madrid desde hace casi 15 años, no conocía la historia de su familiar. Al menos no recordaba conversaciones al respecto. No fue hasta el 1 de febrero de 2016 cuando su nombre le removió por dentro. Y fue por pura casualidad. “Me metí de rebote en el Teatro del Barrio (Lavapiés, Madrid) a un acto sobre deportados españoles a campos de concentración nazi”, señala en conversación con cuartopoder.es.

Antes de empezar el acto, Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), pasó el libro Memorial, de Benito Bermejo, que recoge las víctimas españolas en campos de concentración nazis y los que se refugiaron en Francia. “Nos dijo a los asistentes que echáramos un ojo por si conocíamos a alguien. Miré en mi pueblo, Boquiñeni, y encontré a Cayo Pelegay Villoque, una persona con mi segundo apellido”.

“Me quedé chocado. Le escribí a mi madre. Para ella era un tío abuelo que se había ido de España después de la Guerra Civil pero no tenía más información”. A partir de ahí, Santi descubrió que aparecía en los listados de los campos de concentración o en bases de datos de fundaciones francesas. Fue su punto de arranque en el proceso para saber más de Cayo.

¿Quién era Cayo?

Santi comenzó su investigación sobre Cayo. Su historia es la de muchos agricultores aragoneses. Su familia, al igual que la mayoría del pueblo, se dedicaba a trabajar en el campo. En Boquiñeni no existía una presencia importante de terratenientes, sino que los labradores accedían a través de arriendos a pequeñas parcelas, muchas de ellas de propiedad pública.

Para conocer más, recurrió a Juan Manuel Calvo Gascón, de la AMICAL de Mauthausen. Es aragonés y tiene un libro llamado Identidades e itinerarios, sobre deportados aragoneses en campos nazis. Había recogido también el caso de Cayo. “Me pasó una ficha con todo lo que tiene. Ya se sabe cuándo le detienen en Francia, dónde, a qué campo le llevan en primer lugar, etc. Tenía la información en bruto pero los detalles vinieron más adelante”, afirma.

Santi se puso manos a la obra. Su historia completa la ha recogido en un hilo de Twitter. Recogió testimonios en Boquiñeni, leyó actas del Ayuntamiento, libros, etc. Y descubrió que la huida de Cayo podía haber sido consecuencia del asesinato de sus hermanos, de los que hablaremos más adelante. Pero según el testimonio de Pedro García, también se pudo producir antes, en los últimos días de julio. El abuelo de esta persona, también llamado Pedro García, escapó del pueblo el 26 de julio junto con otros republicanos de izquierdas entre los que se podía encontrar Cayo.

“En cualquier caso, a partir de su huida no tenemos muchas certezas sobre su destino en los últimos años de la Guerra Civil”, señala Santi. Sí permaneció junto a Pedro García, y según el relato de su nieto, se incorporó a algún batallón en Cataluña y tras el triunfo franquista huyó a Francia. Lo siguiente conocido, según el testimonio de un sobrino es que trabajaba para alguna familia francesa. “Mandó varias cartas al pueblo. Le prometió a un sobrino una bicicleta. Se intuía una intención de volver”, señala. La familia dejó de recibir cartas y, aunque preguntaron a la familia qué había pasado, no recibieron respuesta.

Cayo fue detenido en la localidad francesa de Flesselles el 25 de junio de 1944, por su condición de “refractario”, es decir, por negarse a realizar el Servicio de Trabajo Obligatorio implantado por el régimen nazi durante su ocupación de Francia. En este pueblo existen dos monumentos, uno a los deportados y otro a los muertos en deportación, en los que figura el nombre de Cayo.

Monumento en la ciudad francesa de Flesselles a los detenidos por los nazis, donde aparece el nombre de Cayo Pelegay. / Santi Gimeno

Fue encarcelado en la ciudadela de Amiens, y posteriormente trasladado al Camp de Royalieu, en Compiègne. Desde ese lugar fue enviado a Alemania en un convoy del 15 de julio de 1944 que iba cargado con 1.522 personas, una veintena de ellas españolas. En el memorial construido en Compiègne se recuerda el nombre de 43.553 prisioneros que pasaron por allí durante la Segunda Guerra Mundial. Su primer destino en Alemania fue el campo de Neuengamme, donde ingresó el 18 de julio de ese mismo año, siéndole asignado el número de matrícula 37272. Es en ese momento cuando se genera su ficha de prisionero y donde tiene que entregar su reloj de pulsera.

A los pocos días fue destinado a uno de los kommando externos dependientes, el de Bremen-Farge, para participar en la construcción del búnker para submarinos U-Boot Bunker ValentínSegún el acta de defunción elaborada por los funcionarios nazis, Cayo falleció el 15 de febrero de 1945 a las 16:00, aunque esa hora no tiene por qué ser la de la muerte. El motivo “oficial”, una insuficiencia cardíaca como consecuencia de una infección en el flemón. “Los médicos nazis tenían un listado de enfermedades ambiguas y aleatorias que iban poniendo. Las condiciones en ese campo de trabajo debían ser brutales, les hacían cargar sacos de cemento de 60 kilos”, apunta Santi.

Las noticias sobre la muerte de Cayo llegaron al pueblo una vez concluida la Segunda Guerra Mundial. Pedro García, nieto del otro deportado de Boquiñeni que había fallecido en Gusen, asegura que al Ayuntamiento llegó una documentación del gobierno alemán que permitió que su abuela tuviera acceso a una pensión. Al no tener familia Cayo, se desconoce si se perdió ese derecho en su caso. Lo que sí se sabe es que sus terrenos se repartieron entre la familia y que su hermana Rosa y su marido se hicieron cargo de la casa en la que seguía viviendo su madre, Gregoria.

Los hermanos, fusilados

Paralelamente, a raíz de Cayo, Santi conoció la historia de otra parte de la familia: dos hermanos suyos que fueron fusilados. Uno de ellos era el bisabuelo directo de Santi, Aniceto Miguel. El otro, su hermano Marcial. “Sobre ellos es más difícil encontrar información, la voy encontrando poco a poco porque hay un montón de errores históricos sobre los dos”.

“Marcial es el líder de la izquierda del pueblo, está bien situado dentro de la estructura de UGT en Zaragoza. Es elegido alcalde del 1931-1933, propone muchas cosas en el pueblo de obra pública sencilla, le mete mano al tema laicismo, etc.”, resume Santi.

En las elecciones de 1936 en las que ganó el Frente Popular además de Marcial, otro de los hermanos, Aniceto Miguel, resulta elegido concejal. Tras el levantamiento del 18 de julio, hubo un pequeño tira y afloja en el que la Guardia Civil de la comarca quiso otorgar el poder a las fuerzas de derechas, un intento de resistencia del equipo municipal del Frente Popular y finalmente, el control total de los mandos franquistas.

Marcial fue detenido y llevado a Zaragoza el 1 de agosto, fecha en la que resultó asesinado. El día 20 de ese mismo mes, Aniceto Miguel, junto a otra veintena de republicanos del pueblo fue convocado al Ayuntamiento. Algunos testimonios hablan de que supuestamente para que declarasen en los juzgados de Borja. En lugar de eso, fueron trasladados a Mallén, un municipio situado a unos 20 kilómetros, donde fueron fusilados ese mismo día.

Certificado de defunción de Cayo Pelegay. / Santi Gimeno

Después de esa fase de investigación sobre los hermanos de Cayo, en enero de 2018 Santi retomó la búsqueda escribiendo a los memoriales y centros de estudios de los lugares donde estuvo su familiar tras ser detenido. Antes de recibir las primeras respuestas, publicó un tuit resumiendo su historia, y recibió un mensaje del periodista Carlos Hernández de Miguel. “Me ofreció su ayuda, y me recomendó escribir al International Tracing Service (ITS) de Bad Arolsen”, señala.

Desde Neuengamme, en Hamburgo, le respondieron también con la información que conservaban sobre Cayo. Ahí le adelantaron que se conservaba el reloj de pulsera que tuvo entregar a las SS cuando fue detenido. “Me indicaron cómo recuperarlo contactando con el ITS, que efectivamente me respondió en marzo ofreciéndome esa posibilidad. En los siguientes meses realicé las gestiones para ello y les avisé de que en verano de 2019 quería planificar un viaje para recogerlo en persona”, apunta.

Para realizar el trámite, Santi señala que simplemente le mandaron un formulario, aportó el acta de nacimiento de Cayo y su DNI. “Nos contaron que no han generado un sistema muy estricto para recuperar los objetos. Esto es debido a que llevan muchos años intentando contactar con familiares de los fallecidos en todo el mundo y en muchos casos no consiguen nada por los suelen dan por válido de manera sencilla”.

Cuenta Santi que el viaje en sí, del que ha regresado la pasada semana, no le ha aportado muchas novedades respecto a la investigación que ya había realizado previamente. Pero desde luego le ha servido para ver en persona ciertos lugares. En su opinión, el segundo campo que visitó, el de Bremen-Farge, fue lo más interesante. En el bunker donde Cayo murió trabajando, justo han empezado una investigación sobre los españoles que pasaron por ahí. “Tienen una lista de 50 pero no saben nada sobre ellos. Les vino muy bien porque me hicieron una entrevista. Ahí estuvo muy bien porque las encargadas del centro estuvieron todo el día con nosotros, nos llevaron al bunker, donde dormían, donde había una fosa común, etc, recrearon un espacio muy bueno”, señala.

“A las investigadoras les interesaba mucho saber qué ha pasado en España con estas personas, saber el impacto en las familias, no sólo de Cayo en este caso sino de los otros familiares”, añade Santi. En este sentido, y sobre las políticas de memoria en Alemania, se vio sorprendido. “Parece que desde aquí pensamos que han resuelto muy bien los temas de memoria, el holocausto y demás. Pero para nada. En la mayoría de los sitios donde he estado se quejaban de que no recibían ayudas públicas suficientes. En la mayoría de los sitios no ha sido fácil crear un memorial y hubo resistencias”, señala.

Pone como ejemplo el espacio de la mencionada ITS. El gobierno alemán está obligado a financiarlo porque es Patrimonio de la UNESCO pero estuvo cerrado durante los 80 y 90 porque no tenía apoyo público. “Normalmente lo que se dice es que en Alemania se ha hecho muy bien pero yo la idea que me traigo es que allí tienen muchos conflictos todavía, debates, tienen tabúes, etc. Tampoco pueden presumir mucho”, concluye. En todo caso, las personas con las que mantuvo contacto se muestran asombradas con la existencia de lugares en nuestro país como el Valle de los Caídos, algo imposible de concebir en aquel país.

Trabajos forzados en Bremen-Farge. / Bundesarchive Bild

Experiencia vital

“Todo esto lo he hecho porque es lo que encontré es suficientemente impactante para que te llame la atención y te pique la curiosidad”, señala Santi sobre el proceso llevado a cabo en los últimos años. Quizás, añade, tiene que ver también con su trabajo realizado en años anteriores en otras violaciones de DDHH. Y apunta un aspecto interesante: la huella de este tipo de sucesos. “Me he dado cuenta de que en la manera de ser de mi familia tiene mucha importancia esta historia de violencia. En los años de posguerra, toda el hambre, humillación, etc. Todas estas cosas tienen que ver con cuestiones de la personalidad en mi familia”.

Además, se muestra satisfecho por haber tenido la oportunidad de entrevistar a muchas familias. “Como en muchos pueblos, ha habido gente que ha estado viviendo toda su vida con la pena de que su verdad el resto de su entorno no la ha querido ver. Me motivaba mucho que hubiera personas que pudieran desahogarse. Para mí lo más importante fue que la gente pudiera contar cosas que no hubiera contado nunca”, destaca.

La semana pasada, el BOE publicó el listado de víctimas españolas en los campos nazis de Mauthausen y Gusen. “Este listado, ya existía”, recuerda Santi, haciéndose de las críticas realizadas por la ARMH. “El Ministerio de Cultura tiene un buscador donde puedes encontrarlos”. El nombre de Cayo Pelegay aparece en este último listado, ya que se han añadido víctimas registradas en otros campos alemanes. Pero es que, además, lo curioso, es que el nombre de Cayo ya salió publicado en un BOE francés en los año 90. “Esto nos da la medida de lo tarde que llegamos en hacer este reconocimiento oficial”, apunta.

Preguntado por su opinión personal sobre las políticas de memoria en España, Santi hace hincapié en que “no ha habido personas capaces de crear consensos”. “Probablemente sea muy difícil porque los partidos de derechas no tienen ninguna voluntad. Solo serán exitosas estas políticas si dependen de consensos. Si son medallitas que se quiere poner el PSOE para tirárselas a la cabeza al PP, no sirve”, afirma.

Destaca, no obstante, los pasos que se están dando como, pese a las críticas, la ley estatal aprobada en 2007 u otras más recientes a nivel autonómico. Pero tiene claro que “queda mucho por hacer”. Sobre todo, “cosas muy pequeñas y locales”. “Todo se atasca cuando vamos a los grandes temas: Valle de los caídos, calles franquistas o juicios a torturadores. No se está investigando la verdad, no se está reparando adecuadamente a las víctimas ni se va a juzgar a los responsables. Lo triste es que los estándares internacionales de DDHH te dicen que si no haces esas cosas no te aseguras que en tu sociedad no se vaya a repetir lo mismo”, concluye.

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Fotografía destacada: Imagen del reloj de Cayo recuperado 75 años después de su muerte en un campo nazi. / Santi Gimeno

Fuente:https://www.cuartopoder.es/derechos-sociales/2019/08/19/un-viaje-para-recuperar-el-reloj-de-cayo-fallecido-en-un-campo-nazi-hace-75-anos/

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Memoria del Preventorio de Guadarrama: “Era un campo de concentración para niñas en el franquismo”

El Preventorio Doctor Murillo de Guadarrama (Madrid) fue uno de los centros que la dictadura franquista puso en marcha como sanatorios antituberculosos.

Victoria Madrera Pareja, interna con 13 años, recuerda “una cárcel” donde las niñas sufrían múltiples vejaciones.

Los testimonios de las víctimas de los preventorios forman parte de la Querella Argentina y describen violencia sistemática y alimentación en mal estado.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 13-08-2019

El Preventorio de Guadarrama “era un campo de concentración para niñas en el franquismo”, dice Victoria Madrera Pareja. Ella tenía 13 años cuando penó seis meses en el centro ubicado en la sierra de Madrid. Le dijeron que ahí estaría protegida contra enfermedades como la tuberculosis infantil. Pero muchas internas describen la estancia como “una cárcel” como “venganza” contra los derrotados en la guerra.

“Le dicen Guadarrama, pero esto es Guardamarrana, porque sois piaras”, escupía una monja a las niñas, según el relato de Victoria (76 años). La dictadura de Francisco Franco edificó una suerte de caridad adiestradora en diversos sanatorios y colegios desplegados por España. Con especial énfasis en el obligado ‘sumisa y devota’ femenino.

Las malsanas condiciones de estas “cárceles para niñas” hacían del día a día un discurso claustrofóbico, según denuncian las víctimas. La imputación forma parte de la única causa judicial abierta en el mundo contra los crímenes franquistas, la Querella Argentina. En los testimonios quedan reseñados las vejaciones y malos tratos que los curas y cuidadoras ejecutaban en unas instalaciones que dependían del Patronato Nacional Antituberculoso.

Victoria, como otras “compañeras”, no quiere que estas historias queden en el olvido. “A los desmanes allí ocurridos nunca se le puede aplicar el borrón y cuenta nueva, como ha sucedido, por eso quienes niegan esa verdad lo hacen para evitar esa realidad incómoda”, relata.

Victoria Madrera Pareja con trabajos realizados cuando era niña. | JUAN MIGUEL BAQUERO

“Seis meses de estupendas vacaciones”

“Me da asco cuando recuerdo lo que pasamos”, asegura. Pero es necesario combatir la desmemoria, asiente. Por eso quiere contarlo. Victoria Madrera recibe a este periódico en su piso de Sevilla, con la vista puesta en el recuerdo impuesto en el internado franquista de la sierra madrileña. Tiene “todo escrito”. Más de “100 páginas”.

Y arranca. “En marzo de 1956 fui seleccionada por la superiora de mi colegio” sevillano. El destino era el Preventorio Doctor Murillo de Guadarrama. “La causa, estar muy delgadita”, apunta. “Después de seis meses de estupendas vacaciones volvería rolliza y muy guapa”.

Pero eso era solo la publicidad de la dictadura de Franco. El escenario sería, asegura, muy diferente. “Fueron seis meses sin salir”. Victoria retiene el aliento. “Han pasado 63 años y me sigo emocionando”, respira. “Y lo peor es que se ha quedado sin justicia, que es lo que te rebela. Ni en la democracia se ha hecho nada… y esto con niñas, por dios”.

Aquella “cárcel infantil” supuso un impacto vital. Ante las niñas se alzaba “un caserón tétrico de piedra fría y oscura” como visión primeriza. De puertas adentro, Victoria atestigua escenas de violencia contra las menores, de vejaciones, de comida pobre e higiene escasa y de sometimiento y trabajo forzado.

Victoria –izquierda– con la “señorita Leo” en el Preventorio de Guadarrama. | J.M.B.

De comer, “legumbres con gorgojos”

Guadarrama dejó huella en Victoria desde su entrada en aquel mes de marzo del 56. “Todas tuvimos que cortarnos el pelo y con la cabeza cubierta de polvo blanco y una toalla nos mandaron a la cama, tuviéramos o no piojos”. Era la primera noche cuando, como todas, “el sueño fue interrumpido bruscamente por unas palmadas y luces encendidas”.

El “alboroto” de las cuidadoras despertaba a las niñas. El objetivo era “invitarnos a orinar, a toda prisa”. Una tal “señorita Julia”, matiza, contaba: “Vamos, vamos, una meadita rápida. Una, una y media, dos, dos y media, tres menos cuarto y tres. Fuera, fuera. A la cama”.

“Y era tan desalmada que la infeliz que mojara la cama” recibía un castigo colectivo: “recurrían a técnicas tan inhumanas como acercar una cerilla al culito y obligar a las demás a gritarle ‘meona, meona’, hasta el cansancio”, asegura. “Casi siempre se orinaban una o dos niñas y el sufrimiento lo tenían asegurado”, sumado a un aseo “raquítico” porque las duchaban “una vez a la semana, los sábados, y usaban estropajo y jabón verde”.

Luego, el primer desayuno consistió “en una especie de engrudo sin identificar, una rebanada de pan rancio con mantequilla y un vaso de leche en polvo con sus grumos y un intenso sabor amargo”. Un menú repetido durante medio año. Como los almuerzos o cenas: “Legumbres con gorgojos –plagas de insectos en alimentos vegetales– o una papilla nauseabunda”.

La comida “producía arcadas y vómitos” a muchas niñas. La respuesta de las cuidadoras era radical. “Lo más cruel que recuerdo es un día que salíamos del ‘comedero’ y vimos a una niña de cinco añitos que llamaba a su madre, “mamá”, con la garganta atorada con la incomestible comida que vomitaba y los gritos de “puerca, puerca, te lo vas a tragar y…”. Victoria se emociona.

Victoria Madrera Pareja. | JUAN MIGUEL BAQUERO

“Expertas en lavar cerebros infantiles”

“Te vas a tragar tus vómitos, cacho puerca”, les decían. “La impotencia de tener que dejar a esa inocente criatura bajo la zarpa de aquella depredadora de infancia me atormentó mucho tiempo”, dice Victoria subrayando el episodio de “la niña de cinco añitos”. Porque ella era “mayor, con 13 años, y lo recuerdo todo con más claridad”.

Tiene la memoria “fresca”, desde aquel primer día en Guadarrama. “Antes de desayunar nos llevaron al patio, donde nos enseñaron a cantar un Cara al sol desconocido, y un rezo del Rosario bajo la batuta de don Lauro, el capellán, persona desagradable, de sotana y capa vampiresca”, describe Victoria.

Los sanatorios infantiles del franquismo, igual que los colegios para niñas pobres, estaban diseñados para perpetuar la “venganza” contra los vencidos en la guerra civil. “Para anularnos solo necesitaban conocimientos fascistas, y hacerse expertas en lavar cerebros infantiles con jabones de sumisión patriótica y estropajos clericales”, define.

Victoria muestra bordados de su infancia. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Era el perfil habitual. “Solo una ínfima minoría de cuidadoras no estaba de acuerdo con aquella educación del nacionalcatolicismo”. Como “una que se llamaba Leo”, recuerda con “mucho cariño”. Leo “nos leía Platero y yo“, de Juan Ramón Jiménez, que ganó el Premio Nobel de Literatura en 1956. El mismo año que Victoria ingresaba en Guadarrama.

A las internas las clasificaban por colores, con una cinta en el pelo según la sala donde dormían. “La mía era rosa”, dice. En los “campos de concentración para niñas” había también “una zona para las ricas y otra para niñas pobres, algunas con el padre en la cárcel por ser republicano”.

Bordar “ajuares para ricas”

Una “ignominia” que no podían contar a sus familias “porque las cartas eran abiertas y censuradas con tachones o no llegaban nunca”. Sus padres, Manuela Pareja y Antonio Madrera, no conocieron la verdad hasta que Victoria regresó a su casa. Como la violencia. “A mí me pegaron dos veces. Poco”, matiza, para las vejaciones que veía a diario.

Victoria con el álbum de fotos de Guadarrama. | JUAN MIGUEL BAQUERO

Los padres de Victoria pensaban que la dictadura les hacía casi un favor. No conocían a “una tal señorita Lourdes que era de Vigo y disfrutaba ridiculizando mi acento andaluz”, recuerda: “Sevillana, fulera, no sabes ni pronunciar, y tu madre que clase de madre será que ni siquiera enseña a hablar a su hija como las personas”.

Manuela y Antonio no sabían, por ejemplo, que la buena maña de su hija para bordar sería usada como trabajo forzado. “Sí, me ponían a coser, eran ajuares para ricas, supongo, nunca nos dijeron para quienes estábamos cosiendo”, reconoce. Una pieza tras otra, “manteles, servilletas”. Y luego otras. “Nos ponían a las que sabíamos bordar”.

Victoria no olvida. “Ni perdono”. Porque la democracia española “nunca ha hecho justicia”, reivindica. “Y la gente tiene que saber todo lo que pasó”. Victoria, hoy, sigue conservando la “la aguja de hacer croché o ganchillo y el canutero donde guardaba las agujas”. Pone los objetos sobre una mesa de camilla con un tapete blanco elaborado con sus manos. Al lado coloca las “cinco fotos” que conserva de su estancia en el Preventorio de Guadarrama. “El resto que tenía las rompió mi madre”. Después de saber lo que ocurría en aquel “campo de concentración para niñas en el franquismo”.

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Fotografía destacada: Victoria –segunda por la derecha– en el Preventorio de Guadarrama. | J.M.B.

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Memoria-Preventorio-Guadarrama-concentracion-franquismo_0_923208011.html

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Piden que el Gobierno desclasifique documentos que relacionan el franquismo y el nazismo

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica solicita la publicación del listado de nombres de deportados que sobrevivieron a los campos de concentración.

diario16.com / Eva Maldonado / 13-08-2019

Ante el conocimiento público, a través del Boletín Oficial del Estado, de un listado de republicanos españoles deportados y fallecidos en los campos nazis de concentración, y detectando la ausencia de cientos de nombres de personas fallecidas en ellos, que no forman parte de esos datos, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) considera la información incompleta y reclama al Gobierno que facilite más datos.

Así, la ARMH insta al Gobierno a utilizar la investigación de los historiadores Benito Bermejo y Sandra Checa, que es la más completa al respecto según afirman desde la asociación, ya que incluyó los libros enviados desde Francia en los años 50 y porque fueron investigadas las fuentes originales en Francia y Alemania. Se trata del “Libro Memorial” que lleva colgado en la web del Ministerio de Cultura desde que ocupó esa cartera Carmen Calvo en 2006.

Además, desde ARMH solicitan la publicación del listado de nombres de deportados que sobrevivieron y fueron liberados en los campos y que de igual modo sufrieron la intervención del gobierno franquista y las gestiones de Ramón Serrano Súñer ante sus aliados nazis para que fuera el ejército de Hitler quien llevara a cabo las deportaciones.

También instan al Gobierno a hacer públicos, de una vez por todas, los documentos relativos a las estrechas relaciones que mantuvo el Estado franquista con la Alemania nazi, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, relacionadas con asuntos militares, transporte de objetos y recursos económicos, piezas de arte, personas que entraron en España, así como los movimientos que se produjeron en España de miembros de las Fuerzas Armadas del III Reich.

Así mismo, ARMH entiende que la participación del Estado franquista en la deportación de esos casi 10.000 republicanos españoles merece un ejercicio de responsabilidad y son, por lo tanto, víctimas de la dictadura por lo cual deberían ser reparadas. En ese sentido se podrían utilizar para su reparación los lingotes de oro nazi que tienen estampada una esvástica y que se encuentran depositados en el Banco de España, ya que se sabe que no tienen nada que ver con el robo de oro a los judíos y por lo tanto sin un recurso disponible.

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Fuente:https://diario16.com/piden-que-el-gobierno-desclasifique-documentos-que-relacionan-el-franquismo-y-el-nazismo/

 

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Piden reconocer y reparar a los republicanos que acabaron en campos nazis

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) considera que los republicanos españoles deportados tras la guerra y que acabaron en campos de concentración nazis son “víctimas de la dictadura” que deberían ser reconocidas y reparadas por el Estado español.

lavanguardia.com / EFE / 12-08-2019

Así lo plantea la ARMH en una carta al presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, en la que propone que, para hacer efectivas dichas reparaciones, se utilicen “los lingotes de oro nazi que tienen estampada una esvástica y que se encuentran depositados en el Banco de España” y son “un recurso disponible”.

La carta, firmada por el presidente de la asociación, Emilio Silva, reconoce la publicación en el Boletín Oficial de Estado (BOE) de la lista de republicanos españoles deportados y fallecidos en los campos nazis de concentración, pero asegura haber detectado la ausencia de “cientos de nombres” de personas fallecidas.

También considera necesario publicar el listado de nombres de los deportados que sobrevivieron y fueron liberados en los campos y que “de igual modo sufrieron la intervención del Gobierno franquista y las gestiones de Ramón Serrano Suñer ante sus aliados nazis para que fuera el ejército de Hitler quien llevará a cabo las deportaciones”.

Por ello, Silva también insta al Gobierno hacer públicos los documentos relativos a “las estrechas relaciones que mantuvo el Estado franquista con la Alemania nazi”.

En especial aquellos relacionados con asuntos militares, transporte de objetos y recursos económicos, piezas de arte, personas que entraron en España, así como los movimientos que se produjeron en España de miembros de las fuerzas armadas nazis, detalla la carta.

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Fuente:https://www.lavanguardia.com/internacional/20190812/464004048640/piden-reconocer-y-reparar-a-los-republicanos-que-acabaron-en-campos-nazis.html?utm_term=botones_sociales&utm_source=whatsapp&utm_medium=social

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Remedios, 83 años esperando esta llamada: “Hemos identificado el ADN de su padre en una fosa común”

ENTREVISTA | Remedios Gómez Márquez

Los análisis de ADN a las 14 víctimas del franquismo exhumadas en Castro del Río (Córdoba) permiten identificar al padre de Remedios Gómez Márquez.

Juan José Gómez fue ejecutado por los golpistas junto a su hijo Antonio, que tenía 17 años, en julio de 1936, al inicio de la guerra civil.

Remedios está “feliz” pero vive la noticia entre “contradicciones” porque la ciencia no ha podido confirmar que entre los restos óseos esté su hermano.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 08-08-2019

Remedios ha encontrado a su padre. Llevaba 83 años buscando su cuerpo. Una muestra de ADN ha identificado a Juan José, víctima del franquismo. Remedios lo podrá enterrar junto a su madre. Está “feliz”. Pero vive la noticia entre “contradicciones”. Porque también busca a su hermano y la ciencia no ha podido confirmar que Antonio, ejecutado con 17 años, esté entre los huesos de las 14 personas exhumadas en Castro del Río (Córdoba).

“Ha sido muy especial encontrar a mi padre en una fosa común, no lo esperaba en la vida”, confiesa Remedios Gómez Márquez en una entrevista con eldiario.es/andalucía. Y allí estaban los restos óseos, arados y removidos durante décadas en el paraje de Santa Rita. Como demostró el trabajo arqueológico.

Entre la tierra estaba Juan José Gómez Gálvez, asesinado por los golpistas de Franco. Tenía 46 años. Su hijo Antonio Gómez Márquez, menor, tenía 17 años. Ambos fueron ejecutados el 20 de julio del 36. Remedios se acuerda de su madre, Dolores Márquez de la Fuente. Una mujer que “murió de negro”, a los 86 años. Una mujer que, desde aquellas muertes, nunca celebró “nada” en casa.

Una llamada desde la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía ha informado esta semana a Remedios del resultado positivo de las muestras genéticas cotejadas en el Banco de ADN de la Universidad de Granada. Los restos hallados en la fosa y los que ella misma entregó son compatibles. Remedios preguntó por su hermano, pero la respuesta fue negativa. Las 14 víctimas exhumadas eran hombres, dos de ellos menores de edad. Ahora un par tienen nombre y apellidos. Uno es el padre de Remedios. El otro es el hermano de una mujer del mismo municipio.

Remedios, ha encontrado a su padre. ¿Qué siente?

Ha sido muy especial encontrar a mi padre en una fosa común, no lo esperaba en la vida. Lo que siento es una emoción muy grande. Incluso hoy ando regular de salud. Y ayer me dio un ataque de nervios, lo mismo lloraba que reía. Algo extraño en mí, que siempre acepto las cosas muy tranquila, pero ayer me pilló de sorpresa después de tanto tiempo esperando.

El arqueólogo Jesús Román toma la muestra de ADN a Remedios Gómez.

¿Cómo fue recibir la llamada anunciando el resultado positivo, tras más de 80 años de búsqueda?

Me preguntaron cómo me llamaba y dije para qué. Ya me dijeron que era para eso, que tenían la prueba de ADN y había dado positivo. Le pregunté de quién y me dicen de su padre. Me dio mucha alegría. No sabía qué contestarle, me puse nerviosa. Lo primero que hice fue preguntarle por mi hermano, tenía un interés especial en que apareciera, era un niño de 17 años. Pero me dijeron que solo mi padre. Pensé que serían los dos… ahora me queda eso, por qué mi hermano no, después de tanto tiempo. Estoy muy alegre por un lado, y por otro con muchas contradicciones.

¿De quién se acuerda en estos momentos?

De mi madre. Ella los vio atados a los dos cuando los cogieron en la Santa Crucita, en una aldea. Murió de negro y nunca la vi reír ni celebrar nada en mi casa, ni un cumpleaños. Nada, ni Nochebuena. Yo sigo igual, no celebro ni mi cumpleaños.

¿Qué le contaba?

No contaba nada, no podíamos hablar. Había mucho miedo. En mi casa una conversación normal de lo que pasó… eso nunca. No se podía. Si contaba algo decía que no se entere nadie, que si preguntan no vayas a decir que a tu padre lo han matado, di que se ha muerto.

Remedios junto a Antonio, ejecutado por los franquistas con 17 años, y el resto de sus hermanos.

¿Cómo era su padre?

Era guitarrista de carrera, estuvo estudiando en el conservatorio en Córdoba. A él le conocían como el Bandurria, y así nos conocen a todos en el pueblo. Era una persona especial. Siempre tenía tiempo para tocar en todas las bodas y bautizos. Pero mi madre contaba poco.

Y su hermano…

Era un niño, con 17 años lo mataron. Y había otro más chico del pueblo, con 16. Se lo llevaron porque estaba con mi padre. Una mujer vio cómo los ataban y se los llevaban. Y ya está. Ninguno había hecho nada.

¿Cómo los detienen los golpistas?

Había un cortijo cerca del pueblo donde repartieron tierras para que algunas familias las pudieran labrar. Ellos dormían en una era que teníamos allí. Por la mañana llegaron unos camiones y como mi padre no tenía nada se levantó, y mi hermano, que estaba con él. Pero tenían una lista. Sabían a quién se iban a llevar. A los que no tenían a mano, como mi padre, los buscaron.

Cuando mi madre se entera fue a buscar a otras mujeres, de los que se habían llevado, y fueron a Montilla, donde le dijeron que los habían trasladado. Mi madre estaba embarazada de siete meses, cogió un mulo, y al llegar le dicen que no, que están en Espejo. Allí los vio atados de las manos, a pleno sol. Es lo último que sabemos de ellos. A las mujeres cuando volvieron al pueblo las pusieron a barrer la plaza y a alguna la pelaron y le dieron aceite de ricino. Yo lo vi. Y esta mujer murió a los pocos días, también la vi muerta.

¿Sabe si hablaron sus padres en aquel momento?

Mi padre le dijo coge a los niños, que éramos cinco, y vete cuanto antes del pueblo. Y eso hizo. Llega a Santa Cruz y nos coge, con una cabra para por lo menos darnos de comer por ahí, y llegamos así hasta Jaén andando, en pleno julio. Mi madre se puso tan malita que abortó. La ingresaron en el hospital de Jaén y nos quedamos un mes solitos, en una finca. Nos ayudaron un poco por lo menos para comer. Dormíamos a veces en el pajar con los animales, solo con una mantita.

Los años de la guerra pasamos mucha hambre y necesidades. Lo mejor para comer eran aceitunas secas, y lo poco que daba el campo. Para dos de mis hermanos y yo incluso tenían los papeles para enviarnos a Rusia, pero un tío mío se hizo cargo y nos quedamos. No sé lo que sería mejor.

Luego, cuando volvimos al pueblo, un falangista se había metido en nuestra casa, una casa que hicieron mis padres… Le daría un poquito de remordimiento y nos dejó que nos metiéramos, pero en una habitación abajo, porque él se quedó en la casa, ya la consideraba suya. Muchos años después fui al pueblo, porque vivo en Córdoba, y quienes compraron la casa me dejaron entrar a verla.

Y, del secuestro, a una cuerda de presos y la ejecución.

Estaban atados con sogas. Los mataron en un olivar, pidiendo agua con voz lastimera, según contó Francisco Merino en un libro. Ese testimonio dice que al momento escuchó una ráfaga y vio como les daban el tiro de gracia. Que los dejaron allí tirados, no hicieron fosa. Otro decía que vio cómo se los comían los perros, pero no quiero ni pensarlo. Lo que pasa es que eso es lo que se ha contado. Es la historia nuestra, sé que hay muchas, pero es triste, de esto no te repones nunca. Y fue uno del pueblo el que tuvo la culpa.

Remedios Gómez, con la muestra genética que ha facilitado la identificación de su padre.

¿Qué diría precisamente a las víctimas que siguen buscando a sus familiares en fosas y cunetas?

Que tengan ánimo y hagan como yo, que sigan y sigan, que  llevo muchos años con esto. Que mantengan la esperanza.

Y a quienes hablan de abrir heridas…

Hay quienes hablan de venganza, sí. Les diría que no entienden. Esa es la excusa que tienen, que hace mucho tiempo. Pues yo tengo 87 años y me sigo acordando, no me han anulado aunque quieran.

O eso que dicen que todos hicieron igual, que todos mataron… Pues no. Mentira. El golpe de Estado lo dieron ellos y no pararon de matar nunca. Otros se defendieron y es normal, si te van a matar, te defiendes. Es la realidad de lo que pasó.

¿Qué opina entonces de todo el camino que queda por recorrer en España?

Que no se ha hecho nada, nunca. Y nada es nada. Todo esto se podía haber hecho hace mucho tiempo. Y lo que se ha hecho es con la fuerza de los familiares.

Trabajos en la fosa de Castro del Río (Córdoba). |AYUNTAMIENTO DE CASTRO DEL RÍO

Y, dicen, una fosa común es un libro abierto, que explica la historia. Usted estuvo en la excavación.

Yo he estado allí muchos días. Los huesos eran tan pocos, tan arados… Ha sido como encontrar una aguja en un pajar, en el sitio que estaba era muy difícil encontrarlo, pero tuvimos suerte. Al final no han podido confirmar nada más que a mi padre, eso no lo esperaba yo.

Pero el trabajo de los arqueólogos ha sido… tengo un gran agradecimiento que no les voy a pagar nunca. A Jesús (Román) y Juanma (Guijo) les tengo un cariño especial. No solo es el trabajo, sino en lo personal, cómo se comportan con las personas. Son únicos. De estas personas hay muy pocas.

“Ojalá todos los familiares pudieran dar un entierro digno a sus seres queridos”

En la “alegría” de Remedios cabe un recuerdo especial al equipo científico encargado de la exhumación, dirigido por el arqueólogo Jesús Román y el antropólogo Juan Manuel Guijo, junto a la arqueóloga Elena Vera y Antonio Domínguez.

“Hoy es uno de esos días en los que te sientes orgulloso de tu trabajo, ves que se cierran heridas que nunca dejaron de sangrar”, apunta Jesús Román. “Remedios es de esas personas que te marcan para siempre” aunque “su felicidad no es completa, aún falta su hermano, pero, al menos, ha podido recuperar a su padre”, matiza el arqueólogo. “Ojalá todos los familiares pudieran dar un entierro digno a sus seres queridos que 83 años después continúan desaparecidos”, confiesa.

Los trabajos arqueológicos fueron coordinados desde la extinta Dirección General de Memoria Democrática de la Junta de Andalucía. El Gobierno andaluz y la consejería de Cultura, hasta el momento, no han informado del resultado positivo de la identificación genética de dos víctimas del franquismo.

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Fotografía destacada: Remedios Gómez Márquez (dcha).

Fuente:https://www.eldiario.es/andalucia/especial-encontrar-padre-comun-esperaba_0_929157552.html

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“La libertad me quitaron pensando en ti”: la historia de Blasa La Letrada, alcaldesa republicana en la guerra y presa política de Franco

Blasa Jiménez Chaparro fue pionera del activismo femenino en el mundo rural y de la nueva generación de mujeres que participaba en la política española.

Como la primera alcaldesa republicana de Ciudad Real (Castilla-La Mancha), fue sometida a “terribles” torturas hasta su muerte en una cárcel franquista.

A Blasa, alias La Letrada, los golpistas le ejecutaron a su marido, Andrés Orejón, y a su hijo mayor, Severiano, mientras otros dos fueron encarcelados.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 07-08-2019

A Blasa le arrancaron los pezones en la cárcel. Los golpistas la sometieron a torturas. Hasta su muerte. Blasa Jiménez Chaparro era una presa política de Franco. Porque Blasa, alias La Letrada, había roto el esquema patriarcal: formó parte de la primera generación de mujeres que participaba en la política española. Y fue alcaldesa republicana en un pequeño pueblo, Alhambra, la primera en el mundo rural en Ciudad Real (Castilla-La Mancha).

Blasa era una de las pioneras en quebrar el segundo plano social destinado a la mujer. Regidora y máxima dirigente local del Partido Comunista (PC) en 1938. Concejal y consejera del Socorro Rojo Internacional durante la guerra civil española. Los fascistas acabaron con su vida y, de paso, con la de su marido, Andrés Orejón, y su hijo mayor, Severiano.

La España de la conspiración golpista nunca perdonó que ellas rompieran las reglas de juego. Los rebeldes aplicaron la violencia extrema contra las mujeres como venganza contra el feminismo naciente de la II República. La represión especial de género parte del terror caliente durante la guerra civil: secuestro, vejaciones, tortura y asesinato.

Luego, la dictadura de Francisco Franco diseñó un modelo único de mujer atada al sumisa y devota del nacionalcatolicismo. La posguerra ya sirvió de laboratorio. La intervención política en la República dejaba paso a la obediencia cotidiana. A un nuevo orden social que viviría atado al aura fascista de la Sección Femenina de Falange Española.

Activismo político feminista en el mundo rural

“Es un caso peculiar porque en el mundo rural, en la época, no solía haber mujeres con ese grado de actividad política”, explica a eldiario.es Luis Ángel Gómez Santos, que ha escrito la microbiografía de Blasa Jiménez Chaparro para el libro Para hacerte saber mil cosas nuevas. Ciudad Real 1939.

La Letrada con su hija Blasa. | FAMILIA OREJÓN

El 3 de junio de 1938, La Letrada será nombrada alcaldesa. Durante toda la guerra de España será concejal y ocupó “papeles tan importantes” como depositaria de los fondos municipales e integrante de varios comités, como representante del Comité Local del Socorro Rojo. O consejera de propaganda del Ayuntamiento de Alhambra. En su primera intervención logra una ayuda para un refugiado.

Blasa era “máximo dirigente del PC en el 38 en el pueblo”. Su marido, Andrés Orejón, había fundado el partido en Alhambra. Estuvo afiliada hasta marzo de 1939. En esa fecha presenta su dimisión, en desacuerdo con la sublevación organizada contra la Junta de Defensa de Madrid.

Blasa era una excepción. Porque, pese a los “avances feministas durante la II República, la mujer rural solía desempeñar un papel más tradicional, ajeno a la implicación política de lleno”.

“En las ciudades sí era algo más común –el activismo político de la mujer–, pero en pueblos era complicado”, subraya. “Y en un momento de auge de la lucha del feminismo creo que es importante recordar los antecedentes, como este caso”, considera el autor. Por eso, dice, “todos los casos son importantes pero este es muy peculiar”.

La defensa de mujeres falangistas en el juicio

“Ser mujer e involucrada en la República” era, para los franquistas, un “doble delito”. Así quedó reseñado en el juicio al que La Letrada fue sometida tras la entrada de las tropas golpistas en el pueblo. Detenida por las nuevas autoridades franquistas locales, será llevada a la prisión de Villanueva de los Infantes y sometida a un juicio sumarísimo de urgencia en el verano del 39.

A Blasa los golpistas “la acusan de instigar asesinatos”. Ella lo niega. Algunos testigos no dudan en señalar en el juicio a la mujer. La culpan “no de cometer el delito, sino de alentar”. De influir en “los extremistas”. Otro ejemplo, chivan: estaba “siempre dispuesta para capitanear a las masas para incendiar imágenes de esta parroquia y cometer saqueos en casas de vecinos de esta localidad”.

Ficha carcelaria de Blasa La Letrada. | AM DE VILLANUEVA DE LOS INFANTES

En la causa “se hace hincapié en que es la primera alcaldesa y da más gravedad al asunto”, apunta Gómez Santos. Pero otras declaraciones la exculpan. “Es curioso como hay dos mujeres de la Sección Femenina de Falange de Alhambra, y algún hombre, que la defienden, que dicen que en su etapa de alcaldesa no cometió ningún atropello contra gente de derechas”, narra Luis Gómez. Testimonios “favorables” a la alcaldesa republicana que contradecían “los informes realizados por las autoridades franquistas locales y el Servicio de Información de Falange de Alhambra”.

Pero Blasa Jiménez acabó en la cárcel. El tribunal franquista dicta una primera condena a pena de muerte, conmutada por 30 años de reclusión mayor. La ficha carcelaria de La Letrada indica un traslado a la prisión de mujeres de Amorebieta (Vizcaya). “Una de las cárceles femeninas más duras de la España dictatorial”.

Como presa política de Franco sufre “terribles torturas”. Como la ‘gota china’. Vejaciones. Condiciones insalubres, “estaba rellenita y se quedó en los huesos”, cuenta. O mutilación: “le arrancaron los pezones”. La ejecución de su compañero, Andrés, de un hijo y el encarcelamiento de otros dos “la van consumiendo”. Y muere entre rejas a finales del año 40. El cuerpo sigue en paradero desconocido. Su familia nunca supo dónde está enterrada.

“La libertad me quitaron pensando en ti”

“Hoy te mando esa postal que mis manos han bordado con lágrimas en los ojos recordando que hace tiempo la libertad me quitaron pensando en ti y en tu madre, hijas de mi corazón. Y a vuestro padre querido jamás lo olvidaré yo”, escribió La Letrada desde tierra vasca. Corre septiembre de 1940. Es la última noticia que su familia atesora de Blasa. “Te abraza tu abuelita, para mi nieta Pepita”.

Carta de Blasa a su nieta Pepa desde la cárcel de Amorebieta. |FAMILIA OREJÓN

“No duró más de diez meses en la cárcel de Amorebieta”, dice Gómez Santos. Blasa integra un listado de más de 4.000 víctimas mortales de la represión franquista en Ciudad Real, según el estudio Mapas de Memoria. Todos muertos “después de la guerra”, fruto de “una represión pura y dura, sistemática”, en una provincia “siempre en retaguardia”.

La cifras en Castilla-La Mancha ascienden a, al menos, 20.072 personas, según la base de datos ‘Víctimas de la dictadura’. Ciudad Real es una de las zonas donde la violencia de posguerra fue más intensa. “En proporción de la población es de las más represaliadas, más que Madrid o Barcelona y superada solo por Sevilla o Huelva, por ejemplo”, especifica el investigador.

Alhambra, el pueblo de Blasa, suma 19 nombres a este registro, “más otros tres de una pedanía, Pozo de la Serna”, matiza. Por el contrario, los izquierdistas mataron “a tres al principio de la guerra, el jefe de Falange y su hijo, y otro derechista más en una checa en Madrid”. A La Letrada, “y a casi todos los enjuiciados”, les achacaron estas muertes.

Mujeres pioneras en la política española

Blasa cargó con la culpa, penando en la cárcel como presa política de Franco hasta la muerte. La alhambreña era un ejemplo de mujer incorporada al relato social. Una “excepción” en el mundo rural. Blasa, que sabía leer y escribir y daba clases a sus paisanos “en pueblos donde las tasas de analfabetismo eran muy altas”.

Como la primera mujer en estar al frente de una alcaldía, María Domínguez: periodista, poetisa, feminista, maestra, socialista y alcaldesa republicana de Gallur (Zaragoza) desde el 29 de julio de 1932 al 6 de febrero del 33. O Natividad Yarza, docente y política, regidora de Bellprat (Barcelona) como candidata de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) tras las elecciones de enero del 34. Y Julia Mayoral, otra maestra de la República, que en Alange (Badajoz) fue “elegida alcalde” (sic) en enero del 33, como informaba entonces el Heraldo Extremeño.

Mayoral se jubiló como maestra en el colegio Federico García Lorca de Mérida, conocido antaño como El Calvario. Yarza acabó exiliada en Francia. Y Domínguez fue ejecutada por los franquistas al inicio de la guerra. Muerta, como La Letrada, por ser modelos del incipiente feminismo.

Blasa era una “mujer comprometida, atrevida y combativa en el difícil contexto en el que le tocó vivir”. Una alcaldesa republicana, “un caso singular en el mundo rural”. La memoria de Blasa, sin embargo, “ha quedado relegada al olvido”, afea Luis Ángel Gómez. “Nunca hubo ningún homenaje en el pueblo, nada”.

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Fotografía destacada: Blasa Jiménez Chaparro con su marido, Andrés Orejón (izquierda) y su hijo mayor, Severiano. | FAMILIA OREJÓN

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Blasa-Letrada-alcaldesa-republicana-Franco_0_926357761.html

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La ARMH pide al Gobierno que establezca el 18 de julio como fecha para homenajear a las víctimas de la dictadura

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) reclamó este miércoles al Gobierno que fije el día 18 de julio como la fecha para conmemorar y homenajear a las víctimas de la dictadura franquista.

que.es / SERVIMEDIA / 07-08-2019

La ARMH emitió un comunicado en el que mostró su desacuerdo con la intención del Gobierno de establecer la fecha del 31 de octubre, día en que se aprobó la Constitución de 1978 y la Ley de la Memoria Histórica, y apostó por que esa efeméride se celebre el 18 de julio por ser el día en que tuvo lugar el golpe de Estado de 1936 que desencadenó la Guerra Civil y la posterior dictadura.

“Creemos que la fecha conmemorativa debe ser el 18 de julio, porque además del reconocimiento a las víctimas es necesario el rechazo explícito a los verdugos y a quienes hicieron de la violencia y el asesinato de decenas de miles de civiles un medio para destruir la democracia”, indicó su presidente, Emilio Silva.

A su vez, la ARMH exigió que se anulen los títulos nobiliarios concedidos por Franco y cualquier otro reconocimiento del Estado otorgado a “represores de la dictadura”, ya que, según Silva, “no se puede rendir ningún tipo de homenaje a quienes cometieron más de 100.000 asesinatos de hombres y mujeres civiles, violaron a miles de ellas, torturaron por pensar de otra manera a miles de personas y secuestraron durante 40 años la democracia”.

Esto le sirvió para reclamar que la retirada de esos reconocimientos sea extensiva a cualquier mérito dictado por una institución pública, como las medallas al antiguo inspector de la Brigada Político-Social y presunto torturador José Antonio González Pacheco, apodado ‘Billy el Niño’.

Por último, sugirió al próximo gobierno que el nombramiento de la persona que ocupe la Dirección General de la Memoria no pertenezca a un partido político, como ha sucedido hasta la fecha, sino que proceda del ámbito de los derechos humanos, ya que “la memoria pública debe ser patrimonio inmaterial de toda la sociedad y, por tanto, es necesario sacar esas políticas de la pelea de partidos y propiciar su apertura a toda la sociedad”.

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Recupera 80 años después una foto suya de niña que los nazis confiscaron a su padre en Mauthausen

El padre de Paquita González fue prisionero en el campo de concentración de Mauthausen, donde le arrebataron la foto de su hija. A sus 83 años, Paquita ha podido recuperarla.

lasexta.com / EFE / 05-08-2019

A Paquita González le hicieron una foto cuando era niña, el típico posado de los años 40. Fue una de las escasas posesiones que le confiscaron a su padre, Francisco, cuando ingresó en el campo de concentración nazi de Mauthausen80 años más tarde, Paquita ha podido recuperarla.

Hoy vive en Font-Romeu (Francia), a los pies de la estación de esquí del mismo nombre, y siempre le había interesado esa historia tan cercana de alguien que salió vivo, aunque pesando tan solo 40 kilos, de sitios tan terribles como los campos de Mauthausen y Dachau.

“Nombre y Apellido: González Cuadrado, Francisco. Nacimiento: 13-10-1913. Lugar: Miliana (Argelia). Residencia: Cabrianes (Barcelona). Carretera de Artes, N.14. Profesión: Conductor. Religión: Católico Romano. Nacionalidad: Español”. Esta es la ficha de su entrada en el primero de esos campos. Datos como los suyos se acumulan en los archivos Arolsen, que reúnen información sobre los millones de víctimas del nazismo como parte del proyecto ‘Stolen Memories’ (“memorias robadas”).

La Universidad Rovira i Virgili de Tarragona tiene un acuerdo de colaboración para acceder a todo ese material y el historiador asturiano Antonio Muñoz, del programa Beatriu de Pinós, encontró allí la ficha de Francisco y la foto de una niña, su hija, que le fue confiscada cuando entró en el campo.

Antonio se propuso devolvérsela a su legítima propietaria si aún vivía y el hilo del que pudo tirar le llevó a un pequeño núcleo de casas volcado en la minería y que forma parte del municipio barcelonés de Sallent: Cabrianes.

Según la ficha de los nazis, Francisco tenía allí su residencia, así que lo primero fue llamar para ver si había todavía familiares de aquel preso. Y los había. Y también una historia de amor de dos jóvenes medio adolescentes, los padres de Paquita, a los que la Guerra Civil separó.

Separados por la Guerra Civil

Paquita tiene ahora 83 años y ha pasado casi toda su vida en Francia, aunque hasta los 10 residió en Cabrianes con sus abuelos y un tío. Francisco, su padre, conductor de camiones en el bando republicano durante la Guerra Civil, hijo de la minería española que fue a ganarse la vida a Argelia, tuvo que huir a territorio francés en 1939 con 26 años y acabó en una compañía de trabajo cerca de Beçanson, seguramente para reforzar la línea Maginot.

Allí fue capturado en 1940 y enviado a un campo de prisioneros de guerra junto a miles de franceses para iniciar un periplo que le llevó en enero de 1941 a Mauthausen y, posteriormente, a Dachau.

Su mujer, Teresa Serra, también tuvo que cruzar la frontera como pudo en 1939 y logró reunirse con su marido después de que las tropas aliadas liberaran Dachau y sus subcampos en 1945.

A la hija que habían dejado en Cabrianes con dos años la recuperaron con 10, después de que la familia la pusiera en manos de un ‘pasador’, un profesional de guiar por caminos nevados del Pirineo a quienes huían del franquismo.

Paquita, ya con 83 años, ha recuperado aquel retrato y admite que siempre le reprochó a sus padres que la condenaran a una infancia en España entre comentarios “no siempre agradables” sobre su familia, pero ahora sabe cuánto la quería Francisco, hasta el punto de que su retrato de niña lo acompañaba en los momentos más desesperados de su vida.

Esta “exiliada” española, como ella misma se define, recibió el 31 de julio la visita de Antonio y una última sorpresa inesperada, porque el fotógrafo que envió EFE para dar testimonio de toda esta historia, el veterano Robin Townsend, es hijo del oficial estadounidense que, al mando de la 14 División, participó en la liberación de Dachau y sus subcampos.

Cuando se cumplen 80 años del inicio de la Segunda Guerra Mundial, la hija del prisionero y el hijo de aquel militar se han reencontrado en Font-Romeu, el lugar desde el que Paquita mira cada día a España a través de su ventana con vistas a Puigcerdà.

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Fotografía destacada: La foto de Paquita que los nazis confiscaron a su padre | EFE

Fuente:https://www.lasexta.com/noticias/sociedad/recupera-anos-despues-foto-suya-nina-que-nazis-confiscaron-padre-mauthausen_201908055d4855150cf2c803c1057fad.html

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Emigdio Salvarrey, el patrón de barco que combatió el fascismo desde un campo de concentración

La Unión Nacional Española se creó en el país vecino durante la II Guerra Mundial con el objetivo de liberar Francia para después liberar a España del régimen franquista.

Los refugiados españoles pasaron de ser considerados una carga para el Estado francés a una fuerza de combate o mano de obra para una economía de guerra.

eldiario.es / Desmemoriados.org / 03-08-2019

Emigdio Salvarrey no sospechaba a principios de 1936, cuando trabajaba de patrón de barco en Castro Urdiales, que la Historia con mayúsculas le arrastraría con su familia hasta la Bretaña francesa. Le tocó pelear en el Frente Norte contra las tropas franquistas, pasar con su familia y su barco a Francia tras la caída de Asturias, combatir de nuevo en Cataluña en las baterías antiaéreas y terminar en los campos de concentración franceses, inicialmente en Argeles-sur-Mer y más tarde en Rennes, capital de la región de Bretaña, donde fue utilizado como mano de obra forzosa por el Gobierno francés y, tras la ocupación alemana, la organización Todt. Este carnet, fechado en octubre de 1944, después de la liberación de Rennes por las tropas aliadas, nos habla de la participación de Emigdio en el Maquis, dentro de la Unión Nacional Española (UNE).

La UNE fue una organización impulsada en el año 1942 por el Partido Comunista de España (PCE) con la intención de agrupar a la mayor cantidad posible de fuerzas opositoras para derrocar al régimen de Franco. Es decir, aglutinar y coordinar en una sola organización desde los anarquistas de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), hasta partidos conservadores y monárquicos y sectores católicos opuestos a la dictadura establecida en España, ampliando de esta manera el arco de fuerzas que habían luchado en defensa de la II República.

La situación de los militantes comunistas en Francia era muy complicada, ya que el PCE fue ilegalizado el 6 de septiembre de 1939, tras conocerse el Pacto Germano-Soviético de no agresión. A pesar de esto, desde finales de 1940 comenzaron la tarea de reorganizar el partido en una situación que no podía ser más crítica: aislados de la dirección (instalada en estos momentos entre la URSS y distintos países del continente americano) y en una Francia dividida tras la invasión alemana en mayo de 1940.

Los españoles encerrados en los campos de concentración franceses tuvieron pocas y nada buenas alternativas: regresar a la España franquista, alistarse en la Legión Extranjera, enrolarse en los Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros o aceptar “las obligaciones de los extranjeros” que establecía el decreto del 12 de abril de 1939. En él se contemplaba la integración de los varones entre 20 y 48 años en Compañías de Trabajadores Extranjeros (CTE): mano de obra barata para suplir la falta de trabajadores franceses, en su mayoría enrolados en el ejército.

Así, los refugiados españoles pasaron de ser considerados como una carga económica para el Estado francés a convertirse en fuerza de combate o mano de obra para una economía de guerra. Según datos del ejército francés, en abril de 1940 existían 140.000 milicianos españoles refugiados en Francia, de ellos 50.000 estaban enrolados en los CTE, bajo la autoridad del Ministerio de la Guerra; 40.000 habían sido empleados por el Ministerio de Trabajo para cubrir las necesidades de la industria y la agricultura; 6.000 fueron enrolados en la Legión Extranjera o en los Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros y 3.000 permanecieron en los campos de concentración al ser considerados no aptos para el trabajo [1].

Cuando en mayo de 1940 los alemanes invadieron Francia, 15.000 republicanos adscritos a los CTE cayeron en manos de los nazis, siendo miles de ellos enviados a los campos de exterminio. El resto quedaron a disposición de la organización Todt, también conocida como OT, que fue una macroempresa de ingeniería fundada en Alemania el año 1934, dedicada a la construcción y reparación de instalaciones e infraestructuras civiles y militares. Tras el comienzo de la II Guerra Mundial, en consonancia con los tiempos, la mayoría de sus proyectos fueron de naturaleza militar (carreteras, puentes, cuarteles, fábricas de armamento, bases de submarinos, fortificaciones, aeródromos, emplazamientos artilleros…).

De forma paralela a la ocupación de territorios, la OT empleó a un ingente número de trabajadores no alemanes (se estima más de millón y medio, la mayor parte prisioneros de guerra, refugiados políticos y judíos), en un régimen de trabajos forzados, en condiciones infrahumanas. Durante la ocupación alemana de Francia se estima que unos 80.000 extranjeros trabajaron para la Organización Todt, de ellos unos 30.000 españoles.

Por su parte, el Gobierno del Mariscal Pétain estableció el trabajo obligatorio para los varones extranjeros de 18 a 55 años en los Grupos de Trabajadores Extranjeros (GTE), denominación que recibieron a partir de entonces las CTE, para que contribuyeran a la economía francesa, supeditada a Alemania, y al propio «esfuerzo de guerra» alemán [2]. Estos se convirtieron, gracias a la acción de los militantes comunistas y anarquistas, en auténticas estructuras políticas clandestinas y en bases de apoyo a la resistencia española contra Franco en la retaguardia, llegando a albergar importantes grupos de lucha armada.

En octubre de 1940 se creó en París un Comité provisional del PCE que empezó a organizar los primeros grupos militares españoles dentro de la organización comunista francesa FTP-MOI, siglas que responden a Francotiradores y Partisanos-Mano de Obra Inmigrada.

La reorganización del PCE en Francia corrió a cargo de Jesús Monzón y Carmen de Pedro junto a cuadros intermedios, los cuales priorizaron la labor de establecer canales de comunicación con y entre los grupos comunistas dispersos por el país. No obstante, la dificultad de mantener una comunicación fluida con la dirección, que se prolongó hasta finales de 1943, y la escasez de información hicieron que el trabajo de reorganización y coordinación de los grupos comunistas, tanto en Francia como en el interior de España, se hiciera de forma prácticamente autónoma, con gran desconocimiento del Comité Central. Las únicas noticias las recibían a través de Radio España Independiente. De esta forma fue como se enteraron de la consigna del Comité Central del PCE de la “Unión nacional de todos los españoles” contra el régimen franquista.

Portada del carné de la Unión Nacional Española (UNE). | DESMEMORIADOS

La UNE se creó en 1942 en una reunión secreta encabezada por Jesús Monzón, celebrada en una granja de Montauban, que recibió el nombre en clave de Congreso de Grenoble. La organización se extendió por la Francia libre y la ocupada y logró establecer contacto con los grupos del partido organizados en el interior de España. Debió por lo tanto protegerse de las embestidas de los alemanes y del Gobierno de Vichy, que ejercía un estrecho control sobre los movimientos de los españoles y, al igual que las tropas ocupantes, arremetía contra todo intento organizativo [3].

La UNE, bajo el nombre de Agrupación de Guerrilleros Españoles, AGE, coordinaba sus actividades con la resistencia francesa a través de las Fuerzas Francesas del Interior, pero siempre mantuvo su autonomía puesto que se pretendía mostrar nítidamente la contribución española a la derrota del fascismo, esperando así el “ineludible” apoyo posterior de las fuerzas aliadas al derrocamiento del régimen franquista.

Si bien la UNE intentó agrupar en su seno a todas las organizaciones antifranquistas, lo cierto es que solo consiguió adhesiones individuales que, además, nunca se pudieron publicitar dado que vivían en España. El fracaso de esta estrategia se debió fundamentalmente a dos factores:

Por un lado, la propuesta de creación de un Gobierno de “unión nacional”, que convocara elecciones a Cortes constituyentes, suponía “de facto” desvincularse del Gobierno de Negrín en el exilio y terminar con la idea de régimen legal de la II República española, lo que supuso duras criticas al PCE por parte de la izquierda no comunista. [4]. Por otro lado, la desconfianza de la mayoría de las organizaciones por el exceso de dirigismo y protagonismo del PCE y el exacerbado anticomunismo latente durante el conflicto mundial.

Esta situación, unida al fracaso del intento de ocupación desde el valle de Arán del territorio español -que pretendía forzar la intervención militar de los Aliados en la liberación de España- supuso la caída de la dirección de Jesús Monzón en el PCE y la toma del control por Santiago Carrillo, de quien partió la orden de suspender la invasión, ya que en su opinión no existía el elemento sorpresa y se temía un envolvimiento que supondría la aniquilación de la guerrilla [5]. La UNE, principal obra de Monzón, se disolvió oficialmente el 25 de junio de 1945.

La UNE no fue el único ni el último intento de conseguir una plataforma organizativa en la que agruparse para propiciar la caída de la dictadura franquista: la Junta Española de Liberación (JEL), formada en México en noviembre de 1943, aglutinó a los socialistas del sector prietista con los partidos republicanos y la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas (ANFD), creada en octubre de 1944, aunó a socialistas, republicanos y anarquistas. Sin embargo, la desconfianza y rivalidades entre las distintas fuerzas políticas tras la derrota en la Guerra Civil fueron una losa que lastraría por mucho tiempo a la izquierda y demás sectores del espectro político español opuestos al franquismo. [6]

Aunque la fecha de afiliación en el carnet de la UNE de Emigdio Salvarrey sea de octubre de 1944, su actividad política y militar y la de otros muchos españoles se remonta hasta el inicio de la invasión alemana de Francia, momento en el que se incorporó al grupo de la UNE de Bretaña por medio de su vecino Pedro Flores, que realizó acciones de propaganda y sabotaje contra la ocupación alemana.

En julio de 1942 se produjo la primera redada que los alemanes realizaron en Bretaña, resultando detenidos 79 españoles, de los que 56 fueron encarcelados. Se calcula que durante la ocupación alemana unos 60 españoles de las redes de resistencia urbana de Bretaña fueron deportados a los campos de exterminio.

El golpe más duro que recibió la resistencia en Rennes tuvo ocasión el 8 de junio de 1944, justo dos días después de que se produjera el Desembarco de Normandía: 23 franceses y 9 españoles fueron fusilados en el Cuartel de Colombier, “entre ellos, el joven jienense Pedro Flores Cano, que actuó como jefe de un grupo armado de sabotajes y atentados” [7].

Waldo Salvarrey (hijo de Emigdio) recuerda el impacto que le produjo la noticia: “El fusilamiento de Pedro Flores fue el día 8 de junio de 1944. […] Yo me quedé muy fastidiado, porque era el mejor amigo que tenía. […] Esos días los alemanes hacían barbaridades” [8].

Notas

[1] Dreyfus-Armand, G. ‘El exilio de los republicanos españoles en Francia. De la guerra civil a la muerte de Franco’. Editorial Crítica, Barcelona, 2000, p.111.

[2] Egido León, Ángeles. ‘Republicanos españoles en la Francia de Vichy: mano de obra para el invasor’. Ayer, nº 46, 2002, pp. 189–208

[3] Andrés Gómez, V.  ‘Del mito a la historia. Guerrilleros, maquis y huidos en los montes de Cantabria’. Universidad de Cantabria, Santander, 2008, p.152.

[4] Heine, H. ‘La oposición política al Franquismo’. Crítica, Barcelona, p.204.

[5] Azcárate, M. ‘Derrotas y esperanzas. La República, la Guerra Civil y la Resistencia’. Tusquets Editores, Barcelona, p.288.

[6] Egido León, Ángeles. Op. cit. pp. 207–208

[7] Ortiz, J. ‘Sobre la gesta de los guerrilleros españoles en Francia’. Atlántica, Biarritz, 2010, p. 27.

[8] Entrevista a Waldo Salvarrey realizada el 28 de marzo de 2019. Desmemoriados.

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Fotografía destacada: Carné de Emigdio Salvarrey como miembro de la Unión Nacional Española. | DESMEMORIADOS

Fuente:https://www.eldiario.es/norte/cantabria/desmemoriados/Emigdio-Salvarrey-patron-combatio-fascismo_6_927117282.html

Publicado por ARMH
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Comienza la búsqueda de Pachín el de Bárzana, fusilado en Teverga

La Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica trabaja en la ‘Huerta de Chalo’, en San Martín, para buscar el cuerpo del capitán republicano, que participó en la defensa del Puerto Ventana.

Los trabajos están siendo coordinados por la historiadora y arqueóloga Arantza Margolles, y ya se han localizado dos casquillos de la época.

lavozdeltrubia.es / 30-07-2019

Francisco Fernández, “Pachín el de Bárzana”, fue fusilado por un grupo de falangistas en Teverga el 21 de noviembre de 1937. Capitán republicano, había participado en la defensa del Puerto Ventana. Fue enterrado en una fosa, que por testimonios orales se sitúa en el  lugar conocido como “Huerta de Chalo”, en San Martín de Teverga. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha comenzado hoy las prospecciones para localizar su cuerpo, y ya ha localizado dos casquillos de 35 mm, de 1935, por lo que corresponden con la época del fusilamiento.

“Se tiene conocimiento de la localización de la fosa en la que pudiera encontrarse Francisco Fernández por testimonios orales de la época, estando catalogada en el Mapa de Fosas Comunes de Asturias”, señala la Asociación. Pachín el de Bárzana tenía 33 años cuando se entregó a las fuerzas falangistas teverganas después de que estas irrumpieran en numerosas ocasiones en su casa de Bárzana (una pequeña localidad de Teverga) donde vivía con su mujer y tres hijos, mientras él permanecía escondido tras la toma de la zona por las tropas sublevadas. Pasó tan solo un par de días arrestado, primero en Bárzana y después en un centro de detención en San Martín, hasta la noche del 21 de noviembre de 1937. Aquella madrugada, una familia que regentaba una panadería en el pueblo oyó los tiros con los que asesinaron a Francisco Fernández, habiéndole identificado previamente al reconocer su voz cuando este, antes de ser abatido, rogó que le permitieran despedirse de su mujer e hijos”, relata la asociación.

Pachín el de Bárzana había estado al mando, como capitán, de la Tercera Compañía de las milicias populares del Ejército del Norte, que operaron desde principios de octubre de 1936, en concreto del Batallón Asturias-39. Celso Peyroux, cronista de Teverga, recoge su nombre en su obra ‘Matar para seguir viviendo. La Guerra Civil en Teverga y Quirós’. Allí, en el sector tevergano, se radicaban ya desde el verano de 1936 algunas escuadras de falangistas llegadas desde León, que tomaron posición en varios puntos de las cumbres como Picu Gomar, Brañellas, Trobaniellu, Collada de Refuexu o el Alto de las Navariegas. Fernández fue voluntario, capitán a cargo del capitán jefe Rafael Barredo, Falín el de Grau, y luchó en la batalla del Puerto Ventana en octubre de 1936.

Los testimonios recogidos a lo largo de los últimos años por los familiares de Pachín el de Bárzana hacen pensar que el cuerpo pudiera estar enterrado en el terreno más próximo a las casas de los panaderos que oyeron su voz la noche de su ejecución. Se trata de una finca, hoy unida a su colindante, de unos 2,5 kilómetros cuadrados. La zona ha sido desde entonces utilizada como pasto y arboleda, con el único cambio de la apertura de un paso en su zona septentrional hace dos años, en la cual no se encontraron restos humanos, y el cegamiento de los dos caminos de acceso originales. La intervención será dirigida por la historiadora y arqueóloga gijonesa Arantza Margolles Beran y en ella participará un equipo formado por una decena de voluntarios y voluntarias llegados de varios puntos de España. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), fundada en el año 2000 después de la primera exhumación mediante métodos científicos en Priaranza del Bierzo, entregó recientemente los restos de Ángel Fernández, represaliado cuyo cuerpo fue recuperado, en una intervención conjunta con la Sociedad de Ciencias Aranzadi, en 2017, en la fosa de La Canalona (Pravia), que se desarrolló a la par de la búsqueda de tres mujeres en la fosa común del cementerio de Bañugues (Gozón). Actualmente trabaja en el estudio y localización de otras fosas comunes en Asturias.

Pachín el de Bárzana, en una foto de su familia

Casquillos de 35 mm de 1935, hallados en la zona

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Fotografía destacado: Búsqueda de Pachín de Bárzana

Fuente:http://lavozdeltrubia.es/2019/07/30/comienza-la-busqueda-de-pachin-el-de-barzana-fusilado-en-teverga/

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