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Emilio Silva: “Cuando empezamos a exhumar hace 20 años no conocíamos la dimensión de los crímenes franquistas”

ENTREVISTA Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

Cuando se cumplen 20 años de la primera exhumación de desaparecidos por el franquismo con métodos científicos, elDiario.es entrevista a su impulsor, fundador de la ARMH: “La equidistancia del Estado explica que pasen cosas como las amenazas de Vox o la retirada de la placa de Largo Caballero”

eldiario.es / Olga Rodríguez / 17/10/2020

El deseo de escribir una novela sobre republicanos como su abuelo llevó a Emilio Silva en el año 2000 a viajar al Bierzo y a indagar sobre las vidas de guerrilleros. No buscaba los restos de su abuelo desaparecido. Más bien indagaba sobre la naturaleza humana de aquellas personas que defendieron la democracia y combatieron la dictadura. Pero la vida a veces nos coloca delante de nuestras narices nuevos interrogantes y eso es lo que le pasó a Silva cuando una mañana una cita prevista con un guerrillero se truncó en el último momento “porque le surgieron problemas personales, y esos problemas personales de ese hombre son la primera causa de que hoy esté aquí hablando contigo”.

A falta de cita, Silva entabló conversación con un amigo de la infancia de su padre, Arsenio Marcos, quien en un momento dado pronunció unas inesperadas palabras que obligaron a Emilio a olvidarse del relato que esperaba oír del guerrillero, de su libro, de la escritura: “Yo sé dónde está enterrado tu abuelo”.

Esa frase pospuso hasta hoy todos los planes del Silva aspirante a novelista y le empujó a impulsar un proceso en busca de verdad, justicia y reparación que veinte años después ha visto sin duda sus frutos.

El abuelo de Emilio Silva, Emilio Silva Faba, era militante de Izquierda Republicana. Fue asesinado el 16 de octubre de 1936

Fue el inicio de su viaje hacia la memoria, “un viaje que es el sentido de la vida de mucha gente” y que ha tenido algunos momentos clave: la exhumación de la fosa de su abuelo hace ahora veinte años, la primera con métodos científicos, una exhumación en 2002 en Piedrafita de Babia que llamó la atención de medios de comunicación extranjeros y nacionales y disparó las peticiones de familias de víctimas, el viaje de Silva en coche desde Madrid a Ginebra para reunirse con integrantes de Naciones Unidas, lo que supuso la inclusión de España en el listado anual de países con desapariciones forzadas, un gran concierto-homenaje a los republicanos en Rivas en 2004, la investigación frustrada de los crímenes franquistas en la Audiencia Nacional o la apertura de la querella argentina que investiga los crímenes del franquismo.

“No le puedes encontrar sentido a esta democracia -ni tampoco significado- si no incorpora lo que construyeron sus abuelos y abuelas, y lo que sufrieron por haberlo construido. Una democracia donde no está eso incorporado es poco significante”, explica en conversación con elDiario.es en una terraza del centro de Madrid.

Placa en la cuneta donde se encontraba la fosa de los trece de Priaranza, entre ellos el abuelo de Emilio Silva, exhumada en octubre de 2000 | Olga Rodríguez

Eso es lo que ha estado haciendo Silva junto con otras muchas personas estos últimos veinte años: “No solo extraer el significante, sino darle un significado a lo oculto”. Tras la exhumación en octubre de 2000 de la fosa donde encontró los restos de su abuelo -todavía se emociona al recordar el hallazgo de la primera bota con huesos dentro- vinieron otras muchas, que han supuesto la identificación de más de mil quinientas víctimas del franquismo . Esa actividad, la búsqueda de las personas desaparecidas, ha sido uno de los principales objetivos de la asociación que preside. Y, a través de ella, la recuperación de una verdad habitualmente oculta o puesta en duda. De ahí el nombre: Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

Las elites han creado un significado de democracia a su medida que ha permitido lavar la cara de los franquistas 

Cuando los cadáveres aparecen, los crímenes no pueden seguir negándose. De esa forma todo un país ha podido ir conociendo que lo que muchos pensaban que era puntual, anecdótico o menor, fue en realidad un plan sistemático de persecución contra un sector de la sociedad que tenía unas ideas políticas determinadas. “Ni yo mismo era consciente de semejante dimensión. No conocíamos aún la envergadura de los crímenes del franquismo”. Nadie la conocía con exactitud.

“Hoy en día el pasado solo es significado. Ese significado puede ser democrático y justo o puede ser el construido por las elites, que han creado un significado a su medida. Nosotros llevamos veinte años desordenado ese significado que ha permitido lavarse la cara a miles de franquistas”.

Emilio Silva, al fondo, en una exhumación en Guadalajara esta semana | ARMH/Oscar Rodríguez

El miedo

En estos veinte años quienes buscan a personas desaparecidas se han encontrado a menudo con muros de silencio, desprecio o negación. Y han tenido que enfrentarse al miedo.

Silva recuerda cómo en la exhumación de su abuelo en 2000 apareció una mujer que contó que ella nunca “hablaba con sus hermanas de estas cosas”. “Estas cosas” eran la detención ilegal de su propio padre por pistoleros falangistas, su asesinato y su desaparición. Rememora también cómo a Vicente Moreira, que cuando murió Franco empezó a buscar la fosa de su madre, asesinada por falangistas, un vecino le indicó la ubicación de la misma desde lejos, sin salir de su casa, a través de la ventana, solo gesticulando con la mano, indicándole que se moviera más a la izquierda o más a la derecha, por miedo a que lo vieran junto a él.

Menciona la dimensión del miedo, cuyo origen reside en la envergadura de la represión, con criminales como los asesinos de los hermanos de Asunción Álvarez, cuya madre “tuvo que cocinarles esa noche, tras los asesinatos, un cordero porque querían celebrarlo. Imagina la perversión. A medida que en esos años íbamos recogiendo estas historias íbamos tomando conciencia de la dimensión de los crímenes y de la importancia de enmarcarlos en la defensa de los derechos humanos”.

Ese miedo ha atravesado a todo un país durante décadas. “Yo mismo lo viví, al principio cada vez que dábamos un paso teníamos esa sensación de ‘uf, me puede pasar algo’”.

“Recuerdo la primera vez que entré en un juzgado, el 9 de julio de 2002 en Villablino, con una fotocopia de una resolución de Naciones Unidas sobre las personas desaparecidas, a pedir a una jueza que interviniera en una fosa en Piedrafita de Babia. Iba con tanto miedo que casi temblaba”.

Restos de personas desaparecidas en la sede de Ponferrada de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica | Olga Rodríguez

Tanto él como las personas integrantes de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica fueron entendiendo que aquel miedo podía ser una brújula.

“Nos dimos cuenta de que en España nos habían educado para el miedo, y que eso era una protección para quienes cometieron estos crímenes o se beneficiaron de ellos. Sentíamos miedo justo donde podíamos perjudicar los intereses de los franquistas, de los verdugos. Al final el miedo se acaba convirtiendo en un brújula: si siento miedo tengo que seguir por aquí”.

“El miedo tiene un gran beneficiario, es el gran protector de los franquistas, ha sido una herramienta usada durante cuarenta años. Las amenazas ahora de Vox pidiendo derogar la Ley de la Memoria forman parte de ese lenguaje del miedo, para que mucha gente diga ‘¿ves? Mejor no tocarlo’”.

Ese miedo ha ido resquebrajándose en estos veinte años, a través de las exhumaciones, a través de la conversación que surge en torno a ellas, a través de actos de reparación impulsados por la sociedad civil.

“Se han ido conquistando espacios de naturalidad al hablar. Lo que han logrado las familias de las víctimas del franquismo es que dejemos de decir “estas cosas”, que podamos enunciar, denunciar y llamar las cosas por su nombre. Pero aún falta algo”.

Estuche de maquillaje encontrado en una exhumación reciente por la ARMH | Olga Rodríguez

“El Estado tiene que dejar de ser equidistante”

Lo que falta para acabar con el miedo, dice Silva, es que el Estado dé un paso para dejar de ser equidistante.

“La no intervención del Estado es una forma de equidistancia, una forma de decir que no se está ni con los franquistas ni con los antifranquistas, de mantenerse al margen, y eso genera confusión. El Estado debería contar a este país todo lo que gastó el franquismo en reparar los daños reales y los inventados de lo que llamó la violencia roja. El BOE está repleto de becas, de puestos de trabajo en la Administración pública para toda la vida para familias de ‘caídos por Dios y por España’, de licencias de lotería, gasolineras, de estancos, de pensiones especiales”, denuncia Silva.

“El propio Estado debería acabar con ese discurso que dice que hay que reparar a todos. Ya está bien. Ese es un discurso habitual de partidos políticos de la derecha y de gente de la sociedad civil que está en contra de los derechos de las víctimas del franquismo”.

La gran deuda pendiente con las víctimas del franquismo es acabar con la equidistancia del Estado

“El Estado debe decir que aquí hubo una causa general que fusiló a 55.000 personas, que se llevó los bienes de miles, que dejó a miles de huérfanos sin escolarizar cuando sus familias centraban todos sus esfuerzos en que sus hijos se educaran. El Estado tiene que terminar con esa especie de neutralidad que en el fondo beneficia a los franquistas”.

Y en opinión de Silva esta equidistancia implica impunidad y explica que ocurran cosas como la retirada esta semana de la placa que homenajeaba a Largo Caballero.

“Se ha llamado fallecidos a republicanos asesinados en campos nazis de concentración en un monumento público inaugurado por la actual vicepresidenta responsable de Memoria Democrática, se han arrasado lugares de memoria como la plaza de toros de Badajoz o la cárcel de Carabanchel, o se han trasladado los restos de Franco a otro lugar de propiedad pública que pagamos con nuestros impuestos. Mueren o siguen vivos torturadores con medallas y pensiones especiales, la Ley de Amnistía es propagada como un acto de reconciliación, se permite que el Ayuntamiento de Madrid destroce las lápidas de tres mil fusilados por los franquistas y el Gobierno no declara ese espacio Bien de Interés Público…”.

“¿No hay justicia para estos crímenes?”. Sede de la ARMH en Ponferrada y Teresa, encargada de la oficina, al fondo | Olga Rodríguez

Qué debería incluir la nueva Ley de Memoria

La nueva ley que el Gobierno prepara bajo el nombre de Ley de Memoria Democrática corre el riesgo también de ser equidistante en opinión de Silva. “¿Por qué no llamarla Ley Antifranquista?”, se pregunta:

“Romper con la equidistancia no es solo hablar de Clara Campoamor, es también hablar de Queipo de Llano, que pedía a sus soldados que violaran a mujeres como Clara Campoamor, y así lo decía públicamente en su programa de radio. Es un señor que hoy estaría en un Tribunal Penal Internacional. Hay que hablar de los buenos pero rechazar contundentemente a los malos, porque si no, tenemos una especie de equidistancia 3.0”.

“El relato y el contenido de la ley tiene que partir del fin de la equidistancia. Tiene que estar con las víctimas, acabar con ese negacionismo que defiende que los franquistas no fueron reparados. Nuestras abuelas han visto cómo los franquistas fueron premiados por asesinar a gente como sus maridos y ahora lo niega el Estado en una ley en la que se supone que va a reparar a las víctimas de la dictadura”, denuncia.

Otro de los asuntos pendientes señalados a lo largo de la entrevista es la ausencia de una condena al franquismo por parte del Pleno del Congreso. “Una Comisión constitucional condenó el franquismo en 2002 pero tiene que ser el Pleno del Congreso, donde estén los líderes de todos los partidos, y también en el Senado. Nunca se ha legislado algo que sea una amenaza para el estatus del franquismo”.

¿Puede esa equidistancia explicar cuestiones de nuestra actualidad? La respuesta de Silva es que sí, sin duda. Esa equidistancia “influye en la política, en la sociedad y en la justicia”.

“Cuando el Estado ha sido equidistante es difícil que las familias de las víctimas detecten los signos de verdadero cambio que les ayude a confiar en ese Estado. En estos años donde no ha intervenido el Estado hay mucha gente que a los daños sufridos por la dictadura ha tenido que sumar los causados en democracia”, denuncia.

Exhumación de una fosa en Guadalajara esta semana, por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que preside Emilio Silva | ARMH/Oscar Rodríguez

“Cuando el relato de las víctimas emerge, la derecha sobreactúa”

“Este Gobierno tendría que acabar con ese relato almibarado y falso. Cuando Carrillo se dio la mano con Fraga en el Club Siglo XXI la derecha lo reivindicó y se dijo que ahí acababa todo. Ahí no acabó nada para las víctimas del franquismo, a las que nadie preguntó ni consultó. Lo que hicieran las elites políticas va por un lado, y la sociedad, por otro”, señala.

En ese sentido Silva subraya la importancia de que haya una verdad oficial no equidistante.

“Nosotros dentro de dos meses tendremos un informe arqueológico de las últimas exhumaciones que hemos hecho en El Espinar y Guadalajara, luego un informe forense, luego vendrá el laboratorio de ADN que nos dará más datos, lo graparemos y formará parte de un archivo de una asociación que algunos consideran parte del problema. Todo esto debería hacerlo el Estado, o como mínimo debería enviar un notario a las exhumaciones para decir ‘esto ha ocurrido, aquí están estos cuerpos, estos orificios de bala, les juzgaron por estos supuestos delitos, etc’. De ese modo habría un relato oficial del que el Estado sigue escapando”, denuncia.

“Hay una gran batalla por ese relato y por eso la derecha se crispa en parte, sobreactúa, como Vox diciendo eso de ‘primer aviso’. La fractura del relato equidistante tiene que llegar a todos los ámbitos para evitar estas cosas. Las fosas han servido para resquebrajar ese relato donde hay que reparar a todos porque todos fueron buenos y malos”.

Exhumación de una fosa en Guadalajara esta semana, por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que preside Emilio Silva | ARMH/ Óscar Rodríguez

“Que la nueva ley incluya una oficina estatal de Atención a las Víctimas”

“Es evidente que en la Transición los militares no iban a dejar las armas ni a decir a los presos políticos de Carabanchel que salieran para entrar ellos. Pero que se cuente. Cuando nos dicen ‘no sabes lo difícil que era aquello’, yo no lo discuto, pido que se cuente, que se cuente que el franquismo no se había evaporado, que se cuente si se puso una pistola encima de la mesa a la hora de pactar, que se renuncie a ese relato edulcorado, que se narren las presiones del franquismo”, prosigue.

Silva lamenta que miles de personas hayan fallecido sin haber sido nombradas por el Parlamento, sin reconocimiento, sin una legislación reparadora. Reivindica la creación de una oficina del Estado donde las familias puedan llamar y decir “mi abuelo fue un preso político, ¿me puede enviar su expediente penitenciario, por favor?”.

Han sido miles las personas que en estos años han recorrido cientos de kilómetros en busca de información sobre sus padres, madres, abuelas o abuelos, las que han mendigado en archivos, rogado en Ayuntamientos, pagado cientos de euros por la digitalización de documentos, preguntado en pueblos en busca de pistas sin ayuda alguna de las instituciones.

“Por eso esta nueva ley debería incluir algo que no se sabe aún si está incluido, que es que el Estado atienda a las familias de los desaparecidos. Ayer cuando terminamos la exhumación de Guadalajara vino un hombre de 83 años, hijo de un desaparecido, preguntando por su padre. Como no tiene dónde ir, viene al cementerio, a nosotros. A un kilómetro y medio de donde estábamos hay una subdelegación del Gobierno que tendría que atender esas peticiones. Hay víctimas de primera y víctimas de segunda claramente”

Detalle en la sede de la ARMH en Ponferrada | Olga Rodríguez

La influencia de Argentina en España

“En la primavera el ánade salvaje vuelve a su tierra para las nupcias. Nada ni nadie podrá detenerlo. Si le cortan las alas, nadará con las patas. Si le cortan las patas se impulsará con su pico porque ese viaje es su razón de ser, el sentido de su vida”: Emilio Silva recuerda a menudo este relato contado por el maestro de La lengua de las mariposas, libro de Manuel Rivas llevado al cine por José Luis Cuerda.

Esa razón de ser sigue siendo para él la recuperación de la memoria histórica. Y en ella siempre ha habido una especie de viaje de ida y vuelta: el que España y Argentina llevan décadas manteniendo.

Silva se pregunta cómo habría sido todo si él no hubiera forjado buena amistad en sus años universitarios con varios hijos del exilio argentino, si no hubiera conocido en el año 1997 a dos grandes abogados, Carlos Castresana y el argentino Carlos Slepoy, “dos personas muy importantes en los juicios en España sobre las dictaduras de Chile y Argentina” y uno de ellos, Slepoy, impulsor de la querella argentina contra los crímenes del franquismo, o si en esos años noventa no hubiera tenido acceso a la Asociación Pro Derechos Humanos argentina o si no hubiera conocido la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo.

Su relación con estas personas le introdujo en una cultura de derechos humanos esencial para abordar posteriormente una lucha por la memoria antifranquista española que ha marcado un antes y un después en este país.

Quizá por eso cuando Emilio Silva escuchó aquellas palabras en boca de ese amigo de su padre -“yo sé dónde está enterrado tu abuelo”- decidió escribir un artículo en un diario de León titulado “Mi abuelo también es un desaparecido”, en un momento en el que casi nadie en España empleaba ese término usado en Argentina -desaparecido-, porque el lenguaje estaba aún cargado de eufemismos, “y para contar que alguien había sido detenido, torturado, fusilado y desaparecido se decía paseado”. Hubo periodistas y hasta académicos de la Lengua que le afearon el uso de ese término, pero Silva no cejó en su empeño, a pesar del miedo.

Posteriormente Argentina siguió estando presente, como en ese café que Silva tomó con el jurista argentino Eugenio Raúl Zaffaroni en una céntrica terraza de Madrid en el año 2008, cuando varias víctimas del franquismo buscaban vías judiciales para que se investigaran los crímenes de la dictadura española. O como aquél cumpleaños al que le invitó un argentino en Madrid, a quien Silva acababa de conocer. A punto de soplar las velas ese hombre dijo, ante los presentes:

 “Yo quiero decirle a Emilio hoy aquí que Argentina también ha aprendido mucho de España, de la dignidad de sus republicanos y republicanas”.

Y entonces decenas de exiliados argentinos allí presentes -médicos, abogados, filólogos- levantaron sus copas y pronunciaron los nombres de sus profesores, de sus referentes, de sus mentores en las universidades argentinas, antes de sus exilios: “Y eran nombres de españoles exiliados que habían huido del franquismo, nombres que en algún caso conocía, como Manuel Lamana, y que en otros muchos casos no. Todo un viaje de la justicia que viene y va, de los exilios que vienen y van, de las migraciones que vienen y van entre España y Argentina”.

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Fotografía destacada: Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica e impulsor de la primera exhumación con métodos científicos en una fosa con personas desaparecidas por el franquismo

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/emilio-silva-empezamos-exhumar-20-anos-no-conociamos-dimension-crimenes-franquistas_1_6298791.html?fbclid=IwAR1o5uNwmZ4NXCXNfrzEQM1CIE8ODfjjH8gHNHA1zJdtqi57yM50YJV6Zzo

 

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Se cumplen 20 años de la primera exhumación de represaliados de la Guerra Civil

Fue en en la fosa común localizada en el municipio leonés de Priaranza del Bierzo

cadenaser.com / Diego Merayo / 17/10/2020

El 21 de octubre del año 2000 comenzaron las tareas de exhumación de ‘Los 13 de Priaranza’, así fueron denominadas las personas asesinadas a la entrada de esa localidad el 16 de octubre de 1936. Ese momento fue el germen de la creación de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) y del inicio de los trabajos para desenterrar a los desaparecidos de las cunetas.

La historia de ‘Los 13 de Priaranza’ es la de otros muchos desaparecidos de la Guerra Civil, pero fue con este caso en concreto, cuando comenzó todo.

Emilio Silva, periodista y nieto de uno de los desaparecidos, escribió una carta meses antes a un periódico de la zona. En ese escrito, que se puede leer en la web de la ARMH, el ahora presidente de esta asociación contaba la historia de su abuelo y dejaba clara la necesidad e importancia que tenía para las familias dar una sepultura digna a esas personas. “La intención de mi familia era básicamente enterrar a mi abuelo con mi abuela (…) pero allí se cruzaron otras historias personales y se convirtió en algo colectivo. Yo no tenía ni idea de la cantidad de desaparecidos y fosas comunes que había en España, más que nada porque no existía, ni existe a día de hoy, bibliografía sobre el tema”, nos cuenta Emilio Silva en la entrevista mantenida en A vivir Castilla y León.

Veinte años más tarde de esa exhumación, 84 después de aquel asesinato, todavía quedan miles de personas desaparecidas en las cunetas de nuestro país.  Por ello, la ARMH ha participado en 250 exhumaciones por toda España y seguirá trabajando para que nadie se quede sin identificar.

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Fotografía destacada: Fosa de ‘Los trece de Priaranza’, represaliados de la Guerra Civil, de la que se cumplen 20 años de su apertura / ICAL

Fuente:https://cadenaser.com/emisora/2020/10/17/radio_valladolid/1602939827_223225.html

 

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Destapando crímenes de lesa humanidad 80 años después en el cementerio de Guadalajara

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica trabaja estos días en la exhumación de una fosa común con 21 cuerpos en el cementerio de Guadalajara. Fueron asesinados en a principios de 1940, finalizada la Guerra Civil. Ya ha aparecido una docena de cadáveres.

elsaltodiario.com / Christian Martínez / 10/10/2020

Llevan más de una semana desenterrando a pico y pala el silencio de la represión franquista en el cementerio de Guadalajara. A varios metros de profundidad, con las caricias de un pincel retiran la tierra, devolviendo la memoria y la dignidad de los hombres asesinados y arrojados a la fosa común número 3 junto a la tapia del cementerio.

El 1 de octubre la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) comenzó los trabajos de exhumación de 21 hombres asesinados por el franquismo entre el 24 de febrero y el 9 de marzo de 1940. Tras excavar varios metros de profundidad ya han aparecido los restos de una docena de cuerpos. Fueron arrojados a esta fosa común justo al lado de otra en la que se encontraron los restos de Timoteo Mendieta y otros 50 represaliados, cuya exhumación fue posible gracias a un exhorto judicial de la llamada “querella argentina contra los crímenes del franquismo”. En esta ocasión ninguna administración ha puesto impedimento y los trabajos promovidos y sufragados por la ARMH, que se realizan a petición de una decena de familiares de víctimas.

Con curiosidad y prudencia una mujer que lleva colgando dos fotos antiguas de un represaliado se asoma a ver los trabajos de exhumación. Es María Ángeles Ortega, de Sacedón, un pequeño municipio de Guadalajara. Lleva viniendo varios días seguidos esperando que aparezcan los restos de Romualdo Puerto Ibarra, el abuelo de su cuñado Ángel. “A mi abuelo también le fusilaron y le enterraron aquí, pero en otra fosa común, la número 21. Ahí debe haber unos 600 cuerpos más, y como hace años ampliaron el cementerio y metieron las máquinas, sus restos deben de estar en el osario”, se lamenta.

ÁLVARO MINGUITO

El cuerpo de su abuelo Francisco Ortega Aranda es prácticamente irrecuperable. “A mi abuelo le asesinaron por venganza”, continúa María Ángeles. “Un hijo suyo, mi tío Cándido, era del Partido Comunista y se alistó con otros 16 jóvenes de Sacedón cuando estalló la guerra. Mi abuelo no había hecho nada, pero como su hijo se alistó con los republicanos y cuando terminó la guerra pudo escapar huyendo a Francia, mataron a su padre, a mi abuelo, solo por venganza”.

María Ángeles cuenta su historia familiar con voz triste y pausada. “El hermano de mi abuelo que era de Falange en Sacedón, intentó que no se lo llevaran a la cárcel, pero le amenazaron con llevárselo también a él preso, así que se calló para poder cuidar a sus cinco hijos y a sus sobrinos. Porque mi abuela también estaba en la cárcel. Le raparon el pelo y la dejaron encerrada tres años en combinación. Así se llamaba entonces a la lencería o a la ropa interior”.

Tras un largo silencio, un suspiro de alivio o esperanza. “Hoy me han dicho que puede que hayan encontrado a Romualdo, ahora hay que esperar a las pruebas de ADN y todo eso, pero en principio, ya está aquí”. En los próximos días tomarán muestras genéticas a una hija de Romualdo que vive en Francia y tiene 93 años.

VOLVER PARA MORIR

Romualdo Puerto Ibarra nació el 7 de febrero de 1903, en Sacedón, donde trabajaba de jornalero. Estaba casado y tenía tres hijos. “Estaba afiliado a la UGT, como casi todos los jornaleros de la época, pero como tenía a sus hijos no fue a la guerra ni se alistó. Pero terminando la guerra fue a Pareja, un pueblo cercano a Sacedón, donde había una reunión de la UGT. Al volver, un vecino les avisó que no entraran al pueblo, que huyeran, que los iban a matar. Así que ni entró, se fue a Francia con los demás”, relata Ángeles. “Cuando está casi llegando a la frontera salió un comunicado de Franco o algo así, que decía que si no tenían las manos manchadas de sangre, que no les iba a pasar nada y que podían volver a sus casas sin miedo. Algunos se quedaron en Francia, pero él tenía tres hijos y como no había hecho nada malo, volvió. Y el mismo día que llegó, cuando se echó a descansar llamaron a la puerta. Que venían a buscarlo y se lo llevaron preso a la cárcel de Guadalajara”.

El 1 de octubre la ARMH comenzó los trabajos de exhumación en Guadalajara. ÁLVARO MINGUITO

El 24 de octubre de 1939, mediante el juicio sumarísimo nº 2453/39, Romualdo Puerto Ibarra es condenado a muerte. Fue asesinado cinco meses después.

“Lo que hacen con ellos mientras están presos, no se sabe bien. Pero me contaron que les llevaban a trabajar con un saco lleno de piedras a la espalda, atado con una cuerda, como si fuera una mochila, solo para joderlos más. Les darían lo que fuera de comer, si les daban algo, y trabajaban para los ricos gratis y en esas condiciones”, continúa María Ángeles. El 8 de marzo de 1940, casi un año después de terminar la guerra, Romualdo fue ejecutado y enterrado, según el registro del cementerio, en la fosa 3 del cementerio de Guadalajara. Tenía 37 años.

La Guerra Civil había finalizado, pero la represión franquista no había hecho más que comenzar. El Foro por la memoria de Guadalajara cifra en 822 los cuerpos de víctimas fusiladas y enterradas tras la guerra en el cementerio de Guadalajara, pero podrían ser más de mil. Tras varias ampliaciones del cementerio, los restos de una fosa común con centenares de cadáveres fueron removidos y, hoy día, son prácticamente inidentificables.

ÁLVARO MINGUITO

Además, junto a la fosa número 3 en la que estos días trabaja la ARMH hay al menos otra docena de fosas comunes con aproximadamente 350 cuerpos. Están en el patio 4 y van a lo largo del la tapia del cementerio, donde aún hoy se pueden ver las huellas de los impactos de bala en el muro. La ARMH ha señalizado decenas de estos agujeros y pide que sean conservados.

MASA CRÍTICA PARA EXHUMAR MÁS FOSAS

“Una fosa llama a otra fosa”. Es la idea que repite Malena García, historiadora y la voluntaria encargada de las investigaciones de la ARMH, cada vez que alguien llega y pregunta si algún día podrán encontrar a sus familiares. A pesar de la pandemia no ha dejado de pasar gente, a cuenta gotas pero sin cesar, a visitar los trabajos de exhumación. Algunos son familiares de otros represaliados de otras partes de España. Otros son vecinos de Guadalajara que al enterarse han querido ver con sus propios ojos lo que llevaba 80 años enterrado y silenciado. “Tiene que haber una masa crítica para que se puedan exhumar más fosas, sobre todo las más granes. Tiene que haber más gente que reclamen a sus familiares fusilados”, dice Oscar, un jubilado voluntario de la ARMH que se encarga de fotografiar y documental cara paso que se da en la exhumación.

ÁLVARO MINGUITO

Entre la decena de voluntarios de la ARMH se encuentra Eugenio, que no deja de trabajar con un rictus melancólico que parece que mira al pasado. Es alto y callado, y no para de cribar la tierra que sacan de la fosa buscando con meticuloso cuidado restos de pequeños huesos o quizá algún botón. “Esto podrían ser falanges y esto pequeñitos huesos del cráneo, se nota por la porosidad del hueso, ¿ves?”, dice mientras aparta de la tierra cribada algunos trozos diminutos, que a simple vista solo parecen pequeños granitos de arena. “Los voy a dejar aquí para que los vean los que saben”.

ÁLVARO MINGUITO

Pero Eugenio ya sabe lo suficiente para poderlos distinguir. Su bisabuelo fue encontrado en la fosa de al lado hace unos años. Y en esta ocasión, aunque no tiene enterrado a ningún familiar, no ha querido dejar de colaborar con la asociación. Ha pedido dos semanas de vacaciones para echar una mano. “Lo hago por ayudar, porque creo que es lo justo, es lo menos que se puede hacer por quienes defendieron la libertad. Por poner mi pequeño granito de arena”, dice, mientras sigue buscando huesos, cribando tierra.

También se ha pasado por la exhumación Violeta Santos, acompañando a dos alumnas suyas, que han podido recibir una clase magistral de historia a pie de fosa. Esta maestra también tiene enterrado aquí a su tío abuelo, Jesús Barriopedro Santamaría, nacido el 14 de enero de 1917, en Mondejar, Guadalajara. Vivía en la de Loranca de Tajuña, en la misma provincia, era soltero y trabajaba del albañil. También militaba en el Partido Comunista y llegó a ser comisario delegado de Guerra durante la contienda.

ÁLVARO MINGUITO

Cuando terminó la guerra un grupo de franquistas y militares del ejercito golpistas fueron a buscarle a su casa, pero él no estaba. Registraron la casa e interrogaron a sus padres y hermanos, y se llevaron detenida a su madre para forzarle a que regresara. Jesús se entregó a los militares y lo llevaron preso a la cárcel de Pastrana. Después fue trasladado a la prisión militar de Guadalajara. Allí, el 22 de septiembre de 1939, fue condenado a muerte en juicio sumarísimo 819/39 por un delito de “adhesión a la rebelión con la concurrencia de agravante de perversidad social”.

ÁLVARO MINGUITO

El 24 de febrero de 1940 fue fusilado en la zona de “la Rambla” al otro lado de la tapia del cementerio. Tenía 23 años. Sus restos seguramente también se encuentren en esta fosa número 3 del cementerio de Guadalajara.

En la parte religiosa del cementerio, a escasos cien metros de donde trabajan los voluntarios en la exhumación, hay otra lápida, con el mismo nombre repetido tres veces: Esteban Esteban Esteban. Está identificado como presbítero, un líder religioso católico, que según varios testimonios era el cura que daba el tiro de gracia a los fusilados. César, que trabajó 35 años en el cementerios de Guadalajara y tiene a un abuelo y a un tío enterrados en fosas comunes allí mismo, cuenta que a este cura le llamaban ‘Seis dedos’. “Era manco de la mano derecha y llevaba siempre un guante negro”. Los forenses que vinieron cuando exhumaron la fosa 1 decían que por la trayectoria de la bala en los cráneos del tiro de gracia, el tirador era zurdo.

ÁLVARO MINGUITO

Encontramos su lápida con ayuda de María Ángeles. Está enterrado con otros religiosos y pone que murió a los 85 años, en 1982. “¿Y este moriría tranquilamente en la cama? Ya da igual”, se lamenta María Ángeles. Le duele recordar que aquel cura, participase o no en los fusilamientos, fue amnistiado cinco años antes de morir.

DEMÓCRATAS ANTIFRANQUISTAS

Para Emilio Silva, presidente de la ARMH lo más importante de estas exhumaciones y de la futura Ley de Memoria Democrática que se está redactando es “terminar con esta equidistancia, hay que acabar con esta confusión de guerra entre hermanos”, dice. “Nos gustaría que se llamara Ley de Memoria Antifranquista. Es en lo que hay que poner el dedo, en este país no te puedes llamar demócrata sin condenar el franquismo”, sentencia Silva.

Este mes la ARMH cumple 20 años trabajando en exhumaciones, y ya llevan más de 180 realizadas. Aún quedan más de 114.000 desparecidos, según documentó el juez Garzón, de los cuales, según el antropólogo forense Paco Etxeberría, que también ha visitado esta exhumación, aún se pueden recuperar los restos de unos 20.000 represaliados ,ya que el resto serían inidentificables.

Aunque Silva y Etxeberría han discrepado recientemente sobre el redactado de la futura ley, ambos coinciden que para que la memoria histórica no se quede otra vez en la cuneta, debe ser el Estado el responsable de realizar este trabajo y así garantizar que haya verdad, reparación y justicia.

CHRISTIAN MARTÍNEZ

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Fotografía destacada: Álvaro Minguito

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/destapando-crimenes-lesa-humanidad-80-anos-despues-cementerio-guadalajara

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“Estaría bien crear un centro de documentación del fascismo español, como los hay en Alemania o en Austria”

En los próximos meses, el Gobierno aprobará una nueva Ley de Memoria Democrática. Comentamos los pormenores con Emilio Silva, presidente de la ARMH

noticiasdegipuzkoa.eus / Andrés Martorell / Óscar Rodríguez (ARMH) / 06/10/2020

Emilio Silva nació en 1965 en Elizondo, donde vivió hasta los cinco años ya que su padre trabajaba en una base americana en Gorramendi, en la que estaba ubicado el mayor radar de Europa durante la Guerra Fría. De los cinco a los catorce años, Emilio vivió la Transición bajo el cielo de Pamplona. Pasó por un montón de colegios privados. Fue una estrategia que urdieron sus padres para mantener un perfil bajo, ya que el abuelo de Emilio fue fusilado por falangistas en 1936, como otros tantos que todavía están enterrados en fosas comunes. “Que no se note que somos rojos”, decía su padre.

La del abuelo de Emilio fue la primera exhumación que se realizó en España con métodos científicos, con un equipo arqueológico-forense y pruebas de ADN. Aquella primera experiencia tuvo lugar en 2000, en Priaranza del Bierzo (León) con la participación del forense Paco Etxeberria. Desde entonces, la ARMH ha continuado excavando fosas a pesar de la desidia institucional y la ausencia de un plan gubernamental, hasta ahora, para llevarlas a cabo con la implicación del Estado.

En los próximos meses, el Gobierno aprobará una nueva Ley de Memoria Democrática. ¿Ha llegado por fin el momento de las exhumaciones?

–Depende para quién. Cuando empezaron las exhumaciones y surgió el debate político, hubo quien hablaba de que no era el momento. Yo creo que son siempre excusas. El momento para la política es el momento en que se tenga la voluntad. La han tenido en algunos gobiernos autonómicos desde hace años, y no la ha tenido el Gobierno de España. Para una asociación como la nuestra (ARMH), que cumplimos 20 años el 21 de octubre. Cada vez que hemos abierto una fosa ha llegado ese “momento”.

¿Cuáles son sus primeras impresiones sobre la futura Ley de Memoria Democrática, y cómo va a afectar a las exhumaciones?

–Incluso ahora que estamos con un anteproyecto de ley, creo que no hacía falta una ley para hacer exhumaciones. Lo de la ley tiene que ver más con otros intereses relacionados con la bronca parlamentaria. Y el día que llegue la ley, veremos cómo les crecen las uñas a las derechas. Todo esto tiene que ver en parte con la rentabilidad política, por meter cosas en la agenda, y yo creo que a la izquierda que gobierna le gusta mucho que se enfade la derecha. En cambio, a las familias que están esperando a encontrar a un ser querido, no les sirve de mucha ayuda que se enfaden el PP o Vox en el Congreso. Pero supongo que para los partidos políticos eso tiene alguna utilidad.

En el anteproyecto se hace una mención a las subvenciones para realizar exhumaciones. ¿Cuál es su opinión al respecto?

–Para mí hay una frase muy llamativa de la vicepresidenta [del Gobierno, Carmen Calvo] cuando salió a explicar el anteproyecto en la rueda de prensa, y dijo que ponía en marcha unas subvenciones porque “no se podía perder ni un minuto”. Entonces yo cogí una calculadora y sumé cuántos minutos habían transcurrido desde el 7 de junio de 2018, que es cuando ella toma posesión de su cargo como vicepresidenta, y han pasado 1.908.000 minutos. Ese argumento no se sostiene por ninguna parte. Además, hay una cosa terrible en las subvenciones que ha convocado el Gobierno para las exhumaciones, y es el título, porque les llama “actividades de la memoria”. O sea, que hace unos días estábamos exhumando en El Espinar (Segovia), apareció un anillo en la fosa, vino la hija de ese hombre a ver el anillo… y, según el BOE, donde estaba yendo esa mujer era a una “actividad”. El lenguaje no es inocente. Es una vergüenza decir eso, y es una forma de negacionismo. Todo esto está en el espíritu de la ley, y espero que se cambie en los meses que faltan para que se apruebe.

Desde el punto de vista de los familiares de las víctimas y de las asociaciones memorialistas, ¿habría que quitar o añadir algo a la futura ley?

–Yo no utilizaría el Tippex, sino el boli. Añadiría cosas como, por ejemplo, lo siguiente: Hace un par de semanas la vicepresidenta explicaba el concepto de Memoria Democrática, que viene a potenciar el conocimiento sobre los hombres y mujeres que durante decenios han luchado por este país, para construir las libertades. Perfecto. Nosotros llevamos años diciendo que el mejor homenaje está en un libro de texto. ¿Pero acaso no es útil la memoria de la anti-democracia, de los que la destruyeron, la memoria del fascismo español? ¿No debería enseñarse también en las escuelas? Aquí, yo cogería el boli para darle continuidad. Por ejemplo, si vamos a hablar de Clara Campoamor, habría que hablar también de Queipo de Llano, que les decía a sus soldados que si capturaban a Clara Campoamor tenían que violarla para que supiera lo que era un hombre de verdad.

¿En qué momento estamos, en términos de concienciación sobre la memoria histórica?

–Han pasado 40 años, y justo hemos aprobado primero de básica de memoria. Si yo leo ese discurso de la vicepresidenta, veo una continuidad con la Transición, que se basó en un acuerdo en el que no había víctimas ni verdugos. Porque al final, la Transición fue como el armisticio de una guerra, y no como el final de una dictadura. Esa es una de las grandes trampas. Llegaron a un acuerdo por el cual no se iba a señalar a los verdugos, para lo cual no tenían que existir las víctimas. Creo que hay que hablar de ambas cosas, y además es una urgencia, en el momento en que están entrando partidos de extrema derecha en Europa. Es necesario saber cómo se comportó el fascismo, de qué fue capaz y qué objetivos tenía. Estaría bien crear un centro de documentación del fascismo español, como los hay en Alemania o en Austria. Además, en la ley no se menciona el nacional-catolicismo, como si la Iglesia católica no pasara por allí. Todo eso tiene que estar bien documentado en un lugar que haga divulgación, para saber quiénes fueron los golpistas del 36, cómo organizaron aquello, y qué hicieron políticamente una vez que obtuvieron el poder por la fuerza.

Recientemente, la ARMH se ha quejado de que la nueva ley deja a las víctimas en manos de los ayuntamientos, usando a las asociaciones como “ariete” contra los alcaldes que se niegan a exhumar.

–Los mensajes del Gobierno han sido muy confusos. Las exhumaciones de fosas para recuperar los restos de los represaliados es un derecho que no se puede discutir. Se ejecuta, y punto. Qué triste es que, tantos años después, el Gobierno esté mandando a una familia a pelearse con un alcalde.No puede ser que el Estado exponga a las familias así. En Guadalajara, para exhumar al padre de Ascensión Mendieta, el Ayuntamiento nos estuvo mareando con informes de todo tipo: de la empresa que llevaba el cementerio, de la concejalía que contrataba a la empresa del cementerio…Y al final se pudo hacer gracias a que hubo un cambio de juez en Guadalajara, que cuadró al Ayuntamiento.

Entonces, ¿qué habría que hacer a nivel estatal?

–Lo que hay que hacer es abrir una oficina que se coordine con todas las delegaciones y subdelegaciones del gobierno, que las hay en todas las capitales de provincia, para que entre por la puerta un familiar y se le atienda, como pasa en Navarra y País Vasco. En esa oficina se hace un informe de la persona desaparecida, que se entrega a la familia. Y si en la investigación se conoce el lugar del enterramiento, no se discute. Se exhuma, se identifica, y que la familia lo entierre según su deseo. Eso es un derecho. Lo otro es seguir jugando de modo partidista con esto de la memoria, porque lo que interesa es que genere conflicto político en las instituciones.

Los familiares se han quejado del agravio comparativo con el trato que reciben las víctimas terrorismo. ¿Esto va a cambiar con la nueva ley?

–Nadie imaginaría que la reparación a las víctimas del terrorismo dependiera de una decisión política aquí o allá. A las víctimas del terrorismo, el Estado las va a buscar. Pero parece que, si hablamos de víctimas en general, al Estado no le duelen todos los dolores. Yo acabo de hacer la matrícula de mi hija, y en el formulario he visto que si fuera víctima del terrorismo le habría salido gratis. Las familias de los desaparecidos de la dictadura, que es el delito más grave que se puede cometer contra un ser humano, están pidiendo lo mínimo de lo mínimo, como es poder darle una sepultura digna a un ser querido, que es un derecho según todos los acuerdos internacionales que menciona ahora el gobierno.

En el anteproyecto se menciona la intención de homologar los acuerdos internacionales sobre derechos humanos. ¿Es que no se han aplicado esos derechos hasta ahora?

–Es que estas víctimas no existen. Ni existirán, hasta que sea el Estado el que las atienda como tales. Por eso, es una trampa usar a las asociaciones como intermediarios. Una asociación puede ayudar en una exhumación, cuidando con todo el cariño a los familiares, con un montón de voluntarios dedicando su esfuerzo a ayudarles. Pero nosotros no les podemos dar un “estatuto de víctima”, por llamarlo así. Es el Estado el que tiene que hacer eso. Si no quiere hacerlo, estará jugando con la equidistancia: ni estoy con los franquistas ni estoy con los antifranquistas, no me junto con ninguno.

Si el derecho al duelo está reconocido por la ONU en la Declaración Universal de Derechos Humanos, ¿se puede descargar esta responsabilidad en la sociedad civil?

–El relator de la ONU, en su informe, decía que la “privatización” de las exhumaciones genera dos problemas. Uno, la pasividad de las instituciones. Y dos, un problema con la “verdad oficial”, que también es fundamental. Nosotros hemos hecho más de 140 exhumaciones en 20 años, y hemos generado un montón de informes. Pero estos informes se perciben como una “verdad parcial”, porque son informes “de parte”. Si los informes estuvieran redactados por el Estado, con su sello, como notario, esos crímenes serían una verdad oficial. Si tú delegas todo eso, es que no tienes voluntad de que haya verdad, y dejas que las víctimas vayan por ahí buscándose la vida, a ver si hay una asociación que las ayude. Si la ley se aprueba así, con este espíritu, no se va a buscar la verdad ni se va a querer respaldar a las víctimas.

¿Qué más cosas hay que mejorar en la ley, desde el punto de vista de las víctimas?

–Le faltan muchas cosas, pero lo fundamental es que haya una oficina que atienda a las víctimas, que las escuche el Estado y que se preocupe de ellas. También, como hemos dicho, hace falta un centro de interpretación del fascismo español, para no contar una “historia de los buenos” como si no hubieran existido los malos. Y también hace falta un acto que no se ha hecho jamás en suelo español, del presidente del Gobierno con las víctimas de esta represión, porque no ha habido voluntad política de hacerlo en 45 años. Se ha hecho con exiliados en muchos países, pero nunca en suelo español. Y no hacerlo es una forma de indicar que las víctimas del franquismo no se merecen un Estado que las acompañe. Yo creo que lo simbólico es muy importante, y debería existir un gesto como ese. Y garantizar que la fiscalía que se va a abrir pueda investigar estos crímenes penalmente.

¿Qué tal se está haciendo en Navarra, en lo que se refiere a las exhumaciones y al trato de las víctimas?

–Navarra ha seguido en parte la estela del País Vasco, y son las dos comunidades autónomas que más se han responsabilizado de esto. Han creado instituciones que atienden a las familias. Esto es lo que nosotros le pedimos al Estado. En Navarra hay modelos que ya llevan años funcionando, y creo que se ha trabajado mucho. Todo lo que ha ocurrido con Sartaguda, o con la formación de profesores en esta materia. Leí una noticia de que El Drogas había ido con estudiantes a Sartaguda y cantó con ellos parte del disco La tierra está sorda. En Navarra esto es algo normal. Pero yo en Madrid tengo muchos problemas para ir a hablar a un instituto.

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Fotografía destacada: Emilio Silva, en un homenaje a las víctimas exhumadas en el cementerio de Guadalajara, en mayo 2017.

Fuente:https://www.noticiasdegipuzkoa.eus/actualidad/politica/2020/10/06/estaria-crear-centro-documentacion-fascismo/1059089.html

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Adiós al último superviviente español de los campos de concentración nazis

El cordobés Juan Romero falleció anoche en la localidad francesa de Ay. Tras su muerte, ya no queda con vida ninguno de los 9.300 españoles que fueron deportados a campos de concentración nazis

eldiario.es / Carlos Hernández / 04/10/2020

España pierde un trozo irremplazable de su historia. Ya no queda ninguno. 75 años y cinco meses después de la liberación de los campos de concentración nazis, ha fallecido el último español que vivió aquel infierno y que pudo contarlo. El cordobés de Torrecampo Juan Romero Romero emprendió anoche su último viaje desde la localidad francesa de Ay, en la que residía desde hace siete décadas. Tenía 101 años y dejaba atrás una vida repleta de sufrimiento, de compromiso y de lucha por la libertad. Una vida en la que obtuvo el reconocimiento de Francia. Una vida en la que tuvo que esperar 101 años para que su patria le homenajeara y le tratara como lo que fue: un héroe.

Una vida de lucha

Nacido en abril de 1919 en Torrecampo (Córdoba), Juan Romero creció en el seno de una humilde familia de labradores. El deseo de acabar con las enormes desigualdades económicas y sociales que imperaban en aquella España le llevó a afiliarse a la Unión General de Trabajadores. A pesar de que solo tenía 17 años cuando se produjo la sublevación militar contra la democracia republicana, Juan se alistó voluntario para combatir a las tropas fascistas. Formando parte de la 33ª Brigada Mixta, luchó en la sierra de Guadarrama, Brunete, Guadalajara y Teruel. Especialmente dura para Juan fue la batalla de El Ebro, en la que tuvo que cruzar el río en una pequeña barca mientras los soldados franquistas le disparaban desde la orilla. Muchos compañeros murieron. Juan resultó herido, pero, después de recuperarse en un hospital de campaña, regresó con su brigada. Ante el ya imparable avance de los soldados franquistas, Juan cruzó la frontera hacia Francia en febrero de 1939.

Las autoridades francesas le internaron, junto a miles de compatriotas, en el campo de concentración de Vernet d’ Ariège. A pesar del mal trato recibido por parte de las autoridades galas, Juan decidió alistarse en la Legión Extranjera para volver a combatir al fascismo en la guerra que se avecinaba contra Hitler. Esta segunda contienda tampoco acabó bien para el luchador cordobés. En el verano de 1940 las tropas nazis le capturaron y le enviaron al campo de prisioneros de guerra habilitado en la localidad alemana de Luckenwalde. En ese recinto, en el que más o menos se respetaban los derechos humanos y las convenciones internacionales, tendría que haber pasado el resto de la contienda. Sin embargo, las conversaciones entre el régimen franquista y sus aliados nazis provocaron un dramático cambio en el destino de todos los españoles que, como Juan, se encontraban en esos campos para prisioneros de guerra. La Gestapo se dedicó a identificarlos, uno a uno, y los envió a los campos de concentración para ser explotados laboralmente y exterminados.

En la antesala de la cámara de gas de Mauthausen

Juan Romero fue uno de los más de 7.500 españoles que, tras haber formado parte del Ejército francés, ingresaron en Mauthausen-Gusen entre 1940 y 1942. Otros 1.800 compatriotas más, hombres y mujeres, serían deportados a otros campos de concentración nazis por pertenecer a la Resistencia. De los 7.500 de Mauthausen, unos 5.200 solo pudieron salir de allí a través de la chimenea del crematorio, convertidos en humo y cenizas. Juan tuvo fortaleza, inteligencia y, sobre todo, una buena dosis de suerte que le permitió sobrevivir.

Cuadro que conservaba en su domicilio Juan Romero como recuerdo de su paso por Mauthausen | Carlos Hernández

El primer trabajo esclavo que le asignaron los SS fue en la temible cantera de granito donde los españoles pasaban cerca de doce horas picando y trasladando piedras. Cada minuto era horrible, pero Juan recordaba cuál era el peor momento de la jornada: “Cuando terminaba el día subíamos una piedra por la escalera, y que no fuera pequeña… Los SS eran unos criminales. Todos los días llegaban los carros de la cantera llenos de muertos”. Él no terminó en uno de esos carros porque, tras varios meses de durísimo trabajo, le trasladaron a un grupo que trabajaba en el exterior del campo y que estaba dirigido por el kapo español César Orquín. Mejor tratado y con algo más de comida, Juan recuperó fuerzas hasta que, un día, resultó seriamente herido tras sufrir un accidente en el trabajo. Los prisioneros sabían que la enfermería de Mauthausen era un verdadero matadero. Los doctores SS se apresuraban a aplicar inyecciones de gasolina en el corazón a los deportados que ya no les iban a resultar útiles para el trabajo. Juan volvió a tener suerte y, con la ayuda de algunos enfermeros-prisioneros españoles, se reestableció.

Su siguiente y último destino en Mauthausen fue en el llamado “comando de la desinfección”. Su misión consistía en recoger las ropas de las expediciones de prisioneros que llegaban al campo y, en unas grandes parihuelas, llevarlas al edificio donde las lavaban y desinfectaban. Juan no murió de hambre porque él y sus compañeros del comando siempre encontraban algo de comida en los bolsillos de esas ropas. Físicamente no era un trabajo especialmente duro, pero sí lo era a nivel psicológico. Juan tenía que contemplar, especialmente en los últimos meses de la guerra, los grupos de prisioneros que eran enviados a la cámara de gas: “Si había grupos que llegaban y en vez de ir a la ducha se quedaban fuera, eso era muy malo… Esos iban directamente a la cámara de gas”.

Pesadillas hasta el día de su muerte

El luchador cordobés nunca pudo olvidar a aquellos grupos que se dirigían, sin saberlo, hacia el matadero. De todos ellos, cada vez que recordaba aquellos años, le marcó especialmente uno: “Llegó al campo un grupo, había hombres, mujeres, niños muy chicos. Eran 30 o 40. Nosotros estábamos para salir; esperamos a que entraran, pasaron delante de nosotros y una niña pequeña me sonrió… la pequeñita, la pobre, ignorante no sabía que iba directa a la cámara de gas. Y eso me hizo mucho daño. Yo he visto muchos grupos, pero aquella pequeñita, la niña que me echó una sonrisa… Aún ahora, por las noches, me acuerdo mucho de ella”.

Cuando el 5 de mayo de 1945 los soldados estadounidenses llegaron a Mauthausen, liberaron físicamente a los prisioneros, pero nadie jamás pudo liberar sus mentes. Los recuerdos de lo sufrido en el campo, de los compañeros asesinados, de las atrocidades de que fueron testigos les persiguieron durante el resto de sus vidas. A ese trauma, en el caso de los españoles se sumó un drama añadido: no podían regresar a sus hogares porque España seguía en manos de Franco. Juan rehízo su vida en Francia. Se instaló en la localidad de Ay, se casó, formó una familia y desarrolló su carrera profesional en una bodega de Champagne.

Grupo de españoles supervivientes de los campos nazis que se establecieron en la localidad francesa de Ay. Juan Romero está de pie, el quinto por la izquierda | Cortesía de Juan Romero

Al igual que el resto de supervivientes españoles, Juan tardó años hasta que el Estado francés le reconoció un estatus parecido al de los deportados galos. A partir de los años ochenta, especialmente, ya era considerado un héroe y tratado como tal. Recibió todo tipo de homenajes y condecoraciones como la prestigiosa Legión de Honor. Muy diferente fue la actitud de España. Durante la dictadura se trató de borrar y tergiversar la historia de los deportados y deportadas españolas. Olvido y falsedades que se mantuvieron durante la Transición y que han perdurado hasta hace muy poco tiempo.

A Juan los homenajes de su patria le han llegado en el último momento. Fue el pasado 5 de mayo, unos días después de que cumpliera los 101 años, cuando el Consejo de Ministros aprobó un texto en el que reconocía su figura. Un reconocimiento que le trasladó personalmente la vicepresidenta primera, el pasado mes de agosto. Carmen Calvo se trasladó hasta la localidad de Ay para decirle a la cara lo que Juan había esperado durante años y años: “Gracias por tu vida“. Calvo le agradeció haber luchado contra el franquismo y haber defendido la democracia en España y en toda Europa: “Nunca haremos lo suficiente, siempre estaremos en deuda con los antifascistas españoles que pagaron con su vida. Gratitud eterna desde la democracia española”. Juan se mostró muy contento ese día y quienes le querían afirman que ese reconocimiento final le ha permitido irse en paz.

Juan Romero con sus hijos Bernard y Jeannine y su nieta Eva | Carlos Hernández

Con la muerte de Juan Romero desaparece el último español deportado a los campos de concentración nazis. Los cerca de 4.000, entre ellos un mínimo de 300 mujeres, que lograron sobrevivir a las alambradas de Mauthausen, Buchenwald, Ravesnbrück, Sachsenhausen, Dachau o Auschwitz han ido marchándose durante los últimos 75 años. Casi todos ellos murieron olvidados, ignorados, sin haber sido reconocidos por el Estado español. Ahora ya son Historia.

Vicente García Riestra, superviviente asturiano del campo de concentración de Buchenwald puso voz en 2017 a lo que sentía entonces Juan Romero y el último puñado de deportados españoles que todavía seguían con vida: “Somos una especie en peligro de extinción. Estamos llamados a desaparecer. Y qué vamos a hacer. La vida es así”. La vida es así.

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Fotografía destacada: Juan Romero en una imagen reciente | Carlos Hernández

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/adios-ultimo-superviviente-espanol-campos-concentracion-nazis_1_6267642.html

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“Es mi tío, es mi tío”: localizan a la familia de un represaliado del franquismo de cuyos restos han aparecido “evidencias” en una fosa común de Guadalajara

La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica había hecho un llamamiento para contactar con la familia de Miguel de Agustín asesinado en 1940

eldiario.es / Carmen Bachiller / 02/10/2020

“Es mi tío, es mi tío”. Ángel Cortes de Agustín, se acaba de enterar de que se han encontrado “evidencias” de que se podría haber dado con los restos de Miguel de Agustín, asesinado en 1940 por el franquismo. Un vecino de Chiloeches detenido el día 28 de octubre de 1939 y, mediante el juicio sumarísimo, condenado a muerte.

“Mi madre Carmen se murió sin saber dónde estaba su hermano”. Este viernes, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) hacía un llamamiento a través de las redes sociales para localizar a la familia tras las primeras horas de exhumación en el cementerio de Guadalajara, donde se busca a 21 hombres asesinados entre el 24 de febrero y el 9 de marzo de 1940.

Miguel de Agustín, asesinado por el franquismo en 1940 Foto cedida por la familia

En casa de Ángel todo eran nervios al final de la tarde-noche del viernes. “Mi prima nerviosa. Me ha llamado y me ha dicho que está tiritando”. Este vecino de Chiloeches, conocido por haber sido concejal del PSOE se mostraba sorprendido por la noticia. “No sabía nada. ¿Y dónde me dice usted que está? ¿Qué tengo que hacer?”.

Miguel de Agustín era jornalero y estaba soltero. Fue ejecutado el día 9 de marzo de 1940 y enterrado en la fosa 3, patio 4 del cementerio de Guadalajara, según la documentación que obra en poder de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

La familia también busca a Casto de Miguel

La familia conserva fotografías de los hermanos. Hablamos por teléfono y nos dice que ha de buscarlas y llevarlas al cementerio de Guadalajara. Quiere mostrarlas al equipo de exhumación.

Y es que Ángel Cortés cuenta a elDiarioclm.es que la familia también busca a su tío Casto, hermano de Miguel. “Se los llevaron en los mismos días. Un vecino me lo contó, lo vio todo. Nunca hemos sabido donde estaban. Mi madre les llevó la comida a la cárcel durante algunos días hasta que le dijeron que se jorobó lo que se daba y sin saber nada”.

Casto de Agustín, represaliado en 1940 por el franquismo. Su familia busca sus restos Foto cedida por la familia

Explica que en la familia “ya pensábamos que se había olvidado y que nunca sabríamos el lugar donde los habían tirado”. La espera desde 1940 ha sido larga. “Llevamos mil años esperando”. Ahora hay que confirmar que los restos pertenecen al joven jornalero asesinado. De confirmarse, sus restos habrían sido encontrados a unos metros del lugar donde reposaban los de Timoteo Mendieta, cuya exhumación y posterior identificación fue posible mediante un exhorto judicial que llegó en el marco de la llamada ‘querella argentina’.

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Fotografía destacada: Exhumación en el cementerio de Guadalajara / Foto: ARMH

Fuente:https://www.eldiario.es/castilla-la-mancha/tio-tio-localizan-familia-represaliado-franquismo-cuyos-restos-han-aparecido-evidencias-fosa-comun-guadalajara_1_6265502.html?fbclid=IwAR2xlh-gr0Xlqwt-pIp0QvVHfSyX3KUYLUWexiK8NdT94lEPl6X1YSa8Ssk

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