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Veinte años de ‘Los 13 de Priaranza’

El presidente de la ARMH recuerda cómo dio con la fosa donde yacía su abuelo, Emilio Silva Faba, y doce hombres más.

diariodeleon.es / Carlos Fidalgo / 05-03-2020

Debajo de una nogal recrecida, en un triángulo de tierra entre la carretera N-536 y un camino vecinal. Así encontró Emilio Silva Barrera, tal día como hoy hace veinte años, la fosa donde yacía enterrado su abuelo, Emilio Silva Faba, y otros 12 paseados a las puertas de Priaranza del Bierzo. Aquel descubrimiento y la posterior exhumación de los 13 cuerpos en el mes de octubre serían el embrión de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), empeñada en romper el silencio que todavía entonces obstaculizaba la localización de los cuerpos de represaliados en la guerra de 1936 y durante la represión posterior a los familiares que se atrevían a preguntar.

Y lo que ocurrió, cuenta Silva Barrera en el artículo que acompaña esta página, no fue «ninguna operación política diseñada para dividir la sociedad y reabrir heridas», como han acusado a la ARMH los sectores reaccionarios, sino algo muy simple: «una persona que hace preguntas sobre su abuelo se cruza con otra que le da respuestas».

Emilio Silva Barrera, periodista afincado en Madrid y con raíces familiares en Pereje, había dejado su trabajo para escribir una novela sobre dos exiliados que volvían de Argentina con la intención de volar el Valle de los Caídos. Pero las notas para construir la trama de ficción y los frecuentes viajes al Bierzo le llevaron hasta la tragedia de su propio abuelo, dueño de la tienda de coloniales La Preferida en Villafranca del Bierzo, detenido, encarcelado y asesinado el 16 de octubre de 1936 junto a otros 13 hombres.

A Silva Faba, militante de Izquierda Republicana, ya le habían esquilmado los falangistas de Villafranca. Pero a medidos de octubre lo hicieron llamar de nuevo a la Casa Consistorial y no le dejaron volver a casa. «No sabemos lo que pasó. Quizá ya no le quedaba más dinero», explicaba ayer su nieto, que vuelve a contar cómo Silva Faba solo pudo despedirse de uno de sus hijos, al que entregó el reloj y un anillo con sus iniciales porque ya se temía lo peor.

Subidos a un camión de Gaseosas Olarte, los 14 hombres detenidos en Villafranca fueron trasladados de madrugada hasta la entrada de Priaranza del Bierzo después de hacer una parada para sacar de la cama a otro hombre al que también quería ajusticiar. Por el relato de Leopoldo Moreira, el único de los 15 que logró huir a la carrera cuando los bajaron del camión y que sobrevivió diez meses en los montes de Sotogayoso antes de que lo asesinaran también, Silva Barrera supo que su abuelo les había pedido a sus compañeros que le dejara morir el primero. No quería verles caer.

A la noche siguiente, la familia del hombre al que habían sacado de la cama, todavía hoy sin identificar, «pagó 50 pesetas» a los tres chavales de Priaranza y Villalibre que habían enterrado los cuerpos para que recuperan el cadáver en ropa interior. Por eso sesenta y cuatro años después, cuando el palista que escarbaba el terreno para exhumar la fosa dio con los restos a última hora del domingo 29 de octubre de 2000, encontraron 13 cuerpos y un hueco en la tierra.

Aquella no fue la primera fosa exhumada en el Bierzo. En febrero de 1998, los familiares de seis guerrilleros abatidos en una emboscada y sepultados en 1941 a las puertas del cementerio de Canedo recuperaban sus restos seis meses después de que este periódico se hiciera eco de su malestar porque el Ayuntamiento de Arganza, que desconocía el suceso, hubiera habilitado un aparcamiento sobre la tumba sin señalizar. Pero la historia de ‘Los 13 de Priaranza’ —así los dio a conocer la prensa— llegó mucho más lejos. Caló en los medios nacionales. Y fue el germen de la ARMH, que preside el propio Emilio Silva Barrera.

En el Paseo del Corro, así llamaban los niños de Priaranza al lugar de la fosa porque sabían que allí había muertos enterrados y el miedo les hacía ir de prisa, hoy hay una placa que lo recuerda todo para que la gente se pare a leer.

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Fotografía destacada: Exhumación en octubre de 2000. BARREDO

Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/bierzo/veinte-anos-13-priaranza/202003050232401993503.html

Memoria Histórica: dos décadas de preguntas y respuestas

Emilio Silva / Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

El anciano se detuvo en la intersección de las dos carreteras, estiró un brazo, señaló el triángulo de tierra y dijo: “Debajo de esa nogal recrecida”. Su memoria fue la respuesta a la pregunta de ese nieto que buscaba una fosa común en la que podían encontrarse los restos de su abuelo paterno y de otros doce o trece hombres.

diariodeleon.es / 05-03-2020

Ocurrió en Priaranza del Bierzo, un 5 de marzo como hoy, hace veinte años; preguntas y respuestas de una persona mayor se cruzaron junto a ese lugar al que los niños del pueblo llamaban “el Paseo del Corro”, porque sabían que por allí había unos muertos y el miedo les hacía pasar corriendo junto ese tramo de la carretera.

El nieto de Emilio Silva Faba dejó su trabajo en el verano de 1999 para escribir una novela; la historia de dos hombres exiliados en Argentina que regresaban a su pueblo, Pereje, con la idea de cumplir un viaje promesa, volar el Valle de los Caídos. La historia partía de un relato escrito años atrás: “El recuerdo y la piedra”. Para ambientarla viajó varias veces al Bierzo y conversó con personas mayores. Su abuelo era un personaje en la historia, pero no era el centro de la trama.

En el ecuador de la campaña de unas elecciones generales, ese nieto viajó a Ponferrada. Se había citado con Arsenio Marcos, viejo amigo de la familia, militante comunista, encarcelado por haber organizado una célula del partido en su empresa. Por la tarde tenían otra cita, pero mientras comían el paisano al que iban a visitar telefoneó para decir que por un problema familiar no podía verles. Sin esa casualidad, sin las horas en las que la conversación continuó en casa de Arsenio, el nieto de ese militante de Izquierda Republicana, que regentaba un almacén de coloniales en Villafranca del Bierzo, llamado La Preferida, no estaría escribiendo estas líneas.

Aquella casualidad estaba esperando a ocurrir desde 1936. En el debate sobre la memoria histórica que se ha producido en estos últimos años, ha sido acusada de tenebrosa operación política, diseñada para dividir a la sociedad y reabrir heridas. La realidad fue muy simple; una persona que se hace preguntas sobre su abuelo se cruza con otra que le da respuestas.

Cuando el nieto pisó la tierra en la que podía estar enterrado aquel abuelo comprometido con la enseñanza pública y la igualdad, llamó a su padre para contárselo. Entonces, formando parte de una generación nacida en la dictadura y crecida en democracia, no utilizó la palabra paseado; lo calificó de desaparecido. Así le asignó una categoría jurídica y política a esa fosa de civiles que habían sido detenidos por pistoleros de Falange ilegalmente, torturados, asesinados y sus cadáveres ocultos, para multiplicar el dolor de sus familias y el terror de sus compañeros de identidad política.

El encuentro hizo encajar algunas piezas: el impenetrable silencio de la abuela Modesta Santín, a la que jamás oyó referirse a su marido; los papeles que había en el desván de la casa como participaciones de lotería, sobres con membrete y algunas listas de gastos con el sello de la tienda; la fotografía de ese niño que, en la campaña electoral de febrero de 1936, sostenía una pancarta en la que podía leerse ¡Queremos el grupo escolar! ¡Viva Azaña!; o los baúles con ropa que enviaba desde Nueva York la hermana del abuelo asesinado. Los silencios a veces cuentan muchas cosas, las subrayan y anuncian lo que no se puede enunciar.

Unos meses después, el operario de una excavadora anunció que había encontrado algo, porque notó que el cazo de la máquina entraba con más facilidad en la tierra. Al sacarlo de las entrañas de aquella cuneta portaba una bota que llevaba 64 años detenida, sin pisar, sin caminar, sin estampar su suela en un sendero, pero convertida en una intensa y emocionante huella.

La exhumación de trece cuerpos en Priaranza del Bierzo, la primera identificación genética de un republicano desaparecido por la represión franquista, la de Silva Faba, y el cruce de varias historias familiares convirtieron el silencio en montones de preguntas.. ¿Por qué tras veinticinco años de democracia los restos de esas personas seguían en una cuneta? ¿Tenían derecho sus familias a ser reparadas por la justicia? ¿Cuántas personas seguían desaparecidas? ¿Por qué ningún gobierno las había buscado? ¿Quién decidió que las historias de estas personas no estuvieran en los libros de texto? ¿Por qué en los años setenta se llevaron a cabo desenterramientos hechos por familiares y se detuvieron?

El surgimiento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, a partir de esa primera exhumación, inició un largo viaje para responder a tantas preguntas y hacer algunas nuevas. Hay cosas pequeñas en tamaño e inmensas en su significado, capaces de desencadenar procesos sociales y políticos trascendentales.

La memoria estaba ahí, esperando a ser preguntada, a ser un lapsus, a que alguien la liberase de su celda de miedo, de su precaución porque el poder lo han seguido ejerciendo los franquistas en democracia. Despertó, abrió bien los ojos, y ya no duerme, porque tardará mucho tiempo en compensar todos esos años de silencio y en representar a tantos hombres y mujeres que han muerto ignorados por el Estado, por todos sus gobiernos. Los avances que construyeron pacíficamente durante la Segunda República y el sufrimiento de sus familias no podían quedar enterrados en el pasado y tenían que hacerse presente.

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Fotografía destacada: Exhumación en Priaranza del Bierzo

Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/bierzo/memoria-historica-decadas-preguntas-respuestas/202003051126301993656.html

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