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Un documental desvela las torturas a menores en los internados del franquismo

La Marea/Brais Benítez/27-04-2015

“Me quemaban el culo con velas y me restregaban ortigas por mis partes por orinarme en la cama”; “lo que le hice a este señor sé que se llama felación, pero yo entonces no tenía ni idea”; “pensé en suicidarme. Que un niño con 12 años piense en eso es muy duro”. Son algunos testimonios de los centenares de miles de niños y niñas que pasaron gran parte de su infancia, cuando no toda, encerrados en internados y centros de beneficencia durante el franquismo y los primeros años de la democracia. Allí fueron víctimas de palizas, violaciones, trabajo esclavo y vejaciones, en unos centros que el régimen utilizaba para su propaganda. Unas dramáticas experiencias vitales que quedaron sepultadas por el silencio y que recoge el documental Los internados del miedo, realizado por dos de los periodistas que más han documentado la barbarie de la dictadura en España, Montse Armengou y Ricard Belis, y que este martes estrena el programa Sense Ficció de TV3.

Los testimonios que han podido recabar destacan por su crueldad y evidencian la impunidad con la que órdenes eclesiásticas que cobraban por cada niño que acogían, e incluso funcionarios del Estado, actuaban contra unos menores que no tenían manera de defenderse ni denunciar. “Me llevaron a Sant Boi. A veces yo le contestaba a la monja y me castigaban con electrochoques, pero no porque estuviera loca, sino como castigo”, relata en la cinta Julia Ferrer, sobre su experiencia en la Casa de la Caridad de Barcelona. “Venía el sacerdote con la mano bajo la sotana, tocándote y tocándose él, teniendo un orgasmo. Y a este mismo señor al día siguiente lo veías dando misa a las 8 de la mañana. Mi creencia en Dios quedó trastocada”, explica Joan Sisa, que pasó varios años en las instalaciones Llars Mundet de la capital catalana, un internado inaugurado por Franco para acoger a niños procedentes de familias desestructuradas.

Algunos de los afectados dan fe de la explotación laboral a la que fueron sometidos. “Yo fui vendido. Me sacaron del colegio y me llevaron a León a cuidar ganado a los montes completamente solo, con 13 años”, cuenta José Sobrino, uno de los afectados. “Nos hacían lavar de la mañana a la noche con sosa. Me quedaron las manos llenas de agujeros, con sangre y pus. En el colegio éramos esclavas”, afirma Isabel Perales sobre sus años en el centro religioso Ángeles Custodios de Bilbao.

Internados

 

Otros testimonios relatan palizas cotidianas y vejaciones delante de los demás niños. “Un aspecto en el que hemos incidido bastante es en que no se trataba de castigos que se estilaban en la época, como podía ser pegar con una regla en la mano en la escuela, sino que rayan la tortura: los apaleaban de forma cruel, los humillaban en público, de manera que les han quedado secuelas terroríficas o les daban una comida infecta y si vomitaban les obligaban a comérselo, con el discurso aquél de ‘con el dinero que nos costáis y lo que hacemos por vosotros’”, expone Armengou. “Estamos hablando de mucha maldad, de mucho desprecio. Y un impacto muy fuerte para nosotros ha sido comprobar que este tipo de abusos tuvieron su auge en los 60 y 70, pero también se produjeron a principios de los 80. Con la amnistía del 77 mucha gente salió a la calle, pero en cambio estos niños continuaron encerrados en una especie de cárceles”, apunta.

La extensión del fenómeno

“El régimen franquista se encargaba de la beneficencia y la asistencia social, pero en la mayoría de casos era una beneficencia falsa, con ánimo de adoctrinamiento y formación ideológica. Además, había sido el régimen el que había creado esa situación: niños desvalidos porque los padres estaban en las cárceles, o porque se habían separado y la madre perdía la custodia, incluso abandonados porque la madre no podía soportar el estigma de ser madre soltera”, detalla Armengou. “Existía un organismo terrorífico, el Patronato de Protección de la Mujer, que se creó, textualmente, para ‘proteger a la mujer caída o en riesgo de caer’; pero ese centro que iba encaminado a la prevención de la prostitución acabó siendo un contenedor donde fueron a caer niñas en exclusión social, adolescentes con inquietudes políticas, o menores que habían sido violadas por algún familiar y se habían quedado embarazadas. A quienes encerraban era a las víctimas”, subraya la documentalista.

A pesar de no ser un fenómeno que sucediera en todos los internados, colegios religiosos, orfanatos, preventorios antituberculosos o centros de Auxilio Social, los casos de abusos físicos, psíquicos, sexuales, de explotación laboral y prácticas médicas dudosas ocurrieron en multitud de ellos. Tanto que después de elaborar documentales como Los niños perdidos del franquismo, Las fosas del silencio o el retrato del Valle de los Caídos Abuelo, te sacaré de aquí, es el trabajo con el que sus autores se han encontrado más casos entre conocidos y allegados. “Mucha gente nos ha dicho que su padre, su hermano, un amigo… ha pasado alguna experiencia no demasiado agradable en uno de esos internados. Es el documental en el que nos ha pasado más”, asegura Armengou.

Sin reparación

Los autores del documental contactaron con algunos de los presuntos responsables de esos abusos para corroborar las historias y contrastar información, pero estos no aparecen en la cinta, que se centra en dar voz a las víctimas. Algunas de ellas se encuentran adheridas a la querella argentina por los crímenes del franquismo, pues afirman no creer en la justicia española. Hubo quien recientemente acudió a la justicia eclesiástica que, “aunque parezca extraño, es mucho más dura que la civil para casos de abusos, con plazos de prescripción mucho más amplios”, señala Armengou, aunque los casos se cerraron al haber fallecido los presuntos culpables.

Al contrario de lo que sucedió en Irlanda, donde tanto el Estado como la Iglesia han condenado los casos de abusos a menores, en España el Estado ni siquiera ha escuchado a las víctimas. Es mediante trabajos como éste que, por primera vez, sienten que alguien se interesa por ellos y se atreven a desvelar sus traumas. Armengou destaca el cariño que reciben por ese trabajo: “Una vez más nos hemos encontrado unas muestras de agradecimiento brutales por parte de la gente. Con todas las dificultades continuamos haciendo una apuesta por estos temas, pero es increíble que tengamos que seguir haciendo de bomberos, de UVI y de primeros auxilios sobre la verdad y la reparación en este país. A nivel profesional es muy enriquecedor. Pero como ciudadana es una vergüenza”.

Fotografía destacada: Un sacerdote junto a niños internados en Llars Mundet, en Barcelona.

http://www.lamarea.com/2015/04/27/un-documental-desvela-las-torturas-a-menores-en-los-internados-del-franquismo/

 

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6 pensamientos en “Un documental desvela las torturas a menores en los internados del franquismo

  1. carlosben

    yo estuve en un internado de auxilio social en leon de 1970 a 1973 y doy testimonio de los malos tratos recibidos´y la humillante procesion de los chicos que se orinaban la cama con las sabanas atadas al cuello paseandose por el pasillo del comedor mientras los demas desayunabamos.

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    1. José Luis Ramírez

      Me voy a permitir hacer un comentario que discrepa de esa imagen terrorífica de los internados en la época franquista. Y lo hago årecisamente como alumno de un internado franquista sumamente conocido: Colegio de San Ildefonso, en Madrid.
      Se hace un relato tremebundo del sadismo geeralizándolo con afirmaciones como esta: “A pesar de no ser un fenómeno que sucediera en todos los internados, colegios religiosos, orfanatos, preventorios antituberculosos o centros de Auxilio Social, los casos de abusos físicos, psíquicos, sexuales, de explotación laboral y prácticas médicas dudosas ocurrieron en multitud de ellos.”
      Ese párrafo no demuestra nada: eagera y miente. Yo diría: “A pesar de que en algunos internados, colegios religiosos, orfanatos, preventorios antituberculosos o centros de Auxilio Social, los casos de abusos físicos, psíquicos, sexuales,
      no fue un fenómeno que sucediera en todos los centros escolares e internados”.
      Yo soy socialista, hijo de un padre de auténtico republicanismo, que a pesar de ello fue asesinado (como muchos otros a los que dieron el paseo) por rencillas de gentuza de izquierda, que también la hubo en la zona republicana. Como huérfano de padre fui admitido en el internado de San Ildefonso, dondeeramos 100 alumnos. Y había también un internado paralelo de niñas. Yo fui no solamente alumno, sino, más tarde, maestro adjunto (llamados inspectores) que se ocupaban de los niños fuera de las horas de clase.
      Es verdad que algunos de los inspectores eran algo brutos y podían darnos un cachete (como era uso en la España escolar de aquellos años) y hasta pasarse un poco. Y también estábamos sometidos a costumbres falangistas, algo militares, que consistían en desfilar y cantar honos framquistas. Por lo demás puedo decir que el director del colegio y los tres maestros que se ocupaban de las clases eran personas ejemplares a las que recordamos siempre en la Asociación de Ex-Alumnos del Colegio de San Ildefonso que todavía existe. Recibí una educación y una enseñanza que me ha deparado un vida extraordinaria hasta llegar a mis actuales 80 años d edad. Yo emigré del franquismo en 1960 y fui a parar a Alemania y de ahí a Suecia, donde vivo hoy.
      En el Colegio de San Ildefonso tenía mos un capellán, que era una persona sumamente discreta y consciente. Hasta el punto que no obligaba a confesarnos con él, para que no creyéramos que nos espiaba. Estableció la costumbre de que los que quisieran comulgar el primer domimngo de cada mes pudiran salir del internado una tarde a confedsarse en cualwquier iglesia cercana. Este capellán se opuso abiertamente q ue rezáramos demasiados rosarios y cosas por el estilo, como algún maestri proponía. No se me olvida su comentari: “Dejen en paz a los chicos de tanto rezo, que s+olo les va a hacer odiar la religión”. Así opinaba un cura de un internado.
      Como alumnos del Colegio no dejábamos de ser críticos con hábitos que nos resultaban ridículos o molestos, aun cuando no se tratara de abusos. Poníamos motes a los superiores, les imitábamos y nos reíamos del “Glorioso Movimiento Nacional” y las costumbres falangistas a que nos obligaban. Hacíamos textos y canciones ridiculizanres. Yo mismo escribí textos críticos acerca del Colegio. Un ejemplo cuya música no puedo reproducir aquí:
      “Cuando al Colegio vinimos
      Unos a otros nos dijimos:
      Siete añitos, nada más.
      Nos hartamos de canciones,
      De listas y formaciones
      Que no terminan jamás.
      Esperando “ser del año” (así se denominaban los de 15 años de edad, su último
      Voy sufriendo un desengaño, año escolar)
      Maldiciendo sin cesar.
      Los añitos som de espera
      Y el que espera desespera
      Y se cansa de esperar.”

      El Colegio de San Ildefónso no solamente med dio formación escolar durante mi niñez sino que apoyó mi capacidad de estudiar y obtuve una beca de estudios que fue renovada durante 10 años. Primero estudié Bachillerato y Magisterio, luego licenciatura en Filosofía y Letras.
      El régimen y las costumbres franquistas no me agradaban, sobre todo por lo que impedían y prohibían, más que por lo que imponían y exigían. A mi no me fue nunca difícil protestar y lograr deshacerme de normas inaceptables. Incluso supe formular y defender (discretamente) protestas y exigencias ante las autoridades escolares del franquismo que lograron ser aceptadas. Como por ejemplo la aceptación de la equivalencia del títuilo de Magisterio con el de Bachillerato, sin necesidad de tener que reestudiar materias y examinarse de dos cursos semejantes (como yo tuve que hacer). El Bachillerato de la época franquista era, sin embargo, (por su amplitud de formación y asignaturas) mejor que el que tuvimos después. Seguramente era una continuación del programa escolar republicano de Segunda Enseñanza. Se estudiaba latin desde el primer añi así como física y matemáticas y griego desde el cuarto. Y además por lo menos una lengua moderna (generalmente el francés).
      El franquismo nos inspiró infinidad de chistes, canciones y mofas. Y aprendimos a seguir sus normas absurdas saliéndonos por la tangente y utilizando ficciones para pensar y actuar como nos parecía oportuno y no como nos imponían. Eran infinidad los chsies que se burlaban de Franco y hasta deciamos irónicamente que lo que era inadmisible era hablar bien del franquismo. En una conferencia que dí en Barcelona por los año 80 acerca de Suecia le dije a los catalanes que los españoles de la época franquista habíamos sido más demócratas que los suecos, pues nunca nos creíamos lo que decían los periódicos. Los discurso de Franco se mencionaban siempre con entonación imitativa y chistosa.
      Por supesto que había abusos en aquel régimen de dictadura política y militar. Pero decir que esos abusos que cuenta el artículo del tal Brais Benito eran habituales, demuestra simplemenre que no tiene ni idea de lo que supuso vivir los años de la postguerra en España. Me pregunto cuando nació el autor de este artículo.
      José Luis Ramirez – Estocolmo

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  2. José Maria Fernández Herrero

    Yo estuve en el seminario conciliar de León, mi madre me interno con 9 años en el 62 . Siento un odio profundo, se que no a todos les fue así, había sobrinos de curas, hijos de familias pudientes pero los hijos de viuda y pobres …… no quiero decir más. El rector tenia retirado el permiso de confesión porque había pertenecido a una banda falangista, el confesaba a los familiares del buscado y cuando confesaban. ……. No quiero decir más se acercaba me decía que le gustaban las bailarinas con las piernas al aire yo no sabía porque miraba las mias

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  3. Nemesia

    Mi hermana y yo estuvimos un internado en Valladolid, llevado por las hermanas de la caridad, teníamos 4, y 5 años, nuestra madre había muerto y nuestro padre era considerado, delos otros, como ellos decían rojo
    Estuvimos tres años, que nos dejo marcadas a vida, a mi me quemaba el culo por hacerme pis, y muchas mas atrocidades que presencie,y que me dejaron marcada a vida. Doy testimonio de ello.

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    1. Maite

      Buenas tardes. Mi madre y mi tia también estuvieron en un internado de Valladolid al quedar huerfanas de padre. Cuentan verdaderas atrocidades, como tener que amortajar difuntos siendo niñas ( el internado era de las hermanas de la caridad creo pero también había ancianos)

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  4. María Josefa

    Hola: LLevo una temporada leyendo sobre los Preventorios Antituberculosos por diferentes sitios de internet y, veo que participan personas de diferentes generaciones, con lo cual se da un confusionismos entre lo que eran los llamados Preventorios Antituberculosos, los cuales venían funcionando desden la Guerra Civil hasta principios de los años 60, y lo que eran las famosas Colonias de Vacaciones (donde también había algunos casos en régimen de internado) y también por otra parte están los Colegios de Internos y la Escuela normal.
    Soy nacida en el año 1960 y, la mayor parte de mis estudios los hice en Escuelas Privadas ya que, la experiencia en las llamadas Escuelas Nacionales fué negativa por los métodos de disciplina con malos tratos verbales y fisicos que, en algunos casos, rayaban en torturas. Así que como a mis padres no les gustaba que padeciesemos ó viesemos esas barbaridades, nos cambiaban de Colegio y preferian esforzarse en pagar para que pudieramos estudiar en un ambiente diferente (aunque, también allí se podían dar casos de algún profesor o profesora que practicaba esos métodos represivos y de terror).
    Cabe recordar y destacar que, durante Régimen Franquista, el método disciplinario habitual era el de reprimir, agredir verbal y fisicamente y aterrorizar.
    En las historias que voy leyendo sobre los Preventorios y, aunque lo de los malos tratos ya digo que era parte habitual, hay una confusión entre Preventorios y entre Colonias. Los Preventorios se fueron cerrando a mediados de los años 60. De ahí que, es de suponer que algunos de los casos donde dicen haber estado en un Preventorio a la altura de mediados de los años 60 e incluso en losd años 70, no eran Preventorios sino Colonias de Vacaciones (aunque había casos en que entraban en régimen de internado por varios meses, enviadas por asistencia Social o Beneficencia).
    Por ello, no pongo en duda los casos que denuncian malos tratos ya que, era parte de la subcultura del orden represivo y de terror de la dictadura pero, si pongo en duda que alguien diga que ha estado en un Preventorio en fechas en que ya habían sido cerrados como tal ya que, el Patronato Nacional Antituberculoso, a raiz de los nuevos medicamentos, decidió eliminar los Preventorios y tratar los casos desde el Sistema de Salud habitual o Benefico pero en régimen ambulatorio o de ingreso en caso de infectación contagiosa en los Hospitales propiamente dichos (por ejemplo, los casos de Madrid iban de ingreso a Valdelatas o al Hospital del Rey, que eran de infeciosos) -daros cuenta que, llegada la sergunda mitad de los años 60 y entrando en los 70, la tubercolosis estaba ya muy controlada y habia medicamentos y vacunas para tratarla-.
    Se llega a tal nivel de confusionismo que, se entremezcla con la tortura el que te lavaran con jabón y estropajo -cosa habitual en esas épocas yha que, las esponjas naturales finas quien las utilizaba eran los ricos. con lo que tenemos que tener claro que, la tortura no era que te lavaran con pastilla de jabon natural y con estropajo, sino la forma en que lo hacian -tal vez frotando demasiado fuerte, haciendo daño, a gritos, etc. (una cosa es denunciar y protestar por ciertos hechos y otra es ya sacar las cosas de contexto: En guerra y tras la guerra, poder darse una ducha con jabón y estropajo era casi un lujo -otra cosa es que la ducha te la dieran a ostia limpia-.

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