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Milagros pierde el miedo a contar que mataron a su madre

La ARMH retoma este mes la exhumación de Vicenta López y su hijo Jesús Camuñas, asesinados en 1948 por alojar a dos guerrilleros que mataron a un agente y enterrados en Villafranca. Los cuerpos de Vicenta (arriba) y su hijo Jesús están en un nicho sin identificar. La dureza del terreno y la imposibilidad de usar una excavadora en el cementerio han retrasado el trabajo, interrumpido para respetar el día de Todos los Santos.

diariodeleon.es / Carlos Fidalgo / 09-11-2015

«He aguantado muchos años con la boca cerrada y ahora no me callo», decía ayer Milagros Camuñas, al otro lado del teléfono en su casa de Badalona, para contar de qué forma murieron su madre y su hermano la noche del 28 de octubre de 1948. Fue en el kilómetro 11 de la vieja carretera de Madrid a La Coruña y ocurrió durante su traslado al calabozo de Villafranca del Bierzo, después de que la Guardia Civil los detuviera por haber dado cobijo en su casa de Castañeiras (Balboa) a cinco guerrilleros que habían acabado con la vida de un agente que los había sorprendido por casualidad en la vivienda. Milagros, de 78 años de edad y recién operada de cadera, quiere que la entierren junto a su madre, Vicenta López, y su hermano Jesús, que sólo tenía 20 años, y cuyos restos reposan en una fosa anónima del cementerio de Villafranca que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) exhumará a lo largo de este mes tras un primer intento fallido. «Cuando me muera, quiero ir con mi madre. Quiero que pongan mis cenizas con ella», decía ayer, emocionada porque su historia se va a saber por fin.

A Milagros, que tenía 10 años en 1948, todavía se le nota la cicatriz encima del labio de la herida que sufrió cuando uno de los guardias que saqueaban la despensa de su casa al día siguiente de la detención la empujó contra un banco. «Pasé de ser una niña mimada entre cinco hermanos, a ser una desgraciada. Primero murió mi padre, en casa de enfermedad. Y un año después mataron a mi madre y a mi hermano», contaba ayer, convencida de que si hubiera estado vivo su padre, Aquilino Camuñas Fernández —«un hombre culto que leía mucho» y, según su hija, «descendiente de Cervantes» por la rama familiar de los Saavedra de Balboa— «todo aquello no hubiera ocurrido».

Milagros recuerda el día en que una partida de guerrilleros —Manuel Gutiérrez Abella, natural de Pobladura de La Somoza, que en 1937 había desertado del Ejército de Franco para unirse a la resistencia, Pedro Lamas Cerezales, de Cantejeira y en la guerrilla desde 1936, el gallego Oliveros Fernández Armada, que se había echado al monte el año anterior, y Adoración Campo Canedo, unida a los grupos antifranquistas después de que un combate en Canedo acabara con la vida de los combatientes que escondía— entraron en su casa y le dijeron a su madre que tenía que darles cama. Su madre no tuvo elección, asegura, y dio alojamiento a Oliveros Fernández y a Adoración Campo.

Fue la fatalidad la que llevó al policía de Balboa Sabas Andrés Pérez, conocido de Vicenta, a entrar en la casa mientras la viuda y su hijo Jesús horneaban pan en otro edificio. Milagros y su hermano Andrés, de seis años estaban «en el prado con las vacas», Aquilino hijo y Eduardo recogían castañas, y el quinto hermano, Dalmiro, trabajaba en la mina en Fabero para evitar el servicio militar. Pero Salazar confundió a Adoración Campo con una de las primas de la familia. «La mujer le disparó y lo mató a boca de jarro», relata Milagros. Los guerrilleros huyeron del pueblo y cuando ella volvió del prado con Andrés, ya se encontró a su madre detenida y el cadáver en el suelo.

Desde aquel día le tuvo miedo a los muertos y no se le ha quitado hasta hace poco. Los dos niños pasaron la noche con una vecina, que también les pidió que se fueran al día siguiente por miedo. Refugiada en casa de su madrina, Milagros no sabía que a su madre y su hermano Jesús los habían matado durante el traslado y de nuevo volvió a su casa sólo para ver a un grupo de guardias «dándose la comilona con los jamones y los chorizos». De allí salió con un golpe y una cicatriz sobre el labio.

Su hermano mayor, Aquilino Camuñas López, estuvo más de un año en la cárcel y Milagros cuenta que lo soltaron «porque había hecho la mili con el hijo del Duque de Alba». A Eduardo, de sólo 17 años, ya lo habían dejado libre a los pocos días del suceso, pero había vuelto al pueblo «con bastones, porque le habían dado un montón de palizas, y los dedos de los pies quemados de las cerillas que le ponían para preguntarle si sabía donde estaban los rojos».

Genoveva de Brabante

Y cuando a Milagros le dijeron por fin que a su madre y a su hermano Jesús los habían matado en la carretera no acabó de creérselo. De hecho, se imaginó que les había ocurrido lo que a Genoveva de Brabante, la heroína de la leyenda medieval que vivió durante seis años en una cueva con su hijo, alimentados por una corza después de ser falsamente acusada por un pretendiente rechazado. «Era el libro que estaba leyendo mi padre cuando murió», explicaba ayer, «y yo pensaba que les pasaba lo mismo».

Milagros marchó a Barcelona para vivir con su hermana mayor, Virginia, y durante setenta años estuvo callada. Callada como su hermano Aquilino, que siempre vivió en Castañeiras. «No quería que buscara a mi madre. No quería hablar de eso», contaba ayer la anciana. A la muerte de Aquilino, hace dos años, Milagros pidió un acta de defunción de su madre. Y se indignó al ver que en el certificado ponía que había fallecido «de muerte natural». Ese día decidió contactar con la ARMH y contar que Vicenta y Jesús no tuvieron el mismo final heroico de Genoveva de Brabante y su hijo, que, dice la leyenda, sí recuperaron su antigua dignidad.

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Fotografía destacada: Los cuerpos están a casi dos metros, en una fosa sin identificar en el cementerio de Villafranca. – dl

Fuente:http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/milagros-pierde-miedo-contar-mataron-madre_1022127.html

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El Bierzo recuerda a ‘Los trece de Priaranza’ en el 15 aniversario de su exhumación

El 28 de octubre se cumplen 15 años de la apertura de la primera fosa de la Guerra Civil con métodos científicos, lo que fue el germen de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

infobierzo.com / Vanesa Silván / ICAL / 25-10-2015

“Soy nieto de un desaparecido. Mi abuelo se llamaba Emilio Silva Faba. Lo mataron a tiros junto a otras trece personas y lo abandonaron en una cuneta, a la entrada de Priaranza del Bierzo”. Con estas palabras comenzaba el periodista Emilio Silva el artículo ‘Mi abuelo también fue un desaparecido’, publicado en La Crónica de León, y en el que está el origen de la búsqueda y de una serie de investigaciones que llevaron a la exhumación de ‘Los trece de Priaranza’, la primera fosa abierta con métodos científicos hace ya 15 años, el 28 de octubre del 2000.

Ese fue el despertar de la memoria y la búsqueda de la familia Silva se convirtió en ejemplo para muchas otras familias, que durante décadas habían acallado el dolor por la pérdida de sus seres queridos a manos de la represión franquista, durante la Guerra Civil y la dictadura. Y a partir de ahí se puso en marcha la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), de la que Silva es presidente, como un movimiento social que fue creciendo paulatinamente y que en estos 15 años ha llevado a cabo la exhumación de casi 6.300 cuerpos en toda España.

Emilio Silva recuerda cómo empezó todo, allá por marzo del 2000, cuando estaba recogiendo información con la idea de escribir la historia de su abuelo. “Un día quedé con Arsenio Jurjo, un amigo de mi padre de la infancia, que había estado varios años en la cárcel como preso político para hablar de historias de la guerra y la posguerra en El Bierzo”, cuenta.

En esa conversación salió el tema de la fosa de su abuelo y le confesó que sabía, más o menos, donde podía localizarse. Así, los dos se fueron directos a Villalibre de la Jurisdicción y, preguntando a la gente del pueblo, acabaron dando con un lugar a la entrada de Priaranza del Bierzo, donde les habían asegurado que habían sido asesinadas 12 o 13 personas.

“En ese momento llamé por teléfono a mi padre para decirle que estaba en el lugar donde habían asesinado al suyo”, relata Silva, que empezó a reconstruir la historia de la desaparición de su abuelo y de las otras personas que habían sido asesinadas con él con la ayuda de su tío Ramón, que había regresado de Venezuela a pasar unos meses en El Bierzo y no estaba dispuesto a volver a Caracas sin haber encontrado y enterrado a su padre, 64 años después de haberle visto por última vez a la puerta del Ayuntamiento de Villafranca del Bierzo en 1936.

Con toda esa información escribió ‘Mi abuelo también fue un desaparecido’, un artículo en el que se quejaba de lo que había ocurrido con la detención de Augusto Pinochet en Londres realizada por la justicia española mientras aquí se mantenía el silencio judicial y político que había en torno a los desaparecidos de la dictadura franquista. “Al final del artículo venía mi número de teléfono y al día siguiente recibí una llamada de Julio Vidal, un arqueólogo cuya madre era originaria de Priaranza, que se ofreció a exhumar la fosa”.

Una fosa en Priaranza

Y así, el 23 de octubre de 2000, un grupo de arqueólogos y forenses iniciaban los trabajos para la búsqueda de esa fosa común, que se convertiría en la primera exhumación con métodos científicos. Tras varios días de búsqueda y sin que apareciera nada, todo les hacía pensar que los restos podrían haber sido llevados durante las obras de ensanchamiento de la carretera hasta que, por fin, el operador de la excavadora anunció uno de los días, nada más introducir la pala en la tierra, que había encontrado algo.

“La tierra cuando es removida guarda memoria y tarda alrededor de 150 años en volver a estar totalmente compacta”, puntualiza el periodista Emilio Silva, que cuenta que entonces la excavadora empezó a trabajar más rápido y con más facilidad en esa zona. “Cuando la pala volvió a la superficie tenía una bota encima”, añade Silva, que en ese momento sólo pudo pensar en su abuela Modesta, “que había fallecido dos años antes y que arrastró durante toda su vida y en silencio la pena del asesinato de su marido”.

Los trabajos se prolongaron durante varios días y, finalmente, se localizaron 13 cuerpos, entre ellos, el de su abuelo, Emilio Silva Faba, que se convirtió en la primera víctima de la represión franquista identificada con una prueba de ADN. No fue hasta octubre de 2003 que los restos de su abuelo pudieron descansar por fin a lado de los de su esposa, Modesta, y cerrar el círculo de dolor e injusticia que se había iniciado ese 16 de octubre de 1936, cuando fue metido junto a otros catorce presos en un camión de gaseosas Olarte y llevado desde Villafranca hasta esa cuneta, donde fue fusilado.

Silva cuenta que uno de esos presos, Leopoldo Moreira, echó a correr en la oscuridad nada más bajar del camión y, aunque le dispararon, no le alcanzaron y logró escapar. Tras vagar desorientado durante horas, al amanecer estaba en el mismo sitio en el que había tenido lugar la ejecución de sus compañeros y comprobó que faltaba uno de los cadáveres, que su familia se debió llevar de madrugada. Leopoldo regresó a su pueblo, Pereje, y relató lo ocurrido esa noche a varias personas antes de volver a ser detenido y abatido a tiros por la Guardia Civil.

Una de esas personas fue el hermano de Arsenio Jurjo, el hombre que llevó a Emilio Silva hasta el lugar de la fosa, junto al testimonio de un vecino que tenía tan solo diez años ese terrible día de 1936 y que recordaba el ruido de las detonaciones y un círculo de gente a la entrada de Priaranza, al que su madre no le había dejado acercarse. Cuando Emilio Silva llegó hasta ese lugar, en el vértice de un desvío de la carretera, donde se encontró con un hombre, al que le preguntó también por la fosa. “Están ahí, bajo esa nogal recrecida”, le contestó.

El germen de la ARMH

“Y lo que en principio supuso la búsqueda de la solución a un problema familiar se convirtió en un problema colectivo en el mismo lugar de la fosa y algunos familiares de desaparecidos en la zona acudieron allí a pedir ayuda”, destaca Emilio Silva, que explica que de ese encuentro surgió la idea de crear la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) que comenzó a buscar físicamente a los desaparecidos y abrir un debate sobre esa “patológica relación” que aún mantenía la sociedad española, recién estrenado el siglo XXI, con un pasado enormemente traumático.

Aunque a finales de los años 70 y principios de los años 80 hubo ya quienes iniciaron esa búsqueda de su desaparecidos, esa se limitaba básicamente a familiares, que armados “con un pico, una pala, una azada y mucho amor, buscaban a sus seres queridos para llevarlos a un cementerio”. Así, Priaranza del Bierzo fue el punto de partida de un movimiento mucho mayor, que demostró que la historia de esas desapariciones estaba ahí, que era posible seguir sus pistas hasta dar con sus víctimas, identificarlas y devolverlas a sus familias, de las que nunca debieron separarse.

Esa exhumación, con la participación de cuatro arqueólogos, una antropóloga forense y una bióloga, permitió demostrar que décadas después era posible hacer esa identificación científica de los desaparecidos y la ARMH daba sus primeros pasos en el Bierzo para llegar a haber rescatado del olvido a casi 6.300 represaliados en toda España en estos 15 años, además de haber abierto un proceso judicial en Argentina contra el franquismo en el año 2010 y llevado a distintos organismos de Naciones Unidas la preocupación por los desaparecidos de la dictadura española.

La asociación hasta consiguió llevar al Congreso de los Diputados una Ley de la Memoria Histórica, derogada en la práctica en la actualidad. Pero lo más importante es que ha ayudado a muchas personas a conocer lo que ocurrió con el pasado de sus familias, según destaca el presidente de ña ARMH, Emilio Silva, que confiesa que en la suya se hablaba de su abuelo “como si fuera un fantasma, algo innombrable, porque el miedo ha sobrevivido durante décadas”.

Una asignatura pendiente

Pero aunque la labor de la ARMH ha conseguido remover muchas conciencias y poner fin a muchos años de silencio doloroso, la memoria histórica sigue siendo una asignatura pendiente para el Gobierno de España, que sigue sin hacer sus deberes en la búsqueda e identificación de los desaparecidos. “La falta de apoyo por parte de los gobiernos de España ha sido notable a pesar de que durante cinco años se dieron una serie de subvenciones para facilitar las exhumaciones”, señala Silva, que apostilla que según Amnistía Internacional, “somos el peor país del núcleo duro de la Unión Europea en formación de derechos humanos”.

En su opinión, eso no es fruto de la casualidad ni un accidente histórico, sino una decisión política “para no construir una cultura de los derechos humanos que sería mucho más beneficiosa para las víctimas y perjudicial para los verdugos”. Silva entiende que la Transición se construyó sobre el silencio y “quienes recordaban el franquismo callaban por miedo, mientras quienes no lo habían conocido lo ignoraban por ese silencio”.

Para la ARMH, es triste que ningún gobierno en los 40 años que hace que murió el dictador Francisco Franco haya tomado la responsabilidad de buscar estas fosas y cree que, si esa cultura de derechos humanos existiera, “no habría posibilidad de que los desaparecidos siguieran en las cunetas”. “En un país democrático los derechos humanos no se facilitan los derechos humanos se garantizan”, apostilla Emilio Silva.

“Todos esos crímenes han quedado impunes, silenciados y, en muchos casos, sus autores han tenido la oportunidad de convertirse en personas prestigiosas, entre comillas, en democracia. Ellos han podido blanquear sus biografías, al tiempo que las víctimas seguían padeciendo las consecuencias del daño que les causaron”, lamenta el presidente de la ARMH, que cita al poeta Juan Gelman, para decir que cuando termina una dictadura y llega una democracia, “desaparecen los dictadores de la escena y aparecen inmediatamente los organizadores del olvido”.

Fotos , documento y anillo del abuelo del presidente de ARMH, Emilio Silva

 

 

 

 

 

Fotografía destacada: El presidente de ARMH, Emilio Silva

Fuente:http://www.infobierzo.com/el-bierzo-recuerda-esta-semana-a-los-trece-de-priaranza-con-motivo-del-15-aniversario-de-su-exhumacion/204701/

 

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La ARMH exhumará a una madre y a su hijo asesinados en Villafranca por la Ley de Fugas

Están enterrados en una fosa anónima y murieron en 1948 tras alojar a cinco guerrilleros en su casa de Castiñeiras.

Diario de León / Carlos Fidalgo / 19-06-2015

Ocurrió en el kilómetro 11 de la vieja carretera general de Madrid a La Coruña, el 28 de octubre de 1948 a las nueve de la noche. A Vicenta López Digón, viuda de 48 años y a su hijo Jesús Camuñas López, de 20, les aplicaron la Ley de fugas —que encubrió muchos crímenes con el pretexto de disparar a los presos que intentaban huir durante un traslado— mientras los llevaban a la prisión de Villafranca del Bierzo. Su delito; haber cobijado en su casa de la aldea de Castiñeiras (Balboa) a cinco guerrilleros antifranquistas que el día anterior habían sostenido un tiroteo con la Guardia Civil que había costado la vida a un agente, Sabas Andrés Salazar

Los cinco guerrilleros —Manuel Gutiérrez Abella, natural de Pobladura de la Somoza que en 1937 había desertado del Ejército de Franco para unirse a la resistencia, Pedro Lamas Cerezales, natural de Cantejeira y en la guerrilla desde 1936, Oliveros Fernández Armada, de la localidad lucense de Traspena de Covas, en el monte desde el año anterior, y Adoración Campo Canedo, que se había unido a los grupos antifranquistas después de que otro combate en su domicilio de Canedo acabara en 1940 con la vida de cinco resistentes— habían logrado huir de la Guardia Civil tras el enfrentamiento en Castiñeiras, pero los agentes detuvieron ese día a varios vecinos, incluyendo a Vicenta López, que ayudaba a la guerrilla como enlace, y a su hijo Jesús, labrador y soltero, que todavía vivía en el domicilio familiar.

Ninguno de los dos llegó a la prisión y sesenta y seis años después, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) emprenderá la exhumación de la fosa anónima en el cementerio de Villafranca donde los enterraron después de prácticarles la autopsia. La ARMH lo ha tenido esta vez más fácil que en otros casos, como el del joven Arsenio Macías, al que no encuentran en la curva de Villalibre, porque el enterramiento de la madre y su hijo quedó registrado y también existe documentación legal en el Archivo del Tribunal Militar de La Coruña, con sede en El Ferrol, sobre los hechos y sobre el procedimiento emprendido contra el resto de detenidos de Castiñeiras.

Los voluntarios de la ARMH ya han realizado mediciones y comprobado que las sepulturas no se han tocado en todos estos años y sólo están a la espera de que la nueva corporación municipal de Villafranca autorice la intervención en el cementerio.

Vicenta López y Jesús Camuñas no fueron las únicas víctimas de la represión franquista asesinados al amparo de la vieja Ley de Fugas, trágicamente popular en los años anteriores a la Guerra Civil. Otros enlaces abatidos cuando ‘trataban de fugarse’, según la explicación oficial, fueron Santiago González Vázquez y Lorenzo Poncelas González, asesinados el 3 de enero de 1945 en San Martín de Moreda, los hermanos de Corporales Mariano y Laurentino Liébana, el 7 de julio de 1951 o Francisco Redondo Pérez y Florentino Fernández, asesinados en Bembibre el 26 de febrero de 1948, según los datos de la ARMH.

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Fotografía destacada: Fosa anónima del cementerio de Villafranca donde reposan. – dl

http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/armh-exhumara-madre-hijo-asesinados-villafranca-ley-fugas_987805.html

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La ARMH recupera el pulso y cuenta 17 fosas comunes “avanzadas” para ser exhumadas

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica busca recuperar el ritmo de trabajo anterior a los “recortes”, cuando cumple quince años con 98 fosas exhumadas y 858 cuerpos “rescatados”.

En El Bierzo en Villalibre, Villafranca, Tombrio de Abajo, Ocero, Villar de los Barrios, Villanueva de Valdueza.

infobierzo.com / Agencia ICAL / 05-04-2015

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) tiene en la actualidad 17 fosas comunes que ya están avanzadas en el proceso de investigación, siendo viable su localización y exhumación en los próximos meses, según señala su vicepresidente, Marco González, que confía en que el premio ALBA/Puffin al Activismo en Pro de los Derechos Humanos les permita recuperar este año el ritmo y el nivel de trabajo de ejercicios anteriores.

“Estamos otra vez el equipo al cien por cien, otra vez todos contratados y tenemos el empuje económico del premio, que recogeremos en Nueva York el 9 de mayo. En cuanto tengamos ese dinero, podremos otra vez contratar máquinas y ponernos a destajo, como lo habíamos hecho hasta el años 2012”, explica González, que destaca que la gran mayoría de los casos que están avanzados en la región se desarrollarán en León. “Son todas en León, a excepción de una en Segovia, la de Navafría”, apostilla.

Aunque en los últimos años el trabajo de la ARMH se ha visto ralentizado por la eliminación de las ayudas públicas que, incluso, llegó a amenazar su propia existencia y la de su laboratorio antropológico en Ponferrada, desde la asociación afrontan el año de su quince aniversario con optimismo y las nuevas posibilidades que les ofrecen los 100.000 dólares con el que está dotado el premio concedido por los archivos de las brigada Abraham Lincoln (ALBA). Su objetivo, recuperar el ritmo de trabajo anterior al 2012 y que les ha permitido abrir 98 fosas y recuperar la memoria de 858 represaliados desde su creación en el año 2000.

La provincia de León, lugar de origen de la asociación, es donde se ha realizado un mayor número de exhumaciones con 47 intervenciones -28 en la comarca del Bierzo-, que han servido para localizar los cuerpos de 169 personas. De ellas, la “fosa de las fosas” fue la de Priaranza del Bierzo, que abrió paso a la reivindicación de la memoria histórica y que es la más numerosa que se ha abierto hasta el momento en esta comarca con trece cuerpos, entre ellos el abuelo de uno de los fundadores de la ARMH, Emilio Silva.

También ha sido muy importante el trabajo realizado en Burgos que, con menos fosas abiertas (19), ha sacado de nuevo a la luz los restos de 510 represaliados. Y es que en esta provincia se han hallado fosas que “asustan” por la barbarie que hay detrás estos lugares de enterramiento, donde aparecen hasta 125 cuerpos, como es el caso de Valdenoceda, o más de 80, como en Costaján (Aranda de Duero). La ARMH también ha intervenido en estos años en Valladolid, con 11 fosas y 61 cuerpos recuperados; en Palencia, con ocho fosas y 47 cuerpos; en Ávila, con seis fosas y 19 cuerpos; en Zamora, con tres fosas y 23 cuerpos; y Soria, con dos fosas y 12 cuerpos. Unas cifras que esperan seguir aumentando este año para poner nombre a todos los desaparecidos del franquismo.

Proceso “avanzado”

En lineas generales, la ARMH tiene un listado con 113 fosas en diferentes puntos del proceso en toda España. Así, las más “adelantadas o viables” son las 17 de Castilla y León, junto a 12 de Castilla-La Mancha, diez de Andalucía, cinco de Galicia, tres de Extremadura, dos en Valencia y Aragón y una en Asturias. “Estamos haciendo un ‘planning’ para empezar a trabajar a mediados de abril y hasta noviembre, son muchos meses y se puede avanzar mucho trabaja”, puntualiza Marco González, que señala que lo más importante es “la suerte que tengamos a la hora de localizar y encontrar las fosas, ya que el trabajo de exhumación siempre se suelen ser dos o tres días”.

Tras la Semana Santa, retomarán la búsqueda de la fosa del joven Arsenio Macías en Villalibre de la Jurisdicción, en el Bierzo. “Es una búsqueda complicada, lo hemos intentado, pero no desistimos y como está al lado de casa, no hay problema en llevar la máquina y, si no aparece en uno o dos días, volver a intentarlo más adelante. Lo más importante es dar con él”, apunta el vicepresidente de la ARMH, que señala que a continuación buscarán a Salvador Voces Canóniga, uno de los hermanos ‘Pitaciegas’, que está enterrado en una fosa en el cementerio de Murias de Rao (Lugo), tras obtener los nuevos permisos de Sanidad y Patrimonio que les exige este ayuntamiento lucense.

La siguiente parada del equipo de la ARMH será Andalucía, unos trabajos que estaban previstos para principios del pasado mes de marzo pero que, por una serie de imprevistos, han tenido que retrasar a petición del propietario de la finca en la que se encuentra ubicada la fosa. Entre las 17 fosas avanzadas en Castilla y León, Marco González destaca la que buscarán en Brañuelas con los cuerpos de siete personas, que fueron los primeros paseados de la Guerra Civil, el 7 de agosto de 1936, y que ya trataron de localizar hace ocho años.

“La zona que nos señalaron entonces no tenía ni pies ni cabeza porque era una zona de despeñadero, sin tierra, que llaman la ‘Retuerta’. Supuestamente a esa gente la habían enterrado vecinos del pueblo, no tiene sentido que los encontraran en la cuneta y los llevarán a enterrar a una zona escarpada. Ahora tenemos nuevos testimonios”, explica. Ya en la comarca del Bierzo, en los próximos meses intentarán localizar los restos de una madre y su hijo, enlaces de la guerrilla, que fueron asesinados en 1948 y están enterrados en el cementerio de Villafranca del Bierzo, así como hacer nuevas prospecciones para encontrar una fosa con tres cuerpos en Villar de los Barrios, que ya fue buscada por los familiares en 1998 -cuando todavía no existía la asociación- y 2012 sin éxito.

A ellas se sumarán también trabajos en Villanueva de Valdueza, donde ya “rescataron” tres cuerpos en 2012 y comprobaron que en esa zona “podría haber muchos más”, en Tombrio de Abajo y en Ocero, donde también hace unos cinco años estuvieron buscando a tres “paseados” de Quilós y Cacabelos. “Es una fosa mítica, que llevamos tiempo buscando y que no ha aparecido, ahora contamos con unos planos aéreos que no ayudarán y a ver si esta vez la encontramos”, manifiesta esperanzado González.

El resto de León

En el resto de la provincia de León, la ARMH también tiene avanzados los casos de Santa Lucía de Gordón, donde estuvieron buscando a tres personas a finales del años pasado y ahora cuentan con el permiso de la Hullera Vasco Leonesa para prospectar en la zona. “Buscamos tres cuerpos pero creemos que encontraremos más, son personas de la zona de la Pola de Gordón y el norte de León que, cuando cae el frente de Asturias, regresan a sus casas y automáticamente son asesinados y llevados a estas fosas comunes”, explica González, que añade que intentarán avanzar en un caso que entró hace apenas unos meses para buscar a un hombre en Gradefes.

Riosequino de Torío, Grajal de Campos, Escobar de Campos, Estébanez de la Calzada y Cospedal de Babia serán otros lugares en los que la ARMH centrará su atención. En Riosequino buscarán una fosa “en medio del monte” para localizar a un líder sindical, mientras que en Grajal buscan a un maestro y en Escobar a tres vecinos de Joarilla de las Matas, mientras que en Cospedal de Babía, esperan a encontrar dos jóvenes, uno de ellos de Noceda del Bierzo. El caso de Estébanez de la Calzada puede tener un largo recorrido, ya que creen que en ese monte fueron paseados muchos represaliados, según la información que disponen de registros civiles. “Tenemos localizadas un par de zonas y queremos prospectar, ahí puede haber más gente de Valderas”, apostilla.

Otro caballo de batalla será el caso de la fosa de Canseco, documentada desde hace tiempo y con todos los permisos necesarios para hacer la exhumación. Desde la ARMH siguen intentando contactar con la familia del tercer cuerpo que hay enterrado en ese lugar, junto a otros dos soldados republicanos. “Las otras dos familias quiere recuperar los cuerpos de sus familiares, pero no podemos hacer nada sin contactar con la tercera familia y yo ya no se que decir cuando llama el hijo de uno de ellos”, confiesa Marco González.

El caso de Navafría

Ya fuera de la provincia de León, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica intentará localizar una fosa en Navafría, que sería la primera exhumación que realizaría en Segovia desde que diera sus primeros pasos hace quince años. “Es una fosa común en medio de un pinar y buscamos a cinco personas”, cuenta el vicepresidente, que señala que necesitan permiso de Fomento por su ubicación. Una dificultad a la que se suma su cercanía a Madrid y que ha sido la principal causa por la que la ARMH no haya actuado todavía en esta provincia.

“Por su proximidad a Madrid existe la posibilidad de que hubiera sido ya trasladada al Valle de los Caídos”, puntualiza Marco González, que recuerda en a finales de los años 50 muchos cuerpos fueron trasladados hasta ese lugar. “Es algo común, que ocurre tanto en Segovia como en Ávila. Cuando deciden inaugurar el Valle de los Caídos, se envía una circular a todos los gobiernos civiles, que trasladan a todos los ayuntamientos para que indicarán donde había fosas comunes y que consiguieran el permiso expreso de las familias para su traslado”, recuerda. El problema, que ni siquiera las familias afines al franquismo quisieron el traslado y, al final, “levantaron” igualmente las fosas.

“En los registro del Valle de los Caídos hay entradas individuales y colectivas, identificadas y sin identificar, por lo que esas colectivas sin identificar fueron trasladadas casi por decreto y, por supuesto, sin consentimiento de las familias y muchos familiares no sabían que sus seres queridos estaban en ese lugar”, cuenta González, que recuerda una exhumación en Ávila en el año 2003. “El hijo de uno de esos represaliados no sabía que habían trasladado a su padre, cuando abrimos la fosa solo apareció el cráneo y huesos sueltos, después apareció una documentación donde dice que, en ese caso, los siete cuerpos fueron llevados al Valle de los Caídos”, añade

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Infografía destacada: F. Sanchís / ICAL

http://www.infobierzo.com/la-armh-recupera-el-pulso-y-cuenta-17-fosas-comunes-avanzadas-para-ser-exhumadas/167833/

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«Mi madre le pidió que escapara, pero no le hizo caso»

Villafranca homenajea al alcalde Gabelas y a toda la corporación fusilada en 1936. Marina Gabelas tenía 10 años cuando fusilaron a su padre. Es la primera a la izquierda, junto a sus hermanos Antonio, Purificación y Julio. De pie aparecen su madre Julia Magdalena y Antonio Gabelas.

Diario de León / Carlos Fidalgo / 24-03-2015

 

Marina Gabelas tiene 88 años, es hija del último alcalde republicano de Villafranca del Bierzo y no se ha olvidado de lo que su madre le contó del día en que se llevaron a su padre, que se encontraba en arresto domiciliario después del triunfo de la sublevación militar. «Vinieron unos hombres vestidos de falangistas y como mi madre no los conocía, desconfió de ellos y le pidió a mi padre que escapara por la parte de atrás, donde había un palomar», relataba ayer a este periódico, a punto de viajar desde La Coruña hasta Villafranca para asistir al Pleno que anoche sirvió de reconocimiento, y de desagravio, a la figura del alcalde Antonio Gabelas y de los ocho miembros de su corporación encarcelados o fusilados el 21 de septiembre de 1936 en Ponferrada, después de que un tribunal militar les condenara a muerte. Marina, la única de los cuatro hijos que tuvo el regidor con Julia Magadalena que todavía vive, no volvió a ver a su padre. «No temía nada y no le hizo caso», decía ayer, satisfecha por la rehabilitación, pero sin dejar de lamentar que madre no esté viva para verlo.

El Pleno de anoche también sirvió para recordar a los otros ocho concejales fusilados y honrar de paso a todas las víctimas de la represión en Villafranca, aunque la Asociación para la Recuperación de la Memoria ya ha solicitado un acto público. «Hoy cerramos una herida, pero hay muchas más, porque sigue habiendo mucha gente tirada por las cunetas», reconoció la alcaldesa, Conchi López.

Después de que los descendientes de Gabelas promovieran su rehabilitación ante el Ministerio de Justicia, que en octubre expedía una declaración de reparación moral al amparo de la Ley de la Memoria, el Pleno también homenajeaba ayer al teniente de alcalde Dalmiro Pérez, con su hija Marisa, de 82 años, residente en Villafranca y presente en la sala, de Antonio Vázquez, cuyos familiares llegaron desde Betanzos, y de Fabriciano García, Francisco Delás, Recaredo del Potro, Eduardo Pérez, Belisario López y Antonio Sobrín. Todos ellos, recordaba Marisa Gabelas, tuvieron al menos la ocasión de despedirse de sus mujeres y recibir un entierro digno.

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Fotografía destacada: Familiares de Gabelas y de otros ediles fusilados posaron ayer con la alcaldesa antes del Pleno. – l. de la mata

http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/mi-madre-pidio-escapara-no-hizo-caso_966316.html

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La fotografía maldita de Álvaro de la Parra

El fotógrafo que retrató la manifestación republicana de Villafranca huyó del Bierzo en 1936 después de que una de sus imágenes sirviera para asesinar a simpatizantes de Azaña.

Diario de León / Carlos Fidalgo / 03-03-2015

«Una manifestación. Es una manifestación», asegura un personaje de uno de los cuentos que Antonio Pereira escribió sobre los primeros años de la Segunda República en Villafranca del Bierzo, cuando a las procesiones de Santo Tirso y Santa Lucía les salió la competencia de las protestas ciudadanas. Y una manifestación de 1936, y sobre todo una fotografía donde se distinguía a muchos de sus participantes, —publicada en las páginas del diario ABC y que sirvió para que algunos de ellos murieran después asesinados— se encuentran detrás del misterio sobre la suerte que corrió su autor, el fotógrafo de origen zamorano Álvaro de la Parra, que tenía un estudio en la localidad y al que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) lleva meses buscando con un nombre equivocado.

No está del todo claro si aquella protesta que atravesó el viaducto con banderas tricolores y carteles de apoyo a Azaña fue una marcha convocada en febrero de 1936, el mes del triunfo del Frente Popular, en un 14 de abril, aniversario de la proclamación de la República, o incluso en un primero de mayo, Día de los Trabajadores, que por entonces sacaba a una multitud a las calles de Villafranca. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que su autor no se llamaba Antonio Parra, como la ARMH y algunos vecinos que no llegaron a conocerlo han creído hasta ahora. Nacido en la localidad zamorana de Toro en torno a 1905 y fotógrafo itinerante por los pueblos del Norte, Álvaro de la Parra firmaba sus imágenes con un sello donde se leía ‘A. Parra’, lo que explica la confusión en torno a su nombre, y terminó abriendo un estudio en la calle Arén de Villafranca del Bierzo, la misma desde donde el sastre del cuento de Pereira —El prevaricador, incluido en el volumen Cuentos de La Cábila— saludaba a los escolares que se manifestaban para reclamar un maestro, con la vara de medir en una mano y el corte del traje que enseñaba a un cliente en otra.

Diario de León ha encontrado ahora el rastro que dejó De la Parra cuando huyó de Villafranca, poco después de que estallara la Guerra Civil y por culpa de una de las fotografías de aquella manifestación publicada en el ABC, y ha localizado en Madrid a su nieto, el también fotógrafo freelance José Luis de la Parra Pérez. Su testimonio ha sido la última pieza del puzzle en el que se empezaba a convertir la vida de un hombre que quemó sus negativos, cerró su estudio y se fue del Bierzo por miedo a sufrir una venganza por parte del entorno de las víctimas de la represión franquista.

«A partir de esa foto, el pueblo se levantó en armas contra él porque pensaban que estaba con los nacionales. Mi abuelo era republicano hasta la bandera, fíjate, pero asesinaron a varias de las personas de la fotografía, y se formó un movimiento en su contra», contaba ayer José Luis de la Parra a este periódico.

La familia De la Parra hace fotos casi desde que existe la fotografía. Álvaro de la Parra era hijo de Pilar Cristóbal y del enólogo de Toro aficionado a la fotografía Álvaro de la Parra Piorno. En su juventud, recorría las provincias del Norte con su cámara a lomos de un burro. «Viajaba de aquí para allá y se asentó en Villafranca del Bierzo», relata su nieto. Colaborador del diario gráfico Ahora de Madrid, fundado por Luis Montiel Balanzat en 1930 y de línea editorial republicana moderada, De la Parra se casó con Ángela de la Torre Hernández y se fue a vivir a Villafranca, donde tuvo dos de sus cinco hijos, abrió el estudio de la calle Arén, confirma su nieto, y se volvió muy popular. «Era un relaciones públicas nato, muy afable, sociable y cariñoso con la gente», añade José Luis de la Parra.

Pero se tuvo que marchar. «Se fue sólo a Irún al empezar la guerra y después se llevó a su familia. Allí le resultaba más fácil hacerse con material de fotografía de contrabando procedente de Francia», cuenta su nieto. Y en Irún, al acabar la guerra, nació José Luis de la Parra de la Torre, que heredó de su padre su pasión por las imágenes.

De vuelta a Toro, Álvaro de la Parra abrió otro estudio en la calle El Sol, donde vivió haciendo fotos de bodas, bautizos y comuniones, de la edición de calendarios y de las imágenes publicitarias que le demandaban las bodegas. Junto a su hijo José Luis también volvió a recorrer, esta vez en bicicleta, los pueblos de Zamora, donde su llegada era todo un acontecimiento en la España de los primeros años cincuenta.

Álvaro de la Parra murió octogenario y su hijo siguió con el oficio desde su estudio en la plaza Mayor de Toro, donde con el tiempo no fue menos popular que su padre en Villafranca. José Luis de la Parra de la Torre, toda una personalidad en su localidad, falleció en 2006 en un accidente de tráfico junto al ex alcalde, Agustín Asensio. En Toro nadie les ha olvidado.

Y su hijo José Luis de la Parra Pérez, que iba para estudiante de empresariales, dejó la carrera de negocios y se han convertido en fotógrafo freelance, continuando una tradición que con él llega a su cuarta generación. De la Parra Pérez vive de la fotografía comercial, pero sus imágenes más artísticas se han expuesto en Shanghai. En París. En Venecia. Ciudades todas de Poniente, diría Pereira.

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Foto destacada: Foto usada para asesinar a manifestantes republicanos que obligó a Parra a dejar Villafranca. – a. parra

http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/fotografia-maldita-alvaro-parra_961175.html

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