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“Marxistas, propagandistas y provocadoras”: el asesinato de 16 mujeres y 5 hombres de Zufre

El fatídico 4 de noviembre de 1937, entre las diez y las once de la mañana, se produce el fusilamiento de 16 mujeres y 5 hombres, en el pueblo onubense de Higuera de la Sierra. La historia de su muerte está llena de incógnitas, aún pendientes, cuando más de 68 víctimas iban ante el pelotón y de repente una orden superior frenó parte de los asesinatos.

publico.es / María Serrano / 30-06-2019

Amadora Guerrero Duque recuerda los zapatos pequeños, casi de niña, que había en su trastero cuando era apenas una cría. “Parecían los tacones sacados de una película, de punta redonda y que brillaban por sí solos”. Amadora corría sin descanso por el trastero de la vivienda sin saber que aquellos viejos tacones pertenecían a su bisabuela, con el mismo nombre, Amadora Domínguez Labrador, fusilada el 4 de noviembre de 1937 en el pueblo de Higuera de la Sierra (Huelva). Con ella fueron asesinadas 15 mujeres más y 5 hombres. La biznieta de Amadora encontraría, al lado de aquellos tacones desmoronados, una mantilla que sí se ha podido salvar después de casi cien años de vida. “Eran uno de los pocos objetos que pudieron rescatar de mi bisabuela después de saquear su casa cuando la llevaron presa”.

Amadora es una de las descendientes de las 21 víctimas que fueron cruelmente asesinadas aquella fatídica mañana del 4 de noviembre de 1937, en el municipio de Higuera de la Sierra, procedentes de la prisión de Zufre. A tan solo 12 kilómetros de distancia. El Ayuntamiento de Higuera, y su alcalde Enrique Garzón Álvaro ya han dado luz verde al permiso del inicio de la exhumación en el cementerio durante las próximas semanas, tras el presupuesto que había aprobado la extinta Dirección General de Memoria Democrática de la Junta de Andalucía en 2018.

Amadora lloraba al ver a su hija correr sin descanso porque no lograba alcanzar aquel camión de la muerte

La hija de Amadora tenía solo 13 años cuando vio por última vez a su madre. “Mi abuela María Dolores fue a llevarle un mantón la misma mañana que las montaron en el camión”. Su biznieta cuenta hoy a Público como Amadora lloraba al ver a su hija correr sin descanso porque no lograba alcanzar aquel camión de la muerte que nunca le devolvió con vida a su madre. “Se echó las rodillas abajo y no pudo llegar a tiempo. Cuando su padre fue encarcelado y su madre asesinada, mi abuela y mi tío abuelo tuvieron que ser criados entre vecinas que poco a poco fueron sacándolos adelante”. Amadora Domínguez Labrador era conocida con el apodo de “La Pasionaria”, y tenía 40 años de edad. En su declaración ante el juez de Aracena negó “haber pertenecido a ningún partido ni sindicato, así como haber ayudado a los huidos o tener algún familiar fugitivo”.

El rastro de sus vecinas, fusiladas entre las diez y las once de la mañana de aquel 4 de noviembre han quedado registradas en los anexos de los Consejos Sumarísimos de Urgencia. Y respondían a los nombres de Remedios Gil Cortés (56 años), Mariana Sánchez Vázquez (51 años), Amadora Sánchez González (52 años), Encarnación Méndez Díaz (56 años), Bernabela Rodríguez Ruiz (40 años), Dominica Rodríguez Ruiz (42 años), Elena Ramos Navarro (55 años), Alejandra Garzón Acemel (62 años), Teodora Garzón Núñez (45 años), Modesta Huerta Santos (29 años), Felipa Rufo Alcaide (39 años), Antonia Blanco Prieto (53 años), Josefa Labrador Arroyo (40 años), Faustina Ventura Sánchez (72 años), Carlota Garzón Núñez (47 años), José Mallofret Domínguez (38 años), Francisco Cerca Rodríguez (42 años), Manuel Suárez Durán (58 años), Marcelo Brito Cortés (55 años) y Manuel Muñoz Navarro (71 años).

Todas fueron víctimas de uno de los días más sangrientos de la represión fascista en Andalucía. De aquella jornada se conoce también que ocurrieron los fusilamientos de las conocidas 17 rosas de Guillena en la provincia de Sevilla. La declaración de bando de guerra dejó aquellos pueblos sembrados de terror. Hoy muchos vecinos aún recuerdan los hechos y vejaciones que sufrieron sus víctimas.

Pero ¿qué se conoce de aquellas mujeres de Zufre? Francisco Espinosa y José María Márquez relatan en su libro La desinfección del solar patrio, como una de las mujeres más jóvenes era Modesta Huerta Santos. “Con 29 años de edad, es ya viuda porque su marido, Calixto Garzón Movilla, que fue fusilado en los primeros meses de la ocupación de Zufre. El cuñado que tiene fugitivo es una de las “piezas” más codiciadas de los sublevados: Valerio Garzón Movilla, escondido en un majano los tres años de Guerra Civil”. Alejandra Garzón Acemel, de 62 años, de estado civil casada, “nunca había pertenecido a ninguna organización obrera, tenía dos hijos y un yerno fugitivos”. Era una de las más mayores”.

El alcalde Gregorio Garzón Labrador y el jefe local de Falange Víctor Macías Bejarano acusaron a cinco de aquellas mujeres de “marxistas, propagandistas y provocadoras”, considerándolas capaces de dar víveres a los fugitivos. A todas ellas las tildaron como “marxistas destacadas, propagandistas; añadiendo que según rumores en la casa de Remedios Gil Cortés ensayaban las coplas marxistas de las Juventudes Socialistas” a la que pertenecían la mayoría.

En Zufre solo se fusila a 21 personas y no a 68

Un libro inédito, sacado recientemente a la luz, 4 de noviembre: Una historia (des)narrada de la Guerra Civil en Zufre habla de aquella jornada sangrienta. Y narra el reflejo de las dos versiones, los días vividos en paralelo entre los dos pueblos vecinos de Higuera y Zufre. Raquel Almodóvar, doctoranda en Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla se ha adentrado, desde el punto de vista local, durante más de dos años de investigación, en un relato que no deja de despertar nuevas incógnitas. “Las historias que he podido rescatar son increíbles. Maridos que vieron fusilar a sus esposas, hermanos a sus propias familias”. La investigadora narra como “Luis Padilla Garzón vio como fusilaban a su esposa, Antonia Blanco Prieto o también se conoce el caso del fusilamiento de las hermanas Bernabela y Dominica Rodríguez Ruiz”.

Acusaron a cinco de aquellas mujeres de “marxistas, propagandistas y provocadoras”

Lo más impactante de la investigación de Almodóvar es que “más allá que se fusilarán a 16 vecinas y 5 vecinos, es que iban a ser fusiladas 68 personas, casi la totalidad de las personas que he demostrado se encontraban en la cárcel de Zufre aquel 4 de noviembre de 1937.” Estos datos se pueden conocer por el archivo carcelario de Aracena (el de Zufre se quemó en un incendio). “Con esta documentación he constatado que, como mínimo, había 70 personas aquel día. Veinticinco zufreñas y 43 zufreños (68 en total). Dos serían finalmente puestas en libertad por ser familias de derechas”.

Raquel también destaca la historia de uno de aquellos fusilados, Manuel Muñoz, del que apenas se conoce la historia. “Era calero y su trayectoria anticaciquil es la que le lleva a la fosa. Manuel era uno de los propietarios agrícolas progresistas del pueblo”. Su hermano, veinte años mayor que él, también va en uno de los camiones el día 4 aunque no es fusilado y sí testigo del fusilamiento de su hermano”.

¿Por qué paran los fusilamientos?

Raquel Almodóvar ha podido ir recopilando en su trabajo de campo la historia inédita de una “una zufreña, hermana de una de las 25 zufreñas que van en el camión que está sirviendo en la casa de un alto cargo de la nueva estructura de poder surgida tras la ocupación militar de Andalucía occidental en Santa Olalla del Cala” (pueblo muy cercano a Zufre). Almodóvar cuenta que “este caballero se encuentra reunido en el salón de su casa con otro caballero repasando la lista de los 68 que van a ser fusilados”. Mientras repasan la lista en voz alta, la sirvienta de Zufre escucha cómo su hermana forma parte del pelotón. Entra en pánico y ellos llaman a Higuera de la Sierra para parar los fusilamientos, pero ya han fusilado a 21 personas. Es una anécdota que marca la historia de este fusilamiento, aunque “ha sido un testimonio imprescindible para desenmarañar la complejidad que envuelve a los sucesos del 4 de noviembre en Zufre”.

Gracias al Juez que instruye las causas de los 68 zufreños conocemos las identidades de “las 21 personas fusiladas, pero también la fecha, hora y el lugar”. ´Éste solicitó a Novoa Viadero, Cabo Comandante de la Guardia Civil de Zufre, esta información mediante oficio. Por tanto, “el Cabo, no podía desatender el mandato del Juez. Esta información el propio Juez la incorpora al expediente de los Consejos de Guerra de los 21 fusilados”. Sin embargo, el Juzgado de Zufre inscribe solo parte de los asesinatos. “Se escribieron 6 durante la Guerra Civil y tres en los años 80”.

Una intervención aprobada desde 2018

La intervención arqueológica, coordinada por los arqueólogos Elena Vera y Jesús Román y el antropólogo Juan Manuel Guijo, señala que el informe de la Junta sitúa el enterramiento “dentro del antiguo cementerio de Higuera de la Sierra. La fosa se encuentra entrando por la puerta principal, enfrente y hacia la izquierda hay una zona rectangular de setos muy altos”.

Guijo ha destacado a Público que la morfología del esqueleto podrá determinar en poco tiempo y al, inicio de los trabajos, la naturaleza de los restos, así como al tratarse de un contexto cerrado, una aproximación de la edad en la que fueron asesinadas para poder identificar a las víctimas. “Solo esperemos que la tierra ácida donde están enterradas y las raíces de los setos que están sembrados encima de la fosa no hayan deteriorado mucho los restos”.

El Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía de CGT-A (RMHSA) fue quien solicitó la exhumación en febrero de 2018 a la Dirección General de Memoria Democrática, para la actuación en la fosa. La solicitud fue registrada para que se llevara a cabo un “proceso de intervención que debería pasar por la investigación, localización, exhumación e identificación de los restos de las mujeres y hombres fusilados, ante el muro del viejo cementerio, donde aún se pueden ver los impactos de bala en la reja”, apunta el coordinador Cecilio Gordillo.

La Consejería de Cultura ha inicio de los trabajos que había pendientes desde la anterior Dirección General de Memoria Democrática El Gobierno andaluz del PP y Ciudadanos no ha dejado de incluir las partidas destinadas a exhumaciones que la citada Dirección dejó asignadas en el anterior gobierno socialista.

En el libro de Espinosa Maestre y García Márquez La desinfección del solar patrio, se muestra el Consejo y parte de sentencia. En ella se destacan, las peores calificaciones hacia estas mujeres, describiéndolas de “fieras humanas sin Dios, sin Patria, sin Ley, sin familia, porque ni a ella la quieren, el que suscribe, considerándolas autoras de delito tan gravísimo, procedió a su detención para ser puesta a disposición del Señor Teniente Coronel Don Fermín Hidalgo”.

Nadie puede conocer con certeza como se desarrollaron aquellos últimos momentos

Según destacan ambos historiadores “el juez militar, al finalizar los 21 fusilamientos, se limitó a dar por cerrado el caso y remitió los dos sumarios al presidente del Consejo de Guerra Permanente, el teniente coronel José Gómez Sánchez”. Casi un año y medio después seguía abierto el segundo procedimiento, con las diez procesadas ya asesinadas. El 10 de marzo de 1938 se las señalaba como “enlaces que también facilitaron noticias sobre la situación y movimientos de las fuerzas”. El procedimiento fue sobreseído de forma definitiva tras confirmar su muerte.

Sin embargo, nadie puede conocer con certeza como se desarrollaron aquellos últimos momentos, aunque entre los testimonios orales recuerdan las horas más amargas de aquellas 16 mujeres y 5 hombres. “Nadie se creyó que iban a declarar porque el Juez les había visitado y casi la mitad de ellos ya tienen sentencia del Consejo de Guerra. Saben perfectamente a dónde van, se despiden de sus familiares igual que vivieron sus vidas, desde la absoluta dignidad.

Antes de salir de la cárcel de Zufre, “el barbero las raparía para dejarle un pequeño moño y colgar de los pocos mechones que tenía la bandera de España. Lloraba pidiendo perdón delante de cada una de ellas” por lo que estaba haciendo.

La humillación fue latente para crear el pánico entre los que quedaron con vida. “En sus últimos momentos las obligaron a coser en sus ropas el sagrado corazón de Jesús y las castigaron ejemplarmente”. No se supo nada más. Solo los más niños y jóvenes de Higuera de la Sierra sabían dónde estaba la fosa y pudieron en aquellos años de miedo ponerse muy de cerca de aquellos ejecutores. 

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Fotografía destacada: Amadora Domínguez, una de las ’16 mujeres asesinadas en Zufre’.

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/memoria-historica-marxistas-propagandistas-provocadoras-asesinato-16-mujeres-5-hombres-zufre.html

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Aleida Assmann: “La política del olvido no es una solución”

La especialista alemana abre las jornadas de la Asociación de Estudios de la Memoria (MSA) y afirma que el silencio no es garantía de paz en las sociedades posdictatoriales

elpais.com / Peio H. Riaño / 25-06-2019

La profesora de la Universidad de Konstanz (Alemania) e investigadora Aleida Assmann, una de las personas más influyentes en el ámbito de la memoria, ha inaugurado las jornadas de la Asociación de Estudios de la Memoria (MSA), que se celebran hasta el viernes en Madrid. La egiptóloga alemana que ha centrado su carrera en la antropología cultural, con interés central en la historia de la memoria alemana desde 1945, ha intervenido para hablar del giro nacionalista en la Unión Europea y las políticas de la memoria que deben realizarse para integrar a todos los grupos sociales. Porque la memoria, según sus palabras, puede ser motivo de encuentro, diálogo y unión, pero también de todo lo contrario.

Assmann ha asegurado que “en Europa la Segunda Guerra Mundial no ha terminado y España es un claro ejemplo de la polarización que todavía se vive”. Falta comunicación, falta el encuentro de las memorias. “El pacto de silencio de 1977 español fue una decisión pragmática, que permitió una transición exitosa a la democracia, pero hoy queda claro que la política del olvido no es una solución. Es muy difícil mantener a un país unido cuando no se está de acuerdo en ciertos elementos de la historia”, ha dicho.

¿Cómo podemos hacer para que todos se integren en la misma visión? Ella misma se ha contestado: “Con una concepción de la memoria más inclusiva. Hace falta más comunicación, que seamos más conscientes de las diferencias para integrarlas en todos los discursos”, ha dicho en referencia a la crisis migratoria y al problema de reconocimiento de los recién llegados en la integración de las naciones, que los acogen y las transforman.

En el aula magna de la Facultad de Filología, de la Universidad Complutense, ha dicho que el Valle de los Caídos fue un intento de acabar la guerra sellándola con la marca de los vencedores, “pero eso no cierra la guerra”. Las investigaciones de Assmann (Alemania, 1947) defienden que el silencio no es garantía de paz en las sociedades postdictatoriales. La adaptación democrática en estos casos pasa por el recuerdo, no como una meta, sino como un paso intermedio e irremplazable.

Por eso el mito de la experiencia de guerra volverá con el mito del nacionalismo. “La guerra es lo que embrutece y lo que le debe seguir es un proceso civilizador. Embrutecer o civilizar son caminos distintos que debe elegir una nación”, ha zanjado. Y civilizar es sinónimo de integrar, de ahí que “crear barreras sobre las experiencias de cada grupo socava la comunicación, el discurso libre y los valores conjuntos”. Es lo que están haciendo los nacionalismos y la extrema derecha: “Son una vergüenza y están dirigiendo la política de la UE”, dijo la especialista, que lamentó que la izquierda haya abandonado el concepto de nación y la derecha se haya aprovechado, reforzándose en la polarización (“con el rencor y el resentimiento”).

La crisis actual de la idea de nación se ve presionada por la llegada de migrantes y en ellos está la solución. Para Assmann la integración cultiva el proceso de paz, porque las naciones no son violentas o cívicas por sí mismas, sino en función de sus proyectos: “La civilización no es un proceso, sino un proyecto. Solo los humanos pueden consumarla. Reimaginar la nación es un problema muy complicado, pero es lo que tenemos que intentar en estos momentos”. El primer paso para la integración es el reconocimiento, porque “es un concepto fundamental de la condición humana para aceptar la identidad de cada uno de los grupos”.

La memoria es el arma que han utilizado los líderes populistas e imprudentes, según la experta, para plantar una batalla de expulsión, en la que participan todas las naciones. El Reino Unido no se libra, cuenta, celebrando en sus homenajes a los soldados británicos caídos en la Segunda Guerra Mundial y olvidándose de los compañeros europeos. “La Segunda Guerra Mundial no se ha cerrado en los corazones de mucha gente. En Italia se conmemoraba el final del régimen fascista. Pero este año la derrota de las tropas fascistas ya no es un motivo de recuerdo para el partido de Matteo Salvini, sino que rehabilita a Mussolini como un líder nacional y lo incluye en sus discursos”, ha afirmado Assmann.

Ha recordado cómo Winston Churchill dijo, para pasar página de la Segunda Guerra Mundial, que deberíamos mirar al futuro: para salvar a Europa debería darse un acto de olvido hacia los crímenes y las locuras del pasado. Assmann le ha contestado que esta estrategia de olvido tiene un inconveniente: “Apoya a los vencedores y hace daño a las víctimas. La política del olvido acabó en los noventa, cuando se inició una nueva tendencia sobre el recuerdo”. La historia no tiene puntos finales.

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Fotografía destacada: Aleida Assmann, este martes en Madrid tras su su intervención en el congreso. VÍCTOR SAINZ

Fuente: https://elpais.com/cultura/2019/06/25/actualidad/1561481627_054946.html

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La asociación para la recuperación de la memoria histórica adquiere el dominio Franco.es

El objetivo es tratar de concienciar sobre los crímenes del franquismo

elpais.com / Natalia Junquera / 24-06-2019

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha adquirido el dominio de internet franco.es para “convertirlo en un lugar de denuncia de los crímenes de la dictadura”. El dominio pertenecía a un ciudadano norteamericano. La asociación, que agrupa a la mayoría de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura, estableció una puja para hacerse con él.

Apenas unos días después de que el Tribunal Supremo describiera a Franco como jefe del Estado desde 1936, la ARMH se ha hecho con el dominio de internet para tratar de utilizar el sitio web como lugar de concienciación sobre los crímenes del franquismo. “Se trata de una estrategia más en la lucha contra la impunidad del franquismo, para utilizarlo como un método de denuncia de los crímenes de la dictadura, dar reconocimiento a sus víctimas y generar conocimiento para enfrentarnos al negacionismo que desde diferentes ámbitos, culturales y políticos tratan de relativizar la violencia que ejerció el franquismo sobre buena parte de la sociedad española”, ha explicado su presidente, Emilio Silva.

La asociación hará una consulta ahora entre sus asociados para ver qué contenidos concretos desean ver en el dominio. En Alemania, www.hitler.es lleva al usuario a una página sobre el holocausto.

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Fuente:https://elpais.com/politica/2019/06/24/actualidad/1561367051_204544.html

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Martín recupera el sonajero que le arrebató la guerra civil hace 83 años

Su madre lo llevaba en el mandil cuando fue fusilada y enterrada sin nombre cuando él era un bebé de nueve meses.

Sus restos no se encontraron hasta 2011, cuando el cementerio palentino en el que estaba era ya un parque infantil.

rtve.es / EFE/ Almudena Álvarez / 22-06-2019

 

Han tenido que pasar 83 años para que Martín Díaz Muñoz sujete de nuevo entre sus manos el sonajero de colores que su madre se llevó en el mandil a una tumba sin nombre, tras ser fusilada en la Guerra Civil cuando él era un bebé de nueve meses.

Catalina Muñoz Arranz era una mujer de 37 años que en 1936 vivía en el pequeño pueblo palentino de Cevico de la Torre, con Tomás, su marido, y con sus cuatro hijos, entre ellos un bebé, cuando fue detenida, juzgada y fusilada por un vecino de su pueblo, y después enterrada en el cementerio de La Carcavilla de Palencia.

Sus restos no se encontraron hasta 2011, cuando el cementerio palentino ya era un parque infantil, y gracias al empeño de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica fueron exhumados junto a los de otras 108 personas.

“Los restos hablan”

“Y los restos hablan”, ha afirmado el presidente de la ARMH, José Luis Posadas, durante el homenaje que este sábado le han rendido a Martín, a su hermana Lucía, los dos únicos hijos vivos de Catalina, y a todos sus nietos, en el mismo parque donde se encontraron sus restos y donde hoy se los han entregado a sus hijos.

Los de Catalina Muñoz estaban acompañados de un sonajero de colores y hablaron. Dijeron que Catalina era mujer y madre, una madre y un sonajero que se han convertido en el símbolo de la barbarie de la guerra y en el hilo que siguió el periodista de El País, Nuño Domínguez, hasta dar con esta historia.

A Catalina le arrebataron un bebé de sus brazos y nunca más se volvió a saber de ella“, ha señalado Posadas.

La suya es la historia de una madre fusilada, de un padre encarcelado, de unos hijos huérfanos, de una niña de 11 años, Lucía, que tuvo que encargarse de su hermano Martín, un bebé de 9 meses, y que hoy a sus 95 años ha podido llorar sobre los restos de su madre con la satisfacción de saber que por fin ahora tiene donde llevarle flores.

El dolor de no saber dónde estaba

“Hoy estamos aquí para enterrar de una forma digna a nuestra abuela y con ella enterramos el dolor que de todos estos años nos produjo no saber donde estaba”, ha afirmado muy emocionada su nieta Lucía. “Ojalá que los que seguís buscando a vuestros familiares lleguéis a vivir un día como este”, ha deseado.

“Mi abuela fue fusilada por uno de su pueblo, por venganza, por defender su libertad y sus ideales”, ha manifestado Josefa Díaz, otra de las nietas de Catalina que ha querido tener un recuerdo para “aquellos que murieron asesinados en tierras y cunetas y que a día de hoy, siguen ahí”.

Mi abuela fue fusilada por uno de su pueblo, por venganza, por defender su libertad y sus ideales

Porque la historia de Catalina y su familia es una historia de represión, la muerte y violencia todavía con muchas páginas en blanco, “el reflejo fiel de lo que ocurrió durante la Guerra Civil”, ha afirmado el presidente de la ARMH.

Los restos de 108 represaliados

“Catalina representa a todas las mujeres que dieron su vida por defender sus ideales”, ha subrayado Manuel Monge, el historiador que empezó a tirar del hilo en 2009 e impulsó en 2011 las exhumaciones en el parque de la Carcavilla donde se encontraron los restos de 108 represaliados.

Entre ellos los de Catalina, en la sepultura numero 39, fila cuarta, termino primero, sección tercera… junto a un sonajero de colores.

“Hoy el sonajero ha vuelto a manos de su legítimo dueño”, ha añadido Almudena García, la arqueóloga que dirigió las excavaciones.

Mercedes Herrero, de Pez Luna Teatro, ha dado vida a esta historia, con flores, un pico negro y un mandil como el que llevaba Catalina el día que fue asesinada, y trazando con tiza sobre el monumento a la Memoria Histórica todo el árbol genealógico de esta madre de cuatro hijos.

Un árbol genealógico que Mercedes Herrero ha cerrado escribiendo la frase “ninguna guerra puede matar a una madre” mientras el anciano Martín hacía sonar su sonajero junto a otros muchos sonajeros de colores que en otras muchas manos se han sumado a este emotivo homenaje.

El cantautor turolense Joaquín Carbonel ha puesto fin a este homenaje interpretando la canción que ha compuesto en memoria de esta madre, “la madre del sonajero”, en memoria de esta historia que hoy se ha cerrado y de otras muchas historias que todavía siguen sin cerrarse.

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Fuente:http://www.rtve.es/noticias/20190622/martin-recupera-sonajero-arrebato-guerra-hace-83-anos/1960620.shtml

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Madrid, capital mundial de la Memoria

El 25 de junio arranca en la Universidad Complutense de Madrid el mayor congreso del mundo sobre estudios de memoria en el que participarán alrededor de 1.300 especialistas cuando se cumplen 80 años del final de la Guerra Civil. 

publico.es / Alejandro Torrús / 21-06-2019

El concepto de Memoria Histórica ya no extraña a nadie. Tampoco en España, donde incluso se ha convertido en ley. Aquí, la Memoria se ha presentado como una herramienta o proceso para la “recuperación del legado de los que lucharon por la democracia y la legalidad republicana o fueron masacrados por oponerse al golpe de Estado y la dictadura franquista”, tal y como escribía el profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad Carlos III Rafael Escudero en el prólogo de la obra Callar al mensajero de Francisco Espinosa.

Pero la Memoria Histórica es tan solo una gota en el océano de un campo académico y de estudio mucho más amplio: el de la Memoria. A secas. Sin apellido. Un campo que estudia la manera en la que como sociedad nos relacionamos en el presente con nuestro pasado y que tiene una proyección en el futuro. Se puede estudiar, así, como nos relacionamos con un pasado traumático como una guerra civil o una dictadura, pero también otras muchas disciplinas como una revolución, una corriente literaria o un ciclo de manifestaciones y de movimientos sociales como el que inició el 15M en las plazas de España.

“La Memoria es lo que somos. Nos dota de identidad. Lo tenemos incorporado en nuestra manera de actuar, en nuestra ideología”, dice Ferrándiz (CSIC)

La Memoria, por tanto, está en todas partes. La Memoria dota de identidad a las sociedades contemporáneas y no es única. Siempre hay muchas memorias conviviendo a la vez y luchando, en muchos casos, por ser hegemónicas. Cuando Vox inicia su campaña electoral bajo la sombra de la estatua de Don Pelayo o apela a la Reconquista está haciendo uso de una determinada memoria para construir su propia identidad. Cuando Izquierda Unida agita la bandera republicana está haciendo lo propio. No hay colectivo sin memoria. No hay nación que no se haya construida sobre una memoria común. 

Con el objetivo de analizar estos aspectos y muchos más, de estudiar cómo las sociedades humanas se relacionan con su pasado desde el presente se reunirán en Madrid, entre el 25 y el 28 de junio, más de 1.300 especialistas de todo el mundo con motivo del tercer Congreso de la Memory Studies Association, en la que, según señalan los organizadores, será “la reunión académica más importante que se ha celebrado nunca sobre este tema”.

El Congreso, que convertirá a Madrid en la capital mundial de la Memoria durante unos días, tendrá lugar en el campus de Moncloa de la Universidad Complutense, el mismo que acabó destruido tras la Guerra Civil y en el mismo año en el que se conmemora el 80 aniversario del final de la Guerra Civil española. Pero no será el único aniversario que se tendrá en cuenta. Este año también se cumplen 25 años del genocidio del pueblo Tutsi en Ruanda, que protagonizará el cierre del encuentro.

Entre los más de 1300 invitados están intelectuales como Aleida Assman, creadora del concepto ‘memoria cultural’; Marianne Hirsch, creado del concepto posmemoria; Elizabeth Jelin (pionera de los estudios sobre represión y memoria en el Cono Sur), los escritores Viet Thanh Nguyen (Premio Pulitzer, 2016) e Isaac Rosa; la dramatura Laila Ripoll o Federico Mayor Zaragoza como ex director general de la Unesco.

“Es el primer congreso de esta magnitud que abarca tantos temas relacionados con la memoria de las sociedades de diferentes culturas y lugares del mundo”, señala Hristova

“Es el primer congreso de esta magnitud que abarca tantos temas relacionados con la memoria de las sociedades de diferentes culturas y lugares del mundo. Tenemos invitados de diferentes comunidades y países no occidentales con diferentes culturas a la nuestra y que tienen una concepción diferente del tiempo a la nuestra y eso lo hace muy interesante”, explica a Público Marije Hristova, de la Universidad de Warwick y coorganizadora del Congreso.

Junto a Hristova están en el comité organizador María García Alonso (UNED), Johanna Vollmeyer (UCM) y el antropólogo del CSIC Paco Ferrándiz. “Uno de los temas más potentes que trataremos será el de la memoria digital y cómo está contribuyendo a modificar nuestra relación con el pasado. Los ‘selfies’, por ejemplo, constituyen un ejemplo de memoria personal, pero cuando los subes a las redes o se suben miles de ellos a internet comienza a crear memoria colectiva. Y eso también lo estudiaremos”, señala a Público Paco Ferrándiz.

La Memoria es lo que somos. Nos dota de identidad. Lo tenemos incorporado en nuestra manera de actuar, en nuestra ideología, en nuestro comportamiento e incluso en nuestros niveles de tolerancia. Por eso es tan importante que estudiemos y analicemos nuestra  memoria colectiva. Es una fuerza colectiva e impregna todos los aspectos. Por ejemplo, una bandera no es más que un trapo lleno de memoria”, sentencia Ferrándiz.

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Fotografía destacada: Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid, inmediata predecesora de la actual Universidad Complutense, en una vista tomada justo después del final de la Guerra Civil

Fuente:https://www.publico.es/politica/madrid-capital-mundial-memoria.html

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Teo, la única mujer topo que se escondió del franquismo y lo pagó con años de torturas

Muchos republicanos se ocultaron durante largo tiempo para evitar la represión. Tras ser descubierta, Teodomira Gallardo fue encarcelada y su marido, fusilado. Rehízo su vida en Madrid y, pese a las vejaciones, se mantuvo fiel al PCE hasta su muerte.

publico.es / Henrique Mariño / 20-06-2019

Teodomira Gallardo fue la única mujer topo del franquismo. O, al menos, la única conocida por haberse enterrado en vida para escapar de las fauces de la represión. Hubo hombres que llegaron a pasar años —e incluso décadas— escondidos durante la posguerra, aunque la venganza se cernió sobre las republicanas de otras maneras, algunas terribles, pero que no pasaron por el encierro autoimpuesto.

Nacida a principios del siglo pasado, su marido era el alcalde de Zarza del Tajo cuando estalló la guerra civil en 1936. Comunista, pese a que la localidad conquense no contaba con una delegación organizada, Valerio Fernández cogió el fusil a los treinta y combatió en el Cuerpo de Carabineros, que en su mayoría permaneció fiel al Gobierno de la Segunda República.

Un camarero del casino de la vecina Santa Cruz de la Zarza que llegó a ascender a teniente. Y que, cuando terminó la contienda y regresó a casa, se encontró con que el regidor del municipio donde trabajaba había sido molido a palos por los falangistas. Un amigo le advirtió del peligro que corría, aunque él consideraba que no había hecho nada malo.

Sin embargo, las represalias no tardarían en llegar a su pueblo, donde al comienzo de la guerra unos anarquistas madrileños habían matado a los hombres que aparentaban ricos, mas quienes tenían dinero ya habían huido y pocos varones quedaban, pues muchos habían sido llamados a filas. Así lo recordaba Teodomira Gallardo, más conocida como Teo, cuando ya había cumplido los setenta y vivía en el barrio de San Blas, en Madrid.

Su testimonio fue incluido en un prólogo “para españoles menores de cuarenta años” del libro Los topos, de Jesús Torbado y Manuel Leguineche, originalmente publicado en 1977 y reeditado por Capitán Swing. Aunque su investigación se centraba en los hombres ocultos, de algún modo hacían justicia con ella, entrevistada en la salita de su humilde casa, presidida por un retrato del Che y otro de Dolores Ibárrurila Pasionaria.

“Ejemplifica con precisión suprema lo que fue el terror de la guerra —el terror impuesto por unos y por otros; especialmente por unos, evidentemente— y la inagotable venganza de los vencedores, una verdadera orgía sangrienta, sobre seres no sólo indefensos, sino muchas veces absolutamente inocentes”, escribían los periodistas.

Valerio, su marido, huyó, pero fueron a por ella. Registraron su vivienda en busca de armas, en vano, después del chivatazo de un viejo camarada que la había traicionado. La echaron de su hogar, sin comida ni ropa, y tuvo que irse con una bebé y un niño de cuatro años a casa de su suegra, cuyo esposo había sido detenido. Ante las amenazas, buscó a su pareja y se echaron al monte.

Tres días tardaron en llegar a Aranjuez, donde se escondieron en una habitación que su cuñada tenía en el patio, donde permanecieron enclaustrados seis meses. Allí escucharon gritar de desesperación a Las Cuelvas, como eran apodadas una madre y sus dos hijas, quienes serían fusiladas por no revelar el paradero de un tercer hijo que se había ocultado.

Sin embargo, cuando su cuñada enfermó, se vio obligada a dejar el escondrijo para cuidarla, porque pedir ayuda o llamar a un médico los habría descubierto. Aun así, la policía comenzó a sospechar y tuvieron que volver a huir, esta vez de pueblo en pueblo, haciéndose pasar por hojalateros.

Agazapados de noche en un tejar, una vecina de Huecas, en la provincia de Toledo, les advirtió de que no tenían pinta de quincalleros, por lo que no tardarían en caer. Estaba dispuesta a alojarlos en su vivienda, al menos hasta que pariera. Teo estaba embarazada.

Crescencia, su ángel de la guarda, le habían matado a una hermana y pronto ejecutarían a su marido.

A finales de marzo de 1940, justo un año después de que Valerio se escapase, Teodomira dio a luz una niña. No había pasado ni un mes del alumbramiento cuando la policía los detuvo: ella fue ingresada en la cárcel de Ventas y su pareja, en la de Santa Rita, en el barrio madrileño de Carabanchel. “Más de cuatro años estuvimos nosotros sin juicio. En ese tiempo, a él le habían sacado cinco veces para darle palizas que lo dejaban medio muerto”, contaba Teo a los periodistas.

Finalmente, fueron juzgados por rebelión militar y les atribuyeron el asesinato de un cura, aunque —¡milagro!— don Pedro estaba vivo en el momento de la acusación. Condenado a muerte, otro marzo para el recuerdo, en este caso el de 1945: Valerio cayó ante un pelotón de fusilamiento. A ella la seguirían deteniendo intermitentemente por comunista hasta 1970, cuando arrestaron a un hijo suyo en una manifestación proamnistía y, tras protestar, entró detrás de él en los calabozos de la Puerta del Sol.

“Eso es lo peor del mundo”, relataba en referencia a la Dirección General de Seguridad, donde la habían encerrado tantas veces. “Una noche se presentó un policía con todas las partes fuera. Yo cogí un zapato y le dije: Se va usted de aquí ahora mismo o le reviento los cojones con este zapato”.

Tuvo más suerte que otras compañeras: “A una amiga le pasaron encima nueve tíos seguidos, uno detrás de otro, la misma noche. Nueve policías, uno detrás de otro. La pobre está pirada. Y a otra que tenía un cuerpo precioso, y no quería desnudarse, la ataron al techo, le quemaron un brazo, la desnudaron y la violaron también. Y otra amiga salió embarazada de allí…”.

Tiempo atrás, en 1948, la habían retenido durante un mes en la higadilla [sic] de la estación de Atocha, donde recibió veintisiete palizas en nueve días, a razón de tres al día, aseguraba a Torbado y Leguineche. “Los guardias me llevaban donde estaban las porras, los vergajos, y me hacían elegir con cuál quería que me pegasen. También me obligaban a hacer el gato: dar vueltas agachada alrededor de la mesa mientras todos me iban arreando”.

Cuando confesaba el sufrimiento vivido, Teodomira se había casado en segundas nupcias con otro militante comunista y ambos, jubilados, vivían en una “modesta casa” del barrio obrero de San Blas. Sin embargo, las palizas permanecían selladas en su memoria y las secuelas, en su cuerpo: “Tengo varias costillas desviadas, la columna mal y las muñecas torcidas desde entonces”.

Los autores de Los topos justificaban en el prólogo, titulado El terror franquista, los fugados, los ocultos y una venganza interminable, la inclusión de su relato en una obra protagonizada por hombres: “Por tratarse de la única mujer topo de que tenemos noticias y porque ofrece un abanico bastante completo de los horrores de la guerra y de la posguerra”.

Apenas hay literatura ni información publicada sobre ella. El filólogo e investigador José Colmeiro señala que sus declaraciones no fueron incluidas en la primera edición, sino en otra de 1999 a cargo de Aguilar. Y apunta el motivo, más allá de su condición femenina: “Ocupa el primer lugar el testimonio de Teodomira Gallardo, como signo de los tiempos, […] por dar un panorama de todos los tipos de represión, incluida la violencia sexual”, escribe en Memoria histórica e identidad cultural: de la postguerra a la postmodernidad (Anthropos).

Albert Buschmann y Luz Souto, coordinadores del libro Decir desaparecido(s). Formas e ideologías de la narración de la ausencia forzada (LIT Verlag), aportan una escueta ficha, donde consta que pasó seis meses como topo, desde 1939 hasta 1940: “Acaba en la cárcel de Ventas. Sale en libertad en 1947. Su marido es fusilado en 1945”. También identifica como su topera una habitación en el patio de la casa de su cuñada en Aranjuez.

Pese a los escasos datos que nos ha proporcionado la imprenta, José Sanchis Sinisterra escribió la obra teatral Terror y miseria en el primer franquismo (Cátedra), compuesta por nueve cuadros, uno de los cuales está basado en sus vivencias. “Esta dramaturgia de reelaboración se basa en el testimonio de Teodomira Gallardo para la construcción de los monólogos de dos de los personajes femeninos, Teresa y Nati. La escena se tituta Intimidad y transcurre en 1944 en la cárcel de mujeres”.

Basada en su reclusión en Las Ventas, refleja la dureza de la prisión a través de los diálogos entre dos reclusas, una comunista y otra anarquista: género documental que no rehúye del lirismo. Interpretada a finales de 2002 por Teatro del Común, una compañía integrada por profesores y alumnos de institutos de bachillerato madrileños, sobre las tablas se escuchaba este diálogo:

– Intimidad, Nati. ¿Sabes lo que es eso? Aquí, oliéndonos el culo unas a otras todo el santo día… y aún más por la noche; amontonadas como animales para dormir, y en manada de un lado para otro, para trabajar, para comer, para cagar… Tener por lo menos un pequeño rincón de una misma que las otras no puedan tocar, ni ver, ni oír… Los sueños, por muy horribles que sean. Algo privado, sí… y es gracioso que yo lo diga. Privado. ¿Lo entiendes?

– Lo del culo no lo dirás por mí, que me lo lavo cada día… No, no lo entiendo. Yo me conformo con aguantar aquí, y entera, si puede ser, todo lo que haga falta. A ver si mientras llega un indulto…

Quizás no sea una casualidad, mas Nati también era el nombre de la sobrina del cura que golpeó la puerta de la casa de Teo horas después de que Valerio huyese. La chica le exigió que hiciese el saludo fascista, aunque se negó, ofreciéndole una contundente respuesta: “Yo no te he obligado a ti a levantar el puño”. Pero ésta es otra historia, que ya ha quedado atrás.

Han pasado más de sesenta años y el dramaturgo José anchis Sinisterra escribe Terror y miseria en el primer franquismo, que recrea la estancia de Teo en prisión en Intimidad. Tras el estreno de la obra, a finales de 2002, el crítico Javier Villán la ensalza en El Mundo: “Hay terror, vida detenida, miedo en estado puro en el temeroso comportamiento de cada día”.

“Utiliza las palabras como bisturí para realizar una operación de cirugía sentimental, política y social sobre los tiempos del franquismo español. Para que esa herida —cicatrizada para algunos— no se olvide y para procurarle una justa cura basada en el recuerdo de todas las atrocidades cometidas”, describe Itziar de Francisco en el mismo diario.

En cambio, Teodomira no se jactaba de aquel pasado entre los militantes del PCE de San Blas. Ya mayor, no presumía de los castigos recibidos, como si cada varazo fuese un galón. Algunos chavales de las Juventudes Comunistas, sobrados de autosuficiencia, ignoraban a los viejos camaradas. Teo tenía tanto que contar, y tanto se callaba…

“Cuando me afilié, había una serie de viejetes pululando por allí a quienes los más jóvenes no les dábamos importancia”, recuerda Valentín Calderón, militante de la entonces Agrupación Teodomira Gallardo —llamada así en honor a Teo—, hoy rebautizada Camilo Cienfuegos. Aquel chaval no tardaría en darse cuenta de quién era y había sido aquella mujer austera, vestida de negro y con una sonrisa perenne: “Un mito del partido”.

Calderón lamenta que su trayectoria no haya tenido un mayor repercusión en el distrito de San Blas-Canillejas. Al menos una calle en el este de Madrid, “pero ni la tiene ni se la espera”, algo que sucedería si se tratase de un personaje como ella en París, cree el miembro de la Asociación Amistad Hispano-Cubana Bartolomé de las Casas. “Es una pena que no tenga el más mínimo reconocimiento”.

Al principio, Valentín y los cachorros de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) procuraban que aquellos veteranos, entre los que se encontraba la histórica Concha Carretero, no les diesen la chapa. “Luego me enteré de que había chupado años de cárcel y torturas. Sin embargo, no hablaba del sufrimiento ni del maltrato, sino que me lo contaron viejos camaradas de la agrupación. Ella jamás estuvo con el yo en la boca: yo he estadoyo he vividoyo he sido…”.

Calderón, quien no ha cumplido los cincuenta, echa cuentas y cree que falleció hace unos quince años, aunque nunca dejó de pasarse por el local del partido. “Destacaba por su modestia, desde su ropa hasta su vivienda. Era extremadamente austera y, al mismo tiempo, un encanto de persona. Sobresalía por su militancia activa y siempre animaba a los jóvenes, pero sin tirarse el pisto ni presumir de pasado ni de militancia”.

“Un mito del PCE”

¿Qué fue de aquella bebé y de aquel niño de cuatro años que se llevó a cuestas cuando tuvo que refugiarse en casa de su suegra? ¿Y de la niña que nació en casa de Crecencia, la señora que los acogió cuando iban de pueblo en pueblo arreglando ollas, cacerolas y lebrillos, haciéndose pasar por hojalateros gracias a que Valerio era muy mañoso? Un pasaje de la historia personal de Teo que se pierde tras la detención, el juicio y la condena a muerte de su marido.

Ella rehace su vida en Madrid. Allí conoce a un trabajador de la construcción y militante comunista, Antonio López, con quien se casa y tiene dos hijos. Ella, probablemente, trabaja limpiando casas para sacar adelante a la prole, según sus camaradas de San Blas, donde residirá hasta el final de sus días. Sobrevivió a ambos hijos, Jesús y Antonio, quienes habían heredado su ideología y fallecerían de cáncer, como Andrés Cabrera, una figura del movimiento vecinal de Canillejas.

Julián Escribano traza a sus setenta y siete años una sentida semblanza de Teo. “Era seria, combativa y muy dada al pueblo y a la gente. En los setenta y ochenta, gozaba de una gran reputación en el barrio y era un mito entre las mujeres comunistas”, recuerda este militante del PCE de San Blas, en cuya sede su marido atendía el bar.

“Fíjate que integridad tenía que, antes de irse a casa, Antonio se miraba los bolsillos. O sea, que se registraba a sí mismo, no fuese a ser que se llevase algún cambio que no le correspondía”, añade Valentín Calderón. Ella era muy querida entre sus camaradas, aunque desconocida para muchos vecinos. “Un barrio obrero no significa que sea netamente de izquierdas. De hecho, hay mucha más conciencia comunista en otras zonas”, matiza Escribano. “Sin embargo, Teo, pese a no haber estudiado, estaba muy politizada y sí que la tenía”.

Ella hablaba con criterio y sus palabras sonaban con firmeza. “En cambio, no ocupaba cargos dirigentes, ni lo pretendía. Ejercía, eso sí, de conciencia moral entre los más jóvenes, pero sin pretensiones”, apunta Julián Escribano. “Nunca se permitió un consejo más allá del ánimo”, corrobora Calderón.

Lo hacía sin apelar a su currículo, impregnado de polvo y sangre, redactado en la topera y en la cárcel. “No contaba por lo que había pasado, porque el presente y el futuro siempre priman más que el pasado. Pese a que es fundamental conocer la historia para no repetir los errores, le importaban los problemas del momento”.

Teodomira Gallardo, “una mujer enérgica, tajante y fuerte, porque así la hizo la vida”.

Teodomira, “discreta, como otros cientos de compañeras, aunque ella era ejemplar: un mito del PCE”.

Teo, una leyenda tan humilde y prudente que ni en su madriguera comunista de San Blas sabían que fue la única mujer topo de España.

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Fotografía destacada: Teodomira Gallardo, junto a un retrato de la Pasionaria, fotografiada por Torbado y Leguineche. / CAPITÁN SWING

Fuente:https://www.publico.es/politica/mujer-topo-teodomira-gallardo-pce-franquismo.html

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Piden a la Agencia de Protección de Datos dictamen sobre derecho a la verdad víctimas franquismo

ARMH: instamos a la Agencia de Protección de Datos a dictaminar si las víctimas de la dictadura tenemos derecho a conocer y dar a conocer públicamente información sobre los represores de la dictadura franquista y de los hechos que cometieron para violar los derechos de las personas perseguidas por el franquismo.

tercerainformacion.es / 19-06-2019

Comunicado Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH)

Ante el caso de censura ejercido por la Universidad de Alicante con respecto a la retirada del nombre de un miembro del tribunal militar que juzgó ilegalmente al poeta Miguel Hernández, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha solicitado a la Agencia de Protección de Datos un dictamen a través del cual señale si el derecho a conocer la verdad y a que se conozca la verdad que tienen las víctimas de la dictadura franquista choca con el derecho al olvido o no tiene límites a la hora de generar conocimiento acerca de violaciones de derechos humanos, como dictan diversas revoluciones de la Organización de Naciones Unidas.

Para el presidente de la asociación, Emilio Silva, “se trata de un caso claro de censura, ya que el derecho a la verdad prevalece por encima de la protección de datos de quiénes formaron parte de un régimen sostenido sobre la violencia, la persecución física, social y penal por causas ideológicas y la colaboración con un régimen antidemocrático”.

El texto presentado ante la Agencia de Protección de Datos es el siguiente:

Hemos tenido una noticia de la que la Universidad de Alicante ha retirado de dos artículos en su página web el nombre del alférez Antonio Luis Baena Tocón que fue secretario judicial en la causa militar contra el poeta Miguel Hernández con la que fue ilegalmente condenado, ilegalmente detenido y murió en prisión.

El borrado llevado a cabo por la Universidad de Alicante es una consecuencia de una reclamación de derecho al olvido de un descendiente de ese represor algo que choca con el derecho de las víctimas de la dictadura a conocer y a dar a conocer la verdad de lo ocurrido con las violaciones de derechos humanos de quién es dieron un golpe el 18 de julio 1936 y se beneficiaron de él al menos hasta el 20 de noviembre de 1975.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Asamblea General de la ONU han reconocido en diversas ocasiones la verdad como un derecho que asiste a las víctimas de las violaciones de derechos humanos en dictaduras.

Entendemos entendemos que en esta situación han entrado en conflicto diversos intereses y que por estar implicada en ello la Agencia de Protección de Datos debería llevar a cabo un dictamen que resuelva para este y otros casos si existen límites para que las víctimas de violaciones de derechos humanos den a conocer de manera telemática en Internet los hechos y los nombres de los responsables de tales vulneraciones represivas.

Al respecto la ONU asegura que:

“Cuando un período caracterizado por abusos generalizados o sistemáticos de los derechos humanos llega a su fin, las personas que han sufrido bajo el régimen anterior se encuentran en condiciones de hacer valer sus derechos y de comenzar a superar su pasado. Cuando hacen oír sus voces ahora libres, es probable que formulen cuatro tipos de peticiones al Estado de transición. Esto es, la verdad, la justicia, reparaciones y reformas institucionales para prevenir la repetición de la violencia”.

Por tanto, instamos a la Agencia de Protección de Datos a dictaminar si las víctimas de la dictadura tenemos derecho a conocer y dar a conocer públicamente información sobre los represores de la dictadura franquista y de los hechos que cometieron para violar los derechos de las personas perseguidas por el franquismo.

Se adjunta la petición presentada por registro.

 

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Fotografía destacada: El poeta y dramaturgo Miguel Hernández

Fuente:https://www.tercerainformacion.es/articulo/memoria-historica/2019/06/19/piden-a-la-agencia-de-proteccion-de-datos-dictamen-sobre-derecho-a-la-verdad-victimas-franquismo

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Los historiadores, contra el ‘borrado’ en la condena de Miguel Hernández: “Es lamentable, otro impedimento para estudiar el franquismo”

Catedráticos califican la eliminación del nombre del secretario judicial del consejo de guerra del poeta como “censura”, “explica muy bien la historia de nuestro país”.

“La libertad de expresión, de investigación y de cátedra son fundamentales y solo bajo motivos muy excepcionales cabe establecer limitaciones”, expresa Ismael Saz

La Universidad de Alicante accede a la petición de un familiar y borra de su web el nombre de un miembro del tribunal que condenó a muerte a Miguel Hernández

eldiario.es / Belén Remacha / 18-06-2019

Es “lamentable, un disparate” cuestiona “la profesión y el trabajo del historiador” y atenta “contra la libertad de cátedra y de expresión”.  Son algunas de las formas con las que distintos historiadores se refieren al “borrado”, de varios artículos académicos firmados por el catedrático de lengua española Juan Antonio Ríos Carratalá, del nombre del secretario judicial que participó en el consejo de guerra que condenó a muerte al poeta Miguel Hernández.

Ha accedido a ello la Universidad de Alicante (UA) tras la petición de un hijo del alférez implicado, Antonio Luis Baena Tocón, que se amparaba en la Ley de Protección de Datos Europea, como adelantó este martes El País. De esa forma, desaparece su nombre de la Historia y quedan solo las iniciales de Baena Tocón en varios artículos de Ríos Carratalá alojados en páginas web. Las razones de la petición tenían que ver con el honor: “Lo presentan como verdugo y fue una víctima más”, escribía al periódico.

“Desde hoy [Baena Tocón] disfruta del ‘olvido digital’ en mis trabajos publicados en la web de la UA. Estoy triste y muy dolido, pero seguiré reivindicando el derecho a la memoria histórica”, ha resumido el experto en su página de Facebook. Una compañera de profesión, la Profesora Titular en Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, Ana Martínez Rus se muestra, al margen de esa consecuencia, “indignada. Es lamentable. Cuestiona nuestra profesión y es otro impedimento más para hacer Historia sobre el franquismo”.

Según Martínez Rus, las formas de la UA hacen que “se niegue la realidad que está en esos documentos. Lo siento por quien tenga un familiar que haya participado de ella, pero tenemos que asumir de una vez el pasado traumático de este país, con rigor, pedagogía y divulgación. Y duele que la Universidad no lo pelee”. Ella define además la “paradoja” de que ahora el nombre de Baena Tocón se va a difundir mucho más en una suerte de Efecto Streisand: “Esos trabajos están publicados de mucho antes, yo los he consultado. Por esta decisión, se va a dar el efecto contrario. El interesado quería velar por el honor de su padre, pero ahora está en todas las webs”.

Martínez Rus enumera todo lo que entra en juego y se pone en tela de juicio con la resolución de la UA: “La libertad de cátedra y de expresión; el rigor científico; la práctica historiográfica; el derecho a la información. Abre un precedente: a todos nos pueden meter en un pleito. Y no solo sobre la guerra civil, esto se puede ampliar a otras épocas. Todo el mundo es descendiente de alguien y tiene un apellido. También, aunque sería quizá más raro, a que haya familiares que no quieran que sus nombres aparezcan como represaliados, y acabemos desconociendo la magnitud. Esto abre la caja de pandora, nos deja desamparados”.

“Es un caso de censura”

Desde la Asociación de Historia Contemporánea son igual de tajantes. A su presidente, el catedrático de la Universidad de Valencia Ismael Saz le parece “censura académica, un caso especialmente grave”. “Atenta contra la libertad del investigador”, insiste, “trabajamos hablando de personas, no de entelequias. Con víctimas y con victimarios”

Saz es duro con la Universidad de Alicante, a la que afirma “no entender. Me resulta inconcebible una resolución acerca de cómo tiene que hacer su trabajo un académico. Los derechos a la libertad de expresión, de investigación y de cátedra son absolutamente fundamentales y solo bajo motivos muy excepcionales y justificados cabe establecer algún tipo de limitación”. Los especialistas de la UA también se han levantado contra su institución: mañana miércoles hay convocada una reunión de la Junta de Gobierno en la que esperan que el rectorado dé explicaciones y aluden defender “la libertad de investigación y cátedra”, en declaraciones a El País.

Otra catedrática en Historia Contemporánea por la Universidad de Salamanca, Josefina Cuesta Bustillo es algo más cauta porque, opina, “lo nuevo es que lo que entra en conflicto con la práctica historiográfica es la ley protección de datos. Pero siempre ha habido mecanismos: siempre se nos han negado documentos, o se ha tenido que esperar 25 años a la muerte de la persona que buscabas. Antes, lo hacía la censura. Y cuanto más próximo es el hecho, más complicado, claro”. “Luchamos por el derecho a la verdad, pero ahora está aprobado el derecho al olvido”, sintetiza.

Tanto Ismael Saz como Ana Martínez Rus mencionan, al margen del asunto de Miguel Hernández, que sea algo sistémico. “Llega apenas 10 días después de la sentencia del Supremo reconociendo al dictador desde el 36. Y de que se deniegue la exhumación. El franquismo sigue levantando ampollas porque ganó una guerra, duró mucho, y durante la transición no hubo una ruptura. Se nota. Pero llueve sobre mojado, no es un hecho puntual: siempre ha habido una dificultad en el acceso a las fuentes, a los archivos militares y eclesiásticos. Algo como esto explica muy bien la historia de nuestro país. Es un poso sociológico”.

Este mismo martes ha trascendido que la base de datos de memoria histórica ‘Todos los nombres’ también ha recibido una solicitud de borrado del nombre de Antonio Luis Baena Tocón. La petición ha sido igualmente presentada, como ha ocurrido en el caso de la UA, por el hijo de Baena Tocón.

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Fotografía destacada: Josefina Manresa y Miguel Hernández en torno a 1937

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/historiadores-Miguel-Hernandez-lamentable-dificultad_0_911309734.html

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La matanza de Valderas la Roja o la Moscú de España en el verano de 1936

Cerca de un centenar de vecinos (puede que más), apenas armados, perecieron víctimas de las tropas franquistas que ocuparon el pueblo, procedentes de Benavente.

elsaltodiario.com / Félix Población / 17-06-2019

La villa leonesa de Valderas, con poco más de mil quinientos habitantes, está situada en la comarca de Tierra de Campos, y sorprenderá a quien la visite por su patrimonio histórico. También, por lo muy a ojo que tiene la información disponible acerca todos y cada uno de sus no pocos edificios monumentales. Lo percibirá el viajero en cuanto se ponga a pasear por sus calles y plazas. Una serie de carteles facilitan esa labor.

Empezando por las plazas, la que más llama la atención es la de los Caños o de Santa María del Azogue (de zoco, mercado, az-zuaq), por la iglesia del mismo nombre, que data del siglo XII, aunque fue reformada en el XVI y XIX. En su interior, de tres naves, con bóveda de crucería y ábside cuadrado, hay un retablo mayor del siglo XVI de un supuesto discípulo de Berruguete y otros cuatro retablos barrocos más del XVII, como también es de ese siglo el órgano ubicado en la nave derecha. La torre de la iglesia parece la del homenaje de un castillo, quizá por haberse asentado el templo en origen sobre una antigua fortaleza.

En la misma y espaciosa plaza encontramos, junto a un estrecho edificio modernista de insólita factura en la villa, el que llaman Antiguo Consistorio, cuya sobria arquitectura data también del siglo XVIII. Pese a su nombre, no llegó esa construcción a tener función municipal alguna, pues sólo servía para que la corporación municipal se asomase a sus balcones durante los festejos locales. Flanquean la fachada dos torres con chapiteles y el suficiente encanto como para creerse la leyenda de dama valderense María de Hazas (o Zarzas) y el rey godo Witiza, que mandó destruir las armas para convertirlas en herramienta de campo, frente a la oposición de esa señora. A la leyenda que leo le faltan detalles para dotarla de interés. En la parte central de la fachada del edificio hay emplazado un escudo con las armas de la villa. Lo ilustra un brazo que sostiene una bandera rescatada del fuego, a modo de símbolos de los asedios sufridos por la localidad y su resurgir tras cada uno de ellos.

En uno de los edificios de la Plaza de los Caños nació un ministro, que lo fue de la Gobernación con Alfonso XIII, y que como tal propició la llegada del llamado Tren Burra a Valderas, un ferrocarril de vía estrecha que comunicaba las localidades de Medina de Rioseco y Palanquinos. Desconozco la razón del calificativo, aunque lo más posible es que obedeciera a la lentitud de su marcha.

Otros lugares que ocuparán la curiosidad del viajero serán la Plaza San Juan y la iglesia del mismo nombre. En la primera se celebraba el mercado a partir del siglo XVI, cuando había dejado ser libre y se regulaba mediante precios y tributos la compraventa. Era entonces una plaza porticada, con muchas posadas y figones en sus soportales y con muy sabroso condumio en el menú a base de bacalao, cordero y escabeche. Todavía hoy es afamado el bacalao al ajoarriero de Valderas, aunque no tuve oportunidad de probarlo, con encontrarse entre los restaurantes uno llamado La meca del bacalao. Se cuenta que hasta de Flandes venían gentes al que se consideraba uno de los más importantes mercados del reino.

Como curiosidad reseñable de la iglesia de San Juan, reformada en el siglo XVI sobre su original construcción medieval con base y contrafuertes de piedra y muros de ladrillo, lo que más sobresale de su interior de tres naves es la gran bóveda de la capilla mayor y el piso de madera. Debajo de éste se encuentran los enterramientos de los fieles más notables con sus respectivas inscripciones. Más cerca del altar y las capillas laterales encontramos los nombres de lo que más pagaron por ser inhumados en el sacro recinto, entre los que figura un tal capitán Bartolomé Costilla Cépeda, fallecido en 1666.

Siguiendo el callejeo por la villa, nos sorprenderá el gran Palacio de los Castrojanillos, situado en una calle que por su estrechez dificulta la perspectiva de su monumental conjunto de dos plantas, levantado en 1791 por Manuel Díaz Pernia, caballero de la Orden de Santiago, cuyo escudo figura en la portada de dos cuerpos, enmarcada por columnas de granito. Se dice que aquí durmió Napoleón Bonaparte durante la guerra de la Independencia, aunque hay quien asegura que lo hizo en el seminario.

El seminario de Valderas es otro edificio imponente, fundado en 1738 y erigido seminario conciliar durante el reinado de Fernando VII. De estilo post-herreriano, fue gestionado por los padres carmelitas calzados y albergó a gran número de alumnos provenientes de toda la comarca, hasta el año 1952 en que el obispo de León Luis Almarcha vendió la institución a los carmelitas descalzos, que instalaron en el edificio un colegio bajo la dirección del padre Albano García, historiador y cronista de la villa de Valderas. En 1970 se cerró el colegio por traslado del seminario de los carmelitas descalzos a un nuevo edificio cerca de la ciudad de León. En 1974 lo compró el Ayuntamiento, que lo rehabilitó con poca pericia al destruir gran parte de la obra arquitectónica, sin llegar a establecer un uso posterior. En la actualidad está ocupado por el Hogar del Pensionista, una residencia de ancianos de nombre Edad Dorada, una biblioteca municipal y la Oficina de Turismo.

Otro monumento a destacar es el llamado Arco de los Arrejes, que data del siglo XII, es de estilo mudéjar en ladrillo y yeso, y tiene como gran aliciente el haber conservado durante más de ocho siglos su rastrillo original, uno de los más antiguos y de los pocos que se pueden ver en España. Se trata de una de las primeras puertas de entrada a la villa por la zona sur, junto a la puerta de San Isidro que llevaba al antiguo barrio judío.

LA OTRA HISTORIA SIN MEMORIA

Desde el Arco de los Arrejes desembocamos en una plaza recoleta, llamada de los Cestos, en cuyo centro hay una especie de murete con una inscripción a nombre del Ayuntamiento de Valderas: “A todos los que sufrieron las consecuencias de una guerra que nunca debió existir (1936-1939)”. En 2005, gobernando el Ayuntamiento el PSOE, se decidió eliminar el monumento a los caídos por Dios y por España y erigir en su lugar, en la plaza que llevaba el nombre de Calvo Sotelo, este murete muy poco vistoso con una frase que da a entender un similar reparto de culpas y víctimas en la contienda entre republicanos y facciosos.

La frase en cuestión no ha sido fácil de pergeñar en una localidad donde todavía es un «tema sensible», se nos dice en la información publicada el mismo año de la propuesta municipal, tres décadas después del fallecimiento del dictador y dos años antes de que se aprobara la llamada Ley de Memoria Histórica con el primer gobierno de Rodríguez Zapatero (PSOE). Sin embargo, bajo esa frase híbrida se camufla una de las páginas represoras más cruentas llevadas a cabo por las tropas golpistas en la provincia. Tal parece que se tratara de dar un escarmiento a la que los ejecutores de esa masacre llamaban la Moscú de España o Valderas la roja.

Lo cuenta con detalle Miguel García Bañales en su libro Valderas. Memoria de un exterminio. Por tal se ha de considerar la matanza de cerca de un centenar de personas, al menos, en una población que en 1936 tenía 3.300 vecinos. En total, según el citado autor, 178 valderenses pasaron por las cárceles y centros de detención franquistas, en cuanto llegaron a la localidad el 24 de julio de 1936, procedentes de Benavente, 300 militares felones a los que no pudo hacer frente un contingente de 150 vecinos mal armados y sin apenas municiones. Derrotados sin apenas resistencia, los facciosos llevarán a cabo una auténtica masacre. Muchas de las víctimas siguen enterradas en fosas sin nombre.

En esa localidad leonesa se vivió durante la segunda República una dura disputa entre los sectores reaccionarios, representados por la oligarquía caciquil y el clero, y los jornaleros, víctimas de una dura explotación, según cuenta García Bañales. El alcalde, Victoriano López Rubio, y el sindicalista Falconerín Blanco Fernández, ambos asturianos, hicieron valer los derechos de los trabajadores frente a la resistencia de los propietarios, por lo que las huelgas por parte de unos y los acosos por parte de otros eran hasta tal punto frecuentes que cuando López Rubio decidió cambiar el nombre de la calle Padre Isla por el de Lenin se produjeron algunos incidente y la villa pasó a llamarse en la crónicas conservadoras la Moscú de España o Valderas Roja, terminología acaso influyente para la posterior matanza.

Pero si la izquierda se hacía notar en la localidad, también lo hizo el fascismo a partir de 1933, con el triunfo de las derechas en las elecciones de noviembre, teniendo como líderes al sacerdote y profesor Marcelino Macho y al capellán castrense y de las JONS Nemesio García. Las amenazas de los grupos fascistas obligaron al alcalde y al sindicalista citados a abandonar el pueblo, siendo sustituido el primero por Gregorio García, que un día resultó herido de muerte en la calle al salir del Ayuntamiento por las agresiones de esos grupos. No se registraron detenciones a partir del 18 de julio. La autoridad republicana se limitó a mantener vigiladas las viviendas de aquellos vecinos proclives por su ideología a apoyar la sublevación.

La vida cotidiana siguió funcionando en Valderas con normalidad, según cuenta García Bañales, hasta que los tres centenares de militares golpistas llegaron al pueblo, posiblemente al reclamo del calificativo con el que fue indentificada la villa en la prensa conservadora provincial. Entre los que defendían la legalidad republicana sólo se salvaron los que huyeron al monte, después de una corta resistencia para la que no contaban ni con armas ni con munición suficiente. Los golpistas registraron la Casa del Pueblo y cada una de las viviendas de la localidad. Los vecinos detenidos serán distribuidos por las cárceles de Benavente, Astorga y San Marcos (León).

Se cuenta que Falconerín, el sindicalista asturiano de curioso nombre o apodo, detenido posiblemente en otra localidad de la comarca, falleció a consecuencia de las torturas, y que a Victoriano, el exalcalde, le grabaron las letras F y E en las mejillas y un INRI en la frente. También se cree que le cortaron los testículos y que murió lapidado. Los fusilamientos se iniciaron en el mes de octubre y se calcula que fueron ejecutadas en torno a noventa personas, cuyos restos están repartidos en fosas comunes en las provincias de Zamora y León. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica cifró hace unos años el total de desaparecidos en 117.

En 2015 se celebró un homenaje a las nueve personas identificadas y nuevamente inhumadas con la debida dignidad, cuyos restos fueron hallados cerca de Valderas en 2012. El salón de plenos del Ayuntamiento acogió a cientos de personas que quisieron reunirse para recordar a las víctimas. La alcaldesa Silvia Blanco (PSOE) intervino en el acto para agradecer el trabajo de la ARMH y pedir que esas personas y todo lo que vivieron “no caigan en el olvido”. También dijo que ese momento fue uno de los mejores durante su gestión al frente del municipio. Podría haber recurrido la alcaldesa socialista a una de las frases que dijo una de las víctimas antes de morir: “Que esto nadie lo borre, que no os engañe nadie”. Se llamaba Pacífico Villa Pastor y fue asesinado el 9 de octubre de 1936. Otros nombres recuperados del olvido son los de José Gómez Chamorro, de 34 años, y Andrés Carriedo Callejo, de 59 años.

También es conocido el caso del maestro de Villaornate, Tomás Toral Casado, natural de Valderas, que fue asesinado a los 36 años en Villadangos del Páramo, el 17 de octubre de 1936. En esa pequeña localidad los falangistas requisaron las armas de caza del vecindario, según documento aportado por Susana Toral Cabau, nieta del maestro, por cuya digna memoria lucha con un recuerdo o anécdota sumamente identificativo de su personalidad: el del día que Tomás Toral entregó un par de zapatos nuevos, de los dos que tenía, a un pobre que pasaba por la puerta de su casa.

La historia de todas estas víctimas del franquismo es la que falta en el callejero valderense. No se encontrará en ningún cartel esa referencia porque la única frase alusiva a la Guerra de España elude expresamente hacer constancia de esa masacre contra el vecindario republicano. Sólo en el cementerio hay una sepultura que recuerda los nombres de las víctimas identificadas. Maxi Barthe, vicepresidente de la Fundación Fermín Carnero, con sede en la villa, dijo en aquel homenaje de 2015 que sólo el olvido es muerte y para que la muerte de esas víctimas no se duplique con la del olvido le falta a Valderas dar nombre e identidad, entre los vivos y para general conocimiento de quienes visitan el pueblo, a todos aquellos vecinos asesinados por defender la legalidad constitucional republicana.

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Fotografía destacada: El maestro de Villaornate, Tomás Toral, fue una de las víctimas

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/los-nombres-de-la-memoria/la-matanza-de-valderas-la-roja-o-la-moscu-de-espana-en-el-verano-de-1936

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El presidente Asociación para la Memoria Histórica rechaza pagar la tumba de Franco con dinero público

La suspensión por el Tribunal Supremo español de la exhumación del dictador Francisco Franco, enterrado en un monumento nacional, fue el último revés en la carrera de obstáculos que afrontan los defensores de la memoria histórica de la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior dictadura (1939-1975).

eldiario.es / EFE / Beatriz Díaz / 16-06-2019

“No se puede pagar la tumba de un dictador con dinero público”, afirma Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en España (ARMH), en una entrevista con Efe.

El dictador, fallecido en 1975, fue inhumado con todos los honores en la basílica del Valle de los Caídos, un monumento que ordenó construir en 1940 en las proximidades de Madrid y donde están enterrados más de 33.000 combatientes de ambos bandos de la guerra (republicanos y sublevados, conocidos como “nacionales”).

La asociación que preside Silva, creada en el año 2000 y dedicada a localizar a las víctimas de la represión durante la Guerra Civil y la dictadura, denuncia el uso que se hace de esta enorme construcción, que pretendía “ser más grande que el Vaticano”.

“Esto no ocurre en Portugal con Salazar, no ocurre en Italia con Mussolini, no ocurre con Trujillo en la República Dominicana, ni con Pinochet en Chile”, defiende el activista.

También la ONU instó a reconsiderar el inmenso monumento, recuerda Silva, tras la visita del Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Pablo de Greiff, que propuso convertirlo en un museo en su visita de 2014.

Y eso prometió el jefe del Ejecutivo español, el socialista Pedro Sánchez, cuando hace un año llegó al poder: sacar los restos del dictador para convertir el Valle de los Caídos en un centro de memoria y reconciliación.

Sus planes se vieron frustrados cuando el Tribunal Supremo decidió a comienzos de este mes paralizar la exhumación prevista para el 10 de junio, atendiendo al recurso presentado por la familia del dictador.

Para el responsable de la ARMH, el problema es que en España “se creó una especie de discurso oficial, que decía que la sociedad ya estaba reconciliada y tenía que mirar hacia delante”.

Ese “olvido de todos para todos”, que defendió la Ley de Amnistía española de 1977, acabó funcionando solo para unos cuantos porque a partir de la exhumación de su abuelo Emilio Silva Faba en el años 2000, la primera que se realizó en España, “empezó todo un movimiento de búsquedas de desaparecidos”.

Cuando Emilio Silva fue hasta el Bierzo, comarca de León (norte) donde vivió su abuelo, con la idea de ambientar una novela que estaba escribiendo, no imaginó que 20 años después lideraría una asociación que ha llegado hasta Japón y Australia, desde donde llegan peticiones para participar en ella.

Silva consiguió recuperar los restos de su abuelo, fusilado en 1936 y enterrado en una fosa común sin ningún tipo de identificación, y esa acción dio lugar a la asociación.

Con ella levantó una pesada losa que había caído sobre la historia española y que ha llevado a la exhumación de 9.000 personas más, que fueron enterradas sin identificar.

La lista no para de crecer, pero Silva se queja de la falta de apoyo de los gobiernos, que dificulta la recuperación de las 120.000 personas que aún hay desaparecidas en España, según estimaciones del Ministerio de Justicia de este país.

Además de encontrar restos de asesinados, también surgieron “los torturados, las madres a las que les habían robado los niños en las cárceles, la gente que no era afín al régimen en los años 50 y que no fue vacunada de poliomielitis”, explica.

“Yo no pensaba meterme en este lío, yo quería identificar a mi abuelo, enterrarlo con mi abuela y volver a mi vida”, cuenta Silva, quien no era consciente de “la dimensión que tenía el problema”.

Llamadas con número oculto, cartas anónimas, protagonistas y testigos directos del horror… la información que ayudó a devolver a miles de familias los cuerpos de sus allegados llegó “de la forma menos verosímil”, afirma.

Emilio Silva defiende que, con la exhumación de su abuelo hace 20 años, algo cambió en una parte de la sociedad española, que empezó a mirar al pasado de manera distinta y eso “convirtió algunos lugares en sitios incómodos”.

El Valle de los Caídos es uno de ellos y aunque su futuro es incierto, Silva está convencido de que “al final Franco va a salir de allí”.

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Fotografía destacada: El presidente Asociación para la Memoria Histórica rechaza pagar la tumba de Franco con dinero público

Fuente:https://www.eldiario.es/politica/presidente-Asociacion-Memoria-Historica-Franco_0_910609191.html

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