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Teo, la única mujer topo que se escondió del franquismo y lo pagó con años de torturas

Muchos republicanos se ocultaron durante largo tiempo para evitar la represión. Tras ser descubierta, Teodomira Gallardo fue encarcelada y su marido, fusilado. Rehízo su vida en Madrid y, pese a las vejaciones, se mantuvo fiel al PCE hasta su muerte.

publico.es / Henrique Mariño / 20-06-2019

Teodomira Gallardo fue la única mujer topo del franquismo. O, al menos, la única conocida por haberse enterrado en vida para escapar de las fauces de la represión. Hubo hombres que llegaron a pasar años —e incluso décadas— escondidos durante la posguerra, aunque la venganza se cernió sobre las republicanas de otras maneras, algunas terribles, pero que no pasaron por el encierro autoimpuesto.

Nacida a principios del siglo pasado, su marido era el alcalde de Zarza del Tajo cuando estalló la guerra civil en 1936. Comunista, pese a que la localidad conquense no contaba con una delegación organizada, Valerio Fernández cogió el fusil a los treinta y combatió en el Cuerpo de Carabineros, que en su mayoría permaneció fiel al Gobierno de la Segunda República.

Un camarero del casino de la vecina Santa Cruz de la Zarza que llegó a ascender a teniente. Y que, cuando terminó la contienda y regresó a casa, se encontró con que el regidor del municipio donde trabajaba había sido molido a palos por los falangistas. Un amigo le advirtió del peligro que corría, aunque él consideraba que no había hecho nada malo.

Sin embargo, las represalias no tardarían en llegar a su pueblo, donde al comienzo de la guerra unos anarquistas madrileños habían matado a los hombres que aparentaban ricos, mas quienes tenían dinero ya habían huido y pocos varones quedaban, pues muchos habían sido llamados a filas. Así lo recordaba Teodomira Gallardo, más conocida como Teo, cuando ya había cumplido los setenta y vivía en el barrio de San Blas, en Madrid.

Su testimonio fue incluido en un prólogo “para españoles menores de cuarenta años” del libro Los topos, de Jesús Torbado y Manuel Leguineche, originalmente publicado en 1977 y reeditado por Capitán Swing. Aunque su investigación se centraba en los hombres ocultos, de algún modo hacían justicia con ella, entrevistada en la salita de su humilde casa, presidida por un retrato del Che y otro de Dolores Ibárrurila Pasionaria.

“Ejemplifica con precisión suprema lo que fue el terror de la guerra —el terror impuesto por unos y por otros; especialmente por unos, evidentemente— y la inagotable venganza de los vencedores, una verdadera orgía sangrienta, sobre seres no sólo indefensos, sino muchas veces absolutamente inocentes”, escribían los periodistas.

Valerio, su marido, huyó, pero fueron a por ella. Registraron su vivienda en busca de armas, en vano, después del chivatazo de un viejo camarada que la había traicionado. La echaron de su hogar, sin comida ni ropa, y tuvo que irse con una bebé y un niño de cuatro años a casa de su suegra, cuyo esposo había sido detenido. Ante las amenazas, buscó a su pareja y se echaron al monte.

Tres días tardaron en llegar a Aranjuez, donde se escondieron en una habitación que su cuñada tenía en el patio, donde permanecieron enclaustrados seis meses. Allí escucharon gritar de desesperación a Las Cuelvas, como eran apodadas una madre y sus dos hijas, quienes serían fusiladas por no revelar el paradero de un tercer hijo que se había ocultado.

Sin embargo, cuando su cuñada enfermó, se vio obligada a dejar el escondrijo para cuidarla, porque pedir ayuda o llamar a un médico los habría descubierto. Aun así, la policía comenzó a sospechar y tuvieron que volver a huir, esta vez de pueblo en pueblo, haciéndose pasar por hojalateros.

Agazapados de noche en un tejar, una vecina de Huecas, en la provincia de Toledo, les advirtió de que no tenían pinta de quincalleros, por lo que no tardarían en caer. Estaba dispuesta a alojarlos en su vivienda, al menos hasta que pariera. Teo estaba embarazada.

Crescencia, su ángel de la guarda, le habían matado a una hermana y pronto ejecutarían a su marido.

A finales de marzo de 1940, justo un año después de que Valerio se escapase, Teodomira dio a luz una niña. No había pasado ni un mes del alumbramiento cuando la policía los detuvo: ella fue ingresada en la cárcel de Ventas y su pareja, en la de Santa Rita, en el barrio madrileño de Carabanchel. “Más de cuatro años estuvimos nosotros sin juicio. En ese tiempo, a él le habían sacado cinco veces para darle palizas que lo dejaban medio muerto”, contaba Teo a los periodistas.

Finalmente, fueron juzgados por rebelión militar y les atribuyeron el asesinato de un cura, aunque —¡milagro!— don Pedro estaba vivo en el momento de la acusación. Condenado a muerte, otro marzo para el recuerdo, en este caso el de 1945: Valerio cayó ante un pelotón de fusilamiento. A ella la seguirían deteniendo intermitentemente por comunista hasta 1970, cuando arrestaron a un hijo suyo en una manifestación proamnistía y, tras protestar, entró detrás de él en los calabozos de la Puerta del Sol.

“Eso es lo peor del mundo”, relataba en referencia a la Dirección General de Seguridad, donde la habían encerrado tantas veces. “Una noche se presentó un policía con todas las partes fuera. Yo cogí un zapato y le dije: Se va usted de aquí ahora mismo o le reviento los cojones con este zapato”.

Tuvo más suerte que otras compañeras: “A una amiga le pasaron encima nueve tíos seguidos, uno detrás de otro, la misma noche. Nueve policías, uno detrás de otro. La pobre está pirada. Y a otra que tenía un cuerpo precioso, y no quería desnudarse, la ataron al techo, le quemaron un brazo, la desnudaron y la violaron también. Y otra amiga salió embarazada de allí…”.

Tiempo atrás, en 1948, la habían retenido durante un mes en la higadilla [sic] de la estación de Atocha, donde recibió veintisiete palizas en nueve días, a razón de tres al día, aseguraba a Torbado y Leguineche. “Los guardias me llevaban donde estaban las porras, los vergajos, y me hacían elegir con cuál quería que me pegasen. También me obligaban a hacer el gato: dar vueltas agachada alrededor de la mesa mientras todos me iban arreando”.

Cuando confesaba el sufrimiento vivido, Teodomira se había casado en segundas nupcias con otro militante comunista y ambos, jubilados, vivían en una “modesta casa” del barrio obrero de San Blas. Sin embargo, las palizas permanecían selladas en su memoria y las secuelas, en su cuerpo: “Tengo varias costillas desviadas, la columna mal y las muñecas torcidas desde entonces”.

Los autores de Los topos justificaban en el prólogo, titulado El terror franquista, los fugados, los ocultos y una venganza interminable, la inclusión de su relato en una obra protagonizada por hombres: “Por tratarse de la única mujer topo de que tenemos noticias y porque ofrece un abanico bastante completo de los horrores de la guerra y de la posguerra”.

Apenas hay literatura ni información publicada sobre ella. El filólogo e investigador José Colmeiro señala que sus declaraciones no fueron incluidas en la primera edición, sino en otra de 1999 a cargo de Aguilar. Y apunta el motivo, más allá de su condición femenina: “Ocupa el primer lugar el testimonio de Teodomira Gallardo, como signo de los tiempos, […] por dar un panorama de todos los tipos de represión, incluida la violencia sexual”, escribe en Memoria histórica e identidad cultural: de la postguerra a la postmodernidad (Anthropos).

Albert Buschmann y Luz Souto, coordinadores del libro Decir desaparecido(s). Formas e ideologías de la narración de la ausencia forzada (LIT Verlag), aportan una escueta ficha, donde consta que pasó seis meses como topo, desde 1939 hasta 1940: “Acaba en la cárcel de Ventas. Sale en libertad en 1947. Su marido es fusilado en 1945”. También identifica como su topera una habitación en el patio de la casa de su cuñada en Aranjuez.

Pese a los escasos datos que nos ha proporcionado la imprenta, José Sanchis Sinisterra escribió la obra teatral Terror y miseria en el primer franquismo (Cátedra), compuesta por nueve cuadros, uno de los cuales está basado en sus vivencias. “Esta dramaturgia de reelaboración se basa en el testimonio de Teodomira Gallardo para la construcción de los monólogos de dos de los personajes femeninos, Teresa y Nati. La escena se tituta Intimidad y transcurre en 1944 en la cárcel de mujeres”.

Basada en su reclusión en Las Ventas, refleja la dureza de la prisión a través de los diálogos entre dos reclusas, una comunista y otra anarquista: género documental que no rehúye del lirismo. Interpretada a finales de 2002 por Teatro del Común, una compañía integrada por profesores y alumnos de institutos de bachillerato madrileños, sobre las tablas se escuchaba este diálogo:

– Intimidad, Nati. ¿Sabes lo que es eso? Aquí, oliéndonos el culo unas a otras todo el santo día… y aún más por la noche; amontonadas como animales para dormir, y en manada de un lado para otro, para trabajar, para comer, para cagar… Tener por lo menos un pequeño rincón de una misma que las otras no puedan tocar, ni ver, ni oír… Los sueños, por muy horribles que sean. Algo privado, sí… y es gracioso que yo lo diga. Privado. ¿Lo entiendes?

– Lo del culo no lo dirás por mí, que me lo lavo cada día… No, no lo entiendo. Yo me conformo con aguantar aquí, y entera, si puede ser, todo lo que haga falta. A ver si mientras llega un indulto…

Quizás no sea una casualidad, mas Nati también era el nombre de la sobrina del cura que golpeó la puerta de la casa de Teo horas después de que Valerio huyese. La chica le exigió que hiciese el saludo fascista, aunque se negó, ofreciéndole una contundente respuesta: “Yo no te he obligado a ti a levantar el puño”. Pero ésta es otra historia, que ya ha quedado atrás.

Han pasado más de sesenta años y el dramaturgo José anchis Sinisterra escribe Terror y miseria en el primer franquismo, que recrea la estancia de Teo en prisión en Intimidad. Tras el estreno de la obra, a finales de 2002, el crítico Javier Villán la ensalza en El Mundo: “Hay terror, vida detenida, miedo en estado puro en el temeroso comportamiento de cada día”.

“Utiliza las palabras como bisturí para realizar una operación de cirugía sentimental, política y social sobre los tiempos del franquismo español. Para que esa herida —cicatrizada para algunos— no se olvide y para procurarle una justa cura basada en el recuerdo de todas las atrocidades cometidas”, describe Itziar de Francisco en el mismo diario.

En cambio, Teodomira no se jactaba de aquel pasado entre los militantes del PCE de San Blas. Ya mayor, no presumía de los castigos recibidos, como si cada varazo fuese un galón. Algunos chavales de las Juventudes Comunistas, sobrados de autosuficiencia, ignoraban a los viejos camaradas. Teo tenía tanto que contar, y tanto se callaba…

“Cuando me afilié, había una serie de viejetes pululando por allí a quienes los más jóvenes no les dábamos importancia”, recuerda Valentín Calderón, militante de la entonces Agrupación Teodomira Gallardo —llamada así en honor a Teo—, hoy rebautizada Camilo Cienfuegos. Aquel chaval no tardaría en darse cuenta de quién era y había sido aquella mujer austera, vestida de negro y con una sonrisa perenne: “Un mito del partido”.

Calderón lamenta que su trayectoria no haya tenido un mayor repercusión en el distrito de San Blas-Canillejas. Al menos una calle en el este de Madrid, “pero ni la tiene ni se la espera”, algo que sucedería si se tratase de un personaje como ella en París, cree el miembro de la Asociación Amistad Hispano-Cubana Bartolomé de las Casas. “Es una pena que no tenga el más mínimo reconocimiento”.

Al principio, Valentín y los cachorros de la Unión de Juventudes Comunistas de España (UJCE) procuraban que aquellos veteranos, entre los que se encontraba la histórica Concha Carretero, no les diesen la chapa. “Luego me enteré de que había chupado años de cárcel y torturas. Sin embargo, no hablaba del sufrimiento ni del maltrato, sino que me lo contaron viejos camaradas de la agrupación. Ella jamás estuvo con el yo en la boca: yo he estadoyo he vividoyo he sido…”.

Calderón, quien no ha cumplido los cincuenta, echa cuentas y cree que falleció hace unos quince años, aunque nunca dejó de pasarse por el local del partido. “Destacaba por su modestia, desde su ropa hasta su vivienda. Era extremadamente austera y, al mismo tiempo, un encanto de persona. Sobresalía por su militancia activa y siempre animaba a los jóvenes, pero sin tirarse el pisto ni presumir de pasado ni de militancia”.

“Un mito del PCE”

¿Qué fue de aquella bebé y de aquel niño de cuatro años que se llevó a cuestas cuando tuvo que refugiarse en casa de su suegra? ¿Y de la niña que nació en casa de Crecencia, la señora que los acogió cuando iban de pueblo en pueblo arreglando ollas, cacerolas y lebrillos, haciéndose pasar por hojalateros gracias a que Valerio era muy mañoso? Un pasaje de la historia personal de Teo que se pierde tras la detención, el juicio y la condena a muerte de su marido.

Ella rehace su vida en Madrid. Allí conoce a un trabajador de la construcción y militante comunista, Antonio López, con quien se casa y tiene dos hijos. Ella, probablemente, trabaja limpiando casas para sacar adelante a la prole, según sus camaradas de San Blas, donde residirá hasta el final de sus días. Sobrevivió a ambos hijos, Jesús y Antonio, quienes habían heredado su ideología y fallecerían de cáncer, como Andrés Cabrera, una figura del movimiento vecinal de Canillejas.

Julián Escribano traza a sus setenta y siete años una sentida semblanza de Teo. “Era seria, combativa y muy dada al pueblo y a la gente. En los setenta y ochenta, gozaba de una gran reputación en el barrio y era un mito entre las mujeres comunistas”, recuerda este militante del PCE de San Blas, en cuya sede su marido atendía el bar.

“Fíjate que integridad tenía que, antes de irse a casa, Antonio se miraba los bolsillos. O sea, que se registraba a sí mismo, no fuese a ser que se llevase algún cambio que no le correspondía”, añade Valentín Calderón. Ella era muy querida entre sus camaradas, aunque desconocida para muchos vecinos. “Un barrio obrero no significa que sea netamente de izquierdas. De hecho, hay mucha más conciencia comunista en otras zonas”, matiza Escribano. “Sin embargo, Teo, pese a no haber estudiado, estaba muy politizada y sí que la tenía”.

Ella hablaba con criterio y sus palabras sonaban con firmeza. “En cambio, no ocupaba cargos dirigentes, ni lo pretendía. Ejercía, eso sí, de conciencia moral entre los más jóvenes, pero sin pretensiones”, apunta Julián Escribano. “Nunca se permitió un consejo más allá del ánimo”, corrobora Calderón.

Lo hacía sin apelar a su currículo, impregnado de polvo y sangre, redactado en la topera y en la cárcel. “No contaba por lo que había pasado, porque el presente y el futuro siempre priman más que el pasado. Pese a que es fundamental conocer la historia para no repetir los errores, le importaban los problemas del momento”.

Teodomira Gallardo, “una mujer enérgica, tajante y fuerte, porque así la hizo la vida”.

Teodomira, “discreta, como otros cientos de compañeras, aunque ella era ejemplar: un mito del PCE”.

Teo, una leyenda tan humilde y prudente que ni en su madriguera comunista de San Blas sabían que fue la única mujer topo de España.

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Fotografía destacada: Teodomira Gallardo, junto a un retrato de la Pasionaria, fotografiada por Torbado y Leguineche. / CAPITÁN SWING

Fuente:https://www.publico.es/politica/mujer-topo-teodomira-gallardo-pce-franquismo.html

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Piden a la Agencia de Protección de Datos dictamen sobre derecho a la verdad víctimas franquismo

ARMH: instamos a la Agencia de Protección de Datos a dictaminar si las víctimas de la dictadura tenemos derecho a conocer y dar a conocer públicamente información sobre los represores de la dictadura franquista y de los hechos que cometieron para violar los derechos de las personas perseguidas por el franquismo.

tercerainformacion.es / 19-06-2019

Comunicado Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH)

Ante el caso de censura ejercido por la Universidad de Alicante con respecto a la retirada del nombre de un miembro del tribunal militar que juzgó ilegalmente al poeta Miguel Hernández, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha solicitado a la Agencia de Protección de Datos un dictamen a través del cual señale si el derecho a conocer la verdad y a que se conozca la verdad que tienen las víctimas de la dictadura franquista choca con el derecho al olvido o no tiene límites a la hora de generar conocimiento acerca de violaciones de derechos humanos, como dictan diversas revoluciones de la Organización de Naciones Unidas.

Para el presidente de la asociación, Emilio Silva, “se trata de un caso claro de censura, ya que el derecho a la verdad prevalece por encima de la protección de datos de quiénes formaron parte de un régimen sostenido sobre la violencia, la persecución física, social y penal por causas ideológicas y la colaboración con un régimen antidemocrático”.

El texto presentado ante la Agencia de Protección de Datos es el siguiente:

Hemos tenido una noticia de la que la Universidad de Alicante ha retirado de dos artículos en su página web el nombre del alférez Antonio Luis Baena Tocón que fue secretario judicial en la causa militar contra el poeta Miguel Hernández con la que fue ilegalmente condenado, ilegalmente detenido y murió en prisión.

El borrado llevado a cabo por la Universidad de Alicante es una consecuencia de una reclamación de derecho al olvido de un descendiente de ese represor algo que choca con el derecho de las víctimas de la dictadura a conocer y a dar a conocer la verdad de lo ocurrido con las violaciones de derechos humanos de quién es dieron un golpe el 18 de julio 1936 y se beneficiaron de él al menos hasta el 20 de noviembre de 1975.

El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la Asamblea General de la ONU han reconocido en diversas ocasiones la verdad como un derecho que asiste a las víctimas de las violaciones de derechos humanos en dictaduras.

Entendemos entendemos que en esta situación han entrado en conflicto diversos intereses y que por estar implicada en ello la Agencia de Protección de Datos debería llevar a cabo un dictamen que resuelva para este y otros casos si existen límites para que las víctimas de violaciones de derechos humanos den a conocer de manera telemática en Internet los hechos y los nombres de los responsables de tales vulneraciones represivas.

Al respecto la ONU asegura que:

“Cuando un período caracterizado por abusos generalizados o sistemáticos de los derechos humanos llega a su fin, las personas que han sufrido bajo el régimen anterior se encuentran en condiciones de hacer valer sus derechos y de comenzar a superar su pasado. Cuando hacen oír sus voces ahora libres, es probable que formulen cuatro tipos de peticiones al Estado de transición. Esto es, la verdad, la justicia, reparaciones y reformas institucionales para prevenir la repetición de la violencia”.

Por tanto, instamos a la Agencia de Protección de Datos a dictaminar si las víctimas de la dictadura tenemos derecho a conocer y dar a conocer públicamente información sobre los represores de la dictadura franquista y de los hechos que cometieron para violar los derechos de las personas perseguidas por el franquismo.

Se adjunta la petición presentada por registro.

 

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Fotografía destacada: El poeta y dramaturgo Miguel Hernández

Fuente:https://www.tercerainformacion.es/articulo/memoria-historica/2019/06/19/piden-a-la-agencia-de-proteccion-de-datos-dictamen-sobre-derecho-a-la-verdad-victimas-franquismo

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Los historiadores, contra el ‘borrado’ en la condena de Miguel Hernández: “Es lamentable, otro impedimento para estudiar el franquismo”

Catedráticos califican la eliminación del nombre del secretario judicial del consejo de guerra del poeta como “censura”, “explica muy bien la historia de nuestro país”.

“La libertad de expresión, de investigación y de cátedra son fundamentales y solo bajo motivos muy excepcionales cabe establecer limitaciones”, expresa Ismael Saz

La Universidad de Alicante accede a la petición de un familiar y borra de su web el nombre de un miembro del tribunal que condenó a muerte a Miguel Hernández

eldiario.es / Belén Remacha / 18-06-2019

Es “lamentable, un disparate” cuestiona “la profesión y el trabajo del historiador” y atenta “contra la libertad de cátedra y de expresión”.  Son algunas de las formas con las que distintos historiadores se refieren al “borrado”, de varios artículos académicos firmados por el catedrático de lengua española Juan Antonio Ríos Carratalá, del nombre del secretario judicial que participó en el consejo de guerra que condenó a muerte al poeta Miguel Hernández.

Ha accedido a ello la Universidad de Alicante (UA) tras la petición de un hijo del alférez implicado, Antonio Luis Baena Tocón, que se amparaba en la Ley de Protección de Datos Europea, como adelantó este martes El País. De esa forma, desaparece su nombre de la Historia y quedan solo las iniciales de Baena Tocón en varios artículos de Ríos Carratalá alojados en páginas web. Las razones de la petición tenían que ver con el honor: “Lo presentan como verdugo y fue una víctima más”, escribía al periódico.

“Desde hoy [Baena Tocón] disfruta del ‘olvido digital’ en mis trabajos publicados en la web de la UA. Estoy triste y muy dolido, pero seguiré reivindicando el derecho a la memoria histórica”, ha resumido el experto en su página de Facebook. Una compañera de profesión, la Profesora Titular en Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, Ana Martínez Rus se muestra, al margen de esa consecuencia, “indignada. Es lamentable. Cuestiona nuestra profesión y es otro impedimento más para hacer Historia sobre el franquismo”.

Según Martínez Rus, las formas de la UA hacen que “se niegue la realidad que está en esos documentos. Lo siento por quien tenga un familiar que haya participado de ella, pero tenemos que asumir de una vez el pasado traumático de este país, con rigor, pedagogía y divulgación. Y duele que la Universidad no lo pelee”. Ella define además la “paradoja” de que ahora el nombre de Baena Tocón se va a difundir mucho más en una suerte de Efecto Streisand: “Esos trabajos están publicados de mucho antes, yo los he consultado. Por esta decisión, se va a dar el efecto contrario. El interesado quería velar por el honor de su padre, pero ahora está en todas las webs”.

Martínez Rus enumera todo lo que entra en juego y se pone en tela de juicio con la resolución de la UA: “La libertad de cátedra y de expresión; el rigor científico; la práctica historiográfica; el derecho a la información. Abre un precedente: a todos nos pueden meter en un pleito. Y no solo sobre la guerra civil, esto se puede ampliar a otras épocas. Todo el mundo es descendiente de alguien y tiene un apellido. También, aunque sería quizá más raro, a que haya familiares que no quieran que sus nombres aparezcan como represaliados, y acabemos desconociendo la magnitud. Esto abre la caja de pandora, nos deja desamparados”.

“Es un caso de censura”

Desde la Asociación de Historia Contemporánea son igual de tajantes. A su presidente, el catedrático de la Universidad de Valencia Ismael Saz le parece “censura académica, un caso especialmente grave”. “Atenta contra la libertad del investigador”, insiste, “trabajamos hablando de personas, no de entelequias. Con víctimas y con victimarios”

Saz es duro con la Universidad de Alicante, a la que afirma “no entender. Me resulta inconcebible una resolución acerca de cómo tiene que hacer su trabajo un académico. Los derechos a la libertad de expresión, de investigación y de cátedra son absolutamente fundamentales y solo bajo motivos muy excepcionales y justificados cabe establecer algún tipo de limitación”. Los especialistas de la UA también se han levantado contra su institución: mañana miércoles hay convocada una reunión de la Junta de Gobierno en la que esperan que el rectorado dé explicaciones y aluden defender “la libertad de investigación y cátedra”, en declaraciones a El País.

Otra catedrática en Historia Contemporánea por la Universidad de Salamanca, Josefina Cuesta Bustillo es algo más cauta porque, opina, “lo nuevo es que lo que entra en conflicto con la práctica historiográfica es la ley protección de datos. Pero siempre ha habido mecanismos: siempre se nos han negado documentos, o se ha tenido que esperar 25 años a la muerte de la persona que buscabas. Antes, lo hacía la censura. Y cuanto más próximo es el hecho, más complicado, claro”. “Luchamos por el derecho a la verdad, pero ahora está aprobado el derecho al olvido”, sintetiza.

Tanto Ismael Saz como Ana Martínez Rus mencionan, al margen del asunto de Miguel Hernández, que sea algo sistémico. “Llega apenas 10 días después de la sentencia del Supremo reconociendo al dictador desde el 36. Y de que se deniegue la exhumación. El franquismo sigue levantando ampollas porque ganó una guerra, duró mucho, y durante la transición no hubo una ruptura. Se nota. Pero llueve sobre mojado, no es un hecho puntual: siempre ha habido una dificultad en el acceso a las fuentes, a los archivos militares y eclesiásticos. Algo como esto explica muy bien la historia de nuestro país. Es un poso sociológico”.

Este mismo martes ha trascendido que la base de datos de memoria histórica ‘Todos los nombres’ también ha recibido una solicitud de borrado del nombre de Antonio Luis Baena Tocón. La petición ha sido igualmente presentada, como ha ocurrido en el caso de la UA, por el hijo de Baena Tocón.

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Fotografía destacada: Josefina Manresa y Miguel Hernández en torno a 1937

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/historiadores-Miguel-Hernandez-lamentable-dificultad_0_911309734.html

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La matanza de Valderas la Roja o la Moscú de España en el verano de 1936

Cerca de un centenar de vecinos (puede que más), apenas armados, perecieron víctimas de las tropas franquistas que ocuparon el pueblo, procedentes de Benavente.

elsaltodiario.com / Félix Población / 17-06-2019

La villa leonesa de Valderas, con poco más de mil quinientos habitantes, está situada en la comarca de Tierra de Campos, y sorprenderá a quien la visite por su patrimonio histórico. También, por lo muy a ojo que tiene la información disponible acerca todos y cada uno de sus no pocos edificios monumentales. Lo percibirá el viajero en cuanto se ponga a pasear por sus calles y plazas. Una serie de carteles facilitan esa labor.

Empezando por las plazas, la que más llama la atención es la de los Caños o de Santa María del Azogue (de zoco, mercado, az-zuaq), por la iglesia del mismo nombre, que data del siglo XII, aunque fue reformada en el XVI y XIX. En su interior, de tres naves, con bóveda de crucería y ábside cuadrado, hay un retablo mayor del siglo XVI de un supuesto discípulo de Berruguete y otros cuatro retablos barrocos más del XVII, como también es de ese siglo el órgano ubicado en la nave derecha. La torre de la iglesia parece la del homenaje de un castillo, quizá por haberse asentado el templo en origen sobre una antigua fortaleza.

En la misma y espaciosa plaza encontramos, junto a un estrecho edificio modernista de insólita factura en la villa, el que llaman Antiguo Consistorio, cuya sobria arquitectura data también del siglo XVIII. Pese a su nombre, no llegó esa construcción a tener función municipal alguna, pues sólo servía para que la corporación municipal se asomase a sus balcones durante los festejos locales. Flanquean la fachada dos torres con chapiteles y el suficiente encanto como para creerse la leyenda de dama valderense María de Hazas (o Zarzas) y el rey godo Witiza, que mandó destruir las armas para convertirlas en herramienta de campo, frente a la oposición de esa señora. A la leyenda que leo le faltan detalles para dotarla de interés. En la parte central de la fachada del edificio hay emplazado un escudo con las armas de la villa. Lo ilustra un brazo que sostiene una bandera rescatada del fuego, a modo de símbolos de los asedios sufridos por la localidad y su resurgir tras cada uno de ellos.

En uno de los edificios de la Plaza de los Caños nació un ministro, que lo fue de la Gobernación con Alfonso XIII, y que como tal propició la llegada del llamado Tren Burra a Valderas, un ferrocarril de vía estrecha que comunicaba las localidades de Medina de Rioseco y Palanquinos. Desconozco la razón del calificativo, aunque lo más posible es que obedeciera a la lentitud de su marcha.

Otros lugares que ocuparán la curiosidad del viajero serán la Plaza San Juan y la iglesia del mismo nombre. En la primera se celebraba el mercado a partir del siglo XVI, cuando había dejado ser libre y se regulaba mediante precios y tributos la compraventa. Era entonces una plaza porticada, con muchas posadas y figones en sus soportales y con muy sabroso condumio en el menú a base de bacalao, cordero y escabeche. Todavía hoy es afamado el bacalao al ajoarriero de Valderas, aunque no tuve oportunidad de probarlo, con encontrarse entre los restaurantes uno llamado La meca del bacalao. Se cuenta que hasta de Flandes venían gentes al que se consideraba uno de los más importantes mercados del reino.

Como curiosidad reseñable de la iglesia de San Juan, reformada en el siglo XVI sobre su original construcción medieval con base y contrafuertes de piedra y muros de ladrillo, lo que más sobresale de su interior de tres naves es la gran bóveda de la capilla mayor y el piso de madera. Debajo de éste se encuentran los enterramientos de los fieles más notables con sus respectivas inscripciones. Más cerca del altar y las capillas laterales encontramos los nombres de lo que más pagaron por ser inhumados en el sacro recinto, entre los que figura un tal capitán Bartolomé Costilla Cépeda, fallecido en 1666.

Siguiendo el callejeo por la villa, nos sorprenderá el gran Palacio de los Castrojanillos, situado en una calle que por su estrechez dificulta la perspectiva de su monumental conjunto de dos plantas, levantado en 1791 por Manuel Díaz Pernia, caballero de la Orden de Santiago, cuyo escudo figura en la portada de dos cuerpos, enmarcada por columnas de granito. Se dice que aquí durmió Napoleón Bonaparte durante la guerra de la Independencia, aunque hay quien asegura que lo hizo en el seminario.

El seminario de Valderas es otro edificio imponente, fundado en 1738 y erigido seminario conciliar durante el reinado de Fernando VII. De estilo post-herreriano, fue gestionado por los padres carmelitas calzados y albergó a gran número de alumnos provenientes de toda la comarca, hasta el año 1952 en que el obispo de León Luis Almarcha vendió la institución a los carmelitas descalzos, que instalaron en el edificio un colegio bajo la dirección del padre Albano García, historiador y cronista de la villa de Valderas. En 1970 se cerró el colegio por traslado del seminario de los carmelitas descalzos a un nuevo edificio cerca de la ciudad de León. En 1974 lo compró el Ayuntamiento, que lo rehabilitó con poca pericia al destruir gran parte de la obra arquitectónica, sin llegar a establecer un uso posterior. En la actualidad está ocupado por el Hogar del Pensionista, una residencia de ancianos de nombre Edad Dorada, una biblioteca municipal y la Oficina de Turismo.

Otro monumento a destacar es el llamado Arco de los Arrejes, que data del siglo XII, es de estilo mudéjar en ladrillo y yeso, y tiene como gran aliciente el haber conservado durante más de ocho siglos su rastrillo original, uno de los más antiguos y de los pocos que se pueden ver en España. Se trata de una de las primeras puertas de entrada a la villa por la zona sur, junto a la puerta de San Isidro que llevaba al antiguo barrio judío.

LA OTRA HISTORIA SIN MEMORIA

Desde el Arco de los Arrejes desembocamos en una plaza recoleta, llamada de los Cestos, en cuyo centro hay una especie de murete con una inscripción a nombre del Ayuntamiento de Valderas: “A todos los que sufrieron las consecuencias de una guerra que nunca debió existir (1936-1939)”. En 2005, gobernando el Ayuntamiento el PSOE, se decidió eliminar el monumento a los caídos por Dios y por España y erigir en su lugar, en la plaza que llevaba el nombre de Calvo Sotelo, este murete muy poco vistoso con una frase que da a entender un similar reparto de culpas y víctimas en la contienda entre republicanos y facciosos.

La frase en cuestión no ha sido fácil de pergeñar en una localidad donde todavía es un «tema sensible», se nos dice en la información publicada el mismo año de la propuesta municipal, tres décadas después del fallecimiento del dictador y dos años antes de que se aprobara la llamada Ley de Memoria Histórica con el primer gobierno de Rodríguez Zapatero (PSOE). Sin embargo, bajo esa frase híbrida se camufla una de las páginas represoras más cruentas llevadas a cabo por las tropas golpistas en la provincia. Tal parece que se tratara de dar un escarmiento a la que los ejecutores de esa masacre llamaban la Moscú de España o Valderas la roja.

Lo cuenta con detalle Miguel García Bañales en su libro Valderas. Memoria de un exterminio. Por tal se ha de considerar la matanza de cerca de un centenar de personas, al menos, en una población que en 1936 tenía 3.300 vecinos. En total, según el citado autor, 178 valderenses pasaron por las cárceles y centros de detención franquistas, en cuanto llegaron a la localidad el 24 de julio de 1936, procedentes de Benavente, 300 militares felones a los que no pudo hacer frente un contingente de 150 vecinos mal armados y sin apenas municiones. Derrotados sin apenas resistencia, los facciosos llevarán a cabo una auténtica masacre. Muchas de las víctimas siguen enterradas en fosas sin nombre.

En esa localidad leonesa se vivió durante la segunda República una dura disputa entre los sectores reaccionarios, representados por la oligarquía caciquil y el clero, y los jornaleros, víctimas de una dura explotación, según cuenta García Bañales. El alcalde, Victoriano López Rubio, y el sindicalista Falconerín Blanco Fernández, ambos asturianos, hicieron valer los derechos de los trabajadores frente a la resistencia de los propietarios, por lo que las huelgas por parte de unos y los acosos por parte de otros eran hasta tal punto frecuentes que cuando López Rubio decidió cambiar el nombre de la calle Padre Isla por el de Lenin se produjeron algunos incidente y la villa pasó a llamarse en la crónicas conservadoras la Moscú de España o Valderas Roja, terminología acaso influyente para la posterior matanza.

Pero si la izquierda se hacía notar en la localidad, también lo hizo el fascismo a partir de 1933, con el triunfo de las derechas en las elecciones de noviembre, teniendo como líderes al sacerdote y profesor Marcelino Macho y al capellán castrense y de las JONS Nemesio García. Las amenazas de los grupos fascistas obligaron al alcalde y al sindicalista citados a abandonar el pueblo, siendo sustituido el primero por Gregorio García, que un día resultó herido de muerte en la calle al salir del Ayuntamiento por las agresiones de esos grupos. No se registraron detenciones a partir del 18 de julio. La autoridad republicana se limitó a mantener vigiladas las viviendas de aquellos vecinos proclives por su ideología a apoyar la sublevación.

La vida cotidiana siguió funcionando en Valderas con normalidad, según cuenta García Bañales, hasta que los tres centenares de militares golpistas llegaron al pueblo, posiblemente al reclamo del calificativo con el que fue indentificada la villa en la prensa conservadora provincial. Entre los que defendían la legalidad republicana sólo se salvaron los que huyeron al monte, después de una corta resistencia para la que no contaban ni con armas ni con munición suficiente. Los golpistas registraron la Casa del Pueblo y cada una de las viviendas de la localidad. Los vecinos detenidos serán distribuidos por las cárceles de Benavente, Astorga y San Marcos (León).

Se cuenta que Falconerín, el sindicalista asturiano de curioso nombre o apodo, detenido posiblemente en otra localidad de la comarca, falleció a consecuencia de las torturas, y que a Victoriano, el exalcalde, le grabaron las letras F y E en las mejillas y un INRI en la frente. También se cree que le cortaron los testículos y que murió lapidado. Los fusilamientos se iniciaron en el mes de octubre y se calcula que fueron ejecutadas en torno a noventa personas, cuyos restos están repartidos en fosas comunes en las provincias de Zamora y León. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica cifró hace unos años el total de desaparecidos en 117.

En 2015 se celebró un homenaje a las nueve personas identificadas y nuevamente inhumadas con la debida dignidad, cuyos restos fueron hallados cerca de Valderas en 2012. El salón de plenos del Ayuntamiento acogió a cientos de personas que quisieron reunirse para recordar a las víctimas. La alcaldesa Silvia Blanco (PSOE) intervino en el acto para agradecer el trabajo de la ARMH y pedir que esas personas y todo lo que vivieron “no caigan en el olvido”. También dijo que ese momento fue uno de los mejores durante su gestión al frente del municipio. Podría haber recurrido la alcaldesa socialista a una de las frases que dijo una de las víctimas antes de morir: “Que esto nadie lo borre, que no os engañe nadie”. Se llamaba Pacífico Villa Pastor y fue asesinado el 9 de octubre de 1936. Otros nombres recuperados del olvido son los de José Gómez Chamorro, de 34 años, y Andrés Carriedo Callejo, de 59 años.

También es conocido el caso del maestro de Villaornate, Tomás Toral Casado, natural de Valderas, que fue asesinado a los 36 años en Villadangos del Páramo, el 17 de octubre de 1936. En esa pequeña localidad los falangistas requisaron las armas de caza del vecindario, según documento aportado por Susana Toral Cabau, nieta del maestro, por cuya digna memoria lucha con un recuerdo o anécdota sumamente identificativo de su personalidad: el del día que Tomás Toral entregó un par de zapatos nuevos, de los dos que tenía, a un pobre que pasaba por la puerta de su casa.

La historia de todas estas víctimas del franquismo es la que falta en el callejero valderense. No se encontrará en ningún cartel esa referencia porque la única frase alusiva a la Guerra de España elude expresamente hacer constancia de esa masacre contra el vecindario republicano. Sólo en el cementerio hay una sepultura que recuerda los nombres de las víctimas identificadas. Maxi Barthe, vicepresidente de la Fundación Fermín Carnero, con sede en la villa, dijo en aquel homenaje de 2015 que sólo el olvido es muerte y para que la muerte de esas víctimas no se duplique con la del olvido le falta a Valderas dar nombre e identidad, entre los vivos y para general conocimiento de quienes visitan el pueblo, a todos aquellos vecinos asesinados por defender la legalidad constitucional republicana.

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Fotografía destacada: El maestro de Villaornate, Tomás Toral, fue una de las víctimas

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/los-nombres-de-la-memoria/la-matanza-de-valderas-la-roja-o-la-moscu-de-espana-en-el-verano-de-1936

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El presidente Asociación para la Memoria Histórica rechaza pagar la tumba de Franco con dinero público

La suspensión por el Tribunal Supremo español de la exhumación del dictador Francisco Franco, enterrado en un monumento nacional, fue el último revés en la carrera de obstáculos que afrontan los defensores de la memoria histórica de la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior dictadura (1939-1975).

eldiario.es / EFE / Beatriz Díaz / 16-06-2019

“No se puede pagar la tumba de un dictador con dinero público”, afirma Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en España (ARMH), en una entrevista con Efe.

El dictador, fallecido en 1975, fue inhumado con todos los honores en la basílica del Valle de los Caídos, un monumento que ordenó construir en 1940 en las proximidades de Madrid y donde están enterrados más de 33.000 combatientes de ambos bandos de la guerra (republicanos y sublevados, conocidos como “nacionales”).

La asociación que preside Silva, creada en el año 2000 y dedicada a localizar a las víctimas de la represión durante la Guerra Civil y la dictadura, denuncia el uso que se hace de esta enorme construcción, que pretendía “ser más grande que el Vaticano”.

“Esto no ocurre en Portugal con Salazar, no ocurre en Italia con Mussolini, no ocurre con Trujillo en la República Dominicana, ni con Pinochet en Chile”, defiende el activista.

También la ONU instó a reconsiderar el inmenso monumento, recuerda Silva, tras la visita del Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Pablo de Greiff, que propuso convertirlo en un museo en su visita de 2014.

Y eso prometió el jefe del Ejecutivo español, el socialista Pedro Sánchez, cuando hace un año llegó al poder: sacar los restos del dictador para convertir el Valle de los Caídos en un centro de memoria y reconciliación.

Sus planes se vieron frustrados cuando el Tribunal Supremo decidió a comienzos de este mes paralizar la exhumación prevista para el 10 de junio, atendiendo al recurso presentado por la familia del dictador.

Para el responsable de la ARMH, el problema es que en España “se creó una especie de discurso oficial, que decía que la sociedad ya estaba reconciliada y tenía que mirar hacia delante”.

Ese “olvido de todos para todos”, que defendió la Ley de Amnistía española de 1977, acabó funcionando solo para unos cuantos porque a partir de la exhumación de su abuelo Emilio Silva Faba en el años 2000, la primera que se realizó en España, “empezó todo un movimiento de búsquedas de desaparecidos”.

Cuando Emilio Silva fue hasta el Bierzo, comarca de León (norte) donde vivió su abuelo, con la idea de ambientar una novela que estaba escribiendo, no imaginó que 20 años después lideraría una asociación que ha llegado hasta Japón y Australia, desde donde llegan peticiones para participar en ella.

Silva consiguió recuperar los restos de su abuelo, fusilado en 1936 y enterrado en una fosa común sin ningún tipo de identificación, y esa acción dio lugar a la asociación.

Con ella levantó una pesada losa que había caído sobre la historia española y que ha llevado a la exhumación de 9.000 personas más, que fueron enterradas sin identificar.

La lista no para de crecer, pero Silva se queja de la falta de apoyo de los gobiernos, que dificulta la recuperación de las 120.000 personas que aún hay desaparecidas en España, según estimaciones del Ministerio de Justicia de este país.

Además de encontrar restos de asesinados, también surgieron “los torturados, las madres a las que les habían robado los niños en las cárceles, la gente que no era afín al régimen en los años 50 y que no fue vacunada de poliomielitis”, explica.

“Yo no pensaba meterme en este lío, yo quería identificar a mi abuelo, enterrarlo con mi abuela y volver a mi vida”, cuenta Silva, quien no era consciente de “la dimensión que tenía el problema”.

Llamadas con número oculto, cartas anónimas, protagonistas y testigos directos del horror… la información que ayudó a devolver a miles de familias los cuerpos de sus allegados llegó “de la forma menos verosímil”, afirma.

Emilio Silva defiende que, con la exhumación de su abuelo hace 20 años, algo cambió en una parte de la sociedad española, que empezó a mirar al pasado de manera distinta y eso “convirtió algunos lugares en sitios incómodos”.

El Valle de los Caídos es uno de ellos y aunque su futuro es incierto, Silva está convencido de que “al final Franco va a salir de allí”.

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Fotografía destacada: El presidente Asociación para la Memoria Histórica rechaza pagar la tumba de Franco con dinero público

Fuente:https://www.eldiario.es/politica/presidente-Asociacion-Memoria-Historica-Franco_0_910609191.html

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Josep Sala, superviviente de los campos de concentración franquistas: “No éramos ni siquiera un número, no éramos nada”

A sus casi 100 años, este barcelonés de la Quinta del Biberón recuerda su periplo por distintos campos de concentración franquistas durante la Guerra Civil.

“La muerte nos rondaba, la sentía tan cerca…”, rememora este farmacéutico que luchó en el bando republicano.

eldiario.es / Pol Pareja / 15-06-2019

“Fssst fsst”, “brrum”. La prodigiosa memoria de Josep Sala (Barcelona, 1919) está repleta de onomatopeyas e imágenes para olvidar. Las balas de ametralladora silbando a pocos metros de su cabeza. Los morteros explotando a su lado. Las piernas colgando de un compañero, todavía vivo, tras ser bombardeados por un avión del bando nacional. El olor a heces y la insalubridad de los campos de concentración.

A sus casi cien años, Sala lo rememora ahora con precisión y detalles, pero no siempre fue así. Durante décadas, apenas habló con nadie de su periplo de más de tres años por el frente de la Guerra Civil, los campos de concentración franquistas y los trabajos forzados por toda España y el Norte de África.

Su aventura empezó en marzo de 1938, cuando tenía solo 18 años. “A esa edad te piensas que te vas a conquistar algo, estás emocionado”, recuerda este catalán nacido en el Raval de Barcelona. Sala, integrante de la llamada Quinta del Biberón, tardaría pocos meses en descubrir lo que era la Guerra Civil y ser prisionero del franquismo. “Me robaron hasta la personalidad, no éramos ni siquiera un número”, rememora pesaroso. “No éramos nada”.

La historia de Sala y del millón de españoles que pasaron por estos campos franquistas es una de las que faltaban por contar de la Guerra Civil. El periodista y colaborador de eldiario.es Carlos Hernández la detalla ahora en Los campos de concentración de Franco (Ediciones B), un libro que documenta, mediante archivos y testimonios de supervivientes, la existencia de hasta 296 campos de concentración franquistas -un 50% más de lo que se había calculado hasta ahora-. Según Hernández, en esos centros pudieron morir más de 10.000 presos.

Sala pasó por un campo de concentración en Zaragoza y después fue trasladado a los campos de Santa Ana y San Marcos, ambos en la ciudad de León. En este último lugar, convertido hoy en un lujoso Parador, conoció lo peor de la condición humana. “La muerte nos rondaba, la sentía tan cerca…”, rememora este anciano de ojos azules, frondoso pelo gris y tez arrugada. Sala recuerda con todo lujo de detalles el frío, el miedo, la falta de comida -“nos daban dos trozos de pan al día”- y la desconfianza que corría entre los presos. “Yo apenas hablaba, por eso creo que sobreviví”, remacha.

Josep Sala, a los 18 años, antes de irse al frente.

“Es verdad que podría haber sido peor”, matiza con su sonrisa perenne. Según su relato, a poco estuvo de ser ejecutado en el momento en que lo hicieron preso en la provincia de Lleida. Un brigada franquista le salvó la vida cuando ya estaba encañonado, bajo el pretexto de que ese día ya había muerto demasiada gente. Lo primero que le hicieron fue cambiarle sus botas por unas alpargatas. “Chaval, qué suerte tienes, para ti la guerra ya se ha acabado”, le dijo un soldado franquista. En ese momento pensó que era una frase vacía, pero el tiempo le dio la razón. “A partir de ahí lo pasé muy mal pero ya no recibí más tiros”, reconoce

El “viacrucis” de los campos de concentración

Esas alpargatas le acompañarían durante el duro invierno, una época que Sala define como un “viacrucis” en el que fue trasladado varias veces de campo de internamiento. Este farmacéutico recuerda perfectamente los problemas de salubridad que le azotaron durante su periplo por estos centros. Los “piojos a miles”, el picor constante, el agua imbebible, el hedor después de tres meses sin ducharse con la misma ropa interior… Y, al mismo tiempo, constatar cómo algunos compañeros desaparecían de un día para otro sin dejar rastro ni despedirse.

“La higiene era nula”, explica sentado en una cafetería de Barcelona. “El que se duchaba se arriesgaba a tener una pulmonía”. Sala recuerda especialmente los traslados entre campos de concentración, hacinados en trenes de mercancías. “Solo había un agujero para respirar. Defecábamos en nuestras manos y tirábamos las heces por el agujero”, rememora. “El vagón olía a rayos”.

¿Por qué apenas se ha hablado de los campos de concentración franquistas? Sala cree que durante la Transición se pactó dejar de lado la existencia de estos lugares, por donde pasaron entre 700.000 y un millón de presos. “Era un tema susceptible y en muchos campos había curas”, opina. “La Iglesia fue partícipe de todo esto”, añade. Hernández, el autor del libro, señalaba en una reciente entrevista con eldiario.es que la represión franquista fue tan grande que estos campos de concentración quedaron olvidados.

Sala se muestra “decepcionado” con la Transición y no entiende por qué a día de hoy siguen existiendo lugares como el Valle de los Caídos. “Debería ser un homenaje a todos los fallecidos en una guerra absurda que no sirvió de nada”, señala. “España sigue dividida porque una parte de la sociedad añora el franquismo, hay un sector al que le fue todo muy bien durante la dictadura”.

Sala, con 20 años, tras pasar por los campos de concentración franquistas.

Tras ser liberado de los campos de concentración, Sala empezó un periplo por toda España y el norte de África, destinado en una brigada de fortificación del ejército nacional. “El trato era inhumano”, recuerda de su estancia en Marruecos. “Trabajábamos a 53 grados, algunos desfallecían por culpa del calor”.

Finalmente, en 1942 pudo volver a casa. “A mí me cuesta mucho llorar, pero cuando llegué a la estación de Francia, tras todo lo que había pasado, no lo pude evitar”, recuerda Sala en el único momento de toda la entrevista en que se emociona. “Pensé que no podía ser verdad que estuviera vivo tras haber pasado por todo lo que pasé”.

A los pocos días de llegar, se puso a trabajar en una farmacia del barrio del Raval, de donde no se movió durante 40 años hasta el día de su jubilación. “Ahí conocí a putas, transexuales, traficantes, burdeles… Pero esto ya es otra historia de mi vida”.

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Fotografía destacada: Retrato de Josep Sala | SÒNIA CALVÓ

Fuente:https://www.eldiario.es/catalunya/Josep-Sala-superviviente-concentracion-franquista_0_909559492.html

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Lo último que vieron los fusilados y los últimos abuelos de la Guerra Civil, la cita con la memoria en PHotoESPAÑA

La XXII edición del festival de fotografía, que se celebra entre el 5 de junio y el 1 de septiembre de 2019 en Madrid, contiene varias exposiciones que invitan a abrir los ojos al pasado y al presente derivado de la contienda española.

“Quería rendir un homenaje a todos los abuelos de España”, cuenta a eldiario.es el fotógrafo Luis Areñas, que pasó dos años recorriendo pueblos y buscando a supervivientes de la Guerra Civil para retratarles.

eldiario.es / José Antonio Luna / 09-06-2019

En España hay más de 2.500 fosas comunes y, según cálculos del Ministerio de Justicia, unos 114.000 desaparecidos. Solo hay un país en el mundo que le supera en número de represaliados enterrados: Camboya. Además, los datos están desactualizados desde 2011, año en el que se paralizaron las partidas presupuestarias del Estado destinadas a la memoria histórica y a las subvenciones para buscar y exhumar víctimas. A los familiares de estas, aún intuyendo bajo qué tierra se encuentran sepultados sus seres queridos, solo les queda esperar con impotencia una solución que nunca llega.

España tiene una cuenta pendiente con la memoria que tampoco parece tener respuesta desde el lado jurisdiccional. El ejemplo más reciente es el de la decisión del Tribunal Supremo de paralizar la exhumación de Franco del Valle de los Caídos para “evitar el perjuicio que se causaría a los recurrentes”. Todo ello, mientras se referían al caudillo como “Jefe de Estado”. No hubo ninguna alusión al golpe de Estado, ni a la guerra ni a la represión de los opositores al régimen franquista.

Montes de Torozos II, Valladolid, 1936-1939. Los autobuses de línea que iban o venían a Valladolid tuvieron que detenerse muchas veces en ese punto por la existencia de patrullas en el cruce, y los viajeros podían ver las camionetas cargadas de gente e incluso alguna vez fueron testigos de la presencia de cuerpos en la carretera. El monumento a las víctimas del franquismo ha sido destrozado varias veces en el pasado. A finales de septiembre de 2013 se inauguró un tramo de la autopista que une Valladolid y León. Las obras han llegado muy cerca del área de las fosas comunes. AUTOR: MIQUEL GONZÁLEZ

“De Jefe de Estado nada. Franco fue un dictador y desde hace un año lo pone incluso en el Diccionario Biográfico de la Real Academia Española”, recrimina al ser preguntado sobre el tema por eldiario.es Miquel González, autor de una de las cuatro exposiciones de PHotoESPAÑA centradas en la Guerra Civil española que recibe el nombre de Memoria Perdida y que estará disponible hasta el 31 de julio en el Instituto Goethe de Madrid. Para aquellos que no se puedan desplazar hasta la capital, su página personal sirve como buena muestra del proyecto.

 El fotógrafo quiso capturar de cerca algunas de las muchas fosas que se encuentran repartidas por todo el país, pero no lo hizo de una forma cualquiera. Eligió la hora y la estación en la que fueron ejecutados quienes hoy permanecen bajo aquellos escombros.

“Quería acercarme lo máximo posible a lo que habían visto quienes fueron ejecutados e intentar tomar fotos en condiciones parecidas”, explica el experto sobre las razones que llevaron a visitar los Picos de Europa cubiertos por una capa de nieve. “Lo que sientes allí solo es muy raro. Impresiona”, añade.

O Candedo , Ourol, Lugo, 16.4.1938. Tres mujeres de la familia Casabella, María Xosé, Felicitas, su hija, y Encarna, su nieta, de 13 años, fueron asesinadas por falangistas. Acto seguido mataron el ganado y quemaron la casa y el trigo. Los falangistas intentaban cercar al miembro de la UGT Alejandro Templás. Templás escapó mal herido y murió poco después cerca de Ourol. Los cuerpos desaparecieron. AUTOR: MIQUEL GONZÁLEZ

González destaca dos emplazamientos que le conmovieron especialmente: el primero se sitúa en el pueblo Villalibre de la Jurisdicción (León), en el que “mataron a un chaval de 16 años que no quiso delatar a su hermano que estaba escondido como un topo en la bodega de la casa”. El segundo en Ourol (Lugo), donde gracias a los habitantes pudo saber que “mataron a una niña de 13 o 14 años junto a tres mujeres. Quemaron la casa, asesinaron al ganado y acabaron con sus cultivos”.

Los rostros de las historias

Luis Areñas, en cambio, ha decidido pasar dos años recorriendo pueblos y aldeas de España buscando supervivientes de la contienda. El proyecto tiene mucho de personal: su abuelo murió en el frente, en un pequeño pueblo de Zaragoza llamado Quinto. “Me fui hasta allí y en medio de las ruinas comenzó a funcionar mi imaginación. Tras eso empecé a preguntarle a mi madre un poco más sobre mi abuelo, aunque tampoco le gustaba mucho hablar de esas cosas”, recuerda el fotógrafo. Fue entonces cuando se le ocurrió una idea: rendir homenaje a su abuelo retratando a quienes, como él, lucharon en el frente.

Antonio Alaiz Canalís, combatiente en la Guerra Civil Española. AUTOR: LUIS AREÑAS.

La exposición Los Últimos. Retratos y testimonios de la Guerra Civil Española, disponible en el Centro de historias de Zaragoza hasta septiembre, refleja parte de un trabajo que además de fotos también tiene vídeos en los que los combatientes hablan a la cámara de sus vivencias. Y lo hace sin distinción de bandos, porque, según el fotógrafo, se trata de un “proyecto humanista” en el que lo que interesa son “las emociones de personas que cuando estuvieron en el frente tendrían 17 o 18 años, algunas de ellas sin ninguna ideología”. “Después de las entrevistas, muchos familiares me dijeron que su abuelo nunca les había contado aquellas historias. Para ellos también fue como descubrirle, y a mí se me ponía la piel de gallina”, rememora Areñas.

La relación entre el fotógrafo y el fotografiado, en este caso, era más estrecha que de costumbre. “He vivido momentos muy íntimos con esas personas, porque los veía y pensaba en mis antepasados. Había un vínculo fraternal muy intenso, ya que quería rendir homenaje a mi abuelo y también a todos los abuelos de España”, afirma el retratista.

Algunos de estos exsoldados ni siquiera alcanzaban la mayoría de edad cuando sostuvieron un fusil por primera vez, y que ahora puedan contarlo no tiene tanto que ver con su destreza en el campo de batalla como con la suerte. Al fotógrafo se le quedaron grabadas algunas de estas anécdotas: “Muchos me dijeron que habían vuelto a nacer tras la Guerra Civil, porque vieron cómo sus compañeros murieron por obuses que cayeron a escasa distancia de ellos. La diferencia entre la vida y la muerte a veces se jugaba por unos cuantos milímetros”.

“Reabrir heridas”, cuando ni se han cerrado

Monte de Estépar III, Burgos. Esta fosa común de 4,70 x 1,90 metros contenía 26 cuerpos en tres capas, asesinados entre agosto y octubre 1936. Las ejecuciones masivas se cometían amparándose en la oscuridad de la noche y, al contrario de lo que ocurría con la mayoría, los cuerpos no se dejaban expuestos durante días, sino que eran inmediatamente enterrados en las fosas comunes que habían sido preparadas previamente. Entre julio de 2014 y abril de 2015 se exhumaron 96 cuerpos de cuatro fosas comunes como esta. AUTOR: MIQUEL GONZÁLEZ

“Busca el enfrentamiento y no la reconciliación, busca la división y no la unión, busca reabrir heridas, y no cerrarlas”, dijo el año pasado José Luis Martínez Almeida, probablemente próximo alcalde de la capital por el PP, con motivo de la exposición No pasarán. Madrid 1936. Pero no es el único del grupo político en hacer tales declaraciones. La senadora Ester Muñoz se burló el pasado mes de febrero de que presupuestaran 15 millones para que “desentierren unos huesos en lugar de mejorar a los jueces y fiscales”.

“No creo que sea reabrir heridas, sino dejar hablar a las personas que estuvieron, y no a otros que toman algunos papeles activos cuando ni siquiera formaron parte de aquello. Yo tampoco estuve, entonces qué voy a opinar de eso. Me callo, escucho, hago fotos y transmito lo que me dicen”, apunta Luis Areñas.

Tresviso III (La Mesa), Cantabria. 11. 1937. Avelino Fernández Bravo, de 29 años y casado, fue asesinado y enterrado en el paraje de La Mesa, en un prado de la Llosona en Tresviso. El militante de la CNT que combatió como miliciano con el grado de teniente en el Batallón 257 del Ejército del Norte se estaba dirigiendo a su casa tras la caída del frente del norte AUTOR: MIQUEL GONZÁLEZ

Miquel González, que da charlas en Holanda sobre memoria histórica, cuenta cómo los asistentes se sorprenden cada vez que hace referencia al caso español. “Un dictador debajo de una cruz, en un monumento tan grande como no se ha visto en ninguna otra parte… No sé, hay un tal Rudolf Hess en Alemania cuyos restos al final tiraron al mar, ya que iban muchos fascistas de peregrinaje a su tumba”, destaca el fotógrafo, que también lamenta que el gobierno actual “dedique tanta energía a Franco y no en abrir fosas, que hay muchas”.

Señalar a exposiciones sobre la Guerra Civil por “reabrir heridas” es, en cierto modo, coartar el derecho de quienes todavía hoy buscan contar qué vivieron durante la contienda. Es lo que ocurre con Antonio, con Juana o con Baltasar, algunos de los retratados por Areñas. “¿No hay que escucharlos? ¿No hay que respetar o al menos considerar sus testimonios? A lo mejor proponen preguntas que son interesantes volver a poner sobre la mesa, porque la memoria corresponde a toda una sociedad”, se pregunta. Porque realidad, a pesar de los años y de las barreras, siempre acaba removiéndose y emergiendo a la superficie.

Martín Fernández Alberdi, combatiente en la Guerra Civil española AUTOR: MIQUEL GONZÁLEZ

Dos exposiciones más

Además de los trabajos de Luis Areñas y Miquel González, PHotoESPAÑA cuenta con otras dos exposiciones interesantes si se quiere continuar explorando las consecuencias de la Guerra Civil española.

La primera de ellas es de Joel Meyerowitz, que se encuentra disponible en Casa de América (Madrid) hasta finales de julio. Se trata de una recopilación de 98 fotografías tomadas en Málaga entre 1966 y 1967, en un país en transformación social y política con motivo de una dictadura que parecía llegar a su fin.

La segunda es de Nicolás Muller, y está expuesta al aire libre en la calle Bulevar Salvador Allende de Alcobendas (Madrid). Muller es un gran retratista que se afincó en España en 1947 y que no tuvo reparo en recorrer parte del país inmortalizando a grandes intelectuales de la época como a Pío Baroja paseando por el parque del Retiro.

 

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Fotografía destacada: De izquierda a derecha: Virgilio Fernández del Real, Juana María Sánchez Rubio y Baltasar Delgado, combatientes y testigos de la Guerra Civil española | FOTOGRAFÍAS DE LUIS AREÑAS.

Fuente:https://www.eldiario.es/cultura/arte/exposiciones-PhotoESPANA-Guerra-Civil-fotograficos_0_907459554.html

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“En España, el franquismo no está verdaderamente muerto” afirma Le Journal du Dimanche

La suspensión de la exhumación de Franco por parte del Supremo y las dificultades que tiene España para afrontar su pasado vuelven una vez más a ser destacadas en una cabecera internacional. En esta ocasión es el periódico semanal francés quien en un artículo que firma Antoine Malo y apunta que en España tocar el “fantasma del franquismo es como manejar nitroglicerina”. Sostiene que la España moderna no se liberó completamente del franquismo porque “sus padres no quisieron” al priorizarse la transición al democracia y el funcionamiento del país, pero esto sigue generando y alimentando muchas cuestiones polémicas en el país.

radiocable.com / 10-06-2019

Le Journal du Dimanche explica que la justicia española suspendió el traslado de los restos de Franco, que iba a tener lugar este lunes 10 de junio, “para deleite de los nostálgicos de la dictadura”. Añade que esto implica que la exhumación aún puede tardar meses o… años.  Y apunta que esto evidencia que cuarenta y cuatro años después de la muestre de Franco, “tocar su fantasma equivale a manipular nitroglicerina”. Cita tanto a Luis Felipe Utrera Molina, abogado de la familia Franco que celebra la “victoria judicial” y reivindica la figura del dictador como a Bonifacio Sánchez, de la ARMH, que señala que la decisión del Supremo también pone de relieve que el “lobby franquista aún es lo suficientemente poderoso” sobre instituciones como justicia, ejército, policía o iglesia.

El reportaje aunque resalta que Utrera Molina asegura que esto es falso y que el franquismo murió en 1977, ironiza “¿En serio? ¿Por qué entonces la asistencia al Valle de los Caídos ha aumentado un 18% en 2018 y la Fundación Franco ha recibido 700 nuevos miembros?” Menciona también la existencia de una ruta de bares “abiertamente franquistas”. Sostiene que la España moderna no se liberó completamente del franquismo porque “sus padres no quisieron”, al priorizarse el avanzar en la Transición democrática y el temor a prescindir de los funcionarios que habían dirigido el país. Pero el JDD advierte “negar la historia nunca es sabio, ya que siempre termina regresando”.  Y en este contexto enmarca las polémicas por las fosas comunes, las dificultades para cumplir con la Ley de Memoria Histórica, la ambigüedad del PP con el régimen o el auge de Vox que se ha “apoderado del nacionalismo latente en España”.

Le Journal du Dimanche es un periódico semanal francés creado en 1948 y que se publica los domingos. Pertenece al Grupo Lagardere, que controla el antiguo Hachette Filipacchi Médias y revistas como Elle o Paris Match. Su línea editorial es de centro derecha y su circulación en 2018 superaba los 156.000 ejemplares, siendo el más leído por los altos ejecutivos franceses, por delante de Les Echos y Le Monde. A pesar de ser un semanario, su website se actualiza diariamente.

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Fuente:http://www.radiocable.com/jdd-franquismo-no-muerto-esp428.html

 

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El franquismo, ¿un grillete en el tobillo del Tribunal Supremo?

¿Alguien imagina que en un documento oficial, el teniente coronel Tejero que entró en el Parlamento al grito de “quieto todo el mundo” fuera considerado, presidente del Congreso de los Diputados?.

eldiario.es / Emilio Silva / 08-06-2019

“En consecuencia determinamos que el teniente coronel Antonio Tejero, durante las horas en las que estuvo al mando del Congreso de los Diputados, entre la tarde de 23 de febrero de 1981 y las primeras horas del 24, en las que había dimitido el presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, y no llegó a ser investido Leopoldo Calvo Sotelo, puede considerarse que fue presidente del Parlamento y presidente del Gobierno de España”.

¿Alguien imagina que en un documento oficial, el teniente coronel de la guardia civil que entró al hemiciclo del Parlamento al grito de “quieto todo el mundo” fuera considerado, presidente del Congreso de los Diputados? Pues el Tribunal Supremo, al reconocer en un auto la jefatura del Estado al general golpista Francisco Franco, a partir del 1 de octubre de 1936, ha hecho algo bastante parecido. ¿Ha sido casual?

En el informe sobre España, del relator de la ONU para la Verdad, la Justicia, la Reparación y las Garantías de No Repetición, Pablo de Greiff, se señalaban algunas carencias del poder judicial español, especialmente en “los programas de formación de jueces en materia de derechos humanos… Sorprende que sus programas de formación no hagan referencia a las obligaciones del Estado en materia de persecución penal de delitos internacionales, como el genocidio, los crímenes de lesa humanidad y los crímenes de guerra”.

Salvo excepciones señaladas, la formación en materia de Derechos Humanos de la judicatura española es totalmente deficitaria y esto afecta de forma acentuada a los miembros del Tribunal Supremo, que comenzaron su formación judicial hace más de treinta años. Alguien ha diseñado esa ignorancia en materia de derecho humanitario y ha sido sin duda la misma élite que durante décadas no ha querido que se estudie en los colegios la represión franquista, que el tratamiento cinematográfico de la dictadura sea en general subvencionadamente laxo o que la impunidad de los crímenes de la dictadura sea un muro jamás resquebrajado.

El reconocimiento por parte de la sección cuarta del Contencioso Administrativo del Tribunal Supremo, fechando el 1 de octubre de 1936 como el inicio de la jefatura de Estado del dictador Francisco Franco no es casual. No lo es cuando el auto confunde adecuadamente el interés general con los objetivos de los herederos del dictador, cuando utiliza su jefatura del Estado como un argumento a su favor, sin llamarlo dictador ni golpista en ningún momento y sin mencionar a sus miles de víctimas que son hoy obligadas a pagar con sus impuestos la tumba del dictador.

El 1 de octubre de 1936, aunque realmente la decisión fue el 29 de septiembre, en Burgos, una ciudad lejana al frente, el general Franco se autoproclama, con ayuda de otros cuatro golpistas engalonados, jefe del Estado. Felicitado por la Alemania nazi, la Italia fascista y el estado Vaticano, Franco utilizará la fecha de su advenimiento a esa inexistente jefatura del Estado como un hito en la historia del “renacer” de España.

“El 1º de octubre próximo se cumple el primer aniversario del momento histórico en que asumiendo por gracia de Dios y verdadera voluntad España, los máximos poderes, fue solemnemente proclamado jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos nacionales de tierra, mar y aire el excelentísimo señor general don Francisco Franco y Bahamonde, jefe nacional de Falange Española Tradicionalista y de las JONS, Caudillo Supremo del movimiento Salvador de España….

España, la España nacional, consciente de cuánto debe a su Caudillo anhela rendirle en la fecha memorable que se avecina el homenaje de adhesión y gratitud que le es debido. Por lo expuesto y recogiendo el sentir unánime de este nuestro Pueblo Español, se dispone: Artículo 1: Se establece la Fiesta Nacional del Caudillo que se celebra anualmente el 1º de octubre para conmemorar la fecha en que fue proclamado jefe del Estado Español el excelentísimo Sr.D. Francisco Franco Bahamonde”.

Esta orden apareció en el boletín oficial franquista el 28 de septiembre de 1937, dictada por la Presidencia de la Junta Técnica del Estado. Así constituyó la dictadura el 1 de octubre como una de sus fechas fundacionales, festiva, exaltadora y promocionada para nombrar avenidas, hospitales y colegios. Después de que en democracia desaparecieran muchos de esos nombres la fecha quedó disuelta en el calendario, como un recuerdo para la gente mayor y ningún significado para la menor.

Durante los últimos años, uno de los principales argumentos conservadores de quienes defienden indirectamente el franquismo criticando la recuperación de la memoria histórica es que los perdedores de la guerra y sus descendientes quieren cambiar la historia. Pero quiénes realmente la quieren cambiar son los que inventan una legitimidad inexistente, una versión revisionista que acaba de ser respaldada, nada más y nada menos, que por toda una sala del Tribunal Supremo y por unanimidad.

El 10 de mayo de 1936, en el Palacio de Cristal del Parque del Retiro de Madrid se reúnen 911 compromisarios elegidos en todo el territorio español por sufragio universal. Tenían que nombrar al presidente del Gobierno de la República. Manuel Azaña recibió 754 de los 847 votos emitidos. Seguidamente, en el Palacio Nacional, hoy Palacio Real, se hizo el acto institucional, desfiló la policía, el ejército, fue una jornada tranquila de una democracia y sólo faltaban dos meses para el 18 de julio.

El 1 de octubre de 1936, cuando el general golpista Francisco Franco leía el telegrama de Rudolf Hess que en nombre de Adolf Hitler le felicitaba, el presidente del Gobierno era Manuel Azaña. Mientras Franco y sus “generalazos” le gritaban a la democracia de 1936 “quieto todo el mundo”, y llenaban las cunetas de hombres y mujeres que habían construido nuestras primeras urnas con sufragio universal, quienes creían en el pueblo, quienes estaban construyendo un país gobernado por la ciudadanía y no por los látigos de los terratenientes, ni los púlpitos, ni los cañones.

Ese mismo 1 de octubre, el presidente Manuel Azaña, el que murió en Francia a punto de ser detenido por la Gestapo que quería entregárselo a Franco, firmaba un decreto “para crear 5.300 plazas de Maestros y Maestras con destino a Escuelas nacionales” y habilitaba “un crédito extraordinario de siete millones novecientas noventa y ocho mil pesetas anuales y un millón novecientas noventa y nueve mil quinientas efectivas para la creación, a partir del 1.° de octubre del año en curso (1936), de 2.666 plazas de dicha clase, con el sueldo anual de tres mil pesetas”.

Unos destruían España y otros la seguían construyendo. Y quien hizo todo ese daño, quien asesinó a miles de maestros y maestras, quien dejó 114.226 personas desaparecidas en las cunetas, es reconocido por el Tribunal Supremo de 2019 como legítimo jefe de Estado, aunque fuera autoproclamado por la pólvora y la sangre. La sala del Supremo, colocando uno de sus pies fuera de la democracia, considera que el Caudillo tiene derecho a un tratamiento especial y por eso suspende cautelarmente una decisión del Congreso de los Diputados.

España en su laberinto, en su jaula invisible, en su siglo XIX del eterno retorno, con su jerarquía católica rancia y empoderada, su élite inculta y carpetovetónica, y su Poder Judicial inmaculado, que jamás ha juzgado y condenado una sola de las violaciones de Derechos Humanos del dictador. Dice la sala del Supremo que toma la decisión de que el cuerpo del dictador permanezca en el Valle de los Caídos por el interés general, pero lo hace, más bien, por un interés generalísimo. Y ese hombre, Azaña, el que firmó el decreto para crear 5.300 plazas de maestros y maestras, en plena guerra, en plena agresión fascista, yace enterrado fuera de su patria, en sus márgenes, fuera de la jurisdicción de ese tribunal que hace hoy apología del franquismo.

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Fotografía destacada: La tumba de Franco en el Valle de los Caídos, con flores frescas

Fuente:https://www.eldiario.es/zonacritica/franquismo-grillete-tobillo-Tribunal-Supremo_6_907869213.html

Publicado por ARMH
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Ángel vuelve a casa (en Agones) 82 años después

El sobrino de este praviano fusilado en La Canalona, en 1937, recupera sus restos. Las excavaciones no han podido recuperar los restos de su padre asesinado al mismo tiempo.

lavozdeasturias.es / Nacho G. Ruano / 08-06-2019

«Toda la vida, cada vez que pasábamos por delante, nuestra madre nos decía que ahí estaban enterrados nuestro padre y nuestro tío», confiesa Ángel Fernández, hijo y sobrino de los dos pravianos fusilados en la Nochebuena de 1937, en La Canalona. Vivían en Agones, a un kilómetro de donde fueron ejecutados. Su padre había cumplido 20 años. Su tío, 31. Ocho décadas de sufrimiento familiar llegan a su fin. El impulsor de la exhumación de esta fosa común ya puede vivir tranquilo, sabiendo que ha hecho todo lo que estaba en su mano para recuperar a sus dos familiares sepultados. No obstante, tiene una espina clavada. Han localizado los restos de su tío pero no los de su padre. Posibles corrimientos del terreno han imposibilitado localizar su cuerpo. Se muestra satisfecho porque todos los implicados en la excavación «han llegado al límite de sus fuerzas». Hoy, Ángel Fernández, el asesinado hace 82 años, regresa a casa. Un acto simbólico organizado en el Ayuntamiento de Pravia servirá para arropar a toda la familia.

Una noche cambió por completo la vida de Ángel Fernández. Era la Nochebuena de 1937. «Mi madre me tenía en brazos cuando los falangistas llamaron a casa y pidieron salir a mi padre y mi tío. Tenía año y medio cuando ocurrió», explica. Desde entonces, ha vivido con la determinación de desenterrar a sus dos familiares, y no ha cejado en su empeño hasta poder cumplir este objetivo. «Una persona lo da todo por su padre. He querido mucho siempre a mi madre, pero he tenido que convivir con el hecho de que los demás niños tenían padre y yo no», afirma.

El hecho de no haber conocido a su progenitor le marcó durante toda la vida, y siempre se planteó qué hubiera sido de él y de su madre si la historia hubiera sido diferente. «Siempre piensas en tu padre cuando no está, y ves a los demás hijos con los suyos… Mi madre y yo tuvimos que comer solos desde el día que lo fusilaron», comenta. La supervivencia de la familia pasó por las tierras que cultivaban y las vacas que tenían en propiedad, por lo que desde muy pequeño Ángel Fernández trabajó en el campo y ayudó a su madre a sacar la casa adelante.

«Con 12 años ya colaboraba con las labores de la tierra, y entonces trabajaba mucho más que alguno de 25 de ahora», defiende. Al cumplir los 16 años ya cobraba un salario fuera de su casa mientras seguía echando una mano a su madre, y fruto de este esfuerzo, y con la cooperación de todo el pueblo, esta familia se labró un futuro. «Mi madre nunca tuvo deudas y nos dio todo lo que estaba en su mano para que no nos faltara nada», afirma.

La vida le reservó la gran oportunidad de recuperar los restos de sus familiares con más de 80 años cumplidos, aunque la edad no le afectó en lo más mínimo en sus ganas de desenterrar a su padre y su tío. Prueba de ello es que en todo el proceso fue el que llevó el peso de la iniciativa por parte de la familia, y su implicación le llevó a ponerse manos a la obra e, incluso, coger un hacha para cortar las raíces que bloqueaban la excavación de la fosa. Ocho décadas después, el deseo de este praviano se ha cumplido por fin.

 ¿Cómo fue la exhumación de Ángel Fernández?

Los intentos de la familia de desenterrar a sus antepasados se remontan años atrás. Ya comentaron el tema con el anterior alcalde de Pravia, Antonio de Luis, pero ha sido el último el que aceleró la maquinaria.Entonces, declara Pilar Fernández, hija de Ángel Fernández, impulsor de la exhumación y nieta y sobrinanieta de los fusilados, se pudo «pasar el primer escalón». A partir de ese momento ,se preparó la prospección del terreno y se comenzó a trabajar en los preparativos para explorar la zona en la que estaban localizados los dos familiares. Además, contaban con la ventaja de que un testigo de la época mantuvo en su memoria el lugar donde fueron fusilados y enterrados.

Un joven de unos 14 años pasó días después de la ejecución de Ángel y Manuel Fernández cerca del foso, se encontró con los cuerpos al descubierto y, de la impresión, los cubrió con un par de piedras a modo de señalización. A pesar de su fallecimiento, su hijo recogió el testimonio, y la localización de los dos pravianos fusilados estaba clara. Sin embargo, una vez se llegó al lugar donde se encontraban estas rocas, todo se complicó.

«Descubrimos que el lugar había cambiado por completo en estos 80 años, ahora estaba todo cubierto de eucaliptos, con lo que había deteriorado el terreno.Además, la carretera que se halla cerca de esta fosa había modificado el suelo de tal forma que las labores de exhumación se complicaron», afirma Arantxa Margolles, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Los voluntarios se vieron obligados a profundizar mucho más de lo planeado para llegar a los restos de Ángel Fernández y su hermano Manuel, alcanzando cerca de 15 metros de profundidad. A pesar de encontrar al primero, no se pudo hallar a Manuel Fernández, pero no perdieron la esperanza: confiaban en que el cuerpo se había desplazado al haber cambiado tanto el terreno, como le ocurrió a los restos de Ángel. El hallazgo a pocos metros de los huesos hallados generó optimismo en las filas de las personas que participaban en la exhumación.

«Encontramos a poca distancia de los restos una bala que se había encasquillado, y tuvimos la idea de que se trataba de un disparo fallido que había permitido a una persona correr para luego ser fusilada. Por ello continuamos excavando un poco más, pero no pudimos localizar a Manuel», comenta Margolles. Sin embargo, añade que este hallazgo fue un alivio para la familia, ya que uno de sus antepasados puede regresar a casa después de 80 años. El papel de Ángel Fernández, hijo y sobrino de los fallecidos, fue clave en todo el proceso de exhumación al «llevar él todo el peso de la familia en la exhumación», declara su hija.

«Temíamos que todo esto le pasara factura a mi padre»

Pilar Fernández narra la emoción que se respiraba en el momento en que aparecieron los primeros huesos en la fosa. «Mi padre estaba en la otra punta, y salió corriendo tan rápido que pensamos que se iba a caer», explica. La dificultad del terreno, unido a la edad de Ángel Fernández, 83 años, explicaban el miedo de la familia a un traspiés del padre. Además, la tensión, el nerviosismo y el estrés generado en esa dura jornada hacían temer a la hija que le pudiera ocurrir algo a su progenitor, ya que «lleva un vida tranquila, de jubilado, y tanta impresión en tan poco tiempo podía perjudicarle y pasarle factura», afirma Pilar Fernández. Sin embargo, sostiene que su padre «ya puede morir tranquilo».

El desarrollo de esa jornada no invitaba al optimismo, ya que tras una dura mañana de trabajo no se llegó a atisbar ningún resto de Ángel o Manuel. Por ello los ánimos, afirma la hija, eran bajos y los nervios estaban a flor de piel. Hasta las 17.00 horas no se hallaron los primeros restos, y ese descubrimiento despertó el júbilo de los ahí presentes, especialmente el del padre, que rompió a llorar en el acto. «Nada más ver el cráneo en la fosa, se le cayeron las lágrimas, porque era un momento muy esperado y emotivo para él», comenta Pilar Fernández.

Con la confianza de que este caso siente precedente

La exhumación de Ángel Fernández cierra más de ocho décadas de sufrimiento para su sobrino, aunque no se trata ni mucho menos del único fusilado en Asturias por el franquismo. La familia y la ARMH confían en que este caso suponga un antes y un después en la región, y que más personas reclamen y luchen por recuperar los restos de los cientos de antepasados que yacen en cunetas y fosas en la comunidad. Para la hija del impulsor de la exhumación, esto se trata de la «asignatura pendiente de la democracia». «Se debería haber hecho antes, no puede ser que hayamos tardado cuarenta años de democracia para poder desenterrar a nuestros seres queridos. En otros países esto ya se llevó a cabo mucho antes», critica Pilar Fernández, que censura que todavía existan tantas personas «enterrada en cunetas como si fueran basura». Ángel vuelve a casa 82 años después, pero todavía hay muchos otros Ángeles ahí fuera.

Imagen de la familia Fernández de Pravia, que sufrió el fusilamiento de varios de sus miembros – ARMH

Fosa de la Canalona, en Pravia – ARMH

Imágenes de la exhumación de Ángel Fernández en la fosa de la Canalona – ARMH

Imágenes de la exhumación de Ángel Fernández en la fosa de la Canalona – ARMH

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Fotografía destacada: Fotografía de Ángel Fernández cuando era un niño

Fuente:https://www.lavozdeasturias.es/noticia/asturias/2019/06/06/angel-vuelve-casa-82-anos-despues/00031559832191970141974.htm

Publicado por ARMH