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Las 105 víctimas del franquismo que han sido exhumadas gracias a Argentina

Argentina está investigando crímenes del franquismo y ha hecho cuatro peticiones para abrir fosas. Tres han sido rechazadas por juzgados españoles.

El caso de Timoteo Mendieta en Guadalajara es el único en el que ha salido adelante, con la recuperación de decenas de cuerpos.

Mientras la justicia argentina considera las desapariciones forzosas del franquismo como crímenes de genocidio y lesa humanidad, España los considera crímenes comunes y prescritos.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 02-06-2017

La justicia argentina ha pedido cuatro veces a España que abra fosas comunes de Franco y en tres ocasiones la respuesta ha sido negativa. El único caso que ha sido aceptado es el de Timoteo Mendieta en Guadalajara y ha permitido recuperar los restos óseos de otras 50 personas mientras se buscaba a Mendieta.

La justicia española sin embargo ha devuelto tres exhortos del país austral: el de una petición que España ha clasificado de “confidencial” para exhumar en el Valle de los Caídos, la del represaliado Cipriano Martos, obligado a beber ácido, en Cataluña, y el de la mayor fosa común de Baleares.

Pese a la negativa de los juzgados españoles, la conocida como “fosa de Mallorca” sí salió adelante excepcionalmente, gracias a la colaboración entre el Govern balear, el Ayuntamiento de Porreres y asociaciones de Memoria Histórica, que sortearon la sentencia contraria de la justicia y lograron sacar de la tierra a 55 ejecutados por el franquismo. En total, directa e indirectamente, Argentina tiene el mérito de haber logrado desenterrar 105 cuerpos de víctimas de Franco.

¿Por qué Argentina pide y España niega? Las peticiones de intervenir en fosas del franquismo parten de las denuncias por desaparición forzada incluidas en la denominada querella argentina. De ahí, la jueza  María Servini de Cubría, que lleva el caso de la querella argentina, remite desde Buenos Aires el requerimiento a jueces españoles que han dado un “no” por respuesta en tres de estos cuatro casos.

La diferencia fundamental entre uno y otro país es la calificación de los crímenes de Franco. Para España son delitos comunes. Para Argentina se trata de crímenes por genocidio y lesa humanidad. ¿Qué motivos alegan los juzgados españoles para no atender los exhortos argentinos? Aplican la Ley de Amnistía, alegan que los crímenes han prescrito o inciden en que los hechos que se intentan investigar competen a la justicia española. Esas son las tres fundamentaciones principales de las comunicaciones denegatorias.

La misma interpretación que subraya la Fiscalía General del Estado en la circular enviada a las sedes judiciales como  guía para que los fiscales provinciales puedan negar el auxilio judicial y torpedear la investigación del franquismo que lleva a cabo Argentina. Esta orden interna del Ministerio Público acusaba a Servini de un interés “ajeno” a la justicia y recordaba la causa contra el exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por actuar como ella.

Del otro lado, Servini señala la imprescriptibilidad de las violaciones de los derechos humanos. Y de esta “forma diferente de plantear los hechos” llega el bloqueo de España, advierte Ana Messuti, abogada de la querella argentina.

Como ejemplo de la interpretación dispar, el Juzgado de Instrucción número 4 de Reus (Tarragona) dice que la razón de no ejecución y devolución del exhorto que pedía la exhumación de Cipriano Martos “es que no se aprecia relación alguna entre el auto judicial y la narración de los hechos”, afirma Messuti. Es decir, lo que para Argentina “es una sola causa de crímenes contra la humanidad” para España son “casos concretos”, comunes, y esto invalida la petición.

“Uno de los huesos” de Timoteo Mendieta

Con estas tres negativas (aunque el caso Mallorca se acabara resolviendo por otra vía), solo hay un caso bajo tutela internacional, el de Timoteo Mendieta. Un juzgado de Guadalajara (Castilla-La Mancha) recogía el guante del exhorto argentino y la exhumación se llevaba a cabo en enero de 2016 en el cementerio local y rescató a 22 desaparecidos forzados en presencia de Ascensión Mendieta, hija de Timoteo y querellante en la causa contra los crímenes del franquismo.

El juez decano de Guadalajara Jesús Villegas (i), saluda a Ascensión Mendieta, hija de Timoteo Mendieta, represaliado del franquismo, durante la segunda exhumación en el cementerio de Guadalajara. | EFE

Pero ninguno de los huesos pertenecía al padre de Ascensión, según el resultado de las muestras genéticas. La nueva oportunidad llegó en mayo de 2017 después de que el Juzgado número 1 de Guadalajara atendiera otro exhorto dictado por la jueza Servini y remitido por el Ministerio de Justicia español. La intervención del equipo arqueológico de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha exhumado a otros 28 represaliados por el franquismo (cuatro de ellos en enterramientos individuales) sumando un total de 50 víctimas asociadas al ‘caso Mendieta’ y que ha tenido un  efecto llamada para otras 15 familias.

Ascensión “sabe que ha sido asesinado, también sabe dónde se encuentran sus restos, pero nunca ha podido darle la sepultura que todo ser humano merece”, resume Ana Messuti como paradigma del olvido español a las víctimas del franquismo. Recuerda además un momento clave que propició que Argentina iniciara las peticiones de exhumación de fosas en España cuando Asunción Mendieta viajó a Buenos Aires con casi 90 años, “tomó la palabra” ante la jueza Servini y le pidió “sólo una cosa”: que le ayudara a encontrar “los restos de su padre” para, a su muerte, “llevarse consigo uno de los huesos”.

Cipriano Martos y su hermano, Antonio.

Martos, el último desaparecido del franquismo

En la solicitud de exhumación en el  Valle de los Caídos, la petición a través de la querella argentina fue rechazada y quedó casi silenciada por la “obligación de confidencialidad” del caso, según han relatado las fuentes consultadas por eldiario.es. No trascendió la identidad de la persona buscada ni del querellante.

Del otro caso rechazado sí se saben nombre y apellidos. Y cómo fue asesinado: Cipriano Martos, obligado a beber ácido en un cuartel de la Guardia Civil. Corría el año 1973 cuando fue detenido y torturado por repartir propaganda antifranquista. Luego le dieron el ‘cóctel de la verdad’. Murió a los pocos días y quedó enterrado en una fosa de beneficencia en el cementerio de Reus (Tarragona). Es el último desaparecido del franquismo.

A Cipriano “lo cogieron en la calle” por antifranquista y en un cuartel de la Guardia Civil fue obligado a tomar ácido. Su hermano quiere saber “la pura verdad de lo que hicieron con él, que se abra la tierra y sacar los restos”.

La familia Martos, emigrantes andaluces de  Huétor Tájar (Granada), participan como querellantes en la única causa que juzga los crímenes del franquismo, en el país austral. De ahí, y en una petición de la jueza Servini de Cubría, un juzgado de Sabadell (Barcelona)  tomó declaración a Antonio, el hermano de Cipriano. Un magistrado recogió el guante de la toma de declaraciones indagatorias, pero otro rechazó la búsqueda de los restos de Cipriano.

“Lo cogieron en la calle porque tenía un carnet clandestino del Partido Comunista de España Marxista-Leninista”, recuerda su hermano Antonio. Militó también en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). “Prefería pasar hambre antes que ver a otra persona pasarla”, refiere para escenificar el “compromiso” social de Cipriano. “Hasta que cayó en sus manos”, repite. Desde entonces quiere ofrecer a su hermano una digna sepultura. “Quiero que se haga justicia, claro, pero más saber la pura verdad de lo que hicieron con él, que se abra la tierra y sacar los restos”.

La “fosa de Mallorca”, la mayor de Baleares

Trabajos de exhumación de la fosa de Porreres. | EFE

“El caso de Cipriano es muy importante”, dice Ana Messuti. Por sus características: el tipo de asesinato y la época, en los estertores del régimen de Franco. Y porque, a diferencia del juez de Guadalajara “que da cumplimiento al tratado internacional”, el Juzgado de Instrucción número 4 de Reus “no aceptó el exhorto remitido desde la justicia argentina”. La asociación Xarxa Catalana i Balear de Suport a la Querella Argentina contra els crims del franquisme critica “la posición de los jueces” que se escudan en el mandato de la Fiscalía.

El exhorto argentino para abrir  la mayor fosa común que la guerra civil española dejó en Baleares tampoco fue atendido por la justicia española. Pero la exhumación fue posible por la implicación del Govern Balear, el Ayuntamiento de Porreres, la Associació per la Recuperació de la Memòria Històrica de Mallorca y la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que realizó la intervención arqueológica.

El primer proceso rescató del cementerio de Porreres los restos óseos de 55 personas –a finales del año 2016– y una segunda intervención espera elevar la cifra a alrededor de 120 víctimas. Al enterramiento ilegal se le conoce como la “fosa de Mallorca” porque los golpistas arrojaron allí a ejecutados de unos 30 pueblos. El colectivo Memòria de Mallorca interpuso además una denuncia penal por delitos de lesa humanidad (ante el Decanato de los juzgados de instrucción de Manacor) por aquellos asesinatos ocurridos entre 1936 y 1937 en el oratorio de la Creu de Porreres.

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Fotografía destacada: Primera exhumación en el cementerio de Guadalajara, en enero de 2016. | ARMH

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/victimas-franquismo-Argentina-fosas-Espana_0_648835693.html

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La memoria en los huesos

Sobre la mesa de autopsias del cementerio de Guadalajara, los esqueletos, las calaveras agujereadas de los fusilados republicanos cuentan su historia.

ctxt.es / Cristina Fallarás / 31-05-2017

“Franco murió y ha continuado durante 40 años más. La gente no lo ve como un criminal, a lo sumo como una vergüenza familiar… como un embarazo no deseado. Para mí es una de las vergüenzas más grandes de Europa. ¡Estamos hablando de un país civilizado de Europa occidental! Vienen millones de turistas al año aquí y creen que hay muchas cosas modernas, pero aquí, por debajo, hay algo que yo he visto en Ruanda. Y nadie quiere hablar de ello. Me parece increíble. ¡Increíble, único!”.

Larry Owens, forense británico, voluntario en las exhumaciones de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en el Cementerio de Guadalajara.

La memoria

Sentada en una banqueta que le han colocado a la sombra de un toldillo, Ascensión Mendieta recuerda la primera vez que su madre, María Ibarra, su hermana Paz y ella se acercaron al Ayuntamiento de Guadalajara a reclamar los huesos de su padre, fusilado el 16 de noviembre de 1939. “Uy, eso, eso es historia ya, nos dijo un señor de la oficina… sí, así nos lo dijo”. A su derecha, la fosa número 1 guarda en su vientre el último fusilado por exhumar, allá abajo, cuatro metros hacia la oscura entraña. Si Ascensión se asomara, vería cómo el esqueleto llamado “Individuo 24” muestra ya su descarnada mitad superior.

Una joven arqueóloga recorre el contorno de la fosa con una brocha gorda de pintor. El sol de finales de mayo pica a las 6 de la tarde. La chica no lo sabe, pero antes de que pasen 15 horas, una forense llamada Shelley Jones y llegada de Londres introducirá el dedo índice de su mano derecha enguantado en látex azul por el orificio que dejó la bala en la parte posterior de ese cráneo por el que pasa la brocha. Agujeros en la tierra, agujeros en los cráneos, agujeros de bala en los muros, agujeros en la memoria. Piedra pómez.

Ascensión Mendieta conversa con René, el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria, al pie de la Fosa 1 / Óscar Rodríguez / ARMH

Ascensión es una mujer menuda y clara. Su elegancia de hilo blanco soleado parece inquebrantable. Su voluntad de dar con los huesos de su padre no lo parece: es inquebrantable. “Mi hermana se llamaba Paz, Paz Mendieta Ibarra. Pobrecita mi hermana, murió hace cinco años. Murió con la pena de no ver a mi padre. Hemos venido mucho aquí, hemos ido a todos los sitios”. Un día su hermana le dijo: “Yo tengo ahorrados más o menos dos millones [de pesetas]”. Ascensión le contestó que ella no tanto, pero que algo había. Tiempo después, hace hoy cuatro años, voló a Argentina, cumplió 88 en el avión, consiguió allí conmover a una jueza y que le diera lo que no recibía en España, el permiso para buscar a su padre en fosas, entre huesos. El año pasado los buscaron en la fosa número 2 del Cementerio de Guadalajara. No estaban allí. Hoy, los cuerpos de la fosa número 1 acaban de salir.

AGUJEROS EN LA TIERRA, AGUJEROS EN LOS CRÁNEOS, AGUJEROS DE BALA EN LOS MUROS, AGUJEROS EN LA MEMORIA. PIEDRA PÓMEZ

“Sentí mucha alegría entonces, me vine de Argentina con mucha esperanza”, murmura para sí. “Yo qué sé la esperanza, yo qué sé lo que pasará, doy las gracias a todo el mundo…”.

Ascensión responde a las muestras de reconocimiento. Ella es el eje que vertebra una nueva búsqueda. No de los huesos de su padre, junto a los que quiere descansar, no solo. Esa mujer diminuta ya entrada en los noventa se ha convertido en la protagonista de una historia que ya no es la Historia. Su fragilidad ha abierto una grieta imparable en el plomo del silencio. Aquellos que no tenían un relato al que agarrarse ya lo tienen. A los fusilados republicanos los mataron dos veces: una vez, de un tiro; otra vez, imponiendo el silencio. Vivir en la memoria es una forma de existencia.

Todo lo hurtado por el miedo, los pactos de la vergüenza, las instituciones españolas, los sucesivos gobiernos y los medios de comunicación, todo agoniza a los pies de Ascensión, bajo la banqueta que alguien le ha puesto junto a la fosa número 1, de donde empiezan a sacar los huesos del último fusilado, el Individuo 24.

Los huesos

Sobre una bandeja rosa de plástico, un cuenco rojo también de plástico, y dentro del cuenco, una calavera remendada con decenas de parchecillos de cinta adhesiva. Le falta parte del maxilar superior, del que conserva un trozo con un incisivo, canino y tres molares. La mitad de la mandíbula descansa en la bandeja, junto a un puñado de dientes.

En la sala de autopsias del Cementerio de Guadalajara trabajan cuatro forenses llegados de Inglaterra. Larry Owens, el jefe del equipo, dos metros de hombre joven, enérgico, se inclina con la cámara sobre un cráneo. “Estoy fotografiando traumas”, rebufa, “al menos este tiene solo un disparo”. Parece que va a echarse a gruñir. Han venido a hablar con los huesos a un país que lleva 40 años de democracia sin querer oírlos.

De dcha a izda, Larry Owens, Shelley Jones, Tatiana Bleming y, medio oculto, Adam Burr, los cuatro forenses ingleses que han venido a trabajar en las exhumaciones del cementerio de Guadalajara.

Pero los huesos hablan.

Los forenses recuerdan uno de los esqueletos exhumados en la Fosa 1. Tenía 25 fracturas de costilla. El ser humano tiene 24 costillas. Hace falta mucha saña para 25 fracturas de costilla. No se trata de una paliza, ni siquiera de una sola sesión de tortura. “Le pegaron durante meses seguidos con ganas”, explica Owens. “Tenía fracturas medio curadas y sobre ellas otras nuevas, partidas de nuevo, y fracturas en las vértebras, en el codo derecho, en las piernas. Todo fracturado, todo desastre. Hay que recordar que utilizaban este tipo de política para su venganza personal. ¿Murió esta persona? No. Lo dejaron ahí en la cárcel y volvieron de vez en cuando y le pegaron, y le pegaron, y le pegaron… y lo mataron”.

El Individuo 22

El hombrón apoya la mano en la parte superior del cráneo que está fotografiando: “Era un individuo muy normal, un hombre más. Había perdido ya varios de sus dientes a sus 35 años, me temo que mucha azúcar. Los españoles comen demasiada azúcar. Aparte de eso, era alto, sobre todo para esa época, más o menos 1,75. Era muy fuerte, se puede ver que los músculos eran muy grandes. No era siniestro, era amplio. Durante su vida, alguien se había peleado con él, y le fracturó la nariz. Pesaba unos 80 kilos. Los demás, en general, tienen más señales de tortura prolongada que él. Quizás sea porque era muy grande y le tenían miedo. Lo sacaron un día, pusieron una pistola de bala pequeña al lado izquierdo de la cabeza y lo mataron. Era tan fuerte y su hueso del cráneo era tan grueso que, al contrario de lo que pasa con otros individuos, la bala ni pudo expulsar el fragmento de hueso de salida. Era un tipo con buena salud, que podría haber ayudado mucho a su país, pero… se acabó”.

Impacto de bala, cerca de una de las fosas. / Óscar Rodríguez / ARMH

Cuando un forense habla con los huesos y ve al hombre, dan ganas de preguntarle si besaba mucho, su forma de abrazar, cómo bailaba en las fiestas de su pueblo, con quién se iba a los huertos. ¿Qué más puede ver?

ERA TAN FUERTE Y SU HUESO DEL CRÁNEO ERA TAN GRUESO QUE, AL CONTRARIO DE LO QUE PASA CON OTROS INDIVIDUOS, LA BALA NI PUDO EXPULSAR EL FRAGMENTO DE HUESO DE SALIDA

“Veo muchas cosas a las que España debería mirar y no lo hace. Veo a un hombre… ¡Era un hombre! Pero la gente acostumbra a pensar ‘Oh, no, no hay que pensar en eso, no hay que molestar a los muertos, porque al fin y al cabo son historia…’. ¡No! Sí hay que molestar a los muertos, sí hay que verlos. El problema es que la mayoría de gente no se ha enfrentado a la violencia de esto, no sabe realmente lo que significa. Estas personas no eran soldados, no eran guerreros, eran muy normales, vivían en sus casas, tenían sus trabajos y llegó un día el ejército, o quien fuera, los sacaron, y los mataron, y los dejaron aquí… y nadie ha asumido esa responsabilidad durante 80 años. Eso es lo que veo”.

Mirar a nuestros muertos, escuchar lo que cuentan sus huesos.

Y Owens, que ha pasado por Ruanda, Zimbabue, Sudáfrica, Perú, Bolivia, Chile, Israel o Egipto, se revuelve contra lo que ve en Guadalajara, no da crédito. Eso cuentan los huesos.

El Individuo 23

En la salita contigua, sobre los huesos pulcramente ordenados del Individuo 23, Tatiana Bleming conversa con lo que fue un hombre en la treintena. Con él no se ensañaron, pero le dieron dos tiros finales. Uno le reventó las cervicales 5 y 6, el otro le cruzó el cráneo. “Todo esto que estoy viendo me parece muy violento. Prácticamente todos los esqueletos que estamos sacando tienen heridas de bala. La mayoría, además, tiene otras fracturas, no podemos determinar si fueron justo antes de la muerte o todavía cuando estaban en la cárcel”.

Bleming lleva solo tres años hablando con huesos. “Como dice Larry, los huesos no mienten. Tú puedes enterrar a alguien con artefactos u objetos valiosos, y dar una imagen totalmente falsa. Es luego, al mirar a los huesos, cuando sabes sexo, edad, estatura, enfermedades, dieta, origen…”.

El Individuo 21

Junto a Tatiana, Adam pasa el dedo índice por uno de los extremos de la clavícula e indica que aún es rugoso. Después repasa el coxis, los dientes y las vértebras y concluye: “Estamos ante un veinteañero. Seguramente cumplidos los 25”.

“VEO MUCHAS COSAS A LAS QUE ESPAÑA DEBERÍA MIRAR Y NO LO HACE. VEO A UN HOMBRE… ¡ERA UN HOMBRE! 

Adam Burr es un veterano de sesenta y muchos con cara luminosa, que lleva más de 15 años tratando con huesos. “En cuanto al trauma”, explica con serenidad, “lo que normalmente hemos estado viendo son disparos a la cabeza. Uno o dos, en general. Pero este individuo es peculiar, porque no tiene ninguno. Entonces nos preguntamos ¿dónde puede estar la muerte? Cuando estuve ordenando las vértebras, de repente encontré que las cervicales 3 y 4, situadas en el cuello, estaban destrozadas. Y aquí está la mandíbula”.

El hombre muestra las dos partes en las que está dividida la mandíbula, las toma y las junta. Cuando casan, en el centro, justo en medio de la barbilla, aparece un agujero perfecto menor que una canica.

Entonces, agarra con la mano izquierda la mandíbula ya unida, se la sitúa frente a la cara como quien coge del mentón el rostro que va a besar, coloca la derecha en forma de pistola y, “pum”, dispara. “Fue un tiro en la cara, en la mandíbula, que entró por el mentón y salió por el cuello. El disparo entra limpio, de ahí este agujero, pero sale abriendo el destrozo. Es algo difícil de ver, pero aquí está y es lo que es. Y no hay ningún otro trauma en ningún otro sitio. O sea, que aquí tenemos a un joven al que alguien miró a los ojos y disparó a la cara”.

Si le preguntas qué ha visto en las exhumaciones del Cementerio de Guadalajara, responde: “He visto un montón de asesinatos. Es todo lo que puedo decir. Muchos asesinatos”. Es el único momento en el que una sombra cubre la luz de su cara.

El Individuo 24

“Este es el último individuo que salió de la Fosa 1”, relata Shelley Jones. “Los huesos están todavía húmedos de la tierra. Estamos intentando retirar el barro de manera que podamos limpiarlos”.

No es fácil en este caso ver alguna patología o herida. Los huesos están cubiertos de barro y rudimentariamente envueltos en papel de periódico. Tampoco es fácil limpiarlos. “Son demasiado frágiles, explica Jones, “algunos secan rápido, a las vértebras les cuesta más”.

La joven forense peina dos trenzas rubias. Saca la calavera de su papel de periódico y la agarra con las palmas de ambas manos como una madre levantaría a su bebé. Con los dedos, suavemente, va retirando el barro, que ya empieza a secarse. Dice que seguramente va a encontrar un agujero de entrada de bala en la base del cráneo, por donde va pasando los dos pulgares con mimo. Caen pedacitos de barro y de repente, ahí está.

Lleva guantes azules de látex. Introduce su dedo índice por el agujero de bala que acaba de aparecer. Tiene los dedos finos. Si el dedo índice fuera un poco más grueso, no cabría. Una vez encontrado el agujero de entrada, da la vuelta a la calavera y ahí, en el extremo opuesto, aparece el destrozo de salida de la bala.

Nada más cuenta, por ahora, el último hombre extraído de la fosa número 1, aquel que descansaba en el fondo mientras los restos del silencio agonizaban a los pies de Ascensión Mendieta, sentada en su banquetilla. Romper el silencio es reparar la segunda muerte, dar una vida a los asesinados.

René Pacheco

Un veinteañero a quien alguien disparó mirándole a los ojos, un hombretón cuyo cráneo ni la bala pudo destrozar, un torturado molido durante meses y vuelto a moler, el hombre joven que recibió un tiro en el cuello y otro en la cabeza, quién sabe si por falta de pericia del asesino o simplemente por saña.

René muestra la ficha con la lista de esqueletos exhumados. / Óscar Rodríguez / ARMH

Eso cuentan los huesos que no queremos oír.

René Pacheco es el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) al frente de las exhumaciones en el Cementerio de Guadalajara. El primer hueso con el que dio fue una costilla de cabra de hace 1,8 millones años, en una cueva de Girona. Su primer contacto con la violencia de la memoria, dos personas enterradas en una viña al lado de una carretera de León. Corría noviembre de 2008, y desde entonces sigue. Resulta inevitable preguntarle si todavía, como aquel día, llora. “Uno no deja de llorar con este trabajo nunca. Es muy difícil ver a Ascensión aquí al lado y aguantar”.

Es consciente de la importancia del trabajo que realiza la ARMH en Guadalajara, en términos históricos, y de su proyección futura. Sin embargo, él también insiste en el hombre.

“UNO NO DEJA DE LLORAR CON ESTE TRABAJO NUNCA. ES MUY DIFÍCIL VER A ASCENSIÓN AQUÍ AL LADO Y AGUANTAR”

 “Esas personas, las que exhumamos, te están contando qué les pasó en el último momento de sus vidas. Pero también lo que fueron sus vidas en general: esfuerzos, dolores, enfermedades… Lo que hay que hacer es reconstruir sus vidas y mostrar que eran personas como nosotros. Como cuando hoy nos hemos levantado por la mañana… Sales y alguien puede cogerte en algún lugar, secuestrarte, torturarte, matarte… Es importante humanizar a las personas que estamos recuperando, demostrar que eran como cualquiera de nosotros”.

¿Por qué no lo hemos hecho? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué no hemos escuchado a los huesos?

“Los 40 años de Dictadura más los 40 de Democracia son 80 años que han pesado sobre la población en muchos sentidos. En el miedo continuado en la población que sí sufrió directamente las consecuencias de la Guerra y la posguerra, y también en el olvido generado a través de la educación, de la sociedad etcétera, el no querer hablar de esto. El miedo es una de nuestras principales dificultades cuando estamos trabajando. Hace que la gente no se atreva a hablar cuando llegas a un pueblo para preguntar dónde están las fosas, quiénes pueden estar en ellas y demás. El miedo te lo encuentras en los familiares, que muchas veces vienen a reclamar y te cuentan que no lo han hecho durante años porque tenían miedo, no solo de lo que dirían sus vecinos, sino de lo que dirían sus propios familiares. El miedo sobre todo de la población en general: ¿Qué pasa si estás abriendo fosas?”.

René Pacheco sabe de qué habla. Aún recuerda la primera vez que le dijo a su madre que iba a exhumar una fosa común de la Guerra Civil. “Lo primero que se le ocurrió decirme fue: ‘René, ¿y no te va a pasar nada?”.

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Fotografía destacada: El Individuo 24, al fondo de la Fosa 1 del Cementerio de Guadalajara. ÓSCAR RODRÍGUEZ / ARMH

Fuente:http://ctxt.es/es/20170531/Politica/13046/memoria-historica-ctxt-timoteo-mendienta-franquismo-guerra-civil-exhumacion-guadalajara.htm#.WS8ChCP_WAQ.facebook

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Sindicalismo y memoria, ese viejo nuevo internacionalismo

Un sindicato de electricistas noruegos visita la exhumación de la fosa de Timoteo Mendieta, en Guadalajara.

Desde 2014 han donado 50.000 euros a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

lamarea.com / Isabel Cadenas Cañón / 24-05-2017

Un autobús lleno de electricistas noruegos viaja desde Madrid hacia Guadalajara. Pertenecen a una agrupación regional de El & It, un sindicato del sector eléctrico que agrupa a unos 37.000 afiliados en total. Llevan una semana en España: han estado en Marinaleda, se han reunido con CC.OO. y ahora van hacia el cementerio de Guadalajara. Allí les espera una fosa de la que, a día de hoy, se han exhumado 17 cuerpos. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera que uno de ellos sea el de Timoteo Mendieta, aquel hombre fusilado en noviembre de 1939 por ser presidente de la UGT en su pueblo, Sacedón y cuya hija, Ascensión Mendieta, cumplió 88 años en un avión rumbo a Buenos Aires para testificar en la querella argentina contra los crímenes del franquismo.

El día anterior, esta agrupación regional del sindicato, que cuenta con unos 2.000 miembros, donó 7.000 euros a la ARMH. No era la primera vez: desde 2014, diferentes agrupaciones de El & It han donado alrededor de 50.000 euros a la asociación. “Si lo divides entre 37.000, no es mucho dinero”, dice uno de ellos.

¿Qué hace que un sindicato noruego done dinero para exhumar las fosas del franquismo? Varias razones. Una de ellas es Henning Solhang. Henning visitó España por primera vez en 1979: le impresionó la impronta del franquismo en la sociedad y supo “que no podía entender este país”, así que empezó a leer todo lo que caía en sus manos sobre España. En 2013, volvió con varios directivos del sindicato y organizó un encuentro con la ARMH. Después de ese encuentro llegó la primera donación. Otra razón es Willy Davidsen, un célebre sindicalista que, durante la Guerra Civil, luchó en las Brigadas Internacionales. Uno de sus hijos, Jan Davidsen, fue el secretario general de uno de los sindicatos más importantes del país. Para muchos de estos sindicalistas, la relación con la Guerra Civil es genealógica: lo que sus antepasados aprendieron en las Brigadas Internacionales les sirvió después para liberar el país de la ocupación nazi, dicen. Y también: “hay quienes piensan que no se puede hacer nada contra el fascismo, pero la Guerra Civil española prueba que sí”.

Para la mayoría de estos hombres –el sindicato es casi exclusivamente masculino, sólo un 3% son mujeres–, esta es su primera vez en España. Salen poco de Noruega. Llevan medio año organizando este viaje, es decir, leyendo y aprendiendo sobre historia española. En el autobús, algunos lo dicen con cierta vergüenza: que en Noruega no se estudia la Guerra Civil española en las escuelas, y que antes de empezar a prepararse para este viaje, no sabían nada sobre el tema. Otro explica que la única manera de frenar el avance de la extrema derecha en Europa es comprender lo que el fascismo fue capaz de hacer en el mundo, y que por eso vienen: para ayudar a que se sepa la historia. Oevind Wallentinsen, secretario general de la agrupación, estuvo en Ponferrada hace un par de años visitando el laboratorio de la ARMH. Se quedó impactado con “lo que Franco hizo a la república” y es también gracias a él que se ha organizado este viaje –el primero de la agrupación desde 1995–: porque la única manera de que esto no se repita en la Europa de la crisis es el boca a boca, decírselo a otros, correr la voz. Por eso para ellos es tan importante la ayuda económica, pero también la difusión: junto a ellos viaja, en todo momento, un periodista de Nettwerk, la revista del sindicato.

Ninguno de ellos ha visto nunca una fosa común.

Hoy hay poca gente en el cementerio, apenas las voluntarias y voluntarios de la ARMH y algunas periodistas. Marco González, vicepresidente de la asociación, les explica el contexto: en este cementerio hay unos mil represaliados, esta es la parte civil, todo eso que veis son fosas. Les dice que él no pudo encontrar a su abuelo, pero que gracias a sus donaciones, muchas otras personas sí han podido desenterrar a sus familiares. Los sindicalistas hablan de historia, toman fotos, preguntan. Y entonces se asoman a la fosa. René Pacheco, el arqueólogo, les habla desde allí abajo, a unos 3 metros de profundidad. Junto a él, un fémur, varias costillas, se adivinan dos cráneos con impactos de bala. Son los cuerpos 18 y 19.

Cambia todo. Primero está el silencio. Poco a poco los sindicalistas preguntan por el miedo, por ejemplo, preguntan por qué la gente que está trabajando en la fosa es tan joven. Sigurgir Olafsen, un hombre creyente, pregunta si no están teniendo apoyo de la iglesia, porque estas personas no han tenido un entierro digno. Pacheco le explica que, de hecho, los tiros de gracia de muchos de estos hombres los disparó el cura del pueblo, y que ese cura está enterrado muy cerca, en la parte noble del cementerio.

Poco a poco los sindicalistas empiezan a reunirse en pequeños grupos. Hablan entre ellos, con desconcierto. Sigurgir no puede comprender: “en mi país los curas son los buenos. Son hombres de dios.” Leif Egil dice “esto no es una película, es la realidad. Tengo que tratar de entenderlo”. Christopher Fageland, el más joven del grupo, “¿Quieres saber de qué estamos hablando? De que tendríamos que dar mucho más dinero.” Y, en todos, dos comentarios que se repiten: que no entienden cómo el gobierno español puede dar la espalda a todo esto y que es su deber, ahora, contarlo cuando vuelvan a Noruega. “Lo voy a poner en mi Facebook”, “Voy a escribir un artículo”, “Esto tiene que saberse, se lo voy a contar a toda la gente que conozco”. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

Cernuda comenzó “1936”, un poema sobre un brigadista internacional, con ese verso. Lo terminó escribiendo que una sola persona valía como testigo de la nobleza humana. Algo así se siente al hablar con estos hombres que no tienen ningún tipo de orgullo por haber donado dinero para realizar tantas exhumaciones —“¿Por qué deberíamos estar orgullosos de eso? Por supuesto que tenemos que ayudar”—, para los que sindicalismo es sinónimo de solidaridad —“tanto en Noruega como fuera. Somos un sindicato, y los sindicatos sirven para eso, para que la gente luche unida”.

Y eso es lo que queda en el aire cuando se van del cementerio. Que han pasado por aquí los internacionalistas; los hombres buenos. Los voluntarios y las voluntarias les aplauden. Los sindicalistas les aplauden a ellos.

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Fotografía destacada: Una agrupación regional del sindicato noruego El & It visita el cementerio de Guadalajara. Óscar Rodríguez, ARMH.

Fuente:http://www.lamarea.com/2017/05/24/sindicalismo-memoria-ese-viejo-nuevo-internacionalismo/

 

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Piden a los diputados de Castilla-La Mancha que visiten la exhumación de víctimas del franquismo

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica se ha dirigido al Parlamento regional vía correo electrónico.

“La defensa de los derechos humanos de las víctimas de la dictadura no deben ocurrir al margen de las instituciones democráticas”, aseguran.

Se cumplen nueve días de los trabajos de exhumación en el cementerio de Guadalajara para localizar a Timoteo Mendieta.

La ARMH elabora informes de cada caso que servirán de “prueba” en posibles juicios para demostrar que se trató de asesinatos y no de muertes como consecuencia de la guerra.

eldiario.es / Carmen Bachiller / 18-05-2017

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha remitido una carta a los diputados de las Cortes de Castilla-La Mancha en la que les invitan a realizar una visita a los trabajos de exhumación que se llevan a cabo desde hace nueve días en el cementerio de Guadalajara para buscar a Timoteo Mendieta, fusilado en 1939, pocos meses después del término de la guerra civil, a instancias de la justicia argentina que investiga los crímenes cometidos por el franquismo.

La asociación considera que “la defensa de los derechos humanos de las víctimas de la dictadura no deben ocurrir al margen de las instituciones democráticas” y que esta visita sería una manera de “respaldar públicamente el rechazo a la violencia y a la persecución de cualquier ser humano por razones políticas”. La carta se ha remitido a través del correo electrónico y la reproducimos de manera íntegra:

“Desde el pasado día 9 de mayo, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica está llevando a cabo la exhumación de una fosa común en el cementerio de Guadalajara. En ella esperan encontrar los restos de 25 personas civiles, asesinadas tras el final de la guerra de 1936. Lo que comenzó como búsqueda de Timoteo Mendieta, natural de Sacedón, padre de Ascensión Mendieta, la mujer que ha promovido judicialmente la exhumación, se ha convertido en la esperanza de una docena de familias que llevan décadas esperando a poder enterrar dignamente a un ser querido y a saber qué es realmente lo que le ocurrió.

La labor de recuperación e identificación de los restos humanos es un acto de reparación dentro del trabajo de defensa de los Derechos Humanos que ha quedado pendientes desde el final de la dictadura franquista.

En ese ámbito de rechazo a la violencia y persecución contra cualquier ser humano por sus ideas, entendemos que la reparación de hechos tan terribles, y la defensa de los Derechos Humanos, no puede ocurrir al margen de las instituciones democráticas. Esa es la razón por la que queremos invitar a una representación o a todas las Cortes de Castilla-La Mancha a visitar la exhumación, mantener contacto con los familiares, conocer de primera mano las labores que se están llevando a cabo en el cementerio de Guadalajara y saber en qué consisten las demandas de quienes todavía buscan desaparecidos de la dictadura. Los trabajos continuarán hasta el próximo 27 de mayo”.

Nueve días de exhumación con optimismo contenido

Mientras tanto, este jueves se cumple el noveno día de exhumación en la fosa uno del cementerio de Guadalajara. Ya se han sacado diez de los 25 cuerpos que se habrían depositado en el lugar a finales de los años 30 del pasado siglo.

René Pacheco, arqueólogo que dirige la excavación, explica que durante los actuales trabajos se han encontrado “con cuerpos mucho más amontonados, con menos capa de tierra de separación entre asesinato y asesinato”. Eso podría dificultar la tarea de la asociación a la hora de definir, con cierta exactitud, la temporalidad de cada asesinato pero, matiza Pacheco, “nos permite avanzar más rápido”.

Exhumación en la fosa 1 del cementerio de Guadalajara FOTO: ARMH

De momento se están confirmando los datos de los registros de enterramiento. “En la fosa número uno creo que no vamos a tener tantos problemas en la identificación genética de las víctimas porque a ella se arrojaban los cuerpos sin repartirlos en otras fosas del cementerio como ocurría en la fosa dos. En ese caso tiraban los cuerpos de forma simultánea a la dos y a la tres o a otras”.

Permiso para analizar los restos en Madrid en vez de Argentina

Aún es pronto para extraer conclusiones en lo que se refiere a la localización de los restos de Timoteo Mendieta. “En la saca, el grupo en el que podría encontrarse Timoteo, puede haber pasado cualquier cosa. Hemos encontrado un cuerpo joven, otro mayor…Uno de los dos podría ser pero no lo podemos confirmar”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha solicitado al juzgado argentino que dirige María Romilda Servini la posibilidad de enviar las muestras para su análisis genético a Madrid, en lugar de hacerlo a los laboratorios argentinos. “Parece que vamos a obtener ese permiso”, asegura René Pacheco.  El objetivo es ganar tiempo y por eso en el mismo cementerio se está simultaneando el análisis antropológico de los cuerpos con la extracción y preparación de muestras para el posterior análisis del ADN.

‘Pruebas’ para  futuros juicios que demuestran los asesinatos

A los trabajos de exhumación que son gratuitos, ya que la propia asociación corre con todos los gastos, se han acercado otras familias que esperan encontrar a sus seres queridos. “Tenemos a 12 ya identificadas y nos faltan otras tantas por encontrar”, señala Pacheco quien invita a los interesados a acercarse al cementerio. “Tendrán la oportunidad de trasladar los restos a sus panteones familiares”.

La ARMH elabora informes técnicos de cada caso que también se ponen a disposición de las familias “para que tengan una validez judicial. En el futuro pueden servir como prueba para la investigación de otros crímenes. De hecho, se demuestra que estamos ante un asesinato y no una muerte consecuencia de la guerra, tal y como reflejan muchas actas de defunción. Es la evidencia de que el franquismo manipuló”.

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Fotografía destacada: Ascensión Mendieta permanece al pie de la fosa, esperando noticias FOTO: ARMH

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/Piden-Castilla-La-Mancha-exhumacion-franquismo_0_644985783.html

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La ‘oportunidad definitiva’ para localizar a Timoteo Mendieta

Se inicia en el cementerio civil de Guadalajara la segunda exhumación, tras el anterior intento en enero de 2016, para hallar los restos del miembro de UGT víctima del franquismo.

René Pacheco, arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica: “Si los resultados de estas excavaciones son negativos, no habrá forma de encontrar a Timoteo”.

La perseverancia de los Mendieta ha inspirado a otras familias de Guadalajara para volcarse en la búsqueda y dignificación de sus parientes, asesinados por el franquismo.

eldiario.es / Raquel Gamo / 09-05-2017

“Con mucha cautela y tranquilidad”. Estas son las sensaciones con las que Concepción Mendieta, nieta de Timoteo Mendieta, víctima del franquismo, afronta esta oportunidad crucial para dar con los restos de su abuelo que, según apuntan todos los archivos, deberían localizarse en la fosa común número 1 del cementerio de Guadalajara.

A primera hora de este martes se inició la segunda excavación que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) lidera en el camposanto alcarreño sin ningún apoyo institucional, con el fin de hallar los restos de Timoteo Mendieta y los otros 25 hombres que, según la mencionada asociación, fueron enterrados en la fosa número 1 entre julio y noviembre de 1939, una vez finalizada la Guerra Civil. Esta nueva investigación tiene lugar después de que el Juzgado número 1 de Guadalajara atendiera, a principios de este mes, el tercer exhorto dictado por la jueza argentina,  María Romilda Servini, encargada de la instrucción de la conocida como “querella argentina” contra los crímenes franquistas.

“No encontrar a mi abuelo en la fosa que abrimos el año pasado fue un gran mazazo personal porque era tal la certeza de que estaba ahí… Tengo toda la esperanza de que podamos encontrarle esta vez y sacar a los 25 hombres fusilados que están en esa fosa”, relata la nieta de Timoteo Mendieta a eldiarioclm.es. Este sentimiento sosegado se torna en ilusión en la matriarca del clan Mendieta, Ascensión, de 91 años. Inasequible e incansable en su lucha, decidió presenció la apertura de la fosa. El deseo que ha expresado en numerosas ocasiones es el de encontrar a su padre, y no sólo por una elemental razón afectiva o humana, sino por la voluntad de ser enterrada junto a él. Hoy, en el camposanto de la capital alcarreña, volvió a reiterar este objetivo.

Timoteo Mendieta fue un miembro de UGT, natural de la localidad alcarreña de Sacedón, que fue asesinado el 16 de noviembre de 1939. Sus restos no estaban, tal como se creía, en la fosa número 2 del cementerio de Guadalajara. De ahí el inicio de los nuevos trabajos arqueológicos, que se prolongarán durante al menos 20 días, y que presentan como novedad que se van a realizar tanto en la fosa común 1 del cementerio de Guadalajara como en otros cuatro nichos individuales situados en la primera fila de este cementerio. Los técnicos apuntan que podría contener dos víctimas sepultadas en cada uno de ellos.

El plan de los especialistas de la ARMH es seguir el rastro de los 18 varones que fueron fusilados también aquel 16 de noviembre para facilitar el hallazgo de Timoteo Mendieta. René Pacheco, arqueólogo encargado de esta investigación, reconoce su trascendencia: “Este segundo intento es definitivo. En caso de no encontrar a Timoteo, no habrá forma ya de conseguirlo porque podría estar en cualquier otra fosa común o individual de este cementerio y habría que exhumar más de 800 cuerpos”.

Fosa 1 del cementerio de Guadalajara, donde se ha reanudado la búsqueda del cuerpo de Timoteo MendietaFOTO: RAQUEL GAMO

Una vez que la excavación sobre el terreno llegue al nivel de enterramiento a 90 centímetros de profundidad, los arqueólogos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica comenzarán a extraer los esqueletos óseos de los más de 20 difuntos que se localizan en esta fosa de forma individualizada. A continuación, abordarán el análisis antropológico forense en una sala especial habilitada en el mismo recinto para identificar los rasgos biológicos de edad, sexo y altura y contrastarlos con los libros de registro. Los datos de estos archivos fueron compilados recientemente por voluntarios que trabajaron en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara y en el Archivo Militar de Zaragoza.

Finalmente, los análisis de ADN, a partir de muestras óseas, serán los que determinen si entre las víctimas se encuentra Mendieta. El año pasado, este test genético se prolongó durante varios meses, debido a que las pruebas tuvieron que mandarse a Argentina, tal como indicaba el exhorto de la magistrada argentina. Sin embargo, en esta ocasión, el objetivo del equipo de investigadores es recortar los tiempos: “Vamos a tratar de agilizar el proceso de identificación, evitando la burocracia y haciendo lo posible para que el contraste se haga en un laboratorio de Vitoria. Así los resultados podrían estar listos en un mes”, afirma Pacheco.

La investigación concluirá el próximo 1 de junio. Fecha a partir de la cual la legislación regional no permite que se realicen excavaciones por el efecto que las condiciones meteorológicas pueden ejercer sobre los cuerpos que no están esqueletizados.

Más búsquedas

La denuncia interpuesta por la familia Mendieta ante la justicia argentina en 2011 ha servido de inspiración para que otras familias de Guadalajara activen la búsqueda de sus seres queridos que fueron fusilados a lo largo de la Guerra Civil o al inicio de la dictadura franquista.

En la actualidad, 11 familias procedentes de algunas localidades de la provincia de Guadalajara como Torija, Tendilla, Sacedón, Tamajón o Marchamalo esperan el resultado de la investigación recién comenzada. Es el caso de Gregorio Florián, Saturnino De Luz o Francisco De Llera, cuyos fusilamientos se produjeron también en 1939, según las partidas de defunción que han consultado sus familiares, en el cementerio civil de Guadalajara. Todos ellos, alcarreños de nacimiento, fueron ajusticiados por su activismo político durante la época de la II República vinculada a organizaciones sindicales o su afiliación al Partido Comunista de España o al Partido Socialista Obrero Español.

El caso de Tomás Vicente Lorente, vecino de Auñón (Guadalajara) es uno de los que ha avanzado gracias al proceso de Timoteo Mendieta. Su familia, que ya había reclamado su búsqueda a la justicia desde 2008, ha podido progresar en su investigación a raíz del permiso de exhumación logrado por la familia Mendieta.

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Fotografía destacada: Ascensión Mendieta y su hija, hoy, en el cementerio de Guadalajara FOTO: RAQUEL GAMO

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/oportunidad-definitiva-localizar-Timoteo-Mendieta_0_641836937.html

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La memoria de Julio Bello

La ARMH exhuma los restos de un berciano asesinado en la localidad gallega de As Covas.

Tres falangistas de Carracedelo y Toral de los Vados acudieron a su domicilio para asesinarle.

leonoticias.com / 17-08-2016

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha localizado este miércoles los restos de Julio Bello Sierra, asesinado en 1936 como consecuencia de la represión franquista. El equipo arqueológico, dirigido por René Pacheco y formado por personas voluntarias llegadas de diferentes puntos, dio con la sepultura del represaliado gracias a la investigación realizada por el historiador Alejandro Rodríguez, cuya información fue localizada en el Archivo del Tribunal Militar Terrotorial IV de Ferrol.

Los trabajos continuarán a lo largo del día de hoy en el cementerio parroquial de la aldea lucense perteneciente al Concello de Quiroga, al que se han desplazado algunos familiares de la víctima. El hallazgo de los restos, con evidentes signos de violencia, será denunciado en el cuartel de la Guardia Civil de Quiroga por el coordinador y vicepresidente de ARMH, Marco González.

Estos trabajos han sido financiados por la ARMH gracias a la colaboración del sindicato noruego EL&IT y al premio al activismo en Derechos Humanos Alba-Puffin, concedido el pasado año en Nueva York.

Julio Bello Sierra era un berciano natural de Carucedo, donde había nacido en 1898. Estaba casado con Isabel Arias Arias, con la que tenía cuatro hijos de corta edad. Desde muy joven comenzó a trabajar en la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España (Ferrocarriles del Norte), trabajo que le llevaría destinado en 1935 a trasladar su residencia a la casilla situada en el kilómetro. 320/529 de la línea Palencia-Coruña, muy próxima a la localidad lucense de Montefurado.

Imagen de los trabajos de exhumación del cuerpo y una foto de Julio Bello. / ARMH

 

 

A pesar de que no tuviese una filiación política o sindical conocida, el día 31 de octubre de 1936, tres falangistas de Carracedelo y Toral de los Vados (León) se presentaron en la casa en la que residía la familia con el objetivo de detener e interrogar a Julio. A pesar de las reticencias de Isabel, salió de su domicilio detenido, a los pocos metros fue asesinado y su cadáver arrojado a las aguas del río Sil.

Casi un mes más tarde, el día 20 de noviembre de 1936, su cuerpo apareció a más de 20 kilómetros de Montefurado aguas abajo, en la aldea de As Covas, donde se denunció la aparición del cuerpo y se procedió a su identificación y entierro. El informe de la Guardia Civil de Quiroga, en el que se califica al berciano como “enemigo del movimiento patriótico militar iniciado en julio último”, provocó el cierre de las investigaciones judiciales sin la búsqueda de los responsables de su muerte

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Fotografía destacada: Una foto familiar, durante los trabajos de exhumación.

Fuente:http://www.leonoticias.com/bierzo/201608/17/memoria-julio-bello-20160817122501.html

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La noche y el día del mundo

40 años después de la última Dictadura Militar argentina siguen apareciendo fosas.

Este documental da voz a los familiares de los desaparecidos.

“Es una especie de ausencia que lo contamina absolutamente todo”.

La Memoria Histórica en España se encuentra al borde del desaliento.

rtve.es / José Carlos Gallardo / 13-02-2016

Hay recuerdos que duelen, ausencias que perduran y añoranzas que se comparten. Y hay ideas que surgen repentinamente de un momento, de una conversación, y se convierten en testimonio de una memoria colectiva.

Carolina Meloni, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Europea, nació en Argentina, aunque lleva toda una vida en España. De hecho, apenas hay rastro de acento en sus palabras, aunque confiesa que cuando cruza el charco reaparece de forma automática.

Su familia sufrió varios exilios. Originaria de la provincia norteña de Tucumán, donde la dictadura desencadenó un vasto aparato represivo, emigró a España en el año 82. Pasados unos años, hubo billete de vuelta, pero tendrían que huir de nuevo. Fue ya a principios de los 90. Por motivos económicos.

“Una ausencia que lo contamina absolutamente todo”

Su tío, Hernán González, no pudo formar parte de ninguno de aquellos viajes. Secuestrado en el 76, acabó engrosando la lista de desaparecidos. 38 años después, en mayo de 2014, el reconocido Equipo Argentino de Antropología Forense les comunica que sus restos han sido encontrados a unos 30 metros bajo tierra, junto al de otros, en una fosa común localizada en el llamado “Pozo de Vargas”, en Tucumán.

La figura de mi tío siempre fue una ausencia presente... Aunque parezca contradictorio”, cuenta Carolina. Y se explica: “Siempre estaba presente en las fiestas que no pudimos compartir. Siempre fue una foto en blanco y negro. Una lágrima de mi abuela. Una especie de ausencia que lo contamina absolutamente todo”.

Su historia sale a colación en una conversación con varios colegas de la universidad. Dos de ellos, Nacho Sacaluga y Fernando Ávila, son los que hoy firman el documental La noche del mundo, presentado hace unos días en Madrid y que recoge testimonios similares de familiares de desaparecidos. Y, también, de expertos, como el juez Baltasar Garzón.

Le pregunto qué es lo que puede aportar de nuevo este documental a otros que ya hemos visto: “Lo principal, para mí, es que este trata casi por primera vez la figura del aparecido, más que del desaparecido. Cómo una familia se enfrenta al hecho de la aparición de un ser querido después de 40 años”.

Los militares argentinos se inspiraron en Hitler

Los militares argentinos se inspiraron en las metodologías de desaparición de personas detalladas en el decreto Noche y Niebla de Hitler. De ahí, el título.

Carolina Meloni, como tantos otros familiares de desaparecidos, considera que es “una infamia que haya muertos sin cuerpos y cuerpos sin identidad” y da importancia al hecho de dar sepultura “porque es una mochila muy pesada el hecho de que una persona no tenga derecho a ser enterrada en una tumba. Que esté tirada en una fosa. Prácticamente desde Antígona, desde los griegos, que puedas enterrar a tu ser querido, que puedas hacer ese ritual, significa que lo estás insertando en una comunidad política, en una comunidad de significado”.

Argentina, España y los duelos compartidos

Son duelos que se comparten a un lado y otro del Atlántico. Pero desde que en España se restringieron las causas sujetas a justicia universales Argentina la que ahora mismo abandera la persecución de los delitos de lesa humanidad. De hecho, la demanda colectiva por crímenes del franquismo de la que se encarga la jueza argentina Servini de Cubría no sólo sigue adelante, sino que continúa sumando casos desde ambos lados del océano. Fue la judicatura de aquel país la que logró, este pasado mes de enero, que se abriera una fosa en el cementerio de Guadalajara.

“Es una situación lamentable”, opina Carolina. Cree, simple y llanamente, que “enfrentarse a ese pasado hace que consigas superar las heridas”

La Memoria Histórica en España, al borde del desaliento

La situación, en España, la sufre en crudo la “Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica”. Nació con vocación de instrumento público, con el objetivo de que sus trabajos de investigación y recuperación de restos siempre fueran asumidos por el Estado. Sin embargo, desde el año 2011 le faltan recursos y decir que han estado al borde del desaliento es, probablemente, quedarse cortos.

Durante cuatro años, entre 2007 y 2011, el gobierno les había destinado 60.000 euros anuales en base a la Ley de Memoria Histórica. Desde el 2012, ninguna ayuda pública ha llamado a su puerta. Así que el único sustento les ha llegado de la mano de los reconocimientos y de los galardones que han ido recibiendo. Las cuantías económicas, tímidamente generosas, les han permitido sobrevivir. Ellos han seguido haciendo el trabajo.

Calle de la Memoria Histórica, Ponferrada, León.

Si se me permite la licencia, diré que soy de El Bierzo, una tierra con heridas abiertas desde hace 75 años. En Ponferrada, está la Calle de la Memoria Histórica y, ahí mismo, en unas instalaciones cedidas gratuitamente por la Universidad de León, se ubica uno de los laboratorios de la ARMH donde se documentan las fosas y se analizan las exhumaciones.

En una pizarra, antes de informatizar los datos en su propia base, se van apuntando -además de los casos pendientes y en marcha- los hallazgos en las cunetas, en los campos y en los cementerios, donde -en ocasiones- hay que excavar justo afuera o de espaldas al camposanto. Así es. Así fue.

Interior del pequeño laboratorio de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica en Ponferrada, León.

Tareas por hacer nunca faltan. Están acostumbrados a que suene el timbre y sea el inicio de otro expediente. Sin tener en cuenta, aparte, lo delicado de su labor. Pero, en Ponferrada, han estado a punto de echar el cierre. Hace un año, el premio ALBA/Puffin al Activismo en Pro de los Derechos Humanos les dio un respiro. A ellos, siempre incansables ante un trabajo que no está pagado: Marco González, vicepresidente de la asociación, Alejandro Rodríguez, historiador, y Nuria Maqueda, auxiliar de arqueología.

Una complicada labor en manos de voluntarismo, pero sobre todo de grandes profesionales.

El sueño de devolver la dignidad a tu padre

Siendo corresponsal en Argentina, tuve la oportunidad de conocer de cerca muchas historias relacionadas con la recuperación de la memoria, pero siempre recuerdo -con especial cariño- la del español Constantino Fernández.

Él y su hermano llegaron a Argentina siendo adolescentes. Huérfanos. Y a su padre apenas le conocieron porque le mataron cuando tenía tan sólo 24 años. Constantino en persona me contó que, antes de cruzar el charco, pastoreaba en los alrededores de su pueblo, Villanueva de Valdueza, y que muchos vecinos le decían mirando hacia un terreno cercano: “¡Qué buenos frutos da tu padre! ¡Qué buen centeno!”. Aquella frase le quedó incrustada a fuego: se referían al lugar sembrado en el que su progenitor había sido colocado bajo tierra.

El arqueólogo René Pacheco explica el hallazgo de ‘El cesterín’ a sus dos hijos y a su nieta. Foto: ARMH.

Antonio Fernández, “El Cesterín”, fue fusilado en el 36 por un grupo de falangistas cuando iba a avisar al alcalde de San Esteban de Valdueza que lo andaban buscando. El sueño de Constantino siempre fue devolverle la dignidad a aquel padre. Volver algún día a aquellas tierras bercianas y poder enterrarle debidamente. Gracias a la ARMH, lo consiguió en otoño del 2011, justo 75 años después del asesinato.

Él, Constantino, con los achaques propios de la edad, junto a su hermano Antonio y su hija Adriana -que es parte demandante en la querella argentina-, pudo asistir en su pueblo a la exhumación y al posterior entierro.

Volvería a Argentina, a su otra patria, con la misma actitud ante la vida y con el reto cumplido. Falleció en marzo de 2013, “rodeado de sus nietas y del cariño de todos”, me diría entonces Adriana. Y como todos pensamos: en paz. Como, por fin, también, su padre.

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Fotografía destacada:  Carolina Meloni junto a los restos recuperados de su tío. / Fernando Ávila 

Fuente:http://www.rtve.es/noticias/20160213/noche-dia-del-mundo/1301103.shtml

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La apertura de una fosa de la Guerra Civil desentierra la memoria que duele a la derecha

Una fosa común del cementerio de Guadalajara ha sido la primera en ser excavada por orden de una juez de Argentina en el marco de la causa judicial que investiga los crímenes de la dictadura franquista.

publico.es / Sonya Dowsett (REUTERS) / 08-02-2016

Una mujer española de 90 años de edad, Ascensión Mendieta, envuelta en un abrigo de piel y una bufanda de lana, se mantuvo de pie delante de una profunda tumba abierta y murmuró “mi padre” al ver un esqueleto desenterrado en el fondo de la fosa. Timoteo, el padre sindicalista de Ascensión Mendieta, recibió un disparo en 1939 en los meses posteriores a la Guerra Civil española y fue enterrado en una fosa común en una de las esquinas del cementerio de la ciudad de Guadalajara.

La fosa común fue la primera en ser excavada por orden de una juez argentina en una demanda presentada en busca de justicia por los crímenes cometidos durante la Guerra Civil 1936-1939 y de la dictadura del general Franco. La demanda presentada por Mendieta para dar a su padre un entierro apropiado podría desencadenar una serie de exhumaciones similares.

El caso ilustra las dificultades que tiene España para afrontar un pasado que está desapareciendo de la memoria viva, pero que sigue dejando sus marcas en la actualidad. La ley de amnistía aprobada para allanar el camino de la dictadura a la democracia perdonó los crímenes políticos cometidos en el pasado. Pero el hecho de que nunca se hizo un registro de las atrocidades cometidas significa que las hostilidades nunca fueron enterradas.

El antagonismo entre los dos bandos de la Guerra Civil persistió durante la transición a la democracia en los años 70, dando lugar a una profunda división entre la izquierda y la derecha en un sistema bipartidista que dominó la política española desde el fin del régimen de Franco. En las últimas elecciones al Congreso de los Diputados, los españoles votaron en masa a nuevos partidos, rompiendo con el bipartidismo tradicional y marcando el comienzo de unanueva era política que ha imposibilitado hasta ahora formar un gobierno y obliga a los partidos a buscar un consenso que abarque diversos espectros políticos.

Los historiadores estiman que al menos 500.000 combatientes y civiles murieron en el bando republicano y el nacional durante la Guerra Civil. Tras el final de la contienda, decenas de miles de enemigos de Franco fueron asesinados o encarcelados en una campaña para eliminar a los disidentes.

Cementerio de Guadalajara.- REUTERS

Argentina abre la puerta

Mendieta, quien tenía 13 años cuando murió su padre, viajó a Buenos Aires en 2013 para aportar pruebas sobre su muerte. Esta mujer fue una de los cientos de personas que han recurrido a la legislación internacional en materia de derechos humanos para acudir a un tribunal argentino en busca de justicia por los crímenes llevados a cabo durante y después de la Guerra Civil.

“Me ha costado siempre pensar cómo se habrá caído, de arriba, de abajo”, dijo a Reuters. “Ya podemos hacerle un entierro digno como todas las personas merece. No tirado allí como un perro.”

Pacto de olvido

España, al igual que muchos países de América Latina en su paso de la dictadura a la democracia, aprobó una la ley de amnistía en 1977 para ponerpunto final a su pasado violento. Las Naciones Unidas y diversas organizaciones de derechos humanos han instado a España a revocar esta ley. Pero España ha defendido el llamado “pacto de olvido”, que muchos ven como el precio necesario pagado para que la transición fuera un éxito.

Un proceso de reparación sólo habría dejado el país peligrosamente polarizado es el argumento esgrimido por muchos ciudadanos. Un portavoz del Ministerio de Justicia dijo que era poco probable que la apertura de la fosa común afectaría la ley de amnistía. Un portavoz del Ayuntamiento de Guadalajara dijo que solo por orden judicial se podrían llevarse a cabo más exhumaciones. El tribunal alcarreño que aprobó la apertura de la tumba por orden de la juez argentina no hizo comentarios al respecto.

La juez argentina María Servini quiere dejar sin efecto la ley de amnistía para buscar justicia por los crímenes del franquismo que abarcan desde la tortura hasta ejecuciones extrajudiciales en un pleito abierto en 2010. España recurrió también a ley internacional en 2005 para hacer un proceso al oficial de la marina argentina Adolfo Scilingo en un tribunal español por crímenes contra la humanidad durante la “guerra sucia” del país latinoamericano.

Ascensión Mendieta, la mujer que ha conseguido abrir la fosa de su padre.- REUTERS

Baltasar Garzón, el exjuez español más famoso por su defensa de los derechos humanos, jugó un papel principal en ese proceso, que dejó sin efecto las leyes de amnistía argentinas aprobadas en 1987. En su propio país, Garzón despejó el camino para la apertura de las primeras fosas comunes y abrió una investigación sobre los crímenes del franquismo, que no consiguió concluir.

El pasado sigue en el presente

El pasado sigue repercutiendo en la política nacional a muchos niveles – la alcaldesa de Madrid y la presidenta conservadora del gobierno regional se han enzarzado en una disputa sobre la retirada de monumentos y placas ligadas a la España de Franco.

El último gobierno socialista de España, dirigido por José Luis Rodríguez Zapatero, aprobó una ley en 2007 dirigida a reconocer a las víctimas de ambos lados de la guerra, que incluía financiar las exhumaciones y los entierros. La ley condenó formalmente el régimen de Franco, pero no llegó a suspender la amnistía o crear una “comisión de la verdad”, tal como sucedió en Sudáfrica y Chile.

El Partido Popular (PP), que derrotó a los socialistas en las elecciones de 2011 y ganó los últimos comicios en diciembre aunque no obtuvo los votos suficientes para formar un gobierno, no derogó la ley, pero paró la financiación estatal de las exhumaciones.

La ARMH, sin ayuda del Estado español de ningún tipo, ha abierto la fosa común de Timoteo Mendieta.- REUTERS

“Aquí están los abuelos”

A petición de la juez Servini, un tribunal de Guadalajara autorizó la exhumación de la tumba, que contenía 22 cuerpos de personas que se cree fueron asesinadas por las fuerzas de Franco en los meses posteriores al final de la guerra civil. Los arqueólogos empezaron a excavar el 19 de enero, trabajando a partir de un archivo del ayuntamiento, que registraba con una cuidada caligrafía los nombres, edades y posición de los enterrados en el cementerio de la ciudad.

Las personas que trabajan en el proyecto están convencidos de que alrededor de 200 cuerpos en total están enterrados en fosas en este rincón del cementerio, que fue aislado del resto del camposanto por un muro hasta después de la muerte de Franco en 1975.

Se cree que el cuerpo de Timoteo es el decimonoveno o vigésimo de los cuerpos apilados verticalmente en esa tumba. Mientras los arqueólogos trabajaban desenterrándolos, decenas de familias llegaban al lugar para preguntar por familiares que podrían estar enterrados allí.

Más de 80 familias se registraron en la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), un grupo sin ánimo de lucro que trabaja para la identificación de las víctimas. La ARMH ha documentado 114.226 casos de hombres y mujeres enterrados en fosas comunes en toda España.

Pablo Rodríguez, un jubilado de 63 años de edad, dejó a sus datos de contacto en una carpa montada por la asociación cerca de la excavación. “Yo vine con mi madre de pequeño a dejar flores el Día de los Santos. ‘Aquí están los abuelos’, me decía. Había una tapia antes. Había que pedir una llave para pasar dentro”, dijo.

El arqueólogo de la ARMH encargado de la exhumación, René Pacheco

Rodríguez llevaba una bolsa de plástico que contenía documentos antiguos y cartas, incluyendo una orden de 1940, emitida por un tribunal militar, paraejecutar a su abuelo por unirse a una rebelión. “A mí me gustaría que estuvieran con su hija”, dijo, señalando la tumba de su madre a 20 metros de distancia, en la sección principal del cementerio.

El arqueólogo René Pacheco paró un momento a descansar del trabajo de excavación. Los huesos se colocaron cuidadosamente en cubos, se izaron a la superficie y se metieron en cajas de cartón. “Esta fosa tiene muchas particularidades. Una fosa en un cementerio y tan profunda no la habíamos encontrado nunca”, dijo. “Con una profundidad tan grande está claro que había premeditación de la cantidad de cuerpos que iban a ser arrojados en la tierra”.

Las muestras de los huesos y los dientes de los esqueletos se enviarán a Argentina junto con muestras de saliva de los familiares para realizar las identificaciones. Argentina llevará a cabo las pruebas de forma gratuita, un servicio que España no ha ofrecido, dijo Pacheco. “Nos gustaría que fuera lo más rápida posible porque aquí tenemos una mujer de 90 años esperando”, dijo.

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Fotografía destacada: La fosa del cementerio de Guadalajara que ha exhumado la ARMH por orden de la Justicia de Argentina.- REUTERS

Fuente:http://m.publico.es/politica/1949213/la-apertura-de-una-fosa-de-la-guerra-civil-desentierra-la-memoria-que-duele-a-la-derecha

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“Sin la recuperación de los desaparecidos, la democracia está coja”

El temor a hablar sigue estando ahí, instalado en lo más profundo, como si no hubiera pasado el tiempo.

Ascensión se ha convertido en un símbolo para todas aquellas personas que buscan a sus desaparecidos.

infolibre.es / Estela Celada / 03-02-2016

En la tapia todavía se aprecian las marcas de las balas, testigos silenciosos de un pasado enterrado durante más de setenta años. En las últimas dos semanas, Ascensión Mendieta ha pasado muchas horas con la mirada clavada en ese muro. Esperando con una sonrisa en los labios. O, mejor dicho, terminando la espera. Desde los 13 años ha estado imaginándose este momento, pensando en el día que pudiera recuperar los restos de su padre, fusilado en 1939. Ahora, a los noventa y con su deseo cumplido, recuerda con nitidez la última vez que le vio. “Estaba durmiendo la siesta. Había venido de la guerra, pero no llegó a entrar en combate porque su quinta fue una de las últimas que llamaron. Y vino porque Franco había dicho que era una paz honrosa, que quien no se hubiera manchado las manos de sangre se podía marchar. Mi padre llegó a Sacedón y a los cuatro días lo enviaron a la cárcel”.

Lo que desde el 19 de enero ha separado a Ascensión de esa tapia de la parte civil del cementerio de Guadalajara es una hilera de 12 tumbas. Desde lejos pasan totalmente desapercibidas, pero al acercarse se empieza a intuir que no son como las demás. La mayoría solo tiene una sencilla estructura de ladrillo y cemento cubierta de musgo y algún solitario ramo de claveles encima. En algunas se pueden leer algunos nombres sin ningún vínculo familiar entre sí. Son fosas comunes, herencia de la Guerra Civil y del franquismo. La de Timoteo Mendieta era la número 2, hoy un agujero de más de tres metros de profundidad abierto a instancias de la jueza argentina María Romilda Servini. “Es increíble que hayamos tenido que recurrir a un país extranjero. Aquí nos cerraron todas las puertas”, denuncia Francisco Vargas Mendieta, uno de los hijos de Ascensión. Es la primera vez que se realiza la apertura de una fosa común en España por orden de un magistrado extranjero.

El apellido Mendieta ha sentado un precedente y Ascensión se ha convertido en un símbolo para todas aquellas personas que buscan a sus desaparecidos. Por eso, cada uno de los días que se ha desplazado desde Madrid para contemplar cómo avanzaban las labores de exhumación se le ha acercado alguien para regalarle flores y hasta algún beso, pero, sobre todo, para darle las gracias. “Siento mucho orgullo, mucha alegría y mucha fuerza porque me voy a llevar algo de él”, dice mientras insiste en que quiere que la entierren junto a los restos de su padre, condenado a muerte en un juicio sumarísimo por pertenecer a UGT y “por auxilio a la rebelión”, según consta en los registros de la época. Tenía 41 años. Su quinta fue una de las últimas que llamaron a filas. Dejó el puesto de carnes que tenía en la plaza del pueblo alcarreño de Sacedón y se incorporó al frente de Canillejas, en Madrid. Nunca quiso que su familia le viera en la cárcel; seis meses después de ser detenido, recibieron la noticia de su ejecución.

El proceso para recuperar sus restos ha sido difícil y en muchos momentos frustrante y doloroso, pero las últimas dos semanas han sido especialmente emotivas. “Sé que voy a llorar un montón todavía”, reconoce Francisco. La de su abuelo ha sido una de las exhumaciones más complicadas que ha realizado la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).“Ha sido difícil, una de las más largas debido a la falta de espacio. El perímetro para trabajar era muy estrecho porque a los dos lados hay otras fosas con asesinados”, explica René Pacheco, el arqueólogo que ha liderado la excavación junto con un grupo de voluntarios, incluido un antropólogo forense llegado expresamente desde Portugal. Además, en la fosa había otros 21 cuerpos de fusilados. Timoteo Mendieta fue de los primeros en ser arrojado, por lo que estaba prácticamente abajo del todo. El registro del cementerio, extremadamente minucioso, ha sido clave para identificarle: “Llama la atención cómo está todo perfectamente anotado: los nombres, la edad, la fecha de enterramiento, el número de fosa y hasta el lugar que ocupan los cuerpos en la saca”, explica Marco González, vicepresidente de la ARMH y nieto también de desaparecido.

Pero no siempre hay fuentes documentales tan fiables para localizar las miles de fosas comunes que se estima que hay desperdigadas por todo el país. En esos casos hay que tirar de memoria, hablar con los vecinos de la zona, con supervivientes de la Guerra Civil o con sus hijos y nietos que han escuchado las historias desde niños, ver lo que recuerdan y, sobre todo, lo que quieren contar después de callar tantos años. Porque el temor a hablar sigue estando ahí, instalado en lo más profundo, como si no hubiera pasado el tiempo. “El miedo aún está enquistado en la sociedad y ese es nuestro mayor obstáculo. No es raro encontrar a una familia que no reclama a su desaparecido no porque no quiera, sino por lo que van a pensar de ella en el pueblo. Es muy triste, pero nos hemos encontrado muchos casos así”, afirma Pacheco. Un silencio impuesto que también se vivió en la familia de Timoteo Mendieta. “Nunca hablábamos de ello, yo nunca he podido decir que habían matado a mi padre porque tenía a mis hijos, iban a un colegio de Falange en San Blas y me daba miedo que dijeran ‘a mi abuelo le han matado’, sabe Dios lo que podía a pasar”, cuenta Ascensión. “Vivíamos en un régimen de terror –añade su hijo Francisco–. A veces oías cosas, pero no hilabas. La primera vez que vine con mi abuela al cementerio tenía 14 años. La zona civil estaba cerrada. No podíamos entrar, así que arrojábamos las flores desde el otro lado del muro y donde cayesen…”.

Con la llegada de la Transición, se derribó la tapia y les dejaron pasar. Fueron los primeros en poner una lápida en las fosas comunes. Ascensión no ha olvidado que a su madre solo le dejaron “escribir el nombre porque le dijeron que tenía que dejar espacio para los demás, aunque nadie puso nada, solo ella”. Al poco, alguien la destrozó con mazas y le arrojó pintura roja por encima. Tuvieron que ponerla de nuevo. Dos de los siete hijos de Timoteo Mendieta nunca fueron a verla. De nuevo, el miedo. “Hubo hermanos que no querían saber del tema, pero no porque no pensaran en él, de hecho el que sobrevive ha apoyado a mi madre en todo, sino porque significarse en aquella época era muy duro y ya sabemos las consecuencias: primero palizas y luego cárcel”, dice Francisco.

Ascensión reconoce que si ha llegado tan lejos es gracias a sus hijos, porque fueron ellos quienes iniciaron la búsqueda, igual que en muchos de los casos investigados por la ARMH, como explica Pacheco: “La tercera generación es la que ha recogido el testigo y la lucha, porque no tiene miedo y solo quiere saber lo que pasó”. Sonia Castro es uno de ellos. Nieta de represaliados del franquismo, es ella quien inició en su familia la búsqueda de los desaparecidos. “Era un tema tabú, pero según me fui haciendo mayor empecé a hacer preguntas y a interesarme. Me enteré de que existía la asociación y les pedí ayuda. Mi abuelo está en el cementerio de la Almudena en Madrid, pero los restos de mi tío abuelo fueron trasladados al Valle de los Caídos. Queremos localizarle, no queremos que esté junto a sus verdugos. Ahora es mi madre quien me anima a seguir adelante”. Sonia es una de las muchas personas que se han acercado para acompañar a Ascensión. No importa si nunca se han visto antes, les une una historia compartida. Igual que a esas (decenas de) familias que gracias al caso de Timoteo Mendieta han descubierto que tienen a alguien enterrado en una de esas fosas, o las que ya lo sabían y ahora tienen la esperanza de poder recuperar sus restos. Ascensión es plenamente consciente de las puertas que ha abierto:“Hay mucha gente que está viniendo. Se han enterado por nosotros. Tengo mucha alegría”.

En dos semanas, la ARMH ha recibido más de sesenta solicitudes relacionadas con el cementerio de Guadalajara, peticiones de ayuda como la de Rafaela Gayoso Jiménez. Su abuelo está enterrado en la fosa 1, para ella el proceso empieza de cero: “Era el alcalde de Almunia de Tajuña, le fusilaron por pertenecer a UGT. También mataron a un tío abuelo y a mis tías les cortaron el pelo y las arrastraron por el pueblo. Les quitaron todo”. Con cada palabra que pronuncia sus ojos se humedecen, como si lo que cuenta hubiera sucedido ayer, como si lo hubiera vivido en primera persona. Emociones transmitidas de una generación a otra, una reacción normal según Raúl de la Fuente Gutiérrez, psicólogo de la asociación: “Los sentimientos brotan exactamente igual aunque haya pasado tanto tiempo, quizás tengan más carga emocional por todo el proceso de lucha. Tampoco suele haber diferencias entre los hijos y los nietos de los desaparecidos, los primeros lo vivieron en primera persona pero los segundos han crecido con esa historia familiar o la han descubierto de mayores, pero para unos y otros la exhumación supone cerrar ese capítulo”.

Curtido en casos de desaparecidos en los conflictos de Guatemala y Perú, De la Fuente no se separa de las familias durante las excavaciones. Les ayuda a asumir el proceso que están viviendo pero, sobre todo, a ajustar las expectativas. “Hay personas que creen que es fácil porque toda la vida les han dicho que estaban ahí. Pero muchas veces las localizaciones fallan, o su familiar no está, o solo se encuentra algún zapato o el botón de una chaqueta”. En este sentido, el caso de Timoteo Mendieta también ha sido especial. El trabajo de acompañamiento empezó durante el proceso judicial y se prolongará durante el tiempo que tarden las pruebas que realizará un equipo de genetistas argentinos. Es el paso decisivo porque, aunque el análisis arqueológico forense confirma que los restos encontrados en Guadalajara son los del padre de Ascensión, el ADN tiene la última palabra. La ARMH sabe por experiencia que, a veces, el resultado no es el esperado. Francisco cree que su familia está preparada para lo peor: “Sería una gran decepción para mi madre pero, incluso en esa situación, todavía seguiría mereciendo la pena. Nosotros no representamos solo a mi abuelo, sino a todos los desaparecidos. La democracia está coja hasta que no levanten todo lo que hay”.

El problema es que el tiempo se acaba. “Cuando empezamos nuestro trabajo hace quince años era más fácil encontrar las fosas porque había muchísima gente que te marcaba un lugar exacto. Hoy, muchas de esas personas han muerto y la búsqueda es cada vez más complicada”, advierte Pacheco. A esto se suma la falta de ayudas económicas destinadas a las asociaciones de la Memoria Histórica. La ARMH, por ejemplo, sobrevive gracias a la financiación extranjera, del dinero que recibe de un sindicato noruego y de los 100.000 dólares que le ha aportado el Premio ALBA/Puffin de Derechos Humanos concedido por los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln, una organización estadounidense. Su estructura, solo cuatro contratados y el resto voluntarios,recuerda que la Memoria es un movimiento social,compuesto por personas anónimas decididas a rescatar del olvido a las más de 114.000 víctimas que todavía quedan sepultadas en fosas comunes, una cifra que convierte a España en el segundo país del mundo, por detrás de Camboya, con mayor número de desapariciones forzosas sin resolver.

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Fotografía destacada: Exhumación – Guadalajara. Óscar Rodríguez

Fuente:http://www.infolibre.es/noticias/ctxt/2016/02/04/sin_recuperacion_los_desaparecidos_democracia_esta_coja_44278_1601.html

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La voz de los huesos

La tutela internacional abre una nueva fase en la reparación a las víctimas del franquismo.

diagonalperiodico.net / Antonio Girón / 01-02-2016

Llevan once días trabajando de sol a sol, incluso de noche o bajo la lluvia, en la fosa nº2 del Cementerio Civil de Guadalajara. Esta es una fosa vertical, profunda y estrecha. Han aparecido, hasta el momento, los huesos de 18 jornaleros ejecutados entre 1939 y 1940.

Unas adolescentes se acercan a la escena, ‘estamos haciendo un trabajo para el instituto’, dice una de ellas. Chon Vargas Mendieta, con el pelo corto y la mirada brillante, es una de las nietas de Timoteo Mendieta, el primer caso de desaparición forzada en España investigado por un tribunal de justicia afuera de nuestras fronteras. Así que llama la atención de las muchachas. Se acercan a ella y empiezan a conversar. La imagen ha sido empleada muchas veces: las Mendieta actúan como Antígona en su desafío a Creonte, el rey que ha prohibido dar sepultura a su hermano Polinices. En la obra de Sófocles, el coro canta que ella ‘es capaz de caminar por cualquier lugar, de atravesar todo, de encontrar respuestas a todo’. Sigue esas leyes ‘que no son de hoy ni de ayer, sino que siempre han estado en vigor y nadie sabe cuándo aparecieron’. Nos habla de los vínculos más profundos entre las personas. ‘El péndulo del mundo es el corazón de Antígona”, escribe Marguerite Yourcenar.

Chon Vargas Mendieta al pie de la exhumación. Fotograma del documental “La tierra tiembla”, La Sandunga Films, 2016.

15 años de rescate social de la memoria

La comprensión y el conocimiento contemporáneo sobre el contexto de impunidad en España tiene una fecha clave, casi un punto de partida: el 21 de octubre de 2000 se cierra la búsqueda de 13 cuerpos en una cuneta de la localidad leonesa de Priaranza de Bierzo. Los ’13 de Priaranza’ señalan la emergencia de un nuevo movimiento social, que impulsará en los años siguientes un proceso de profundas resonancias éticas, políticas, históricas. Hace 15 años, la cuestión de la memoria irrumpió en la esfera pública porque familiares de desaparecidos por la dictadura pensaron que nada tenía de malo, que nada tenía de raro, identificar y dar una sepultura digna a los restos de sus seres queridos.

El 11 de diciembre de ese mismo año 2000, aparece la primera pieza periodística de alcance sobre el tema. Manuel Vázquez Montalbán –algo así como el Guillem Martínez del milenio pasado– ha leído la odisea de Emilio Silva a la búsqueda de los restos de su abuelo en La crónica de León y firma en Interviú un artículo titulado “Los desaparecidos”. Fue hace 15 años. Pero podría estar escrito hace 15 días:

“Quedan en España por detectar cientos de fosas comunes similares donde están los restos de los desaparecidos acusados por el franquismo, desaparecidos para siempre por prosperar el pacto tácito establecido durante de la transición de que demócratas y franquistas liquidacionistas no se tiraran la memoria histórica por la cabeza. Tal vez el censo de desaparecidos y el descubrimiento de estas fosas comunes convenza a los jóvenes militantes en su ignorancia histórica, de la injusticia que cometen cada vez que hablan del franquismo y de la guerra civil como si no fuera con ellos, como si les estuvieran hablando del general Narváez o de las germanías o del problema de sarpullido del cerezo en el Valle del Jerte.”

Hasta ese momento, nadie ha movido un dedo desde el sistema político e institucional surgido de la transición. Estamos en Iberia, ‘la balsa de piedra’, según la metáfora de José Saramago. Una geografía que navega a la deriva, ignorante de su propia historia, sin identidad ni cultura democrática en la que reconocerse.

Durante el décimo aniversario de la ARMH (2010) Emilio Silva posa junto a la imagen de su abuelo. La fotografía pertenece a la exposición fotográfica de Eloy Alonso. (ARMH)

Pero desde la ARMH ayudarán a miles de familias por todos los rincones del país. Así, de abajo hacia arriba, se inicia el rescate social de la memoria. Las víctimas, ante el desamparo de las instituciones españolas, acudirán a la Comisión sobre Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas. También impulsarán una Ley de Memoria Histórica aprobada finalmente durante el gobierno de ZP. En una situación judicial sin precedentes, pondrán frente a la Audiencia Nacional al general Franco y sus más inmediatos colaboradores.

Al punto que el juez Baltasar Garzón dicta, a fines de 2008, un auto contra el general Franco por crímenes contra la humanidad. La decisión judicial supone, según recoge el escrito del juez, ‘una forma de rehabilitación institucional ante el silencio desplegado hasta la fecha’.

Gracias a la persistencia de los familiares de las víctimas, hoy conocemos 114.226 casos documentados de hombres y mujeres en cunetas y fosas comunes

Fue como pinchar un globo enorme, que estaba lleno de silencio.

Examinar la historia reciente de nuestro país desde la perspectiva del derecho humanitario y el derecho internacional de los derechos humanos es sencillamente demoledor. Somos campeones internacionales en materia de impunidad.

Al menos, gracias a la persistencia de los familiares de las víctimas, hoy conocemos 114.226 casos documentados de hombres y mujeres en cunetas y fosas comunes. Un osario de dimensiones tan enormes que tiene el extraño privilegio de competir en el ‘top’ de la criminalidad masiva y sistemática con personajes de la enjundia de Pol Pot, el líder de los jémeres rojos camboyanos. En el intento de componer el relato de este genocidio, el último libro del historiador e hispanista británico Paul Preston se titula, expresivamente, ‘el holocausto español’.

La voz de los huesos

Carlos es quien se mueve más ágilmente en esta boca de tierra junto a la tapia del cementerio. Termina de colocar una segunda serie de vigas de madera que aseguran los taludes de la excavación, y bajo un foco de luz halógena, los arqueólogos prosiguen su trabajo. Carlos es un minero leonés que lleva más de 10 años colaborando en las excavaciones de la ARMH. Nos sentamos a fumar. Me cuenta que también es nieto de desaparecidos. ‘Todo esto ha llegado tarde, muy tarde’, dice con algo de tristeza. En el fondo de la fosa, René y María retiran cuidadosamente la tierra arcillosa y húmeda. Descubren tibias y fémures, dientes y cráneos, costillas y vértebras. Siguiendo los indicios de los archivos históricos, es muy probable que la pelvis sobre la que René desliza ahora su pincel pertenezca a Timoteo Mendieta.

René Pacheco en la fosa nº2 del cementerio civil de Guadalajara. Fotograma del documental “La tierra tiembla”, La Sandunga Films, 2016.

Marco González me cuenta que las pruebas de identificación del ADN de los restos correrán a cuenta del Equipo Argentino de Arqueología Forense. Y que esta exhumación ha sido posible gracias al amparo judicial de María Servini, la jueza argentina que investiga lo que se ha dado en llamar ‘la querella argentina’.

Los gastos los sufragan los propios familiares de las víctimas, con el apoyo de un sindicato noruego de electricistas y gracias a un premio de derechos humanos otorgado a la ARMH por los veteranos norteamericanos de la Brigada Lincoln.

No deja de ser muy elocuente que Timoteo Mendieta, quien presidiera la UGT de su pueblo, sea identificado gracias al apoyo de un sindicato de electricistas noruegos. Al finalizar la Guerra Civil, Timoteo tenía 41 años y 7 hijos. Fue detenido y trasladado a Guadalajara. El 11 de septiembre de 1939, recibe la sentencia de muerte previo paso por el ‘Juzgado Especial de Ejecuciones’ (sic) y es fusilado un mes después en las tapias del cementerio. Sólo en este lugar hubo cientos de fusilamientos. Cerca de mil personas abandonadas en fosas comunes. Las marcas de los balazos todavía son visibles en la piedra caliza de los muros.

Cero euros a la Ley de Memoria Histórica

Sucedió hace ahora poco más de dos meses. El 14 de noviembre de 2015, en medio de un clima electoral inédito, el diario El Mundo organiza el foro ‘La España necesaria’ en el Hotel Palace de Madrid. Ante la presencia del presidente del gobierno Mariano Rajoy, el periodista de extremo centro Honorio Feito pregunta a Rajoy porque no ha derogado la Ley de la Memoria Histórica nada más llegar al gobierno. Rajoy responde, en su descargo, que su gobierno ha dado cero euros a los mecanismos de los que dispone la Ley. Añade que el tema no suscita un gran debate social.

Las palabras del presidente ahora en funciones son toda una declaración de principios. Pero además desconocen la propia legislación española y los pactos internacionales suscritos en materia de derechos humanos.

Ante el abandono de la justicia y las instituciones españolas, las denuncias de las familias se extienden estos días desde los juzgados de Argentina hasta los de México. Quizás sea el resultado inevitable de eso que tan bien resumen las palabras de los hombres y mujeres de la ARMH que trabajan en la fosa nº 2 del cementerio civil de Guadalajara:

“La memoria es como el agua, que siempre busca una salida. Más tarde o más temprano desborda las fronteras, los diques, los temores.”

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Fotografía destacada: Acto homenaje por la memoria histórica en el cementerio de Guadalajara con ocasión de la exhumación de Timoteo Mendieta / ÁLVARO MINGUITO

Fuente:https://www.diagonalperiodico.net/saberes/29194-la-voz-huesos.html

Publicado por ARMH