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Quién era Antoni Campañà y por qué sus casi 6.000 fotos de la Guerra Civil estuvieron 80 años escondidas en un garaje

Al vaciar una casa de Sant Cugat (Barcelona), los dueños encontraron unas cajas rojas con fotografías de la Guerra Civil de su abuelo fotoperiodista. 

Era republicano, demócrata y creyente. Reconocido en su oficio, trabajaba para La Vanguardia, pero la “experiencia traumática” que le supuso la contienda, y el uso que hicieron ambos bandos de sus instantáneas, hizo que quisiera olvidarlas. 

Estas son algunas de las fotografías de la Guerra que estuvieron en un trastero durante 80 años.

eldiario.es / Belén Remacha / 12-11-2019

En la ‘valija mexicana’ de Robert Capa había entre 3.000 y 4.000 negativos de la Guerra Civil Española de tres fotógrafos –Endre Friedmann, Gerda Taro y David Seymour–, que permanecieron desaparecidos 70 años. En las cajas rojas de Antoni Campañà había casi 6.000 fotografías de la misma época, sobre todo de Barcelona pero también de otras partes del país y también guardadas desde los 40. Es la comparación que le vale al periodista Plàcid Garcia-Planas para poner en contexto el hallazgo de la familia del fotoperiodista catalán, al menos cuantitativamente.

Las instantáneas aparecieron cuando los hijos y nietos de Campañà decidieron vender la casa familiar de Sant Cugat del Vallès (Barcelona), construida en los 40. Garcia Planas puntualiza que no era exactamente un aparcamiento, como se ha publicado, sino un garaje particular: “Al fondo, bajo otros trastos almacenados durante décadas, estuvieron 80 años. Sus hijos sabían que existían, pero no dónde estaban. Al ir a vaciar la casa, encontraron las cajas rojas”. La familia las ha cedido para ser publicadas en un libro en el que aparecen 400, La capsa vermella (Editorial Comanegra) editado por García-Planas junto al historiador Arnau Gonzàlez i Vilalta y el fotógrafo David Ramos. Seguramente, luego se hará una exposición.

Coche cosido a balazos en una calle de Barcelona. 1936-1937 FOTO CEDIDA A ELDIARIO.ES. ANTONI CAMPAÑÀ

Para explicar cómo pudieron permanecer tanto tiempo ahí abajo, García-Planas recurre primero a contar la biografía del fotógrafo, nacido en 1906 en Arbucias (Girona): “A diferencia de otros él no era corresponsal: no fue a la guerra, la guerra llegó a él. Desde que estalla en el 36 hasta el 39 hace fotos desde su territorio, que era Barcelona. Él era republicano, demócrata y catalanista, pero también creyente. Fue chófer del Ejército republicano y los anarquistas quedaron enamorados de sus fotos; la CNT llegó a hacer postales. Se da la paradoja de que suyas, de un católico practicante, fueron algunas de las mejores imágenes de la quema de iglesias”.

“Pero como fotografiaba todo lo que veía –sigue García-Planas– también hizo instantáneas de los primeros desfiles franquistas, que el bando de Franco empleó ya durante la dictadura”. Y ese uso ambivalente fue uno de los motivos por los que Campañà no quiso que nadie más le recordara su trabajo durante la guerra. “No le gustaba la propia guerra, para él fue una experiencia traumática. Por su condición de religioso, se sentía incómodo en los dos bandos. Y la quiso olvidar”.

El valor del contenido de esas cajas rojas reside ahí, en “que lo cuenta todo. Su abanico es amplísimo. Momentos épicos y no épicos, de la cotidianidad y del horror. Simplemente fotografió todo lo que veía, sin trabajar para el gobierno republicano ni para los sublevados. De derrocamiento de iglesias, de gente pasando hambre… Cogió lo que le interesaba y lo que no, eso fue lo que luego también le dañó”.

Las campanas de Bujaraloz (Zaragoza) tras la destrucción de la iglesia por los anarquistas de la CNT-FAI. 1936 FOTO CEDIDA A ELDIARIO.ES. ANTONI CAMPAÑÀ

Antes de la Guerra, Campañá había trabajado haciendo de todo en su sector. Cogió prestigio en Barcelona por su rápido revelado de fotos de boda, cuenta García-Planas, y fue agente para Leica, la mítica empresa de cámaras. También había sido reconocido como fotoperiodista: trabajó para La Vanguardia y en 1934 una imagen suya fue portada de la revista American Photography. Durante la dictadura se quedó en Barcelona, dedicándose a la fotografía deportiva para distintos medios –suyas son varias instantáneas del Barça de la época–. Ya en los 50, viajó por toda España y fue el primero en editar postales a color en pleno auge del turismo.

Murió en el 89, y aún vivió para la celebración de una exposición en su Barcelona natal organizada por La Caixa, aunque sin apenas fotos de la contienda. Para el libro los editores han seleccionado 400 de esas 6.000 siguiendo un relato cronológico bajo criterios artísticos e historiográficos, la mayoría se han tenido que quedar fuera. Habiendo aparecido estas ‘cajas rojas’, ¿podemos pensar que nos quedan muchos más fondos documentales de la guerra por conocer? “Ese es un gran misterio”, responde García-Planas.”Pero diría que de esta magnitud, de un gran fotógrafo reconocido ya durante su época, podría ser el último. Es difícil que se encuentre un material así, de esa calidad, y con la misma mirada”.

Refugiados malagueños. Estadio Olímpico de Montjuïc. Febrero de 1937. EDITORIAL COMANEGRA

Dos ciudadanos observan en detalle las momias de las monjas expuestas de la iglesia y convento de las Saleses del Passeig de Sant Joan de Barcelona. Julio 1936. EDITORIAL COMANEGRA

Un joven falangista sostiene una bandera española en en Festival de FET y de las JONS en homenaje al ministro de Exteriores italiano, Galeazzo Ciano. Barcelona, 11 de julio de 193 EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

Un enterrador en el Cementiri Nou (Montjuïc) de Barcelona muestra cadáveres de los muertos en los enfrentamientos para parar el golpe de estado. EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

Dos mujeres en medio de la runa en el barrio del Poble-sec tras el tercer bombardeo sobre Barcelona. 14 de marzo de 1937. EDITORIAL COMANEGRA / ANTONI CAMPAÑÀ

Militantes de Estat Catalàm independentistas, el 11 de Septiembre de 1936 EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

Barricades en l’Eixample. Julio de 1936. EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

La Catalunya rural en la gran ciudad. Vecinos del pueblo natal de Companys, el Tarròs (l’Urgell). EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

Una miliciana anarquista del cuartel del Bruc, entonces Bakunin, con un pañuelo corbata rojo y negro. Verano de 1936. EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

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Fotografía destacada: Refugiados republicanos de Málaga en el estadio de Montjuïc de Barcelona. 1937 FOTO CEDIDA A ELDIARIO.ES. ANTONI CAMPAÑÀ

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Guerra-Civil-aparecieron-Sant-Cugat_0_962754655.html#fotos

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Elisa Garrido, la libertaria que voló una fábrica nazi de bombas

La localidad zaragozana de Magallón rinde homenaje a una vecina olvidada en España pero admirada y galardonada en Francia con una jornada en la que participan varios reporteros de guerra y la cantante Rozalén.

publico.es / Eduardo Bayona / 08-11-2019

“Dentro del drama de lo que ocurrió, al menos uno sabe dónde llevarle una flor. Eso es lo importante dentro de las fases del duelo, que haya un homenaje, que es lo que no ocurre con tantos desaparecidos”, explica la cantante Rozalén, que este viernes participa en Magallón (Zaragoza) en la jornada de reconocimiento que ese pueblo rinde a Elisa Garrido, una militante libertaria que en 1945 logró hacer saltar por los aires la fábrica de obuses en la que los nazis la explotaban como esclava de guerra, y a Justo, el tío abuelo de la artista albaceteña, el único integrante de la “Quinta del Biberón” que no regresó a su pueblo de la Sierra del Segura y cuyos restos reposan en una fosa de Arganda del Rey.

La historia de Elisa ha sido recuperada por Afaem (Asociación de Familiares de Enterrados en Magallón), que preside su sobrina Pilar Gimeno, y por Amical de Mathausen, uno de cuyos miembros, Juan Manuel Calvo, logró documentar, mientras investigaba las vidas del millar largo de aragoneses que pasaron por los campos de concentración nazis, que las tres Elisa Ruiz de Angulo, Ruiz de Masalle y Ruiz Garrido cuyo rastro había localizado eran en realidad una sola: La Mañica, el apodo con el que se la conocía tanto en el movimiento libertario de la Barcelona de los años 30 como en la Resistencia a los nazis en la Francia de la década siguiente, donde también utilizó el seudónimo de FranÇoise.

Elisa, natural de Magallón y que se ganaba la vida como sirvienta de una familia acaudalada, se afilió a la CNT y formó parte de las columnas libertarias que en las primeras semanas de la guerra civil salieron de Barcelona con el objetivo de liberar Zaragoza de los sublevados. Casi tres años después, cruzaba el Pirineo en dirección a Francia, donde acabaría afincándose en Toulouse con su compañero, Marino Ruiz.

Resistencia, cárceles y campos de concentración

Ella relevó a Marino como correo de la Resistencia y como guía para ayudar a fugitivos a cruzar la frontera cuando fue detenido por la Gestapo, que acabó atrapándola también a ella en noviembre de 1943. Comenzaron entonces varias semanas de torturas antes de su traslado de la cárcel tolosana a otra de París, desde donde fue deportada a primeros del año siguiente al campo de concentración de Ravensbrück, cercano a Berlín y donde los alemanes solo recluían a prisioneras.

Elisa Garrido, con varios sobrinos-nietos en una de sus visitas a España./ Cedida por la familia

En septiembre de1944, los nazis la destinaron como esclava a una fábrica de obuses adscrita al campo de Buchenwald en el Kommando Hasag, un complejo de la industria militar alemana ubicado en Leipzig donde llevaría a cabo una arriesgada acción que hizo saltar por los aires buena parte de la factoría: dejaba parte de la carga explosiva en las bombas defectuosas que debían pasar de nuevo por la fresadora para ser pulidas hasta que la propia máquina acabó haciendo de percutor y provocando una explosión en cadena.

Antes de ser liberada en un canje de prisioneros realizado en Frankfurt en junio de 1945 pasaría de nuevo por Ravensbrück. Todavía tardaría unos meses en regresar a Francia, para lo que tuvo que pasar por Dinamarca y Suecia.

La pareja llegó a pasar unos años en España en la década de los 50, ella como pescatera en Cortes de Navarra y él como taxista en Mallén. Sin embargo, poco después regresaban a Francia, donde ella sería galardonada con la Legión de Honor y donde el Estado le reconoció el grado de teniente de la Resistencia.

¿Una calle en París?

“Da igual dónde los hayan matado o dónde hayan sufrido”, explica Pilar Gimeno, organizadora del homenaje, dedicada “a todas las Elisas y a todos los Justos de España” y en la que, además de Rozalén, intervendrán varios periodistas como los reporteros de guerra Ramón Lobo y Gervasio Sánchez o Conchi Cejudo, que mantendrán un coloquio en el cine local a las cuatro de la tarde. La jornada, que será clausurada por el consejero de Cultura del Gobierno de Aragón, Felipe Faci, comenzará a las 11.45 con una ofrenda floral en el cementerio de Magallón.

Elisa, ‘La Mañica’ o ‘FranÇoise’, es una de tantas personas que lucharon por las libertades y contra el fascismo y que, en una situación más que frecuente y que tiene como principal exponente el olvido local de La Nueve, la compañía de republicanos que liberó el Ayuntamiento de París y capturó al comandante de los nazis en septiembre de 1944, carecen en España del reconocimiento que sí se les da en otros países europeos. 

En este caso, Afaem ha tomado la iniciativa de dirigirse al Ayuntamiento de París para solicitar que le dedique una calle dentro del proceso de feminización del callejero de la ciudad impulsado por la alcaldesa Anne Hidalgo, y que ya ha llevado a la inclusión en él de Neus Català. El estudio histórico que acompaña la petición ha sido elaborado por la periodista Pilar Barranco, miembro de la asociación y que colaboró con el consistorio parisino en los preparativos del homenaje a La Nueve este verano.

Una fosa en Arganda del Rey

“Me impactó que volara la fábrica y, la verdad, tengo muchas ganas de que me cuenten allí su historia”, explica Rozalén, comprometida con la Memoria desde que conoció lo que le ocurrió a su tío-abuelo. “Siempre he tenido muy claro que mis raíces y mis ancestros son importantes para mí, y en mi familia hubo una historia de desaparecidos”. 

La ‘Carta de deportado resistente’ da fe de su paso por los campos de concentración nazis entre enero de 1944 y junio de 1945./ Cedida por la familia

“Nunca supimos muy bien cómo ocurrió, eran tiempos en los que no se podía hablar”, recuerda, y “yo he vivido la angustia de una abuela preguntando dónde estaba su hermano, y he visto cómo su madre y otro hermano morían sin saber dónde estaba. En mi pueblo había una placa por los caídos por la patria, pero era como si mi abuelo no hubiera existido”.

Hace unos años, con la ayuda de la ARMH, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, y de uno de sus fundadores, Emilio Silva, lograron confirmar que sus restos están en una fosa de Arganda junto con los de otro cuarto de millar de víctimas de la guerra civil. “Mi abuela está feliz porque yo puedo llevarle flores”, anota.

DDHH y reparación son algo de sentido común

Rozalén lleva años realizando colaboraciones con los espacios memorialistas, tanto en España como en otros países, como Chile. “Está el mundo plagado de falta de Memoria”, dice.

“Creo en los derechos humanos y en la reparación a las víctimas, eso es algo de sentido común”, anota. Y ese es uno de los motivos por los que le cuesta entender la situación de España: “en la transición hicieron lo que tuvieron que hacer, pero ahora deberían explicarnos la historia tal como fue. Eso es necesario para entender los odios que se están levantando”.

En este sentido, a la cantante le preocupa “muchísimo que se estén normalizando discursos de odio, de machismo, de xenofobia. Antes daba pudor decir esas cosas, pero ahora no. No sé qué va a pasar. Aunque soy optimista, yo tengo miedo. Ojalá el miedo haga reaccionar y votar a la gente”.

El programa de la jornada no incluye ninguna actuación de Rozalén, aunque ella llevará consigo su guitarra. “Siempre la llevo. Cantar es mi manera de hablar y de convencer. Con las canciones se consiguen más cosas que con los discursos”, señala.

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Fotografía destacada: Elisa Garrido, ‘La Mañica’, en la boda de su hermano en los años 70./ Cedida por la familia

Fuente:https://www.publico.es/sociedad/magallon-elisa-garrido-libertaria-volo-fabrica-nazi-bombas.html

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Fomento busca cómo abolir una tasa franquista que cobró por buscar restos en dos fosas

El ministerio asegura que revisará los procesos para eximir del pago a las entidades de memoria histórica, mientras la asociación recuerda que en otros casos no les han cobrado nada y denuncia que es algo “arbitrario” e “injusto”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica recibió el cobro de una tasa en 2016 y otra en septiembre de 2019 al pedir la autorización para exhumar.

Las tasas exigidas, que gravan el informe de obra, están reguladas en un decreto de 1960 firmado por Franco y Carrero Blanco.

eldiario.es / Marta Borraz / Belén Remacha / 05-11-2019

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha denunciado este martes las tasas que el Ministerio de Fomento le ha reclamado por los trabajos en dos fosas de la provincia de León. Se trata de proyectos en zonas aledañas a dos carreteras nacionales, por lo que al pedir la autorización Fomento exigió el pago de 193,36 euros (que aumentó hasta los 232,03 por impago, a día de hoy ya solventado) en 2016, con el Gobierno del PP, y 65,94 en el segundo de los casos, en septiembre de este año, ya con el PSOE en el Ejecutivo.

El Ministerio, una de las instituciones a las que debía pedir autorización por sus competencias en carreteras nacionales, cobra este importe por, según consta en el oficio más reciente, “la elaboración de un informe que requiere de la liquidación de la tasa de código 22 por informes y otras actuaciones”. La Ley de Procedimiento Administrativo Común estipula la expedición de ese informe, aunque no es preceptivo. Y las tasas relativas a esa gestión, de Informes y Otras Actuaciones, están reguladas por un decreto de 1960, firmado por Francisco Franco y por su entonces subsecretario de Presidencia, Luis Carrero Blanco.

En el artículo 4 de ese Decreto, al que se remite Fomento, se establecen las cuantías por la realización de informes. Los de carácter facultativo variaban entre 500 y 1.500 pesetas. La traslación a 2019 se ha traducido en esos 193,36 y 65,94 euros. Fuentes de Fomento explican que para conocer al detalle el por qué de la diferencia de los importes serían necesarios los expedientes de cada autorización y el desglose de conceptos que incluye cada una.

El Ministerio alega que la normativa es anterior a la Ley de Memoria Histórica de 2007 y por tanto no contemplaba “la utilidad pública e interés social” de actividades “como las que realiza la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica”, recogidas como tales en la ley. El organismo asegura que buscará “la fórmula jurídica más apropiada” para eximir de la tasa a las entidades que soliciten autorización para actuaciones de este tipo. El ministro, José Luis Ábalos, ha declarado que “desconocía” la tasa y “ha pedido que se estudie cuando antes” para que no se pague.

Recibos con las tasas cobradas a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Los dos recibos parten de la Dirección General de Carreteras y en concreto de la Demarcación de Carreteras del Estado en Castilla y León Occidental (Unidad de Carreteras en León) y especifican como concepto “las obras de prospección con medios manuales y mecánicos a fin de localizar y exhumar restos humanos”. Desde la ARMH muestran su “desconcierto” y apuntan a la “arbitrariedad” en la decisión. “Hemos pedido la misma autorización otras veces y no nos han cobrado la tasa”, dice Marco Antonio González. “No entendemos, además, en base a qué en un proyecto nos cobran 60 euros y en otro 190”.

En el caso más reciente, el de este año, la búsqueda se realizó en la carretera N-621 León-Santander, donde la asociación intentaba encontrar en Las Salas (una pedanía del municipio de Crémenes) los restos de un vecino del pueblo que había sido asesinado en 1936 y arrojado al río Esla. Se conocía que su cuerpo había sido reflotado a los pocos días por vecinos de la zona y enterrado en la finca más cercana, pero después de dos días de trabajos, explica la ARMH, no apareció.

“A nosotros nos ha pasado estas dos veces, no sabemos si a otras asociaciones les está pasando. Se supone que si no pagas la tasa, no te hacen el informe y no puedes empezar los trabajos, pero nosotros en el caso de Las Salas llevábamos muchos meses esperando y los pusimos en marcha de todas formas”, explica González. La solicitud fue pedida en enero de este año y el 11 de septiembre la ARMH recibió la petición de pago. Aunque abonaron la de 2016, en esta ocasión se niegan a hacerlo porque considera que se trata de algo “injusto” que debe ser suprimido. “No puede ser que se nos cobre por buscar a víctimas del franquismo como si fuéramos una empresa o un particular que está haciendo otro tipo de obras”.

El otro recibo, correspondiente a 2016, exigía por el mismo concepto el pago de 193,36 euros, pero una vez transcurrido el plazo dado por la Administración para efectuar el ingreso, el importe se multiplicó hasta los 232,03 euros que finalmente fueron pagados por la asociación. En este caso, buscaba en una fosa de Santa Lucía de Gordón –cerca de la carretera N-630 Gijón-Sevilla– a 11 hombres y una mujer que fueron asesinados una vez cayó el frente republicano de Asturias. Todo indicaba que los restos habían sido enterrados extramuros del cementerio del pueblo, pero tampoco aparecieron.

Este mismo lunes, la asociación hizo público que la Diputación de Ávila le exigía 150 euros por realizar la exhumación de los restos de tres víctimas de la Guerra Civil que estaban en fosas comunes. El concepto de la tasa que aplicaba era el de una “licencia por obras en la carretera provincial”, ya que los trabajos se realizaron en dos vías de la red de carreteras de Ávila. Finalmente, la Diputación explicó que la tasa se había generado “automáticamente y por error”.

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Fotografía destacada: Imagen de los trabajos en Las Salas (León) ARMH

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Ministerio-Fomento-asociacion-exhumar-Leon_0_960304254.html

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La Diputación de Ávila reclama 150 euros a una asociación de familiares por buscar una fosa común

“Se han inventado una tasa de exhumaciones”, denuncian.

elpais.com / Natalia Junquera / 04-11-2019

“Importe: 150,25 euros. Tasa única búsqueda y exhumación de restos de tres personas”, reza el recibo que la Diputación de Ávila (PP) ha enviado a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) después de que esta intentara localizar, a finales del año pasado, los restos de tres fusilados del franquismo en el municipio de Casillas. “Inventan una tasa de exhumaciones para multarnos por la búsqueda de una fosa. Nos penalizan por ayudar a familiares a sus seres queridos”, ha denunciado la ARMH.

Óscar Rodríguez, portavoz de la asociación, explica que los trabajos se realizaron a finales del año pasado tras obtener los permisos del Ayuntamiento de Casillas y de la Diputación. “Entonces no nos dijeron nada de ese impuesto.La alcaldesa del pueblo, Beatriz Díaz [vicepresident segunda en la Diputación] fue muy amable con nosotros”. La Diputación de Ávila no ha contestado esta mañana a las preguntas de este diario.

 

La asociación buscaba dos fosas diferentes, una en la cuneta de la carretera de Madrid a Casillas y otra en un camino. La llamada de una anciana, Felipa Peinado, les había puesto sobre aviso. “En los años noventa se puso delante de una excavadora para frenar la ampliación de la carretera porque su padre estaba enterrado allí. Finalmente los restos fueron exhumados y trasladados a un cementerio. Cuando nos llamó nos explicó que quería rescatar los restos de su tío Regino, su primo, y otro vecino del pueblo conocido como El Patarrillo”, recuerda Rodríguez. La asociación llegó finalmente con una excavadora al lugar y buscó ambas fosas pero no las encontró. “No tocamos la carretera y dejamos todo como estaba. Como hacemos siempre”. La operación se sufragó con donativos privados, y parte de ellos, extranjeros.

No es la primera vez que les ocurre algo así. En 2017, la asociación recibió una notificación del Ayuntamiento de Guadalajara reclamándoles el pago de 2.057 euros por la exhumación de Timoteo Mendieta y de otros 27 cuerpos de una fosa común del cementerio de la capital alcarreña. Los restos habían sido exhumados por orden del juzgado argentino que mantiene abierta una causa por los crímenes del franquismo. Finalmente, no se pagaron. En 2012 también retrasó otra exhumación los 1.500 euros que reclamaban los propietarios de un terreno en Salamanca para permitir abrir allí una fosa común.

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Fotografía destacada: Felipa Peinado, en la tumba donde fue enterrado su padre y su abuelo,ambos fusilados.La lápida dice: “5 y 3”, por las víctimas exhumadas gracias a su empeño. ÓSCAR RODRÍGUEZ

Fuente:https://elpais.com/politica/2019/11/04/actualidad/1572866281_074968.html

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El desconocido centenar de brigadistas chinos que combatió en la Guerra Civil contra Franco

La exposición ‘Las Brigadistas Internacionales y los Voluntarios Chinos en la Guerra Civil de España” repasa un capítulo oculto en la historia reciente de nuestro país, la del centenar de combatientes chinos que decidieron luchar en la misma fecha y en diferente geografía por el fin del fascismo. Un centenar de “valientes migrantes, obreros, médicos, periodistas y pequeños comerciantes” de los que apenas se conoce su historia.

publico.es / María Serrano / 28-10-2019

Chen lleva varios años afincado en España y es hoy el presidente de la Asociación de Promoción e Intercambio Hispano-Chino. Sacar a la luz un caso inédito de nuestra historia reciente como es el de las Brigadistas Internacionales que desde su país vinieron a luchar en la España de 1936 no ha sido tarea fácil. Hoy la exposición ‘Las Brigadistas Internacionales y los Voluntarios Chinos en la Guerra Civil de España’ ya tiene un pequeño recorrido de muestras en Andalucía, desde el estreno de la exposición en octubre en el Antiquarium de Sevilla, pasando por la Casa Colón de Huelva para ser próximamente acogida en el rectorado de Málaga. Chen aclara a Público que “van a alcanzar muy pronto la geografía nacional, llegando en 2020 a ciudades como Almería, Granada, Madrid o Salamanca”.

Ante la pregunta obligatoria del motivo de la muestra Chen destaca que la expo conmemora “el 46 aniversario del establecimiento de las relaciones diplomáticas entre China y España y el 80 aniversario del fin de la Guerra Civil”.

Pero ¿qué se conoce a día de hoy de aquellos brigadistas? Chen aclara que “la guerra de España se convirtió pronto en una guerra antifascista”. A pesar de que las Brigadas Internacionales, estaban compuestas por más de 40.000 voluntarios procedentes de 54 países, “de China solo llegaron apenas un centenar y poco se conoce de su historia”.

Xie Weijin en Brunete. / Hwei-Ru Tsou y Len Tsou

La única investigación conocida sobre el origen de estos brigadistas llegó a España en 2015 gracias a la editorial ‘Los libros de la Catarata’ y al Centro de Estudios y Documentación de las Brigadas Internacionales (CEDoBI), dependiente de la Universidad de Castilla-La Mancha. El libro Los brigadistas chinos en la guerra civil. La llamada de España (1936-1939), de Hwei-Ru Tsou y Len Tsou, ambos científicos taiwaneses residentes en Estados Unidos, narra como conocieron la existencia de combatientes chinos en la guerra civil española por pura casualidad.

Estos investigadores se encontraban ojeando un álbum publicado por la Brigada Lincoln para conmemorar su 50 aniversario cuando advirtieron que entre los muchos nombres citados, algunos de los que parecían, eran de origen chino.

A pesar de la ardua investigación de Hwei-Ru Tsou y Len Tsou por más de tres continentes en casi una década “no se sabe con certeza cuántos chinos combatieron en la guerra civil española”. Algunas fuentes de la época, de las muy escasas que existen, estiman que fueron cerca de un centenar.

Campañas de llamamiento para venir a España

Hwei-Ru Tsou y Len Tsou señalan que “cuando en 1936 estalló la guerra civil española, el Partido Comunista Francés hizo un llamamiento general para luchar contra el fascismo en solidaridad con el pueblo español. La célula de la Renault emprendió una activa campaña de reclutamiento entre los obreros con la idea de formar una ‘Compañía Renault’ de cien personas dispuestas a luchar en el frente”. Además se realizó un llamamiento a los compatriotas chinos de ultramar escrito por los soldados chinos desde un campo de internamiento francés, redactado por un compatriota conocido como Lin Jishi.

Xie Weijin en 1938 donde se muestra de fondo el pendón de seda enviado a los brigadistas chinos. / Archivos de la Brigada Lincoln

Uno de aquellos combatientes decididos fue Zhang Ruishu que no dudó después de una vida errante a venir a luchar contra el fascismo al sur de Europa. “Llegaría a España junto Liu Jingtian. Ambos decidieron ir juntos a España para incorporarse a las Brigadas Internacionales y luchar contra los fascistas”. El 28 de noviembre de 1936 se presentaron en el cuartel general de las Brigadas Internacionales en Albacete. Y “solicitaron incorporarse a una compañía de ametralladores, pero después del examen físico” fueron destinado a otras tareas.

Chen señala a Público que “China también estaba en una situación muy severa por la invasión de fascismo japonés en esa época en la que surge un grupo de guerreros chinos, quienes, sin tener en cuenta lo que ocurría en su propio país, e incluso sin miedo a la muerte, pensaron que ayudar a los españoles era un deber irrenunciable”.

Yu Xiaoping, Yang Jing, Chang Xiao y Ham Violet Wong han sido los responsables de dar vida a esta muestra con fuentes originales para la exposición que han venido de forma inédita desde el Museo Nacional de China. “Ellos abandonaron a su familia y llegaron a España para dedicarse a las Brigadas Internacionales. Estos voluntarios chinos, con su coraje y diligencia, obtuvieron el respeto de sus compañeros procedentes de distintos países”.

“La mayoría vinieron por propia voluntad, otros casi accidentalmente, y otros fueron enviados por su organización política”, Hwei-Ru Tsou y Len Tsou

De las pocas historias individuales que han podido rescatarse, la expo muestra como la mayor parte de los brigadistas no vino directamente de China, sino que ya estaban asentados sobre todo en Europa y en menor medida en Estados Unidos y otros países. “Algunos vivían ya en España. La mayoría vinieron por propia voluntad, otros casi accidentalmente, y otros fueron enviados por su organización política”, apunta la investigación de Hwei-Ru Tsou y Len Tsou. Mao Tse-tung lo dijo claro en una carta abierta al pueblo español en la fecha de la contienda “De no ser porque tenemos enfrente al enemigo japonés, iríamos con toda seguridad a integrarnos en vuestras tropas”. Esta declaración señala que de no haber estado en este período bélico, los brigadistas chinos hubieran sido mucho más numerosos.

Después de finalizar la guerra civil, se conoce que “algunos brigadistas chinos conocieron los campos de internamiento franceses y buena parte de ellos volvió a China y siguió combatiendo en la guerra contra Japón”. Hwei-Ru Tsou y Len Tsou apuntan como “los supervivientes fueron, en algunos casos y ya en tiempos de paz, sancionados o relegados al olvido por el mismo régimen por el que lucharon”. La Revolución Cultural no les perdonó el hecho de haberse relacionado con extranjeros.

Xie Weijin o el brigadista conocido como Ching Siu Ling

Xie Weijin se unió al llamamiento internacional de los compatriotas chinos de ultramar desde un campo de internamiento francés. Nació en la provincia de Sichuan y como miembro del partido comunista, llegaría a España en abril de 1937 para combatir en la guerra civil bajo un seudónimo que ocultara su identidad Ching Siu Ling.

Su historia es una de las destacadas que se pueden ver en la muestra por el importante legado que este combatiente pudo dejar en vida. Su testimonio gráfico no deja lugar a dudas. Su carnet de las brigadas internacionales y varias fotografías ilustran parte de su vida en España. En una postal escribe a un amigo cuando estuvo en el hospital tras ser herido en el frente. En otra fotografía le vemos en las cercanías de Brunete.

Xie Weijin en el hospital militar de Murcia ingresado en el otoño de 1937. / Hwei-Ru Tsou y Len Tsou

Xie Weijin ingresó en la casa de convalecencia de las Brigadas Internacionales en Barcelona, y trasladado a la Clínica Militar Número uno para seguir con el tratamiento de su pierna, afectada de fuertes y constantes dolores neurológicos producidos en el frente de Quinto, como muestras las fotografías que ha dejado como legado.

Aquellos que lo recuerdan señalan que Xie Weijin era un hombre de baja estatura y llevaba gafas. Su hijo daría a conocer el gran legado de su padre en la guerra de España. Y cómo se formó el destacamento chino. “Este respondió que solo se trataba de un nombre”. Xie Weijin desempeñaba el cargo de comisario político del batallón de artillería de las Brigadas Internacionales. “Su grado, entre el centenar de chinos voluntarios que en ese momento participaban en la guerra, era el más alto, y se convirtió en su líder de forma natural y espontánea”.

Xie Weijin conservó objetos de alto valor histórico que han permanecido décadas ocultos como el pendón de seda que le envió Zhou Enlai desde la lejana China con un marinero. “Después de la guerra civil española lo escondió en el doble fondo de un maletín de cuero, y así consiguió sacarlo del campo de concentración en Francia donde terminó al finalizar la guerra civil”.

Xie Weijing emprendió camino hacia la frontera francesa el 25 de enero de 1939. El grupo de combatientes que lo acompaño hasta la frontera terminó junto a Weijin en el campo de Argelès, a orillas del Mediterráneo. También pasaría por el campo de Gurs donde vivió en condiciones infrahumanas en barracones de madera. En el campo vivían junto a unos 16.000 refugiados. Los refugiados chinos estaban en el barracón número 16.

Xie Weijin contaba historias sobre las fotos que conservaba de la guerra repitiendo “sin cansarse quién era tal o cual persona, quién había muerto en tal o cual batalla o cómo Dolores Ibárruri había ido al frente a dar ánimo a los soldados”… En esa ocasión le oyeron decir: “Aunque perdimos la guerra, gentes de varias decenas de países y de todas las razas fueron a España para tomar parte en ella, un hecho sin precedentes en el mundo”.

Chen, como comisario de la muestra concluye que “hoy en día, China y España están fortaleciendo sus relaciones en los distintos ámbitos como la política, la economía y la cultura”. Esperamos que, a través de esta exposición, “podemos profundizar nuestras conexiones e intercambios, y promover el continuo desarrollo de la amistad” de ambos países”.

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Fotografía destacada: Zhang Ruishu (segundo por la izquierda) junto a sus compañeros de la XIV Brigada. / Hwei-Ru Tsou y Len Tsou

Fuente:https://www.publico.es/politica/brigadas-internacionales-desconocido-centenar-brigadistas-chinos-combatio-guerra-civil-franco.html

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Primera orden de la democracia que obedece Francisco Franco después de 80 años sublevado

La lápida de los 1.500 kilos que corona su tumba es como el tapón de un desagüe por el que desalojar la enorme cantidad de estructuras e infraestructuras que en nuestra cultura política posfranquista han sobrevivido durante estos cuarenta años.

El mayor potencial del movimiento de sus restos tiene que operar en el ámbito simbólico y por lo tanto en estructuras profundamente políticas.

eldiario.es / Emilio Silva / 24-10-2019

Cientos de miles de familias españolas vivieron con angustia el momento en que una lápida de 1.500 kilos era depositada sobre el ataúd en el que estaba enterrado y embalsamado Francisco Franco. Sentadas frente a televisores en blanco y negro, con un nudo en la garganta y con el terrible aprendizaje de no poder mostrar en público su ideología, mezclaron recuerdos de personas asesinadas, de familiares exiliados que murieron a miles de kilómetros del lugar que los vio nacer y de todos los proyectos vitales que murieron aplastados por las botas de un régimen de terror.

El hecho de que el responsable de numerosas violaciones de derechos humanos fuera enterrado no conllevó que el aparato político, militar, económico, académico, religioso y cultural que había se había desarrollado durante cuarenta años de dictadura quedara sepultado bajo esa losa. La incertidumbre, acerca de lo que podía suponer o no ese momento, generaba entre amplios sectores de la sociedad una tremenda angustia.

Mientras, las élites franquistas, que conocían parte del destino que iba a seguir el país en su frágil camino hacia la democracia, y caminaban unos cuantos pasos por delante del resto de la sociedad, contaban con un aliado que supieron administrar con gran habilidad: el miedo.

El miedo de los supervivientes del golpe del 18 de julio, y de la brutal represión que lo acompañó en los años de la posguerra, se había convertido en una parálisis colectiva y mayoritaria, en sentimientos de terror hacia las ideologías y las organizaciones políticas. A esa trauma colectivo se sumaba la permanente duda de no saber si el proyecto político que envolvía España iba a caminar realmente hacia la democracia o en cualquier momento un nuevo dictador retomaría las riendas del poder.

La colocación de la losa de granito sobre el cuerpo de aquel militar embalsamado apenas permitió un minúsculo alivio. La desaparición del hombre que había dejado todo atado y bien atado no supuso que su estructura de poder y quienes se habían beneficiado de su corrupción política y económica dejaran de hacer nudos en el proceso de regreso de la democracia.

Así se construyó un gran muro de impunidad, que con la colaboración de las formaciones parlamentarias de izquierdas, garantizó durante décadas que no existirían debates políticos acerca del pasado, que se consentía el blanqueamiento biográfico de representantes del régimen, empresarios que habían utilizado mano de obra esclava, policías torturadores que cobrarían pensiones especiales por sus “servicios extraordinarios” y la conservación de todos y cada uno de sus privilegios. A todos esos beneficios se añadiría el fomento de la ignorancia en los centros escolares, para garantizar a las élites del franquismo una vida democrática plena y una continuidad incuestionable en su ejercicio del poder.

La salida del cuerpo del dictador del Valle de los Caídos representa la primera vez en que el recorrido biográfico y simbólico del general Franco deja de sublevarse y se ve obligado a obedecer una orden de una sociedad democrática, después de 80 años de sublevación. El mayor potencial del movimiento de sus restos tiene que operar en el ámbito simbólico y por lo tanto en estructuras profundamente políticas.

Esa orden que se le da para que salga del Valle de los Caídos debería suponer algo así como que la lápida de los 1.500 kilos que corona su tumba fuera como el tapón de un desagüe por el que nuestra sociedad comenzara a desalojar la enorme cantidad de estructuras e infraestructuras que, en nuestra cultura política posfranquista, han sobrevivido durante estos cuarenta años impidiendo un pleno ejercicio de sus derechos a las víctimas de la dictadura.

El proceso de recuperación de la memoria histórica, la aparición de las fosas comunes que durante décadas ocultaron sus crímenes, la denuncia pública de los beneficios y privilegios de quienes torturaron a militantes de la oposición, con el fin de garantizar la estabilidad y la tranquilidad del régimen, han hecho que en los últimos años que un monumento que no generaba ninguna controversia política haya cambiado su significado y se haya transformado en un incómodo espacio. Esa transformación en la mirada de la ciudadanía ha convertido el gigantesco mausoleo en un lugar pendiente de ser actualizado y resignificado, con los valores de la democracia; y por tanto, de la defensa de los derechos humanos.

El empoderamiento de la familia del dictador, en todos estos meses, da medida de la capacidad operativa que han mantenido los descendientes del régimen en estos años de democracia. Ver cómo quienes disfrutan del vaciado del patrimonio español durante cuatro décadas ha echado un pulso, de tú a tú, con todo un Gobierno, es un síntoma más de nuestra debilidad democrática. Y además, es una consecuencia de la falta de hábito de colocar, a quienes durante cuatro décadas negaron los derechos civiles de millones de personas, en el lugar que merecen.

Otro síntoma de esa falta de contundencia es el hecho de que el cuerpo del cabecilla del sangriento golpe de Estado de 1936 va a salir de un mausoleo monumental, pagado con fondos públicos, a otro mausoleo funerario que también es propiedad del Estado. Eso significa que las víctimas de la dictadura, después de esta importante decisión, seguirán pagando con sus impuestos en lugar de enterramiento de quien tanto daño les causó, algo que nadie entendería en el caso de víctimas como las del terrorismo.

El Gobierno ha decidido, inexplicablemente, que no podamos ver imágenes de cómo se retira la losa de tonelada y media que cubría el féretro del dictador, ese enorme lastre que ha entorpecido el avance de nuestra cultura democrática. Sería sano para la democracia un ejercicio de mayor transparencia para poder ver cómo el hombre se asesinó y secuestró durante décadas la democracia obedece una orden ciudadana que le dice: ¡Ya no está todo atado!

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Fotografía destacada: Pintada de partidarios de Franco en una sede del PSOE

Fuente:https://www.eldiario.es/zonacritica/Primera-democracia-Francisco-Franco-sublevado_6_955814441.html

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De las fosas al callejero: las asignaturas pendientes de la memoria histórica

La Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica cree que la exhumación de Franco debe ser “solo el comienzo”.

Queda abrir fosas comunes, renombrar calles, investigar el patrimonio de los Franco o ilegalizar las fundaciones fascistas.

rtve.es / Jessica Martín / 22-10-2019

La Ley de Memoria Histórica cumplirá doce años en diciembre con uno de los deberes hechos: la exhumación del dictador Francisco Franco. Sin embargo, todavía son muchas las cuentas pendientes que España tiene con dicha ley, como abrir las fosas en las que siguen hacinadas miles de víctimas de la Guerra Civil, borrar del callejero las más de mil calles que siguen estando dedicadas al régimen, ilegalizar las fundaciones fascistas, investigar el patrimonio de los Franco o arrebatarle las medallas al expolicía franquista ‘Billy el Niño’.

Por esa razón, por todo lo que queda por hacer, los familiares de víctimas del franquismo han recibido la noticia de la exhumación de Franco con una sensación “agridulce”, explica a RTVE.es el portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Bonifacio Sánchez: “Es una sensación no tanto de triunfo como de que por fin se hace algo de justicia. Bien está que salga Franco, pero no nos podemos quedar ahí, debe ser el comienzo de algo”.

Una vez que se hayan trasladado los restos del dictador a Mingorrubio, sería necesario, a juicio de Sánchez, “resignificar” el Valle de los Caídos y convertirlo en un lugar “para la memoria democrática” en el que se explique “lo que significó la dictadura, en qué consistió el trabajo esclavo y qué papel jugaron tanto la Iglesia como los represores” que llevaron a Cuelgamuros a los desaparecidos.

Abrir fosas comunes

Precisamente, localizar a los 114.000 desaparecidos que, según la citada asociación, continúan en fosas comunes de toda España es otra de las tareas pendientes.

“La política de búsqueda de desaparecidos de la Guerra Civil Española y el franquismo debe ser tarea primordial del Estado”, rezaba un cartel compartido en Twitter por Pedro Sánchez en 2017, pero su propuesta ha quedado varada en el terreno de la voluntad y, de momento, no se ha hecho efectiva.

En los últimos 19 años se habrían abierto solo 740 fosas, de las que se han recuperado los cuerpos de 9.000 víctimas de la guerra y la dictadura, según la investigación liderada por el arqueólogo forense Francisco Echeverría. Más de 2.500 fosas comunes siguen sin abrirse y los restos de todas esas víctimas continúan en tierra de nadie. 

La fosa común más grande del país es el Valle de los Caídos, donde yacen los restos de 33.833 personas –más de 12.400 sin identificar- y España sigue siendo el primer país de la Unión Europea en número de desapariciones forzadas y el segundo de todo el mundo, después de Camboya, donde hay más de 20.000 fosas comunes que fueron localizadas tras el genocidio en el que perdieron la vida más de un millón y medio de personas.

Revisar las calles y los monumentos

También está pendiente, recuerda Bonifacio Sánchez, acabar con la “simbología franquista”, lo que pasa por renombrar las calles que adquirieron una nomenclatura ligada al franquismo con el fin de que todos los ciudadanos tuviesen muy presente el triunfo de los sublevados.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) detectó y comunicó el pasado mes de febrero que “destacadas figuras del franquismo dan nombre todavía a 1.171 calles y plazas españolas repartidas entre más de 637 municipios“, así como también hay otros “19 en los que también pudieran quedar otros vestigios de exaltación de la Guerra Civil u homenaje al franquismo”. Y añadió que las comunidades autónomas con más municipios en los que quedan vestigios franquistas son, con diferencia, Castilla y León, con cerca de 260, y Castilla-La Mancha, con 125.

El último paso para cambiar las cifras se dio también en febrero de este año, cuando el Ministerio de Justicia solicitó a 656 ayuntamientos, entre ellos el de Madrid capital, que retirasen los vestigios franquistas que permanezcan en sus espacios públicos.

Lejos de acatar la petición del Ministerio de Justicia, algunos ayuntamientos han decidido revertir en los últimos meses los cambios ya realizados en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. Es el caso, por ejemplo, de Córdoba, donde el nuevo gobierno municipal de PP y Ciudadanos aprobó en junio de este año volver a la nomenclatura que tenían algunas calles antes de la llegada de PSOE e IU.

Por otro lado, según el INE, a 1 de enero, se mantenían los nombres de los municipios Guadiana del Caudillo, en Badajoz, y Llanos del Caudillo, en Ciudad Real.

A lo largo de la geografía española también hay numerosos monumentos cargados de simbología franquista, como el Monolito a Mola en Alcocer, en homenaje a Emilio Mola, uno de los cabecillas del golpe de Estado que inició la Guerra Civil española, o el Arco de la Victoria, en Madrid.

Exhumar a otros generales

La exhumación de Franco podría allanar el camino para que se tomen decisiones similares respecto a los restos de otros generales franquistas.

En Andalucía este mismo mes de octubre asociaciones en defensa de la memoria histórica han reactivado la petición de exhumar los restos de Queipo de Llano, que continúan en la Basílica de la Macarena de Sevilla. Sin embargo, la Junta ha adelantado que ese traslado no está entre sus prioridades y tanto el PP como Ciudadanos han descartado abrir el debate.

Además, en la cripta del Alcázar de Toledo sigue enterrado el general franquista José Moscardó, junto con Jaime Milans de Bosch , jefe de la intentona golpista del 23-F.

Ilegalizar las fundaciones y juzgar a los represores

“Habría también que incluir en el Código Penal la apología del franquismo y algunos otros delitos que hoy se están cometiendo impunemente”, añade el portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que señala la Fundación Francisco Franco como ejemplo de apología.

Para ilegalizar esa y otras fundaciones que inciten al odio o a la violencia contra las víctimas de la Guerra Civil sería necesario que el Gobierno llevase a cabo la prometida reforma integral de la ley de Memoria Histórica.

Por otro lado, Bonifacio Sánchez recuerda que quedan vivos 17 represores que están siendo buscados por la Justicia universal desde Argentina y que “están protegidos” en España, y pone de ejemplo al exministro franquista Rodolfo Martín Villa o al ex inspector de la brigada político-social del franquismo Antonio González Pacheco, más conocido como ‘Billy el Niño’. Este último tiene hasta quince querellas por torturas, pero la mayor parte de ellas han sido rechazadas o archivadas al considerarse prescritos los presuntos delitos.

Además de gozar de impunidad, ‘Billy el Niño’ mantiene sus condecoraciones policiales -que hacen aumentar su pensión- porque, según el Ministerio del Interior, no está regulada la posibilidad de retirar esas medallas a policías.

Investigar el patrimonio de los Franco

Investigar el patrimonio de los familiares del dictador español se suma a la lista de obligaciones que, según Bonifacio Sánchez, tiene España con la memoria histórica. Sobre la mesa está ya la lucha por el pazo de Meirás, que volverá a enfrentar al Gobierno con la familia tras la batalla judicial que han protagonizado en el episodio de la exhumación.

La Abogacía del Estado presentó en julio en los juzgados de A Coruña una demanda contra los herederos por esa propiedad, que fue residencia de verano del dictador, al entender que la compra en 1941 fue “simulada y fraudulenta”.

“También queda que las empresas que se lucraron con el trabajo esclavo, empresas grandes que todavía cotizan en el IBEX 35, den cuentas, como han hecho en Alemania, a las víctimas por el patrimonio que consiguieron”, agrega Sánchez.

Finalmente, y precisando que hay más asuntos pendientes de los señalados, el portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica considera que hay una tarea imprescindible que se debe llevar a cabo en España: “que todo esto aparezca en los libros de texto, que sea una verdad oficial”.

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Fuente:http://www.rtve.es/noticias/20191022/fosas-callejero-asignaturas-pendientes-memoria-historica/1981983.shtml

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Las rapadas de Lekeitio: víctimas de la represión franquista

Humillaban a mujeres y niñas públicamente y convirtieron el castigo de género en arma política durante la guerra y la posguerra.

publico.es / Ibon Pérez Bárcena / 20-10-2019

Tam-Tam, tampatantam. Gregori Goitia Izurieta (1919) tenía 16 años pero recuerda como si fuese ayer el sonido del tamboril que anunciaba el “paseo de la vergüenza”. Con el apoyo de los “señoritos”, los alguaciles y guardias civiles testaban en Lekeitio un castigo que se extendió por muchos pueblos y ciudades del nuevo Estado dictatorial, aunque los registros de aquellas humillaciones públicas sean escasos. De norte a sur, solamente se conservan tres únicas fotografías que ilustran esa barbarie.

Rufo Atxurra, historiador autodidacta y una de las fuentes más fiables de información del pueblo no pudo recabar documentos de lo acaecido en Lekeitio porque “las víctimas hicieron lo posible por enterrar esas vejaciones” y “las autoridades no escribieron un listado de las atrocidades cometidas”.

Tampoco figuran expedientes sobre estas mujeres en los tribunales militares del franquismo. Han sido las grandes olvidadas. Son los propios familiares los que, con su testimonio, pueden ayudar a escribir el relato de aquellos escarnios.

Para que os hagáis una idea, era tal la brutalidad con la que fueron tratadas estas mujeres que, en el periódico madrileño ahora, fechado el 2 de octubre de 1936, hablaban de “bárbaros instintos de las hordas fascistas que dejaban sus huellas en estas mujeres vascas”.

Hacia el modelo de una nueva mujer

Los ataques sistemáticos de los “vencedores” contra las mujeres de Lekeitio eran castigos por haber cuestionado los principios básicos y el orden que pretendía establecer el nuevo estado dictatorial.

“Las potxuas” – chicas en el lenguaje coloquial de la zona- eran mujeres que destacaban por tener un fuerte carácter y desafiaban la autoridad de los alzados con sus costumbres y tradiciones; el euskera era dominado por la gran mayoría de las madres, abuelas y nietas. Algo que el régimen no veía con buenos ojos por considerarlo el lenguaje del demonio y de los nacionalistas.

Eusebia Barinagarrementeria (dch) en 1975. Le cortaron el pelo con 42 años en Berriatua en mayo de 1937.

Devotas acérrimas de la Antiaguako Ama- La Virgen de la Antigua- aún conservaban bailes paganos en los que eran exclusivamente mujeres las que bailaban la danza del sol o el aurresku femenino. Esos bailes quedaron proscritos.

Javier Martin Burgaña las describe trabajando en el puerto: “cosiendo las redes de los marineros, descargando el pescado, encestándolo, limpiando el muelle, etc”. Además, se encargaban del cuidado de los niños y del bienestar de la familia; hacían de padre y madre porque sus maridos estaban en la mar, habían fallecido en combate o- en el mejor de los casos- porque habían abandonado el país en un exilio forzado.

Por “rojas” y “vascas”

Brijida, Mari “Ondarru”, Miren “Ponpon”, Rosario “Akorda”, Claudia y Carmen “Antzarra” no salen en los libros de historia pero tienen algo en común: fueron despojadas de uno de los símbolos más visibles de feminidad de la época.

Sin haber “torturado, violado y asesinado” a nadie, les raparon el pelo de la cabeza al cero en el ayuntamiento y, a alguna de ellas, también el de las cejas. Ese sería solamente el inicio de un calvario que iban a experimentar en sus propias carnes, una venganza y un ensañamiento que supera lo imaginable.

“Les dejaban una cabellera más blanca que el color de mi brazo”, explica Gregori señalando una de sus articulaciones agarrotadas por el exceso de trabajo de años y años. A punto de cumplir un siglo de edad , Gregori todavía suspira al hablar de la guerra “entre hermanos”: “Ay la guerra, ay la guerra”, lamenta con un debilitado hilo de voz.

Gregori Goitia en uno de los momentos de la entrevista.

Una falsa denuncia de un vecino del propio pueblo, el simple hecho de tener un familiar en el bando republicano, vizcaíno o nacionalista sin la necesidad de que ellas compartieran esas ideas y, en definitiva “porque a ellos les daba la gana”, concluye Mila Mendia. Cualquier pretexto era válido para que una mujer acabase en prisión.

“A mi abuela María se la llevaron simplemente por haber estado ayudando en el puesto de la Cruz Roja a los gudaris que llegaban heridos del frente”, explica Iñaki Ruiz Laka. “A la mía, en cambio, por llevar una ikurriña”, responde el nieto de otra. “A fulana y a mengana por no cantar el “Cara al sol”.

Documentos de la condena de Mari Egaña ´Ondarru`

“Fueron trasladadas a una prisión que habían improvisado en una casa donde actualmente se encuentra el bar Itxasalde”, informa Mari Nieves Erkiaga, “donde está el primer mirador”. Dormían hacinadas y arrinconadas en el suelo, en un espacio que no superaba los 60 centímetros de ancho. “La comida escaseaba y los contados alimentos que llevaban a la boca estaban podridos”.

En el centro, el edificio con miradores blancos donde se ubicaba la prisión femenina

La inquisición franquista

Una de las secuencias más memorables de Juego de Tronos es el “Walk of Shame”- el paseo de la vergüenza- al que sometieron a Cersei. “La Lannister era obligada a ir hasta el castillo real atravesando desnuda y sin su larga melena por las calles de Desembarco del Rey”.

Un padre que prefiere mantenerse en el anonimato no es capaz de buscar un símil mejor para contarle a su hijo lo que aconteció entre 1937 y 1940 en Lekeitio. “Aquí pasó algo parecido”, afirma tajante. Su mujer compara los sucesos de la villa marinera con otra figura de la “España Negra”, “con los sambenitos esos que imponía la inquisición española a los acusados de brujería, a los falsos conversos y a los herejes”.

Tras ser arrestadas, a las mujeres peladas las forzaban a ingerir grandes cantidades de aceite de ricino, un laxante al que muchos le otorgaban propiedades abortivas. En el mejor de los casos el nauseabundo líquido les provocaba fuertes dolores de barriga y quemazón estomacal, en el peor de los casos diarrea y vómitos.

La vida de las mujeres de Lekeitio está ligada a su puerto

“Bebe esto”, le dijeron a Claudia, “porque tú eres vieja y para que mueras antes” y, así hizó ella. Pero afortunadamente, la primera vez que la bebió, Claudia consiguió tirar gran parte de la sustancia a un pañuelo que le habían dado los verdugos para limpiarse las “babas”. “Vais a echar todas las tonterías comunistas fuera del cuerpo”, les advertían.

“Las fuerzas vivas” del municipio obligaban a desfilar a las mujeres desde la plaza hasta el rompeolas en un teatro tumultuoso que duró más de un mes. Caminaban dando pequeños pasos amortiguados por el sonido de un txistu y un tambor, defecando por el poderoso laxante que les habían dado. En otras ocasiones les acompañaba la banda de música del pueblo. De esa manera, habían sido señaladas para el resto de sus vídas para su propio escarnio y el de sus propias familias. Estaban avisadas las futuras disidentes femeninas.

Según afirma el psiquiatra Enrique González Duro en su libro Las rapadas, el franquismo contra la mujer (S.XXI) , “las víctimas quedaban marcadas indefinidamente, aunque no tuvieran secuelas físicas”. Quedaron grabadas en el imaginario colectivo de toda la población.

La rapada Mari Egaña, de negro y sujetando a la bebé que alumbró en la cárcel

“Vagaban como almas en pena” narra Nicolasa Laka Egaña “Niko” con la firmeza del que conoce bien la historia. Su madre, Mari “Ondarru” se libró de milagro del ricino porque estaba a punto de dar a luz a su hermana , pero la exhibieron de modo deshonroso. “A la pobre le subieron la minifalda por encima de las rodillas y la pasearon de aquí para allá entre las sonrisas de algunas personas y la cara de pena de otras”, agrega con tristeza. “La dejaron libre para traer al mundo a Txaro, que caprichos del destino, nació el mismo día en el que cumplía años el Caudillo”, esboza una sonrisa tendenciosa. “Al de tres días nos la metieron presa otra vez”, lamenta.

“Se les dejaba un pequeño mechón de pelo al que le anudaban un “txori” – un lazo en euskera – rojo y amarillo”, amplia Mila Mendia , “llevaban los colores de la bandera monárquica como mofa”.

A las hermanas María y Alejandra Erkiaga Bengoetxea les obligaron a limpiar los palacetes y las casas de los terratenientes y ricachones. “Dejábamos el suelo como la patena y, al acabar, los soldados echaban escupitajos al parqué mientras gritaban “puta vasca, limpia otra vez”, solía contarle en vida María a su hija Rosa Bárcena Erkiaga. “Otras mujeres se encargaban de dejar como la patena la Basílica de Santa María, los cuartelitos de la Guardia Civil y el ayuntamiento”, apostilla Rosa, “todo con jabón y frotando con la arena de la playa pequeña, eh”.

El horror hecho lugar

A muy pocos kilómetros de Lekeitio, en la playa de Saturrarán de Mutriku, límite entre Bizkaia y Gipuzkoa, se encontraba la Prisión Central de la playa de Saturrarán. El bello entorno asalvajado, antiguo balneario, lugar de veraneo y descanso para turistas con dinero en otros tiempos, distaba mucho de la embajada de la muerte en el que se convirtió. Guarda una historia cruenta real que habría que recordar.

Vista de la antigua cárcel de Saturrarán

Entre 1938 y 1944 por sus celdas pasaron más de cuatro mil presas republicanas de 18 a 80 años . “Lekeitianas habían pocas pero trajeron a 700 asturianas” comenta Jesusa Goiogana. Allí encontraron la muerte 116 mujeres y 57 niños a los que consideraban “débiles mentales” y los pequeños que sobrevivieron fueron entregados en adopción a afines a los gobernantes franquistas.

De entre las guardianas las presas distinguían a la superiora sor María Aranzazu Vélez de Mendizábal “por lo mala que era”. “Le pusimos el mote de sor “Pantera blanca” porque tenía el hábito blanco pero el corazón muy negro”, apuntó una superviviente. “Todas las monjas eran unas déspotas y les faltaba humanidad”, dejaron escrito las demás.

Diez prisioneras con sus “monjas guardianas”

Las presidiarias fueron sometidas a la férrea disciplina impuesta por las monjas de la orden Mercedarias –hasta negaban la leche a los niños pequeños- y eran frecuentes las palizas y violaciones a las que les sometían las monjas.

En todos los pueblos se conocen historias parecidas. “Pregunta, pregunta”, me reta una señora. En Berriatua, sin ir más lejos “en el pueblo de al lado de Lekeitio, a partir de mayo de 1937 cortaron el pelo a otras siete y fusilaron a otras dos”, dice tajante para acallar las preguntas.

Oropesa (Toledo) , Montilla (Córdoba), Marín (Pontevedra), La Peña (entre Jaca y Ayerbe), Fuente de Cantos (Badajoz)… son algunos de los otros ejemplos de esta práctica extendida. No hay territorio ni municipio en el que las mujeres no pudieron evitar el rapado sistemático como forma de castigo.

Un grupo de niñas y jovenes rapadas en Montilla ( Córdoba) haciendo el saludo franquista.

El general Gonzalo Queipo de Llano –la máxima autoridad militar de Sevilla–, solo cinco días después de empezada la guerra civil, decía en la radio: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a sus mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que pataleen y forcejeen”.

Feminicidas de altas esferas

Los instigadores o altos mandos del levantamiento militar no escondían sus pretensiones ante la opinión pública.

Queipo de Llano, uno de los militares golpistas más feroces y máxima autoridad en Sevilla, lanzó este mensaje contra la mujer en Unión Radio Sevilla, perteneciente a la Cadena Ser tan solo cinco días después de empezar la guerra civil: “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y de paso también a sus mujeres […] Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”.

Queipo de Llano lanza uno de sus discursos propagandísticos por la radio.

Ahí no acaba todo

Las “liberadas” que vivieron esos episodios volverían al ámbito privado del hogar, avergonzadas y estigmatizadas. Hasta que les volvía a crecer el cabello, las mujeres se escondían en sus casas y se cubrían el pelo que no tenían con un pañuelo (en el caso del País Vasco tapaban la cabellera con una txapela).

En muchas ocasiones, al ver que no llevaban “sus vergüenzas a la vista”, los falangistas les arrancaban las telas que protegían sus cabezas cuando las veían por las calles para así aumentar su vergüenza.

Pero el rapado del cabello y las purgas de ricino no fueron las únicas formas represivas y ejemplificadoras. En el peor de los casos, las mujeres se enfrentaron a agresiones sexuales, a abusos y a violaciones por parte de las fuerzas falangistas, moras y regulares o cualquiera que las consideraba exclusivamente un cuerpo y se creía el derecho de hacer uso de la fuerza contra ellas.
En ocasiones, fruto de estas relaciones no consentidas se dieron infinitos casos de embarazos no deseados.

Pura Sánchez, autora de la represión de las mujeres en Andalucía (2009) cree que en la guerra civil al igual que “en las guerras antiguas, como en las guerras contemporáneas, (…) la mujer es considerada un territorio en el que el hombre proyecta sus deseos”. Por eso, era frecuente que, sufrieran el acoso de los autoridad y hombres con poder que les pedían relaciones sexuales para favorecer a familiares encarcelados.

Al igual que los hombres, sufrieron brutales torturas en interminables interrogatorios para dar cuenta del paradero de amigos y conocidos contrarios al franquismo , fueron obligadas a realizar trabajos forzados y las excluyeron de la sociedad de diversas maneras.

Cuatro mujeres rapadas al cero por los franquistas en Oropesa (Toledo) por ser familiares de republicanos.  Fundación: Pablo Iglesias

Cabe destacar que como subraya Ana Verdugo en Represión franquista sobre mujeres (2012) “muchas de ellas habían ejercido de cargos públicos durante la República, como alcaldesas y concejalas, o distintas profesiones como farmacéuticas, enfermeras o maestras”. Les fue prohibido trabajar condenándolas a la más absoluta miseria.

Patxi Juaristi Larrinaga (Markina-Xemein, 1967) es Doctor en Sociología y ha publicado numerosos artículos y libros relacionados con la Guerra Civil. Habla de una “represión atroz generalizada” contra la mujer que “cambió de raíz” su forma de vida.

Los partidarios de Franco eliminaron de golpe todos los avances y los derechos que habían conseguido las mujeres en la República. “Una de las banderas del régimen franquista fuese esa”, afirma el experto. Durante décadas, se valieron del fanatismo religioso, misógino y homófobo para moldear la cimientos del machismo más opresor. La familia, la tradición y Dios estaban por encima de cualquier otra cosa y bajo el eje de esta triada, la mujer era sometida a la cultura patriarcal más humillante.

Las “incorregibles” eran fusiladas sin ningún miramiento y a acababan enterradas en fosas comunes.

A las “rojas” les fueron arrebatados muchos bebés para acabar en manos de familias acaudaladas, una práctica normalizada gracias a la cooperación de religiosas y doctores que operaron en una red organizada hasta bien entrada la democracia.

Justicia y reparación

Las difamaciones sobre las Trece Rosas vertidas abiertamente y sin ningún tipo de rigor histórico que ha vertido el secretario general de VOX, Ortega-Smith, y la escalada de declaraciones guerracivilistas de sus socios en Madrid, deja de manifiesto que sin alimentar rencores, hay que hacer un ejercicio de memoria colectiva.

Las difamaciones sobre las Trece Rosas vertidas abiertamente y sin ningún tipo de rigor histórico que ha vertido el secretario general de VOX, Ortega-Smith, y la escalada de declaraciones guerracivilistas de sus socios en Madrid, deja de manifiesto que sin alimentar rencores, hay que hacer un ejercicio de memoria colectiva.

Ahora, más que nunca, es necesario que conozcamos el pasado que nos pertenece para que generaciones venideras sean conscientes de lo peligroso que es el fascismo y lo importante que es proteger una democracia. No se trata de que reconstruyamos aquella oscura época en la que cambió el modo de vida y la convivencia de toda la sociedad, sino de conocer lo que hemos podido dejar atrás y cerrar heridas en un acto de sanación.

“Hay que recordar que nosotros estábamos tranquilos”, opina el familiar de una de las víctimas, “nosotros no iniciamos la guerra y nos acusan por habernos defendido”, zanja el tema.

Gabriel Akordarrementeria perdió a su madre hace cinco años. Rosario “Akorda”, su ama era una de las lekitxarras a las que raparon el pelo pensando que nunca sería libre e independiente. “Se equivocaron”, asegura. “Ya que el martirio que vivieron era un tema tabú, sería bonito que hablásemos por ella, se lo merecen”, manifiesta abiertamente.

Akordarrementeria se despide, nos sin antes haber prometido que la próxima vez que vea a Koldo Goitia, el alcalde de Lekeitio, le pedirá que haga un homenaje público a “las rapadas que tenían sus nombres, fueron señalas y han sido olvidadas”.

Sin embargo, en la copia borrosa que preserva la memoria siguen presentes. Cada una de ellas aún vive en las cabezas de quienes se acuerdan de sus nombres. Debería estar prohibido por ley no recordar.

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Fotografía destacada: Lekeitio, 1916. Maria Erkiaga encabeza una de las únicas danzas femeninas del País Vasco.

Fuente:https://www.publico.es/politica/rapadas-lekeitio-victimas-represion-franquista-desentierran-practicas-estigmatizaron-degradaron-matriarcado-vasco.html

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Mujeres del exilio republicano: la historia silenciada de la lucha feminista y el antifranquismo

Del medio millón de refugiados que provocó la guerra civil española, una parte quedó anclada en el segundo plano de la historia: eran ellas, las mujeres.

Maestras, políticas, escritoras, enfermeras… desde Victoria Kent hasta Maruja Mallo, de Dolores Ibárruri a Neus Català y otras muchas “mujeres sencillas”.

“En el exilio, las mujeres dejarán para otro momento sus propias demandas de igualdad a favor de causas prioritarias como la lucha antifranquista o la supervivencia”, explica Matilde Eiroa, doctora en Historia Contemporánea.

eldiario.es / Juan Miquel Baquero / 17-1 -2019

Maestras, políticas, periodistas, sanitarias, escritoras o científicas… mujeres. Y la mayoría sin notoriedad pública. Entre el medio millón de personas que vivieron el éxodo provocado por la guerra civil española, una parte quedó anclada al segundo plano. Eran ellas, las mujeres del exilio republicano. Desde Victoria Kent hasta Maruja Mallo, de Dolores Ibárruri a Neus Català.

Porque si la España vencida quedó relegada a las cunetas del silencio, la versión femenina de la historia sufrió un doble abandono. Hace 80 años de la diáspora que atravesó primero la frontera francesa para aterrizar pronto en dispares destinos europeos, africanos y americanos.

Y dentro de la marabunta de refugiados queda el drama callado. Es la memoria de un contingente humano en el que las mujeres formaron un bloque menos visibilizado.

Esa parte de la historia secundaria que ha rescatado el Congreso Internacional ‘Mujeres en el exilio republicano de 1939’, que acaba este viernes. La cita ha prestado una atención específica al colectivo femenino de perfiles diversos, desde la élite de mujeres dirigentes y profesionales a aquellas desconocidas.

Y dando a conocer los espacios destinados entonces a las republicanas. Como los campos de concentración, las maternidades especiales o los albergues. Lugares donde compartieron tiempo y penurias con una infancia también abocada al destierro. Ellas, de la proyección pública a las mujeres ocupadas en tareas de la vida cotidiana. Y su relato.

“En el exilio las mujeres dejarán para otro momento sus propias demandas de igualdad a favor de causas prioritarias, como la lucha antifranquista o la supervivencia en una España extraoficial y sin territorio”, explica Matilde Eiroa San Francisco, doctora en Historia Contemporánea y profesora titular en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

Victoria Kent (Málaga, 1898 – Nueva York, 1987). Primera mujer en el mundo que ejerció como abogada ante un tribunal militar. Diputada en las Cortes constituyentes de la II República por el Partido Republicano Radical Socialista y en 1936 en las listas de Izquierda Republicana, dentro del Frente Popular. Fue directora general de Prisiones e intentó reformas para “humanizar” el sistema penitenciario.

Victoria Kent.

Contraria al sufragio femenino pese a sus convicciones democráticas y feministas, sostenía que la mujer española no tenía la suficiente preparación social y política. Mantuvo una batalla dialéctica con Clara Campoamor. Escapó del exilio en París tras la invasión nazi de Francia y se quedó hasta su muerte en México y Estados Unidos.

Maruja Mallo (Viveiro, Lugo, 1902 – Madrid, 1995). Pintora surrealista. Una de las principales artistas de la Generación del 27. Formó parte de ‘Las Sinsombrero’, movimiento feminista de un grupo de jóvenes intelectuales para quebrar el papel de la mujer en una sociedad patriarcal. Su nombre real era Ana María Gómez González.

Una obra de Maruja Mallo. | EFE

Exiliada en Argentina en 1937, recibió un rápido reconocimiento. Pasa por Uruguay y Chile y expone en París, Brasil o Nueva York. Se codea con Picasso, Magritte, Miró; es admirada por Warhol, André Breton… Amiga de María Zambrano, Federico García Lorca, María Teresa León, Salvador Dalí… Era, ante todo, libre. Pero las crónicas de la época destacaban de ella sus “conquistas”, como Pablo Neruda, Miguel Hernández o Rafael Alberti. Regresó a España en 1962. En 1982 recibió la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, concedida por el Ministerio de Cultura.

Margarita Nelken (Madrid, 1894 – Ciudad de México, 1968). Escritora y crítica de arte. Como política fue diputada del PSOE por Badajoz y la única mujer que logró las tres actas parlamentarias en la II República (1931, 1933 y 1936). Escribió libros de corte feminista, aunque también votó contra el sufragio femenino. Se le atribuye la primera traducción al español de La metamorfosis de Franz Kafka.

Margarita Nelken.

Conocida por sus duros discursos, fue condenada a 20 años de prisión tras la Revolución de Asturias, pero huyó a Francia. En la Guerra Civil se afilió al PCE. Estuvo en el frente, participó en la defensa de Madrid y colaboró en la organización de la Unión de Mujeres Antifascistas. El exilio la llevó a México. Su correspondencia y documentación están en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

Neus Català (Guiamets, Tarragona, 1915 – 2019). Era la única superviviente española del campo de concentración nazi de Ravensbrück. Falleció con 103 años tras toda una vida de lucha antifascista. Feminista y comunista, era enfermera y cruzó la frontera a Francia en los últimos días de la guerra civil con 180 niños que cuidaba en Premià de Mar (Barcelona).

Neus Català con su traje de prisionera. | CORTESÍA DE NEUS CATALÀ

Obligada por las SS a trabajar en la industria de armamento, formó el ‘Comando de las gandulas’, un grupo de mujeres que boicoteó e inutilizó unos diez millones de balas. Tras su liberación continuó la lucha clandestina contra el franquismo. Tiene reconocimientos como la Cruz de San Jordi (2005) y la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya (2015), al Mérito Cívico por el Ayuntamiento de Barcelona (2014) y la Medalla de la Villa de París con el grado de ‘Grand Vermeil’ –la mayor distinción de la capital francesa– (2019) y Catalana del Año (2006).

Dolores Ibárruri (Vizcaya, 1895 – Madrid, 1989), La Pasionaria. Histórica dirigente del Partido Comunista de España. Fue diputada en la Segunda República y en las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, en 1977. Vicepresidenta de las Cortes en 1937. Secretaria general (1942-1960) y presidenta de honor a perpetuidad del PCE (2005). Miembro del Secretariado de la Internacional Comunista.

Dolores Ibárruri y Rafael Alberti, en la Mesa de Edad de la constitución de las Cortes, el 13 de julio de 1977. | EFE

Unió la acción política con la lucha de los derechos de las mujeres y asumió la doctrina marxista como herramienta para la liberación de la clase obrera. En 1933 fue presidenta de la recién fundada Unión de Mujeres Antifascistas. Encarcelada en varias ocasiones. Tras finalizar la Guerra Civil Española, se exilió en la URSS. Regresó a España el 13 de mayo de 1977. Está enterrada en el recinto civil del Cementerio de La Almudena. Publicó sus memorias, El único camino, en 1962.

Y el destierro de las “mujeres sencillas”

Mujeres como Kent, Catalá, Mallo, Nelken o Ibárruri “representan la política, la sociedad, la cultura, la ciencia, pero también otros valores, como el esfuerzo, la superación, la humildad, el servicio a la sociedad, la ética, la democracia y la apuesta firme por las libertades y derechos sociales”, en palabras de Eiroa.

Todas “constituyeron un apoyo básico en la perduración y la memoria de la libertad y la democracia”, continúa. Con una “diferencia importante con los hombres”: tuvieron que pasar “de la participación en la vida pública, del activismo cultural, social y político” desarrollado en los años 30 a la reducción o, en algunos casos, al cese de su actividad.

Mujer votando por primera vez en 1933.

“Pero en la mayoría de los casos su labor perteneció y permaneció en el terreno doméstico y emocional”, subraya Matilde Eiroa en conversación con eldiario.es. El destierro también fue distinto para las “mujeres sencillas”. Para aquellas “que no habían tenido notoriedad pública, la expulsión de su entorno fue un drama y el comienzo de una nueva vida en sitios, a veces, muy inhóspitos”.

Nuevas costumbres para “nuevas formas de sobrellevar la vida cotidiana”. A veces convertidas también “en el principal ingreso doméstico hasta que sus maridos encontraron trabajo”. Con “la máquina de coser y la costura” o “la confección de labores y útiles para el hogar” como vías de subsistencia.

Porque, al final, “ellas fueron las encargadas de la recomposición de la familia, de la instalación en los nuevos destinos y de la adaptación del núcleo familiar a la vida cotidiana”, dice la profesora de la UC3M. Y de conservar “las costumbres españolas: las recetas de cocina, las canciones, los cuentos, las fiestas, la memoria familiar”.

Ellas “transmitieron a sus hijos y a las segundas generaciones nacidas en el exilio una idea de España casi mitificada: el paisaje, la luz, el color de la geografía española”. Y “todas querían volver a España”. Como, en general, “todos los exiliados”. Pero “a una España donde hubiera libertades y no la de Franco”.

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Fotografía destacada: Mujeres antifascistas.

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Mujeres-republicano-silenciada-feminista-antifranquismo_0_953305679.html

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Angüés (Huesca) cierra el círculo: comienza la búsqueda de los últimos nueve ejecutados de la localidad durante la Guerra Civil

29 vecinos de esta localidad fueron ejecutados en los primeros días de la contienda y enterrados en fosas comunes del cementerio de Las Mártires, en Huesca. Se trabaja ahora para hallar los restos de nueve de ellos en la última parte de un proyecto que ha constado de tres fases.

En la búsqueda inicial, llevada a cabo en octubre de 2018, se encontró a cinco de estos angüesinos y a doce en la segunda, que tuvo lugar el verano pasado en el mismo camposanto con la colaboración entre la Arico y el Círculo Republicano Oscense Manolín Abad.

“A mi abuelo lo mataron por un trozo de periódico”: exhuman los cuerpos de 17 personas asesinadas en 1926 en Pomer

eldiario.es / Miguel Barluenga / 15-10-2019

En los primeros días de la Guerra Civil, durante el verano de 1936, la represión del bando nacional se cebó con la localidad altoaragonesa de Angüés. 29 de sus vecinos fueron asesinados y enterrados en fosas comunes del cementerio de Las Mártires, en Huesca. La magnitud de la empresa para recuperar sus restos ha obligado a afrontarla en varias etapas. La última se inició el pasado 7 de octubre y se busca a nueve personas más, separadas en tres tumbas diferentes a las que se dará un entierro mucho más digno en el mismo espacio.

La primera fase se ejecutó hace un año, en octubre de 2018 bajo la promoción y dirección técnica de la Asociación por la Recuperación e Investigación contra el Olvido (Arico), y con la colaboración del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca (Crmahu), Charata de Uncastillo y el Batallón Cinco Villas. La segunda fase, con los mismos parámetros, se realizó en julio y, en ambos casos, con éxito: se halló a cinco de estos vecinos en el primero y a doce en el segundo. Ahora, los oscenses son quienes encabezan los trabajos con la asistencia técnica de Arico y la colaboración de voluntarios que trabajan en tres espacios.

Según las investigaciones llevadas a cabo por Toño Moliner, vocal de Memoria Histórica del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca, en la primera de las fosas se inhumó a Demetrio Huguet Ubico, José Huguet Ubico y Juan José Lomero Bravo. En la segunda, a Domingo Tomás Rivera Sarvisé, Luis Val Casabón y Francisco Zamora Campo. Y en la tercera, a Domingo Ponz Conte, Joaquín Rivera Sarvisé y José Villacampa Bravo.

Durante la primera de las sesiones de trabajo ya se registraron resultados en el primero de los intentos, y los días sucesivos también han evidenciado que se trabaja en la buena dirección con la ayuda de alumnos de la Universidad de Zaragoza y termos de café ahora que el frío comienza a apretar temprano, cuando se inician estas largas jornadas.

Entre los primeros identificados después de haber sometidos los primeros restos hallados a las pruebas de ADN fue Román Arnal Mur, hermano del conocido militante anarquista Martín Arnal Mur.  Angüés contaba con poco más de 800 habitantes durante la década de los 30 y una potente base de jóvenes anarquistas articulados en el sindicato local de la CNT, y tras el golpe de Estado de julio de 1936 se concentraron en la localidad las dotaciones de varios puestos de la Guardia Civil bajo el mando del teniente Manuel Lahoz Julve, que se replegaron a Huesca ante la presión ejercida por las milicias organizadas en Barbastro.

23 vecinos anarquistas de Angüés fueron detenidos por la Guardia Civil e ingresados en la Prisión Provincial de Huesca el 24 de julio de 1936. Durante esa semana en que Angüés estuvo en manos de los sublevados fueron enviados a la cárcel un total de 31 angüesinos y todos ellos serían asesinados en Huesca en los meses siguientes. El destino habitual de los cadáveres, en sucesivas sacas, fue el cementerio de Las Mártires.

Entre los días 3 y 6 de enero de 1937 se ejecutó a 17 vecinos separados en diferentes sepulturas. El 3 de enero de 1937 se asesinó, a las 23:30, a Emeterio Alpín Zaballos (32 años), José Franco Carpi (46 años), Dionisio Gallo Brusau (32 años), José María Batos Lacasta (48 años) y Emilio Cardiel Huguet (26 años). Todos ellos fueron enterrados en una fosa común que ocuparía dos sepulturas distintas (zanja 7, fila 20, sepulturas nº 299-300), tras ser recogidos los cadáveres por la ambulancia número 24 de la Cruz Roja.

El 5 de enero de 1937 fueron ajusticiados, a las 22:30, Santos Buil Tornil (27 años), Tomás Canudo Domper (26 años), Gregorio Espona Vitales (55 años), Ramón Briac Oliveros (19 años) y Bartolomé Casasín Pérez (53 años). Se les dio sepultura en una fosa común. Finalmente, el 6 de enero de 1937 fueron asesinados Agustín Bravo Brusau (31 años) y Mariano Buil Tornil (23 años). Ya el 4 de enero de 1937 habían sido ejecutados otros cinco vecinos de Angüés: Román Arnal Mur (24 años), Fabián Alsina Soliva (26 años), Ramón Bonet Buil (25 años), Miguel Cardiel Huguet (27 años) y Manuel Gallo Brusau (35 años).

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Fotografía destacada: En la búsqueda inicial, llevada a cabo en octubre de 2018, se encontró a cinco de estos angüesinos y a doce en la segunda CARLOS NEOFATO / HUESCA

Fuente:https://www.eldiario.es/aragon/sociedad/Angues-Huesca-ejecutados-Guerra-Civil_0_952955343.html

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