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Más de un millar de voluntarios busca en España a los desaparecidos del franquismo

En el segundo país del mundo en número de fosas comunes, las tareas de búsqueda e identificación las realizan asociaciones, en su mayoría, ante el olvido y abandono del Estado. Afrontan todos los gastos, desde pruebas de ADN, cerca de 600 euros, al uso de excavadoras, a 40 euros la hora.

publico.es / Patricia Campelo / 24-07-2017

Nuria se ajusta el sombrero de paja para protegerse de un sol que empieza a apretar, a eso de las doce del mediodía, mientras observa la zanja que deja la excavadora. Al otro lado del montón de tierra, Marco sostiene el detector de metales en busca de casquillos de bala hasta 30 centímetros de profundidad, lo que permite el artilugio. Son dos voluntarios de los 1.210 que colaboran de forma desinteresada con la Asociación para Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), entidad responsable de la identificación de cerca de 1.400 desaparecidos del franquismo desde el año 2000.

El pasado 19 de julio, Nuria Maqueda y Marco González, ambos de 36 años, comenzaban los trabajos de prospección del terreno en busca de tres jornaleros de El Bierzo (León), asesinados por la represión franquista el 22 de septiembre de 1936 a las diez y siete minutos de la mañana, según consta en las actas de defunción, mientras iban a cobrar su paga.

Se trata de Magín Abad Mayorga, de 24 años, Antonio Álvarez Prada, de 36, y Francisco Carbajo Campazas, de 80. “Venían del pueblo de Magarinos; supuestamente era día de cobro, y los cogieron por el camino. El pretexto solía ser llevarlos a las prisiones de Astorga o San Marcos, pero nunca llegaban”, explica González, voluntario y vicepresidente de la ARMH.

Dos nietas de los desaparecidos contactaron con la asociación y, tras una consulta en los archivos del ayuntamiento de Brañuelas, dieron con los documentos que detallan estos asesinatos. Además, según los testimonios locales, el hijo de una de las víctimas colocó un alambre de espino alrededor de la fosa, identificando el lugar. Pero las obras de un camino adyacente y la plantación de una finca de pinos borraron el rastro, dificultando la actual tarea de recuperación de los cuerpos.

Las actas detallan que fueron enterrados en algún lugar del paraje conocido como Los Campos, “término Brañuelas”. Y con esta pista, más la información que proporciona observar el estado de la tierra, la asociación ha peinado el terreno con una paleadora que les ha prestado de forma gratuita la mancomunidad de La Cepeda durante tres días, algo inusual.

Las trabas son mayores cuando se trata de exhumar tumbas en cementerios que a la hora de horadar tierra

“Hay ayuntamientos que tienen más delicadeza, y Brañuelas, que pertenece a la mancomunidad, ya nos prestó la máquina en 2006. En esta zona mataron a muchos vecinos”, apunta González sobre una de las fases más costosas del proceso de recuperación de desaparecidos, junto a las pruebas de ADN, unos 600 euros cada una. “Una hora de máquina cuesta 40 euros. La asociación ha llegado a pagar facturas de 4.000 euros. Y a veces sin resultado porque no aparecen”, lamenta.

“Esta es la parte más invisible del trabajo, sobre todo si no se les localiza y hay que pasar a otra zona”, aporta Maqueda. Las tres jornadas de búsqueda no dieron frutos, y estos voluntarios retomarán la tarea cuando la mancomunidad pueda volver a prestarles la excavadora.

En cuanto a los permisos a la hora de horadar la tierra, reconocen que no suelen encontrar grandes escollos. “Otra cosa es cuando se trata de cementerios”, apostilla González, y recuerda el caso del camposanto de Guadalajara, donde se rescataron los cuerpos de 50 víctimas entre 2016 y 2017. “Allí hubo que acudir a la justicia argentina porque desde el primer momento negaron el acceso”, lamenta sobre el caso de Timoteo Mendieta, cuya hija Ascensión viajó a Buenos Aires, con 88 años, para pedir a los tribunales de ese país que obligaran a España a abrir este enterramiento.

Toru Arakawa, el voluntario que llegó de Japón

La segunda fase llega cuando se visualizan los restos óseos, momento en el que entran los equipos arqueólogos y forenses. Hace años la asociación podía contratar a dos o tres profesionales para estas tareas. Ahora no; todas las manos son voluntarias. “Hay personas que colaboran desde distintos campos como la arqueología, la antropología o la historia. El otro día nos escribió una asistente social para hablar con personas mayores. También contacta mucha gente particular que no tiene una titulación pero se presta a recoger testimonios. Les pedimos que cuando vayan en verano a sus pueblos consulten en los registros civiles el alcance de la represión documentada”, aclara González. “A la gente le mueve que un estado como el español no esté abordando la búsqueda de desaparecidos y que lo hagamos las asociaciones con los medios que tenemos, mendigando una máquina”, explica.

Nietos y bisnietos también participan cavando en fosas que podrían albergar a sus antepasados. En el caso de los dos enterramientos del cementerio de Guadalajara, colaboró la cuarta generación de familiares, como Rubén Notario, de 34 años, que buscó sin éxito a su bisabuelo y a un hermano de éste. “La esperanza es lo último que se pierde, y voy a seguir luchando”, expresó a Público en el entierro de Timoteo Mendieta.

Entre los 1.210 voluntarios y voluntarias, la ARMH cuenta con dos centenares de extranjeros de 21 nacionalidades. Algunos como el japonés Toru Arakawa aún conmueven el recuerdo de estos jóvenes. “Nos conoció por un periódico, en Japón, en el que venía una noticia sobre la memoria histórica en España. Poco después llegó a Ponferrada buscándonos, y acabó trabajando con nosotros durante tres veranos seguidos”, recuerdan Maqueda y González.

Contacta mucha gente particular que no tiene una titulación pero se presta a recoger testimonios

El enterramiento de As Pontes, en A Coruña en 2006, supuso la primera incursión del asiático en una tarea que le acabó arrebatando algunas costumbres. “El carácter japonés no muestra sentimientos en público, pero imagínate estar trabajando en una fosa y de repente ver al fondo a Toru llorando. Tampoco tienen mucho contacto físico al saludar, pero perdió todos los prejuicios. Encajó perfectamente. Y se podía tirar horas trabajando en cuclillas. Decía que hacia yoga y estaba acostumbrado”, rememoran.

En 2010, este voluntario japonés falleció, a los 71 años, y su hijo visitó España tiempo después en busca de los recuerdos de su progenitor. “Nos dijo que habíamos calado muy hondo a su padre”.

Nuria Maqueda observa la zanja en la que podrían aparecer los restos de tres fusilados. / P.C.C.

Financiación a través de donaciones voluntarias y un sindicato noruego

El actual movimiento ciudadano por la recuperación de la memoria histórica tiene su epicentro en la fosa de 13 desaparecidos de Priaranza del Bierzo, en octubre del año 2000. Supuso el primer enterramiento en el que se practicaron técnicas científicas de identificación, y originó la creación de la asociación en la que colaboran Maqueda y González y que preside Emilio Silva, nieto de uno de los 13 hombres de Priaranza. Desde entonces, este colectivo ha buscado en 230 fosas a más de 1.700 desaparecidos de los que ha identificado a cerca de 1.400.

Entre 2006 y 2011, el Ejecutivo socialista otorgó subvenciones con las que se sufragaron parte de las exhumaciones. Pero el grueso del dinero que posibilita en España la búsqueda de fusilados proviene de la iniciativa particular. En el caso de la ARMH, de donaciones de personas y colectivos, como el sindicato noruego Elogyt, que donó hace tres años 50.000 euros que abrieron, entre otras, las dos fosas del cementerio de Guadalajara.

476 fosas y 7.645 desaparecidos que dejan de serlo

España es el segundo país del mundo, por detrás de Camboya, en número de enterramientos ilegales, según recuerda la asociación Jueces para la Democracia, pero no todas las administraciones han aceptado su responsabilidad en la recuperación de desaparecidos. Andalucía, Catalunya, Valencia o País Vasco ya cuentan con leyes o políticas públicas de memoria que asumen las exhumaciones.

Según el informe de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y la Universidad del País Vasco, firmado por el médico forense Francisco Etxeberria, y actualizado hasta diciembre de 2016, se han rescatado los restos de 7.645 personas de 476 fosas en los últimos 17 años.

En 95 de estos enterramientos participaron, o los gestionaron de manera íntegra, distintas administraciones públicas: ayuntamientos, diputaciones, consejerías, juntas, gobiernos y direcciones generales. Del resto se encargaron las asociaciones y agrupaciones de familiares, en algunos casos con subvención y, en la mayoría, sin ella.

Andalucía, Catalunya, Valencia o País Vasco cuentan con leyes que sí asumen las exhumaciones

El mayor enterramiento, cuyos restos se exhumaron entre 2007 y 2009 fue el del cementerio de San Rafael, en Málaga, con 2.840 fusilados. La tarea de recuperación la llevó a cabo la Asociación Contra el Silencio y el Olvido. La Sociedad de Ciencias Aranzadi, la Gavilla verde, el Foro por la Memoria, la Asociación de Familiares y Amigos de Represaliados en el penal de Valdenoceda, la Coordinadora Provincial por la Recuperación de la Memoria Histórica de Burgos o el grupo GRMHV de Valencia son algunas de las entidades ciudadanas que han trabajado en el rescate de desaparecidos del franquismo.

El mapa de fosas elaborado por el Ministerio de Justicia en 2011 concretó 2.246 enterramientos en los que yacen más de 114.000 represaliados. Pero algunas comunidades autónomas declinaron participar en su confección, por lo que esta cartografía de la represión estaría incompleta, según expresa el informe de Etxeberría.

Con todo, familiares y voluntarios aseguran que seguirán en esta tarea. En el caso de la ARMH, Maqueda y González parten en los próximos días a la otra punta de El Bierzo. “Cada vez es más difícil porque quedan menos testimonios y quien habla ya no es el hijo que vio lo que pasó, sino el nieto a quien se lo contaron”. Así, mientras el Estado no asuma la responsabilidad que le marcan organismos internacionales en el cumplimiento de los derechos humanos, estos voluntarios avanzan que seguirán “hasta abrir todas las fosas que podamos con nuestros medios”.

Los compañeros de fosa de Timoteo Mendieta viajarán a Ponferrada

En enero de 2016 y mayo de 2017 se rescataron los cuerpos de 50 represaliados en dos fosas comunes del cementerio de Guadalajara mientras se trataba de localizar a Timoteo Mendieta, cuya hija Ascensión logró que la justicia argentina, en el marco de la querella contra el franquismo que sigue su curso desde ese país, ordenara los trabajos de exhumación.

Los restos óseos de las 22 personas rescatadas en enero del pasado año los tutela el juzgado número 2 de Guadalajara. Los 28 de la fosa de Mendieta se hallan en el Instituto Anatómico Forense de Madrid. Pero en los próximos días, según ha revelado la Asociación para Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) a Público, los 50 serán reunificados en el laboratorio con el que esta entidad, responsable técnica de estas exhumaciones, cuenta en Ponferrrada (León). “De momento hay 13 identificados mediante pruebas genéticas, además de Timoteo. Seguimos con el proceso identificativo”, avanza Marco González, voluntario y vicepresidente de la ARMH.

La asociación prevé organizar un “gran acto” de entrega de restos a las familias a finales de septiembre o primeros de octubre. Mientras, los custodiarán en condiciones adecuadas para su conservación. “Lo que decía el alcalde [de Guadalajara] de devolver a las fosas a los que no estuvieran identificados es una barbaridad. Hemos dicho que no, que por criterios de conservación eso no se puede hacer. Y nadie asegura que no vayan a aparecer los familiares”, aclara González.

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Fotografía destacada: Voluntarios de la ARMH durante la búsqueda de tres desaparecidos del franquismo en Brañuelas (León). / P.C.C

Fuente:http://www.publico.es/politica/victimas-franquismo-millar-voluntarios-busca-espana-desaparecidos-franquismo.html

 

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Los muertos del kilómetro 411

Milagros perdió a su madre y a su hermano cuando solo tenía diez años. La ciencia y la investigación histórica quieren ayudarla a encontrar sus restos.

hipertextual.com / Ángela Bernardo / 23-11-2015

Hay lecciones de historia que caben en un metro cuadrado. La misma superficie en la que Milagros espera encontrar a su hermano y a su madre. Tenía solo diez años cuando los asesinaron en el kilómetro 411 de la carretera general Madrid-La Coruña. Pero los recuerdos permanecen imborrables en su memoria.

Ella aún conserva una cicatriz en el labio que le hizo un guardia. “Tú lo que no sabes es ladrar”, cuenta que le gritó el hombre, empujándola contra un banco. “Pasé de ser una niña mimada, a la que había que cuidar como un grano de perejil, decía mi padre, a ser una huérfana desgraciada”, nos relata emocionada al otro lado del teléfono. Milagros reside hoy en Badalona, donde se fue con trece años huyendo del horror que había vivido.

Durante décadas permaneció en silencio. “Mi hermano mayor, Aquilino, que estuvo en la cárcel, no quería que habláramos del tema”. Tras su fallecimiento, Milagros decidió pedir el certificado de defunción de su madre y su hermano, donde consta como motivo la muerte natural. “Esa es la mayor injusticia”, nos relata entre lágrimas. “Me vine para Barcelona con un disgusto tremendo, solo quiero que quiten eso de ahí porque no es verdad”. Según el registro de la autopsia al que hemos tenido acceso, Vicenta López y Jesús Camuñasfallecieron por “rotura traumática del corazón”. Era el 28 de octubre de 1948. Habían pasado nueve años desde el final de la Guerra Civil.

“Nos arruinaron la vida”

El día anterior, 27 de octubre de 1948, una llamada en la puerta a la hora de comer sorprendió a la familia. “Somos los rojos, queremos entrar a descansar, que venimos muy cargados”, les dijeron, según declaró Vicenta a la Comandancia de la Guardia Civil de Villafranca del Bierzo, al oeste de la provincia de León. Se trataba de un grupo de guerrilleros antifranquistas, popularmente conocidos como maquis, que se escondían en los montes de los Ancares. Vicenta les abrió la puerta, permitiéndoles que pasaran la noche en el pajar. No imaginaba que darles cobijo le llevaría a la muerte.

Al día siguiente, tres policías hacían la ronda habitual por Castañeiras, el pueblo natal de los Camuñas López. Uno de los guardias, Sabas, conocía a la propia familia y se acercó a la ventana. Una mujer estaba dentro, según nos cuenta Milagros, y entró a saludar confundiéndola con una prima. Pero la joven era en realidad la novia de uno de los maquis, y disparó cuando los policías abrieron la puerta. Sabas murió en el acto.

“Nos arruinaron la vida”, lamenta Milagros. La menor se encontraba en un prado cercano y al regresar a casa vio a su madre detenida y al policía asesinado. “Las cosas que vives de pequeña se te quedan marcadas. Años después yo no podía ir sola, mis hermanos siempre me acompañaban. Tenía miedo de ver un muerto“. El muerto era Sabas. Como resultado, Vicenta y Jesús fueron arrestados acusados de “auxilio a huidos”. Ambos fueron interrogados en las dependencias del cuartel de la Guardia Civil. Según se puede leer en las diligencias judiciales, Vicenta dijo que “[a los maquis] les habían cobijado en todas las casas del pueblo excepto en la de un vecino”. El testimonio fue corroborado por Jesús. En el pie de página del documento aún puede verse la huella del dedo pulgar de su mano derecha. Vicenta no sabía leer ni escribir.

Fragmento de la declaración de Vicenta López ante la Comandancia de la Guardia Civil. Imagen obtenida con permiso de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Como resultado de los interrogatorios, la madre y el hijo fueron detenidos para ser conducidos a la Prisión de Villafranca del Bierzo, a pocos kilómetros de allí.Pero Vicenta y Jesús jamás llegaron a su destino. “Que les hubieran juzgado como juzgan a todo el mundo ahora”, reclama Milagros. En el camino hacia la cárcel, los guardias que les custodiaban les ejecutaron sin mediar palabra. En el informe remitido al juez consta lo siguiente:

Los fallecidos Vicenta López Digón y su hijo Jesús Camuñas López, los cuales fueron muertos en ocasión en que se daban a la fuga cuando eran conducidos a la Prisión de Ponferrada por fuerzas de la Guardia Civil, por ser encubridores de elementos huidos del monte y por tanto responsables de la muerte del Guardia Sabas Andres Salazar” (sic)

El asesinato de Vicenta y Jesús se justificó mediante la aplicación de la conocida como ley de fugas. “Una ley no escrita, por la que la policía se llevaba al reo a dar un paseo y volvía al cuartelillo sin él”, explicaba el jurista Carlos Pérez Vaquero en el programa La noche en vela. Aunque se suele decir que el texto fue aprobado por el Parlamento español el 20 de enero de 1921, lo cierto es que esa fecha coincidió con la ejecución de cinco sindicalistas en Barcelona por un procedimiento parecido. Los guardias se fueron quedando rezagados al custodiar a los detenidos, hasta que les dispararon. El abogado Sergio Carrasco también señala a Hipertextual que la aplicación española de la ley de fugas puede encontrarse en textos históricos como Three Weeks in Majorca de William Dodd (1863) o A Spanish Holiday de Charles Marriott (1908). Otros países como México o la Alemania nazi también usaron esta práctica en diversas épocas de la historia.

Durante la represión franquista, la “ley no escrita” sirvió de pretexto para el fusilamiento de muchos detenidos. El caso de Vicenta y Jesús, por desgracia, fue uno más entre la barbarie cometida por el dictador Francisco Franco, de cuyo fallecimiento se cumplieron el pasado viernes cuarenta años. “No son los únicos ejemplos de enlaces de guerrilleros asesinados mediante esta ley de fugas“, nos cuenta también Alejandro Rodríguez Gutiérrez, historiador y miembro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Solo en esta zona del noroeste peninsular, diez personas fueron asesinadas de manera similar entre 1945 y 1951.

Zona del cementerio de Villafranca del Bierzo donde reposarían los restos de Vicenta y Jesús. Al fondo se ve la Iglesia de Santiago, conocida por la famosa Puerta del Perdón del Camino de Santiago.

Distinta suerte corrió Aquilino Camuñas. El hermano mayor de Milagros fue procesado mediante un Consejo de Guerra ordinario, a través de la Causa Sumarísima número 495 de 1948. ¿Su delito? “Comprarle iodo y alcohol, el 27 de junio de 1.948 y llevarle a arreglar un reloj, el cual le fué ocupado al llevar a cabo su detención a finales de Octubre próximo pasado” (sic), según se lee en las diligencias judiciales. Estos hechos constituían un “delito de auxilio a huidos”, por el que de acuerdo al Decreto Ley de 18 de abril de 1947, fue inicialmente condenado a dos años de prisión menor y 5.000 pesetas de multa.

Nunca una compra y el arreglo de un reloj fueron tan caros. Al procesarle por la vía militar, Aquilino Camuñas fue obligado a elegir como defensor a un jefe u oficial del Ejército. Permaneció siete meses y siete días en la cárcel, según consta en el procedimiento judicial almacenado en el Archivo del Tribunal Militar número 4 de A Coruña, con sede en Ferrol. En el documento también se puede leer que “el procesado es de mala conducta en todos los aspectos”. Milagros nos cuenta que su hermano volvió a casa con la espalda llena de hematomas, a causa de los “cintanazos” que le daban durante los interrogatorios. “Vino azotado a palos y trajo los dedos quemados con cerillas”, relata su hermana. La transcripción del juicio a Aquilino reza lo siguiente:

El representante de la Ley con la venia de la sala interroga al procesado y le dice cuantas veces bió a los bandoleros en casa de su madre y contesta que una y que es cierto le dieron cien pesetas para que fuera a arreglar un reloj. […] El Sr. Presidente le hace las mismas preguntas al procesado y le dice que si la diferencia de las cien pesetas que le dieron con lo que le costó el reloj se quedó con ello y dice que sí se quedó, pero no en concepto de gratificación” (sic)

El fiscal solicitó finalmente para él seis meses y un día de prisión menor. Había cumplido un mes y seis días más de cárcel como medida “preventiva”. Cuando fue puesto en libertad, Aquilino no quiso volver a hablar de todo lo que había ocurrido. “He aguantado muchos años con la boca cerrada y ahora ya no me callo”, responde Milagros ante nuestras preguntas. La niña a la que “arruinaron la vida” busca ahora a su madre y a su hermano.

Jamás dejó de hacerlo en las últimas décadas. Pero no sabía dónde habían sido enterrados. La única que lo supo fue una mujer que trabajó para su familia; por desgracia, falleció antes de poder decirle el lugar exacto donde habían sepultado sus cuerpos. El trabajo de investigación histórica de Rodríguez Gutiérrez permitió a Milagros descubrir el paradero donde podrían encontrarse los restos de su madre y su hermano. “Solo quiero verlos y que me entierren con ellos”, nos explica visiblemente emocionada.

“Exhumamos respuestas”

Las nueve menos cuarto de la mañana del 13 de agosto de 2015. Han pasado sesenta y siete años del asesinato de Vicenta y Jesús. Voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica viajan camino del cementerio de Villafranca. Algunos vienen incluso de países tan lejanos como Australia. Es el caso de Natalia Majstorovic, que realiza su doctorado en la judicialización de la exhumación de fosas comunes en la Universidad de Sydney y colabora desde hace años con la ARMH. La organización fue creada en el año 2000, tras la recuperación de “los trece de Priaranza”, con el objetivo de ayudar a las familias en la búsqueda de los desaparecidos. Desde aquella fecha la entidad ha exhumado más de 150 fosas comunes en toda España -siempre por expresa petición de sus familias- y recuperado los restos de 1.300 personas como la madre y el hermano de Milagros.

La mañana amenaza lluvia y frío, a pesar de que estamos en pleno verano. Cuando llegamos al cementerio de Villafranca del Bierzo, los voluntarios se afanan en colocar un toldo azul para evitar que el agua impida las tareas de apertura y estudio de la fosa donde, según la reseña de sepultura localizada por la ARMH, reposarían los cuerpos. Si la diligencia es correcta, Jesús habría sido enterrado debajo y Vicenta encima a una profundidad de un metro setenta y cinco centímetros. René Pacheco, arqueólogo de la asociación, expresa las primeras dudas. “Es raro que estén más abajo del metro para una sepultura de estas características”.

Los voluntarios Marco, Alejandro, Juan Carlos y René empiezan a cavar en la zona señalada. Sus herramientas son simples: pico, pala y azada. Estos son los medios con los que se desentierra la memoria, gracias a entidades de carácter voluntario y sin ánimo de lucro. Marco Antonio González, vicepresidente de la ARMH, nos cuenta que la organización recibió desde 2007 hasta 2011 subvenciones públicas para los trabajos de exhumación de las fosas, que pueden consultarse en su página web. Actualmente, la ARMH solo se financia a través de las cuotas de sus asociados y mediante premios y distinciones, como el de Derechos Humanos concedido por los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA), dotado con 100.000 euros. “Ningún gobierno ha querido encargarse de esto”, se lamenta Emilio Silva, presidente de la entidad y nieto del primer desaparecido del franquismo identificado por una prueba de ADN, dentro del grupo de “los trece de Priaranza”.

Los medios son precarios. El frío del norte tampoco perdona. “Venga, vamos”, se escucha. Pero los voluntarios se encuentran con un inconveniente más: el suelo del cementerio está más duro de lo previsto. Lo que en principio iba a ser trabajo de una mañana se convierte en una jornada completa de excavación. Tras las primeras dos horas sacando tierra, el suelo comienza a estar húmedo y removido. Pacheco comprueba la zona, dado que estas características podrían indicar que están próximos a restos biológicos. Pero se trata en realidad de un hormiguero. “Mierda”, se escucha.

René Pacheco, arqueólogo de la ARMH, examinando la zona excavada por los voluntarios. Fotografía cedida por la Asociación.

“Venga, hay que seguir”, se oye después. Son las doce y media de la mañana y continúa lloviendo. “Espera, para, para”. Un resto minúsculo de un hueso aparece entre la tierra arcillosa. René se mete dentro de la fosa y retira la tierra con herramientas más pequeñas y un pincel. Pronto la sorpresa y esperanza de que “sean ellos” se transforma en desilusión y cansancio. Son los restos de un niño. Vicenta y Jesús no están en el lugar indicado. Los voluntarios devuelven el hueso y tapan de nuevo la fosa abierta. Vuelven a cavar, esta vez más hacia el norte. Las posibilidades de retirar tierra son limitadas, ya que el lugar está rodeado de panteones y tumbas.

Si logran recuperar los huesos, deben limpiarse y restaurarse antes de proceder al análisis antropológico y forense. En caso de que sea posible, la identificación también se ayuda de pruebas de ADN

 

 

El suelo sigue igual de duro que al comienzo de la mañana. A media tarde, cuando el cansancio ya empieza a hacer mella, se vuelve a oír la voz de René Pacheco. “Espera, para, para”. Son las tres palabras mágicas con las que el resto de voluntarios dejan de picar y sacar tierra. El arqueólogo baja de nuevo a un metro de profundidad. Hay varios huesos humanos, pero es imposible discernir si los restos podrían ser los de Vicenta y Jesús. “Necesitamos traer una máquina, es imposible sacar tanta tierra a mano para ver si son ellos”, lamenta Marco.

Después de devolver los huesos a su lugar de origen y cubrir con la tierra el agujero, los voluntarios regresan de nuevo a Ponferrada. Allí se encuentra el laboratorio de la ARMH, cedido por la Universidad de León. Es en este rincón donde una vez recuperados los restos, se limpian y se procesan para los posteriores análisis antropológicos y forenses. Cuando visitamos este espacio, Nuria Maqueda, auxiliar de arqueología en la ARMH, se encuentra limpiando huesos encontrados en una fosa en Casasola de Rueda este verano. Lo hace con mesura, utilizando un pequeño instrumento metálico. “A veces tenemos que lavarlos con agua, pero en muchas ocasiones son tan frágiles que se rompen algunas partes, por lo que hay que tener cuidado”, comenta.

Limpieza y restauración de los huesos exhumados.

“Cuando abrimos una fosa tenemos que dejarla completamente al descubierto, con el fin de comprobar la posición de los cuerpos y ver si existe algún objeto personal junto a los huesos”, nos explica René. La ARMH sigue el método arqueológico que se aplica en cualquier excavación de este tipo, tras recibir la petición de familias como la de Milagros y obtener los permisos necesarios para la exhumación. “Somos los únicos que vamos a observar el lugar de un crimen”, señala Pacheco.

Posteriormente, los huesos se sacan y se almacenan en cajas individuales. Ya en el laboratorio, el trabajo de restauración y limpieza que nos mostraba Nuria es fundamental para los estudios de antropología forense. En el momento en el que logran reconstruir el esqueleto completo, los voluntarios determinan el perfil biológico y otras pistas de interés. René explica que estudiando los huesos podemos inferir el sexo, la edad o la altura de la persona exhumada. “También es posible comprobar si presentaba alguna enfermedad o problema que nos ayudara en la identificación, como una cojera”. En ocasiones, este paso facilita la labor del análisis forense.

 

En las imágenes anteriores se muestran los restos de una persona joven. “Se ven perfectamente las bóvedas craneales”, comenta René mientras apunta a unas líneas curvas e irregulares en el cráneo, asociadas a individuos de edad no muy avanzada. Antes de realizar el estudio forense, la observación a simple vista de este hueso también ofrece una nueva pista. Un agujero de bala, perfectamente redondeado, indica el motivo de la muerte del joven. En la unión de dos partes del cráneo, comenta Nuria, se ven además restos de otro agujero. Posiblemente le mataron por la espalda y le dieron el tiro de gracia para asegurarse”, nos explica, aunque estas hipótesis deban ser confirmadas posteriormente por los forenses que colaboran con la ARMH.

Objetos personales como botones, anillos o las suelas de un zapato también pueden servir en la identificación de una persona desaparecida

Además de las investigaciones de carácter histórico y documental y de los trabajos de antropología forense, pequeños detalles como un botón, un anillo o la suela de un zapato pueden servir en la identificación de un desaparecido. René nos comenta que en una exhumación encontraron un objeto personal de ese tipo. Así pudieron entender que entre los restos se hallaban posiblemente los de un antiguo ferroviario. “Antes de la creación de RENFE, existían compañías como la del Norte, la del Oeste o la MZA”, apunta. El botón bajo la lupa no miente: es posible que aquel fusilado trabajase para la Compañía Nacional de los Ferrocarriles del Oeste, que desapareció en 1941 al integrarse en RENFE. La próxima semana, cuando comiencen de nuevo los trabajos para encontrar a Vicenta y Jesús, tratarán de descubrir no solo sus huesos, sino también objetos personales que ayuden en su identificación. En otras zonas de España, nos explica el Dr. José Luis Marcello, profesor de Geografía en la Universidad de Salamanca, “hubo quien utilizaba botellas de cristal en las que introducían en un papel el nombre y apellidos del muerto, tapándolas luego con cera”. Este truco pudo hacerse en fosas como la de Paterna (Valencia), donde los familiares sobornaron al enterrador por cinco duros para poder identificar mejor el cadáver del padre en un futuro hipotético.

Un simple botón podría ayudar en la identificación de un ferroviario desaparecido hace más de setenta años.

Las botellas de cristal que se utilizan hoy en día se llaman pruebas de ADN. “Gracias a series como CSI, se ha extendido la creencia de que el ADN es la pista definitiva, pero no es la única”, nos explica René. En el laboratorio de Ponferrada también guardan fragmentos de los huesos recuperados para extraer la información genética. “Se usan huesos grandes como el fémur y los dientes molares sin caries”, destaca. Pero la conservación de los restos es muy desigual. Pacheco señala que “la humedad, la filtración del agua, la acidez del suelo o los movimientos de tierra como los provocados por las cunetas pueden afectar a los huesos”. En ocasiones estos se han transformado en una estructura parecida a la madera, “de la que es imposible extraer ADN”, lamenta.

Los mejores resultados de las pruebas de ADN se obtienen con familiares de primer grado (padres, madres e hijos). Pero no siempre es posible por la falta de parientes con los que comparar los perfiles genéticos

Aun en el caso de que se pueda obtener ADN, no siempre es factible realizar los análisis genéticos. Según publica Ainhoa Iriberri en El Español, las pruebas de ADN consiguieron relacionar el 34,52% de los restos de fosas comunes del norte de España con sus parientes. El motivo es la falta de familiares con los que comparar los perfiles genéticos. La recuperación de la memoria histórica llega tarde, a pesar de los esfuerzos de las asociaciones.

“Los resultados óptimos se obtienen con familiares de primer grado [padres, madres e hijos]”, nos explica la Dra. Carme Barrot, responsable del Laboratorio de Genética Forense de la Universitat de Barcelona. En el mejor de los casos, los hijos de las víctimas tienen 75 años. Necesitábamos un repositorio donde guardar las muestras de ADN de los hijos, para tenerlas como “referencia” en la identificación de los desaparecidos por la represión franquista. Así fue como nació el pasado mes de julio el Banco de ADN de la UB de víctimas de la Guerra Civil española, coordinado por la investigadora.

Cajas donde se almacenan individualmente los restos de personas exhumadas por la ARMH. Se custodian en el laboratorio cedido por la Universidad de León.

Barrot decidió impulsar esta iniciativa al conocer dos historias personales como la de Milagros, Vicenta y Jesús. “El ADN sirve como una utilidad más que, junto al estudio histórico, la localización y la investigación antropométrica y forense, ayuda en la identificación”, sostiene. En el caso de tratarse de parentesco de primer grado, se emplean los biomarcadores típicos de las pruebas de paternidad. “Si hablamos del sobrino de un desaparecido, podemos mirar el cromosoma Y, mientras que en el caso de que sea una línea femenina, tendremos que fijarnos en el ADN mitocondrial”. Su laboratorio también trabaja en una técnica conocida como “fotografía a través del ADN”. “Nos gustaría conocer la forma craneal o rasgos como el color del pelo y de los ojos a partir de la información genética”, comenta. Aunque esta metodología está en sus fases iniciales, puesto que, por ejemplo, no puede usarse como prueba en un juicio, tal vez en el futuro sirva como herramienta complementaria.

El Equipo de Antropología Forense Argentino realiza las pruebas de ADN de forma gratuita para las familias de los desaparecidos. España no se ha hecho cargo de su búsqueda

El banco guarda dos copias de la muestra de ADN del pariente del desaparecido. “Una se almacena en un congelador bajo llave en la Universidad, mientras que la segunda se entrega en extracto seco en un sobre cerrado a las familias”, explica. Esta última copia puede conservarse en casa, siempre que se guarde en un lugar seco y oscuro para evitar la degradación del ADN. Por el trabajo de conservación de la muestra y recogida de datos, la Universitat de Barcelona cobra 150 euros, coste en el que se incluiría también el análisis genético. “Este precio nos ayuda a sufragar los reactivos y el almacenamiento”, se justifica Barrot, quien lamenta que no existan ayudas públicas para la realización de estos trabajos. “Me da mucha rabia lo que sucede en España y envidio el trabajo hecho en Argentina en los últimos años”, comenta.

Argentina ha sido clave en el trabajo de la ARMH. “Antes de 2011 enviábamos las muestras a un laboratorio privado para hacer el análisis genético y nos cobraban 600 euros por prueba”, sostiene el vicepresidente de la asociación. “Nuestro propósito es que las víctimas no paguen un duro en la búsqueda e identificación de los desaparecidos”, señala González. La entidad ha sido crítica con la UB por cobrar este servicio, motivo por el que no existe una colaboración directa. “Debería haber una iniciativa estatal para hacer un banco como el de Barcelona”, comenta Pacheco, que coincide con Barrot al lamentar la falta de voluntad política.

Tubo de laboratorio donde se guardan fragmentos de huesos para el análisis de ADN posterior.

Actualmente la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica envía las muestras al Equipo de Antropología Forense Argentino, en el que participa la bióloga española Mercedes Salado-Puerto. En una charla en TEDxBuenos Aires, la científica explicaba que “no exhumaban huesos, sino que exhumaban respuestas”. El grupo argentino de investigación ayuda a la ARMH en la identificación de las víctimas, realizando las pruebas de ADN de manera gratuita. Pacheco nos explica que les dejan las muestras bien cuando ambos equipos se reúnen, o bien a través del Consulado de Vigo. El arqueólogo destaca que el citado consulado se ha ofrecido para enviar las muestras mediante “valija diplomática”, porque creen “que el Estado debe hacerse cargo”. Algo que lamentablemente no puede extenderse a otros lugares de España.

La situación ha sido también criticada por Naciones Unidas, que valoró el “limitado alcance” de la Ley de la Memoria Histórica (Ley 52/2007 de 26 de diciembre). Según recoge el informe de trabajo, asumiendo la instrucción penal de la Audiencia Nacional, “el número de víctimas de desapariciones forzadas del 17 de julio de 1936 a diciembre de 1951 ascendería a 114.226”. Esta cifra convierte a España en el segundo país del mundo con más desaparecidos tras Camboya, una situación calificada de “vergonzosa” por organizaciones como Amnistía Internacional.

“Ya no tengo miedo”

Las víctimas de las desapariciones forzadas tienen nombre y apellidos. Como los de Vicenta López, natural de O Freixo (Lugo), que contaba con 48 años. O los de Jesús Camuñas, asesinado con 20 años en el kilómetro 411. “Es cuestión de reconocer el dolor”, nos explica Raúl de la Fuente, miembro de Psicólogos sin Fronteras, organización que también colabora con la ARMH. Dolor como el que ha sentido Milagros, que nos repite emocionada que toda su vida decía “ay, mamaíta mía, ayúdame” cuando tenía un problema. Es el grito desesperado de una niña, la pequeña a la que le arrebataron a buena parte de su familia con solo diez años.

Los mecanismos de represión en España fueron una enseñanza para los horrores luego vividos en el Cono Sur: eliminar el colectivo, proyectar el miedo a nivel individual e interiorizar el terror

En menos de una semana, la ARMH comenzará de nuevo las labores de búsqueda de Vicenta y Jesús. Unos trabajos en los que también ayudará Raúl de la Fuente, quien destaca que “debemos escuchar de una forma activa y responsable a las víctimas y acompañarlas”. El psicólogo ha participado en tareas similares en Centroamérica, donde se valora mucho el trabajo colectivo para realizar la reparación moral, familiar y social de las víctimas. “Lo ideal sería comenzar a ayudar y a abordar a las familias un mes antes de la exhumación, pero en la mayoría de los casos eso no es posible por ser labores voluntarias”, lamenta.

Según el especialista, los mecanismos de represión que se dieron en España fueron una enseñanza para los horrores que luego se vivieron en el Cono Sur. “Se cargaron al colectivo, por lo que proyectaban el miedo en uno mismo. Además, los rumores sobre las desapariciones forzadas hacían que las víctimas interiorizaran el terror”, sostiene. El pánico vivido por Aquilino Camuñas y la propia Milagros son un ejemplo claro. “Por eso es importante hacer una reconstrucción de la historia de su vida y, sobre todo, acompañar y gestionar sus expectativas”, añade.

Fosas en Villafranca del Bierzo (León), donde podrían encontrarse los restos de Vicenta y Jesús.

La recuperación de los cuerpos de Vicenta y Jesús es algo que Milagros ha anhelado toda su vida. “No sé si sentiré disgusto o alegría”, nos confiesa. Raúl explica que es importante que los psicólogos atiendan a las víctimas, especialmente para prepararlas ante la exhumación, por si no se encontrasen los restos o el momento fuera demasiado impactante. Marco también nos cuenta el caso de un anciano que se sentó a esperar al borde de la fosa. “Me quitaron a mi padre y ahora que puedo estar con él no me va a mover nadie de aquí”, les dijo. En los días que duró la exhumación, el hombre llevó una silla y mantas para soportar el frío y la espera.

“Es una cuestión de empatía”, comenta el psicólogo. “Aunque las víctimas directas vayan falleciendo, las heridas producidas se heredan”, apunta. Hijos y nietos de personas como Milagros también sienten un dolor parecido, por lo que es preciso que el Estado aborde este tema. Raúl de la Fuente señala que “no estamos acostumbrados al conflicto, pero al final sana”. Durante años, Milagros escribió cartas a la Luna pidiéndole por su madre y su hermano. La última vez que estuvo en Villafranca entró al cementerio donde presumiblemente reposan Vicenta y Jesús. “No tenía miedo, ya no tengo miedo”, concluye.

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Fotografía destacada: Vicenta López (fotografía facilitada por su familia).

Fuente:http://hipertextual.com/especiales/memoria-historica-muertos-kilometro-411

 

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El premio recibido por la ARMH garantiza dos años al laboratorio

En una gala celebrada en el Centro Japonés de Nueva York, a la que asistieron 300 personas, se llevó a cabo la entrega del Premio Alba/Puffin al Activismo en Derechos Humanos que recibió Emilio Silva, presidente de la ARMH y nieto de la primera víctima de la represión franquista identificada por una prueba de ADN.

BierzoDiario / 10-05-2015

El acto estuvo precedido de un coloquio en el que participaron: Enma Daly, jefa de Comunicación de Human Rigths Watch y ex corresponsal de The New York Times en España; Stephanie Golob, profesora de la Universidad de Cuny y experta en justicia transicional, además de Emilio Silva. En el coloquio quedó patente el cambio de imagen de la transición española a la democracia, que no resolvió las violaciones de derechos humanos que cuarenta años después de la muerte de Franco siguen pendiente de una situación política y judicial.

Silva mostró durante el debate un anillo que su abuelo, asesinado en 1936 compró en Nueva York, la ciudad en la que vivió entre 1920 y 1925. El abuelo Silva residió primero en Buenos Aires y seguidamente en Estados Unidos, desde donde regresó a su pueblo en el Bierzo. Silva mostró el anillo que su abuelo le entregó a uno de sus hijos, cuando quedó ilegalmente detenido en el ayuntamiento de Villafranca del Bierzo, la noche antes de que un grupo de pistoleros de falange lo alejara más de treinta kilómetros dentro de un camión y lo asesinara en una cuneta junto a otros trece hombres.

El debate giró en torno a la situación de los 114.226 desaparecidos de la represión franquista. Stephanie Golob explicó que la Ley de Amnistía española de 1977 ha sido utilizada para impedir las investigaciones de los crímenes cuando una amnistía sólo se puede aplicar después de que haya una investigación que concluya con una condena y no antes.

Tras el coloquio tuvo lugar la gala de entrega del premio, que fue presentada por Sebastiaan Faber y Marina Garde, presidente y directora ejecutiva de la Asociación del Archivo de la Brigada Lincoln. Seguidamente tomó la palabra Neal Rosenstein, director de la Fundación Puffin.

En el escenario el cantautor español Pedro Pastor interpretó dos canciones y seguidamente se proyectó un vídeo preparado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica que resumía su propia historia y el abandono que padecen las víctimas de la dictadura franquista por parte del Estado español.

Seguidamente recogió el premio Emilio Silva, que agradeció al escritor Manuel Rivas haberles presentado a la convocatoria. Agradeció a ALBA y a la Fundación Puffin la concesión del premio y a los más de 700 voluntarios que en los quince años de existencia de la asociación han ayudado a encontrar a cientos de desaparecidos. En ese momento hizo mención especial a Marco Antonio González, Nuria Maqueda, René Pacheco y Alejando Rodríguez, allí presentes, y responsables del laboratorio de Ponferrada que podrá ser viable al menos durante dos años gracias al importe de los 100.000 dólares, asociado al galardón.

Emilio Silva durante su intervención / Len Tsou

Seguidamente explicó cómo el Estado español fabrica enormes cantidades de ignorancia, impidiendo desde la muerte de Franco que las nuevas generaciones conozcan la historia del primer periodo democrático español, la Segunda República o los terribles años de la dictadura franquista. Tras explicar que “el mejor monumento que se les puede hacer a los hombres y mujeres que trajeron a la sociedad española su primera república está en los libros de texto”, finalizó con una cita del escritor uruguayo recientemente fallecido, Eduardo Galeano: “Gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

Finalmente una banda de jazz interpretó una serie de canciones de la guerra civil y se dio por concluido el acto, al que asistieron familiares de birgadistas internacionales y representantes de organismo de derechos humanos como Joyce Horman, la madre de Charles Horman, el estadounidense desaparecido bajo la dictadura de Pinochet en cuya historia está basada la película Desaparecido, de Costa Gavras, protagonizada por Jack Lemmon.

Los representantes de la asociación llevarán a cabo estos días encuentros con diferentes organismos de derechos humanos: el Instituto Internacional para la Justicia Transicional, el Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Columbia o la ONG Lugares de Conciencia, que ha creado una red mundial de espacios dedicados a la memoria y al recuerdo de víctimas de violaciones de derechos humanos.

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Fotografía destacada: Ceremonia de entrega del premio a la ARMH / Len Tsou

http://bierzocomarca.eu/index.php/sociedad/48/21217-2015-05-10-21-28-08

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