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Asociación para la recuperación de la memoria donará 2.500 euros para la web que la Junta “se niega a apoyar”

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha anunciado una donación de 2.500 euros para apoyar el proyecto ‘todoslosnombres.org’, una “enorme web” que la Junta de Andalucía “se niega a apoyar” y que recoge los casos de “decenas de miles de personas represaliadas por la dictadura”.

lavanguardia.com / EUROPA PRESS / 13-05-2019

Además, en un comunicado, la asociación ha realizado un “llamamiento a la sociedad para apoyar” este proyecto, que, según subraya el presidente de la ARMH, Emilio Silva, es “una de las grandes herramientas para familiares y colectivos que trabajan en la recuperación de la memoria histórica”.

Ante la decisión de la Consejería de Cultura y Patrimonio Histórico de retirar la subvención directa a esta web, el presidente de la citada asociación ha advertido de la “enorme gravedad” que, a su juicio, supone “el hecho de que la Junta quiera practicar el negacionismo de los crímenes de la dictadura en Andalucía, retirándole su apoyo”.

Desde la asociación inciden en que, tras el portal ‘todoslosnombres.org’, “se articulan decenas de activistas e investigadores que llevan años sacando a la luz la realidad de la represión franquista, ayudando a cientos de familias a conocer lo que ocurrió con sus seres queridos y colaborando en decenas de investigaciones, además de atender a las solicitudes que la ARMH les lleva haciendo durante muchos años”.

“Cada vez que recibimos un caso de Andalucía y hacemos una consulta a la web, recibimos toda la ayuda que necesitamos, y es triste que los gobiernos anteriores no hayan garantizado su pervivencia, y que el nuevo gobierno retire los apoyos para favorecer su desaparición”, manifiestan desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Así las cosas, la ARMH ha acordado realizar una donación de 2.500 euros para apoyar el proyecto ‘todoslosnombres.org’, como “una forma más en defensa de las víctimas de la dictadura, del conocimiento de la verdad y la promoción y la defensa de los derechos humanos, frente a quienes prefieren que se hable de frías cifras y no de personas, con nombres, biografías, rostros y familiares que los reivindican”.

Emilio Silva considera que ‘todoslosnombres.org’ representa “perfectamente la lucha del movimiento por la memoria, un portal que debería formar parte de las instituciones de una democracia que ha sucedido a la dictadura”.

“Es una lección de la sociedad civil que no puede depender de los vaivenes de la política, en una comunidad autónoma terriblemente dañada por la represión que, al mismo tiempo que deja a la intemperie ese proyecto, entierra con honores al general Queipo de Llano que alentaba a las tropas sublevadas a violar a las mujeres de los rojos para que conocieran verdaderos hombres”, según concluye el presidente de la ARMH.

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Fuente:https://www.lavanguardia.com/local/sevilla/20190513/462217582031/asociacion-para-la-recuperacion-de-la-memoria-donara-2500-euros-para-la-web-que-la-junta-se-niega-a-apoyar.html

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Perfecto de Dios, el guerrillero que soñó con liberar a España del fascismo

Su hermano Camilo es el narrador excepcional de una historia familiar que arranca en plena República y es atravesada por la guerra y la dictadura.

No será hasta 40 años después de la muerte de Franco cuando la familia de Perfecto pueda recuperar sus restos de una fosa y llevarlos de vuelta a casa

cadenaser.com / Conchi Cejudo / 12-05-2019


Camilo y Perfecto eran solo unos niños cuando su padre comienza a militar en el Partido Comunista. Primero entra en contacto como taxista con algunos influyentes republicanos de la localidad más próxima a su pueblo natal, y más tarde, se interesa por la formación de las Sociedades Agrarias en la que campesinos de Galicia buscan alianzas para defender sus derechos como pequeños propietarios de tierra. Pero Jesús sueña a lo grande, busca un socio y planea abrir una fábrica de chocolate en su propia casa. Ya ha comprado la maquinaria necesaria, tiene las recetas y los productos para comenzar a producir. Sin embargo, en Sandiás, su pueblo, como en toda España, a partir del 18 de julio de 1936, la gente contenía el aliento. Un golpe de Estado amenaza con provocar una guerra civil. Jesús está dispuesto a coger las armas junto a otros compañeros y defender el régimen democrático que han legitimado las urnas, aunque las armas que el Gobernador Civil de Ourense ha prometido enviarles para hacerlo, nunca llegan al pueblo. Sí lo hacen muchos efectivos de la Guardia Civil y numerosos camiones de falangistas. Jesús y su mujer, Carmen, toman una decisión, huir a Portugal.

Carmen Fernández y Jesús de Dios, padres de Camilo y Perfecto / Cadena SER

Carmen regresa a los pocos días. Se siente a salvo. Algunos de sus hermanos, adeptos a la Falange, la protegen a ella y a sus hijos. Jesús permanecerá cuatro años en Portugal hasta que, terminada la guerra, puede regresar. Durante su ausencia, su mujer será insultada, amenazada, intimidada. La casa del matrimonio será incautada y utilizada como centro de detención. Al poco tiempo de su vuelta, regresan a su hogar, pero una angina de pecho hace que Carmen pierda a su marido y sus hijos, Camilo y Perfecto, queden huérfanos.

En pocos años, la familia ha descubierto qué es sentirse perseguido y maltratado por pensar diferente. Ahora Carmen y sus hijos saben qué es perderlo todo, tener que dejar su casar, vivir la ausencia de un padre, incluso su pérdida, y como ellos, en aquella España lúgubre y sombría de posguerra, hay muchos más. Personas que piden ayuda. Algunos son conocidos, otros no, pero todos necesitan ropa, comida y cobijo. La familia se convierte en enlace de la guerrilla, en apoyo de aquellos que comienzan a organizarse en las montañas tras la Guerra Civil con la esperanza de que las fuerzas aliadas intervengan también en España tras la II Guerra Mundial y derroquen a Franco del poder. Lo hicieron en todo el país, con diferentes nombres, bajo diferentes banderas y consignas políticas. En Galicia, en esta etapa, a finales de los años 40, bajo las directrices del Partido Comunista y autodenominándose Ejército Guerrillero de Galicia.

Carmen y sus dos hijos Camilo y Perfecto dan un día, sin planearlo, el salto a la lucha armada. Algunos guerrilleros están cenando en casa cuando varios camiones con guardias civiles paran cerca. No les buscaban a ellos pero creyeron que sí. El contexto ayuda a entender. Quienes cobijaban y ayudaban a los guerrilleros, a aquellos “bandoleros”, como les llamaba el régimen, eran detenidos, encarcelados, torturados, y en demasiadas ocasiones, asesinados. Carmen y sus hijos temen por su vida y deciden huir. Aquí comienza la historia familiar de tres guerrilleros, la historia de una madre y dos hijos que, al principio más por humanidad que por ideología, al final por ideología y convicción, terminaran siendo piezas claves de una revolución perdida con las armas pero ganada en dignidad.

Esta es la historia de Perfecto de Dios, pero también la de una madre que nunca abandonó a sus hijos, Carmen, y la de uno de los últimos guerrilleros vivos de España, Camilo de Dios. Es él quien ahora se convierte en el narrador excepcional de la historia familiar. Con él viajamos a los montes de Galicia, conocemos sus refugios, sus estrategias de lucha, su organización interna, las operaciones en las que participan. En su relato hay un pasaje que nos hace viajar hasta un pequeño pueblo de Ávila, a Chaherrero. Es allí donde termina el viaje hacia Francia que habían iniciado su hermano y su madre. Allí comienza la historia que contamos en este documental, una de tantas historias olvidadas en este país, una de tantas Vidas Enterradas.

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Fotografía destacada: Camilo de Dios

Fuente:https://cadenaser.com/programa/2019/05/11/a_vivir_que_son_dos_dias/1557580875_960801.html

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Cómo el franquismo acabó con una partida de guerrilleros anarquistas en los años 50

Hubo un tiempo, antes de la llegada de miles de migrantes a nuestras costas en pleno siglo XXI, en el que los propios españoles huían sin rumbo hacia la otra orilla de África. Desde el Sur de Europa. El investigador José Antonio Jiménez Cubero ha sacado a la luz una historia inédita. La de un grupo de anarquistas andaluces que desesperados por el cerco policial, esperaron en mayo de 1950 a que el Comité Regional de la CNT en Andalucía organizara su huida hasta la ciudad Casablanca.

publico.es / María Serrano / 12-05-2019

La operación estaba prevista para el 29 de mayo, pero resultó un auténtico fracaso. Cuatro de aquellos maquis fueron abatidos huyendo de las fuerzas policiales. Dos de ellos fueron fusilados, casi los últimos de los que se tiene constancia en el cementerio de Sevilla en el año 1952. La guerrilla se extinguía de un soplo. El 75 por ciento de sus miembros fueron eliminados. Huían desesperadamente en busca de una salida.

El investigador sevillano, Jiménez Cubero, narra en su investigación “La aciaga noche del 29 de mayo: Algeciras 1950”, cómo “desde finales de 1949, los miembros del Comité Regional de la CNT de Andalucía establecido en Sevilla, tenían claro que la situación comenzaba a ser sumamente peligrosa y corrían un alto riesgo sino lograban abandonar el país”.

Antonio González Tagua, Secretario del Comité Regional de Andalucía recibió una notificación del Comité Nacional del Exilio. “En aquel documento se indicada que la organización no podía enviarle dinero ni documentación por carecer de medios”. Tenían que actuar con sus propios recursos, sin ayudas de ningún tipo, aunque el riesgo los llevara a una muerte casi segura.

La eliminación de la guerrilla en 1951

Antonio González Tagua

A finales de 1949 las guerrillas que operaban en Andalucía, La Fermín Galán, la Agrupación Roberto y los restos de la 3ª Agrupación, estaban en su recta final. “Prácticamente todos los Comités Comarcales de la CNT (única organización que aún apoyaba a las guerrillas) de Jerez, Ubique y Cazalla de la Sierra, así como el Regional de Sevilla habían sido desmantelados por las fuerzas policiales de Franco y la mayoría de sus miembros asesinados o encarcelados”.

Cubero señala a Público como los informes de la Guardia Civil a comienzos de 1951 indicaban como “la situación empeoraba de mes en mes con la practica eliminación de sus redes de enlace y suministro en la mayor parte de los territorios donde operaba”.

Los Comités Comarcales iban cayendo lentamente en cada uno de los pueblos donde la guerrilla había cobrado una importante fuerza. En Cazalla de la Sierra (Sevilla) “desparecía” Manuel Soto Martín. Y pronto, el resto de guerrilleros no tardó en movilizarse. Jiménez Cubero recuerda a Púbico como varios de ellos, González Tagua, Juan Caballo y Francisco Garabitas comenzaron a planear la descabellada “forma de abandonar el país mediante la compra de un barco que los sacara al extranjero” La desesperación de aquellos días era más que evidente. Y es que tal y como afirma el investigador Cubero, “las sucesivas detenciones de varios de sus miembros terminaron con más del 75 por ciento del movimiento guerrillero borrado del mapa”.

“Cuando terminaban con algunos guerrilleros dejaban el cadáver algunas horas en la plaza”

El historiador José Luis Gutiérrez Molina, destaca a Público que el clima de terror que se estableció en aquellos años para calmar la esperanza de la guerrilla era escalofriante. “Cuando terminaban con algunos guerrilleros de la partidas en los montes, dejaban los cadáveres algunas horas en la plaza” de algunos pueblos. El objetivo, era dar una lección a aquellos enlaces que les habían podido ayudar en su devenir en la sierra”. Eran los momentos finales, murieron prácticamente todos. Muy pocos lograron salvar su vida. “Todos ellos iban cayendo en enfrentamientos o son detenidos y ejecutados en Consejo de Guerra. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial ven como los aliados no van a acabar con la dictadura” Intentan salir a través de Gibraltar. Gutiérrez Molina afirma que esta expedición no fue asilada. “Hubo una red de pago y de cartillas de embarque con barcos que operaban en el Estrecho. Incluso algunos por desesperación decidieron salir a nado”.

González Tagua y el resto de guerrilleros utilizaron ese sistema, sin miedo a lo que podían perder. La figura de González Tagua fue muy destacada. Era un luchador anarquista infatigable, no era un guerrillero más que solo se había echado al monte al final de la guerra. Ocupó la Secretaría del Comité Regional de la CNT de Andalucía en un tiempo muy difícil. Y fue condenado en Consejo de Guerra en abril de 1939 y mandado posteriormente a un Destacamento Penal de trabajos forzados en Miraflores de la Sierra (Madrid). “Sabía a lo que se enfrentaba pero no cejó en su empeño de intentar dar una salida a él y todos sus compañeros”.

Ante la falta de medios por parte del Comité Central, los anarquistas González Tagua, Caballo y Garabitas empezaron a trazar el plan. “Se reunían con los compañeros escondidas en tabernas del centro de Sevilla como fue el bar El Punto, del barrio de San Julián o en la Flor de Toranzo, situado en la plaza de Santa Marina”. Aquellos enlaces también serían duramente represaliados por la policía que quería establecer el clima de terror de 1936. Muchos de ellos pasaron años en la Prisión Provincial de Sevilla conocida como ‘Ranilla’.

En el mes de febrero de 1950, González Tagua, comunica a varios de los compañeros la necesidad de partir hasta la Línea para terminar de hacer los contactos y planear finalmente la operación. Manuel Padilla, miembro destacado del Comité en Jerez, señala la importancia de un traslado inminente de los miembros que se encuentran escondidos en Jerez hasta un escondite seguro en Sevilla.

¿Un fallo de última hora o un chivatazo?

El destino a Casablanca era recurrente en aquellos años. “En Marruecos, tanto en Tánger como en Casablanca, había una nutrida colonia de republicanos exiliadosasí como de varias decenas de guerrilleros que habían logrado salir del país, a través de las distintas redes de evasión organizadas por la CNT, desde los puertos de Sevilla y Cádiz”.

El día de antes de la salida, el 28 de mayo de 1950, “dos taxistas parten de Sevilla como enlaces para el traslado de los guerrilleros”. En el coche ‘Pato’ (nombre en clave) de siete plazas, que conducía Miguel El Gordo, condenado por esta maniobra a dos años de prisión, llevaría a su ayudante Antonio El Grifo y a los guerrilleros Juan Caballo, Juan Palacios, Dionisio Carreras y los hermanos Juan y Francisco Muñoz Bermúdez. El segundo coche, Crysler, era conducido por los enlaces Agustín Luna López y Antonio Núñez Domínguez. También fueron condenados duramente como enlaces. En él viajarían, Antonio González Tagua, José́ Barea Reguera, Bienvenido, Juan Virgil de Quiñones, Juanito, Cristóbal Ordoñez López, Aniceto, Antonio Morillas, Francisco Páez y Francisco Garabitos Sánchez.

Los dos coches iban por separado para no levantar sospechas. Y un chivatazo terminó de dar la pista del paradero de las embarcaciones clandestinas. La operación fue asaltada antes de que algunos de sus miembros pudiera embarcar rumbo a Marruecos. “Un grupo de fuerzas de la Guardia Civil los aguardaba apuntando con las armas”. Nada más llegar, fueron tiroteados Antonio González Tagua, Juan Virgil de Quiñones (Juanito), Cristóbal Ordóñez López (Aniceto) y Francisco Ruiz Borrego (El Peque). El resto resultaron heridos y posteriormente condenados en la causa 308/50, que se encuentra, a día de hoy, en el Archivo del Tribunal Territorial Militar Segundo de Sevilla.

Manuel Liáñez fue el único enlace que logró pasar a Gibraltar, y los dos barqueros contratados, de los que no se conoce su identidad. “El resto serían detenidos en los días, semanas y meses siguientes”. Junto a ellos también fueron detenidos y procesados el dueño del bar ‘El Punto’, así como varios compañeros, vecinos y familiares que les ayudaron a ocultarse después del fallido embarque.

Los últimos fusilados en Sevilla de los que se tenga constancia

José́ Barea Reguera, alias Bienvenido, fue uno de los dos guerrilleros fusilados en 1952, que formó parte de la Agrupación Guerrillera Fermín Galán. Antonio Núñez Pérez, Bartolo, de la misma Agrupación Guerrillera fue uno de los últimos fusilados de la ciudad de Sevilla. Cubero cuenta que “sería fusilado en las tapias del costado derecho del cementerio de San Fernando de Sevilla el jueves 28 de febrero de 1952”.

La terrorífica maquinaria franquista juzgaría también en la misma causa a la hija y mujer del guerrillero Juan Caballo. Carmen Caballo Granados hacia de estafeta del Comité́ Regional de la CNT de Andalucía. Detenida junto a su madre el 23 de agosto de 1950. Fue Procesada y condenada a cuatro años de prisión de Sevilla. La esposa de Caballo, Isabel Granados Sánchez, corrió la misma suerte, siendo condenada a dos años.

Socorro López Trillo, conocida como Socorrito, era la compañera de Antonio González Tagua. Es otro de los nombres que llama la atención en la Causa 308/50. Fue detenida en su domicilio el 23 de agosto de 1950, pasó varios meses en la cárcel sin llegar a ser procesada. “A mediados de enero de 1951 huyó de su domicilio antes de ser detenida de nuevo por su relación con Tagua”, destaca Cubero en su investigación.

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Fotografía destacada: Imagen de la La Fermín Galán y los restos de la 3ª Agrupación

Fuente:https://www.publico.es/sociedad/franquismo-acabo-partida-guerrilleros-anarquistas-anos-50.html

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Fallece Vicente García Riestra, el último de Buchenwald

El asturiano que se exilió a Francia tras la Guerra Civil fue detenido por la Gestapo y enviado a los campos de exterminio.

lavozdeasturias.es / L. O. / 09-05-2019

El asturiano Vicente García Riestra, superviviente de los campos de exterminio nazis, falleció esta mañana a los 94 años, víctima de un cáncer en el Hospital de Perigoux, en Francia. García Riestra, natural de Pola de Siero, se exilió a Francia tras la Guerra Civil y allí fue detenido después de la invasión nazi y deportado en 1944 por la Gestapo al campo de concentración de Buchenwald, donde sufrió los horrores de las políticas de exterminio y donde se le asignó el número 42.553.

A lo largo del último año recibió varios homenajes en Asturias, ofreció testimonio de su vida en varios centros educativos (su labor a la hora de narrar la vida de los supervivientes le había hecho merecedor de la Legión de Honor en Francia) y fue también protagonista de la obra «42.553: después de Buchenwald», de Xuan Santori Vázquez, ganadora de la 23ª edición del Premio Máximo Fuertes Acevedo de ensayo en lengua asturiana.


Pantalón de prisionero con el número de identificación 42.553 que usaba en el campo de concentración alemán de Buchenwald, Vincent García Riestra, que participó hoy en Oviedo en la presentación del ensayo ganador del Premio Máximo Fuertes Acevedo basado en su vida, “42.553: después de Buchenwald, de Xuan Santori Vázquez.JLCEREIJIDO

«El único pensamiento era llegar a mañana», relató en declaraciones a los periodistas, antes de participar en una charla ante alumnos de Educación Secundaria de Gijón en junio del año pasado en una de sus últimas visitas a Asturias. Frente a su traje de prisionero de Buchenwald, García Riestra señalaba que no sabría explicar cómo consiguió salir con vida del campo de concentración, donde tenía asignado el número de identificación 42.553, para lo que «hacía falta mucha voluntad».

Además de ser tratados «como animales», recordó que las más de 80.000 personas confinadas junto a él disponían sólo de un trozo de pan para comer, «más fino que una mano», y de un litro de agua «sucia» caliente que conseguía calmar «los temblores del frío».

«Lo que pasó no lo perdono, pero que hay olvidarlo», señaló antes de recordar que su hermano fue asesinado con 17 años y que su padre está enterrado en una fosa común por combatir el fascismo.

Barracones del campo de concentración de Buchenwald, en una fotografía histórica

Residente durante décadas en Francia lamentaba que en España «nunca nadie ha hecho nada» para defenderle ni reconocer su dolor tras más de una década en el campo de concentración y explicaba que tampoco contaba con la nacionalidad española. Además, criticó que en algunos países europeos el nazismo esté «a las puertas otra vez» por lo que hizo un llamamiento a que «se haga todo lo posible para que no se vuelva a vivir» ese horror. Por todo ello, resaltaba la importancia de trasladar a la juventud su testimonio para que conozca de primera mano el horror nazi y «se dé cuenta del pasado para que no se repita».

Esta es la historia del último superviviente del campo de concentración de Buchenwald

Vicente García, sierense afincado en Francia, pasó de huir del franquismo a formar parte de la resistencia contra los nazis

lavozdeasturias.es / Natasha Martín / 30-04-2018

 

Vicente García (Pola de Siero, 1925) habla con los ánimos de un joven aunque ya haya alcanzado los 93 años. Este sierense afincado en Trélissac (Francia) sobrevivió al calvario de ser republicano en una España franquista. Con apenas catorce años huyó de Asturias para ser libre y el tiempo le hizo caer en un campo de concentración nazi por formar parte de la resistencia. En Francia, es considerado un héroe con múltiples medallas que sigue luchando por transmitir su testimonio a los jóvenes para dejar patente la lacra del fascismo. En España, un desconocido al que Franco le arrebató la nacionalidad (que nadie le ha devuelto aún) y a su padre y a su hermano, asesinados durante la guerra y enterrados en fosas comunes, como tantos otros represaliados.

«Mis recuerdos de Asturias son de la guerra, de esa época terrible en la que se mataba a gente sin razón», sostiene. En septiembre de 1937 se montó en un barco que salía de Gijón con rumbo a Francia para, de ahí, trasladarse hasta Cataluña, aún bajo el dominio republicano. «Nos llevaron hasta Barcelona y nos fuimos ubicando en los diferentes pueblos hasta el término de la guerra». Se habían convertido en refugiados en un tiempo donde no había para comer, «y aún así los habitantes del lugar nos daban de su propio pan», afirma. La noche del 26 de enero de 1939, cuando las tropas franquistas tomaron Barcelona, no quedó otra que huir hacia el único camino posible: Francia.

Y hasta el 2 de febrero no abrieron la frontera. Cuando llegó el momento hicieron una selección por género y habilidades para distribuirlos entre los diferentes campos de refugiados, pero ahí no había nada, solo el mar y la playa, ni siquiera barracones. «Trabajábamos gratis en el campo para los payeses y estos pagaban al ejército francés. Si necesitaban a 50 refugiados para alguna labor allí nos llevaban. No teníamos derecho a nada más que a comer y a callar. Las pasamos muy putas», afirma con contundencia.

Cuando Francia cayó ante los nazis había llegado 1940. Los alemanes invadieron el país y todos los españoles se convirtieron en el blanco. «Los alemanes no nos podían tragar, nos buscaban para matarnos a todos. Porque todos éramos rojos, no había distinciones. Si eras español, eras rojo, y los rojos no éramos amigos de los alemanes», sostiene. Como método de lucha, muchos de los refugiados se unieron a la legión para luchar contra el nazismo en primera línea de fuego, otros se quedaron y formaron la resistencia. Y allí estaba Vicente. «Yo caí en un grupo lleno de personas inteligentes. El único pobre imbécil que había era yo», comenta divertido. Le seleccionaron para transmitir los partes de guerra. «Me convertí en espía», afirma. Estuvo dos años trabajando como enlace, «pasaba información sobre los movimientos de las tropas alemanas», cuenta. Pero, como era de esperar, mientras espiaba era espiado. El 22 de diciembre de 1943 la Gestapo le esperaba en la puerta de casa. Ahí empezó su gran calvario.

Vicente pasó unos días en el penal de Bergerac antes de ser enviado a la cárcel de Limoges. «Me metieron unas cuantas palizas y cuando se cansaron de darme palos me subieron a un tren, mejor dicho, a un vagón de animales junto a un montón de gente, y nos llevaron dirección a Buchenwald», mantiene. Tenía 19 años.

Nadie sabía qué habría en ese destino y la incertidumbre se acrecentó cuando se bajaron del tren y vieron «un edificio magnífico, una fachada realmente bonita», describe. Cuando abrieron las puertas la desilusión fue demoledora. «Veíamos esa gran plaza llena de muertos vivos, de personas que no tienen más que pellejo y huesos, que no se pueden tener en pie. Se nos cayó el alma a los pies», relata.

Buchenwald fue uno de los mayores campos de concentración en territorio alemán. A su sordidez llegaron para sufrir 250.000 personas. El número de víctimas de enfermedades, desnutrición, trabajos forzados, tortura, experimentos médicos y fusilamientos se estima en 56.000.

De personas a números

Incripción, control, corte de pelo, trajes a rayas. Fuera la persona, bienvenido el número. Todo estaba perfectamente organizado para convertirlos en prisioneros del campo de exterminio. Vicente tuvo la suerte -si existe de eso en tales circunstancias- de ser designado para las labores de cocina, donde podía comer algo más que otros compañeros con tareas más duras. Permaneció ahí quince interminables meses en los que, de tanto ver carros repletos de muertos, solo pensaba que el siguiente en caer sería él. A finales de abril de 1945 fueron liberados. Para entonces los guardianes del campo, atemorizados por la caída del nazismo, ya habían huido. Sin embargo, no fue un día de dicha plena. Mientras que todas las naciones habían enviado a sus tropas en busca de su gente, los españoles se toparon con la nada. «El día de la liberación nadie nos quería», sostiene. «Por el decreto de Franco no teníamos la nacionalidad. España no hizo nada por salvarnos, total, hasta entonces había hecho todo lo posible por enterrarnos». Fueron las tropas americanas las que se encargaron de reubicar a los españoles en Francia. Por fortuna, Vicente pudo reencontrarse con su madre y desde hace 50 años vive en Trélissac.

Con el paso del tiempo ha regresado a España varias veces con un único objetivo: «Le prometí a mi madre que volvería para buscar los restos de mi padre y mi hermano, que habían sido asesinados durante la guerra». Los restos de su padre los encontraron en una fosa común en Oviedo. Había sido fusilado el 8 de marzo de 1937. «A mi hermano, que tenía 17 años, nunca llegamos a encontrarlo. Todos mis viajes han sido para eso pero todavía no hemos dado con el sitio exacto», afirma.

Para honrar la memoria de su hermano quiso colocar una placa en el cementerio de Noreña. Para lo cual había que pedir autorización al obispo. «Yo no podía tragar a la gente de la Iglesia porque vendieron los fusiles para matar a las personas», cuenta. Pese a todo, lo hizo, y tardaron nueve meses en negarle la petición. Aconsejado por el alcalde del concejo, dejó la placa ahí «por si las cosas se solucionaban». No fue hasta 2015 cuando fue posible. Vicente se reunió entonces con los miembros de su familia española y francesa para su inauguraración. «Fue una ceremonia formidable», comenta. Descubrió la placa, leyó un discurso denunciando injusticias y se culminó con el himno de Riego. Después de tantos años de búsqueda, ahora parece que hay dos fosas comunes a la entrada del cementerio de Noreña y podría ser que su hermano estuviera en una de ellas. «Si puedo (la vejez se me cae encima) volveré a Asturias por él», cuenta esperazando.

Un héroe en Francia, un desconocido en España

Desde su liberación y hasta el presente Vicente ha recorrido diferentes centros educativos franceses para ofrecer su testimonio a los jóvenes con el objetivo de que conozcan en primera persona lo que supone el horror del fascismo. Su esfuerzo se ve recompensado en la calle en la que vive desde hace hace décadas, que recientemente ha sido rebautizada como «Camino Vincent García», destacando su pasado como resistente y deportado, así como por ser «transmisor de memoria».

El ejército francés consideró todas las calamidades y enfermedades que sufrió en Alemania heridas de guerra. La medalla militar y la cruz de guerra, las dos con más rango del país, se unen a otros 106 reconocimiento que tiene en su casa. En cambio, en España es un gran desconocido. «Hace unos años me invitaron a la Universidad de Huesca para dar una charla a los alumnos y no saben nada. En España se ha negado la verdad. No han enseñado ni lo que se ha vivido en el propio país. Son tan inocentes», sostiene.

Si la salud le da una tregua, pisará Oviedo el próximo mes de mayo para la presentación del libro que el escritor asturiano Xuan Santori ha escrito sobre su vida. El título, como no podría ser de otro modo, será 42.553, el número que durante un tiempo deleznable le arrebató el nombre.

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Fotografía destacada: El último superviviente español del campo de concentración alemán de Buchenwald, Vincent García Riestra, con el pantalón que usaba siendo prisionero de Buchenwald. Vincent García participó hoy en Oviedo en la presentación del ensayo ganador del Premio Máximo Fuertes Acevedo basado en su vida, “42.553: después de Buchenwald, de Xuan Santori Vázquez. JLCEREIJIDO

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Las gafas de Abundio, el pendiente de María, el dado de Eugenio: lo que las fosas nos cuentan de las víctimas del franquismo

Las fosas comunes de la Guerra Civil guardan los huesos de los fusilados, pero, además, un incontable y variado número de objetos que permiten a los investigadores obtener pistas sobre la identidad de la víctima y, en ocasiones, conocer detalles sobre las aficiones y las historias de vida de los ejecutados.

publico.es / Alejandro Torrús / 09-05-2019

Abundio Andaluz fue fusilado el 18 de agosto de 1936 por cuatro falangistas que se hacían acompañar de un sacerdote. Era abogado, militante de Izquierda Republicana y vicepresidente de la Diputación de Soria tras las elecciones de febrero del ’36. Los tiros, sin embargo, no acabaron con su vida de manera instantánea. El libro La represión en Soria durante la Guerra Civil, de Gregorio Herrero, relata cómo Abundio, antes de morir, se arrastró más de un kilómetro en dirección sureste. Los testimonios orales, la lucha de su nieta Ana Andaluz y de la Asociación Recuerdo y Dignidad sirvieron para localizar, más de 80 años después, el emplazamiento de Abundio. Los forenses se pusieron a sacar tierra del suelo y rápidamente aparecieron los restos de Andaluz. Pero no solo. También aparecieron sus gafas redondas. Las mismas que llevaba aquel fatídico 18 de agosto. Las lentes de abundio daban testimonio de la barbarie franquista en Soria.

El caso de Abundio es similar al que este miércoles contaba en El País el periodista Nuño Domínguez. En este caso, se trataba del caso de Catalina Muñoz, una mujer que fue fusilada en septiembre de 1936 y enterrada con un sonajero de su hijo de nueve meses, quien conoció la historia completa de su madre 83 años después. El juguete, encontrado en una fosa común en 2011, había servido como pista para reconstruir el pasado de una familia destrozada por la represión franquista. Y es que cuando una fosa común se abre no sólo aparecen huesos.

“Cuando hablamos de exhumaciones en fosas comunes se nos viene a la mente la imagen de unos huesos, que es la prueba más evidente del asesinato. Pero los objetos que acompañan a esos huesos son igual de importante o más. Son los objetos los que nos dan una explicación sobre cómo era esa persona. Los objetos nos definen como personas. Los humanos somos los animales que se caracterizan por hacer y usar objetos, por lo que estos instrumentos, que encontramos en las fosas, son clave para devolver esa humanidad, para conocer algo más que el nombre de la persona que fue fusilada”, explica a Público el arqueólogo del Incipit-CSIC Alfredo González-Ruibal.

Así, González Ruibal recuerda el caso de una fosa que exhumó en el cementerio de Castuera (Badajoz). Uno de los cuerpos, cuyo nombre se desconoce, guardaba en uno de sus bolsillos un buen número de anillos de cobre y monedas. El arqueólogo explica que este hombre, seguramente, convertía las viejas monedas de cobre en anillos y que estos serían usados en el campo de concentración como moneda de cambio por alimentos. Sus verdugos lo sacaron del campo de concentración de Castuera, por donde pasaron miles de personas, y lo fusilaron. Los restos de este hombre se encontraban junto a los de otros 200 fusilados en una fosa.

Objetos encontrados tras la exhumación de una fosa en Castuera.- Cedida por Alfredo González-Ruibal

“El hecho de que llevara tantos objetos encima cuando fue fusilado nos hace pensar que no sabía que iba a ser ejecutado en ese momento. Seguramente se trata de un hombre que trabajó como orfebre. También tenía una prótesis dental y boquillas de fumar, por lo que creemos que el asesinado tenía un estatus social elevado”, prosigue González-Ruibal.

Los objetos que le acompañaron han permitido conocer un poco de la historia de vida de este hombre cuya identidad, aún hoy, es desconocida. Pero los casos en los que se encuentran este tipo de materiales son más que habituales en las más de 800 fosas que se han exhumado durante los últimos años en España. Un ejemplo paradigmático fue el del dado de Eugenio. 

En mayo de 2017, durante la exhumación de la sepultura número 10 de la parte civil del cementerio de Guadalajara, los arqueólogos de la ARMH encontraron un dado junto a los restos de Eugenio Molina Morato, que había sido fusilado en noviembre de 1939. Cuenta Willy Veletaen este reportaje de CTXT, que realmente el dado lo encontró el poeta y Premio Nacional de Poesía en 2002 Juan Carlos Mestre. “Jamás un golpe de dados abolirá el azar”, recitó el poeta.

El dado de Eugenio.- ÓSCAR RODRÍGUEZ

Ese pequeño dado, tallado en madera, con sus seis caras correspondientes, constituía, prácticamente, la herencia que dejaba Molina y una pista de lo que pudieron ser sus últimos días en prisión. “Observábamos incrédulos ese trocito de madera tallado con números. Intenté imaginar a qué jugarían estos represaliados del franquismo durante su cautiverio en la cárcel de Guadalajara. ¿A quién se le ocurrió la idea de fabricar un dado? ¿Habría otro dado? Eran carne de pelotón de fusilamiento, estaban famélicos, apenas podían ver a sus familiares, pero todavía tenían ganas de jugar con el azar“, reflexionaba en el texto su autor, el periodista de CTXT Veleta.

Uno de los arqueólogos que trabajó en la exhumación de Eugenio, y en la de cientos de víctimas del franquismo, es René Pacheco, que atiende a Público desde México. El arqueólogo explica que, en muchas ocasiones, los objetos que aparecen en las fosas comunes muchas veces dan más información al investigador que los propios huesos. “Hay un caso en el que conseguimos determinar que las víctimas eran ferroviarios, e incluso la compañía en la que trabajaban, gracias a que aparecieron los botones del uniforme”, cuenta Pacheco, que señala que en su trayectoria ha encontrado desde relojes a monedas pasando por carteras. Una de ellas, incluso, llena de dinero. “Llegamos a calcular el dinero y parecía el salario del trabajador. Que cobró y directamente lo apresaron y lo mandaron fusilar”, prosigue.

Quizá el ejemplo más conmovedor que traslada Pacheco es el del pendiente de María Alonso Ruiz, una mujer que fue fusilada con 32 años en 1936 y enterrada en una fosa común en Izagre (León). Los expertos de la ARMH encontraron un pendiente y buscaron y rebuscaron hasta encontrar el otro. Sin embargo, Josefina, la hermana de María, alertó a los arqueólogos. “No sigan buscando. María salió de casa ese día con un solo pendiente. Tenía una infección en la otra oreja y el pendiente se quedó en casa. Ahora, el pendiente encontrado es un colgante en el cuello de Josefina. 

“Para los trabajadores, los que estamos a pie de fosa, creo que los objetos nos transmiten mucho más que los huesos. Nos ayundan a convertir en persona esos huesos, te hacen consciente de que esos restos tenían una vida. Los objetos te trasladan otro punto de vista mucho más humano”, explica Pacheco, que recuerda el día que encontró una granada que en el bolsillo del cuerpo de Perfecto de Dios, en una fosa en Chaherrero (Ávila), o la cantimplora que apareció en una fosa que exhumó en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real).

Camisa encontrada en una fosa que podría pertenecer al bisabuelo de Miguel Ángel Torres.- ARQUEANTRO

Los objetos que aparecen en las fosas son, en muchas ocasiones, las únicas pistas de los investigadores para conocer la identidad del fusilado mientras llegan las pruebas de ADN. Objetos como unas gafas o una pipa de fumar permiten a las familias intuir quién es su ser querido a falta de la confirmación necesaria del ADN. Este fue el caso de Miguel Ángel Torres y su bisabueloMiguel Galán, que estaba enterrado en la fosa 128 de Paterna (València). En este lugar apareció una camisa que se había conservado relativamente bien. Tenía unas iniciales escritas: “M.G.“. Son las únicas iniciales que coinciden con el nombre de una de las víctimas allí enterradas: Miguel Galán.

Su nieto, Miguel Ángel Torres, está prácticamente convencido que aquella camisa pertenecía a su abuelo. “Fue muy fuerte para nosotros ver la camisa acribillada a balazos”. Uno de los profesionales que trabajaron en aquella exhumación es Àlex Calpe, miembro del colectivo Arqueoantro. Calpe explica a Público que en Paterna han encontrado multitud de objetos durante la exhumación de 552 víctimas de las más de 2.238 que el franquismo ejecutó en este lugar. “Lo más habitual ha sido la ropa, pero también objetos personales como mecheros, lápices, anillas, gafas…”, señala Calpe.

No obstante, de todos estos objetos, hay uno que se le quedó guardado. Una víctima llevaba encima una pelota del deporte tradicional valenciano conocido como pilota valenciana. ‘”Me impresionó mucho porque es muy típico de aquí. Puede ser un recuerdo que quiso llevarse a la cárcel o una manera de distraerse durante el tiempo que estuvo en prisión”, explica Calpe.

No obstante, en este caso, el objeto no sirvió para identificar al fusilado. Varias familias señalaron que su ser querido asesinado era aficionado a este deporte. Pero sí que constituía una pista y, en cualquier caso, recuperaba una de las aficiones de esta víctima de la represión franquista.

Objetos personales de los represaliados fusilados que han aparecido en las fosas de Paterna.- ARQUEANTRO

En otro caso, el equipo en el que trabaja Calpe encontró una carta en el bolsillo de un pantalón. Había sido escrita durante la estancia en prisión. La carta era prácticamente ilegible, pero sí se podía ver con claridad el nombre del remitente. Y coincidía con el de una de las más de 2.000 víctimas que fueron enterradas en Paterna. Las pruebas de ADN confirmarán o no la auténtica identidad de la víctima, pero la carta dirigida al hermano del fusilado, es una pista única.

Calpe también relata que en dos de las fosas mejor conservadas también era habitual encontrar las cuerdas con las que los republicanos eran enviados, maniatados, frente al pelotón de fusilamiento. “En algunas de estas cuerdas se aprecia hasta la forma, que se ajustaba a las muñecas de las víctimas“, prosigue.

Este caso, el de las cuerdas, es más que habitual en las exhumaciones de fosas comunes de la Guerra Civil y los primeros años de franquismo. Aparecieron también, por ejemplo, en la exhumación de la fosa de Chillón en Ciudad Real, realizada por la ARMH en el año 2011. En aquella ocasión, no obstante, eran cables eléctricos que habían sido usado para atar a los enviados al pelotón de fusilamiento. En aquella fosa aparecieron los restos Marcelino Agudelo Serrano (44 años), Alfonso Capilla Casado (39 años), Isidoro Castillo Mosqueda (30 años), Bernardino Gallego Franco (17 años), Manuel León Rodríguez (29 años), Pablo Madrid Amaro (22 años), Patricio Mata Gómez (33 años) y Manuel Puebla Perianes (33 años).

Cable usado para atar a los paseados de Chillón.- ARMH

El blog A pie de fosa también recoge varios ejemplos de objetos que han sido encontrados en fosas comunes que han servido para dar a los arqueólogos y forenses pistas sobre la vida e identidad de la persona fusilada. Es especialmente curioso un caso ocurrido en San Sebastián. Durante unas obras en la zona conocida como ‘El puente de hierro’ los trabajadores encontraron evidencias de que podrían estar trabajando sobre una fosa común de la época de la Guerra Civil. La sociedad Aranzadi acudió al lugar y exhumó las dos fosas localizadas. En una de ellas apareció un botón que pertenece al uniforme de la Policía Municipal de San Sebastián durante la II República.

O el caso de la fosa común de Teba, en la provincia de Málaga, que era en realidad una zanja de 25 metros de largo por dos de ancho emplazada en el propio cementerio de la localidad. Allí apareció un reloj de bolsillo parado, exactamente, alas 4 y 15 en el bolsillo del fusilado 124. Junto a él monedas, un mechero de gasolina y una boquilla para fumar. El reloj de esta víctima del franquismo se paró a esa hora. No sabemos si su fusilamiento se produjo antes o después. Lo que hoy sí se conoce es que los autores del genocidio fundacional del franquismo intentaron parar el reloj de todo el país durante 39 años de dictadura.

‘Reloj del individuo 124.- Exposición en el Archivo Histórico Provincial de Málaga

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Fotografía destacada: Las gafas de Abundio Andaluz, fusilado por falangistas en agosto de 1936 en Calatañazor (Soria).- ASOCIACIÓN RECUERDO Y DIGNIDAD

Fuente:https://www.publico.es/politica/gafas-abundio-pendiente-maria-dado-eugenio-fosas-cuentan-victimas-franquismo.html

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La madre que llevó un sonajero a su fusilamiento

Catalina Muñoz fue ejecutada en septiembre de 1936 y enterrada con el juguete de su hijo de nueve meses, quien ha conocido su historia 83 años después.

elpais.com / Nuño Domínguez / 08-05-2019

En agosto de 2011, un equipo de arqueólogos se topó con un sonajero dentro de una fosa de la Guerra Civil. Era un juguete rosa y amarillo chillón, con forma de flor, que estaba junto a un cadáver rociado con cal viva y enterrado sin ataúd. A la hora de comer, los excavadores no hablaron de otra cosa: ¿podía el objeto ser de 1936?

“Parecía una broma”, recuerda Almudena García-Rubio, antropóloga de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, quien se encontraba ese día en unas excavaciones ya de por sí inquietantes, pues buscaban 250 víctimas de la represión franquista enterradas bajo los columpios infantiles del parque de La Carcavilla, en la ciudad de Palencia, donde antaño estaba el cementerio municipal.

El sonajero fue llevado al etnógrafo Fermín Leizaola, quien cortó un pedazo del plástico y lo acercó a una llama, en la que prendió rápidamente dejando un “característico olor a alcanfor”. Eso probaba que era de celuloide, un plástico desarrollado en 1870 muy usado en objetos cotidianos hasta los años setenta del siglo XX. El juguete podía ser de la época. “Este es el objeto más llamativo y conmovedor que haya podido salir de una fosa de la Guerra Civil”, opina García-Rubio, que destaca que es el único de este tipo recuperado en las más de 700 fosas exhumadas en España hasta la actualidad.

Este objeto y la historia que hay detrás de él ha servido para que toda una familia recupere la memoria de unos hechos que habían estado enterrados hasta ahora. Los registros del cementerio viejo de Palencia indicaban que el cadáver era de Catalina Muñoz Arranz, de 37 años y natural de Cevico de la Torre, un pueblo a 30 kilómetros de la capital palentina. Tenía cuatro hijos cuando la mataron. El más pequeño, de 9 meses, era probablemente el dueño del sonajero.

Martín de la Torre Muñoz, hijo de Catalina, junto a su hija Martina (izquierda) y su mujer, Francisca Atienza. VÍCTOR SÁINZ

Aquel bebé es hoy un hombre de 83 años que vive en una casa humilde de la calle principal de Cevico de la Torre, con unos 400 habitantes. Habla poco, tiene la mirada fija y unas manos muy anchas de toda una vida trabajando, pues empezó a los ocho años. “Fui pastorcillo y luego trabajé en el campo. Nunca fui a la escuela”, explica en la cocina de su casa, donde vive con su mujer y con su hija Martina, de 56 años. “De mi madre no recuerdo nada”, dice Martín de la Torre Muñoz. “No sé ni qué cara tenía, porque no tenemos ninguna foto suya, esa es la pena”, confiesa. Nunca pudo indagar sobre su madre y en la familia casi no se habló de lo sucedido.

Tras la muerte de su madre, a Martín le crió una tía en Cevico. Su padre, Tomás de la Torre, estaba en la cárcel acusado del asesinato de un falangista en una reyerta que sucedió en el pueblo el 3 de mayo de 1936. Le condenaron a 17 años. Su mujer corrió peor suerte. La detuvieron el 24 de agosto, algo más de un mes después del golpe de Estado impulsado por Franco, que triunfó en Palencia. La juzgó un consejo de guerra en el que el alcalde de Cevico y otros dos vecinos declararon que iba a manifestaciones, que la habían descubierto lavando sangre de la ropa de su marido, que daba vivas a Rusia y mueras de la Guardia Civil, que dijo: “Todavía vamos a vencer y os vamos a hacer tajadillas”.

Lucía Muñoz, hija de Catalina, en la residencia de Cevico de la Torre (Palencia). VÍCTOR SÁINZ

Catalina no sabía leer ni escribir, pero sí firmar, según el sumario de su juicio, que se conserva en el archivo militar de Ferrol. Es fichada como una mujer de 1,51, morena, de pelo y ojos negros, de apodo Pitilina. El 5 de septiembre, ella testificó y firmó una declaración en la que admitía haber ido a manifestaciones, pero negaba el resto de acusaciones contra ella.

A pesar de la falta de pruebas, el tribunal la condenó por rebelión militar con la pena máxima. Murió el 22 de septiembre a las “cinco y treinta horas del día […] por heridas producidas por arma de fuego de pequeño proyectil en cráneo y pecho”, según el detallado sumario, que coincide casi a la perfección con el análisis osteológico que hicieron los antropólogos en 2011 tras desenterrar su cadáver. Junto a él también se encontraron botones, corchetes metálicos y las suelas de goma de sus zapatos, del número 36.

El sonajero hallado junto al cuerpo de Catalina. SOCIEDAD DE CIENCIAS ARANZADI

Unos pocos metros más abajo de la casa de Martín está la única familiar que recuerda a Catalina: Lucía, su hija y hermana de Martín. Ella tiene ahora 94 años, la memoria algo frágil y las mismas manos anchas que su hermano. En una sala de visitas de la residencia de ancianos de Cevico donde vive Lucía recuerda el día que detuvieron a su madre. “Salió de casa corriendo con el niño y se cayó en la trasera de una casa y fueron a cogerla. Al niño no le pasó nada. Ella gastaba un delantal de medio cuerpo y pico negro para taparse. Es lo único que llevaba cuando salió de casa”, relata. Aunque no recuerda el sonajero, Lucía dice que es probable que su madre lo llevase en el bolsillo de ese mandil. “Tenía mucho genio, en eso me parezco a ella. Si le decían algo… Jesús. Y por eso la mataron. Desde hace unas semanas no paro de llorar acordándome”, lamenta con los ojos humedecidos y la mirada perdida. Lucía tenía 11 años cuando fusilaron a su madre. Se quedó al cuidado de su abuelo y empezó a servir en casas de gente pudiente del pueblo, pero no pudieron hacerse cargo de enterrar a su madre en Cevico.

“De entre el centenar aproximadamente de mujeres asesinadas en los primeros meses de la guerra en la provincia de Palencia, Catalina Muñoz es la única que fue juzgada y condenada a muerte, al resto las pasearon”, resalta Pablo García-Colmenares, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid y presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Palencia (ARMH). Es autor de la obra Víctimas de la Guerra Civil en la provincia de Palencia (1936-1945), editada por la Junta de Castilla y León.

Placa con el normbre de Catalina Muñoz entre otras víctimas de la represión franquista en el parque de La Carcavilla (Palencia). VÍCTOR SÁINZ

Cuando el padre de Martín salió de la cárcel, se fue a trabajar a Bilbao.  Muchos años después, ya jubilado, volvió a Cevico y vivió allí los últimos ocho años de su vida. Nunca hablaron de lo sucedido y Martín no le preguntó nada sobre su madre por no despertarle recuerdos dolorosos.

Martín no sabía que a su madre la habían enterrado sola en Palencia y ahora ha visto por primera vez la foto del juguete que se llevó a la tumba. Al no haber reclamado nadie los restos y las pertenencias de Catalina, fueron enterrados en el cementerio nuevo de Palencia junto a otras víctimas de la represión, pero en una caja separada. Tras conocer la historia del juguete y su paradero, Martina, la hija de Martín, ha iniciado los trámites para recuperar el cadáver y, junto a él, el sonajero, que podría volver a las manos de su padre 83 años después.

Martina ha acudido por primera vez a Palencia a ver el monolito de La Carcavilla que recuerda a las víctimas, donde figura el nombre de su abuela, ha comprado el libro sobre las víctimas de la Guerra Civil de Colmenares y quiere hacer una urna para guardar el sonajero para que sus hijos y nietos conozcan la historia. “Al ver el nombre de Catalina grabado en el monolito he sentido una sensación de vacío muy rara, pero por otro lado estoy muy contenta de poder recuperar a mi abuela y llevarla junto a mi abuelo. Yo creo que él no fue el culpable de lo que le pasó a mi abuela, como se pensaba, sino que fue él quien se entregó para cubrirla a ella, fue un gesto de amor”, explica Martina. Cuenta que a su padre ahora se le saltan las lágrimas cuando se pregunta si va a morir antes de que traigan de vuelta a su madre.

Un cadáver en la fosa de La Andaya (Burgos) con una alianza en la mano izquierda. LUIS RÍOS

Los objetos como el sonajero de Catalina son pequeños tesoros para los arqueólogos contemporáneos, que aplican métodos científicos a la recuperación y estudio de materiales de episodios de la historia reciente. En ocasiones, emblemas militares o alianzas de boda son claves para identificar a algunas víctimas. “Los objetos personales que se recuperan junto a los cuerpos permiten un acercamiento a la cotidianidad de las personas represaliadas”, explica García-Rubio en Mujeres en la Guerra Civil y la posguerra. Memoria y Educación(Audema). “Un lápiz, unas gafas, un reloj, un peine, un recorte de periódico con el resultado del Tour de Francia de ese año 1936, son pequeños fogonazos de la vida de cada uno reflejada en lo que llevaban en los bolsillos en el momento en que fueron detenidos. A veces se trata de elementos muy particulares, como unos gemelos con el dibujo de un faraón, pero la mayoría de las veces son elementos propios de una época y de una ocupación, como los cientos de suelas de goma del calzado de labranza recuperados en las fosas de Burgos, Palencia o Valladolid”, detalla.

Esta alianza recuperada en la fosa Andaya permitió identificar el cadáver de Tomás Requejo, que era segundo teniente de alcalde de Aranda del Duero y fue asesinado en verano de 1936. LUIS RÍOS

En otros casos los objetos aportan una visión diferente a episodios de la historia reciente, explica Alfredo González-Ruibal, arqueólogo del CSIC que lleva años excavando trincheras y campos de concentración de la Guerra Civil, de la que ha recuperado decenas de miles de objetos que son catalogados y archivados y que, a su manera, resumen la contienda. Hay medallas, crucifijos, botes de perfume, zapatos de tacón, además de kilos de metralla y munición. “El poder de este tipo de arqueología no es contar un episodio ya conocido, sino sintetizar un momento de la historia con una imagen”, según explicó el investigador en una reciente conferencia en el Museo Arqueológico Nacional en la que destacaba el sonajero de Catalina como uno de los objetos que mejor condensan la historia de la Guerra Civil.

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Fotografía destacada: Restos de Catalina Muñoz Arranz junto al sonajero hallados en el parque de La Carcavilla (Palencia) en 2011. En vídeo, historia de un sonajero. SOCIEDAD DE CIENCIAS ARANZADI

Fuente:https://elpais.com/elpais/2019/05/07/ciencia/1557240719_368278.html

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