Archivo de la etiqueta: memoria histórica

El que quiera olvidar que olvide y el que quiera recordar, honrar y enterrar con los suyos tiene todo el derecho de hacerlo. Es bien simple, no entiendo tanto discutir ni opinar, son derechos humanos, enterrar a tus muertos, no hay nada que opinar.

Conocí a Susanna Toral Cabau el 11 de abril de 2015 en la convocatoria que se hizo a los familiares de represaliados de la Guerra Civil de mi pueblo, Valderas (León), al objeto de construir un panteón para los represaliados. Mi pueblo, Valderas, con 77 personas asesinadas sobre una población estimada en 3.300 habitantes, fue una de las poblaciones más masacradas de la provincia a partir de finales de julio de 1936.

nuevarevolucion.es / Sol Gómez Arteaga / 26/10/2021

Susanna vino desde Gerona, lugar en el que reside, para asistir a esa convocatoria, y posteriormente, el 30 de mayo de 2015, volvió a desplazarse para participar en la inauguración del Panteón que coincidió con la entrega, en ese mismo acto, de nueve restos de paisanos de la localidad exhumados por la ARMH en el año 2012 en el monte de Estébanez de la Calzada.

Fue muy emocionante leer a su lado, en calidad de nietas, la identidad y una pequeña biografía de los 77 represaliados de Valderas, cuyos nombres figuran en el panteón. Entre ellos el de su abuelo, Tomás Toral Casado, de 36 años, maestro de Villaornate, sacado de la escuela (con anterioridad ya había sido detenido y puesto en libertad) el 10 de octubre de 1936 mientas daba clase ante el estupor de sus alumnos. Sería paseado siete días más tarde, 17 de octubre de 1936, en Villadangos del Páramo.

Tomás estaba casado con María González Carnero, embarazada en ese momento de ocho meses del único hijo que tuvieron, Tomás Toral González. Entre las actividades del maestro está la creación, el 7 de mayo de 1932, de una biblioteca escolar gestionada por los propios alumnos con libros tan fundamentales como “La Ilíada” y “La Odisea”. También escribiría algunos artículos de divulgación científica.

El acta de defunción confirma que sus restos están en una fosa común del cementerio de Villadangos del Páramo, junto con los de 71 personas más cuya exhumación ha solicitado formalmente la ARMH en abril del 2021. Dicho cementerio es propiedad vecinal, y el 27 de agosto de 2021, el teniente alcalde, que también es presidente de la Junta de Vecinos, sometió a una esperpéntica votación la procedencia o no de exhumar la fosa. Aunque fueron muy pocos los que votaron, el resultado fue en sentido negativo a la exhumación. Ante este hecho, la Junta de Castilla-León intervino para hacer cumplir una ley en el que el derecho básico y humanitario de buscar a los muertos “ni se discute ni se negocia”.

No obstante, a fecha de hoy, según informa Susanna, las trabas administrativas se suceden y los trabajos de exhumación aún no han comenzado. Esto ralentiza un proceso en el que el tiempo -habida cuenta de que los hijos de los represaliados van desapareciendo- juega un papel absolutamente crucial.

El presidente de la ARMH Emilio Silva dijo un día, y se me quedó grabado, que cuando la Memoria echa a andar es imparable. ¿Cómo y cuándo llegaste a conocer la historia de tu abuelo?

En casa se hablaba poco o nada. Solo sabía que mi abuelo era maestro y murió durante la Guerra Civil. Veía su foto en la mesilla de noche de mi abuela y poco más. Nunca se me ocurrió preguntar al respecto, un sexto sentido me decía que no debía hacerlo.

En 2003 murió mi padre y, al cabo de unos días, mi madre se presenta en casa con una carpeta y me dice: ”Toma, esto es todo lo que tu padre tenía de tu abuelo, ahora es tuyo” y ese día empieza mi búsqueda, me han pasado el testigo y soy libre de preguntar.

Empecé a leer los documentos. Yo me había hecho la idea que habría muerto luchando en el frente, pero no, en la carpeta solo había papeles de la escuela y cuatro cosas más, nada que hiciera pensar que había estado en ninguna batalla. Nunca lo estuvo. Fue separado a la fuerza de su familia y de sus cosas.

Empecé a preguntar, primero a la familia, luego a contemporáneos de él. Esto fue muy enriquecedor, especialmente el testimonio de alumnos suyos que me contaron como lo detuvieron en la escuela y sus últimas palabras con ellos: “No sé si nos volveremos a ver, pero pase lo que pase nunca dejéis de estudiar, hay que saber leer y escribir”. A continuación rezaron una oración juntos y se lo llevaron. Era el 10 de octubre de 1936.

El tener conciencia de los hechos ocurridos marca, en mi opinión, un antes y después en los familiares de las víctimas. Conocer nuestro pasado, nuestros orígenes, nos hace conocernos más a nosotros mismos. En este sentido, ¿cambió algo en tu vida saber lo que le ocurrió a tu abuelo?

Efectivamente, existe un antes y un después. Me ayudó a comprender varias cosas. Entre ellas los problemas de salud de mi padre. Con el tiempo he aprendido que las enfermedades tienen raíces emocionales, y comprendí que ese silencio y ese dolor no expresado, que acompañó a mi padre toda su vida, estaba en la raíz de sus dolencias. Él tuvo un cáncer de laringe que a los 43 años le dejó sin voz. De hecho, mi padre, ya nació huérfano, tres semanas después de que mi abuelo fuera asesinado. ¿Te imaginas el sufrimiento de esa madre, que le matan a su marido, no puede ni enterrarlo y tiene que cuidar a su hijo recién nacido ella sola? Sé que mi abuela compró dos vacas para vender leche y poder alimentar a su hijo, pero ella nunca hablaba de eso ni se lamentaba de la dura vida que le tocó vivir. También me ayudó a saber cuál era mi papel: romper ese silencio y llorar ese dolor, tarea que ni él ni mi abuela pudieron hacer.

¿Qué sentiste en los distintos momentos de acercamiento a la figura de tu abuelo?

Los sentimientos son diversos y variados y, a menudo, se mezclan y cuesta discernir. Hay distintos momentos, por ejemplo, al conocer que fue arrestado dando clase y que todo su crimen fue intentar que todos los niños, ricos y pobres, aprendieran a leer, escribir y pensar por sí mismos fue una mezcla de tristeza y rabia. Lloré mucho, mucho, intentando comprender como el ser humano puede ser tan ruin… aún no lo comprendo.

Otro momento muy emotivo fue la única vez que estuve en Villadangos del Páramo, donde fue asesinado el día 17 de octubre de 1936 hace 85 años. Yo estaba haciendo el Camino de Santiago, era el año 2006, y a su paso por la población decidí preguntar por la fosa común que hay en el cementerio para dejarle un ramito que había improvisado con flores silvestres del camino. Entro en el bar de la carretera y al preguntar, la camarera me responde: “Aquí no se habla de esto”. Después de hablar de esto que allí no se hablaba, conseguí que un señor mayor me indicara el camino del cementerio y la ubicación de la posible fosa, diciendo muy amablemente que no me acompañaba porque no le convenía que le vieran conmigo.

En la carpeta que me dio mi madre había manuscritos de mi abuelo, y en una revista que dirigía en Valderas, su pueblo natal, también encontré un artículo suyo. Sus escritos, así como las historias que me ha contado la gente que lo conoció, me han llenado de orgullo. Su honestidad, inteligencia, humildad y amor por el prójimo, todo esto me aproxima a él y me hace sentir más en paz.

En 2015 se hizo un acto en Valderas recordando y nombrando los 77 vecinos de Valderas asesinados durante la Guerra Civil. Ese también fue un gran momento, oír los nombres en alto, uno por uno, fue indescriptible, y la constatación de que siguen existiendo en nuestro recuerdo. Nadie, nunca, conseguirá hacerlos desaparecer.

En estos momentos también tengo los sentimientos muy a flor de piel. Hace cosa de un año nos hemos reunido unas 18 familias que buscamos a nuestros abuelos, tíos, bisabuelos, etc. en la fosa de Villadangos del Páramo. Ha sido muy sanador compartir historias, sentimientos, conocimientos, es como un puzle que vamos armando entre todos. Les estoy muy agradecida, son fenomenales. Conocer las historias de sus familiares, como Santos Francisco, maestro herrador de Mansilla de las Mulas, Gerardo Vega, practicante en San Andrés de Rabanedo, Epifanio González, ebanista de Mansilla de las Mulas, Moisés Rodríguez, labrador en Valencia de Don Juan, Eugenio Curiel, director del instituto de Astorga, los hermanos Francisco y Jesús Rojo, unos críos de 18 y 16 años que trabajaban en la tejera de Ardón, y un largo etcétera de gente honrada, con padres, madres, hijos y esposas a los que amaban…, y saber que mi abuelo reposa junto a personas tan nobles, aunque parezca extraño, me genera un gran sentimiento de paz.

También he de decir que no todas las personas de Villadangos se oponen a la exhumación, y quiero agradecer a algunas de ellas su apoyo.

Quiero hacer una especial mención, en este sentido, a Rufino Juárez, de 86 años, que luchó durante décadas por encontrar los restos de su padre, y que falleció el 1 de septiembre de 2021 sin poder recuperarlos. Él era el último hijo con vida del grupo, ya que todos somos nietos, biznietos, sobrinos… El padre de Rufino se llamaba como él, era agricultor y presidente de la Junta Vecinal de Vegas del Condado, fue asesinado el 21 de octubre de 1936.

Todos los días se escucha alguna voz que dice que es mejor olvidar, que para qué remover y revolver sobre lo que pasó hace más de 80 años, ¿qué opinas de esto? ¿Crees que sigue siendo necesario reivindicar la memoria antifascista?

Es muy fácil, cada cual que haga lo que le parezca mejor con la memoria y los restos de sus familiares. El que quiera olvidar que olvide y el que quiera recordar, honrar y enterrar con los suyos tiene todo el derecho de hacerlo. Es bien simple, no entiendo tanto discutir ni opinar, son derechos humanos, enterrar a tus muertos, no hay nada que opinar.

Por otro lado, la verdad es muy importante, no se puede construir nada sobre una mentira, así que es imprescindible que la verdad salga a la luz.

Se ha hablado de trauma en referencia a las heridas sin sanar de la Guerra Civil, ¿Crees que las heridas de la guerra civil pueden llegar a sanar? En tu caso, ¿Qué tendría que ocurrir para que te sintieras, de alguna manera, reparada?

Todas las heridas pueden sanar. Cuando una herida no sana es porque se intenta tapar, se actúa como si no hubiera herida. A nivel físico es igual, si me hago un corte tendré que mirarlo, lavarlo, curarlo, hay un proceso, si actúo como si no hubiera pasado nada probablemente el corte acabará infectado. Con las heridas del alma ocurre lo mismo. Para sanar una herida hay que reconocerla, aceptarla, mirarla de frente, hablarla, llorarla, compartirla, reparar lo que sea reparable y seguir el camino. Y, sobre todo, saber la Verdad. En mi caso, esta búsqueda de los restos de mi abuelo es en sí misma la sanación de la herida familiar. Independientemente del desenlace, encuentre o no sus restos, el hecho de buscarlos, compartir la historia, hablar de él, saber la verdad, nombrarlo, estarte ahora mismo hablando de él, es muy sanador.

Los testigos, que conocieron y sufrieron de primera mano las consecuencias de la guerra civil, están muriendo, somos los nietos quienes cogemos el testigo, pero es muy importante que esa transmisión de los hechos a las generaciones futuras no se pierda para lo que ocurrió no caiga en el pozo del olvido. ¿Qué mensaje les darías a las generaciones más jóvenes, a tus hijos, respecto a todo esto?

A las generaciones más jóvenes les diría que para conocerse uno mismo hay que conocer de dónde venimos. Saber más de nuestros antepasados nos ayuda a conocernos, tarea imprescindible para mejorar y evolucionar como seres humanos.

Siempre oí, no sé si es verdad o no, pero tomé cuenta de ello y hasta escribí al respecto, que tu abuelo había regalado sus zapatos nuevos a un pobre que pasaba por la puerta de casa pidiendo, ¿qué opinión te merece este hecho?

Sí, a mí también me lo han contado, y que mi abuela le iba a dar los viejos y él le dijo que no, que se llevara los nuevos, que ellos tenían dinero para reparar los viejos y el pobre no. La primera vez que lo oí sentí vergüenza, de mí misma, yo soy de las que doy los zapatos viejos y encima me creo muy caritativa. Toda una historia para reflexionar.

¿Qué le dirías a tu abuelo si pudieras decirle algo? 

Que le amo.

 

___

Fuente:https://nuevarevolucion.es/entrevista-a-sussana-toral-a-las-generaciones-mas-jovenes-les-diria-que-para-conocerse-uno-mismo-hay-que-conocer-de-donde-venimos/

La Asociación ofrece al Gobierno 20.000 trípticos ya diseñados, para que la gente que visite el monumento tenga acceso a contenido que incorpore una narrativa desde la memoria democrática

arainfo.org / 21/10/2021

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha registrado la mañana del jueves en el Palacio de La Moncloa el ofrecimiento de una subvención dirigida a la impresión de miles de trípticos para que sean entregados a todas las personas que visitan el Valle de los Caídos cuando adquieren la entrada de acceso al recinto.

El ofrecimiento ha sido entregado en el registro de Moncloa por Bonifacio Sánchez y dirigido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, con un tríptico que ya ha diseñado la ARMH con criterio estético de Patrimonio Nacional y un contenido que incorpora una narrativa democrátic

a sobre un monumento que conserva elementos narrativos que ya estaban allí el 20 de noviembre de 1975.

Desde que el dictador Francisco Franco fue enterrado en el Valle de los Caídos, en noviembre de 1975, la narración que se ofrece en este monumento del fascismo español no ha sido modificada por la democracia. “Los elementos que relatan qué es y qué significado tiene han permanecido intactos desde la dictadura hasta hoy”, señala ARMH.

Los gobierno de la democracia no han modificado esa narrativa, fomentando que lo que la dictadura quiso esconder siga siendo invisible. “Ese consentimiento hace que el visitante no tenga oportunidad de conocer allí las verdaderas razones por las que se construyó, qué significa la presencia de la Iglesia Católica, quiénes eran los presos políticos esclavizados para construirlo o qué uso propagandístico hizo el régimen al enterrar allí a miles de civiles republicanos cuyos cuerpos fueron secuestrados de fosas y cementerios sin el consentimiento de sus familias”, afirma la Asociación memorialista.

ARMH propone la instalación de unos paneles informativos en la entrada de la basílica, como una acción sencilla y de bajo coste, que ya fue ofrecida como donación al Gobierno por la Asociación.

Ante la “pasividad” de todos los gobiernos y de Patrimonio Nacional, organismo que gestiona el Valle de los Caídos, la organización está decidida a colaborar con el Estado y subvencionar el diseño y la impresión de un tríptico que informe de la historia del monumento, desde una perspectiva democrática y que debe ser entregado junto con la entrada, a toda aquella persona que lo visita.

Su propuesta pasa por subvencionar al Gobierno la impresión de 20.000 trípticos y así “terminar con el relato fascista del Valle de los Caídos y con su negacionismo”, cuando en alguna de las capillas de la basílica puede leerse «Caídos por Dios y por España». Denuncian que de no ofrecer información veraz “se oculta que allí se trasladaron los cuerpos de miles de republicanos defensores de la democracia y el Estado laico”.

Bonifacio Sánchez entrega un ejemplo de tríptico en la Moncloa. Foto: ARMH.

___

Fotografía destacada: Trípticos escritos y diseñados por ARMH. Foto: ARMH.

Fuente:https://arainfo.org/armh-dispuesta-a-donar-20-000-tripticos-para-mejorar-la-informacion-en-las-visitas-al-valle-de-los-caidos/

El hijo de un represaliado se ha dirigido sin éxito en varias ocasiones a la empresa pública para que incluya una referencia en la historia del aeródromo gallego al campo de concentración instalado allí y por el que pasaron más de 2.000 personas durante la guerra y la postguerra.

publico.es / Juan Oliver / 10/10/2021

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha denunciado que la empresa pública Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (Aena) oculta en la web que dedica a la historia del aeropuerto Rosalía de Castro, en Santiago de Compostela, el hecho de que fue construido por miles de presos republicanos sometidos a trabajos forzados por el bando franquista durante la guerra y la postguerra.

Juan José Ibáñez, hijo de Julián Ibáñez, uno de aquellos prisioneros políticos, se ha dirigido en varias ocasiones a Aena para solicitar que se haga referencia a esa circunstancia en la web, pero no ha obtenido más respuesta que el traslado de la solicitud «al departamento correspondiente». La empresa, por su parte, ha asegurado a Público que está estudiando la petición.

Imagen de Julián Ibáñez

Aena dedica en la web de cada aeropuerto un pequeño apartado a la historia de cada aeródromo. En el caso del de Santiago, la nota indica que se empezó a construir en 1935 y que cobró «carácter militar» tras el golpe de 1936. También que en 1937 se iniciaron vuelos comerciales regulares y que en 1947 se abrió al tráfico internacional. Pero no hay ninguna referencia a ese decenio entre 1937 y 1947, durante el que se desarrolló la ampliación que permitió los vuelos transoceánicos, y que fue ejecutada por prisioneros republicanos presos en el campo de concentración de Lavacolla, por el que pasaron más de 2.000 personas.

Así lo relata Victor Santidrián, doctor en Historia y coordinador de la edición de Diario del soldado republicano Casimiro Jabonero, basado en las notas manuscritas de un teniente del ejército popular de la República que paso varios meses en el campo, entre 1939 y 1940, en el Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores y Prisioneros número 28.

Imagen del diario Jabonero. | Diario Jabonero

«Es incomprensible que Aena no quiera explicar que las obras del aeropuerto las hicieron los presos republicanos. El diario de Jabonero se publicó en el 2002 y desde el 2006 hay un monolito con una placa que recuerda a los prisioneros. Es como no si alguien no quisiera reconocer el Holocausto o se negara a citarlo. No es irrelevante», lamenta el historiador, que recuerda que Aena es una empresa propiedad del Estado y que es el Estado, precisamente, el primero que debería evitar que se oculten esos hechos.

Santidrián se topó de casualidad con la historia de Jabonero tras conocer la existencia de su diario gracias a unos parientes del soldado que lo conservaban, vecinos de unos familiares suyos. No pudo encontrar mucha más documentación sobre el campo de concentración, ubicado en la aldea aldea de Lavacolla, que pertenecía al municipio de Enfesta, porque Enfesta se unió a Santiago en 1962 y la mayoría de los archivos municipales desaparecieron o fueron destruidos.

Página del diario Jabonero. | Diario Jabonero

«Sólo queda algo de información en el Archivo General Militar de Guadalajara, quizá en el Archivo del Ejército del Aire, y en el del Tribunal de Cuentas, porque supuestamente los presos tenían cartilla de racionamiento y un jornal que sufragaba el Estado», explica el historiador, cuyo libro fue publicado por la Fundación 10 de marzo.

El diario del soldado narra las durísimas condiciones en las que se veían obligados a trabajar los presos republicanos como Jabonero, que se desayunaban con un café a las cinco de la mañana y caminaban tres kilómetros, de cinco en cinco, cogidos de la mano, hasta llegar a las obras para, durante horas, cavar tierra y picar piedras, cargarla en vagonetas y arrastrarlas para descargarlas en los desmontes. De noche cenaban col cocida. «A quien su familia no le mandaba algo, estaba condenado a muerte«, relata el teniente, quien asegura que el supuesto salario que debían recibir no existía, ni siquiera en especie, aunque las obras estaban dirigidas por una contrata: «Ropa nos daban muy poca, y dinero, ninguno».

Página del diario Jabonero. | Diario Jabonero

Otro de los prisioneros de Lavacolla fue Julián Ibáñez. Según cuenta su hijo Juan José, fue enviado allí en 1939, después de combatir en varios frentes en el ejército republicano y de ser gravemente herido en una pierna. Tras regresar a su casa, en San Sebastián, al acabar la guerra, se declaró expresamente «no afecto al Régimen» frente de la autoridades militares durante una recluta, por lo que fue enviado a los campos de concentración. Primero a Miranda de Ebro, luego a Madrid, y finalmente, en septiembre de 1940, a Lavacolla, donde permaneció preso hasta mayo de 1942 en el Batallón Disciplinario 28.

Julián vivió los horrores y las penurias del campo, tanto que su hijo Juan José cuenta que tuvo «suerte» con un accidente con una vagoneta que volvió a destrozarle la pierna. Gracias a eso, y como era ebanista, pudo pasar los últimos meses de confinamiento trabajando en la carpintería. La España de Franco jamás le reconoció una pensión por aquel accidente.

Juan José supo hace unos meses que en la web del aeropuerto de Santiago no aparecía nada sobre la historia del campo de concentración tras hablar con la escritora canadiense Janette Higgins, quien hacía poco había publicado Luchando por la democracia: la verdadera historia de Jim Higgins, un activista canadiense en la guerra española. Ese libro narra la historia de su padre, Jim Higgins, un británico que emigró a Canadá con 21 años y que en 1937 se unió a las Brigadas Internacionales para defender la República.

Juan José contactó con Janette tras leer el libro, se hicieron amigos y hasta le ofreció traducirlo al español. Y le contó que su padre también había sido combatiente y que había estado prisionero en el campo de Lavacolla. Un día, charlando en una videoconferencia, Janette le dijo: «Me pregunto cuántos de las decenas de miles de peregrinos que han recorrido el Camino de Santiago saben que los presos de Franco construyeron la pista de su aeropuerto de destino». Fue entonces cuando Juan José echó un vistazo a la web de Aena y advirtió que en la página dedicada a la historia del aérodromo no había referencia alguna a aquellos años.

Su primer correo a Aena pidiendo a la empresa que incluya en la web alguna referencia a los presos políticos que hicieron la ampliación del aeropuerto es del pasado 21 de junio. «Desde entonces he enviado otros nueve emails«, asegura Juan José. El último, el pasado martes. Pero hasta ahora sólo ha recibido dos mensajes, en julio y en septiembre, con la misma lacónica respuesta: «Reenviamos su consulta al departamento correspondiente».

«Es un poco triste la manera que tienen de tratar a las personas. Pero además, es que los ciudadanos tienen derecho a saber la verdad y a que ésta no se esconda», dice el hijo de Julián. Juan José recuerda la historia del alemán Wilfried Stuckmann, quien en el año 2014 exigió que le devolvieran el dinero que había pagado por pernoctar con su pareja dos noches en el Parador Nacional de León, ubicado en el convento de San Marcos.

Stuckmann y su acompañante alegaron que no se les habría ocurrido jamás dormir allí de haber sabido que el convento había sido un campo de concentración franquista entre 1936 y 1940, y que nadie les había informado de tal circunstancia cuando hicieron su reserva. Cuando les devolvieron el dinero, 396 euros, lo donaron a la ARMH.

Imagen de la placa en honor a los represaliados de Lavacolla.

El pasado 21 de junio se celebró en el parador, que también es propiedad de una empresa pública, un homenaje a los prisioneros de aquel campo, y se descubrió una pequeña placa en su honor. En Lavacolla también está ese pequeño monolito de la Fundación 10 de marzo y el Ayuntamiento de Santiago que recuerda a quienes trabajaron, sufrieron y murieron allí: «En memoria de los republicanos presos en el campo de concentración de Lavacolla y de aquellos que, desde 1939, contribuyeron durante su cautiverio en este lugar a la construcción de las pistas del aeropuerto».

___

Fotografía destacada: Prisioneros republicanos en Lavacolla.

Fuente:https://www.publico.es/sociedad/dictadura-franquista-armh-denuncia-aena-oculta-web-aeropuerto-santiago-levantado-presos-republicanos.html

Julio y Gregorio López del Campo, de 94 y 92 años, recuperan los restos de su hermano, fusilado en Guadalajara en 1940

elpais.com / Elena San José / 11/10/2021

Llegan discretamente, uno detrás del otro, con sus cachavas clavadas al suelo. “Con cuidadín”, le dice Julio a su hermano menor, Gregorio, ambos nonagenarios. Y así, con cuidadín, se asoman a la fosa número 4 del cementerio civil de Guadalajara, donde el equipo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) acaba de exhumar a su hermano mayor Mariano López del Campo. Tenía 23 años, era chófer, de Mandayona (Guadalajara) y militante del Partido Comunista. Cuando lo detuvieron, sus hermanos apenas tenían 13 y 11 años respectivamente. “Nos enteramos de que lo sacaban por casualidad. Porque una amiga del pueblo vio la lista que compartieron en Twitter y reconoció el nombre de mi tío”, dice la hija del mayor, María Ángeles. Como ella no tenía Twitter, fue su sobrina, nieta de los hermanos, quien lo comprobó. Entre sus brazos, María Ángeles sostiene un ramillete de claveles rojos. Los que cada año, desde el 3 de mayo de 1940, lleva Julio a la fosa de su hermano. Malena García, investigadora en la ARMH, sostiene: “Es muy, muy excepcional que se encuentre vivo un hermano [de un desaparecido]. Incluso es raro que se encuentre un hijo ya”. De los 12 que fueron en la familia, viven cuatro hermanos, aunque solo ellos dos, de 94 y 92 años, han podido acudir a ver la exhumación.

“Estamos reconstruyendo historias con la memoria de niños de 12 años, pero de hace 80. No solo recuerdan como un niño, sino que han pasado muchas décadas, con lo que eso limpia la memoria”, reflexiona García. Con la memoria de los niños que fueron, Julio y Gregorio recuerdan ahora: “Mariano era hermano y era padre. Lo era todo. Le teníamos muchísimo respeto. Nos llevaba a todos los sitios y, si no íbamos a la escuela, el que nos reñía era él”. El mayor de los 12, Narciso, ya vivía en Madrid, así que fue Mariano el que se hizo cargo de los demás. En el frente, conducía uno de los camiones del bando republicano. Como Franco prometió que a los que no estuvieran manchados de sangre no les pasaría nada, al volver a casa se entregó voluntariamente ante la Guardia Civil de Azuqueca (Guadalajara). “Bajé yo con él”, revive Gregorio, “y él se quedó y yo me subí a Alovera (Guadalajara)”. “Y ya no salió de ahí”, remata Julio. Más tarde lo trasladaron a la cárcel de Guadalajara, y un año después, en mayo de 1940, lo fusilaron. Se enteraron dos días después, y fue el propio Gregorio el que le dio la noticia a su madre: “Yo era un crío… Le dije, madre, bájate al pueblo, que las chicas van a irse a Guadalajara. Y en cuanto le dije eso, ya supo…”. El nudo en la garganta le impide terminar la frase.

La ARMH comenzó las exhumaciones de la fosa número 4 el 1 octubre y este domingo ha finalizado la recuperación de los restos de las 26 personas enterradas en ella. El proyecto continúa el que se inició en los años 2016, 2017 y 2020 con las fosas 2, 1 y 3 respectivamente, situadas en el mismo patio. Son las primeras que se abrieron por exhorto de los tribunales argentinos, amparados en el principio de justicia universal e impulsados por el activismo de Ascensión Mendieta. De los 26, han conseguido localizar a la familia de 10, y creen que podrán identificar hasta 14 casi con seguridad gracias a otros elementos (por ejemplo, porque a uno de ellos le falta un brazo, y otros dos son hermanos, por lo que las muestras coincidirán). Gracias a la difusión en Twitter aparecieron tres familias. Pero las fosas se suceden hasta el final del muro, esperando su momento. Estiman que quedan hasta 300 enterrados más distribuidos en 12 fosas.

Julio siempre pensó que su hermano estaba en otra fosa: “Mi padre me dijo que estaba en la 3, pero un día fui a preguntar y me dijeron que no, que estaba en la 4. Pero me daba igual, yo venía con mis claveles, como vengo ahora, y los echaba a la 3, a la 1 y a todas, hasta que se me terminaban. Los repartía todos”. Se colaban por una puertecita trasera que daba directamente al cementerio civil, antaño separado por un murete del lado católico, ahora unificado. Aunque los falangistas los echaban muchas veces, bajo amenaza de acabar como su hermano, siempre volvían. Según apunta César, un antiguo trabajador del cementerio, del otro lado y a varias decenas de metros, está enterrado junto a su familia el que supuestamente les dio los tiros de gracia.

“De lo de ayer por la tarde no me acuerdo, pero de lo de aquellos años me acuerdo de todo”, afirma entre riendo y lamentando Gregorio, camino de la capilla. En ella, dos voluntarios limpian y depositan cada hueso en cajas individualizadas y numeradas, listas para ser mandadas al laboratorio de Ponferrada, que cotejará su ADN con el de los familiares. Según el informe más reciente del Ministerio de Presidencia y Memoria Democrática, solo se han identificado genéticamente el 0,2% de los 130.000 asesinados por el franquismo que se cuentan aproximadamente, aunque anteriormente se les identificaba a través de técnicas antropológicas. El número total de exhumados en España apenas asciende de los 10.000, según confirman en la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

El desasosiego que despierta el cuerpo mal enterrado se traslada hasta hoy. María Ángeles cuenta la inquietud con la que su padre pensaba qué iba a pasar con los restos de su hermano. Pero la preocupación terminó en cuanto vio el panteón común en el que reposan los restos de aquellos sin identificar o cuyas familias no los han reclamado. También de aquellos cuyas familias así lo deciden. “Aquí se van a quedar”, aseguró Julio el jueves, cuando visitó la excavación por primera vez. “Ven, ahora verás dónde van a estar”, le dice ahora a su hermano, indicándole el camino con una mezcla de emociones contenidas. “Podría ir al pueblo, pero no quiero, porque aquí murió con sus compañeros, y juntos tienen que estar”, sentencia. La fraternidad familiar de los hermanos le cede el paso a la fraternidad política de quienes compartieron lucha y muerte. Julio divide el ramo de claveles en dos. La mitad va a la fosa donde Mariano pasó los últimos 80 años y donde solía dejarlos. El resto, los va soltando poco a poco donde tendrá que llevarlos a partir de ahora. Gregorio, tres pasos por detrás, responde simplemente: “Es la mejor decisión que has tomado”.

La búsqueda continúa

La Asociación para la recuperación de la memoria histórica (ARMH) todavía busca los familiares de los siguientes exhumados. Estos son sus nombres:

José Roncero Lara, Alique (Guadalajara)
Luis Elizalde García, Humanes (Guadalajara)
Francisco Martínez Martínez, Sacedón (Guadalajara)
Eustaquio Buendía Yebra, Sacedón (Guadalajara)
Felipe Orcero Ruiz, Salmerón (Guadalajara)
Florentino Guijarro Villalta, Salmerón (Guadalajara)
Esteban y Patricio Ortega Somolinos, Cendejas de Enmedio (Guadalajara)
Vicente de Lucas Hervás, Guadalajara
Rogelio Butrón Vicente, Utande (Guadalajara)
Felipe Martínez del Río, Sacedón (Guadalajara)
Félix Camarillo Gutiérrez, Marchamalo (Guadalajara)
Francisco Blanco López, Loranca de Tajuña (Guadalajara)
Cecilio Pajares González, Mondéjar (Guadalajara)
Pablo López Fernández, Mondéjar (Guadalajara)
Segundo Santamaría Cuadrado, Yunquera de Henares (Guadalajara)

___

Fotografía destacada: Julio lanza un clavel a la fosa donde están los restos de su hermano Mariano, asesinado por la dictadura franquista en el cementerio municipal de Guadalajara. A la izquierda, su hermano Gregorio. | NACHO IZQUIERDO

Fuente:https://elpais.com/espana/2021-10-11/los-ultimos-claveles-rojos-en-la-fosa-4.html

Los restos de José Almena, un joven que falleció por tuberculosis en la cárcel de León, a 600 kilómetros de su hogar, han sido exhumados y entregados a sus familiares, que han decidido volver a enterrarle junto a su madre en un pequeño pueblo de Ciudad Real

eldiario.es / Marta Borraz / 10/10/2021

Saber que el día que sacaron su cuerpo sin vida de la cárcel portaba el anillo y la maquinilla de afeitar que ha tenido en sus manos ocho décadas después es una pequeña alegría, una forma de acercarse a su tío, al que nunca conoció. Bonifacio Almena Ramos sujeta la pequeña cajita de madera que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) le ha entregado con ambos objetos, los dos que aparecieron en la exhumación de José Almena en el cementerio de León hace ya más de un año. Este mes su familia ha podido recoger sus restos y llevarlos a la pequeña localidad de Gargantilla, en Ciudad Real, el lugar en el que nació y pasó los pocos años que le dejó vivir la dictadura franquista.

José Almena fue detenido cuando tan solo tenía 18 años, en 1940. Sobre él pesaba una acusación de auxilio a la rebelión por haber entregado un fusil a los guerrilleros de la zona, pero las investigaciones realizadas por la ARMH no han podido aclarar qué ocurrió exactamente. Tanto él como varios testimonios señalaron entonces que se encontró el arma en el campo, donde debido a su dedicación como pastor solía pasar la inmensa mayoría del tiempo, alejado del pueblo, y que fue amenazado para entregarlo.

El juicio sumarísimo al que fue sometido, sin embargo, concluyó que colaboraba con la guerrilla. No encontraron datos sobre ningún tipo de afiliación política; se determina que no hizo propaganda «revolucionaria» ni «exaltó» en público «la causa roja», se lee en uno de los folios de la causa. El Fiscal Jurídico Militar llegó a afirmar que se trataba de un encausado «de ideología desconocida», aunque en otros momentos la causa señala «una tendencia izquierdista», pero en ningún momento demostrada. Aún así, esto no impidió que tras pasar casi un año en la cárcel, fuera condenado a pena de muerte por un delito de adhesión a la rebelión que le conmutaron automáticamente por 30 años de cárcel.

Folio de la causa contra José Almena Ramos en el que no se encuentra ninguna afiliación política Cecida por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

No cumplió ni siquiera dos. Y lo hizo a más de 600 kilómetros de su hogar, en la prisión provincial de León, donde enfermó de tuberculosis y falleció el 28 de abril de 1943. Según consta en los libros de enterramiento del cementerio de la ciudad, fue enterrado en la parte civil, el lugar destinado a la sepultura de víctimas de la represión y «desafectos» al régimen, entre los que también se encontraba Genara Fernández, una maestra cuyos restos también fueron exhumados por la ARMH. Fue buscándola a ella como dio con el paradero de Almena: «Era una espina que tenía la familia, pero solo sabían que había muerto en León», cuenta Marco González, coordinador del proyecto y vicepresidente de la asociación memorialista.

«Si alguien podía hacer algo era yo»

Su sobrino Bonifacio ha sido el que más de cerca ha seguido el proceso y llegó a trasladarse desde Ciudad Real para presenciar cómo la asociación sacaba de debajo de la tierra a su tío, y también el anillo y la maquinilla de afeitar que seguramente le pertenecieron. «Cuando yo llegué faltaban diez centímetros para descubrir los restos. Lo de los objetos es muy curioso, quizás es lo que tenía con él en el momento de fallecer», explica Bonifacio a elDiario.es. Las cosas encontradas en exhumaciones pueden parecer insignificantes, pero sirven muchas veces para identificar a víctimas y reconstruir la memoria de quienes las portaron. En ocasiones, las familias se las quedan, en otras, como en el caso de los Almena, las vuelven a enterrar.

Bonifacio Almena Ramos sujeta la pequeña caja de madera que la ARMH le ha entregado con el anillo y la maquinilla de afeitar de su tío Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

Ocho décadas después de ser condenado a 30 años de cárcel sin pruebas, José Almena ha vuelto a su pueblo y sus restos descansan en el nicho familiar, junto a su madre. Era «la obsesión» de Bonifacio, y así lo había acordado con el resto de hermanos: llevarle con su abuela, que falleció en 1988. «Tuvo que sufrir mucho, si viviera lo hubiera querido así. Lo he sentido como una obligación moral, si alguien podía hacer algo era yo y por fin lo he conseguido», afirma satisfecho al otro lado del teléfono.

El «carácter ejemplarizante» de la sentencia

El segundo entierro del joven pastor, el entierro digno en su pueblo, y no aquel por el que fue condenado a una tumba sin nombre, fue «muy emocionante», describe su sobrino. Varios familiares asistieron al acto de entrega de los restos, al que también se desplazaron voluntarios de la asociación, y en un «acto sencillo» fueron depositados de nuevo bajo la tierra. A Bonifacio solo le queda la pena de que su madre no haya podido verlo. Murió con 99 años justo un día después de que volviera de la exhumación en León, y no llegó a saber nunca que «el tema del tío» estaba «solucionado».

Ella fue la única que le habló de José, hermano de su padre, una vez la ARMH les contactó para comunicarles que le habían encontrado, no antes. La de la familia Almena es una historia, como otras, como casi todas las de las víctimas de la represión y la dictadura, incompleta. «No se comentaba nada de esto», señala Bonifacio, que imagina que su padre «debió de pasarlo muy mal», pero nunca les dijo nada. Su madre sí le explicó lo poco que sabía: que le habían detenido trabajando de pastor, que «era un crío que no tenía nada que ver con la política» y que «no hacía otra cosa que estar con sus ovejas».

Ana Cristina Rodríguez, historiadora de la Universidad de León y directora técnica de la exhumación, explica que, aunque «tampoco es descabellado pensar» que pudiera tener alguna conexión con la guerrilla, en la causa se desvela que «no tienen ninguna prueba contra él». En el momento en que el ejército franquista se subleva contra el gobierno de la II República, José Almena tenía 14 años y «ningún tipo de militancia». La explicación que da Rodríguez a la «dura condena» que le acabaron imponiendo es que «tiene un carácter ejemplarizante»: «En zonas en las que había guerrillas, que fueron una oposición fuerte al régimen, el clima represivo se disparó, y las autoridades represaliaban duramente estos contextos».

___

Fotografía destacada: Una fotografía de José Almena y un folio de la causa que le condenó a tres décadas de cárcel

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/pastor-18-anos-e-ideologia-desconocida-represaliado-franco-rescatado-ocho-decadas-despues_1_8350781.html

Son víctimas de fusilamientos durante el franquismo

El pasado 1 de octubre comenzaba la exhumación de la fosa numero 4 el cementerio de Guadalajara y hasta ahora los voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) han llevado a cabo la exhumación de quince de los 26 cuerpos que buscan, que podrían corresponder a las personas asesinadas el 26 de abril y el 3 de mayo de 1940.

guadalajaradiario.es / 07/10/2021

Al tiempo que los huesos son extraídos de la fosa dos forenses voluntarios que han viajado desde la localidad portuguesa de Coimbra, los limpian, los estudian y se encargan de las tomas de muestras genéticas para una futura identificación científica mediante pruebas del ADN. Los trabajos podrían finalizar el próximo domingo.

Algunos de los objetos encontrados en la exhumación

El equipo de la exhumación ha encontrado algunos objetos: un monedero con alguna moneda republicana, una cartera sin documentación, con restos de un billete; un lápiz, botones, casquillos de mauser y hebillas.

Según informan en un comunicado en la mañana del jueves ha visitado el lugar de la exhumación Julián López del Campo, de 94 años, para conocer dónde fueron depositados los restos de su hermano Mariano, que tenía 23 años cuándo fue asesinado. Otros dos hermanos nonagenarios viven todavía.

Mariano López del Campo era natural de Mandayona (Guadalajara), soltero y trabajaba como chófer. Pertenecía al Partido Comunista. Fue detenido el 6 de mayo de 1939 y juzgado en el sumario militar de urgencia número 1220, de 1939. Condenado a muerte, fusilado y arrojado a una fosa común en el Cementerio Municipal de Guadalajara el 3 de mayo de 1940, a los 23 años.

Julián López del Campo, de 94 años ha estado en el cementerio para conocer dónde fueron depositados los restos de su hermano Mariano

Buscando a las familias

Desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria se sigue buscando a las familias de todas estas personas asesinadas allí. Esta es la relación que aportan:

Felipe Martínez del Rio. 48 años. Sacedón. (cartero); Rogelio Butrón Vicente. 27 años. Utande. (UGT);  Patricio y Esteban Ortega Somolinos. 22 y 21 años respectivamente. Cendejas de Enmedio. (CNT); Segundo Santamaría Cuadrado. 29 años. Yunquera de Henares; Pablo López Fernández. 22 años. Mondéjar; Vicente de Lucas Hervás. 32 años. Guadalajara. (chófer); Francisco Blanco López. 63 años. Loranca de Tajuña; Francisco Martínez Martínez. 52 años. Sacedón. (tenía 6 hijos); Florentino Guijarro Villalta. 28 años. Salmerón. (UGT); Cecilio Pajares González. 51 años. Mondejar. (UGT. Tenía 5 hijos); Felipe Orcero Ruiz. 25 años. Salmerón. (Juventudes Libertarias); Luis Elizalde García. 55 años. Humanes. (CNT); José Roncero Lara. 29 años. Alique.

___
Fotografía destacada: Imágenes de la exhumación que se está realizando en estos días / ARMH

SUSCRÍBETE A NUESTRO BOLETÍN

Suscríbete a nuestro Boletín de noticias:

 
 
 
 
 
 

De acuerdo a lo establecido en la legislación vigente en materia de Protección de Datos de Carácter Personal, Reglamento 2016/679 General de Protección de Datos (RGPD) y la Ley Orgánica 3/2018 de 5 de diciembre, de protección de datos de carácter personal y garantía de los derechos digitales (LOPDGDD), se le informa que los datos personales que nos facilite a través de dicho formulario serán tratados por ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA, con la finalidad de enviarle el boletín mensual de noticias de ARMH mediante mensajes a su cuenta de correo electrónico. Puedes darte de baja, en cualquier momento, haciendo clic en el pie de nuestros emails. Para más información consultar la política de privacidad

He leído y acepto la política de privacidad de ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA.
 
 
 
Copyright © ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTORICA. 2015 Todos los derechos reservados
Dirección: Apartado de correos 7, 24400 Ponferrada (León) España.
ARMH · ASOCIACIÓN DECLARADA DE UTILIDAD PÚBLICA Nº Reg. Nac de Asociaciones del Mº Interior 167.252 | AVISO LEGAL
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad