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Más de un millar de voluntarios busca en España a los desaparecidos del franquismo

En el segundo país del mundo en número de fosas comunes, las tareas de búsqueda e identificación las realizan asociaciones, en su mayoría, ante el olvido y abandono del Estado. Afrontan todos los gastos, desde pruebas de ADN, cerca de 600 euros, al uso de excavadoras, a 40 euros la hora.

publico.es / Patricia Campelo / 24-07-2017

Nuria se ajusta el sombrero de paja para protegerse de un sol que empieza a apretar, a eso de las doce del mediodía, mientras observa la zanja que deja la excavadora. Al otro lado del montón de tierra, Marco sostiene el detector de metales en busca de casquillos de bala hasta 30 centímetros de profundidad, lo que permite el artilugio. Son dos voluntarios de los 1.210 que colaboran de forma desinteresada con la Asociación para Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), entidad responsable de la identificación de cerca de 1.400 desaparecidos del franquismo desde el año 2000.

El pasado 19 de julio, Nuria Maqueda y Marco González, ambos de 36 años, comenzaban los trabajos de prospección del terreno en busca de tres jornaleros de El Bierzo (León), asesinados por la represión franquista el 22 de septiembre de 1936 a las diez y siete minutos de la mañana, según consta en las actas de defunción, mientras iban a cobrar su paga.

Se trata de Magín Abad Mayorga, de 24 años, Antonio Álvarez Prada, de 36, y Francisco Carbajo Campazas, de 80. “Venían del pueblo de Magarinos; supuestamente era día de cobro, y los cogieron por el camino. El pretexto solía ser llevarlos a las prisiones de Astorga o San Marcos, pero nunca llegaban”, explica González, voluntario y vicepresidente de la ARMH.

Dos nietas de los desaparecidos contactaron con la asociación y, tras una consulta en los archivos del ayuntamiento de Brañuelas, dieron con los documentos que detallan estos asesinatos. Además, según los testimonios locales, el hijo de una de las víctimas colocó un alambre de espino alrededor de la fosa, identificando el lugar. Pero las obras de un camino adyacente y la plantación de una finca de pinos borraron el rastro, dificultando la actual tarea de recuperación de los cuerpos.

Las actas detallan que fueron enterrados en algún lugar del paraje conocido como Los Campos, “término Brañuelas”. Y con esta pista, más la información que proporciona observar el estado de la tierra, la asociación ha peinado el terreno con una paleadora que les ha prestado de forma gratuita la mancomunidad de La Cepeda durante tres días, algo inusual.

Las trabas son mayores cuando se trata de exhumar tumbas en cementerios que a la hora de horadar tierra

“Hay ayuntamientos que tienen más delicadeza, y Brañuelas, que pertenece a la mancomunidad, ya nos prestó la máquina en 2006. En esta zona mataron a muchos vecinos”, apunta González sobre una de las fases más costosas del proceso de recuperación de desaparecidos, junto a las pruebas de ADN, unos 600 euros cada una. “Una hora de máquina cuesta 40 euros. La asociación ha llegado a pagar facturas de 4.000 euros. Y a veces sin resultado porque no aparecen”, lamenta.

“Esta es la parte más invisible del trabajo, sobre todo si no se les localiza y hay que pasar a otra zona”, aporta Maqueda. Las tres jornadas de búsqueda no dieron frutos, y estos voluntarios retomarán la tarea cuando la mancomunidad pueda volver a prestarles la excavadora.

En cuanto a los permisos a la hora de horadar la tierra, reconocen que no suelen encontrar grandes escollos. “Otra cosa es cuando se trata de cementerios”, apostilla González, y recuerda el caso del camposanto de Guadalajara, donde se rescataron los cuerpos de 50 víctimas entre 2016 y 2017. “Allí hubo que acudir a la justicia argentina porque desde el primer momento negaron el acceso”, lamenta sobre el caso de Timoteo Mendieta, cuya hija Ascensión viajó a Buenos Aires, con 88 años, para pedir a los tribunales de ese país que obligaran a España a abrir este enterramiento.

Toru Arakawa, el voluntario que llegó de Japón

La segunda fase llega cuando se visualizan los restos óseos, momento en el que entran los equipos arqueólogos y forenses. Hace años la asociación podía contratar a dos o tres profesionales para estas tareas. Ahora no; todas las manos son voluntarias. “Hay personas que colaboran desde distintos campos como la arqueología, la antropología o la historia. El otro día nos escribió una asistente social para hablar con personas mayores. También contacta mucha gente particular que no tiene una titulación pero se presta a recoger testimonios. Les pedimos que cuando vayan en verano a sus pueblos consulten en los registros civiles el alcance de la represión documentada”, aclara González. “A la gente le mueve que un estado como el español no esté abordando la búsqueda de desaparecidos y que lo hagamos las asociaciones con los medios que tenemos, mendigando una máquina”, explica.

Nietos y bisnietos también participan cavando en fosas que podrían albergar a sus antepasados. En el caso de los dos enterramientos del cementerio de Guadalajara, colaboró la cuarta generación de familiares, como Rubén Notario, de 34 años, que buscó sin éxito a su bisabuelo y a un hermano de éste. “La esperanza es lo último que se pierde, y voy a seguir luchando”, expresó a Público en el entierro de Timoteo Mendieta.

Entre los 1.210 voluntarios y voluntarias, la ARMH cuenta con dos centenares de extranjeros de 21 nacionalidades. Algunos como el japonés Toru Arakawa aún conmueven el recuerdo de estos jóvenes. “Nos conoció por un periódico, en Japón, en el que venía una noticia sobre la memoria histórica en España. Poco después llegó a Ponferrada buscándonos, y acabó trabajando con nosotros durante tres veranos seguidos”, recuerdan Maqueda y González.

Contacta mucha gente particular que no tiene una titulación pero se presta a recoger testimonios

El enterramiento de As Pontes, en A Coruña en 2006, supuso la primera incursión del asiático en una tarea que le acabó arrebatando algunas costumbres. “El carácter japonés no muestra sentimientos en público, pero imagínate estar trabajando en una fosa y de repente ver al fondo a Toru llorando. Tampoco tienen mucho contacto físico al saludar, pero perdió todos los prejuicios. Encajó perfectamente. Y se podía tirar horas trabajando en cuclillas. Decía que hacia yoga y estaba acostumbrado”, rememoran.

En 2010, este voluntario japonés falleció, a los 71 años, y su hijo visitó España tiempo después en busca de los recuerdos de su progenitor. “Nos dijo que habíamos calado muy hondo a su padre”.

Nuria Maqueda observa la zanja en la que podrían aparecer los restos de tres fusilados. / P.C.C.

Financiación a través de donaciones voluntarias y un sindicato noruego

El actual movimiento ciudadano por la recuperación de la memoria histórica tiene su epicentro en la fosa de 13 desaparecidos de Priaranza del Bierzo, en octubre del año 2000. Supuso el primer enterramiento en el que se practicaron técnicas científicas de identificación, y originó la creación de la asociación en la que colaboran Maqueda y González y que preside Emilio Silva, nieto de uno de los 13 hombres de Priaranza. Desde entonces, este colectivo ha buscado en 230 fosas a más de 1.700 desaparecidos de los que ha identificado a cerca de 1.400.

Entre 2006 y 2011, el Ejecutivo socialista otorgó subvenciones con las que se sufragaron parte de las exhumaciones. Pero el grueso del dinero que posibilita en España la búsqueda de fusilados proviene de la iniciativa particular. En el caso de la ARMH, de donaciones de personas y colectivos, como el sindicato noruego Elogyt, que donó hace tres años 50.000 euros que abrieron, entre otras, las dos fosas del cementerio de Guadalajara.

476 fosas y 7.645 desaparecidos que dejan de serlo

España es el segundo país del mundo, por detrás de Camboya, en número de enterramientos ilegales, según recuerda la asociación Jueces para la Democracia, pero no todas las administraciones han aceptado su responsabilidad en la recuperación de desaparecidos. Andalucía, Catalunya, Valencia o País Vasco ya cuentan con leyes o políticas públicas de memoria que asumen las exhumaciones.

Según el informe de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y la Universidad del País Vasco, firmado por el médico forense Francisco Etxeberria, y actualizado hasta diciembre de 2016, se han rescatado los restos de 7.645 personas de 476 fosas en los últimos 17 años.

En 95 de estos enterramientos participaron, o los gestionaron de manera íntegra, distintas administraciones públicas: ayuntamientos, diputaciones, consejerías, juntas, gobiernos y direcciones generales. Del resto se encargaron las asociaciones y agrupaciones de familiares, en algunos casos con subvención y, en la mayoría, sin ella.

Andalucía, Catalunya, Valencia o País Vasco cuentan con leyes que sí asumen las exhumaciones

El mayor enterramiento, cuyos restos se exhumaron entre 2007 y 2009 fue el del cementerio de San Rafael, en Málaga, con 2.840 fusilados. La tarea de recuperación la llevó a cabo la Asociación Contra el Silencio y el Olvido. La Sociedad de Ciencias Aranzadi, la Gavilla verde, el Foro por la Memoria, la Asociación de Familiares y Amigos de Represaliados en el penal de Valdenoceda, la Coordinadora Provincial por la Recuperación de la Memoria Histórica de Burgos o el grupo GRMHV de Valencia son algunas de las entidades ciudadanas que han trabajado en el rescate de desaparecidos del franquismo.

El mapa de fosas elaborado por el Ministerio de Justicia en 2011 concretó 2.246 enterramientos en los que yacen más de 114.000 represaliados. Pero algunas comunidades autónomas declinaron participar en su confección, por lo que esta cartografía de la represión estaría incompleta, según expresa el informe de Etxeberría.

Con todo, familiares y voluntarios aseguran que seguirán en esta tarea. En el caso de la ARMH, Maqueda y González parten en los próximos días a la otra punta de El Bierzo. “Cada vez es más difícil porque quedan menos testimonios y quien habla ya no es el hijo que vio lo que pasó, sino el nieto a quien se lo contaron”. Así, mientras el Estado no asuma la responsabilidad que le marcan organismos internacionales en el cumplimiento de los derechos humanos, estos voluntarios avanzan que seguirán “hasta abrir todas las fosas que podamos con nuestros medios”.

Los compañeros de fosa de Timoteo Mendieta viajarán a Ponferrada

En enero de 2016 y mayo de 2017 se rescataron los cuerpos de 50 represaliados en dos fosas comunes del cementerio de Guadalajara mientras se trataba de localizar a Timoteo Mendieta, cuya hija Ascensión logró que la justicia argentina, en el marco de la querella contra el franquismo que sigue su curso desde ese país, ordenara los trabajos de exhumación.

Los restos óseos de las 22 personas rescatadas en enero del pasado año los tutela el juzgado número 2 de Guadalajara. Los 28 de la fosa de Mendieta se hallan en el Instituto Anatómico Forense de Madrid. Pero en los próximos días, según ha revelado la Asociación para Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) a Público, los 50 serán reunificados en el laboratorio con el que esta entidad, responsable técnica de estas exhumaciones, cuenta en Ponferrrada (León). “De momento hay 13 identificados mediante pruebas genéticas, además de Timoteo. Seguimos con el proceso identificativo”, avanza Marco González, voluntario y vicepresidente de la ARMH.

La asociación prevé organizar un “gran acto” de entrega de restos a las familias a finales de septiembre o primeros de octubre. Mientras, los custodiarán en condiciones adecuadas para su conservación. “Lo que decía el alcalde [de Guadalajara] de devolver a las fosas a los que no estuvieran identificados es una barbaridad. Hemos dicho que no, que por criterios de conservación eso no se puede hacer. Y nadie asegura que no vayan a aparecer los familiares”, aclara González.

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Fotografía destacada: Voluntarios de la ARMH durante la búsqueda de tres desaparecidos del franquismo en Brañuelas (León). / P.C.C

Fuente:http://www.publico.es/politica/victimas-franquismo-millar-voluntarios-busca-espana-desaparecidos-franquismo.html

 

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La memoria en los huesos

Sobre la mesa de autopsias del cementerio de Guadalajara, los esqueletos, las calaveras agujereadas de los fusilados republicanos cuentan su historia.

ctxt.es / Cristina Fallarás / 31-05-2017

“Franco murió y ha continuado durante 40 años más. La gente no lo ve como un criminal, a lo sumo como una vergüenza familiar… como un embarazo no deseado. Para mí es una de las vergüenzas más grandes de Europa. ¡Estamos hablando de un país civilizado de Europa occidental! Vienen millones de turistas al año aquí y creen que hay muchas cosas modernas, pero aquí, por debajo, hay algo que yo he visto en Ruanda. Y nadie quiere hablar de ello. Me parece increíble. ¡Increíble, único!”.

Larry Owens, forense británico, voluntario en las exhumaciones de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en el Cementerio de Guadalajara.

La memoria

Sentada en una banqueta que le han colocado a la sombra de un toldillo, Ascensión Mendieta recuerda la primera vez que su madre, María Ibarra, su hermana Paz y ella se acercaron al Ayuntamiento de Guadalajara a reclamar los huesos de su padre, fusilado el 16 de noviembre de 1939. “Uy, eso, eso es historia ya, nos dijo un señor de la oficina… sí, así nos lo dijo”. A su derecha, la fosa número 1 guarda en su vientre el último fusilado por exhumar, allá abajo, cuatro metros hacia la oscura entraña. Si Ascensión se asomara, vería cómo el esqueleto llamado “Individuo 24” muestra ya su descarnada mitad superior.

Una joven arqueóloga recorre el contorno de la fosa con una brocha gorda de pintor. El sol de finales de mayo pica a las 6 de la tarde. La chica no lo sabe, pero antes de que pasen 15 horas, una forense llamada Shelley Jones y llegada de Londres introducirá el dedo índice de su mano derecha enguantado en látex azul por el orificio que dejó la bala en la parte posterior de ese cráneo por el que pasa la brocha. Agujeros en la tierra, agujeros en los cráneos, agujeros de bala en los muros, agujeros en la memoria. Piedra pómez.

Ascensión Mendieta conversa con René, el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria, al pie de la Fosa 1 / Óscar Rodríguez / ARMH

Ascensión es una mujer menuda y clara. Su elegancia de hilo blanco soleado parece inquebrantable. Su voluntad de dar con los huesos de su padre no lo parece: es inquebrantable. “Mi hermana se llamaba Paz, Paz Mendieta Ibarra. Pobrecita mi hermana, murió hace cinco años. Murió con la pena de no ver a mi padre. Hemos venido mucho aquí, hemos ido a todos los sitios”. Un día su hermana le dijo: “Yo tengo ahorrados más o menos dos millones [de pesetas]”. Ascensión le contestó que ella no tanto, pero que algo había. Tiempo después, hace hoy cuatro años, voló a Argentina, cumplió 88 en el avión, consiguió allí conmover a una jueza y que le diera lo que no recibía en España, el permiso para buscar a su padre en fosas, entre huesos. El año pasado los buscaron en la fosa número 2 del Cementerio de Guadalajara. No estaban allí. Hoy, los cuerpos de la fosa número 1 acaban de salir.

AGUJEROS EN LA TIERRA, AGUJEROS EN LOS CRÁNEOS, AGUJEROS DE BALA EN LOS MUROS, AGUJEROS EN LA MEMORIA. PIEDRA PÓMEZ

“Sentí mucha alegría entonces, me vine de Argentina con mucha esperanza”, murmura para sí. “Yo qué sé la esperanza, yo qué sé lo que pasará, doy las gracias a todo el mundo…”.

Ascensión responde a las muestras de reconocimiento. Ella es el eje que vertebra una nueva búsqueda. No de los huesos de su padre, junto a los que quiere descansar, no solo. Esa mujer diminuta ya entrada en los noventa se ha convertido en la protagonista de una historia que ya no es la Historia. Su fragilidad ha abierto una grieta imparable en el plomo del silencio. Aquellos que no tenían un relato al que agarrarse ya lo tienen. A los fusilados republicanos los mataron dos veces: una vez, de un tiro; otra vez, imponiendo el silencio. Vivir en la memoria es una forma de existencia.

Todo lo hurtado por el miedo, los pactos de la vergüenza, las instituciones españolas, los sucesivos gobiernos y los medios de comunicación, todo agoniza a los pies de Ascensión, bajo la banqueta que alguien le ha puesto junto a la fosa número 1, de donde empiezan a sacar los huesos del último fusilado, el Individuo 24.

Los huesos

Sobre una bandeja rosa de plástico, un cuenco rojo también de plástico, y dentro del cuenco, una calavera remendada con decenas de parchecillos de cinta adhesiva. Le falta parte del maxilar superior, del que conserva un trozo con un incisivo, canino y tres molares. La mitad de la mandíbula descansa en la bandeja, junto a un puñado de dientes.

En la sala de autopsias del Cementerio de Guadalajara trabajan cuatro forenses llegados de Inglaterra. Larry Owens, el jefe del equipo, dos metros de hombre joven, enérgico, se inclina con la cámara sobre un cráneo. “Estoy fotografiando traumas”, rebufa, “al menos este tiene solo un disparo”. Parece que va a echarse a gruñir. Han venido a hablar con los huesos a un país que lleva 40 años de democracia sin querer oírlos.

De dcha a izda, Larry Owens, Shelley Jones, Tatiana Bleming y, medio oculto, Adam Burr, los cuatro forenses ingleses que han venido a trabajar en las exhumaciones del cementerio de Guadalajara.

Pero los huesos hablan.

Los forenses recuerdan uno de los esqueletos exhumados en la Fosa 1. Tenía 25 fracturas de costilla. El ser humano tiene 24 costillas. Hace falta mucha saña para 25 fracturas de costilla. No se trata de una paliza, ni siquiera de una sola sesión de tortura. “Le pegaron durante meses seguidos con ganas”, explica Owens. “Tenía fracturas medio curadas y sobre ellas otras nuevas, partidas de nuevo, y fracturas en las vértebras, en el codo derecho, en las piernas. Todo fracturado, todo desastre. Hay que recordar que utilizaban este tipo de política para su venganza personal. ¿Murió esta persona? No. Lo dejaron ahí en la cárcel y volvieron de vez en cuando y le pegaron, y le pegaron, y le pegaron… y lo mataron”.

El Individuo 22

El hombrón apoya la mano en la parte superior del cráneo que está fotografiando: “Era un individuo muy normal, un hombre más. Había perdido ya varios de sus dientes a sus 35 años, me temo que mucha azúcar. Los españoles comen demasiada azúcar. Aparte de eso, era alto, sobre todo para esa época, más o menos 1,75. Era muy fuerte, se puede ver que los músculos eran muy grandes. No era siniestro, era amplio. Durante su vida, alguien se había peleado con él, y le fracturó la nariz. Pesaba unos 80 kilos. Los demás, en general, tienen más señales de tortura prolongada que él. Quizás sea porque era muy grande y le tenían miedo. Lo sacaron un día, pusieron una pistola de bala pequeña al lado izquierdo de la cabeza y lo mataron. Era tan fuerte y su hueso del cráneo era tan grueso que, al contrario de lo que pasa con otros individuos, la bala ni pudo expulsar el fragmento de hueso de salida. Era un tipo con buena salud, que podría haber ayudado mucho a su país, pero… se acabó”.

Impacto de bala, cerca de una de las fosas. / Óscar Rodríguez / ARMH

Cuando un forense habla con los huesos y ve al hombre, dan ganas de preguntarle si besaba mucho, su forma de abrazar, cómo bailaba en las fiestas de su pueblo, con quién se iba a los huertos. ¿Qué más puede ver?

ERA TAN FUERTE Y SU HUESO DEL CRÁNEO ERA TAN GRUESO QUE, AL CONTRARIO DE LO QUE PASA CON OTROS INDIVIDUOS, LA BALA NI PUDO EXPULSAR EL FRAGMENTO DE HUESO DE SALIDA

“Veo muchas cosas a las que España debería mirar y no lo hace. Veo a un hombre… ¡Era un hombre! Pero la gente acostumbra a pensar ‘Oh, no, no hay que pensar en eso, no hay que molestar a los muertos, porque al fin y al cabo son historia…’. ¡No! Sí hay que molestar a los muertos, sí hay que verlos. El problema es que la mayoría de gente no se ha enfrentado a la violencia de esto, no sabe realmente lo que significa. Estas personas no eran soldados, no eran guerreros, eran muy normales, vivían en sus casas, tenían sus trabajos y llegó un día el ejército, o quien fuera, los sacaron, y los mataron, y los dejaron aquí… y nadie ha asumido esa responsabilidad durante 80 años. Eso es lo que veo”.

Mirar a nuestros muertos, escuchar lo que cuentan sus huesos.

Y Owens, que ha pasado por Ruanda, Zimbabue, Sudáfrica, Perú, Bolivia, Chile, Israel o Egipto, se revuelve contra lo que ve en Guadalajara, no da crédito. Eso cuentan los huesos.

El Individuo 23

En la salita contigua, sobre los huesos pulcramente ordenados del Individuo 23, Tatiana Bleming conversa con lo que fue un hombre en la treintena. Con él no se ensañaron, pero le dieron dos tiros finales. Uno le reventó las cervicales 5 y 6, el otro le cruzó el cráneo. “Todo esto que estoy viendo me parece muy violento. Prácticamente todos los esqueletos que estamos sacando tienen heridas de bala. La mayoría, además, tiene otras fracturas, no podemos determinar si fueron justo antes de la muerte o todavía cuando estaban en la cárcel”.

Bleming lleva solo tres años hablando con huesos. “Como dice Larry, los huesos no mienten. Tú puedes enterrar a alguien con artefactos u objetos valiosos, y dar una imagen totalmente falsa. Es luego, al mirar a los huesos, cuando sabes sexo, edad, estatura, enfermedades, dieta, origen…”.

El Individuo 21

Junto a Tatiana, Adam pasa el dedo índice por uno de los extremos de la clavícula e indica que aún es rugoso. Después repasa el coxis, los dientes y las vértebras y concluye: “Estamos ante un veinteañero. Seguramente cumplidos los 25”.

“VEO MUCHAS COSAS A LAS QUE ESPAÑA DEBERÍA MIRAR Y NO LO HACE. VEO A UN HOMBRE… ¡ERA UN HOMBRE! 

Adam Burr es un veterano de sesenta y muchos con cara luminosa, que lleva más de 15 años tratando con huesos. “En cuanto al trauma”, explica con serenidad, “lo que normalmente hemos estado viendo son disparos a la cabeza. Uno o dos, en general. Pero este individuo es peculiar, porque no tiene ninguno. Entonces nos preguntamos ¿dónde puede estar la muerte? Cuando estuve ordenando las vértebras, de repente encontré que las cervicales 3 y 4, situadas en el cuello, estaban destrozadas. Y aquí está la mandíbula”.

El hombre muestra las dos partes en las que está dividida la mandíbula, las toma y las junta. Cuando casan, en el centro, justo en medio de la barbilla, aparece un agujero perfecto menor que una canica.

Entonces, agarra con la mano izquierda la mandíbula ya unida, se la sitúa frente a la cara como quien coge del mentón el rostro que va a besar, coloca la derecha en forma de pistola y, “pum”, dispara. “Fue un tiro en la cara, en la mandíbula, que entró por el mentón y salió por el cuello. El disparo entra limpio, de ahí este agujero, pero sale abriendo el destrozo. Es algo difícil de ver, pero aquí está y es lo que es. Y no hay ningún otro trauma en ningún otro sitio. O sea, que aquí tenemos a un joven al que alguien miró a los ojos y disparó a la cara”.

Si le preguntas qué ha visto en las exhumaciones del Cementerio de Guadalajara, responde: “He visto un montón de asesinatos. Es todo lo que puedo decir. Muchos asesinatos”. Es el único momento en el que una sombra cubre la luz de su cara.

El Individuo 24

“Este es el último individuo que salió de la Fosa 1”, relata Shelley Jones. “Los huesos están todavía húmedos de la tierra. Estamos intentando retirar el barro de manera que podamos limpiarlos”.

No es fácil en este caso ver alguna patología o herida. Los huesos están cubiertos de barro y rudimentariamente envueltos en papel de periódico. Tampoco es fácil limpiarlos. “Son demasiado frágiles, explica Jones, “algunos secan rápido, a las vértebras les cuesta más”.

La joven forense peina dos trenzas rubias. Saca la calavera de su papel de periódico y la agarra con las palmas de ambas manos como una madre levantaría a su bebé. Con los dedos, suavemente, va retirando el barro, que ya empieza a secarse. Dice que seguramente va a encontrar un agujero de entrada de bala en la base del cráneo, por donde va pasando los dos pulgares con mimo. Caen pedacitos de barro y de repente, ahí está.

Lleva guantes azules de látex. Introduce su dedo índice por el agujero de bala que acaba de aparecer. Tiene los dedos finos. Si el dedo índice fuera un poco más grueso, no cabría. Una vez encontrado el agujero de entrada, da la vuelta a la calavera y ahí, en el extremo opuesto, aparece el destrozo de salida de la bala.

Nada más cuenta, por ahora, el último hombre extraído de la fosa número 1, aquel que descansaba en el fondo mientras los restos del silencio agonizaban a los pies de Ascensión Mendieta, sentada en su banquetilla. Romper el silencio es reparar la segunda muerte, dar una vida a los asesinados.

René Pacheco

Un veinteañero a quien alguien disparó mirándole a los ojos, un hombretón cuyo cráneo ni la bala pudo destrozar, un torturado molido durante meses y vuelto a moler, el hombre joven que recibió un tiro en el cuello y otro en la cabeza, quién sabe si por falta de pericia del asesino o simplemente por saña.

René muestra la ficha con la lista de esqueletos exhumados. / Óscar Rodríguez / ARMH

Eso cuentan los huesos que no queremos oír.

René Pacheco es el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) al frente de las exhumaciones en el Cementerio de Guadalajara. El primer hueso con el que dio fue una costilla de cabra de hace 1,8 millones años, en una cueva de Girona. Su primer contacto con la violencia de la memoria, dos personas enterradas en una viña al lado de una carretera de León. Corría noviembre de 2008, y desde entonces sigue. Resulta inevitable preguntarle si todavía, como aquel día, llora. “Uno no deja de llorar con este trabajo nunca. Es muy difícil ver a Ascensión aquí al lado y aguantar”.

Es consciente de la importancia del trabajo que realiza la ARMH en Guadalajara, en términos históricos, y de su proyección futura. Sin embargo, él también insiste en el hombre.

“UNO NO DEJA DE LLORAR CON ESTE TRABAJO NUNCA. ES MUY DIFÍCIL VER A ASCENSIÓN AQUÍ AL LADO Y AGUANTAR”

 “Esas personas, las que exhumamos, te están contando qué les pasó en el último momento de sus vidas. Pero también lo que fueron sus vidas en general: esfuerzos, dolores, enfermedades… Lo que hay que hacer es reconstruir sus vidas y mostrar que eran personas como nosotros. Como cuando hoy nos hemos levantado por la mañana… Sales y alguien puede cogerte en algún lugar, secuestrarte, torturarte, matarte… Es importante humanizar a las personas que estamos recuperando, demostrar que eran como cualquiera de nosotros”.

¿Por qué no lo hemos hecho? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué no hemos escuchado a los huesos?

“Los 40 años de Dictadura más los 40 de Democracia son 80 años que han pesado sobre la población en muchos sentidos. En el miedo continuado en la población que sí sufrió directamente las consecuencias de la Guerra y la posguerra, y también en el olvido generado a través de la educación, de la sociedad etcétera, el no querer hablar de esto. El miedo es una de nuestras principales dificultades cuando estamos trabajando. Hace que la gente no se atreva a hablar cuando llegas a un pueblo para preguntar dónde están las fosas, quiénes pueden estar en ellas y demás. El miedo te lo encuentras en los familiares, que muchas veces vienen a reclamar y te cuentan que no lo han hecho durante años porque tenían miedo, no solo de lo que dirían sus vecinos, sino de lo que dirían sus propios familiares. El miedo sobre todo de la población en general: ¿Qué pasa si estás abriendo fosas?”.

René Pacheco sabe de qué habla. Aún recuerda la primera vez que le dijo a su madre que iba a exhumar una fosa común de la Guerra Civil. “Lo primero que se le ocurrió decirme fue: ‘René, ¿y no te va a pasar nada?”.

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Fotografía destacada: El Individuo 24, al fondo de la Fosa 1 del Cementerio de Guadalajara. ÓSCAR RODRÍGUEZ / ARMH

Fuente:http://ctxt.es/es/20170531/Politica/13046/memoria-historica-ctxt-timoteo-mendienta-franquismo-guerra-civil-exhumacion-guadalajara.htm#.WS8ChCP_WAQ.facebook

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Sindicalismo y memoria, ese viejo nuevo internacionalismo

Un sindicato de electricistas noruegos visita la exhumación de la fosa de Timoteo Mendieta, en Guadalajara.

Desde 2014 han donado 50.000 euros a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

lamarea.com / Isabel Cadenas Cañón / 24-05-2017

Un autobús lleno de electricistas noruegos viaja desde Madrid hacia Guadalajara. Pertenecen a una agrupación regional de El & It, un sindicato del sector eléctrico que agrupa a unos 37.000 afiliados en total. Llevan una semana en España: han estado en Marinaleda, se han reunido con CC.OO. y ahora van hacia el cementerio de Guadalajara. Allí les espera una fosa de la que, a día de hoy, se han exhumado 17 cuerpos. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera que uno de ellos sea el de Timoteo Mendieta, aquel hombre fusilado en noviembre de 1939 por ser presidente de la UGT en su pueblo, Sacedón y cuya hija, Ascensión Mendieta, cumplió 88 años en un avión rumbo a Buenos Aires para testificar en la querella argentina contra los crímenes del franquismo.

El día anterior, esta agrupación regional del sindicato, que cuenta con unos 2.000 miembros, donó 7.000 euros a la ARMH. No era la primera vez: desde 2014, diferentes agrupaciones de El & It han donado alrededor de 50.000 euros a la asociación. “Si lo divides entre 37.000, no es mucho dinero”, dice uno de ellos.

¿Qué hace que un sindicato noruego done dinero para exhumar las fosas del franquismo? Varias razones. Una de ellas es Henning Solhang. Henning visitó España por primera vez en 1979: le impresionó la impronta del franquismo en la sociedad y supo “que no podía entender este país”, así que empezó a leer todo lo que caía en sus manos sobre España. En 2013, volvió con varios directivos del sindicato y organizó un encuentro con la ARMH. Después de ese encuentro llegó la primera donación. Otra razón es Willy Davidsen, un célebre sindicalista que, durante la Guerra Civil, luchó en las Brigadas Internacionales. Uno de sus hijos, Jan Davidsen, fue el secretario general de uno de los sindicatos más importantes del país. Para muchos de estos sindicalistas, la relación con la Guerra Civil es genealógica: lo que sus antepasados aprendieron en las Brigadas Internacionales les sirvió después para liberar el país de la ocupación nazi, dicen. Y también: “hay quienes piensan que no se puede hacer nada contra el fascismo, pero la Guerra Civil española prueba que sí”.

Para la mayoría de estos hombres –el sindicato es casi exclusivamente masculino, sólo un 3% son mujeres–, esta es su primera vez en España. Salen poco de Noruega. Llevan medio año organizando este viaje, es decir, leyendo y aprendiendo sobre historia española. En el autobús, algunos lo dicen con cierta vergüenza: que en Noruega no se estudia la Guerra Civil española en las escuelas, y que antes de empezar a prepararse para este viaje, no sabían nada sobre el tema. Otro explica que la única manera de frenar el avance de la extrema derecha en Europa es comprender lo que el fascismo fue capaz de hacer en el mundo, y que por eso vienen: para ayudar a que se sepa la historia. Oevind Wallentinsen, secretario general de la agrupación, estuvo en Ponferrada hace un par de años visitando el laboratorio de la ARMH. Se quedó impactado con “lo que Franco hizo a la república” y es también gracias a él que se ha organizado este viaje –el primero de la agrupación desde 1995–: porque la única manera de que esto no se repita en la Europa de la crisis es el boca a boca, decírselo a otros, correr la voz. Por eso para ellos es tan importante la ayuda económica, pero también la difusión: junto a ellos viaja, en todo momento, un periodista de Nettwerk, la revista del sindicato.

Ninguno de ellos ha visto nunca una fosa común.

Hoy hay poca gente en el cementerio, apenas las voluntarias y voluntarios de la ARMH y algunas periodistas. Marco González, vicepresidente de la asociación, les explica el contexto: en este cementerio hay unos mil represaliados, esta es la parte civil, todo eso que veis son fosas. Les dice que él no pudo encontrar a su abuelo, pero que gracias a sus donaciones, muchas otras personas sí han podido desenterrar a sus familiares. Los sindicalistas hablan de historia, toman fotos, preguntan. Y entonces se asoman a la fosa. René Pacheco, el arqueólogo, les habla desde allí abajo, a unos 3 metros de profundidad. Junto a él, un fémur, varias costillas, se adivinan dos cráneos con impactos de bala. Son los cuerpos 18 y 19.

Cambia todo. Primero está el silencio. Poco a poco los sindicalistas preguntan por el miedo, por ejemplo, preguntan por qué la gente que está trabajando en la fosa es tan joven. Sigurgir Olafsen, un hombre creyente, pregunta si no están teniendo apoyo de la iglesia, porque estas personas no han tenido un entierro digno. Pacheco le explica que, de hecho, los tiros de gracia de muchos de estos hombres los disparó el cura del pueblo, y que ese cura está enterrado muy cerca, en la parte noble del cementerio.

Poco a poco los sindicalistas empiezan a reunirse en pequeños grupos. Hablan entre ellos, con desconcierto. Sigurgir no puede comprender: “en mi país los curas son los buenos. Son hombres de dios.” Leif Egil dice “esto no es una película, es la realidad. Tengo que tratar de entenderlo”. Christopher Fageland, el más joven del grupo, “¿Quieres saber de qué estamos hablando? De que tendríamos que dar mucho más dinero.” Y, en todos, dos comentarios que se repiten: que no entienden cómo el gobierno español puede dar la espalda a todo esto y que es su deber, ahora, contarlo cuando vuelvan a Noruega. “Lo voy a poner en mi Facebook”, “Voy a escribir un artículo”, “Esto tiene que saberse, se lo voy a contar a toda la gente que conozco”. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

Cernuda comenzó “1936”, un poema sobre un brigadista internacional, con ese verso. Lo terminó escribiendo que una sola persona valía como testigo de la nobleza humana. Algo así se siente al hablar con estos hombres que no tienen ningún tipo de orgullo por haber donado dinero para realizar tantas exhumaciones —“¿Por qué deberíamos estar orgullosos de eso? Por supuesto que tenemos que ayudar”—, para los que sindicalismo es sinónimo de solidaridad —“tanto en Noruega como fuera. Somos un sindicato, y los sindicatos sirven para eso, para que la gente luche unida”.

Y eso es lo que queda en el aire cuando se van del cementerio. Que han pasado por aquí los internacionalistas; los hombres buenos. Los voluntarios y las voluntarias les aplauden. Los sindicalistas les aplauden a ellos.

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Fotografía destacada: Una agrupación regional del sindicato noruego El & It visita el cementerio de Guadalajara. Óscar Rodríguez, ARMH.

Fuente:http://www.lamarea.com/2017/05/24/sindicalismo-memoria-ese-viejo-nuevo-internacionalismo/

 

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Piden a los diputados de Castilla-La Mancha que visiten la exhumación de víctimas del franquismo

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica se ha dirigido al Parlamento regional vía correo electrónico.

“La defensa de los derechos humanos de las víctimas de la dictadura no deben ocurrir al margen de las instituciones democráticas”, aseguran.

Se cumplen nueve días de los trabajos de exhumación en el cementerio de Guadalajara para localizar a Timoteo Mendieta.

La ARMH elabora informes de cada caso que servirán de “prueba” en posibles juicios para demostrar que se trató de asesinatos y no de muertes como consecuencia de la guerra.

eldiario.es / Carmen Bachiller / 18-05-2017

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha remitido una carta a los diputados de las Cortes de Castilla-La Mancha en la que les invitan a realizar una visita a los trabajos de exhumación que se llevan a cabo desde hace nueve días en el cementerio de Guadalajara para buscar a Timoteo Mendieta, fusilado en 1939, pocos meses después del término de la guerra civil, a instancias de la justicia argentina que investiga los crímenes cometidos por el franquismo.

La asociación considera que “la defensa de los derechos humanos de las víctimas de la dictadura no deben ocurrir al margen de las instituciones democráticas” y que esta visita sería una manera de “respaldar públicamente el rechazo a la violencia y a la persecución de cualquier ser humano por razones políticas”. La carta se ha remitido a través del correo electrónico y la reproducimos de manera íntegra:

“Desde el pasado día 9 de mayo, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica está llevando a cabo la exhumación de una fosa común en el cementerio de Guadalajara. En ella esperan encontrar los restos de 25 personas civiles, asesinadas tras el final de la guerra de 1936. Lo que comenzó como búsqueda de Timoteo Mendieta, natural de Sacedón, padre de Ascensión Mendieta, la mujer que ha promovido judicialmente la exhumación, se ha convertido en la esperanza de una docena de familias que llevan décadas esperando a poder enterrar dignamente a un ser querido y a saber qué es realmente lo que le ocurrió.

La labor de recuperación e identificación de los restos humanos es un acto de reparación dentro del trabajo de defensa de los Derechos Humanos que ha quedado pendientes desde el final de la dictadura franquista.

En ese ámbito de rechazo a la violencia y persecución contra cualquier ser humano por sus ideas, entendemos que la reparación de hechos tan terribles, y la defensa de los Derechos Humanos, no puede ocurrir al margen de las instituciones democráticas. Esa es la razón por la que queremos invitar a una representación o a todas las Cortes de Castilla-La Mancha a visitar la exhumación, mantener contacto con los familiares, conocer de primera mano las labores que se están llevando a cabo en el cementerio de Guadalajara y saber en qué consisten las demandas de quienes todavía buscan desaparecidos de la dictadura. Los trabajos continuarán hasta el próximo 27 de mayo”.

Nueve días de exhumación con optimismo contenido

Mientras tanto, este jueves se cumple el noveno día de exhumación en la fosa uno del cementerio de Guadalajara. Ya se han sacado diez de los 25 cuerpos que se habrían depositado en el lugar a finales de los años 30 del pasado siglo.

René Pacheco, arqueólogo que dirige la excavación, explica que durante los actuales trabajos se han encontrado “con cuerpos mucho más amontonados, con menos capa de tierra de separación entre asesinato y asesinato”. Eso podría dificultar la tarea de la asociación a la hora de definir, con cierta exactitud, la temporalidad de cada asesinato pero, matiza Pacheco, “nos permite avanzar más rápido”.

Exhumación en la fosa 1 del cementerio de Guadalajara FOTO: ARMH

De momento se están confirmando los datos de los registros de enterramiento. “En la fosa número uno creo que no vamos a tener tantos problemas en la identificación genética de las víctimas porque a ella se arrojaban los cuerpos sin repartirlos en otras fosas del cementerio como ocurría en la fosa dos. En ese caso tiraban los cuerpos de forma simultánea a la dos y a la tres o a otras”.

Permiso para analizar los restos en Madrid en vez de Argentina

Aún es pronto para extraer conclusiones en lo que se refiere a la localización de los restos de Timoteo Mendieta. “En la saca, el grupo en el que podría encontrarse Timoteo, puede haber pasado cualquier cosa. Hemos encontrado un cuerpo joven, otro mayor…Uno de los dos podría ser pero no lo podemos confirmar”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha solicitado al juzgado argentino que dirige María Romilda Servini la posibilidad de enviar las muestras para su análisis genético a Madrid, en lugar de hacerlo a los laboratorios argentinos. “Parece que vamos a obtener ese permiso”, asegura René Pacheco.  El objetivo es ganar tiempo y por eso en el mismo cementerio se está simultaneando el análisis antropológico de los cuerpos con la extracción y preparación de muestras para el posterior análisis del ADN.

‘Pruebas’ para  futuros juicios que demuestran los asesinatos

A los trabajos de exhumación que son gratuitos, ya que la propia asociación corre con todos los gastos, se han acercado otras familias que esperan encontrar a sus seres queridos. “Tenemos a 12 ya identificadas y nos faltan otras tantas por encontrar”, señala Pacheco quien invita a los interesados a acercarse al cementerio. “Tendrán la oportunidad de trasladar los restos a sus panteones familiares”.

La ARMH elabora informes técnicos de cada caso que también se ponen a disposición de las familias “para que tengan una validez judicial. En el futuro pueden servir como prueba para la investigación de otros crímenes. De hecho, se demuestra que estamos ante un asesinato y no una muerte consecuencia de la guerra, tal y como reflejan muchas actas de defunción. Es la evidencia de que el franquismo manipuló”.

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Fotografía destacada: Ascensión Mendieta permanece al pie de la fosa, esperando noticias FOTO: ARMH

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/Piden-Castilla-La-Mancha-exhumacion-franquismo_0_644985783.html

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La ‘oportunidad definitiva’ para localizar a Timoteo Mendieta

Se inicia en el cementerio civil de Guadalajara la segunda exhumación, tras el anterior intento en enero de 2016, para hallar los restos del miembro de UGT víctima del franquismo.

René Pacheco, arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica: “Si los resultados de estas excavaciones son negativos, no habrá forma de encontrar a Timoteo”.

La perseverancia de los Mendieta ha inspirado a otras familias de Guadalajara para volcarse en la búsqueda y dignificación de sus parientes, asesinados por el franquismo.

eldiario.es / Raquel Gamo / 09-05-2017

“Con mucha cautela y tranquilidad”. Estas son las sensaciones con las que Concepción Mendieta, nieta de Timoteo Mendieta, víctima del franquismo, afronta esta oportunidad crucial para dar con los restos de su abuelo que, según apuntan todos los archivos, deberían localizarse en la fosa común número 1 del cementerio de Guadalajara.

A primera hora de este martes se inició la segunda excavación que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) lidera en el camposanto alcarreño sin ningún apoyo institucional, con el fin de hallar los restos de Timoteo Mendieta y los otros 25 hombres que, según la mencionada asociación, fueron enterrados en la fosa número 1 entre julio y noviembre de 1939, una vez finalizada la Guerra Civil. Esta nueva investigación tiene lugar después de que el Juzgado número 1 de Guadalajara atendiera, a principios de este mes, el tercer exhorto dictado por la jueza argentina,  María Romilda Servini, encargada de la instrucción de la conocida como “querella argentina” contra los crímenes franquistas.

“No encontrar a mi abuelo en la fosa que abrimos el año pasado fue un gran mazazo personal porque era tal la certeza de que estaba ahí… Tengo toda la esperanza de que podamos encontrarle esta vez y sacar a los 25 hombres fusilados que están en esa fosa”, relata la nieta de Timoteo Mendieta a eldiarioclm.es. Este sentimiento sosegado se torna en ilusión en la matriarca del clan Mendieta, Ascensión, de 91 años. Inasequible e incansable en su lucha, decidió presenció la apertura de la fosa. El deseo que ha expresado en numerosas ocasiones es el de encontrar a su padre, y no sólo por una elemental razón afectiva o humana, sino por la voluntad de ser enterrada junto a él. Hoy, en el camposanto de la capital alcarreña, volvió a reiterar este objetivo.

Timoteo Mendieta fue un miembro de UGT, natural de la localidad alcarreña de Sacedón, que fue asesinado el 16 de noviembre de 1939. Sus restos no estaban, tal como se creía, en la fosa número 2 del cementerio de Guadalajara. De ahí el inicio de los nuevos trabajos arqueológicos, que se prolongarán durante al menos 20 días, y que presentan como novedad que se van a realizar tanto en la fosa común 1 del cementerio de Guadalajara como en otros cuatro nichos individuales situados en la primera fila de este cementerio. Los técnicos apuntan que podría contener dos víctimas sepultadas en cada uno de ellos.

El plan de los especialistas de la ARMH es seguir el rastro de los 18 varones que fueron fusilados también aquel 16 de noviembre para facilitar el hallazgo de Timoteo Mendieta. René Pacheco, arqueólogo encargado de esta investigación, reconoce su trascendencia: “Este segundo intento es definitivo. En caso de no encontrar a Timoteo, no habrá forma ya de conseguirlo porque podría estar en cualquier otra fosa común o individual de este cementerio y habría que exhumar más de 800 cuerpos”.

Fosa 1 del cementerio de Guadalajara, donde se ha reanudado la búsqueda del cuerpo de Timoteo MendietaFOTO: RAQUEL GAMO

Una vez que la excavación sobre el terreno llegue al nivel de enterramiento a 90 centímetros de profundidad, los arqueólogos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica comenzarán a extraer los esqueletos óseos de los más de 20 difuntos que se localizan en esta fosa de forma individualizada. A continuación, abordarán el análisis antropológico forense en una sala especial habilitada en el mismo recinto para identificar los rasgos biológicos de edad, sexo y altura y contrastarlos con los libros de registro. Los datos de estos archivos fueron compilados recientemente por voluntarios que trabajaron en el Archivo Histórico Provincial de Guadalajara y en el Archivo Militar de Zaragoza.

Finalmente, los análisis de ADN, a partir de muestras óseas, serán los que determinen si entre las víctimas se encuentra Mendieta. El año pasado, este test genético se prolongó durante varios meses, debido a que las pruebas tuvieron que mandarse a Argentina, tal como indicaba el exhorto de la magistrada argentina. Sin embargo, en esta ocasión, el objetivo del equipo de investigadores es recortar los tiempos: “Vamos a tratar de agilizar el proceso de identificación, evitando la burocracia y haciendo lo posible para que el contraste se haga en un laboratorio de Vitoria. Así los resultados podrían estar listos en un mes”, afirma Pacheco.

La investigación concluirá el próximo 1 de junio. Fecha a partir de la cual la legislación regional no permite que se realicen excavaciones por el efecto que las condiciones meteorológicas pueden ejercer sobre los cuerpos que no están esqueletizados.

Más búsquedas

La denuncia interpuesta por la familia Mendieta ante la justicia argentina en 2011 ha servido de inspiración para que otras familias de Guadalajara activen la búsqueda de sus seres queridos que fueron fusilados a lo largo de la Guerra Civil o al inicio de la dictadura franquista.

En la actualidad, 11 familias procedentes de algunas localidades de la provincia de Guadalajara como Torija, Tendilla, Sacedón, Tamajón o Marchamalo esperan el resultado de la investigación recién comenzada. Es el caso de Gregorio Florián, Saturnino De Luz o Francisco De Llera, cuyos fusilamientos se produjeron también en 1939, según las partidas de defunción que han consultado sus familiares, en el cementerio civil de Guadalajara. Todos ellos, alcarreños de nacimiento, fueron ajusticiados por su activismo político durante la época de la II República vinculada a organizaciones sindicales o su afiliación al Partido Comunista de España o al Partido Socialista Obrero Español.

El caso de Tomás Vicente Lorente, vecino de Auñón (Guadalajara) es uno de los que ha avanzado gracias al proceso de Timoteo Mendieta. Su familia, que ya había reclamado su búsqueda a la justicia desde 2008, ha podido progresar en su investigación a raíz del permiso de exhumación logrado por la familia Mendieta.

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Fotografía destacada: Ascensión Mendieta y su hija, hoy, en el cementerio de Guadalajara FOTO: RAQUEL GAMO

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/oportunidad-definitiva-localizar-Timoteo-Mendieta_0_641836937.html

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La memoria de Julio Bello

La ARMH exhuma los restos de un berciano asesinado en la localidad gallega de As Covas.

Tres falangistas de Carracedelo y Toral de los Vados acudieron a su domicilio para asesinarle.

leonoticias.com / 17-08-2016

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha localizado este miércoles los restos de Julio Bello Sierra, asesinado en 1936 como consecuencia de la represión franquista. El equipo arqueológico, dirigido por René Pacheco y formado por personas voluntarias llegadas de diferentes puntos, dio con la sepultura del represaliado gracias a la investigación realizada por el historiador Alejandro Rodríguez, cuya información fue localizada en el Archivo del Tribunal Militar Terrotorial IV de Ferrol.

Los trabajos continuarán a lo largo del día de hoy en el cementerio parroquial de la aldea lucense perteneciente al Concello de Quiroga, al que se han desplazado algunos familiares de la víctima. El hallazgo de los restos, con evidentes signos de violencia, será denunciado en el cuartel de la Guardia Civil de Quiroga por el coordinador y vicepresidente de ARMH, Marco González.

Estos trabajos han sido financiados por la ARMH gracias a la colaboración del sindicato noruego EL&IT y al premio al activismo en Derechos Humanos Alba-Puffin, concedido el pasado año en Nueva York.

Julio Bello Sierra era un berciano natural de Carucedo, donde había nacido en 1898. Estaba casado con Isabel Arias Arias, con la que tenía cuatro hijos de corta edad. Desde muy joven comenzó a trabajar en la Compañía de los Caminos de Hierro del Norte de España (Ferrocarriles del Norte), trabajo que le llevaría destinado en 1935 a trasladar su residencia a la casilla situada en el kilómetro. 320/529 de la línea Palencia-Coruña, muy próxima a la localidad lucense de Montefurado.

Imagen de los trabajos de exhumación del cuerpo y una foto de Julio Bello. / ARMH

 

 

A pesar de que no tuviese una filiación política o sindical conocida, el día 31 de octubre de 1936, tres falangistas de Carracedelo y Toral de los Vados (León) se presentaron en la casa en la que residía la familia con el objetivo de detener e interrogar a Julio. A pesar de las reticencias de Isabel, salió de su domicilio detenido, a los pocos metros fue asesinado y su cadáver arrojado a las aguas del río Sil.

Casi un mes más tarde, el día 20 de noviembre de 1936, su cuerpo apareció a más de 20 kilómetros de Montefurado aguas abajo, en la aldea de As Covas, donde se denunció la aparición del cuerpo y se procedió a su identificación y entierro. El informe de la Guardia Civil de Quiroga, en el que se califica al berciano como “enemigo del movimiento patriótico militar iniciado en julio último”, provocó el cierre de las investigaciones judiciales sin la búsqueda de los responsables de su muerte

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Fotografía destacada: Una foto familiar, durante los trabajos de exhumación.

Fuente:http://www.leonoticias.com/bierzo/201608/17/memoria-julio-bello-20160817122501.html

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