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Crónica de un reencuentro

Milagros Camuñas ha tardado 67 años y un mes en reencontrarse con su madre y su hermano, asesinados en 1948 y cuyos cuerpos han sido hallados en una fosa en Villafranca del Bierzo.

elbierzonoticias.com / V. Silván / 28-11-2015

“Hemos encontrado a Jesús”. Así anunciaba el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), René Pacheco, a una emocionada Milagros Camuñas que lo habían conseguido, que habían encontrado a su madre, Vicenta López, y también a su hermano, Jesús Camuñas. Estaba confirmado, era evidente, esa era la fosa que buscaban. Han pasado 67 años y un mes desde que Milagros los viera por última vez y, en esta soleada y atípica mañana en un noviembre berciano, se hacía realidad ese soñado reencuentro.

Milagros se levantó de su silla, en la que descansaba mientras seguía los trabajos y atendía a los medios de comunicación, y decidida bajo a la fosa abierta en el cementerio de Villafranca del Bierzo. Con cuidado acarició los huesos de su madre y su hermano, asesinados los dos el 28 de octubre de 1948 por haber cobijado en su casa de Castiñeiras (Balboa) a varios guerrilleros antifranquistas que el día anterior habían sostenido un tiroteo con la Guardia Civil, en el que había perdido la vida un agente.

“Soñaba con ver la cabeza de mi madre, estaba segura que la recordaría, con esos dientitos tan bonitos que tenía”, confiesa Milagros, que reconoce que no le llegan las palabras para describir la alegría que siente. “Estaba operada de la cadera y estaba muy mala en Barcelona, pensaba que no iba a poder venir y ahora estoy de maravilla. Me siento feliz, como si estuviera flotando, muy contenta”, intenta explicar.

Es la recompensa a muchos años de lucha en los que no ha estado sola. Su marido, su hija y su nieta, le han acompañado en ese dolor de años por haber perdido a su madre con sólo diez años y le han dado el aliento suficiente para seguir buscando, aunque durante mucho tiempo tuvo que resignarse a la pérdida. “Uno de mis hermanos que vivía aquí no quería que se tocara este tema, yo lo respetaba y para no enfadarme con él durante mucho tiempo no busqué. Sabia que algún día la tendría que encontrar y, en cuanto pude, la empecé a buscar. El año pasado ya estuve tres días yo solita buscando en este cementerio”, cuenta.

La fosa está ubicada entre dos sepulturas en el cementerio de Villafranca del Bierzo. (Foto: Quinito)

Milagros, sentada, con su nieta y su hija, mientras continúan los trabajos de la ARMH. (Foto: Quinito)

El arqueólogo de la ARMH anuncia a Milagros el hallazgo de los restos de su hermano. (Foto: Quinito)

Milagros esta muy agradecida de la ayuda que ha recibido de la ARMH y también de toda la gente que se ha encontrado estos días en Villafranca “que me da todo el calor del mundo”. “Se ha hecho justicia, pero se la debo a todos los que trabajan en la ARMH y la gente que hay aquí, no a los de arriba, a aquellos que dicen que buscamos a nuestros muertos por dinero, parece que los demás no tengan sentimiento y está claro que no saben lo que es no tener a una madre desde los diez años”, apostilla.

Han pasado muchos años pero ella conserva tantos recuerdos de su madre que ya ha empezado a escribir un libro, asegura, porque “tengo muchas cosas en la cabeza que me quedaron ahí marcadas”. “Mi madre era una mujer impresionante, sabia cocinar de maravilla y cuando los vecinos tenían que majar o segar ya contaban con ella, pensaban que si iba ella cocinar iría más gente a ayudarles con esas tareas”, recuerda Milagros, que tiene pensado dar sepultura a los restos de Vicenta y Jesús en el mismo cementerio de Villafranca. Esa será un motivo para volver a su tierra.

Junto a ella, su hija y su nieta han seguido la búsqueda, embargadas por esa misma emoción. “La gente joven y los hijos y los hijos que vendrán quieren que se haga justicia, toda nuestra familia estaba de acuerdo en esto”,valora la hija de Milagros, que asegura que ha padecido como su madre “buscaba y gritaba toda la vida dónde esta su madre”. Ella también se siente unida a su abuela Vicenta, nació un 28 de octubre, la misma fecha en la que fue asesinada ella, adelantándose un mes. “Me adelante un mes, fui ochomesina, para nacer un 28 de octubre, casi a la misma hora que años antes había muerto mi abuela”, cuenta.

Milagros cuenta cómo ha sido la búsqueda de su madre y su hermano. (Foto: Quinito)

Milagros bajó a la fosa junto a su nieta, para reencontrarse con Vicenta y Jesús. (Foto: Quinito)

“Está claro que hemos dado con la fosa”

El arqueólogo de la ARMH, René Pacheco, confirma que con todas las evidencias que tienen hasta el momento “está claro que hemos dado con la fosa”. Los trabajos arrancaron este viernes, con las nuevas mediciones que indicaban que el enterramiento estaba en un estrecho pasillo entre dos sepulturas. Al ir bajando, encontraron primero un enterramiento registrado, cuyos restos ha sido sacados con mucho cuidado para volver a colocarlos en ese mismo lugar una vez terminen con la exhumación de los cuerpos de Vicenta y Jesús.

“Al sacar ese cuerpo, justo debajo, en contacto con la caja de ese hombre, encontramos el cuerpo que se correspondería con Vicenta”, explica Pacheco, que relata como localizaron el brazo y siguieron la zona del centro para intentar localizar el cráneo, lo que les permite determinar si es un hombre o una mujer. “Al dirigirnos hacia la zona del cráneo apareció una bala en el cuello, que coincidia con la información de la autopsia que se había practicado al cuerpo en 1948, que señalaba que tenía un disparo en el cuello”, aprecia.

Para Pacheco ese aspecto es ya una “evidencia clarísima” de que están ante los restos de Vicenta. Entonces fue el momento de empezar a despejar para ver si el cuerpo se había visto afectado por un panteón que hay justo encima. “La fosa está intacta y eso es una buena noticia”, puntualiza el arqueólogo, que asegura que los restos están muy bien conservados y que, finalmente, se han encontrado a una profundidad de apenas 1,20 metros y no 1,75 metros como recogía la explicación de la causa militar.

Los trabajos continuaron para confirmar el hallazgo de un nuevo cuerpo justo debajo de Vicenta, ambos boca arriba y enterrados en el mismo sentido, y su cráneo indica que se trata de un hombre, sería Jesús. “Están los dos cuerpos, vamos a poder hacer los análisis que corresponden y ahora, saber ya que hay dos cuerpos, uno encima del otro, de una mujer y de un hombre. Está claro que hemos dado con la fosa”, valora orgulloso René Pacheco.

La ARMH continuará los trabajos arqueológicos para recuperar los restos de madre e hijo. (Foto: Quinito)

Los miembros de la ARMH, durante los trabajos en la fosa de Villafranca. (Foto: Quinito)

La hija y la nieta de Milagros Camuñas, siguen los trabajos para la exhumación. (Foto: Quinito)

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Fotografía destacada: Momento en el que Milagros acaricia los restos de su madre, asesinada en 1948. (Foto: Quinito)

Fuente:http://www.elbierzonoticias.com/frontend/bierzo/Cronica-De-Un-Reencuentro-vn31627-vst306

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Los muertos del kilómetro 411

Milagros perdió a su madre y a su hermano cuando solo tenía diez años. La ciencia y la investigación histórica quieren ayudarla a encontrar sus restos.

hipertextual.com / Ángela Bernardo / 23-11-2015

Hay lecciones de historia que caben en un metro cuadrado. La misma superficie en la que Milagros espera encontrar a su hermano y a su madre. Tenía solo diez años cuando los asesinaron en el kilómetro 411 de la carretera general Madrid-La Coruña. Pero los recuerdos permanecen imborrables en su memoria.

Ella aún conserva una cicatriz en el labio que le hizo un guardia. “Tú lo que no sabes es ladrar”, cuenta que le gritó el hombre, empujándola contra un banco. “Pasé de ser una niña mimada, a la que había que cuidar como un grano de perejil, decía mi padre, a ser una huérfana desgraciada”, nos relata emocionada al otro lado del teléfono. Milagros reside hoy en Badalona, donde se fue con trece años huyendo del horror que había vivido.

Durante décadas permaneció en silencio. “Mi hermano mayor, Aquilino, que estuvo en la cárcel, no quería que habláramos del tema”. Tras su fallecimiento, Milagros decidió pedir el certificado de defunción de su madre y su hermano, donde consta como motivo la muerte natural. “Esa es la mayor injusticia”, nos relata entre lágrimas. “Me vine para Barcelona con un disgusto tremendo, solo quiero que quiten eso de ahí porque no es verdad”. Según el registro de la autopsia al que hemos tenido acceso, Vicenta López y Jesús Camuñasfallecieron por “rotura traumática del corazón”. Era el 28 de octubre de 1948. Habían pasado nueve años desde el final de la Guerra Civil.

“Nos arruinaron la vida”

El día anterior, 27 de octubre de 1948, una llamada en la puerta a la hora de comer sorprendió a la familia. “Somos los rojos, queremos entrar a descansar, que venimos muy cargados”, les dijeron, según declaró Vicenta a la Comandancia de la Guardia Civil de Villafranca del Bierzo, al oeste de la provincia de León. Se trataba de un grupo de guerrilleros antifranquistas, popularmente conocidos como maquis, que se escondían en los montes de los Ancares. Vicenta les abrió la puerta, permitiéndoles que pasaran la noche en el pajar. No imaginaba que darles cobijo le llevaría a la muerte.

Al día siguiente, tres policías hacían la ronda habitual por Castañeiras, el pueblo natal de los Camuñas López. Uno de los guardias, Sabas, conocía a la propia familia y se acercó a la ventana. Una mujer estaba dentro, según nos cuenta Milagros, y entró a saludar confundiéndola con una prima. Pero la joven era en realidad la novia de uno de los maquis, y disparó cuando los policías abrieron la puerta. Sabas murió en el acto.

“Nos arruinaron la vida”, lamenta Milagros. La menor se encontraba en un prado cercano y al regresar a casa vio a su madre detenida y al policía asesinado. “Las cosas que vives de pequeña se te quedan marcadas. Años después yo no podía ir sola, mis hermanos siempre me acompañaban. Tenía miedo de ver un muerto“. El muerto era Sabas. Como resultado, Vicenta y Jesús fueron arrestados acusados de “auxilio a huidos”. Ambos fueron interrogados en las dependencias del cuartel de la Guardia Civil. Según se puede leer en las diligencias judiciales, Vicenta dijo que “[a los maquis] les habían cobijado en todas las casas del pueblo excepto en la de un vecino”. El testimonio fue corroborado por Jesús. En el pie de página del documento aún puede verse la huella del dedo pulgar de su mano derecha. Vicenta no sabía leer ni escribir.

Fragmento de la declaración de Vicenta López ante la Comandancia de la Guardia Civil. Imagen obtenida con permiso de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Como resultado de los interrogatorios, la madre y el hijo fueron detenidos para ser conducidos a la Prisión de Villafranca del Bierzo, a pocos kilómetros de allí.Pero Vicenta y Jesús jamás llegaron a su destino. “Que les hubieran juzgado como juzgan a todo el mundo ahora”, reclama Milagros. En el camino hacia la cárcel, los guardias que les custodiaban les ejecutaron sin mediar palabra. En el informe remitido al juez consta lo siguiente:

Los fallecidos Vicenta López Digón y su hijo Jesús Camuñas López, los cuales fueron muertos en ocasión en que se daban a la fuga cuando eran conducidos a la Prisión de Ponferrada por fuerzas de la Guardia Civil, por ser encubridores de elementos huidos del monte y por tanto responsables de la muerte del Guardia Sabas Andres Salazar” (sic)

El asesinato de Vicenta y Jesús se justificó mediante la aplicación de la conocida como ley de fugas. “Una ley no escrita, por la que la policía se llevaba al reo a dar un paseo y volvía al cuartelillo sin él”, explicaba el jurista Carlos Pérez Vaquero en el programa La noche en vela. Aunque se suele decir que el texto fue aprobado por el Parlamento español el 20 de enero de 1921, lo cierto es que esa fecha coincidió con la ejecución de cinco sindicalistas en Barcelona por un procedimiento parecido. Los guardias se fueron quedando rezagados al custodiar a los detenidos, hasta que les dispararon. El abogado Sergio Carrasco también señala a Hipertextual que la aplicación española de la ley de fugas puede encontrarse en textos históricos como Three Weeks in Majorca de William Dodd (1863) o A Spanish Holiday de Charles Marriott (1908). Otros países como México o la Alemania nazi también usaron esta práctica en diversas épocas de la historia.

Durante la represión franquista, la “ley no escrita” sirvió de pretexto para el fusilamiento de muchos detenidos. El caso de Vicenta y Jesús, por desgracia, fue uno más entre la barbarie cometida por el dictador Francisco Franco, de cuyo fallecimiento se cumplieron el pasado viernes cuarenta años. “No son los únicos ejemplos de enlaces de guerrilleros asesinados mediante esta ley de fugas“, nos cuenta también Alejandro Rodríguez Gutiérrez, historiador y miembro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Solo en esta zona del noroeste peninsular, diez personas fueron asesinadas de manera similar entre 1945 y 1951.

Zona del cementerio de Villafranca del Bierzo donde reposarían los restos de Vicenta y Jesús. Al fondo se ve la Iglesia de Santiago, conocida por la famosa Puerta del Perdón del Camino de Santiago.

Distinta suerte corrió Aquilino Camuñas. El hermano mayor de Milagros fue procesado mediante un Consejo de Guerra ordinario, a través de la Causa Sumarísima número 495 de 1948. ¿Su delito? “Comprarle iodo y alcohol, el 27 de junio de 1.948 y llevarle a arreglar un reloj, el cual le fué ocupado al llevar a cabo su detención a finales de Octubre próximo pasado” (sic), según se lee en las diligencias judiciales. Estos hechos constituían un “delito de auxilio a huidos”, por el que de acuerdo al Decreto Ley de 18 de abril de 1947, fue inicialmente condenado a dos años de prisión menor y 5.000 pesetas de multa.

Nunca una compra y el arreglo de un reloj fueron tan caros. Al procesarle por la vía militar, Aquilino Camuñas fue obligado a elegir como defensor a un jefe u oficial del Ejército. Permaneció siete meses y siete días en la cárcel, según consta en el procedimiento judicial almacenado en el Archivo del Tribunal Militar número 4 de A Coruña, con sede en Ferrol. En el documento también se puede leer que “el procesado es de mala conducta en todos los aspectos”. Milagros nos cuenta que su hermano volvió a casa con la espalda llena de hematomas, a causa de los “cintanazos” que le daban durante los interrogatorios. “Vino azotado a palos y trajo los dedos quemados con cerillas”, relata su hermana. La transcripción del juicio a Aquilino reza lo siguiente:

El representante de la Ley con la venia de la sala interroga al procesado y le dice cuantas veces bió a los bandoleros en casa de su madre y contesta que una y que es cierto le dieron cien pesetas para que fuera a arreglar un reloj. […] El Sr. Presidente le hace las mismas preguntas al procesado y le dice que si la diferencia de las cien pesetas que le dieron con lo que le costó el reloj se quedó con ello y dice que sí se quedó, pero no en concepto de gratificación” (sic)

El fiscal solicitó finalmente para él seis meses y un día de prisión menor. Había cumplido un mes y seis días más de cárcel como medida “preventiva”. Cuando fue puesto en libertad, Aquilino no quiso volver a hablar de todo lo que había ocurrido. “He aguantado muchos años con la boca cerrada y ahora ya no me callo”, responde Milagros ante nuestras preguntas. La niña a la que “arruinaron la vida” busca ahora a su madre y a su hermano.

Jamás dejó de hacerlo en las últimas décadas. Pero no sabía dónde habían sido enterrados. La única que lo supo fue una mujer que trabajó para su familia; por desgracia, falleció antes de poder decirle el lugar exacto donde habían sepultado sus cuerpos. El trabajo de investigación histórica de Rodríguez Gutiérrez permitió a Milagros descubrir el paradero donde podrían encontrarse los restos de su madre y su hermano. “Solo quiero verlos y que me entierren con ellos”, nos explica visiblemente emocionada.

“Exhumamos respuestas”

Las nueve menos cuarto de la mañana del 13 de agosto de 2015. Han pasado sesenta y siete años del asesinato de Vicenta y Jesús. Voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica viajan camino del cementerio de Villafranca. Algunos vienen incluso de países tan lejanos como Australia. Es el caso de Natalia Majstorovic, que realiza su doctorado en la judicialización de la exhumación de fosas comunes en la Universidad de Sydney y colabora desde hace años con la ARMH. La organización fue creada en el año 2000, tras la recuperación de “los trece de Priaranza”, con el objetivo de ayudar a las familias en la búsqueda de los desaparecidos. Desde aquella fecha la entidad ha exhumado más de 150 fosas comunes en toda España -siempre por expresa petición de sus familias- y recuperado los restos de 1.300 personas como la madre y el hermano de Milagros.

La mañana amenaza lluvia y frío, a pesar de que estamos en pleno verano. Cuando llegamos al cementerio de Villafranca del Bierzo, los voluntarios se afanan en colocar un toldo azul para evitar que el agua impida las tareas de apertura y estudio de la fosa donde, según la reseña de sepultura localizada por la ARMH, reposarían los cuerpos. Si la diligencia es correcta, Jesús habría sido enterrado debajo y Vicenta encima a una profundidad de un metro setenta y cinco centímetros. René Pacheco, arqueólogo de la asociación, expresa las primeras dudas. “Es raro que estén más abajo del metro para una sepultura de estas características”.

Los voluntarios Marco, Alejandro, Juan Carlos y René empiezan a cavar en la zona señalada. Sus herramientas son simples: pico, pala y azada. Estos son los medios con los que se desentierra la memoria, gracias a entidades de carácter voluntario y sin ánimo de lucro. Marco Antonio González, vicepresidente de la ARMH, nos cuenta que la organización recibió desde 2007 hasta 2011 subvenciones públicas para los trabajos de exhumación de las fosas, que pueden consultarse en su página web. Actualmente, la ARMH solo se financia a través de las cuotas de sus asociados y mediante premios y distinciones, como el de Derechos Humanos concedido por los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA), dotado con 100.000 euros. “Ningún gobierno ha querido encargarse de esto”, se lamenta Emilio Silva, presidente de la entidad y nieto del primer desaparecido del franquismo identificado por una prueba de ADN, dentro del grupo de “los trece de Priaranza”.

Los medios son precarios. El frío del norte tampoco perdona. “Venga, vamos”, se escucha. Pero los voluntarios se encuentran con un inconveniente más: el suelo del cementerio está más duro de lo previsto. Lo que en principio iba a ser trabajo de una mañana se convierte en una jornada completa de excavación. Tras las primeras dos horas sacando tierra, el suelo comienza a estar húmedo y removido. Pacheco comprueba la zona, dado que estas características podrían indicar que están próximos a restos biológicos. Pero se trata en realidad de un hormiguero. “Mierda”, se escucha.

René Pacheco, arqueólogo de la ARMH, examinando la zona excavada por los voluntarios. Fotografía cedida por la Asociación.

“Venga, hay que seguir”, se oye después. Son las doce y media de la mañana y continúa lloviendo. “Espera, para, para”. Un resto minúsculo de un hueso aparece entre la tierra arcillosa. René se mete dentro de la fosa y retira la tierra con herramientas más pequeñas y un pincel. Pronto la sorpresa y esperanza de que “sean ellos” se transforma en desilusión y cansancio. Son los restos de un niño. Vicenta y Jesús no están en el lugar indicado. Los voluntarios devuelven el hueso y tapan de nuevo la fosa abierta. Vuelven a cavar, esta vez más hacia el norte. Las posibilidades de retirar tierra son limitadas, ya que el lugar está rodeado de panteones y tumbas.

Si logran recuperar los huesos, deben limpiarse y restaurarse antes de proceder al análisis antropológico y forense. En caso de que sea posible, la identificación también se ayuda de pruebas de ADN

 

 

El suelo sigue igual de duro que al comienzo de la mañana. A media tarde, cuando el cansancio ya empieza a hacer mella, se vuelve a oír la voz de René Pacheco. “Espera, para, para”. Son las tres palabras mágicas con las que el resto de voluntarios dejan de picar y sacar tierra. El arqueólogo baja de nuevo a un metro de profundidad. Hay varios huesos humanos, pero es imposible discernir si los restos podrían ser los de Vicenta y Jesús. “Necesitamos traer una máquina, es imposible sacar tanta tierra a mano para ver si son ellos”, lamenta Marco.

Después de devolver los huesos a su lugar de origen y cubrir con la tierra el agujero, los voluntarios regresan de nuevo a Ponferrada. Allí se encuentra el laboratorio de la ARMH, cedido por la Universidad de León. Es en este rincón donde una vez recuperados los restos, se limpian y se procesan para los posteriores análisis antropológicos y forenses. Cuando visitamos este espacio, Nuria Maqueda, auxiliar de arqueología en la ARMH, se encuentra limpiando huesos encontrados en una fosa en Casasola de Rueda este verano. Lo hace con mesura, utilizando un pequeño instrumento metálico. “A veces tenemos que lavarlos con agua, pero en muchas ocasiones son tan frágiles que se rompen algunas partes, por lo que hay que tener cuidado”, comenta.

Limpieza y restauración de los huesos exhumados.

“Cuando abrimos una fosa tenemos que dejarla completamente al descubierto, con el fin de comprobar la posición de los cuerpos y ver si existe algún objeto personal junto a los huesos”, nos explica René. La ARMH sigue el método arqueológico que se aplica en cualquier excavación de este tipo, tras recibir la petición de familias como la de Milagros y obtener los permisos necesarios para la exhumación. “Somos los únicos que vamos a observar el lugar de un crimen”, señala Pacheco.

Posteriormente, los huesos se sacan y se almacenan en cajas individuales. Ya en el laboratorio, el trabajo de restauración y limpieza que nos mostraba Nuria es fundamental para los estudios de antropología forense. En el momento en el que logran reconstruir el esqueleto completo, los voluntarios determinan el perfil biológico y otras pistas de interés. René explica que estudiando los huesos podemos inferir el sexo, la edad o la altura de la persona exhumada. “También es posible comprobar si presentaba alguna enfermedad o problema que nos ayudara en la identificación, como una cojera”. En ocasiones, este paso facilita la labor del análisis forense.

 

En las imágenes anteriores se muestran los restos de una persona joven. “Se ven perfectamente las bóvedas craneales”, comenta René mientras apunta a unas líneas curvas e irregulares en el cráneo, asociadas a individuos de edad no muy avanzada. Antes de realizar el estudio forense, la observación a simple vista de este hueso también ofrece una nueva pista. Un agujero de bala, perfectamente redondeado, indica el motivo de la muerte del joven. En la unión de dos partes del cráneo, comenta Nuria, se ven además restos de otro agujero. Posiblemente le mataron por la espalda y le dieron el tiro de gracia para asegurarse”, nos explica, aunque estas hipótesis deban ser confirmadas posteriormente por los forenses que colaboran con la ARMH.

Objetos personales como botones, anillos o las suelas de un zapato también pueden servir en la identificación de una persona desaparecida

Además de las investigaciones de carácter histórico y documental y de los trabajos de antropología forense, pequeños detalles como un botón, un anillo o la suela de un zapato pueden servir en la identificación de un desaparecido. René nos comenta que en una exhumación encontraron un objeto personal de ese tipo. Así pudieron entender que entre los restos se hallaban posiblemente los de un antiguo ferroviario. “Antes de la creación de RENFE, existían compañías como la del Norte, la del Oeste o la MZA”, apunta. El botón bajo la lupa no miente: es posible que aquel fusilado trabajase para la Compañía Nacional de los Ferrocarriles del Oeste, que desapareció en 1941 al integrarse en RENFE. La próxima semana, cuando comiencen de nuevo los trabajos para encontrar a Vicenta y Jesús, tratarán de descubrir no solo sus huesos, sino también objetos personales que ayuden en su identificación. En otras zonas de España, nos explica el Dr. José Luis Marcello, profesor de Geografía en la Universidad de Salamanca, “hubo quien utilizaba botellas de cristal en las que introducían en un papel el nombre y apellidos del muerto, tapándolas luego con cera”. Este truco pudo hacerse en fosas como la de Paterna (Valencia), donde los familiares sobornaron al enterrador por cinco duros para poder identificar mejor el cadáver del padre en un futuro hipotético.

Un simple botón podría ayudar en la identificación de un ferroviario desaparecido hace más de setenta años.

Las botellas de cristal que se utilizan hoy en día se llaman pruebas de ADN. “Gracias a series como CSI, se ha extendido la creencia de que el ADN es la pista definitiva, pero no es la única”, nos explica René. En el laboratorio de Ponferrada también guardan fragmentos de los huesos recuperados para extraer la información genética. “Se usan huesos grandes como el fémur y los dientes molares sin caries”, destaca. Pero la conservación de los restos es muy desigual. Pacheco señala que “la humedad, la filtración del agua, la acidez del suelo o los movimientos de tierra como los provocados por las cunetas pueden afectar a los huesos”. En ocasiones estos se han transformado en una estructura parecida a la madera, “de la que es imposible extraer ADN”, lamenta.

Los mejores resultados de las pruebas de ADN se obtienen con familiares de primer grado (padres, madres e hijos). Pero no siempre es posible por la falta de parientes con los que comparar los perfiles genéticos

Aun en el caso de que se pueda obtener ADN, no siempre es factible realizar los análisis genéticos. Según publica Ainhoa Iriberri en El Español, las pruebas de ADN consiguieron relacionar el 34,52% de los restos de fosas comunes del norte de España con sus parientes. El motivo es la falta de familiares con los que comparar los perfiles genéticos. La recuperación de la memoria histórica llega tarde, a pesar de los esfuerzos de las asociaciones.

“Los resultados óptimos se obtienen con familiares de primer grado [padres, madres e hijos]”, nos explica la Dra. Carme Barrot, responsable del Laboratorio de Genética Forense de la Universitat de Barcelona. En el mejor de los casos, los hijos de las víctimas tienen 75 años. Necesitábamos un repositorio donde guardar las muestras de ADN de los hijos, para tenerlas como “referencia” en la identificación de los desaparecidos por la represión franquista. Así fue como nació el pasado mes de julio el Banco de ADN de la UB de víctimas de la Guerra Civil española, coordinado por la investigadora.

Cajas donde se almacenan individualmente los restos de personas exhumadas por la ARMH. Se custodian en el laboratorio cedido por la Universidad de León.

Barrot decidió impulsar esta iniciativa al conocer dos historias personales como la de Milagros, Vicenta y Jesús. “El ADN sirve como una utilidad más que, junto al estudio histórico, la localización y la investigación antropométrica y forense, ayuda en la identificación”, sostiene. En el caso de tratarse de parentesco de primer grado, se emplean los biomarcadores típicos de las pruebas de paternidad. “Si hablamos del sobrino de un desaparecido, podemos mirar el cromosoma Y, mientras que en el caso de que sea una línea femenina, tendremos que fijarnos en el ADN mitocondrial”. Su laboratorio también trabaja en una técnica conocida como “fotografía a través del ADN”. “Nos gustaría conocer la forma craneal o rasgos como el color del pelo y de los ojos a partir de la información genética”, comenta. Aunque esta metodología está en sus fases iniciales, puesto que, por ejemplo, no puede usarse como prueba en un juicio, tal vez en el futuro sirva como herramienta complementaria.

El Equipo de Antropología Forense Argentino realiza las pruebas de ADN de forma gratuita para las familias de los desaparecidos. España no se ha hecho cargo de su búsqueda

El banco guarda dos copias de la muestra de ADN del pariente del desaparecido. “Una se almacena en un congelador bajo llave en la Universidad, mientras que la segunda se entrega en extracto seco en un sobre cerrado a las familias”, explica. Esta última copia puede conservarse en casa, siempre que se guarde en un lugar seco y oscuro para evitar la degradación del ADN. Por el trabajo de conservación de la muestra y recogida de datos, la Universitat de Barcelona cobra 150 euros, coste en el que se incluiría también el análisis genético. “Este precio nos ayuda a sufragar los reactivos y el almacenamiento”, se justifica Barrot, quien lamenta que no existan ayudas públicas para la realización de estos trabajos. “Me da mucha rabia lo que sucede en España y envidio el trabajo hecho en Argentina en los últimos años”, comenta.

Argentina ha sido clave en el trabajo de la ARMH. “Antes de 2011 enviábamos las muestras a un laboratorio privado para hacer el análisis genético y nos cobraban 600 euros por prueba”, sostiene el vicepresidente de la asociación. “Nuestro propósito es que las víctimas no paguen un duro en la búsqueda e identificación de los desaparecidos”, señala González. La entidad ha sido crítica con la UB por cobrar este servicio, motivo por el que no existe una colaboración directa. “Debería haber una iniciativa estatal para hacer un banco como el de Barcelona”, comenta Pacheco, que coincide con Barrot al lamentar la falta de voluntad política.

Tubo de laboratorio donde se guardan fragmentos de huesos para el análisis de ADN posterior.

Actualmente la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica envía las muestras al Equipo de Antropología Forense Argentino, en el que participa la bióloga española Mercedes Salado-Puerto. En una charla en TEDxBuenos Aires, la científica explicaba que “no exhumaban huesos, sino que exhumaban respuestas”. El grupo argentino de investigación ayuda a la ARMH en la identificación de las víctimas, realizando las pruebas de ADN de manera gratuita. Pacheco nos explica que les dejan las muestras bien cuando ambos equipos se reúnen, o bien a través del Consulado de Vigo. El arqueólogo destaca que el citado consulado se ha ofrecido para enviar las muestras mediante “valija diplomática”, porque creen “que el Estado debe hacerse cargo”. Algo que lamentablemente no puede extenderse a otros lugares de España.

La situación ha sido también criticada por Naciones Unidas, que valoró el “limitado alcance” de la Ley de la Memoria Histórica (Ley 52/2007 de 26 de diciembre). Según recoge el informe de trabajo, asumiendo la instrucción penal de la Audiencia Nacional, “el número de víctimas de desapariciones forzadas del 17 de julio de 1936 a diciembre de 1951 ascendería a 114.226”. Esta cifra convierte a España en el segundo país del mundo con más desaparecidos tras Camboya, una situación calificada de “vergonzosa” por organizaciones como Amnistía Internacional.

“Ya no tengo miedo”

Las víctimas de las desapariciones forzadas tienen nombre y apellidos. Como los de Vicenta López, natural de O Freixo (Lugo), que contaba con 48 años. O los de Jesús Camuñas, asesinado con 20 años en el kilómetro 411. “Es cuestión de reconocer el dolor”, nos explica Raúl de la Fuente, miembro de Psicólogos sin Fronteras, organización que también colabora con la ARMH. Dolor como el que ha sentido Milagros, que nos repite emocionada que toda su vida decía “ay, mamaíta mía, ayúdame” cuando tenía un problema. Es el grito desesperado de una niña, la pequeña a la que le arrebataron a buena parte de su familia con solo diez años.

Los mecanismos de represión en España fueron una enseñanza para los horrores luego vividos en el Cono Sur: eliminar el colectivo, proyectar el miedo a nivel individual e interiorizar el terror

En menos de una semana, la ARMH comenzará de nuevo las labores de búsqueda de Vicenta y Jesús. Unos trabajos en los que también ayudará Raúl de la Fuente, quien destaca que “debemos escuchar de una forma activa y responsable a las víctimas y acompañarlas”. El psicólogo ha participado en tareas similares en Centroamérica, donde se valora mucho el trabajo colectivo para realizar la reparación moral, familiar y social de las víctimas. “Lo ideal sería comenzar a ayudar y a abordar a las familias un mes antes de la exhumación, pero en la mayoría de los casos eso no es posible por ser labores voluntarias”, lamenta.

Según el especialista, los mecanismos de represión que se dieron en España fueron una enseñanza para los horrores que luego se vivieron en el Cono Sur. “Se cargaron al colectivo, por lo que proyectaban el miedo en uno mismo. Además, los rumores sobre las desapariciones forzadas hacían que las víctimas interiorizaran el terror”, sostiene. El pánico vivido por Aquilino Camuñas y la propia Milagros son un ejemplo claro. “Por eso es importante hacer una reconstrucción de la historia de su vida y, sobre todo, acompañar y gestionar sus expectativas”, añade.

Fosas en Villafranca del Bierzo (León), donde podrían encontrarse los restos de Vicenta y Jesús.

La recuperación de los cuerpos de Vicenta y Jesús es algo que Milagros ha anhelado toda su vida. “No sé si sentiré disgusto o alegría”, nos confiesa. Raúl explica que es importante que los psicólogos atiendan a las víctimas, especialmente para prepararlas ante la exhumación, por si no se encontrasen los restos o el momento fuera demasiado impactante. Marco también nos cuenta el caso de un anciano que se sentó a esperar al borde de la fosa. “Me quitaron a mi padre y ahora que puedo estar con él no me va a mover nadie de aquí”, les dijo. En los días que duró la exhumación, el hombre llevó una silla y mantas para soportar el frío y la espera.

“Es una cuestión de empatía”, comenta el psicólogo. “Aunque las víctimas directas vayan falleciendo, las heridas producidas se heredan”, apunta. Hijos y nietos de personas como Milagros también sienten un dolor parecido, por lo que es preciso que el Estado aborde este tema. Raúl de la Fuente señala que “no estamos acostumbrados al conflicto, pero al final sana”. Durante años, Milagros escribió cartas a la Luna pidiéndole por su madre y su hermano. La última vez que estuvo en Villafranca entró al cementerio donde presumiblemente reposan Vicenta y Jesús. “No tenía miedo, ya no tengo miedo”, concluye.

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Fotografía destacada: Vicenta López (fotografía facilitada por su familia).

Fuente:http://hipertextual.com/especiales/memoria-historica-muertos-kilometro-411

 

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Milagros pierde el miedo a contar que mataron a su madre

La ARMH retoma este mes la exhumación de Vicenta López y su hijo Jesús Camuñas, asesinados en 1948 por alojar a dos guerrilleros que mataron a un agente y enterrados en Villafranca. Los cuerpos de Vicenta (arriba) y su hijo Jesús están en un nicho sin identificar. La dureza del terreno y la imposibilidad de usar una excavadora en el cementerio han retrasado el trabajo, interrumpido para respetar el día de Todos los Santos.

diariodeleon.es / Carlos Fidalgo / 09-11-2015

«He aguantado muchos años con la boca cerrada y ahora no me callo», decía ayer Milagros Camuñas, al otro lado del teléfono en su casa de Badalona, para contar de qué forma murieron su madre y su hermano la noche del 28 de octubre de 1948. Fue en el kilómetro 11 de la vieja carretera de Madrid a La Coruña y ocurrió durante su traslado al calabozo de Villafranca del Bierzo, después de que la Guardia Civil los detuviera por haber dado cobijo en su casa de Castañeiras (Balboa) a cinco guerrilleros que habían acabado con la vida de un agente que los había sorprendido por casualidad en la vivienda. Milagros, de 78 años de edad y recién operada de cadera, quiere que la entierren junto a su madre, Vicenta López, y su hermano Jesús, que sólo tenía 20 años, y cuyos restos reposan en una fosa anónima del cementerio de Villafranca que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) exhumará a lo largo de este mes tras un primer intento fallido. «Cuando me muera, quiero ir con mi madre. Quiero que pongan mis cenizas con ella», decía ayer, emocionada porque su historia se va a saber por fin.

A Milagros, que tenía 10 años en 1948, todavía se le nota la cicatriz encima del labio de la herida que sufrió cuando uno de los guardias que saqueaban la despensa de su casa al día siguiente de la detención la empujó contra un banco. «Pasé de ser una niña mimada entre cinco hermanos, a ser una desgraciada. Primero murió mi padre, en casa de enfermedad. Y un año después mataron a mi madre y a mi hermano», contaba ayer, convencida de que si hubiera estado vivo su padre, Aquilino Camuñas Fernández —«un hombre culto que leía mucho» y, según su hija, «descendiente de Cervantes» por la rama familiar de los Saavedra de Balboa— «todo aquello no hubiera ocurrido».

Milagros recuerda el día en que una partida de guerrilleros —Manuel Gutiérrez Abella, natural de Pobladura de La Somoza, que en 1937 había desertado del Ejército de Franco para unirse a la resistencia, Pedro Lamas Cerezales, de Cantejeira y en la guerrilla desde 1936, el gallego Oliveros Fernández Armada, que se había echado al monte el año anterior, y Adoración Campo Canedo, unida a los grupos antifranquistas después de que un combate en Canedo acabara con la vida de los combatientes que escondía— entraron en su casa y le dijeron a su madre que tenía que darles cama. Su madre no tuvo elección, asegura, y dio alojamiento a Oliveros Fernández y a Adoración Campo.

Fue la fatalidad la que llevó al policía de Balboa Sabas Andrés Pérez, conocido de Vicenta, a entrar en la casa mientras la viuda y su hijo Jesús horneaban pan en otro edificio. Milagros y su hermano Andrés, de seis años estaban «en el prado con las vacas», Aquilino hijo y Eduardo recogían castañas, y el quinto hermano, Dalmiro, trabajaba en la mina en Fabero para evitar el servicio militar. Pero Salazar confundió a Adoración Campo con una de las primas de la familia. «La mujer le disparó y lo mató a boca de jarro», relata Milagros. Los guerrilleros huyeron del pueblo y cuando ella volvió del prado con Andrés, ya se encontró a su madre detenida y el cadáver en el suelo.

Desde aquel día le tuvo miedo a los muertos y no se le ha quitado hasta hace poco. Los dos niños pasaron la noche con una vecina, que también les pidió que se fueran al día siguiente por miedo. Refugiada en casa de su madrina, Milagros no sabía que a su madre y su hermano Jesús los habían matado durante el traslado y de nuevo volvió a su casa sólo para ver a un grupo de guardias «dándose la comilona con los jamones y los chorizos». De allí salió con un golpe y una cicatriz sobre el labio.

Su hermano mayor, Aquilino Camuñas López, estuvo más de un año en la cárcel y Milagros cuenta que lo soltaron «porque había hecho la mili con el hijo del Duque de Alba». A Eduardo, de sólo 17 años, ya lo habían dejado libre a los pocos días del suceso, pero había vuelto al pueblo «con bastones, porque le habían dado un montón de palizas, y los dedos de los pies quemados de las cerillas que le ponían para preguntarle si sabía donde estaban los rojos».

Genoveva de Brabante

Y cuando a Milagros le dijeron por fin que a su madre y a su hermano Jesús los habían matado en la carretera no acabó de creérselo. De hecho, se imaginó que les había ocurrido lo que a Genoveva de Brabante, la heroína de la leyenda medieval que vivió durante seis años en una cueva con su hijo, alimentados por una corza después de ser falsamente acusada por un pretendiente rechazado. «Era el libro que estaba leyendo mi padre cuando murió», explicaba ayer, «y yo pensaba que les pasaba lo mismo».

Milagros marchó a Barcelona para vivir con su hermana mayor, Virginia, y durante setenta años estuvo callada. Callada como su hermano Aquilino, que siempre vivió en Castañeiras. «No quería que buscara a mi madre. No quería hablar de eso», contaba ayer la anciana. A la muerte de Aquilino, hace dos años, Milagros pidió un acta de defunción de su madre. Y se indignó al ver que en el certificado ponía que había fallecido «de muerte natural». Ese día decidió contactar con la ARMH y contar que Vicenta y Jesús no tuvieron el mismo final heroico de Genoveva de Brabante y su hijo, que, dice la leyenda, sí recuperaron su antigua dignidad.

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Fotografía destacada: Los cuerpos están a casi dos metros, en una fosa sin identificar en el cementerio de Villafranca. – dl

Fuente:http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/milagros-pierde-miedo-contar-mataron-madre_1022127.html

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La ARMH exhumará a una madre y a su hijo asesinados en Villafranca por la Ley de Fugas

Están enterrados en una fosa anónima y murieron en 1948 tras alojar a cinco guerrilleros en su casa de Castiñeiras.

Diario de León / Carlos Fidalgo / 19-06-2015

Ocurrió en el kilómetro 11 de la vieja carretera general de Madrid a La Coruña, el 28 de octubre de 1948 a las nueve de la noche. A Vicenta López Digón, viuda de 48 años y a su hijo Jesús Camuñas López, de 20, les aplicaron la Ley de fugas —que encubrió muchos crímenes con el pretexto de disparar a los presos que intentaban huir durante un traslado— mientras los llevaban a la prisión de Villafranca del Bierzo. Su delito; haber cobijado en su casa de la aldea de Castiñeiras (Balboa) a cinco guerrilleros antifranquistas que el día anterior habían sostenido un tiroteo con la Guardia Civil que había costado la vida a un agente, Sabas Andrés Salazar

Los cinco guerrilleros —Manuel Gutiérrez Abella, natural de Pobladura de la Somoza que en 1937 había desertado del Ejército de Franco para unirse a la resistencia, Pedro Lamas Cerezales, natural de Cantejeira y en la guerrilla desde 1936, Oliveros Fernández Armada, de la localidad lucense de Traspena de Covas, en el monte desde el año anterior, y Adoración Campo Canedo, que se había unido a los grupos antifranquistas después de que otro combate en su domicilio de Canedo acabara en 1940 con la vida de cinco resistentes— habían logrado huir de la Guardia Civil tras el enfrentamiento en Castiñeiras, pero los agentes detuvieron ese día a varios vecinos, incluyendo a Vicenta López, que ayudaba a la guerrilla como enlace, y a su hijo Jesús, labrador y soltero, que todavía vivía en el domicilio familiar.

Ninguno de los dos llegó a la prisión y sesenta y seis años después, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) emprenderá la exhumación de la fosa anónima en el cementerio de Villafranca donde los enterraron después de prácticarles la autopsia. La ARMH lo ha tenido esta vez más fácil que en otros casos, como el del joven Arsenio Macías, al que no encuentran en la curva de Villalibre, porque el enterramiento de la madre y su hijo quedó registrado y también existe documentación legal en el Archivo del Tribunal Militar de La Coruña, con sede en El Ferrol, sobre los hechos y sobre el procedimiento emprendido contra el resto de detenidos de Castiñeiras.

Los voluntarios de la ARMH ya han realizado mediciones y comprobado que las sepulturas no se han tocado en todos estos años y sólo están a la espera de que la nueva corporación municipal de Villafranca autorice la intervención en el cementerio.

Vicenta López y Jesús Camuñas no fueron las únicas víctimas de la represión franquista asesinados al amparo de la vieja Ley de Fugas, trágicamente popular en los años anteriores a la Guerra Civil. Otros enlaces abatidos cuando ‘trataban de fugarse’, según la explicación oficial, fueron Santiago González Vázquez y Lorenzo Poncelas González, asesinados el 3 de enero de 1945 en San Martín de Moreda, los hermanos de Corporales Mariano y Laurentino Liébana, el 7 de julio de 1951 o Francisco Redondo Pérez y Florentino Fernández, asesinados en Bembibre el 26 de febrero de 1948, según los datos de la ARMH.

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Fotografía destacada: Fosa anónima del cementerio de Villafranca donde reposan. – dl

http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/armh-exhumara-madre-hijo-asesinados-villafranca-ley-fugas_987805.html

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