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Memoria española bajo el sueño americano

El Pueblu d’Asturies acogió ayer la presentación de un libro con más de 350 fotografías sobre la emigración española hacia Estados Unidos de principios del siglo XX, ‘Emigrantes invisibles’, de Luis Argeo y James D. Fernández.

asturias24.es / Juan Carlos Gea / 11-03-2015

Ayer por la tarde, a la misma hora a la que Luis Argeo presentaba en el Muséu del Pueblu d’Asturies, en Gijón, su libro conjunto con James D. Fernández Emigrantes invisibles, una partida con la mitad de los 1.500 ejemplares de la tirada atravesaba el Atlántico por mar, camino de Estados Unidos. Lo hacía a través de alguna de las mismas rutas que hace algo más de un siglo empezaron a buscar los emigrantes que huían de la deprimida España de principios del XX; hombres, mujeres, familias enteras que salieron de todas las regiones españolas en busca de las promesas de la parte más nueva de lo que entonces aún muchos podían llamar “Nuevo Mundo” y arribaron por decenas de millares a las costas de Estados Unidos para dedicarse al pastoreo en el Noroeste, la minería en el Noreste, la pesca de bajura en el Pacífico, la recogida de frutas en California, la cantería, la manufactura de tabacos en Florida y todo tipo de menestralias en los estados más industriales… incluso al corte de la caña de azúcar en las islas Hawai, que llegaron a recibir a 8.000 cortadores andaluces. Muchos prosperaron, y la mayor parte no volvieron jamás, por deseo propio o porque el muro del franquismo se alzó ante ellos tras la guerra civil. Así, en no pocos casos tuvieron que asumirse norteamericanos y España se fue difuminando en sus vidas hasta desaparecer a menudo por completo en la memoria de sus descendientes… igual que ellos se esfumaron de la memoria de su país natal.

 

El propósito de esos libros que ahora reproducen su singladura y que dentro de unos días estarán en manos de algunos de aquellos emigrantes, sus hijos y sus nietos es el de paliar ese mutuo olvido a modo de homenaje y restitución del puente que se fue desmoronando a lo largo de un siglo. Un puente en cuya reconstrucción llevan trabajando desde hace años el periodista asturiano Luis Argeo y el hispanista neoyorquino y descendiente de asturianos James D. Fernández, y que algunos de los protagonistas de esta historia y bastantes de sus allegados han contribuido a financiar a través de la campaña de micromecenazgo que superó los 35.000 euros necesarios para la autoedición Emigrantes invisibles. Españoles en los Estados Unidos (1868-1945).

En una cuidada edición, el libro presenta más de 350 fotografías de las más de 7.000 recolectadas por Argeo y Fernández como parte de un proyecto de documentación histórica cargado de elementos emocionales que ha dado frutos como los documentales AsturianUS (2006), Corsino, by Cole Kivlin (2010), La paella de Daniel Albert (2013) y Un legado de humo (2014), en los que el periodista y el profesor universitario se transformaron en documentalistas ante la constancia de que su herramienta habitual de trabajo, “la palabra escrita, se iba a quedar corta” en su cada vez más vasta operación de “rescate de una memoria personalizada” de la inmigración española en Estados Unidos.

Una historia solo de ida

Así lo contó ayer Luis Argeo en un acto en el que fue presentado por el director del Pueblu d’Asturies, Juaco López, quien recordó que “muy pocas cosas se pueden entender en la Asturias de hoy sin la aportación de los emigrantes a América, no solo el dinero que enviaron, sino las ideas que trajeron, su aportación a la educación, a las infraestructuras, a la modernización agrícola o arquitectónica”. Pero ese sentido de ida y vuelta de esta historia a la vez íntima y épica es mucho mejor conocida que la historia que solo fue de ida; y no hacia Argentina, Cuba o México, sino hacia su pujante vecino del norte.

El “impulso personal” que, en principio, encendió a Luis Argeo, para investigar historias de emigrantes –estimuladas por la experiencia de dos abuelos que lo fueron– se encontró, primero, con “una mina” al descubrir el peso de la inmigración española en Estados Unidos, y después con un cómplice en el profesor Fernández, a quien Argeo reveló, a su vez, un enfoque mucho más directo y vital que el del hispanista más o menos académico: “El de los métodos callejeros, el testimonio oral y la historia popular previa a cualquier análisis más profundo”, según enumeró anoche el periodista nacido en Piedras Blancas. En un concejo, Castrillón, de donde, para redondear aún más la afinidad, partieron precisamente los antepasados asturianos de su socio norteamericano.

Pero si algo les cargó las pilas fue comprobar con qué entusiasmo se fueron sumando al proyecto –que significativamente titularon ‘Ni frailes ni conquistadores’, como desmarque de la épica colonial de los españoles en América- los protagonistas y, aún más, los descendientes, con sus testimonios, su hospitalidad, sus archivos familiares de relatos, cartas o fotografías. Muchas fotografías. Y también entidades como la cadena de televisión pública de Virginia Occidental que puso a su disposición medios humanos y técnicos para que realizasen su trabajo de campo en el estado, o la biblioteca de Monterrey (California), que se ofreció a escanear y archivar en depósito el material que Argeo y Fernández han ido albergando en la nube de Internet.

La memoria en un trastero

En ese trabajo que les ha llevado de punta a cabo de los Estados Unidos, desde Florida a California, por Nueva York, Vermont o Pennsylvania (y también, de modo cada vez más intenso, también a distintos lugares de España) se han encontrado historias tan significativas como la de Cathy Baron que ayer recordó Argeo: una mujer de Tampa (Florida) que, a la muerte de su madre, inmigrante española, arrumba todos sus enseres en un trastero alquilado y a la vez decide tomar clases de español, hasta que se da cuenta de que ambos gastos son incompatibles y decide vaciar el trastero… pero justo en el último repaso abre por primera vez aquellas cajas y descubre el tesoro de una historia familiar (y colectiva) que nunca en realidad había conocido “y, literalmente, un nuevo significado para su vida”.

Los depósitos familiares que custodian esas revelaciones se han ido sumando al proyecto de Argeo y Fernández, que tiene más de 6.000 seguidores en su página de Facebook y que “indirectamente, ha ido creando una comunidad viva que se reúne en esa página como en la plaza mayor del pueblo”. Esa idea de comunidad se ha convertido “en el objetivo primordial” que anima una pesquisa que ahora deja, no obstante, en Emigrantes invisibles algo de nuevo tangible: un catálogo de imágenes que conjuran la invisibilidad figurada –en la memoria a uno y otro lado del Atlántico– y la real; la que se produce cuando el legado familiar de fotografías, objetos y memorabilia “acaba en la basura o en un rastro”. Con un valor añadido, además, ya que para Argeo, estas fotografías pueden medirse en fuerza, calidad y elocuencia con las que tomaron Walker Evans o Dorothea Lange en la Nortemérica de la Depresión, pero que en muchos otros casos no cuentan historias de derrota sino de aclimatación, pequeños o grandes triunfos y supervivencia en una América cuyo sueño fue a menudo más poderoso que la memoria de la España que quedó atrás.

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Foto destacada: Un grupo de emigrantes españoles, con uno de los puentes de Manhattan al fondo, en una fotografía recogida en ‘Emigrantes invisibles’.

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