Archivo de la etiqueta: Gusen

Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

DÍA INTERNACIONAL PARA EL RECUERDO DE LAS VÍCTIMAS DEL HOLOCAUSTO “Los supervivientes españoles de los campos nazis nos dijeron ‘cuéntalo’, pero España no lo ha hecho”

Familiares de víctimas españolas del nazismo lamentan que “se hayan silenciado sus historias”. De los 9.300 prisioneros españoles, dos tercios no sobrevivieron: “450 fueron gaseados, posiblemente como material de experimentación para las prácticas de exterminio posteriores”, relata el historiador Benito Bermejo

eldiario.es / Olga Rodríguez / 26/01/2021

Nueve mil trescientos españoles y españolas pasaron por campos de concentración nazis. Sus relatos son estremecedores, pero se conocen poco en nuestro país. “Los supervivientes hicieron un juramento: vivir para contarlo. Pero a pesar de ello en España se han silenciado sus historias”, lamenta Esther Calcerrada, sobrina nieta de Enrique Calcerrada Guijarro, uno de los presos republicanos españoles que logró salir con vida del campo de concentración de Gusen, donde estuvo cuatro años, desde 1941 a 1945.

“Cuando consiguió la libertad lo ingresaron en un hospital, en el que permaneció casi dos años. Era joven, tenía 26 años en 1945, pero las secuelas debieron ser tremendas”, relata. “Yo no conocí su historia hasta que fui adulta. Mi tío abuelo escribió sus memorias del campo y en 2003 se publicaron. Mi padre me regaló el libro. Cuando lo leí no daba crédito. Desde entonces he tratado de que su historia y la de otros salga a la luz, porque claramente en este país se ha apostado deliberadamente por el silencio”, indica en conversación con elDiario.es.

Enrique Calcerrada Guijarro, tío abuelo de Esther Calcerrada. Estuvo preso en Mauthaussen, con el número 4479. Cortesía de la familia Calcerrada

Un recorrido por las ‘piedras de la memoria’

Desde hace unos años varios familiares de víctimas españolas del nazismo se coordinan a través del movimiento Triángulo Azul, dentro de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Este martes, víspera del Día Internacional para el Recuerdo de las Víctimas del Holocausto, algunos se reunieron en la calle Bravo Murillo de Madrid, para realizar un breve recorrido por algunas zonas de la ciudad señalizadas con las llamadas Stolpersteine –‘piedras de la memoria’ o literalmente, en alemán, ‘piedras que hacen tropezar’– una iniciativa ciudadana que recuerda a supervivientes y asesinados españoles en campos de concentración nazis.

A falta de proyectos oficiales, las propias familias impulsan la colocación de estas piedras en varias ciudades de nuestro país, junto a edificios donde vivieron las víctimas. Las Stolpersteine están realizadas por el alemán Gunter Demnig, quien ideó esta iniciativa hace años. Desde entonces el escultor ha creado más de 70.000 piezas que han sido instaladas en 24 países, en recuerdo de víctimas de 24 nacionalidades. Cuando Jesús Rodríguez e Isabel Martínez, activistas de la memoria histórica, conocieron el proyecto en un viaje a Alemania, enseguida se plantearon extenderlo a España. Ya se han colocado unas cuantas decenas, y la intención es proseguir.

Miguel Nogués es nieto de Juan Antonio García Acero, un carabinero que permaneció leal a la República y terminó siendo asesinado en el campo nazi de Gusen, subcampo de Mauthausen: “Mi abuelo se quedó viudo, con seis hijos, poco antes del estallido de la Guerra Civil, en mayo de 1936. Cuando comenzó la guerra, se mantuvo fiel a la República y luchó en varios frentes, primero defendió la Casa de Campo en Madrid y posteriormente se fue a Barcelona”, relata en conversación con elDiario.es.

A la izquierda, Jesús Rodríguez, impulsor de la iniciativa de las ‘piedras de la memoria’. En medio, Miguel Nogués, nieto de Juan Antonio García, asesinado en el campo nazi de Gusen. En su mano, una ‘piedra de la memoria’, antes de ser instalada|Olga Rodríguez

Españoles como material de experimento nazi

“Tenemos un par de postales que envió a mi tía –que cuidaba a mi madre y a sus hermanos– en 1937 desde Catalunya. Después ya tuvo que irse a Francia, allí estuvo en el campo de concentración de Argelès, entre otros. Formó parte de un batallón de trabajadores extranjeros, le destinaron a reforzar una línea de tren, allí le cogieron los nazis y le enviaron a varios campos, pasó por Mauthausen y, posteriormente, el 15 de febrero de 1941, le enviaron al campo de concentración de Gusen”, cuenta.

Cuando las autoridades alemanas contactaron con la dictadura franquista para determinar el destino de los prisioneros españoles, el Gobierno de Franco se negó a protegerlos. “No contaron con la protección de España, las autoridades fueron informadas pero se abstuvieron, a pesar de que había hasta presos menores de edad”, relata en conversación con elDiario.es el historiador Benito Bermejo, especializado en el estudio de los deportados españoles.

Félix Quesada fue uno de esos presos. Tenía 14 años cuando entró en el campo nazi de Mauthausen. “Salió vivo, cosa que no es habitual, porque dos tercios de los españoles murieron en aquellos campos”, indica Bermejo. La mayoría de las víctimas mortales fallecían de hambre, por trabajos forzados –lo que los nazis llamaban ‘exterminio por trabajo’– o por enfermedad, sin atención médica. Los nazis llamaban a los españoles “los de la España roja”.

Este martes se celebró un homenaje en torno a varias ‘Stolpersteine’ en Madrid. Aquí, la dedicada a Enrique Calcerrada, instalada en la calle Bravo Murillo, donde vivió antes de su deportación a Mauthausen.

“Unos 450 españoles fueron directamente asesinados en la cámara de gas, a unos 40 kilómetros de Mauthausen”, informa Bermejo. “Es posible que en algunos casos ya estuvieran en las últimas, pero creyeron conveniente gasearlos, posiblemente con un objetivo experimental, para tomar nota de cómo funcionaban esos procedimientos que estaban desarrollando para matar a gente a gran escala, lo que posteriormente pondrían en práctica a partir de 1942, principalmente para el exterminio de los judíos”, indica.

“Esos 450 gaseados españoles fueron material de experimentación para esas prácticas de exterminio posteriores. Incluso el equipo técnico encargado de llevarlas a cabo fue el mismo, que se trasladaría más al este, a los campos de Polonia, donde empezaron a practicarse las matanzas a gran escala en cámaras de gas”, señala.

Juan Antonio García, el abuelo de Miguel Nogués, fue asesinado en Gusen el 23 de diciembre de 1941, con 48 años de edad. “Entró por la puerta y años después salió por la chimenea”, dice Nogués con la voz emocionada.

“El campo de entrada de los españoles era Mauthausen, pero Gusen [subcampo adyacente] fue el escenario donde se produjeron las grandes matanzas de españoles, entre noviembre de 1941 y febrero de 1942. Está poco visibilizado, a pesar de que fue mucho más grande y proporcionó más beneficios a los nazis”, explica

‘Piedras de la memoria’ antes de ser instaladas para recordar a españoles republicanos deportados a campos de concentración nazis|Movimiento ‘Stolpersteine’ en España

Tras los campos nazis, apátridas

Gusen llegó a desplegarse en tres campos: Gusen 1, 2 y 3, que albergaron tres canteras y una red de túneles construida cuando los aliados comenzaron a bombardear la zona. “En esos túneles los presos construían piezas de los aviones nazis, que luego se montaban fuera del campo”, cuenta.

Nogués es uno de los demandantes en la querella argentina que investiga los contra los crímenes del franquismo. “Varias familias de españoles deportados presentamos la querella el pasado año, en febrero, y estamos a la espera de que la jueza nos tome declaración”, explica. “Lo que dijeron los supervivientes españoles cuando salieron de los campos nazis fue: ‘Cuéntalo’. Pero no se respetó esa petición, y lo que permaneció en todo el espacio temporal fue el silencio, incluso ahora. Y eso es lo más terrible”, denuncia.

“Al mantenerse la historia en el anonimato, no se ha hecho justicia de ninguna clase”, añade Nogués, y prosigue: “No hay que olvidar que cuando salieron de los campos, el 5 de mayo de 1945, llamado Día de la Liberación, para ellos no hubo liberación como tal, porque no tenían a dónde ir, no podían volver a su país porque la dictadura franquista se lo impedía, eran apátridas, estaban en una situación más terrible e indigna de la que pudieron tener otros”.

Instalación de una ‘Stolpersteine’ en Madrid en 2019, año en que se colocaron varias.|ARMH

“Demasiado silenciado”

“El Estado español se ha esforzado en silenciar de forma deliberada”, lamenta Esther Calcerrada. “Dieron su vida, pero además sus familias también pagaron las consecuencias del franquismo. Tenemos que contar su experiencia, lo que pasó. Es el mandato de los supervivientes: Contarlo, para que se conozca la verdad, y que se proceda a ejercer la justicia que no han tenido. Que se repare ese silencio tan atroz en el que se ha sumergido su memoria”, remata Nogués.

Muchos familiares de estas víctimas tienen la determinación de seguir adelante con las ‘piedras de la memoria’. Solo en Madrid pretenden instalar 492, el número de madrileños deportados que hubo en los campos nazis. El precio de cada una ronda los 120 euros, y su pago recae en las propias familias. “Es un procedimiento sencillo, no necesitamos grandes cosas de las autoridades, simplemente que no se opongan”, comentan.

“Es una iniciativa que ayuda a darse cuenta de que hablamos de trayectorias de gente normal, y eso es importante. Y se presta a visitar, como ya se está haciendo, con estudiantes de Secundaria, esos lugares donde se han colocado las piedras. Habitualmente están incrustadas en el suelo, a la altura del último portal donde vivieron las víctimas. Y de ese modo se puede comentar con los estudiantes qué pasó, es un buen soporte para que la gente empiece a interesarse”, reflexiona el historiador Bermejo.

“En este país se sabe más de las dictaduras ajenas que de la nuestra. Nos llevamos las manos a la cabeza con las atrocidades extranjeras y no reconocemos las propias, ni a los españoles que lucharon contra el fascismo. El lavado de cerebro perdura desde hace demasiado, y cuanto más tiempo transcurre más difícil es reconducirlo. Es importante conocer y reconocer la lucha contra el fascismo, y más ahora, que parece que estamos dando pasos hacia atrás”, reflexiona Esther Calcerrada.

___

Fotografía destacada: Campo de concentración nazi de Mauthausen. Prisioneros saludan a la 11ª División Acorazada de los EE. UU. por su liberación.

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/supervivientes-espanoles-campos-nazis-dijeron-cuentalo-espana-no-hecho_1_7165460.html

 

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

El testigo de la infamia

70 Aniversario de la liberación de Mauthausen

Francisco Boix, prisionero republicano, robó miles de imágenes a las SS del campo de exterminio que luego fueron utilizadas en el juicio de Núremberg.

El historiador Benito Bermejo relata en un libro la epopeya de este héroe desconocido.

elmundo.es / Pedro G. Cuartango / 05-05-2015

“El horror”. Estas son las últimas palabras de Kurz, el siniestro personaje de Conrad en ‘El corazón en las tinieblas’ cuando se dispone a morir. Esa es también la frase que me vino a la cabeza en el cementerio donde hay enterradas 3.000 mujeres en el campo de exterminio de Mauthausen. El viento mecía la hierba en un atardecer resplandeciente mientras cantaban las pájaros en el bosque cercano. Todo era paz en aquel reino del espanto en el que fueron asesinadas 100.000 personas que contemplaron por última vez el mismo cielo y el mismo paisaje que yo estaba viendo.

Mientras el campo cercano de Gusen era arrasado e incendiado por orden de Stalin en 1947, Mauthausen se ha mantenido esencialmente intacto, ya que fue construido a partir de 1938 con gruesos muros de granito, extraído de una cantera cercana por los presos. Todavía se conservan en buen estado los pabellones donde vivían hacinados los deportados, las instalaciones de las SS, la cámara de gas, el horno crematorio y las torres y alambradas de los vigilantes. Los espectros de los muertos vagan por estos lugares mientras el reloj parece haberse detenido.

Más de 4.000 republicanos españoles están enterrados en las fosas de Gusen y Mauthausen

Los cuerpos descansan en las tumbas desde hace mucho tiempo, pero las almas siguen vivas en los retratos y las lápidas que nos recuerdan las tragedias personales de quienes cruzaron los dos torreones de entrada y que se quedaron en Mauthausen para siempre. Hoy se cumplen 70 años de la liberación del campo por la XI división blindada del Ejército de EEUU. Hay una imagen en la que aparecen unos soldados americanos en un tanque a las puertas del campo, donde se puede leer una pancarta que reza: “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras”. No en vano 8.000 combatientes de la República fueron deportados desde Francia a Mauthausen, una pequeña localidad cercana a Linz, en el oeste de Austria. La mitad de ellos perdió la vida. Casi todos están enterrados en las fosas cercanas a las vallas del ‘lager’.

Testimonio gráfico

Hoy disponemos de un valioso testimonio de lo que aconteció en aquel infierno gracias al fotógrafo catalán Francisco Boix, militante del Partido Comunista, deportado a Mauthausen en 1940 cuando se hallaba trabajando en Francia. Boix ingresó en el llamado Erkennungsdienst, el departamento de identificación del campo, en el que existía un archivo con 60.000 fotografías realizadas por las SS.

Sorprendentemente, los miembros de las SS se tomaron la molestia de documentar la rutina cotidiana, las condiciones de vida y los suicidios y asesinatos que se producían en el recinto, tal vez llevados por un mezcla de siniestra meticulosidad y de complacencia hacia sus superiores. No pensaban que esas fotos iban a conducir a la horca a más de 60 oficiales y guardianes del campo, juzgados después de la guerra.

La gran mayoría de los prisioneros murieron a causa de las infernales condiciones de trabajo

En el caos de los días finales del derrumbamiento del régimen de Hitler y la huida de los verdugos, Boix logró sacar en unas maletas cerca de 20.000 imágenes que fueron escondidas en la casa de Anna Pointner, una resistente austríaca. Esas fotografías fueron parcialmente publicadas por la prensa francesa en 1945 y sirvieron en el proceso de Núremberg para mostrar al mundo la barbarie nazi. El propio Boix testificó en el juicio, desmontando la coartada de jerarcas que negaban haber visitado Mauthausen como Ernst Kaltenbrunner, el lugarteniente de Heinrich Himmler.

La peripecia de Boix y los sufrimientos de los presos del campo están minuciosamente narrados en ‘El fotógrafo del horror’, un libro del historiador Benito Bermejo, editado por RBA. Bermejo, nacido en Salamanca en 1963, ha investigado durante más de 20 años las penalidades de los republicanos españoles deportados a los campos de exterminio y, más concretamente, lo sucedido en Mauthausen.

Desenmascarar a un impostor

Benito Bermejo fue el hombre que desenmascaró a Enric Marco, el impostor que se había hecho pasar por víctima de los nazis y preso en Mauthausen y que había llegado a presidir la asociación de los miles de republicanos españoles supervivientes. Marco se creó una falsa leyenda que culminó en su elección como secretario general de CNT. Bermejo nunca se creyó a este personaje henchido de afán de protagonismo y ambigüedad.

420 niños judíos deportados de Hungría fueron asesinados la noche en la que llegaron al campo

“Mauthausen tenía 18.000 prisioneros cuando los americanos llegaron el 5 de mayo de 1945. Había otros 23.000 hombres en Gusen que trabajaban como esclavos en la maquinaria de guerra. Varios miles de ellos murieron en las semanas siguientes porque las condiciones de vida eran infrahumanas. Podemos calcular que en total hubo unas 200.000 personas en los dos campos. Eran austriacos, españoles, polacos, franceses, holandeses y rusos, entre otras muchas nacionalidades”, subraya Bermejo.

“Los españoles lo pasaron muy mal hasta 1943. Sólo sobrevivieron unos pocos como Boix, que, por su destino como fotógrafo, recibía mejor trato que sus compañeros. Pero luego las condiciones mejoraron porque los presos republicanos tejieron una red de solidaridad y se ganaron la confianza de los guardianes de las SS, que también se daban cuenta de que Alemania podía perder la guerra”, comenta Bermejo.

Los prisioneros peor tratados fueron los soldados rusos, que prácticamente eran exterminados a los pocos días de llegar a Mauthausen, casi siempre después de largas caminatas, sin ropa adecuada y carentes de comida. Más de 1.800 cautivos del Ejército Rojo fueron hacinados en un barracón para 200 personas. Era una condena a muerte, ya que la administración del campo no les alimentaba y les sometía a un trabajo brutal. Ninguno de ellos pudo sobrevivir.

En el memorial del campo, hay expuesto un abrigo y un botón de un uniforme soviético. “Esto es lo que queda de los miles de soldados rusos que fueron deportados a Mauthausen. Fueron tratados con extremada crueldad y mucho peor que el resto de los prisioneros. El personal de las SS no tenía piedad con ellos. La gran mayoría moría de inanición. Trabajaban desnudos en invierno y eran golpeados y vejados por los guardianes”, asegura Christian Dürr, funcionario del Ministerio de Interior del que ahora dependen las instalaciones de Mauthausen.

Campos de trabajo

Mauthausen y Gusen no eran técnicamente campos de exterminio, ya que sólo una pequeña minoría de deportados fue gaseada en las cámaras. Casi todos los presos murieron a causa de las durísimas condiciones de trabajo en la extracción de granito en una cantera cercana. Los que no soportaban el acarreo de los bloques de mineral se suicidaban, muchos de ellos arrojándose contra las alambradas electrificadas del recinto.

En un testimonio recogido en el libro de Bermejo, el superviviente Lope Massaguer describe el día a día en el campo: “La muerte se había convertido en parte de nuestra vida, el hambre estrujaba constantemente nuestros intestinos y el frío mordía nuestro cuerpo. Olíamos a muerte y pensábamos siempre en ella. La temíamos mucho menos que al dolor y las humillaciones. La muerte era nuestra amiga y a veces nuestra única posibilidad de escapar”.

Los soldados del Ejército rojo eran hacinados en los barracones y no tenían ropa ni se les daba de comer

Había 35 formas de morir en Mauthausen, según enumeró el prisionero austríaco Ernst Martin, entre ellas, el intento de fuga, el suicidio por salto en el vacío, el ahorcamiento, la cámara de gas, la inyección letal, el encadenamiento en una pared, el despedazamiento por los perros o las duchas con agua helada en invierno.

Lo que queda en el campo evoca este infernal catálogo y el sufrimiento de todas y cada una de las víctimas, despojadas de su dignidad y reducidas a la condición de un número y un símbolo en el uniforme carcelario. Los presos republicanos llevaban una letra S dentro de un triángulo azul. El color rojo identificaba a los comunistas y los judíos llevaban la estrella de seis puntas. Había otros signos de identificación para los gitanos, los homosexuales y los delincuentes comunes, que eran los que mejor trato recibían de las SS.

No hubo muchos judíos en Mauthausen, pero su suerte fue la misma que la de los soldados soviéticos. En febrero de 1945, una noche llegaron a Gusen 420 niños procedentes de Hungría y de origen hebreo. Fueron enviados a la cámara de gas e incinerados horas después de cruzar las puertas del campo. No quedó de ellos ni siquiera un cabello.

Prisioneros esclavos

Gusen, el llamado ‘Campo invisible’, albergaba instalaciones militares construidas en el interior de una montaña. Allí se montaban a partir de 1944 los cazas de combate Messerschmitt en condiciones infrahumanas porque el agua se filtraba por las rocas. Más de 7.000 prisioneros esclavos llegaron a trabajar en esas galerías de la muerte.

Los presos que subían bloques de granito por una gran escalera eran empujados por las SS al llegar arriba

Pero peor todavía era la fábrica de bloques de granito, donde el polvo y los productos tóxicos mataban a decenas de prisioneros cada día. “Si el granito de la cantera de Mauthausen iba destinado a la construcción del campo y a los grandiosos proyectos de Albert Speer en Alemania, el que se producía en Gusen era empleado por los nazis para construir todo tipo de monumentos en Austria”, explica Martha Gammer, profesora y estudiosa de este ‘lager’. Cuenta cómo los guardianes de las SS utilizaban a los presos del campo para sus fiestas y luego, a altas horas de la madrugada, les asesinaban a tiros en la escalinata del casino que existía en el lugar.

Hoy no queda ningún resto de los horrores de Gusen, ya que los barracones y todas las instalaciones fueron destruidas por los rusos, que prohibieron el acceso a la población civil y declararon la zona de alta seguridad militar. Hasta que el Ejército Rojo se retiró en 1955, Gusen permaneció cerrado al mundo. Por ello, los historiadores desconocieron su existencia hasta los años 70.

Gusen es ahora un apacible y atractivo pueblo de varios miles de habitantes, con confortables chalés llenos de flores, bicicletas en los garajes y estatuas de enanitos en sus verdes jardines. Hay un albergue llamado Heimathaus, que significa la casa de la felicidad. Sus habitantes han olvidado que hace 70 años el lugar que pisan hoy era un campo de exterminio donde murieron miles de republicanos españoles.

Más de 7.000 esclavos trabajaban en las galerías subterráneas para construir aviones de combate

Desde Gusen se llega en un corto paseo a la cantera de Mauthausen, al otro lado de la montaña. Allí los presos construyeron una enorme escalera de granito de 186 peldaños. Bermejo relata cómo los presos subían la elevada pendiente cargados con bloques de mineral y, al llegar arriba, eran empujados a culatazos por las SS, que se reían de sus víctimas. Algunos presos optaban por suicidarse desde lo alto.

Varios miles de deportados perdieron la vida en la construcción de esta siniestra escalera que produce vértigo al bajarla por su elevada inclinación. Una inscripción recuerda la desgracia de los que perecieron en este paraje.

Muy cerca se hallan los monumentos construidos por los Gobiernos tras el final de la guerra. Destaca el gigantesco candelabro judío desde el que se domina la cantera. En el levantado por la antigua RDA, hay una cita de Brecht. Y a un centenar de metros se encuentra el erigido por los prisioneros españoles a las víctimas. Una bandera republicana, desgarrada por sus costados, yace al pie del monumento, sujeta por unas piedras.

Triste destino de un símbolo por el que dieron la vida los españoles enterrados en las fosas comunes de Mauthausen y Gusen. Dan ganas de echarse a llorar, pero ahí queda el testimonio de coraje y dignidad de unas personas que dieron la vida por defender sus convicciones. Ese es su legado.

___

Fotografía destacada: ÁLBUM de las imágenes robadas por Francisco Boix en Mauthausen.

http://www.elmundo.es/cultura/2015/05/05/5547c50bca4741f71d8b4596.html

Publicado por ARMH
Copyright © ASOCIACIÓN PARA LA RECUPERACIÓN DE LA MEMORIA HISTORICA. 2015 Todos los derechos reservados
Dirección: Apartado de correos 7, 24400 Ponferrada (León) España.
ARMH · ASOCIACIÓN DECLARADA DE UTILIDAD PÚBLICA Nº Reg. Nac de Asociaciones del Mº Interior 167.252 | POLÍTICA LEGAL
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad