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“Ellos siguieron la guerra hasta que murió Franco”

Fallece José Valle, uno de los últimos enlaces de la guerrilla de Manuel Girón. Tres de sus hermanos fueron asesinados mientras su familia era constantemente saqueada. Afirmaba que las dos Españas siguen todavía presentes.

Aitor Fernández / DateCuenta.org / 19-09-2015

Como a la mayoría, lleno de emoción por haberlo ido a visitar y escuchar su historia, así recuerdo a José Valle en la lúcida entrevista que tuvimos en su casa de Carucedo (El Bierzo) el año 2011, al comenzar las grabaciones para Vencidxs.

Víctima de la represión franquista, que hizo huir al monte a tres de sus hermanos por intentar salvar sus vidas, estaba más interesado en hacernos ver las similitudes de la España de hoy con las de antes, la estructura franquista que todavía persiste e incluso el pensamiento que vivía en muchos de sus vecinos, y también de muchos españoles, al contrario que en Bélgica, país al que emigró para ganarse la vida, donde gobierno y oposición, según José, trabajaban unidos tras las discusiones para sacar el país adelante.

Sus tres hermanos, compañeros del mítico guerrillero Manuel Girón, fueron asesinados tiempo después de su huida. Al primero, Santiago, a quien él llevaba la comida con 14 años, lo detuvieron a finales de 1937 intentando escapar a Portugal, y fue fusilado en Zamora. Al segundo, Domingo, que fue a servir a Franco pero en el frente de Madrid se pasó al bando republicano, se unió a la guerrilla tras la victoria del Dictador. Fue asesinado en Lomba en 1940, tras una tortura de tres días y arrastrar su cadáver por todo el pueblo.

La familia de José Valle fue perseguida y saqueada constantemente ante las negativas de delatar a los jóvenes guerrilleros. El joven José, quien admiraba a su maestro comunista porque fue el único que enseñó al pueblo a leer y a escribir, mientras el cura se dedicaba a delatar a personas para que fueran asesinadas, fue llamado a declarar en 1952, días después de la muerte de Girón. Su hermano Aurelio quiso reemplazarse por él al ser soltero y fue ‘fichado’, pero con la caída total de la guerrilla y la ‘desprotección’ que esta proporcionaba, fue encarcelado durante dos años, hecho trabajador forzoso y torturado hasta que murió por agotamiento.

“El que no iba a misa y no estaba a bien con el cura, ése ya estaba fichado en todas partes.” En un solo párrafo resumía José Valle su ideología, “¡Yo nunca más fui a misa y no quiero saber nada de eso! ¿Habéis visto lo que hacen los obispos y cardenales, que se manifiestan por culpa del aborto? ¡Había que tener 15 hijos como tuvo mi padre con dos mujeres, matarnos de hambre y de miseria y luego mandarnos a morir en las guerras! ¡Aquello lo perdonaba Dios, pero ellos no perdonan! Porque hay muchos que dicen que hay que perdonar y estoy de acuerdo. También es cierto que por parte de la República mataron a gente durante la guerra. ¡Pero es que éstos no perdonaron a nadie, éstos siguieron la guerra hasta que murió Franco!“


Fotografía destacada: El enlace de la guerrilla de León-Galicia José Valle falleció ayer | Foto: AITOR FERNÁNDEZ
Fuente: http://www.datecuenta.org/ellos-siguieron-guerra-murio-franco/

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“Hay de personas que no se habla, eso es lo peor…”

Esta frase de Francisco Martínez (Quico), miembro de los grupos guerrilleros de El Bierzo, encaja perfectamente con lo ocurrido con los huidos de La Cepeda. La recuperación de la memoria histórica tiene una cuenta pendiente con esta comarca definida por el periodista Emilio Gancedo como el corazón silencioso de la provincia de León. Aunque los maquis cepedanos no llegaron a tener una estructura de guerrilla -militar y política, merecen un reconocimiento.

astorgaredaccion.com / Abel Aparicio / 23-03-2015

“Era un hombre bueno, por eso lo perseguían”, estas palabras son de Francisco Álvarez Cuesta, que, junto a su familia, siguió en 1964 los pasos dados por su tío -Agustín Álvarez Rodríguez (Riofrío 1882 – Toulouse 1974), conocido como el Sastre de Riofrío- camino de Toulouse. Pero, ¿quién era el Sastre de Riofrío?

 

Agustín nació en Riofrío, un pueblo de la comarca leonesa de La Cepeda. Se casó con Ángela Rodríguez y, con ella abrió en Ponferrada la Sastrería Álvarez, en la que trabajaban junto a alguno de sus seis hijos. Conocido por sus ideas progresistas, el 18 de julio de 1936, tras el golpe de estado que pretendía acabar con el gobierno legítimo de la II República, decidieron huir a su pueblo natal, temiendo por su vida. “De la sastrería de Ponferrada no quedó nada, los falangistas se lo llevaron todo”, asegura Natalia, una de las nietas del Sastre. Una vez en Riofrío, empezó a guardarse en casas de familiares y conocidos, pero cuando la represión por parte de los falangistas y de la Guardia Civil empezó a ser más fuerte, decidió echarse al monte, pasando a formar parte de esos cientos de huidos o escapaos que poblaron los montes españoles.
Del Sastre son conocidas a día de hoy dos cuevas de las tres que tenía, o más bien lo que queda de ellas, cuyas entradas tapaba con una mata de urz. Estas cuevas están situadas en el Monte La Casa, paraje entre las localidades de Riofrío y Carrizo de la Ribera. No estaría mal que, desde alguna institución pública, se señalase esta ruta para conocer mejor la historia de aquellas personas que lucharon por defender la democracia contra un régimen dictatorial, tal y como ocurre, por ejemplo, en La Pola de Gordón (León).

Cueva del Sastre.

Algunas de las personas que actuaban como enlace eran Sebastián, hermano del Sastre y María, su madre. Por otra parte, también lo hacían Domingo Pérez y sus hijos, Desiderio, Alipio, Josefa y Virtudes. Modesto, marido de Josefa, aún recuerda la cayada del Sastre, con dos puntas en la parte de abajo, para defenderse del lobo. “Para devolver todos estos favores, Agustín nos enseñaba a coser y hasta nos regaló una bata de domingo”, dice Modesto, “aparte de esto, le hacía cayadas a los pastores que le ayudaban.” Quizás, según Modesto, el que más le ayudó fue Desiderio, que conocía muy bien las cuevas, ya que muchas veces le llevó la comida acompañado por su perra, Laura, que tanta compañía le hizo. “Ay Laurina, Laurina, cuánto te quiero”, comenta Modesto que decía el Sastre. Pero no solo ellos, Adolfo, un vecino que hacía carbón, le ayudó varias veces y el Sastre le correspondía echándole una mano con la leña.

Otra mujer que actuaba de enlace era Ángela Cuesta, “muchas veces al salir al monte con sus ovejas le llevaba comida”, dicen su hermana Nieves y Francisco, viudo de Ángela. En casa de ésta, existía un cuarto al lado de la cuadra donde el Sastre se guardaba cuando las cosas estaban tranquilas por la zona. Francisco, que conserva grandes rasgos del Llionés, ya que marchó a Francia cuando esta lengua permanecía bastante más viva que ahora en la comarca, recuerda la escopeta que tenía el Sastre más las tres bombas que guardaba en la cueva. Explica las contraseñas que usaban nombrando al rebaño concejil, “al llegar la Guardia Civil los que estaban a la entrada del pueblo decían a voces, ¿a quién le toca hoy el rebaño? Y los que sabían si había algún huido en casa, decían su nombre, para que, rápidamente, fueran a avisarle”. Francisco, quiere hacer mención especial al cura de San Feliz, “mucho hizo ese hombre por el Sastre”.

Otro lugar en el que el Sastre se guardaba era en La Casa. El dueño, el Mexicano, se la tenía arrendada a Casimiro Álvarez y, éste, le dejaba guardarse en su pajar y coger leche de las ovejas.

La Casa, refugio del Sastre.

Los hermanos Prieto Fernández
Otras tres personas que se fueron al monte en Riofrío fueron los hermanos Prieto Fernández, Benigno, Eusebio y Manuel. Estos hermanos tenían su refugio y ayudaban de noche, en las labores del campo, a su hermana Manuela. Pero un día, cuando estaban escondidos en su casa, fueron sorprendidos por la Guardia Civil de Carrizo y acabaron en el campo de concentración de San Marcos (León), uno de los más temidos de todo el Estado. Posteriormente, Manuel fue trasladado a la Prisión central de Astorga, Eusebio a la Provincial de León y Benigno a ambas.

Zona en la que se guardaban los hermanos Prieto Fernández con el río Barbadiel.

La guerra acabó pero la represión siguió con la misma intensidad, incluso en aumento, ya que como le explicaba Agustín González a Gabino Diego en la película ‘Las bicicletas son para el verano’, basada en la obra de teatro de Fernando Fernán Gómez, es que no ha llegado la paz, Luis, ha llegado la victoria.”

LOS HUIDOS EN MORRIONDO Y FERRERAS

Riofrío no estaba aislado en este sentido, en los pueblos vecinos de Morriondo y Ferreras también había huidos. Quizás Ferreras fue el pueblo más politizado, ya que en él se encontraba una célula del Partido Comunista, cuyo líder era el conocido como Tío Sebastián. El cuartel de Carrizo era el encargado de vigilar esta zona y, según cuenta un vecino de este pueblo que prefiere mantener el anonimato, allí ejercía Celestino Cabezas, un guardia que simpatizaba con los huidos, ya que conocía a muchos de ellos. “Celestino, los avisaba del día que iban a buscarlos, por donde iban a ir y disparaba al alto o a unas piedras cuando había una batida para ir a por los rojos”, explica. Sus mandos, acabaron enterándose y lo destinaron a Barcelona. Para finalizar, indica que los huidos tenían otro refugio en Cueva la braña, bocamina de una explotación aurífera de los romanos en Escuredo.

Una persona de Morriondo que se suma al anonimato, comenta “el día que estalló la guerra, recuerdo ver a varios hombres con pistolas en el bar de Ferreras. A este bar, con la excusa de comprar cerillas, mi padre me mandaba ir desde Morriondo para informarme de la situación.” También recuerda ver a un grupo de 10 o 15 personas por los montes de Morriondo y, aprovecha para decir el recorrido de los huidos, “estaban por las encinas de Ferreras, La dehesa de La Veguellina, Villar, Quintana y el paraje de Quemadiellu, en Morriondo”. De Riofrío se acuerda del Sastre y Luis Álvarez Cuesta  (El civil) y como al irse el camión de Falange para Castro, los que estaban en el monte bajaban para las casas y majadas.

Pero quien vivió aquello deja muy claro que el Franquismo machacó brutalmente durante casi cuarenta años y repite como un mantra “aquí no pasó nada”, sin embargo, a medida que avanza la conversación, dice, “bueno, aceite de ricino le dieron a casi todos los del pueblo”. Bajando la voz comenta que a Mateo Blanco Martínez lo mataron en el Valle Rozas (Estébanez) después de estar preso en la cárcel de Astorga y, como Andrés Blanco Arienza, al ir a buscarlo, subió a Morriondo diciendo “nunca vi tantos montones de muertos”, mientras vuelve a decir, “aquí no paso nada”. Para finalizar, nos recuerda que uno de los motivos de persecución era el no ir a misa y, que a varios le dieron aceite de ricino por eso, pero “aquí no paso nada”.

“El Sastre se guardaba en casa de Tomás Osorio y, allí, cosía para los vecinos del pueblo y para sus compañeros del monte.  Uno de ellos,  era Orencio Fernández Pérez, de Castro”, comenta una vecina de La Veguellina.

Empezando por la derecha, Balbino (sobrino nieto), Juanín Peláez (Quintanilla del Monte), Ángela Rodríguez, Emerita (sobrina nieta), Agustín (un amigo), Ángela Cuesta (sobrina política) y Teresa (sobrina nieta). Centro español de Toulouse, 1965.

Los años iban pasando y los del monte no veían solución posible. El Sastre, quizás la persona que más huella dejó en la zona, cansado ya y sin ver otra salida, decidió emigrar a Francia, pero, ¿cómo lo hizo? Su sobrino Francisco nos cuenta que Cándido Álvarez, una persona sin recursos de Quintanilla del Monte, tenía una cédula para poder andar libremente por los pueblos para pedir. Cándido le dio sus papeles y así consiguió salir de la zona, para dirigirse a Barcelona. Allí lo estaba esperando una persona que lo acompañó hasta un pueblo del Pirineo. Una vez allí, una familia de pastores, que ayudaba a cruzar la frontera, lo acogió como pastor y, de esta forma, aproximándose a ella, consiguió cruzarla y llegar hasta Toulouse, ciudad de la que ya no se movería hasta la fecha de su muerte, en 1974.

Una vida de lucha por la supervivencia y condenada al exilio, una vida silenciada para los hijos de la Transición. Una frase de Francisco Martínez (Quico), miembro de los grupos guerrilleros del Bierzo, lo explica muy bien en el documental ‘La guerrilla de la memoria’: “Hay de personas que no se habla, eso es lo peor. (…) Hemos existido, se habló muy bien de nosotros y también muy mal. (…) Pero esos intentos de hacer que no se hable… eso es una traición a la historia, no a nosotros.”

Emilio Gancedo, en su día, definió La Cepeda como el corazón silencioso de la provincia de León. Los huidos de La Cepeda no llegaron a tener una estructura de guerrilla -militar y política- como los del Bierzo y La Cabrera, la montaña central y oriental leonesa, pero son dignos de todo reconocimiento. No hubo muertos entre los fugados de esta zona, pero sí personas condenadas a huir al monte o a esconderse para preservar su vida. Quizás, este cantar guerrillero que entona Manuel Zapico (El asturiano), debería contar, en menor medida, con La Cepeda. De nosotros y nosotras depende que a su historia no la cubra el olvido.

Fuentes: Mapa represión de la Universidad de León y Portal de Archivos Españoles (Ministerio de Cultura)

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Fotografía destacada: Agustín Álvarez (el Sastre) y Ángela Rodríguez.

http://astorgaredaccion.com/not/7838/-ldquo-hay-de-personas-que-no-se-habla-eso-es-lo-peor-/

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