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‘Los Hijos de la Noche’: los anarquistas que sacaron de Zaragoza a 4.000 personas para que no las ejecutasen los franquistas

Eran unos anarquistas que se vieron atrapados en Zaragoza tras el Golpe de Estado de 1936. Su lema era: “No puedes perder más, solo puedes perder la vida”.

Ante la fortísima represión ejercida sobre los activistas de izquierda, decidieron organizar una red de evasión clandestina.

La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA) organiza una marcha desde Fuendetodos hasta Zaragoza para homenajear a “Los Hijos de la Noche” por las mismas vías que recorrieron durante la Guerra.

eldiario.es / Álvaro Castrillo Schneiter / 27-09-2019

“Si esta historia hubiera sucedido en Estados Unidos, tendríamos ya una película de las que llenan las salas de cine”. Enrique Gómez, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA), introduce con esta afirmación su respuesta a quiénes fueron ‘Los Hijos de la Noche’, el grupo de huidos al que van a homenajear durante este fin de semana con una marcha de más de 40 kilómetros entre Fuendetodos y Zaragoza, con posterior comida y música.

‘Los Hijos de la Noche’ eran unos anarquistas que se vieron atrapados en Zaragoza tras el Golpe de Estado de 1936. En un principio no habían planeado nada, pero ante la fortísima represión ejercida sobre los activistas de izquierdas decidieron organizar una red de evasión clandestina para sacar a personas susceptibles de ser ejecutadas por las fuerzas nacionales. Gómez explica cómo “nadie en Zaragoza imaginaba que la represión iba a ser tan brutal”. “Había un sistema de checas perfectamente organizadas que fusilaban sin el menor escrúpulo y al más puro estilo rifeño a todo aquel que fuera sospechoso de ser republicano, libertario o lo que fuere. Una limpieza como la que describían Franco, Queipo de Llano y Mola cuando hablaban de que iban a acabar con dos millones de españoles”.

Ante esta represión, desde octubre del 36 y hasta febrero del 37 ‘Los Hijos de la Noche’ deciden organizar una red de evasión de Zaragoza. “Montaron una red de evasión clandestina para poder sacar el mayor número de personas posible. Primero organizaban el grupo y los subían hasta los montes de Torrero, curiosamente no muy lejos de donde los franquistas tenían su paredón de fusilamiento, y desde ahí, esquivando patrullas y controles, se los llevaban hasta la población fiel a la república más cercana, que era Fuendetodos. Lo hacían en dos tandas: primero salían de Zaragoza e iban caminando hasta el barranco del Diablo, donde hacían noche para seguir al día siguiente hasta Fuendetodos. Unos 42 kilómetros en total con un lema que decía “No puedes perder más, solo puedes perder la vida”, explica Gómez.

Según Gómez, esta red logró sacar de la ciudad a unas 4.000 personas de todas las filiaciones políticas amenazadas y añade que “hubo un punto álgido cuando se disfrazaron de falangistas y cerraron el barrio de Torrero por el puente del canal para poder sacar a más de cien personas hasta que los sublevados se dieron cuenta del engaño y subieron a por ellos. Por suerte no les encontraron”.

Gómez lamenta no conocer la cantidad de participantes ni la identidad de este grupo, ya que llevaron la clandestinidad hasta sus últimas consecuencias, y explica que “sabemos de ellos gracias a algunos testimonios y la única fuente bibliográfica que nos ha quedado es el libro Por qué perdimos la Guerra, del consejero de Economía de la Generalitat, Diego Abad de Santillán, donde se les referencia como grupo, pero no individualmente”.

Cartel de la marcha en homenaje a “Los Hijos de la Noche”

Volver a Zaragoza desde Fuendetodos

ARMHA y otras organizaciones han preparado una marcha en homenaje a ‘Los Hijos de la Noche’ llamada “Senderos de Libertad”, que parte este sábado a las 19 horas desde Fuendetodos y, tras hacer noche al raso, entrará a Zaragoza el domingo alrededor de las 9 horas por Torrero, en sentido inverso al que realizaban los que se evadían. En la ciudad se celebrarán actos de carácter festivo a partir de las 12 horas para reivindicar a este grupo de huidos y dar a conocer su historia.

Entre estos actos destaca la comida popular, paella, y barra que tendrán lugar en el parque de la Paz y las actuaciones musicales en las que participan Andebán, el coro libertario, además de poesía que pondrán el ambiente para recibir a los caminantes a su llegada a la ciudad por el cementerio de Torrero.

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Fotografía destacada: El lema de “Los Hijos de la Noche” era: “No puedes perder más, solo puedes perder la vida”|CGT

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“Le prometí a mi madre que sacaría a papá del Valle de los Caídos. Me importa tres pepinos lo que hagan con Franco”

Mercedes Abril tiene 86 años. Su padre fue detenido y fusilado hace ahora 83 años. Era ferroviario. Lleva media vida luchando por recuperar los restos de su padre, que fueron enviados a Cuelgamuros en 1959 sin permiso ni conocimiento de la familia. Dice que la posible exhumación del dictador no cambia su deseo de sacar de ahí los restos de su progenitor.

publico.es / Alejandro Torrús / 27-09-2019

Mercedes Abril recibe a Público en su casa de Valladolid. Tiene 86 años. Estamos en el salón junto a dos hijas y varios nietos. Se acomoda y nos invita a pasar. La mesa del salón está presidida por un retrato de su padre y de su madre en blanco y negro. Nos lo enseña nada más cruzar el marco de la puerta. En el centro, un contundente archivador. “Me lo mataron cuando yo era una niña. La semana pasada hizo 83 años de nuestro último abrazo, ¿sabes?”, comienza Mercedes. Está hablando de su padre, de Rafael Abril Avo, asesinado el 23 de septiembre de 1936 por las fuerzas franquistas y cuyos restos están “secuestrados” en el Valle de los Caídos desde 1959 cuando las autoridades de la dictadura decidieron trasladarlos allí sin conocimiento ni permiso de la familia.

“Le dije a mi madre antes de morir que haría todo lo posible por encontrar os restos de papá. Ella me dijo que estaba muy sola para esto… y yo le dije que no se preocupara, que haría todo lo que estuviera en mi mano. Se lo prometí. Y yo sigo. Si no puedo sacarlo no será porque no lo he intentado. Tanto ella como mi padre se merecen este esfuerzo”, relata Mercedes Abril.

“Si no puedo sacarlo no será porque no lo he intentado. Tanto ella como mi padre se merecen este esfuerzo”

La visita a Valladolid se produjo un viernes por la tarde. Un 20 de septiembre para ser exactos. El Supremo aún no había tomado ninguna decisión sobre los planes del Gobierno para exhumar a Franco. Mercedes considera una “vergüenza” que el dictador este en el Valle de los Caídos, pero tampoco se puede decir que sea un tema que le quita el sueño. “Me importa tres pepinos lo que hagan con él”, dice. A Mercedes lo que le importa es recuperar los restos de su padre. Y para eso le da igual si Franco sale, entra, permanece o se evapora. “Ya puede seguir Franco o no en el Valle de los Caídos. Quiero los restos de mi padre”, repite.

La mujer acompaña muchas de sus respuestas con documentación, recortes de periódico e imágenes de la época. Lo tiene todo guardado en un contundente archivador que descansa encima de la mesa. Ahí dentro, por ejemplo, guarda la denuncia del cura del pueblo que, según cuenta, fue crucial para la detención y asesinato de su padre. La carta es, ciertamente, desgarradora. Incluye frases como las siguientes: “Comunista extremista, perteneció a la CNT”; “acompañó a propagandistas del comunismo y asistió a mitin que se celebró en el pueblo”; “religiosamente hablando no podía ver a la Iglesia de la que siempre hablaba mal y lo mismo de cura frailes y monjes”; “era un sujeto muy malo”; “en el sentido político y religioso era un extremista”; y, por último, “no estaba casado por la iglesia”.

De todas esas afirmaciones probablemente la que más duele a Mercedes es la de que no estaba casado por la Iglesia. No por nada especial. Es que es una mentira que, además, puede desmontar documentalmente con el certificado de matrimonio de la iglesia donde se casaron. “Estaban casados por lo civil y por la iglesia. Por las dos. ¿Un cura puede decir tal sarta de mentiras para que maten a una persona? Es una difamación tremenda y gracias a eso me quedé sin padre”, sentencia Mercedes que, ahora sí, muestra su enfado y su deseo de que alguna autoridad eclesiástica le pidiera perdón por el daño causado. “Puedo jurar que no es cierto nada de lo que dijo el señor cura. Mi padre era socialista y nada más”.

Rafael Abril Avo era, concretamente, jefe de la estación del pueblo Clarés de Ribota (Zaragoza). Su puesto de trabajo también tenía asignado una casa. Allí le sorprendió el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, con su mujer embarazada de 7 meses y una niña de tres años. Allí todo comenzó a torcerse en la vida de Mercedes. Apenas dos meses después, el 17 de septiembre, la Guardia Civil se lo llevaría detenido al Mercado de Abastos de Calatayud, que funcionó como centro de detención. Desde allí escribió cada día para que su familia no se preocupara. “Estoy bien”, decía en cada una de ellas. La última misiva fue el 22 de septiembre. No llegaron más. La madre le escribió una carta ese día pero fue devuelta. En el sobre ponía ‘salió’. “Por eso creemos que lo mataron la madrugada del 23 de septiembre”, apunta.

“Encima de que matan a mi padre…. Nos dicen que tenemos que pagar 1.500 pesetas…”

Eusebia Alonso, madre de Mercedes, ya estaba fuera de cuentas el día que detuvieron a su marido. De hecho, dio a luz a un niño el día 19, cuando su marido aún estaba vivo y detenido. Pero el pequeño no nació bien y a los diez días murió. Rafael ya no viviría para conocer la noticia. Mercedes eran tan solo una niña y Eusebia tenía que tirar para adelante con un marido asesinado, un bebé fallecido y una hija de tres años. Y, además, las autoridades franquistas no lo ponían fácil. De hecho, expulsaron a las dos mujeres de la casa en la que residían ya que el padre ya no acudía a trabajar y el Tribunal de Responsabilidades Políticas les mandó una multa de 1.500 pesetas. La represión franquista no se reducía al asesinato. La persecución se extendía también a los vivos y a los familiares de asesinados.

“Encima de que matan a mi padre…. Nos dicen que tenemos que pagar 1.500 pesetas… Pero, bueno, todo hay que decirlo. Nunca la pagamos y 20 años después recibimos una carta diciendo que se nos perdonaba la deuda…”, explica Mercedes. Ella y Eusebia no pagaron la deuda, sobre todo, porque emigraron. Marcharon a Valladolid, de donde era natural Eusebia. “Pasó lo que pasó y estábamos mi madre y yo solas. Nos tuvimos que ir donde tuviéramos un mínimo apoyo, aunque sea una vivienda”, prosigue.

En Valladolid, fue, por tanto, donde Mercedes vivió su infancia y donde residió hasta el día de hoy. “A los tres años me vistieron de negro. Menuda niñez tuve yo…. La recuerdo muy desagradable viendo a mi madre llorar. Sin alegría y con mucho miedo. Sin decir lo que le había pasado a papá (…) Recuerdo que estaba deseando regresar del colegio porque tenía miedo de que al regresar ya no estuviera mi madre. Habían matado a mi padre y eso se clava. Yo tenía solo tres años”, prosigue Mercedes.

Y es que Eusebia, su madre, se tuvo que poner a coser camisas y capotes para los franquistas, para los mismos que habían matado a su marido. “Tenía que sacar a su hija adelante y le estoy muy agradecida. Con todos sus esfuerzos me dio unos pequeños estudios. Como madre se portó muy bien y como esposa vivió una vida muy triste. La vi triste toda la vida… y la tristeza se contagia”, dice Mercedes con una mirada que se clava en los ojos de su interlocutor. El recuerdo de su madre se hace presente en la habitación. Su esfuerzo, su lucha quedó en la herencia de Mercedes. Hay una promesa pendiente. Sacar a Rafael del Valle de los Caídos, del mausoleo construido para mayor honor y gloria de “los cruzados”.

“Como madre se portó muy bien y como esposa vivió una vida muy triste. La vi triste toda la vida… y la tristeza se contagia”

Mientras cuenta todo esto, Mercedes sigue sacando documentos de su archivador. Se encoge de hombros. Se pone las gafas y se las vuelve a quitar. “Yo no haría todo esto si no fuera por ellos, ¿sabes? Se lo merecen. Se lo merecen”, repite. Y en esta batalla Mercedes lucha junto a la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos del Valle de los Caídos sigue luchando para abrir el Valle de los Caídos, pero no solo para Franco. También, y sobre todo, por los miles de republicanos que allí están enterrados sin identificar. Amontonados. Sin nombre.

La victoria judicial de la familia de los hermanos Lapeña, asesinados también el 36, que consiguió que un juez autorizara su exhumación del Valle de los Caídos la siente como propia. La familia Lapeña, de hecho, también siente la lucha de Mercedes como propia. Están unidos frente a una injusticia. Frente al olvido y la desmemoria. Y pensando en ellos es como Mercedes se acuerda de las palabras del exportavoz del PP Rafael Hernando, que señaló que algunas víctimas del franquismo solo se habían interesado por sus familiares cuando había subvenciones, aunque, también hay que decirlo, se disculpó unos años después. A Mercedes ahora le arde la sangre por dentro.

“Han pasado tres años desde que un juez permitió su exhumación y ahí sigue… es una vergüenza. Bueno, es más que vergonzoso. Y todavía hay quien dice que solamente nos preocupamos de los nuestros por el dinero que nos daban. Me dolieron mucho esas palabras. Mucho. A mí jamás me han dado una peseta o un euro. Me quitaron a mi padre, que no es lo mismo. Me lo mataron”, sentencia.

Mercedes en el interior del Valle de los Caídos.-

En su lucha, Mercedes consiguió que el Gobierno de Pedro Sánchez le abriera las puertas en marzo de este año para visitar el interior del Valle de los Caídos, justo en el lugar donde creen que están los restos de Rafael Abril. Pero Mercedes en este punto se pone seria. Mucho. Quiere dejar una cosa bien clara. Aquella visita no tuvo absolutamente nada de reparador ni puede ser el final del camino. “Lo único que consiguió esa visita es que quiera recuperar los restos de mi padre con más ahínco. Ver que están ahí… secuestrados… metidos en grandes columbarios..”, dice Mercedes.

Es más, para dejar clara esta idea, Mercedes escribió una carta al presidente del Gobierno Pedro Sánchez. La carta fue entregada en la reunión con asociaciones de memoria que mantuvo el pasado verano en el marco de los encuentros con la sociedad civil que organizó el PSOE. La carta era demoledora. Tan solo una frase: “Muchas veces me pregunto si lo que algunos están esperando es a que nos muramos, aunque también le digo, Sr. Presidente, que nuestros hijos y nietos nos relevarán si es necesario”.

Pedro Sánchez le hizo llegar hace apenas unos días después de esta entrevista una carta de respuesta. Mercedes la lee desde su casa de Valladolid para explicar su contenido. Básicamente, Sánchez muestra su “compromiso de apoyarles en los procesos” para recuperar a sus seres queridos del Valle de los Caídos. Asimismo, también le traslada que el Ejecutivo “comparte” sus preocupaciones y “comprende” sus demandas.

Pero Mercedes Abril no tiene suficiente con una visita al Valle ni con una carta del presidente del Gobierno. Quiere hechos y, sobre todo, quiere recuperar los restos de su padre. Una situación que en 1975, cuando murió el dictador, no pensaba que estaría viviendo en septiembre de 2019: “Pensé que la democracia lo solucionaría. Pero no. Fue una mentira. Pensamos que en un primer momento no se podía hacer nada. Que de golpe no se podía. Pero han ido pasando los años y ha pasado lo mismo, que ha sido una mentira, un engaño”.

“Mercedes, ¿siente que la Justicia haya hecho algo por usted en estos 40 años?

—​ “Realmente, no”, sentencia Mercedes.

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Fotografía destacada: Mercedes Abril Alonso en el salón de su casa. A la derecha de la imagen, una fotografía de su padre: Rafael Abril Avo.- PÚBLICO

Fuente:https://www.publico.es/politica/le-prometi-mi-madre-sacaria-papa-valle-caidos-me-importa-tres-pepinos-hagan-franco.html

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Exhumar al dictador: y romper el concordato de la democracia con el franquismo

Para la amplia derecha española, se viene encima la profanación de una reliquia de la historia de España, el último salvador de las esencias de España, el fiel heredero del Cid Campeador y de los Reyes Católicos.

¿Se puede aceptar que una víctima financie la tumba de honor de su verdugo? En España se ha aceptado y se seguirá aceptando esa forma de maltrato hacia las víctimas de la dictadura.

Que el Tribunal Supremo haya dedicado más tiempo a atender a la familia del dictador explica de manera especialmente gráfica el concordato que se firmó en la transición a la democracia con el franquismo.

eldiario.es / Emilio Silva / 24-09-2019

Desde hace unos meses, en el Valle de los Caídos, una red de apoyo a la permanencia de los restos del dictador Francisco Franco en el recinto vigila la basílica, desde que abre al público hasta que cierra, para detectar cualquier señal que permita anticipar que el Gobierno inicia la operación de extracción de los restos del dictador para darles un tratamiento más democrático. La noticia de que el Tribunal Supremo no acepta la reclamación de la familia del dictador y da luz verde a su exhumación ha debido caer entre ellos como la entrada del hocico de un oso en una colmena. Sus horas de vigilancia, en la cafetería, en la Basílica, incluso en la hospedería, se van a intensificar de aquí al día en que la maquinaria para levantar esa pesada losa que lleva más de cuatro décadas arrastrada por nuestra democracia, sea alzada y apartada para permitir el acceso al cuerpo del dictador.

Para la amplia derecha española, esa que no ha terminado de comulgar con la democracia aunque haga uso de ella, se viene encima la profanación de una reliquia de la historia de España, el último salvador de las esencias de España, el fiel heredero del Cid Campeador y de los Reyes Católicos, el hombre que fue elegido por Dios para ser Caudillo por designación divina.

La exhumación de los restos del dictador Francisco Franco, reclamada desde hace año por sus víctimas, tenía por objeto normalizar nuestra democracia, desterrando su momia del territorio del Estado y privatizando su figura, entregándolo a sus opulentos herederos. Se trataba de que las víctimas de la dictadura dejarán de pagar con sus impuestos la tumba del dictador. ¿Se puede aceptar que una víctima financie la tumba de honor de su verdugo? En España se ha aceptado y se seguirá aceptando esa forma de maltrato hacia las víctimas de la dictadura, que han sido obligadas por el Estado democrático durante décadas a financiar el mausoleo del líder militar del fascismo español.

Que el Tribunal Supremo haya dedicado más tiempo a atender a la familia del dictador, para ver qué ocurre con sus huesos, que a las familias de las más de cien mil personas desaparecidas por la represión franquista explica de manera especialmente gráfica el concordato que se firmó en la transición a la democracia con el franquismo. Lo que de manera eufemística se ha llamado “franquismo sociológico” ha sido un franquismo que forma parte de nuestra cultura política, de nuestra fragilidad democrática y de la politización de los poderes del Estado, que van mucho más allá del judicial y alcanzan el poder educativo, mediático o diplomático.

Que durante 15 meses hayamos visto a la familia de un dictador echando un pulso, de tú a tú, con un gobierno democrático, nos explica la debilidad con la que la política se ha enfrentado a la dictadura. La familia del dictador ha conservado sus privilegios intactos durante cuatro décadas; ningún gobierno ha investigado el origen de su fortuna, las apropiaciones indebidas, el expolio a Patrimonio Nacional o los favores políticos que han recibido en democracia para multiplicar su patrimonio con la burbuja inmobiliarias.

Ningún gobierno hasta hoy ha rendido un homenaje a los hombres y mujeres que lucharon contra el dictador, que se jugaron la vida, que dejaron de lado sus proyectos personales y que apostaron por defender el regreso de una democracia en la que se abrieran de nuevo las urnas para acoger ideas iguales o contrarias a las suyas. Todos los gobiernos de la recuperada democracia han mantenido una política educativa que fabricaba ignorancia acerca del pasado reciente, que blanqueaba las biografías de los altos dirigentes del franquismo. Y todos planificaban la muerte silenciosa de víctimas y testigos para que en un futuro la dictadura se despojara de su terrible uso de la violencia, de su autárquico apartheid  en el que los vencedores disfrutaban de derechos y recursos del estado y los perdedores, defensores de la democracia, sobrevivían en el subsuelo de la pirámide social del que sólo pudieron salir en la mayoría de los casos formando parte de los casi dos millones de españoles y españolas que salieron del país en las dos décadas siguientes al final de la Segunda Guerra Mundial. Ningún gobierno ha trabajado para abrir la puerta de los juzgados a las víctimas de la dictadura, a las familias de los desaparecidos, a los homosexuales torturados, a las mujeres sin derechos, a quienes fueron saqueados por las autoridades franquistas o utilizados como esclavos por las grandes constructoras que actuaron en muchas ocasiones como testaferros del dictador.

El cuerpo de Franco ha permanecido intacto, como una reliquia, en el lugar que él mismo programó, sin que la democracia lo contradijera o tomara una decisión al respecto. Pero la recuperación de la memoria es, entre otras muchas cosas, una lucha por el significado del pasado y en los últimos años el significado de un monumento como el Valle de los Caídos se ha transformado hasta convertir los residuos del franquismo en una realidad incómoda para amplios sectores sociales.

El catolicismo ha sido en España una identidad política antes que una identidad religiosa. El de la transición a la democracia firmó un concordato con el franquismo para evitar obstáculos y esfuerzos. Pero el peso de ese pasado amable con la dictadura ha generado un duro coste político en nuestro presente. El cuerpo de Franco en la basílica del Valle es como el tapón de un desagüe. Simboliza muchas carencias democráticas, muchas injusticias con los padres y las madres de nuestra democracia, muchas personas que han muerto durante décadas con una enorme angustia por acercarse a la muerte sin haber podido enterrar dignamente a un ser querido y saber qué pasó.

Los restos de Franco, si el Gobierno actúa para trasladarlos, terminarán enterrados en un monumento que pertenece a Patrimonio Nacional. Una vez allí, sus víctimas seguirán obligadas a pagar con sus impuestos la tumba del dictador, en un gesto de gatopardismo. Que el dictador obedezca al Estado democrático es algo que no había ocurrido antes. Pero las víctimas de las cunetas, sus familias y una sociedad que rechaza las violaciones de Derechos Humanos seguirán reclamando un Boletín Oficial del Estado en el que se reconozca su defensa de los valores democráticos y la obligación de todas las instituciones del Estado de garantizar verdad, justicia y reparación y exhumar e identificar a todas las personas desaparecidas. Si el traslado de Franco es una declaración de intenciones de romper el concordato de la democracia con el franquismo, debe ser el principio de un proceso que termine con su impunidad, como si sus restos fueran trasladados al cementerio de un prisión, ese lugar que nunca ha pisado ninguno de los responsables de tanta violencia, tanto miedo y tanto dolor.

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Fotografía destacada: Una mujer junto a la tumba del general Francisco Franco, en el Valle de los Caídos / EFE

Fuente:https://www.eldiario.es/tribunaabierta/Exhumar-dictador-concordato-democracia-franquismo_6_945665467.html

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Las víctimas de la dictadura, tras la decisión del Supremo: “Los Franco tienen suerte: ellos saben dónde están sus muertos”

Familiares de víctimas del franquismo celebran el aval de la justicia a la exhumación de Francisco Franco del Valle de los Caídos.

Sin embargo, advierten de que debe impedirse que el sitio en el que se lo entierre se convierta en un lugar de peregrinación: “Hay que enterrarlo en un sitio normal. Enterrarlo y olvidarle”.

“Nos parece absurdo que el Gobierno pretenda enterrarlo en un lugar de propiedad pública, cuando no ha gastado ni un euro en identificar a desaparecidos”, asegura el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

eldiario.es / Belén Remacha / Natalia Chientaroli / 24-09-2019

“Se te revuelve todo otra vez”. Eso es lo que ha sentido Eugenia Castillo, hija del único niño preso del campo de concentración de Arnao (Asturias) y sobrina de dos hombres fusilados en 1948 en la playa de La Franca, al ver la noticia sobre la decisión del Tribunal Supremo de exhumar el cadáver del dictador Francisco Franco y enterrarlo en el al cementerio de Mingorrubio, en el barrio de El Pardo de Madrid.

El padre de Eugenia, José, a sus 92 años, todavía vive, pero “ya no se entera de estas cosas. Esto llega tarde. Quedamos los familiares, y poquitos”. Ella compara cómo “a los nuestros los enterraron en el monte. Y eso con suerte. Muchos otros siguen en cunetas. Y la persona que dirigió toda aquella masacre de gente inocente estaba hasta ahora en un lugar de culto y exaltación. No puede ser esa diferencia tan grande”.

José, a sus 10 años, con su hermana Pilar en el campo de concentración de Arnao. ARCHIVO FAMILIA CASTIELLO

“Mi abuelo Avelino nunca pudo llevar flores a su tío, fusilado en una saca después de estar escondido. Y murió sin saber dónde estaba. Sus hijos y sus nietos siguen sin poder llevarle flores”, cuenta Emilia, que destaca que el dictador podrá reposar en el panteón familiar del cementerio de Mingorrubio. “Los Franco tienen suerte: ellos saben dónde están sus muertos”, ironiza. En su familia se vivió con dolor esa falta de certezas. “Sabemos que fue asesinado en algún punto del Montearenas (León) pero no sabemos mucho más. Mi abuelo siempre que me llevaba en el coche a Ponferrada decía: ‘Por aquí debe estar’.

También en una zanja de la provincia de León fue ejecutado el padre de Florial Mateos en 1936. Él tenía 9 meses; ahora tiene 84 años, y nunca le ha podido encontrar. “Se me caen las lágrimas de rabia”, dice al teléfono. “Todo mi apoyo a que trasladen a ese asesino. Yo no le llamo por su nombre, yo le llamo dictador o criminal de guerra. Que lo saquen, y lo lleven donde nadie pueda saber dónde está”, asegura.

Eugenia Castillo insiste en esa idea: “Hay que enterrarlo en un sitio normal. Enterrarlo y olvidarle. Que su familia lo vaya a ver si quiere, pero que no vuelvan a convertir nada en un lugar de peregrinación”.

“Exhumarlo sí, pero no enterrarlo en un sitio público”,

La Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica es uno de los colectivos que desde hace años reclama que los restos de Francisco Franco sean retirados del Valle de los Caídos. Su presidente, Emilio Silva, se muestra satisfecho con la decisión del Tribunal Supremo de avalar la exhumación del dictador. Con lo que no está de acuerdo es con que se le vaya a enterrar en el cementerio de Mingorrubio. “Nos parece absurdo que el Gobierno pretenda enterrarlo en un lugar de propiedad pública. Llevamos tiempo defendiendo que no se puede sostener con fondos públicos la tumba de un dictador. Es un signo de debilidad democrática”, defiende Silva.

“No tiene sentido que las víctimas paguen la tumba del causante de esta violencia. Esto no ocurre en otros países en los que ha habido dictaduras: ni en Portugal, ni en Italia ni en Argentina el Estado tiene que hacerse cargo. Son las familias de esos dictadores los que deben pagar ese enterramiento”, asegura.

Silva también ha mencionado las obras que ha realizado Patrimonio Nacional –a quien pertenecía el panteón de Mingorrubio, que ahora se ha cedido a la familia Franco. “Bienvenida la decisión de sacarlo del Valle de los Caídos. Pero que esto corra a cargo de un Estado que en 15 meses no ha dedicado ni un euro a identificar a desaparecidos no puede parecernos bien. Seguiremos peleando por eso”.

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Fotografía destacada: Concentración de familiares de víctimas del franquismo y asociaciones memorialistas frente a la sede del Tribunal Supremo. EUROPA PRESS

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Franco-reacciones-represaliados-memorialistas-Supremo_0_945605659.html

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La Asociación Memoria Histórica denunciará al Estado si no se exhuma a Franco

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) denunciará al Estado si el Tribunal Supremo falla en contra de la exhumación de Francisco Franco o si, en caso de autorizarla, el Gobierno entierra los restos en el cementerio de Mingorrubio, en el distrito madrileño de El Pardo, propiedad de Patrimonio Nacional.

elperiodico.com / Agencias / 23-09-2019

En un comunicado, la ARMH reclama que los restos de Franco salgan del Valle de los Caídos, pero exige igualmente que no se inhumen en suelo público.

El colectivo ha expresado esta postura en víspera de que el Supremo resuelva el litigio sobre la exhumación del dictador tras el recurso de sus nietos contra el acuerdo del Gobierno que fijaba para el pasado 10 de junio la exhumación, paralizada por el tribunal hasta que hubiera sentencia.

El Gobierno quiere trasladar los restos al cementerio de Mingorrubio, mientras que la familia defiende que, en caso de que salgan del Valle de los Caídos, vayan a la cripta de la catedral de la Almudena de Madrid, a lo que se opone el Ejecutivo.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica sostiene que “obligar a las víctimas de la dictadura a pagar con sus impuestos la tumba del dictador”, en caso de que vaya al cementerio de Mingorrubio, es una forma de maltrato y una patología democrática. “A nadie se le ocurriría que una víctima de un atentado terrorista pagase la tumba del responsable o la víctima de cualquier otro crimen”, asegura el presidente de la ARMH, Emilio Silva. A su juicio, “es el momento de que la democracia española demuestre que ha madurado y deje de financiar con fondos públicos monumentos que rinden homenaje a un dictador”.

Silva sostiene que exhumar a Franco de la basílica del Valle de los Caídos “no debe ser el único objetivo del Estado por respeto a las víctimas” de la represión franquista y sus allegados.

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Fotografía destacada: Los monjes benedictinos concelebran una de sus misas diarias en el altar junto al que se encuentra la tumba de Francisco Franco.  / JOSÉ LUIS ROCA

Fuente:https://www.elperiodico.com/es/politica/20190923/asociacion-memoria-historica-denuncia-exhumacion-franco-7647562

 

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Ascensión Mendieta: esa gigante civil que dio a todos los gobiernos lecciones de dignidad

La lucha de Ascensión simbolizó el desamparo de las víctimas de la dictadura y la fortaleza de quienes vivieron vidas arrasadas por el fascismo.

Colaboraron en la exhumación de su padre forenses españoles, británicos y portugueses; faltaba, como había faltado en toda una vida de búsqueda, el Estado.

Cientos de miles de ‘Ascensiones Mendieta’ han muerto en España ignoradas por el Estado, escuchando discursos políticos que hablaban de reconciliaciones y de transiciones ejemplares mientras nadie les garantizaba verdad, justicia y reparación.

Muere Ascensión Mendieta, la impulsora de la querella argentina que consiguió recuperar los restos de su padre fusilado por el franquismo

eldiario.es / Emilio Silva / 17-09-2019

Ascensión Mendieta (1925-2019) aguardaba sentada junto al nicho del Cementerio Civil de Madrid, en el que estaba a punto de ser enterrado su padre, Timoteo, un sindicalista asesinado por la represión franquista, el 15 de noviembre de 1939, identificado casi ochenta años después. Aunque no se publicitó la hora del entierro, cientos de personas aparecieron para acompañarla en ese momento. Había pasado muchos años luchando, muchos gobiernos democráticos para los que ella fue insignificante, muchos menosprecios parlamentarios, como el de Rafael Hernando, y toda clase de obstáculos que consiguió sortear gracias a un amor y una dignidad que la hicieron invencible ante todos los impedimentos que se interponían a su deseo de dar una sepultura digna a su padre.

Cuando el ataúd con los restos genéticamente identificados de Timoteo fue depositado en el nicho, estalló en la garganta de Ascensión un grito terrible, un profundo lamento que llevaba setenta y seis años incrustado bajo uno de sus pulmones, enquistado por un duelo nunca elaborado, por el transcurso de lustros repletos de abandono institucional, en los que la familia fue muriendo y depositando en ella la responsabilidad de dar nombre y digna sepultura a los restos de su padre.

Timoteo Mendieta le fueron a buscar a casa después de comer. Su participación sindical le había puesto en el punto de mira de los fascistas de Sacedón. Llamaron a la puerta y una niña de trece años, Ascensión, la abrió y cuando preguntaron por él señaló la habitación en la que estaba durmiendo la siesta. Se llevaron a Timoteo por la fuerza y lo encerraron en la cárcel de Guadalajara hasta el día en que lo sacaron para asesinarlo y lo enterraron en una fosa común.

Su viuda tuvo que empezar de cero, señalada, vigilada y castigada, viajaba a Madrid para vender, hacer trueques y conseguir algo que sus hijos se llevaran a la boca. Averiguaron dónde podía estar enterrado Timoteo, pero durante años tuvieron que tirar flores por encima de una tapia, porque los salvadores de España les impedían acceder a ese lugar.

Llegó la democracia y la ausencia del padre siguió presente, sin que el final de la dictadura hubiera supuesto la atención debida por parte del Estado democrática y oficialmente ‘reconciliado’. Ascensión y su hermana Paz iniciaron la búsqueda de ayuda en las instituciones, querían saber, querían terminar con la incertidumbre de ese padre que, como dijo Ascensión, “había pasado toda la vida bajo tierra”, toda la que le quitaron.

Falleció Paz y Ascensión no cejó en su empeño, acosada por un reloj biológico que no entendía de leyes de memoria, que no le sirvieron para nada, ni de vagas promesas políticas. Pasaron los años y fue capaz de cumplir los 88 subida en un avión, camino de Buenos Aires, para sumarse a la causa argentina abierta contra el franquismo el 14 de abril de 2010, interpuesta por Darío Rivas –recientemente fallecido– y por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Allí pidió ayuda a una jueza argentina que en aplicación del principio de jurisdicción universal había abierto una causa penal contra los crímenes de la dictadura.

Meses después, la justicia argentina ordenó la exhumación de Timoteo. Tras esquivar retrasos de la justicia española y del Ayuntamiento de Guadalajara, gobernado entonces por el Partido Popular, los voluntarios de la ARMH iniciaron la búsqueda, pero descubrieron que los restos de Timoteo no estaban donde el registro del cementerio aseguraba. Así que se llevó a cabo una segunda exhumación y entonces las pruebas genéticas, hechas con urgencia, dijeron quién era y dónde estaba Timoteo.

La exhumación fue financiada por la ARMH, por el sindicato ELOGIT de electricistas noruegos y la ayuda del Equipo Argentino de Antropología Forense. Colaboraron en ella forenses españoles, británicos y portugueses y entre el resto de personas voluntarias las había de varias nacionalidades. Faltaba, como había faltado en toda una vida de búsqueda, el Estado.

La lucha de Ascensión simbolizó el desamparo de las víctimas de la dictadura y la fortaleza de quienes vivieron vidas arrasadas por el fascismo. Su imagen frágil y su dulzura al hablar de su lucha empujaron a muchas otras familias a iniciar la búsqueda de un ser querido.

En el funeral de Timoteo, se oyó a Ascensión dar las gracias “por venir a un acto tan triste”. Su lucha permitió además identificar a otras treinta personas asesinadas en condiciones similares a las de su padre. Cuando el 19 de mayo de 2018 se entregaron en Guadalajara 25 cuerpos identificados, todos los familiares, al recibir los restos, agradecieron a esa frágil y enorme defensora de los Derechos Humanos de Sacedón la oportunidad que había creado con su lucha.

Durante muchos años, Ascensión vivió pensando en cómo habría muerto su padre; si fue al instante, si lo dejaron herido y ocurrió lentamente, incluso si pasó frío. Cuando no podemos despedir y cerrar el duelo tras la muerte de un ser querido, hay piezas que no encajan y que pueden ser arrastradas toda la vida. España es un país en el que cientos de miles de ‘Ascensiones Mendieta’ han muerto ignoradas por el Estado, escuchando discursos políticos que hablaban de reconciliaciones y de transiciones ejemplares mientras nadie les garantizaba verdad, justicia y reparación.

Cuando en el Cementerio Civil de Madrid, Ascensión sea enterrada junto a su padre, Timoteo, el eje del mundo se habrá desplazado una diminuta distancia para acercarse a la justicia. Pero seguiremos viviendo en un país en el que ninguno de los asesinos, que arrancaron de su siesta a personas que defendían el bien común para asesinarlos, se habrá sentado en un banquillo como acusado. Y esa realidad, esa terrible e insoportable injusticia, seguirá siendo una causa fundamental de muchas de las debilidades de nuestra democracia.

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Fotografía destacada: Familiares de Timoteo Mendieta acuden al cementerio con flores para honrarle – ARMH

Fuente:https://www.eldiario.es/zonacritica/Ascension-Mendieta-gobiernos-lecciones-dignidad_6_942865734.html

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Fallece Ascensión Mendieta, símbolo de la lucha de las víctimas del franquismo

La mujer consiguió que la Justicia de Argentina ordenara la exhumación de su padre, Timoteo, que estaba enterrado en una fosa común en el cementerio de Guadalajara tras ser fusilado por el régimen de Franco. Tenía 93 años.

publico.es / Alejandro Torrús / 16-09-2019

Ascensión Mendieta ya descansa en paz. La mujer, símbolo de la lucha de las víctimas del franquismo por recuperar a sus familiares, ha fallecido este lunes con 93 años. Mendieta consiguió recuperar los restos de su padre, Timoteo, de una fosa común ubicada en el cementerio de Guadalajara, donde fue enterrado por los franquistas tras ser fusilado en 1939.  Lo hizo gracias a la Justicia de Argentina y a la exhumación practicada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que fue financiada por el sindicato noruego de electricistas Elogit.

Deseo que me entierren con mi padre y pudrirme con él. Podré decirle ‘ya estamos juntitos'”, decía Ascensión a Público en una entrevista de enero de 2016, tras acudir a Buenos Aires (Argentina) a explicar su caso personalmente a la jueza María Servini, que instruye desde el país sudamericano la única causa que investiga los crímenes del franquismo.

Fue, de hecho, la Justicia de Argentina la que ordenó la exhumación de Timoteo Mendieta, un sindicalista de Sacedón (Guadalajara), que fue fusilado en 1939 por el franquismo. Pero el camino fue harto complicado. De hecho, en un inicio, la Justicia española desoyó el exhorto de Argentina y rechazó la exhumación. Pero Ascensión continuó luchando para recuperar los restos de su padre. Era lo que llevaba haciendo toda su vida. Se lo había prometido a su madre.

Finalmente, la Justicia española aceptó el exhorto de Argentina y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica se puso manos a la obra. Gracias, sobre todo, a la financiación del sindicato noruego de electricistas Elogit. Pero las dificultades continuaron.

La ARMH exhumó la fosa nº 2 del cementerio de Guadalajara, donde según la disposición existente, se encontrarían los restos de Timoteo. Pero ninguno de aquellos cuerpos pertenecía a Timoteo. La documentación también estaba equivocada. La prueba de ADN practicada en Buenos Aires así lo confirmaba.

Pero, otra vez más, Ascensión decidió continuar luchando. También la ARMH, que procedió a exhumar los restos de la fosa número 1. Existía la posibilidad de que la documentación hubiera ubicado mal el cuerpo del padre de Ascensión. Y esta vez, sí. Las pruebas de ADN determinaron que Mendieta había encontrado los restos de su padre, Timoteo. Tras alrededor de 78 años de búsqueda. De pensamientos. De anhelo.

Ascensión era la hermana pequeña de siete hermanos. Su miedo, tal y como relataba a Público, era morir sin haber cumplido el objetivo de su familia: devolver la dignidad a su padre sacándolo de la fosa común: “Mi madre no lo pudo cumplir y  mis hermanos tampoco. Espero sacarlo antes de que me muera“, dijo Mendieta a este periódico.

Y lo consiguió. Ascensión consiguió dar a su padre un entierro digno. En julio de 2017 la familia Mendieta, acompañada de alrededor de 2.000 personas, rindieron un más que emotivo homenaje a Timoteo Mendieta, que sería por fin enterrado en el cementerio civil de La Almudena, en Madrid. “Que no ocurre esto para nadieNunca más. Gracias a todos por venir a un acto tan triste”, zanjó Ascensión.

El cuerpo de Timoteo Mendieta, ahora sí, descansará en paz. En un segundo plano, la emoción a flor de piel de Ascensión.- REUTERS

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Fotografía destacada: Ascensión Mendieta durante el entierro de su padre, Timoteo Mendieta, asesinado en 1939 por las fuerzas del franquismo. REUTERS / Juan Medina

Fuente:https://www.publico.es/politica/fallece-ascension-mendieta-simbolo-lucha-victimas-franquismo.html

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Sole, la única guerrillera antifranquista que sigue viva

Esperanza Martínez primero fue republicana, luego maquis y después comunista. Tras ejercer de enlace, se echó al monte para escapar de la represión e ingresó en la AGLA. Lo pagó con tres lustros de cárcel. A sus 92 años, su memoria sigue viva.

publico.es / Henrique Mariño / 16-09-2019

En la almohada de su padre aparecían dos hoyos cada mañana. Mamá había muerto durante un parto y las chicas sospecharon que podría tener una amante. También faltaba comida, por lo que estaba claro que bajo aquel techo dormía alguien más. Sin embargo, pronto descubrieron que no era una mujer, sino un guerrillero, a quien Nicolás Martínez Rubio daba cobijo en su hogar. Ellas, alumbradas en un criadero del Frente Popular, también quisieron colaborar. Él había guardado hasta entonces el secreto para no exponerlas a la represión, pero no pudo evitar que también ejerciesen de enlaces.

Esperanza era la del medio de las Martínez: dos hermanas mayores, Amancia y Prudencia, ya casadas; y dos menores, Amada y Angelina, quien todavía vive. Durante más de dos años, la única guerrillera antifranquista que sigue viva caminaba quince kilómetros hasta Cuenca para aprovisionarse de víveres para los maquis de la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón (AGLA). La acompañaba Reme, cuyo hermano había pasado algunas noches en el pajar del caserío Atalaya, en Villar del Saz de Arcas, arrendado a un terrateniente por las Martínez. No acudían a comprar a los pueblos vecinos para no levantar suspicacias. La burra callaba.

“Esperanza era una buena amiga mía. Nunca me había dicho nada de ayudar a los del monte, ni yo a ella tampoco. Mi sorpresa fue que un día, hablando, supimos que las dos hacíamos lo mismo: en su casa ellos también les ayudaban”, escribió Remedios Montero en su biografía Historia de Celia. Recuerdos de una guerrillera antifascista (Rialla-Octaedro). “Saberlo nos hizo mucho bien, porque nos pusimos de acuerdo y juntas podíamos hacer más cosas. Éramos menos sospechosas”.

La incorporación a la causa de Esperanza Martínez García coincidió con la ley de bandidaje y terrorismo, promulgada por el dictador Francisco Franco en 1947 para combatir con furia a los emboscados. Entonces, los guardias civiles comenzaron a golpear su puerta, vestidos con harapos, haciéndose pasar por presos huidos o guerrilleros en apuros. La familia no cayó en la trampa de las contrapartidas, pero fue consciente de que no le quedaba otra que echarse al monte.

El padre, Nicolás, se convirtió en Enrique. Su cuñado Hilario César García Lerín, marido de Amancia, fue rebautizado como Loreto. Amada, diminutivo de Amadora, pasó a llamarse Rosita. Y Angelina, Blanca.

Reme, o sea, Remedios Montero, sería conocida como Celia. Su hermano mayor, Herminio, voluntario del Ejército republicano y luego encarcelado, fue el primero de la familia que se había sumado a la resistencia como Argelio. Su padre, Eustaquio, lo secundó como enlace tras cinco años entre rejas, al igual que su hermano pequeño, Fernando. Aquella casa de Mohorte fue otro destacado punto de apoyo en la serranía de Cuenca, hasta que la dejaron para adentrarse entre los pinares. Eustaquio ya era Ricardo y su hijo Fernando, Luis.

Esperanza Martínez, Remedios Montero y Amada Martínez, en la cárcel de Valencia, en 1956. / AGE

Las Martínez y los Montero sabían que si no los habían arrestado era porque la Guardia Civil pretendía, a través de la vigilancia de sus puntos de apoyo en el llano, cazar a los guerrilleros. De ahí su decisión de enrolarse en la AGLA en 1949, justo cuando la lucha se diluía. “Me vi obligada a huir para que no me detuviesen y me fusilasen, pero cuando me incorporé a la guerrilla ya se iba a desarticular”, recuerda Esperanza a Público. ¿Su misión? “Salvar la vida y resistir hasta el último momento”.

Sole le resta importancia a su papel, si bien su figura —como la de todas las mujeres del maquis, abajo y arriba— fue trascendental. La historiadora Mercedes Yusta Rodrigo sostiene en el libro colectivo Heterodoxas, guerrilleras y ciudadanas (Fernando el Católico) que fueron ellas quienes se ocuparon de las tareas de información, abastecimiento y cuidado, es decir, de la supervivencia de los escapados.

Además de tejer redes en un entorno aislado, sometido y desmantelado políticamente: “Son a menudo las que anudan y dan vida a esos lazos interpersonales e intracomunitarios que estructuran las comunidades rurales”, subraya la profesora de la Université Paris-8 en el capítulo Con armas frente a Franco. Mujeres guerrilleras en la España de posguerra. Unos vínculos familiares y sentimentales que también fueron ataduras, pues las convirtieron en “objetivos de la represión”.

Curiosamente, la presencia femenina en el monte también fue cegada por los propios fugados. Yusta destaca una entre varias razones. “Mantener la férrea imagen de moralidad que la guerrilla comunista quería dar de sí misma: en otras zonas de España en las que el peso comunista en los grupos armados era menor, como en León-Galicia, no parece existir esa preocupación por la imagen de rectitud moral y la presencia de mujeres en los grupos armados no fue ocultada sistemáticamente”.

Sole habla de una convivencia con sus compañeros basada en el respeto y la igualdad. Ellas no cocinaban, aunque tampoco vigilaban ni se encargaban de los suministros para no ser localizadas por la Guardia Civil. “Aquel tiempo resultó durísimo”, recuerda. “Por mucho que se diga, el monte no se puede fotografiar. Ibas de un sitio para otro y, cuando menos te lo esperabas, asaltaban el campamento y tenías que salvarte de aquella persecución escondiéndote entre los pinos. Fue terrible”.

Quico, Amada y Esperanza Martínez, en 2015, posan en el lugar donde fue enterrado su padre, Nicolás. / AGE

Martínez ejercita su lucidez y hace gala de una memoria prodigiosa. “Nací el 27 de abril de 1927 y aquí me tienes, pasando el tiempo con los libros y el ordenador”, responde al teléfono desde su casa de Zaragoza. Tiene noventa y dos años, si bien ella dice que va para noventa y tres, porque alguien que ha vivido en la clandestinidad y perdido tres lustros entre rejas puede presumir de soplar velas. La Esperanza es lo último que se muere.

En el monte, ella se concienció políticamente y en 1950 ingresó en el PCE. Amada y Angelita aprendieron allí a leer y a escribir. Sin embargo, los puntos de apoyo fueron cayendo y los maquis sufrieron un hostigamiento sin tregua. A su padre y a su cuñado los mataron en asaltos, la misma suerte que corrieron los hombres de Remedios: primero, su hermano Herminio; luego, el pequeño Fernando —quien, a sus dieciséis años, llevaba pocos meses en la Agrupación Guerrillera de Levante y Aragón—; y finalmente, el cabeza de familia, Eustaquio.

El padre de los Montero falleció en 1951, cuando Esperanza y Reme se exiliaron en París, donde vivieron con dos familias comunistas francesas hasta que recibieron órdenes del PCE, para el que ejercían de enlaces. Su misión: evacuar a los guerrilleros que aún permanecían en España.

Pero la cosa se torció: la Guardia Civil le pisaba los talones a Celia y el partido le pidió a Sole que la encontrase para que no la detuviesen. Durante el viaje en tren, con destino Salamanca, la acompañó un guía que no le inspiraba confianza —en realidad, era un infiltrado— y fue detenida a la altura de Miranda de Ebro. Reme también cayó.

¿Por qué cruzar la frontera cuando ya era libre? “Yo no estaba a salvo, sino en Francia bajo las órdenes del PCE, que fue la defensa principal durante la República, la contienda y la posguerra”. ¿Pero no era consciente del riesgo? “El partido me mandó a recoger guerrilleros y me vine a hacerlo”. ¿Se arrepiente de haber regresado, sabiendo que le esperaría la cárcel? “Claro que no me arrepiento. No fui engañada, sino que lo hice por voluntad propia. Me sume a una causa, la defendí y la sigo defendiendo”.

La causa es la República: “Esta democracia tiene mucho que mejorar. Ahora tenemos tres derechas en vez de una. Hay que respetar la opinión de cada uno. Sin embargo, yo critico a la derecha por su comportamiento, no por ser derecha. O sea, por todo lo que hizo, empezando por la sublevación del 36”.

Esperanza fue sometida a dos consejos de guerra en Valencia y en Burgos. En el primero fue condenada a veinte años y un día de cárcel por un delito de “bandidaje y terrorismo”. En el segundo, a veintitrés años, cuatro meses y un día por “espionaje y comunismo”. Cumplió quince en los penales de Burgos, Madrid, Valencia y Alcalá de Henares, donde coincidió con Amada y Reme.

En su taller, confeccionó capotes para la Guardia Civil y uniformes para la Policía con el objetivo de rebajar la condena, aunque no se daba mucha prisa cosiendo para no alimentar la maquinaria de explotación laboral del franquismo, ni para contribuir a aquella economía sumergida y esclavista del régimen.

Esperanza Martínez (a la derecha), en un taller de la cárcel de Alcalá de Henares, en 1962. / AGE

¿Qué la mantenía viva en la cárcel?

“Era consciente de mi obligación. Mi dignidad estaba por encima de todo”.

“Me encerraron por defender la República y su legalidad vigente, atacada por la sublevación de la derecha”.

“Pero nunca me arrepentí de nada, ni tengo que hacerlo, porque luché por mantener mi dignidad. O sea, por seguir siendo la misma persona”.

“A ver, en prisión no se piensa ni se sabe nada de lo que pasa en la calle, porque la comunicación es escasa”.

Mejor no hablar de su paso por la Dirección General de Seguridad, cuyos sótanos de su sede en Madrid eran un centro de torturas. “Mucha gente no ha salido. O ha salido mal. O ha muerto nada más salir. Hay muchas cosas que no se soportan fácilmente”.

¿Su experiencia? “Estuve bastante tiempo metida allí, pero no tengo nada bonito que contar de aquello, ni de la comisaría de Valencia, ni de la Policía en general. Salvo raras excepciones, no guardo ningún buen recuerdo”. La memoria es selectiva y Esperanza conserva intactas sus razones para recuperar unas causas que se resiste a olvidar.

Primera: darle voz a los ausentes, con la palabra oral e impresa. “Yo no soy escritora, ni tengo una gran cultura, porque no tuve tiempo para estudiar”. Caminaba cinco kilómetros para ir a la escuela, que tuvo que abandonar. “Escribí Guerrilleras, la ilusión de la esperanza (Latorre Literaria) porque quería reflejar la política social en los calabozos de Madrid y Valencia, así como homenajear el legado de los que se quedaron por el camino”.

Segunda: los antifranquistas que no estaban en la vanguardia de la lucha, desarmados en el llano o víctimas de la sinrazón, cuya factura fue demasiado cara. “Reivindicamos a los puntos de apoyo, que sufrieron más que nosotros, así como a otra gente, presa y represaliada, que no pudo contarlo”.

Tercera: el asesinato de su padre y de su cuñado. “Los mató el franco-falangismo. La culpa no sólo la tuvo el dictador, sino también los falangistas, quienes encabezaban la represión. ¿Perdón pero no olvido? “Yo perdono a todo el mundo. A pesar de los pesares, no tengo odio, rencor ni castigo para nadie. Al contrario, sólo exijo justicia”.

Cuarta: la mujer, olvidada como protagonista de la resistencia. “Seguimos sin recuperar una historia que quieren dar por perdida y que sigue sin reconocerse jurídicamente. Nosotras estamos, en esta democracia tan demócrata, peor que en un segundo plano. Los hombres siguen llevando el control de todo, cuando debería ser compartido, porque hay muchas mujeres capaces”.

Quinta: aquella España que no pudo ser. Una República, pese a los peajes, que a su juicio estaba transformando el país. Cuando salió a la calle, irreconocible, lo que la obligó a volver a aprender. Como había hecho cuando se echó al monte, tiempos de lecturas y aprendizaje político, y cuando la metieron en prisión, donde hizo un curso por correspondencia de cultura general y estudió francés. “La España que yo dejé no es la España que me encontré al salir. Era un mundo nuevo. Diferente. Desconocido”. No sabía lo que era un teléfono, ni tampoco aquel dinero acuñado con la efigie del Generalísimo. “En la cárcel no teníamos nada. Por eso son cárceles”.

Sole (segunda por la derecha), en la cárcel de Alcalá, en 1961. Portada de la autobiografía de Esperanza Martínez.

Esperanza es una histórica del PCE aragonés, con el que ha colaborado hasta que la salud limó su presencia en los actos del partido. Fue del ¡OTAN no! También del ¡O todos o ninguno!, que llevó a prisión a tantos insumisos, entre ellos su hijo: “Él peleó por su causa y yo lo apoyé. Su problema fue posicionarse contra el franquismo y contra el Ejército, que son para matar, y él no quería matar a nadie”.

Vladimiro, como Lenin, aunque su nombre no casa con sus ideales. “No piensa lo mismo que yo, pero también es revolucionario [se declaró objetor de conciencia con sólo dieciséis años]. Está en la izquierda y ambos nos respetamos y nos queremos”. Atrás ha quedado la lucha a pie de calle, si bien Esperanza sigue ejerciendo como presidenta de Archivo, Guerra y Exilio (AGE): memoria, derechos y resarcimiento para las víctimas de la larga noche de piedra.

“Si viviésemos en otro país, sería un guion de película”, cree Esther López Barceló. “La historia de una mujer sencilla y una activista indómita debería ser una referencia para la sociedad actual. Es una pérdida enorme en términos colectivos, porque había más ejemplos como Esperanza, aunque no las conocemos”, añade la autora del libro Testimonio de la memoria, editado por la AGE del País Valencià. “Sole y ellas escapan a lo que se esperaba de las mujeres, tan valientes y comprometidas con la realidad”.

Republicana. Guerrillera. Comunista.

“Es un caso paradigmático. Pasó de ser enlace a maquis. Y, tras ser detenida, la llamaban Puta Pasionaria, porque para la derecha era el arquetipo de lo que no podía ser una fémina. Es quien mejor representa a la mujer resistente para el franquismo. De hecho, luego fue una militante activa del PCE, manteniendo viva la llama de la memoria y de su militancia”, explica a Público López Barceló, exdiputada de Esquerra Unida en el Parlament valenciano.

Sin embargo, Sole fue silenciada por la dictadura y la transición. El partido tampoco ayudó a la recuperación de la figura del guerrillero como la mohicanía del antifranquismo. No obstante, algunos partisanos tricolores fueron aflorando lejos de las cunetas a lo largo de los años: Camilo de Dios, Luis Trigo O Gardarríos y, claro, Quico, el último maquis del Bierzo. “Sin embargo, ellas no se presentaban como referentes, sino que el protagonismo correspondía a sus camaradas, que comenzaban a salir a la luz”, explica la historiadora alicantina, quien reconoce que glosó la figura de Esperanza por recomendación del propio Francisco Martínez.

“Escribí Testimonio de la memoria porque él me pidió que hiciese un trabajo sobre las voces de las mujeres en la guerrilla, porque estaba absolutamente concienciado de que sus compañeras habían sufrido un doble olvido. De hecho, Quico no sale en el libro porque quería que las protagonistas fuesen ellas. Así, le doy la palabra a mujeres de diferentes generaciones, porque quería representar como se había transmitido la memoria de unas a otras”, comenta Esther López.

Mujeres que no se atribuyen ningún mérito, como Pilar, la hermana de Quico, quien se extraña cuando la historiadora se interesa por sus acciones heroicas, pues entendía que había hecho lo que correspondía. “O sea, lo normal”, añade la exparlamentaria de Esquerra Unida. “Todo el tiempo le quitaban importancia a una experiencia desgarradora y a su propia trayectoria”. Algo que puede responder a la humildad o al silencio, que es el miedo cuando calla, aunque atrás haya quedado todo.

Sole, Joan Tardá y Quico, en una asamblea de Archivo, Guerra y Exilio. / AGE

No deja de sorprender, sin embargo, que aquellas luchadoras hayan ido falleciendo sin ningún foco que las alumbrara, apenas la clarificadora mortaja de los suyos, incombustibles activistas y familiares de las víctimas. Como Moncho Hermida, encargado de difundir en julio el pasamiento de Consuelo Rodríguez Chelo en la Bretaña, adonde se había exiliado.

“El patriarcado, pese a su evolución positiva, también ha estado presente en la política de la izquierda. El activismo de la memoria ha tardado en reconocer a estas mujeres, quienes fueron doblemente represaliadas: por militantes comunistas o antifranquistas y porque no se adaptaron al canon de mujer sumisa establecido por el régimen”, razona López Barceló.

Republicana, guerrillera, comunista, torturada y presa.

“No tengo nada bonito que contar de aquello”, insiste Esperanza.

De nuevo, una violencia multiplicada: sus cuerpos y las palizas; sus entrañas y las violaciones.

“La represión que golpeó a los republicanos revistió un doble (o triple) significado en el caso de las mujeres. Las que habían tomado parte en actividades de carácter político fueron castigadas como rojas, pero también en tanto que mujeres que habían transgredido su papel de género y que habían traicionado, por tanto, su naturaleza femenina. Fueron castigadas en ese cuerpo de mujer que habían desnaturalizado: rapadas, purgadas, violadas”, escribe Mercedes Yusta en Heterodoxas, guerrilleras y ciudadanas.

No obstante, algo que llamó la atención a Esther López durante sus encuentros con Sole fue la necesidad de matizar que fue apaleada, mas no forzada, lo que según ella evidencia la violencia sexual como arma de posguerra.

“Enseguida se lanzó a dejarme bien claro que no la habían violado, porque en el franquismo era algo que estaba muy presente. Escaparse de eso resultó liberador, pues no era lo habitual”, subraya la autora de Testimonio de la memoria.

Esperanza reconoce que se habría suicidado en los sótanos de la Puerta del Sol para evitar las torturas, pero no pudo. En cambio, cuando estaba en la clandestinidad, iba armada. No tanto para atacar, sino para evitar lo inevitable en el caso de que fuese acorralada en el monte. “Era una pistola pequeña, de 9 corto, para defensa propia o para pegarme un tiro antes de que me detuviesen”.

“No la utilicé, ni falta que hizo”.

Portar un arma tenía sentido: el del sinsentido. En una entrevista de 1995, citada por Yusta en su libro, recordaba aquellas palabras que salieron de la boca de su padre: “Si os veis mal, si alguna vez os hieren, si os dejan malheridas o lo que sea, mataos, que no os cojan vivas. Por lo menos, que no os cojan vivas”.

No hace falta que Esperanza explique los motivos, recogidos en Con armas frente a Franco. Mujeres guerrilleras en la España de posguerra: “Él tenía terror a que nos cogieran vivas, porque sabía lo que eran capaces de hacer. Y le horrorizaba pensar lo que pudieran hacer con nosotras. Entonces prefería vernos muertas a que nos cogieran vivas y pudieran hacer barbaridades con nosotras, que es lo que han hecho con mucha gente”.

Esperanza Martínez y Manuel Gil, ya fallecido. / PCE ARAGÓN – AGE

El guion al que alude Esther Barceló daría para más metraje: en 1967 salió en libertad condicional y se fue a vivir con su hermana Amancia a Manresa, donde aún reside Angelina, quien no goza de tan buena salud como Esperanza pese a tener seis años menos. “Está mayor que yo física y políticamente”. Aquella Blanca de la resistencia podría considerarse la última maquis, pero Sole matiza que estuvo muy poco tiempo en el monte, hasta que encontró refugio en el punto de apoyo de Adelina Delgado, la Madre. “Ahora está un poco pocha”.

Quien le había dado a luz, Matilde, tenía 38 años cuando murió durante un parto. Ella fue madre pasados los cuarenta: “Es un hijo excelente”. Fruto de su relación con Manuel Gil, obrero del metal zaragozano, cuatro veces encarcelado, padre en 1970, aunque conoció al crío cuando éste ya había cumplido tres años. Esperanza lo conoció por una carambola epistolar, que la llevó a visitar tiempo después de la cárcel al Movimiento Democrático de Mujeres de la capital aragonesa, con las que se había carteado. Allí se encontró con el histórico del PCE local y fundador de Comisiones Obreras, fallecido en 2014.

“Fue una historia bonita. Nos casamos en la cárcel de Torrero. ¡La primera boda civil de Zaragoza! Todavía con Franco, cuando el clero no las permitía. Una ceremonia rápida, ligera y estupenda: duró minutos”, sonríe Esperanza, Sole en el monte, Conchita en la clandestinidad, Consuelo Pallarés cuando fue detenida en aquel tren cerca de Miranda de Ebro.

Lo volverá a contar en la reedición de su biografía, que tiene previsto presentar en breve en Zaragoza, de la que es hija adoptiva. Cambiará el título original por Guerrilleras: recuérdalo tú y recuérdalo a otros, que hace referencia a un verso de 1936, el poema que Luis Cernuda dedicó a un brigadista internacional.

Que aquella causa aparezca perdida
nada importa;
que tantos otros, pretendiendo fe en ella,
sólo atendieran a ellos mismos
importa menos.
Lo que importa y nos basta es la fe de uno.

Sole, en 2011, ante el verso de Luis Cernuda que dará título a reedición de su biografía. / J. NAVARRO (PÚBLICO)

“Cuando era prácticamente una niña y se sube al monte, sorprende su conciencia política con tan poca edad, sin ni siquiera leer ni escribir bien”, subraya López Barceló. “Y luego, ya en Francia, decide que no puede quedarse allí con su vida tranquila sabiendo que sus compañeros se están jugando el pellejo. Por eso, decide hacer una vez más de enlace y sacarlos de España, aunque termine siendo detenida”.

En su libro, donde rinde homenaje a otras luchadoras antifranquistas, la historiadora alicantina refleja a lo que se exponían si caían en manos del régimen. “Los castigos fueron horrorosos y las mujeres han sido las más perdedoras”, rememoraba Esperanza. Durante la entrevista, insistía en que otras habían corrido peor suerte: “Me devolvían ya negra, con la camiseta pegada al cuerpo de lo que se me reventaba de los coágulos de sangre. No me han violado”. Mercedes Yusta, citando a otros autores, habla de la “específica marginación y opresión” a la que el franquismo las sometió.

Sin embargo, al contrario de la pretendida cosificación por parte de la propaganda franquista, las mujeres tomaron conciencia en el monte, tanto política como de género. En Con armas frente a Franco, la profesora de la Université Paris-8 califica su militancia como una liberación a través de una causa que “les permitió acceder (aunque fuese dolorosamente) a formas de emancipación política y personal que no estaban permitidas, en general, a las mujeres vencidas en la España rural de posguerra”.

“Si su experiencia en las guerrillas fue revolucionaria, no fue tanto por el hecho de que portaran armas […], cuanto por el hecho de vivir una experiencia de aprendizaje político que les permitió dar nuevas orientaciones y significados a sus vidas, transformando el afecto, el temor y el duelo en compromiso político”, añade la también autora de La resistencia armada contra el régimen de Franco en Aragón (Universidad de Zaragoza).

La propia Remedios Montero lo refrendaba en su autobiografía, donde describe su cometido en el llano: suministrarles comida, medicinas, ropa e información de las fuerzas de seguridad a los maquis. Arriba, participó en la toma de decisiones y no sintió diferenciación alguna: “Nuestra vida en el monte era igual que la de ellos, el macuto siempre a la espalda y el arma dispuesta por si se necesitaba. Afortunadamente nosotras nunca tuvimos que utilizarla. No había ninguna discriminación ni tratamiento especial por ser mujeres. Teníamos buenos maestros y dábamos clases de capacitación cultural, política y todo cuanto nos pudiera cultivar más y mejor”.

Esperanza Martínez, hija adoptiva de Zaragoza, junto al exalcalde Pedro Santisteve. / AYUNTAMIENTO DE ZARAGOZA

Historia de Celia. Recuerdos de una guerrillera antifascista es el testamento que desmonta las acusaciones de algunos autores afectos al régimen, que las tacharon de “amantes” o “prostitutas” de los emboscados. “El franquismo ha querido desprestigiarnos haciendo ver que sólo estábamos allí para entretenimiento y satisfacción de los hombres de la guerrilla, pero pese a tantos y tantos palos que hemos recibido al detenernos porque querían que así lo dijéramos y quedase constancia en los expedientes, nunca lo consiguieron”, escribe Reme.

“Y hemos dejado bien claro ante todos esos torturadores que nunca hemos sido más respetadas en la vida por nadie como nos respetaron ellos. Allí aprendimos con su gran ayuda que la mujer puede ser igual al hombre y tener los mismos derechos en todo”, concluye Montero, quien inspiraría a la escritora Dulce Chacón para concebir La voz dormida, llevada al cine por Benito Zambrano.

El relato de Esperanza también alimentó esa novela, así como el filme de Montxo Armendáriz Silencio roto y los documentales La guerrilla de la memoria, de Javier Corcuera, y Esperanza Martínez, una luchadora por la libertad, de Amparo Bella, Régine Illion y Concha Gaudó, integrantes del Grupo de Historia del Seminario Interdisciplinar de Estudios de la Mujer (SIEM), de la Universidad de Zaragoza.

Hay escenas de ese guion todavía no escrito al que alude Esther López que se han quedado fuera de la cinta. Algunas podrían ser recreadas por la historiadora Dolores Cabra, quien ya dejó su huella en la autobiografía de Sole.

“Fue resistente contra la dictadura franquista en la lucha guerrillera, fue presa durante quince años, fue militante organizada en la lucha clandestina, fue una de las muchas mujeres que supo salir a la luz del día y a la calle a cara descubierta cuando la dictadura iba llegando a su fin, pero aún seguía reprimiendo a sangre y fuego”, señala la secretaria general de AGE. También critica, en tiempo presente, que los gobernantes no hayan honrado “la memoria de los últimos soldados de la República”, quienes “lucharon con sus escasas armas y los más pobres medios, en montes y ciudades, hasta bien entrados los sesenta”.

El historiador Francisco Moreno Gómez también ensalza su figura en Guerrilleras, la ilusión de la esperanza, cuya próxima reedición rellenará el vacío de las estanterías, pues hoy apenas se encuentra en contadas librerías, como la madrileña y libertaria LaMalatesta. “Las mujeres republicanas fueron el alma de la retaguardia y de las labores de enlace y colaboración. Fueron las auténticas guerrilleras del llano, sin cuya labor la guerrilla propiamente dicha no hubiera sido posible”.

Pusieron su vida al servicio de un ideal, a la espera de que los acontecimientos de aquella Europa en guerra pudiese devolver a su país un Gobierno republicano y progresista, que nunca llegó. “El alma de la intendencia de la guerrilla y de los puntos de apoyo”, en palabras de Moreno, quien recuerda que muchas murieron por la causa. “Esperanza Martínez tuvo, al menos, la suerte de salvar la vida, y con ello nos ha salvado la memoria, nos ha salvado la historia y nos ha salvado el honor y la dignidad de una lucha democrática”.

Por ello, Esther, Quico, Dolores, Francisco y Mercedes exigen un reconocimiento de las voces de las sin voz.

“Ni odio ni rencor”.

“A pesar de los pesares”, suspira Esperanza.

“Sólo reivindico justicia”.

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Fotografía destacada: La guerrillera antifranquista Esperanza Martínez Sole, de 92 años. A la derecha, en la cárcel de Alcalá de Henares. / AGE

Fuente:https://www.publico.es/politica/sole-unica-guerrillera-antifranquista-viva.html

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Libertarias de paseo por León

Las mujeres libertarias quedaron eclipsadas a la sombra del compañero, del hermano o del padre. Y el franquismo remató la faena con su campaña de desprestigio a los republicanos en general y a la guerrilla en particular. Fueron tildadas de «queridas de los bandoleros», «putas de los rojos», «barraganas del monte», «marimachos» o «tiorras», entre otras lindezas.

diariodeleon.es / Ana Gaitero / 11-09-2019

«Desde el momento en que llegamos allí no éramos mujeres, éramos camaradas exactamente igual que ellos, con nuestro macuto al hombro. Y estuvimos dos años». Es el testimonio de Celia, una guerrillera antifascista.

El Encuentro de Escritos Libertarios de León las saca de paseo por León el sábado con la cabeza alta y sus biografías rescatadas del olvido en diferentes investigaciones. La segunda ruta anarquista parte de la plaza del Bierzo el sábado 14 a las 11.00 horas. Cincuenta minutos y cuatro kilómetros de recorrido se llenarán con las voces y las semblanzas de «mujeres luchadoras, activistas, guerrilleras…» que en muchos casos pagaron con la vida sus «ideales de justicia y libertad universales».

Adoración Campo Cañedo es la primera leonesa del recorrido. Es considerada la primera mujer que se enrola en la guerrilla en León. Desde 1940 anduvo con la partida del cenetista Dalmiro Alonso García en la zona de Arganza y Cacabelos. En 1947 logró huir con otros guerrilleros del tiroteo de la Guardia Civil en Paradiña, donde quedaron atrapados. Tal y como ha desvelado el historiador Secundino Serrano, esta guerrillera se declara en rebeldía en dos causas abiertas por el régimen y logra huir del Bierzo a Bilbao con parte del grupo en taxis. Luego pasarían a Francia camuflados entre los aficionados de un equipo de fútbol que viajaban en el tren.

Consuelo Alba Digón‘Chelo’, la última guerrillera de León, aunque era natural de Cervantes (Lugo), falleció este verano a los 99 años en la isla de Ré, en la costa atlántica francesa. «Estaba Guillermo, estaba Elvira, estaba Mario, estaban todos allí… Estaba Girón… y también estaba Chelo. Murió el 17 de julio, la víspera del aniversario del golpe de Estado de Franco. Poco después su marido fue asesinado. Con dos hijos en la guerrilla vivía con tal presión que decidió echarse al monete y sumarse a la partida de Abelardo, uno de ellos. Detrás fue el resto de la familia Segundo y sus otros hijos Jovino, Baldomero, Florinda y Domitila Gutiérrez Alba. Uno tras otro vio cómo iban cayendo. Logró exiliarse a Francia pero regresó a Barcelona en 1947 y fue detenida, juzgada y condenada a 20 años de prisión.

Alpidia García Morán, Marutxa, había comenzado a prestar su ayuda a la guerrilla tras la muerte de su marido. Se unió a su compañero en octubre de 1943, después del ataque a su casa en Sobrado, donde estaba escondiendo a un grupo de guerrilleros, entre ellos Edelmiro Alonso García y Manuel Gutiérrez Abella. Murió en combate el 17 de marzo de 1949 en Villasinde junto a otros guerrilleros como Abelardo Macías Fernández, El liebre.

La gallega Carmen Jerez Rodríguez era la compañera de este guerrillero cenetista. Fue detenida el 25 de julio de 1946 por unos guardias que llegaron a su casa disfrazados de guerrilleros en busca de El Liebre. «Como no lo consiguieron, fue arrestada y estuvo durante dos meses en el cuartel de la Guardia Civil de la Rúa–Petín», señalan. Encarcelada en Ponferrada, cuentan que «la violaron durante meses, y después le dieron muerte a tiros». Su cadáver apareció en Montearenas, muy cerca de Ponferrada, donde fueron ejecutados numerosos antifranquistas.

La segunda parada se hará en la plaza de San Marcos, para recordar a todas las prisioneras que fueron víctimas de este campo de concentración. Entre ellas, destacan a dos libertarias, La sirvienta Ana María Melón, de 23 años, condenada a pena de muerte por hacer propaganda de las ideas socialistas, por portar la bandera comunista y por ser afiliada de las Juventudes Libertarias y del Socorro Rojo Internacional. Según recogen de la investigación llevada a cabo por la historiadora Beatriz García Prieto a esta mujer también se le acusó de acompañar en los parapetos del frente a los milicianos rojos, a los que asistía sanitariamente, y llevar pistola al cinto.

De Nieves Rodríguez Cañón destacan el testimonio que ofreció de su tía, a la que le arrebataron el bebé con el que ingresó en prisión. Su madre, Tomasa, se negó a que las monjas la sacaran del campo de concentración para llevarla al hospicio y esperó a que la recogiese una prima suya. «Las mujeres de la familia Cañón, no solo sufrieron la represión directa sobre ellas, sino que también fueron víctimas de la represión sobre los hombres de la casa, los cuales fueron, todos menos uno (seis de siete), asesinados por los falangistas en Casares», añade García Prieto.

El peregrinaje de la faberense Jesusa Pérez Granja por siete cárceles deja constancia de los sufrimientos de las represaliadas: «Comíamos un agua para desayunar y un trocín de pan negro. A mediodía un cazo de fabotas y agua que nos traían. En la celda no teníamos nada», apunta el trabajo de Alicia Pérez García.

En la plaza de la Pícara Justina serán recordadas tres mujeres —Terencia, María y Fidela Cuñado Fernández— que de Gordoncill emigraron a Argentina y empuñaron la pluma en una revista anarquista, tal y como desveló Javier Revilla Casado. Ocurrió antes de la Guerra Civil, pues fue en 1922 cuando salió a luz Nueva Tribuna que a lo largo de 39 números reclamó la emancipación de la mujer y el narquismo como la única vía para hacerla realidad.

El caso de Lucía Blanco García, de Villarrabines, también se visibiliza en esta parada. A la caída del frente norte, siguió a su compañero Jacinto Rueda Pérez, que era miembro del comité de propaganda del interregional de Asturias, León y Palencia de la CNT. Al finalizar la guerra ambos fueron encerrados en el campo de concentración de Albatera, de donde consiguieron salir con documentación falsa que les preparó el comité de evasión de la CNT. Se establecieron en Villarrabines y luego abrieron la gestoría Rueblan en la avenida de Roma de León. Su marido fue detenido varias veces y torturado de tal manera que tuvo que ser ingresado en el Hospital San Antonio, donde murió, antes de ser juzgado, el 22 de octubre de 1949.

En la calle Padre Isla se hace parada para relatar el exilio y en particular el de Aurora Tejerina, hija del célebre anarquista leonés Laurentino Tejerina, que estuvo al mando del Batallón 206 de anarquistas y murió como un topo en la casa en la que estaba escondido en Viloria de la Jurisdicción. «En España no se ha hecho justicia. La ley de memoria histórica es muy escasa. Hay una España asesinada y robada a la que no se ha dignificado ni resarcido», declaró en Diario de León en la visita que realizó en 2009. Aurora Tejerina logra reunirse en 1947 con su madre y sus hermanas en Francia. Milita en el anarcofeminismo.

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Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/sociedad/libertarias-paseo-leon/201909110202491937772.html

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Entrevista al historiador Francisco Espinosa Maestre: “La represión franquista ha sido blanqueada desde su origen”

“Profundizar en el estudio de la represión equivale a preguntarse una y otra vez cómo la oligarquía se preparó y preparó a sus adictos para la terrible matanza a la que se entregaron con dedicación total a partir del 18 de julio”, afirma el historiador Francisco Espinosa Maestre en la parte final de La justicia de Queipo (2000). En el libro abordaba la violencia y el terror fascista en las provincias de Sevilla, Huelva, Cádiz, Córdoba y Badajoz; el autor trabajó principalmente sobre los documentos del antiguo Archivo de la Auditoría de Guerra de la II Región Militar, lo que supuso una “auténtica bajada a los infiernos”.

sahara-occidental.net / Enric Llopis / 08-09-2019

Francisco Espinosa Maestre (Villafranca de los Barros, Badajoz, 1954) es autor de más de una decena de libros (en solitario) sobre la Segunda República, la guerra de 1936 y la represión franquista, entre otros La primavera del Frente Popular. Los campesinos de Badajoz y el origen de la guerra civil (Crítica, 2007) y Lucha de historias, lucha de memorias. España, 2002-2015 (Aconcagua, 2015). Fue asimismo, entre 2005 y 2010, director científico del proyecto Todos los Nombres, base de datos promovida por el sindicato CGT y la asociación Nuestra Memoria, que informa sobre los represaliados por el franquismo en Andalucía, Extremadura y Norte de África. El historiador sostiene que la represión franquista fue blanqueada desde su origen, en julio de 1936. ¿De qué modo han avanzado, en ese contexto, las pesquisas historiográficas? “Muy lentamente, ya que siempre ha existido desde el poder una actitud contraria a esas investigaciones; se han hecho contra corriente”, apunta Espinosa Maestre en la entrevista realizada por correo electrónico.

-La Universidad de Alicante borró -de determinados artículos publicados en su página Web- el nombre del secretario judicial que intervino en el Consejo de Guerra que condenó a muerte al poeta Miguel Hernández, en 1940; así, la universidad atendía a la petición de un descendiente del militar que actuó como secretario, y que se acogió a la legislación sobre protección de datos. ¿Qué puso de relieve esta resolución de la Universidad? (la institución universitaria después rectificó y anuló el borrado).

Pone de relieve que todo lo que tan costosamente se ha avanzado desde la transición en un campo tan oscuro como el de la represión puede desaparecer de un momento a otro. Roza el esperpento que el hijo de un individuo que formó parte del aparato represivo judicial militar fascista solicite a una Universidad que se oculte de ciertos artículos de su página web el nombre del padre y que alguien en la Universidad decida hacerle caso. Como no le gusta que el nombre de su padre aparezca relacionado con un consejo de guerra del que fue secretario quiere borrar el pasado retocándolo. Pero la farsa no acaba aquí, ya que a continuación es la propia Universidad de Alicante la que decide validar la decisión [Parece que posteriormente han dado marcha atrás]. El hecho es grave en sí y plantea un oscuro panorama, ya que abre la posibilidad de que otros sigan el ejemplo. Imaginemos por un momento el caso contrario: que descendientes de personas que aparecen en la Causa General solicitasen al Ministerio de Cultura que se ocultasen sus nombres en Internet…

¿Qué tipo de discursos se han utilizado para blanquear la represión franquista y la dictadura? (en libros y artículos has citado, entre otros, el de una supuesta “tercera España” situada entre los llamados dos bandos o afirmaciones como “todos los muertos son iguales”).

La represión franquista ha sido blanqueada desde su origen. Lo primero que se hizo fue justificarla mediante dos procedimientos: inventarse una revolución comunista en marcha a la que se anticipó la sublevación militar y propagar sin cesar que si los rojos no llevaron a cabo sus planes criminales fue porque no les dio tiempo. La ausencia de un terror rojo propio que justificara las matanzas que existieron en todos sitios se suplió con macabras historias que la prensa favorable al golpe hizo circular siguiendo las instrucciones de los Servicios de Propaganda. En su mayor parte eran falsas pero cumplieron la función para la que fueron creadas: asumir en cada lugar un terror que asustaba a los sectores menos radicales de las propias derechas y que nadie pudo imaginar previamente.

-¿Y qué ocurrió después, a lo largo de la dictadura franquista?

Se mantuvieron vigentes los resultados de aquella aberración jurídica denominada la Causa General, un proceso judicial realizado tras la guerra destinado a justificar el golpe y la represión. Pero los resultados fueron tan decepcionantes que nunca se publicaron completos, sino solo selectivamente en un conocido libro que tuvo decenas de ediciones. Las investigaciones realizadas fuera de España desde los años sesenta abrieron otro panorama que afectó de lleno a la cuestión represiva. Cada vez se percibía más claramente que las proporciones de la matanza llevada a cabo por los golpistas superaban ampliamente las cifras de la propaganda franquista. En ese contexto encaja el intento del general Salas Larrazábal con sus Víctimas de guerra (1977) de reconocer un mayor número de víctimas de la represión franquista sin dejar de afirmar que los rojos asesinaron más.

Todo esto saltó por los aires con las investigaciones realizadas desde fines de los setenta, que fueron demostrando, provincia a provincia, la realidad represiva en toda su magnitud tanto de las zonas controladas por los sublevados como de las que permanecieron en poder de la República. Todo ello muy lentamente, ya que siempre ha existido desde el poder una actitud contraria a estas investigaciones. Se han hecho contra corriente. Este proceso confluyó en cierto momento con el movimiento en pro de la memoria, que tuvo su apogeo en la década pasada y que supuso una catarsis para la sociedad española, que al fin veía ante sí las fosas comunes y las exhumaciones. También aquí surgió la reacción, primero a través de los revisionistas promocionados por el PP y la derecha mediática desde fines de los años noventa y más tarde desde ciertos departamentos universitarios. A grandes rasgos cabe afirmar que la Universidad, poco implicada en esta historia y fiel a su tradicional conservadurismo, prefería otras temáticas menos delicadas. Al mismo tiempo se asistió al resurgimiento del mito de la Tercera España, en este caso jaleada por una serie de novelistas relacionados por lo general con el grupo PRISA y cuya misión ha consistido en igualar ambos bandos, rojos y azules, salvando una supuesta España ideal y virtuosa que estaría por encima de ambas.

-“Llevamos treinta años contando provincia a provincia y pueblo a pueblo lo que ocurrió en España a partir del 17 de julio (de 1936) y hay gente que no quiere enterarse. Todo lo referente a la represión fascista les estorba y altera”, escribiste en 2012. ¿A quién te refieres?

Me refiero a la derecha española, que no ha roto con el franquismo y se niega a aceptar el carácter criminal de aquel régimen y también a los sectores que no quieren mirar más allá de la Constitución de 1978. Ambos asumen el modelo de transición. Pero lo que en unos fue una condición para aceptar la evolución de un sistema a otro sin que ninguno de los suyos se viera afectado, en los otros viene a ser una condición impuesta y asumida que podría resumirse así: tendréis acceso al poder pero para vosotros no existirá el pasado reciente. Es decir, amnistía y pacto de olvido. De ahí ese gran agujero negro existente entre 1931 y 1975. El PP no tiene problema alguno en asumir el franquismo, esa época de extraordinaria placidez en palabras de uno de sus dirigentes. Por su parte el PSOE vive en la siguiente contradicción: se trata de un partido que en su larga etapa en el poder (1982-1996) decidió no mirar atrás (Felipe González dixit) y cuya fecha de referencia es igualmente 1978, pero al mismo tiempo no deja de alardear de sus 140 años de historia, como si lo que salió de Suresnes (1974) para acá tuviera algo que ver con el PSOE anterior a la dictadura.

-¿Qué opinas de la caracterización del franquismo como régimen o dictadura “fascistizada”, en el sentido que –con independencia del partido falangista- la derecha española y las élites incorporaron algunos elementos del fascismo? ¿Puede considerarse el franquismo como una dictadura “fascista”, sin más matices, o reservarías esta calificación sólo para su primera etapa?

Pese a la ya vieja discusión acerca del tipo de régimen político que impusieron los golpistas en España y las reticencias que siguen existiendo para incluir el franquismo dentro de los fascismos, creo que el sistema surgido del golpe militar, que se implantó mediante el terror en más de medio país en cuestión de semanas o meses y se extendió al resto mediante una larga guerra, fue de carácter fascista hasta que pudo serlo, es decir, hasta que el desarrollo de la Guerra Mundial lo dejó huérfano de los países que le prestaron apoyo desde el principio: Italia y Alemania. Bajo ese signo cumplió la misión para la que surgió; luego buscó nuevos padrinos y evolucionó según le convino en cada momento. El caso español es diferente al italiano y al alemán en un hecho fundamental: aquí no contó en su origen con el apoyo social que sí tuvo en esos países. A pesar de ello, sin llegar a la perfección del modelo original italiano, el franquismo estuvo de ese lado.

Y si miramos lo que fascistas y nazis hicieron en sus propios países con sus conciudadanos y exceptuando el holocausto, fue el fascismo español, militarista, agrario y católico, uno de los más avanzados en su ejecución mediante la violencia y el terror. La tradición democrática y parlamentaria española era escasa y débil. Se pierde de vista que la dictadura franquista fue adaptándose a lo que le convino en cada momento siempre con el claro objetivo de perpetuar los privilegios de los sectores que la promovieron. El fascismo en España surgió a consecuencia del golpe militar, tuvo su apogeo en los años de la Segunda Guerra Mundial y devino en brutal dictadura militar con el derrumbe del nazi-fascismo, en un largo proceso que llega hasta mediados de los años cincuenta con el final de la resistencia guerrillera.

Lo que sí ha existido desde la misma dictadura es el firme deseo de sacar al franquismo del mundo de los fascismos del período de entreguerras, tarea en la que jugó un papel clave el sociólogo Juan José Linz con su teoría de los regímenes totalitarios y autoritarios, entre los que metió a España con el beneplácito de la derecha española y de aquellos que lo más que admiten es la existencia de un régimen fascistizado.

-En Guerra y represión en el sur de España (Universitat de València, 2012), afirmas: “La salida de los sublevados a la calle a las tres de la tarde del sábado 18 en ciudades como Sevilla, Cádiz y Córdoba se hizo en medio de un despliegue de fuerzas sin precedentes. Calles y plazas quedaron sembradas de cadáveres que permanecieron a la vista el mayor tiempo posible para que todos supieran a qué atenerse”. ¿Significa esto que hubo, por parte de los golpistas, un plan (premeditado) de exterminio?

Los sublevados sabían ya de antemano la resistencia que iban a encontrar. Esto ya lo previó Mola en sus instrucciones. A cinco meses de las elecciones que dieron el poder al Frente Popular eran conscientes de que la mayoría social los rechazaría, máxime en zonas agrarias donde predominaba la gran propiedad y en las que los sindicatos de izquierdas eran preponderantes. Solo la violencia y el terror garantizarían el dominio de un territorio antes de pasar a otro. El terror fue consustancial al golpe militar. Los primeros crímenes se producen el mismo 17 de julio en el norte de África, sede de las fuerzas de choque del Ejército y pieza clave de la sublevación.

El 19 ya hay legionarios y regulares en Cádiz y Algeciras, que seguirán llegando hasta el gran trasvase del 5 de agosto. Después serán aviones alemanes e italianos los que trasladarán durante unos meses a miles de hombres. El tipo de guerra a la que estaban acostumbradas estas fuerzas tiene relación con su origen colonial, solo que en esta ocasión en vez de ir contra las cabilas rifeñas lo que tenían enfrente eran los habitantes de los pueblos y los barrios de las ciudades españolas. El esquema habitual era una razzia inicial con derecho a saqueo, detenciones según listas elaboradas, eliminación de vecinos en actos públicos de carácter ejemplarizante, asalto a casas y locales cerrados, y reparto del botín. Este esquema se mantuvo desde la salida de África hasta el parón ante Madrid el 7 de noviembre de 1936 con el resultado de miles de víctimas eliminadas sin más trámite que el ordeno y mando.

-¿Pueden aplicarse a la represión franquista los términos “holocausto”, “genocidio” o “crímenes contra la humanidad”? ¿Puede equipararse a Franco con dictadores como Pinochet, Videla o Ríos Montt?

Creo que puede hablarse de genocidio por causas políticas. También de desaparecidos y de crímenes contra la humanidad. Franco, su golpe y su dictadura constituyeron sin duda un referente para los dictadores del Cono Sur, que lo admiraban. El caso español ofrecía a estos un modelo a seguir: golpe militar seguido del asesinato de miles de personas, una larga dictadura al servicio de los intereses de la oligarquía y, cuando interesó, retorno a la democracia sin que nadie del sistema anterior saliera perjudicado. La palabra holocausto está tan unida a la desaparición de los judíos europeos que no la veo adecuada para el caso español. Creo que ni cualitativa ni cuantitativamente cabe comparación alguna.

-En 2010 se publicó el libro Violencia roja y azul. España 1936-1950, del que fuiste coordinador. ¿Qué diferencias hubo entre estas dos violencias? ¿Consideras que fueron equiparables?

A diferencia de los crímenes que tuvieron lugar en zona franquista, de los ocurridos en territorio bajo control de la República contamos con abundante información. Basta destacar los 1.500 legajos de la Causa General que se conservan en el Archivo Histórico Nacional, buena parte de los cuales puede consultarse por Internet hace ya años. En ese libro que mencionas José Luis Ledesma estableció que las víctimas del terror rojo suman algo menos de 50.000 personas. Pues bien, después de cuarenta años de investigaciones aún no podemos cuantificar las víctimas que causó el terror azul. Esto naturalmente no es casual, sino que se debe por un lado a la firme voluntad del régimen surgido del 18 de julio de ocultar la matanza fundacional y por otro a las políticas de olvido de los gobiernos posteriores a la transición. Actualmente, a 40 años de esta y a 80 del golpe militar, la cantidad se sitúa en 136.200 víctimas, pero esta cifra deberá aumentar considerablemente el día que sepamos la realidad de la represión.

-¿Hay otras diferencias respecto a la violencia, además de las cuantitativas?

No puede soslayarse que los que iniciaron la agresión fueron los golpistas, que fueron los que realmente disponían de un plan de exterminio. Salvo excepciones la reacción inicial en los pueblos por parte de los comités, siguiendo órdenes de los Gobiernos Civiles, fue detener a los derechistas que pudieran representar algún peligro. Fue lo que contaban y vivieron los huidos que partían de sus localidades lo que puso en peligro la vida de cientos de derechistas detenidos en zonas aún no ocupadas. En las ciudades todo fue diferente: el golpe destruyó las estructuras de poder y durante varios meses las milicias actuaron a capricho asesinando a miles de personas en ciudades como Madrid, Barcelona, Málaga, etc. No obstante, lo ocurrido no remite a la imagen icónica del “Duelo a garrotazos” de Goya, sino a una terrible agresión a la que se responde de manera un tanto anárquica. En cualquier caso, los responsables de toda la cadena de violencia fueron quienes la iniciaron.

-¿Por qué el periodo de la represión analizado en el citado libro no abarca en primer lugar la guerra civil (1936-1939) y, por otra parte, la continuación en la posguerra, sino que comienza en 1936 y se prolonga el periodo hasta 1950?

Porque no hubo tal división. No he olvidado nunca lo que escribió en un informe un alto cargo de la Guardia Civil al final de la guerra. Expuso la situación y al final afirmó que aunque la guerra había terminado, la campaña continuaba. Para los golpistas la guerra representó un paréntesis (noviembre 1936-abril 1939) dentro de un ciclo más amplio (julio 1936-mediados década 1950). En lo que se refiere a la mecánica represiva es sabido que el proceso tuvo dos fases, una desde julio de 1936 a febrero de 1937 donde se estuvo asesinando mediante bandos de guerra y otra de marzo de 1937 a mediados de 1944 en la que se dio a la represión una apariencia de legalidad mediante la farsa de los consejos de guerra sumarísimos de urgencia. O sea que el ciclo de terror abarca de 1936 a 1944, coincidiendo con el derrumbe de los fascismos, si bien hay que decir que a estos ocho largos años siguieron otros tantos que fueron los que llevó el aplastamiento total de la resistencia antifranquista.

Fueron pues dos décadas las que se prolongó el ciclo represivo. A mediados de los cincuenta se producen una serie de novedades que permiten hablar de un cambio. Bastará mencionar el inicio del proceso migratorio y el final del período autárquico.

-¿Qué son los archivos del terror, y lo que en alguna ocasión has denominado “las verdaderas fuentes de la represión? ¿Son accesibles en la actualidad a los investigadores o están clasificados como “secretos”?

El concepto “archivos del terror” remite a Paraguay y a los documentos encontrados y hechos públicos en 1992 por Martín Almada, el juez José Agustín Fernández y varios periodistas relativos a la dictadura de Alfredo Stroessner y a la Operación Cóndor. El local donde se encontraron es actualmente Centro de Documentación de los Derechos Humanos. Al contrario que en Paraguay nuestros “archivos del terror” siguen siendo secretos. Por no saber no sabemos ni siquiera si se conservan o han sido destruidos. Me refiero básicamente a la documentación que sobre la represión fue generada por el Ejército, la Guardia Civil y las Delegaciones de Orden Público (luego Comisarías provinciales). Sabemos que existieron detallados ficheros porque de ahí proceden los datos que se utilizaban en todo tipo de documentos, desde certificados hasta informes.

-El periodista Carlos Hernández de Miguel escribió, en abril de 2018, un artículo en eldiario.es titulado “Documentos secretos, destruidos o en manos de franquistas: la batalla de los investigadores por la memoria histórica”. ¿Ha sido habitual el robo y la destrucción de documentos, informes, papeles y ficheros? ¿Durante la dictadura y en el periodo democrático?

Durante la dictadura era muy poca gente la que tenía acceso a los archivos militares. Podríamos decir que solo militares y personal afecto tipo Ricardo de la Cierva. Como dijo el historiador francés Charles Morazé: “Toda prueba material de una decisión tiene tantas más posibilidades de ser sustraída de los archivos cuanto más importante sea su significación política”. Y en España hubo mucho tiempo para hacer desaparecer estas pruebas. Suelo mencionar el caso de Badajoz. En el archivo militar de Ávila hay un informe que Yagüe envía a Franco, entonces en Sevilla, con los resultados de la ocupación de la capital extremeña. En él menciona que en documento adjunto detalla bajas, prisioneros, armamento recogido, etc. Pues bien, este documento no existe. Alguien debió pensar que era mejor que nadie lo viera.

Pero este tipo de hechos no solo ocurrieron durante la dictadura sino que se prolongaron durante la transición e incluso en los años ochenta. Así desaparecieron fondos importantes de las Prisiones Provinciales, de los Juzgados de 1ª Instancia, de los archivos municipales, etc. Entre la desidia, el expurgo y la destrucción voluntaria se fue una parte importante del patrimonio documental. Y no se crea que desaparece todo. Se trata de un curioso proceso selectivo. Así, por ejemplo, en el caso de los archivos municipales, la documentación relativa a Quintas y a cuestiones religiosas (hermandades y cofradías) permanece milagrosamente.

-Por último, ¿qué opinas de las referencias a historiadores “militantes” y “frentepopulistas” que además promueven “una visión idealizada de la República”? ¿De dónde proceden estas descalificaciones y cuál es su propósito?

Proceden de sectores académicos que nunca vieron con agrado la investigación del golpe militar de julio de 1936 y sus consecuencias ni el movimiento de memoria histórica. La unión de Historia y Memoria les parece una aberración por más que sepan que la última, utilizada críticamente, es un recurso más de la historia, muy importante además en caso de dictaduras que procuran no dejar huellas. Cualquiera puede comprender que de las torturas y de las violaciones, así como de múltiples pequeñas historias, no queda testimonio escrito. En numerosos pueblos recién ocupados se celebraron actos públicos en los que se peló al cero y se obligó a ingerir ricino a mujeres señaladas por sus ideas o simplemente por ser parientes de izquierdistas. ¿Alguien conoce algún documento que informe de estos hechos? Solo los testimonios orales o escritos pueden adentrarnos en ellos.

Son también estos mismos sectores los que consideran que con la insistencia en la investigación del golpe militar y de la represión franquista se está incurriendo en una idealización de la II República. Critican la visión irenista que algunos tienen de esos años. Tras esto suele ocultarse la idea de que esta fue responsable de su propio fin. De esta manera se justifica lo que vino después, no abiertamente sino como una consecuencia del proceso abierto en 1931. De ahí la insistencia en hablar de la República y la guerra civil como si se tratase de un solo período.

Hay además otra cuestión de fondo. El modelo de transición exige una interpretación del pasado que supone la negación de la experiencia republicana como último referente democrático antes de la Constitución de 1978. Digamos que son procesos históricos que se repelen: los defensores a ultranza del modelo de transición abierto lentamente tras la muerte de Franco creen que la República, el golpe y la dictadura deben dejarse de lado para que todo siga su curso, y los que mantienen que ese pasado debe tenerse en cuenta piensan que el proceso de transición se llevó a cabo en unas condiciones que supusieron un continuismo que comprometía el futuro y la negativa a abordar una serie de cuestiones importantes que tarde o temprano acabarían por salir. El problema de fondo la expuso a su manera el teniente general Sabino Fernández Campos, conde de Latores y secretario de la Casa Real: « Todo el mundo debe procurar callar lo que es necesario callar para que no cambien las cosas que están bien establecidas ». La conclusión es clara: el franquismo no pasó en vano y la España actual procede de él.

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Fuente:https://www.sahara-occidental.net/2019/09/08/la-represion-franquista-ha-sido-blanqueada-desde-su-origen-historiador/

 

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