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Esperan que el Gobierno haya fichado al forense Etxeberría para implantar el modelo vasco de exhumaciones

En Euskadi existe un Instituto que atiende a las familias, investiga y elabora un informe de la persona que buscan y en caso de que haya evidencias, exhuma e identifica genéticamente los restos

diario16.com / Eva Maldonado / 17/09/2020

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) celebra que el gobierno haya fichado al forense Francisco Etxeberría y espera que sea para implantar el modelo vasco de exhumaciones ya que en Euskadi existe un Instituto que atiende a las familias, investiga y elabora un informe de la persona que buscan y en caso de que haya evidencias exhuma e identifica genéticamente los restos.

La ARMH le pide a la nueva ley de memoria que acabe con el modelo de las subvenciones y actúe sabiendo que en una democracia “los derechos humanos no se subvencionan, los derechos humanos se garantizan”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) celebra que el Gobierno haya fichado a un experto como Francisco Etxeberría para asesorar en cuestiones de memoria histórica y especialmente en la búsqueda de personas desaparecidas por la represión franquista.

«Esperamos» -expresa su presidente Emilio Silva– «que sea para implantar el modelo del Gobierno Vasco en la búsqueda de personas desaparecidas, al que tanto ha contribuido Etxeberría, y que sin necesidad de una ley autonómica lleva más de quince años atendiendo a las familias de las personas desaparecidas”.

“LOS DERECHOS HUMANOS NO SE SUBVENCIONAN, LOS DERECHOS HUMANOS SE GARANTIZAN”

El modelo del gobierno vasco consiste en la creación de un instituto de memoria, que atiende directamente a las familias, como en el caso de otras víctimas; que realiza una investigación individualizada de las personas desaparecidas, y que en caso de tener evidencias del lugar en el que podrían encontrarse enterradas lleva a cabo las exhumaciones, las identificaciones, y las entregas de los restos.

Etxeberría formó parte del equipo que se ocupó de la primera exclamación científica de una fosa de desaparecidos por la represión franquista, en Priaranza del Bierzo, en el año 2000. Aquel hito, del que el próximo mes de octubre se cumplirán veinte años, dio lugar a la creación de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Para la ARMH el forense vasco “puede ser una gran aportación a las políticas de memoria del Gobierno, entendiendo que su papel es el de un técnico pero que por su amplio conocimiento debe ser determinante en las decisiones políticas que lleve a cabo el Ministerio de la Presidencia”, argumentan desde la asociación.

La ARMH, que lleva a cabo las exhumaciones e identificaciones de desaparecidos con recursos propios, ha anunciado que en caso de que el Gobierno repita el modelo de las subvenciones del gobierno de Zapatero no se presentará a la convocatoria de las mismas “porque no queremos participar de un modelo que discrimina a las víctimas del franquismo si no van a ser atendidas directamente por el Estado y creemos que los derechos humanos no se subvenciona, los derechos humanos se garantizan”, concluye Silva, nieto de la primera víctima de la represión franquista identificada por un prueba de ADN.

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Fuente:https://diario16.com/esperan-que-el-gobierno-haya-fichado-al-forense-etxeberria-para-implantar-el-modelo-vasco-de-exhumaciones/

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Una clase magistral de Memoria Histórica a los políticos del futuro

El antropólogo forense Francisco Etxeberria reclama mayor compromiso de la Justicia en la reparación de las víctimas del franquismo.

elpais.com / Peio H. Riaño / 30-11-2018

“Hubo un día que me hice mayor y dejé de seguir mirando para otro lado”. El antropólogo forense Francisco Etxeberria se dirige a unos 40 alumnos de la Facultad de Políticas de la Universidad Complutense. Es un hombre contenido, prudente y quienes lo conocen aseguran que ecuánime. También es el español que más pruebas acumula contra los atropellos franquistas durante la guerra civil y dictadura. Hace 20 años que se comprometió en la exhumación de restos en fosas comunes, con la esperanza de que algún día algún juez le pidiera todo lo catalogado, para abrir diligencias contra los culpables de la represión de las tropas de Franco. Por si acaso, el médico —que un día dejó a los muertos para dedicarse a las víctimas— avisa: “No he venido a hablaros de metatarsos y metatarsianos, sino de memoria, crítica y Estado”.

Y no tiene muchas cosas buenas que decir. “No soy optimista, pero lo que no hagamos entre todos no lo hará nadie”, reclama a los estudiantes. La primera lección de la mañana es que el Estado no es ajeno a ninguno, que todos tienen algo que aportar. “Si las víctimas tienen el derecho a la memoria, el resto tenemos deberes y tendremos que aplicarnos el cuento”, dice al grupo para aclarar que no hace falta esperar a una Ley de Memoria Histórica para actuar, que hubo ayuntamientos como el de Oyarzun (Guipúzcoa) que ya repararon la memoria de los asesinados en 1979, con un monumento a las víctimas.

Más abierto y emocional de lo que acostumbra, el responsable de limpiar las consecuencias de las cloacas (los restos de Lasa y Zabala) dice no conocer fosas de huesos, que todas las que ha abierto son de huesos y carne. “La carne la ponen las víctimas, con derechos desatendidos”. A los pies de los trabajos de los arqueólogos e investigadores que rescatan los restos siempre se reúnen las familias. Una vez, una mujer, en una fosa de Soria, les llevó los pantalones agujereados por las balas del asesinado. Su abuelo. A su madre le dejaron llevárselos a la viuda.

“Nosotros podemos convertir esto en prueba. Generamos información para conocer la verdad. Estamos en condiciones de acreditar sin exagerar nada. La justicia debería ejercer la tutela y la reparación, porque son actos simbólicos que se necesitan. A las víctimas les falta el reconocimiento judicial y social”, cuenta el máximo responsable de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que practicó el análisis forense de los restos de Víctor Jara, de Salvador Allende y de los de Miguel de Cervantes. También investiga las torturas en el País Vasco entre 1960 y 2015. Ha documentado más de 4.000 en prisiones.

Cambió hospitales por fosas y reclama algo de compromiso a la Justicia. Recuerda que las 15 intervenciones judiciales en las más de 500 fosas abiertas han acabado todas archivadas, porque el crimen ha prescrito. Es decir, lo que hace su equipo y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica no es oficial. En España son 20 años. Por este motivo, el Tribunal Supremo sentenció que “la posibilidad del enjuiciamiento queda excluida”.

Lo que más le molesta de la dichosa sentencia es que a las víctimas de la represión franquista se les llama “los afectados”. “Es un insulto, como si se tratara de un tsunami. Me da pena que el Supremo se exprese de esta manera”, añade. Por eso reclama una fiscalía especial para la Memoria histórica y una comisión de la verdad, para responder a la víctima, que tiene “derechos pendientes de atender”. “A mí no me corresponde reparar ni administrar justicia”. Su trabajo es reunir las pruebas de la verdad en el campo, para que nadie pueda decir —como ha dicho el ministro de Justicia Grande-Marlaska— que todo lo que no esté asentado en una verdad judicial, no vale. “Según esto durante el franquismo no se asesinó”, señala Etxeberria.

El último aviso a los estudiantes es que no se puede construir el pasado desde los intereses del presente. Porque eso es “hacer trampa”. Y zanja categórico: “Uno debe ser imparcial en su trabajo, pero me pregunto si uno puede ser neutral. Y mi respuesta es: no”. Para muchos, Etxeberria debería ser el responsable de exhumar a Franco, pero como él mismo dice, no se necesita a un forense, sino una empresa funeraria.

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Fotografía destacada: Francisco Etxeberria (izquierda), junto con Txema Urquijo, durante la conferencia. ÓSCAR RODRÍGUEZ

Fuente:https://elpais.com/cultura/2018/11/30/actualidad/1543568826_957685.html

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Hallan los primeros restos humanos en la fosa de Porreres

Un brazo y un cráneo enterrados a poco más de medio metro de profundidad fueron los primeros restos humanos hallados por el equipo encabezado por el médico, antropólogo y especialista en exhumaciones, Francisco Etxeberria, en la fosa común del cementerio de Porreres. Un hito histórico para muchos tras años de espera y lucha reclamando la exhumación de las fosas.

elmundo.es / Marina Berenguer / 03-11-2016

Los trabajos comenzaron durante la mañana de ayer en el cementerio municipal de Porreres donde el equipo de exhumación formado por casi una treintena de personas, muchos de ellos voluntarios, realizaron las prospecciones y las primeras excavaciones manuales. Horas más tarde daban paso a las máquinas excavadoras.

Miembros del equipo de trabajo busca restos de huesos. / J. SERRA

«Hoy es un día muy importante ya que se recupera la memoria y dignidad de muchas víctimas asesinadas», destacó la consellera de Transparencia, Cultura y Deportes, Ruth Mateu, presente en la excavación.

La fosa común de Porreres es la fosa exhumada de Baleares que más cadáveres de represaliados alberga pues los estudios estiman que en su interior puede haber entre 100 y 120 personas -en su mayoría hombres- procedentes de hasta 30 municipios de Mallorca.

«Realizaremos un trabajo rápido e intensivo ya que los cadáveres no pueden estar expuestos mucho tiempo al aire libre debido a que se deterioran», señaló el especialista, añadiendo que todo el trabajo se desarrollará en el mismo cementerio para no tener que desplazar los restos encontrados.

Expertos y voluntarios realizando tareas de exhumación. / J. SERRA

Etxeberria calcula que los trabajos durarán aproximadamente un mes y éstos han comenzado con la apertura de la fosa y proseguirán con la exhumación de los restos hallados, para posteriormente llevar a cabo el análisis de los cuerpos de las víctimas, la inhumación y el retorno de los restos identificados a las familias.

Desde el Govern aseguraron que el inicio de la exhumación es «un hito y un reclamo histórico de la sociedad civil y las asociaciones memorialísticas». El pasado mayo los todos partidos acordaron aprobar la Ley 10/2016 para la recuperación de personas desaparecidas durante la Guerra Civil y el franquismo.

Dicha normativa establece que el Govern se encargará de localizar e identificar a las cerca de 2.000 personas desaparecidas en las Islas durante aquella época. La Conselleria presidida por Ruth Mateu otorgó una subvención directa a Memòria de Mallorca de 95.000 euros para llevar a cabo el Plan de exhumaciones de fosas de desaparecidos 2016.

Cabe recordar que la asociación Memòria de Mallorca documentó 49 fosas comunes de la Guerra Civil repartidas por 29 municipios de Mallorca en las que habría enterradas 1.646 personas, de éstas se sabe el nombre y el apellido de 759, mientas que las 887 personas restantes están sin identificar.

En la apertura de la fosa también estuvieron presentes la alcaldesa de Porreres, Xisca Mora (PI); la presidenta de la asociación Memòria de Mallorca, Maria Antònia Oliver; el representante de la Comisión de Memoria Histórica de Porreres, Joan Barceló; y el historiador y autor del estudio histórico de la fosa, Tomeu Garí.

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Fotografía destacada: Una máquina excavadora procede a quitar tierra de la fosa común. / J. SERRA

Fuente:http://www.elmundo.es/baleares/2016/11/03/581af378ca4741e81d8b4595.html

 

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Hallan todos los restos de la familia Sagardia Goñi en la sima de Gaztelu

Miembros de Aranzadi, con Paco Etxeberria al frente, localizan los restos de la madre y de sus seis hijos a 50 metros de profundidad.

diariovasco.com / Alicia del Castillo / 13-10-2016

En torno a las tres menos cuarto de la tarde, el forense Paco Etxeberria hablaba por walkie-talkie desde el interior de la sima Legarrea en Gaztelu, Malerreka, en Navarra, a 50 metros de profundidad. «Hemos encontrado los restos, prácticamente todo el esqueleto, de la madre y también, junto a ella, el esqueleto de uno de sus hijos, también entero en conexión anatómica. Los trabajos nos llevarán al menos una hora o dos más».

Los familiares de Juana Josefa Goñi Sagardia se miraban emocionados porque era lo que llevaban tiempo esperando. Algunos 80 años, como Nati Zozaia, la sobrina, que no pudo estar con ellos por su delicado estado de salud. La historia familiar queda resuelta en parte, porque sigue sin explicarse por qué en el 1936, vecinos de Gaztelu tiraron a toda una familia a esta sima. A la madre, embarazada, y a seis de sus hijos.

«No era una leyenda: tiraron a mi tía embarazada y a mis seis primos en una sima»

En la sima, junto a miembros de Aranzadi y vecinos de Gaztelu, Donamaria y Legasa, estaban las sobrinas nietas de Juana Josefa, Maria Teresa y Nati Arizkorrieta, junto con su hija Jaione Iturrioz -su marido y su nieto-, y Rosa Mari Salanueva, la otra sobrina nieta.

En torno a las cinco, Paco Etxeberria subía a la superficie cargado con una gran saca con todos los restos hallados ayer. Había entrado al profundo agujero en torno a las nueve y media de la mañana junto con los tolosarras Asier Eizagirre y Tito Agirre. Durante toda la mañana y parte de la tarde permanecieron en su interior, en un espacio muy reducido, prácticamente tumbados, moviendo cada centímetro de tierra. «Los restos han aparecido en la vertical, mientras que el resto lo habían hecho a unos seis metros. La explicación nos la da la propia sima, porque menos la madre y uno de los hijos, el resto cayeron en una especie de rampa y rodaron por ella».

Hace un mes, cuando comenzaron los trabajos, miembros del grupo de espeleología Satorrak tuvieron que sacar mucho material de lo que se había convertido en un «vertedero premeditado», en palabras de algunos de los vecinos. Sacaron frigoríficos, 20 colchones, piedras, toda clase de basura…

Los miembros de Aranzadi habían seguido buscando en la sima todo el pasado fin de semana. La madre seguía sin aparecer y los familiares tenían el alma en vilo. Pero una parte de un cráneo dio la sorpresa. En un principio pensaban que era del hermano mayor, pero al compararlo con el otro cráneo que ya tenían se dieron cuenta de que tenía que pertenecer a Juana Josefa. Era el lóbulo occipital derecho y al del hijo mayor le faltaba el occipital izquierdo, por lo que tenía que ser de la madre. «Fue un momento duro. El pensar que ella no iba a estar aquí», explicaban los familiares.

Mientras Etxeberria mostraba algunos de los restos, la operación para que los otros dos miembros de Aranzadi subieran a la superficie seguía en marcha. Al poco tiempo salía Eizagirre y Agirre era el último. Los allí congregados les aplaudieron por el trabajo realizado junto a Rafa Zubiria, Lourdes Errasti y Sebas Lasa. También seguía de cerca todos los movimientos el escritor José Mari Esparza, que hace un año publicó ‘La sima. ¿Qué fue de la familia Sagardia?, y los familiares. «No sabíamos que este era el lugar hasta que José Mari nos habló de él . La ama siempre hablaba de que los habían echado a un zulo», explicaban los familiares.

Sin restos del feto

Lourdes Errasti mostró parte de lo hallado. «Son los huesos de las caderas de todos, de menor a mayor: de Asunción, que tenía año y medio, José de tres, Martina de 6, Pedro Julián de 9, Antonio de 12 y Joaquín de 16. Y también los huesos de la cadera de Juana Josefa, de 38 años, de un fémur, de huesos de ambos brazos, del hombro y de la clavícula, y un hueso del brazo de Antonio, el hijo de 12 años. Además hemos encontrado tres suelas de caucho, de las alpargatas», explicaba. Etxeberria también indicaba que no habían hallado restos del feto, pero que habían recogido la tierra que se encontraba dentro de la pelvis de Juana Josefa para analizarla.

«La verdad es que llevo muy rara hoy todo el día, no sabría decirte cómo me siento», decía una de las familiares. Ahora tienen que esperar al informe técnico del laboratorio. «Para que también de forma oficial se tenga certeza, aunque en este caso, sólo confirmará lo que la familia ya sabía desde hace 80 años», añadía el forense Paco Etxeberria.

«Traeremos los restos a Gaztelu, su pueblo. Es donde tienen que estar. El ayuntamiento nos dijo que nos cedería un nicho y además, una vecina del pueblo nos dejó otro en su testamento», explicaba Jaione Iturrioz. «El por qué, siempre nos preguntaremos el por qué», «No hay una explicación para cometer algo así», repetían las sobrinas nietas.

«Va a ser difícil aclarar la causa de la muerte». «Aunque sólo sea por no dejarlos en el lugar donde fueron abandonados por sus asesinos», decía Etxeberria, «hay que hacerlo».

La Sociedad de Ciencias Aranzadi realiza esta búsqueda de los restos de la familia Sagardia Goñi dentro del programa de la Dirección de Paz y Convivencia del Gobierno de Navarra destinado a la localización de desaparecidos tras el golpe militar de 1936.

El pasado domingo halló parte de los dos de los siete cuerpos que faltaban por encontrar y ayer conseguían cerrar este capítulo, sacando a la superficie los restos que faltaban, para que Juana Josefa y sus seis hijos descansen al fin donde sus familiares deseen.

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Fotografía destacada: Errasti muestra los huesos de las caderas y las suelas de caucho.

Fuente:http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201610/13/hallan-todos-restos-familia-20161013005105-v.html?ns_campaign=rrss&ns_mchannel=boton&ns_fee=0&ns_source=fb&ns_linkname=gipuzkoa

 

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Francisco Etxeberria: “Tengo complejo de culpa por no haber empezado antes a abrir fosas”

El afamado forense, que ha exhumado restos de más de 8.000 personas desde 2000, reivindica la implicación institucional en la memoria histórica para “consolidar la democracia”.

“El derecho a la verdad no prescribe nunca”, destaca.

infolibre.es / Ángel Munárriz / 12-09-2016

Francisco Etxeberria (Beasain, Gipuzkoa, 1957), médico especialista en medicina legal y forense, acumula una trayectoria de trabajo sobre más de 500 fosas de la Guerra Civil y la represión franquista, de donde han salido restos de más 8.000 seres humanos.

Pero Etxeberria es más, mucho más que el forense de la memoria. Su firma está también en la identificación –aunque sin certeza absoluta– de restos de Miguel de Cervantes en el convento de las Trinitarias Descalzas de Madrid. Profesor titular de Medicina Legal en la Universidad del País Vasco, presidente de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y subdirector del Instituto Vasco de Criminología, ha sido reclamado para relevantes investigaciones fuera de España, caso de la exhumación y autopsia del cantautor chileno Víctor Jara o de su compatriota el poeta Pablo Neruda. También participó en el análisis realizado en 2011 de los restos del presidente Salvador Allende, que confirmó su suicidio tras el golpe de Estado de Augusto Pinochet, apenas unas horas después de su último y estremecedor discurso: “Pagaré con mi vida la lealtad del pueblo”. En Euskadi ha dirigido recientemente un estudio, encargado por el Gobierno vasco, que ha identificado más de 4.000 casos de tortura entre 1960 y 2013. Mucho tiempo atrás fue perito judicial en el caso Lasa y Zabala.

Así que Etxeberria ha llegado a ver y tocar la fibra más íntima de la historia, que a menudo adopta la forma de la muerte. Ha visto por dentro cómo fue el final de las gentes a las que no queda ni el nombre, pero también de los grandes hombres. Científico comprometido con la defensa de los derechos humanos y con la “memoria histórica”, nadie ha hundido más que él las manos en la sangre y el barro que dejó la guerra bajo nuestros pies.

Pregunta: ¿En qué trabaja actualmente?

Respuesta: En múltiples asuntos, especialmente desde la Dirección de Derechos Humanos del Gobierno vasco [que trabaja en colaboración con la Sociedad Aranzadi], donde atendemos a familias que preguntan por desaparecidos. Tenemos un equipo que cubre la búsqueda de archivos, la recogida de testimonios, la prospección y búsqueda de las fosas, la exhumación en su caso, los análisis de los restos.

P.: El Gobierno vasco se toma en serio la cuestión.

R.: Sí. Hay una muy buena disposición. Y recursos. Ha habido iniciativas de este tipo también en Andalucía, Cataluña, Extremadura, Aragón, Asturias…

P.: Pero no en todas las comunidades es igual…

R.: No, no en todas. En otras no hay ni ha habido planificación ni proyecto. En el País Vasco hay una política sistemática desde 2003, con ventanilla única en la que el ciudadano puede decir qué pasó, instando a la Administración a que ponga en marcha un procedimiento. Cataluña tuvo algo así, pero no estoy seguro de que funcione igual ahora… De exhumaciones existe un protocolo estatal, del año 2011, en el que yo intervine. Y luego las comunidades han hecho cada uno el suyo, las que han querido. Esto no lo digo como una cosa para enfadarse. Vivimos en un país con administración local, periférica y central. Y las tres son estructura de Estado. Lo que hay que exigir es coordinación. El problema es que haya comunidades que no informen al Estado, que no quieran saber nada. Falta mucha conciencia con este tema.

P.: ¿La hay en Chile?

R.: En Chile sí hay una conciencia social y política de la injusticia de la dictadura del 73. Ellos tienen la conciencia de la involución que supuso. La conciencia de ver un Estado de derecho y que se produzca un golpe de Estado y haya un retroceso. Allí les parece necesario insistir en esa etapa histórica. Eso en España no se da.

P.: ¿Por eso que llaman “el franquismo sociológico”?

R.: Debe de ser eso. Aquí los que tienen más conciencia dicen “que se juzgue”. Y otros dicen “que no se haga nada”. Vamos a pensar un poco. Entre el blanco y el negro están los grises. Las autoridades políticas pueden impulsar iniciativas, con independencia de que se puedan juzgar o no los hechos. Hay resoluciones de jueces, por cierto de Jueces para la Democracia, que dicen asiste el derecho a la verdad. Que no prescribe nunca. Y al haber un derecho hay un deber, que obliga a las instituciones. Las víctimas tienen derechos que hay que atender.

P.: ¿El derecho de las familias a conocer la verdad?

R.: Sí, pero la memoria histórica no afecta sólo a la historia del pasado. Habla del presente, de las personas de carne y hueso con derechos desatendidos. No nos obsesiona [a su equipo] aclarar si el disparo se produjo con un arma u otra, o a las cinco de la tarde o de la mañana. No nos obsesiona que el testimonio recogido en vídeo nos diga una verdad cierta, absoluta… Estamos interesados en ver cómo se siente, reivindica, protesta y exige esa persona hoy. Si conseguimos una foto antigua de los presos en el patio de la prisión de Burgos, ahí es imposible identificar a ninguno. Son pequeñas cabecitas. Pero para un hijo huérfano que tuvo a su padre en esta prisión, recibir esa fotografía es muy importante.

P.: ¿Estamos obsesionados con las fosas y no vemos más allá?

R.: También son importantes. Es increíble que en España puedan existir municipios con enterramientos clandestinos sobre los que no se haya pensado algo, señalizado algo, con los alcaldes despreocupados.

P.: ¿Las exhumaciones son la excepción?

R.: Claro. Eso es una realidad. Igual que es una realidad que ha faltado apoyo institucional estatal, aunque durante seis años de Zapatero hubo apoyo económico.

P.: ¿Ahora no?

R.: Ahora no. Desde el año 2000, que es en el que yo empiezo, ha habido más años sin apoyo que con apoyo.

P.: ¿Con qué fosa empezó?

R.: Priaranza del Bierzo (León). Es la primera fosa que se abre con metodología científica. Ahí nos dijimos: “No es posible que esto lo hagan los familiares y amigos los sábados por la tarde con una azada”. Tuvimos la certeza de que no era justo, y nos implicamos. Desde entonces, más de 8.000 esqueletos en 500 fosas. Y además somos el único grupo que ha abierto fosas del otro lado del problema, del lado de los franquistas.

P.: ¿Cuáles?

R.: Camuñas (Toledo) y Villasana de Mena (Burgos). Cuando a mí me llaman de esos lugares con esa incertidumbre yo no puedo desatenderlo. Lo hicimos con total convencimiento. Y hay gente que esto no lo comprende. Un médico de urgencias no pregunta por la ideología. Ya sé que no podemos caer en equiparaciones ni equidistancias, pero a un paciente con un brazo roto hay que atenderlo.

P.: ¿Se ha llegado a acostumbrar a abrir fosas?

R.: Sí, la verdad. Me dedico a eso. Aunque en cada fosa hay una película. Son miles de cosas que hemos ido escuchando. Las fosas son de carne y hueso. Están los huesos, el metacarpiano, si es derecho o es izquierdo… Pero la carne la ponen los familiares. Escuchar cómo fue su vida, cómo salieron adelante, sin que les regalaran nada. En una fosa en Burgos, creo que era La Mazorra, estaba uno de estos hijos. Nos dijo que lo más triste de su infancia no fue cuando mataron a su padre, sino cuando unos años después fue a la fosa a llevarle flores, con su madre, y los apedrearon. Tuvieron que salir corriendo del pueblo. Él agarrado a la mano de su madre. Ese testimonio tiene más valor que la declaración de cualquier parlamento. Un tipo honrado, que se había pegado toda la vida trabajando, contándonos eso… Fue impresionante.

P.: ¿Es posible una reforma legal para obligar a los jueces a abrir fosas?

R.: Es posible. Muchos jueces me dicen que al no tener directrices claras esto se tiene que gestionar vía administrativa. Esto puede cambiar. Yo lo que sí creo es en la necesidad de algo parecido a una comisión de la verdad. Esto se ha hecho en veinte países. No digo en los términos de Sierra Leona o Guatemala, sino generando la información necesaria para conocer los hechos y atender a las personas. Una comisión de la verdad de carácter no judicial. Y eso no impide que una familia ejerza las acciones [penales] que considere. Otra vez entre el blanco y el negro existen los grises. Es decir, a lo mejor esta comisión de la verdad se empieza un día en un pueblo, no a nivel estatal.

P.: ¿Se hace en España un buen trabajo con las fosas?

R.: En este tema no se puede criticar. Todos estamos aprendiendo. Partimos de un retraso… Yo tengo un complejo de culpabilidad por no haber estado a la altura antes de 2000. Por no empezar antes. Y ese complejo lo tienen los partidos también, todos los tenemos.

P.: Pero, a estas alturas, ya no hay excusas.

R.: Lo dice el relator de Naciones Unidas: no se hacen cosas que técnicamente se pueden. Por ejemplo, ordenar documentación, favorecer el acceso, abrir algunas fosas…

P.: ¿Sigue habiendo trabas en los archivos?

P.: Cada vez hay más facilidades. En algunos archivos es que [los encargados] se sentían propietarios. Archivos públicos, con documentos de más de 50 años, en los que existe el derecho a verlo todo. Y te aplicaban la censura. Eso de prejuzgar al otro es muy típico. Mucha gente piensa que estamos haciendo algo delictivo. Oiga, si cree que hay algo delictivo, me denuncia. ¿Cómo que por qué quiero ver la documentación? Recuerdo en el Registro Civil de Gernika. Una persona nos ponía problemas un día, y al día siguiente otro no nos los ponía. Había arbitrariedad. Eso ha mejorado desde la ley de memoria histórica.

P.: ¿La Iglesia colabora con sus archivos?

R.: En el País Vasco la colaboración de los archivos diocesanos es alta. No tengo pega. Pero no siempre es así. Y no es la Iglesia, es el archivero.

P.: ¿Son más especiales o complicados los casos emblemáticos: Allende, Jara…?

R.: Pues los casos más difíciles, en los que inviertes más tiempo, quizás son otros. Pero sí causan una cierta sensación. Aquí en el 73 vivíamos en dictadura. Veíamos a Francia en democracia, a unos kilómetros, y aquí a Franco. Y sabíamos de Allende, el primer socialista de esa parte del mundo que llegó al poder por vías democráticas, que habiendo ganado las elecciones sufre un golpe de Estado. Claro, Allende forma parte de mi propia historia, no es la historia de otros. Estoy condicionado por eso.

P.: ¿Es posible establecer una verdad judicial sobre lo ocurrido en España?

R.: La hubiera podido asentar Garzón, si le hubieran dejado. Pero no existe. En el campo histórico sí, en el oficial no. La primera vez que se condena oficialmente el franquismo es el 20 de noviembre de 2002. Y una condena suave. Hasta entonces tuvimos que esperar.

P.: Y con mayoría absoluta del PP…

R.: Pero se hizo, con la misma naturalidad con la que veo a gente del PP que entiende este asunto. Hemos hecho excavaciones de fosas republicanas con alcaldes del PP. ¿Qué pasa? Que conocen la historia, que son amigos de los demás. Y lo que dicen, y es una frase que se oye mucho, es: “Es lo menos que se puede hacer”. Otra cosa son los líderes, las declaraciones, cuando ya aparecen esos discursos de que esto divide, que reabre heridas, un esquema que están heredando muchos jóvenes… ¡Cuando esto no es un movimiento político, sino civil! Esto ensancha el discurso de los derechos humanos y consolida los valores democráticos.

P.: ¿Una calle con un nombre de franquista notorio ofende a las víctimas?

R.: Creo que sí. [Aunque] pienso que hay que respetar los monumentos a los muertos. He llegado a oír que Salvador Dalí no tiene que tener calle en Madrid, cuando no tuvo ninguna responsabilidad en los crímenes de la guerra y la posguerra. Eso no. Otra cosa es que se ensalce el franquismo, o que Franco sea hijo predilecto de un pueblo.

P.: ¿La línea roja de la memoria histórica, la resistencia de fondo, está en el desvelamiento de la represión económica, del expolio sobre los vencidos?

R.: Es un tema importante, sí. Con los partidos y los sindicatos ha existido una compensación, a veces en dinero, porque una lonja de UGT en el extrarradio, por ejemplo, ya no existe y no se podía recuperar. Y luego está el expolio de bienes personales, que eso no tiene fin. La gente a la que le mataron al padre y le requisaron el piso, las huertas, todo…

P.: 80 años después del golpe, ¿hay sombra de las dos Españas?

R.: Creo que no. La reconciliación la hicieron nuestros padres, se hizo en las familias. Yo tengo gente que estuvo en un lado del problema, otra en otro. ¿Qué hubiera hecho yo aquel 18 de julio? No lo sé. Ya no se trata de hacer reproches. Ese asunto está resuelto. No hay posibilidad de involución.

P.: ¿Nos falta un reconocimiento oficial, de Estado de la II República?

R.: Para muchos el mundo empieza en el 78. Y no. Se han despreciado muchas cosas. El problema es que se pase del miedo a saber, del olvido…

P.: …a la indiferencia.

R.: No, no, a la ignorancia. Yo he abierto dos fosas en San Sebastián, a cien metros del portal de mi casa, ¡de las que no tenía ni idea! Tal era mi ignorancia, por el olvido impuesto por nuestros padres para salir adelante. Estamos entrando en la más absoluta ignorancia. Por ejemplo, no se tiene conciencia de que muchos republicanos acabaron en campos alemanes. Decimos, “¡qué malos los nazis!”, pero sin saber que aquí hubo perdedores que acabaron en sus campos.

P.: ¿Qué haría con el Valle de los Caídos?

R.: No tengo preparación para responder a eso. Tendría que volver a nacer y ser un genio para dar una solución… Es un monumento con todo el sabor de la dictadura. Transformarlo para explicar las cosas de otra manera es muy difícil. Se pueden hacer pequeñas cosas, como recuperar personas del lado republicano que lo piden. Yo comparto la resolución de la comisión de expertos, donde se dijo que lo más básico era sacar a Franco y a José Antonio.

P.: ¿Y adónde llevamos a Franco?

R.: Con su familia, para que lo lleve a un cementerio. El Valle de los Caídos se construyó para enterrar a los muertos en la contienda por dios y por España, no para Franco.

P.: ¿Se puede buscar a Lorca con la voluntad en contra de su familia?

R.: Esa voluntad no es tan contundente como al principio. Cuando nosotros hemos visto que había una negativa, de donde fuera, lo que hemos hecho ha sido retrasarlo todo y esperar. Si se da un tiempo, se puede convencer a todo el mundo. Yo me ofrezco a convencer a cualquiera, hasta a los que están más en contra. [En el caso de Lorca] creo que [la búsqueda] va a ocurrir. Noto que las cosas han cambiado. Ojalá aparezca. Yo formo parte de ese equipo, y espero poder intervenir. Todo tiene que hacerse respetando los tiempos, pero creo que eso se ha superado. Han pasado los años suficientes. Lorca está reconocido y reparado con carácter universal. Su búsqueda es pertinente.

P.: Igual que era pertinente buscar a Cervantes…

R.: Lo era. Algunos decían que estaba abandonado bajo unos escombros en un convento de monjas. ¿Sería verdad? ¿Sería mentira? Era pertinente buscarlo. Que esto saliera en telediarios de todo el mundo, mezclando Madrid, cultura y Cervantes, fue muy positivo. El que no vea esto no sé en qué país vive. Hemos recibido llamadas de todo el mundo que comprenden que se buscara. Pero en este país nos gusta mortificarnos. Mucha gente, literatos, periodistas, lo criticaron… Decían “¿para qué?” Ojalá nadie tenga que preguntarles para qué sirve la poesía. Creo que las críticas se hicieron por incomprensión. Como por ejemplo, críticas por la presencia de la alcaldesa [Ana Botella, entonces]. Algunos dijeron que era politizar el asunto. ¿Cómo no va a venir la alcaldesa de Madrid?.

Fotografía destacada: El forense Francisco Etxeberria. EP

Fuente:http://www.infolibre.es/noticias/politica/2016/08/15/francisco_etxeberria_tengo_complejo_culpa_por_haber_empezado_antes_abrir_fosas_53147_1012.html

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Hallados huesos de niños en una sima donde se sepultó a una familia en 1936

Una mujer embarazada y sus seis hijos fueron arrojados en ese pozo de la montaña navarra al desatarse la Guerra Civil.

elpais.com / Carmen Morán / 09-09-2016

El forense Francisco Etxeberria ha sacado este viernes en Navarra los primeros huesos de niño que confirman uno de los más sangrientos crímenes de la Guerra Civil española. Se trata de los asesinatos de una mujer embarazada y de seis de sus siete hijos, arrojados a un pozo natural de 50 metros de profundidad. Después de varios días descendiendo a la sima, sacando basuras, separando huesos de animales, eliminando sedimentos, de repente, en una zona de la sala subterránea de unos siete metros de diámetro, aparecieron un fragmento de cráneo, luego una tibia, después un fémur.

“Ha sido muy emocionante, yo conocía esta historia, ahora podemos decir que no es leyenda, están aquí, los tiraron al pozo”, dice el forense, experto en estos trabajos de recuperación de restos en aplicación de la memoria histórica, en este caso financiados por el Gobierno de Navarra.

La terrible historia de Juana Josefa Goñi Sagardía y seis de sus siete hijos (el mayor se salvó porque estaba con el padre trabajando en el monte) se extendió pronto aquellos días de agosto de 1936 en el valle de Malerreka, el que Pío Baroja llamaba el país del Bidasoa. La mujer, de belleza extraordinaria, dicen los que supieron del relato por boca de sus mayores, había salido huyendo del pueblo, Gaztelu, amenazada por los vecinos que aquellos días anidaban las peores intenciones; se refugió, embarazada del octavo hijo, en un chamizo de la montaña con todos los críos. No muy lejos de allí estaba la sima. Mandó recado a su marido, que fue encarcelado al bajar al pueblo. Nada pudo hacer. La noche del séptuple crimen se oyeron cuatro tiros de escopeta. Nunca más se supo de la familia. Las leyendas y los secretos a retazos apuntaron siempre a aquel pozo.

“Ahora tenemos que sacar todos los huesos y son 200 por cada persona. Las familias están avisadas ya y faltan los análisis genéticos, pero no cabe ninguna duda”, afirma Etxeberria.

Hay unas sobrinas de Juana Josefa que viven en San Sebastián. Y el único hijo que quedó vivo se casó con Gloria Pedroarena, que ahora ocupa una plaza en una residencia de ancianos de Pamplona. “Las familias normalmente quieren saber qué ocurrió, pero no podemos determinar las circunstancias de las muertes, solo si hubo alguna herida de arma blanca, por ejemplo o disparos, eso quizás”, afirma Etxeberria. En el pueblo se decía que los tiraron vivos. Eso no podrá saberse.

En diciembre de 2014 los espeleólogos bajaron al pozo y sacaron el cadáver de un joven de 24 años que había desaparecido en la zona en 2008. Nada que ver con lo que se buscaba.

José Mari Esparza publicó el pasado mayo su libro La sima. ¿Qué fue de la familia Sagardía? (Txalaparta) y a la presentación acudieron algunos de los familiares. En él se relata la terrible historia, quizá la más trágica de la Guerra Civil, los odios, las envidias y los personajes que rodearon este crimen así como el juicio que se celebró pero que no logró poner nada en claro. Solo las leyendas han circulado todas estas décadas.

En el suelo del pozo, el equipo de Etxeberria excavó hasta dos metros, pero nada aparecía. “¿y si nos estamos equivocando? ¿Y si es otra sima y no es esta?”, se preguntaba el forense perdiendo ya las esperanzas. Ahora tiene ese mismo sentimiento que él reconoce en las familias cuando participa en los desenterramientos de cadáveres. “Por un lado es alegría, por otro tristeza, es muy difícil de explicar”, afirma.

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Fotografía destacada: Los excavadores Asier Izagirre y Francisco Etxeberria junto a los restos en la sima de Gaztelu.

Fuente:http://politica.elpais.com/politica/2016/09/09/actualidad/1473435228_453918.html

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