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Primera orden de la democracia que obedece Francisco Franco después de 80 años sublevado

La lápida de los 1.500 kilos que corona su tumba es como el tapón de un desagüe por el que desalojar la enorme cantidad de estructuras e infraestructuras que en nuestra cultura política posfranquista han sobrevivido durante estos cuarenta años.

El mayor potencial del movimiento de sus restos tiene que operar en el ámbito simbólico y por lo tanto en estructuras profundamente políticas.

eldiario.es / Emilio Silva / 24-10-2019

Cientos de miles de familias españolas vivieron con angustia el momento en que una lápida de 1.500 kilos era depositada sobre el ataúd en el que estaba enterrado y embalsamado Francisco Franco. Sentadas frente a televisores en blanco y negro, con un nudo en la garganta y con el terrible aprendizaje de no poder mostrar en público su ideología, mezclaron recuerdos de personas asesinadas, de familiares exiliados que murieron a miles de kilómetros del lugar que los vio nacer y de todos los proyectos vitales que murieron aplastados por las botas de un régimen de terror.

El hecho de que el responsable de numerosas violaciones de derechos humanos fuera enterrado no conllevó que el aparato político, militar, económico, académico, religioso y cultural que había se había desarrollado durante cuarenta años de dictadura quedara sepultado bajo esa losa. La incertidumbre, acerca de lo que podía suponer o no ese momento, generaba entre amplios sectores de la sociedad una tremenda angustia.

Mientras, las élites franquistas, que conocían parte del destino que iba a seguir el país en su frágil camino hacia la democracia, y caminaban unos cuantos pasos por delante del resto de la sociedad, contaban con un aliado que supieron administrar con gran habilidad: el miedo.

El miedo de los supervivientes del golpe del 18 de julio, y de la brutal represión que lo acompañó en los años de la posguerra, se había convertido en una parálisis colectiva y mayoritaria, en sentimientos de terror hacia las ideologías y las organizaciones políticas. A esa trauma colectivo se sumaba la permanente duda de no saber si el proyecto político que envolvía España iba a caminar realmente hacia la democracia o en cualquier momento un nuevo dictador retomaría las riendas del poder.

La colocación de la losa de granito sobre el cuerpo de aquel militar embalsamado apenas permitió un minúsculo alivio. La desaparición del hombre que había dejado todo atado y bien atado no supuso que su estructura de poder y quienes se habían beneficiado de su corrupción política y económica dejaran de hacer nudos en el proceso de regreso de la democracia.

Así se construyó un gran muro de impunidad, que con la colaboración de las formaciones parlamentarias de izquierdas, garantizó durante décadas que no existirían debates políticos acerca del pasado, que se consentía el blanqueamiento biográfico de representantes del régimen, empresarios que habían utilizado mano de obra esclava, policías torturadores que cobrarían pensiones especiales por sus “servicios extraordinarios” y la conservación de todos y cada uno de sus privilegios. A todos esos beneficios se añadiría el fomento de la ignorancia en los centros escolares, para garantizar a las élites del franquismo una vida democrática plena y una continuidad incuestionable en su ejercicio del poder.

La salida del cuerpo del dictador del Valle de los Caídos representa la primera vez en que el recorrido biográfico y simbólico del general Franco deja de sublevarse y se ve obligado a obedecer una orden de una sociedad democrática, después de 80 años de sublevación. El mayor potencial del movimiento de sus restos tiene que operar en el ámbito simbólico y por lo tanto en estructuras profundamente políticas.

Esa orden que se le da para que salga del Valle de los Caídos debería suponer algo así como que la lápida de los 1.500 kilos que corona su tumba fuera como el tapón de un desagüe por el que nuestra sociedad comenzara a desalojar la enorme cantidad de estructuras e infraestructuras que, en nuestra cultura política posfranquista, han sobrevivido durante estos cuarenta años impidiendo un pleno ejercicio de sus derechos a las víctimas de la dictadura.

El proceso de recuperación de la memoria histórica, la aparición de las fosas comunes que durante décadas ocultaron sus crímenes, la denuncia pública de los beneficios y privilegios de quienes torturaron a militantes de la oposición, con el fin de garantizar la estabilidad y la tranquilidad del régimen, han hecho que en los últimos años que un monumento que no generaba ninguna controversia política haya cambiado su significado y se haya transformado en un incómodo espacio. Esa transformación en la mirada de la ciudadanía ha convertido el gigantesco mausoleo en un lugar pendiente de ser actualizado y resignificado, con los valores de la democracia; y por tanto, de la defensa de los derechos humanos.

El empoderamiento de la familia del dictador, en todos estos meses, da medida de la capacidad operativa que han mantenido los descendientes del régimen en estos años de democracia. Ver cómo quienes disfrutan del vaciado del patrimonio español durante cuatro décadas ha echado un pulso, de tú a tú, con todo un Gobierno, es un síntoma más de nuestra debilidad democrática. Y además, es una consecuencia de la falta de hábito de colocar, a quienes durante cuatro décadas negaron los derechos civiles de millones de personas, en el lugar que merecen.

Otro síntoma de esa falta de contundencia es el hecho de que el cuerpo del cabecilla del sangriento golpe de Estado de 1936 va a salir de un mausoleo monumental, pagado con fondos públicos, a otro mausoleo funerario que también es propiedad del Estado. Eso significa que las víctimas de la dictadura, después de esta importante decisión, seguirán pagando con sus impuestos en lugar de enterramiento de quien tanto daño les causó, algo que nadie entendería en el caso de víctimas como las del terrorismo.

El Gobierno ha decidido, inexplicablemente, que no podamos ver imágenes de cómo se retira la losa de tonelada y media que cubría el féretro del dictador, ese enorme lastre que ha entorpecido el avance de nuestra cultura democrática. Sería sano para la democracia un ejercicio de mayor transparencia para poder ver cómo el hombre se asesinó y secuestró durante décadas la democracia obedece una orden ciudadana que le dice: ¡Ya no está todo atado!

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Fotografía destacada: Pintada de partidarios de Franco en una sede del PSOE

Fuente:https://www.eldiario.es/zonacritica/Primera-democracia-Francisco-Franco-sublevado_6_955814441.html

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De las fosas al callejero: las asignaturas pendientes de la memoria histórica

La Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica cree que la exhumación de Franco debe ser “solo el comienzo”.

Queda abrir fosas comunes, renombrar calles, investigar el patrimonio de los Franco o ilegalizar las fundaciones fascistas.

rtve.es / Jessica Martín / 22-10-2019

La Ley de Memoria Histórica cumplirá doce años en diciembre con uno de los deberes hechos: la exhumación del dictador Francisco Franco. Sin embargo, todavía son muchas las cuentas pendientes que España tiene con dicha ley, como abrir las fosas en las que siguen hacinadas miles de víctimas de la Guerra Civil, borrar del callejero las más de mil calles que siguen estando dedicadas al régimen, ilegalizar las fundaciones fascistas, investigar el patrimonio de los Franco o arrebatarle las medallas al expolicía franquista ‘Billy el Niño’.

Por esa razón, por todo lo que queda por hacer, los familiares de víctimas del franquismo han recibido la noticia de la exhumación de Franco con una sensación “agridulce”, explica a RTVE.es el portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Bonifacio Sánchez: “Es una sensación no tanto de triunfo como de que por fin se hace algo de justicia. Bien está que salga Franco, pero no nos podemos quedar ahí, debe ser el comienzo de algo”.

Una vez que se hayan trasladado los restos del dictador a Mingorrubio, sería necesario, a juicio de Sánchez, “resignificar” el Valle de los Caídos y convertirlo en un lugar “para la memoria democrática” en el que se explique “lo que significó la dictadura, en qué consistió el trabajo esclavo y qué papel jugaron tanto la Iglesia como los represores” que llevaron a Cuelgamuros a los desaparecidos.

Abrir fosas comunes

Precisamente, localizar a los 114.000 desaparecidos que, según la citada asociación, continúan en fosas comunes de toda España es otra de las tareas pendientes.

“La política de búsqueda de desaparecidos de la Guerra Civil Española y el franquismo debe ser tarea primordial del Estado”, rezaba un cartel compartido en Twitter por Pedro Sánchez en 2017, pero su propuesta ha quedado varada en el terreno de la voluntad y, de momento, no se ha hecho efectiva.

En los últimos 19 años se habrían abierto solo 740 fosas, de las que se han recuperado los cuerpos de 9.000 víctimas de la guerra y la dictadura, según la investigación liderada por el arqueólogo forense Francisco Echeverría. Más de 2.500 fosas comunes siguen sin abrirse y los restos de todas esas víctimas continúan en tierra de nadie. 

La fosa común más grande del país es el Valle de los Caídos, donde yacen los restos de 33.833 personas –más de 12.400 sin identificar- y España sigue siendo el primer país de la Unión Europea en número de desapariciones forzadas y el segundo de todo el mundo, después de Camboya, donde hay más de 20.000 fosas comunes que fueron localizadas tras el genocidio en el que perdieron la vida más de un millón y medio de personas.

Revisar las calles y los monumentos

También está pendiente, recuerda Bonifacio Sánchez, acabar con la “simbología franquista”, lo que pasa por renombrar las calles que adquirieron una nomenclatura ligada al franquismo con el fin de que todos los ciudadanos tuviesen muy presente el triunfo de los sublevados.

El Instituto Nacional de Estadística (INE) detectó y comunicó el pasado mes de febrero que “destacadas figuras del franquismo dan nombre todavía a 1.171 calles y plazas españolas repartidas entre más de 637 municipios“, así como también hay otros “19 en los que también pudieran quedar otros vestigios de exaltación de la Guerra Civil u homenaje al franquismo”. Y añadió que las comunidades autónomas con más municipios en los que quedan vestigios franquistas son, con diferencia, Castilla y León, con cerca de 260, y Castilla-La Mancha, con 125.

El último paso para cambiar las cifras se dio también en febrero de este año, cuando el Ministerio de Justicia solicitó a 656 ayuntamientos, entre ellos el de Madrid capital, que retirasen los vestigios franquistas que permanezcan en sus espacios públicos.

Lejos de acatar la petición del Ministerio de Justicia, algunos ayuntamientos han decidido revertir en los últimos meses los cambios ya realizados en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. Es el caso, por ejemplo, de Córdoba, donde el nuevo gobierno municipal de PP y Ciudadanos aprobó en junio de este año volver a la nomenclatura que tenían algunas calles antes de la llegada de PSOE e IU.

Por otro lado, según el INE, a 1 de enero, se mantenían los nombres de los municipios Guadiana del Caudillo, en Badajoz, y Llanos del Caudillo, en Ciudad Real.

A lo largo de la geografía española también hay numerosos monumentos cargados de simbología franquista, como el Monolito a Mola en Alcocer, en homenaje a Emilio Mola, uno de los cabecillas del golpe de Estado que inició la Guerra Civil española, o el Arco de la Victoria, en Madrid.

Exhumar a otros generales

La exhumación de Franco podría allanar el camino para que se tomen decisiones similares respecto a los restos de otros generales franquistas.

En Andalucía este mismo mes de octubre asociaciones en defensa de la memoria histórica han reactivado la petición de exhumar los restos de Queipo de Llano, que continúan en la Basílica de la Macarena de Sevilla. Sin embargo, la Junta ha adelantado que ese traslado no está entre sus prioridades y tanto el PP como Ciudadanos han descartado abrir el debate.

Además, en la cripta del Alcázar de Toledo sigue enterrado el general franquista José Moscardó, junto con Jaime Milans de Bosch , jefe de la intentona golpista del 23-F.

Ilegalizar las fundaciones y juzgar a los represores

“Habría también que incluir en el Código Penal la apología del franquismo y algunos otros delitos que hoy se están cometiendo impunemente”, añade el portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que señala la Fundación Francisco Franco como ejemplo de apología.

Para ilegalizar esa y otras fundaciones que inciten al odio o a la violencia contra las víctimas de la Guerra Civil sería necesario que el Gobierno llevase a cabo la prometida reforma integral de la ley de Memoria Histórica.

Por otro lado, Bonifacio Sánchez recuerda que quedan vivos 17 represores que están siendo buscados por la Justicia universal desde Argentina y que “están protegidos” en España, y pone de ejemplo al exministro franquista Rodolfo Martín Villa o al ex inspector de la brigada político-social del franquismo Antonio González Pacheco, más conocido como ‘Billy el Niño’. Este último tiene hasta quince querellas por torturas, pero la mayor parte de ellas han sido rechazadas o archivadas al considerarse prescritos los presuntos delitos.

Además de gozar de impunidad, ‘Billy el Niño’ mantiene sus condecoraciones policiales -que hacen aumentar su pensión- porque, según el Ministerio del Interior, no está regulada la posibilidad de retirar esas medallas a policías.

Investigar el patrimonio de los Franco

Investigar el patrimonio de los familiares del dictador español se suma a la lista de obligaciones que, según Bonifacio Sánchez, tiene España con la memoria histórica. Sobre la mesa está ya la lucha por el pazo de Meirás, que volverá a enfrentar al Gobierno con la familia tras la batalla judicial que han protagonizado en el episodio de la exhumación.

La Abogacía del Estado presentó en julio en los juzgados de A Coruña una demanda contra los herederos por esa propiedad, que fue residencia de verano del dictador, al entender que la compra en 1941 fue “simulada y fraudulenta”.

“También queda que las empresas que se lucraron con el trabajo esclavo, empresas grandes que todavía cotizan en el IBEX 35, den cuentas, como han hecho en Alemania, a las víctimas por el patrimonio que consiguieron”, agrega Sánchez.

Finalmente, y precisando que hay más asuntos pendientes de los señalados, el portavoz de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica considera que hay una tarea imprescindible que se debe llevar a cabo en España: “que todo esto aparezca en los libros de texto, que sea una verdad oficial”.

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Fuente:http://www.rtve.es/noticias/20191022/fosas-callejero-asignaturas-pendientes-memoria-historica/1981983.shtml

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Las rapadas de Lekeitio: víctimas de la represión franquista

Humillaban a mujeres y niñas públicamente y convirtieron el castigo de género en arma política durante la guerra y la posguerra.

publico.es / Ibon Pérez Bárcena / 20-10-2019

Tam-Tam, tampatantam. Gregori Goitia Izurieta (1919) tenía 16 años pero recuerda como si fuese ayer el sonido del tamboril que anunciaba el “paseo de la vergüenza”. Con el apoyo de los “señoritos”, los alguaciles y guardias civiles testaban en Lekeitio un castigo que se extendió por muchos pueblos y ciudades del nuevo Estado dictatorial, aunque los registros de aquellas humillaciones públicas sean escasos. De norte a sur, solamente se conservan tres únicas fotografías que ilustran esa barbarie.

Rufo Atxurra, historiador autodidacta y una de las fuentes más fiables de información del pueblo no pudo recabar documentos de lo acaecido en Lekeitio porque “las víctimas hicieron lo posible por enterrar esas vejaciones” y “las autoridades no escribieron un listado de las atrocidades cometidas”.

Tampoco figuran expedientes sobre estas mujeres en los tribunales militares del franquismo. Han sido las grandes olvidadas. Son los propios familiares los que, con su testimonio, pueden ayudar a escribir el relato de aquellos escarnios.

Para que os hagáis una idea, era tal la brutalidad con la que fueron tratadas estas mujeres que, en el periódico madrileño ahora, fechado el 2 de octubre de 1936, hablaban de “bárbaros instintos de las hordas fascistas que dejaban sus huellas en estas mujeres vascas”.

Hacia el modelo de una nueva mujer

Los ataques sistemáticos de los “vencedores” contra las mujeres de Lekeitio eran castigos por haber cuestionado los principios básicos y el orden que pretendía establecer el nuevo estado dictatorial.

“Las potxuas” – chicas en el lenguaje coloquial de la zona- eran mujeres que destacaban por tener un fuerte carácter y desafiaban la autoridad de los alzados con sus costumbres y tradiciones; el euskera era dominado por la gran mayoría de las madres, abuelas y nietas. Algo que el régimen no veía con buenos ojos por considerarlo el lenguaje del demonio y de los nacionalistas.

Eusebia Barinagarrementeria (dch) en 1975. Le cortaron el pelo con 42 años en Berriatua en mayo de 1937.

Devotas acérrimas de la Antiaguako Ama- La Virgen de la Antigua- aún conservaban bailes paganos en los que eran exclusivamente mujeres las que bailaban la danza del sol o el aurresku femenino. Esos bailes quedaron proscritos.

Javier Martin Burgaña las describe trabajando en el puerto: “cosiendo las redes de los marineros, descargando el pescado, encestándolo, limpiando el muelle, etc”. Además, se encargaban del cuidado de los niños y del bienestar de la familia; hacían de padre y madre porque sus maridos estaban en la mar, habían fallecido en combate o- en el mejor de los casos- porque habían abandonado el país en un exilio forzado.

Por “rojas” y “vascas”

Brijida, Mari “Ondarru”, Miren “Ponpon”, Rosario “Akorda”, Claudia y Carmen “Antzarra” no salen en los libros de historia pero tienen algo en común: fueron despojadas de uno de los símbolos más visibles de feminidad de la época.

Sin haber “torturado, violado y asesinado” a nadie, les raparon el pelo de la cabeza al cero en el ayuntamiento y, a alguna de ellas, también el de las cejas. Ese sería solamente el inicio de un calvario que iban a experimentar en sus propias carnes, una venganza y un ensañamiento que supera lo imaginable.

“Les dejaban una cabellera más blanca que el color de mi brazo”, explica Gregori señalando una de sus articulaciones agarrotadas por el exceso de trabajo de años y años. A punto de cumplir un siglo de edad , Gregori todavía suspira al hablar de la guerra “entre hermanos”: “Ay la guerra, ay la guerra”, lamenta con un debilitado hilo de voz.

Gregori Goitia en uno de los momentos de la entrevista.

Una falsa denuncia de un vecino del propio pueblo, el simple hecho de tener un familiar en el bando republicano, vizcaíno o nacionalista sin la necesidad de que ellas compartieran esas ideas y, en definitiva “porque a ellos les daba la gana”, concluye Mila Mendia. Cualquier pretexto era válido para que una mujer acabase en prisión.

“A mi abuela María se la llevaron simplemente por haber estado ayudando en el puesto de la Cruz Roja a los gudaris que llegaban heridos del frente”, explica Iñaki Ruiz Laka. “A la mía, en cambio, por llevar una ikurriña”, responde el nieto de otra. “A fulana y a mengana por no cantar el “Cara al sol”.

Documentos de la condena de Mari Egaña ´Ondarru`

“Fueron trasladadas a una prisión que habían improvisado en una casa donde actualmente se encuentra el bar Itxasalde”, informa Mari Nieves Erkiaga, “donde está el primer mirador”. Dormían hacinadas y arrinconadas en el suelo, en un espacio que no superaba los 60 centímetros de ancho. “La comida escaseaba y los contados alimentos que llevaban a la boca estaban podridos”.

En el centro, el edificio con miradores blancos donde se ubicaba la prisión femenina

La inquisición franquista

Una de las secuencias más memorables de Juego de Tronos es el “Walk of Shame”- el paseo de la vergüenza- al que sometieron a Cersei. “La Lannister era obligada a ir hasta el castillo real atravesando desnuda y sin su larga melena por las calles de Desembarco del Rey”.

Un padre que prefiere mantenerse en el anonimato no es capaz de buscar un símil mejor para contarle a su hijo lo que aconteció entre 1937 y 1940 en Lekeitio. “Aquí pasó algo parecido”, afirma tajante. Su mujer compara los sucesos de la villa marinera con otra figura de la “España Negra”, “con los sambenitos esos que imponía la inquisición española a los acusados de brujería, a los falsos conversos y a los herejes”.

Tras ser arrestadas, a las mujeres peladas las forzaban a ingerir grandes cantidades de aceite de ricino, un laxante al que muchos le otorgaban propiedades abortivas. En el mejor de los casos el nauseabundo líquido les provocaba fuertes dolores de barriga y quemazón estomacal, en el peor de los casos diarrea y vómitos.

La vida de las mujeres de Lekeitio está ligada a su puerto

“Bebe esto”, le dijeron a Claudia, “porque tú eres vieja y para que mueras antes” y, así hizó ella. Pero afortunadamente, la primera vez que la bebió, Claudia consiguió tirar gran parte de la sustancia a un pañuelo que le habían dado los verdugos para limpiarse las “babas”. “Vais a echar todas las tonterías comunistas fuera del cuerpo”, les advertían.

“Las fuerzas vivas” del municipio obligaban a desfilar a las mujeres desde la plaza hasta el rompeolas en un teatro tumultuoso que duró más de un mes. Caminaban dando pequeños pasos amortiguados por el sonido de un txistu y un tambor, defecando por el poderoso laxante que les habían dado. En otras ocasiones les acompañaba la banda de música del pueblo. De esa manera, habían sido señaladas para el resto de sus vídas para su propio escarnio y el de sus propias familias. Estaban avisadas las futuras disidentes femeninas.

Según afirma el psiquiatra Enrique González Duro en su libro Las rapadas, el franquismo contra la mujer (S.XXI) , “las víctimas quedaban marcadas indefinidamente, aunque no tuvieran secuelas físicas”. Quedaron grabadas en el imaginario colectivo de toda la población.

La rapada Mari Egaña, de negro y sujetando a la bebé que alumbró en la cárcel

“Vagaban como almas en pena” narra Nicolasa Laka Egaña “Niko” con la firmeza del que conoce bien la historia. Su madre, Mari “Ondarru” se libró de milagro del ricino porque estaba a punto de dar a luz a su hermana , pero la exhibieron de modo deshonroso. “A la pobre le subieron la minifalda por encima de las rodillas y la pasearon de aquí para allá entre las sonrisas de algunas personas y la cara de pena de otras”, agrega con tristeza. “La dejaron libre para traer al mundo a Txaro, que caprichos del destino, nació el mismo día en el que cumplía años el Caudillo”, esboza una sonrisa tendenciosa. “Al de tres días nos la metieron presa otra vez”, lamenta.

“Se les dejaba un pequeño mechón de pelo al que le anudaban un “txori” – un lazo en euskera – rojo y amarillo”, amplia Mila Mendia , “llevaban los colores de la bandera monárquica como mofa”.

A las hermanas María y Alejandra Erkiaga Bengoetxea les obligaron a limpiar los palacetes y las casas de los terratenientes y ricachones. “Dejábamos el suelo como la patena y, al acabar, los soldados echaban escupitajos al parqué mientras gritaban “puta vasca, limpia otra vez”, solía contarle en vida María a su hija Rosa Bárcena Erkiaga. “Otras mujeres se encargaban de dejar como la patena la Basílica de Santa María, los cuartelitos de la Guardia Civil y el ayuntamiento”, apostilla Rosa, “todo con jabón y frotando con la arena de la playa pequeña, eh”.

El horror hecho lugar

A muy pocos kilómetros de Lekeitio, en la playa de Saturrarán de Mutriku, límite entre Bizkaia y Gipuzkoa, se encontraba la Prisión Central de la playa de Saturrarán. El bello entorno asalvajado, antiguo balneario, lugar de veraneo y descanso para turistas con dinero en otros tiempos, distaba mucho de la embajada de la muerte en el que se convirtió. Guarda una historia cruenta real que habría que recordar.

Vista de la antigua cárcel de Saturrarán

Entre 1938 y 1944 por sus celdas pasaron más de cuatro mil presas republicanas de 18 a 80 años . “Lekeitianas habían pocas pero trajeron a 700 asturianas” comenta Jesusa Goiogana. Allí encontraron la muerte 116 mujeres y 57 niños a los que consideraban “débiles mentales” y los pequeños que sobrevivieron fueron entregados en adopción a afines a los gobernantes franquistas.

De entre las guardianas las presas distinguían a la superiora sor María Aranzazu Vélez de Mendizábal “por lo mala que era”. “Le pusimos el mote de sor “Pantera blanca” porque tenía el hábito blanco pero el corazón muy negro”, apuntó una superviviente. “Todas las monjas eran unas déspotas y les faltaba humanidad”, dejaron escrito las demás.

Diez prisioneras con sus “monjas guardianas”

Las presidiarias fueron sometidas a la férrea disciplina impuesta por las monjas de la orden Mercedarias –hasta negaban la leche a los niños pequeños- y eran frecuentes las palizas y violaciones a las que les sometían las monjas.

En todos los pueblos se conocen historias parecidas. “Pregunta, pregunta”, me reta una señora. En Berriatua, sin ir más lejos “en el pueblo de al lado de Lekeitio, a partir de mayo de 1937 cortaron el pelo a otras siete y fusilaron a otras dos”, dice tajante para acallar las preguntas.

Oropesa (Toledo) , Montilla (Córdoba), Marín (Pontevedra), La Peña (entre Jaca y Ayerbe), Fuente de Cantos (Badajoz)… son algunos de los otros ejemplos de esta práctica extendida. No hay territorio ni municipio en el que las mujeres no pudieron evitar el rapado sistemático como forma de castigo.

Un grupo de niñas y jovenes rapadas en Montilla ( Córdoba) haciendo el saludo franquista.

El general Gonzalo Queipo de Llano –la máxima autoridad militar de Sevilla–, solo cinco días después de empezada la guerra civil, decía en la radio: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los cobardes de los rojos lo que significa ser hombre. Y, de paso, también a sus mujeres. Después de todo, estas comunistas y anarquistas se lo merecen, ¿no han estado jugando al amor libre? Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricas. No se van a librar por mucho que pataleen y forcejeen”.

Feminicidas de altas esferas

Los instigadores o altos mandos del levantamiento militar no escondían sus pretensiones ante la opinión pública.

Queipo de Llano, uno de los militares golpistas más feroces y máxima autoridad en Sevilla, lanzó este mensaje contra la mujer en Unión Radio Sevilla, perteneciente a la Cadena Ser tan solo cinco días después de empezar la guerra civil: “Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad. Y de paso también a sus mujeres […] Esto está totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen”.

Queipo de Llano lanza uno de sus discursos propagandísticos por la radio.

Ahí no acaba todo

Las “liberadas” que vivieron esos episodios volverían al ámbito privado del hogar, avergonzadas y estigmatizadas. Hasta que les volvía a crecer el cabello, las mujeres se escondían en sus casas y se cubrían el pelo que no tenían con un pañuelo (en el caso del País Vasco tapaban la cabellera con una txapela).

En muchas ocasiones, al ver que no llevaban “sus vergüenzas a la vista”, los falangistas les arrancaban las telas que protegían sus cabezas cuando las veían por las calles para así aumentar su vergüenza.

Pero el rapado del cabello y las purgas de ricino no fueron las únicas formas represivas y ejemplificadoras. En el peor de los casos, las mujeres se enfrentaron a agresiones sexuales, a abusos y a violaciones por parte de las fuerzas falangistas, moras y regulares o cualquiera que las consideraba exclusivamente un cuerpo y se creía el derecho de hacer uso de la fuerza contra ellas.
En ocasiones, fruto de estas relaciones no consentidas se dieron infinitos casos de embarazos no deseados.

Pura Sánchez, autora de la represión de las mujeres en Andalucía (2009) cree que en la guerra civil al igual que “en las guerras antiguas, como en las guerras contemporáneas, (…) la mujer es considerada un territorio en el que el hombre proyecta sus deseos”. Por eso, era frecuente que, sufrieran el acoso de los autoridad y hombres con poder que les pedían relaciones sexuales para favorecer a familiares encarcelados.

Al igual que los hombres, sufrieron brutales torturas en interminables interrogatorios para dar cuenta del paradero de amigos y conocidos contrarios al franquismo , fueron obligadas a realizar trabajos forzados y las excluyeron de la sociedad de diversas maneras.

Cuatro mujeres rapadas al cero por los franquistas en Oropesa (Toledo) por ser familiares de republicanos.  Fundación: Pablo Iglesias

Cabe destacar que como subraya Ana Verdugo en Represión franquista sobre mujeres (2012) “muchas de ellas habían ejercido de cargos públicos durante la República, como alcaldesas y concejalas, o distintas profesiones como farmacéuticas, enfermeras o maestras”. Les fue prohibido trabajar condenándolas a la más absoluta miseria.

Patxi Juaristi Larrinaga (Markina-Xemein, 1967) es Doctor en Sociología y ha publicado numerosos artículos y libros relacionados con la Guerra Civil. Habla de una “represión atroz generalizada” contra la mujer que “cambió de raíz” su forma de vida.

Los partidarios de Franco eliminaron de golpe todos los avances y los derechos que habían conseguido las mujeres en la República. “Una de las banderas del régimen franquista fuese esa”, afirma el experto. Durante décadas, se valieron del fanatismo religioso, misógino y homófobo para moldear la cimientos del machismo más opresor. La familia, la tradición y Dios estaban por encima de cualquier otra cosa y bajo el eje de esta triada, la mujer era sometida a la cultura patriarcal más humillante.

Las “incorregibles” eran fusiladas sin ningún miramiento y a acababan enterradas en fosas comunes.

A las “rojas” les fueron arrebatados muchos bebés para acabar en manos de familias acaudaladas, una práctica normalizada gracias a la cooperación de religiosas y doctores que operaron en una red organizada hasta bien entrada la democracia.

Justicia y reparación

Las difamaciones sobre las Trece Rosas vertidas abiertamente y sin ningún tipo de rigor histórico que ha vertido el secretario general de VOX, Ortega-Smith, y la escalada de declaraciones guerracivilistas de sus socios en Madrid, deja de manifiesto que sin alimentar rencores, hay que hacer un ejercicio de memoria colectiva.

Las difamaciones sobre las Trece Rosas vertidas abiertamente y sin ningún tipo de rigor histórico que ha vertido el secretario general de VOX, Ortega-Smith, y la escalada de declaraciones guerracivilistas de sus socios en Madrid, deja de manifiesto que sin alimentar rencores, hay que hacer un ejercicio de memoria colectiva.

Ahora, más que nunca, es necesario que conozcamos el pasado que nos pertenece para que generaciones venideras sean conscientes de lo peligroso que es el fascismo y lo importante que es proteger una democracia. No se trata de que reconstruyamos aquella oscura época en la que cambió el modo de vida y la convivencia de toda la sociedad, sino de conocer lo que hemos podido dejar atrás y cerrar heridas en un acto de sanación.

“Hay que recordar que nosotros estábamos tranquilos”, opina el familiar de una de las víctimas, “nosotros no iniciamos la guerra y nos acusan por habernos defendido”, zanja el tema.

Gabriel Akordarrementeria perdió a su madre hace cinco años. Rosario “Akorda”, su ama era una de las lekitxarras a las que raparon el pelo pensando que nunca sería libre e independiente. “Se equivocaron”, asegura. “Ya que el martirio que vivieron era un tema tabú, sería bonito que hablásemos por ella, se lo merecen”, manifiesta abiertamente.

Akordarrementeria se despide, nos sin antes haber prometido que la próxima vez que vea a Koldo Goitia, el alcalde de Lekeitio, le pedirá que haga un homenaje público a “las rapadas que tenían sus nombres, fueron señalas y han sido olvidadas”.

Sin embargo, en la copia borrosa que preserva la memoria siguen presentes. Cada una de ellas aún vive en las cabezas de quienes se acuerdan de sus nombres. Debería estar prohibido por ley no recordar.

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Fotografía destacada: Lekeitio, 1916. Maria Erkiaga encabeza una de las únicas danzas femeninas del País Vasco.

Fuente:https://www.publico.es/politica/rapadas-lekeitio-victimas-represion-franquista-desentierran-practicas-estigmatizaron-degradaron-matriarcado-vasco.html

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Mujeres del exilio republicano: la historia silenciada de la lucha feminista y el antifranquismo

Del medio millón de refugiados que provocó la guerra civil española, una parte quedó anclada en el segundo plano de la historia: eran ellas, las mujeres.

Maestras, políticas, escritoras, enfermeras… desde Victoria Kent hasta Maruja Mallo, de Dolores Ibárruri a Neus Català y otras muchas “mujeres sencillas”.

“En el exilio, las mujeres dejarán para otro momento sus propias demandas de igualdad a favor de causas prioritarias como la lucha antifranquista o la supervivencia”, explica Matilde Eiroa, doctora en Historia Contemporánea.

eldiario.es / Juan Miquel Baquero / 17-1 -2019

Maestras, políticas, periodistas, sanitarias, escritoras o científicas… mujeres. Y la mayoría sin notoriedad pública. Entre el medio millón de personas que vivieron el éxodo provocado por la guerra civil española, una parte quedó anclada al segundo plano. Eran ellas, las mujeres del exilio republicano. Desde Victoria Kent hasta Maruja Mallo, de Dolores Ibárruri a Neus Català.

Porque si la España vencida quedó relegada a las cunetas del silencio, la versión femenina de la historia sufrió un doble abandono. Hace 80 años de la diáspora que atravesó primero la frontera francesa para aterrizar pronto en dispares destinos europeos, africanos y americanos.

Y dentro de la marabunta de refugiados queda el drama callado. Es la memoria de un contingente humano en el que las mujeres formaron un bloque menos visibilizado.

Esa parte de la historia secundaria que ha rescatado el Congreso Internacional ‘Mujeres en el exilio republicano de 1939’, que acaba este viernes. La cita ha prestado una atención específica al colectivo femenino de perfiles diversos, desde la élite de mujeres dirigentes y profesionales a aquellas desconocidas.

Y dando a conocer los espacios destinados entonces a las republicanas. Como los campos de concentración, las maternidades especiales o los albergues. Lugares donde compartieron tiempo y penurias con una infancia también abocada al destierro. Ellas, de la proyección pública a las mujeres ocupadas en tareas de la vida cotidiana. Y su relato.

“En el exilio las mujeres dejarán para otro momento sus propias demandas de igualdad a favor de causas prioritarias, como la lucha antifranquista o la supervivencia en una España extraoficial y sin territorio”, explica Matilde Eiroa San Francisco, doctora en Historia Contemporánea y profesora titular en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

Victoria Kent (Málaga, 1898 – Nueva York, 1987). Primera mujer en el mundo que ejerció como abogada ante un tribunal militar. Diputada en las Cortes constituyentes de la II República por el Partido Republicano Radical Socialista y en 1936 en las listas de Izquierda Republicana, dentro del Frente Popular. Fue directora general de Prisiones e intentó reformas para “humanizar” el sistema penitenciario.

Victoria Kent.

Contraria al sufragio femenino pese a sus convicciones democráticas y feministas, sostenía que la mujer española no tenía la suficiente preparación social y política. Mantuvo una batalla dialéctica con Clara Campoamor. Escapó del exilio en París tras la invasión nazi de Francia y se quedó hasta su muerte en México y Estados Unidos.

Maruja Mallo (Viveiro, Lugo, 1902 – Madrid, 1995). Pintora surrealista. Una de las principales artistas de la Generación del 27. Formó parte de ‘Las Sinsombrero’, movimiento feminista de un grupo de jóvenes intelectuales para quebrar el papel de la mujer en una sociedad patriarcal. Su nombre real era Ana María Gómez González.

Una obra de Maruja Mallo. | EFE

Exiliada en Argentina en 1937, recibió un rápido reconocimiento. Pasa por Uruguay y Chile y expone en París, Brasil o Nueva York. Se codea con Picasso, Magritte, Miró; es admirada por Warhol, André Breton… Amiga de María Zambrano, Federico García Lorca, María Teresa León, Salvador Dalí… Era, ante todo, libre. Pero las crónicas de la época destacaban de ella sus “conquistas”, como Pablo Neruda, Miguel Hernández o Rafael Alberti. Regresó a España en 1962. En 1982 recibió la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, concedida por el Ministerio de Cultura.

Margarita Nelken (Madrid, 1894 – Ciudad de México, 1968). Escritora y crítica de arte. Como política fue diputada del PSOE por Badajoz y la única mujer que logró las tres actas parlamentarias en la II República (1931, 1933 y 1936). Escribió libros de corte feminista, aunque también votó contra el sufragio femenino. Se le atribuye la primera traducción al español de La metamorfosis de Franz Kafka.

Margarita Nelken.

Conocida por sus duros discursos, fue condenada a 20 años de prisión tras la Revolución de Asturias, pero huyó a Francia. En la Guerra Civil se afilió al PCE. Estuvo en el frente, participó en la defensa de Madrid y colaboró en la organización de la Unión de Mujeres Antifascistas. El exilio la llevó a México. Su correspondencia y documentación están en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

Neus Català (Guiamets, Tarragona, 1915 – 2019). Era la única superviviente española del campo de concentración nazi de Ravensbrück. Falleció con 103 años tras toda una vida de lucha antifascista. Feminista y comunista, era enfermera y cruzó la frontera a Francia en los últimos días de la guerra civil con 180 niños que cuidaba en Premià de Mar (Barcelona).

Neus Català con su traje de prisionera. | CORTESÍA DE NEUS CATALÀ

Obligada por las SS a trabajar en la industria de armamento, formó el ‘Comando de las gandulas’, un grupo de mujeres que boicoteó e inutilizó unos diez millones de balas. Tras su liberación continuó la lucha clandestina contra el franquismo. Tiene reconocimientos como la Cruz de San Jordi (2005) y la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya (2015), al Mérito Cívico por el Ayuntamiento de Barcelona (2014) y la Medalla de la Villa de París con el grado de ‘Grand Vermeil’ –la mayor distinción de la capital francesa– (2019) y Catalana del Año (2006).

Dolores Ibárruri (Vizcaya, 1895 – Madrid, 1989), La Pasionaria. Histórica dirigente del Partido Comunista de España. Fue diputada en la Segunda República y en las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, en 1977. Vicepresidenta de las Cortes en 1937. Secretaria general (1942-1960) y presidenta de honor a perpetuidad del PCE (2005). Miembro del Secretariado de la Internacional Comunista.

Dolores Ibárruri y Rafael Alberti, en la Mesa de Edad de la constitución de las Cortes, el 13 de julio de 1977. | EFE

Unió la acción política con la lucha de los derechos de las mujeres y asumió la doctrina marxista como herramienta para la liberación de la clase obrera. En 1933 fue presidenta de la recién fundada Unión de Mujeres Antifascistas. Encarcelada en varias ocasiones. Tras finalizar la Guerra Civil Española, se exilió en la URSS. Regresó a España el 13 de mayo de 1977. Está enterrada en el recinto civil del Cementerio de La Almudena. Publicó sus memorias, El único camino, en 1962.

Y el destierro de las “mujeres sencillas”

Mujeres como Kent, Catalá, Mallo, Nelken o Ibárruri “representan la política, la sociedad, la cultura, la ciencia, pero también otros valores, como el esfuerzo, la superación, la humildad, el servicio a la sociedad, la ética, la democracia y la apuesta firme por las libertades y derechos sociales”, en palabras de Eiroa.

Todas “constituyeron un apoyo básico en la perduración y la memoria de la libertad y la democracia”, continúa. Con una “diferencia importante con los hombres”: tuvieron que pasar “de la participación en la vida pública, del activismo cultural, social y político” desarrollado en los años 30 a la reducción o, en algunos casos, al cese de su actividad.

Mujer votando por primera vez en 1933.

“Pero en la mayoría de los casos su labor perteneció y permaneció en el terreno doméstico y emocional”, subraya Matilde Eiroa en conversación con eldiario.es. El destierro también fue distinto para las “mujeres sencillas”. Para aquellas “que no habían tenido notoriedad pública, la expulsión de su entorno fue un drama y el comienzo de una nueva vida en sitios, a veces, muy inhóspitos”.

Nuevas costumbres para “nuevas formas de sobrellevar la vida cotidiana”. A veces convertidas también “en el principal ingreso doméstico hasta que sus maridos encontraron trabajo”. Con “la máquina de coser y la costura” o “la confección de labores y útiles para el hogar” como vías de subsistencia.

Porque, al final, “ellas fueron las encargadas de la recomposición de la familia, de la instalación en los nuevos destinos y de la adaptación del núcleo familiar a la vida cotidiana”, dice la profesora de la UC3M. Y de conservar “las costumbres españolas: las recetas de cocina, las canciones, los cuentos, las fiestas, la memoria familiar”.

Ellas “transmitieron a sus hijos y a las segundas generaciones nacidas en el exilio una idea de España casi mitificada: el paisaje, la luz, el color de la geografía española”. Y “todas querían volver a España”. Como, en general, “todos los exiliados”. Pero “a una España donde hubiera libertades y no la de Franco”.

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Fotografía destacada: Mujeres antifascistas.

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Mujeres-republicano-silenciada-feminista-antifranquismo_0_953305679.html

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Angüés (Huesca) cierra el círculo: comienza la búsqueda de los últimos nueve ejecutados de la localidad durante la Guerra Civil

29 vecinos de esta localidad fueron ejecutados en los primeros días de la contienda y enterrados en fosas comunes del cementerio de Las Mártires, en Huesca. Se trabaja ahora para hallar los restos de nueve de ellos en la última parte de un proyecto que ha constado de tres fases.

En la búsqueda inicial, llevada a cabo en octubre de 2018, se encontró a cinco de estos angüesinos y a doce en la segunda, que tuvo lugar el verano pasado en el mismo camposanto con la colaboración entre la Arico y el Círculo Republicano Oscense Manolín Abad.

“A mi abuelo lo mataron por un trozo de periódico”: exhuman los cuerpos de 17 personas asesinadas en 1926 en Pomer

eldiario.es / Miguel Barluenga / 15-10-2019

En los primeros días de la Guerra Civil, durante el verano de 1936, la represión del bando nacional se cebó con la localidad altoaragonesa de Angüés. 29 de sus vecinos fueron asesinados y enterrados en fosas comunes del cementerio de Las Mártires, en Huesca. La magnitud de la empresa para recuperar sus restos ha obligado a afrontarla en varias etapas. La última se inició el pasado 7 de octubre y se busca a nueve personas más, separadas en tres tumbas diferentes a las que se dará un entierro mucho más digno en el mismo espacio.

La primera fase se ejecutó hace un año, en octubre de 2018 bajo la promoción y dirección técnica de la Asociación por la Recuperación e Investigación contra el Olvido (Arico), y con la colaboración del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca (Crmahu), Charata de Uncastillo y el Batallón Cinco Villas. La segunda fase, con los mismos parámetros, se realizó en julio y, en ambos casos, con éxito: se halló a cinco de estos vecinos en el primero y a doce en el segundo. Ahora, los oscenses son quienes encabezan los trabajos con la asistencia técnica de Arico y la colaboración de voluntarios que trabajan en tres espacios.

Según las investigaciones llevadas a cabo por Toño Moliner, vocal de Memoria Histórica del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca, en la primera de las fosas se inhumó a Demetrio Huguet Ubico, José Huguet Ubico y Juan José Lomero Bravo. En la segunda, a Domingo Tomás Rivera Sarvisé, Luis Val Casabón y Francisco Zamora Campo. Y en la tercera, a Domingo Ponz Conte, Joaquín Rivera Sarvisé y José Villacampa Bravo.

Durante la primera de las sesiones de trabajo ya se registraron resultados en el primero de los intentos, y los días sucesivos también han evidenciado que se trabaja en la buena dirección con la ayuda de alumnos de la Universidad de Zaragoza y termos de café ahora que el frío comienza a apretar temprano, cuando se inician estas largas jornadas.

Entre los primeros identificados después de haber sometidos los primeros restos hallados a las pruebas de ADN fue Román Arnal Mur, hermano del conocido militante anarquista Martín Arnal Mur.  Angüés contaba con poco más de 800 habitantes durante la década de los 30 y una potente base de jóvenes anarquistas articulados en el sindicato local de la CNT, y tras el golpe de Estado de julio de 1936 se concentraron en la localidad las dotaciones de varios puestos de la Guardia Civil bajo el mando del teniente Manuel Lahoz Julve, que se replegaron a Huesca ante la presión ejercida por las milicias organizadas en Barbastro.

23 vecinos anarquistas de Angüés fueron detenidos por la Guardia Civil e ingresados en la Prisión Provincial de Huesca el 24 de julio de 1936. Durante esa semana en que Angüés estuvo en manos de los sublevados fueron enviados a la cárcel un total de 31 angüesinos y todos ellos serían asesinados en Huesca en los meses siguientes. El destino habitual de los cadáveres, en sucesivas sacas, fue el cementerio de Las Mártires.

Entre los días 3 y 6 de enero de 1937 se ejecutó a 17 vecinos separados en diferentes sepulturas. El 3 de enero de 1937 se asesinó, a las 23:30, a Emeterio Alpín Zaballos (32 años), José Franco Carpi (46 años), Dionisio Gallo Brusau (32 años), José María Batos Lacasta (48 años) y Emilio Cardiel Huguet (26 años). Todos ellos fueron enterrados en una fosa común que ocuparía dos sepulturas distintas (zanja 7, fila 20, sepulturas nº 299-300), tras ser recogidos los cadáveres por la ambulancia número 24 de la Cruz Roja.

El 5 de enero de 1937 fueron ajusticiados, a las 22:30, Santos Buil Tornil (27 años), Tomás Canudo Domper (26 años), Gregorio Espona Vitales (55 años), Ramón Briac Oliveros (19 años) y Bartolomé Casasín Pérez (53 años). Se les dio sepultura en una fosa común. Finalmente, el 6 de enero de 1937 fueron asesinados Agustín Bravo Brusau (31 años) y Mariano Buil Tornil (23 años). Ya el 4 de enero de 1937 habían sido ejecutados otros cinco vecinos de Angüés: Román Arnal Mur (24 años), Fabián Alsina Soliva (26 años), Ramón Bonet Buil (25 años), Miguel Cardiel Huguet (27 años) y Manuel Gallo Brusau (35 años).

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Fotografía destacada: En la búsqueda inicial, llevada a cabo en octubre de 2018, se encontró a cinco de estos angüesinos y a doce en la segunda CARLOS NEOFATO / HUESCA

Fuente:https://www.eldiario.es/aragon/sociedad/Angues-Huesca-ejecutados-Guerra-Civil_0_952955343.html

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‘Esclavos de Franco’: viñetas para recordar a los presos de los campos de concentración de la dictadura

Chesús Calvo recurre a la ficción en viñetas para contar la historia de los soldados republicanos hechos prisioneros y forzados a trabajar para reducir sus condenas. 

“Muchas empresas, con nombres y apellidos, se beneficiaron de esa mano de obra en la construcción de infraestructuras”, recuerda Quique Gómez, de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón.

eldiario.es / Óscar Senar Canalís / 04-10-2019

“En el día de hoy, cautivo y desarmado…”. Esa es la señal para que Julián, un soldado republicano, se lance a la huida y trate de cruzar el Pirineo aragonés hacia Francia. No llegará muy lejos: es apresado y conducido a un campo de prisioneros franquista, donde permanece cautivo bajo el sistema del denominado Patronato para la redención de penas. ¿Su delito? Haber sido combatiente por la legalidad republicana y ser “hijo de republicano”. Así arranca ‘Esclavos de Franco’ (GP Ediciones), un cómic con el que el dibujante Chesús Calvo se ha propuesto “mostrar una parte de nuestra historia que mucha gente aún desconoce”.

En su seminal trabajo ‘Cautivos’, el historiador zaragozano Javier Rodrigo escribe que bajo el epígrafe de “campos de concentración” franquistas se establecieron “las más variadas formas de reclusión temporal, ilegal y arbitraria”, en un modelo indefinido que fue variando conforme avanzó la guerra y luego la posguerra. Con todo, en sus distintas formas tuvieron en común “una misma función social: la de humillar, encuadrar, clasificar, represaliar la disidencia”.

Con ese fin, ya desde 1937, los soldados republicanos que no fueron directamente ejecutados sumariamente ni reincorporados, tras comprobar su idoneidad ideológica, al bando sublevado, aquellos que se quedaron en una “zona intermedia”, empezaron a ser destinados a realizar trabajos forzosos para pagar su -a ojos del nuevo régimen- culpa.

“Vi un reportaje en televisión sobre el tema y me impresionó cómo el Franquismo usó a presos para construir carreteras, pantanos… y también el Valle de los Caídos, ahora tan de actualidad”, cuenta Chesús Calvo. Con esto en mente, y tras documentarse, trazó una historia en la que imagina a un soldado cualquiera “como vehículo para contar la historia”. Del mismo modo, opta por no situar la acción en ningún campo de prisioneros concreto, si bien “la principal referencia fue el de Miranda de Ebro”.

El frío, el hambre, el adoctrinamiento, el miedo constante, la enfermedad, las penurias del trabajo… ‘Esclavos de Franco’ muestra las penalidades por las que pasaron los cautivos del régimen. Sin embargo, lejos de pretender ceñirse a los detalles históricos, Chesús Calvo explica que su afán con ‘Esclavos de Franco’ ha sido “remarcar cómo la guerra abocó a personas normales, no héroes, a vestirse de uniforme, empuñar un fusil y matar a desconocidos”. “Nunca olvidamos nuestro primer muerto… Es imposible. El problema es cuando te acostumbras a disparar… y a matar”, le confiesa un compañero de barracón al protagonista.

Viñeta de ‘Esclavos de Franco’, de Chesús Calvo. GP EDICIONES

“Pacto de silencio”

Quique Gómez, de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón, firma el prólogo de la obra. Al otro lado del teléfono, recuerda que “los campos de trabajo vinieron tras los campos de concentración; tras eliminar a los elementos que consideraban ‘peligrosos’, empiezan a pensar con un criterio economicista: había que reconstruir el país que habían dejado destrozado, y quién mejor que los ‘rojos'”.

Para Gómez, una de las explicaciones al “pacto de silencio de la Transición”, que también rodeó a estos pelotones de trabajo forzoso, fue que “muchas empresas, con nombres y apellidos, se beneficiaron de esa mano de obra en la construcción de infraestructuras, en un modelo que se prolongó más allá del fin de la II Guerra Mundial; si eso se hubiera revisado hubiera llevado a reclamaciones de gran importancia”. “No se puede olvidar esto, porque formó también parte de la represión económica”, apunta.

Medio millón de vencidos

Cerca de medio millón de vencidos pasaron por un centenar largo de campos de concentración, según los datos que reunió Javier Rodrigo en ‘Cautivos’ -un libro al que luego han seguido otros, como ‘Los campos de concentración de Franco‘, del periodista Carlos Hernández-. Rodrigo explica en esta obra que “sólo el cierre de Miranda de Ebro [en 1947] puso fin al modelo franquista de campos”, pero también señala que “eso no significó ni el fin de los trabajos forzosos en España, ni tan siquiera el fin de recintos y campos que bien podemos denominar de trabajo, como los habilitados por Regiones Devastadas, Colonias Penitenciarias y Destacamentos Penales”.

Un ejemplo de esto último es la construcción del pueblo nuevo de Belchite, de la que se encargaron los trabajadores concentrados en los barracones de ‘Rusia‘, así llamados porque allí vivían ‘rojos’.

Rodrigo, en las conclusiones de ‘Cautivos’, apunta que “las consecuencias de la larga duración del sistema concentracionario franquista fueron la interiorización de sus valores por parte de los internos. No tanto de los explícitos, como la reeducación política y moral, sino sobre todo de los implícitos. El miedo, el silencio, la delación. Valores sobre los que se sustentó la dictadura militar de Franco durante cuarenta años de exclusión y olvido”.

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Fotografía destacada: Chesús Calvo, con su cómic ‘Esclavos de Franco’. JUAN MANZANARA / ZARAGOZA

Fuente:https://www.eldiario.es/aragon/cultura/Esclavos-Franco-recordar-concentracion-franquistas_0_948405971.html

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Muere el combatiente antifascista Lluís Martí Bielsa, “héroe y bandera” de la memoria histórica

Ha fallecido en la localidad conquense de Santa Cruz de Moya, donde participaba en unas jornadas en memoria de los maquis y acababa de recibir un premio.

Fue responsable político de las Juventudes Socialistas Unificadas en Catalunya durante la Guerra Civil y participó después en la ‘Resistencia’ francesa.

En París lo apresó el Tercer Reich pero consiguió huir antes de llegar al campo de concentración de Dachau. En España también fue prisionero del régimen franquista.

eldiario.es / Alicia Avilés Pozo / 07-10-2019

El destino o la casualidad han querido que Lluís Martí Bielsa haya fallecido en la localidad conquense de Santa Cruz de Moya. Con 97 años de edad, el combatiente republicano y luchador antifranquista había acudido a este municipio para participar en las jornadas anuales que La Gavilla Verde organiza en memoria de los maquis. Según ha confirmado este colectivo, falleció mientras dormía tras haber participado en varios actos y después de recibir un premio de homenaje. La Gavilla Verde ha lamentado profundamente su fallecimiento y ha elogiado su lucha y activismo hasta el último día de su vida.

Martí Bielsa, “héroe y bandera” de la lucha por la memoria histórica, nació en Gallur (Zaragoza) en 1921, pero realizó buena parte de su labor política en Catalunya, donde su familia se trasladó siendo él un niño. Allí fue responsable político de las Juventudes Socialistas Unificadas durante la Guerra Civil Española. Al terminar la contienda se exilió a Francia, donde fue internado en el campo de concentración de Argelès y luego en el de Roselló.

La situación cambió cuando el Tercer Reich invadió Francia. Entonces, el combatiente español participó en la ‘Resistencia’ francesa contra los alemanes y aunque fue hecho prisionero y se decretó su envío al campo de concentración de Dachau, no llegó nunca a atravesar sus puertas porque huyó del tren que lo trasladaba. Posteriormente, y como oficial de las Fuerzas Francesas del Interior, participó en la liberación de París en 1944.

Regreso clandestino y encarcelamiento

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, volvió a Catalunya como militante del Partido Comunista atravesando de forma clandestina los Pirineos, pero en 1946 fue detenido, torturado y encarcelado, primero en la prisión Modelo de Barcelona y posteriormente en los penales de Ocaña (Toledo) y Burgos. En 1952 fue desterrado en Montblanc bajo el aval de un familiar. Posteriormente fue secretario de la Associació Catalana d’Expresos Polítics del Franquisme (Asociación Catalana de Expresos Políticos del Franquismo) y presidente de la Amical de las Brigadas Internacionales de Catalunya. En 2006 recibió la Cruz de Sant Jordi por su continuada lucha contra el fascismo.

Escribió el libro ‘Un d’entre tants. Memòries d’un home amb sort’ (‘Un hombre entre tantos. Memorias de un hombre con suerte’, Fundació Nous Horitzonts, 2012), su biografía desde 1921 hasta 1952.

Durante el pasado fin de semana, Martí Bielsa participó en las XX Jornadas El Maqui de Santa Cruz de Moya, un acontecimiento anual en este pueblo de la Serranía conquense donde se defiende una “memoria histórica viva” mediante mesas redondas, encuentros, proyección de documentales y homenajes.

Entrega del premio LA GAVILLA VERDE

El ex combatiente antifranquista participó en algunos de estos actos, incluido el cierre de las jornadas donde recibió el Primer Premio Pedro Peinado de Memoria Histórica Guerrilera y Rural, y firmó ejemplares de su obra biográfica. Después se retiró a descansar y falleció mientras dormía. Con 97 años, y según cuentan desde los colectivos que lo consideraban su “héroe y bandera”, su activismo era casi continuo y seguía participando con asiduidad en todo tipo de acciones por la memoria.

Así lo ha querido manifestar La Gavilla Verde en el mensaje de despedida que ha publicado en su web, llamado ‘La leyenda Bielsa’:

“Sabías que había llegado el momento de librar la última batalla contra el tiempo. El destino es inexorable pero no le dejaste elegir el terreno del combate ni las condiciones, los elegiste tú: Santa Cruz de Moya y sus montañas, después de las Jornadas de Los Maquis y en el Día del Homenaje a los Guerrilleros Españoles. Te pusiste tus mejores galas de luchador antifascista para afrontar con valor y decisión lo inevitable y convertirte en toda una leyenda de la lucha antifascista.

Tus amigos de La Gavilla Verde.

Que la tierra te sea leve”.

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Fotografía destacada: Lluís Martí Bielsa, tras recibir el Premio Pedro Peinado en Santa Cruz de Moya (Cuenca) LA GAVILLA VERDE

Fuente:https://www.eldiario.es/clm/Muere-excombatiente-Lluis-Marti-Bielsa_0_950155228.html

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El “cementerio de las vivas”: así funcionó la tenebrosa cárcel de mujeres de Amorebieta

“Individuas peligrosas”, escrito por la historiadora Ascensión Badiola, recoge los horrores que sufrieron las prisioneras de ese centro penitenciario del franquismo. Los expedientes oficiales aún continúan ocultos.

publico.es / Danilo Albin / 06-10-2019

La connivencia de Palmira Marcos con “el enemigo marxista” tenía olor a comida. A sus 24 años, aquella joven del pequeño pueblo de Cabárceno, en Cantabria, acabó en la cárcel por llevarle alimentos a su hermano, que se encontraba en el frente. Por eso fue condenada a cadena perpetua y por eso fue enviada a la cárcel de mujeres de Amorebieta, también conocida entre las presas por un nombre aterrador: “el cementerio de las vivas”.

La historiadora Ascensión Badiola acaba de escribir un libro que relata esos horrores. Bajo el título “Individuas peligrosas” (Editorial Txertoa), esta investigadora describe los padecimientos que sufrieron entre 1939 y 1947 las presas de la Prisión Central de Mujeres de Amorebieta, un lugar que, en efecto, tenía más de cementerio que de cárcel. Hoy funciona allí un colegio católico.

“Se trata de una prisión de carácter estatal que formó parte del circuito carcelario creado por el régimen franquista para las mujeres republicanas”, afirma Badiola a Público. La investigadora logró sacar adelante este trabajo a pesar del manto de silencio que quiso imponer la dictadura: “los registros de la cárcel han desaparecido o están ocultos. Ha sido imposible localizarlos, al menos de momento”, relata.

Esos aspectos son resaltados por la autora en su trabajo. “En realidad, si hay algo que sabemos con certeza sobre la cárcel de mujeres de Amorebieta es precisamente que no sabemos casi nada –escribe en su libro–. Tanto las fichas como los expedientes, los libros de filiación o las actas del Patronato y la Junta de Disciplina han desaparecido o están ocultos. Quizá algún día aparezcan en un archivo olvidado o aún no desclasificado, pero, mientras tanto, ni siquiera sabemos aproximadamente cuántas mujeres pasaron por Amorebieta”.

En ese contexto, Badiola busca reconstruir “cuál fue más o menos el día a día” de esa prisión, valiéndose para ello de “los pocos testimonios recopilados de expresas, de las publicaciones realizadas por los propios represores y de los rastros dejados en los archivos de distintas cárceles”. “También podemos hacernos una idea a partir de la extrapolación de lo que sucedía en esas otras prisiones”, añade en la introducción.

No hay una cifra exacta del número total de mujeres que pasaron por esa cárcel. En el libro aparecen los nombres de las 958 prisioneras que alcanzaron la libertad condicional, así como los datos del censo de las mujeres que se encontraban encarceladas en Amorebieta en 1945”. De esta manera, la autora ha conseguido establecer la identidad de “por lo menos 1.239 mujeres que pasaron por Amorebieta”.

Hubo una monja ‘mala’, a quien las presas apodaban ‘La Guadaña’

“También conocemos los nombres de los directores, funcionarios y personal religioso al cargo. A este respecto, sabemos, por ejemplo, que hubo una monja ‘mala’, a quien las presas apodaban ‘La Guadaña’, y otra monja ‘buena’, la hermana María, que incluso hizo poco menos que de Celestina entre los militares que custodiaban el exterior y las reclusas. Y conocemos la identidad del capellán, Leandro Echevarría, a quien tachan algunas de ‘demonio lujurioso’, y el nombre de la superiora, Simona Azpiroz, que dirigió la cárcel con mano de hierro”, describe Badiola.

Miseria, hambre y frío

En aquel infierno hubo “dos períodos claramente diferenciados”. “Entre 1939 y 1940 fue Hospital Prisión, un centro de reclusión provisional, para mujeres que no tenían cabida en las sobresaturadas prisiones oficiales”, mientras que entre 1940 y 1947 “se convirtió oficialmente en Prisión Central de Mujeres de Amorebieta, un centro de cumplimiento al que fueron trasladadas reclusas de todo el Estado”.

“Este segundo período fue especialmente terrible, por el hambre y los fallecimientos. Es verdad que en todas las prisiones de Franco se vivieron experiencias similares, de miseria, hambre, frío y hacinamiento, pero he creído necesario volcar en este texto la experiencia propia de las reclusas que estuvieron en Amorebieta y, en la medida de lo posible, poner nombre y apellidos a esa miseria, ese hambre, ese frío y ese hacinamiento”, señala la autora.

El libro refleja el testimonio de Tomasa Cuevas, una histórica militante comunista que sobrevivió al horror de aquella prisión. “Cuando amaneció empezamos a vernos las caras y era de verdadera pena el ver a aquellas mujeres de Amorebieta –señaló–. Estaban consumidas y tenían la piel amarillenta hasta tal extremo que empezamos a llamarlas ‘las de raza amarilla’. Unas semanas más tarde teníamos el mismo color que ellas, causado por el hacinamiento, la suciedad y la escasa comida”.

“Murieron sin nombre”

Badiola tiene esos testimonios grabados en la memoria. “Si en todas las cárceles de mujeres se pasaba hambrela de Amorebieta se llevó la palma”, sostiene. Teopista Bárcena, otra de las ex presas que aparece citada en el libro, incidió precisamente en ese aspecto. “Las condiciones de vida eran similares en todas las prisiones; poca comida, mucho frío, a veces insoportable al ser el suelo de cemento y sin ninguna calefacción. Hasta el punto de que el frío del propio cuerpo se sentía más que el hambre y la comida era mala y escasa. Los castigos eran habituales por cosas nimias”, contó.

La vida se confundía allí con la muerte, tal como se describe en distintos pasajes de la obra de Badiola. “Las mujeres tuvieron que ver morir a sus hijos o sufrir su separación forzosa. Porque los niños, al cumplir tres años, eran separados de sus madres por imperativo legal. Ellos, aquellos niños, son, a día de hoy, los grandes desconocidos de nuestra historia reciente, ya que nunca figuraron en ningún registro penal, ni en Amorebieta ni en ninguna otra cárcel. Tampoco los partes oficiales que informan de su fallecimiento hacen referencia a identidad alguna. Murieron sin nombre y sin que se conociese su tragedia”, reflexiona la historiadora.

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Fotografía destacada: Imagen de la cárcel de mujeres de Amorebieta cedida por la editorial Txertoa.

Fuente:https://www.publico.es/politica/memoria-historica-cementerio-vivas-funciono-tenebrosa-carcel-mujeres-amorebieta.html

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‘Frente a frente’, disparos al horror de la Guerra Civil española desde ambos lados de la trinchera

El Museo Nacional de Antropología (Madrid) acoge una exposición de Constantino Suárez y Florentino López, dos fotógrafos que retrataron la contienda desde frentes opuestos.

El organismo también recoge y documenta testimonios en vídeo de supervivientes de la Guerra Civil, una iniciativa que busca que se pierda el miedo a la memoria histórica.

eldiario.es / José Antonio Luna / 29-09-2019

Las consecuencias de la Guerra Civil española continúan presentes 80 años después. La contienda que dividió a vecinos y familiares tiene su particular lucha en la actualidad: busca ser recordada. Aquellos que sufrieron las consecuencias, tanto de las batallas como de la represión franquista posterior, alzan hoy una voz que por fin puede ser escuchada. Esto tiene su reflejo a través de diferentes patas de la cultura, ya sea con películas como La trinchera infinita o con exposiciones que nos permiten poner en contexto lo sucedido.

Es el caso de la muestra Frente a Frente. Dos visiones fotográficas de la Guerra Civil, disponible Museo Nacional de Antropología (Madrid) hasta el próximo 13 de octubre. En ellas se presentan los documentos gráficos de 1936 y 1937 de dos fotógrafos apostados en distintos extremos de la contienda. Por un lado está Florentino López “Floro”, que retrató desde el punto de vista golpista los efectos de la guerra en Oviedo; y por otro Constantino Suárez, reportero gráfico del bando republicano en Gijón.

“La necesidad de buscar refugio, moverse entre territorios divididos entre dos bandos… Son experiencias individuales pero que en el fondo son testimonios indicadores que nos hablando de fenómenos colectivos”, explica a eldiario.es Fernando Sáez, director del Museo Nacional de Antropología.

Hombres desenganchando los arreos de un caballo muerto. Oviedo, 1936. FLORENTINO LÓPEZ, «FLORO». MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

La documentación de la vida cotidiana en el campo de batalla y en la retaguardia, independientemente de hacia qué lado dispare el objetivo, es la prioridad de una muestra que tiene como objetivo la reivindicación de la memoria.

“Este es un tema que sigue sin dejar indiferente a nadie, porque no se han hecho los procesos adecuados para que se pueda hablar entre todos, sino que se ha fomentado la idea de que hay que olvidar”, reinvindica el encargado de la institución. Las instantáneas presentadas son especialmente valiosas porque suponen una documentación de primera mano. “Algunas fotos están tomadas prácticamente instantes después de que pegaran el tiro”, añade.

Soldados republicanos en la trinchera CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Otras capturas, al contrario, muestran los momentos previos a que comenzara el intercambio de balas. Es el caso de la favorita de Sáez, que muestra a unos combatientes republicanos en una trinchera al amanecer con los montes asturianos a sus espaldas. “Se aprecia justo cómo entra el Sol por la trinchera y les da en el casco y en la cara, poco después de despertarse y medio asustados porque con el amanecer también empezaban los tiros”, recalca.

Pero no solo las escenas bélicas definieron esta etapa. También la hambruna, las largas colas para conseguir alimentos o las ruinas de edificios que, al igual que la población, sufrían las consecuencias de los proyectiles. La vida tras la guerra intentó seguir su curso, pero ya nada era igual.

Por esta razón, en relación a esta muestra, el Museo Nacional de Antropología ha impulsado también un proyecto de memoria histórica con el que invita a enviar sus testimonios en vídeo a todas aquellas personas que quieran contar historias relacionadas con la Guerra Civil. La idea es hacer un mapa de relatos colectivo con diferentes prismas , archivándolos y poniéndolos a disposición del público, ya sean de supervivientes o de los descendientes de aquellos que perdieron su vida. Porque, ahora sí, todos son escuchados.

Cola de milicianos republicanos para recibir el rancho durante la ofensiva de Oviedo, 3 de marzo de 1937 CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Civiles huyendo por la calle Uría durante un bombardeo del ejército republicano a la Estación de Ferrocarr il del Norte. Oviedo, 1936. Florentino López, «Floro». Museo del Pueblo de Asturias

Daños producidos en un edificio de la plaza Seis de Agosto por los bombardeos de la aviación franquista. Gijón, 14 de octubre de 1937 CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas. Gijón, 29 de marzo de 1937. CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Miembros de las milicias de Falange Española se preparan para un desfile en Oviedo. 1937. Florentino López, «Floro». Museo del Pueblo de Asturias

Cola en la Plaza Mayor para obtener víveres en la Pescadería Municipal. Gijón, 14 de febrero de 1937. CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Comedor del Cuartel de Milicias Regimiento «Máximo Gorki». Gijón, 2 de febrero de 1937. CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Cola a la espera de un convoy con suministros en la calle Argüelles. Oviedo, 1936 FLORENTINO LÓPEZ, «FLORO». MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Reparto a los niños del Refugio Santo Ángel y del orfanato de la calle Ezcurdia de juguetes traídos de Francia por suscripción popular y distribuidos por el Socorro Rojo. Gijón, 12 de febrero de 1937 CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Refugiados en el comedor del Colegio Santo Ángel. Gijón, 2 de enero de 1937. Constantino Suárez CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

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Fotografía destacada: Profesora con un niño en el Orfanato «Rosario de Acuña», de la ATEA (Asociación de Trabajadores de Enseñanza de Asturias). Somió (Gijón), 2 de enero de 1937. CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Fuente:https://www.eldiario.es/cultura/historia/Guerra-Civil-imagenes_0_946306014.html

Publicado por ARMH
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Otros 16 cuerpos exhumados en la tercera mayor fosa de Navarra: “Me enseñaron a no odiar, pero no olvido”

Familiares de fusilados han recordado la exhumación que ya se llevó a cabo en la misma parcela en el 79: “Olvidar no, jamás”.

Se estima que de los dieciséis cuerpos exhumados en la localidad navarra de Ollacárizqueta, al menos dos pertenecen a varones de menos de veinte años de edad.

No se descarta que haya más fosas en las cercanías. En el año 79, en ese mismo lugar, los vecinos de la localidad de Sartaguda exhumaron otros 17 cuerpos.

eldiario.es / Amaia Otazu / 30-09-2019

La emoción de Lucía al aproximarse a la fosa en Ollacárizqueta en la que se han hallado a nueve de los dieciséis fusilados tras el golpe militar de 1936 es palpable. Lucía es nieta de Jesús Moreno Sádaba. Hace cuarenta años fue a esta misma parcela -en el término de Iruzkun, a 12 km de Pamplona (Navarra)-, para sacar de una fosa próxima a su abuelo y a otros dieciséis vecinos de Sartaguda. “Me mataron a los dos abuelos, el paterno y el materno, y a un tío”, explica. Entonces, en el año 1979, vino acompañada por su cámara de fotos y por sus padres. Tiene hasta diez álbumes con imágenes de cuerpos exhumados, lugares, noticias y anotaciones. El lugar exacto donde asesinaron a su abuelo se conoce porque una pastora -que entonces no superaba los nueve años- presenció el asesinato. Se niega a olvidar. Emocionada, contempla la exhumación de los nueve cuerpos que yacen apilados en una de las fosas y recuerda la frase de su madre cuando lograron devolver a su abuelo a casa: “¿Dónde están aquellos hombrones que se llevaron con tanta carne? Ahora son solo huesos”.

Exhumación en Ollacárizqueta: hallan a 16 fusilados más

En esta ocasión, las dos fosas han podido ser descubiertas -una con nueve cuerpos, la otra con siete- gracias a la información inicial facilitada por Félix Echalecu, un vecino que fue obligado a realizar la fosa y que presenció las ejecuciones. El testimonio de Echalecu recoge que “aquel día trajeron 17 esposados de dos en dos, los metían como a corderos en la primera borda… Un pistolero le pegaba un tiro en el corazón y caía; en la parte derecha el segundo pistolero le pegaba un tiro de gracia”.

El Instituto Navarro de Memoria Histórica, en colaboración con la Sociedad de Ciencias Aranzadi, lleva trabajando en esta fosa una semana. Este lunes han exhumado a nueve, y el martes proseguirán con el resto. No contaban con que fuera a haber tantos restos humanos en una misma tumba, aunque sospechan que aún puede quedarles por descubrir dos o tres fosas más en ese mismo terreno.

Blanca, al igual que Lucía, también es nieta de uno de los fusilados y exhumados en el 79 en este mismo término. A su abuelo lo mataron cuando solo tenía 33 años y tres hijos. Han vuelto a presenciar esta última exhumación al reconocer en las noticias la borda que hay justo al lado de las fosas. Recuerdan la exhumación de hace cuarenta años por la enorme emoción del momento: “Entonces todavía quedaban vivos muchos hijos de fusilados. A algunos se les reconocía quiénes eran por la ropa, por las zapatillas”. Blanca rememora la recuperación del cuerpo de su abuelo: “Mi madre no tiene recuerdos de él porque solo tenía 20 meses, pero mi tío, sí. Él tenía 9 años. Cuando abrieron la fosa se reconocía a mi abuelo fácilmente y mi tío no pudo sacarle, no pudo”. A su lado, otra mujer, también familiar y presente en ambas exhumaciones, recuerda: “De todas las imágenes, la que más tengo grabada fue la de ‘la Glorilla’. Estaba su padre, que se lanzó allí…Aún se me pone la carne de gallina”. Poco antes de acercarse a contemplar la fosa abierta, rememora: “Mi abuela siempre recuerda las últimas palabras que le dijo mi abuelo: ‘No dejes a los chiquillos ni un solo día sin llevarlos a la escuela’. Entre las dos recuerdan los casos de varios vecinos a los que un día se llevaron, nunca volvieron, y detrás dejaron a numerosos hijos e hijas huérfanos.

Reconocen que siempre se ha sabido que había más cuerpos, pero no había los medios de ahora. Blanca asegura que hace cuarenta años se vino a escondidas: “Era a principios del 79, la Transición acababa de empezar. La pastora que había presenciado de chiquilla el asesinato dijo dónde estaban los cuerpos. Se vio que había más, pero no podían hacer nada y dejaron marcado el lugar”.

Miguel Vidart, propietario de los terrenos donde se localizan las fosas, cuenta que cuando asesinaron a los allí hallados, su abuelo era el alcalde del municipio. “Venían de la cárcel de Pamplona y, normalmente eran falangistas”. Vidart cuenta que su padre fue movilizado y estuvo trabajando en el Fuerte de San Cristóbal, cárcel republicana donde se produjo una de las mayores fugas de la historia. Respecto a la exhumación de tantos cuerpos en sus terrenos, explica que “las cosas han ocurrido como han ocurrido y lo normal es que se esclarezca, que se sepa la verdad”.

La consejera de Relaciones Ciudadanas del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, ha visitado el lugar donde se llevan a cabo las excavaciones y ha agradecido el trabajo de los familiares de Sartaguda, “que hace 40 años desenterrasteis de aquí a vuestros familiares”. Ollo ha apuntado -en referencia a los alumnos del instituto de Cizur presentes en el lugar- que “es fundamental vincular este pasado al futuro, a la juventud que a través del Programa Escuelas con Memoria habéis podido conocer de primera mano lo que sucedió aquí hace 80 años”.

El Gobierno de Navarra ha animado a cualquier persona que pueda tener información relativa a localizaciones de fosas o enterramientos a compartir su testimonio poniéndose en contacto con la Dirección General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos a través del correo pazyconvivencia@navarra.es.

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Fotografía destacada: exhumación_ollacarizqueta_2

Fuente:https://www.eldiario.es/norte/navarra/Exhumacion-Ollacarizqueta-cuerpos-vuelven-casa_0_947705925.html

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