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Desenterrando la memoria histórica de las abuelas

Vicenta pasaba las noches en vela confeccionando ramos de flores de papel que vendía para conseguir aceite, judías y pan para sobrevivir. Su bisnieta recupera hoy su historia.

elsaltodiario.com / Sara Plaza Casares / 20-05-2020

Al día siguiente papá ya no volvería de la fábrica. Ni al otro. Ni al otro. Mamá recibió la noticia de que había sido apresado de camino al trabajo, mientras recortaba los primeros trozos de fieltros para empezar a hacer flores de papel.

 —¿Y qué vamos a hacer? ¿Y qué vamos a hacer? — preguntaba al viento.

En la misma postura estaba cuando le comunicaron que había enfermado de tuberculosis. Mientras Rafael, con apenas tres años, lloraba y lloraba, mamá me miraba y volvía a preguntar:

—¿Y qué vamos a hacer? ¿Y qué vamos a hacer?

Recuerdo que fui a ver a papá entre rejas en dos ocasiones. La segunda vez que caminábamos hacia la prisión, ya bajando por la esquina con la calle Embajadores, a lo lejos distinguimos una figura enclenque, desaliñada y abatida, acompañada de otra que le conducía como podía. Era mi padre, que ya en libertad, se acercaba hacia nosotros con un mono de trabajo caído y rajado, acompañado por mi tío Pepe.

—Pero bueno, ¿no te has podido quitar esto? —le saludó mamá, mientras apretaba las manos para no abrazarle con fuerza en público.

 —No teníamos tiempo, había que salir rápido —le respondía mi tío, quien había conseguido liberarle por causas humanitarias.

Los siguientes pasos nos condujeron hasta el hospital. La siguiente batalla para librar era contra la tuberculosis. La cárcel fue el peor traje mugriento con el que mi padre pudo vestirse. Y, finalmente no consiguió salir airoso. Una mañana de 1937 mamá acudía al hospital para presentarle a su nueva hija, Carmen. Él la miraba desde la cama sin apenas ya poder alzar los brazos. Esa sería la última vez que mamá y papá cruzaran sus miradas. Mi padre abandonaba este mundo sin la posibilidad de abrazar a su tercera hija. Mi madre, sin tiempo apenas para el duelo, nos trasladó a la casa de mis abuelos —sita en la madrileña calle Ercilla— y se aferró fuerte a las riendas del hogar mientras lloraba a escondidas.”

Fragmento de Nietas de la memoria

Mi abuela María cuenta así la historia de su madre, Vicenta. Vicenta sacó adelante ella sola a tres criaturas durante la guerra y la posguerra, en un Madrid mutilado y masacrado, esquivando bombas y grandes camiones remolque que recogían a niños y niñas para conducirlos al exilio de València.

Ella se resistió a entregar a sus pequeños, que crecieron pegados a la subsistencia que les facilitaba la venta ilegal de flores de papel junto a cementerios. Vicenta pasaba las noches en vela confeccionando nutridos ramos que se convertían en aceite, judías y pan para sobrevivir. Su marido, sindicalista de CNT, fue apresado y encerrado en una cárcel que acabó con su vida en forma de tuberculosis. Nanas de una cebolla anónima que hoy salen a la luz en boca de mujeres que fueron la parte silenciada de la contienda.

Diez periodistas feministas nos hemos juntado para escribir Nietas de la memoria (Bala Perdida, 2020) y recuperar la memoria histórica de nuestras abuelas, mujeres anónimas que, ante la adversidad, enterraron muertos, tragaron lágrimas y gestionaron sus respectivos hogares en una trágica España. Mujeres que se cobijaban en los túneles de metro para sobrevivir durante los bombardeos del ejército golpista, como Juana.

Cristina con sus compañeras de trabajo, con los trajes que ellas mismas se hicieron con la tela de moda.

Juana, una burgalesa que pasó sus primeros días en un hospicio y que acabó en Madrid de la mano de su marido, quien se fue al frente republicano dejándola con cuatro hijos y una angustia vital. Sabía que no le volvería a ver y su intuición no fallaba. Fue asesinado en la batalla mientras ella, que no sintió nunca el calor materno, se veía empujada a resguardar a sus hijos en un camión que les condujo lejos. A todos, menos al pequeño Fausto y a la criatura que aún llevaba en su vientre. “No creo haber sido nunca una mujer temerosa, más bien precavida. He pasado suficiente dolor durante años como para saber reconocer la sensación destructora de esa angustia que si comienza no tiene fin, y prevenirme ante ella (…) Pero nunca he dejado que el miedo me devorara”, relata Juana con la pluma de la periodista Carolina Pecharromán de la Cruz, autora de este relato.

En un Madrid gris de penurias y recato sobrevivía Cristina, con un hambre presente a todas las horas del día durante 10 años de supervivencia e ingenio gastronómico. “Ahora que están tan de moda en canales de televisión y revistas los cocineros y sus creaciones, creo que las verdaderas artistas de los fogones eran nuestras madres. La mía colocaba en una cazuela los chicharros o las sardinas con un poco de agua, cebolla, una hoja de laurel y unas gotas de aceite porque no teníamos suficiente para freírlos, ya que la cartilla de racionamiento solo incluía un octavo de litro por persona a la semana”, explica en su relato Cristina Prieto, hija de la protagonista y otra de las periodistas que participan en el libro. Cristina madre, que vio su enseñanza atada a un colegio de monjas que les hacía pedir limosna de casa en casa, visitó una vez a la mismísima Pilar Primo de Rivera, fundadora de la Sección Femenina, que insuflaba en su escuela dinero e ideales de sumisión al hombre.

REPRESIÓN EN LA ESPAÑA RURAL

Al mismo tiempo, en la España rural las mujeres trabajaban en duras jornadas de labranza en el campo y de cuidados en las casas, mientras batallaban con los silencios y las miradas de pueblos pequeños que clasificaban a las familias en diferentes sacos en función de las sospechas. Ser rojo era sinónimo de condena y ser la mujer del rojo o la hija del rojo era equivalente a condena también. Así, Angelines, que paseaba su niñez por las calles de Villademor de la Vega, en León, veía como su padre, de UGT, escondía a socialistas en casa y su madre se deshacía en miedos ante las sospechas de un pueblo vigilante. Esta leonesa trabajaba desde muy corta edad, en las labores del hogar o recogiendo moñigas de vacas que contenían semillas.

Angelines en la escuela.

“Cuando iba al colegio, a la salida tocaba trabajar. Íbamos a cardos, a gargantillas, a mielgas, a amapolas para dar a los conejos y los cerdos. (…) También íbamos a entresacar patatas. Cuando los ricos ya las habían recogido en sus campos, tanto las tempranas en mayo como las tardías en agosto, los niños y niñas pobres hacíamos rebusco en la tierra para encontrar los pocos tubérculos que se podían haber quedado”, recuerda de la mano de Marian Álvarez Macías, su hija y creadora de este relato. A los doce años, Angelines ya trabajaba sirviendo en casas de ricos y cuidando a sus hijos e hijas.

Mientras, en la dura estepa extremeña, desde Villafranca de los Barros, Coronada, con tan solo ocho años, tenía que salir huyendo del pueblo acompañada de toda su familia ante la embestida de las tropas franquistas. Era julio de 1936 y huían sin saber muy bien por qué, pero huían ante un tumulto de vecinos y vecinas, todos preparando sus aperos para emprender el camino hacia la nada. Coronada se situaba en la encrucijada de la historia; era Badajoz una provincia que resistía al paso de las tropas franquistas en su camino hacia Madrid y donde la población fue duramente masacrada. La violencia se cebaba también con las mujeres, algo de lo que poco se habla, pero de lo que da testimonio Isa Gaspar Calero, la nieta de Coronada, quien firma este relato.

“Era habitual que los soldados entrasen en las casas y violasen a las mujeres, alguna vez mi propio padre tuvo que espantar a más de uno”

“Era habitual que los soldados entrasen en las casas y violasen a las mujeres, alguna vez mi propio padre tuvo que espantar a más de uno. (…) Un padecimiento que no acababa con el acto en sí, pues ser violada era un estigma que las acompañaba siempre. Las violadas eran violadas para toda la vida. Hubo muchos niños sin padre, se les conocía como niños de la guerra. Las que tenían suerte se casaban, pero era a las más pobres a las que dejaban atrás con los hijos”, cuenta.

Desde Zamora, Concha San Francisco Rodríguez recupera la historia de su abuela Juliana, quien se arremangaba para hacer chocolate desde muy temprana edad en el negocio familiar de Casaseca de las Chanas. Su familia, los chocolateros, republicanos y laicos, se tiñó de luto cuando su hermano Baltasar fue fusilado en la tapia del cementerio. Juliana, áspera, austera y práctica, vivió pasajes dolorosos como mujer, muy unidos a la sexualidad y a los burdos métodos anticonceptivos antaño utilizados. “Uno de los más extendidos en ese tiempo era la pluma de ave o la rama de perejil, que se introducían en la vagina. Pero yo sabía de su toxicidad, así que optaba por las irrigaciones de agua con vinagre caliente, hirviendo más bien; tanto, que una de las veces me quemé la matriz y tuvieron que extirpármela”, relata. También con la muerte de su hermana tras dar a luz. “Muchas mujeres entonces morían sobre todo de fiebres puerperales, infecciones de las que no lograban recuperarse, en unas condiciones de higiene a veces penosas y agravadas por la conocida cuarentena tras el parto, durante la cual las parturientas no podían lavarse. Mi hermana murió del parto, algo muy común en aquel tiempo”, explica.

EXILIO Y CÁRCELES DE MUJERES

En una relación puramente epistolar, las hermanas Primitiva y Benita fueron siguiendo su paradero hasta que su nexo de conexión se perdió al estallar la guerra y un exilio forzado llevó a Primitiva más allá de los Pirineos. La periodista Noemí San Juan Martínez recompone este relato con los pedazos de noticias que ambas iban recibiendo la una de la otra.

Todo comenzó cuando Benita, de Vera de Moncayo (Zaragoza), escribe a su hermana, que está en Bilbao, para pedirle un favor: quieren llevar con ella a su hija Lola, enferma, por recomendación médica. Pero el estallido de la guerra se entrecruzó en esta tarea y Benita pronto dejó de tener noticias de Primitiva y de Lola que, en su huida desde un Bilbao bombardeado, llegaron hasta Francia, donde compartieron aventura y desventura con cientos de refugiados y refugiadas españoles.

A la izquierda Primitiva junto a su sobrina Lola en Camprodón, junto a otras refugiadas de la guerra.

De las altas penas que hizo pagar el bando golpista a las mujeres habla el relato de María Grijelmo García. Su protagonista, María, que regentaba junto a su marido la pensión-taberna ‘Ambos Mundos’ de Burgos, se vio acusada de urdir un complot contra el bando nacional, una trama política de la que poco entendía, más allá de haber albergado alguna tertulia en el colmado.  Y su fortuna fue a parar a la cárcel de mujeres de Pamplona, donde frío, humillación y sinsentido se entremezclan.

“Dejé de pensar en mí misma y comencé a observar al resto de mujeres y niños, todos presos de la misma fortuna. Me fijé en las otras mujeres, de todas las edades, casi todas zarrapastrosas, con las ropas sucias y medio rotas. Todas calvas como yo. Algunas con mejor tono de piel que otras. Unas pocas muy enfermas. Otras solo despojadas de sí mismas, mirando sin ver”, describe María.

Y de la servidumbre como trabajo principal de las mujeres habla el relato de Isabel Donet Sánchez, cuya abuela Isabel llegó a servir al mismísimo rey de España, Alfonso XIII. Formó parte del personal del palacio de Benisuera (València) y tuvo una vida de trabajo duro desde la más tierna infancia. “No había cumplido los doce años y me llevaron a València para ser niñera. Lo sería del señorito Enrique. Aprendí a solas a deletrear, a leer y a escribir. De las cocineras fui alumna aventajada, me esforcé con la aguja y el dedal, lo suficiente para zurcir hasta las amarguras. Siendo como era una simple sirvienta me sentía afortunada, con solo acordarme de mi hermano, al que apenas llegué a conocer, y que murió siendo un zagal en las Minas de Ojos Negros en Sierra Menera”, explica.

En algunas familias pesan los silencios,  porque algunas familias se resquebrajaron por los avatares de una contienda  

En este recorrido por la historia de mujeres reales también hay hueco para los silencios, porque algunas familias se resquebrajaron por los avatares de una contienda que hizo mella en los destinos de muchas. Así pesan los silencios que se viven en la casa de Carme Freixa Zurita, donde la historia es un misterio, ocultado por las mentiras y las ausencias. Esta catalana no conoce a su abuela, apenas sabe nada de sus antepasados y toca desenterrar aún con más ganas para recuperar la memoria.

Estas mujeres, que componen un retrato coral de una España negra, que recorren ciudades y pueblos, que faenan entre tempestades, tendrán el sitio que la historia, escrita por hombres, les ha robado. Sus nietas aspiran a que sus vivencias suenen, resuenen y se conviertan en eternas, como las flores de papel con las que Vicenta sacó adelante a toda su familia.

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Fotografía destacada: María (primera por la izquierda) y Vicenta (primera por la derecha) con las flores de papel que hacían para sobrevivir.

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/desenterrando-la-memoria-historica-de-las-abuelas?fbclid=IwAR3t7zIQjkK6YtZWbpKlFdpUhPAlfH9fTq_gj2PVVq_zgj_r4r4oMK02Nqc

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La ARMH pide al Gobierno pasar del debate a los hechos sobre la retirada de las medallas de Billy el Niño

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha remitido una queja a los grupos parlamentarios del PSOE y Unidas Podemos tras la proposición no de ley registrada en el Congreso de los Diputados para debatir la retirada póstuma de las condecoraciones al torturador franquista.

publico.es / 18-05-2020

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha remitido una queja a los grupos parlamentarios del PSOE y Unidas Podemos tras la proposición no de ley (PNL) registrada en el Congreso de los Diputados para debatir la retirada a título póstumo de las medallas del torturador franquista Billy el Niño.

Tras la muerte del torturador el pasado 7 de mayo, sin juicio y con las medallas puestas, la ARMH exige al Gobierno pasar del debate a los hechos para poder cerrar un capítulo en la página negra del franquismo.

“Nos parece incomprensible que tratándose de los dos partidos que conforman el Gobierno ahora pretendan llevar a la cámara un debate que ha quedado clarificado incluso en sus promesas electorales y sigan retrasando la decisión”, ha explicado la ARMH.

La ARMH tacha de “inaceptable” el retraso en el tiempo de esta decisión, sobre todo para las víctimas que esperan una mínima reparación tras más de cuarenta años

Han pasado casi dos años desde que la asociación denunciara la primera medalla pensionada y el retraso en el tiempo les sigue pareciendo “inaceptable”, sobre todo para las víctimas que esperan una mínima reparación después de más de cuarenta años de tortura.

Además, se han dirigido al resto de fuerzas políticas para que se posicionen al respecto y piensen en las víctimas de este y de otros torturadores condecorados.

De su lado, el diputado de EH Bildu Jon Iñarritu ha lamentado que el PSOE y Unidas Podemos se limiten a registrar una nueva proposición no de ley mientras esperaba una esperaba una proposición de ley específica.

Asimismo, ha señalado que es tiempo de pasar a medidas más efectivas para despojar al expolicía Antonio González Pacheco de sus honores y reconocimientos.

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Fotografía destacada: Billy el Niño, en una imagen de archivo. EFE

Fuente:https://www.publico.es/politica/billy-nino-armh-pide-gobierno-pasar-debate-hechos-retirada-medallas-billy-nino.html?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=memoriapublica

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CGT-A solicita que el campo de concentración de Los Remedios sea un ‘Lugar de la Memoria’

El grupo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía (RMHSA-CGT.A) pide que el emplazamiento del que fue un campo de concentración franquista en este barrio de Sevilla se reconozca como Lugar de la Memoria Histórica de Andalucía.

elsaltodiario.com / Victoria César / 15-05-2020

Los lugares de la memoria son los que evocan un significado especial en el recuerdo por estar cargados de resonancia en el presente. Son los lugares en los que, según John Banville, el pasado late dentro como un segundo corazón. Los campos de concentración franquistas, pese a su cercanía, son una de las partes más opacas y olvidadas de nuestra historia reciente. Sobre ellos, como ocurre con otras cuestiones de memoria histórica, ha caído un predominante silencio que, desde hace alrededor de veinte años, se está intentando romper. Como parte de su labor de visibilización de la represión franquista, el pasado 11 de abril, el grupo Recuperando la Memoria de la Historia Social de Andalucía (RMHSA-CGT.A) presentó una solicitud a la Consejería de Cultura para que el campo sevillano Los Remedios sea denominado como Lugar de Memoria Histórica de Andalucía.

Las investigaciones sobre el campo de concentración Los Remedios comienzan junto al desarrollo del movimiento memorialista

A partir del año 2000 hay una proliferación de organizaciones y activismo ciudadano dedicados a la recuperación de la memoria histórica, con el objetivo principal de exhumar las fosas comunes, pero también otros como el reconocimiento oficial de los crímenes contra la humanidad, la creación de un archivo histórico sobre la represión franquista o la reparación pública de las personas represaliadas por la dictadura. Es en este momento cuando se empieza a investigar la historia del campo de concentración “Los Remedios”, llamado así por haberse situado en los límites entre el barrio actual de ese nombre en Sevilla, y Triana. Su ubicación exacta es compleja debido a la intensa urbanización que experimentó esa parte de la ciudad en años posteriores al cierre del campo. El historiador especializado en memoria José María García Márquez lo sitúa en la que hoy es la calle Virgen de Fátima, mientras que la Doctora en Historia María Victoria Fernández Luceño calcula que el campo se encontró entre los terrenos del barrio de Los Remedios y el Charco de la Pava, señalando que “debió ser construido tan rudimentariamente que no quedó el más mínimo resquicio de su emplazamiento”.

En unas declaraciones recientes recogidas por María Serrano en Público, el historiador José Luis Gutiérrez deduce que el campo de Los Remedios pudo abrirse a lo largo de 1937 y estar en funcionamiento hasta el primer trimestre de 1939. Por allí pasaron, al menos, quinientos presos, de acuerdo con el coordinador de RMHSA-CGT.A, Cecilio Gordillo, “militantes políticos y sindicales, presos gubernativos, mendigos y personas que vivían, por diversos motivos, en la marginalidad social, pero también algún que otro representante de la burguesía sevillana, como Antonio Rodríguez de la Borbolla Serrano, catedrático de la Universidad de Sevilla, y del mundo del cante, como Enrique Guillén Cascajosa (el Bizco Amate) y José Loreto Reyes (el Feongo), bailaor de flamenco de Jerez de la Frontera.” Hubo, además, traslados de presos entre el campo de Los Remedios y otros centros penitenciarios, como la antigua prisión de La Ranilla y “Las Arenas”, en La Algaba, cuyos archivos han sido analizados por Fernández Luceño.

Parece claro que las condiciones de vida en los campos de concentración eran penosas (en Las Arenas, por ejemplo, más del 50% de los reclusos, 144 personas, fallecieron de inanición). Sin embargo, hasta el momento no se conoce información sobre el índice de mortalidad o ejecuciones en Los Remedios. Según Gordillo, “en muchos casos los presos enfermos o para su ejecución eran trasladados a la prisión provincial para que murieran allí o fueran llevados a paredón”, con lo que se conseguía que el resto de instalaciones no quedaran “marcadas”.

Los campos de concentración fueron uno de los métodos de represión empleados por el franquismo

La represión franquista en Sevilla, comandada por Gonzalo Queipo de Llano, tuvo un carácter sistemático y masivo. Todas las personas sospechosas de disidencia a la dictadura fueron perseguidas desde el inicio del golpe de estado, como demuestran los 1.103 asesinados en menos de un mes que yacen en la fosa común de Pico Reja (en el cementerio de San Fernando) o el hacinamiento de 1.438 presos en la prisión de La Ranilla —con capacidad para 350 personas— ya al quinto día tras la sublevación militar.

Debido a la carencia de espacio para la población reclusa, los dirigentes franquistas idearon primero una serie de prisiones improvisadas utilizando instalaciones ya existentes, como las cocheras de Jáuregui, los sótanos de Capitanía de la Plaza de España, el cine Lumbreras, el club Variedades o el buque Carvoeiro. Poco después pasarían a la creación de campos de concentración, que se pueden dividir en tres tipos: de “Clasificación” (como el de Sanlúcar la Mayor o la azucarera de La Rinconada), de trabajos forzados (El Colector en Heliópolis, Los Merinales, La Corchuela y El Arenoso en Dos Hermanas, los cortijos Caballero en Guillena y Casavacas en La Rinconada o Torre del Águila en El Palmar de Troya) y “Gubernativos”, como es el caso de Los Remedios y de Las Arenas.

En muchos de estos casos es difícil el acceso a la documentación técnica por la diversidad de actores involucrados (titulares de la propiedad del suelo, dependencias militares y/o penitenciarias, municipales,…), lo que imposibilita que conozcamos detalles sobre las instalaciones de los campos. “En veinte años de trabajo solo hemos podido localizar un expediente con toda la documentación técnica, concretamente el que monta el ayuntamiento hispalense en Heliópolis para llevar a cabo una obra municipal [el Colector]”, señala Gordillo.

La Junta de Andalucía reconoce ocho Lugares de la Memoria Histórica en la provincia de Sevilla

Hasta el momento, la Junta de Andalucía ha otorgado la denominación de “Lugar de la Memoria Histórica de Andalucía” a ocho emplazamientos en la provincia de Sevilla: la Antigua Comisaría de Investigación y Vigilancia de Sevilla, la casa y el lugar de fusilamiento de Blas Infante, la Antigua Cárcel de Ranilla de Sevilla, la Pañoleta, el Canal de los Presos, la fosa común del cementerio de la Puebla de Cazalla y el Aguaucho (Parque Luchadores por la Libertad). RMHSA-CGT.A ha solicitado la denominación de todos los campos de concentración anteriormente mencionados, así como de otros en distintas provincias andaluzas, pero la única resolución favorable definitiva ha sido la del campo Isla Saltes en Huelva.

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Fotografía destacada: Mujeres suplicando por la vida de sus familiares presos en Constantina, Sevilla, durante el verano de 1936. Fuente: Wikipedia.

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/solicitan-campo-concentracion-remedios-lugar-memoria

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Los últimos ejecutados en Zaragoza

El siniestro ceremonial volvió a ponerse en marcha en la madrugada del 10 de mayo de 1950, cuando cinco reclusos fueron llevados a capilla antes de ser conducidos ante el piquete de ejecución. Según se tiene constancia, aquella fue la última vez que los fusiles segaron la vida de presos políticos en el zaragozano cementerio de Torrero.

blogs.publico.es / Amadeo Barceló / 10-05-2020

Todo había comenzado un año antes; a principios de 1949 el Comité Nacional de la CNT en el exilio se propuso acabar con una partida de guardia civiles infiltrados en la zona los Monegros, aunque el verdadero objetivo era mucho más ambicioso: atentar contra un tren de la línea Madrid-Barcelona en el que, según las informaciones que manejaba la organización, viajaría un grupo de personalidades del régimen. Se especulaba que el propio Franco podría estar entre ellos.

Documentación falsa de Fabián Nuez

El plan se confió a un grupo de libertarios residentes en Francia con experiencia en combate. Antiguos milicianos de columnas anarquistas como la Durruti, soldados condenados a muerte o expresos políticos se contaban entre ellos. José Ibáñez, prófugo del servicio militar en España atendido en Francia por la Solidaridad Internacional Antifascista (SIA), era uno de los miembros más jóvenes del grupo. El otro era Ángel Fernández, un niño de la guerra que había crecido entre campos de refugiados y colonias escolares. Fernández, quien acababa de aprobar el examen de ingreso como mecánico en una escuela militar de aviación de la OTAN, militaba en las Juventudes Libertarias y accedió a la propuesta de varios veteranos amigos de su padre; su cometido se limitaría a conducir el vehículo que debía llevar al grupo anarquista desde el otro lado de la frontera hasta Sástago, unos kilómetros río arriba de Zaragoza. Ese era el lugar escogido para atentar contra el convoy.

Provistos de armas, explosivos y documentos españoles de identidad falsos, en la primavera de 1949 los once anarquistas llegados desde la ciudad de Lyon y el departamento del Aveyron entraron en España por el Puerto de Urdiceto. Caminaron en dirección sur guiándose por el curso del río Cinca hasta que lo abandonaron para dirigirse a la localidad de Hoz de Barbastro. Allí asaltaron el Ayuntamiento, obteniendo un botín formado por sellos y membretes para falsificar documentos o 22.000 pesetas en metálico. Robaron también una camioneta de reparto que les permitió proseguir su camino más deprisa. Sin embargo, estos hechos pusieron en alerta a las fuerzas de orden público.

Viajando por vías secundarias llegaron a Sástago, donde se reunieron con un enlace de RENFE y recibieron las primeras malas noticias: sus objetivos no iban a viajar en un convoy especial, sino que los vagones estarían unidos a otros ocupados por pasajeros civiles. El plan se derrumbaba, porque una cosa era acabar con altos cargos franquistas y otra muy distinta provocar la muerte colateral de centenares de personas: “no éramos guerreros, éramos simplemente libertarios” recuerda Ángel Fernández, quien había decidido continuar con el grupo a pesar de haber terminado con su tarea como chófer.

Ángel Fernández

Para entonces ya los buscaban y dieron con ellos. Una pequeña leva compuesta por el alcalde de Alborge y varios falangistas los descubrió cerca del paso de la barca. El calendario señalaba al 27 de mayo cuando se produjo un tiroteo junto al Ebro: “a los disparos de los franquistas replicó Capdevilla con una ráfaga de metralleta. Todos salieron corriendo menos uno que quedó tendido en el suelo”. Tres días después de resultar herido, el alcalde Enrique Laborda, fallecía.

Tras el incidente y ante la certeza de que la persecución iba a redoblarse los libertarios acordaron dividirse. El último en incorporarse a la expedición, Sánchez Triviño, huyó por su cuenta y fue detenido cuatro días después. Otro tanto ocurrió con Alfredo Cervera, este a punto de cruzar clandestinamente a Francia. José Ibáñez corrió idéntico destino en Valencia. Los turolenses Fabián Nuez, Rogelio Burillo y Jorge Camón deambularon durante mes y medio hasta que fueron abatidos en una emboscada en Caspe.

Mientras, los cinco restantes –Ángel Fernández entre ellos- caminaron río abajo durante varios días. Sin perder de vista el Este decidieron pernoctar en una paridera en ruinas entre Caspe y Fraga. Uno de ellos debía montar guardia, pero el cansancio le pudo y se quedó dormido. Al amanecer del 6 de junio fueron localizados por guardias del puesto de Fraga. Comenzaba el suplicio: “nos pusieron de pie contra el muro en ruinas siguiendo dándonos golpes por todas partes. Todos teníamos las caras ensangrentadas y el cuerpo dolorido”, escribió Fernández en sus memorias autoeditadas. Fueron llevados al cuartel de la Guardia Civil de Caspe donde les esperaba el temido coronel Enrique Eymar. En todo momento su obsesión fue saber cuáles eran sus enlaces dentro de España o en qué lugares iban a refugiarse. Las palizas que recibieron durante el interrogatorio fueron de tal calibre que dejaron secuelas entre los detenidos durante semanas.

Tras pasar por la cárcel de Huesca se les trasladó a la Prisión Provincial de Zaragoza, de la que saldrían para ser sometidos a Consejo de Guerra el 19 de marzo de 1950. La sentencia fue demoledora: siete de los ocho detenidos fueron sentenciados a muerte.

Documentación falsa de Rogelio Burillo.

Después de pasar 55 días encerrados en celdas de aislamiento, a la una de la madrugada del miércoles 10 de mayo del año 1950 se escucharon pasos en la galería. Cinco hombres fueron sacados de sus celdas y llevados a capilla antes de ser conducidos a la tapia del cercano cementerio. Entretanto, Fernández hablaba a través de la pared con Ibáñez, su vecino de celda: “le dije que el carcelero me ordenó prepararme para más tarde”, a lo que este contestó: “lo mismo me ha dicho a mí”. Los dos jóvenes libertarios quedaron esperando su encuentro con la muerte, pues por el momento nadie les comunicó que sus condenas habían sido conmutadas. Continuaban esperando cuando escucharon el estruendo de la descarga de fusilería y los tiros de gracia, pues tal y como apostilla el historiador Iván Heredia: “desde las celdas de la cárcel los reclusos podían escuchar perfectamente cada disparo, sonido que retumbaba en sus cabezas una y otra vez convirtiéndose en un verdadero martirio”. El ceremonial de la muerte continuó con el traslado de los cadáveres al depósito y su posterior sepultura en la fosa común. José Capdevilla, Alfredo Cervera, Mariano LLovet, Roger Ramos y Manuel Ródenas acababan de convertirse en los últimos ejecutados en la ciudad de Zaragoza.

El aciago final del grupo tuvo lugar dentro de un periodo de grave crisis de la lucha antifranquista y coincidió con una caída de guerrilleros urbanos sin precedentes, “la mayor que ha sufrido el movimiento a lo largo de toda su historia” recordaba Luis Andrés Edo. La resistencia de Facerías, Quico Sabaté o Ramón Vila, Caraquemada no fue más que el canto del cisne de la generación de combatientes libertarios que no abandonaron la lucha después de la Guerra Civil.

José Ibáñez Sebastián fue encarcelado en el penal de Ocaña, del que no saldría hasta 1970. Murió en 1996 en la más absoluta indigencia. Por su parte, Ángel Fernández recuperó la libertad en 1964 y rehízo su vida en Toulouse. En octubre de 2010 fue inaugurado el Memorial a las Víctimas de la Guerra Civil y la Posguerra del Cementerio de Torrero en recuerdo de otros tantos hombres y mujeres ejecutados en Zaragoza. Ángel Fernández había cumplido 85 años cuando supo que, entre las 3.543 placas del Memorial, no constaban las de sus compañeros. Desde su residencia en el sur de Francia emprendió una nueva misión y, esta vez, todo salió bien: hace siete años que los nombres de los cinco guerrilleros anarquistas ejecutados el 10 de mayo de 1950 se muestran junto a los de miles de asesinados en Zaragoza durante el franquismo.

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Fotografía destacada: El grupo de militantes de CNT, en el Dueso.

Fuente:https://blogs.publico.es/dominiopublico/32790/los-ultimos-ejecutados-en-zaragoza/

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Piden retirada póstuma de las medallas al ex-policía torturador “Billy el Niño”

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica pide al Gobierno la retirada póstuma de sus condecoraciones al torturador, José Antonio Gonzalez Pacheco.

El colectivo que destapó el caso de sus medallas pensionadas presentó 263.700 firmas al ministerio del interior en junio de 2018 para tal fin.

La ARMH pide que la retirada de las condecoraciones sea acompañada de una declaración de condena institucional y de reconocimiento a sus víctimas.

tercerainformacion.es / 08-05-2020

La Asociación para la Recuperación de la Memoria ha registrado una petición, Tras conocer la noticia del fallecimiento de José Antonio González Pacheco, ex policía franquista y torturador, conocido popularmente como Billy el Niño, queremos solicitarle al Gobierno de España que de manera póstuma le sean retiradas las medallas que ostentaba. De ese modo esperamos que se haga con ello una declaración de condena, desde las instituciones democráticas, de quien cometió sucesivas y numerosas violaciones de Derechos Humanos.

Lamentablemente, pese a las evidencias y denuncias de numerosos testigos, González Pacheco ha sido protegido y premiado, durante cuarenta años de democracia, en los que ha disfrutado de una pensión especial proveniente de condecoraciones que ningún Gobierno de la democracia le retiró en vida; un hecho despreciable que ha supuesto para sus víctimas tener que pagar con sus impuestos una pensión especial a quien las torturó y pisoteó sus derechos.

Cuando en abril de 2018 destapamos la existencia de una primera medalla pensionada, concedida por Rodolfo Martín Villa el 13 de junio de 1977, diversas investigaciones periodísticas consiguieron destapar cuatro medallas más, que habían supuesto un incremento de su sueldo y de su pensión de jubilación. Como consecuencia del rechazo social hacia ello, el 19 de junio de 2018 registramos en la sede del Ministerio del Interior 263.700 firmas de ciudadanos y ciudadanas que exigían la retirada de las condecoraciones y pensiones especiales al torturador Sánchez Pacheco, algo que no ha ocurrido transcurrido casi dos años desde esa solicitud.

Por ello, y lamentando que no haya sido una sentencia judicial la que haya resuelto las consecuencias de sus crímenes, queremos recordar y renovar la solicitud para que le sean retiradas las condecoraciones de manera póstuma y esa decisión se acompañe de una declaración de condena política por sus delitos y de respeto, disculpa y reconocimiento del Estado a sus víctimas y a todos los hombres y mujeres que en este país se jugaron la vida, la juventud, el futuro y tantas cosas por combatir al fascismo y por el regreso de la democracia y que no han sido condecorados en cuarenta años de democracia.

https://tercerainformacion.es/sites/default/files/archivos/justificantefirmado_20017194373_prensa.pdf

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Fuente:https://tercerainformacion.es/articulo/memoria-historica/2020/05/08/piden-retirada-postuma-de-las-medallas-al-ex-policia-torturador-billy-el-nino?fbclid=IwAR1OvPgWleOE06-9OxzSuoV_1hbRZp-nYQLnLbrHx7pSPeL1gpY2eHWccIs

Publicado por ARMH
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Los Chikos del Maiz donan la indemnización por un concierto censurado en Salamanca a la Asociación de Memoria Histórica

El grupo ha hecho efectiva la donación de 500 euros a la ARMH de Salamanca

elnortedecastilla.es / 06-05-2020

Hace unos meses, el Ayuntamiento de Salamanca decidió censurar el concierto que tenían previsto ofrecer el grupo Los Chikos del Maiz en una sala municipal. Con todas las entradas vendidas la concejala de Cultura decidió que el concierto no tuviera lugar por el contenido de algunas letras de las canciones del grupo.

Al conocer la noticia el grupo tomó dos decisiones: buscar una sala, en la que se llevara a cabo el concierto ese mismo día; y donar la indemnización que tenía obligación de darles el ayuntamiento de Salamanca -si se suspendía el evento-, a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

El concierto se celebró el mismo 10 de enero, como estaba previsto, y la donación de los 500 euros de la indemnización se ha hecho efectiva, «por lo que queremos mostrar nuestro agradecimiento y explicar que ese dinero será dedicado a la labor que llevamos a cabo de ayuda a las familias de los desaparecidos de la dictadura, a generar conocimiento de las violaciones de derechos humanos del franquismo y a atender a familias que sufrieron y sufren las consecuencias de los diversos delitos cometidos por los franquistas y que llevan décadas en democracia desamparadas por el Estado» aseguran desde la asociación.

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Fotografía destacada: Integrantes del grupo en una foto de archivo. / EFE

Fuente:https://www.elnortedecastilla.es/salamanca/chikos-maiz-donan-20200506125430-nt.html

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