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Presentación ante el consulado general de Argentina en Vigo de las denuncias de los deportados de Pontevedra a campos nazis

El día 28 de enero de 2020 fueron entregados por los familiares, acompañados por la ARMH, los casos de pontevedreses víctimas de deportación a los campos de concentración nazis. En el consulado de Argentina en Vigo, ante la cónsul general, para incorporar a la Querella argentina.
Fueron presentados los casos de Pontevedra: Domingo Castro Molares,
José Ferradás Pastoriza, Ramón Garrido Vidal, Arturo González Bastos; y del coruñés Francisco Pena Romero

Previamente la investigadora María Torres había dictado la conferencia “27 de enero . Recordemos hoy y por siempre ” que fue presentada por el profesor Xesús Alonso Montero.

PRENSA

https://www.europapress.es/galicia/noticia-presentan-vigo-primeras-denuncias-deportados-campos-nazis-unir-querella-argentina-20200128183155.html

http://www.buscameenelciclodelavida.com/2020/02/una-leccion-de-memoria.html?m=1

https://blogs.publico.es/dominiopublico/30883/memoria-y-justicia-una-vieja-lucha-que-no-envejece-ni-se-rinde/

https://www.atlantico.net/articulo/vigo/primeras-denuncias-deportacion-campo-nazi/20200128233106754776.html

https://afondo.farodevigo.es/sociedad/justicia-historica-para-los-gallegos-confinados-en-campos-nazis.html

GALERÍA

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Exposición: Exilio e Deportación, de Monterrei e Boborás aos campos nazis

DESCRICIÓN
A exposición é parte da homenaxe que a asociación cultural ‘Monterrei, cultura e territorio’ lle tributou ao veciño de Estevesiños (Monterrei), Joaquín Balboa, preso no campo de Mauthausen durante a II Guerra Mundial, no verán do 2016.
A exposición consta de 14 paneis (dous deles portada e contraportada), en cartón-pluma, moi fáciles de transportar e pendurar, aínda que deteriorados despois de catro cursos viaxando por distintos centros educativos e culturais. Cada un dos paneis inclúe un breve texto de presentación, testemuños directos e imaxes, procurando seleccionar ao máximo a información textual e visual, co propósito de que resulte significativa e atractiva para os lectores.
O obxectivo é difundir as experiencias vividas polos exiliados republicanos españois deportados aos campos nazis, tendo como referencia os casos concretos de Joaquín Balboa (triángulo azul, deportado ao principio da II GM) e Antonio Pérez (de Boborás, membro da Resistencia francesa). Procurouse, tamén, que as mulleres tivesen o espazo que lles corresponde entre as vítimas do fascismo, con Mercedes Núñez Targa como exemplo máis próximo.
Está pensada, especialmente para Centros educativos e en concreto para 4º da ESO e Bacharelato.
A exposición está realizada polo profesor de Historia e investigador da deportación Heladio Anxo Fernández Manso

IDIOMA
Galego

CARACTERISTICAS
14 paneis en cartón pluma ( están un pouco deteriorados) de 80×60 cm.

MONTAXE
Sinxelo, pendurar con colga fáciles, clips, ou outros medios de suxeicción, en paredes ou expositores.

PREZO
Non ten coste, so o transporte. Pódese transportar en calquera coche.

COMPLEMENTO
Contamos cun cuestionario para axudar á lectura e comprensión da exposición, co documental da TVG protagonizado por Joaquín ‘Mauthausen, regreso ao campo da morte’, coa posibilidade de impartir charlas sobre o tema coa presenza dalgún familiar de deportados, e outras suxestións de recursos para profundizar no coñecemento da historia dos nosos deportados.

CONTACTO
trianguloazul.armh@gmail.com

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Exposición: CATEGORÍA III: KL MAUTHAUSEN. El descenso al inframundo nazi bajo la mirada de José Egea Pujante

DESCRIPCIÓN
CATEGORÍA III cuenta, a través de las vivencias de José Egea Pujante y de su padre, José Egea García, la historia de miles de españoles que, tras sufrir una cruenta Guerra civil en España, se vieron abocados al exilio y a la deportación a los diversos campos del universo concentracionario nazi.
El hilo conductor es, pues, la historia de José, que entró en Mauthausen el día de su vigésimo cumpleaños, de la mano de su padre. Fue su último viaje juntos. Su nieta, Judith Miralles Egea, trata de recuperar el testimonio de su abuelo a través de esta exposición. Los textos son el resultado de los miles de interrogatorios a los que, con su curiosidad infantil, sometió a su abuelo.
El fin es dar voz a todos aquellos que quedaron en el olvido, sumidos bajo la noche y la niebla de la Alemania nazi y de la dictadura franquista. Uno de los principales problemas es, a juicio de la autora, la despersonalización de las víctimas. Así, a través de la historia de su abuelo, trata de acercar el sufrimiento de los presos en el tiempo, mirando a través de sus propios ojos, para que la lucha de los españoles deportados, nuestros triángulos azules, no se suma en el olvido de nuestra memoria colectiva.

IDIOMA
Español

CARACTERÍSTICAS
La exposición consta de 27 paneles numerados.

Estos paneles van suspendidos sobre vallas de obra coronadas por alambre de espino, simulando un pequeño resquicio de lo que pudo ser un campo de concentración. Las vallas ( que se pueden conseguir en cualquier obra del Ayuntamiento) se colocan en forma de círculo emulando la rueda vital de nuestros deportados, para muchos de los cuales terminó en Mauthausen y en otros campos. También simula la entrada al campo de concentración, en este caso Mauthausen. Si bien a los presos se les comunicaba que la única salida del campo era por el crematorio y convertidos en humo, la exposición brinda la oportunidad de sumergirse dentro del campo, con la opción de salir vivos, aunque no indemnes.

MONTAJE
El soporte de la exposición lo componen 9 vallas de obra, con sus respectivos pies de cemento, coronadas por alambre de espino. Los paneles de cartón pluma se sujetan a las vallas con bridas en su parte posterior.

PRECIO
No tiene coste

COMPLEMENTO
La exposición va acompañada del documental “Adiós a la Vida: Aragoneses en Mauthausen”, de Roberto Roldán y Ramón J Campo. Como música ambiental, suena el Adiós a la Vida de la Ópera Tosca de Puccini y la canción J’attendrai, de Rina Ketty.

CONTACTO
triánguloazul.armh@gmail.com

 

 

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La historia detrás de una biblioteca clandestina española en el campo de exterminio nazi de Mauthausen

En medio del infierno de Mauthausen, unos libros robados se convirtieron en el único flotador al que agarrarse para los miles de deportados del nazismo.

En este centro de detención austríaco, donde murieron más de 100.000 personas de 26 nacionalidades, los internos organizaron grupos de resistencia para poder sobrevivir. Y los españoles fueron de los más activos.

BBC Mundo, España / María Lillo / 20-06-2015

La biblioteca clandestina fue idea de uno de ellos.

Pensó que leyendo podrían evadirse un poco del horror de las celdas de castigo, de los latigazos, de las duchas heladas y de los 186 escalones que tenían que subir 10 o 12 veces al día cargados con rocas de 20 kilos hasta lo alto de una cantera desde donde los oficiales de las SS nazi lanzaban a los reclusos al vacío.

Lea: ¿Quién fue el primer hombre en entrar a Auschwitz tras su liberación?

“Mi padre siempre decía que leer te hace libre”, le cuenta a BBC Mundo Llibert Tarragó, hijo del promotor de la biblioteca. Lleva años indagando sobre la historia de su padre Joan, un militante del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC), de ideología comunista, que luchó en el bando republicano durante la guerra civil española.

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Joan Tarragó fue uno de los más de medio millón de personas que cruzaron la frontera francesa tras la caída de Cataluña, en 1939, y, una vez en territorio galo, los internaron en campos de refugiados.

Estrategas del almacén y la cocina

Cuando comenzó la segunda Guerra Mundial, Tarragó se alistó en el ejército francés y lo enviaron al frente con otros miles de españoles exiliados.

Lea: Enric Marco, el español que dijo ser sobreviviente del Holocausto y en realidad trabajó para los nazis

Fueron los primeros en ser capturados por los alemanes cuando los nazis invadieron Francia”, señala Tarragó, al teléfono desde Barcelona.

El gobierno de Berlín, aliado de Francisco Franco en España, llamó a Madrid -cuenta Tarragó- para preguntar qué debían hacer con los reclusos. Y Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores, contestó con un simple: “Ya no son españoles”. Los trasladaron a Mauthausen y les pusieron un triángulo azul, el color de los apátridas.

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Joan Tarragó junto a su mujer, Rosa, dos décadas después de haber sobrevivido a Mauthausen.

Joan Tarragó llegó al campo en enero de 1940. Y en febrero del año siguiente fundó, junto a otros deportados, la red de resistencia española.

“Todos tenían claro que la única solución para resistir era la solidaridad”, asegura su hijo. “Decían que eran compañeros de lucha y compañeros en el infierno”.

En 1943, cuando trasladaron a los SS más duros al frente del este, la organización española encontró más “huecos”. Por aquel entonces ya eran expertos estrategas en la lucha por la supervivencia. Controlaban el almacén, la enfermería y la cocina. Sustraían medicinas y alimentos que luego distribuían entre los presos.

Lea: El campo de concentración nazi del que no se habla

“Trabajaban en cadena. Mi padre, que hacía de ‘pinche’ en la cocina de los oficiales, escondía los alimentos en el contenedor. Encima ponía papel y la basura de verdad. Luego, otro compañero los recogía”, relata Llibert Tarragó.

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La extenuante labor en la mina y las vejaciones y torturas marcaban la vida cotidiana de los presos en Mauthausen (aquí, un grupo de rusos).

Llegan los libros

A comienzos de 1943, empezaron a llegar franceses, italianos y rusos deportados de la resistencia a la ocupación nazi en sus países, narra Tarragó. Nada más llegar al campo, les quitaban todas sus pertenencias. Lo que era de valor se lo quedaban y lo que no les interesaba, lo incineraban.

Cuando los españoles que trabajaban en el almacén le dijeron a Joan Tarragó que había libros entre los enseres que acaban en la hoguera, le propuso a la cúpula de la resistencia rescatarlos y formar una pequeña biblioteca.

Así, Tarragó junto a un compañero, de apellido Picot y capaz de arreglar los libros que llegaban en mal estado, comenzó a reunir volúmenes y a esconderlos en un armario del barracón número 13.

Las llamadas “escaleras de la muerte”: 186 escalones que los presos tenían que subir 10 o 12 veces al día. Algunos eran lanzados al vacío por oficiales de las SS.

La pequeña biblioteca clandestina fue creciendo. Recopilaron alrededor de 200 obras de autores como Émile Zola, Víctor Hugo o Fiódor Dostoievski.

Pero la que más éxito cosechó entre los presos, cuenta Tarragó, fue “La madre”, de Maksim Gorki.

Un sobreviviente francés, de Córcega, le confesó a Llibert Tarragó que leer “La Cartuja de Parma” de Stendhal en Mauthausen había sido “un salvavidas”.

“Me explicó con mucha emoción que cuando leía sentía que escapaba del campo. Le recordaba a su infancia”, recuerda Tarragó, fundador de la asociación Triángulo Azul, que desde 2003 reúne documentos sobre la deportación española.

“Si los hubieran descubierto, les habrían dado una buena paliza”, opina Tarragó.

Hace una pausa y luego añade: “O los habrían matado directamente. Convivían con ese miedo todos los días. Imagina lo que debía ser oler a carne humana quemada las 24 horas del día durante cuatro años y tres meses”.

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Hoy Mauthausen es un centro de la memoria. Todavía están los cuartos que se usaron como cámaras de exterminio.

El olor en la memoria

Ese fue el tiempo que estuvo retenido su padre. Y ese hedor fue una de las cosas que describió con más nitidez en los documentos que le legó a su hijo.

Llibert no pudo entender del todo a qué se refería hasta que visitó el campo en el año 2000.

“Las chimeneas de los crematorios estaban a 50 metros de las barracas donde dormían los presos”, recuerda, aún impactado.

Cuando el ejército estadounidense entró en Mauthausen, el 5 de mayo de 1945, las banderas republicanas españolas habían sustituido a las insignias nazis y el portón de entrada a la fortaleza estaba cubierto por una gran pancarta en la que se leía: “Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas libertadoras”.

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El campo fue liberado entre el 5 y el 6 de mayo de 1945.

De los 7.189 españoles que entraron en el campo, solo 2.374 vivieron aquel momento. La mayoría estaba fichada como enemigos de la dictadura franquista y no pudieron volver a España hasta que murió Franco en 1976.

Ahora, a 70 años de su liberación, solo quedan 25.

Una vez libre, Joan Tarragó escribió a su mujer, que seguía viviendo en Cataluña. Después de que ella pasara clandestinamente la frontera, se reunieron en Andorra en 1946, tras ocho años de separación.

“Nueve meses más tarde nací yo”, ríe Llibert Tarragó, a quien le pusieron el nombre por la palabra catalana Llibertat: en español, libertad.

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En Septfonds, Francia, el 1 de octubre de 1978 se inauguró el monumento a los refugiados republicanos españoles presos. Allí estuvo Joan Tarragó: en medio del grupo con gafas, bastón y sombrero. Su mujer Rosa, la madre de Llibert, está en el extremo izquierdo de la foto.

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Fotografía destacada: Muchos de los sobrevivientes del campo encontraron sosiego en las páginas de los libros ocultos.

Fuentehttp://www.bbc.com/mundo/noticias/2015/06/150615_finde_biblioteca_clandestina_nazis_mathausen_vp

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