Archivo de la etiqueta: Darío Rivas

Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

In Memoriam, “Darío Rivas, el hombre que se vengó del franquismo”

Darío Rivas Cando, de 99 años de edad, ha fallecido la pasada noche en Buenos Aires. Nunca dejó de luchar por buscar los restos de su padre, Severiano Rivas, alcalde republicano de Castro de Rei, secuestrado y asesinado el 29 de octubre de 1936 por “traición a la patria”.

La querella argentina que Darío abrió en Buenos Aires sigue abierta y desde que él abrió aquella puerta se han sumado a ella numerosas víctimas y organizaciones que han seguido sus pasos.

ARMH / 16-04-2019

Se despidió de su padre a los 9 años, desde el barco que lo llevó a Buenos Aires. Lo hizo de nuevo a los 17, cuando avisaron por carta de que había sido asesinado por falangistas en Portomarín, en Lugo, por su actuación como alcalde de Castro de Rei en favor de los despojados. Y aún se despidió otra vez en 2005 cuando fue capaz de exhumar su cuerpo de la fosa común en la que lo habían escondido. La historia de este gallego residente en la Argentina dio inicio al histórico proceso judicial que está investigando los crímenes del franquismo entre 1936 y 1977.

luzes.gal / Débora Campos / 23-10-2018

La taza tiene un tamaño singular. No va con las de su talla, las del café, que son pequeñas. Pero tampoco casa con las grandes, las del té. «Entonces se hacían los juegos bajo petición y mi padre había comprado las doce piezas tradicionales con su platito y además esta enorme para beber él en ella a su gusto, y también una muy pequeñita para mí, que era el menor de los hijos», recuerda Darío Rivas, 97 años, en la serenidad de una tarde en el extrarradio de la ciudad de Buenos Aires a la que llegó de Lugo en 1930. Aunque aquí el tiempo se paró hace muchas horas, las referencias dicen que sólo en esta semana, este gallego que ahora guarda la taza en una vitrina con dedos rápidos, ha participado en cuatro actos y pasado dos veces por los tribunales porteños acompañando a nuevos declarantes en la querella que presentó en 2010 para investigar los crímenes del franquismo.

La taza que conserva de su padre, con una fotografía suya de niño

El proceso judicial iniciado el 14 de abril de 2010 en la capital argentina —coincidiendo con el 79 aniversario del inicio de la II República en España— tenía la firma de colectivos de defensa de los derechos humanos, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de España y de las Abuelas y las Madres de la Plaza de Mayo. Con todo, el caso insignia, el que permitió que la justicia abriera unas puertas siempre difíciles, siempre bien cerradas, fue justamente el caso que presentó Darío Rivas. «Pasé décadas reuniendo todos los documentos. Todo lo denunciado está probado por escrito y con sellos y firmas», dice y pega con el dedo índice sobre la mesa para acompañar las últimas sílabas.

La querella no se andaba con rodeos: denunciaba al Estado español como responsable de los delitos cometidos entre el día 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977, fecha de las primeras elecciones después de la muerte del dictador Francisco Franco. Se entiende que se trata del genocidio de parte de la población y de crímenes de lesa humanidad y que, como tales y a pesar de la Ley de Amnistía de 1977, no prescriben bajo el criterio de la justicia universal.

En una concentración contra la impunidad del franquismo.

Con el patrocinio del abogado Carlos Slepoy, el requerimiento de Rivas junto con Inés García Holgado, también familiar de un represaliado, y Silvia Carretero, torturada en Extremadura y Madrid, pedía a la jueza federal argentina María Romilda Servini de Cubría que buscase la información necesaria para hacer una lista de los ministros de aquel período, de los responsables militares y policiales y de los dirigentes de la Falange, así como también de las víctimas: los represaliados, desaparecidos, torturados, asesinados, sin olvidar el detalle de las fosas comunes sembradas por toda la Península y referencias sobre los niños y las niñas apropiadas ilegalmente con la ayuda, en no pocos casos, de la propia Iglesia católica. Por último, también querían el nombre «de las empresas beneficiadas con el trabajo forzado y esclavo de los presos republicanos».

La justicia argentina pidió precisiones a los jueces españoles. Las respuestas, cuando llegaban, siempre ponían por delante la Ley de Amnistía de 1977, una añagaza, ya que este tipo de normas no pueden pasar por encima del derecho internacional. Así las cosas, el 18 de septiembre de 2013, Servini de Cubría pidió la extradición de cuatro represores españoles —dos de ellos ya fallecidos—. El 30 de octubre de 2014 la jueza dictó una  orden internacional de detención preventiva y extradición contra el ex ministro franquista Rodolfo Martín Villa, acusándolo, entre otros delitos, del asesinato de los cinco obreros tiroteados en Vitoria en marzo de 1976. Desde entonces, Martín Villa, con la ayuda de la justicia española, ha tenido que entablar un largo litigio para evitar ser extraditado. Uno de los últimos intentos fue la solicitud de prestar declaración en Argentina con la condición de quedar en libertad, petición que denegó María Servini.

El tiempo ya no corre en esta casa bonaerense en la que Darío Rivas retira ahora de la vitrina una pequeña bandeja conmemorativa del homenaje que le hizo a su padre en el año 1994, casi una década antes de poder sepultarlo. Y cuenta. Porque en el origen de la querella que ya hizo historia hay un padre y un hijo. Y también un gabán y una placa.

Aún se repiten las historias en Castro de Rey sobre como recuperaba tierras sin dueño —o con un dueño que no las atendía— y se las asignaba a los despojados para que pudieran trabajar en ellas las semillas que él incluso les conseguía

«Recuerdo bien mi casa, era enorme, como un pazo. Por la izquierda tenía la cuadra para los animales y también un horno de piedra. Y por la derecha, un jardín. Más allá, estaba el sitio en el que se cortaban los robles para hacer las traviesas del tren», vuelve Rivas, ahora mismo un niño pequeño en un mundo de adultos. Fue el más pequeño de nueve hermanos y, aunque no lo dice de todo, puede que fuese también el más mimado por el padre que, en pocos años, quedó viudo y con el chaval de cinco años por criar, además de los otros ocho hijos.

Mucho ha hablado Darío Rivas sobre su padre, Severino Rivas Barja, alcalde de Castro de Rei, fusilado en una cuneta pocos meses después del Alzamiento, el 29 de octubre de 1936. Tanto ha contado sobre este gallego que 68 años después de su asesinato se transformó en el primero exhumado e identificado en Galicia, que ahora se ve en el problema de tener que ajustar las historias publicadas sobre su recuerdo.

«Dicen que mi padre era socialista. Pero no. Yo no le recuerdo participación alguna en mítines ni en cosas de la política», quiere corregir el hijo que escapa de los intereses partidarios como de la peste. La confusión tendrá inicio, a lo mejor, en el hecho de que el señor Severino era un hombre bueno y generoso. Aún se repiten las historias en Castro de Rey sobre como recuperaba tierras sin dueño —o con un dueño que no las atendía— y se las asignaba a los despojados para que pudieran trabajar en ellas las semillas que él incluso les conseguía.

No se lo contaron. Darío lo vivió: «En mi casa, la matanza se hacía para los nuestros y para el resto. Mi padre nos mandaba a los más pequeños llevar paquetes de carne a las personas más pobres de la aldea. ‘¡Y cuidadito con aceptarles ni una peseta!’, nos advertía». El señor Severino no es que fuera rico, pero había tenido la inteligencia necesaria para sacar beneficio de las oportunidades. Trabajaba sus tierras, arrendaba otras que también explotaba y administraba las de los señores de la zona. Cuando tuvo oportunidad, también se hizo con unos robles que luego cortaba para hacer traviesas para el tren, que vendía.

«Aún me sorprende que fuera capaz de conseguir tanto, siendo como era hijo de soltera», reconoce su hijo, que también se pregunta ahora si su padre sabía siquiera leer y escribir. «Algo sabría, claro. Pero yo recuerdo perfectamente que, en casa, mandaba leer el periódico a alguien. Yo pienso que sabía lo mínimo», apunta. Con o sin formación, el señor Severino Rivas era, claro está, un lúcido intérprete de la realidad europea y española de los años 20 y 30. Ventaba un futuro difícil para su prole. Un futuro que, desde luego, era hijo del pasado reciente: ya había mandado un hijo a la guerra y no estaba dispuesto a mandar otros. Poco había para ellos en la aldea: décadas de reverencias delante de la tierra para ser tanto o más pobres aún. No, sus hijos tendrían mejor destino en la emigración.

«En la primera semana de clase, un chaval me llamó gallego despreciativamente y llevó unos cuantos golpes. Yo no sabía si se podía pegar en la escuela, pero otro niño me alentó y pienso que el burlón no se volvió a meter conmigo»

«A los 9 años, mi padre decidió que yo marchara. Me mandó a Buenos Aires donde ya vivía una de mis hermanas y donde, con los años, vendrían otros cinco más. Aún recuerdo la lancha que nos llevó en la Coruña hasta el barco que aguardaba en el mismo centro del mar. La gente, que trepaba por una escalerita de nada, se mareaba mucho con el movimiento de aquella mole, pero como yo era un niño, no me enteraba de nada». Darío sonríe desde su mirada de niño espabilado delante de aquellos adultos tristes y asustados. Casi ni pisó el camarote. El padre le había metido algo de dinero en el bolsillo y el resto se lo entregó la un paisano que trabajaba en el transatlántico para que le echara un ojo al niño durante el viaje. No sabe si el hombre hizo tal, porque pasó las noches durmiendo bajo las estrellas y los días comiendo chocolate y cuanto dulce comprara aquel dinero.

Pero los días de libertad duraron poco y, cuando pudo enterarse, ya estaba en Villa Ballester, en la periferia noroeste de Buenos Aires, alistándose para una experiencia nueva: ir a la escuela todos los días. «En la primera semana de clase, un chaval me llamó gallego despreciativamente y llevó unos cuantos golpes. Yo no sabía si se podía pegar en la escuela, pero otro niño me alentó y pienso que el burlón no se volvió a meter conmigo», dice, y las fotos que tira de una carpeta aún lo retratan alto y fuerte en el final de la infancia.

Al mes ya no hablaba gallego y, como tantos y tantos, fue un alumno esmerado que recuerda y presume de una lección de Historia de México que le valió, dice, un diez para el resto del año por parte de la señorita de 6º grado. «Siempre me gustó mucho aprender y descubrir», apunta. Y la vida le da la razón. Darío Rivas hizo los dos primeros años de la escuela de golpe y luego avanzó como el resto hasta rematar los estudios básicos. Como tantos niños de aquella, también ayudaba en la tienda de su tío sastre:

«Ordenaba las cosas o barría el sitio moviendo la escoba de un lado y luego del otro para que se gastara sin desniveles», recuerda. Mientras el niño crecía en Villa Ballester y aterrizaba en el mundo del trabajo sin escalas, el padre también crecía en prestigio y respeto entre los vecinos de Castro de Rey. «Después de la escuela fui a trabajar de encargado en la panadería que uno de mis hermanos tenía en Chascomús [a 123 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires]», adelanta. Aún era un niño pero trabajaba como los adultos. Tanto es así que un hombre que lo conocía le ofreció un negocio: podían ir de socios en un emprendimiento de apicultura. El hombre ponía los cuartos y Darío, el trabajo.

¿Y usted qué sabía de las abejas?
—¡Nada, yo qué iba a saber! Pero compré unos libros, los leí y descubrí todo. El resto me lo enseñó el hombre aquel y allá estábamos, con docenas de colmenas a producir.

De las colmenas pasó, de vuelta en Buenos Aires, a una confitería que compró con su hermana a medias sobre la avenida Córdoba con Uruguay, en el centro de la ciudad; y como el día tenía muchas horas, también hacía ventas para una empresa inglesa; y administraba una pequeña compañía de construcciones que había fundado con unos primos: «Ellos tenían estudios pero el encargado era el gallego», dice. Cuando el día acababa, Darío se iba a beber el café con los republicanos que se daban alientos los unos a los otros en los bares de la avenida de Mayo. «Leíamos el periódico Crítica porque decía que la República iba ganando la guerra. Pero no era verdad», reconoce.

«Los dejaron en las cunetas muchas horas, al cuidado de un chaval de 17 años, para escarmentar a la gente, y luego mandaron a mis hermanos a enterrarlo en una fosa común»

Pocos años antes, el prestigio ganado por su padre entre los vecinos de la aldea lo había llevado a convertirse en alcalde de Castro de Rey. «Una de sus primeras medidas fue a traer un maestro y montar en nuestra casa una escuela para todos los niños», repite el hijo. Tal audacia, entre otras, no pasó inadvertida y sólo semanas después del alzamento de julio de 1936, fueron buscarlo.

Severino Rivas fue capturado en el Hotel España de Lugo y aunque tuvieron que liberarlo, la segunda vez no dudaron: fue asesinado el 29 de octubre de 1936 de cinco tiros al lado de la capilla de Cortapezas, en Portomarín, junto con otro republicano. «Los dejaron en las cunetas muchas horas, al cuidado de un chaval de 17 años, para escarmentar a la gente, y luego mandaron a mis hermanos a enterrarlo en una fosa común», desvela el hijo. Los falangistas acusaron el ex alcalde por «traición a la patria», porque el mal, además, siempre sabe ser muy bruto. El miedo sembrado dio enseguida frutos amargos. Darío Rivas supo de la muerte del padre por carta. Tenía 17 años. También supo que había muchas más palabras calladas que dichas en esa historia. «Y decidí que yo, a España, no volvía nunca jamás en la vida», dice.

Pero volvió. Casi que sin quererlo. En el año 1952, su esposa, Clotilde, le pidió visitar una tía que había dejado también en Galicia. Y fueron. «Al llegar sentí curiosidad y fui allá, a la aldea», recuerda. Cuenta que hizo preguntas que nadie le respondía o sobre las que le daban razones dudosas, confusas. Pero Darío no es hombre que se contente con evasivas. En lo que todos coincidían en aquel año 1952 era en el reconocimiento a don Severino.

«Los vecinos querían hacerle homenajes e incluso que una calle de la villa llevara su nombre. Pero para que eso fuera posible había que documentarse», y Darío se documentó. Mucho más de lo que imaginaban los funcionarios franquistas que le pedían pruebas de la valía de su padre. Con la ayuda de unos y de otros, a lo largo de varias décadas, el hijo fue consiguiendo todos los papeles necesarios para probar el asesinato de su padre, incluso tiene el archivo de su detención en la cárcel de Lugo y la orden de fusilamiento «por comunista» firmada por los mandos militares de la región. Sólo quedaba descubrir dónde estaba el cuerpo, porque él no tragaba la trola de que lo habían sepultado en un cementerio que había quedado bajo las aguas del embalse que sepultó al viejo Portomarín en 1963, a pesar de haber sido declarado Conjunto Histórico Artístico en 1946, y de que allí habían pernoctado los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II.

Siempre por la buenas, Darío Rivas pidió al cura de Cortapezas poner una placa en memoria de su padre. No, no se puede. Entonces pidió poner una cruz de madera, por fuera de la iglesia. No, tampoco se puede porque es tierra santa. Tuvo que ser por las malas.

«Mucho pregunté, pero mis hermanos se habían llevado el secreto a la tumba y nadie me daba razón», dice y anuncia el momento que aún lo emociona del relato. Lo contó docenas de veces y lo vuelve a contar ahora, en esta tarde bonaerense en la que va un calor impúdico: «En el año 2004 fui a participar de un homenaje a mi padre. Fue un acto muy especial y quise cerrarlo visitando Portomarín», dice. No había sepultura, pero allí era dónde habían asesinado a su padre, de suerte que allá fue Darío, a acercarse a su memoria, sentir que estaban juntos. «Entramos en una tienda de recuerdos y, mientras mi sobrina compraba, la propietaria me preguntó si era yo turista. Pensé que me querría cobrar los chismes esos más caros, y entonces le expliqué que era de Castro de Rei», recuerda y bromea. Por decir cualquier cosa, la mujer comentó de unos hombres que había visto asesinados en el 36 que eran de aquella aldea. Habló del gabán que vestía uno de ellos y de que el rumor decía que era alguien de importancia.

Casi sin aire, Darío recordó el gabán que le habían mandado de regalo a su padre desde Buenos Aires y pidió más detalles. «Quien bien sabe de esta historia es el carnicero», añadió la señora. Darío Rivas salió corriendo de la tienda. «Los mataron contra la capilla de Cortapezas. Pero quien bien sabe de esta historia es el anciano que vive al lado de la iglesia», añadió el carnicero. Correr y correr. El viejito confirmó no solo la muerte, sino que habían sido sepultados allí mismo por las familias y que él era el chaval que lo veló durante varias horas, cuando tenía 17 años.

Darío, con el hombre -entonces un joven de 17 años- que vio como enterraban a su padre

«¿Y aún están aquí?», preguntó Darío, que no podía creer que debajo de aquella tierra, de aquellas hierbas silvestres, finalmente, 68 años después, estuviera su padre. «Estar, solo está su padre, porque al otro la familia lo desenterró por la noche y lo llevó al cementerio de la aldea», confirmó el señor. Por las buenas. Siempre por la buenas, Darío Rivas pidió al cura de Cortapezas poner una placa en memoria de su padre. No, no se puede. Entonces pidió poner una cruz de madera, por fuera de la iglesia. No, tampoco se puede porque es tierra santa. Tuvo que ser por las malas.

Con la documentación en la mano y con el acompañamiento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, el 19 de agosto de 2005, un grupo de amigos acompañó el hijo en la exhumación. Fue lenta e inquietante. Pero allí estaba. Severino Rivas Barja fue sepultado con todos los honores en el panteón de la familia, en Loentia. La lápida dice: «Fue alcalde de Castro de Rei, nacido el 13 de septiembre de 1875. Lo asesinaron en Portomarín los falangistas el día 29 de octubre de 1936. Volvió a casa para descansar en paz el día 19 de agosto de 2005».

La lápida de Severino Rivas en el cementerio de Castro de Rei.

Y, sobre ella, una placa añade una petición: «Papá, descansa en paz. Te lo pide tu niño mimado, Darío». La taza baila en los dedos ágiles del señor Rivas, que rechaza la política aunque reconoce que sus acciones también lo son: «Porque estamos luchando contra el franquismo», dispara. El médico le recomendó evitar las emociones, y por eso ya no habla en público. Escribe discursos, con una caligrafía de rasgos aun escolares, y luego pide que alguien los lea. Con todo, el 30 de junio de 2011, la multitud con la que marchó en la Ronda de la Dignidad en la Puerta del Sol, en Madrid, reclamó escucharlo. Y él habló. «Os pido que no recordemos a los nuestros cómo víctimas sino como héroes. El Gobierno de España no busca sus desaparecidos y muchos niños secuestrados no conocen su verdadera identidad. Eso es una vergüenza. Es dejar vivo el antecedente de un genocidio impune que van a pagar las generaciones futuras».

La luz del ventilador se refleja en la taza en esta noche en Ituzaingó. «Yo no heredé nada de mi padre. Mis hermanos que allá habían quedado repartieron las cosas entre ellos y bueno… pero cuando volví, fui a echar cuentas y dije: «No quiero nada, solo esta», acaba el hijo, que ya dejó un legado propio a la humanidad.

___

Fotografía destacada: Dario Rivas – Fotografías: Romina Franceschin [Buenos Aires]

Fuente:https://luzes.gal/ct/2018/10/23/5782/en-aberto-ct/debora-campos/dario-rivas-el-hombre-que-se-vengo-del-franquismo/

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

Se cumplen 15 años de la exhumación de la primera fosa común del movimiento memoralista

Hace 15 años que la pelea de un nieto inconformista logró un hecho insólito en este país: que se abriera la fosa común en la que estaba su abuelo -junto a 12 hombres más-, usando todas las técnicas forenses y arqueológicas disponibles, con los permisos oportunos y sin miedos, sin esconderse. 15 años desde que se hincó la pala en la tierra y los huesos hablaron, tres lustros desde el primer logro de las asociaciones de memoria histórica en España.

huffingtonpost.es / Carmen Rengel / 13-09-2015

Desde aquel primer acto de justicia en Priaranza del Bierzo (León) hasta este verano moribundo lo que se ha vivido es una montaña rusa de alegrías y decepciones, de logros y obstáculos, de ayuda institucional, de olvido institucional. Se ha aprobado hasta una ley específica -con un cumplimiento modesto-, pero 114.226 españoles siguen desaparecidos, civiles identificados con nombre y apellidos que siguen en una fosa, un monte, una cuneta.

La historia que abrió una nueva senda en la lucha por la reparación empieza el 15 de octubre de 1936. Emilio Silva Faba es detenido. Su hijo, Ramón, de ocho años, lo acompañó al Ayuntamiento de Villafranca y allí, en la puerta, lo vio por última vez. Manolo, otro de sus hijos, de seis años, fue a verlo más tarde con su madre, Modesta. Emilio les dio un reloj y un anillo con sus iniciales, el recuerdo que lega quien se sabe sentenciado. Otro hijo más, Emilio, de diez años, fue a la mañana siguiente a los calabozos a llevarle el desayuno a su padre. Que no estaba, le dijeron. Que igual se había escapado.

El 16 de octubre, Emilio fue conducido en un camión de Gaseosas Olarte hacia el lugar de su asesinato. Con él iban 14 hombres más, hacia la carretera de Ponferrada. Uno escapó. Los demás fueron fusilados en la cuneta de Priaranza.

La fosa de Priaranza, en su primera fase de excavación.

El 28 de octubre de 2000 aquella fosa se exhumó, finalmente. Fue localizada gracias al empeño del nieto de Emilio, Emilio Silva, periodista, hoy al frente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Durante una investigación, encontró casualmente el hilo del que tirar para sacar a flote la historia de su familia, el que le permitiera enterrar a su abuelo junto a su abuela, que vivió hasta los 93 años, esperando.

Empezó una cadena que llevó a un niño de 10 años que, entonces, escuchó las detonaciones, a los comentarios antiguos, las identificaciones de los demás fusilados, la búsqueda del expediente de ejecución y, al fin, la colaboración de un alcalde y la cesión del terreno. “Tantos años y en el corazón tan pocos”, recuerda Silva que resumió Belia, la hija de Enrique González, uno de los fusilados.

Hoy Priaranza no es sólo una cuneta con placa, donde de vez en cuando se ponen flores. Es el símbolo de una pelea organizada, desde abajo, en la que las familias, los historiadores, los civiles y no los gobiernos, consiguieron poner en primera línea del debate nacional la necesidad de localizar y enterrar dignamente a los represaliados en las Guerra Civil y el franquismo.

6.200 HALLADOS

En 15 años se han hallado restos de 6.200 personas, apenas un 5,4% de los desaparecidos que restan. “Hay miles de familiares pendientes, gente mayor que lo que quiere es morirse en paz, resume la ARMH, que este fin de semana conmemorará el aniversario de aquella primera exhumación con coloquios y conciertos en León, más una performance en la que se recordarán nombres de prisioneros del franquismo.

Un aniversario agridulce, con el presupuesto estatal para memoria inexistente por tercer año consecutivo, administrando la precariedad con ayudas que llegan de fuera -EEUU, países nórdicos- y que aún impulsan los proyectos. “El estado tiene que ser garante, no las familias de las víctimas”, exigen las asociaciones.

LUCES Y SOMBRAS

Cecilio Gordillo, coordinador del Grupo de Trabajo Recuperando la Memoria Histórica de CGT-Andalucía e impulsor de Todos los Nombres -que este octubre cumple también 10 años- reconoce que “las cosas han cambiado de la noche a la mañana” en cuestiones de memoria en España. “Ha habido un avance tremendo: fluye la información, se han creado grupos de investigación en las universidades, bancos de ADN, una ley…”, pero todo lo que enumera tiene un “pero”, porque hoy todas esas iniciativas se topan con límites, recortes o desidia.

“La ley, por ejemplo, ya era pobrecita cuando nació, pero es que ni siquiera se está cumpliendo. Se ha modificado la de Registros Civiles pero no hay recursos, ahora. Sólo en Andalucía hay 30.000 personas sin inscribir. Hacen falta partidas económicas, fijar que las intervenciones en cementerios sean revisadas y se eviten desmanes o expolios, utilizar debidamente los bancos de ADN, donde hay personal y medios técnicos que darían respuestas a muchas familias…”, añade.

La crisis no es más que una excusa, denuncia. Las partidas estaban siendo de 200.000 a 300.000 euros anuales. Falta “voluntad”. Son las asociaciones y las familias las que hoy llevan el empuje de la memoria, pero a la vez se enfrentan a la contradicción de que en estos años se ha “institucionalizado” la causa y, en ocasiones, ese excesivo control limita la posibilidad de avanzar. “Usar y tirar”, dice gráficamente, pasados los años de furor memorialista. Ese “desamparo institucional” lleva al cierre de asociaciones -dos en tres meses, pone como ejemplo, sólo en Andalucía- y a confiar en el micromecenazgo y el voluntariado para que no se pierda lo logrado. Los “seis o siete” proyectos universitarios creados en todo el país hoy no tienen financiación y han dejado la línea de investigación. Muchos de sus datos o conclusiones ni se han podido publicar.

“PAPÁ, DESCANSA EN PAZ”

“Os pido que no recordemos a los nuestros como víctimas, sino como héroes. El Gobierno central no busca a sus desaparecidos ni muchos niños desaparecidos conocen su identidad verdadera. Es una vergüenza, es dejar vivo el antecedente de un genocidio que queda impune y que van a pagar las generaciones futuras”. Lo dijo en 2011 un hombre llamado Darío Rivas, ante miles de personas, en Madrid, en un acto de reivindicación en el que, al fin, él mismo podía ser ejemplo de que la batalla tiene sentido y puede acabar con la paz, con el entierro digno.

Darío Rivas pone flores sobre la tumba de su padre.

Rivas supera los 95 años y vive en Buenos Aires desde que tenía nueve. Su padre, Severiano Rivas Barja, fue alcalde de Castro de Rei (Lugo) y murió a manos de falangistas el 29 de octubre de 1936. Fue el último regidor democrático de su pueblo hasta que llegó la guerra. 69 años después, en 2005, se logró localizar su cuerpo en el cementerio de Cortapezas-Portomarín. El alcalde Rivas fue el primer exhumado e identificado de Galicia.

Su hijo, aún lúcido para cruzar el charco, homenajear a su progenitor y explicar lo ocurrido, relata que Severiano era “un hombre bueno”, que recuperaba tierras sin dueño, que ayudaba a los necesitados. Y lo mataron acusándolo de “comunista”. Lo detuvieron una vez, y pudo ser liberado. A la segunda, lo tirotearon junto a la capilla de Cortapezas, junto a otro hombre. Sus cuerpos quedaron expuestos y custodiados, como escarmiento público. Darío tenía 17 años cuando supo por carta del asesinato de su padre.

En 1952, aunque se había prometido no ir a Galicia más, viajó con su esposa. Encontró la orden de detención, comentarios de que quizá su fosa había quedado enterrada por un embalse, vecinos que recordaban a su padre con cariño. Todo se le revolvió entonces, y se prometió dar con la tumba. Sus hermanos mayores supieron en su momento la ubicación, pero ya habían muerto. Así llegó a 2004, cuando en un homenaje sencillo al alcalde, un comentario le llevó a otro. “Yo vi los cuerpos”, “estaban allá”, “uno llevaba un gabán”, “parecía hombre de importancia”, “el carnicero lo sabe todo…”. Y así se confirmó el enterramiento, pese a las pocas facilidades de la iglesia local. El alcalde Rivas ahora descansa en el panteón familiar en Loentia. Una placa lo recuerda. “Papá, descansa en paz. Te lo pide tu niño mimado, Darío”.

LA DENUNCIA ARGENTINA

Darío Rivas no se conformó con cerrar su historia particular, sino que fue quien promovió la denuncia presentada en Argentina en 2010 para investigar casos de genocidio y lesa humanidad, que no prescriben, aludiendo al criterio de justicia universal. La jueza María Romilda Servini de Cubría ha iniciado la causa y está tomando declaración a víctimas del franquismo y sus descendientes, uno de los hitos más ilusionantes en estos 15 años. Este viernes, por ejemplo, ha dado su testimonio Antonio Narváez, de Marchena (Sevilla), un niño de 82 años al que le mataron a su padre y a su madre.

Antonio Narváez, en el centro, durante un homenaje a represaliados en Marchena.

Cuenta Antonio que está “desbordado” por el proceso, con “incertidumbre” por los resultados que podrá tener, y “satisfecho” por ver que “poco a poco se avanza. “Nada más dar el paso y entrar en el juzgado se hace historia”, resume.

Su vida ha sido “muy intolerable” desde que tenía tres años, criado por una abuela que había perdido a dos hijos y un yerno en la guerra y que prefirió el silencio y la sobreprotección. “Yo la entiendo”, dice, porque a ella también la raparon y la pasearon por el pueblo. “Pero yo sentía algo raro en mí”, insiste Antonio, así que se puso a investigar.

Su padre, jornalero que hacía de panadero cuando no había cosecha, “era un hombre que sabía leer y escribir y por eso lo tenían enfilado”. Un día, iba andando por la calle y un tiro se coló por una ventana, a su paso. “No era casualidad”, remacha, por si hace falta. En el hospital del pueblo “lo dejaron morir”. Le dieron un nicho pero a los pocos meses lo mandaron a una fosa común. Antonio sabe dónde está. Un mes después mataron a su madre, a la que días antes también habían rapado y ridiculizado. Se la llevaron de madrugada cuando sus hijos dormían. De ella no sabe más.

Antonio y su hermano se fueron a Sevilla, a la capital, a por trabajo y escapando de las “bestias, que no personas” que les señalaban como “hijos de”. “Incluso miembros de mi familia”, relata. Antonio trabajó desde los cinco años haciendo de todo y, cuando no podía más, se escapaba a las afueras, al campo, a llorar con su hermano. “No pude contar con nadie”, lamenta, hasta que se decidió a remover lo pasado, ya en democracia, y dio con un grupo de profesionales, historiadores sobre todo, que estaban empezando con el movimiento memorialista en Marchena. “Esto no es sólo política, es una deuda de amor con mis padres, para que estén en paz, para que descansen”, insiste.

Lo tenemos que pelear. Yo soy viejo pero no dejaré de contarlo. Y de exigir mi derecho a tener a mi gente en paz. ¿15 años? Los que haga falta. Aunque le echen tierra encima, esto sigue ahí, no va a desaparecer, y los jóvenes están tomando el relevo. No van a hacernos olvidar”, concluye Antonio.

___

Fotografía destacada: Uno de los cuerpos de los ‘Trece de Priaranza’, cuya fosa se abrió hace 15 años. | ARMH

http://www.huffingtonpost.es/2015/09/13/15-anos-primera-fosa-memoria_n_8116920.html?utm_hp_ref=spain

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

Homenaje a Darío Rivas: 10 Aniversario de la exhumación de Severino Rivas‏

 

HOMENAJE A D. DARÍO RIVAS CANDO

X Aniversario de la exhumación de D. Severino Rivas

D. Severino Rivas Barja, alcalde de Castro de Rei fue asesinado el 29 de octubre de 1936 por un grupo de falangistas junto al vecino de Lugo, Víctor do Rego. Cuando se cometió el crimen, su hijo se encontraba en Argentina, donde habían emigrado en busca de un futuro mejor, al igual que lo hicieron miles de gallegos en el pasado siglo. Sesenta y nueve  años después, en agosto de 2005, los restos del último alcalde democrático de este municipio da Terra Chá fueron localizados y exhumados en Cortapezas, Portomarín, en el lugar en el que sus asesinos habían elegido para arrojar su cuerpo. Gracias a la labor de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), su hijo Darío pudo dar una digna sepultura y un emotivo adiós a D. Severino.

Su hijo, el incansable Darío Rivas fue uno de los verdaderos impulsores de la Querella Argentina contra los crímenes del Franquismo, reclamación de justicia que no pudo ser realizada en España gracias a la absoluta impunidad de la que gozan estas violaciones de los Derechos Humanos en el Estado español, promovida tanto por el Poder Judicial como por los sucesivos Gobiernos desde la muerte de Franco. Gracias a la denuncia presentada el 14 de abril de 2010 por D. Darío Rivas, entre otros/as familiares, el Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal nº 1 de Buenos Aires, abrió diligencias a través de la jueza Dña. María Servini de Cubría. Comenzaba entonces una larga andadura en busca de Verdad, Justicia y Reparación, algo que miles de víctimas del Franquismo llevan reclamando décadas y que todavía los poderes del Estado no han satisfecho.

D. Darío Rivas Cando, que hoy cuenta con noventa y cinco años de edad, ha viajado este verano a su tierra natal, Galicia y coincidiendo con el X Aniversario de la exhumación de su padre D. Severino Rivas se realizará un homenaje de reconocimiento a su labor en favor de los Derechos Humanos, en la defensa de víctimas y familiares de los crímenes del franquismo, quienes en muchos casos le han visto como el ejemplo necesario para comenzar la búsqueda de Justicia al otro lado del charco.

El día 19 de agosto de 2015 a las 12 horas, en el Cementerio de Cortapezas-Portomarín (Lugo) se llevará a cabo un homenaje a y, a continuación, a las 14,00  se celebrará una comida de confraternidad en el Restaurante de Santa Mariña en Portomarín.

Para la comida se ruega confirmar asistencia:

10aniversarioexhumacionrivas@gmail.com
658680904 ( Carmen Rodeja) 
657248780 ( Mero Iglesias)
Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

La jueza Servini entrevistará a seis nuevas víctimas del franquismo

La magistrada envía otro exhorto a España para solicitar por segunda vez que se exhumen los restos de Timoteo Mendieta. Buenos Aires celebró el aniversario de la causa el mismo día que en España se festejaba el de la II República.

publico.es / Ana Delicado Palacios / 14-04-2015

La causa abierta en Argentina para investigar los crímenes del franquismo cumple cinco
años en su momento más álgido. Los abogados de la querella han anunciado que la jueza María Servini de Cubría, instructora del proceso, entrevistará el próximo 23 de abril a seis
nuevas víctimas de la dictadura franquista.

Los querellantes se desplazarán ese día al consulado argentino en Madrid para dialogar con la jueza a través de videoconferencias. Éste era un pedido que había realizado la querella tras el viaje emprendido por la magistrada en mayo de 2014, cuando durante 13 días recorrió Madrid, Andalucía y el País Vasco para dialogar en persona con las víctimas y visitar lugares testimoniales citados en la causa.

Unas 16 personas no llegaron a entrevistarse con Servini de Cubría por falta de tiempo. La jueza ha citado ahora a las primeras seis, y se espera que en los próximos días concrete nuevas reuniones para que todas ellas sean escuchadas por la máxima responsable de la
causa.

Insiste en exhumación

La magistrada argentina tampoco se olvida del rechazo, por parte de un juzgado de Guadalajara, de un exhorto que ella libró en febrero de 2014 para exhumar a una víctima de la dictadura, Timoteo Mendieta. La jueza que tuvo que responder a Servini, María Lourdes Platero, se tomó casi un año para denegar la exhumación de los restos de Mendieta, localizados en una fosa común en esa provincia.

“Así se descubrió que Platero había realizado una inspección en el cementerio sin la participación de la familia, cosa muy rara, para luego negar la exhumación”, explicó a Público el abogado Máximo Castex. “Entregamos un nuevo escrito a Servini protestando por la irregularidad del procedimiento que realizó Platero, y ahora la magistrada ha vuelto a enviar un exhorto, que volverá a caer en manos de la jueza de Guadalajara”.

La hija de Timoteo Mendieta, Ascensión, es uno de los casos paradigmáticos que ha desvelado esta causa. Con 88 años, la mujer viajó a Buenos Aires en diciembre de 2013 para entrevistarse con la jueza y pedir con lo que ahora insiste Servini: la exhumación de la fosa donde se encuentra su padre.

Momento crucial

“El momento más crucial e importante de la causa lo estamos viviendo ahora con este nuevo aniversario”, afirmó más tarde Castex al informar de los pedidos que el pasado viernes trasladaron a la jueza.

Servini tiene sobre la mesa dos nuevas solicitudes de los abogados: la primera requiere la imputación de una docena de personas por crímenes cometidos durante la transición –además de pedir la ampliación de los cargos contra el exministro Rodolfo Martín Villa–; la segunda insta a la jueza a viajar a España para tomarle declaración indagatoria a los 17 imputados que ya tiene la causa.

“En el proceso se ha logrado la participación del Ministerio Público Fiscal, que realizó una requisitoria contabilizando más de 4.500 víctimas”, recordó Castex. “Además hay cuatro organismos de Naciones Unidas que reprochan la actuación del Gobierno español por haberse negado a la extradición de los imputados”.

A ello se le suma el ya mencionado viaje de la jueza a España, las videoconferencias de algunas víctimas, el viaje de otras que se personaron ante la jueza, y la apertura de los consulados argentinos para que cualquier persona pueda incorporarse a la querella. “Son cientos las denuncias que ingresan cada mes por los distintos consulados y que luego viajan hasta Argentina por vía diplomática”, celebró Castex.

Homenaje a la II República

La conferencia de la querella se celebró en la Legislatura de Buenos Aires, algunos de cuyos miembros prometieron aceptar la propuesta que les hagan llegar los abogados de las víctimas y darle traslado a la Cámara de Diputados de la Nación. La querella espera que los órganos legislativos de Argentina desautoricen la negativa de España a extraditar a los imputados, lo que incurre en una vulneración del Tratado de Extradición y Asistencia Jurídica firmada por ambos países.

El abogado Carlos Slepoy confirmó por ello que esperan conseguir la condena al Ejecutivo de Mariano Rajoy por parte del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. “Las noticias que lleguen de los apoyos en Argentina es sustancial, como lo fue la solidaridad del pueblo español con las causas de las dictaduras argentina y chilena”, indicó.

El acto también quiso ser un homenaje a la República, según anunció el abogado argentino. La República, convino, fue un acontecimiento extraordinario en el siglo XX, y a ella confluyeron decenas de miles de voluntarios a pelear por la libertad y la democracia.

“Sin embargo, en España la República parece un acontecimiento menor”, alertó. “El discurso es que no hay que investigar porque se mataron unos a otros, sigue existiendo la teoría de los dos demonios, de modo que las siguientes generaciones de españoles se están desarrollado sin conocer esta experiencia atroz que fue la del franquismo”.

___

Fotografía destacada: Nora Cortiñas, titular de las Madres de la Plaza de Mayo -Línea Fundadora, junto al abogado Máximo Castex, el primer querellante Darío Rivas, y el abogado Carlos Slepoy.

http://www.publico.es/politica/jueza-servini-entrevistara-seis-nuevas.html

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

Grupo de trabajo sobre desapariciones forzadas de Naciones Unidas recibió a familiares de víctimas del Franquismo y la Guerra Civil Española

Amnistía Internacional Argentina participó hoy en Buenos Aires de una audiencia con el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas de las Naciones Unidas, acerca de la investigación judicial que se lleva adelante en la Argentina sobre los crímenes cometidos durante la Guerra Civil Española y el Franquismo (1936-1975).

amnistia.org.ar / 09-03-2015

La organización junto con los querellantes Inés García Holgado, Darío Rivas y Adriana Fernández y el abogado Máximo Castex, informó al Grupo de trabajo durante una audiencia sobre la marcha de la causa. El grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas está sesionando esta semana, al cumplirse 35 años de su creación, en la ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) en Buenos Aires.

Los derechos a la verdad, la justicia y la reparación de las víctimas de crímenes de derecho internacional cometidos durante la Guerra Civil y el franquismo siguen siendo denegados en España, que ni investiga ni colabora con investigaciones llevadas a cabo por otros países.

Durante la Guerra Civil y el franquismo fueron muchas las víctimas de graves abusos que el derecho internacional prohibía y condenaba, como desaparición forzada, tortura, ejecuciones extrajudiciales, ataques contra población civil, persecución política, religiosa o racial, encarcelamientos arbitrarios, trabajos forzados y otros actos definidos como crímenes contra la humanidad.

Amnistía Internacional ha reclamado en numerosas oportunidades al gobierno español que, en lugar de obstaculizar, colabore con la causa que lleva adelante en la Argentina la jueza federal María Servini de Cubría, en aplicación del principio de jurisdicción universal para los crímenes de lesa humanidad.

___

Foto destacada: La organización junto con los querellantes Inés García Holgado, Darío Rivas y Adriana Fernández y el abogado Máximo Castex./Amnistía Internacional Argentina

http://www.amnistia.org.ar/noticias-y-documentos/archivo-de-noticias/franquismo-4

Publicado por ARMH