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El Gobierno lanza una consulta pública para la nueva ley de memoria histórica

La principal asociación de víctimas del franquismo urge al Ejecutivo a cumplir su promesa y asumir la búsqueda de desaparecidos.

elpais.com / Natalia Junquera / 26-06-2020

El Gobierno ha lanzado una consulta pública para recibir “propuestas, ideas, opiniones o sugerencias” para la modificación de la ley de memoria histórica, aprobada por el Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero en 2007. Asociaciones y particulares podrán enviar las suyas al correo electrónico consultaleymemoria@mpr.es desde este viernes hasta el próximo 11 de julio.

El Ejecutivo de Pedro Sánchez se comprometió en julio de 2018 a elaborar un plan nacional de búsqueda de desaparecidos del franquismo que aún yacen en fosas y cunetas. El sistema previsto en la vigente ley de memoria, como ha criticado en numerosas ocasiones la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), establece una especie de subcontratación de las asociaciones de familiares para que sean ellas, con una subvención del Gobierno, las que asuman la tarea de localización y exhumación de los fusilados. “Es una responsabilidad del Estado”, insiste Emilio Silva, presidente de la ARMH. El entonces relator de Naciones Unidas para la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Pablo de Greiff, ya alertó en su informe de 2014 sobre ese método: “El modelo de privatización de las exhumaciones facilita la indiferencia de las instituciones del Estado”.

Desde el año 2000 se han abierto en España más de 740 fosas de las que se han recuperado 9.000 esqueletos. Se desconoce cuántas quedan por abrir. El informe encargado por el Gobierno a un grupo de expertos encabezado por el forense Francisco Etxeberria estimó entre 20.000 y 25.000 los cuerpos que se podrían recuperar creando un consejo nacional de búsqueda de los desaparecidos con siete equipos forenses (entre 40 y 50 profesionales) para resolver “en cuatro o cinco años” el problema de los desaparecidos de la Guerra Civil.

En la comparecencia en el Congreso de la entonces ministra de Justicia, Dolores Delgado, actual fiscal general del Estado, en 2018, el Ejecutivo también se comprometió a elaborar un censo oficial de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura; anular las sentencias de tribunales franquistas, crear una comisión de la verdad sobre los crímenes del franquismo y estudiar el modo de ilegalizar a asociaciones que hacen “apología de franquismo”, como la Fundación Franco, que niega la represión, loa al dictador y custodia 30.000 documentos históricos.

Silva tiene clara su petición: “Que todas las medidas que se lleven a cabo en materia de memoria histórica estén encabezadas por la palabra ‘urgente’ porque llevan años muriéndose personas esperando a un Estado que no llega”. El presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica recuerda que en septiembre de 2019 Pedro Sánchez se reunió con asociaciones de víctimas y recibió “un montón de propuestas” y que el Gobierno ha creado una secretaría de Estado específica -antes tenía rango de dirección general-.

La ARMH reclama “exhumaciones inmediatas” de los republicanos enterrados en el Valle de los Caídos cuyos restos reclaman hace años familiares de muy avanzada edad; la apertura de todos los archivos que puedan tener “documentación relativa a la represión” y una “investigación sobre la documentación “destruida en los primeros años de la represión”. También que el Estado haga “un homenaje público de reconocimiento a las víctimas de la dictadura y a quienes lucharon contra ella” y que se incluyan en el currículo escolar “contenidos centrados en la segunda república, la Guerra Civil y la dictadura”. El anterior director general para la memoria histórica, Fernando Martínez, ya mostró en una entrevista en EL PAÍS en noviembre de 2018 su convicción de que la represión franquista debe estudiarse en las escuelas.

Tras la exhumación y traslado de los restos de Franco del Valle de los Caídos al cementerio de Mingorrubio, en El Pardo, queda pendiente la trasformación del mausoleo para convertirlo en un centro de memoria.

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Fotografía destacada: Exhumación de una fosa en Lerma (Burgos) dirigida por el médico forense Francisco Etxeberria en 2006. | MABEL GARCÍA

Fuente:https://elpais.com/espana/2020-06-26/el-gobierno-lanza-una-consulta-publica-para-la-nueva-ley-de-memoria-historica.html

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Una miliciana extremeña

Se ha escrito tanto sobre la guerra civil y, sin embargo, qué pocos testimonios de mujeres. Para todas ellas, el final de la guerra supuso una doble derrota. A la pérdida de un gobierno democrático para España, las mujeres tuvieron que añadir la pérdida de sus derechos como personas que el franquismo borró de un plumazo haciendo a la historia y a nuestro país retroceder medio siglo. María de la Luz Mejías Correa lo contó en primera persona en el libro Así fue pasando el tiempo (Editorial Renacimiento).

elsaltodiario.com / Julia Rípodas / 25-06-2020

“— Uy, ¡qué guapina eres! ¿Por qué te fuiste a la guerra con lo guapa que tú eres?
Porque tuve ganas, contesté. Salieron sin más y me quedé tranquila.

Así fue pasando el tiempo es el testimonio de una mujer extremeña que con veinte años se unió a las milicias republicanas al comienzo de la guerra civil española. El libro es la transcripción de las grabaciones que su nieto realizó de su abuela contando toda su vida: su infancia de niña huérfana en los pueblos de Alconchel, Higuera de Vargas y Olivenza, sus años de adolescente trabajando como criada en varias casas y en un sanatorio de la ciudad de Badajoz, su lucha en el frente durante toda la guerra, los meses de cárcel tras la derrota y las infinitas penurias sufridas después, durante los años más duros del franquismo, para sobrevivir, para tener con qué alimentar a sus hijos y para salir adelante con dignidad entre tanta miseria y barbarie.

En la mentalidad beata de entonces, que una mujer se pusiese pantalones era un travestismo y una inmoralidad. Así que a las que lo hacíamos nos llamaban “machos pericos”

Su relato, que tiene el ritmo y la calidez propias de la narración oral y espontánea, arroja un retrato valiosísimo de los cambios vividos por la población rural extremeña antes, durante y después de la guerra civil.

En la mentalidad beata de entonces, que una mujer se pusiese pantalones, era un travestismo y una inmoralidad. Así que a las que lo hacíamos nos llamaban “machos pericos”, que es lo que decían a las mujeres que para ellos no eran femeninas. Y es que en general las mentalidades estaban muy atrasadas entonces.”

En la vida de María se encarna el éxodo de los pueblos a las ciudades a lo largo de gran parte del siglo XX. Ella fue una de las avanzadas porque con tan sólo trece años se instaló en la capital para trabajar . Allí conoció a su novio y se unieron a las Juventudes Socialistas Unificadas y, más tarde, al comienzo de la guerra, a las milicias republicanas.

La mirada de María nos sirve también de memoria viva de la matanza de Badajoz y del desarrollo del conflicto visto desde la resistencia en Madrid, donde pasó la mayor parte del tiempo que duró la guerra.

Cuando estábamos en la milicia estábamos comidos de piojos y casi ni podíamos vivir de la miseria que teníamos. Hacía mucho frío. Era pleno invierno y nada más nos abrigábamos con las ropas que teníamos puestas. No teníamos calefacción, ni teníamos lumbre, ni teníamos nada…..Caían obuses que tiraban con los cañones y bombas de la aviación. Sonaban las sirenas de alrma para esconder a la población en los refugios, en los sótanos. Yo nunca hice caso, y me quedaba fuera oyendo los motores de los aviones pasar. Las calles de Madrid siempre estaban vacías.”

Todavía a fecha de hoy, ningún gobierno de España nos ha pedido perdón por el error cometido, las torturas y el sufrimiento, ni por los familiares fusilados o desaparecidos

Se ha escrito tanto sobre la guerra civil y, sin embargo, qué pocos testimonios de mujeres. Para todas ellas, el final de la guerra supuso una doble derrota. A la pérdida de un gobierno democrático para España, las mujeres tuvieron que añadir, durante más de cuarenta años, la pérdida de sus derechos como personas, conquistados no sin dificultad durante la República , y que el franquismo borró de un plumazo haciendo a la historia y a nuestro país retroceder medio siglo.

Nada había hecho para merecer cárcel y estuve casi un año presa, con condena de seis años y un día que finalmente no cumplí. Nada había hecho Juan y lo absolvieron, pero estuvo en un campo de concentración en Madrid y tuvo tres meses de prisión en Olivenza. Todavía a fecha de hoy, ningún gobierno de España nos ha pedido perdón por el error cometido, las torturas y el sufrimiento, ni por los familiares fusilados o desaparecidos.

La guerra también fue para ellas, para las que, como María, se unieron a las milicias y para las que no. Dar voz y visibilidad al recuerdo de tantas Marías silenciadas es una cuestión de justicia social y humanitaria.

[María de la luz Mejías Correa (Olivenza, Badajoz, 1916) es una mujer extremeña que durante la guerra civil española formó parte de las milicias repúblicanas perteneciendo a la llamada columna de Pedro Rubio.]

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Fotografía destacada: Mujeres de armas tomar. IMANOL

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/una-miliciana-extremena?fbclid=IwAR3TeNfy5GxzPDmmSWPL0GmnECLexomisXLm2WW2QMmOmdaKG_b7AsCI8Ys

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Josep Bartolí, el artista catalán y republicano que amó a Frida Kahlo y pintó el horror de los campos de refugiados

El dibujante Josep Bartolí ocultó su cuaderno en la arena de un campo de concentración; ahora sus trazos y su historia reviven en La Retirada, un libro de referencia sobre el exilio en Francia.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 20-06-2020

Amó a Frida Kahlo con las manos que pintó el horror del fascismo. La vida de Josep Bartolí está encalada por los trazos gruesos del siglo XX. Y llena de pinceladas extraordinarias. El artista catalán y republicano, uno más del medio millón de refugiados españoles por la Guerra Civil, ocultó su cuaderno de dibujo en la arena de un campo de concentración y ahora revive en la edición actualizada de un libro de referencia sobre el exilio en Francia: La Retirada (El Mono Libre Editorial).

En el campo de la muerte de Dachau, en Alemania, tuvo cerca el final de su propia historia. Pero escapó. Josep Bartolí i Guiu (Barcelona, 1910 – Nueva York, 1995) había luchado contra los golpistas de Francisco Franco en el frente de Aragón y cruzó la frontera el 14 de febrero de 1939. El singular periplo le llevaría, en plena Segunda Guerra Mundial, hasta México.

“Su lápiz era, en cierto modo, el fusil que le habían confiscado”, resume Georges Bartolí, sobrino de Josep que aporta sus propios dibujos y fotografías a La Retirada, un relato de la periodista Laurence Garcia sobre el “éxodo y exilio de los republicanos españoles”. “Tenía esa necesidad vital de mantener la lucha”, subraya.

“Documento vivo, brutal”

Como decía el propio Josep Bartolí, sus obras “no pretenden ser un ensayo más, de literatura o de arte, sino un documento vivo, doloroso y brutal”. Hoy 116 de sus dibujos originales están en el Archivo Histórico de Barcelona. “Su serie de dibujos de los gendarmes que vigilan los campos tiene una fuerza increíble, a medio camino entre la caricatura, la fotografía y el arte”, advierte Georges.

El testimonio gráfico que Josep Bartolí escondió a sus captores ofrece el impacto de los retratos de prisioneros consumidos en los campos de concentración. Y la impresión de escenas aisladas, desde primeros planos a panorámicas. O la ventana que suponían los juegos construidos por los internos y los utensilios que salpican aquella realidad enjaulada.

Campo de prisioneros (2). | JOSEP BARTOLÍ

“Fue en el campo de Barcarès donde empezó a dibujar bocetos en un pequeño cuaderno que escondía para no atraer la atención de sus carceleros y que permaneció enterrado en la arena cuando le ingresaron en el hospital”, cuenta Georges Bartolí. “Lo recuperó al salir”, añade, y “continuó su ‘obra de resistencia’ detrás del alambre de púas”.

Josep Bartolí era un partidario convencido de la República. Tras el estallido golpista no dudó en defender la democracia hasta que, casi al final de la guerra de España, pasó a suelo francés en compañía de otros españoles y de miembros de las brigadas internacionales.

“En el flujo de vencidos que pasan la frontera, un combatiente, un dibujante, Josep Bartolí”, describe Georges. Con un lápiz como “única arma de lucha para gritar en silencio el desprecio y la crueldad con que fueron recibidos en Francia. En el libro, Laurence Garcia retrata la vida de su familia y, con ella, la de los casi 500.000 españoles que en febrero de 1939 tuvieron que huir de su país para evitar las represalias franquistas, en lo que se conoce como La Retirada.

Del campo de la muerte a Frida Kahlo

Bartolí acabó penando hasta por siete campos de concentración, como Lamanère, Argelès-sur-Mer, Saint-Cyprien, Rivesaltes y Barcarès. Esquivó el disciplinario de Gurs, de donde debía ser devuelto a España y, por tanto, enfrentarse a una muerte segura.

Pudo huir a París, donde trabajó para espectáculos del Folies-Bergère y del Moulin Rouge. Durante la Ocupación huyó de la capital francesa y fue capturado por la Gestapo en Vichy. Le enviaron al campo de la muerte de Dachau, en Alemania, pero consiguió escapar.

Gracias a una red de ayuda a refugiados judíos acabó embarcando en Marsella en el Lyautey y llegó a Casablanca, de donde partió hacia México, donde retomaría su actividad pictórica. A su llegada fue recibido por el entorno artístico de Diego Rivera y Frida Kahlo.

“Mi Bartolí… No sé cómo escribir cartas de amor. Pero quería decirte que mi entero ser está abierto a ti. Desde que me enamoré de ti todo se ha transformado y está lleno de belleza… El amor es como un aroma, como una corriente, como la lluvia. Sabes, mi cielo, que llueves en mí y yo, como la tierra, te recibo. Mara”, escribía Kahlo en una de las cartas a su amante.

Cartas de amor de Frida Kahlo y su amante el dibujante y pintor catalán Josep Bartolí. | EFE

Dibujos como “crónicas históricas”

Bartolí colaboró en diversas publicaciones, como La HumanitatL’Opinió o L’Esquella de la Torratxa con dibujos de temas políticos. En tierras aztecas publicó Campos de concentración, un testimonio desgarrado de su paso por los centros de reclusión con poemas del periodista Narcís Molins i Fàbrega, también exiliado y prisionero en los campos del norte de África.

A partir de 1946 se instaló en Nueva York, donde murió en 1995. En Estados Unidos hizo diversas exposiciones y en la capital neoyorquina colaboró como dibujante en la revista antifranquista Ibérica, que dirigía Victoria Kent. Y hasta 1977 no volvió a Barcelona.

Cubierta de ‘La Retirada’. | EL MONO LIBRE EDITORIAL

Antes, su travesía por centros de refugiados tuvo una determinante última parada: “en Bram por primera vez obtuvo una libreta de dibujo que constituyó la base de su trabajo”, describe su sobrino, Georges Bartolí. Dibujante, pintor, ilustrador y escritor, además de exiliado del franquismo, Josep Bartolí había sido uno de los organizadores del Sindicato de Dibujantes de Cataluña, de la Unión General de los Trabajadores (UGT) y llegó a ser dirigente del sindicato en el año 36. Discípulo de Salvador Alarma Tastás, entre los años 33 y 34 presentó en Barcelona una exposición de dibujos.

“De haber permanecido postrado sin hacer nada o jugando a las cartas, se habría vuelto loco”, sostiene Georges Bartolí, fotorreportero que ha publicado en periódicos como L’HumanitéLiberation o Le Monde y colaborado con las agencias Rea, Gamma, AFP o Reuters. “Yo no descubrí sus dibujos de guerra hasta después de su muerte. Fue un gran impacto. Las escenas de batalla que dibujó en Aragón y las escenas de la vida urbana inspiradas en Cataluña son verdaderas crónicas históricas”, relata.

Ahora revive en La Retirada, junto a la periodista y escritora Laurence Garcia, la historia de Bartolí. “Dibujantes como mi tío, artistas y maestros internados montaron clandestinamente toda una ‘prensa de arena’ con los pocos recursos disponibles”, manifiesta.

Como escribieron aquellos refugiados en el Boletín del campo de Argelès: “Proseguimos con la labor de difusión de la cultura que comenzamos en España, cuando La Barraca y nuestras misiones campesinas llevaban la cultura a todos nuestros pueblos. Los franquistas son la anticultura. Ellos no son España. Nosotros somos España”.

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Fotografía destacada: Campo de prisioneros (1). JOSEP BARTOLÍ

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Josep-Bartoli-republicano-Frida-Kahlo_0_1039397151.html

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Cómo Oviedo fue punto de fuga de nazis

Dos investigadores aseguran que la red de ayuda de Clara Stauffer usó desde 1945 la ciudad para esconder a los prófugos alemanes en España

lavozdeasturias.es / Guillermo Guiter / 22-06-2020

Oviedo, 1945. Franco ganó la guerra, pero Alemania la acaba de perder. Una activista nazi, miembro destacado de la Sección Femenina, usa la recién estrenada sede de esta organización falangista en la calle del Sol, a pocos pasos del ayuntamiento ovetense, para esconder a prófugos de la justicia aliada y ayudarlos a huir a Sudamérica. Cuenta, nada menos, con el poderoso apoyo de su amiga Pilar Primo de Rivera, líder de la Sección Femenina y hermana del fusilado fundador de la Falange, José Antonio.

¿Quién fue esa mujer que organizó una tupida red de ayuda a huidos nazis desde España? La intensa actividad de Clara Stauffer Loewe (Madrid, 1904-1984), conocida como Clarita, no pasó inadvertida para los servicios secretos británicos y americanos, que llegaron a reclamarla (sin éxito, naturalmente) al gobierno de Franco por el valioso auxilio que prestaba a los criminales de guerra.

La vida de Stauffer está bien documentada en algunos aspectos, incluso en sus actividades ilegales pero toleradas por el régimen. Otros, como un presunto matrimonio fallido, siguen siendo inciertos. Clarita fue una niña nacida en el ambiente privilegiado de la burguesía madrileña, hija de un maestro cervecero, Konrad Stauffer, que ayudó a levantar en España la fábrica Mahou, y de Julia Loewe, de la familia creadora de la famosa marca de moda. El matrimonio Stauffer-Loewe tuvo tres hijos.

Era muy diestra en su vida social. Simpática, buena nadadora y esquiadora, como narran las crónicas un tanto cursis del diario ABC, su juventud parece despreocupada y ajena a la tremenda agitación política de los años 20 y 30. Pero no es así. Había sido educada en Alemania y se hizo admiradora feroz (hasta la muerte, literalmente), de Hitler y Mussolini. En ese ambiente conoció a los Primo de Rivera y su sintonía ideológica le une a Pilar de inmediato.

Parece inevitable que la hiperactiva Clarita Stauffer se uniera al gran proyecto falangista para captar a las mujeres, la Sección Femenina, donde ella aparece ya durante la Guerra Civil como responsable de Prensa y Propaganda. Pero será en la posguerra mundial donde desplegará de verdad sus dotes personales y su indudable inteligencia, aunque aplicados a un fin más siniestro.

Tras la destrucción del Reich, amparada en el caos, comienza la desbandada nazi a través de lo que los aliados llaman «ratlines» (líneas de ratas), una de ellas a través de Italia, que cobija y traslada a genocidas como Eichmann y Mengele. Otra, la que Stauffer crea en España.

La conexión asturiana

Al menos dos fuentes señalan que la pronazi (no consta a los historiadores que fuera militante del partido, aunque es muy probable) tenía vínculos con Asturias: Guy Walters en Hunting Evil (Cazando el mal, 2009) y David Messenger en La caza de nazis en la España de Franco (2014). A su vez,  Messenger cita como fuente el Memorandum Titus, un informe de Earle Titus, miembro del servicio de inteligencia norteamericano precursor de la CIA (la OSS) destacado en España. Es el origen de la información, pero es muy fiable, puesto que Titus indagó con mucho tesón los vínculos de algunos elementos franquistas con los nazis huidos.

Palacio de Inclán, donde en 1945 la Falange instaló la Sección Femenina provincial y que sirvió para las actividades de Stauffer.

Según cuenta Guy Walters, «(…) Stauffer encontraba entonces alojamiento para los fugitivos, que acogía con el Auxilio Social, así como en un convento. La enérgica Stauffer también controlaba una pensión cerca de Oviedo, que era para los miembros femeninos del cuerpo diplomático alemán y el Partido Nazi». También habla de otro lugar de transición en Santander, puede que los locales de la SF en Cantabria.

Así pues, llegamos quizá al lugar y los motivos por los que Clarita operaba en Oviedo. En principio, la vinculación de la Sección Femenina con la ciudad era importante. No en vano se trataba del hogar de la mujer de Francisco Franco, Carmen Polo, además de la ciudad donde  estos se casaron. Pocos años después del fin de la Guerra Civil, la Falange se hizo con el llamado palacio de Inclán Leyguarda, más bien un caserón destartalado. Está ubicado en el centro de Oviedo, en la calle del Sol. Sigue perteneciendo al Estado; fue consejería de Cultura y actualmente es jefatura de Telecomunicaciones.

En el Oviedo en reconstrucción de 1945, el palacio comienza a funcionar como delegación provincial de la Sección Femenina (SF). Imparte sobre todo cursos de formación para mujeres y también da albergue en régimen de internado a las que acuden de fuera de la ciudad. Es aquí donde con mucha probabilidad se produce la confusión con la palabra «pensión», que no consta como tal, en ningún documento, vinculada a la SF.

Trabajadoras falangistas del Comedor Social, junto al teatro Campoamor destruido, hacia finales de 1937.

La preponderancia del caserón de la calle del Sol era tanta que en 1949 se llegó a celebrar en Oviedo el Consejo Nacional de la SF, con la asistencia de Pilar Primo de Rivera. Por tanto, lo más seguro es que fuera en este lugar donde Clarita Stauffer alojó a las mujeres de los jefes nazis que alude Walters (mientras los hombres, si venían con ellas, dormirían en algún otro lugar vinculado a la Falange, tal vez sus locales de la calle San Vicente o domicilios privados).

El mismo año de la fundación de la SF en Oviedo, la formación de Primo de Rivera también abre el colegio mayor femenino Santa Catalina en la calle Campomanes, 9. Tras una serie de pleitos con los propietarios de la finca, se acabó instalando en el Sanatorio Laredo de la avenida de Galicia, un chalet ubicado frente al sanatorio Miñor que ya no existe. También es posible que las nazis fueran alojadas en este lugar, pero resulta menos probable puesto que habrían llamado más la atención al ser un internado para chicas muy jóvenes, mientras que el de la calle del Sol era más para mujeres adultas. Además, David Messenger añade que Stauffer usaba su zona privada en un local de la Sección Femenina, lo que descartaría el colegio mayor.

¿Iban o venían?

Sea como fuere, acudían a Oviedo como punto de llegada de partida o de salida; sobre esto no hablan los historiadores. Pude ser que vinieran desde Alemania vía Francia e hicieran una parada en Asturias o también es posible que se tratara de una vía de salida desde España, a través del puerto de Gijón, a los barcos cuyo destino era sobre todo Argentina. Allí, como es sabido, Stauffer envió a numerosos nazis que vivieron cómodamente bajo el amparo de Perón.

La huella de Skorzeny

También parece claro que fue amiga personal de Léon Degrelle y del mítico Otto Skorzeny, a los que ayudó al principio, cuando llegaron a España, Degrelle en 1945 y Skorzeny en 1948, y que más tarde apoyaron (moral o materialmente) a su vez la llamada Hilfsverein (asociación de ayuda) de Stauffer. José María Irujo en La lista negra, los espías nazis protegidos por Franco asegura que el sobrino de Clarita, Enrique Mahou, le contó que ella tenía en su casa de la calle Galileo «centenares de botas, pantalones, camisas y abrigos de hombre para los refugiados nazis de su organización». La red presuntamente benéfica formaba parte desde 1939 de la Nationalsozialistische Volkswohlfahrt (NSV) o protección social nacionalsocialista, la única agencia asistencial autorizada en la Alemania Nazi.

Clara Stauffer (en el centro) junto a sus hermanos en fecha indeterminada. Eran hijos de Korand Stauffer, un maestro cervecero que ayudó a levantar la empresa Mahou, y Julia Loewe, de la famosa marca de moda.

La frenética actividad de Clarita fue denunciada en 1945 por un conocido y muy influyente periodista británico, Denis Sefton Delmer. El artículo de Delmer, que destapaba los verdaderos objetivos de la activista, generó una gran polvareda diplomática. Hacia 1947, el Consejo de Control Aliado reclamó al ministerio de Exteriores español que dirigía Alberto Martín-Artajo que extraditara a 104 nazis residentes en España, entre ellos Clara Stauffer, que vivía en el número 14 de la calle Galileo de Madrid. Así se confirma también en documentos recientemente desclasificados por la CIA.

Desde luego, Franco se negó y Clarita siguió con sus tareas, aunque ya resultaba incómoda al régimen debido a la presión diplomática de posguerra. Contaba con la ayuda de una bien situada burguesía alemana, alentada o al  menos bien tolerada por el dictador, entre cuyos miembros estaban Herbert Hellman, director de AEG, o el padre Boos, rector de la comunidad católica alemana en Madrid y Barcelona, según cuenta David Messenger.

Para este historiador, el inicio de la fuga de los nazis más prominentes o buscados hacia paraísos latinoamericanos se debió, precisamente, a que no se sentían del todo seguros en España. Algunos de ellos incluso habían sido internados en cárceles españolas de las que Stauffer intentó con denuedo (y a menudo consiguió) sacar.

Messenger se pregunta: «¿Qué significaban las actividades de una persona como Stauffer para Estados Unidos y el Reino Unido en 1947 o 1948, cuando la falta de apoyo de España a las repatriaciones suponía claramente el fracaso inevitable de aquella política? Earle Titus afirmaba a principios de 1948 que las actividades de Stauffer estaban tan bien organizadas que el Gobierno español debía de estar haciendo algo más que solo tolerarlas: ‘En todo este asunto hay demasiado humo como para que no haya fuego en alguna parte’, señaló Titus».

Aunque en la práctica era «imposible» devolver a los exnazis a la Alemania ocupada, concluye el historiador, «los aliados seguían temiendo que pudieran influir en las políticas de España o en el gobierno argentino. En Londres, un miembro del Foreign Office hacía un comentario a propósito de Stauffer cuando escribía: ‘los alemanes en España son tan peligrosos para nosotros como lo eran los rusos, y creo que incluso los estadounidenses no tienen más remedio que admitirlo». De hecho, las posteriores dictaduras argentinas contenían algo más que un potente tufo a nazismo.

Por eso, Titus exigió medidas contra Stauffer, pero nunca llegaron. «En última instancia, Titus y Smith, que habían dedicado tantas energías a la campaña de repatriaciones, estaban librando una batalla perdida. A finales de 1948, sobre todo a partir de que España y los aliados llegaran a un acuerdo sobre el patrimonio alemán en España, las repatriaciones pasaron a ser un recuerdo que se desvanecía poco a poco».

Así que Clarita ganó. Siguió un tiempo indeterminado cobijando y ayudando a los nazis, que pudo haber rescatado a centenares, según deja entrever el testimonio de su sobrino. Si se casó y fue estafada por un expiloto de la Luftwaffe que conoció al visitar la cárcel de Nanclares, parece más propio de una novela que de la realidad. Lo cierto es que Clara Stauffer Loewe no tuvo hijos y vivió plácidamente en Madrid para ver morir a Franco y nacer la democracia, hasta que murió con ochenta años, en 1984.

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Fotografía destacada: Clara Stauffer, la primera por la derecha, junto a Pilar Primo de Rivera, sentada.

Fuente:https://www.lavozdeasturias.es/noticia/oviedo/2020/06/19/oviedopunto-fuga-nazis/00031592560170081489298.htm?fbclid=IwAR3zmMwU-P0vOY1nnUOX7L0nl_dFfgShZfH2hcOb0XTT7an0lg9OKXzrmqg#

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El franquismo también usó a las compañías de seguros para reprimir y discriminar a los republicanos

Las aseguradoras se volcaron en indemnizar a los clientes “afectos” al Movimiento y, en muchos casos, excluyeron al resto
El “dinero rojo” incautado a los republicanos: “Reclamaré hasta que me muera lo que Franco robó a mi familia”

eldiario.es / Carlos Hernández / 21-06-2020

“El asegurado falleció como consecuencia de su actuación política contraria al Glorioso Movimiento y, por tanto, será discutible que pueda ser calificado de víctima de la guerra y la revolución marxista, a las que se reservan estos beneficios…”. “Siendo el propósito del legislador, movido de tan altas razones de patriotismo y equidad que huelga enaltecerlas, el de pronunciar el derecho de las familias de los héroes, mártires y víctimas de la guerra y revolución roja al cobro de los capitales asegurados (…) nunca podrá comprenderse entre ellos la pérdida de la vida de los que combatieron el Glorioso Movimiento Nacional”.

Afirmaciones como estas se repiten en los miles de informes realizados por los consorcios y las compañías de seguros tras la finalización de la guerra. Daba igual si sus clientes estaban o no al corriente de pago de sus pólizas, las indemnizaciones se pagaban o no en función de los antecedentes políticos de las víctimas.

Esta es la principal conclusión del historiador y experto en el sector asegurador Amadeo Sánchez Ceballos, que acaba de publicar el libro “Los derechos ignorados” (Punto Rojo Libros, 2020). En él recoge la primera investigación sobre el papel que jugaron las compañías de seguros durante la guerra y la postguerra. Sánchez Ceballos ha dedicado cinco años a analizar más de 7.000 pólizas de seguro de vida y de accidentes individuales, así como 17.142 expedientes de siniestros de daños materiales acaecidos en aquellos años.

Del impago a la indemnización ideológica

El golpe de Estado y el inicio de la guerra generó el lógico caos en el sector de los seguros. El alto número de víctimas, la magnitud de los destrozos y la indefinición de los contratos provocó que su primera reacción fuera la de rechazar todas las peticiones. Poco a poco la situación fue cambiando. Los sublevados impusieron su “Justicia al revés” en toda la zona de España que controlaban. Convirtieron en rebeldes a quienes habían respetado la legalidad vigente y exoneraron de toda responsabilidad a aquellos que violaban las leyes que habían jurado defender. Los golpistas pasaron a ser gentes de orden mientras que los constitucionalistas fueron considerados revolucionarios y rebeldes. Esta estrategia llegó también al mundo de los seguros, una vez finalizada la guerra, según ha podido documentar Sánchez Ceballos: “Mediante leyes restrictivas y segregacionistas dejaron a grupos de personas fuera de la cobertura del seguro, o bien limitaron las indemnizaciones o bien las demoraron en el tiempo”.

Una de las primeras medidas que se propuso por las aseguradoras establecía un recargo del 5% en todas las pólizas con el objetivo de atender “a los combatientes nacionales y demás víctimas de la revolución marxista”. Aún así, las compañías seguían teniendo dificultades para pagar y no todos los afectos al Movimiento conseguían cobrar, ya que contaban con cláusulas que excluían de sus pólizas los daños ocasionados en conflictos bélicos. El régimen calculaba que había unas 7.000 familias damnificadas en seguros de daños personales y 18.000 en seguros de daños sobre las cosas “como consecuencia de la feroz persecución de las hordas rojas”, con derecho a percibir de las aseguradoras un total de 750 millones de pesetas.

Por ello Franco dispuso, en una ley de mayo de 1940, una serie de iniciativas para garantizar los pagos a los asegurados del ramo de Vida fallecidos como “consecuencia de hechos de la guerra española de liberación, o la ejecución de pena capital, lesiones, homicidios o asesinato derivados de la revolución”.

Esa ley oficializó la discriminación. Salvo contadas excepciones, los asegurados que habían sido asesinados por los sublevados fueron excluidos. Si habían desaparecido, a diferencia de lo que ocurría con los franquistas que estaban en la misma situación, no se permitía a sus familias registrarlos como fallecidos. Si sus cadáveres habían sido localizados, se rechazaba la indemnización poniendo en duda las causas de su muerte o achacándola a su participación en la “revolución marxista”. No ocurría lo mismo con quienes habían sido asesinados en la retaguardia republicana. Los informes de las aseguradoras zanjaban rápidamente la investigación en esos casos. Uno de los muchos ejemplos que aporta el autor es el de José V. P. La compañía Le Phénix abonó la indemnización a su familia dando por hecho que, al ser un “hombre de derechas” y haber aparecido muerto en una carretera, su fallecimiento no podía ser otra cosa que un “asesinato de los rojos”.

Las cifras hablan por sí solas

Sánchez Ceballos ha documentado que, en lo que se refiere a personas aseguradas y asesinadas extrajudiciamente, las compañías indemnizaron a 4.807 víctimas de derechas y a cero víctimas republicanas. Otro tanto ocurrió con los daños materiales. El llamado Consorcio de daños por Motín, creado por orden de Franco en 1941, aceptó indemnizar 4.849 casos de incautación y requisas. Ni uno solo de ellos correspondió a clientes republicanos.

La legislación permitió ignorar todas las expropiaciones permanentes o temporales realizadas por las tropas franquistas durante la guerra. Igualmente, quedaron fuera de cobertura los miles de embargos realizados a raíz de la promulgación de la Ley de Responsabilidades Políticas. Tampoco las tropas ni la aviación franquista provocaron, a ojos de las aseguradoras, daño alguno durante la guerra.

El ejemplo más llamativo que ha encontrado el autor de esta manipulación de la realidad es el del informe sobre los daños provocados en el Palacio de Liria en Madrid. En él se oculta el hecho de que el inmueble, propiedad del duque de Alba, fue víctima las bombas franquistas y se achaca su destrucción a un incendio provocado por “un fuego oculto” relacionado con “el estado revolucionario que Madrid se hallaba”. El duque percibió la correspondiente indemnización.

Aunque esta fue la generalidad, hubo algunos casos excepcionales y un tipo de víctima republicana que sí pudo hacer uso de sus pólizas. Las familias de quienes fueron asesinados legalmente, es decir aquellos que habían sido juzgados y condenados a muerte, sí lograron en numerosos casos cobrar parte de las indemnizaciones que se contemplaban en sus seguros. Es el caso de los familiares del padre de la patria andaluza, Blas Infante, que acabaron percibiendo 50.000 pesetas en 1942. Infante había sido fusilado en Sevilla en 1936 en aplicación del Bando de Guerra y recayó sobre él una condena póstuma del Tribunal de Responsabilidades Políticas dictada en 1940.

Sin embargo, también en estos casos de “ejecuciones oficiales” hubo una llamativa discriminación. Este criterio no se aplicó a quienes murieron en el paredón o en el garrote vil a partir del final oficial de la guerra. Y es que, si nos atenemos a la política que se aplicó por los consorcios de seguros, la guerra no terminó el mismo día para todos los españoles. A las familias de los ejecutados, ya en plena dictadura, se les denegaba la indemnización correspondiente alegando que no se había producido durante el conflicto bélico. Así les pasó a los familiares del célebre catedrático de Medicina de la Universidad de Valencia, Juan Bautista Peset, fusilado por Franco en mayo de 1941. En cambio, el trato volvió a ser muy diferente cuando la víctima era franquista. Sánchez Ceballos aporta varios ejemplos, entre ellos el de un secretario municipal de un pueblo zamorano que fue abatido por guerrilleros antifascistas en 1940. Su familia cobró la indemnización porque el consorcio resolvió que se había producido por efecto de la guerra.

Esta investigación pionera demuestra que el sector asegurador fue otra herramienta más, la menos conocida hasta ahora, del expolio económico que sufrieron los empresarios y trabajadores republicanos durante y después de la guerra. “El sector de los seguros –concluye Sánchez Ceballos– actuó desde la Ley, sí, pero desde una legalidad ad hoc, hecha por y para los vencedores. Actuó desde la Ley, pero no desde la justicia”.

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Fotografía destacada: Documento de uno de los consorcios de seguros en el que se cuestiona el derecho a indemnización de una persona fallecida “por su actuación política contraria al Glorioso Movimiento”

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/franquismo-companias-reprimir-discriminar-republicanos_0_1039396150.html

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Conversación sobre Literatura y Memoria (ARMH)

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha organizado una conversación sobre “Literatura y Memoria”, con la escritora Marta Sanz, el escritor Manuel Rivas, la autora teatral Laila Ripoll y el poeta Juan Carlos Mestre.

Juntos reflexionan acerca de cómo llegaron a la memoria o llegó la memoria a su escritura, del valor ético del pasado que las élites han tratado de ocultar y de la sombra renovada del fascismo, en estos tiempos sin luciérnagas.

Fecha de estreno: 4 jun. 2020

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