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Hallan los restos de dos pravianos asesinados en la Nochebuena de 1937

“Siempre quisimos llevarlos al cementerio para que descansasen con la familia”, claman los hijos y sobrinos de los desaparecidos.

lne.es / Sara Arias / 21-05-2017

Ochenta años después, Ángel y Jesús Fernández podrán dar digna sepultura a su padre y su tío, Manuel y Ángel. Los restos de los dos hermanos de Escoredo (Pravia) fueron exhumados ayer en la fosa de La Canalona por el grupo de trabajo de la asociación para la recuperación de la memoria histórica (ARMH) y ante la presencia de los dos hijos de Manuel, nerviosos y emocionados por recuperar los restos mortales de su padre y tío, quienes fueron asesinados en la Nochebuena de 1937 por dos falangistas. El día de ayer fue, quizá, uno de los más importantes de su vida y por el que han luchado en los últimos años: “Estoy regular, es duro, pero siempre quise sacarlos de aquí para llevarlos al cementerio para que descansen ahí con la familia, queda uno más tranquilo”, aseguró Ángel Fernández.

A primera hora de la mañana el grupo de trabajo de ARMH y el colectivo Aranzadi realizó dos sondeos en la cuneta donde enterraron a los hermanos Fernández siguiendo las indicaciones de los testimonios del hombre que los enterró y otros vecinos de la zona, pues todos coincidían. No obstante, algunas referencias eran distintas por los cambios de orografía del terreno, apuntó David Fernández, miembro de ARMH. Pero a media tarde, la excavación dio resultado y encontraron los dos cuerpos. Un momento de tensión que terminó por aliviar a los hermanos Fernández, quienes han vivido marcados por el asesinato de su padre y tío.

Cuando se produjo el crimen, en la Nochebuena de 1937, ya terminada la Guerra Civil en Asturias, Ángel y Jesús tenían dos y un año respectivamente, pero su madre Cesárea siempre les contó la verdad sobre la muerte del cabeza de familia, que contaba con treinta y un años mientras que su hermano apenas alcanzaba los dieciséis.

“Yo era un bebé pero siempre lo supe, al principio no te dabas cuenta de lo que era la vida pero ahora ya sí”, comenta Ángel Fernández. Su madre les contó que estaban sentados a la mesa para celebrar la festividad navideña cuando dos falangistas irrumpieron en la casa.

“En principio les dijeron que sólo se los llevaban para hacer una declaración, que no pasaba nada y ya ves lo que les hicieron…”, recuerda Jesús Fernández. Nunca regresaron. Los fusilaron, sin denuncia ni juicio, en una cuneta entre Escoredo y Agones y llamaron a un vecino para que los enterrase. Fue el encargado de cubrir los cadáveres quién avisó a la familia del lugar en el que se encontraban los hermanos, que también atestiguaron otros vecinos de la zona.

“Iban a aparecer porque sabemos desde siempre que estaban ahí, al tiempo de matarlos subió mi madre y estuvo escarbando en la tierra y dio con las ropas al poco”, recuerda Jesús Fernández. Fue Cesárea Rodríguez quien se puso al frente de la familia y sacó con mucho esfuerzo y trabajo a sus dos bebés adelante.

Década tras década su padre y tío permanecieron enterrados en la fosa de “La Canalona” sin que nadie hiciese nada. Incluso reconocen que en varias ocasiones se plantearon subir a desenterrarlos ellos mismos. Pero la labor de la asociación ha conseguido colmar sus deseos, que no son más que enterrar a su padre y a su tío, “de manera digna y con la familia”.

La aparición de los cadáveres fue un soplo de aire para los hermanos Fernández, quienes se emocionaron con el hallazgo: “Esto no repara el daño que nos hicieron pero algo hace”, dijo Ángel.

Y es que los hermanos estaban muy preocupados por el devenir de la exhumación, temían que los sondeos no dieran resultado y que los cuerpos de su padre y tío se quedaran ahí para siempre. “Yo temía que no los encontraran porque nosotros ya somos mayores y si pasa el tiempo, quien sabe”, comentó Ángel. Ahora ya no tendrá que pararse en la carretera para llorar en una fosa a su padre. Ángel y Jesús podrán enterrarlo en el cementerio parroquial, junto al resto de familiares.

Quieren hacerlo pronto, en cuanto estén listos los análisis de ADN. Pero lo que más quieren Ángel y Jesús Fernández es que todas las familias de España puedan sacar a sus seres queridos de las incontables fosas comunes que hay por toda España, el segundo país del mundo con mayor número de desaparecidos, tras Camboya. “Y que esto no vuelva a existir, hay que recordarlo y contarlo para que no pase otra vez, no puede volver a repetirse este horror”, concluyó Jesús Fernández.

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Fotografía destacada: Manuel Fernández, padre de Ángel y Jesús SARA ARIAS

Fuente:http://www.lne.es/asturias/2017/05/21/hallan-restos-pravianos-asesinados-nochebuena/2107854.html

 

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Hallan todos los restos de la familia Sagardia Goñi en la sima de Gaztelu

Miembros de Aranzadi, con Paco Etxeberria al frente, localizan los restos de la madre y de sus seis hijos a 50 metros de profundidad.

diariovasco.com / Alicia del Castillo / 13-10-2016

En torno a las tres menos cuarto de la tarde, el forense Paco Etxeberria hablaba por walkie-talkie desde el interior de la sima Legarrea en Gaztelu, Malerreka, en Navarra, a 50 metros de profundidad. «Hemos encontrado los restos, prácticamente todo el esqueleto, de la madre y también, junto a ella, el esqueleto de uno de sus hijos, también entero en conexión anatómica. Los trabajos nos llevarán al menos una hora o dos más».

Los familiares de Juana Josefa Goñi Sagardia se miraban emocionados porque era lo que llevaban tiempo esperando. Algunos 80 años, como Nati Zozaia, la sobrina, que no pudo estar con ellos por su delicado estado de salud. La historia familiar queda resuelta en parte, porque sigue sin explicarse por qué en el 1936, vecinos de Gaztelu tiraron a toda una familia a esta sima. A la madre, embarazada, y a seis de sus hijos.

«No era una leyenda: tiraron a mi tía embarazada y a mis seis primos en una sima»

En la sima, junto a miembros de Aranzadi y vecinos de Gaztelu, Donamaria y Legasa, estaban las sobrinas nietas de Juana Josefa, Maria Teresa y Nati Arizkorrieta, junto con su hija Jaione Iturrioz -su marido y su nieto-, y Rosa Mari Salanueva, la otra sobrina nieta.

En torno a las cinco, Paco Etxeberria subía a la superficie cargado con una gran saca con todos los restos hallados ayer. Había entrado al profundo agujero en torno a las nueve y media de la mañana junto con los tolosarras Asier Eizagirre y Tito Agirre. Durante toda la mañana y parte de la tarde permanecieron en su interior, en un espacio muy reducido, prácticamente tumbados, moviendo cada centímetro de tierra. «Los restos han aparecido en la vertical, mientras que el resto lo habían hecho a unos seis metros. La explicación nos la da la propia sima, porque menos la madre y uno de los hijos, el resto cayeron en una especie de rampa y rodaron por ella».

Hace un mes, cuando comenzaron los trabajos, miembros del grupo de espeleología Satorrak tuvieron que sacar mucho material de lo que se había convertido en un «vertedero premeditado», en palabras de algunos de los vecinos. Sacaron frigoríficos, 20 colchones, piedras, toda clase de basura…

Los miembros de Aranzadi habían seguido buscando en la sima todo el pasado fin de semana. La madre seguía sin aparecer y los familiares tenían el alma en vilo. Pero una parte de un cráneo dio la sorpresa. En un principio pensaban que era del hermano mayor, pero al compararlo con el otro cráneo que ya tenían se dieron cuenta de que tenía que pertenecer a Juana Josefa. Era el lóbulo occipital derecho y al del hijo mayor le faltaba el occipital izquierdo, por lo que tenía que ser de la madre. «Fue un momento duro. El pensar que ella no iba a estar aquí», explicaban los familiares.

Mientras Etxeberria mostraba algunos de los restos, la operación para que los otros dos miembros de Aranzadi subieran a la superficie seguía en marcha. Al poco tiempo salía Eizagirre y Agirre era el último. Los allí congregados les aplaudieron por el trabajo realizado junto a Rafa Zubiria, Lourdes Errasti y Sebas Lasa. También seguía de cerca todos los movimientos el escritor José Mari Esparza, que hace un año publicó ‘La sima. ¿Qué fue de la familia Sagardia?, y los familiares. «No sabíamos que este era el lugar hasta que José Mari nos habló de él . La ama siempre hablaba de que los habían echado a un zulo», explicaban los familiares.

Sin restos del feto

Lourdes Errasti mostró parte de lo hallado. «Son los huesos de las caderas de todos, de menor a mayor: de Asunción, que tenía año y medio, José de tres, Martina de 6, Pedro Julián de 9, Antonio de 12 y Joaquín de 16. Y también los huesos de la cadera de Juana Josefa, de 38 años, de un fémur, de huesos de ambos brazos, del hombro y de la clavícula, y un hueso del brazo de Antonio, el hijo de 12 años. Además hemos encontrado tres suelas de caucho, de las alpargatas», explicaba. Etxeberria también indicaba que no habían hallado restos del feto, pero que habían recogido la tierra que se encontraba dentro de la pelvis de Juana Josefa para analizarla.

«La verdad es que llevo muy rara hoy todo el día, no sabría decirte cómo me siento», decía una de las familiares. Ahora tienen que esperar al informe técnico del laboratorio. «Para que también de forma oficial se tenga certeza, aunque en este caso, sólo confirmará lo que la familia ya sabía desde hace 80 años», añadía el forense Paco Etxeberria.

«Traeremos los restos a Gaztelu, su pueblo. Es donde tienen que estar. El ayuntamiento nos dijo que nos cedería un nicho y además, una vecina del pueblo nos dejó otro en su testamento», explicaba Jaione Iturrioz. «El por qué, siempre nos preguntaremos el por qué», «No hay una explicación para cometer algo así», repetían las sobrinas nietas.

«Va a ser difícil aclarar la causa de la muerte». «Aunque sólo sea por no dejarlos en el lugar donde fueron abandonados por sus asesinos», decía Etxeberria, «hay que hacerlo».

La Sociedad de Ciencias Aranzadi realiza esta búsqueda de los restos de la familia Sagardia Goñi dentro del programa de la Dirección de Paz y Convivencia del Gobierno de Navarra destinado a la localización de desaparecidos tras el golpe militar de 1936.

El pasado domingo halló parte de los dos de los siete cuerpos que faltaban por encontrar y ayer conseguían cerrar este capítulo, sacando a la superficie los restos que faltaban, para que Juana Josefa y sus seis hijos descansen al fin donde sus familiares deseen.

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Fotografía destacada: Errasti muestra los huesos de las caderas y las suelas de caucho.

Fuente:http://www.diariovasco.com/gipuzkoa/201610/13/hallan-todos-restos-familia-20161013005105-v.html?ns_campaign=rrss&ns_mchannel=boton&ns_fee=0&ns_source=fb&ns_linkname=gipuzkoa

 

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