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La fotografía maldita de Álvaro de la Parra

El fotógrafo que retrató la manifestación republicana de Villafranca huyó del Bierzo en 1936 después de que una de sus imágenes sirviera para asesinar a simpatizantes de Azaña.

Diario de León / Carlos Fidalgo / 03-03-2015

«Una manifestación. Es una manifestación», asegura un personaje de uno de los cuentos que Antonio Pereira escribió sobre los primeros años de la Segunda República en Villafranca del Bierzo, cuando a las procesiones de Santo Tirso y Santa Lucía les salió la competencia de las protestas ciudadanas. Y una manifestación de 1936, y sobre todo una fotografía donde se distinguía a muchos de sus participantes, —publicada en las páginas del diario ABC y que sirvió para que algunos de ellos murieran después asesinados— se encuentran detrás del misterio sobre la suerte que corrió su autor, el fotógrafo de origen zamorano Álvaro de la Parra, que tenía un estudio en la localidad y al que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) lleva meses buscando con un nombre equivocado.

No está del todo claro si aquella protesta que atravesó el viaducto con banderas tricolores y carteles de apoyo a Azaña fue una marcha convocada en febrero de 1936, el mes del triunfo del Frente Popular, en un 14 de abril, aniversario de la proclamación de la República, o incluso en un primero de mayo, Día de los Trabajadores, que por entonces sacaba a una multitud a las calles de Villafranca. Pero de lo que no cabe ninguna duda es de que su autor no se llamaba Antonio Parra, como la ARMH y algunos vecinos que no llegaron a conocerlo han creído hasta ahora. Nacido en la localidad zamorana de Toro en torno a 1905 y fotógrafo itinerante por los pueblos del Norte, Álvaro de la Parra firmaba sus imágenes con un sello donde se leía ‘A. Parra’, lo que explica la confusión en torno a su nombre, y terminó abriendo un estudio en la calle Arén de Villafranca del Bierzo, la misma desde donde el sastre del cuento de Pereira —El prevaricador, incluido en el volumen Cuentos de La Cábila— saludaba a los escolares que se manifestaban para reclamar un maestro, con la vara de medir en una mano y el corte del traje que enseñaba a un cliente en otra.

Diario de León ha encontrado ahora el rastro que dejó De la Parra cuando huyó de Villafranca, poco después de que estallara la Guerra Civil y por culpa de una de las fotografías de aquella manifestación publicada en el ABC, y ha localizado en Madrid a su nieto, el también fotógrafo freelance José Luis de la Parra Pérez. Su testimonio ha sido la última pieza del puzzle en el que se empezaba a convertir la vida de un hombre que quemó sus negativos, cerró su estudio y se fue del Bierzo por miedo a sufrir una venganza por parte del entorno de las víctimas de la represión franquista.

«A partir de esa foto, el pueblo se levantó en armas contra él porque pensaban que estaba con los nacionales. Mi abuelo era republicano hasta la bandera, fíjate, pero asesinaron a varias de las personas de la fotografía, y se formó un movimiento en su contra», contaba ayer José Luis de la Parra a este periódico.

La familia De la Parra hace fotos casi desde que existe la fotografía. Álvaro de la Parra era hijo de Pilar Cristóbal y del enólogo de Toro aficionado a la fotografía Álvaro de la Parra Piorno. En su juventud, recorría las provincias del Norte con su cámara a lomos de un burro. «Viajaba de aquí para allá y se asentó en Villafranca del Bierzo», relata su nieto. Colaborador del diario gráfico Ahora de Madrid, fundado por Luis Montiel Balanzat en 1930 y de línea editorial republicana moderada, De la Parra se casó con Ángela de la Torre Hernández y se fue a vivir a Villafranca, donde tuvo dos de sus cinco hijos, abrió el estudio de la calle Arén, confirma su nieto, y se volvió muy popular. «Era un relaciones públicas nato, muy afable, sociable y cariñoso con la gente», añade José Luis de la Parra.

Pero se tuvo que marchar. «Se fue sólo a Irún al empezar la guerra y después se llevó a su familia. Allí le resultaba más fácil hacerse con material de fotografía de contrabando procedente de Francia», cuenta su nieto. Y en Irún, al acabar la guerra, nació José Luis de la Parra de la Torre, que heredó de su padre su pasión por las imágenes.

De vuelta a Toro, Álvaro de la Parra abrió otro estudio en la calle El Sol, donde vivió haciendo fotos de bodas, bautizos y comuniones, de la edición de calendarios y de las imágenes publicitarias que le demandaban las bodegas. Junto a su hijo José Luis también volvió a recorrer, esta vez en bicicleta, los pueblos de Zamora, donde su llegada era todo un acontecimiento en la España de los primeros años cincuenta.

Álvaro de la Parra murió octogenario y su hijo siguió con el oficio desde su estudio en la plaza Mayor de Toro, donde con el tiempo no fue menos popular que su padre en Villafranca. José Luis de la Parra de la Torre, toda una personalidad en su localidad, falleció en 2006 en un accidente de tráfico junto al ex alcalde, Agustín Asensio. En Toro nadie les ha olvidado.

Y su hijo José Luis de la Parra Pérez, que iba para estudiante de empresariales, dejó la carrera de negocios y se han convertido en fotógrafo freelance, continuando una tradición que con él llega a su cuarta generación. De la Parra Pérez vive de la fotografía comercial, pero sus imágenes más artísticas se han expuesto en Shanghai. En París. En Venecia. Ciudades todas de Poniente, diría Pereira.

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Foto destacada: Foto usada para asesinar a manifestantes republicanos que obligó a Parra a dejar Villafranca. – a. parra

http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/fotografia-maldita-alvaro-parra_961175.html

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El día en que Azaña caminó por la Calle del Agua

La ARMH rastrea la suerte de Antonio Parra, el hombre que fotografió la multitudinaria manifestación de apoyo a Azaña en febrero de 1936 y retrató al último alcalde republicano.

Diario de León / Carlos Fidalgo / 01-03-2015

El alcalde Gabelas (sentado a la izquierda) con algunos amigos en el estudio de Parra. Foto de Antonio Parra

Ocurrió un 17 de septiembre de 1932. La República era joven, los viajes por carretera más largos y Manuel Azaña presidía del Consejo del Ministros y se encargaba de la cartera de Justicia. A la una de la tarde, y en una escala de un viaje «de riguroso incógnito» a Galicia, Azaña y su mujer se detuvieron en Villafranca del Bierzo. Y les recibió una verdadera multitud de vecinos que marchó a su encuentro para darles una calurosa bienvenida.

De aquella escena entusiasta quedan unas pocas líneas en periódicos como La Libertad y quién sabe si algunas imágenes por descubrir del fotógrafo de la localidad Antonio Parra, autor de las otras fotografías históricas de apoyo a Azaña como las de la manifestación que recorrió la villa en febrero de 1936, un mes de triunfo para el Frente Popular, y cuyo rastro se pierde al estallar la Guerra Civil. El paradero de Parra, que también retrató al último alcalde republicano de Villafranca, Antonio Gabelas —fusilado tras un juicio sumario y recién rehabilitado— es hoy un misterio, hasta tal punto que la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha comenzado a buscar las huellas del hombre que fotografió la histórica manifestación que aquel febrero húmedo llenó el viaducto del Burbia de banderas tricolores y carteles de apoyo a un político que cuatro años atrás ya había caminado por la calle del Agua en medio del fervor popular.

Que Antonio Parra es un misterio por resolver lo dicen todos los que se han acercado a sus fotografías, desde el vicepresidente de la ARMH, Marco González, hasta el nieto de Gabelas, el cirujano Manuel Juaneda-Magdalena Gabelas. «Es como si se hubiera esfumado al llegar los nacionales», asegura el médico.

La represión dejó 61 asesinatos y 110 encausados en procedos militares en Villafranca, una población que pagó caro su respaldo a líderes como Azaña. El jefe del Gobierno y futuro presidente de la República durante la Guerra Civil había recalado en la villa cuando se desplazaba a La Coruña por carretera en viaje privado junto a sus esposa, María Dolores de Rivas Cherif, en los últimos días del verano de 1932. «Numeroso público acudió a recibirlos tributándoles una entusiasta acogida» cuando se detuvieron a almorzar, contaba La Libertad para reflejar la ilusión que despertaban los cambios sociales que traía la República. «Los señores de Azaña —decía el periódico— fueron obsequiados con un concierto, mientras almorzaban, por la Agrupación La Rondalla. Como los vítores y aplausos continuaban, el jefe del Gobierno se vio obligado a asomarse al balcón para corresponder al entusiasmo de la muchedumbre». Y hubo más. «Una comisión femenina integrada por jóvenes de las distintas clases sociales —continuaba el redactor— obsequió a la señora Azaña con un magnífico ramo de flores».

Fue entonces cuando el político, recibido como una suerte de mesías laico, se dio un paseo por Villafranca. «Terminado el almuerzo, el jefe del Gobierno manifestó su deseo de visitar la antigua Calle del Agua, hoy de Ribadeo, la cual recorrió seguido de todo el vecindario. Se detuvo a admirar sus monumentos, también la casa donde nació Enrique Gil y Carrasco. Luego estuvo en los jardines públicos y seguidamente se dirigió a su automóvil para reanudar el viaje. Antes entregó una importante cantidad de dinero para los pobres».

Cuatro años después, Antonio Parra, que tenía su estudio en la calle Arén, tomó varias imágenes que revelaban el buen recuerdo que había dejado Azaña. La ARMH ha podido rescatar dos fotografías de aquella concentración de febrero, una de ellas de manos de su presidente, Emilio Silva, donde se aprecia a su padre a los nueve años, portando un cartel en el que reclamaba un grupo escolar. Los familiares de Gabelas también conservan otras tres con el sello de Parra, dos de ellas reproducidas en este reportaje.

La maleta de Parra

Lo que sucedió con su autor después de 1936 es una incógnita que nadie en Villafranca ha podido resolver. Su rastro como fotógrafo tampoco aparece en ningún archivo, ni hemeroteca, confirma Silva. «Es como si lo hubieran borrado del mapa». Pero la ARMH aún tiene esperanzas de que todavía se encuentren sus negativos. «Igual que apareció una maleta de Capa, puede haber una maleta de Parra», concluye Silva.

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Foto destacada: Manifestación a favor de Azaña en febrero de 1936. El niño Emilio Silva Santín pedía una escuela. Foto de Antonio Parra

http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/imagen-escondida-rendija-pared-45-anos-dia-azana-camino-calle-agua-catala-rehabilita-alcalde-fusilado_960598.html

 

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