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Mujeres del exilio republicano: la historia silenciada de la lucha feminista y el antifranquismo

Del medio millón de refugiados que provocó la guerra civil española, una parte quedó anclada en el segundo plano de la historia: eran ellas, las mujeres.

Maestras, políticas, escritoras, enfermeras… desde Victoria Kent hasta Maruja Mallo, de Dolores Ibárruri a Neus Català y otras muchas “mujeres sencillas”.

“En el exilio, las mujeres dejarán para otro momento sus propias demandas de igualdad a favor de causas prioritarias como la lucha antifranquista o la supervivencia”, explica Matilde Eiroa, doctora en Historia Contemporánea.

eldiario.es / Juan Miquel Baquero / 17-1 -2019

Maestras, políticas, periodistas, sanitarias, escritoras o científicas… mujeres. Y la mayoría sin notoriedad pública. Entre el medio millón de personas que vivieron el éxodo provocado por la guerra civil española, una parte quedó anclada al segundo plano. Eran ellas, las mujeres del exilio republicano. Desde Victoria Kent hasta Maruja Mallo, de Dolores Ibárruri a Neus Català.

Porque si la España vencida quedó relegada a las cunetas del silencio, la versión femenina de la historia sufrió un doble abandono. Hace 80 años de la diáspora que atravesó primero la frontera francesa para aterrizar pronto en dispares destinos europeos, africanos y americanos.

Y dentro de la marabunta de refugiados queda el drama callado. Es la memoria de un contingente humano en el que las mujeres formaron un bloque menos visibilizado.

Esa parte de la historia secundaria que ha rescatado el Congreso Internacional ‘Mujeres en el exilio republicano de 1939’, que acaba este viernes. La cita ha prestado una atención específica al colectivo femenino de perfiles diversos, desde la élite de mujeres dirigentes y profesionales a aquellas desconocidas.

Y dando a conocer los espacios destinados entonces a las republicanas. Como los campos de concentración, las maternidades especiales o los albergues. Lugares donde compartieron tiempo y penurias con una infancia también abocada al destierro. Ellas, de la proyección pública a las mujeres ocupadas en tareas de la vida cotidiana. Y su relato.

“En el exilio las mujeres dejarán para otro momento sus propias demandas de igualdad a favor de causas prioritarias, como la lucha antifranquista o la supervivencia en una España extraoficial y sin territorio”, explica Matilde Eiroa San Francisco, doctora en Historia Contemporánea y profesora titular en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M).

Victoria Kent (Málaga, 1898 – Nueva York, 1987). Primera mujer en el mundo que ejerció como abogada ante un tribunal militar. Diputada en las Cortes constituyentes de la II República por el Partido Republicano Radical Socialista y en 1936 en las listas de Izquierda Republicana, dentro del Frente Popular. Fue directora general de Prisiones e intentó reformas para “humanizar” el sistema penitenciario.

Victoria Kent.

Contraria al sufragio femenino pese a sus convicciones democráticas y feministas, sostenía que la mujer española no tenía la suficiente preparación social y política. Mantuvo una batalla dialéctica con Clara Campoamor. Escapó del exilio en París tras la invasión nazi de Francia y se quedó hasta su muerte en México y Estados Unidos.

Maruja Mallo (Viveiro, Lugo, 1902 – Madrid, 1995). Pintora surrealista. Una de las principales artistas de la Generación del 27. Formó parte de ‘Las Sinsombrero’, movimiento feminista de un grupo de jóvenes intelectuales para quebrar el papel de la mujer en una sociedad patriarcal. Su nombre real era Ana María Gómez González.

Una obra de Maruja Mallo. | EFE

Exiliada en Argentina en 1937, recibió un rápido reconocimiento. Pasa por Uruguay y Chile y expone en París, Brasil o Nueva York. Se codea con Picasso, Magritte, Miró; es admirada por Warhol, André Breton… Amiga de María Zambrano, Federico García Lorca, María Teresa León, Salvador Dalí… Era, ante todo, libre. Pero las crónicas de la época destacaban de ella sus “conquistas”, como Pablo Neruda, Miguel Hernández o Rafael Alberti. Regresó a España en 1962. En 1982 recibió la Medalla de Oro al mérito en las Bellas Artes, concedida por el Ministerio de Cultura.

Margarita Nelken (Madrid, 1894 – Ciudad de México, 1968). Escritora y crítica de arte. Como política fue diputada del PSOE por Badajoz y la única mujer que logró las tres actas parlamentarias en la II República (1931, 1933 y 1936). Escribió libros de corte feminista, aunque también votó contra el sufragio femenino. Se le atribuye la primera traducción al español de La metamorfosis de Franz Kafka.

Margarita Nelken.

Conocida por sus duros discursos, fue condenada a 20 años de prisión tras la Revolución de Asturias, pero huyó a Francia. En la Guerra Civil se afilió al PCE. Estuvo en el frente, participó en la defensa de Madrid y colaboró en la organización de la Unión de Mujeres Antifascistas. El exilio la llevó a México. Su correspondencia y documentación están en el Archivo Histórico Nacional de Madrid.

Neus Català (Guiamets, Tarragona, 1915 – 2019). Era la única superviviente española del campo de concentración nazi de Ravensbrück. Falleció con 103 años tras toda una vida de lucha antifascista. Feminista y comunista, era enfermera y cruzó la frontera a Francia en los últimos días de la guerra civil con 180 niños que cuidaba en Premià de Mar (Barcelona).

Neus Català con su traje de prisionera. | CORTESÍA DE NEUS CATALÀ

Obligada por las SS a trabajar en la industria de armamento, formó el ‘Comando de las gandulas’, un grupo de mujeres que boicoteó e inutilizó unos diez millones de balas. Tras su liberación continuó la lucha clandestina contra el franquismo. Tiene reconocimientos como la Cruz de San Jordi (2005) y la Medalla de Oro de la Generalitat de Catalunya (2015), al Mérito Cívico por el Ayuntamiento de Barcelona (2014) y la Medalla de la Villa de París con el grado de ‘Grand Vermeil’ –la mayor distinción de la capital francesa– (2019) y Catalana del Año (2006).

Dolores Ibárruri (Vizcaya, 1895 – Madrid, 1989), La Pasionaria. Histórica dirigente del Partido Comunista de España. Fue diputada en la Segunda República y en las primeras elecciones democráticas tras la dictadura, en 1977. Vicepresidenta de las Cortes en 1937. Secretaria general (1942-1960) y presidenta de honor a perpetuidad del PCE (2005). Miembro del Secretariado de la Internacional Comunista.

Dolores Ibárruri y Rafael Alberti, en la Mesa de Edad de la constitución de las Cortes, el 13 de julio de 1977. | EFE

Unió la acción política con la lucha de los derechos de las mujeres y asumió la doctrina marxista como herramienta para la liberación de la clase obrera. En 1933 fue presidenta de la recién fundada Unión de Mujeres Antifascistas. Encarcelada en varias ocasiones. Tras finalizar la Guerra Civil Española, se exilió en la URSS. Regresó a España el 13 de mayo de 1977. Está enterrada en el recinto civil del Cementerio de La Almudena. Publicó sus memorias, El único camino, en 1962.

Y el destierro de las “mujeres sencillas”

Mujeres como Kent, Catalá, Mallo, Nelken o Ibárruri “representan la política, la sociedad, la cultura, la ciencia, pero también otros valores, como el esfuerzo, la superación, la humildad, el servicio a la sociedad, la ética, la democracia y la apuesta firme por las libertades y derechos sociales”, en palabras de Eiroa.

Todas “constituyeron un apoyo básico en la perduración y la memoria de la libertad y la democracia”, continúa. Con una “diferencia importante con los hombres”: tuvieron que pasar “de la participación en la vida pública, del activismo cultural, social y político” desarrollado en los años 30 a la reducción o, en algunos casos, al cese de su actividad.

Mujer votando por primera vez en 1933.

“Pero en la mayoría de los casos su labor perteneció y permaneció en el terreno doméstico y emocional”, subraya Matilde Eiroa en conversación con eldiario.es. El destierro también fue distinto para las “mujeres sencillas”. Para aquellas “que no habían tenido notoriedad pública, la expulsión de su entorno fue un drama y el comienzo de una nueva vida en sitios, a veces, muy inhóspitos”.

Nuevas costumbres para “nuevas formas de sobrellevar la vida cotidiana”. A veces convertidas también “en el principal ingreso doméstico hasta que sus maridos encontraron trabajo”. Con “la máquina de coser y la costura” o “la confección de labores y útiles para el hogar” como vías de subsistencia.

Porque, al final, “ellas fueron las encargadas de la recomposición de la familia, de la instalación en los nuevos destinos y de la adaptación del núcleo familiar a la vida cotidiana”, dice la profesora de la UC3M. Y de conservar “las costumbres españolas: las recetas de cocina, las canciones, los cuentos, las fiestas, la memoria familiar”.

Ellas “transmitieron a sus hijos y a las segundas generaciones nacidas en el exilio una idea de España casi mitificada: el paisaje, la luz, el color de la geografía española”. Y “todas querían volver a España”. Como, en general, “todos los exiliados”. Pero “a una España donde hubiera libertades y no la de Franco”.

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Fotografía destacada: Mujeres antifascistas.

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Mujeres-republicano-silenciada-feminista-antifranquismo_0_953305679.html

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Angüés (Huesca) cierra el círculo: comienza la búsqueda de los últimos nueve ejecutados de la localidad durante la Guerra Civil

29 vecinos de esta localidad fueron ejecutados en los primeros días de la contienda y enterrados en fosas comunes del cementerio de Las Mártires, en Huesca. Se trabaja ahora para hallar los restos de nueve de ellos en la última parte de un proyecto que ha constado de tres fases.

En la búsqueda inicial, llevada a cabo en octubre de 2018, se encontró a cinco de estos angüesinos y a doce en la segunda, que tuvo lugar el verano pasado en el mismo camposanto con la colaboración entre la Arico y el Círculo Republicano Oscense Manolín Abad.

“A mi abuelo lo mataron por un trozo de periódico”: exhuman los cuerpos de 17 personas asesinadas en 1926 en Pomer

eldiario.es / Miguel Barluenga / 15-10-2019

En los primeros días de la Guerra Civil, durante el verano de 1936, la represión del bando nacional se cebó con la localidad altoaragonesa de Angüés. 29 de sus vecinos fueron asesinados y enterrados en fosas comunes del cementerio de Las Mártires, en Huesca. La magnitud de la empresa para recuperar sus restos ha obligado a afrontarla en varias etapas. La última se inició el pasado 7 de octubre y se busca a nueve personas más, separadas en tres tumbas diferentes a las que se dará un entierro mucho más digno en el mismo espacio.

La primera fase se ejecutó hace un año, en octubre de 2018 bajo la promoción y dirección técnica de la Asociación por la Recuperación e Investigación contra el Olvido (Arico), y con la colaboración del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca (Crmahu), Charata de Uncastillo y el Batallón Cinco Villas. La segunda fase, con los mismos parámetros, se realizó en julio y, en ambos casos, con éxito: se halló a cinco de estos vecinos en el primero y a doce en el segundo. Ahora, los oscenses son quienes encabezan los trabajos con la asistencia técnica de Arico y la colaboración de voluntarios que trabajan en tres espacios.

Según las investigaciones llevadas a cabo por Toño Moliner, vocal de Memoria Histórica del Círculo Republicano Manolín Abad de Huesca, en la primera de las fosas se inhumó a Demetrio Huguet Ubico, José Huguet Ubico y Juan José Lomero Bravo. En la segunda, a Domingo Tomás Rivera Sarvisé, Luis Val Casabón y Francisco Zamora Campo. Y en la tercera, a Domingo Ponz Conte, Joaquín Rivera Sarvisé y José Villacampa Bravo.

Durante la primera de las sesiones de trabajo ya se registraron resultados en el primero de los intentos, y los días sucesivos también han evidenciado que se trabaja en la buena dirección con la ayuda de alumnos de la Universidad de Zaragoza y termos de café ahora que el frío comienza a apretar temprano, cuando se inician estas largas jornadas.

Entre los primeros identificados después de haber sometidos los primeros restos hallados a las pruebas de ADN fue Román Arnal Mur, hermano del conocido militante anarquista Martín Arnal Mur.  Angüés contaba con poco más de 800 habitantes durante la década de los 30 y una potente base de jóvenes anarquistas articulados en el sindicato local de la CNT, y tras el golpe de Estado de julio de 1936 se concentraron en la localidad las dotaciones de varios puestos de la Guardia Civil bajo el mando del teniente Manuel Lahoz Julve, que se replegaron a Huesca ante la presión ejercida por las milicias organizadas en Barbastro.

23 vecinos anarquistas de Angüés fueron detenidos por la Guardia Civil e ingresados en la Prisión Provincial de Huesca el 24 de julio de 1936. Durante esa semana en que Angüés estuvo en manos de los sublevados fueron enviados a la cárcel un total de 31 angüesinos y todos ellos serían asesinados en Huesca en los meses siguientes. El destino habitual de los cadáveres, en sucesivas sacas, fue el cementerio de Las Mártires.

Entre los días 3 y 6 de enero de 1937 se ejecutó a 17 vecinos separados en diferentes sepulturas. El 3 de enero de 1937 se asesinó, a las 23:30, a Emeterio Alpín Zaballos (32 años), José Franco Carpi (46 años), Dionisio Gallo Brusau (32 años), José María Batos Lacasta (48 años) y Emilio Cardiel Huguet (26 años). Todos ellos fueron enterrados en una fosa común que ocuparía dos sepulturas distintas (zanja 7, fila 20, sepulturas nº 299-300), tras ser recogidos los cadáveres por la ambulancia número 24 de la Cruz Roja.

El 5 de enero de 1937 fueron ajusticiados, a las 22:30, Santos Buil Tornil (27 años), Tomás Canudo Domper (26 años), Gregorio Espona Vitales (55 años), Ramón Briac Oliveros (19 años) y Bartolomé Casasín Pérez (53 años). Se les dio sepultura en una fosa común. Finalmente, el 6 de enero de 1937 fueron asesinados Agustín Bravo Brusau (31 años) y Mariano Buil Tornil (23 años). Ya el 4 de enero de 1937 habían sido ejecutados otros cinco vecinos de Angüés: Román Arnal Mur (24 años), Fabián Alsina Soliva (26 años), Ramón Bonet Buil (25 años), Miguel Cardiel Huguet (27 años) y Manuel Gallo Brusau (35 años).

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Fotografía destacada: En la búsqueda inicial, llevada a cabo en octubre de 2018, se encontró a cinco de estos angüesinos y a doce en la segunda CARLOS NEOFATO / HUESCA

Fuente:https://www.eldiario.es/aragon/sociedad/Angues-Huesca-ejecutados-Guerra-Civil_0_952955343.html

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‘Esclavos de Franco’: viñetas para recordar a los presos de los campos de concentración de la dictadura

Chesús Calvo recurre a la ficción en viñetas para contar la historia de los soldados republicanos hechos prisioneros y forzados a trabajar para reducir sus condenas. 

“Muchas empresas, con nombres y apellidos, se beneficiaron de esa mano de obra en la construcción de infraestructuras”, recuerda Quique Gómez, de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón.

eldiario.es / Óscar Senar Canalís / 04-10-2019

“En el día de hoy, cautivo y desarmado…”. Esa es la señal para que Julián, un soldado republicano, se lance a la huida y trate de cruzar el Pirineo aragonés hacia Francia. No llegará muy lejos: es apresado y conducido a un campo de prisioneros franquista, donde permanece cautivo bajo el sistema del denominado Patronato para la redención de penas. ¿Su delito? Haber sido combatiente por la legalidad republicana y ser “hijo de republicano”. Así arranca ‘Esclavos de Franco’ (GP Ediciones), un cómic con el que el dibujante Chesús Calvo se ha propuesto “mostrar una parte de nuestra historia que mucha gente aún desconoce”.

En su seminal trabajo ‘Cautivos’, el historiador zaragozano Javier Rodrigo escribe que bajo el epígrafe de “campos de concentración” franquistas se establecieron “las más variadas formas de reclusión temporal, ilegal y arbitraria”, en un modelo indefinido que fue variando conforme avanzó la guerra y luego la posguerra. Con todo, en sus distintas formas tuvieron en común “una misma función social: la de humillar, encuadrar, clasificar, represaliar la disidencia”.

Con ese fin, ya desde 1937, los soldados republicanos que no fueron directamente ejecutados sumariamente ni reincorporados, tras comprobar su idoneidad ideológica, al bando sublevado, aquellos que se quedaron en una “zona intermedia”, empezaron a ser destinados a realizar trabajos forzosos para pagar su -a ojos del nuevo régimen- culpa.

“Vi un reportaje en televisión sobre el tema y me impresionó cómo el Franquismo usó a presos para construir carreteras, pantanos… y también el Valle de los Caídos, ahora tan de actualidad”, cuenta Chesús Calvo. Con esto en mente, y tras documentarse, trazó una historia en la que imagina a un soldado cualquiera “como vehículo para contar la historia”. Del mismo modo, opta por no situar la acción en ningún campo de prisioneros concreto, si bien “la principal referencia fue el de Miranda de Ebro”.

El frío, el hambre, el adoctrinamiento, el miedo constante, la enfermedad, las penurias del trabajo… ‘Esclavos de Franco’ muestra las penalidades por las que pasaron los cautivos del régimen. Sin embargo, lejos de pretender ceñirse a los detalles históricos, Chesús Calvo explica que su afán con ‘Esclavos de Franco’ ha sido “remarcar cómo la guerra abocó a personas normales, no héroes, a vestirse de uniforme, empuñar un fusil y matar a desconocidos”. “Nunca olvidamos nuestro primer muerto… Es imposible. El problema es cuando te acostumbras a disparar… y a matar”, le confiesa un compañero de barracón al protagonista.

Viñeta de ‘Esclavos de Franco’, de Chesús Calvo. GP EDICIONES

“Pacto de silencio”

Quique Gómez, de la Asociación de Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón, firma el prólogo de la obra. Al otro lado del teléfono, recuerda que “los campos de trabajo vinieron tras los campos de concentración; tras eliminar a los elementos que consideraban ‘peligrosos’, empiezan a pensar con un criterio economicista: había que reconstruir el país que habían dejado destrozado, y quién mejor que los ‘rojos'”.

Para Gómez, una de las explicaciones al “pacto de silencio de la Transición”, que también rodeó a estos pelotones de trabajo forzoso, fue que “muchas empresas, con nombres y apellidos, se beneficiaron de esa mano de obra en la construcción de infraestructuras, en un modelo que se prolongó más allá del fin de la II Guerra Mundial; si eso se hubiera revisado hubiera llevado a reclamaciones de gran importancia”. “No se puede olvidar esto, porque formó también parte de la represión económica”, apunta.

Medio millón de vencidos

Cerca de medio millón de vencidos pasaron por un centenar largo de campos de concentración, según los datos que reunió Javier Rodrigo en ‘Cautivos’ -un libro al que luego han seguido otros, como ‘Los campos de concentración de Franco‘, del periodista Carlos Hernández-. Rodrigo explica en esta obra que “sólo el cierre de Miranda de Ebro [en 1947] puso fin al modelo franquista de campos”, pero también señala que “eso no significó ni el fin de los trabajos forzosos en España, ni tan siquiera el fin de recintos y campos que bien podemos denominar de trabajo, como los habilitados por Regiones Devastadas, Colonias Penitenciarias y Destacamentos Penales”.

Un ejemplo de esto último es la construcción del pueblo nuevo de Belchite, de la que se encargaron los trabajadores concentrados en los barracones de ‘Rusia‘, así llamados porque allí vivían ‘rojos’.

Rodrigo, en las conclusiones de ‘Cautivos’, apunta que “las consecuencias de la larga duración del sistema concentracionario franquista fueron la interiorización de sus valores por parte de los internos. No tanto de los explícitos, como la reeducación política y moral, sino sobre todo de los implícitos. El miedo, el silencio, la delación. Valores sobre los que se sustentó la dictadura militar de Franco durante cuarenta años de exclusión y olvido”.

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Fotografía destacada: Chesús Calvo, con su cómic ‘Esclavos de Franco’. JUAN MANZANARA / ZARAGOZA

Fuente:https://www.eldiario.es/aragon/cultura/Esclavos-Franco-recordar-concentracion-franquistas_0_948405971.html

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Muere el combatiente antifascista Lluís Martí Bielsa, “héroe y bandera” de la memoria histórica

Ha fallecido en la localidad conquense de Santa Cruz de Moya, donde participaba en unas jornadas en memoria de los maquis y acababa de recibir un premio.

Fue responsable político de las Juventudes Socialistas Unificadas en Catalunya durante la Guerra Civil y participó después en la ‘Resistencia’ francesa.

En París lo apresó el Tercer Reich pero consiguió huir antes de llegar al campo de concentración de Dachau. En España también fue prisionero del régimen franquista.

eldiario.es / Alicia Avilés Pozo / 07-10-2019

El destino o la casualidad han querido que Lluís Martí Bielsa haya fallecido en la localidad conquense de Santa Cruz de Moya. Con 97 años de edad, el combatiente republicano y luchador antifranquista había acudido a este municipio para participar en las jornadas anuales que La Gavilla Verde organiza en memoria de los maquis. Según ha confirmado este colectivo, falleció mientras dormía tras haber participado en varios actos y después de recibir un premio de homenaje. La Gavilla Verde ha lamentado profundamente su fallecimiento y ha elogiado su lucha y activismo hasta el último día de su vida.

Martí Bielsa, “héroe y bandera” de la lucha por la memoria histórica, nació en Gallur (Zaragoza) en 1921, pero realizó buena parte de su labor política en Catalunya, donde su familia se trasladó siendo él un niño. Allí fue responsable político de las Juventudes Socialistas Unificadas durante la Guerra Civil Española. Al terminar la contienda se exilió a Francia, donde fue internado en el campo de concentración de Argelès y luego en el de Roselló.

La situación cambió cuando el Tercer Reich invadió Francia. Entonces, el combatiente español participó en la ‘Resistencia’ francesa contra los alemanes y aunque fue hecho prisionero y se decretó su envío al campo de concentración de Dachau, no llegó nunca a atravesar sus puertas porque huyó del tren que lo trasladaba. Posteriormente, y como oficial de las Fuerzas Francesas del Interior, participó en la liberación de París en 1944.

Regreso clandestino y encarcelamiento

Al terminar la Segunda Guerra Mundial, volvió a Catalunya como militante del Partido Comunista atravesando de forma clandestina los Pirineos, pero en 1946 fue detenido, torturado y encarcelado, primero en la prisión Modelo de Barcelona y posteriormente en los penales de Ocaña (Toledo) y Burgos. En 1952 fue desterrado en Montblanc bajo el aval de un familiar. Posteriormente fue secretario de la Associació Catalana d’Expresos Polítics del Franquisme (Asociación Catalana de Expresos Políticos del Franquismo) y presidente de la Amical de las Brigadas Internacionales de Catalunya. En 2006 recibió la Cruz de Sant Jordi por su continuada lucha contra el fascismo.

Escribió el libro ‘Un d’entre tants. Memòries d’un home amb sort’ (‘Un hombre entre tantos. Memorias de un hombre con suerte’, Fundació Nous Horitzonts, 2012), su biografía desde 1921 hasta 1952.

Durante el pasado fin de semana, Martí Bielsa participó en las XX Jornadas El Maqui de Santa Cruz de Moya, un acontecimiento anual en este pueblo de la Serranía conquense donde se defiende una “memoria histórica viva” mediante mesas redondas, encuentros, proyección de documentales y homenajes.

Entrega del premio LA GAVILLA VERDE

El ex combatiente antifranquista participó en algunos de estos actos, incluido el cierre de las jornadas donde recibió el Primer Premio Pedro Peinado de Memoria Histórica Guerrilera y Rural, y firmó ejemplares de su obra biográfica. Después se retiró a descansar y falleció mientras dormía. Con 97 años, y según cuentan desde los colectivos que lo consideraban su “héroe y bandera”, su activismo era casi continuo y seguía participando con asiduidad en todo tipo de acciones por la memoria.

Así lo ha querido manifestar La Gavilla Verde en el mensaje de despedida que ha publicado en su web, llamado ‘La leyenda Bielsa’:

“Sabías que había llegado el momento de librar la última batalla contra el tiempo. El destino es inexorable pero no le dejaste elegir el terreno del combate ni las condiciones, los elegiste tú: Santa Cruz de Moya y sus montañas, después de las Jornadas de Los Maquis y en el Día del Homenaje a los Guerrilleros Españoles. Te pusiste tus mejores galas de luchador antifascista para afrontar con valor y decisión lo inevitable y convertirte en toda una leyenda de la lucha antifascista.

Tus amigos de La Gavilla Verde.

Que la tierra te sea leve”.

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Fotografía destacada: Lluís Martí Bielsa, tras recibir el Premio Pedro Peinado en Santa Cruz de Moya (Cuenca) LA GAVILLA VERDE

Fuente:https://www.eldiario.es/clm/Muere-excombatiente-Lluis-Marti-Bielsa_0_950155228.html

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El “cementerio de las vivas”: así funcionó la tenebrosa cárcel de mujeres de Amorebieta

“Individuas peligrosas”, escrito por la historiadora Ascensión Badiola, recoge los horrores que sufrieron las prisioneras de ese centro penitenciario del franquismo. Los expedientes oficiales aún continúan ocultos.

publico.es / Danilo Albin / 06-10-2019

La connivencia de Palmira Marcos con “el enemigo marxista” tenía olor a comida. A sus 24 años, aquella joven del pequeño pueblo de Cabárceno, en Cantabria, acabó en la cárcel por llevarle alimentos a su hermano, que se encontraba en el frente. Por eso fue condenada a cadena perpetua y por eso fue enviada a la cárcel de mujeres de Amorebieta, también conocida entre las presas por un nombre aterrador: “el cementerio de las vivas”.

La historiadora Ascensión Badiola acaba de escribir un libro que relata esos horrores. Bajo el título “Individuas peligrosas” (Editorial Txertoa), esta investigadora describe los padecimientos que sufrieron entre 1939 y 1947 las presas de la Prisión Central de Mujeres de Amorebieta, un lugar que, en efecto, tenía más de cementerio que de cárcel. Hoy funciona allí un colegio católico.

“Se trata de una prisión de carácter estatal que formó parte del circuito carcelario creado por el régimen franquista para las mujeres republicanas”, afirma Badiola a Público. La investigadora logró sacar adelante este trabajo a pesar del manto de silencio que quiso imponer la dictadura: “los registros de la cárcel han desaparecido o están ocultos. Ha sido imposible localizarlos, al menos de momento”, relata.

Esos aspectos son resaltados por la autora en su trabajo. “En realidad, si hay algo que sabemos con certeza sobre la cárcel de mujeres de Amorebieta es precisamente que no sabemos casi nada –escribe en su libro–. Tanto las fichas como los expedientes, los libros de filiación o las actas del Patronato y la Junta de Disciplina han desaparecido o están ocultos. Quizá algún día aparezcan en un archivo olvidado o aún no desclasificado, pero, mientras tanto, ni siquiera sabemos aproximadamente cuántas mujeres pasaron por Amorebieta”.

En ese contexto, Badiola busca reconstruir “cuál fue más o menos el día a día” de esa prisión, valiéndose para ello de “los pocos testimonios recopilados de expresas, de las publicaciones realizadas por los propios represores y de los rastros dejados en los archivos de distintas cárceles”. “También podemos hacernos una idea a partir de la extrapolación de lo que sucedía en esas otras prisiones”, añade en la introducción.

No hay una cifra exacta del número total de mujeres que pasaron por esa cárcel. En el libro aparecen los nombres de las 958 prisioneras que alcanzaron la libertad condicional, así como los datos del censo de las mujeres que se encontraban encarceladas en Amorebieta en 1945”. De esta manera, la autora ha conseguido establecer la identidad de “por lo menos 1.239 mujeres que pasaron por Amorebieta”.

Hubo una monja ‘mala’, a quien las presas apodaban ‘La Guadaña’

“También conocemos los nombres de los directores, funcionarios y personal religioso al cargo. A este respecto, sabemos, por ejemplo, que hubo una monja ‘mala’, a quien las presas apodaban ‘La Guadaña’, y otra monja ‘buena’, la hermana María, que incluso hizo poco menos que de Celestina entre los militares que custodiaban el exterior y las reclusas. Y conocemos la identidad del capellán, Leandro Echevarría, a quien tachan algunas de ‘demonio lujurioso’, y el nombre de la superiora, Simona Azpiroz, que dirigió la cárcel con mano de hierro”, describe Badiola.

Miseria, hambre y frío

En aquel infierno hubo “dos períodos claramente diferenciados”. “Entre 1939 y 1940 fue Hospital Prisión, un centro de reclusión provisional, para mujeres que no tenían cabida en las sobresaturadas prisiones oficiales”, mientras que entre 1940 y 1947 “se convirtió oficialmente en Prisión Central de Mujeres de Amorebieta, un centro de cumplimiento al que fueron trasladadas reclusas de todo el Estado”.

“Este segundo período fue especialmente terrible, por el hambre y los fallecimientos. Es verdad que en todas las prisiones de Franco se vivieron experiencias similares, de miseria, hambre, frío y hacinamiento, pero he creído necesario volcar en este texto la experiencia propia de las reclusas que estuvieron en Amorebieta y, en la medida de lo posible, poner nombre y apellidos a esa miseria, ese hambre, ese frío y ese hacinamiento”, señala la autora.

El libro refleja el testimonio de Tomasa Cuevas, una histórica militante comunista que sobrevivió al horror de aquella prisión. “Cuando amaneció empezamos a vernos las caras y era de verdadera pena el ver a aquellas mujeres de Amorebieta –señaló–. Estaban consumidas y tenían la piel amarillenta hasta tal extremo que empezamos a llamarlas ‘las de raza amarilla’. Unas semanas más tarde teníamos el mismo color que ellas, causado por el hacinamiento, la suciedad y la escasa comida”.

“Murieron sin nombre”

Badiola tiene esos testimonios grabados en la memoria. “Si en todas las cárceles de mujeres se pasaba hambrela de Amorebieta se llevó la palma”, sostiene. Teopista Bárcena, otra de las ex presas que aparece citada en el libro, incidió precisamente en ese aspecto. “Las condiciones de vida eran similares en todas las prisiones; poca comida, mucho frío, a veces insoportable al ser el suelo de cemento y sin ninguna calefacción. Hasta el punto de que el frío del propio cuerpo se sentía más que el hambre y la comida era mala y escasa. Los castigos eran habituales por cosas nimias”, contó.

La vida se confundía allí con la muerte, tal como se describe en distintos pasajes de la obra de Badiola. “Las mujeres tuvieron que ver morir a sus hijos o sufrir su separación forzosa. Porque los niños, al cumplir tres años, eran separados de sus madres por imperativo legal. Ellos, aquellos niños, son, a día de hoy, los grandes desconocidos de nuestra historia reciente, ya que nunca figuraron en ningún registro penal, ni en Amorebieta ni en ninguna otra cárcel. Tampoco los partes oficiales que informan de su fallecimiento hacen referencia a identidad alguna. Murieron sin nombre y sin que se conociese su tragedia”, reflexiona la historiadora.

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Fotografía destacada: Imagen de la cárcel de mujeres de Amorebieta cedida por la editorial Txertoa.

Fuente:https://www.publico.es/politica/memoria-historica-cementerio-vivas-funciono-tenebrosa-carcel-mujeres-amorebieta.html

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‘Frente a frente’, disparos al horror de la Guerra Civil española desde ambos lados de la trinchera

El Museo Nacional de Antropología (Madrid) acoge una exposición de Constantino Suárez y Florentino López, dos fotógrafos que retrataron la contienda desde frentes opuestos.

El organismo también recoge y documenta testimonios en vídeo de supervivientes de la Guerra Civil, una iniciativa que busca que se pierda el miedo a la memoria histórica.

eldiario.es / José Antonio Luna / 29-09-2019

Las consecuencias de la Guerra Civil española continúan presentes 80 años después. La contienda que dividió a vecinos y familiares tiene su particular lucha en la actualidad: busca ser recordada. Aquellos que sufrieron las consecuencias, tanto de las batallas como de la represión franquista posterior, alzan hoy una voz que por fin puede ser escuchada. Esto tiene su reflejo a través de diferentes patas de la cultura, ya sea con películas como La trinchera infinita o con exposiciones que nos permiten poner en contexto lo sucedido.

Es el caso de la muestra Frente a Frente. Dos visiones fotográficas de la Guerra Civil, disponible Museo Nacional de Antropología (Madrid) hasta el próximo 13 de octubre. En ellas se presentan los documentos gráficos de 1936 y 1937 de dos fotógrafos apostados en distintos extremos de la contienda. Por un lado está Florentino López “Floro”, que retrató desde el punto de vista golpista los efectos de la guerra en Oviedo; y por otro Constantino Suárez, reportero gráfico del bando republicano en Gijón.

“La necesidad de buscar refugio, moverse entre territorios divididos entre dos bandos… Son experiencias individuales pero que en el fondo son testimonios indicadores que nos hablando de fenómenos colectivos”, explica a eldiario.es Fernando Sáez, director del Museo Nacional de Antropología.

Hombres desenganchando los arreos de un caballo muerto. Oviedo, 1936. FLORENTINO LÓPEZ, «FLORO». MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

La documentación de la vida cotidiana en el campo de batalla y en la retaguardia, independientemente de hacia qué lado dispare el objetivo, es la prioridad de una muestra que tiene como objetivo la reivindicación de la memoria.

“Este es un tema que sigue sin dejar indiferente a nadie, porque no se han hecho los procesos adecuados para que se pueda hablar entre todos, sino que se ha fomentado la idea de que hay que olvidar”, reinvindica el encargado de la institución. Las instantáneas presentadas son especialmente valiosas porque suponen una documentación de primera mano. “Algunas fotos están tomadas prácticamente instantes después de que pegaran el tiro”, añade.

Soldados republicanos en la trinchera CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Otras capturas, al contrario, muestran los momentos previos a que comenzara el intercambio de balas. Es el caso de la favorita de Sáez, que muestra a unos combatientes republicanos en una trinchera al amanecer con los montes asturianos a sus espaldas. “Se aprecia justo cómo entra el Sol por la trinchera y les da en el casco y en la cara, poco después de despertarse y medio asustados porque con el amanecer también empezaban los tiros”, recalca.

Pero no solo las escenas bélicas definieron esta etapa. También la hambruna, las largas colas para conseguir alimentos o las ruinas de edificios que, al igual que la población, sufrían las consecuencias de los proyectiles. La vida tras la guerra intentó seguir su curso, pero ya nada era igual.

Por esta razón, en relación a esta muestra, el Museo Nacional de Antropología ha impulsado también un proyecto de memoria histórica con el que invita a enviar sus testimonios en vídeo a todas aquellas personas que quieran contar historias relacionadas con la Guerra Civil. La idea es hacer un mapa de relatos colectivo con diferentes prismas , archivándolos y poniéndolos a disposición del público, ya sean de supervivientes o de los descendientes de aquellos que perdieron su vida. Porque, ahora sí, todos son escuchados.

Cola de milicianos republicanos para recibir el rancho durante la ofensiva de Oviedo, 3 de marzo de 1937 CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Civiles huyendo por la calle Uría durante un bombardeo del ejército republicano a la Estación de Ferrocarr il del Norte. Oviedo, 1936. Florentino López, «Floro». Museo del Pueblo de Asturias

Daños producidos en un edificio de la plaza Seis de Agosto por los bombardeos de la aviación franquista. Gijón, 14 de octubre de 1937 CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Miembros de las Juventudes Socialistas Unificadas. Gijón, 29 de marzo de 1937. CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Miembros de las milicias de Falange Española se preparan para un desfile en Oviedo. 1937. Florentino López, «Floro». Museo del Pueblo de Asturias

Cola en la Plaza Mayor para obtener víveres en la Pescadería Municipal. Gijón, 14 de febrero de 1937. CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Comedor del Cuartel de Milicias Regimiento «Máximo Gorki». Gijón, 2 de febrero de 1937. CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Cola a la espera de un convoy con suministros en la calle Argüelles. Oviedo, 1936 FLORENTINO LÓPEZ, «FLORO». MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Reparto a los niños del Refugio Santo Ángel y del orfanato de la calle Ezcurdia de juguetes traídos de Francia por suscripción popular y distribuidos por el Socorro Rojo. Gijón, 12 de febrero de 1937 CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Refugiados en el comedor del Colegio Santo Ángel. Gijón, 2 de enero de 1937. Constantino Suárez CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

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Fotografía destacada: Profesora con un niño en el Orfanato «Rosario de Acuña», de la ATEA (Asociación de Trabajadores de Enseñanza de Asturias). Somió (Gijón), 2 de enero de 1937. CONSTANTINO SUÁREZ. MUSEO DEL PUEBLO DE ASTURIAS

Fuente:https://www.eldiario.es/cultura/historia/Guerra-Civil-imagenes_0_946306014.html

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Otros 16 cuerpos exhumados en la tercera mayor fosa de Navarra: “Me enseñaron a no odiar, pero no olvido”

Familiares de fusilados han recordado la exhumación que ya se llevó a cabo en la misma parcela en el 79: “Olvidar no, jamás”.

Se estima que de los dieciséis cuerpos exhumados en la localidad navarra de Ollacárizqueta, al menos dos pertenecen a varones de menos de veinte años de edad.

No se descarta que haya más fosas en las cercanías. En el año 79, en ese mismo lugar, los vecinos de la localidad de Sartaguda exhumaron otros 17 cuerpos.

eldiario.es / Amaia Otazu / 30-09-2019

La emoción de Lucía al aproximarse a la fosa en Ollacárizqueta en la que se han hallado a nueve de los dieciséis fusilados tras el golpe militar de 1936 es palpable. Lucía es nieta de Jesús Moreno Sádaba. Hace cuarenta años fue a esta misma parcela -en el término de Iruzkun, a 12 km de Pamplona (Navarra)-, para sacar de una fosa próxima a su abuelo y a otros dieciséis vecinos de Sartaguda. “Me mataron a los dos abuelos, el paterno y el materno, y a un tío”, explica. Entonces, en el año 1979, vino acompañada por su cámara de fotos y por sus padres. Tiene hasta diez álbumes con imágenes de cuerpos exhumados, lugares, noticias y anotaciones. El lugar exacto donde asesinaron a su abuelo se conoce porque una pastora -que entonces no superaba los nueve años- presenció el asesinato. Se niega a olvidar. Emocionada, contempla la exhumación de los nueve cuerpos que yacen apilados en una de las fosas y recuerda la frase de su madre cuando lograron devolver a su abuelo a casa: “¿Dónde están aquellos hombrones que se llevaron con tanta carne? Ahora son solo huesos”.

Exhumación en Ollacárizqueta: hallan a 16 fusilados más

En esta ocasión, las dos fosas han podido ser descubiertas -una con nueve cuerpos, la otra con siete- gracias a la información inicial facilitada por Félix Echalecu, un vecino que fue obligado a realizar la fosa y que presenció las ejecuciones. El testimonio de Echalecu recoge que “aquel día trajeron 17 esposados de dos en dos, los metían como a corderos en la primera borda… Un pistolero le pegaba un tiro en el corazón y caía; en la parte derecha el segundo pistolero le pegaba un tiro de gracia”.

El Instituto Navarro de Memoria Histórica, en colaboración con la Sociedad de Ciencias Aranzadi, lleva trabajando en esta fosa una semana. Este lunes han exhumado a nueve, y el martes proseguirán con el resto. No contaban con que fuera a haber tantos restos humanos en una misma tumba, aunque sospechan que aún puede quedarles por descubrir dos o tres fosas más en ese mismo terreno.

Blanca, al igual que Lucía, también es nieta de uno de los fusilados y exhumados en el 79 en este mismo término. A su abuelo lo mataron cuando solo tenía 33 años y tres hijos. Han vuelto a presenciar esta última exhumación al reconocer en las noticias la borda que hay justo al lado de las fosas. Recuerdan la exhumación de hace cuarenta años por la enorme emoción del momento: “Entonces todavía quedaban vivos muchos hijos de fusilados. A algunos se les reconocía quiénes eran por la ropa, por las zapatillas”. Blanca rememora la recuperación del cuerpo de su abuelo: “Mi madre no tiene recuerdos de él porque solo tenía 20 meses, pero mi tío, sí. Él tenía 9 años. Cuando abrieron la fosa se reconocía a mi abuelo fácilmente y mi tío no pudo sacarle, no pudo”. A su lado, otra mujer, también familiar y presente en ambas exhumaciones, recuerda: “De todas las imágenes, la que más tengo grabada fue la de ‘la Glorilla’. Estaba su padre, que se lanzó allí…Aún se me pone la carne de gallina”. Poco antes de acercarse a contemplar la fosa abierta, rememora: “Mi abuela siempre recuerda las últimas palabras que le dijo mi abuelo: ‘No dejes a los chiquillos ni un solo día sin llevarlos a la escuela’. Entre las dos recuerdan los casos de varios vecinos a los que un día se llevaron, nunca volvieron, y detrás dejaron a numerosos hijos e hijas huérfanos.

Reconocen que siempre se ha sabido que había más cuerpos, pero no había los medios de ahora. Blanca asegura que hace cuarenta años se vino a escondidas: “Era a principios del 79, la Transición acababa de empezar. La pastora que había presenciado de chiquilla el asesinato dijo dónde estaban los cuerpos. Se vio que había más, pero no podían hacer nada y dejaron marcado el lugar”.

Miguel Vidart, propietario de los terrenos donde se localizan las fosas, cuenta que cuando asesinaron a los allí hallados, su abuelo era el alcalde del municipio. “Venían de la cárcel de Pamplona y, normalmente eran falangistas”. Vidart cuenta que su padre fue movilizado y estuvo trabajando en el Fuerte de San Cristóbal, cárcel republicana donde se produjo una de las mayores fugas de la historia. Respecto a la exhumación de tantos cuerpos en sus terrenos, explica que “las cosas han ocurrido como han ocurrido y lo normal es que se esclarezca, que se sepa la verdad”.

La consejera de Relaciones Ciudadanas del Gobierno de Navarra, Ana Ollo, ha visitado el lugar donde se llevan a cabo las excavaciones y ha agradecido el trabajo de los familiares de Sartaguda, “que hace 40 años desenterrasteis de aquí a vuestros familiares”. Ollo ha apuntado -en referencia a los alumnos del instituto de Cizur presentes en el lugar- que “es fundamental vincular este pasado al futuro, a la juventud que a través del Programa Escuelas con Memoria habéis podido conocer de primera mano lo que sucedió aquí hace 80 años”.

El Gobierno de Navarra ha animado a cualquier persona que pueda tener información relativa a localizaciones de fosas o enterramientos a compartir su testimonio poniéndose en contacto con la Dirección General de Paz, Convivencia y Derechos Humanos a través del correo pazyconvivencia@navarra.es.

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Fotografía destacada: exhumación_ollacarizqueta_2

Fuente:https://www.eldiario.es/norte/navarra/Exhumacion-Ollacarizqueta-cuerpos-vuelven-casa_0_947705925.html

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Matad al republicano, desvalijad al muerto: el robo del reloj como símbolo de la represión franquista

Los falangistas no sólo mancillaron sus cuerpos, sino que también lucieron los bienes sustraídos ante sus vecinos, para escarnio de las familias. El nieto del alcalde Clemente Amago aguarda que las agujas señalen dónde yacen sus restos.

publico.es / Henrique Mariño / 01-10-2019

Cuando un falangista asesinaba a un republicano y le robaba el reloj de bolsillo, rompía una cadena. No sólo la leontina, sino también el cordón umbilical que mantenía unidos a aquellos hombres con sus antepasados. El reloj se heredaba de padres a hijos. Los matones, con ese gesto de desvalijar al muerto, no sólo usurpaban un artilugio que medía el tiempo, sino que paralizaban el tiempo mismo. O sea, la memoria.

“El paseo estaba vinculado a un ritual, donde el saqueo de la víctima tras su asesinato era la norma. Primero le quitaban el dinero y el reloj; luego el abrigo, los zapatos, el cinturón y hasta la boina”, asegura el historiador Xosé Ramón Ermida, quien matiza que el relato procede de la tradición oral, aunque “es cierto no por repetido, sino que también está documentado”.

Clemente Amago era el alcalde socialista de la localidad asturiana de Santiso d’Abres, donde había nacido en 1898 en el seno de una familia de labradores con cuatro hijos y otras tantas vacas. “Una casa pudiente, construida con la ayuda de las remesas de quienes se habían ido a Cuba”, recuerda su nieto, Pedro Amago. A los veinticuatro años, se marchó a Argentina, después de que un tío lo llamase para trabajar como administrador de una hacienda. En 1924, reclamó a su prometida, Regina Llenderozos, quien se empleó en una tienda de confección. Dos años después de llegar a Córdoba, contrajeron matrimonio.

La pareja decidió volver a Asturias durante su luna de miel y los padres de Clemente le pidieron que se quedasen en su tierra. “Arrendaron la casa de un tío que la había hipotecado a la banca de los Casas, en Ribadeo, y allí vivieron hasta 1936, cuando pasó lo que ya sabemos”. Los puntos suspensivos de Pedro aventuran su desventura. Su abuelo había tomado posesión como alcalde el 20 de marzo, tras resultar vencedor en las últimas elecciones de la Segunda República.

Sólo tuvo un hijo, José Manuel, quien tenía nueve años cuando se lo llevaron. Se había zafado de varios registros gracias a Manuel Cotarelo, comandante del puesto de la Guardia Civil en el citado pueblo gallego, que comparte en la otra orilla las mismas aguas del Eo. Su amistad con el mando le permitía eludir los controles de los subordinados, hasta que un día llegaron los militares de Lugo y Cotarelo no pudo dar aviso. “Guiados por el jefe de la Falange en Santiso d’Abres, Luis Díaz-Sanjurjo Miranda, un vecino suyo, entraron en su vivienda para detenerlo”.

Pedro Amago sujeta el retrato del alcalde socialista Clemente Amago y su mujer, Regina Llenderozos. / P.A.

El crío, cuando regresaba del arroyo donde lavaban la ropa, se cruzó con sus padres. “Vete para casa, que voy a hacer un recado y enseguida vuelvo”, le dijo Clemente, quien jamás volvería a ver a su hijo. El pequeño José Manuel, tampoco a su padre: nada se sabe del lugar donde reposan sus restos.

Regina regresó sin su marido, a quien habían dado caza. Abajo, en el riachuelo, se escucharon unos disparos. Entonces, ordenaron que le llevasen una muda a la carretera general. “Lo torturaron cruelmente en el cuartel de la Falange, lo metieron en una camioneta y se lo llevaron a Lugo. Hubo quien dijo que le habían roto los brazos”, relata su nieto, quien rememora las palizas que sufrieron otros paisanos.

Un adepto al régimen recomendó al hermano de Regina, Ramón Llenderozos, que se presentase ante las autoridades de la capital lucense porque, como no había cometido ningún delito, no debía temer represalias. Así lo hizo Ramón, también concejal de Santiso, acompañado de su cuñado, Manuel García Miranda. “Desde ese momento, la única noticia sobre ellos es que están enterrados en una fosa común en Rábade”.

El alcalde fue sustituido al frente del Consistorio el 3 de agosto de 1936. No habían pasado dos meses cuando fue detenido. Paradójicamente, la familia recibió una honerosa multa. “Por abandonar sus funciones como alcalde, cuando lo habían echado y puesto como regidor a Pedro García López, un adepto al régimen”, comenta sorprendido su nieto, quien recuerda que dos ediles socialistas se vieron forzados a tomar posesión de sus actas para blanquear el nuevo Gobierno municipal.

José Benito González y Ramón Miranda, compañeros de partido, presentaron al mes su dimisión, alegando que al haber pertenecido a la anterior Corporación no era ético formar parte de la nueva, argumenta Pedro Amago. El teniente alcalde, Miguel Piñeiro, permaneció escondido durante meses hasta que logró huir a Cuba. Precisamente, en el bar del primero, Casa Benito, el jefe de la Falange entregó el reloj de Clemente un par de días después de su arresto y dio aviso para que la familia fuese a recogerlo. “Atilano Lodos Legazpi iba en la camioneta en la que trasladaron a mi abuelo”.

¿Por qué los asesinos no se quedaron con el reloj? ¿Acaso no lo lucieron en una taberna para sembrar el terror entre los vecinos? ¿No le sacaron al menos unas perras con su venta? La explicación es sencilla: aquellas agujas se habían quedado paradas tiempo atrás, en Argentina. Era un regalo de Regina, pero durante una escapada a un lago, se le cayó al agua y nunca más volvió a dar la hora. Mudo, el reloj regresó a Galicia y cayó en el olvido de un cajón hasta que un tictac sonó en la mente de su dueño.

Informe donde el alcalde franquista de Santiso que sucedió a Clemente Amago afirma que “no hubo detenciones”. / P.A.

Presintiendo que la sombra se cernía sobre sus talones, Clemente trató de escapar a Taramundi, aunque no llegaría lejos. “Dado que la situación era muy tensa e intuía el peligro, se llevó el viejo reloj estropeado. Como un recuerdo, porque sospechaba que ese día podría pasar algo”. Así fue.

– Pedro, a su abuelo supuestamente lo ejecutaron en la carrera de Santiso a Lugo, mas nunca se encontró el cadáver.

– Es probable que nunca llegara a Lugo, porque de lo contrario habría registros, pero no encontramos rastro de él en ningún archivo. Un vecino que trabajaba en Vilameá, en A Pontenova, constató cómo depositaban a los represaliados en una fosa del cementerio. Una vez, pasados los años, le confesó a mi padre que lo habían enterrado allí, aunque tampoco hay datos ni certificados. En el Ayuntamiento, consta que en el camposanto había entre siete u ocho asesinados con certificado de defunción, además de otros tantos cadáveres de sexo masculino sin identidad conocida. Sospechamos que uno puede ser mi abuelo. En todo caso, desaparecieron muchas actas municipales, por lo que podrían ser más.

– Santiso-Lugo, el limbo de los ejecutados.

– A los detenidos en esta zona limítrofe se los llevaban a la capital de provincia, pero como Galicia ya estaba tomada por los franquistas, los mataban nada más pasar la frontera. Luego dejaban sus cuerpos en un sitio inhóspito o en un cruce de caminos, para escarmentar a la población. Al cabo de un par de días, los enterraban en el cementerio de Vilameá.

– ¿Hay alguna posibilidad de encontrarlo?

– Resulta muy complicado, ya que es un cementerio muy antiguo. Los enterraron en el civil, pero cuando ampliaron el religioso, se trasladaron los restos y allí construyeron nichos. Hay una esquina donde quizás hayan depositado lo que quedaba de ellos. En todo caso, si fuese así, estarían apiñados con los fallecidos en otras épocas.

– Aunque estuviese estropeado, ¿por qué le devolvieron el reloj a su familia? ¿Querían dejar patente su poder e impunidad?

– Pretendían demostrar eso y, al tiempo, infundir terror y sembrar el pánico. Era una prueba de que todo se había acabado: “Aquí os dejo el recuerdo”. Porque lo más fácil hubiera sido tirar a mi abuelo con el reloj.

La frontera de la muerte

Xosé Ramón Ermida señala que los sitios escogidos para dejar los cadáveres eran ayuntamientos fronterizos entre provincias o regiones, para enmarañar administrativa y burocráticamente su hallazgo. Entre Asturias y Galicia, además, mediaba un río. “La represión de Franco fue muy dura contra los vecinos del pueblo”, explica el historiador de Foz, municipio lucense situado a media hora del asturiano Santiso d’Abres [en castellano, San Tirso de Abres], quien subraya la hermandad entre ambas orillas del Eo.

El reloj de bolsillo de Clemente Amago, víctima de la represión franquista. / ARCHIVO FAMILIA AMAGO

“Era una zona republicana, pero las tropas nacionales llegadas de Galicia a finales de julio de 1936 tenían como objetivo la zona minera de A Pontenova [doce kilómetros río abajo]. Entraron por dos frentes, instalaron ametralladoras y la iban a liar gorda, si bien ese día no hubo muchas bajas, pues los mineros lograron huir porque conocían las galerías y las vías de escape”, añade Pedro Amago.

Ejecutados o a la fuga, el escarnio no cesó con la muerte ni con la ausencia. Saqueaban a las víctimas después de asesinarlas y algunos matones lucían el botín en público. “El robo del reloj por su verdugo es un hecho recurrente y hay miles de ejemplos. Fue una práctica muy extendida”, afirma Ermida, quien este domingo estará presente en el homenaje que Memoria da Mariña brindará en Santiso a las víctimas del franquismo en la cuenca del Eo, entre ellos Amago, Miranda y Llenderozos.

Además, los seis represaliados sin identificar que yacen en la fosa común del cementerio parroquial, asturianos de localidades vecinas encarcelados en Castropol, serán honrados con una placa. Rendirán una ovación a Pablo Martínez Crespo, maestro en Trabada, quien trató de defender la República en Figueiras hasta que fue encarcelado. Tampoco habrá olvido para otros dos asesinados en Santiso, Xosé Suárez Novás y Xosé María Jardón, cuyos cuerpos nunca fueron hallados.

En los actos, donde se ensalzará la figura del guerrillero Luís Trigo O Gardarríos, estarán presentes su nieta, Fernanda Cedrón, y Francisco Martínez Quico, uno de los últimos maquis antifranquistas vivos. “El escenario del homenaje tiene sentido y una significación especial, pues este Ayuntamiento fronterizo entre Asturias y Galicia fue usado tanto como lugar de ejecución como para cavar fosas comunes, pues así dificultaban el reconocimiento de las víctimas”, insiste Ermida.

Robar el reloj, un acto “degradante”

¿Volverán algún día los relojes a dar la hora? ¿Contarán el tiempo transcurrido desde que se paró? ¿Señalarán las agujas a sus verdugos? ¿Habrá reparación y justicia?

¿Tictac?

La historiadora Ana Cabana Iglesia, en La derrota de lo épico (Universitat de València), subraya que “quedarse con las pertenencias de un muerto era visto como degradante, incluso en el caso de un asesino que, en principio, podría parecer que no podía incurrir en un acto que lo denigrara más”. Pero así fue.

Ermida recuerda que el falangista José Bargueiras, un casero de A Pastoriza que participó en la derrota y represión de la resistencia en la frontera lucense-asturiana, se quedó con el bien más preciado del republicano Antonio Álvarez tras detenerlo en A Fonsagrada y asesinarlo en Negueira de Muñiz. “Su actuación como represor está documentada por múltiples testimonios, aunque ninguno como una causa militar que refleja ese crimen”, indica el historiador.

El falangista y represor José Bargueiras, tras ganar una quiniela, en una foto del ‘Diario de Burgos’. / C.T.

“Tras matarlo, la columna fascista se reparte todas las posesiones del muerto. Dos mil pesetas y todo lo que llevaba encima: uno se queda con el chaquetón; otro, con la boina, otro, con los zapatos; y Bargueiras, con el reloj, que intentó vender en la feria de Castro de Rei. Ese documento oficial confirma un hecho transmitido a través de la memoria oral: los asesinos y represores se quedaban con las pertenencias y los relojes de las víctimas”, explica Ermida.

Cabana define a Bargueiras como “un represor sin escrúpulos que tuvo uno de sus centros de operaciones en el Ayuntamiento de Castroverde, pero que no dudó en asesinar a un vecino suyo”. Por ello, la comunidad justificaba la ejecución de “los falangistas que rompieron los códigos”, del mismo modo que “los ajustes de cuentas no estaban sancionados”, subraya la profesora de la Universidade de Santiago en su libro.

“Este tipo de muerte se entiende como merecida y se insiste en que no le faltaban objetos personales que, primero, no igualaran ese acto de justicia con un robo cualquiera y, segundo, no implicara uno de los aspectos que más se les reprochaba a los represores falangistas, el mancillamiento de un cadáver y el robo de sus enseres”, escribe Cabana. Es decir, que un guerrillero no debía hurtar las pertenencias de un represor para dar fe de que aquella muerte era política y respondía a una venganza.

Así, insiste la historiadora en Sobrellevar la vida. Memorias de resistencias y resistencias de las memorias al franquismo, era clave que no pudiera alegarse que se había ultrajado “con violencia post-mortem” el cuerpo de un matón ni quitarle sus posesiones, por insignificantes que fuesen. Hacerlo se consideraba “una actuación despreciable y denigrante, incluso en el caso de un represor que ya había cometido la vileza de asesinar”, explica en el citado texto, incluido en el libro colectivo No solo miedo. Actitudes políticas y opinión popular bajo la dictadura franquista (Comares).

La tradición oral ha traído hasta nuestros días la copla dedicada al comandante José Moreno Torres, asesinado por falangistas en A Fonsagrada tras combatir junto a otros anarquistas en el frente de Asturias, que cayó en manos de las tropas rebeldes en octubre de 1937. Un romance de ciegos dedicado a su figura relata el robo de su zamarra y su reloj una vez muerto.


Con una buena zamarra del comandante Moreno,
paseaba en Fonsagrada el otro día un caballero.
Paseaba en Fonsagrada con la zamarra de cuero,
y un chistoso le decía:
¿qué buen mozo estás, Moreno?
¿Dónde está el reloj de oro del comandante Moreno?
Seguramente se gasta en el pueblo del Acebo.
¿Dónde está la cazadora del comandante Moreno?
Seguramente se gasta muy cerquita de San Pedro.

 

Ana Cabana también se hace eco de la rapiña que sufrió el alcalde de Arzúa, Juan Manuel Vidal García, quien había construido escuelas en varias parroquias de su municipio con el dinero que mandó cuando estaba emigrado en Argentina. “Su cartera y un reloj de oro que tenía se lo vieron luego a uno de Arzúa, a un señor de derechas”, le dijeron a Daniel Lanero, quien recogió el testimonio en el libro Os remendos da memoria. A represión franquista no Concello de Arzúa, editado por el Ayuntamiento coruñes. “Sí, le robaron el reloj, pero no se lo quitó una persona de Arzúa, y quien lo llevaba era un municipal de Santiago”, aseguró otra fuente.

La profesora de la Universidade de Santiago sostiene que las fuentes orales coinciden en la carga metafórica del hurto. “Lucen los enseres sustraídos delante de vecinos y familias de las víctimas, para mayor escarnio. En ese reloj que funciona para el represor como un trofeo (era un efecto personal que inequívocamente identificaba al propietario), hay mucho más que la apropiación de un objeto (probablemente el único) con valor económico. Detrás se encuentra otra fórmula de represión simbólica, de ahí que el relato incida en ese punto: el reloj se acostumbraba a heredar de padres a hijos en las comunidades rurales, su sustracción rompía con la cadena, impedía al sucesor tener un recuerdo físico del progenitor muerto que posibilitara una memoria cotidiana y viva del represaliado”, escribe en Sobrellevar la vida.

El reloj de Clemente sigue en manos de Pedro, pese a que no dé la hora.

Clemente no está en manos de nadie, aunque ya va siendo hora.

El “trágico talismán” de Alonso Román

Otros relojes fueron conservados por las familias antes de que les quitasen a los suyos. Cuando la investigadora estadounidense Francie Cate-Arries entrevistó a Lucía Román en su casa de Benamahoma, en la sierra de Grazalema, la nieta de Alonso tenía a su lado el “tesoro familiar que su abuela Fermina había escondido a raíz del asesinato de su esposo”. El legado de Pepe, su padre, quien se había librado de la muerte tras recibir la extremaunción ante la tapia de la iglesia de aquella pedanía gaditana.

Clemente Amago, víctima de la represión franquista, cuyo cuerpo jamás apareció. / ARCHIVO FAMILIA AMAGO

Un maestro falangista intercedió antes del fusilamiento y pudo contarlo, incluida la venganza que acabó con el cabeza de familia. En realidad, los matones iban a por él, mas como se había echado al monte y no lo encontraron en casa, arrestaron a su progenitor, escribe la profesora de la Universidad William & Mary (Virginia) sobre el terror caliente en Cádiz en el Journal of Spanish Cultural Studies. Setenta años después, sus restos fueron exhumados del cementerio de El Bosque y trasladados a Benamahoma, donde reposa la memoria de Alonso Román.

“Rara vez habló Pepe del trauma que sobrevivió. Pero siempre durmió al lado del reloj del padre desaparecido, trágico talismán que se colgaba como crucifijo en la cabecera de la cama, recordatorio en este caso del sacrificio no del hijo sino del padre”, recuerda Francie Cate-Arries en el artículo “De puertas para adentro es donde había que llorar”: El duelo, la resistencia simbólica y la memoria popular en los testimonios sobre la represión franquista.

La opresión del régimen amordazó a la familia, silenciada durante décadas. “No pudo llorar a los muertos. Estaba prohibido”, le contaba Lucía en 2013 a la profesora de Lenguas y Literaturas Modernas, quien subraya que aquel reloj de bolsillo “permite activar un duelo subversivo en privado para la generación que vivió el trauma y también estructurar la posmemoria de la nieta que narra el testimonio”.

En el extremo opuesto de la península, Pedro Amago sigue residiendo en el viejo caserío de su abuelo, después de que sus antepasados lograran comprarlo en una subasta celebrada en 1944. “Aquí nacimos tres hermanos y aquí seguiré viviendo yo”.

¿No rezuman demasiados recuerdos luctuosos esas paredes? “Vivir aquí trae añoranza”. ¿Y el retrato de sus abuelos? “Ahí sigue colgado. Regina murió en 1979 y me quería contar cosas, pero yo era joven y no le tiré de la lengua. Ella deseaba relatarle todo lo que pasó a sus nietos, al revés que muchas familias, en cuyas casas no se habló más del tema”.

Ahora nadie le da cuerda al reloj de Clemente.

“Mi abuela, en cambio, no calló. Quería hablar. Me arrepiento de no haberla escuchado entonces”.

Reloj… marca las horas.

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Fotografía destacada: Clemente Amago, víctima de la represión franquista, y el reloj que conserva su nieto. / ARCHIVO FAMILIA AMAGO

Fuente:https://www.publico.es/politica/franco-reloj-simbolo-represion-franquista-republicanos-falangistas.html

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Ascensión Mendieta: una luchadora incansable

Ascensión Mendieta luchó toda su vida por encontrar a su padre, Timoteo, sindicalista que fue ejecutado tras la Guerra Civil española en la localidad de Guadalajara. Lo encontró hace dos años, después de que su testimonio valiera para la “Querella argentina”, el proceso por el que se quiere condenar a los responsables de las represiones del franquismo, a través del principio de justicia universal. Esta semana Ascensión murió con 93 años. Los mismos que tenía nuestra Ana González.

theclinic.cl / Carolina Espinoza Cartes / 29-09-2019

Son los últimos días del verano en Madrid. Hace mucho calor a las 4 y media de la tarde y casi nadie pasa por los alrededores del Cementerio de La Almudena. A la entrada, espera un grupo de gente que ha llegado de diversos sitios de España con banderas republicanas, claveles rojos, y coronas. Vienen a despedir a Ascensión Mendieta, una mujer que luchó durante toda su vida por encontrar a su padre, Timoteo Mendieta, fusilado el 15 de noviembre de 1939, siete meses después del término de la Guerra Civil Española. Para despedirla, una soprano rusa entona “Gracias a la vida” de Violeta Parra, como queriendo unir el dolor de los dos países, que han compartido los horrores de una dictadura.

 

¿Quién era Ascensión Mendieta?

Para conocer su vida, hay que remontarse a 2017 y trasladarse al Cementerio de Guadalajara, una ciudad española a 80 kilómetros de Madrid. ¿El escenario? una mañana soleada y muchos forenses, psicólogos, antropólogos y voluntarios que trabajan en torno a la exhumación de una fosa común.

De Timoteo Mendieta, nos han quedado los huesos, que permitieron armar su esqueleto destruido. Los huesos de Timoteo, lo único que los nietos y la hija pudieron recuperar de él, huesos callados, silenciosos, pero tan elocuentes que permitieron identificarlo, es decir, nombrarlo. Volver a reunir un cuerpo, o lo que queda de un cuerpo, y su nombre… Con todo lo que se cifra en un nombre. No hay nada tan material, tan físico, en un ser humano como los huesos. No hay nada tan abstracto, tan etéreo, en el derecho, como la justicia; incluso hablamos de la idea de justicia.

Quienes acarrean palas, carretillas y cepillan con la delicadeza de un joyero los restos encontrados, son voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, ARMH. Entre ellos también hay cierta presión: es la segunda excavación que realizan con el mismo objetivo. La primera no tuvo resultado y dejó una gran decepción a la verdadera artífice de la búsqueda: la hija de Timoteo, Ascensión Mendieta, quien a sus –entonces-91 años aún no perdía la esperanza de encontrar los restos de su padre, a quien dejó de ver a los 13 años.

 

El hombre que se busca tras puñados y puñados de tierra áspera, dura y seca, no es cualquiera. Timoteo Mendieta era presidente del Sindicato de la Unión General de Trabajadores, UGT, de su pueblo, Sacedón, ejecutado tras un consejo sumarísimo y condenado a muerte por “auxilio a la rebelión”. Tenía 41 años cuando lo mataron y arrojaron su cuerpo a la fosa común que se abrió, 80 años después.

 

La exhumación de esta fosa, fue posible gracias a una querella presentada por organizaciones humanitarias de Argentina y España en 2010 en los tribunales de Buenos Aires, para investigar sobre el genocidio y los crímenes de lesa humanidad cometidos contra miles de personas durante la Guerra Civil y la dictadura franquista. La llamada “Querella Argentina” se abrió aludiendo al principio de jurisdicción universal y es la única abierta por las violaciones de derechos humanos cometidas durante en este oscuro periodo de la historia española.

 

La querella iluminó la esperanza de Ascensión de encontrar los restos de su padre, al punto de cruzar el Atlántico cinco años atrás para prestar declaraciones en el proceso que instruye la jueza María Servini de Cubría. La jueza ordenó buscar a Mendieta en enero de 2016 y debió enviar un nuevo exhorto en 2017 para seguir intentándolo.

 

La cara de satisfacción de la empecinada hija tras conocer que finalmente el estudio forense confirmaba la identidad de los restos, no aparece en este reportaje fotográfico. La dejamos a la imaginación y en memoria de tantos y tantos familiares de víctimas de violaciones de derechos humanos en el mundo, que murieron sin lograr este objetivo.

 

El reportaje fotográfico que cubrió esta segunda exhumación, fue realizado por un chileno, Ignacio Izquierdo. Una foto de las muchas que tomó en la exhumación fue publicada por el diario El País, sin embargo el profesional usó las demás del reportaje, para enviarlas a un concurso internacional de fotografía. Cual fue su sorpresa, cuando hace un mes, recibió por el trabajo la medalla de oro en la bienal “A Photo Reporter”, bajo el título “Memoria histórica”. De esta manera se pudo visibilizar en el extranjero, que un caso como el de Timoteo Mendieta es sólo la punta del iceberg de un problema grave en este país sobre la gestión de su pasado.

 

Aún hay restos en las cunetas españolas

En España, hay 114.226 hombres y mujeres que todavía permanecen en fosas comunes, sin haber sido identificados y enterrados de manera digna por sus familiares. Cumple el triste récord de ser el segundo país en el mundo en número de desapariciones después de Camboya.

Las pocas exhumaciones que se han podido realizar desde el año 2000 cuentan con apoyo de privados como la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, donaciones de particulares nacionales y extranjeros, pero en ningún caso con apoyos estatales. La Ley de Memoria Histórica de 2007 fue insuficiente y aunque puso de manifiesto el problema en la opinión pública, no abordó el tema en toda su complejidad y extensión.

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Fotografía destacada: Ascensión Mendieta . Fotos: Ignacio Izquierdo Patiño

Fuente:https://www.theclinic.cl/2019/09/29/ascension-mendieta-una-luchadora-incansable/

Publicado por ARMH
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‘Los Hijos de la Noche’: los anarquistas que sacaron de Zaragoza a 4.000 personas para que no las ejecutasen los franquistas

Eran unos anarquistas que se vieron atrapados en Zaragoza tras el Golpe de Estado de 1936. Su lema era: “No puedes perder más, solo puedes perder la vida”.

Ante la fortísima represión ejercida sobre los activistas de izquierda, decidieron organizar una red de evasión clandestina.

La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA) organiza una marcha desde Fuendetodos hasta Zaragoza para homenajear a “Los Hijos de la Noche” por las mismas vías que recorrieron durante la Guerra.

eldiario.es / Álvaro Castrillo Schneiter / 27-09-2019

“Si esta historia hubiera sucedido en Estados Unidos, tendríamos ya una película de las que llenan las salas de cine”. Enrique Gómez, presidente de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica de Aragón (ARMHA), introduce con esta afirmación su respuesta a quiénes fueron ‘Los Hijos de la Noche’, el grupo de huidos al que van a homenajear durante este fin de semana con una marcha de más de 40 kilómetros entre Fuendetodos y Zaragoza, con posterior comida y música.

‘Los Hijos de la Noche’ eran unos anarquistas que se vieron atrapados en Zaragoza tras el Golpe de Estado de 1936. En un principio no habían planeado nada, pero ante la fortísima represión ejercida sobre los activistas de izquierdas decidieron organizar una red de evasión clandestina para sacar a personas susceptibles de ser ejecutadas por las fuerzas nacionales. Gómez explica cómo “nadie en Zaragoza imaginaba que la represión iba a ser tan brutal”. “Había un sistema de checas perfectamente organizadas que fusilaban sin el menor escrúpulo y al más puro estilo rifeño a todo aquel que fuera sospechoso de ser republicano, libertario o lo que fuere. Una limpieza como la que describían Franco, Queipo de Llano y Mola cuando hablaban de que iban a acabar con dos millones de españoles”.

Ante esta represión, desde octubre del 36 y hasta febrero del 37 ‘Los Hijos de la Noche’ deciden organizar una red de evasión de Zaragoza. “Montaron una red de evasión clandestina para poder sacar el mayor número de personas posible. Primero organizaban el grupo y los subían hasta los montes de Torrero, curiosamente no muy lejos de donde los franquistas tenían su paredón de fusilamiento, y desde ahí, esquivando patrullas y controles, se los llevaban hasta la población fiel a la república más cercana, que era Fuendetodos. Lo hacían en dos tandas: primero salían de Zaragoza e iban caminando hasta el barranco del Diablo, donde hacían noche para seguir al día siguiente hasta Fuendetodos. Unos 42 kilómetros en total con un lema que decía “No puedes perder más, solo puedes perder la vida”, explica Gómez.

Según Gómez, esta red logró sacar de la ciudad a unas 4.000 personas de todas las filiaciones políticas amenazadas y añade que “hubo un punto álgido cuando se disfrazaron de falangistas y cerraron el barrio de Torrero por el puente del canal para poder sacar a más de cien personas hasta que los sublevados se dieron cuenta del engaño y subieron a por ellos. Por suerte no les encontraron”.

Gómez lamenta no conocer la cantidad de participantes ni la identidad de este grupo, ya que llevaron la clandestinidad hasta sus últimas consecuencias, y explica que “sabemos de ellos gracias a algunos testimonios y la única fuente bibliográfica que nos ha quedado es el libro Por qué perdimos la Guerra, del consejero de Economía de la Generalitat, Diego Abad de Santillán, donde se les referencia como grupo, pero no individualmente”.

Cartel de la marcha en homenaje a “Los Hijos de la Noche”

Volver a Zaragoza desde Fuendetodos

ARMHA y otras organizaciones han preparado una marcha en homenaje a ‘Los Hijos de la Noche’ llamada “Senderos de Libertad”, que parte este sábado a las 19 horas desde Fuendetodos y, tras hacer noche al raso, entrará a Zaragoza el domingo alrededor de las 9 horas por Torrero, en sentido inverso al que realizaban los que se evadían. En la ciudad se celebrarán actos de carácter festivo a partir de las 12 horas para reivindicar a este grupo de huidos y dar a conocer su historia.

Entre estos actos destaca la comida popular, paella, y barra que tendrán lugar en el parque de la Paz y las actuaciones musicales en las que participan Andebán, el coro libertario, además de poesía que pondrán el ambiente para recibir a los caminantes a su llegada a la ciudad por el cementerio de Torrero.

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Fotografía destacada: El lema de “Los Hijos de la Noche” era: “No puedes perder más, solo puedes perder la vida”|CGT

Publicado por ARMH