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Publicado por ARMH

Los 17 de El Espinar: 84 años de olvido en las fosas del Guadarrama

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica se ha hecho cargo de la exhumación de un grupo de milicianos abatidos en los primeros días de la Guerra Civil y arrojados a una fosa común en el cementerio de la localidad segoviana de El Espinar.

elsaltodiario.com / Pablo Rivas / 10/09/2020

Tres personas arrodilladas en un rectángulo de 2×2 metros excavado en la tierra a 1,40 metros de profundidad. Junto a ellas —bajo ellas, entre ellas— los elementos de una escena que muchos describirían como macabra: los esqueletos completos de dos hombres. Pincel y espátula en mano, apartan poco a poco la tierra para desenterrar los cuerpos. Es un trabajo minucioso, delicado, como es recoger los huesos y todo lo que allí están haciendo estos voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). No todos los días se desentierra, limpia y cataloga un esqueleto humano, aunque de esto saben mucho estos voluntarios y no es, ni mucho menos, la primera vez que lo hacen.

Aunque la escena, sin el contexto y sin mirar lo que hay alrededor, podría recordar a una excavación en Mesopotamia, estamos en El Espinar, provincia de Segovia. Aquí no hay ni pirámides ni palacios, hay montañas, y tumbas. Estamos en el cementerio municipal. Y hasta hace una semana el espacio que ocupaban las sepulturas 21, 22 y 23 del camposanto local no tenía nombres, ni lápidas. Sí una placa conmemorativa colocada por Izquierda Unida El Espinar —“Vuestro sacrificio es un ejemplo a seguir. Antifascistas caídos en El Espinar, julio de 1936”— hace unos pocos años. Muy pocos comparados con la que lleva ahí la lápida y la leyenda del enterramiento inmediatamente posterior: sobre el mármol una cruz grabada, nueve nombres de militares golpistas, casi todos ellos de oficiales, seguidos de la frase “trece soldados más no identificados” —“la soldadesca siempre fue la soldadesca”, comenta irónico David Ramírez, diez años como voluntario de la ARMH— y la leyenda: “Murieron en combate en el Alto de los Leones del Castilla el 25 de julio de 1936. Descansen en paz”. Descansan en paz desde hace 84 años, algo de lo que no han disfrutado los 17 cuerpos que, como todos los indicios señalan, tienen las tres fosas comunes de al lado. Ni paz, ni reconocimiento. Tampoco sus familias.

Exhumación de la fosa de El Espinar a cargo de la ARMH. ÁLVARO MINGUITO

17 CUERPOS, TRES ACTOS

Esta historia tiene al menos tres actos. El primero comienza el 20 de julio de 1936, dos días después del alzamiento militar y jornada en la que Eugenio Insúa Alós, de 29 años, junto a otros compañeros, se suma al Batallón de la Casa de la Moneda para hacer frente al alzamiento fascista capitaneado por el general Franco y marcha hacia la sierra de Guadarrama para defender, sin instrucción militar y sin apenas un arma, los pasos de montaña que conducían a Madrid desde el norte. Como apunta el vicepresidente de la ARMH y coordinador de la exhumación, Marco González, “estos hombres fueron los primeros que le plantaron cara al fascismo en España y en Europa”.

Una de las voluntarias, limpiando los huesos exhumados de las fosas de El Espinar. ÁLVARO MINGUITO

El segundo es inmediatamente posterior al fin de la dictadura, cuando la viuda de Eugenio, Irene, y su hijo Juan comienzan a indagar en El Espinar sobre qué le pasó.

Y el tercero tiene como protagonistas a los nietos de Eugenio, cuando en los albores del siglo XXI comienzan a intentar la exhumación de los cuerpos de las tres fosas en busca de su abuelo. 84 años después de la muerte de Eugenio lo han conseguido.

“Es una vergüenza que no haya siquiera una oficina donde un familiar pueda llamar a una puerta, sentarse en una propiedad pública, ser escuchado por el Estado, y atendido por el Estado”, denuncia Emilio Silva

“Yo empecé a investigar hace unos doce años, pero mi hermana Ángela empezó como en el 2002”, relata Alejandro Herrera, uno de los nietos de Eugenio Insúa. Su madre ya había escarbado en la historia y conocía un dato crucial, facilitado por Mariano Maricalva, el hijo del enterrador en servicio en los años 30 en el pueblo: “Le dijo a mi madre y a mi tío el lugar donde era”. Un historiador local, Jesús Vázquez, ayudó a cerrar el círculo: “Él tenía los registros de los enterramientos y ahí vieron que los que habían sido matados el 25 de julio habían sido enterrados en 26 en una determinada fosa”. En el registro aparecen 12 inhumaciones el 26 de julio de 1936, con solo un nombre, Enrique Ruiz García, de 23 años. El resto aparecen como “individuos de las milicias marxistas”. Otros cuatro hombres aparecen el día 27: Eugenio García Sáinz y Victoriano Olesa Castillo, registrados como “marxistas”, más dos catalogados como “uno de milicias”. Por último, el documento incluye un “hombre quemado del Ayuntamiento”, enterrado el 1 de agosto.

EL ÚLTIMO REDUCTO

“Lo que estamos buscando aquí es a un grupo de 17 milicianos que, después del llamamiento de sus sindicatos y partidos de izquierda, se alistaron el 20 de julio de 1936 para frenar a las tropas golpistas que venían desde Valladolid y desde Segovia”, cuenta Marco González. Eran trabajadores de la Casa de la Moneda y del Ministerio de Fomento que, en las caóticas primeras jornadas de la Guerra Civil, quedaron atrapados en lo que se convirtió en el último reducto de resistencia de la vertiente norte de la Sierra de Guadarrama, una vez los sublevados ocupan el Alto del León y las localidades colindantes de San Rafael y Villacastín.

Las tres fosas, con unas dimensiones de 2×2 metros, albergan 17 cuerpos según los datos recopilados hasta ahora. ÁLVARO MINGUITO

“Todo pasó en un segundo”, relata Maruja, nonagenaria de El Espinar que en 1936 apenas superaba los diez años. El 25 de julio el pueblo estaba en manos republicanas, “pero salió la Guardia Civil, los requetés y los falangistas y se lio aquí un zipizape que para qué”.

Como recoge el informe elaborado por la ARMH, “en torno a las 15 horas un grupo de milicianos se encontraban comiendo en la plaza, entre los que figuraba Eugenio Insúa Alós. Se abrieron unas ventanas y dispararon sobre ellos, muriendo, entre otros, el citado Eugenio Insúa, cuyo cuerpo fue depositado en una fosa común situada en el cementerio municipal”.

“A los que habían matado en la plaza los subieron en carretillas de estas de las obras al cementerio”, cuenta Maruja, de 95 años, “y al enterrador le hicieron cavar las tumbas para echarlos”

“Aquí hubo una masacre muy grande”, cuenta Maruja, “y los que quedaron que no habían muerto y que estaba tiroteando se metieron al Ayuntamiento, y le prendieron fuego, y según estaba ardiendo y con el humo, se escaparon y se fueron por las sierras”. No todos lo consiguieron. “Ese mismo día algunos fueron detenidos. Unos fueron llevados a Segovia donde fueron juzgados y otros no llegaron ni allí, como José Picazo Chini, otro trabajador de la Casa de las Moneda al que asesinan en otro pueblo por aquí cerca”, relata el coordinador de la excavación.

Los 17 milicianos fueron enterrados en las fosas de El Espinar el 26 de julio de 1936. ÁLVARO MINGUITO

Finalizado el episodio, quedaron los cuerpos. “A los que habían matado en la plaza los subieron en carretillas de estas de las obras al cementerio”, continúa Maruja, “y al enterrador le hicieron cavar las tumbas para echarlos”. 84 años después, si las pruebas de ADN los confirman, al menos uno de estos 17 hombres tendrá una lápida con su nombre.

SIN BANCO DE ADN

El paso de los años, el olvido y, sobre todo, la inexistencia de un banco de ADN amplio y público, como sí existe en otros países que han sufrido guerras y dictaduras —el caso del Banco Nacional de Datos Genéticos argentino, que alberga muestras biológicas de familiares de personas que fueron secuestradas y desaparecidas durante la dictadura militar, es uno de los más paradigmáticos— hacen casi imposible que se conozca la identidad de los 13 hombres que faltan por identificar en las tres fosas de El Espinar.

También será difícil encontrar familiares de los tres hombres cuyo nombre aparece en el registro del cementerio, parientes que podrían aportar material genético y certificar así la identidad de los cuerpos para ser, posteriormente, enterrados en una sepultura individual. “Hemos hecho un llamamiento respecto a esos tres nombres pero lo vemos muy complicado”, explica Marco González, “estamos hablando de milicianos de 18 y 23 años; es muy difícil que tuviesen descendencia, como mucho pueden tener sobrinos o sobrinos nietos”.

A 10 de septiembre, los voluntarios de la ARMH han localizado 13 de los 17 cuerpos que el registro del cementerio tiene contabilizados en las tres fosas. ÁLVARO MINGUITO

La ARMH va a recoger rastro genético de todos los cuerpos y realizará un pequeño banco de ADN de las fosas de El Espinar, que se incorporará a su registro genético particular. “Puede ser que algún día alguna familia se ponga en contacto con nosotros diciendo que su familiar fue abatido en El Espinar el 25 de julio”, continúa el coordinador de los trabajos, “momento en que se haría una prueba genética”. Si nada de eso ocurre, los restos no identificados ni reclamados volverán al cementerio de El Espinar, “pero en un lugar digno y con una placa como ellos merecen”, añade González. De hecho, en su opinión “en esa placa deberían el Ministerio de Fomento y el de Hacienda por medio, porque eran trabajadores de esos ministerios”.

“En un primer momento yo era partidario de que se colocase una lápida y ya está”, dice Alejandro Herrera, “pero luego, cuando vas allí, ves que ese enterramiento no es humano, con los cuerpos volcados y echados de cualquier manera”

Entrada a la zona de la exhumación en el cementerio de El Espinar, con un cartel explicativo de la labor de la ARMH. ÁLVARO MINGUITO

Ahora, si la indentificación del ADN de Eugenio es positiva, sus restos descansarán en Villaviciosa de Odón, junto a su esposa. “Hace años lo que mi madre quería era poner una lápida [en El Espinar], pero es verdad que entonces no se hablaba de identificaciones con ADN ni estas cosas, y con el tiempo mi madre sintió que lo que tenía que hacer era identificar y exhumar a su padre y enterrarlo junto a su esposa”, cuenta Alejandro Herrera. Todo apunta a que, a sus 84 años, los mismos que han pasado desde la muerte de Eugenio, Rosa María podrá dar descanso a su padre.

110.00 CASOS PENDIENTES

Esta historia, hoy parcialmente cerrada, al menos para la familia de Eugenio, tiene miles de capítulos similares que quedan por resolver en un país que, más de 80 años después del fin de la Guerra Civil, no ha cerrado sus heridas y en el que las cunetas albergan a más de 110.000 fusilados no identificados. A nivel global, en fosas solo nos gana Camboya. “En un primer momento yo era partidario de que se colocase una lápida y ya está”, dice Herrera, “pero luego, cuando vas allí, ves que ese enterramiento no es humano, con los cuerpos volcados y echados de cualquier manera, y al final te das cuenta de que todo el mundo tiene derecho a que se le dignifique y se le entierre debidamente”.

Una mujer lee el cartel explicativo colocado junto a la exhumación en el que se explica el trabajo de la ARMH. ÁLVARO MINGUITO

El Estado no se ha hecho cargo de la exhumación de su abuelo, un miliciano que salió a defender la democracia. Lo ha hecho una asociación, con medios propios y mucho trabajo voluntario. “Óscar, prejubilado, hace las fotos desde hace no sé cuántos años de todo lo que hacemos; Carlos es prejubilado de la mina en El Bierzo, y desde entonces se dedica a ayudarnos; ahí está Sergio, que es un arqueólogo gallego; también una prima de Carlos; la forense es de la Universidad de Coimbra; y mi hija está ahí dentro limpiando huesos”.

La enumeración que Emilio Silva, presidente de la ARMH, hace del equipo presente este caluroso lunes de septiembre en El Espinar da una idea de cómo se realiza el trabajo que da pie a esta historia. “Nosotros hacemos todo sin una subvención; con el dinero de los socios, más de 2.000, con un sindicato noruego de electricistas, que depende del año nos financia; y luego alguno de los ADN los hace el Equipo Argentino de Antropología Forense, que a veces nos los hacen gratis. Con ellos asi hacemos cooperación inversa, por decirlo así”, continúa con sorna Silva.

Como dice David Ramírez mientras saca un cubo de tierra de la fosa: “Alguien tiene que hacerlo, y si no lo hace el Estado tendrá que hacerlo la sociedad civil, ¿no?”

En este caso los restos serán analizados en un laboratorio del Campus de Ponferrada de la Universidad de León, con la que la ARMH tiene un convenio de colaboración, pero el grueso del trabajo es voluntario. “Nosotros nos negamos a pedir subvenciones”, manifiesta el presidente de la ARMH. ¿Por qué? “Porque creemos que a esta gente la tiene que atender el Estado. Es una vergüenza que no haya siquiera una oficina donde un familiar pueda llamar a una puerta, sentarse en una propiedad pública, ser escuchado por el Estado, y atendido por el Estado. Este modelo [de subvenciones otorgadas a asociaciones] es una forma de maltrato a las familias”.

El cementerio contiene varios enterramientos y homenajes a militares del bando sublevado. En la imagen, uno de ellos. ÁLVARO MINGUITO

A 10 de septiembre, en las fosas de El Espinar el equipo de la ARMH ha sacado ocho cuerpos y tiene localizados otros cinco. Esperan encontrar a los 17, Eugenio Insúa entre ellos, antes de que acabe la semana. Y mientras los diferentes gobiernos siguen pasando sin que se desarrolle una oficina de atención a los desaparecidos que se haga cargo de trabajos como el que aquí se hace, estos milicianos de la memoria seguirán rescatando cuerpos del olvido. Como dice David Ramírez mientras saca un cubo de tierra de la fosa: “Alguien tiene que hacerlo, y si no lo hace el Estado tendrá que hacerlo la sociedad civil, ¿no? ¿O esperamos a que los políticos decidan que esto está bien hecho?”.

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Fotografía destacada: Exhumación de la fosa de El Espinar a cargo de la ARMHÁLVARO MINGUITO

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/17-espinar-84-anos-olvido-fosas-guadarrama

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