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Libertarias de paseo por León

Las mujeres libertarias quedaron eclipsadas a la sombra del compañero, del hermano o del padre. Y el franquismo remató la faena con su campaña de desprestigio a los republicanos en general y a la guerrilla en particular. Fueron tildadas de «queridas de los bandoleros», «putas de los rojos», «barraganas del monte», «marimachos» o «tiorras», entre otras lindezas.

diariodeleon.es / Ana Gaitero / 11-09-2019

«Desde el momento en que llegamos allí no éramos mujeres, éramos camaradas exactamente igual que ellos, con nuestro macuto al hombro. Y estuvimos dos años». Es el testimonio de Celia, una guerrillera antifascista.

El Encuentro de Escritos Libertarios de León las saca de paseo por León el sábado con la cabeza alta y sus biografías rescatadas del olvido en diferentes investigaciones. La segunda ruta anarquista parte de la plaza del Bierzo el sábado 14 a las 11.00 horas. Cincuenta minutos y cuatro kilómetros de recorrido se llenarán con las voces y las semblanzas de «mujeres luchadoras, activistas, guerrilleras…» que en muchos casos pagaron con la vida sus «ideales de justicia y libertad universales».

Adoración Campo Cañedo es la primera leonesa del recorrido. Es considerada la primera mujer que se enrola en la guerrilla en León. Desde 1940 anduvo con la partida del cenetista Dalmiro Alonso García en la zona de Arganza y Cacabelos. En 1947 logró huir con otros guerrilleros del tiroteo de la Guardia Civil en Paradiña, donde quedaron atrapados. Tal y como ha desvelado el historiador Secundino Serrano, esta guerrillera se declara en rebeldía en dos causas abiertas por el régimen y logra huir del Bierzo a Bilbao con parte del grupo en taxis. Luego pasarían a Francia camuflados entre los aficionados de un equipo de fútbol que viajaban en el tren.

Consuelo Alba Digón‘Chelo’, la última guerrillera de León, aunque era natural de Cervantes (Lugo), falleció este verano a los 99 años en la isla de Ré, en la costa atlántica francesa. «Estaba Guillermo, estaba Elvira, estaba Mario, estaban todos allí… Estaba Girón… y también estaba Chelo. Murió el 17 de julio, la víspera del aniversario del golpe de Estado de Franco. Poco después su marido fue asesinado. Con dos hijos en la guerrilla vivía con tal presión que decidió echarse al monete y sumarse a la partida de Abelardo, uno de ellos. Detrás fue el resto de la familia Segundo y sus otros hijos Jovino, Baldomero, Florinda y Domitila Gutiérrez Alba. Uno tras otro vio cómo iban cayendo. Logró exiliarse a Francia pero regresó a Barcelona en 1947 y fue detenida, juzgada y condenada a 20 años de prisión.

Alpidia García Morán, Marutxa, había comenzado a prestar su ayuda a la guerrilla tras la muerte de su marido. Se unió a su compañero en octubre de 1943, después del ataque a su casa en Sobrado, donde estaba escondiendo a un grupo de guerrilleros, entre ellos Edelmiro Alonso García y Manuel Gutiérrez Abella. Murió en combate el 17 de marzo de 1949 en Villasinde junto a otros guerrilleros como Abelardo Macías Fernández, El liebre.

La gallega Carmen Jerez Rodríguez era la compañera de este guerrillero cenetista. Fue detenida el 25 de julio de 1946 por unos guardias que llegaron a su casa disfrazados de guerrilleros en busca de El Liebre. «Como no lo consiguieron, fue arrestada y estuvo durante dos meses en el cuartel de la Guardia Civil de la Rúa–Petín», señalan. Encarcelada en Ponferrada, cuentan que «la violaron durante meses, y después le dieron muerte a tiros». Su cadáver apareció en Montearenas, muy cerca de Ponferrada, donde fueron ejecutados numerosos antifranquistas.

La segunda parada se hará en la plaza de San Marcos, para recordar a todas las prisioneras que fueron víctimas de este campo de concentración. Entre ellas, destacan a dos libertarias, La sirvienta Ana María Melón, de 23 años, condenada a pena de muerte por hacer propaganda de las ideas socialistas, por portar la bandera comunista y por ser afiliada de las Juventudes Libertarias y del Socorro Rojo Internacional. Según recogen de la investigación llevada a cabo por la historiadora Beatriz García Prieto a esta mujer también se le acusó de acompañar en los parapetos del frente a los milicianos rojos, a los que asistía sanitariamente, y llevar pistola al cinto.

De Nieves Rodríguez Cañón destacan el testimonio que ofreció de su tía, a la que le arrebataron el bebé con el que ingresó en prisión. Su madre, Tomasa, se negó a que las monjas la sacaran del campo de concentración para llevarla al hospicio y esperó a que la recogiese una prima suya. «Las mujeres de la familia Cañón, no solo sufrieron la represión directa sobre ellas, sino que también fueron víctimas de la represión sobre los hombres de la casa, los cuales fueron, todos menos uno (seis de siete), asesinados por los falangistas en Casares», añade García Prieto.

El peregrinaje de la faberense Jesusa Pérez Granja por siete cárceles deja constancia de los sufrimientos de las represaliadas: «Comíamos un agua para desayunar y un trocín de pan negro. A mediodía un cazo de fabotas y agua que nos traían. En la celda no teníamos nada», apunta el trabajo de Alicia Pérez García.

En la plaza de la Pícara Justina serán recordadas tres mujeres —Terencia, María y Fidela Cuñado Fernández— que de Gordoncill emigraron a Argentina y empuñaron la pluma en una revista anarquista, tal y como desveló Javier Revilla Casado. Ocurrió antes de la Guerra Civil, pues fue en 1922 cuando salió a luz Nueva Tribuna que a lo largo de 39 números reclamó la emancipación de la mujer y el narquismo como la única vía para hacerla realidad.

El caso de Lucía Blanco García, de Villarrabines, también se visibiliza en esta parada. A la caída del frente norte, siguió a su compañero Jacinto Rueda Pérez, que era miembro del comité de propaganda del interregional de Asturias, León y Palencia de la CNT. Al finalizar la guerra ambos fueron encerrados en el campo de concentración de Albatera, de donde consiguieron salir con documentación falsa que les preparó el comité de evasión de la CNT. Se establecieron en Villarrabines y luego abrieron la gestoría Rueblan en la avenida de Roma de León. Su marido fue detenido varias veces y torturado de tal manera que tuvo que ser ingresado en el Hospital San Antonio, donde murió, antes de ser juzgado, el 22 de octubre de 1949.

En la calle Padre Isla se hace parada para relatar el exilio y en particular el de Aurora Tejerina, hija del célebre anarquista leonés Laurentino Tejerina, que estuvo al mando del Batallón 206 de anarquistas y murió como un topo en la casa en la que estaba escondido en Viloria de la Jurisdicción. «En España no se ha hecho justicia. La ley de memoria histórica es muy escasa. Hay una España asesinada y robada a la que no se ha dignificado ni resarcido», declaró en Diario de León en la visita que realizó en 2009. Aurora Tejerina logra reunirse en 1947 con su madre y sus hermanas en Francia. Milita en el anarcofeminismo.

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Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/sociedad/libertarias-paseo-leon/201909110202491937772.html

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