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La ARMH recupera los restos de un represaliado de Chillón que murió en León

Los restos de José Almena Castro han sido encontrados en el cementerio civil de León, y tras ser identificados han sido entregados a sus familiares, que habían solicitado la exhumación de su cuerpo para ser trasladado al cementerio de su localidad natal

clm24.es / EFE / 15/09/2021

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha recuperado los restos de José Almena Castro, un represaliado de la dictadura franquista natural de Chillón (Ciudad Real), que murió en 1943 en la cárcel provincial de León en la que estaba cumpliendo condena.

Los restos de José Almena Castro han sido encontrados en el cementerio civil de León, y tras ser identificados han sido entregados a sus familiares, que habían solicitado la exhumación de su cuerpo para ser trasladado al cementerio de su localidad natal, donde han sido depositados en una tumba familiar, ha informado este miércoles en una nota de prensa la ARMH.

Asimismo, ha indicado que también se han entregado a su familia un anillo y una maquinilla de afeitar que han aparecido durante la exhumación.

Su cuerpo ha sido localizado cuando la ARMH investigaba el paradero de Genara Fernández, maestra de Omañas (León), que fue exhumada en junio de 2019, ya que la familia de José Almena desconocía su paradero.

Según la documentación recabada por investigadores de la ARMH, José Almena Castro (que nació en Chillón el 19 de mayo de 1922) murió el 28 de abril de 1943 a causa de un colapso cardíaco o de una tuberculosis, que pudo ser consecuencia del maltrato que sufrían los presos políticos y la falta de cualquier atención sanitaria digna.

El 23 de septiembre de 1940 fue ingresado en la prisión de partido de Chillón, en la que permaneció hasta el 20 de marzo de 1941, cuando fue trasladado a la prisión provincial de Ciudad Real, según la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

Sobre él pesaba una acusación de auxilio a la rebelión por entregar un fusil a unos guerrilleros, aunque algunos testimonios señalaban que pudo ser amenazado por los huidos para hacer tal entrega, ha indicado la ARMH, que ha añadido que no se encontraron datos sobre su filiación política antes, durante y después de la Guerra Civil.

A pesar de ello fue condenado a pena de muerte por un delito de adhesión a la rebelión, que le fue conmutada por una condena a 30 años de prisión.

Para cumplir su condena fue trasladado a la cárcel provincial de León, en la que murió y fue enterrado en la parte civil del cementerio de esta ciudad, en un lugar destinado a la sepultura de víctimas de la represión y desafectos al régimen como Marcelino de la Parra, Genara Fernández o Lorenzo San Miguel, o los guerrilleros bercianos Rafael Verdial y Severino Nieto, ha precisado la ARMH.

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Fotografía destacada: La ARMH recupera los restos de un represaliado de Chillón (Ciudad Real) que murió en León

Fuente:https://www.clm24.es/articulo/ciudad-real/memoria-historica-victimas-dictadura-recuperan-restos-represaliado-chillon-que-murio-leon/20210915191627330624.html

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Manuel Lapeña muere a los 97 años esperando las exhumaciones del Valle de los Caídos

En 2016 logró una sentencia favorable para recuperar los restos de su padre y su tío, enterrados en el mausoleo franquista sin consentimiento familiar

elpais.com / Natalia Junquera / 14/09/2021

Manuel Lapeña falleció este lunes a los 97 años. Habían pasado 85 desde que perdió a su padre y a su tío, fusilados al inicio de la Guerra Civil; un lustro desde que logró una sentencia judicial favorable a la recuperación de los restos, trasladados sin el consentimiento familiar al Valle de los Caídos; cuatro años desde que el Gobierno prometió hacer todo lo posible por exhumarlos y devolverlos y casi tres meses desde que la entonces vicepresidenta, Carmen Calvo, aseguró que se haría “próximamente”. Su familia expresa este martes, camino al cementerio, “la rabia” que le produce que Manuel haya muerto esperando. Tenían prevista una reunión con el Gobierno el jueves de la semana que viene y los parientes de Lapeña han decidido cancelarla.

Manuel Lapeña Altabas no tuvo juicio ni sentencia. Fue asesinado por falangistas en julio de 1936 y arrojado a una fosa común. Tenía 44 años y cuatro hijos. Un año después, el bando franquista abrió un expediente al muerto para imponer a su familia una multa de 1.000 pesetas y embargar sus bienes: un huerto y un corral. El cura de Villaroya de la Sierra (Zaragoza) declaró en la comisión de incautaciones, en diciembre de 1937: “Era veterinario. Fue el fundador de la CNT y causante de todo el mal que ha ocurrido al pueblo, pues supo engañar a la juventud arrastrándola por estos derroteros tan nefastos. Un tipo verdaderamente cretino, hombre funestísimo por todos los conceptos, que fue fusilado”. Manuel Lapeña Altabas nunca había ido a sus misas.

Declaración del cura del pueblo sobre Manuel Lapeña ante en la comisión de incautaciones, en 1937.

El hombre que falleció este lunes y que llevaba el nombre de su padre tenía entonces 12 años. Antes de perder la memoria, lo que sucedió mucho después de haber obtenido una sentencia favorable a la recuperación de los restos, explicaba a EL PAÍS: “La última vez que hablamos me dijo: ‘Tú no te preocupes, que a mí no me van a hacer nada porque yo no he hecho nada. Era un buenazo. Salí a esperarlo a la puerta de casa, pero nunca volvió”. Su madre había muerto antes del inicio de la Guerra Civil, en el parto de su quinta hija, que tampoco sobrevivió. Así que aquel verano de 1936, Carlos, de 14 años, Manuel y Elisa, de 12, y Amelio, de 10, quedaron huérfanos. “Poco después vinieron tres camiones a casa de mi abuela preguntando por mi tío Ramiro. Estuvo como un perro escondido en el monte… Le dijeron que no le pasaría nada y fue tan tonto que se entregó”. Le mataron en octubre, tres meses después que a su hermano. Tenía 39 años, estaba casado y era padre de dos hijos. Carlos, Elisa y Amelio fallecieron hace tiempo. Manuel se había planteado recuperar los restos del Valle de los Caídos como una misión familiar. Quería que todos, incluido él mismo, fueran enterrados juntos en el panteón donde fue inhumada su madre, pero los incomprensibles retrasos en el inicio de las exhumaciones en el Valle de los Caídos han impedido que cumpla ese deseo que ocupó una vida entera.

Manuel Lapeña Altabás. | ARICO MEMORIA ARAGONESA

El pasado marzo, el Ejecutivo anunció que destinaba una partida de 665.000 euros para intervenir en el Valle de los Caídos. Para entonces, expertos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ya habían elaborado un concienzudo informe sobre el estado de las criptas. El forense Francisco Etxeberria, que ha analizado, entre otros, los restos de Pablo Neruda y Salvador Allende, tiene listo el plan para iniciar los trabajos hace meses. El Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial aprobó el pasado junio la licencia para las exhumaciones. Manuel Lapeña ya no podrá verlo. Los familiares de otras 60 personas siguen esperando. Algunos de ellos superan también los 85 años.

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Fotografía destacada: Manuel Lapeña, primero por la izquierda, sostiene una fotografía de su padre junto a otros familiares en su casa de Zaragoza, en 2016. | BERNARDO PÉREZ

Fuente:https://elpais.com/espana/2021-09-14/manuel-lapena-muere-a-los-97-anos-esperando-las-exhumaciones-del-valle-de-los-caidos.html?ssm=FB_CC&fbclid=IwAR3p1tIsXcUKO5YMS0AdENOkwo8mbhyO_Nk5N1JLPwuob1HB9LLi8bvZIHE

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“Querido abuelo: pude rescatarte. Ahora descansas con tu esposa”

El Gobierno balear recoge cartas de familiares a víctimas del franquismo. Las misivas muestran cómo el cariño y el dolor traspasan generaciones

elpais.com / Natalia Junquera / 10/09/2021

Algunos llegaron a convivir con ellos y conservan como un tesoro los escasos momentos que compartieron. Otros nacieron mucho después y lo único que conocen de los ausentes es el efecto que provocó en sus hogares su violenta desaparición. Todos, hijos, nietos y bisnietos, comparten el deseo de recordarlos para que su sacrificio no caiga en el olvido, y con ese propósito 48 familias han participado en Memorial de la Palabra, la iniciativa del Gobierno balear que recoge cartas dirigidas a víctimas del franquismo. Muchos aprovechan esas misivas para contarles qué pasó después de su desaparición y para prometerles que los seguirán buscando hasta dar con la fosa o cuneta a las que fueron arrojados.

Marc Herrera, director general de memoria democrática de Baleares, explica que el objetivo es “romper el silencio que se impuso a las familias durante tantos años” y hacer “pedagogía”: “No hay nada que provoque más empatía que el relato de los hechos de aquellas personas que los han sufrido”. Asegura que lo más impactante ha sido “ver reflejada en cada carta la prolongación de la injusticia y el inmenso amor y constancia” de los familiares tanto tiempo después. Estos son algunos extractos de esas emocionantes misivas.

“Quiero encontrarte”

Antonio González Rodríguez

María Jesús Balaguer Rodríguez escribe a su tío Antonio González Rodríguez, fotógrafo y miembro de la CNT. Cuando lo mataron tenía 29 años. Sus hijos, cuatro y cinco. “Pienso muchas veces en ti. Nadie te olvidó nunca. Sobre todo por ese gran retrato familiar que presidía el despacho de mi yaya, tu hermana. No quiero que estés en la fosa donde te tiraron tus asesinos, quiero encontrarte y poderte decir: ‘Vámonos, tío Antonio. Han sido muchos años, pero ya estas con tu familia’. Te quiere, Susi”.

“Sí, mi padre existió”

Andreu París Martorell

Antònia Paris Llompart dedica su carta a presentar a su padre, Andreu Paris Martorell, zapatero. Cuenta que en julio de 1936 ella tenía 11 años, tres hermanos y una en camino. “La idea que tenía sobre una guerra era dos bandos contrarios que luchaban, con barricadas y armas, con disparos continuos, pero aquí no fue así. Al menos en Inca solo había un bando armado reprimiendo un pueblo”. Un día reclamaron a su padre. Lo acompañaron dos de sus hermanos y su cuñado. Solo dos de ellos volvieron. “Un día de invierno llegué a la cárcel y el de la puerta me dijo: ‘Ya no hace falta que vengas más. Hoy han soltado a tu padre’. Tenía tantas ganas de que lo soltaran que me lo creí. Fuimos a muchos lugares, preguntando. Nos repetían que se había ido, que quizás nos había abandonado. Mi madre repetía: ‘¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Qué habéis hecho? ¿Por qué a él?’. Nadie contestaba. Todavía hoy nadie nos ha contestado. Hacían como si mi padre no hubiera existido nunca. Pero sí existió”.

“Tu corazón se detiene un segundo”

Francisca Alomar recuerda a sus padres. “Formábamos una familia muy feliz, pero todo eso cambió un mal día cuando yo tenía 8 años y mi hermana 11. La Guardia Civil, relata, se llevó primero a su padre y luego a su madre, “embarazada de siete meses”. Su abuelo pidió ayuda “a quien entonces mandaba, a quien llamaban el capitán Jaume”, pero le contestó que “estaban muertos”. “Gracias a la ayuda de la asociación Memoria de Mallorca y de la Dirección General de Memoria Democrática, a mis 93 años y después de 85 de espera, me llamaron un día para decirme que habían encontrado los huesos de mi padre. Qué alegría. El corazón se detiene un segundo, para luego volver a latir”. Ahora sigue buscando los restos de su madre “para descansar todos juntos”. ” Tu hija— se despide— y tus nietos no dejaremos de luchar por ello”.

“Murieron sin saber”

Melchor Hernández

Margarita Serantes Hernández recuerda a su abuelo, Melchor Hernández, pescador, el marido de Ana, el padre de Paquita. “El cura le preguntó por qué no iba a misa. Melchor contestó que tenía que arreglar las redes. Unas horas más tarde fueron a detenerlo”. Ana fue a llevarle ropa hasta que ya no le dejaron. Se puso a trabajar “en casa de unos señores muy ricos y bondadosos, que tenían un hijo, Martín. Años después la reconocieron como viuda y acabó casándose con él. Mi madre, Paquita, por desgracia no recordaba a Melchor. Sí hemos tenido la oportunidad de conocer a Martín, que fue un gran padre y abuelo. En 2016 supe que Melchor fue fusilado y enterrado en una fosa en el cementerio de Porreras. Lo malo es que no podemos recuperar sus restos ya que el ADN de padre a hija y a nieta se pierde. Lo peor es que su esposa y su hija murieron sin saber qué pasó con él”.

“No entendía por qué la abuela era tan desconfiada”

Francisca Gelabert escribe a sus padrinos. En su carta explica que aunque a su abuela Francisca no la mataron, la considera “tan víctima” de la guerra como a su abuelo Gabriel, fusilado a los 28. “Ella vivió 83 años, solo tuvo un hijo, mi padre, y vivió con nosotros”. “Era muy desconfiada. No entendía por qué hasta que murió y descubrí muchas cosas que no sabía”. Su tía abuela, Tonina, le contó entonces “cómo pasó todo”. Su abuelo, acusado de “alojar a los rojos”, fue capturado y subido a un camión con un grupo de hombres maniatados. Nadie le volvió a ver. Su abuela, que tenía entonces 25 años y un hijo de tres, enfermó. “En aquel tiempo no había psicólogos y pensaban que la manera de superar estas cosas era olvidarlas, no hablar de ello, y eso hicieron durante muchos años. Cuando supe todo esto, ella ya no vivía y me quedó un mal cuerpo que todavía tengo. Si hubiera sabido antes lo que pasó, creo que la habría podido ayudar a vivir un poco mejor. Lo único que creo que puedo hacer ahora es dar a conocer esta historia y recordarlos como lo que fueron, muy buenas personas que no se merecían haber sufrido tanto”.

“El tiempo de silencio ha acabado”

Joan Losa Campomar

Maite Blázquez Losa escribe a su abuelo Joan Losa el día de su santo. “Fue una fiesta que la abuela, tu esposa Teresa, como la llamabas en las cartas desde la prisión, nunca volvió a celebrar después de tu desaparición en enero de 1937”. “Gracias a la fuerza y la lucha de la Asociación de Memoria de Mallorca, yo pude rescatarte de la fosa de Porreres en noviembre de 2016. Por eso ahora tus restos descansan junto a tu esposa. Ten por seguro que los tiempos del silencio han acabado. Ahora sí, padrino Juan, puedo decir: que la tierra te sea leve”.

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Fotografía destacada: Retrato de la familia Alomar, represaliada por el franquismo

Fuente:https://elpais.com/espana/2021-09-10/querido-abuelo-pude-rescatarte-ahora-descansas-con-tu-esposa.html

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Los asesinados de Coyanza en Villadangos

Cuatro concejales socialistas y dos sindicalistas de UGT fueron detenidos y ‘paseados’ en cuestión de horas en 1936

diariodeleon.es / José Cabañas / 06/09/2021

(En memoria y reconocimiento de Rufino Juárez García, fallecido el 1 de septiembre de 2021. Toda una vida de lucha por encontrar y dar digna sepultura a los restos de su padre, Rufino Juárez Fernández, de 39 años, labrador, presidente de la Junta vecinal de Vegas del Condado, uno de los al menos 85 asesinados y desaparecidos por el fascismo en los montes de Villadangos del Páramo en el otoño de 1936. ¡¡Qué la tierra te sea leve, Rufino, compañero y amigo!!)

De seis vecinos de Valencia de Don Juan y de uno más, también como desconocido, se asienta su defunción en el Registro Civil de Villadangos del Páramo el día 20 de septiembre de 1936, trasladados desde la villa en un camión Ford de cuatro cilindros de la Fábrica de Harinas Industrial Valenciana, de Anastasio Ortiz (que había sido requisado) en la muy ventosa tarde del sábado 19, aprovechando al parecer que en la misma fecha hace con aquel vehículo su mudanza a León, donde se avecindaba Argimiro Astorga Núñez, chófer que lo conduce, y a quien acompaña su esposa en el viaje (que no tardaría en fallecer, pues aparece aquel en 1937 como viudo, y destinado en el cuartel coyantino después de que ingresara en la Benemérita tras la muerte de su mujer y de clausurar el negocio del Bar La Unión que estableciera con aquella, para transitar por otros diversos destinos —entre ellos el Cuerpo de Persecución de Huidos que actuaba en los años cuarenta por El Bierzo y La Cabrera— acabando en El Barco de Valdeorras, donde finaría después de regentar un hotel en sus afueras).

Valencia de Don Juan

Los presos fueron trasladados en una camioneta con ajuares y muebles de una mudanza

Transportaba la camioneta entre algunos otros ajuares y muebles en su parte delantera un armario de luna de una sola hoja o puerta, y en la trasera fueron echados los lacerados prisioneros. Enfila con su doliente carga la carretera hacia Villamañán dejando atrás el mesón que a su vera se levanta y seguida a una cierta distancia por un coche en el que van tres familiares de Moisés Rodríguez Martínez, a quienes han indicado que los llevan a San Marcos y a la cárcel leonesa, y que observan como en Villamañán han sumado a los seis coyantinos otro infeliz preso que custodiado por dos guardias civiles de su cuartel los espera al borde de la calzada, y que será el séptimo en compartir desde aquel punto con ellos su fatal destino (se nos asegura que pudieran haber recogido a algún apresado más a su paso por Santa María del Páramo —desde donde se habrían dirigido hacia León—, destinado solo a San Marcos o también a ser desaparecido desde allí, quizá los vecinos de aquella villa Regino de Paz López o Lucio Rebaque Val, al parecer también asesinados en las cercanías de Villadangos en estas fechas).

Pierden aquellos de vista al camión en algún recodo de la ruta, y no lo verán ni en uno ni en otro reclusorio de León cuando a ellos llegan, ni tampoco en sus inmediaciones. Hay otra versión que varía en algo el relato de lo sucedido, según la cual los coyantinos conducidos a la capital lo serían en compañía de un joven de 16 ó 17 años, al que por su corta edad no admitieron para ser preso en San Marcos y que contaba más tarde del añadido que en Villamañán se había hecho.

Al día siguiente las familias de los victimados ya conocen que han sido hallados sin vida en un predio del Monte Campazas de Villadangos, una hondonada conocida como el Pozo Mulgar en la que los ejecutores los dejaron semienterrados por la noche, y que fueron sepultados en una fosa común «de su camposanto» (que llegaría a acoger en los meses siguientes los cuerpos de al menos 71 asesinados, paseados y desaparecidos, y sobre la que con el paso de los años se alzarían numerosos panteones), después de que les hiciera llegar la macabra nueva un vecino de Villar del Yermo, hermano del alcalde, que vio los cadáveres al pasar en su burro por allí y avisó a las autoridades en el pueblo, que dispusieron fueran recogidos los restos de los siete desdichados y arrojados a la fosa, y cuando se reunieron para tratar de conseguir un coche de punto en el que desplazarse a la localidad en la que yacían ya sus deudos no pudieron realizarlo, pues se encontraron con la negativa de los responsables del Ayuntamiento a facilitarles el salvoconducto necesario y obligado para dirigirse a Villadangos o a cualquier otro lugar (más tarde se desplazaría José Pérez Guayo en bicicleta a aquel lugar, y allí, preguntando, coincide con el de Villar del Yermo, quien le da razón de la ropa que vestía su padre, Víctor Pérez Barrientos, al ser asesinado).

Nieta del maestro

«Mi bisabuelo y el médico Tomás del Riego acudían al lugar y recogían botones, fragmentos de tela»

Era aquella una tragedia personal y familiar en muchos de sus detalles parecida a tantas otras como en otros muchos pueblos entonces se vivían y morían, y muy similar a la que en la misma noche de aquel sábado 19 de septiembre se desarrollaba en uno no muy alejado, Jiménez de Jamuz, en el que once de sus vecinos, no menos infelices e inocentes que los malhadados coyantinos, eran desaparecidos para siempre tras ser sacados de sus casas y arrebatados de los suyos.

Vinieron luego a conocer los familiares de los asesinados, los concejales socialistas Marcelino Quintano Fernández, Jesús Luengo Martínez, Víctor Pérez Barrientos, y Urbano González Soto y los ugetistas Frideberto Pérez Manovel, Moisés Rodríguez Martínez (así lo cuenta Josefa Rodríguez, hija de Moisés), que la camioneta llegó a presentarse con sus ocupantes en San Marcos y allí fueron tirados en una de las celdonas que habían sido antes cuadras de los caballos del Depósito de Sementales, en la que recibirían otra descomunal paliza, tras la cual, en el mismo camión después de descargar en algún lugar de León los muebles y enseres transportados, o en otro vehículo distinto (lo que nos parece más probable), serían los siete conducidos al que ya por entonces era cotidiano matadero en Villadangos del Páramo (y sus pedanías de Fojedo y Celadilla, en fosas de cuyos cementerios terminaban 14 ultimados más, del total de 85 que lo fueron en los campos del municipio), donde durante años creyeron que aquellos paseados eran vecinos de Valderas. De San Marcos avisarían al cabo de un tiempo a los allegados de Moisés Rodríguez para que recogieran una pelliza que allí había a su nombre y que aquel llevaba cuando fue conducido a León con los demás, lo que no hicieron, dado el inmenso miedo a «significarse» como desafectos que aún sentían. Nada más supo nunca la familia de Víctor Pérez de la manta que mitigaba el frío y el dolor de sus maltrechos huesos cuando lo encaminaron a la capital con los que serían sus compañeros de martirio.

 

Sus despojos, como los de los otros numerosos pobladores de la fosa, situada a lo largo de uno de los muros del cementerio de San Juan, y en la que se cavaban correlativos nuevos hoyos a medida que iban apareciendo más cadáveres, colocados a continuación de los anteriores, no habrían sido nunca retirados de la misma, construyendo los mausoleos encima de ellos (se nos aseguró en abril del año 2003 cuando indagamos sobre estos pormenores en el pueblo), una apreciación que no concuerda con lo mantenido por Rufino Juárez García, hijo de otro de los tirados a la zanja (Rufino Juárez Fernández, de 39 años, presidente de la Junta vecinal de Vegas del Condado, paseado el 22 de octubre de 1936 junto a Epifanio Llamazares Cármenes, de 55 años, vocal de la misma Junta), que concluyó de las pesquisas que él hizo muchos años antes que nosotros —en los cincuenta— que tales restos pudieron terminar en algún momento (posiblemente al erigir los mausoleos) recogidos y echados al osario, al parecer con escaso respeto y cuidado de los eclesiásticos responsables del cementerio entonces, según estos le dijeron.

Ubicación de la fosa

«A lo largo de uno de los muros del cementerio y en la que se cavaban nuevos hoyos…»

Consideramos importante señalar que las personas de edades avanzadas que en Villadangos nos informaron sobre aquellos hechos, de los que habían sido coetáneos, lo hicieron tan solo a medias sobre las particularidades relativas a la fosa común en la que tantos terminaron, omitiendo, tal vez porque lo consideraban a aquellas alturas de la historia detalle poco virtuoso o que pudiera resultar de alguna manera vergonzante para la localidad, que, como más tarde tuvimos ocasión de conocer, dicha fosa o zanja se situaba ciertamente «a lo largo de una de sus tapias», pero fuera del camposanto y ajena al mismo (los «rojos» asesinados no eran tampoco allí merecedores de ser sepultados en tierra sagrada), de tal modo que vino a quedar en su interior cuando años más tarde este se amplió por su zona sur para erigir los panteones sobre ella (así nos lo aseguraba Bernardino Gago Pérez, sobrino de uno de los asesinados, Frideberto Pérez Manovel, en octubre de 2014, según le había testimoniado hace años un empleado del Ayuntamiento que ya sumaba mucha edad).

Posiblemente ya habrían comenzado a ocuparse allí de menesteres como aquellos en hacendera de vecinos, «lo que hubo de terminar haciéndose dada la frecuencia con la que aparecerían en sus campos aquel otoño carretadas de cadáveres de paseados cuyas desesperadas e inatendidas peticiones de clemencia rasgaban las noches y el atemorizado sueño de los vecinos del lugar», según nos testimoniaba en abril de 2003 la señora Laureana Martínez, que pasaba ya de los noventa años de edad, quien también nos contaba del desagradecimiento que el franquismo tuvo con su marido, uno más de los muchos enrolados a la fuerza en el ejército rebelde para contribuir a su victoria, herido en la toma de Bilbao, retornado y muerto al poco por causa de esas heridas que (por sus antecedentes izquierdistas) nadie –comenzando por el médico del municipio– le reconoció como de guerra ni compensó con paga ni pensión alguna, condenada ella así a sacar a sus hijos adelante en la soledad de las estrecheces y miserias en parte parecidas a las que penaban los vencidos.

De los caminos que de la carretera León-Astorga que atravesaba el monte desembocaban en los predios Val de Hulleros, Vallemedio, Las Bogueras, Vereda de Raposeras y Camino de la Estación —además del Mulgar, junto a la Senda de la Sortija—, en cuyos bordes se perpetraron tantos crímenes, recuerdan aún gentes provectas de Villadangos haber visto de niños pasar camino del cementerio algún carro cargado de cadáveres, que se retiraban del campo por disposición del presidente de la Junta vecinal (al que los mismos empleados de la estación de ferrocarril avisaban cuando en sus cercanías aparecían al alba asesinados), mediando en ello «la compasiva coordinación del vecindario y la labor humanitaria y conciliadora del médico del pueblo, Tomás del Riego Cabezas (natural de San Féliz de Órbigo, ejercía desde 1929), y del párroco Manuel García Arias (nacido en León, lo fue de 1906 a 1945), que propiciaron que todos los ejecutados recibieran cristiana sepultura y contribuyeron a que no sufrieran represalias ninguno de los vecinos del pueblo, haciendo frente en ocasiones a elementos forasteros que pretendían castigar a algunos de ellos». Tal es el relato que oficialmente hoy se hace en Villadangos (Historia y testimonios sobre los hechos. Ayuntamiento de Villadangos del Páramo. 21-09-2020), discordante en algunos puntos del que antes hemos presentado, y parece que puesto en entredicho por la primitiva ubicación de la fosa común extramuros del sagrado y cristiano recinto.

Sobre los mismos hechos hay otro relato que difiere del anterior, sobre todo en lo referido a la actuación del sacerdote. Es el que hace Marina Cid (en Twitter (@MarinaCid1). 26-09-2020):

«Mi bisabuelo Ramón Martínez Farrapeira fue maestro republicano entusiasta de la Institución Libre de Enseñanza, primero en Villafranca del Bierzo y más tarde en Villadangos con el fin de acercarse más a León, durante la Guerra Civil. Se dedicaba a enseñar tanto a niños como a adultos; a medir las tierras, a contar; promovió la creación de un embalse para dar de beber a los animales y regar las tierras en verano. Él era ateo, aunque siempre llevaba a los alumnos a misa y los esperaba en la puerta de la iglesia, surgiendo así ciertas «discrepancias» con el cura del pueblo… Empezaron los fusilamientos, con carros cargados de gente por las noches. No sabían dónde los llevaban y el miedo los hacía estar en silencio, hasta que un día lo descubrieron. A partir de entonces mi bisabuelo y el médico Tomás del Riego cuando escuchaban marcharse a los militares acudían al lugar para comprobar si alguno seguía con vida y para recoger botones, fragmentos de tela…, algo que pudiera resultar singular y sirviera a las familias de aquellas personas para saber que había sido de sus seres queridos. Con todo ello hicieron un registro ordenado que mantuvieron escondido.

Posteriormente, mi bisabuelo fue denunciado por estas actividades. Entre los denunciantes siempre se dijo que estaba el cura párroco, aunque no se pudo demostrar. Tuvo que huir a León con su mujer y tres hijos, donde hubo de permanecer escondido durante largo tiempo en un sótano de la cocina. Por mediación de la familia de su mujer, consiguió no ser detenido y probablemente evitó su asesinato. Fue destituido de su cargo en Villadangos y como castigo quisieron enviarle de maestro a un pueblo perdido en La Cabrera, a lo que renunció por no llevar allá a su familia y por coherencia con sus ideales, siendo entonces apartado de la enseñanza para siempre».

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Fotografía destacada: De izquierda a derecha, Víctor Pérez Barrientos y Marcelino Quintano Fernández; Urbano González Soto; Moisés Rodríguez Martínez; Jesús Luengo Martínez (centro) y Fridiberto Pérez Manovel, cuatro concejales socialistas y dos ugetistas de Valencia de Don Juan ‘paseados’ en Villadangos en septiembre de 1936. CORTESÍA DE JAVIER CASADO REVILLA PARA DIARIO DE LEÓN

Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/coronavirus-leon/asesinados-coyanza-villadangos/202109060134182143746.html

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Fallece el hijo de uno de los fusilados en Villadangos sin recuperar los restos de su padre

Formaba parte del grupo de familiares que llevan años luchando por abrir las fosas del cementerio de Villadangos para dar una sepultura digna a sus seres queridos.

ileon.com / 01/09/2021

Uno de los familiares de los 71 fusilados durante la guerra civil cuyos restos permanecen desde hace 85 años en el cementerio de Villadangos del Páramo, Rufino Juárez, ha fallecido este miércoles sin poder enterrar a su padre de una forma digna y de acuerdo a los deseos de su familia.

El fallecimiento de Juárez (86 años), hospitalizado desde hace unos días, impide cumplir el anhelo de encontrar a su padre, Rufino Juárez, fusilado en 1936 junto a otros miembros de la Junta Vecinal de Vegas del Condado y enterrado en el cementerio paramés tras su fusilamiento en un paraje del municipio. Otros familiares que llevan a cabo la búsqueda han recordado en redes sociales a Rufino, entre ellos la periodista leonesa Olga Rodríguez, donde también la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha rendido homenaje al tesón de Rufino.

Las exigencia del Ayuntamiento de Villadangos de licencias de obras y ambiental y la decisión de someter a un polémico concejo la autorización de la Junta Vecinal, que la denegó con el voto encontra de 22 vecinos, han retrasado la previsión inicial de realizar las excavaciones en septiembre. El 10 de agosto los familiares ya protestaron por los retrasos, recordando la urgencia por la avanzada edad de alguno de los descendientes, y al contar con la autorización concedida por parte de la Junta de Castilla y León. Pero el consistorio gobernado por Alejandro Barrera mantuvo sus condiciones y la negativa del concejo, que la Junta considera no válida, han retrasado aún más los permisos para las exhumaciones.

El próximo 7 de septiembre el Comité Técnico del Consejo Asesor de la Memoria Histórica reautorizará la exhumación de restos de represaliados en el cementerio de Villadangos, tras modificar la ARMH su propuesta para ajustarla aún más a la localización exacta de los fusilados. Entonces se reactivarán las licencias municipales y se podrá buscar a los 71 fusilados que fueron enterrados en el cementerio. El alcalde de Villandagos, ante la polémica generada por la negativa inicial, ha pedido “calma y buena vecindad” para afrontar el proceso.

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Fotografía destacada: Rufino Juárez

Fuente:https://www.ileon.com/actualidad/121620/fallece-el-hijo-de-uno-de-los-fusilados-en-villadangos-sin-recuperar-los-restos-de-su-padre

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22 vecinos de Villadangos del Páramo vetan la búsqueda de represaliados del franquismo en el cementerio

Un tenso concejo celebrado este viernes por la noche, en el que votaron 36 personas, acuerda denegar el permiso a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) para realizar excavaciones en el cementerio propiedad de la Junta Vecinal. Varios vecinos recriminaron el propio hecho de la votación al dejar desamparados a los familiares de los fusilados.

ileon.com / A. Vega/E. Alba / 28/08/2021

En un concejo abierto celebrado en la noche de este viernes con mucha tensión, la localidad leonesa de Villadangos del Páramo ha denegado por 22 votos frente a 12 la autorización a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de la búsqueda en el cementerio de los restos de 70 represaliados del franquismo que se cree se amontonan en varias fosas comunes. Una polémica votación que para un vecino “es lo mismo que en el referéndum de Cataluña, una ilegalidad”, porque de eso fue buena parte del debate del pueblo, sobre si se podía o no votar algo tan fundamental como el derecho a la búsqueda de los seres queridos fusilados durante la guerra civil y el franquismo.

Villadangos del Páramo celebraba este concejo, la fórmula tradicional de gobierno de las localidades leonesas en las que todos los vecinos son convocados a dar su opinión, “dada la importancia del tema y las sensibilidades que provoca”, explicaba el presidente de la Junta Vecinal y propietaria del cementerio, José Sarmiento (PP). El alcalde pedáneo aseguraba que el debate no era sobre si se deben exhumar los restos o no, sino sobre si se autorizaba el proyecto de ARMH o no, aunque ambas cosas están inexorablemente unidas.

Casa de Cultura de la localidad acogió con alrededor de 70 asistentes aunque finalmente en la votación apenas participaron 36 vecinos, de los más de 700 con derecho a voto. El único punto del orden del día era la autorización de la búsqueda, que ya se debatió en otro concejo anterior igualmente tenso aunque sin votación. En esta ocasión el debate duró una hora y media para finalmente poner la urna tras una confusión final donde no estaba claro si se iba a votar o no, pero finalmente las papeletas aparecieron y optaron por vetar la excavación.

Uno de los miembros de la ARMH, Marco González, explicó al principio del concejo a los vecinos el proyecto presentado por la asociación, fundamentalmente preocupados por la afección que la búsqueda de los represaliados podía tener en las tumbas colindantes a la excavación. Rodríguez explicó que la entidad ha realizado desde el año 2000 más de 80 excavaciones de fosas comunes solo en la provincia de León y 25 parecidas a la planteada en Villadangos del Páramo. El antiguo muro sur del cementerio es la referencia para la búsqueda de más de 70 víctimas del franquismo que eran fusiladas a las afueras de la localidad, y que luego eran llevadas en carros de noche al cementerio por algunos vecinos.

Cementerio de Villadangos del Páramo y marcas del lugar propuesto de la excavación

“Cada uno quiere que sus muertos descansen, que dejen a los nuestros como están”, así exponían cuatro vecinas de avanzada edad de Villadangos del Páramo, a la salida de la misa de las ocho de la tarde, su postura previa ante el concejo. Y las cuatro consideraban acertado que se llevara a debate la autorización o denegación de la búsqueda de los asesinados.

Su temor principal, expresado por otra docena de vecinos en el concejo, es que las tumbas anexas a la excavación se vean afectadas por las tareas de recuperación de los cuerpos, desconfiando además del resultado de la misma. Advertían que el perímetro del muro del cementerio se ha ampliado en las últimas décadas y que también se ha rellenado con 1,5 metros de tierra, “al menos”. Por eso pedían que el proyecto de la ARMH “quede por escrito”, como se ha presentado en el ayuntamiento, para que no haya afección a más espacio del que se pide.

Aunque en una nota de prensa de madrugada la Junta Vecinal aseguró que “Tanto la práctica totalidad los vecinos del pueblo, como todos los integrantes de la Junta Vecinal, reconocen el derecho a la exhumación de las víctimas, y se muestran a favor de este tipo de intervenciones”, aunque la realidad del concejo fue otra. Un grupo de vecinos lanzó todo tipo de sospechas confusas y falsas sobre las labores de la exhumación, sacando a colación el habitual argumento de “subvenciones”, que la ARMH no recibe por decisión propia, o incluso comentarios como “si llevan 80 años ahí qué más les da estar otros 20”.

Parte de los argumentos de los vecinos contrarios se centró en cuestionar que la ARMH hubiera modificado el proyecto inicial de búsqueda de las tumbas temiendo afectar a otras tumbas, “un panteón es para toda la muerte, para toda la vida”, advertía un vecino de viva voz. La ARMH sí que ha actualizado el proyecto de la excavación, preceptivo para la autorización de la licencia por parte del Ayuntamiento de Villadangos, y que incluye la responsabilidad de todo lo que ocurra durante la búsqueda, que además está abierta al público.

Pero en el tenso debate también hubo vecinos que defendieron la búsqueda, “hay familiares detrás que buscan a sus antepasados, eso también hay que mirarlo”, explicando una vecina que su propia madre le había contado que con 12 años acompañaba a su padre a buscar los cuerpos de los fusilados para llevarlos al cementerio de Villadangos.

Cementerio de Villadangos del Páramo y marcas del lugar propuesto de la excavación

El número 2 del Ayuntamiento de Villadangos y concejal de Obras, Alberto González (PP), introdujo al final sus dudas sobre el proyecto presentado por ARMH asegurando que además se había informado de que podía haber “otras alternativas que dieran más confianza a los vecinos”, respecto a la búsqueda de restos por la entidad asociativa. Se refería a las subvenciones de la FEMP para la búsqueda de restos de represaliados, que el propio consistorio nunca ha pedido, tuvo que reconocer el concejal, aunque ya se han convocado en años precedentes.

La polémica final se centró en si había que votar o no la autorización a la ARMH, una situación que recriminaron algunos presentes como Pepe: “Hay gente ahí enterrada que no tenía que estar y os preocupáis por si se os rompe un trozo de mármol. Vergüenza os tenía que dar”. “Si el proyecto está en regla esto es una comida de coco a la gente”, sentenciaba otro que consideraba que no había nada que votar ante el derecho a dar digna sepultura a tus antepasados.

Tras hora y media de debate los vecinos se levantaron y cuando parecía que el concejo se acababa sin votación apareció la urna sobre la mesa presidencial y las papeletas de votación. En la misma figuraba un sí, un no o un espacio en blanco acompañando el texto. Finalmente 22 votos negaron la posibilidad de buscar a las víctimas del franquismo en una decisión donde el mármol importaba más que el dolor de los otros.

Urna de la votación en el concejo de Villadangos del Páramo este viernes

Las posturas institucionales

El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, portavoz del Gobierno autonómico y consejero que ostenta las competencias de Memoria Histórica, Francisco Igea (Ciudadanos), fue tajante el pasado jueves en el debate sobre la necesidad, o no, de que se produzca la votación del pueblo leonés, incluso admitiendo desconocer bastante el caso. La Junta dio el visto bueno a la búsqueda en Villadangos el pasado mes de junio.

Igea quiso zanjar que “exhumar víctimas del franquismo no lo tiene que votar nadie, es su derecho (de las familias de las víctimas) por Ley”, aseguró.

Pero además, añadió que estas recuperaciones de los cadáveres de represaliados en la Guerra Civil española y también mucho más tarde, cuando ya había triunfado el golpe de estado fascista encabezado por el general Franco, “es de una dignidad elemental: que la gente tiene que poder enterrar a sus familiares”, algo que defendió como “indiscutible”.

Igea insistió en que “la Junta de Castilla y León”, en la que cogobierna el PP con Ciudadanos, “colaborará en todas las exhumaciones que sean necesarias” para “que queden como lugar de memoria de lo que nunca debería volver a suceder.

El Ayuntamiento de Villadangos del Páramo, gobernado con mayoría absoluta por el PP con el joven Alejandro Barrera como alcalde, puso dos condiciones para dar licencia para las excavaciones. La primera era la autorización de la Junta Vecinal de Villadangos (el pueblo, no el municipio) como propietaria del cementerio, el asunto que se ha debatido en concejo este viernes. Y la segunda, el de cumplir las licencias municipales de obras para llevar a cabo las exhumaciones, que ARMH calificó de sin precedentes en los 20 años que han llevado a cabo excavaciones para buscar víctimas de la guerra civil y el franquismo.

Ante las críticas de familiares por la tardanza y las trabas al proceso el consistorio aseguró a mediados de agosto lamentar “que se esté pretendiendo usar este tema de tanta sensibilidad como “arma”, calificando como “ataque político contra este consistorio y en particular contra su Alcalde” las declaraciones públicas efectuadas. De momento y ante el veto de la Junta Vecinal, el proceso legal queda paralizado a falta de otras peticiones o recursos.

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Fotografía destacada: Votación en el concejo de Villadangos del Páramo este viernes

Fuente:https://www.ileon.com/actualidad/121523/22-vecinos-de-villadangos-del-paramo-vetan-la-busqueda-de-represaliados-del-franquismo-en-el-cementerio

Publicado por ARMH