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Publicado por ARMH

El ajuar de la memoria de los fusilados de Franco

En el 20 aniversario del movimiento que inició la apertura de fosas, un libro recopila objetos de las víctimas recuperados entre huesos y balas

elpais.com / Natalia Junquera / 06/12/2020

El día que la mataron, María Alonso, republicana, de 32 años, llevaba un solo pendiente porque tenía una infección en la oreja izquierda. Cuando, en 2008, se abrió en Izagre (León) la fosa que compartía con nueve hombres, los forenses se volvieron locos buscando el otro pendiente. Hasta que Josefina Alonso, de 91 años, explicó que su hermana lo había dejado en casa y mostró la sortija que se había hecho con él. “No me la he quitado nunca”.

Ampelio Antón recorría en 2006 una cordillera de esqueletos en Lerma (Burgos) buscando uno con reloj. En el último recuerdo que conserva de su padre, cuando fue a darle una caricia antes de que lo metieran en una camioneta, lo llevaba. “Era de esfera luminosa, precioso”.

En 2006, Toru Arakawa, japonés, 68 años, rompió a llorar como un niño cuando, ayudando a desenterrar una historia con la que nada tenía que ver, entre los huesos de una familia fusilada —un matrimonio y sus dos hijos— vio una alianza de boda y pensó en la desconcertada esposa que había dejado en la otra punta del mundo después de explicarle que quería ayudar a recuperar los restos de víctimas del franquismo. Unos veranos después, convertido en uno de los voluntarios más queridos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), dijo: “Al ver el anillo entendí todo aquel dolor”.

JOSÉ A. ROBÉS / JOSÉ A. ROBÉS

El movimiento para la recuperación de la memoria histórica surgió hace 20 años, cuando el cazo de la excavadora extrajo unas botas sobre las que habían llovido casi siete décadas, y familiares de otros fusilados se acercaron al nieto que abría aquella cuneta, Emilio Silva, pidiéndole ayuda para recuperar también los restos de sus seres queridos. Así nació la ARMH. Con motivo del aniversario de la que fue la primera exhumación realizada con técnicas científicas, la editorial Alkibla publica Las voces de la tierra, un libro que recoge las fotografías de 39 objetos recuperados en fosas comunes descritos por poetas como Antonio Gamoneda, actores como Juan Diego Botto o cantantes como Rozalén y Miguel Ríos.

JOSÉ A. ROBÉS / JOSÉ A. ROBÉS

“Las imágenes de pateras, de los huesos de una fosa… al principio causan mucho impacto, pero con el tiempo van perdiendo fuerza, la gente se acostumbra. Por eso decidí fotografiar los objetos para que hablaran por sí mismos, para que quien los viera pudiera ponerse en la piel de las víctimas”, explica José Antonio Robés, autor de las imágenes que ilustran el libro.

En las exhumaciones aparecen casquillos y balas, prueba de cómo murieron, pero también alianzas, lápices de carpintero o llaves, evidencia de que existieron, amaron, trabajaron y tenían lugares y personas a las que volver. Los objetos —el pendiente y las gafas de María, el sonajero de Martín, las horquillas de Lina…— fueron cedidos al fotógrafo para que pudieran hablar a otros de sus dueños: de sus afectos, rutinas, oficios y aficiones; de quiénes eran antes de que los sacaran de madrugada de sus casas para matarlos por sus ideas. “Son el sagrario de quienes pusieron la primera piedra de la democracia”, explica Clemente Bernad, editor de Alkibla. Algunos, como Perfecto de Dios, de 19 años, apenas habían empezado a vivir. Todos, como recuerda Silva, eran “civiles” y fueron acribillados “lejos de trincheras y de ejércitos enfrentados”.

JOSÉ A. ROBÉS / JOSÉ A. ROBÉS

Las familias los custodian como tesoros. “Nos entregaron los huesos, pero lo que más me impresionó fueron las botas”, recuerda Mari Carmen de Dios, feliz de que su padre pudiera cumplir antes de morir la promesa que le había hecho a su madre: encontrar a Perfecto para enterrarlos juntos. “Sirven para poder contarle a las nuevas generaciones quiénes eran y por qué murieron”, añade. María había comprado aquellos pendientes con un premio de lotería. El dinero también pagó un último viaje con Josefina. “Fuimos a un museo a Madrid y me contó la historia de todos los cuadros. Le encantaba leer”.

JOSÉ A. ROBÉS / JOSÉ A. ROBÉS

Antonio Gamoneda, premio Cervantes, escribe un poema sobre el sonajero: “Retiraron a Martín porque a su edad, nueve meses, podía ser algo pronto para fusilarle, aunque quién sabe…”. Miguel Ríos habla de un reloj, parecido al de su padre, recuperado en una fosa con 15 mineros en León: “Un corazón se paró en medio del campo …”. Con la foto de otro objeto, Juan Diego Botto escribió: “Aprieta el sacapuntas con más fuerza. ¡Carguen! ‘Ella seguirá estudiando y algún día será una mujer que sepa leer y escribir’. ¡Apunten! ‘A ella no le va a alcanzar el hedor del odio y la represión. Será una mujer libre y algún día, en un país mejor, más justo, vendrá a sacar de entre mis huesos este sacapuntas que es la única herencia que pude dejarle’. ¡Fuego!”.

Martín de la Torre sostiene el sonajero que su madre se llevó al paredón en septiembre de 1936. ÁLVARO GARCÍA

El papel de la justicia

La justicia no los pide, pero los forenses hacen informes periciales de las fosas del franquismo que abren: “Si mañana los reclamara un juez, necesitaríamos una camioneta”, explicaba Francisco Etxeberria. Las exhumaciones de la Guerra Civil han tenido poco recorrido en los juzgados pese a los intentos de asociaciones y familiares a lo largo de los años de que los jueces trataran aquellos crímenes como si hubieran sido cometidos ayer. Sin embargo, empieza a haber cierta jurisprudencia en materia de memoria histórica. El libro No matarás, memoria civil (Editorial Catarata) escrito por el abogado Eduardo Ranz y prologado por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, da cuenta de ello.

Tras varios intentos fallidos, Ranz logró en 2016 que un juzgado autorizara por primera vez las exhumaciones de republicanos enterrados sin consentimiento familiar en el Valle de los Caídos, aunque la sentencia todavía no se ha ejecutado. Otro de los frentes de batalla del abogado ha sido la simbología franquista (callejero, títulos honoríficos, placas, escudos…) por los que llegó a presentar más de 500 reclamaciones por incumplimiento de la ley de memoria histórica. La Fundación Franco le apodó “el aprendiz de Robespierre” y ofreció por carta a los Ayuntamientos afectados servicios jurídicos “a bajo coste” para responder a las demandas. En otra ocasión, Ranz relata que le enviaron a su despacho una caja con excrementos y un mensaje que decía: “Esta es una pequeña muestra de la mierda que está echando usted sobre España”. La fundación ya había intentado torpedear la retirada de la estatua ecuestre del dictador ubicada en Madrid en 2005, que Zapatero hizo coincidir con el cumpleaños de Santiago Carrillo, según confesó al abogado. El Tribunal Supremo rechazó su recurso al estimar que la ley de memoria histórica “impone a todas las Administraciones Públicas adoptar las medidas oportunas para que se proceda a la retirada de aquellos monumentos conmemorativos que supongan una exaltación de la Guerra Civil, con el objeto de dar cumplimiento al espíritu de reconciliación y concordia que permitió el alumbramiento de la Constitución de 1978″. Otros tribunales territoriales se pronunciaron de forma similar, pero sigue habiendo vestigios del franquismo. Ranz recuerda en el libro que “solo se ha conseguido resignificar cinco de los 11 municipios” que incluían en su denominación las palabras “Del Caudillo”.

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Fotografía destacada: A la izquierda, pendiente de María Alonso recuperado en una fosa común en Izagre (León), y a la derecha, la sortija que su hermana Josefina se hizo con el que María se dejó en casa el día que la mataron. CLEMENTE BERNAD

Fuente:https://elpais.com/espana/2020-12-05/el-ajuar-de-la-memoria-de-los-fusilados-de-franco.html?outputType=amp&__twitter_impression=true&fbclid=IwAR3fOWVcXsC0HLO5muW5Ats8cwMazSyPg_q8wRXbEuzrHHnkKGYaHOYF2qc

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