Archivo de la categoría: Opinión

Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

La extinción de la “Fundación” Francisco Franco: una cuestión de interés general

Sus miembros se dedican a vejar públicamente a las víctimas de la dictadura, negando los crímenes franquistas con total impudor.

Su mera existencia vulnera no solo la Ley de Fundaciones, sino la propia Constitución, que vincula directamente el ejercicio del derecho de fundación a la persecución de fines de interés general.

eldiario.es / Manuel Maroto / 09-08-2017

En España existe una organización fascista que en sus estatutos recoge abiertamente como fines la “exaltación” y el “enaltecimiento” de Francisco Franco, así como “contribuir a la proyección de su ideario sobre el futuro de la vida española”. La cosa no queda en declaración de intenciones. Sus miembros se dedican, efectivamente, a vejar públicamente a las víctimas de la dictadura, negando los crímenes franquistas con total impudor (“ Franco no fusiló a nadie“). A intentar intimidar a cargos políticos y a artistas, presentando querellas infundadas y profiriendo amenazas que remiten a lo peor de nuestra historia (“ Si hay que volver a pasar ¡pasaremos!“). A ofrecer asesoría para incumplir la ley (en particular, claro, la de Memoria Histórica). También a poner financiación pública y bienes de interés cultural al servicio de la apología del franquismo.

La realidad es que la Fundación Francisco Franco, con la Constitución y con la ley en la mano, no puede tener reconocida la naturaleza de “fundación”. Su mera existencia vulnera no solo la Ley de Fundaciones, sino la propia Constitución, que vincula directamente el ejercicio del derecho de fundación a la persecución de fines de interés general. El artículo 34.1 de la Constitución Española establece, en efecto, que “se reconoce el derecho de fundación para fines de interés general, con arreglo a la ley”. A su vez, según el artículo 3 de la Ley 50/2002, de 26 de diciembre, de Fundaciones, “las fundaciones deberán perseguir fines de interés general, como pueden ser, entre otros, los de defensa de los derechos humanos, de las víctimas del terrorismo y actos violentos, asistencia social e inclusión social, cívicos, educativos, culturales, científicos, deportivos, sanitarios, laborales, de fortalecimiento institucional, de cooperación para el desarrollo, de promoción del voluntariado, de promoción de la acción social, de defensa del medio ambiente, y de fomento de la economía social, de promoción y atención a las personas en riesgo de exclusión por razones físicas, sociales o culturales, de promoción de los valores constitucionales y defensa de los principios democráticos, de fomento de la tolerancia, de desarrollo de la sociedad de la información, o de investigación científica y desarrollo tecnológico”.

¿Cómo es posible que siga existiendo una fundación que no solo no persigue ninguno de los fines mencionados en esa larga lista, sino que cuya actividad está directamente encaminada contra algunos de los más importantes allí enumerados? ¿Cómo puede ser legal una fundación que difunde el desprecio por los derechos humanos y por las víctimas de la violencia, que exalta la dictadura contra los valores constitucionales, los principios democráticos y la tolerancia, que vincula su forma jurídica y su patrimonio al servicio de intereses que rayan en lo delictivo y son absolutamente contrarios a cualquier noción razonable de interés general?

Según el Registro de Fundaciones, la Nacional Francisco Franco es inscrita el 11 de junio de 1977, cuatro días antes de que se celebraran las primeras elecciones democráticas desde la Segunda República. Por aquellas fechas, por cierto, se denegó la inscripción como partidos políticos a aquellas formaciones que incluyeran en su denominación alguna referencia a la república, lo que impidió que pudieran presentarse a estos comicios. La Fundación Francisco Franco, sin embargo, no tuvo problemas para inscribirse. Gracias, en parte, a un régimen legal preconstitucional que la propia Ley de Fundaciones hoy en vigor califica en su exposición de motivos como “vetusto” y del siglo XIX. No es tan fácil explicar, sin embargo, por qué esta organización ha sobrevivido a la Constitución y a dos leyes de fundaciones que vinculan esta forma jurídica a la persecución de fines de interés general.

Según el artículo 31 de la vigente Ley de Fundaciones, será causa de extinción de estas entidades, entre otras, el que “sea imposible la realización del fin fundacional”. Según la doctrina, esta imposibilidad puede ser tanto material, es decir, que sea fácticamente imposible conseguir el fin fundacional, como jurídica, esto es, que haya habido cambios en el ordenamiento jurídico que hayan convertido lo que era lícito en ilícito, que los fines de la fundación haya devenido contrarios a derecho, o que los medios para alcanzarlos resulten inidóneos para ello. La propia Ley ( artículo 33.2) hace responsable al Protectorado de Fundaciones, órgano dependiente del poder ejecutivo y encargado de controlar la legalidad de estos organismos, de instar a los tribunales a que extingan una fundación en estos casos. Es evidente que tanto la Constitución como las sucesivas leyes de fundaciones y la Ley de Memoria Histórica convirtieron hace tiempo el fin fundacional de la Fundación Franco en algo absolutamente contrario a cualquier noción de interés general, por muy indeterminado que se quiera considerar este concepto jurídico. Se ha convertido en un fin, además, ilícito, por vulnerar el derecho, legalmente reconocido, a la reparación moral de quienes sufrieron un régimen ilegítimo y fueron víctimas de la represión ejercida por parte de instituciones totalmente contrarias a derecho. La controversia sobre si la apología del franquismo debe o no ser considerada una conducta delictiva no puede en modo alguno ser una excusa para tolerar las actividades de un colectivo que solo existe como fundación en flagrante abuso del régimen legal y constitucional de esta forma de personalidad jurídica. La utilización en fraude de ley de la figura de fundación bien merece la aplicación de la doctrina del “ levantamiento del velo“, y con ella una indagación seria sobre los intereses que yacen detrás de esa organización, atrincherada tras un reconocimiento legal que no le corresponde.

Va siendo hora de levantar el velo, también, de los ojos de las instituciones, y de que el legislador reforme la Ley de Fundaciones para establecer, de manera si cabe más meridianamente clara, la ilegalidad de fundaciones como esta. Pero, con la Constitución y la actual ley en la mano, más aún hace que viene siendo hora de extinguir la “fundación” Franco, como si de los dinosaurios se tratara. Aun con cuarenta años de retraso, será una buena ocasión no solo para poner fin a la flagrante vulneración del principio de igualdad ante la ley que supone la existencia de esta organización, y al desprecio a las víctimas de los crímenes franquistas que es parte fundamental de su actividad cotidiana. Lo será, también, como contribución a resignificar lo que política y jurídicamente debe significar “interés general”.

Manuel Maroto – Profesor de Derecho Penal de la Universidad de Castilla-La Mancha

___

Fotografía destacada: Foto compartida en Twitter por la Fundación Francisco Franco del 1 de abril de 1939.

Fuente:http://www.eldiario.es/tribunaabierta/extincion-Fundacion-Francisco-Franco-cuestion_6_674092605.html

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

Federico García Lorca en la caja negra del franquismo

blogs.publico.es/ Emilio Silva / 01-07-2016
Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

En octubre de 1937, un corresponsal argentino del diario La Prensa, que estaba informando de la guerra de España, tuvo la oportunidad de encontrarse con el dictador Francisco Franco. La entrevista está recogida en el libro Palabras del Caudillo, editado en 1939 por Falange Española Tradicionalista y de las Jons, y recoge discursos y entrevistas en medios de comunicación internacionales al mejor estilo guebeliano.

El periodista tuvo la “osadía” de preguntarle al Caudillo si habían “fusilado a escritores españoles de fama mundial”. La referencia al asesinato de Federico García Lorca fue respondida contundentemente por el general Franco: “Se ha hablado mucho en el extranjero de un escritor granadino; se ha hablado mucho porque los rojos han agitado este nombre como un señuelo de propaganda. Lo cierto es que en los momentos primeros de la revolución en Granada, ese escritor murió mezclado con los revoltosos; son los accidentes naturales de la guerra. Granada estuvo sitiada durante muchos días, y la locura de las autoridades republicanas, repartiendo armas a la gente, dio lugar a chispazos en el interior, en alguno de los cuales perdió la vida el poeta granadino”.

Durante cuatro años, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica guardó un informe que llevaba años escondido en los sótanos del Ministerio del Interior, rodeado de centenares de secretos documentales que nunca han podido salir a la luz. La persona que lo entregó pidió que fueran respetados sus plazos y que ya avisaría cuando el documento pudiera hacerse público. Se trataba del informe generado en España por una petición de información de una historiadora francesa, Marcelle Auclair, que estaba investigando y escribiendo sobre la muerte del poeta Federico García Lorca. Su solicitud generó un informe policial que nada tiene que ver con la manipulación histórica del Caudillo. El informe enumera algunas de las razones por las que Lorca fue “pasado por las armas”. Se dice que era socialista, masón y se añade que “estaba tildado de prácticas de homosexualismo, aberración que llegó a ser “vox pópuli”… Siendo evidentes las causas de su asesinato; su opción sexual, su colaboración con los gobiernos progresistas de la Segunda República, su Barraca llevando la cultura a donde nunca estuvo, su lucha contra la ignorancia, es curioso cómo la democracia lo ha despojado ese significado hasta reducirlo a una especie de autor folclórico, que simplemente supo captar esencias de la vieja, profunda y peculiar España. Incluso uno de los investigadores que está tratando de buscar sus restos, Miguel Caballero, aseguraba recientemente: “Se han apropiado indebidamente de Lorca, que para nada era de izquierdas”; una afirmación que recuerda a la frase del Caudillo en la que afirmaba que los rojos agitaban “este nombre como un señuelo de propaganda”.

¿Qué pasaría en Chile si un historiador dijera que la oposición a Pinochet ha utilizado la figura de Víctor Jara que para nada era de izquierdas? ¿O que Antonio Machado o Miguel Hernández nunca se definieron políticamente? Pues  posiblemente lo mismo que ha pasado con las palabras de este historiador: nada.

La cultura franquista, el éxito sociológico de la dictadura, el atado y bien atado, es el triunfo de la despolitización. La famosa frase del dictador: “haga como yo,  no se meta en política”, es una orden que obedientemente sigue vigente en nuestra democracia, tan necesitada de significados políticos como de acabar con sus insignificancias históricas.

Sólo desde esa perspectiva se puede entender que su intensa vida y su trágica muerte, no se hayan convertido en un símbolo de la lucha contra la intolerancia,  en una referencia permanente entre quienes denuncian la homofobia, entre quienes han hecho del “orgullo gay” una celebración que festeja “el fin de las aberraciones”. Lorca víctima de la intolerancia, Lorca poeta universal, ha vivido apartado de su tragedia personal durante décadas, escondido en la caja negra del franquismo, despojado de su compromiso personal, arrojado a las cunetas de la historia como muerto por un accidente.

Pero este 2 de julio, el mismo día que se celebra en Madrid la gran marcha del Orgullo Gay, Federico recibirá un homenaje que trata de convertirlo en un símbolo que siempre debió ser; el de una vida que nunca debió terminar y el de un asesinato que nunca debió ocurrir. La cultura de los derechos humanos se construye sobre las violaciones de los derechos humanos. El asesinado de Federico García Lorca y de todas y todos los 114.226 federicos que permanecen desaparecidos por la represión franquista debe servir para construir valores contra la intolerancia, conocimiento de nuestra historia, cultura democrática y politización del pasado. Ni Lorca “perdió la vida” como dijo el dictador, ni quienes hoy sufren agresiones homófobas “pierden su tranquilidad”. Nuestra recuperación de la democracia se ha sostenido sobre el olvido y la ignorancia y la ciudadanía ha perdido un pasado repleto de referencias para  construir un presente certero. Hagamos como Lorca, metámonos en política.

___

Fuente:http://blogs.publico.es/otrasmiradas/6690/federico-garcia-lorca-en-la-caja-negra-del-franquismo/

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

Lorca, un crimen que no ha prescrito

La cultura dominante desde la transición se ha encargado de convertir la muerte del poeta Federico García Lorca en algo similar a uno de sus romances; una muerte lorquiana, una tragedia contada con rima asonante y oscura. Los intentos por despolitizar su asesinato han conseguido, durante años, mantener su terrible crimen como una tragedia digna del folclore popular, llegando a narrar con romanticismo la visión del paraje en el que pudo ser asesinado.

publico.es / Emilio Silva / 25-09-2015

¿Qué le ocurre a una sociedad incapaz de mirar como un crimen lo que les ocurrió a los 144.226 desaparecidos del franquismo de los que se tienen referencia sin inmutarse? ¿Spain is different? Es el franquismo el que construyó esa especie de visión costumbrista de la violencia, la interpretación descafeinada de la dictadura, la aceptación mediante la mala educación de cuatro décadas de miedo y la reconstrucción de una democracia con aluminosis

Llama la atención la falta de un relato criminal acerca de su muerte. Mientras en Chile se han hecho dos autopsias de la muerte de Víctor Jara y ha sido enterrado con honores de Estado, la muerte del poeta granadino ha vivido alejada del derecho.

Hace unos meses la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) recibió de forma casi anónima un informe en el que se relataba el asesinato del poeta; el primer documento en el que el gobierno de la dictadura reconocía el asesinato del poeta y las razones políticas y homófobas por las que había sido asesinado. La versión que dio el dictador Francisco Franco a un corresponsal argentino del diario La Prensa, en plena guerra, fue que el “famoso poeta” había muerto en un altercado causado por las armas que el Gobierno republicano había entregado al pueblo. Incluso la fundación que lleva sus nombres llegó a restar importancia al hecho de que hubiera sido rojo y homosexual, en un intento por normalizar la vida del poeta con respecto a la despolitización del pasado en la que colaboraron numerosas élites culturales, políticas y académicas durante la transición.

La ARMH lleva quince años buscando a los desaparecidos de la dictadura, tratando de construir una visión de los crímenes del franquismo que incorporen la visión de los derechos humanos y del derecho penal internacional. Por eso en abril de 2010 promovió la denuncia de las desapariciones forzadas que llevó a la puesta en marcha de la querella argentina. Ahora está preparando la denuncia con la que presentará el informe policial recientemente aparecido sobre el asesinato de Lorca. Lo hace por el deber de denunciar ese crimen y para que la jueza que investiga desde Buenos Aires sepa que en los sótanos de algunos ministerios españoles se oculta documentación que podría ser extremadamente útil para su investigación y para que la sociedad conozca su pasado.

Los huesos de Lorca, allá donde estén, son el esqueleto de un enorme silencio que camina por nuestro país a sus anchas; un silencio sordo y retorcido que protege a los asesinos, a los torturadores, a los ladrones de bebés nacidos en la posguerra de los vientres de las presas republicanas y que hace vivir a buena parte de la sociedad como si hacer justicia por el asesinato y la desaparición de más de 113.000 hombres y mujeres fuera algo superficial. Aquí, mientras no haya justicia para tantas familias, la democracia seguirá siendo todavía una palabra escrita con letras minúsculas.

___

Fotografía destacada: Barranco de Víznar donde está la fosa de Lorca. | Foto: Jesús G. Hinchado

Fuente: http://blogs.publico.es/otrasmiradas/5438/lorca-un-crimen-que-no-ha-prescrito/

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

La memoria es un deber

Emilio Silva/Diario de León/15-09-2015

Hace quince años un grupo de familiares se fotografiaban en una cuneta a la entrada de Priaranza del Bierzo. Junto a unos frondosos nogales, en el ángulo formado por la intersección de dos carreteras, los testigos señalaban el lugar donde 64 años antes habían sido enterrados los cuerpos de trece civiles. En la noche del 16 de octubre de 1936 habían sido dirigidos hasta allí con un camión. Fueron asesinados a bocajarro en la misma cuneta donde la familia de uno de ellos, Emilio Silva Faba, trataba más de seis décadas después de encontrar sus restos y enterrarlos dignamente.

Tras el final de la dictadura franquista se llevaron a cabo decenas de exhumaciones de fosas por todo el Estado español. Los familiares, sin técnicas científicas que los apoyaran, recogían con su amor y su memoria los restos de sus seres queridos para trasladarnos a un cementerio y poder honrarlos dignamente, como llevamos haciendo desde hace cientos de miles de años en el suelo de esta península.

Pero en Priaranza del Bierzo ocurrió algo especial. Por un lado, la labor llevada a cabo por un grupo de cuatro arqueólogos, una antropóloga forense y un médico forense. Por otro, porque allí se encontraron los restos del primer desaparecido de la represión franquista que sería identificado mediante una muestra de ADN. Y por último, el inicio de un movimiento social que nació del encuentro de varios familiares de desaparecidos, que convirtieron en sus conversaciones, alrededor de la fosa, un problema privado en algo público.

Desde entonces la labor de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha sido constante en la búsqueda de cientos de hombres y mujeres desaparecidos y en la apertura de un debate acerca de la relación de la sociedad española con su pasado que ha llego a las más altas instancias de los Derechos Humanos. En agosto de 2002, poco después de la exhumación de una fosa común en Piedrafita de Babia, la ARMH presentó ante el Alto Comisionado de los Derechos Humanos con sede en Ginebra los casos de 64 desaparecidos y esa fue la punta de lanza de un proceso que ha seguido en estos años.

Junto a la fosa de Priaranza del Bierzo, un nieto apoyado en un árbol hablaba de lo que podía significar ese momento y utilizaba la metáfora de que aquello podía ser un agujero en el silencio. Allí se tejió un hilo de la memoria que ha ido hilvanando miles de historias; la de Isabel González, de Palacios del Sil, que murió en julio de 2006 sin haber podido encontrar a su hermano Eduardo; la de Vicente Moreira, un niño de la guerra que regresó de la entonces Unión Soviética y hasta el año 2001 no pudo encontrar los restos de su madre; la de Senén García, de Fresnedo, que repetía y repetía una frase mientras los arqueólogos hacían delicadamente su trabajo: «Todo lo que brota lo cortan, todo lo que brota lo cortan»; la de tantos hombres y mujeres que lloraron y recordaron bajo sus almohadas, que nunca pronunciaron el nombre de sus seres queridos desaparecidos con otro tono que no fuera un susurro, con otro sentimiento que no fuera el miedo, con otro pensamiento que no fuera el de la tristeza, el de la angustia, el de no saber qué había ocurrido con sus padres o sus hermanos y si podrían morirse con el descanso de haberlos encontrado y enterrado con dignidad.

La ARMH ha recibido en estos años la ayuda de más de 700 voluntarios; hombres y mujeres llegados desde más de veinte países, personas que pueden escribir con letras mayúsculas la palabra solidaridad, que han puesto su esfuerzos, sus recursos, sus emociones al servicio de los familiares a los que la política nunca ayudó, a los que las instituciones nunca les abrieron una puerta, a los que ningún Gobierno les dijo con firmeza que en un país democrático los derechos humanos se garantizan y no se subvencionan, se facilitan o se abandonan.

Los voluntarios de la ARMH han visto mucho miedo en muchos ojos, en muchos silencios, en muchas frases entrecortadas a punto de enunciarse, en muchas bocas cerradas, en muchas manos que se retuercen antes de que los labios dejen salir un hilo de voz, en miradas para comprobar si las ventanas y las puertas están cerradas. Miedo que dura, que se mantiene, que no se erosiona con el paso de los años porque de «esto» no se habla, porque es mejor callar, porque alguien decidió que a nuestra democracia le convenían miles y miles de ciudadanos y ciudadanas asustados.

Los quince años de labor de la asociación han servido para conocer más verdad, para construir algo de justicia, para iniciar el camino hacia una reparación. Pero todavía hay muchos políticos que no entienden, capaces de hacer que no entienden que alguien quiera enterrar dignamente a un ser querido, de decir que eso reabre heridas, que despierta rencores.

La memoria cura, sana, repara; la memoria es un deber de las sociedades democráticas para recordar a quienes tantos sufrieron al servicio de la democracia. La memoria se contagia, se transmite, salta de un cerebro a otro, de unos ojos al informe de un arqueólogo o de la pantalla de un ordenador a la mirada de un joven.

En estos quince años la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha curado muchas heridas, ha reparado mucho daño, ha cuidado de mucha gente en un Estado que no quiere que se sepa qué ocurrió, a quién ocurrió y quién lo hizo. La memoria es como las ideas; imposibles de matar. Por eso, hasta que la sociedad no construya justicia para los familiares de los desaparecidos del franquismo, la sociedad seguirá reclamando humanidad y justicia.

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

La impunidad es una materia dura y abundante en el subsuelo de nuestra democracia

-En el Día Internacional de los Desaparecidos, en España hay todavía 114.226 mujeres y hombres, asesinados por la represión franquista, que no han recuperado su identidad y que son buscados por sus familias.

-Decenas de miles de familiares de desaparecidos han muerto en estos casi cuarenta años transcurridos desde que falleció el dictador sin que ninguno de los Gobiernos democráticos haya asumido la responsabilidad de encontrarlos.

Emilio Silva/Eldiario.es/29-08-2015

El 30 de agosto se conmemora en el mundo el Día Internacional de los Desaparecidos. En España hay todavía 114.226 mujeres y hombres, asesinados por la represión franquista, que no han recuperado su identidad y que son buscados por sus familias. Nuestra convivencia normalizada con esa realidad es consecuencia de la hegemonía de unas élites que no podían buscar su legitimidad en la lucha contra la dictadura y han tratado de construirla en el entorno de las víctimas del terrorismo. Para eso era necesario invisibilizar el franquismo y narrar la historia reciente como si lo inmediatamente anterior a la transición hubiera sido la guerra civil.

Aeropuerto de Barajas, 26 de noviembre de 2013. Un grupo de personas de diferentes edades se va reuniendo frente al mostrador de una compañía aérea. Se saludan, se abrazan y empiezan a conversar. El círculo va creciendo y de pronto todos reaccionan cuando llega una mujer mayor, que esboza una enorme sonrisa que se congela en su rostro cuando su hija, después de saludar, enuncia que la madre va a cumplir 89 años en pleno vuelo.

La mujer mayor asiente sonriendo, recibe felicitaciones y algunos abrazos extra. En el billete que lleva en la mano se puede leer su nombre, Ascensión Mendieta, y en los rasgos de su rostro se pueden intuir cosas de su historia.

Cuando se supo que un grupo de víctimas de la represión de la dictadura franquista se proponía viajar a Argentina para declarar ante la jueza que desde el 14 de abril de 2010 investiga las violaciones de derechos humanos del franquismo, Ascensión dijo: “Allá voy”.

Que la hija de un desaparecido por la represión de una dictadura cumpla 89 años volando miles de kilómetros en busca de justicia explica mucho de nuestra sociedad, de nuestra falta de cultura de los derechos humanos, de cómo nos hemos acostumbrado a convivir con la monstruosidad que supone que 114.000 mujeres y hombres, que querían seguir viviendo en un país democrático, sigan en fosas comunes sin que nuestras instituciones hayan hecho el esfuerzo de buscarlos, de saber quiénes son, de saber qué les pasó, de perseguir a los culpables del mayor acto criminal y terrorista de nuestra historia reciente.

El 20 de noviembre de 1978, Juan Carlos de Borbón y Sofía de Grecia se hicieron una fotografía en México DF con Dolores Rivas, la viuda del presidente republicano Manuel Azaña. El entonces monarca estaba en campaña, escenificando que sería el jefe de Estado de las dos España, dos semanas antes del referéndum constitucional.

El rumbo de la transición estuvo marcado por los intereses de las élites franquistas. Y del mismo modo que el franquismo se desvinculó del nazismo, con el que había mantenido estrechísimas relaciones hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, las élites de la dictadura, con el consentimiento de algunos sectores de la oposición, blanquearon sus biografías para que su posición social dominante no apareciera ni pareciera vinculada al uso y abuso de la violencia por parte del régimen.

Así transcurrimos por la historia reciente reteniendo a Pinochet en Londres, abriendo causas de Guatemala, Argentina o Ruanda en nuestra Audiencia Nacional, mientras similares violaciones de derechos humanos cometidas por el franquismo eran “otra cosa”.

A finales de los años 70 los familiares de los desaparecidos iniciaron un movimiento de búsqueda y en zonas de Navarra, La Rioja o Palencia se exhumaron decenas de cuerpos. Pero llegó el golpe de Estado de 1981 y el miedo acumulado durante cuarenta años heló la sangre de los familiares que se paralizaron por miedo a que despertara de nuevo la dictadura. (Cuántos miles de folios se han publicado sobre las posibles autorías del Golpe y qué pocos sobre sus efectos psicosociales).

El uso de la desaparición en la violencia política explica el deseo del represor de que personas con esas ideas no deberían existir. En el caso de los hombres y mujeres que están en las fosas son quienes construyeron nuestro primer periodo democrático durante la Segunda República; elecciones con sufragio universal masculino y femenino y diferentes ideologías en el poder.

Ascensión Mendieta regresó de Argentina, pronto hará dos años, y sigue luchando por recuperar los restos de su padre. Desde hace año y medio un juzgado de Guadalajara ha recibido una petición de la justicia argentina para que se exhume la fosa donde podría encontrarlo. Pero los laberintos burocráticos hacen que pase y pase un tiempo que para ella corre muy rápido.

Decenas de miles de familiares de desaparecidos han muerto en estos casi cuarenta años transcurridos desde que falleció el dictador sin que ninguno de los Gobiernos democráticos haya asumido la responsabilidad de encontrarlos. Su dolor, su miedo, la injusticia que han sufrido en democracia son una deuda pendiente que no desaparecerá mientras no sea reparada.

http://www.eldiario.es/zonacritica/impunidad-materia-abundante-subsuelo-democracia_6_425267477.html

Publicado por ARMH
Memoria Histórica | |
Publicado por ARMH

La fosa de El Baldío

Miguel Ángel Rincón/La voz del Sur/07-08-2015

El pasado martes, 4 de agosto, la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica halló una fosa en Alcalá del Valle (Cádiz), y en su interior, cuatro personas represaliadas de la Guerra Civil.

La ubicación de la fosa donde fueron enterrados se ha podido conocer gracias al testimonio de una mujer que con tan sólo 15 años presenció el trágico momento del enterramiento, el 18 de septiembre de 1936, en la zona de El Baldío. Esta persona, que vivía en la finca donde tuvieron lugar los crímenes, observó desde su ventana cómo se llevaban las víctimas hacia la carretera, escuchó varios disparos y presenció cómo los cuerpos fueron enterrados junto a un olivo.

Según la memoria oral y los testimonios de familiares y vecinos del pueblo, en la fosa se hallarían dos mujeres y un hombre, pero al abrir la fosa resulta que eran cuatro los cuerpos que se han encontrado, dos mujeres y dos hombres. Junto a los cuerpos han aparecido dos anillos, unos pendientes y una peineta.

A partir de ahora es cuando comienza la investigación para averiguar las identidades de esas cuatro personas. En principio, en la fosa se encontrarían los restos de Remedios Partida, una mujer de 43 años, de su hijo José Rodríguez Partida, y de la novia de José, cuya identidad se desconoce a día de hoy, al igual que se desconoce el nombre del cuarto cuerpo.

Sin duda, les debemos mucho a todas aquellas personas que lucharon decididamente por la Democracia y por sus ideales, y que por ello, cayeron bajo las balas de quienes sólo tenían por cerebro un triste fusil.

Aquellos republicanos, hombres y mujeres, que murieron defendiendo la libertad, no pertenecen a nadie y a la vez nos pertenecen a todos. Quiero decir con esto, que sus familiares no son solamente los que llevan su sangre, sino también los que compartimos aún sus ideales, sus luchas, sus utopías.

Nada de vivir en el pasado, nada de rencores, nada de venganzas; esas muertes, después de tanto tiempo, tienen que servir para enseñar al mundo la barbarie de un tiempo y para que nunca más se vuelva a repetir, porque si hay algo que duele más que las balas que segaron sus vidas, ese algo es el olvido a lo largo de la historia, la indiferencia de la gente, la ignorancia de lo que pasó hace casi ochenta años, aquí mismo, en nuestros pueblos. Es cuestión de dignidad.

http://www.lavozdelsur.es/la-fosa-de-el-baldio

Publicado por ARMH