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Mujeres vejadas, encarceladas y violadas: retratos del feminicidio franquista

Retratos de “carne y hueso” de cien mujeres represaliadas por el régimen de Franco.

publico.es / María Serrano / 07-03-2020

¿Quién fue Gertrudis Ríos? Una maestra gaditana que todo el pueblo de Algodonales conocía por sus enseñanzas en pedagogías modernas y su carácter fuerte, alegre y bondadoso. ¿Y Carmen y Concha Díaz? Dos hermanas que tuvieron que elegir en el peor momento de la historia de España cuál de ellas iba a ser fusilada como escarmiento por la desaparición de su hermano José. ¿Y Rafaela Ayala? La mujer que fue asesinada junto a su hija María por insultar a los falangistas que mataron a su marido en un camino rural de Morón de la Frontera (Sevilla).

La periodista Susana Falcón ha vivido en primera persona el exilio y la huella de la dictadura Argentina, su país natal. Su conciencia por la memoria la ha llevado a sacar a la luz un centenar de historias inéditas de cien mujeres, cien rosas, recopiladas en forma de relato poético que denuncian la barbarie cometida durante la guerra y la dictadura de Franco.

Su libro, Cien mujeres andaluzas. Retratos del feminicidio franquista (editorial Garaje poesía) ha querido desentrañar la historia “de carne y hueso” de un centenar de mujeres andaluzas que fueron víctimas del feminicidio franquista cometido hace menos de un siglo en nuestro país. Falcón habla de mujeres que fueron fusiladas, encarceladas, rapadas. “Este libro va para ellas a las guerrilleras, las exiliadas, las resistentes y las sobrevivientes, todas dueñas de la dignidad más inmensa”, apunta Falcón a Público.

Las víctimas, protagonistas de este libro, salen del detalle más burocrático para convertirse en mujeres protagonistas. Falcón destaca la ingente tarea que ha supuesto retratar cada detalle de cada una de ellas, como el color de sus ojos o qué les gustaba hacer en su tiempo libre. “Justamente, eso era muy importante para mí, que fueran ellas en carne y hueso, por eso ha sido mas difícil conseguir la información, que en muchas historias sepamos detalles de su vida, si eran altas o bajas, de buen o mal carácter. Quería sacarlas de la trama burocrática, saber si tocaba un instrumento”, como fue el caso de Amparo García Cano, a la que llamaban Amparito de Cádiz, cigarrera de profesión y que tocaba la bandurria en su tiempo libre.

Cada uno de estos perfiles han podido salir a la luz gracias a las investigaciones de historiadoras de la talla de Pura Sánchez que, a través de su libro Individuas de dudosa moral, Falcón pudo tirar del hilo para desgranar cada uno de los perfiles. La investigadora Sánchez ha destacado la necesidad de dar luz a la vida de este centenar de mujeres andaluzas anónimas para que se iluminen, esclareciendo así “las biografías de las sin nombre, olvidadas tan frecuentemente por la historia, con mayúsculas y con minúsculas”. Falcón aclara “que las investigaciones de las autoras y páginas como Todos los nombres me han permitido dar con sus historias, tan difíciles de sacar a la luz a pesar de que están en la memoria colectiva”.

La maestra Gertrudis, las hermanas Díaz y el final de Ayala

Falcón va poco a poco haciendo un repaso, a través de un relato poético de biografías como la de Gertrudis Ríos, una maestra de Algodonales (Cádiz) cuyo cuerpo torturado se encuentra aún en un paraje perdido. “Dónde tiraron a Gertrudis, la maestra, en qué agujero de la tierra habían escondido su cuerpo torturado, después de pasearla por el pueblo exhibiendo los estragos del ricino ante los alucinados ojos de los niños y niñas que fueron sus alumnos”. Aquella maestra, apunta Falcón, fue un referente en las luchas sindicales y dejó huella imborrable en su pueblo al introducir pedagogías modernas, heredadas de aquella Segunda República. Aún no se conoce su paradero, al igual que el de su marido Ramón, cartero de profesión.

Falcón no puede dejar de lado la historia de las hermanas Díaz Ramos, Concha y Carmen, dos mujeres sevillanas, hermanas del dirigente comunista José Díaz, que tuvieron que decidir la peor de las suertes en la cárcel improvisada del cine Jáuregui, abarrotadas de civiles. Los falangistas se dirigieron a ambas para espetarles. “Decidan, pero rápido, cuál de las dos va a morir”. Falcón señala a Público que fue una de las historias más estremecedoras, al pensar como la hermana mayor Carmen le pedía a Concha, diez años más joven que “cuidara de sus hijas y las críe junto a las suyas”. “Carmen estaba dispuesta a la muerte cercana”. Falcón retrata, gracias a los testimonios orales como Carmen Díaz pidió a aquellos falangistas que no la dejaran morir sin vendas en los ojos, “como su hermano merecía con dignidad irrevocable”.

La maestra Gertrudis Ríos, asesinada por el franquismo.

Su cuerpo se encuentra sellado en una de las fosas del inmenso camposanto de San Fernando en la ciudad de Sevilla. Rafael Ayala Dorado era de Alcalá de los Gazules pero vivía antes de la guerra junto a su marido Juan en una tierra arrendada por el Conde de la Maza en un cortijo de Morón de la Frontera. Pensó como muchas familias aquellos días del verano de 1936 “por qué huir, si no hemos hecho nada”, pero Rafaela nunca imaginó como el devenir de aquel verano acabaría en la peor de las tragedias. Trabajando como jornaleros en sus cosechas un día de buena mañana Rafaela vio como aquellos falangistas se llevaron a Juan, su marido, para simplemente hacerle unas preguntas. Cuando pasan varios días “parten Rafaela y su hija María, a buscarlo por lugares de detención, la falange, al cuartelillo”. Con la peor de las intenciones los falangistas las llevan hasta el camino donde está el cuerpo acribillado de Juan. Rafaela y su hija pierden la compostura, lloran ante la ira y el desprecio de los guardias civiles. Aquellos falangistas pensaron que era mejor unirlas al cuerpo de Juan. Rafaela y su hija María fueron cosidas a balazos en el mismo camino de Morón, mientras el resto de la familia intentaría huir para no acabar en las mismas circunstancias.

Las aceituneras de San Juan, entre las más jóvenes

“La detención, los golpes, los abusos que ni mentar quieren, después el barco con nombre gallego, prisión flotante en el puerto sevillano. Y al final los disparos en las tapias del cementerio, la muerte, la fosa común” Falcón habla en su libro de casos colectivos como fue la trágica historias de las aceituneras de San Juan de Aznalfarache (Sevilla), y que logró rescatar gracias a la ayuda de investigadores locales como fue el caso de Raúl Sánchez Caro, quien se dejó la vida por desentrañar la vida y luz de estas jornaleras.

Ellas eran María, Rosario, Leonisa, Josefa, Francisca, Gabina, Victoria, Josefa y Guadalupe. Eran mujeres del mundo agrícola de entre 19 y 43 años de edad. Todas vivían en el municipio de San Juan de Aznalfarache y fueron fusiladas en la saca del 24 de octubre de 1936. A Josefa la violaron antes de su muerte. Eso cuenta la bisnieta de su hermana Caridad, Esmeralda. También le cortaron los pechos. De María Díaz Arriaza se ha logrado rescatar parte de su biografía. El asesinato de sus hermanos menores. De Guadalupe solo se conoce el testimonio de su hijo huérfano a los 10 años, Manuel Anillo. Su único delito fue ser trabajadoras afiliadas al sindicato de la UGT en Andalucía.

El último caso, Isidora Márquez Herrero es el retrato más longevo, del que Falcón haya tenido constancia. Se trata de un caso estremecedor, el encarcelamiento de una anciana de 97 años en Hinojosa del Duque, (Córdoba) que logró volver de nuevo a su pueblo y en autobús en octubre de 1943 tras ser encarcelada al final de la guerra. “Volviste, Isidora, volviste. Con tu hatillo pobre en una mano centenaria y fatigada te apeaste del autobús, cuatro años después”. Falcón relata como fue acusada por una vecina de informar a milicianos y como en las cárceles del régimen la tuvieron encerrada, a pesar de tener con 101 años de edad.

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Fotografía destacada: Las aceituneras de San Juan, asesinadas por el franquismo.

Fuente:https://www.publico.es/sociedad/mujeres-vejadas-encarceladas-y-violadas-retratos-del-feminicidio-franquista.html?fbclid=IwAR2i-c7Ez9nHRoaQtJEnOe3SsB5S7FMbxeibm3HU9pVaRdyqyDG_85msOxk

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Veinte años de ‘Los 13 de Priaranza’

El presidente de la ARMH recuerda cómo dio con la fosa donde yacía su abuelo, Emilio Silva Faba, y doce hombres más.

diariodeleon.es / Carlos Fidalgo / 05-03-2020

Debajo de una nogal recrecida, en un triángulo de tierra entre la carretera N-536 y un camino vecinal. Así encontró Emilio Silva Barrera, tal día como hoy hace veinte años, la fosa donde yacía enterrado su abuelo, Emilio Silva Faba, y otros 12 paseados a las puertas de Priaranza del Bierzo. Aquel descubrimiento y la posterior exhumación de los 13 cuerpos en el mes de octubre serían el embrión de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), empeñada en romper el silencio que todavía entonces obstaculizaba la localización de los cuerpos de represaliados en la guerra de 1936 y durante la represión posterior a los familiares que se atrevían a preguntar.

Y lo que ocurrió, cuenta Silva Barrera en el artículo que acompaña esta página, no fue «ninguna operación política diseñada para dividir la sociedad y reabrir heridas», como han acusado a la ARMH los sectores reaccionarios, sino algo muy simple: «una persona que hace preguntas sobre su abuelo se cruza con otra que le da respuestas».

Emilio Silva Barrera, periodista afincado en Madrid y con raíces familiares en Pereje, había dejado su trabajo para escribir una novela sobre dos exiliados que volvían de Argentina con la intención de volar el Valle de los Caídos. Pero las notas para construir la trama de ficción y los frecuentes viajes al Bierzo le llevaron hasta la tragedia de su propio abuelo, dueño de la tienda de coloniales La Preferida en Villafranca del Bierzo, detenido, encarcelado y asesinado el 16 de octubre de 1936 junto a otros 13 hombres.

A Silva Faba, militante de Izquierda Republicana, ya le habían esquilmado los falangistas de Villafranca. Pero a medidos de octubre lo hicieron llamar de nuevo a la Casa Consistorial y no le dejaron volver a casa. «No sabemos lo que pasó. Quizá ya no le quedaba más dinero», explicaba ayer su nieto, que vuelve a contar cómo Silva Faba solo pudo despedirse de uno de sus hijos, al que entregó el reloj y un anillo con sus iniciales porque ya se temía lo peor.

Subidos a un camión de Gaseosas Olarte, los 14 hombres detenidos en Villafranca fueron trasladados de madrugada hasta la entrada de Priaranza del Bierzo después de hacer una parada para sacar de la cama a otro hombre al que también quería ajusticiar. Por el relato de Leopoldo Moreira, el único de los 15 que logró huir a la carrera cuando los bajaron del camión y que sobrevivió diez meses en los montes de Sotogayoso antes de que lo asesinaran también, Silva Barrera supo que su abuelo les había pedido a sus compañeros que le dejara morir el primero. No quería verles caer.

A la noche siguiente, la familia del hombre al que habían sacado de la cama, todavía hoy sin identificar, «pagó 50 pesetas» a los tres chavales de Priaranza y Villalibre que habían enterrado los cuerpos para que recuperan el cadáver en ropa interior. Por eso sesenta y cuatro años después, cuando el palista que escarbaba el terreno para exhumar la fosa dio con los restos a última hora del domingo 29 de octubre de 2000, encontraron 13 cuerpos y un hueco en la tierra.

Aquella no fue la primera fosa exhumada en el Bierzo. En febrero de 1998, los familiares de seis guerrilleros abatidos en una emboscada y sepultados en 1941 a las puertas del cementerio de Canedo recuperaban sus restos seis meses después de que este periódico se hiciera eco de su malestar porque el Ayuntamiento de Arganza, que desconocía el suceso, hubiera habilitado un aparcamiento sobre la tumba sin señalizar. Pero la historia de ‘Los 13 de Priaranza’ —así los dio a conocer la prensa— llegó mucho más lejos. Caló en los medios nacionales. Y fue el germen de la ARMH, que preside el propio Emilio Silva Barrera.

En el Paseo del Corro, así llamaban los niños de Priaranza al lugar de la fosa porque sabían que allí había muertos enterrados y el miedo les hacía ir de prisa, hoy hay una placa que lo recuerda todo para que la gente se pare a leer.

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Fotografía destacada: Exhumación en octubre de 2000. BARREDO

Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/bierzo/veinte-anos-13-priaranza/202003050232401993503.html

Memoria Histórica: dos décadas de preguntas y respuestas

Emilio Silva / Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

El anciano se detuvo en la intersección de las dos carreteras, estiró un brazo, señaló el triángulo de tierra y dijo: “Debajo de esa nogal recrecida”. Su memoria fue la respuesta a la pregunta de ese nieto que buscaba una fosa común en la que podían encontrarse los restos de su abuelo paterno y de otros doce o trece hombres.

diariodeleon.es / 05-03-2020

Ocurrió en Priaranza del Bierzo, un 5 de marzo como hoy, hace veinte años; preguntas y respuestas de una persona mayor se cruzaron junto a ese lugar al que los niños del pueblo llamaban “el Paseo del Corro”, porque sabían que por allí había unos muertos y el miedo les hacía pasar corriendo junto ese tramo de la carretera.

El nieto de Emilio Silva Faba dejó su trabajo en el verano de 1999 para escribir una novela; la historia de dos hombres exiliados en Argentina que regresaban a su pueblo, Pereje, con la idea de cumplir un viaje promesa, volar el Valle de los Caídos. La historia partía de un relato escrito años atrás: “El recuerdo y la piedra”. Para ambientarla viajó varias veces al Bierzo y conversó con personas mayores. Su abuelo era un personaje en la historia, pero no era el centro de la trama.

En el ecuador de la campaña de unas elecciones generales, ese nieto viajó a Ponferrada. Se había citado con Arsenio Marcos, viejo amigo de la familia, militante comunista, encarcelado por haber organizado una célula del partido en su empresa. Por la tarde tenían otra cita, pero mientras comían el paisano al que iban a visitar telefoneó para decir que por un problema familiar no podía verles. Sin esa casualidad, sin las horas en las que la conversación continuó en casa de Arsenio, el nieto de ese militante de Izquierda Republicana, que regentaba un almacén de coloniales en Villafranca del Bierzo, llamado La Preferida, no estaría escribiendo estas líneas.

Aquella casualidad estaba esperando a ocurrir desde 1936. En el debate sobre la memoria histórica que se ha producido en estos últimos años, ha sido acusada de tenebrosa operación política, diseñada para dividir a la sociedad y reabrir heridas. La realidad fue muy simple; una persona que se hace preguntas sobre su abuelo se cruza con otra que le da respuestas.

Cuando el nieto pisó la tierra en la que podía estar enterrado aquel abuelo comprometido con la enseñanza pública y la igualdad, llamó a su padre para contárselo. Entonces, formando parte de una generación nacida en la dictadura y crecida en democracia, no utilizó la palabra paseado; lo calificó de desaparecido. Así le asignó una categoría jurídica y política a esa fosa de civiles que habían sido detenidos por pistoleros de Falange ilegalmente, torturados, asesinados y sus cadáveres ocultos, para multiplicar el dolor de sus familias y el terror de sus compañeros de identidad política.

El encuentro hizo encajar algunas piezas: el impenetrable silencio de la abuela Modesta Santín, a la que jamás oyó referirse a su marido; los papeles que había en el desván de la casa como participaciones de lotería, sobres con membrete y algunas listas de gastos con el sello de la tienda; la fotografía de ese niño que, en la campaña electoral de febrero de 1936, sostenía una pancarta en la que podía leerse ¡Queremos el grupo escolar! ¡Viva Azaña!; o los baúles con ropa que enviaba desde Nueva York la hermana del abuelo asesinado. Los silencios a veces cuentan muchas cosas, las subrayan y anuncian lo que no se puede enunciar.

Unos meses después, el operario de una excavadora anunció que había encontrado algo, porque notó que el cazo de la máquina entraba con más facilidad en la tierra. Al sacarlo de las entrañas de aquella cuneta portaba una bota que llevaba 64 años detenida, sin pisar, sin caminar, sin estampar su suela en un sendero, pero convertida en una intensa y emocionante huella.

La exhumación de trece cuerpos en Priaranza del Bierzo, la primera identificación genética de un republicano desaparecido por la represión franquista, la de Silva Faba, y el cruce de varias historias familiares convirtieron el silencio en montones de preguntas.. ¿Por qué tras veinticinco años de democracia los restos de esas personas seguían en una cuneta? ¿Tenían derecho sus familias a ser reparadas por la justicia? ¿Cuántas personas seguían desaparecidas? ¿Por qué ningún gobierno las había buscado? ¿Quién decidió que las historias de estas personas no estuvieran en los libros de texto? ¿Por qué en los años setenta se llevaron a cabo desenterramientos hechos por familiares y se detuvieron?

El surgimiento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, a partir de esa primera exhumación, inició un largo viaje para responder a tantas preguntas y hacer algunas nuevas. Hay cosas pequeñas en tamaño e inmensas en su significado, capaces de desencadenar procesos sociales y políticos trascendentales.

La memoria estaba ahí, esperando a ser preguntada, a ser un lapsus, a que alguien la liberase de su celda de miedo, de su precaución porque el poder lo han seguido ejerciendo los franquistas en democracia. Despertó, abrió bien los ojos, y ya no duerme, porque tardará mucho tiempo en compensar todos esos años de silencio y en representar a tantos hombres y mujeres que han muerto ignorados por el Estado, por todos sus gobiernos. Los avances que construyeron pacíficamente durante la Segunda República y el sufrimiento de sus familias no podían quedar enterrados en el pasado y tenían que hacerse presente.

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Fotografía destacada: Exhumación en Priaranza del Bierzo

Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/bierzo/memoria-historica-decadas-preguntas-respuestas/202003051126301993656.html

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Memoria Histórica: dos décadas de preguntas y respuestas

Emilio Silva / Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

El anciano se detuvo en la intersección de las dos carreteras, estiró un brazo, señaló el triángulo de tierra y dijo: “Debajo de esa nogal recrecida”. Su memoria fue la respuesta a la pregunta de ese nieto que buscaba una fosa común en la que podían encontrarse los restos de su abuelo paterno y de otros doce o trece hombres.

diariodeleon.es / 05-03-2020

Ocurrió en Priaranza del Bierzo, un 5 de marzo como hoy, hace veinte años; preguntas y respuestas de una persona mayor se cruzaron junto a ese lugar al que los niños del pueblo llamaban “el Paseo del Corro”, porque sabían que por allí había unos muertos y el miedo les hacía pasar corriendo junto ese tramo de la carretera.

El nieto de Emilio Silva Faba dejó su trabajo en el verano de 1999 para escribir una novela; la historia de dos hombres exiliados en Argentina que regresaban a su pueblo, Pereje, con la idea de cumplir un viaje promesa, volar el Valle de los Caídos. La historia partía de un relato escrito años atrás: “El recuerdo y la piedra”. Para ambientarla viajó varias veces al Bierzo y conversó con personas mayores. Su abuelo era un personaje en la historia, pero no era el centro de la trama.

En el ecuador de la campaña de unas elecciones generales, ese nieto viajó a Ponferrada. Se había citado con Arsenio Marcos, viejo amigo de la familia, militante comunista, encarcelado por haber organizado una célula del partido en su empresa. Por la tarde tenían otra cita, pero mientras comían el paisano al que iban a visitar telefoneó para decir que por un problema familiar no podía verles. Sin esa casualidad, sin las horas en las que la conversación continuó en casa de Arsenio, el nieto de ese militante de Izquierda Republicana, que regentaba un almacén de coloniales en Villafranca del Bierzo, llamado La Preferida, no estaría escribiendo estas líneas.

Aquella casualidad estaba esperando a ocurrir desde 1936. En el debate sobre la memoria histórica que se ha producido en estos últimos años, ha sido acusada de tenebrosa operación política, diseñada para dividir a la sociedad y reabrir heridas. La realidad fue muy simple; una persona que se hace preguntas sobre su abuelo se cruza con otra que le da respuestas.

Cuando el nieto pisó la tierra en la que podía estar enterrado aquel abuelo comprometido con la enseñanza pública y la igualdad, llamó a su padre para contárselo. Entonces, formando parte de una generación nacida en la dictadura y crecida en democracia, no utilizó la palabra paseado; lo calificó de desaparecido. Así le asignó una categoría jurídica y política a esa fosa de civiles que habían sido detenidos por pistoleros de Falange ilegalmente, torturados, asesinados y sus cadáveres ocultos, para multiplicar el dolor de sus familias y el terror de sus compañeros de identidad política.

El encuentro hizo encajar algunas piezas: el impenetrable silencio de la abuela Modesta Santín, a la que jamás oyó referirse a su marido; los papeles que había en el desván de la casa como participaciones de lotería, sobres con membrete y algunas listas de gastos con el sello de la tienda; la fotografía de ese niño que, en la campaña electoral de febrero de 1936, sostenía una pancarta en la que podía leerse ¡Queremos el grupo escolar! ¡Viva Azaña!; o los baúles con ropa que enviaba desde Nueva York la hermana del abuelo asesinado. Los silencios a veces cuentan muchas cosas, las subrayan y anuncian lo que no se puede enunciar.

Unos meses después, el operario de una excavadora anunció que había encontrado algo, porque notó que el cazo de la máquina entraba con más facilidad en la tierra. Al sacarlo de las entrañas de aquella cuneta portaba una bota que llevaba 64 años detenida, sin pisar, sin caminar, sin estampar su suela en un sendero, pero convertida en una intensa y emocionante huella.

La exhumación de trece cuerpos en Priaranza del Bierzo, la primera identificación genética de un republicano desaparecido por la represión franquista, la de Silva Faba, y el cruce de varias historias familiares convirtieron el silencio en montones de preguntas.. ¿Por qué tras veinticinco años de democracia los restos de esas personas seguían en una cuneta? ¿Tenían derecho sus familias a ser reparadas por la justicia? ¿Cuántas personas seguían desaparecidas? ¿Por qué ningún gobierno las había buscado? ¿Quién decidió que las historias de estas personas no estuvieran en los libros de texto? ¿Por qué en los años setenta se llevaron a cabo desenterramientos hechos por familiares y se detuvieron?

El surgimiento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, a partir de esa primera exhumación, inició un largo viaje para responder a tantas preguntas y hacer algunas nuevas. Hay cosas pequeñas en tamaño e inmensas en su significado, capaces de desencadenar procesos sociales y políticos trascendentales.

La memoria estaba ahí, esperando a ser preguntada, a ser un lapsus, a que alguien la liberase de su celda de miedo, de su precaución porque el poder lo han seguido ejerciendo los franquistas en democracia. Despertó, abrió bien los ojos, y ya no duerme, porque tardará mucho tiempo en compensar todos esos años de silencio y en representar a tantos hombres y mujeres que han muerto ignorados por el Estado, por todos sus gobiernos. Los avances que construyeron pacíficamente durante la Segunda República y el sufrimiento de sus familias no podían quedar enterrados en el pasado y tenían que hacerse presente.

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Fotografía destacada: Exhumación en Priaranza del Bierzo

Fuente:https://www.diariodeleon.es/articulo/bierzo/memoria-historica-decadas-preguntas-respuestas/202003051126301993656.html

 

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Se busca a los descendientes del valenciano Fernando Navarro para que hereden el reloj que le requisaron los nazis en el campo de Buchenwald

Un investigador de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona localiza a cuatro valencianos que fueron identificados en Buchenwald como franceses

Justicia contabiliza cerca de 400 valencianos asesinados en campos de concentración nazis

eldiario.es / Lucas Marco / 29-02-2020

75 años después de la liberación de los campos de concentración nazis siguen apareciendo españoles que no figuran en las listas oficiales de víctimas impulsadas por el Gobierno ni en el buscador de deportados del Portal de Archivos Españoles.

Al menos cuatro internos fueron catalogados en el campo de Buchenwald, aun habiendo nacido en València, como franceses en los característicos triángulos que la burocracia nazi incluía en las fichas de los prisioneros. Ahora se busca a sus posibles descendientes para que recuperen los objetos personales que se conservan en un archivo alemán.

Al Konzentrationslager de Buchenwald fueron a parar presos políticos, especialmente comunistas y socialistas, de más de 30 nacionalidades a los que se sumaron más tarde homosexuales, gitanos, testigos de Jehová, judíos (llegaron en masa a este campo en 1938) y delincuentes comunes. En 1944 había 85.000 prisioneros obligados a trabajar como esclavos en unas durísimas condiciones.

En Buchenwald fueron internados destacados líderes comunistas, como el alemán Ernst Thälmann –asesinado en el campo el 18 de agosto de 1944–; socialistas, como el expresidente francés Léon Blum; y escritores, como el premio Nobel de Literatura húngaro Imre Kertész, quien noveló su experiencia en el estremecedor Sin destino (Acantilado, 2006) o el español Jorge Semprún, autor de El largo viaje (Tusquets, 2014).

Semprún –joven miembro de la Resistencia francesa y décadas más tarde ministro de Cultura del Gobierno español– narró en su libro las terribles condiciones de Buchenwald, donde los presos no tenían ni siquiera un espejo en el que apreciar la paulatina destrucción que sufrían: “Veía mi cuerpo, su progresiva delgadez, una vez por semana, en la ducha. Un cuerpo irrisorio, sin cara”.

Junto a estos conocidos líderes de la izquierda y escritores, en Buchenwald fueron prisioneras miles y miles de personas anónimas de las que solo se conoce su internamiento en el campo por las fichas de la burocracia nazi y por las pertenencias que les fueron requisadas. El 12 de abril de 1945, día de la liberación del campo de Buchenwald, las tropas aliadas descubrieron 21.800 supervivientes, de los cuales 200 eran españoles, según las cifras citadas por el escritor Eduardo Pons Prades en Morir por la libertad. Españoles en los campos de exterminio nazis (VOSA, 1995).

Antonio Muñoz, investigador de la Universitat Rovira i Virgili (URV) de Tarragona, ha localizado a cuatro valencianos que fueron deportados a Buchenwald y que figuraban como ciudadanos de nacionalidad francesa. Por eso, oficialmente, no constan como víctimas españolas de los campos nazis. Muñoz, que investiga los fondos de los Arolsen Archives del Centro Internacional sobre la Persecución Nazi, sigue la pista de dos hermanos oriundos de Favara (València) y de otros dos hombres nacidos en la capital del Turia.

Reloj de Fernando Navarro Serrano requisado en el campo de concentración nazi de Buchenwald. AROLSEN ARCHIVES

A pesar de haber nacido en España, los cuatro figuran en las fichas del campo de Buchenwald como ciudadanos franceses. Fernando Navarro Serrano, nacido en València el 17 de febrero de 1911, fue deportado a Buchenwald, donde le asignaron el número de prisionero 30946.

Poco más se sabe, de momento, sobre este hombre aunque los Arolsen Archives han localizado un reloj cronómetro Dival, cuyas agujas se pararon a las tres menos cuarto, y que pertenecía a este valenciano residente en Pau, en el sudoeste de Francia, al campo de concentración. El archivo alemán custodia los objetos personales de una treintena de españoles deportados a los campos de concentración y busca a los familiares para entregárselos.

El historiador de la URV contactó con la Delegación de Memoria Histórica de la Diputación de València, muy activa en la exhumación de las fosas franquistas, que ahora intenta localizar a los posibles descendientes de Fernando Navarro Serrano para que puedan heredar esta pieza antigua confiscada por los nazis.

El investigador Antonio Muñoz también ha descubierto otras tres fichas de valencianos que figuraban como franceses. Se trata de Juan José Eduardo Roselló Castellá, nacido en 1907, y de su hermano Luis Segundo, nacido en 1913. Las fichas, en la esquina superior derecha, incluyen el característico triángulo rojo con la letra F, que en la jerga de la burocracia del universo concentracionario nazi alude a la nacionalidad francesa de los presos políticos.

Ficha de Juan Roselló en el campo de concentración de Buchenwald. AROLSEN ARCHIVES

Los hermanos Roselló, nacidos en Favara (un municipio de la provincia de València perteneciente a la comarca de la Ribera Baixa), ingresaron en el campo el 19 de enero de 1944 provenientes de Grenoble, en el sudeste de Francia. Las actas de nacimiento de los Roselló, localizadas por la Delegación de Memoria Histórica de la Diputación de València en el Registro Civil, confirman que nacieron en Favara.

La ficha de Luis Roselló, prisionero número 40410, es la única que cuenta con una fotografía del preso. Su hermano Juan, prisionero 40665, probablemente estuvo en el campo anexo de Dora-Mittelbau (aparece manuscrito en la ficha), un espacio de galerías subterráneas construido por los internos en condiciones extremas para la fabricación del armamento del III Reich.

Además de estos dos hermanos, el investigador de la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona también ha localizado a otro preso de Buchenwald llamado Víctor Roselló (la ficha no indica el segundo apellido) y nacido el 24 de marzo de 1910 en València. Con número de prisionero 40373, su ficha indica una dirección en Grenoble, la misma ciudad francesa de la que procedían Juan y Luís Roselló.

Ficha de Víctor Roselló en el campo de concentración de Buchenwald. AROLSEN ARCHIVES

La Diputación de València intenta ahora localizar, tanto en España como en Francia, a los descendientes de estos cuatro valencianos. De momento, han podido confirmar que los hermanos Roselló efectivamente nacieron en Favara en fechas coincidentes con las que indican sus fichas de prisioneros. También han seguido alguna pista que ha resultado ser un callejón sin salida. El próximo paso consiste en contactar con las autoridades diplomáticas francesas para comprobar si viven descendientes de los Roselló en Grenoble.

Las pesquisas continúan en marcha 75 años después de la liberación del campo de Buchenwald.

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Fotografía destacada: Ficha del valenciano Luis Roselló en el campo de concentración de Buchenwald. AROLSEN ARCHIVES

Fuente:https://www.eldiario.es/cv/descendientes-Juan-Luis-Rosello-Buchenwald_0_1000200198.html

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Ponferrada dedicará un monolito a la memoria de Jerónima Blanco y a su hijo Fernando Cabo, asesinados en 1936

Jerónima Blanco y su hijo, Fernando Cabo, fueron dramáticamente asesinados en 1936 por un grupo de paramilitares fascistas como acto de represalia contra Isaac Cabo (esposo de Jerónima y padre del niño), cuyos restos fueron exhumados de una fosa ubicada en el barrio de Flores del Sil por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en el año 2008.

infobierzo.com / 28-02-2020

El Ayuntamiento de Ponferrada aprobó en el Pleno de este viernes, por unanimidad de toda la Corporación, nombrar un espacio público con los nombres de Jerónima y Fernando, en memoria y homenaje de Jerónima Blanco y su hijo, Fernando Cabo, dramáticamente asesinados -con 22 años y embarazada, ella, con solo 4, él- en 1936 por un grupo de paramilitares fascistas como acto de represalia contra Isaac Cabo (esposo de Jerónima y padre del niño), cuyos restos fueron exhumados de una fosa ubicada en el barrio de Flores del Sil por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) en el año 2008. El homenaje a Jerónima y Fernando consistirá en un monolito ubicado en las proximidades del número 340 de la avenida de Portugal de Ponferrada, que incluirá el texto “Jerónima y Fernando. En memoria de…” junto a la fecha y descripción del asesinato.

A continuación, transcripción literal del extracto del informe de Andrés Crespo Prieto, redactor del Informe arqueológico realizado en la excavación de dicha fosa:

“Tras el Golpe de Estado de julio de 1936 y el control por parte de los militares sublevados de buena parte de la provincia de León, se desató una desmedida represión violenta contra la sociedad civil. Como consecuencia directa de la misma y con el objetivo de salvar sus vidas, cientos de personas se refugian en las montañas de la zona, siendo sustentados en estos primeros meses por sus familiares y personas de máxima confianza. Y serán estos apoyos los que sufrirán, en muchos casos, las consecuencias de la represión.

 En este caso, gracias a las labores de investigación llevadas a cabo por parte del personal de la ARMH y a diversos testigos, conocíamos la historia de Isaac Pérez Cabo y su familia. Isaac relató ante un juez militar lo acontecido: huyó a un monte próximo llamado Pajariel, desde donde algunas noches, ocultándose, bajaba a ver a su mujer y a su único hijo, de tres años de edad, llamado Fernando, hasta que en una de aquellas visitas vio, horrorizado, a la puerta de la casa los cadáveres de su esposa Jerónima Blanco Oviedo, de 22 años, dedicada a sus labores, sin filiación política ni sindical, y de su hijo, asesinados aquel día. Que de la misma forma murieron, por aquellos días: su padre, Demetrio Pérez, de más de 70 años, jornalero, sin filiación política ni sindical; su madre, Visitación Cabo González, de 60 años, también sin filiación política o sindical; su hermano Demetrio, de 34 años, casado, jornalero, afiliado a la UGT sin cargo directivo alguno, dejando viuda y dos hijos; su hermano Victorino, de 26 años, jornalero, que vivía con sus padres y también estaba afiliado a la UGT, sin que ostentara ningún cargo; y su hermano político Salvador Blanco, de 38 años y jornalero.

Una auténtica tragedia familiar que comenzó con la muerte de Jerónima Blanco Oviedo, de 22 años y en avanzado estado de gestación, y del niño Fernando Cabo Blanco, hijo de Isaac y de Jerónima y de tan sólo 3 años de edad. Ambos fueron enterrados, después de permanecer varios días “expuestos” junto a la antigua carretera Ponferrada-Ourense, junto a la casa familiar, en el barrio ponferradino de Flores del Sil, en un terreno por entonces destinado a huerta de labranza. Con el paso de los años, este terreno se convirtió en un cobertizo en el que vivían animales y se almacenaba material para las faenas del campo, habiendo sido removidos los restos en obras realizadas en el lugar. A pesar de esto, los trabajos arqueológicos sacaron a la luz algunos de los restos de Jerónima y Fernando, y su caso se presenta como uno de los más impactantes en los que ha trabajado la Asociación”.

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Fotografía destacada: Jerónima Blanco y su hijo, Fernando Cabo| ARMH

Fuente:https://www.infobierzo.com/ponferrada-dedicara-un-monolito-a-la-memoria-de-jeronima-blanco-y-a-su-hijo-fernando-cabo-asesinados-en-1936/535454/

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Muere a los 101 años Juan Aznar, uno de los últimos españoles que logró sobrevivir al campo nazi de Mauthausen

Aznar ha fallecido este lunes en un hospital de París, exclamaba al recordar su periplo en el campo: “Eso no se puede olvidar”

MÁS INFORMACIÓN | Españoles en los campos nazis

eldiario.es / Carlos Hernández / 25-02-2020

“Eso no se puede olvidar. ¡No se puede olvidar!”. La voz de Juan Aznar García se quebraba cada vez que recordaba los cuatro años y medio que pasó en el campo de concentración nazi de Mauthausen. Solo la muerte, que le ha reclamado cuando estaba a punto de cumplir los 102 años, ha logrado acabar con las pesadillas que le seguían atormentando con demasiada frecuencia: “Hay veces que por la noche no consigo dormir. Me despierto. Aquello fue lo peor. Fue muy exagerado”.

El camino que le condujo hasta Mauthausen comenzó en 1918, en la localidad murciana de Caravaca de la Cruz: “Crecí en los tiempos en que un borrego valía más que un hijo. Era más importante cuidar de esos borregos que ir a la escuela”. Al igual que ocurrió en buena parte de España, la explotación a la que los terratenientes sometían a los trabajadores hizo que Juan fuera adquiriendo conciencia política. La llegada de la II República fue la esperanza a la que, como muchos, se agarró para cambiar la situación de extrema desigualdad que se vivía en el país. Por eso, cuando parte del Ejército se sublevó contra el orden constitucional, el joven caravaqueño no dudó en alistarse en las filas del Ejército republicano. Tras combatir en batallas como la de Teruel o la del Ebro, en la que resultó herido, Juan cruzó los Pirineos en febrero de 1939 huyendo del ya imparable avance fascista.

Carta de deportado político de Juan Aznar

Después de pasar por los campos de concentración en que la democracia francesa encerró a medio millón de compatriotas exiliados, Juan se enroló en una de las Compañías de Trabajadores Españoles que el Ejército francés había creado para preparar la guerra contra Hitler. La arrolladora invasión alemana se saldó con la captura de centenares de miles de prisioneros, entre ellos más de 10.000 españoles. Juan fue enviado a un campo de prisioneros de guerra en Estrasburgo. Allí debería haber pasado el resto de la contienda, como de hecho hicieron los prisioneros franceses, belgas o británicos. Sin embargo, el régimen franquista pactó con la cúpula nazi que esos españoles cautivos fueran desposeídos de su condición de prisioneros de guerra para ser enviados a los campos de la muerte. “Lo que Franco hizo… fue asesinar la España… se diga lo que se quiera”, resumía Juan muchos años después.

Sangrienta bienvenida a Mauthausen

“Llegamos de noche. Nos pusieron en cueros, desnudos. Acostados allí en la tierra. Con un frío que se helaba Dios. Al día siguiente vimos cómo se acercaba corriendo un prisionero que ya llevaba tiempo en el campo y nos decía «tienes un cigarrillo, tienes un trozo de pan, tienes algo para darnos… aquí nos matan a todos, aquí nos morimos todos». Eso fue ya el primer día que llegamos a Mauthausen”. Y fue solo el anticipo de lo que lo le ocurrió a Juan, horas después. Un SS se encaprichó del reloj de pulsera que llevaba y le preguntó que cuánto dinero quería por él: “Yo ya veía lo que podía ocurrir y le dije que no quería nada… que se lo regalaba. Y él me dijo «No, los alemanes lo pagamos todo». Para pagarme el reloj ordenó que me dieran 75 latigazos en el culo con una verga de toro. Seis meses después de aquello, la sangre me caía por las piernas. Las costras saltaban y caía toda la sangre”.

Listado de entrada a Mauthausen del convoy procedente de Estrasburgo el 13 de diciembre de 1940

Además de víctima, Aznar fue también testigo de la barbarie nazi. Entre sus recuerdos más dolorosos se encontraba el del prisionero que fue obligado por los SS a ver cómo asesinaban a su padre, el de los deportados que eran enterrados vivos en una fosa y el de los niños judíos que desaparecían en la cámara de gas. Él mismo estuvo a punto de morir varias veces. En una ocasión le sometieron a uno de los típicos castigos de Mauthausen: atarle los brazos a la espalda y colgarle de ellos durante días. “Tenía un metro de nieve encima cuando me descolgaron. Los compañeros me tuvieron que vestir durante 3 o 4 meses porque no podía mover los brazos”.

Lo que sí tuvo que seguir haciendo es trabajar en la terrible cantera del campo. Allí habría perecido, debido al esfuerzo extremo y a la escasísima alimentación, de no ser porque fue elegido para formar parte de un grupo de trabajo que dirigía un valenciano llamado César Orquín. Este kommando, todo él formado por españoles, trabajó en distintos destinos fuera de Mauthausen. La comida era más abundante y las condiciones de vida algo menos duras. César, según Juan y el resto de prisioneros que estuvieron a sus órdenes, trató de evitar muertes en el grupo. El 3 de mayo de 1945, debido a la cercanía de las tropas estadounidenses, los SS trasladaron a los prisioneros a Mauthausen: “Salté del camión con varios compañeros y nos escondimos. Estuvimos comiendo hierba como las bestias hasta que, dos días después, llegaron los americanos”.

Exiliado y olvidado

“Yo tenía una familia en España y no podía verla. Yo tenía a mi madre, a mis hermanos y hermanos… Pero no podía volver. Me quedé en Francia y traté de trabajar, de comer, de vivir…”. Al igual que la inmensa mayoría de los supervivientes españoles de los campos nazis, Juan se quedó para siempre en el exilio. La llegada de la democracia a España, tras la muerte del dictador, no cambió nada su situación. Mientras el resto de deportados eran considerados héroes en naciones como Francia, Holanda o Gran Bretaña, los españoles siguieron condenados al olvido.

No fue hasta el año 2015 cuando, gracias al empeño de Cruzi Talavera, su sobrina-nieta, la historia de Juan salió a la luz. Dos años después, se inauguró un monolito en Caravaca de la Cruz en memoria de sus cuatro vecinos deportados a los campos nazis. Aznar participó en el acto a través de videoconferencia, pero unos meses más tarde, regresó por primera vez a Caravaca de la Cruz. Acompañado desde Francia por su nieta Carole celebró en su tierra su “cumplesiglo”. Con 100 años, visiblemente emocionado, tomó brevemente la palabra en el acto de homenaje que le organizó el Ayuntamiento de la localidad murciana, a instancias del grupo municipal de Izquierda Unida. Al acercarse al micrófono, dejó pasar unos segundos para acabar lanzando un emocionado “compatriotas, ¡Viva la República!”

Juan Aznar falleció a las 21:30 horas de este lunes en un hospital de París. Su muerte se produce solo mes y medio antes de que se conmemore el 75º aniversario de la liberación del campo de concentración de Mauthausen. Para esa efeméride solo quedarán con vida dos supervivientes españoles de los campos de la muerte de Hitler: el cordobés de Torrecampo Juan Romero Romero y el ibicenco, de origen judío-alemán, Siegfried Meir.

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Fotografía destacada: Juan Aznar en su casa de París. Abril de 2015

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Adios-antepenultimo-superviviente-espanol-concentracion_0_999500176.html

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La ARMH pide al Gobierno conmemorar como día de los ‘exiliados republicanos’ el 22 de febrero, día de la muerte de Antonio Machado

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha solicitado al Gobierno que cambie las fechas en las que tiene previsto conmemorar el exilio republicano y reconocer a las víctimas de la dictadura. En el acuerdo del Gobierno de Pedro Sánchez se presentó como día del exilio el 5 de mayo, reconocido como día de la liberación de Europa. Para el presidente de la ARMH, Emilio Silva “no podemos celebrar la liberación de Europa porque cuando los aliados vencieron al nazismo nosotros nos quedamos con una dictadura durante treinta años más. Ni siquiera los republicanos que fueron liberados de los campos nazis de concentración pudieron regresar a su tierra y la mayoría murieron fuera de su país y lejos de sus familiares: ¿Cómo vamos a celebrar una fecha en la que España no dejó de ser una cárcel para quienes defendían la democracia?”

nuevatribuna.es / 21-02-2020

La ARMH le ha propuesto al Gobierno que se conmemore el exilio el día de la muerte del poeta Antonio Machado, el 22 de febrero, “porque la muerte de Machado escenifica la tristeza del exilio, el dolor de la persecución y la pérdida que supuso huir de la represión franquista para intentar salvar la vida. Machado representa toda la defensa de los valores democráticos y las terribles consecuencias de la dictadura. Debemos recordar a las personas que nunca regresaron”, explica Silva.

Con respecto a las víctimas del franquismo la ARMH solicita que se conmemore el 12 d ediciembre, día de la condena de la ONU al franquismo

Por otra parte el Gobierno ha anunciado que conmemorará la fecha de reconocimiento a las víctimas de la dictadura el 31 de octubre, la fecha en la que el Congreso de los Diputados aprobó el texto de la Constitución de 1978. Pero la asociación memorialista considera que esa fecha supuso “una palada de tierra sobre las víctimas de la dictadura”, porque la Constitución no reconoce en su preámbulo a las víctimas de la dictadura ni condena el franquismo.

Considera incomprensible la selección de esa fecha que supuso que miles de cuerpos y proyectos de vida iban a seguir ocultos y rotos en las cunetas de nuestra democracia. Entiende la asociación que habría que señalar una fecha que recuerde que hubo gente capaz de cometer tremendas violaciones de Derechos Humanos, que eso no se puede volver a repetir, y como a algunos familiares les molestaría que fuera el 18 de julio, la asociación ha propuesto al Gobierno que se conmemore y reconozca a las víctimas de la dictadura el 12 de diciembre, aprovechando la fecha del año 1946 en la que la asamblea de Naciones Unidas condenó a la dictadura franquista con los siguientes argumentos:

  • En origen, naturaleza, estructura y conducta general, el régimen de Franco es un régimen de carácter fascista, establecido en gran parte gracias a la ayuda recibida de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini;
  • Durante la prolongada lucha de las Naciones Unidas contra Hitler y Mussolini, Franco, a pesar de las continuas protestas de los Aliados, prestó una ayuda considerable a las potencias enemigas. Primero, por ejemplo, de 1941 a 1945, la División de Infantería de la Legión Azul, la Legión Española de Voluntarios y la Escuadrilla Aérea Salvador, pelearon en el frente oriental contra la Rusia soviética. Segundo, en el verano de 1940, España se apoderó de Tánger en violación del estatuto internacional, y, debido a que España mantenía un importante ejército en el Marruecos español, gran cantidad de tropas aliadas quedó inmovilizada en el África del Norte;
  • Pruebas incontrovertibles demuestran que Franco fue, con Hitler y Mussolini, parte culpable en la conspiración de guerra contra aquellos países que finalmente en el transcurso de la guerra mundial formaron el conjunto de las Naciones Unidas. Fue parte de la conspiración en que se pospondría la completa beligerancia de Franco hasta el momento que se acordara mutuamente”.

“El Gobierno pretende conmemorar el exilio el día que Europa fue liberada del nazismo, pero no España, y para las víctimas del franquismo la aprobación en el Congreso del texto constitucional que ni recuerda a las víctimas ni condena la dictadura”

El presidente de la ARMH, Emilio Silva añade que “si el Congreso de los Diputados eligió el 27 de junio para conmemorar a las víctimas del terrorismo porque ese día hubo un atentado terrorista, las víctimas de la dictadura tienen el mismo derecho a que el Estado las conmemore recordando el carácter violento, fascista y antidemocrático de sus verdugos”.

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Fuente:https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/armh-gobierno-exiliadosrepublicanos-22febrero-muerte-antoniomachado/20200221131055171313.html

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Cascada de denuncias de los descendientes de republicanos en campos nazis

Este martes, familiares de republicanos deportados a los campos de concentración nazis presentan hasta ocho denuncias en la Embajada de Argentina en Madrid para unirse a la ‘querella argentina. Se suman así a las ya presentadas en Galicia.

publico.es / Alejandro Torrús / 17-02-2020

El republicano español Juan García Acero fue asesinado en el subcampo nazi de Gusen, a solo cinco kilómetros de Mauthausen. Quedaban dos días para la Navidad de 1941. Llevaba el número 4.811. Antes de que terminasen aquellas fiestas navideñas también sería asesinado en el mismo lugar José Fernández Pacheco, vecino de Manzanares (Ciudad Real). Su número era 14.298. En ese mismo subcampo, en Gusen, también sería asesinado el español Gregorio Rebollo García, con número 5.176, que llegó en diciembre de 1940 junto con otros 846 españoles que portaban números del 4.473 al 5.391. Entre ellos, estaba José Esteban Moreno, de Montejícar (Granada), con el número 5.502. Moriría el 27 de enero de 1942.

“Solo en el campo de Mauthausen, que incluye otros subcampos como el de Gusen, estuvieron más de 7.000 españoles. De ellos, fallecerían dos terceras partes en apenas dos años. El 6 de agosto de 1940 llegaron los primeros 350 prisioneros españoles. Después llegarían muchos más”, explica Benito Bermejo, historiador, investigador y profesor de historia, especializado en el estudio de los deportados españoles a campos de concentración nazis. Otro grupo de más de 2.000 españoles y españolas pasaron por otros campos como el de Ravensbrück, donde estuvieron las republicanas españolas. En total, alrededor de 9.300 españoles estuvieron presos en los campos nazis con el conocimiento y abstención de las autoridades franquistas.

Este martes, alrededor de 80 años después de su llegada a los campos nazis, descendientes de varios republicanos que fueron asesinados en los campos nazis acuden a la Embajada de Argentina en Madrid para presentar varias denuncias ante la Justicia del país sudamericano, que mantiene abierta la única causa judicial que investiga los crímenes de la dictadura y de la Guerra Civil.

La acción ha sido impulsada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) y las familias han estado asesorados por la abogada  Ana Messuti. Asimismo, este mismo martes la propia Messuti, el historiador Bermejo, el presidente de la ARMH, Emilio Silva, acompañarán a las familias denunciantes en un acto que se celebrará a las 12.00 horas en el Ateneo de Madrid.

Cartel de la jornada en el Ateneo de Madrid para exponer la presentación de denuncias en los campos nazis

Entre las familias que han acudido a la Justicia, están los descendientes de todos los españoles nombrados en el inicio de este artículo y también de otras muchas víctimas, como los familiares de los vecinos de Almansa Vicente GarcíaPascual López o Antonio Oliver, que fueron asesinados en Mauthausen; los de Manuel García, que falleció allí en julio de 1942 o de Enrique Calcerrada, que consiguió sobrevivir.

Estas denuncias se suman a las otras cinco que fueron presentadas recientemente en Galicia, en el consulado de Argentina en Vigo. Sin embargo, no serán las únicas. La abogada Ana Messuti advierte de que en las próximas fechas vendrán más denuncias que buscan ser incorporadas a la causa judicial que mantiene abierta la Justicia de Argentina.

Pero, ¿por qué los españoles que fueron asesinados en los campos nazis pueden ser considerados víctimas de la dictadura franquista? Responde el historiador Benito Bermejo: “Existió un conocimiento por parte de las autoridades españolas del régimen de Franco respecto a la deportación de españoles a campos de concentración nazis y consta la abstención de esas mismas autoridades ante la posibilidad de presentar auxilio o ejercer algún tipo de protección hacia esos ciudadanos españoles, incluso teniendo constancia de que entre ellos había menores de edad y que no podían haber tenido ningún papel activo en la Guerra Civil española”, explica Bermejo.

“No parece oportuno”

Pruebas de que la dictadura pudo haber hecho mucho más para proteger a sus ciudadanos no faltan. En 1940, por ejemplo, las autoridades nazis pidieron indicaciones a España sobre cómo actuar con los miles de prisioneros españoles que tenían. La única respuesta del franquismo fue el silencio. De hecho, indica Bermejo, hay constancia de que las autoridades españolas intercedieron para que algunos presos (no más de una docena) fueran liberados. “Eso no deja de hacer patente que lo no hicieron con el resto y era su deber, puesto que en el resto de los casos es evidente la abstención de una labor de protección por parte de las mismas autoridades españolas”, prosigue Bermejo.

La responsabilidad de las autoridades franquistas en el destino de miles de republicanos en los campos nazis se demuestra también a través del estudio de los documentos y relaciones entre las autoridades de uno y otro país. El día después de que finalizara la visita a la Alemania nazi de Ramón Serrano Súñer, cuñado de Franco y ministro de la Gobernación, las autoridades alemanas emitieron una circular en las que se especificaba que los españoles que hasta ese momento estuvieron en campos de prisioneros de guerra debían ser transferidos a un campo de concentración. Era el 25 de septiembre de 1940.

Liberación del campo de concentración de Mauthausen en 1945. DONALD R. ORNITZ

Así comenzaron a ser transportados a Mauthausen y los subcampos de alrededor, como Gusen, miles de españoles. “El ingreso en Mauthausen conllevaba entrar en un régimen de trabajos forzados llevados al extremo y que la propia administración nazi denominó como de “exterminio por el trabajo” y que tuvo como consecuencia la muerte de dos tercios de los republicanos que por allí pasaron en menos de años”, señala Bermejo.

Unos meses después, en abril de 1941, otra nota firmada por el entonces Director General de Europa en el Ministerio de Asuntos Exteriores señalaba que “no parece oportuno” hacer nada para salvar a los republicanos que ya estaban presos en los campos nazis, por lo que pedía que se archivara una nota de las autoridades alemanas que informaba de que los prisioneros españoles estaban siendo enviados a Alemania en un tren especial porque “eran rojos”, “habían tomado parte activa en la lucha contra el Gobierno Nacional Español” y habían tenido que ser “internados” porque “a causa de su pasado político” eran “un peligro para la seguridad pública”. 

Una historia prácticamente desconocida

La prácticamente desconocida historia de estos españoles está siendo recuperada pasito a pasito por descendientes, sociedad civil y, también, aunque todavía de manera tibia, por el Gobierno, que recientemente inauguró un monolito en recuerdo de los españoles que fueron asesinados en los campos nazis. Así, historias como las de Calcerrada GuijarroNeus CataláVicente García o Pascual López están siendo recuperadas por sus familiares del olvido al que el franquismo y la posterior transición les había enviado.

Es el caso, por ejemplo, de Esther Calcerrada, sobrina nieta de Enrique Calcerrada. Esther recuperó la historia de su familiar, a pesar de que nunca pudo conocerlo. Sabía, de oídas, que tenía un familiar que había luchado en la Guerra Civil. Después, se enteró de que este familiar había escrito un libro a finales de los 70 sobre su experiencia en los campos de concentración de la Alemania nazi. No se publicó hasta 2003 y al poco estaba ya descatalogado.

“No daba crédito. ¿Cómo es posible que haya estado allí y que a nadie le importe? Es una especie de shock. Pasas por distintas fases. Primero te culpas a ti por no tener ni idea, pero después te das cuenta de que todo está construido para que no nos enteremos de nuestro pasado”, señaló a Público Esther cuando consiguió que el Ayuntamiento de Madrid y el artista Gunter Demmig instalará un Stolpersteine en el lugar donde había vivido Enrique. “Hay demasiadas historias olvidadas de manera intencionada. Por más años que pasen… no lo podemos permitir. Y menos ahora, con los tiempos que vienen”, zanja Esther Calcerrada.

Esther Calcerrada, sobrina nieta de Enrique Calcerrada, madrileño que murió en los campos de concentración nazis.- FERNANDO SÁNCHEZ

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Fotografía destacada: Prisioneros en el campo nazi de de Buchenwald.

Fuente:https://www.publico.es/pages/cascada-denuncias-descendientes-republicanos-campos-nazis.html?utm_source=whatsapp&utm_medium=social&utm_campaign=web

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“Dentro de poco os podré abrazar”: once historias de deportados republicanos para no olvidar el horror de los campos nazis

Juan Manuel Calvo Gascón reúne en un libro las biografías de once aragoneses que estuvieron presos en Mauthausen, Buchenwald, Ravensbrück o Aurigny.

eldiario.es / Candela Canales / 14-02-2020

Un joven de 23 años que iba a participar en la Olimpiada Popular de Barcelona: este era Ramón Cuesta en julio de 1936, cuando le sorprendió el golpe de Estado y tuvo que exiliarse a Francia. En mayo de 1940 fue capturado por los alemanes e internado en Mauthausen. Veinticinco años después, Ramón pudo volver a su casa, pero de visita. El régimen franquista impidió que pudiese rehacer su vida en su ciudad natal, y formó una familia en Revel (Francia) tras conseguir la nacionalidad.

La vida de Dámaso Ibarz también se desarrolló en Francia. Pasó más de cuatro años en el campo de Mauthausen. Este aragonés nacido en Fraga no pudo volver a su ciudad natal hasta muchos años después de su liberación. Esto no lo sabía cuando escribió la primera carta a sus familiares tras salir de Mauthausen: “Dentro de poco os podré abrazar”, les dijo, en una frase que mostraba el deseo de rencuentro que, en muchos casos, tardó años en materializarse. Cuando Dámaso pisó tierras aragonesas solo lo hizo de visita.

Estas son algunas de las historias recogidas en el último libro de Juan Manuel Calvo Gascón: ‘Dentro de poco os podré abrazar: supervivientes aragoneses de los campos nazis’ (Celan, 2019). Gracias a la documentación de la asociación Amical de Mauthausen y a la memoria de las familias se han recogido estas biografías, este estudioso de los deportados aragoneses ha dado forma a un volumen que pretende mantener su recuerdo “ahora que ya no quedan personas vivas que puedan darnos su testimonio”.

Aragonesas deportadas

Muchas de las vidas de los aragoneses supervivientes de los campos nazis ya habían sido publicadas con anterioridad, por eso en esta ocasión Calvo buscaba a personas anónimas y que hubiesen estado destinadas a diferentes campos nazis. “También era importante que las personas escogidas fueran representativas de los diferentes territorios de Aragón y con diferentes trayectorias, además tenían que estar reflejadas las mujeres, quería que la deportación femenina también estuviese recogida en el libro”.

Esta deportación femenina fue minoritaria en el conjunto total: si hablamos de 9.000 personas, las mujeres fueron unas 300, y en el caso de Aragón, encontramos una docena entre las 1.020 personas exiliadas. Aun así, Calvo ha querido destacar el componente de género, lo que no ha estado exento de dificultades, ya que muchas de ellas aparecían con el apellido del marido en los documentos oficiales.

Esto es lo que ocurrió en el caso de Elisa Garrido, “una mujer muy valiente y avanzada en el tiempo”. Era una de esas historias que no estaban identificadas, “la conocíamos como Elisa Ruiz y sabíamos que era nacida en Magallón. En unas jornadas de memoria histórica en 2018 una conocida la identificó como la tía de una prima, y así se pudo dar voz a la historia de Elisa Garrido Gracia”. Participó como voluntaria en la Guerra y, exiliada en Francia, colaboró con la resistencia haciendo labores de enlace junto a su marido. En 1944 fue llevada al campo de Buchenwald, donde trabajó en una fábrica de obuses. Logró escapar y, en los años 50, regresó a España junto a su marido, aunque terminaron sus vidas en Francia.

Once biografías y un epílogo como homenaje al último superviviente aragonés, Román Egea Garcés, que falleció poco antes de terminar el libro. Eso es lo que se puede encontrar en las páginas de ‘Dentro de poco os podré abrazar: Supervivientes aragoneses de los campos nazis’. Once historias con una característica común: la resiliencia, ya que “para rehacer su vida fue necesario dejar atrás el rencor y el odio”.

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Fotografía destacada: Carta de deportación de Elisa Garrido

Fuente:https://www.eldiario.es/aragon/voz-aragoneses-supervivientes-campos-nazis-Juan_Calvo-deportados-Mauthausen_0_994951343.html

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La jueza Servini retrasa el viaje a España por los “obstáculos” del Gobierno español

La jueza argentina tenía previsto viajar a España en marzo para interrogar a Rodolfo Martín Villa.

nuevatribuna.es / 13-02-2020

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha dirigido por registro una carta al ministro de Justicia, Juan Carlos Campo, exigiendo al Gobierno “respeto” al trabajo de la Justicia Argentina en la investigación que la jueza María Servini inició en el año 2010, a instancias de la asociación, para juzgar las violaciones de Derechos Humanos de la dictadura franquista.

La carta pone énfasis en las familias denunciantes: “El tiempo corre especialmente veloz para familiares que llevan años esperando a que la justicia se ocupe de sus derechos. Decenas de miles de familiares han muerto en los años de la recuperada democracia sin recibir ninguna atención por parte de ninguno de los poderes del Estado, ignorados por la justicia española que debería haberse ocupado de perseguir los terribles crímenes y violaciones de Derechos Humanos cometidos por los responsables de la dictadura franquista y que por su gravedad no pueden ser cubiertos de impunidad por leyes de amnistía ni decisiones políticas, como bien han señalado diversos organismos internacionales y acuerdos que el Estado español ha ratificado”.

“Todos los obstáculos que el Gobierno Español está poniendo a las víctimas de la dictadura para impedir su acceso a la justicia son formas de trato humillante y degradante”, afirma la ARMH

La ARMH acusa al Gobierno de “obstaculizar” la visita que la jueza argentina María Servini tenía prevista hacer el próximo 20 de marzo para, entre otras cosas, interrogar a Rodolfo Martín Villa.

Todos los obstáculos que el Gobierno español está poniendo a las víctimas de la dictadura para impedir su acceso a la justicia son formas de trato humillante y degradante, además de medidas inhumanas que generan un enorme sufrimiento”, señala el colectivo.

La carta finaliza con una petición: “Por esa razón queremos solicitarle que desde el ejercicio de sus funciones ponga los medios y los recursos políticos necesarios para facilitar el acceso de las víctimas del franquismo a la justicia y que termine con esa doble impunidad en la que los juzgados españoles no trabajan para defender sus derechos y cuando la justicia argentina asume esa responsabilidad se dedican a impedir que la ejerza”.

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Fotografía destacada: María Servini

Fuente:https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/gobierno-armh-juzgar-argentina-crimenes-dictadurafranquista/20200213143926171071.html

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