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Muere ‘el niño’ de la simbólica y conmovedora foto del exilio de 1939

Amadeo Gracia Bamala es el niño mutilado de todavía no cuatro años que aparece a la fotografía. Un bombardeo el penúltimo año de la guerra civil española le hizo perder la pierna. El protagonista de la imagen ha muerto este pasado 1 de noviembre, según ha podido saber el Independant.

elnacional.cat / Cèlia Forment i Bori / 23-11-2019

La escena, obra de la fotoperiodista belga Helène Roger Viollet y publicada el 18 de febrero de 1939 en El Illustration, se ha convertido con el tiempo en una de las imágenes más simbólicas y conmovedoras de la tragedia del exilio hacia la Catalunya Norte. Amadeo aparece con el resto de su familia, que como 475.000 personas más cruzaron en febrero de 1939 la frontera cabe en Francia huyendo de las tropas franquistas. En primer plano está el padre, Mariano Garcia, con una hija coja, Alícia. Los siguen dos hermanos más, Antonio -que es lo único que salió ileso del bombardeo- y el pequeño Amadeo. A causa del bombardeo, el 20 de noviembre de 1937, murió la madre de todos ellos.

En la fotografía, Amadeo da la mano a Tomàs Coll, vecino de Prats de Molló que ayudó al niño a cruzar la frontera con unas condiciones físicas deplorables y bajo temperaturas invernales. A él también le faltaba una pierna, que perdió en un bombardeo de la Primera Guerra Mundial. Coll, al saber que había una familia con dos niños cojos en un establo de una masía que no se atrevía a bajar hasta Prats de Molló, decidió irles a buscar, según explica según explica el documental Pequeño Amadeo, producido por TV3 y Parallel 40 y dirigido por Dani Feixas, Aymar Durlan y Guillem Lafoz. Juntos pasaron la frontera a pie desde Camprodon, cruzando por Coll de Ares y bajaron a Prats de Molló.

Los tres hermanos fueron conducidos en el refugio de Caussade, en la zona de Bergerac, mientras a Mariano, el padre, lo derivaron en un campo de concentración, dónde murió un año y medio después víctima de la reclusión y la tristeza.

A los tres hijos los volvieron en un vagón infestado de piojos en Huesca -dónde nacieron según explica el documental -y dónde seguían viviendo sus abuelos. Antonio se puso a trabajar inmediatamente y Alicia y Amadeo pasaron doce años en un orfanato del Auxilio Social, donde fueron humillados y golpeados como hijos de los vencidos. Allí pasaron hambre, hasta que los 18 años Amadeo entró a trabajar en el Azucarera Espanyola, de donde se jubiló como administrativo, ya en Madrid.

El año 2003, El País semanal publicó un reportaje recuperando la historia de la fotografía por el mismo Amadeo Garcia Bamala, que entonces vivía en Alcalá de Henares, cerca de Madrid. Esta entrevista fue clave para acabar de responder muchas preguntas que siempre se habían planteado tanto a su familia como a los descendientes de Tomàs Coll de Prats de Molló.

Unas 100.000 personas de todas las edades atravesaron la frontera de Coll d’Ares, de Camprodon a Prats de Molló, entre el 27 de enero y el 17 de febrero de 1939, huyendo de las penurias de la guerra. La mayoría fueron mujeres, niños y personas mayores, que cruzaron el puerto a pie, por encima de los 1.500 metros. Al otro lado de la frontera los recibieron a los dos mil habitantes de Prats de Molló, que se organizaron para recibir a los exiliados con enorme solidaridad.

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Fotografía destacada:  Helène Roger Violet

Fuente:https://www./es/cultura/nino-simbolica-conmovedora-foto-exilio-1939_444648_102.html

 

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La historia de Atilano Coco, el pastor protestante que mató Franco (y rescata la película de Amenábar)

La cinta Mientras dure la guerra recupera la figura del presbítero, maestro, masón y republicano, amigo de Miguel de Unamuno y ejecutado por los franquistas.

“Claro que hubo una persecución religiosa”, resume el obispo de Madrid de la Iglesia Anglicana de España, Carlos López, que pone cifras: “una veintena de protestantes españoles” más la expropiación de “26 templos y 14 escuelas”.

“La persecución religiosa fue terrible y el régimen no descansa” tras el conflicto bélico, explica la historiadora Marta Velasco, autora del libro Los otros mártires.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero

Protestante, maestro, republicano y masón. Atilano Coco tenía todas las cartas para acabar asesinado por los golpistas. Y así ocurrió. Secuestrado en Salamanca, encarcelado y muerto a tiros en diciembre del 36, el amigo de Miguel de Unamuno que recupera la película Mientras dure la guerra de Alejandro Amenábar es un ejemplo de las persecuciones religiosas que ejecutó el fascismo español.

Si la República había consagrado la libertad de culto, los rebeldes sostenían una idea única de España: católica, pura, impermeable. Más allá, todo eran herejes. Y, como en un remake a destiempo de la Inquisición, serían perseguidos, sometidos a cárcel, torturas y ejecuciones, además del expolio de sus bienes, que entraron en el saco del botín de guerra de los derrotados.

Atilano Coco, su vida, obra y muerte, quedan como paradigma de esta cacería al infiel emprendida por el naciente franquismo. Porque el culto, para los fascistas, tenía principio y fin en la colaboradora Iglesia católica. Un fanatismo religioso que ni el propio Unamuno sería capaz de interrumpir siquiera por un caso, como retrata Amenábar.

El pastor protestante y maestro Atilano Coco.

Queda como epitafio la nota que Enriqueta Carbonell, mujer de Coco, entregó al intelectual para recordar la situación de su marido. Un papel en el que Unamuno, dicen, escribió apuntes del discurso en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca donde soltó el famoso “venceréis, pero no convenceréis”.

Un par de meses después, el 9 de diciembre, Atilano Coco fue ejecutado en el monte de La Orbada. Pero el presbítero sigue siendo además un desaparecido. Uno más entre miles que continúan arrojados a fosas comunes repartidas por todo el país. Nadie sabe dónde está la tumba del amigo de Unamuno.

Una tarea de “limpieza” religiosa

“Claro que hubo una persecución religiosa”, resume en declaraciones a eldiario.es el obispo de Madrid de la Iglesia Anglicana de España, Carlos López. “Quizás una veintena de protestantes españoles fueron ejecutados” por los franquistas, calcula.

Y aporta otros nombres, más allá de Atilano Coco. “Como Pedro de Vegas, que tenía una parroquia y una librería en Córdoba que mandaron quemar. Luego le asesinaron”, explica. “Era además amigo de Pío Baroja, que lo saca en alguna de sus novelas”.

Carta manuscrita de Atilano Coco.

Sigue. “Julio Caro, también ejecutado sin juicio previo”. Y “otros condenados a penas de cárcel”, como Santos Martín Molina en Sevilla, “que penó ocho años”. También aquellos que no encontraron más salida que el destierro, como Manuel Borobia en Valladolid, “que marchó a Vigo, donde tampoco le dejaron ejercer como maestro, y se tuvo que ir de España”, y Progreso Parrilla, que desde Jaén “atravesó el campo y se fue a Portugal, y en Lisboa cogió un barco y se exilió hasta la muerte de Franco en Londres”.

Aunque la represión golpista también llegó al saqueo. “Se nos cerraron bastantes templos y el régimen franquista nos expropió 26 templos y 14 escuelas”, sostiene el obispo de Madrid de la Iglesia Anglicana.

Quienes no fueran católicos “seguro estaban expuestos a la represión poliédrica”, afirma la historiadora Marta Velasco, autora de Los otros mártires. Porque los golpistas “en los primeros años de guerra arrasaron con todo y no se anduvieron con sutilezas”, cuenta en un libro que lleva como subtítulo ‘Las religiones minoritarias en España desde la Segunda República hasta nuestros días’.

La búsqueda infructuosa de Atilano Coco

El propio colectivo memorialista intentó localizar “hace unos años” los huesos del pastor asesinado por los franquistas. Pero la información sobre su paradero “era muy vaga” y los arqueólogos de la ARMH no llegaron “a encontrar un sitio donde buscar”. Por eso, hoy, “sigue siendo un desaparecido”.

A raíz del caso “hicimos una investigación sobre la represión a las religiones no católicas, como judíos, protestantes o musulmanes”, continúa. “A esta gente las perseguían como a los comunistas”, ejemplifica Silva. “Los masacraron”. Y Atilano Coco, en el verano del 36, era una persona popular en Salamanca. Fácil de señalar.

“Posiblemente recibió denuncia del cura de la parroquia más cercana”, apunta Carlos López. “Unos meses antes había tenido con esta persona una polémica pública que le había ganado porque era más ágil y capaz, y le denunció como persona dañina”, afirma. “A partir de ahí empezó el camino que lo llevó a la detención y a su ejecución sin juicio previo”, subraya el obispo anglicano.

Atilano Coco.

“El problema religioso en España es algo muy antiguo y eso que siempre hemos convivido con otras religiones, más allá de la católica”, tercia la historiadora Marta Velasco. “Los evangélicos tenían comedores infantiles, editaban revistas en plena guerra, tuvieron una gran labor social y ahí podemos enmarcar a Atilano”, apunta Emilio Silva.

“Eran muy progresistas, dentro de que formaba parte de una religión, por eso los persiguieron y los ilegalizaron”, añade el presidente de la ARMH. “Hasta los pactos –de la dictadura de Franco– con EEUU no se aprueba una, entre comillas, ley de libertad religiosa”, sostiene. Y ahí coincide con Carlos López: “Hasta entonces las iglesias funcionaban de forma clandestina, antes del decreto de 1967 era una persecución sistemática e intolerancia plena”.

La persecución que “no descansa”

“La persecución religiosa fue terrible y el régimen no descansa”, los golpistas atacan mientras dura la guerra y continúan durante la dictadura de Francisco Franco. Los rebeldes “se dan cuenta de la diversidad hispana, descubren la importancia de otras religiones en la sociedad” y emprenden una tarea “de limpieza y pureza en la que no cabía el diferente”, añade como “hipótesis histórica”.

¿Qué cifras alcanzó esta violencia? “No hay una cuantificación de personas que sufrieron represión” por este motivo, explica la investigadora. El olvido está razonado desde “la marginalidad en la que han vivido” provocando que “aún hoy no sean colectivos visibles”, apunta Velasco.

Un documento del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo que se refiere al expediente de Atilano Coco.

“El franquismo ha conseguido fijar en nuestro imaginario colectivo que el protestante no es de aquí, que es extranjero, igual que pasa ahora con los musulmanes, aunque hayan nacido en España, como que no nos cuadra”, explica Marta Velasco. Una herramienta clave para asentar esta exclusión nace “cuando la iglesia se mete en el sistema educativo como espina dorsal del régimen”.

“Yo no conocía lo que había pasado con las minorías religiosas y lo más interesante cuando inicié la investigación fue darme cuenta que como, sin considerarme una persona católica, cargaba con todo el discurso nacional católico”, añade. “Y los protestantes, evangélicos… tienen una consideración de secta. ¿Por qué decimos eso?”, cuestiona.

Fascismo contra las “reformas republicanas”

Constitución de la Segunda República Española de diciembre de 1931, artículo 27: “la libertad de conciencia y el derecho de profesar y practicar libremente cualquier religión quedan garantizadas en el territorio español”. El franquismo azotó la diversidad de culto desde el primer momento, restaurando la religión católica como único camino permitido bajo el lema ‘Un dios, una patria, un caudillo’.

“La normativa franquista se va comiendo a las reformas republicanas”, señala Marta Velasco. “Un proceso que cuando se estudia en paralelo es siniestro, terrible, como si le metieran una poda bestial a todas las hojas verdes y flores del árbol y lo dejaran seco”, dibuja.

Y en ese contexto de primera violencia extrema y persecución religiosa resultó detenido y asesinado Atilano Coco Martín (Guarrate, Zamora, 1902 – Salamanca, 1936). El pastor protestante había estudiado en Inglaterra, era presbítero de la Iglesia Española Reformada Espiscopal, maestro de la escuela adjunta a la iglesia anglicana y miembro del Partido Republicano Radical Socialista, más tarde de Unión Republicana, y de la logia masónica Helmántica como parte del Grande Oriente Español.

Los militares golpistas detienen a Coco a finales de julio del 36 y lo encarcelan en la prisión provincial de Salamanca. Con Enriqueta Carbonell Carratalá tenía dos hijos, Alicia y Enrique. Todos los intentos de su mujer por azuzar al amigo Miguel de Unamuno para lograr su salvación fueron en vano, como cuenta la cinta Mientras dure la guerra.

Luis Zahera, caracterizado como Atilano Coco en la película de Alejandro Amenábar.

“Me faltó en la película que acabara diciendo que Atilano Coco está todavía desaparecido y que retratara más su perfil progresista, porque aparece un tanto desdibujado”, afina el presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Emilio Silva.

Atilano Coco, el pastor protestante amigo de Miguel de Unamuno ha sido rescatado por la película de Alejandro Amenábar. El presbítero tiene otros reconocimientos, como una calle a su nombre en su pueblo natal, Guarrate, o la residencia universitaria ‘Centro Atilano Coco’ inaugurada en 2005 en Salamanca. Pero, todavía, el maestro, republicano y masón asesinado por los franquistas sigue siendo un desaparecido. Nadie sabe dónde está su tumba. Como otros miles de personas enterradas en fosas comunes por toda España.

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Fotografía destacada: Atilano Coco junto a su mujer, Enriqueta Carbonell, y sus hijos, Alicia y Enrique.

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Atilano-Coco-protestante-Franco-Amenabar_0_965203755.html

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La ARMH pide a la Conferencia Episcopal que no celebre misas de homenaje a Franco

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha remitido una carta a todas las diócesis españolas pidiendo que no se celebren las misas católicas de exaltación del dictador Francisco Franco, que está previsto se oficien estos días, en torno al aniversario de su fallecimiento. La Fundación que lleva el nombre del general golpista anuncia en su página web la celebración de varias misas católicas en torno al 20 de noviembre, fecha en la que se cumplen 44 años desde su muerte.

nuevatribuna.es / 19-11-2019

En estos días la Conferencia Episcopal celebra su plenario. La carta remitida a todos los obispos y arzobispos españoles es la siguiente:

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica dice a los obispos que “ya es hora de que le retiren el palio al dictador”

“En torno al aniversario de la muerte del dictador Francisco Franco se van a celebrar, al menos que se conozcan una veintena de misas católicas, en diferentes poblaciones españolas. Se trata de actos de exaltación de una dictadura que causó enormes daños a la sociedad española, que asesino a miles de civiles que siguen todavía desaparecidos en fosas y cunetas. También reprimió duramente a los homosexuales, para los que creo un campo de concentración, y a las lesbianas que eran internadas en centros psiquiátricos para ser tratadas con electroshocks. El franquismo impidió a millones de personas ejercer sus libertades mínimas y las obligo exiliarse, a esconderse y a dejar de ser quiénes eran.

Después de más de 40 años transcurridos tras la muerte del dictador, en los que nuestra sociedad recuperó sus libertades, creemos que es hora de que la Iglesia Católica, tan bien cuidada por los distintos gobiernos de la democracia, debe retirar el palio con el que todavía cubre de honores la memoria de un sanguinario dictador.

La Fundación Francisco Franco ha organizado casi una veintena de misas católicas para enaltecer al dictador en torno al 20N

En un documento hecho público por la Conferencia Episcopal en noviembre del año 2006, con el título de ‘Orientaciones morales ante la situación actual de España‘ afirmaban que no podía utilizarse el pasado como agravio. Pero esas misas de exaltación de un dictador suponen un ataque a los valores democráticos y una enorme falta de respeto a las víctimas de la dictadura y a familias que después de tantos años siguen buscando a sus seres queridos. Enaltecer desde los altares a un general golpista con una sangrienta biografía es contrario a cualquier precepto cristiano.

Por ello, queremos pedirles que terminen los honores en las iglesias católicas a quién tanto daño hizo y reconozcan públicamente el error que supuso que los responsables de la Iglesia Católica formarán parte del aparato de la dictadura franquista, invistiendo de de predestinación a ese caudillo que figuraban las monedas ‘por la gracia de Dios‘ y trabajen cómo debe hacer cualquier organización en una democracia por la defensa de los derechos humanos; y por lo tanto, por ayudar a las familias de sus víctimas y reparar el daño”.

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Fuente:https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/armh-conferenciaepiscopal-misas-franco/20191119160251168286.html

 

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Homenajean a dos mujeres represaliadas en Xinzo

Homenajean a dos mujeres represaliadas en Xinzo (Ourense).

lavozdegalicia.es / 18-11-2019

María del Valle y Salud Torres fueron dos mujeres detenidas y encarceladas en Bande que en octubre de 1937 fueron asesinadas en un camino. Un vecino recogió sus cadáveres y los enterró en el cementerio de Mosteiro. En julio de este año, la Asociación pola Recuperación da Memoria Histórica intentó recuperar los cuerpos, pero no fue posible debido al mal estado de conservación del cementerio parroquial. Y ahí siguen. Ahora, como acto de homenaje, desde la ARMH colocarán una señal en el lugar en el que fueron enterradas, como recuerdo y honra permanente. El acto será el sábado 23 a las 12.30 horas, en un acto en el que participarán también familiares de las mujeres, así como poetas, músicos y vecinos.

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Fuente:https://www.lavozdegalicia.es/noticia/ourense/xinzo-de-limia/2019/11/13/homenajean-dos-mujeres-represaliadas-xinzo/00031573665859743424321.htm

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El ‘hacker’ republicano que ayudó a desentrañar la máquina nazi Enigma

El comisario exiliado Antonio Camazón y otros seis españoles formaron parte del equipo secreto que desencriptó el sistema alemán de mensajes cifrados en la II Guerra Mundial.

elpais.com / Raúl Limón / 15-11-2019

El enigmático, discreto y amable Faustino Antonio Camazón, nacido en Valladolid en 1901, murió en Jaca en 1982 sin desvelar su crucial participación en la Segunda Guerra Mundial. Fue el jefe del equipo español que colaboró con polacos y británicos para desentrañar Enigma, la máquina de mensajería nazi utilizada para las comunicaciones durante la contienda. La desclasificación de archivos secretos franceses ha arrojado luz sobre el papel español en este episodio y el documental Equipo D Los códigos olvidados rescata ahora su historia.

La encriptación no es un sistema de la computación actual. El cifrado de mensajes tiene más de 2.000 años y ha sido clave, especialmente, en tiempos de guerra. El nazismo sofisticó Enigma, una máquina patentada en el primer cuarto del pasado siglo para sustituir caracteres por otros según un código secreto. Y creyeron que era inviolable. Pero el equipo del polaco Marian Rejewski, que colaboró con el del británico Alan Turing (considerado el padre de la informática) y al que se unieron siete españoles exiliados tras la Guerra Civil, consiguió hackearla.

Camazón forma parte del eslabón entre la informática moderna, desarrollada a partir de códigos binarios, y la criptografía antigua, fundamentada en el lenguaje escrito. La biblioteca particular de este excomisario de policía republicano, adquirida por casualidad a un comerciante de ejemplares usados por el profesor e historiador Guillermo Redondo, cuenta con 800 libros en 150 lenguas.

Sus conocimientos le llevan a los servicios de inteligencia de la Segunda República para descifrar mensajes durante la Guerra Civil. En ese momento empieza a conocer Enigma, ya que el régimen de Hitler le vendió a Franco unidades de esta máquina de mensajería cifrada.

De izquierda a derecha, el guionista y director de cine Jorge Laplace, el matemático Manuel Vázquez, y la matemática Paz Jiménez. PACO PUENTES

Durante su estancia en los campos de concentración para los exiliados españoles tras la Guerra Civil, consigue que los basureros envíen una carta a los servicios de inteligencia franceses. “En aquel momento, el espionaje se fundamentaba en la acción personal de los agentes”, comenta Paz Jiménez Seral, profesora de Álgebra de la Universidad de Zaragoza. Pero el jefe del Deuxième Bureau, como se conocía al servicio de información del Ejército galo, George Bertrand, sabía que en Polonia se había recurrido con éxito a matemáticos para descifrar mensajes y replicar Enigma, por lo que incorpora al equipo español a sus servicios.

Una máquina de cifrado Enigma.

Enigma es una sofisticada máquina de escribir que, a partir de un código previamente establecido y que cambia de forma constante, sustituye unos caracteres por otros. El mensaje cifrado se retransmite por radio y el receptor, que conoce el algoritmo de descifrado gracias a una tabla, reconstruye el contenido. Los alemanes suponían que hacían falta millones de cálculos para desentrañar Enigma.

Pero los matemáticos polacos y el equipo español, en colaboración con Turing y un ejército en la sombra de más de 8.000 personas dedicadas a la escucha y tratamiento de datos, consiguen hackear la máquina, construyendo réplicas y las primeras computadoras para descubrir los cambiantes códigos de encriptación. “Uno de los creadores de Enigma no supo hasta 20 años después de la guerra que su máquina había sido desentrañada. Esa fue una de las principales armas de los aliados”, comenta Manuel Vázquez Lapuente, doctor en Matemáticas de la Universidad de Zaragoza.

Uno de los mensajes alemanes descifrados en el que se informa de la “liquidación de 1.548 judíos”.

“Enigma tenía puntos débiles que supieron aprovechar los equipos de inteligencia. La teoría de permutaciones [variación del orden o posición de los elementos de un conjunto ordenado] abrió la brecha”, explica Paz Jiménez. Turing desarrolló entonces Bombe, un ordenador producido en 1939 en el Government Code and Cypher School, en Bletchley Park, a raíz del modelo diseñado en 1938 por el criptologista polaco Marian Rejewski, y Colossus, una calculadora electrónica. Los dispositivos permitieron a los aliados disponer de las herramientas necesarias para leer las comunicaciones cifradas alemanas. “Se llegaron a construir 200 dispositivos Bombe y 36 máquinas Enigma”, señala la matemática zaragozana.

La invasión alemana de Francia dividió el equipo internacional del que formaba parte el PC Bruno, denominación de la unidad española, y obliga a Camazón y al resto de compatriotas a refugiarse en Argelia. Al final de la guerra, vuelve a Francia y se jubila dentro de los servicios secretos del país vecino sin que quede más constancia de su participación fundamental en la guerra que una escueta anotación en los archivos desclasificados recientemente en Francia. Gracias a un cuñado canónigo, vuelve a Jaca para pasar sus últimos años sin desvelar qué había hecho durante ese tiempo. “Para rodar, volvimos al barrio donde vivió y los vecinos reconocían haberle visto, pero nadie sabía nada de él”, relata el director del documental, Jorge Laplace.

Fotograma del documental ‘Equipo D Los códigos olvidados’ en el que Luis Ballarín identifica a su tío José Antonio Camazón.

Pero uno de los matemáticos polacos tomó fotografías del grupo que llegaron a manos del profesor de Física de la Universidad de Granada Arturo Quirantes, quien publicó un primer artículo. La imagen fue vista por Luis Ballarín, quien reconoció a su tío. Pese a haber convivido con él los últimos años, el autoimpuesto silencio de Camazón, quien escribió unas memorias desaparecidas, ha evitado recomponer la trayectoria de estos héroes de la II Guerra Mundial. El grupo polaco sí ha sido reconocido en su país, pero en España no hay nada que recuerde su gesta.

El oscurantismo sobre los integrantes de PC Bruno ha sido una de las mayores dificultades para el rodaje de Equipo D Los códigos olvidados, estrenado en Valladolid y proyectado en el Festival de Cine de Sevilla (SEFF), al que han acudido el director del documental y los dos matemáticos empeñados en destacar la figura de Camazón y su equipo.

“De las máquinas de Enigma españolas conseguimos un único plano en los archivos de RTVE. Ha sido complicado poder contar la historia desde el punto de vista audiovisual”, afirma Laplace, director también de 23 disparos y guionista de 30 años de oscuridad.

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Fotografía destacada: Faustino Antonio Camazón, tercero por la derecha, con los criptógrafos polacos que trabajaron para el servicio de inteligencia francés. IMAGEN DEL LIBRO ‘ENIGMA’

Fuente:https://elpais.com/tecnologia/2019/11/13/actualidad/1573646294_572244.html

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“Todos los prisioneros del franquismo coinciden en que lo peor era el miedo a ser asesinados en cualquier momento”

ENTREVISTA | Carlos Hernández, periodista e investigador

El periodista Carlos Hernández, en su investigación sobre los campos de concentración franquistas, revela que en Cantabria hubo 10 con 50.000 prisioneros.

“En España hemos normalizado situaciones que serían inconcebibles en otros lugares del mundo, como mantener la simbología franquista”, sostiene.

Sobre el auge de la extrema derecha en España, Hernández cree que “muchos votan porque no saben lo que supuso realmente el franquismo”.

eldiario.es / Celia Álvarez / 14-11-2019

El periodista Carlos Hernández de Miguel ha publicado en el pasado mes de marzo su trabajo ‘Los campos de concentración de Franco’, una exhaustiva investigación a la que ha dedicado tres años de forma exclusiva. ”Todos los prisioneros a los que he entrevistado coinciden en que lo peor era el miedo a ser asesinados en cualquier momento, especialmente por las noches”, desvela en conversación con eldiario.es.

Este especialista en la materia protagonizará el primer acto del ciclo sobre ‘Las violencias, los relatos, las víctimas’, que se celebrará en la librería La Vorágine este viernes 15 de noviembre a las 19.30 horas, en el marco de unas jornadas que se prolongarán hasta febrero.

Hernández explica que decidió llevar a cabo esta investigación por dos motivos: el “ánimo recibido” por algunos supervivientes de los campos nazis, y porque, a raíz de la investigación que inició personalmente para indagar acerca de la historia de su tío abuelo –uno de los prisioneros del campo de concentración de Mauthausen-, descubrió “el engaño al que se ha sometido a la sociedad española respecto a la Segunda Guerra Mundial y la dictadura franquista”.

Según su trabajo, de los 296 campos de concentración –denominados y reconocidos así de forma oficial- que hubo en España, regidos por el ejército franquista, 10 de ellos se encontraban en Cantabria – tres en Santoña (uno en el Cuartel de Infantería, otro en el penal del Dueso, y el último dividido entre el Fuerte de San Martín y el Instituto Manzanedo), dos en Santander (uno en el Palacio de la Magdalena de Santander y otro formado por varios edificios como la plaza de toros, los Campos de Sport de El Sardinero y el viejo Hipódromo de Bellavista), uno en Torrelavega, otro en Castro Urdiales, uno en Laredo, uno en el aeródromo de Pontejos y otro en el seminario de Santa Catalina en Corbán-.

Plano realizado por el Ejército franquista del campo de concentración de Santoña

Así pues, casi un millón de personas fueron prisioneras de estos campos en todo el país –más de 50.000 en Cantabria-, entre los que se encontraban combatientes del bando republicano, así como civiles que habían sido capturados solo por pertenecer a organizaciones republicanas.

En este caso, según señala Hernández, hay que hablar casi exclusivamente de prisioneros, porque la ”mentalidad machista” de aquella época consideraba que ”los campos de concentración no eran para mujeres”. “Su presencia solo consta en tres de ellos”, ha apuntado, y eran trasladadas a estos recintos junto a sus hijos. Los campos, cuya apertura se inició tan solo 48 horas después de la sublevación del 19 de julio de 1936, se ubicaban lejos de los núcleos de población y tenían unos ”objetivos marcados y unas características predeterminadas”.

Campo de concentración ubicado en los Campos de Sport (Santander)

“Ni eran homogéneos ni funcionaban de la misma manera”, apunta el periodista, puesto que tenían objetivos muy diversos, entre ellos, “el exterminio selectivo, la clasificación de los prisioneros –es decir, investigar los antecedentes políticos de cada uno de ellos-, el castigo y la reeducación”. Además, ”en estos campos de concentración se formaban los batallones de trabajadores, que se encargaban de construir infraestructuras, como carreteras, puentes o trincheras, por todo el país”, recalca Hernández.

Desde un tiro en la nuca hasta el hambre, pasando por el fusilamiento o las enfermedades, fueron las principales causas de muerte de las ”decenas de miles de víctimas mortales” que hubo en esos campos del terror, según el periodista. Sin embargo, Hernández asegura que, aunque se hable de 10.000 víctimas, esta cifra es ”imposible de concretar”, ya que ”no hay datos registrados”.

En alusión a las condiciones en las que vivían dichos prisioneros, el periodista incide en que ”el hambre que pasaron al estar durante días sin comer, las enfermedades que padecieron y las plagas de piojos que tuvieron debido a la falta de higiene” son los peores recuerdos que más han marcado a los presos de los campos de concentración.

Prisioneros del campo de concentración de La Magdalena (Santander) realizando el saludo fascista

El voto de la ignorancia

Carlos Hernández ha sido muy contundente respecto a la actualidad política de España y el auge de la extrema derecha –que se ha convertido en la tercera fuerza política del país en las elecciones del 10N-. El periodista considera que existen dos perfiles del votante del partido de la ultraderecha: las personas ”que saben lo que votan porque comparten los valores de la dictadura, y ”las que, en un gran porcentaje, votan por ignorancia, ya que no son conscientes de lo que hay detrás y lo que supuso realmente el franquismo”.

Hernández cree que ”lo más grave es que todavía no se estudia la historia real”. ”En Alemania, el Estado asumió su historia y hoy en día los centros educativos llevan a los estudiantes a los campos de concentración”, ha contado el periodista con indignación.

Sin embargo, Hernández también asigna cierta ignorancia a aquellos que crecieron durante la dictadura, puesto que ”vivieron bajo propaganda con una realidad oculta, como la vinculación de Franco y Hitler, una historia falsa y datos e imágenes irreales”. Además, el periodista destaca que ”España sigue siendo una anomalía en la Europa democrática, ya que hemos normalizado situaciones que serían inconcebibles en otros lugares del mundo, como calles dedicadas a personas célebres del régimen, simbología franquista…”.

Prisioneros del campo de concentración de La Magdalena (Santander) realizando ejercicio físico

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Fotografía destacada: El periodista Carlos Hernández, autor de ‘Los campos de concentración de Franco’.

Fuente:https://www.eldiario.es/cantabria/cultura/Carlos-Hernandez-Voragine-investigacion-Franco_0_963453748.html

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Los hermanos Lapeña serán las primeras víctimas exhumadas del Valle de los Caídos a partir de 2020

Patrimonio Histórico comenzará a rehabilitar las criptas para que los forenses entren a principios de 2020.

​Los forenses evaluarán las posibilidades de sacar los restos de 31 personas reclamadas por sus familiares.

Conocer la “verdadera historia” para crear un Valle de los Caídos sin Franco.

20minutos.es / Pablo Rodero / 14-11-2019

Manuel Lapeña era el veterinario de Villarroya de la Sierra, que quedó en zona nacional tras el inicio de la Guerra Civil. En el verano del 36, se encontraba en una finca trabajando, cuando un grupo de falangistas le obligó a subir a un camión y lo llevó al pueblo.

Ahí estuvo un día atado en la plaza y, posteriormente, fue trasladado a la cárcel de Calatayud, donde fue asesinado. Había sido miembro destacado del sindicato anarquista Confederación Nacional del Trabajo (CNT), aunque ya no pertenecía a la organización.

Su hermano, Antonio Ramiro, trabajaba de herrero también en Villarroya de la Sierra y era también miembro de la CNT. Al conocer el asesinato de su hermano se escapó del pueblo y se echó al monte.

La familia intercedió por él ante los mandos militares y el cura. Le llegaron a dar un papel firmado que decía que no le iba a pasar nada, pero cuando regresó al pueblo fue apresado y llevado al cementerio de Calatayud, donde también fue asesinado.

Inhumados sin permiso de los familiares

23 años después del asesinato de los hermanos Lapeña, Francisco Franco asistía por fin a la finalización del Valle de los Caídos, el monumento faraónico que acogería sus restos mortales desde 1975 hasta el pasado mes de octubre.

Si bien la dictadura solicitó voluntarios para entregar los restos de sus familiares para ser inhumados en el Valle en 1959, muchos de los cuerpos de los republicanos fueron exhumados, mezclados entre sí y enviados al monumento sin conocimiento de los familiares. Entre ellos, podrían haber estado los hermanos Lapeña.

Tras su ejecución, fueron enterrados en dos fosas, de las que, de al menos una de ellas, hay conocimiento de que se exhumaron restos de varias decenas víctimas, que fueron trasladados mezclados en nueve cajas al Valle de los Caídos sin el consentimiento de los familiares en 1959.

Ahora, seis décadas después, los cuerpos de los enterrados en el Valle podrán empezar a ser exhumados del mausoleo para ser entregados a sus familias.

Tras recibir un informe favorable del CSIC, Patrimonio Histórico, el ente propietario del monumento, di este miércoles el visto bueno para empezar las obras de acondicionamiento de las criptas funerarias antes de que acabe el año.

Una vez finalizado el acondicionamiento, los forenses entrarán en las criptas para localizar los cuerpos de los familiares que hayan reclamado su recuperación.

Las primeras 31 inhumaciones

Patrimonio ha indicado a los familiares de que las obras finalizarán a comienzos de 2020, según informa Miguel Ángel Capapé, pareja de una de las descendientes de los hermanos Lapeña y portavoz de la Asociación de Familiares Pro Exhumación de los Republicanos del Valle de los Caídos.

“A finales de año tendrán el informe de seguridad para poder entrar a las criptas y a primeros de año, no sabemos la fecha exacta, si enero o febrero, irán abriendo las criptas”, declara Capapé a 20minutos.

Los forenses evaluarán las posibilidades de sacar los restos de 31 personas inhumadas que cuentan ya con un expediente abierto a petición de sus familiares.

Los descendientes de los hermanos Lapeña no supieron que no se encontraban en Calatayud hasta 2008, tras llevar a cabo excavaciones en una de las fosas en la que no encontraron ningún resto humano.

Fueron personas del pueblo quienes les informaron de que los restos habían sido desplazados al Valle de los Caídos, información que contrastaron en los archivos del propio Valle.

En 2016, un juez sentenció que los hermanos Lapeña debían ser exhumados y, por el momento, son los únicos de los familiares de las 31 personas que podrían abandonar el Valle ue tienen un auto judicial para poder llevar a cabo la exhumación.

“Si no se actúa rápido, se perderá todo”

Los familiares, que se reunieron la semana pasada en tres ocasiones con Patrimonio Nacional, recibieron una copia del informe y la explicación de los trabajos que se van a desarrollar.

Ante las diversas peticiones, el trabajo comenzará respetando el orden procesal, por lo que los primeros restos en exhumar serán los de los hermanos Lapeña.

El largo camino legal y burocrático recorrido por los familiares de los hermanos Lapeña acabará, finalmente a, principios de 2020, cuando los Lapeña, si son localizados, podrán regresar a Villarroya de la Sierra 84 años después de su asesinato.

“Nuestro objetivo para los próximos años es que saquen a todos, las cajas en las que se vea bien el rotulado del pueblo deberían volver a su pueblo sin que las reclame nadie ”, declara Capapé.

“Luego, que el Ayuntamiento de cada pueblo que se haga cargo de ellas y las entierre en un nicho y si luego alguien quiere reclamar a sus familiares que lo haga”, defiende Capapé que advierte de que “si no se actúa rápido, esas cajas se acabarán derrumbando y los restos se perderán del todo”.

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Fotografía destacada: Hermanos Antonio Ramiro y Manuel Lapeña, asesinados en 1936 por los sublevados y enterrados en el Valle de los Caídos en 1959.

Fuente:https://www.20minutos.es/noticia/4054406/0/hermanos-lapena-primeras-victimas-exhumadas-valle-caidos-2020/

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Familiares de víctimas del franquismo piden al Gobierno que investigue una subasta de joyas de los Franco

La casa Christhie’s pretende subastarlas por más de 400.000 euros el 27 de noviembre.

elpais.com / Natalia Junquera / 13-11-2019

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que agrupa a familiares de víctimas del franquismo, ha solicitado al Gobierno que investigue una subasta en Londres de joyas de la familia del dictador.

Se trata de tres piezas de diamantes y esmeraldas que la casa Christie’s subastará el próximo 27 de noviembre por valor de más de 400.000 euros. Las joyas pertenecían a Carmen Polo y datan de los años veinte y treinta según la casa de subastas.

La ARMH ha dirigido una carta al embajador español en Londres, pidiendo que la representación diplomática de España en Reino Unido exija la documentación que acredita el origen y propiedad de las joyas y que presente una protesta ante la casa de subastas por ser “cooperador necesario” para que la familia de un dictador “capitalice su patrimonio surgido de la corrupción política y económica”.

La asociación ha registrado además un escrito en el Ministerio de la Presidencia, del que depende Patrimonio Nacional, para que investigue si esas joyas han formado parte en algún momento del patrimonio del Estado.

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Fotografía destacada: Margarita Vargas, esposa de Luis Alfonso de Borbón, con el collar de esmeraldas de los Franco en 2016. GTRESONLINE

Fuente:https://elpais.com/politica/2019/11/13/actualidad/1573652578_534373.html

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Patrimonio Nacional autoriza la exhumación de las víctimas enterradas en el Valle de los Caídos

La familia de los hermanos Lapeña, con autorización judicial para sacarlos, estaba a la espera de un informe del CSIC que ha sido hecho público este martes.

Los trabajos comenzarán con los Lapeña, presumiblemente en navidades. En el mausoleo quedan 30.000 cuerpos de víctimas de la Guerra Civil y de la represión.

El documento del CSIC asegura que “no existen graves problemas de seguridad” para los trabajadores que tienen que llevarlo a cabo.

eldiario.es / Marta Borraz/Belén Remacha / 13-11-2019

Patrimonio Nacional, en una nota de este martes, anuncia que se ha trasladado la autorización del comienzo de los trabajos de exhumación a “los familiares de las personas inhumadas en el Valle de los Caídos cuyas solicitudes de exhumación se encuentran en trámite”. Hay actualmente 31 solicitudes en marcha. Patrimonio lo hace tras un informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que asegura que es posible exhumar todos los restos mortales de víctimas de la Guerra Civil y de la represión franquista que hay en el Valle de los Caídos sin peligro para los trabajadores. Como ha adelantado la Cadena Ser y confirma eldiario.es, el documento, de tipo técnico, da vía libre porque “no existen graves problemas de seguridad”.

En primer lugar “se procederá a la apertura de la Capilla del Santo Sepulcro, siguiendo por la Capilla del Santísimo y finalmente, por las capillas laterales de la nave de la Basílica”. Patrimonio informa a eldiario.es de que la primera exhumación será la de los hermanos Lapeña, que se encuentran en la Capilla del Santo Sepulcro. La exhumación de los hermanos Lapeña, cuya familia tiene la autorización del juez pero se ha ido retrasando por Patrimonio Nacional a la espera de este informe del CSIC, podrá ser posible próximamente. Los abogados de la familia esperan que sea durante las fechas navideñas.

La ejecución de la exhumación completa de las víctimas, es decir, que se llegue a sacar los cuerpos, depende del trabajo de campo porque “durante todo el proceso se contará con la asistencia permanente de expertos forenses para el asesoramiento técnico y legal” para “una inspección valorativa”. Eso “llevará a determinar las distintas consideraciones físicas, técnicas y jurídicas en cada lugar de la Basílica”, especifica Patrimonio. “De esta forma y teniendo en cuenta todas las medidas y actuaciones anteriores, se podrá determinar la viabilidad de la localización, identificación y la recuperación de los restos de las personas inhumadas”.

“En el templo hay filtraciones y grietas en las bóvedas de algunas criptas, pero la seguridad de los forenses y otros trabajadores que deben realizar esta operación está garantizada”, según el CSIC. Tras el traslado de los restos de Francisco Franco el pasado 24 de octubre, quedan en Cuelgamuros 30.000 restos de represaliados, un tercio de ellos sin identificar.

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Fotografía destacada: La Abadía Benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/informe-CSIC-victimas-Valle-Caidos_0_963103942.html

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Quién era Antoni Campañà y por qué sus casi 6.000 fotos de la Guerra Civil estuvieron 80 años escondidas en un garaje

Al vaciar una casa de Sant Cugat (Barcelona), los dueños encontraron unas cajas rojas con fotografías de la Guerra Civil de su abuelo fotoperiodista. 

Era republicano, demócrata y creyente. Reconocido en su oficio, trabajaba para La Vanguardia, pero la “experiencia traumática” que le supuso la contienda, y el uso que hicieron ambos bandos de sus instantáneas, hizo que quisiera olvidarlas. 

Estas son algunas de las fotografías de la Guerra que estuvieron en un trastero durante 80 años.

eldiario.es / Belén Remacha / 12-11-2019

En la ‘valija mexicana’ de Robert Capa había entre 3.000 y 4.000 negativos de la Guerra Civil Española de tres fotógrafos –Endre Friedmann, Gerda Taro y David Seymour–, que permanecieron desaparecidos 70 años. En las cajas rojas de Antoni Campañà había casi 6.000 fotografías de la misma época, sobre todo de Barcelona pero también de otras partes del país y también guardadas desde los 40. Es la comparación que le vale al periodista Plàcid Garcia-Planas para poner en contexto el hallazgo de la familia del fotoperiodista catalán, al menos cuantitativamente.

Las instantáneas aparecieron cuando los hijos y nietos de Campañà decidieron vender la casa familiar de Sant Cugat del Vallès (Barcelona), construida en los 40. Garcia Planas puntualiza que no era exactamente un aparcamiento, como se ha publicado, sino un garaje particular: “Al fondo, bajo otros trastos almacenados durante décadas, estuvieron 80 años. Sus hijos sabían que existían, pero no dónde estaban. Al ir a vaciar la casa, encontraron las cajas rojas”. La familia las ha cedido para ser publicadas en un libro en el que aparecen 400, La capsa vermella (Editorial Comanegra) editado por García-Planas junto al historiador Arnau Gonzàlez i Vilalta y el fotógrafo David Ramos. Seguramente, luego se hará una exposición.

Coche cosido a balazos en una calle de Barcelona. 1936-1937 FOTO CEDIDA A ELDIARIO.ES. ANTONI CAMPAÑÀ

Para explicar cómo pudieron permanecer tanto tiempo ahí abajo, García-Planas recurre primero a contar la biografía del fotógrafo, nacido en 1906 en Arbucias (Girona): “A diferencia de otros él no era corresponsal: no fue a la guerra, la guerra llegó a él. Desde que estalla en el 36 hasta el 39 hace fotos desde su territorio, que era Barcelona. Él era republicano, demócrata y catalanista, pero también creyente. Fue chófer del Ejército republicano y los anarquistas quedaron enamorados de sus fotos; la CNT llegó a hacer postales. Se da la paradoja de que suyas, de un católico practicante, fueron algunas de las mejores imágenes de la quema de iglesias”.

“Pero como fotografiaba todo lo que veía –sigue García-Planas– también hizo instantáneas de los primeros desfiles franquistas, que el bando de Franco empleó ya durante la dictadura”. Y ese uso ambivalente fue uno de los motivos por los que Campañà no quiso que nadie más le recordara su trabajo durante la guerra. “No le gustaba la propia guerra, para él fue una experiencia traumática. Por su condición de religioso, se sentía incómodo en los dos bandos. Y la quiso olvidar”.

El valor del contenido de esas cajas rojas reside ahí, en “que lo cuenta todo. Su abanico es amplísimo. Momentos épicos y no épicos, de la cotidianidad y del horror. Simplemente fotografió todo lo que veía, sin trabajar para el gobierno republicano ni para los sublevados. De derrocamiento de iglesias, de gente pasando hambre… Cogió lo que le interesaba y lo que no, eso fue lo que luego también le dañó”.

Las campanas de Bujaraloz (Zaragoza) tras la destrucción de la iglesia por los anarquistas de la CNT-FAI. 1936 FOTO CEDIDA A ELDIARIO.ES. ANTONI CAMPAÑÀ

Antes de la Guerra, Campañá había trabajado haciendo de todo en su sector. Cogió prestigio en Barcelona por su rápido revelado de fotos de boda, cuenta García-Planas, y fue agente para Leica, la mítica empresa de cámaras. También había sido reconocido como fotoperiodista: trabajó para La Vanguardia y en 1934 una imagen suya fue portada de la revista American Photography. Durante la dictadura se quedó en Barcelona, dedicándose a la fotografía deportiva para distintos medios –suyas son varias instantáneas del Barça de la época–. Ya en los 50, viajó por toda España y fue el primero en editar postales a color en pleno auge del turismo.

Murió en el 89, y aún vivió para la celebración de una exposición en su Barcelona natal organizada por La Caixa, aunque sin apenas fotos de la contienda. Para el libro los editores han seleccionado 400 de esas 6.000 siguiendo un relato cronológico bajo criterios artísticos e historiográficos, la mayoría se han tenido que quedar fuera. Habiendo aparecido estas ‘cajas rojas’, ¿podemos pensar que nos quedan muchos más fondos documentales de la guerra por conocer? “Ese es un gran misterio”, responde García-Planas.”Pero diría que de esta magnitud, de un gran fotógrafo reconocido ya durante su época, podría ser el último. Es difícil que se encuentre un material así, de esa calidad, y con la misma mirada”.

Refugiados malagueños. Estadio Olímpico de Montjuïc. Febrero de 1937. EDITORIAL COMANEGRA

Dos ciudadanos observan en detalle las momias de las monjas expuestas de la iglesia y convento de las Saleses del Passeig de Sant Joan de Barcelona. Julio 1936. EDITORIAL COMANEGRA

Un joven falangista sostiene una bandera española en en Festival de FET y de las JONS en homenaje al ministro de Exteriores italiano, Galeazzo Ciano. Barcelona, 11 de julio de 193 EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

Un enterrador en el Cementiri Nou (Montjuïc) de Barcelona muestra cadáveres de los muertos en los enfrentamientos para parar el golpe de estado. EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

Dos mujeres en medio de la runa en el barrio del Poble-sec tras el tercer bombardeo sobre Barcelona. 14 de marzo de 1937. EDITORIAL COMANEGRA / ANTONI CAMPAÑÀ

Militantes de Estat Catalàm independentistas, el 11 de Septiembre de 1936 EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

Barricades en l’Eixample. Julio de 1936. EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

La Catalunya rural en la gran ciudad. Vecinos del pueblo natal de Companys, el Tarròs (l’Urgell). EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

Una miliciana anarquista del cuartel del Bruc, entonces Bakunin, con un pañuelo corbata rojo y negro. Verano de 1936. EDITORIAL COMANEGRA/ ANTONI CAMPAÑÀ

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Fotografía destacada: Refugiados republicanos de Málaga en el estadio de Montjuïc de Barcelona. 1937 FOTO CEDIDA A ELDIARIO.ES. ANTONI CAMPAÑÀ

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Guerra-Civil-aparecieron-Sant-Cugat_0_962754655.html#fotos

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