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Exhumación Fosa 4 Guadalajara

El equipo de la ARMH formado por numerosos voluntarios y familiares se ha reunido un año más en el Cementerio de Guadalajara para llevar a cabo la exhumación de los 26 cuerpos que contenía la fosa número 4. Estas víctimas fueron asesinadas entre el 26 de abril y el 3 de mayo de 1940.

Durante los trabajos de exhumación y coordinados al tiempo que los huesos eran extraídos de la fosa dos forenses voluntarios que viajaron desde la localidad portuguesa de Coimbra, los iban limpiando, analizando y realizando las tomas de muestras genéticas para una futura identificación científica mediante pruebas del ADN.

Las labores empezaron el pasado día 1 de octubre y finalizaron 12 días después. En esta ocasión y al igual que en años anteriores, el equipo tuvo que trabajar teniendo en cuenta las medidas de seguridad necesarias ya que la profundidad de la fosa se iba acercando a los casi 4 metros.

Durante el desarrollo de los trabajo visitaron el lugar numerosos familiares de las víctimas de la fosa 4 y otros de las diferentes fosas que quedan por recuperar. Una de las visitas más emocionantes se produjo cuando Julián López del Campo, de 94 años, se acercó al cementerio para conocer dónde fueron depositados los restos de su hermano Mariano, que tenía 23 años cuándo fue asesinado. Otros dos hermanos nonagenarios viven todavía.

Muy emocionado, Julián relataba, junto a la fosa que se estaba exhumando, cómo cuando en el día de los difuntos trataban de acceder al cementerio para llevar unas flores a su hermano, grupos de falangistas se ponían en la puerta del cementerio para impedirles el acceso, insultarles y humillarles por ser rojos.

Mariano López del Campo era natural de Mandayona (Guadalajara), soltero y trabajaba como chófer. Pertenecía al Partido Comunista. Se presentó en el cuartel de la guardia civil tras escuchar el decreto de Franco de que no les pasaría nada a quienes no tuvieran las manos manchadas de sangre. Terminó siendo una trampa y fue asesinado por los franquistas.

Fue detenido el 6 de mayo de 1939 y juzgado en el sumario militar de urgencia número 1220, de 1939. Condenado a muerte, fusilado y arrojado a una fosa común en el Cementerio Municipal de Guadalajara el 3 de mayo de 1940.

En el contexto de la exhumación el equipo encontró algunos objetos curiosos: un monedero con alguna moneda republicana, una cartera sin documentación, con restos de un billete; un lápiz, botones, casquillos de mauser y hebillas. Como curiosidad, y se puede ver en la fotografía anterior, aparecieron tres objetos que muestran como los detenidos pasaban las horas realizando pequeñas obras de artesanía con unos mínimos materiales.

 

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Exhumación Manzanares (Ciudad Real)

La ARMH realizó en mayo la exhumación de los cuerpos arrojados a dos fosas comunes en la localidad de Manzanares, en la provincia de Ciudad Real. En ella se esperaba recuperar los restos de 30 víctimas de la represión franquista, asesinadas después de la guerra, entre junio de 1939 y noviembre de 1940.

En Manzanares hay un total de 288 víctimas asesinadas entre 1939 y 1947. De estas hay 255 enterradas en una fosa intramuros y dos con 33 personas extramuros; la separación entre ellas se debe a la división entre las zonas católica y civil del cementerio. En esta primera actuación de la ARMH se va a llevó a cabo la exhumación de la zona civil, lo que fue extramuros antes de los años 70-80.

Los familiares han estado muchos años protegiendo ese lugar. En 1981 la viuda de uno de los asesinados, Josefa Peñuelas, viuda de Francisco Martín Alcarazo, promovió la colocación de una placa con todos los nombres. En los años siguientes los familiares colocaron sepulturas sobre la tierra para señalar el lugar de la fosa y los posibles cuerpos allí enterrados. Fue gracias al esfuerzo de las familias que el lugar conservó su memoria y su recuerdo intacto.

Los trabajos se llevaron a cabo durante algo más de dos semanas, en una de las intervenciones más duras realizadas por la ARMH a lo largo de su historia.

El trabajo en la primera fase fue extremadamente meticuloso y ralentizado por el tipo de suelo calizo y la estrechez de la fosa que permitía trabajar a una sola persona dentro de ella. En una primera fase se recuperaron diez cuerpos antes de tomar la decisión de vaciar con una máquina retroexcavadora la tierra que rodeaba las fosas y así facilitar el trabajo del equipo de la ARMH.

También se produjo un gran avance en el número de familias implicadas consiguiendo contactar con más descendientes, esto en alguno de los casos se había visto complicado porque las familias emigraron lejos del pueblo en busca de unas condiciones sociales y laborales que no podían obtener al estar señalados por las autoridades franquistas.

Los familiares, que cada tarde y durante las dos semanas en las que transcurrió la exhumación se congregaban alrededor de la exhumación, decidieron celebrar un acto el sábado 29 de mayo con el que rindieron homenaje a las personas asesinadas en Manzanares, en el que miembros de la Asociación tuvieron también la oportunidad de explicar las labores que llevan a cabo desde hace 20 años en su lucha por la memoria y la defensa de los derechos de las víctimas de la represión franquista.

La ARMH apoyará al colectivo de familias organizado con la pretensión de que el trabajo de exhumaciones continúe en las 14 fosas que todavía se conservan dentro del propio cementerio. Se trata de una labor de DDHH y de voluntad política, que la ARMH recuerda constantemente al Gobierno de España. Los derechos de las víctimas no deben ser subvencionados; se deben garantizar.

La exhumación de las dos fosas comunes del cementerio de Manzanares, de la que finalmente se recuperaron los cuerpos de 34 personas asesinadas por la represión franquista, se prolongó durante 17 días de trabajo ininterrumpido y complejo a causa de las condiciones del suelo en las que una de las fosas que llegó a superar los 6 metros de profundidad.

El siguiente paso será al estudio de los restos óseos, para extraer de ellos toda la información de los mismos sobre la edad, la estatura y algunas características físicas que puedan orientar las identificaciones que finalmente se llevarán a cabo mediante pruebas de ADN.

Durante los trabajos de exhumación se encontraron diversos objetos que serán estudiados, restaurados y entregados a las familias en caso de que se produzcan las identificaciones. Entre los objetos se encontró: una medalla de una virgen, unas gafas, una caja de cerillas y además se han recogido numerosos casquillos de bala.

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El presidente Asociación para la Memoria Histórica rechaza pagar la tumba de Franco con dinero público

La suspensión por el Tribunal Supremo español de la exhumación del dictador Francisco Franco, enterrado en un monumento nacional, fue el último revés en la carrera de obstáculos que afrontan los defensores de la memoria histórica de la Guerra Civil (1936-1939) y la posterior dictadura (1939-1975).

eldiario.es / EFE / Beatriz Díaz / 16-06-2019

“No se puede pagar la tumba de un dictador con dinero público”, afirma Emilio Silva, presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en España (ARMH), en una entrevista con Efe.

El dictador, fallecido en 1975, fue inhumado con todos los honores en la basílica del Valle de los Caídos, un monumento que ordenó construir en 1940 en las proximidades de Madrid y donde están enterrados más de 33.000 combatientes de ambos bandos de la guerra (republicanos y sublevados, conocidos como “nacionales”).

La asociación que preside Silva, creada en el año 2000 y dedicada a localizar a las víctimas de la represión durante la Guerra Civil y la dictadura, denuncia el uso que se hace de esta enorme construcción, que pretendía “ser más grande que el Vaticano”.

“Esto no ocurre en Portugal con Salazar, no ocurre en Italia con Mussolini, no ocurre con Trujillo en la República Dominicana, ni con Pinochet en Chile”, defiende el activista.

También la ONU instó a reconsiderar el inmenso monumento, recuerda Silva, tras la visita del Relator Especial sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición, Pablo de Greiff, que propuso convertirlo en un museo en su visita de 2014.

Y eso prometió el jefe del Ejecutivo español, el socialista Pedro Sánchez, cuando hace un año llegó al poder: sacar los restos del dictador para convertir el Valle de los Caídos en un centro de memoria y reconciliación.

Sus planes se vieron frustrados cuando el Tribunal Supremo decidió a comienzos de este mes paralizar la exhumación prevista para el 10 de junio, atendiendo al recurso presentado por la familia del dictador.

Para el responsable de la ARMH, el problema es que en España “se creó una especie de discurso oficial, que decía que la sociedad ya estaba reconciliada y tenía que mirar hacia delante”.

Ese “olvido de todos para todos”, que defendió la Ley de Amnistía española de 1977, acabó funcionando solo para unos cuantos porque a partir de la exhumación de su abuelo Emilio Silva Faba en el años 2000, la primera que se realizó en España, “empezó todo un movimiento de búsquedas de desaparecidos”.

Cuando Emilio Silva fue hasta el Bierzo, comarca de León (norte) donde vivió su abuelo, con la idea de ambientar una novela que estaba escribiendo, no imaginó que 20 años después lideraría una asociación que ha llegado hasta Japón y Australia, desde donde llegan peticiones para participar en ella.

Silva consiguió recuperar los restos de su abuelo, fusilado en 1936 y enterrado en una fosa común sin ningún tipo de identificación, y esa acción dio lugar a la asociación.

Con ella levantó una pesada losa que había caído sobre la historia española y que ha llevado a la exhumación de 9.000 personas más, que fueron enterradas sin identificar.

La lista no para de crecer, pero Silva se queja de la falta de apoyo de los gobiernos, que dificulta la recuperación de las 120.000 personas que aún hay desaparecidas en España, según estimaciones del Ministerio de Justicia de este país.

Además de encontrar restos de asesinados, también surgieron “los torturados, las madres a las que les habían robado los niños en las cárceles, la gente que no era afín al régimen en los años 50 y que no fue vacunada de poliomielitis”, explica.

“Yo no pensaba meterme en este lío, yo quería identificar a mi abuelo, enterrarlo con mi abuela y volver a mi vida”, cuenta Silva, quien no era consciente de “la dimensión que tenía el problema”.

Llamadas con número oculto, cartas anónimas, protagonistas y testigos directos del horror… la información que ayudó a devolver a miles de familias los cuerpos de sus allegados llegó “de la forma menos verosímil”, afirma.

Emilio Silva defiende que, con la exhumación de su abuelo hace 20 años, algo cambió en una parte de la sociedad española, que empezó a mirar al pasado de manera distinta y eso “convirtió algunos lugares en sitios incómodos”.

El Valle de los Caídos es uno de ellos y aunque su futuro es incierto, Silva está convencido de que “al final Franco va a salir de allí”.

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Fotografía destacada: El presidente Asociación para la Memoria Histórica rechaza pagar la tumba de Franco con dinero público

Fuente:https://www.eldiario.es/politica/presidente-Asociacion-Memoria-Historica-Franco_0_910609191.html

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Josep Sala, superviviente de los campos de concentración franquistas: “No éramos ni siquiera un número, no éramos nada”

A sus casi 100 años, este barcelonés de la Quinta del Biberón recuerda su periplo por distintos campos de concentración franquistas durante la Guerra Civil.

“La muerte nos rondaba, la sentía tan cerca…”, rememora este farmacéutico que luchó en el bando republicano.

eldiario.es / Pol Pareja / 15-06-2019

“Fssst fsst”, “brrum”. La prodigiosa memoria de Josep Sala (Barcelona, 1919) está repleta de onomatopeyas e imágenes para olvidar. Las balas de ametralladora silbando a pocos metros de su cabeza. Los morteros explotando a su lado. Las piernas colgando de un compañero, todavía vivo, tras ser bombardeados por un avión del bando nacional. El olor a heces y la insalubridad de los campos de concentración.

A sus casi cien años, Sala lo rememora ahora con precisión y detalles, pero no siempre fue así. Durante décadas, apenas habló con nadie de su periplo de más de tres años por el frente de la Guerra Civil, los campos de concentración franquistas y los trabajos forzados por toda España y el Norte de África.

Su aventura empezó en marzo de 1938, cuando tenía solo 18 años. “A esa edad te piensas que te vas a conquistar algo, estás emocionado”, recuerda este catalán nacido en el Raval de Barcelona. Sala, integrante de la llamada Quinta del Biberón, tardaría pocos meses en descubrir lo que era la Guerra Civil y ser prisionero del franquismo. “Me robaron hasta la personalidad, no éramos ni siquiera un número”, rememora pesaroso. “No éramos nada”.

La historia de Sala y del millón de españoles que pasaron por estos campos franquistas es una de las que faltaban por contar de la Guerra Civil. El periodista y colaborador de eldiario.es Carlos Hernández la detalla ahora en Los campos de concentración de Franco (Ediciones B), un libro que documenta, mediante archivos y testimonios de supervivientes, la existencia de hasta 296 campos de concentración franquistas -un 50% más de lo que se había calculado hasta ahora-. Según Hernández, en esos centros pudieron morir más de 10.000 presos.

Sala pasó por un campo de concentración en Zaragoza y después fue trasladado a los campos de Santa Ana y San Marcos, ambos en la ciudad de León. En este último lugar, convertido hoy en un lujoso Parador, conoció lo peor de la condición humana. “La muerte nos rondaba, la sentía tan cerca…”, rememora este anciano de ojos azules, frondoso pelo gris y tez arrugada. Sala recuerda con todo lujo de detalles el frío, el miedo, la falta de comida -“nos daban dos trozos de pan al día”- y la desconfianza que corría entre los presos. “Yo apenas hablaba, por eso creo que sobreviví”, remacha.

Josep Sala, a los 18 años, antes de irse al frente.

“Es verdad que podría haber sido peor”, matiza con su sonrisa perenne. Según su relato, a poco estuvo de ser ejecutado en el momento en que lo hicieron preso en la provincia de Lleida. Un brigada franquista le salvó la vida cuando ya estaba encañonado, bajo el pretexto de que ese día ya había muerto demasiada gente. Lo primero que le hicieron fue cambiarle sus botas por unas alpargatas. “Chaval, qué suerte tienes, para ti la guerra ya se ha acabado”, le dijo un soldado franquista. En ese momento pensó que era una frase vacía, pero el tiempo le dio la razón. “A partir de ahí lo pasé muy mal pero ya no recibí más tiros”, reconoce

El “viacrucis” de los campos de concentración

Esas alpargatas le acompañarían durante el duro invierno, una época que Sala define como un “viacrucis” en el que fue trasladado varias veces de campo de internamiento. Este farmacéutico recuerda perfectamente los problemas de salubridad que le azotaron durante su periplo por estos centros. Los “piojos a miles”, el picor constante, el agua imbebible, el hedor después de tres meses sin ducharse con la misma ropa interior… Y, al mismo tiempo, constatar cómo algunos compañeros desaparecían de un día para otro sin dejar rastro ni despedirse.

“La higiene era nula”, explica sentado en una cafetería de Barcelona. “El que se duchaba se arriesgaba a tener una pulmonía”. Sala recuerda especialmente los traslados entre campos de concentración, hacinados en trenes de mercancías. “Solo había un agujero para respirar. Defecábamos en nuestras manos y tirábamos las heces por el agujero”, rememora. “El vagón olía a rayos”.

¿Por qué apenas se ha hablado de los campos de concentración franquistas? Sala cree que durante la Transición se pactó dejar de lado la existencia de estos lugares, por donde pasaron entre 700.000 y un millón de presos. “Era un tema susceptible y en muchos campos había curas”, opina. “La Iglesia fue partícipe de todo esto”, añade. Hernández, el autor del libro, señalaba en una reciente entrevista con eldiario.es que la represión franquista fue tan grande que estos campos de concentración quedaron olvidados.

Sala se muestra “decepcionado” con la Transición y no entiende por qué a día de hoy siguen existiendo lugares como el Valle de los Caídos. “Debería ser un homenaje a todos los fallecidos en una guerra absurda que no sirvió de nada”, señala. “España sigue dividida porque una parte de la sociedad añora el franquismo, hay un sector al que le fue todo muy bien durante la dictadura”.

Sala, con 20 años, tras pasar por los campos de concentración franquistas.

Tras ser liberado de los campos de concentración, Sala empezó un periplo por toda España y el norte de África, destinado en una brigada de fortificación del ejército nacional. “El trato era inhumano”, recuerda de su estancia en Marruecos. “Trabajábamos a 53 grados, algunos desfallecían por culpa del calor”.

Finalmente, en 1942 pudo volver a casa. “A mí me cuesta mucho llorar, pero cuando llegué a la estación de Francia, tras todo lo que había pasado, no lo pude evitar”, recuerda Sala en el único momento de toda la entrevista en que se emociona. “Pensé que no podía ser verdad que estuviera vivo tras haber pasado por todo lo que pasé”.

A los pocos días de llegar, se puso a trabajar en una farmacia del barrio del Raval, de donde no se movió durante 40 años hasta el día de su jubilación. “Ahí conocí a putas, transexuales, traficantes, burdeles… Pero esto ya es otra historia de mi vida”.

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Fotografía destacada: Retrato de Josep Sala | SÒNIA CALVÓ

Fuente:https://www.eldiario.es/catalunya/Josep-Sala-superviviente-concentracion-franquista_0_909559492.html

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La Pasionaria que fusilaron en León

La ARMH exhuma a la maestra de Cirujales. Genara Fernández García, la maestra de Cirujales fusilada en Puente Castro en 1941 por tirar unos pasquines antifranquistas en San Marcelo, sufrió un peregrinaje carcelario antes de ser pasada por las armas. Hoy la ARMH inicia la exhumación en el cementerio de León.

diariodeleon.es / Ana Gaitero / 31-05-2019

Cuentan en Cirujales que cuando Genara Fernández García estaba delante del pelotón de fusilamiento, en el campo de tiro de Puente Castro, gritó: «¡Viva Rusia!». Luego sonó la ráfaga mortal y su cuerpo cayó al suelo. Amanacecía, en León, el 4 de abril de 1941. Poco después, el cadáver era conducido al camposanto y fue enterrada al día siguiente.

 

No se sabe quién pagó el alquiler de la tumba de la Pasionaria de Omaña, pero en el libro de enterramientos del Cementerio de León figura la inhumación de esta mujer en el cuartel A, manzana B número 6 del cementerio ‘civil’ de León. En la causa del fallecimiento se anotó la consabida «parálisis cardiaca» sobrevenía a las personas con unos tiros encima.

Hoy, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), inicia la exhumación de Genara a petición de la familia y con dinero de un sindicato noruego, con la idea de recuperar los restos para trasladarlos al pueblo de Cirujales después de practicar las pruebas de ADN.

«Nos alegra saber que por fin se va a proceder a la exhumación de nuestra tía abuela, porque consideramos esta acción como un reconocimiento a la lucha de esta maestra rural contra el régimen dictatorial que sufrió el país y esperamos que todo su esfuerzo no sea olvidado para que no se repita una situación similar en nuestra futura historia», comentan sus sobrinas Ana y Bea Fernández del Pozo.

La familia lleva meses pendiente de la petición que había hecho la ARMH a Serfunle para exhumar los restos. La memoria de su tía permanecía viva en el retrato que conservan en la casa del pueblo, entre Quiteria, la madre de Genara, e Higinio, su padre. Sabían que había sido fusilada, pero el silencio férreo que se impuso durante el franquismo puso una cortina sobre los hechos.

Evelio Fernández, uno de los sobrinos de aquella mujer tachada de «agitadora» y «revolucionaria» en el expediente del consejo de guerra que la condenó a la «última pena», recuerda que fue un vecino quien le contó lo del grito de ¡Viva Rusia! frente al pelotón de fusilamiento.

Había sido condenada por un delito de rebelión militar en consejo de guerra. La mandaron al paredón por unos pasquines, dos paquetes sin desatar, que aparecieron la noche del 16 al 17 de diciembre de 1939 frente a la puerta de la iglesia de San Marcelo y en un banco de la plaza.

Una de aquellas hojas volanderas que nunca volaron por León decía: «Camaradas, amantes de la libertad, del progreso, de la justicia y de la paz: estrechemos fuertemente los lazos de fraternidad entre todos los oprimidos del mundo, y así seremos invencibles. Ellos no podrán terminar la guerra que comenzaron para dejarnos el terreno preparado para la emancipación de la umanidad (sic). Viva el proletariado libre y unido. Viva la España popular»…

Aquellos panfletos, hasta 312 contaron en la comisaría, tenían el «decidido propósito de desprestigiar el movimiento nacional, perturbar el orden público y sembrar el descontento en las clases trabajadoras», dijo el tribunal.

Genara habría recibido aquellos paquetes en el cine Mary, donde trabajaba como taquillera para ganarse la vida pues desde octubre de 1936 estaba apartada del Magisterio. En el camino a casa, pues vivía en la calle Fernández Cadórniga, depositó los paquetes sin siquiera abrirlos.

Al día siguiente fue detenida. Empezó un calvario de año y medio que culminaría con su ejecución el 4 de abril de 1941. Tras dos días en comisaría fue entregada a la prisión provincial de León. Por motivos que no se han esclarecido, fue tachada de «mujer peligrosa» y trasladada al penal de Santa Cruz de Tenerife en octubre de 1940. Así figura en una anotación al margen de la orden de traslado que emitió el Gobierno Civil de la provincia de León el 7 de octubre de 1940 «por haberlo asi dispuesto el excelentísimo Director General de Prisiones en Telegrama de 4 de los corrientes. Por Dios, por España y por su revolución nacional sindicalista».

Tan solo cuatro meses después retornaban a la presa a la península, esta vez para permanecer en la prisión de Valladolid hasta el 26 de marzo, fecha en la que fue trasladada a León para la inminente ejecución. El de 2 abril, el general gobernador militar enviaba al director de la prisión de León esta misiva: «Sírvase entregar a la detenida en ese establecimiento Genara Fernández García, al oficial encargado del piquete de ejecución, a fin de que la citada condenada a la última pena, sea pasada por las armas en el Campo de Tiro de Puente Castro, a las seis horas y 30 minutos del próximo día cuatro de los corrientes, fijándose en dos horas la estancia de la reo en capilla. Dios guarde a usted muchos años, León 2 de abril de 1941. El General Gobernador Militar»,

A continuación, en el mismo papel, figura la anotación siguiente: «Me hice cargo del reo a quien se refiere la presente orden. El oficial encargado del piquete». La firma es ilegible, como tampoco se puede pronunciar el nombre de quien todos en el pueblo creen que fue la persona que acusó a Genara para que fuera apartada del magisterio. «Murió de viejo y vivió muchos años», recuerdan en la familia.

Genara Fernández García había nacido el 12 de febrero de 1903 en Cirujales. Estudió Magisterio en León y tras ejercer como maestra en Orallo, Laciana, consiguió el destino en su pueblo. La escuela, que hoy ya no existe, estaba a pocos pasos de su casa. Dicen en la familia que con el sueldo de Genara —de 4.000 pesetas en 1934 — se «hizo la mayor parte de la casa» que han heredado.

En 1936 ya había terminado la escuela cuando los golpistas se rebelaron contra el Gobierno de la República. Según la versión de Genara en el juicio ella había ido a Asturias a pasar unos días cuando estalló la guerra. La sentencia que la condenó a muerte sostiene que huyó al frente asturiano al tomar la comarca las tropas nacionales y que trabajó para los servicios de inspección educativa de la zona republicana. En octubre fue apartada del magisterio.

En el borrador del expediente de depuración, que se guarda en el archivo del IES Padre Isla, se le acusa de pertener a la Federación de Trabajadores de la Enseñanza, de ser vocal del Comité de Izquierdas y del Frente Popular, así como de permitir un mitin comunista en la escuela, de hacer propaganda antipatriótica y de tener mala conducta «profesional y moral». «Está huida, se supone con los rojos», concluye el informe. En su confesión, Genara señala que ella sólo quería recuperar su trabajo.

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Fotografía destacada: Genara Fernández García, fusilada en León el 4 de abril de 1941, en la foto con su padre, Higinio, y su madre, Quiteria. El retrato lo sostiene la familia de esta maestra de Cirujales, conocida como La Pasionaria, que fue condenada a muerte por rebelión -Evelio Fernández, sus hijas Ana y Bea y su esposa Dolores. JESÚS F. SALVADORES

Fuente:https://www.diariodeleon.es/noticias/sociedad/pasionaria-fusilaron-leon_1339328.html

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La durísima represión a los mineros de Río Tinto que desafiaron a Queipo de Llano

La fosa común de Nerva inicia un largo proceso de exhumación dónde podría albergarse entre 221 y 500 víctimas de la represión golpista. La mayoría son mineros, hombres que lucharon al inicio del golpe militar para frenar la entrada del fascismo de Queipo de Llano. Les costó demasiado caro. En 1937 ya se registraban en Nerva doscientas cuarenta y seis viudas y quinientos setenta niños huérfanos.

publico.es / María Serrano / 26-05-2019

En la noche del 25 de agosto de 1936, el Comité provisional del ayuntamiento republicano de Nerva firmaba su redención ante las tropas militares. El historiador onubense Miguel Ángel Collado cuenta a Público como “el alcalde José Rodríguez González, huyó del pueblo junto a otras 200 personas. Eran alrededor de las dos de la madrugada del 26 de agosto”.

Con la llegada de los enviados de Queipo de Llano a la Cuenca Minera de Riotinto se inició la huida de muchos de los habitantes de Nerva, hasta dejar un pueblo minero lleno de viudas, huérfanos y mujeres víctimas del terror que se avecinaba en pocas horas. Collado prosigue que la intención del alcalde “era solo que se dejara de derramar sangre” Pero Queipo de Llano no tenía esos planes para la cuenca minera de Río Tinto que dejó más de 1.500 desaparecidos, en aquellos primeros meses de guerra.

Andrés Fernández es el arqueólogo encargado de iniciar la exhumación de la fosa de Nerva, conocida como la fosa de los mineros. Este municipio de la Cuenca Minera mermó drásticamente su población en 1940. “Las evidencias de los cuerpos de la fosa (de los que se encuentran contabilizados 221 víctimas) están bastante en superficie”. A menos de 20 centímetros ya hay restos. Y la cifra que se baraja puede ir incrementándose. Fernández que ya exhumaría en 2009 la fosa más grande (por número de víctimas en Málaga capital) con 2.800 cuerpos, sabe que en Nerva se encuentra la fosa con mayor número de víctimas en un entorno rural, fuera de las capitales de provincia. “Conocemos los nombres y apellidos de estos 221 víctimas pero podría haber más de 500” en las cuatro fosas que se reparten en el cementerio del municipio.

“Los mineros están equivocados y lo van a pagar”

El recuerdo de aquella entrada de cientos de falangistas, organizados en columnas resultó dantesca para muchos de los vecinos de Nerva. Collado recoge varios testimonios orales en su tesis La Guerra Civil y la represión franquista en la Cuenca Minera de Riotinto publicada en la Universidad de Huelva. “El día 26 de agosto, que era cuando entraron estos señores, veíamos a los tíos bajar por los cerros; se veían bajar abajo con unos cruces… con unos crucifijos así de grandes. Nada más entrar en Nerva y a la media hora había camiones para el cementerio”.

Matías Romero Marín, recuerda los registros en cada una de las viviendas “¿Tú no has visto las películas? Lo mismo que en las películas corriendo en esta casa, ahora a otra, saboteando las casas viendo si alguien pasaba para matarlo… todas esas cosas… “.

Miguel Ángel Collado relata las conversaciones de aquellos huérfanos con los falangistas establecidos en Nerva, creando entre los vecinos un verdadero clima de miedo. “Niño ¿tu padre es de derechas o de izquierdas?” No entendía de eso, pero le espeté inocentemente sin saber, “mi padre es minero-agricultor y trabaja para La Compañía (…) luego le solté “mi tío Benito y mi primo Antonio están en la cárcel”. Los soldados replicarían en voz alta, “los mineros están equivocados y lo van a pagar. ¡Aquí no va a quedar ni uno!”. Iban por cada calle de Nerva gritando “¿Dónde están los comunistas?, ¿Dónde se esconden los republicanos?” amenazando con matarlos a todos y disparando al aire.

Inmediatamente después de quedar constituida el primer ayuntamiento de la Nerva “reconquistada”, se vivió uno de los momentos más macabros que se recuerda de aquellos días. Collado cuenta a Público como “mientras la cárcel se volvía a llenar”, uno de aquellos falangistas dio con un músico local y le instó a “presentarse con todos los intérpretes que consiguiese encontrar bajo amenaza de fusilamiento”. Fueron obligados a festejar, a tocar partituras patrióticas ante el recuerdo imborrable de tantos familiares huidos o asesinados aquellos mismos días.

La tierra ácida dificultará la identificación de los restos

La desaparecida Dirección General de Memoria Democrática del gobierno andaluz no ha pospuesto el acuerdo de intervención en la fosa de Nerva, con fondos de la Diputación de Huelva y el ayuntamiento del municipio minero. El 2 de agosto de 2018 se firmaría el acuerdo con el entonces consejero de Memoria Democrática, Manuel Jiménez Barrios, y el presidente de la Diputación, Ignacio Caraballo.

El arqueólogo Fernández ya está al pie de la fosa y desvela que las actuaciones se podrán alargar hasta “después de verano”. Los trabajos de delimitación se han concretado cuatro fosas dentro del cementerio de Nerva. “Tres se ubican en la zona izquierda del camposanto. La primera está en la zona derecha donde podrían albergarse entre 30 y 50 cuerpos”.

Inicio de la exhumación de la fosa en el municipio de Nerva

La tierra roja de la cuenca, y su fuerte acidez podrían evidenciar restos muy deteriorados para unas futuras pruebas de ADN. “Ya nos ha ocurrido en otros municipios cercanos en Zalamea la Real o el Madroño, donde están descompuestos por la geología de la cuenca minera que hacer aún más difícil la identificación.

Las actuaciones de indagación, localización y delimitación se desarrollarán en una superficie de cien metros cuadrados, donde las fosas se presentan con una media de dos metros de anchura y con longitudes diversas que van desde los cuatro a los veinte metros.

“A mi tío lo mataron por error y este años hemos conocido que está en la fosa de Nerva”

Los familiares se van poco a poco personando y dando señas del paradero de los suyos, como le ha ocurrido desde Barcelona a Flor Calzada. Hasta el pasado año, no logró dar con el acta de defunción de su tío Ramón Herrada Domínguez, donde se evidencia su enterramiento “en el centenario de Nerva”. Su madre Antonia estuvo toda la vida pensando que su hermano había desaparecido, sin dejar rastro.

Ramón es el único tío que Flor tiene enterrado en la fosa de Nerva, del único que no conserva fotografías. “Era el más mayor de todos y lo quitaron de en medio por error”. Con esa frialdad lo comunicó a su familia uno de aquellos falangistas. Y así lo testimonia Flor no solo a Público, también en el acta notarial que le entregaron tras prestar declaración en la querella argentina en el año 2013. “En los primeros días de las entrada de las tropas nacionales, mi tío Ramón fue sacado de su casa y nunca más se supo de él”. Tenía tan solo 41 años y no pertenecía a ningún partido político. “Lo confundieron con mi tío Enrique” que estaba escondida en la casa de su madre esperando y había sido un militar afiliado a la CNT “Dijeron, este es un Herrada y se llevaron por equivocación al hermano mayor”.

El hermano de Ramón, Enrique Herrada Domínguez también fue fusilado. Según cuenta Flor “fue detenido el 28 de agosto de 1938”. Acusado de “rebelión saqueo y asesinato” fue condenado a muerte y fusilado el 17 de abril de 1939 en el cementerio de la soledad de Huelva capital.

Flor nunca dejó atrás el fuerte legado que su madre le había dejado. Y se presentó a la petición de la querella argentina para tomar declaración sobre su historia familiar. “Lo más duro para mi madre fue ver como cada noche iban a buscar a mi tío Enrique, que estuvo meses escondido bajo la amenaza diaria de aquellos falangistas”. Día y noche. “Mi madre me hablaba siempre de cómo Enrique decidió salir de la casa, donde estaba escondido en el tejado para no poner en peligro a los suyos”.

Flor logró dar con el acta de defunción de su tío Ramón en 2018 . Ya había encontrado el nombre de su tío en un registro, elaborado por el historiador Francisco Espinosa. “Gracias a las peticiones hechas con la diputación pude tener este documento”. En el reza como Ramón Herrada fue registrado el 29 de noviembre de 1939. Su fallecimiento se produciría pocas semanas después de la entrada de los militares, el 20 de septiembre de 1936. “Se testimonia que la profesión de Ramón es jornalero pero mi tío era trabajador de la mina, como tantos otros” La certificación habla de que, tras su muerte, había dejado dos hijos, Modesta de 15 años y Ramón de 10, además de su viuda.

Acta de defunción de Ramón Herrada, tío de Flor Calzada

La realidad de aquellas mujeres sin recursos y huérfanos fue tan evidente que incluso las autoridades locales de la Nerva franquista pidieron ayuda para su supervivencia el 14 de febrero de 1937. El acta del ayuntamiento contabiliza “como consecuencia de los últimos sucesos” (haciendo referencia a los fusilamientos), a doscientas cuarenta y seis viudas pobres, con quinientos setenta niños huérfanos de padre. Se documentaban un total bastante superior a “dos mil personas”, sin recursos para su subsistencia.

Flor recuerda a sus primas, las hijas de Ramón, aquellas huérfanas que tuvieron que salir adelante apenas con lo puesto y como su madre hizo todo lo posible para no perder el contacto con aquellas sobrinas. “Ojala mi tío Ramón esté en esa fosa. Se lo debemos a mi madre, a todas las víctimas y a la memoria”, concluye Flor a Público. “Solo espera que ni los partidos de ultraderecha en Andalucía ni la paralización de los últimos gobiernos de izquierda entorpezcan más las actuaciones en fosas comunes de la represión franquista. “Ya basta de frenar la recuperación de los nuestros. Esto es por dignidad”, finaliza.

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Fotografía destacada: Columna Redondo en Rio Tinto Huelva Fuente: Archivo Antonio Rioja Bolaños. Tesis La Guerra Civil y la represión franquista en la Cuenca Minera de Riotinto’, publicada en la Universidad de Huelva.

Fuente:https://www.publico.es/politica/durisima-represion-mineros-rio-tinto-desafiaron-queipo-llano.html

Publicado por ARMH