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María Teresa Toral, la química antifascista con una vida de película

Esta química y farmacéutica española fue detenida en dos ocasiones tras la Guerra Civil, la primera por colaborar con el bando republicano en la fabricación de explosivos y la segunda por realizar reuniones clandestinas antifascistas en su farmacia.

hipertextual.com / Azucena Martín / 20-05-2019

La historia de España está repleta de personas cuyas vidas bien podrían haber sido protagonistas de la más taquillera de las películas. Uno de estos personajes fue María Teresa Toral, una química y farmacéutica madrileña, de cuyo nacimiento se cumplen hoy 108 años.

Su vida fue interesante por su trabajo como científica, pero también por su arrojo a la hora de utilizar todas las herramientas de las que disponía para luchar por España en una de sus épocas más oscuras. Esta es una historia en la que se mezclan el arte, la ciencia, la valentía de una mujer y el interés de personajes de todo el mundo porque no se pusiera un fin prematuro a su vida. Afortunadamente lo lograron.

Explosivos del laboratorio a las trincheras

María Teresa nació el 20 de mayo de 1911, en el seno de una familia acomodada. Como cualquier señorita de buena posición, recibió una educación basada principalmente en el arte, desde la música hasta la pintura y la literatura. Destacó notablemente en todas ellas, pero poco a poco comenzó a sentirse también atraída por la química, especialmente a raíz de que su padre compartiera con ella el arte del revelado fotográfico.

Antes de la guerra María Teresa trabajó con Enrique Moles, uno de los mejores químicos españoles de su época

Al comunicar a su familia que quería dedicarse a la ciencia, estos intentaron orientarla hacia algo más práctico, como la farmacia. Ella quería investigar, pero también complacerles, por lo que finalmente terminó estudiando ambas carreras: química y farmacia.

A pesar de disponer de la titulación de farmacéutica, no le atraía la idea de trabajar en uno de estos establecimientos, por lo que al finalizar sus estudios comenzó a trabajar como investigadora, junto a Enrique Moles, quien por entonces estaba considerado como uno de los mejores químicos de España. Juntos trabajaron codo a codo en el área de la determinación de los pesos atómicos de los diferentes elementos, utilizando para ello dispositivos de vidrio fabricados por ella misma. Destacó también por ser una de las personas de su laboratorio que más publicaciones tenía en revistas de impacto, siendo este uno de los hechos que la llevaron a conseguir una beca para realizar una estancia de investigación en Reino Unido.

https://hipertextual.com/2019/05/aurora-espanola-1938

Sin embargo, nunca llegó a disponer de tal honor, pues al estallar la Guerra Civildecidió que su lugar seguía en España. Por aquel entonces, el Instituto Nacional de Física y Química, en el que trabajaba, pasó a ser utilizado por los republicanos con fines militares. Sus ideas coincidían con las de este bando, por lo que se quedó y comenzó a colaborar en la sección de explosivos, dirigida precisamente por su mentor, Enrique Moles. Esta tarea llegó a calar muy profundamente en ella, después de que uno de los explosivos con los que trabajaba le impactara en la cara, dejándole serias cicatrices, que consiguió hacer desaparecer casi por completo después de varias operaciones de cirugía estética.

Ni siquiera aquel incidente la hizo abandonar su tarea, en la que permaneció hasta junio de 1939, cuando fue detenida por la policía franquista, que la sometió a un interrogatorio de ocho días, tras el cual fue condenada a doce años de prisión en la cárcel de Las Ventas. Allí se encargó de la enfermería y la farmacia y además trabajó ayudando a las madres con sus hijos y enseñando inglés a las reclusas. Dos años después de entrar allí, un indulto general le permitió salir en libertad condicional, con el requisito de acudir regularmente a comisaría.
Su nueva situación no le permitía seguir investigando, por lo que aceptó el traspaso de una farmacia, en la que despachaba medicamentos, pero también organizaba reuniones clandestinas antifascistas.

Segunda condena

Son bien conocidos los métodos empleados por la policía franquista para “hacer cantar” a sus detenidos. Por eso, no es extraño que varios reos terminaran contando dónde se realizaban aquellas asambleas secretas, provocando la segunda detención de María Teresa.

En su segundo juicio se presentaron las dos hijas de Marie Curie para impedir que se la condenara a muerte

En esta segunda ocasión las consecuencias se presentaban peores. Durante su propio interrogatorio emplearon tal violencia contra ella que, según el artículo sobre la científica publicado por Soledad Machado en el proyecto Ciencia de Acogida, tardó varios días en recuperarse de las heridas que le propinaron.

Pero no solo el interrogatorio fue más duro que el anterior. También pretendía serlo el castigo, pues se barajaba condenarla a muerte.

Su caso fue extendiéndose por todo el mundo, llegando a aparecer incluso en medios de comunicación como New York Times, en el que se publicó una carta a Franco, en la que se le pedía que no ejecutara a la que por aquel entonces ya se conocía como la “Lise Meitner española”. Haciendo inicialmente caso omiso a todos estos ruegos, el juicio se celebró diecinueve meses después de la detención de María Teresa. Pero lo que pocos esperaban es que se presentaran en él Ève e Irene, las dos hijas de Marie y Pierre Curie. Se había cumplido ya más de una década desde que Irene se hiciera con el premio Nobel de química y Ève no era científica, pero sí una reputada escritora y periodista, muy valorada en todo el mundo, especialmente por sus reportajes de guerra.

https://hipertextual.com/2019/02/cientificas-depuradas-franquismo

Todo esto hizo que su presencia en el juicio hiciera temer al gobierno español por la posibilidad de perder apoyos extranjeros, por lo que finalmente María Teresa fue condenada solamente a dos años de prisión, que cumplió en el penal de Segovia.

Pasado este tiempo, decidió que había llegado el momento de salir de España, así que se exilió a México, donde trabajó como investigadora y profesora en su Universidad Nacional Autónoma. Sin embargo, si hay una faceta por la que es conocida en este país es sin duda su labor como artista grabadora. A día de hoy, muchas de las obras que realizó por aquel entonces se exponen en varios museos, tanto de Estados Unidos, como de Europa.

En México pudo tener la vida que se le negaba en España, país al que volvió pocos antes de su muerte, que tuvo lugar en 1994. Así termina la historia de una mujer de película. Una científica con el corazón dividido entre el arte y la química, que hubiese dado hasta la vida por conseguir que en su país no dejase de haber libertad. El día de la Mujer y la Niña en la ciencia solemos recordar a grandes mujeres, como Marie Curie, Rosalind Franklin o Hipatia de Alejandría. Pero en España también tuvimos grandes figuras cuya historia no debería borrarse jamás. Tenemos a María Teresa Toral y a muchísimas otras más.

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Fuente:https://hipertextual.com/2019/05/maria-teresa-toral

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Cómo el franquismo acabó con una partida de guerrilleros anarquistas en los años 50

Hubo un tiempo, antes de la llegada de miles de migrantes a nuestras costas en pleno siglo XXI, en el que los propios españoles huían sin rumbo hacia la otra orilla de África. Desde el Sur de Europa. El investigador José Antonio Jiménez Cubero ha sacado a la luz una historia inédita. La de un grupo de anarquistas andaluces que desesperados por el cerco policial, esperaron en mayo de 1950 a que el Comité Regional de la CNT en Andalucía organizara su huida hasta la ciudad Casablanca.

publico.es / María Serrano / 12-05-2019

La operación estaba prevista para el 29 de mayo, pero resultó un auténtico fracaso. Cuatro de aquellos maquis fueron abatidos huyendo de las fuerzas policiales. Dos de ellos fueron fusilados, casi los últimos de los que se tiene constancia en el cementerio de Sevilla en el año 1952. La guerrilla se extinguía de un soplo. El 75 por ciento de sus miembros fueron eliminados. Huían desesperadamente en busca de una salida.

El investigador sevillano, Jiménez Cubero, narra en su investigación “La aciaga noche del 29 de mayo: Algeciras 1950”, cómo “desde finales de 1949, los miembros del Comité Regional de la CNT de Andalucía establecido en Sevilla, tenían claro que la situación comenzaba a ser sumamente peligrosa y corrían un alto riesgo sino lograban abandonar el país”.

Antonio González Tagua, Secretario del Comité Regional de Andalucía recibió una notificación del Comité Nacional del Exilio. “En aquel documento se indicada que la organización no podía enviarle dinero ni documentación por carecer de medios”. Tenían que actuar con sus propios recursos, sin ayudas de ningún tipo, aunque el riesgo los llevara a una muerte casi segura.

La eliminación de la guerrilla en 1951

Antonio González Tagua

A finales de 1949 las guerrillas que operaban en Andalucía, La Fermín Galán, la Agrupación Roberto y los restos de la 3ª Agrupación, estaban en su recta final. “Prácticamente todos los Comités Comarcales de la CNT (única organización que aún apoyaba a las guerrillas) de Jerez, Ubique y Cazalla de la Sierra, así como el Regional de Sevilla habían sido desmantelados por las fuerzas policiales de Franco y la mayoría de sus miembros asesinados o encarcelados”.

Cubero señala a Público como los informes de la Guardia Civil a comienzos de 1951 indicaban como “la situación empeoraba de mes en mes con la practica eliminación de sus redes de enlace y suministro en la mayor parte de los territorios donde operaba”.

Los Comités Comarcales iban cayendo lentamente en cada uno de los pueblos donde la guerrilla había cobrado una importante fuerza. En Cazalla de la Sierra (Sevilla) “desparecía” Manuel Soto Martín. Y pronto, el resto de guerrilleros no tardó en movilizarse. Jiménez Cubero recuerda a Púbico como varios de ellos, González Tagua, Juan Caballo y Francisco Garabitas comenzaron a planear la descabellada “forma de abandonar el país mediante la compra de un barco que los sacara al extranjero” La desesperación de aquellos días era más que evidente. Y es que tal y como afirma el investigador Cubero, “las sucesivas detenciones de varios de sus miembros terminaron con más del 75 por ciento del movimiento guerrillero borrado del mapa”.

“Cuando terminaban con algunos guerrilleros dejaban el cadáver algunas horas en la plaza”

El historiador José Luis Gutiérrez Molina, destaca a Público que el clima de terror que se estableció en aquellos años para calmar la esperanza de la guerrilla era escalofriante. “Cuando terminaban con algunos guerrilleros de la partidas en los montes, dejaban los cadáveres algunas horas en la plaza” de algunos pueblos. El objetivo, era dar una lección a aquellos enlaces que les habían podido ayudar en su devenir en la sierra”. Eran los momentos finales, murieron prácticamente todos. Muy pocos lograron salvar su vida. “Todos ellos iban cayendo en enfrentamientos o son detenidos y ejecutados en Consejo de Guerra. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial ven como los aliados no van a acabar con la dictadura” Intentan salir a través de Gibraltar. Gutiérrez Molina afirma que esta expedición no fue asilada. “Hubo una red de pago y de cartillas de embarque con barcos que operaban en el Estrecho. Incluso algunos por desesperación decidieron salir a nado”.

González Tagua y el resto de guerrilleros utilizaron ese sistema, sin miedo a lo que podían perder. La figura de González Tagua fue muy destacada. Era un luchador anarquista infatigable, no era un guerrillero más que solo se había echado al monte al final de la guerra. Ocupó la Secretaría del Comité Regional de la CNT de Andalucía en un tiempo muy difícil. Y fue condenado en Consejo de Guerra en abril de 1939 y mandado posteriormente a un Destacamento Penal de trabajos forzados en Miraflores de la Sierra (Madrid). “Sabía a lo que se enfrentaba pero no cejó en su empeño de intentar dar una salida a él y todos sus compañeros”.

Ante la falta de medios por parte del Comité Central, los anarquistas González Tagua, Caballo y Garabitas empezaron a trazar el plan. “Se reunían con los compañeros escondidas en tabernas del centro de Sevilla como fue el bar El Punto, del barrio de San Julián o en la Flor de Toranzo, situado en la plaza de Santa Marina”. Aquellos enlaces también serían duramente represaliados por la policía que quería establecer el clima de terror de 1936. Muchos de ellos pasaron años en la Prisión Provincial de Sevilla conocida como ‘Ranilla’.

En el mes de febrero de 1950, González Tagua, comunica a varios de los compañeros la necesidad de partir hasta la Línea para terminar de hacer los contactos y planear finalmente la operación. Manuel Padilla, miembro destacado del Comité en Jerez, señala la importancia de un traslado inminente de los miembros que se encuentran escondidos en Jerez hasta un escondite seguro en Sevilla.

¿Un fallo de última hora o un chivatazo?

El destino a Casablanca era recurrente en aquellos años. “En Marruecos, tanto en Tánger como en Casablanca, había una nutrida colonia de republicanos exiliadosasí como de varias decenas de guerrilleros que habían logrado salir del país, a través de las distintas redes de evasión organizadas por la CNT, desde los puertos de Sevilla y Cádiz”.

El día de antes de la salida, el 28 de mayo de 1950, “dos taxistas parten de Sevilla como enlaces para el traslado de los guerrilleros”. En el coche ‘Pato’ (nombre en clave) de siete plazas, que conducía Miguel El Gordo, condenado por esta maniobra a dos años de prisión, llevaría a su ayudante Antonio El Grifo y a los guerrilleros Juan Caballo, Juan Palacios, Dionisio Carreras y los hermanos Juan y Francisco Muñoz Bermúdez. El segundo coche, Crysler, era conducido por los enlaces Agustín Luna López y Antonio Núñez Domínguez. También fueron condenados duramente como enlaces. En él viajarían, Antonio González Tagua, José́ Barea Reguera, Bienvenido, Juan Virgil de Quiñones, Juanito, Cristóbal Ordoñez López, Aniceto, Antonio Morillas, Francisco Páez y Francisco Garabitos Sánchez.

Los dos coches iban por separado para no levantar sospechas. Y un chivatazo terminó de dar la pista del paradero de las embarcaciones clandestinas. La operación fue asaltada antes de que algunos de sus miembros pudiera embarcar rumbo a Marruecos. “Un grupo de fuerzas de la Guardia Civil los aguardaba apuntando con las armas”. Nada más llegar, fueron tiroteados Antonio González Tagua, Juan Virgil de Quiñones (Juanito), Cristóbal Ordóñez López (Aniceto) y Francisco Ruiz Borrego (El Peque). El resto resultaron heridos y posteriormente condenados en la causa 308/50, que se encuentra, a día de hoy, en el Archivo del Tribunal Territorial Militar Segundo de Sevilla.

Manuel Liáñez fue el único enlace que logró pasar a Gibraltar, y los dos barqueros contratados, de los que no se conoce su identidad. “El resto serían detenidos en los días, semanas y meses siguientes”. Junto a ellos también fueron detenidos y procesados el dueño del bar ‘El Punto’, así como varios compañeros, vecinos y familiares que les ayudaron a ocultarse después del fallido embarque.

Los últimos fusilados en Sevilla de los que se tenga constancia

José́ Barea Reguera, alias Bienvenido, fue uno de los dos guerrilleros fusilados en 1952, que formó parte de la Agrupación Guerrillera Fermín Galán. Antonio Núñez Pérez, Bartolo, de la misma Agrupación Guerrillera fue uno de los últimos fusilados de la ciudad de Sevilla. Cubero cuenta que “sería fusilado en las tapias del costado derecho del cementerio de San Fernando de Sevilla el jueves 28 de febrero de 1952”.

La terrorífica maquinaria franquista juzgaría también en la misma causa a la hija y mujer del guerrillero Juan Caballo. Carmen Caballo Granados hacia de estafeta del Comité́ Regional de la CNT de Andalucía. Detenida junto a su madre el 23 de agosto de 1950. Fue Procesada y condenada a cuatro años de prisión de Sevilla. La esposa de Caballo, Isabel Granados Sánchez, corrió la misma suerte, siendo condenada a dos años.

Socorro López Trillo, conocida como Socorrito, era la compañera de Antonio González Tagua. Es otro de los nombres que llama la atención en la Causa 308/50. Fue detenida en su domicilio el 23 de agosto de 1950, pasó varios meses en la cárcel sin llegar a ser procesada. “A mediados de enero de 1951 huyó de su domicilio antes de ser detenida de nuevo por su relación con Tagua”, destaca Cubero en su investigación.

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Fotografía destacada: Imagen de la La Fermín Galán y los restos de la 3ª Agrupación

Fuente:https://www.publico.es/sociedad/franquismo-acabo-partida-guerrilleros-anarquistas-anos-50.html

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Fallece Vicente García Riestra, el último de Buchenwald

El asturiano que se exilió a Francia tras la Guerra Civil fue detenido por la Gestapo y enviado a los campos de exterminio.

lavozdeasturias.es / L. O. / 09-05-2019

El asturiano Vicente García Riestra, superviviente de los campos de exterminio nazis, falleció esta mañana a los 94 años, víctima de un cáncer en el Hospital de Perigoux, en Francia. García Riestra, natural de Pola de Siero, se exilió a Francia tras la Guerra Civil y allí fue detenido después de la invasión nazi y deportado en 1944 por la Gestapo al campo de concentración de Buchenwald, donde sufrió los horrores de las políticas de exterminio y donde se le asignó el número 42.553.

A lo largo del último año recibió varios homenajes en Asturias, ofreció testimonio de su vida en varios centros educativos (su labor a la hora de narrar la vida de los supervivientes le había hecho merecedor de la Legión de Honor en Francia) y fue también protagonista de la obra «42.553: después de Buchenwald», de Xuan Santori Vázquez, ganadora de la 23ª edición del Premio Máximo Fuertes Acevedo de ensayo en lengua asturiana.


Pantalón de prisionero con el número de identificación 42.553 que usaba en el campo de concentración alemán de Buchenwald, Vincent García Riestra, que participó hoy en Oviedo en la presentación del ensayo ganador del Premio Máximo Fuertes Acevedo basado en su vida, “42.553: después de Buchenwald, de Xuan Santori Vázquez.JLCEREIJIDO

«El único pensamiento era llegar a mañana», relató en declaraciones a los periodistas, antes de participar en una charla ante alumnos de Educación Secundaria de Gijón en junio del año pasado en una de sus últimas visitas a Asturias. Frente a su traje de prisionero de Buchenwald, García Riestra señalaba que no sabría explicar cómo consiguió salir con vida del campo de concentración, donde tenía asignado el número de identificación 42.553, para lo que «hacía falta mucha voluntad».

Además de ser tratados «como animales», recordó que las más de 80.000 personas confinadas junto a él disponían sólo de un trozo de pan para comer, «más fino que una mano», y de un litro de agua «sucia» caliente que conseguía calmar «los temblores del frío».

«Lo que pasó no lo perdono, pero que hay olvidarlo», señaló antes de recordar que su hermano fue asesinado con 17 años y que su padre está enterrado en una fosa común por combatir el fascismo.

Barracones del campo de concentración de Buchenwald, en una fotografía histórica

Residente durante décadas en Francia lamentaba que en España «nunca nadie ha hecho nada» para defenderle ni reconocer su dolor tras más de una década en el campo de concentración y explicaba que tampoco contaba con la nacionalidad española. Además, criticó que en algunos países europeos el nazismo esté «a las puertas otra vez» por lo que hizo un llamamiento a que «se haga todo lo posible para que no se vuelva a vivir» ese horror. Por todo ello, resaltaba la importancia de trasladar a la juventud su testimonio para que conozca de primera mano el horror nazi y «se dé cuenta del pasado para que no se repita».

Esta es la historia del último superviviente del campo de concentración de Buchenwald

Vicente García, sierense afincado en Francia, pasó de huir del franquismo a formar parte de la resistencia contra los nazis

lavozdeasturias.es / Natasha Martín / 30-04-2018

 

Vicente García (Pola de Siero, 1925) habla con los ánimos de un joven aunque ya haya alcanzado los 93 años. Este sierense afincado en Trélissac (Francia) sobrevivió al calvario de ser republicano en una España franquista. Con apenas catorce años huyó de Asturias para ser libre y el tiempo le hizo caer en un campo de concentración nazi por formar parte de la resistencia. En Francia, es considerado un héroe con múltiples medallas que sigue luchando por transmitir su testimonio a los jóvenes para dejar patente la lacra del fascismo. En España, un desconocido al que Franco le arrebató la nacionalidad (que nadie le ha devuelto aún) y a su padre y a su hermano, asesinados durante la guerra y enterrados en fosas comunes, como tantos otros represaliados.

«Mis recuerdos de Asturias son de la guerra, de esa época terrible en la que se mataba a gente sin razón», sostiene. En septiembre de 1937 se montó en un barco que salía de Gijón con rumbo a Francia para, de ahí, trasladarse hasta Cataluña, aún bajo el dominio republicano. «Nos llevaron hasta Barcelona y nos fuimos ubicando en los diferentes pueblos hasta el término de la guerra». Se habían convertido en refugiados en un tiempo donde no había para comer, «y aún así los habitantes del lugar nos daban de su propio pan», afirma. La noche del 26 de enero de 1939, cuando las tropas franquistas tomaron Barcelona, no quedó otra que huir hacia el único camino posible: Francia.

Y hasta el 2 de febrero no abrieron la frontera. Cuando llegó el momento hicieron una selección por género y habilidades para distribuirlos entre los diferentes campos de refugiados, pero ahí no había nada, solo el mar y la playa, ni siquiera barracones. «Trabajábamos gratis en el campo para los payeses y estos pagaban al ejército francés. Si necesitaban a 50 refugiados para alguna labor allí nos llevaban. No teníamos derecho a nada más que a comer y a callar. Las pasamos muy putas», afirma con contundencia.

Cuando Francia cayó ante los nazis había llegado 1940. Los alemanes invadieron el país y todos los españoles se convirtieron en el blanco. «Los alemanes no nos podían tragar, nos buscaban para matarnos a todos. Porque todos éramos rojos, no había distinciones. Si eras español, eras rojo, y los rojos no éramos amigos de los alemanes», sostiene. Como método de lucha, muchos de los refugiados se unieron a la legión para luchar contra el nazismo en primera línea de fuego, otros se quedaron y formaron la resistencia. Y allí estaba Vicente. «Yo caí en un grupo lleno de personas inteligentes. El único pobre imbécil que había era yo», comenta divertido. Le seleccionaron para transmitir los partes de guerra. «Me convertí en espía», afirma. Estuvo dos años trabajando como enlace, «pasaba información sobre los movimientos de las tropas alemanas», cuenta. Pero, como era de esperar, mientras espiaba era espiado. El 22 de diciembre de 1943 la Gestapo le esperaba en la puerta de casa. Ahí empezó su gran calvario.

Vicente pasó unos días en el penal de Bergerac antes de ser enviado a la cárcel de Limoges. «Me metieron unas cuantas palizas y cuando se cansaron de darme palos me subieron a un tren, mejor dicho, a un vagón de animales junto a un montón de gente, y nos llevaron dirección a Buchenwald», mantiene. Tenía 19 años.

Nadie sabía qué habría en ese destino y la incertidumbre se acrecentó cuando se bajaron del tren y vieron «un edificio magnífico, una fachada realmente bonita», describe. Cuando abrieron las puertas la desilusión fue demoledora. «Veíamos esa gran plaza llena de muertos vivos, de personas que no tienen más que pellejo y huesos, que no se pueden tener en pie. Se nos cayó el alma a los pies», relata.

Buchenwald fue uno de los mayores campos de concentración en territorio alemán. A su sordidez llegaron para sufrir 250.000 personas. El número de víctimas de enfermedades, desnutrición, trabajos forzados, tortura, experimentos médicos y fusilamientos se estima en 56.000.

De personas a números

Incripción, control, corte de pelo, trajes a rayas. Fuera la persona, bienvenido el número. Todo estaba perfectamente organizado para convertirlos en prisioneros del campo de exterminio. Vicente tuvo la suerte -si existe de eso en tales circunstancias- de ser designado para las labores de cocina, donde podía comer algo más que otros compañeros con tareas más duras. Permaneció ahí quince interminables meses en los que, de tanto ver carros repletos de muertos, solo pensaba que el siguiente en caer sería él. A finales de abril de 1945 fueron liberados. Para entonces los guardianes del campo, atemorizados por la caída del nazismo, ya habían huido. Sin embargo, no fue un día de dicha plena. Mientras que todas las naciones habían enviado a sus tropas en busca de su gente, los españoles se toparon con la nada. «El día de la liberación nadie nos quería», sostiene. «Por el decreto de Franco no teníamos la nacionalidad. España no hizo nada por salvarnos, total, hasta entonces había hecho todo lo posible por enterrarnos». Fueron las tropas americanas las que se encargaron de reubicar a los españoles en Francia. Por fortuna, Vicente pudo reencontrarse con su madre y desde hace 50 años vive en Trélissac.

Con el paso del tiempo ha regresado a España varias veces con un único objetivo: «Le prometí a mi madre que volvería para buscar los restos de mi padre y mi hermano, que habían sido asesinados durante la guerra». Los restos de su padre los encontraron en una fosa común en Oviedo. Había sido fusilado el 8 de marzo de 1937. «A mi hermano, que tenía 17 años, nunca llegamos a encontrarlo. Todos mis viajes han sido para eso pero todavía no hemos dado con el sitio exacto», afirma.

Para honrar la memoria de su hermano quiso colocar una placa en el cementerio de Noreña. Para lo cual había que pedir autorización al obispo. «Yo no podía tragar a la gente de la Iglesia porque vendieron los fusiles para matar a las personas», cuenta. Pese a todo, lo hizo, y tardaron nueve meses en negarle la petición. Aconsejado por el alcalde del concejo, dejó la placa ahí «por si las cosas se solucionaban». No fue hasta 2015 cuando fue posible. Vicente se reunió entonces con los miembros de su familia española y francesa para su inauguraración. «Fue una ceremonia formidable», comenta. Descubrió la placa, leyó un discurso denunciando injusticias y se culminó con el himno de Riego. Después de tantos años de búsqueda, ahora parece que hay dos fosas comunes a la entrada del cementerio de Noreña y podría ser que su hermano estuviera en una de ellas. «Si puedo (la vejez se me cae encima) volveré a Asturias por él», cuenta esperazando.

Un héroe en Francia, un desconocido en España

Desde su liberación y hasta el presente Vicente ha recorrido diferentes centros educativos franceses para ofrecer su testimonio a los jóvenes con el objetivo de que conozcan en primera persona lo que supone el horror del fascismo. Su esfuerzo se ve recompensado en la calle en la que vive desde hace hace décadas, que recientemente ha sido rebautizada como «Camino Vincent García», destacando su pasado como resistente y deportado, así como por ser «transmisor de memoria».

El ejército francés consideró todas las calamidades y enfermedades que sufrió en Alemania heridas de guerra. La medalla militar y la cruz de guerra, las dos con más rango del país, se unen a otros 106 reconocimiento que tiene en su casa. En cambio, en España es un gran desconocido. «Hace unos años me invitaron a la Universidad de Huesca para dar una charla a los alumnos y no saben nada. En España se ha negado la verdad. No han enseñado ni lo que se ha vivido en el propio país. Son tan inocentes», sostiene.

Si la salud le da una tregua, pisará Oviedo el próximo mes de mayo para la presentación del libro que el escritor asturiano Xuan Santori ha escrito sobre su vida. El título, como no podría ser de otro modo, será 42.553, el número que durante un tiempo deleznable le arrebató el nombre.

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Fotografía destacada: El último superviviente español del campo de concentración alemán de Buchenwald, Vincent García Riestra, con el pantalón que usaba siendo prisionero de Buchenwald. Vincent García participó hoy en Oviedo en la presentación del ensayo ganador del Premio Máximo Fuertes Acevedo basado en su vida, “42.553: después de Buchenwald, de Xuan Santori Vázquez. JLCEREIJIDO

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Las gafas de Abundio, el pendiente de María, el dado de Eugenio: lo que las fosas nos cuentan de las víctimas del franquismo

Las fosas comunes de la Guerra Civil guardan los huesos de los fusilados, pero, además, un incontable y variado número de objetos que permiten a los investigadores obtener pistas sobre la identidad de la víctima y, en ocasiones, conocer detalles sobre las aficiones y las historias de vida de los ejecutados.

publico.es / Alejandro Torrús / 09-05-2019

Abundio Andaluz fue fusilado el 18 de agosto de 1936 por cuatro falangistas que se hacían acompañar de un sacerdote. Era abogado, militante de Izquierda Republicana y vicepresidente de la Diputación de Soria tras las elecciones de febrero del ’36. Los tiros, sin embargo, no acabaron con su vida de manera instantánea. El libro La represión en Soria durante la Guerra Civil, de Gregorio Herrero, relata cómo Abundio, antes de morir, se arrastró más de un kilómetro en dirección sureste. Los testimonios orales, la lucha de su nieta Ana Andaluz y de la Asociación Recuerdo y Dignidad sirvieron para localizar, más de 80 años después, el emplazamiento de Abundio. Los forenses se pusieron a sacar tierra del suelo y rápidamente aparecieron los restos de Andaluz. Pero no solo. También aparecieron sus gafas redondas. Las mismas que llevaba aquel fatídico 18 de agosto. Las lentes de abundio daban testimonio de la barbarie franquista en Soria.

El caso de Abundio es similar al que este miércoles contaba en El País el periodista Nuño Domínguez. En este caso, se trataba del caso de Catalina Muñoz, una mujer que fue fusilada en septiembre de 1936 y enterrada con un sonajero de su hijo de nueve meses, quien conoció la historia completa de su madre 83 años después. El juguete, encontrado en una fosa común en 2011, había servido como pista para reconstruir el pasado de una familia destrozada por la represión franquista. Y es que cuando una fosa común se abre no sólo aparecen huesos.

“Cuando hablamos de exhumaciones en fosas comunes se nos viene a la mente la imagen de unos huesos, que es la prueba más evidente del asesinato. Pero los objetos que acompañan a esos huesos son igual de importante o más. Son los objetos los que nos dan una explicación sobre cómo era esa persona. Los objetos nos definen como personas. Los humanos somos los animales que se caracterizan por hacer y usar objetos, por lo que estos instrumentos, que encontramos en las fosas, son clave para devolver esa humanidad, para conocer algo más que el nombre de la persona que fue fusilada”, explica a Público el arqueólogo del Incipit-CSIC Alfredo González-Ruibal.

Así, González Ruibal recuerda el caso de una fosa que exhumó en el cementerio de Castuera (Badajoz). Uno de los cuerpos, cuyo nombre se desconoce, guardaba en uno de sus bolsillos un buen número de anillos de cobre y monedas. El arqueólogo explica que este hombre, seguramente, convertía las viejas monedas de cobre en anillos y que estos serían usados en el campo de concentración como moneda de cambio por alimentos. Sus verdugos lo sacaron del campo de concentración de Castuera, por donde pasaron miles de personas, y lo fusilaron. Los restos de este hombre se encontraban junto a los de otros 200 fusilados en una fosa.

Objetos encontrados tras la exhumación de una fosa en Castuera.- Cedida por Alfredo González-Ruibal

“El hecho de que llevara tantos objetos encima cuando fue fusilado nos hace pensar que no sabía que iba a ser ejecutado en ese momento. Seguramente se trata de un hombre que trabajó como orfebre. También tenía una prótesis dental y boquillas de fumar, por lo que creemos que el asesinado tenía un estatus social elevado”, prosigue González-Ruibal.

Los objetos que le acompañaron han permitido conocer un poco de la historia de vida de este hombre cuya identidad, aún hoy, es desconocida. Pero los casos en los que se encuentran este tipo de materiales son más que habituales en las más de 800 fosas que se han exhumado durante los últimos años en España. Un ejemplo paradigmático fue el del dado de Eugenio. 

En mayo de 2017, durante la exhumación de la sepultura número 10 de la parte civil del cementerio de Guadalajara, los arqueólogos de la ARMH encontraron un dado junto a los restos de Eugenio Molina Morato, que había sido fusilado en noviembre de 1939. Cuenta Willy Veletaen este reportaje de CTXT, que realmente el dado lo encontró el poeta y Premio Nacional de Poesía en 2002 Juan Carlos Mestre. “Jamás un golpe de dados abolirá el azar”, recitó el poeta.

El dado de Eugenio.- ÓSCAR RODRÍGUEZ

Ese pequeño dado, tallado en madera, con sus seis caras correspondientes, constituía, prácticamente, la herencia que dejaba Molina y una pista de lo que pudieron ser sus últimos días en prisión. “Observábamos incrédulos ese trocito de madera tallado con números. Intenté imaginar a qué jugarían estos represaliados del franquismo durante su cautiverio en la cárcel de Guadalajara. ¿A quién se le ocurrió la idea de fabricar un dado? ¿Habría otro dado? Eran carne de pelotón de fusilamiento, estaban famélicos, apenas podían ver a sus familiares, pero todavía tenían ganas de jugar con el azar“, reflexionaba en el texto su autor, el periodista de CTXT Veleta.

Uno de los arqueólogos que trabajó en la exhumación de Eugenio, y en la de cientos de víctimas del franquismo, es René Pacheco, que atiende a Público desde México. El arqueólogo explica que, en muchas ocasiones, los objetos que aparecen en las fosas comunes muchas veces dan más información al investigador que los propios huesos. “Hay un caso en el que conseguimos determinar que las víctimas eran ferroviarios, e incluso la compañía en la que trabajaban, gracias a que aparecieron los botones del uniforme”, cuenta Pacheco, que señala que en su trayectoria ha encontrado desde relojes a monedas pasando por carteras. Una de ellas, incluso, llena de dinero. “Llegamos a calcular el dinero y parecía el salario del trabajador. Que cobró y directamente lo apresaron y lo mandaron fusilar”, prosigue.

Quizá el ejemplo más conmovedor que traslada Pacheco es el del pendiente de María Alonso Ruiz, una mujer que fue fusilada con 32 años en 1936 y enterrada en una fosa común en Izagre (León). Los expertos de la ARMH encontraron un pendiente y buscaron y rebuscaron hasta encontrar el otro. Sin embargo, Josefina, la hermana de María, alertó a los arqueólogos. “No sigan buscando. María salió de casa ese día con un solo pendiente. Tenía una infección en la otra oreja y el pendiente se quedó en casa. Ahora, el pendiente encontrado es un colgante en el cuello de Josefina. 

“Para los trabajadores, los que estamos a pie de fosa, creo que los objetos nos transmiten mucho más que los huesos. Nos ayundan a convertir en persona esos huesos, te hacen consciente de que esos restos tenían una vida. Los objetos te trasladan otro punto de vista mucho más humano”, explica Pacheco, que recuerda el día que encontró una granada que en el bolsillo del cuerpo de Perfecto de Dios, en una fosa en Chaherrero (Ávila), o la cantimplora que apareció en una fosa que exhumó en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real).

Camisa encontrada en una fosa que podría pertenecer al bisabuelo de Miguel Ángel Torres.- ARQUEANTRO

Los objetos que aparecen en las fosas son, en muchas ocasiones, las únicas pistas de los investigadores para conocer la identidad del fusilado mientras llegan las pruebas de ADN. Objetos como unas gafas o una pipa de fumar permiten a las familias intuir quién es su ser querido a falta de la confirmación necesaria del ADN. Este fue el caso de Miguel Ángel Torres y su bisabueloMiguel Galán, que estaba enterrado en la fosa 128 de Paterna (València). En este lugar apareció una camisa que se había conservado relativamente bien. Tenía unas iniciales escritas: “M.G.“. Son las únicas iniciales que coinciden con el nombre de una de las víctimas allí enterradas: Miguel Galán.

Su nieto, Miguel Ángel Torres, está prácticamente convencido que aquella camisa pertenecía a su abuelo. “Fue muy fuerte para nosotros ver la camisa acribillada a balazos”. Uno de los profesionales que trabajaron en aquella exhumación es Àlex Calpe, miembro del colectivo Arqueoantro. Calpe explica a Público que en Paterna han encontrado multitud de objetos durante la exhumación de 552 víctimas de las más de 2.238 que el franquismo ejecutó en este lugar. “Lo más habitual ha sido la ropa, pero también objetos personales como mecheros, lápices, anillas, gafas…”, señala Calpe.

No obstante, de todos estos objetos, hay uno que se le quedó guardado. Una víctima llevaba encima una pelota del deporte tradicional valenciano conocido como pilota valenciana. ‘”Me impresionó mucho porque es muy típico de aquí. Puede ser un recuerdo que quiso llevarse a la cárcel o una manera de distraerse durante el tiempo que estuvo en prisión”, explica Calpe.

No obstante, en este caso, el objeto no sirvió para identificar al fusilado. Varias familias señalaron que su ser querido asesinado era aficionado a este deporte. Pero sí que constituía una pista y, en cualquier caso, recuperaba una de las aficiones de esta víctima de la represión franquista.

Objetos personales de los represaliados fusilados que han aparecido en las fosas de Paterna.- ARQUEANTRO

En otro caso, el equipo en el que trabaja Calpe encontró una carta en el bolsillo de un pantalón. Había sido escrita durante la estancia en prisión. La carta era prácticamente ilegible, pero sí se podía ver con claridad el nombre del remitente. Y coincidía con el de una de las más de 2.000 víctimas que fueron enterradas en Paterna. Las pruebas de ADN confirmarán o no la auténtica identidad de la víctima, pero la carta dirigida al hermano del fusilado, es una pista única.

Calpe también relata que en dos de las fosas mejor conservadas también era habitual encontrar las cuerdas con las que los republicanos eran enviados, maniatados, frente al pelotón de fusilamiento. “En algunas de estas cuerdas se aprecia hasta la forma, que se ajustaba a las muñecas de las víctimas“, prosigue.

Este caso, el de las cuerdas, es más que habitual en las exhumaciones de fosas comunes de la Guerra Civil y los primeros años de franquismo. Aparecieron también, por ejemplo, en la exhumación de la fosa de Chillón en Ciudad Real, realizada por la ARMH en el año 2011. En aquella ocasión, no obstante, eran cables eléctricos que habían sido usado para atar a los enviados al pelotón de fusilamiento. En aquella fosa aparecieron los restos Marcelino Agudelo Serrano (44 años), Alfonso Capilla Casado (39 años), Isidoro Castillo Mosqueda (30 años), Bernardino Gallego Franco (17 años), Manuel León Rodríguez (29 años), Pablo Madrid Amaro (22 años), Patricio Mata Gómez (33 años) y Manuel Puebla Perianes (33 años).

Cable usado para atar a los paseados de Chillón.- ARMH

El blog A pie de fosa también recoge varios ejemplos de objetos que han sido encontrados en fosas comunes que han servido para dar a los arqueólogos y forenses pistas sobre la vida e identidad de la persona fusilada. Es especialmente curioso un caso ocurrido en San Sebastián. Durante unas obras en la zona conocida como ‘El puente de hierro’ los trabajadores encontraron evidencias de que podrían estar trabajando sobre una fosa común de la época de la Guerra Civil. La sociedad Aranzadi acudió al lugar y exhumó las dos fosas localizadas. En una de ellas apareció un botón que pertenece al uniforme de la Policía Municipal de San Sebastián durante la II República.

O el caso de la fosa común de Teba, en la provincia de Málaga, que era en realidad una zanja de 25 metros de largo por dos de ancho emplazada en el propio cementerio de la localidad. Allí apareció un reloj de bolsillo parado, exactamente, alas 4 y 15 en el bolsillo del fusilado 124. Junto a él monedas, un mechero de gasolina y una boquilla para fumar. El reloj de esta víctima del franquismo se paró a esa hora. No sabemos si su fusilamiento se produjo antes o después. Lo que hoy sí se conoce es que los autores del genocidio fundacional del franquismo intentaron parar el reloj de todo el país durante 39 años de dictadura.

‘Reloj del individuo 124.- Exposición en el Archivo Histórico Provincial de Málaga

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Fotografía destacada: Las gafas de Abundio Andaluz, fusilado por falangistas en agosto de 1936 en Calatañazor (Soria).- ASOCIACIÓN RECUERDO Y DIGNIDAD

Fuente:https://www.publico.es/politica/gafas-abundio-pendiente-maria-dado-eugenio-fosas-cuentan-victimas-franquismo.html

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La Junta de Andalucía retira la subvención a una web que mantiene una base de datos con casi 100.000 víctimas del franquismo

‘Todoslosnombres.org’, la web de referencia contra el olvido de la represión franquista en Andalucía, recibía una ayuda de 10.000 euros anuales desde 2016. Sus responsables advierten de que el proyecto corre ahora el riesgo de desaparecer.

publico.es / 08-05-2019

La Junta de Andalucía gobernada por PP y Ciudadanos ha eliminado una subvención de 10.000 euros a una web de memoria histórica que mantiene una base de datos con los nombres y apellidos de 97.615 represaliados por el franquismo en Andalucía, Extremadura y el norte de África y que además sirve de punto de encuentro entre familiares de represaliados e investigadores, informa Infolibre.

La web Todos los nombres recibía desde 2016 una ayuda anual de 10.000 euros de la Junta presidida por Susana Díaz por considerar que el proyecto de Todos los nombres “es probablemente la herramienta más efectiva a la hora de buscar información sobre desaparecidos de la guerra civil y del franquismo en Andalucía”. Ahora la Consejería de Cultura, en manos del PP, retira la subvención y justifica la decisión en que esa ayuda es “un trato de favor” por, asegura, eludir la concurrencia competitiva. Las competencias de memoria histórica que antes, con la última administración socialista, estaban en una dirección general que dependía de la Consejería de Presidencia han recaído en la Consejería de Cultura.

Los responsables de la web ya han avisado que la retirada de la subvención pone en peligro la viabilidad de este proyecto de memoria histórica. La web nació hace doce años, en el año 2006, con el objetivo de crear una base de datos con toda la información disponible, organizada según la tipología represiva, con la idea de “generar un proceso social de memoria frente a olvido, en particular el que afecta a las personas que, como consecuencia de la represión, deben ser objeto de reparación ética y reconocimiento público”.

Con este anuncio empieza a concretarse lo que muchos temían: que la memoria histórica iba a ser la primera víctima del nuevo Gobierno andaluz. Los responsables de la web ya anunciaron hace un mes que desde la llegada del nuevo Ejecutivo andaluz viven en “una situación de inestabilidad que puede comprometer la supervivencia de la web”. En ese sentido, Vox no ha engañado a nadie: el pasado 3 de abril ya advirtió con claridad de que no apoyarán unos presupuestos para este año que contemplen recursos para financiar las leyes de memoria histórica y para lucha contra la violencia de género, porque ambas normas fomentan la “desigualdad”. Y dicho  y hecho: de momento ya se ha eliminado una subvención.

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Fotografía destacada: Una fosa común en Álava | EFE

Fuente:https://www.publico.es/politica/memoria-historica-junta-andalucia-retira-subvencion-web-mantiene-base-datos-100000-victimas-franquismo.html?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=publico

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La “prisión militante” de las reclusas rojas y feministas

Madrid albergó desde 1931 a 1969 la prisión femenina más poblada de la historia de España. Era la cárcel de Ventas, un lugar pensado durante la II República por Victoria Kent para reinsertar a las presas pero que con la llegada de Franco acabó siendo conocido como el “almacén de reclusas”. Allí cientos de mujeres – en muchos casos junto a sus hijos- se hacinaban como animales. Sin embargo, se convirtió en el mejor sitio para reivindicar y reforzar su lucha.

publico.es / Nuria Coronado / 04-05-2019

Donde hoy están varios edificios de viviendas y un parque conocidos como el Parque Residencial Isabel II, antes hubo una edificación que se pierde en el olvido o en el triste desconocimiento de la historia sin la que hoy no seríamos libres. Se trata de la Cárcel de Ventas, un inmueble que en 1931, gracias a la cesión de terreno público, albergó la que fuera la primera prisión femenina española “con departamento de niños y sala de costura”. Una finca que años más tarde fue subastada en enero de 1973 y adquirida por una sociedad bancaria por trescientos millones de pesetas y destinada a la edificación de casas.

La cárcel fue encargada por Victoria Kent, la primera mujer directora general de Prisiones de la historia de España, a Manuel Sainz de Vicuña Camino, arquitecto de las prisiones de Torrero (Zaragoza) y Reus (Tarragona). Ella quería una “prisión modelo” para mujeres que en nada se pareciera a las antiguas “galeras” en las que el duro encierro se pagaba cosiendo como medio “corrector y moralizador” y vigilado por religiosos. Por eso pidió a Camino que diseñara un espacio “con mucha luz. Una casa como la que quisiera uno para vivir. Luz por todas partes”, en la que 34 mujeres -la primera sección femenina del cuerpo de Prisiones- serían las encargadas de su vigilancia.

Dicho y hecho. La Cárcel de Ventas se construyó con amplios espacios “bien iluminados por anchas ventanas, patios con fuentes, terrazas para las salas de presas madres con sus hijos, celdas individuales, salón de actos -que no capilla- y biblioteca, además de una sección separada para presas políticas y sociales”, tal y como se documenta en diferentes escritos. El edificio, inaugurado en septiembre de 1933 (y demolido en la década de los setenta por pura especulación inmobiliaria), colindaba al norte con la calle Marqués de Mondéjar, al oeste con Rufino Blanco, al sur con el Paseo de Marqués de Zafra y al este con los descampados del Arroyo del Abroñigal por donde hoy está la autovía de circunvalación M-30.

La que iba a ser una cárcel modelo acabó desbordada de presas militantes de partidos y sindicatos obreros

Allí en varias galerías conformadas cada una por un total de 27 celdas (para una o dos personas), de 13 por 14 baldosines cuadrados de 18 centímetros con rejillas en la parte alta de los tabiques de separación, con los lavabos al fondo, cumplirían pena de forma separada presas políticas y sociales.

Sin embargo, la que iba a ser una cárcel modelo acabó desbordada de presas militantes de partidos y sindicatos obreros por la represión gubernamental que siguió a la insurrección de octubre de 1934 a la que se sumó después la toma de Madrid por las tropas franquistas. “Con la rebelión surgida en el bando republicano al final de la guerra, Ventas se llenó de comunistas. La cárcel se convirtió en un verdadero almacén de reclusas”, tal y como explica el historiador Fernando Hernández Holgado.

Pero la prisión de Ventas, lejos de hacerles cambiar de pensamiento, aumentó la militancia de las mujeres. “Esta cárcel a lo largo de los años 40, en su carácter de prisión central o de cumplimiento de pena -reunía a presas de toda la geografía española- y dada la gran cantidad de presas concentradas-, se convirtió en una especie de universidad para las reclusas políticas. Estaban perfectamente organizadas (socialistas, comunistas y libertarias) y en ocasiones coordinaban sus acciones de protesta y reivindicación”, comenta Hernández Holgado.

En Ventas todas ellas hicieron un relato que dicho historiador no duda en definir de “prisión militante”. Es decir, los barrotes eran físicos pero no mentales. “La prisión se constituyó en mejor lugar para seguir reafirmando su creer político organizativo, identitario o cultural”.

Años negros para las presas

En este período de dura represión franquista las presas de Ventas tenían que intentar seguir adelante con la zozobra de poder ser fusiladas en cualquier momento por su militancia. “En los primeros años de la Ventas franquista, en el 39 y el 40, los fusilamientos, sobre todo el de Las 13 rosas, causaron una gran conmoción. Esos fusilamientos, así como las muertes por enfermedad –en especial de niños-, dejaron una honda huella en su memoria y en su relato. En Madrid la proporción de mujeres fusiladas fue muy alta: 80 en el lapso de tres años”, rememora dicho experto en Memoria Histórica.

El Régimen franquista se encargó de diferenciar la represión femenina respecto a la masculina

Tal era la situación que nunca antes hubo tantas mujeres privadas de libertad en la historia de España como en aquel bienio fundamental. “La media de encarceladas en toda España para el quinquenio 1930-35 era de 500. Las estadísticas oficiales de finales de 1940 ascendían a algo más de 23.000 aunque sospechamos que había muchas más sobre todo a lo largo de 1939. Para diciembre de 1940, según el padrón, solo en Ventas había más de 1700 presas, a las que habría que sumar las de la prisión habilitada de Claudio Coello, casi 600. Si sumamos la población de la prisión maternal de San Isidro, unas 200, hablaríamos de cerca de 2500 reclusas en un momento en que ya los centros habían empezado a descongestionarse”, destaca este historiador.

Una cifra que fue más allá de Madrid. “Si añadimos además el resto de prisiones centrales españolas (Gerona, Santander y penales del Norte como el de Saturrarán en Guipúzcoa, más las prisiones provinciales y de partido), es muy posible que la cifra oficial de 23.000 para esa fecha se quede corta”, añade Hernández Holgado.

A esta acumulación de mujeres encarceladas hay que añadir cómo el Régimen franquista se encargó de diferenciar la represión femenina respecto a la masculina con una saña especial. “En primer lugar pesaba la maternidad en prisión: el hecho de que entraran mujeres con sus hijos hasta dos años en la cárcel. En los primeros años de posguerra, la preocupación constante por la salud de su hijo o de su hija, acosados por la enfermedad, el hambre, era una constante. Los testimonios de las presas políticas remarcan que el sufrimiento mayor era el de las presas madres que tenían a sus hijos dentro”, destaca el historiador.

Además el Régimen se encargaba de aprovechar los momentos de alegría que suponía estar dos horas al día junto a sus hijos menores o de los tres únicos días del año en los que se autorizaba la entrada en la cárcel -durante buena parte del día- de los niños y niñas para visitar a sus madres: Reyes y las fiestas de la Virgen del Carmen y de la Merced, patrona de las prisiones para hacer propaganda.

“El que una mujer entraba en prisión solía significar la disolución de la familia”, explica Hernández Holgado

“Unos momentos en los que ellas disfrutaban y reían junto a sus pequeños y que eran aprovechados para ser inmortalizados en fotos y que después se usaban a modo de publirreportaje del franquismo. La cárcel se veía como un sitio en el que las presas y los hijos de estas no estaban nada mal.”, dice Hernández Holgado. Nada más lejos de la realidad porque además también se daban casos de bebés robados en los que las monjas se encargaron de quitar a sus hijos de sus madres para entregárselos a familias bien.

En segundo lugar el sistema carcelario afectaba y mucho sobre la familia que quedaba fuera. “El que una mujer entraba en prisión solía significar la disolución de la familia”, explica Hernández Holgado. Otro factor diferencial fue la rígida disciplina que los agentes religiosos de la prisión (monjas, capellanes…) llevaban a cabo con ellas. “Una rígida disciplina de trabajo de costura en labores propias de su sexo, según el modelo de feminidad doméstica que se pretendía imponer”, añade. “La intención era controladora. Pero la presa política solía subvertirlo”, añade el historiador.

Y es que el Régimen pensaba que en las galeras “la rectitud iba a hacer que estas mujeres volvieran a los rediles y que no había mejor manera de hacerlo que a través del personal religioso. “A la mujer caída, fuera presa política o común, había que redimirla. El redentorismo de carácter religioso se convirtió en la doctrina penal del régimen franquista. La religión aquí -la Iglesia, aliado sancionador y legitimador de la sublevación de julio de 1946- jugó un papel fundamental. Por eso no es de extrañar que se organizasen procesiones en Semana Santa dentro de la Cárcel que eran fotografiadas por el Régimen para hacer ver después en los periódicos que la prisión cumplía con su misión salvadora de las mujeres”, explica el historiador.

Por último señalar cómo el franquismo se encargó de que la rigidez del encierro de las mujeres fuera diferente a la de los varones. “La cárcel era como una metáfora del hogar. Ninguna mujer salió a trabajar extra muros de la cárcel (al contrario que los varones)”. Es decir, los franquistas se comportaron con las mujeres como lo que eran: como machistas. “Quisieron imponer el modelo de feminidad doméstica que no era nuevo, pero que fue reforzado por el Régimen”.

Historias invisibilizadas, historias en voz alta

La vida de todas aquellas mujeres que pasaron por la Cárcel de Ventas ha caído, salvo algunas excepciones gracias a sus reivindicaciones, en el saco del olvido. “Unas mujeres se visibilizaron más o menos recientemente -las presas políticas que contaron su testimonio- pero otras muchas quedaron en el olvido estigmatizadas por su condición de “rojas” y “ex presas”. No era una experiencia que pudieran valorizarse fácilmente en la calle, a su salida, durante el franquismo pero también durante las décadas posteriores”, expone Hernández Holgado.

La documentación y el estado de conservación de sus expedientes para rescatarlas del olvido son una verdadera penuria documental

Sin embargo la invisibilización de sus historias no es lo único lamentable de la Cárcel de Ventas. La documentación y el estado de conservación de sus expedientes para rescatarlas del olvido son una verdadera penuria documental.

“Mucha documentación ha desaparecido. Y la que se conserva no es de acceso fácil, caso de los expedientes penitenciarios depositados actualmente en el Archivo del Ministerio del Interior. La consulta de los mismos debe hacerse nombre a nombre, justificando por parte del investigador que han transcurrido 25 años desde su muerte para poder tener acceso a su consulta. En la petición de reproducción, todos los otros nombres mencionados en el expediente son tachados en la copia obtenida. Por último, los investigadores no tenemos acceso a la base de datos. Todo esto es consecuencia de la priorización de la legislación de protección del derecho a la intimidad por encima de la de Patrimonio”, añade el historiador.

Natividad Camacho García-Moreno, una predestinada revolucionaria

En Público hemos querido rescatar una de estas historias, la de Natividad Camacho García-Moreno. Una luchadora que pasó por Ventas en 1968 por pertenecer al movimiento obrero sindical del sector textil de Madrid -ampliamente feminizado- y quien agradece que recuperemos la memoria porque “hacerlo es valorar y comprobar que aún quedan muchas cosas por las que hay que pelear”.

Natividad, venía predestinada a revolucionar el mundo. Nacida en Fuencaliente (un pequeño pueblo de Ciudad Real) se trasladó a Puertollano a los tres meses de vida con sus padres. Allí con un progenitor que pertenecía al PCE y que trabajaba en las minas de Calvo Sotelo, hacía de pequeña, como otros y otras hijas de estos mineros, de correo sindical. “En solidaridad con la huelga general de los mineros de Asturias, las minas de Puertollano también se pararon. Sin mucha conciencia de lo que hacía, nos colábamos por los ventisqueros de la mina y llevamos la revista Mundo obrero y La Pirenaica a los huelguistas”, recuerda. “A los 15 años ya participo con conciencia de todo que hacían mis padres y vecinos, porque la lumbre de Asturias alumbraba a todo el país”, matiza.

“La lucha fue el mejor acierto. Combatir contra una dictadura tan larga es un orgullo y una manera de sanar la herida de haber nacido en una familia represaliada”

Esta activista no se arrepiente ni un ápice de su destino. “La lucha fue el mejor acierto. Combatir contra una dictadura tan larga es un orgullo y una manera de sanar la herida de haber nacido en una familia represaliada. Saber que mis dos abuelos y mis tíos fueron fusilados víctimas de la Guerra Civil, y mis dos abuelas y mis padres fueron encarcelados, es un dolor muy grande pero a la vez me impulsó a poner mi grano de arena para luchar por vivir en un país libre y no en el que se veía en el NODO”.

Por eso cuando sus padres se trasladan con ella y sus otros cuatro hermanos a vivir a Madrid no dudó ni un segundo en afiliarse al PCE y empezó a trabajar en Estrecho en una fábrica textil. “Se trataba de entrar en la empresa más grande para que las chicas y los chicos conocieran el movimiento obrero”, recuerda. Allí Natividad comenzó su camino en Comisiones Obreras y a luchar por que el sector textil tuviera un convenio digno. “En aquellos momentos el movimiento estudiantil empezó a organizarse, fuimos capaces de hacer una tabla reivindicativa, de pedir explicaciones o de ir como observadores a los convenios del colectivo de la Confección de Vestido y Tocado de Madrid, que hasta el nombre tenía enjundia”. Un camino que además de acarrearle la entrada en prisión en varias ocasiones, le supuso tener que afrontar multas enormes para la época y vivir estados de excepción.

Su paso por Ventas lo recuerda con tristeza y fuerza a partes iguales. “En el año 68 a finales de marzo me detienen por formar parte de una asamblea de Comisiones Obreras en la estación de Zarzalejo. Cerca de 100 personas nos reunimos en un albergue de los marianistas para hacer una reunión y a la vuelta nos interceptaron. Conmigo había otras cinco mujeres del sector. Yo era reincidente. Nos llevaron a la Dirección de Seguridad de Madrid, y al ser tantos reaccionamos dándonos ánimos los unos a los otros y cantando Rosas en el mar de Massiel. Aquella fue una respuesta de solidaridad que el Régimen no se esperaba. Nos retuvieron en esas dependencias durante 72 horas hasta que nos mandaron al Tribunal de Orden Público. El 5 de abril ingresé en Ventas una cárcel en ruinas, horrorosa, siniestra”, rememora Natividad.

Una cárcel tétrica

Esta sindicalista recuerda lo lúgubre de unas celdas de aislamiento durante cuatro días en la que tiene que estar junto con otras tres mujeres. “En estas celdas se levantaba una media pared y en la parte más alta hasta el techo había unas alambradas. Daba la sensación de estar en unas jaulas”, comenta.

Tras salir del aislamiento se encontró en uno de los patios con otras presas históricas como la estudiante Lola Canales –que también dejaría escritas sus memorias carcelarias- condenada a cuatro años de prisión; la libertaria Alicia MurPilar Pérez Benito y Encarnación Formentí, militantes del PCE marxista-leninista, entre otras. Allí, unidas en la sororidad, se organizaron para pasar el tiempo formándose. “Pilar Bravo que estudiaba económicas, nos enseñaba economía; Pilar Pérez, que sabía chino, se empeñó en enseñarnos chino mandarín. Encarnación que hacía yoga nos quería hacer las mejores yoggies –ríe al recordar- hasta que nos dimos cuenta que el empeño por aprender estaba muy bien pero que ni el chino ni hacer yoga no nos iba a servir de mucho para la lucha ni nos iba a sacar de allí. Por eso nos decidimos a pedir una celda abierta para podernos reunir y organizarnos mejor”, cuenta a Público.

En Ventas todas estas mujeres hicieron gala de su lucha. Realizaron huelga en los talleres de costura a los que eran obligadas a asistir y trabajar ya que eran pura explotación. “Se cosía ropa por una miseria para las empresas”. También alzaron la voz ante el rancho que les daban de comer. “Recuerdo que era pésimo. Nos daban restos, raspas de pescado o acelgas con pimentón que flotaban en platos de aluminio que nunca se fregaban bien”. Además Natividad recuerda que su grupo era el más revolucionario. “Llegamos a cantar La Internacional el 1 de mayo y nos castigaron. Reivindicábamos todo porque sentíamos que con ello hacíamos lo correcto y además hacíamos genealogía de otras presas que antes habían pasado por Ventas”, relata.

Y como en Ventas había mucho tiempo para pensar y dar vueltas Natividad recuerda la impresión de las mujeres prostituidas. “Me conmovía mucho su actitud. Se las llamaba las piculinas, porque en aquella época no se podía decir prostituta y menos puta. Ellas llegaban a Ventas con multas de 15 días, por eso las llamaban quinceneras. Su mundo era un mundo de miseria, de mujeres muy jóvenes que entraban y salían de la cárcel porque desde la propia comisaría así se decidía. Las penas de libertad las pagaban ellas y no quienes pagaban por prostituirlas. Su trato era vejatorio. Las funcionarias las tenían de voceadoras, es decir, gritaban los recados al resto de las presas. En un mundo personal como el mío en el que venía de una posición reivindicativa te das cuenta que el Régimen no solo nos reprimía a nosotras sino que aún era peor con ellas. Por eso salgo de Ventas con la idea aún más arraigada de acabar con el franquismo”, finaliza.

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Fotografía destacada: Presas republicanas en la cárcel madrileña de Ventas. M. Á. M.

Fuente:https://www.publico.es/politica/prision-militante-reclusas-rojas-feministas.html

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