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Reescribiendo la historia del ‘Gasta’

La ARMH analiza en su laboratorio de Ponferrada los restos del guerrillero y descubre que la causa de la muerte no fue un tiro en la cabeza, sino en el cuerpo.

La Nueva Crónica/Noemí Sabugal/01-06-2015

Sobre la tierra que cubría a Bernardo Álvarez Trabajo, conocido como ‘el Gasta’, han llovido 66 años. En primavera, nacían entre la hierba algunas margaritas y en invierno caía del muro que resguardaba el espacio una humedad oscura que acentuaba la soledad del pequeño cementerio gallego en el que reposaban -sin reposar- los restos de este guerrillero berciano.

Ahora el Gasta ya no está allí, porque ni el tiempo ni la distancia han hecho que su familia olvidara su fosa sin nombre en el camposanto lucense de Teilán. Miembros de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, ARMH, sacaron su cuerpo hace una semana, tras una primera exhumación en 2012 de unos restos que finalmente resultaron ser los de su compañero Manuel Fernández Soto, conocido como el ‘Coronel Benito’, de Mugardos, y que también fue asesinado en los montes de Remesar y enterrado sin tumba en el cementerio de Teilán junto a Elías López Armesto, apodado ‘Pájaro, y cuyo cuerpo no ha sido localizado todavía.

Los huesos de Manuel y Benito se han reunido de nuevo en el laboratorio de la ARMH en el campus de Ponferrada y siguen contando la triste historia de este país durante la Guerra Civil a través de la suya, que además es una muestra indudable del cainismo que generan estos conflictos, ya que fueron delatados por un infiltrado y ejecutados.

Aunque haya pasado más de medio siglo, igual que su hijo y su familia -por la que una sobrina-nieta participó en la exhumación- siguen conservando su recuerdo, los restos del Gasta tampoco han olvidado y ya han empezado a desvelar lo que le ocurrió. Una de las cosas que los miembros de la ARMH han descubierto es que Bernardo no fue asesinado de un disparo en la cabeza, como aseguraba el certificado de su autopsia, que hablaba de «un disparo con orificio de entrada y salida en el cráneo», sino que la causa de la muerte fue un disparo, o varios, en el cuerpo. Durante la exhumación encontraron un proyectil entre las costillas de su parte derecha.

«A la altura del pecho. Se trata de un disparo sin salida», explica René Pacheco, arqueólogo de la asociación. Estos son los primeros resultados del estudio que se está realizando al cuerpo del guerrillero berciano y que concluirán con la elaboración de un informe antropológico forense en el que se especificará la causa de la muerte.

Los documentos de la época no sólo erraban en ese dato, sino también en el lugar donde estaba el cuerpo, lo que provocó que en 2012 se desenterraran los restos del Coronel Benito en lugar de los del Gasta.

«En la documentación habían cruzado los cuerpos, pero la genética es lo que nos ha ayudado, ya que cuando exhumamos el primer cuerpo, habíamos desenterrado un poco el segundo y habíamos tomado un molar como muestra», explica Marco González, vicepresidente de la asociación.

Cuando la prueba de comprobación de ADN, realizada con las muestras aportadas por el hijo del Gasta, que vive en Pamplona, fallaron, se repitieron con el molar y se vio que el cuerpo de Bernardo era el que se había quedado en Teilán. Para esta labor fue fundamental el apoyo del Equipo de Antropología Forense Argentino, EAAF, y de los expertos Mercedes Salado y Luis Fondebrider, que realizaron las comprobaciones en su laboratorio de Rosario, Argentina.

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La EAAF es una organización no gubernamental argentina que, con técnicas de antropología forense, se creó para descubrir las causas de la muerte de personas desaparecidas durante la dictadura militar, aunque también trabaja en otros países cuyos campos han sido abonados con la sinrazón de las guerras como Bosnia, Timor, Angola o Kosovo, entre una treintena más de naciones.

«La genética fue fundamental, porque sus características físicas eran muy similares. Los dos eran de edades muy cercanas y con alturas semejantes y con la antropología forense no los podíamos diferenciar. Cuando el primer cuerpo dio negativo con las muestras de su hijo, probamos con el molar que habíamos tomado del cuerpo que creíamos que era el del Coronel Benito y dio positivo», explica González.

Los restos de Manuel Soto se seguirán guardando en el laboratorio de la ARMH, por si la familia los reclama, aunque los miembros de la asociación sólo conocen la existencia de un sobrino que, de momento, no los ha pedido. «En el laboratorio están bien conservados, no hay problema», dicen.

Una vez que finalicen las pruebas a los restos de Bernardo Álvarez, la familia sí prevé recogerlos y darles sepultura como es debido. «Ellos decidirán lo que quieren hacer, si incineración o enterramiento. Nosotros nunca influimos, sólo somos un puente entre los familiares y las víctimas», añade Pacheco.

Un hombre en fuga

La historia de Bernardo Álvarez es la de un hombre en fuga y cuya lucha política ya le había llevado a la cárcel de Astorga en el año 34, dos años antes del golpe de Estado que dio origen a la Guerra Civil. Nacido en Bembibre en 1915, el conflicto le pilló realizando el servicio militar en Cádiz. Allí fue detenido por falangistas y llevado a la prisión del Puerto de Santa María, donde fue condenado a muerte. Después fue amnistiado y regresó al Bierzo, donde se convirtió en enlace de la guerrilla.

En 1948 se incorporó a la II agrupación del llamado Ejército Guerrillero de Galicia y un año más tarde, en un tiroteo con la Guardia Civil en las cercanías de Ocero, resultó herido en una pierna, pero logró escapar. Consiguió llegar a la provincia de Orense y se escondió en los montes de Remesar.
Allí, oculto junto a Elías López Armesto, ‘Pájaro’, nacido en Teilán, y Manuel Fernández Soto, ‘Coronel Benito’, de Mugardos, fueron delatados por un infiltrado en la guerrilla, asesinados el 22 de junio de 1949 en Penacoba por miembros de la Guardia Civil y después enterrados en el cementerio municipal de Teilán, sin marcas que identificaran sus tumbas. Sus cuerpos fueron inscritos en el Registro Civil como «desconocidos».

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Cota de Casasola y sus muertos

En un paraje conocido como Cota de Casasola, en Gradefes, existen varias fosas colectivas. Descubrir qué hay en esa zona será la próxima labor de la ARMH, que ya está recopilando testimonios de vecinos de esas localidades y de familiares de algunas de las víctimas, que les han indicado que sus cuerpos están ahí. Los trabajos podrían comenzar este próximo verano.

«No sabemos lo que nos vamos a encontrar, pero podría haber hasta tres fosas con varias personas. El otro día nos llevó hasta una de ellas un vecino de la zona que tiene 90 años y una memoria perfecta y nos comentó que en esa podía haber cinco o seis hombres», avanza Marco González. Los miembros de la asociación creen que en esa zona se enterraron varios represaliados que habrían estado detenidos en el puesto de la Guardia Civil de Cistierna.

«En esa zona hubo bastante represión y hay gente de los pueblos de alrededor. De momento tenemos retazos de memoria y el trabajo sobre desaparecidos realizado por Pedro González de Prado», apunta González. Este historiador local ha recabado nombres e historias de desaparecidos, que ha publicado en el libro Desaparecidos sin causa. Asesinatos en las cabeceras de los ríos Carrón, Cea y Esla, julio 1936-noviembre 1937 y también expone en la página web desaparecidossincausa.es.

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“Esto dignifica a las víctimas de aquella sinrazón”

«En la familia había esa tía viuda, pero no se preguntaba demasiado, nunca hubo una búsqueda. Así que no me puedo ni imaginar lo que era vivir aquello con el silencio añadido de no poder contar nada. Cuando participé en la primera exhumación fue distinto, porque la carga emocional la llevaba su hijo y ni siquiera sabíamos si era él, había que hacer pruebas. Ahora ya estábamos seguros y su hijo dijo que no podía pasar por esto otra vez. Por eso fui yo sola. Iba tranquila, pero al llegar a la zona me dio un vuelco el corazón. No pensé que me afectaría tanto».

Así explica Cristina Pimentel, sobrina nieta de Bernardo Álvarez, cómo fue sacar sus restos del cementerio de Teilán, donde estaban en una fosa sin marcar. Bernardo era el marido de Socorro Huerga, hermana de Baldomero, su abuelo, y aunque ella ya había estado en la primera excavación que se hizo en 2012, asegura que esta vez fue diferente, más duro, porque durante estos años ha tenido la oportunidad de conocer más a fondo la historia de su familia, y eso le ha hecho más presente lo que vivieron en aquellos años. «Descubrí que Bernardo había estado en el 34 en la cárcel de Astorga y también supe que a mi abuelo lo tenía aterrorizado un guardia civil de Astorga al que llamaban Quintas. Lo sacaba de casa cuando le parecía y la registraba. A veces, después de estar toda la noche horneando, porque era panadero, llegaba y le requisaba todo el pan. Le hizo la vida imposible. Decía que cuando le veía entrar se meaba en los pantalones del miedo que le daba», cuenta.

Haber investigado estos años la historia de su familia, que también incluye la huida a México de uno de los hermanos de su abuelo para salvar la vida después de un tiroteo que le provocó la amputación de una pierna, a pesar de llevarle a revivir aquel sufrimiento, le ha valido para valorar aún más la labor de la ARMH. «Esto dignifica a esas personas, víctimas de la sinrazón que hubo en España», asegura.

http://www.lanuevacronica.com/reescribiendo-la-historia-del-gasta

Fotografías de Óscar Rodríguez Alonso.

 

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Los fusilados de Valderas vuelven a casa

Emotivo homenaje a todos los represaliados de la villa en el panteón memorial cedido a perpetuidad por el Ayuntamiento.

Diario de León/Ana Gaitero/31-05-2015

Con aplausos y flores con la bandera tricolor fueron recibidos ayer en el Ayuntamiento de Valderas los restos exhumados en el monte de Estebánez de la Calzada, término municipal de San Justo de la Vega, en julio de 2012, de nueve personas de la villa paseadas en 1936. ¡Viva la República!, vitoreó una voz desde el público tras escuchar las palabras del nieto de uno de los fusilados.

Son los primeros que vuelven a casa de una larga lista. Sin nombres, con una litografía de Castelao y una fecha: 24 de julio 1936. El día en que 200 personas fueron detenidas en Valderas. La mitad no regresaron. Se ha recuperado los nombres de 77. Sus cadáveres andan desperdigados en diferentes fosas de la provincia. La emoción embargaba a las familias, llegadas a la villa del Cea desde Irún, Valladolid y Barcelona, a la inauguración del panteón en memoria de los republicanos represaliados de Valderas.

«Cuando he cogido esta caja las palabras se han convertido en sentimientos», dijo Celestino Fonseca, nieto de Tomás Fonseca Lago, a quien pueden pertenecer alguno de los restos. No se sabrá con certeza hasta que se hagan los análisis de ADN. Llevará tiempo porque «son muchas las personas desaparecidas en Valderas y pocos los restos que tenemos», apunta René Pacheco, arqueólogo de la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) que hace siete años empezó a tirar del hilo de la represión en Valderas con el impulso de la escritora Sol Gómez Arteaga, nieta y biznieta de represaliadso. Y con la memoria de dos personas, su padre Antidio Gómez y Teófilo Álvarez. El hijo del curandero de San Justo puso otra pieza en el puzle al señalar el lugar de la fosa con los fusilados de Valderas.

La excavación descubrió los restos íntegros de ocho personas: un varón de 15 a 19 años, dos varones mayore de 18 años, un varón de 38 a 50 años, un varón mayor de 40 años, un varón de 40 a 60 años, otro de 18 a 28 años y un octavo de 25 a 50 años. La novena caja está compuesta de restos removidos y mezclados posiblemente por la exhumación antigua. «Sería de gran utilidad dar con la persona o familiares que llevaron aquellos restos para identificar la saca», comenta Pacheco. El cuerpo del más joven puede ser otro dato relevante para dilucidar la saca ya que entre los 77 fusilados identificados sólo hay cuatro menores de 18 años: Manuel Cambero Rodríguez, Ángel Castaño Vega, Honorato Fernández García y Ciriaco Pastrana Guzmán.

«Sólo el olvido es muerte y su último deseo fue que se les recordara», reza la lápida del panteón homenaje. Los fusilados de Valderas tuvieron ayer su despedida sentida con versos y música. La alcaldesa, Silvia Blanco, recordó que las familias han tenido que esperar casi 80 años y apeló a la implicación de las instituciones para cerrar con los versos de Buero Vallejo a Lorca: «Bajo la tierra húmeda de un calvero…»

«Pensaban que iban a borrar sus rastros para que nadie más se acordara de ellos, pero la propia sangre no se olvida», señaló el vicepresidente de la Fundación Fermín Carnero, Maximino Barthe, una de las entidades que junto a la ARMH, el Ateneo de Astorga, el Ayuntamiento de Valderas y las familias arroparon la jornada de homenaje.

Por la mañana, el historiador Miguel Bañales reconstruyó el episodio de la represión en Valderas, que calificó como «una grande y libre masacre» y René Pacheco explicó el proceso de la excavación. «Me siento reconfortada porque siempre le oí a mi madre leer las cartas de su hermano, Pacífico Villar, en las que decía que había que luchar para que no se olvidara y repitiera», dijo Pilar Gómez. Victoriana Rodríguez, a sus 90 años y en silla de ruedas, no quiso perderse el homenaje recordando al tío de su marido, Teodoro Toral. Susanna Toral y Paca Fernández intentan reconstruir los últimos días de Tomás Toral, el maestro fusilado de Villaornate. Francisca Fonseca venía por su abuelo paterno, Tomás Fonseca, y descubrió a su tío Ciriaco Pastrana y sus hijos Ciriaco y Ángel: «Ha sido brutal, estoy temblando. Tengo ganas de llorar», lamentaba.

La ARMH lamentó que su labor «llega tarde» y reclamó que el Estado asuma, como manda la ley de memoria, la defensa de los derechos humanos de las 114.300 personas enterradas en las cunetas.

Como apuntó el poeta Abel Aparicio, recordando los versos de Teodoro López Marcos a su padre Bernardino López, fusilado en 1936: «Somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos, sin responsabilidad, no merecemos existir».

http://www.diariodeleon.es/noticias/provincia/fusilados-valderas-vuelven-casa_983205.html

Fotografía destacada de Jesús F.Salvadores. Sol Gómez Arteaga encabeza la comitiva con las nueve cajas a su llegada ayer por la tarde al cementerio de Valderas. 

 

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Homenaje a las víctimas del Franquismo en Valderas (León)

Estimados/as amigos/as,

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), quiere invitaros a los actos de homenaje a las víctimas del Franquismo que tendrán lugar en Valderas (León), el próximo día sábado día 30 de mayo de 2015.

Durante la mañana, a las 11:00 horas, se llevará a cabo una charla sobre la represión en la localidad a cargo de Miguel García Bañales, investigador y, a continuación, se presentarán los resultados de la exhumación de los 9 de vecinos de la misma, que serán presentados por el arqueólogo de la ARMH René Pacheco. Estas charlas tendrán lugar en la Casa del Pueblo-Fundación Fermín Carnero.

Por la tarde, la ARMH entregará los restos de 9 vecinos de Valderas (León), cuyo acto de entrega se celebrará en el Salón de Plenos del Ayuntamiento a las 17:00 horas.

Los restos mortales de estos vecinos fueron exhumados en julio de 2012, en San Justo de la Vega (León), por voluntarios desplazados desde varios puntos del mundo. Sus restos todavía no han podido ser identificados genéticamente, dada la desmedida represión que ejercida por los militares sublevados contra el gobierno del Frente Popular, encontrándonos en las investigaciones con más de 70 personas asesinadas y más de 170 detenidas en diferentes cárceles de toda la provincia de Léon.

Ver más sobre la exhumación de la ARMH en San Justo de la Vega (León)

Después del acto de entrega, se celebrará el sepelio en el Cementerio de Valderas (León) a las 17:30 horas. Como último homenaje, se llevará a cabo un acto poético musical en el propio cementerio.

Sus familias y la ARMH te esperamos. GRACIAS

CARTEL DE VALDERAS acto 30 de mayo

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Memoria de una masacre

La represión en Valderas.

Bautizada por el fascismo como la ‘moscú de españa’, Valderas se convirtió en «una, grande y libre masacre» tras estallar la guerra civil. Casi 200 vecinos fueron detenidos y unos 90 asesinados. la armh y familiares rescatan los nombres de los olvidados en un panteón.

Ana Gaitero Ramiro y Jesús f. Salvadores /Diario de León/ 24-05-2015

Lo que no se nombra no existe y ellos existieron, tenían nombre y apellidos, una familia y un proyecto de vida y de felicidad que les fue truncada. El objetivo al nombrarles es hacerles visibles, que sean memoria, e historia, pequeña, pero que al sumarla a otras hagan la historia con mayúsculas, esa que aún no está en los libros de texto, y por supuesto no queden en el olvido». Sol Gómez Arteaga es nieta y biznieta de dos represaliados de Valderas. Uno, José Gómez Chamorro, de 34 años, asesinado y el otro, Andrés Carriedo Callejo, de 59 años, sufrió cárcel durante siete.

Son dos de los 77 nombres que se han recuperado del olvido en Valderas tras un arduo trabajo llevado a cabo en los últimos ocho años por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) e investigadores como Miguel García Bañales que, junto con otros trabajos como el libro La memoria no se entierra de Carlos de la Sierra vienen a esclarecer un capítulo oscuro de la historia local y nacional.

«Que podáis decir que esto nadie lo borre, que no os engañe nadie…». Pacífico Villar Pastor, el último de los nombres de cuyo asesinato o desaparición forzosa, se tiene constancia fehaciente, escribió estas palabras en la antesala de la muerte, el 9 de octubre de 1936.

Valderas tenía unos 3.300 habitantes aquel año y 178 pasaron por las cárceles y centros de detención. Muchos siguen enterrados en fosas: Villadangos del Páramo, Cabreros del Río… son algunos de los lugares localizados. Once fueron fusilados en Puente Castro tras ser sometidos a juicios sumarísimos. Los restos de otros nueve fueron exhumados en una fosa localizada en el paraje El Grillo de Estebánez de la Calzada, en el municipio de San Justo de la Vega, por la ARMH en 2012.

Tras la masacre, el olvido y la vergüenza se han cernido sobre sus descendientes «como si hubieran hecho algo malo, cuando lo que hicieron fue actuar según el orden establecido», apunta la escritora valderense. El trabajo histórico de Miguel García Bañales Valderas. Memoria de un exterminio. Una Grande y Libre masacre que quedó impune ahonda en este capítulo siniestro de la represión que en Valderas adquirió unas dimensiones descomunales.

La II República llegó a esta villa agrícola que por un lado tenía a los propietarios y religiosos «con un dominio oligárquico, caciquil y monárquico» y por otro un gran número de jornaleros, «sometidos a una represión durísima y unos sueldos muy bajos». Para entonces ya estaban organizados en sindicatos, principalmente de base socialista, pero fue la llegada de dos asturianos, Victoriano López Rubio y Falconerín Blanco Fernández la que, según Bañales, «marcará el rumbo de la Valderas republicana».

Uno, como alcalde, hizo que el «Ayuntamiento se volcara con los desfavorecidos». El otro, como sindicalista, «por defender con firmeza los derechos de los trabajadores que la República les había otorgado y que los propietarios se negaban a cumplir». Las huelgas, siempre legales, fueron contestadas con campañas de acoso y derribo a la «Valderas roja» o el «Moscú de España», como se tilda a la villa desde las páginas del Diario de León cuando se cambia el nombre de la calle Padre Isla por el de Lenin.

El fascismo apareció pronto en Valderas. En 1933, cuenta el investigador, la Cruz de Mayo recupera la celebración religiosa y «ya se empieza a hablar de reconquista». A los pocos días se funda la JAC, una asociación cultural de corte fascista impulsada por el sacerdote y profesor del seminario Marcelino Macho. El capellán castrense Nemesio García, de las JONS, es su ideólogo.

Los chicos de la JAC «se van adueñando de las calles, se entrenan físicamente para ello». El alcalde socialista Gregorio Ruiz, que sustituyó a Victoriano, es herido de muerte al salir del Ayuntamiento. Corría el mes de septiembre de 1933. En noviembre la derecha gana las elecciones. «Los fascistas se sienten seguros y acorralarán continuamente a los de izquierdas, se jactarán de ello e incluso entrarán en sus casas».

Las balas se cruzan en las calles de Valderas. «Termina el año con la agresión a Nemesio, que será herido por los disparos de tres izquierdistas», añade. Los dos años siguientes, 34 y 35, son flojos en actividad sindical. El alcalde socialista es destituido en septiembre de 1934 y a finales de año «los fascistas ya consideran que la reconquista está acabada».

En febrero de 1936 gana el Frente Popular (coalición de izquierdas) las elecciones. Se repone al Ayuntamiento de 1934 y el 16 de abril es «detenida la cúpula fascista» y se producen «enfrentamientos de los que defienden el Ayuntamiento (izquierdas) y los que lo atacan (fascistas)». Victoriano y Falconerín, amenazados, marchan del pueblo.

Tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, protagonizado por Franco, el alcalde de Valderas organiza la defensa contra la sublevación. No hay detenciones, pero controlan las viviendas de los que consideran fascistas. Se registran dos heridos por ambos bandos. La villa estuvo ocupada hasta el 24 de julio. «En todo este tiempo el juzgado seguirá funcionando, la Guardia Civil de Valencia de Don Juan entrará en el pueblo, dos dirigentes de izquierdas irán a declarar a Valencia de Don Juan, se sigue trabajando. ¿Dónde está la revolución que no se ve?», se pregunta Bañales.

El día 24 llega la fuerza militar desde Benavente, se calcula que más de 300 individuos frente a los 150 hombres que defienden Valderas, «mal armados y sin munición». A la entrada muere uno y en la Altafría 30 hombres resisten. Nada pueden hacer y huyen al monte.

Fue el comienzo del «exterminio». Se registró casa por casa, detuvieron a los hombres de la Casa del Pueblo (hoy sede de la Fundación Fermín Carnero de UGT que apoya el acto). Los presos, casi 200, se distribuyen entre Benavente, Astorga y San Marcos. Su destino es terrible. Falconerín muere en León por las torturas. A Victoriano, se cuenta, «le grabaron un F y una E en cada mejilla, le grabaron INRI en la frente, le cortaron los testículos… murió lapidado».

Miguel García Bañales documenta la primera saca de Valderas con 12 personas. Se cree que están en la carretera de Valencia de Don Juan a León. A primeros de agosto empieza la causa contra los detenidos y algunos quedan en libertad. Los fusilamientos comienzan en octubre y siguen en meses sucesivos. Continúan los paseos en la carretera de León a Astorga y «volverá la barbarie con el paseo de Cabreros del Río, en enero. Entre fusilados, paseados y desaparecidos se calcula que fueron asesinadas 90 personas».

El sábado 30 de mayo su memoria será dignificada en el panteón de la memoria del cementerio de Valderas, donde el Ayuntamiento presidido por la socialista Silvia Blanco (bajo su mandato se han suprimido las calles franquistas, aunque sólo se han puesto las placas de dos: Plaza del Generalísimo por Plaza del Ayuntamiento y Onésimo Redondo por Plaza de los Caños) ha cedido a perpetuidad las parcelas 50 a 51. Durante el homenaje, la ARMH hará entrega de los restos de la fosa de San Justo a las familias. El ADN se estudiará en Argentina cuando haya más datos.

En 2012 se exhumó la fosa de San Justo de la Vega cuyos restos permanecen en la sede de la ARMH en Ponferrada sin que se hayan podido cotejar con el ADN tomado a familiares por falta de medios. Abajo, el maestro Tomás Toral Casado, natural de Valderas, en 1936 con alumnos de Villaornate, fue paseado en octubre de aquel año en el monte de Villadangos.

http://www.diariodeleon.es/noticias/revista/memoria-masacre_981516.html

Fotografía destacada Gregorio Ruiz Blanco.

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El Gasta sigue en la fosa

El ADN demuestra que los restos del guerrillero berciano continúan en Teilán y la ARMH retomará hoy su exhumación.

Carlos Fidalgo/Diario de León/21-05-2015

El ADN no engaña. Los restos que reposan en el laboratorio de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) en Ponferrada no son los de El Gasta, alias del guerrillero berciano Bernardo Álvarez Trabajo, abatido por un infiltrado de la Guardia Civil junto a otro compañero de armas en los montes de Lugo el 22 de junio de 1949. Así lo ha confirmado el Equipo Argentino de Arqueología Forense (EAAF) que colabora con la ARMH después de cotejar las muestras remitidas desde España con las de un familiar del combatiente antifranquista natural de Bembibre. Y así lo hizo público ayer la asociación antes de anunciar que hoy se desplazarán al cementerio de la localidad lucense de Teilán —y acompañados además por los forenses argentinos de la EAAF Luis Fondebrider y Mercedes Salado— para exhumar el cuerpo que queda en la fosa. El que se llevaron en septiembre de 2012, por descarte, tiene que ser el de Manuel Soto, alias Coronel Benito, que murió junto El Gasta, abatido por el mismo infiltrado, y fue enterrado en la mismo lugar del camposanto.

Los errores en la documentación de la época —existe un a autopsia con fotografías de los dos cadáveres y una descripción de la ropa que vestían, en incluso de los zapatos que calzaban en el momento de la emboscada— explican la confusión entre los dos cuerpos, explicó ayer el vicepresidente de la ARMH, Marco González. «Donde debía estar enterrado uno estaba el otro», aseguró.

Y ya no cabe margen de error. En el momento de la primera exhumación, en septiembre de 2012, la ARMH le extrajo un molar a los restos que quedaban en la fosa, por si acaso, «y ha coincidido que ese era Bernardo Álvarez y no el cuerpo que recuperamos. Él sigue enterrado en Teilán», explicó González.

Donde la ARMH está encontrando más dificultades, sin embargo, es Villalibre, donde la búsqueda de los restos del joven Arsenio Macías, asesinado por falangistas por no delatar a su hermano, excombatiente escondido en la bodega de su casa. Las catas con ayuda de un palista que colabora con la ARMH en la curva de la N-536 siguen sin dar resultado.

Exhumación en Gradefes

A la recuperación de los restos de El Gasta, y ya con la financiación que ha aportado a la asociación los cien mil euros del Premio Alba/Puffin, se sumará este verano una nueva campaña de exhumaciones, esta vez en el paraje de Cota de Casasola, en Gradefes. Allí están enterrados desde los primeros meses de la Guerra Civil al menos siete vecinos de la zona de Cistierna y Riaño. La ARMH cuenta con datos de lo sucedido recopilados por Pedro González de Prado, ex concejal socialista de Palencia y autor del libro Desaparecidos sin causa.

Imagen destacada ARMH

http://www.diariodeleon.es/noticias/bierzo/gasta-sigue-fosa_980652.html

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Facing up to Franco: Spain 40 years on

The country is still coming to terms with the dictator’s legacy. Is it any closer to reaching an agreement about its bloody past?

Financial Times Magazine / Tobias Buck / 8-05-2015

Fifty kilometres north of Madrid, in the granite mountains of the Sierra de Guadarrama, is the tallest stone cross built anywhere in the world. More than 150 metres high, it stands guard over a vast basilica hewn into the rock below.
The sprawling architectural ensemble, coldly symmetrical and entirely grey, shows occasional traces of life. It is home to a Benedictine abbey, along with a religious boarding school and hospice. There is a decent restaurant that specialises in traditional Spanish fare, and a mud-covered football pitch that comes to life whenever the pupils emerge to play a match.

Mostly, however, this is a place of death. Known as the Valle de los Caídos, or Valley of the Fallen, it is the final resting place for more than 33,000 bodies. With one notable exception, all of them were killed during the Spanish civil war, which lasted from 1936 to 1939. The odd one out is the man who started the bloody slaughter, and emerged from it victorious. His grave can be found right behind the high altar, at the very end of the imposing, windowless basilica: a modest granite slab, perpetually adorned with a bouquet of fresh flowers and the simplest of inscriptions: Francisco Franco.
The Spanish dictator died four decades ago this year but his resting place, much like his legacy, is far from settled. Outside Spain, Franco is often situated alongside Hitler and Mussolini as one of the continent’s most reviled fascist leaders, a brutal dictator who plunged his country into war and went on to preside over the death, incarceration, torture and exile of hundreds of thousands of his opponents.
In Spain, however, the government continues to pay for the upkeep of the Valle de los Caídos, tombstone and all, which forms part of the National Heritage. Hundreds of thousands come to visit the site every year. Spain’s Roman Catholic Church, meanwhile, jealously guards its role as the custodian of the Valley, and provides the monks and priests who sanctify the vast granite complex with their daily songs and prayers.

Even 40 years after Franco’s death, there is no national consensus on what the civil war and his dictatorship mean. Only a tiny minority voice genuine nostalgia for the old regime but the number of those clamouring for a frank reassessment of the past — and for expelling Franco from his privileged tomb — is not large either. As a topic of conversation, the former dictator and his deeds are widely shunned, whether in school, in parliament or around the family table. Polls are few and far between but those that are taken regularly show a lingering sense of ambivalence, perhaps linked to the extraordinary economic boom that occurred under the later years of the Franco regime. One typical survey found that six out of 10 Spaniards believe that Francoism had “both good sides and bad sides”.

But it is not just in the Valley that Franco continues to have his place. Despite a purge during the past decade, many Spanish cities still boast streets and plazas that honour his memory. Even the odd statue has survived. There is a prominent foundation dedicated to celebrating the dictator’s life and work. Once a year its members and other Franco sympathisers come to the Valle de los Caídos for a special mass, and to pray for his eternal soul.

To some Spaniards, the site — and the annual ritual — is an abomination, a stain on the country’s democratic record. They argue that Spain, perhaps uniquely in western Europe, has never made an effort to openly confront its past. Far from allowing old wounds to heal, this failure has, in fact, kept old divisions alive for longer than anyone thought possible — the original sin of Spanish democracy, still unatoned after all these years.
One man who believes this more strongly than most is Emilio Silva, a burly political scientist and journalist who rose to prominence over the past decade as the co-founder of Spain’s historical memory movement. “Can you imagine a church in Germany where the priest prays for the soul of Hitler? Can you imagine a square in Italy that is named after Mussolini?,” asks Silva, over coffee in a noisy bar in Madrid.
The movement he started some 15 years ago is best known for locating and digging up the graves of Spanish Republicans killed by Franco’s Nationalists. More than 1,300 bodies have been recovered from roadside ditches and secluded forests, and accorded a proper burial. For the relatives, the process has often been momentous — allowing them finally to come to terms with six decades of pain and grief.

 

The broader aim of Silva and his allies, however, is to shatter Spain’s so-called pact of forgetting — the unspoken agreement between left and right in the wake of Franco’s death to look to the future, not the past. In legal terms, that pact is cemented in the 1977 amnesty law, which shields former Franco officials — including the regime’s most notorious torturers — from criminal prosecution. Yet it is also reflected in Spain’s schools, where the history of the civil war and Franco’s dictatorship remain marginal subjects. And it finds an echo in the singular absence of any national museum or monument (aside from the Valley) to commemorate the war. “We are a country full of ignorance,” says Silva. “If there wasn’t so much ignorance, Franco would no longer be there [in the basilica]. For a society with even a little bit of understanding, it would simply be intolerable.”
To its defenders, the Valle de los Caídos is, above all else, a site of mourning and reconciliation. They point out that the mass tombs that line those heavy granite walls hold the dead of both sides. But they often fail to mention that the Republican dead were brought to the mausoleum without consulting their families (and that they are held in some cases against the express wishes of relatives). Neither do they question why any Republican would wish to lie buried in a tomb so laden with Francoist and fascist imagery.
At least once a year, the notion of reconciliation becomes impossible to maintain: on November 20, the anniversary of Franco’s death, his supporters arrive from all over the country (and beyond) for a special mass.
I have rarely had cause to attend Catholic mass during my life but even regular worshippers are likely to leave this particular ceremony in a state of dazed wonderment. Part of this has to do with sheer sense of drama.

At the precise moment of the transubstantiation, when the bread and wine are symbolically converted into the body and blood of Christ, the vast underground basilica is plunged into darkness. An invisible helper turns off all lights save for a single spot that is directed at the body of Christ on the cross, along with the hands of the priest holding aloft the wafer.
The priest, who is also the abbot of the Valley’s Benedictine monastery, then starts his homily with a prayer for the soul of Francisco Franco and José Antonio Primo de Rivera, the founder of Spain’s fascist Falange movement. Both men died on November 20 but they are separated by a political eternity: Franco passed away in his bed, peacefully, after 36 years of unopposed rule. Primo de Rivera was killed by a Republican firing squad in 1936, just months after the start of Spain’s civil war.
The two bodies occupy pride of place in the gloomy basilica, buried in front and behind the altar. Standing at the lectern just above, the priest praises the two fascist leaders for their decision to “forgive their enemies and seek their forgiveness for themselves”.
I was told that some worshippers are likely to make a fascist salute but I had not expected arms to be raised quite so brazenly. Some make a discreet, hasty salute on their way to receive Holy Communion; but all inhibitions melt away once the priests, monks and choirboys leave the church. Franco’s grave is quickly surrounded by dozens of admirers. They lay down red flowers and kneel to touch the rough, grey stone. Some offer a personal prayer. Dozens straighten their back and offer the raised-arm salute, while friends and wives snap pictures. Shouts of “Viva Franco!” and “Viva España!” ring out through the vast basilica. Neither the guards from Spain’s National Heritage nor the remaining monk try to intervene.
Standing quietly is Jaime Alonso, the vice-president of the Francisco Franco Foundation and the public face of hardcore Francoists in Spain today. He whispers a prayer and crosses himself but then quickly turns away from the more raucous crowd surrounding the dictator’s grave. Impeccably dressed and softly-spoken, Alonso is a lawyer by profession and Francoist by passion. Armed with a wealth of numbers, dates and facts, he makes a resolute case for Franco’s defence when I catch up with him back in Madrid.
He tells me he grew up with a vision of Franco as the “father of the nation”, and views him still as “the man of providence who came to save Spain”. Selfless, upright, a brilliant military commander and great political strategist, Franco is hailed as a towering figure in Spanish history, comparable only to the medieval rulers who drove the Moors from Spain in 1492 or the great kings who held sway over an empire stretching from Peru to the Philippines.

Alonso vigorously defends Franco’s military putsch against the country’s elected government in 1936, which marked the start of the civil war, as a necessary step to put an end to the chaos and violence of the period. “There was no other option. They could either fight or let themselves be killed,” he insists.
The foundation is located in a third-floor apartment just up the road from Real Madrid’s imposing Bernabéu stadium. The offices are packed with memorabilia, signed photos, oil portraits, thousands of books and an archive. There is even a small souvenir shop, where visitors can pick up a Franco ashtray for €4.50.
For all his enthusiasm, Alonso admits that there are few genuine Francoists in Spain today. Since the return of parliamentary democracy to Spain, there has only been one openly Francoist member of parliament. Even during the recent economic crisis, with millions of Spaniards desperately searching for work, there was no sign of revival in Francoist sentiment.
Yet Alonso is convinced that Franco lives on. Why else, he asks, would the country’s political mainstream be so silent about his rule? “They are afraid of him. They know very well that Franco is more than just a reference, that he is something embedded in the culture of the Spanish people as a solution. Today, even if everything falls apart, we have a national ideal that stays with us and that is passed on in our genes. How can Francoism revive today? As bad as the situation is, the idea is there.”
What is striking is not so much the historical narrative put forward by the Franco Foundation but the absence of any official challenge to it. I have asked dozens of Spaniards what they were taught about the civil war in school. The answer is, almost invariably, nothing. Spain’s parties have never been able to agree on a joint condemnation of the Franco dictatorship, or an official apology to its victims. There has been no official commission and no national museum offering a unified narrative. Even 40 years after the death of Franco, it seems Spaniards find it impossible to reach common ground about their recent history.
For Javier Cercas, the Spanish novelist and writer, the interplay of memory and history, and the stories and lies people tell themselves about the past, have long been a subject of fascination. His 2001 book Soldiers of Salamis is widely hailed as one of the great novels about the civil war. I call him up a few weeks after the release of his latest book, The Imposter, which deals once again with history, war, terror — and the lies they bring forth. The book contains an entire chapter about Spain’s own struggle — and ultimate failure — to come to terms with its history.

“A country must have a basic accord about the past,” Cercas tells me. “Britain has it. Germany has it. All the strong democracies have this basic accord. But Spain hasn’t.” The reason for this, he argues, is obvious: “There was no rupture in Spain after Francoism. There was a transition, there was peaceful and progressive change from dictatorship to democracy. This means that the Spanish right did not break completely with Francoism. It would be wrong and absurd to say that the Spanish right is Francoist. It obviously isn’t. But it has never been able to bring itself to condemn Francoism.”
Not everyone is convinced that this matters. José María de Areilza, a professor of law at Esade business school and former government adviser, speaks for many when he argues that Spain was right to look to the future and “leave the past to the historians”.
“There is no one way to deal with the past,” he tells me. “Franco died in his bed. But everything that has happened in Spain since has condemned him. He is being condemned every day by the normal functioning of our democracy, by our constitution. Spain has moved on by doing, by acting.”
For Cercas, however, the country’s failure to openly confront the past leaves Spain in a state of heightened fragility. “If there is no accord over the past, then the past can always be used, can always be manipulated,” he says. “There is no accord over our past, and that means that finding an accord over our present and our future is much more difficult. Can we live with this? Yes, we can live with this. But would we live better if we had a common narrative? We would live much better.”
The closest that modern Spain ever came to challenging the pact of forgetting was under the Socialist government of José Luis Rodríguez Zapatero, the prime minister from 2004 to 2011. The Zapatero government provided generous funding to unearth Republican war graves, and passed a law calling for the removal of Franco statues and street names.
It faced bitter opposition from the centre-right Popular party, and from Spain’s Roman Catholic Church (which served as a pillar of the Franco regime). At the height of the controversy, the country’s conference of bishops published a searing attack on the government, saying it was “opening old wounds” and “threatening the tranquil co-existence”. The archbishop of Madrid put it even more bluntly. Sometimes, he remarked, “One has to know how to forget.”

Towards the end of its tenure, the Zapatero government finally decided to tackle the biggest totem of them all: the Valley of the Fallen. It appointed a commission of experts and asked it to draw up proposals for an overhaul of the site. The commission was formally established in May 2011 — just six months before a general election that Zapatero knew he would lose. Whatever conclusions its members would reach, they were almost certain to be filed away the very instant that the new centre-right government took over.
Francisco Ferrandiz knew he was part of an exercise in futility but decided to accept the invitation to join the commission all the same. A social anthropologist at Spain’s National Research Council, he had closely followed the work of the historical memory movement. Here was a chance to shape the debate over one of the most contentious monuments in the world today.
In the end, after much internal wrangling, the commission called for a radical overhaul: it suggested removing Franco’s grave from the basilica and burying him elsewhere, and transferring the body of Primo de Rivera from its privileged site to the mass graves that line the church. Just as importantly, they wanted to convert the sections of the site that house the dead into a national cemetery — and so remove it from the oversight of the monks.
As expected, the document was shelved immediately by the new government. Asked about the future of the Valle de los Caídos in 2013, the deputy prime minister fell back on the Popular party’s standard line that any change requires the “consensus” of all parties. That consensus remains as elusive as ever.
For all his frustration, Ferrandiz says he has not lost hope that a new generation of Spaniards will eventually demand a less circumspect relationship between the present and the past. He points out that Spain’s political order is now under scrutiny as never before. The transition itself has become almost a dirty word for a new generation of political activists who are desperate to sweep away what they see as a deeply corrupted system.

“We had the prestigious transition that is being taught all over the world as an example of how to move cleanly from a dictatorship to democracy. Now we find that this transition is under fire because it glossed over some of the thorniest issues of the dictatorship — and let the perpetrators die in bed without ever facing their responsibility. Now we have a new generation saying: ‘We have to face this.’”
That new generation is embodied by Podemos, an anti-establishment party founded only last year and now vying to become one of the largest parties in Spain. Some of its leaders are former activists in the historical memory movement — a background that helps explain the almost visceral rejection of what Podemos leaders refers to as the “transition regime”.
Younger Spaniards are less inclined to fear a return of political instability — or to regard Franco as a totemic issue that must not be raised. For many, the dictator has become a figure of ridicule. “Franco represents everything I don’t like about Spain and about Spanish history — the ultra-right, the relationship between church and state and the whole communion-and-daily-mass way of life,” says Sagrario Monedero, a 33-year-old political activist who works for a women’s rights organisation in Madrid. “But he is also a bit of a comical figure — this small man with a pot belly and a high-pitched voice,” she adds.
Like a growing number of young Spaniards, Monedero has never visited the Valley of the Fallen. She regards the monument as an outrage but also suggests that her generation sees no urgent need to tackle the Franco legacy. “History has already given its verdict.”
It is an argument that goes a long way towards explaining the indifference about Franco in Spain today. But if history has, indeed, made its verdict, why is it not being executed? Why is it so hard for Spanish democracy to touch that brooding mausoleum in the mountains?
“Let’s take this terrible monument as an opportunity,” says Ferrandiz. “It is the biggest Francoist monument of them all, and it is where all the complexities come together. If the debate has to happen somewhere, if we are to find a consensus about our history, it has to be around the Valley.”
Wandering amid the acres of grey granite, it is not easy to share Ferrandiz’s hope that change is in the air. All that heavy stone and polished bronze convey an aura of timeless permanence. Who will have the strength to push aside the massive slab of stone that covers Franco’s grave? What ghosts will awake the day that Spain starts looking unflinchingly into the past, and attempts to finally separate perpetrators from victims?
No one knows. Perhaps the only certainty is contained in the famous line from William Faulkner cited in Cercas’s latest novel, one that could serve as the summary of Spain’s ever-simmering history wars: “The past is never dead. It’s not even past.”

http://www.ft.com/intl/cms/s/2/5e4e6aac-f42f-11e4-99de-00144feab7de.html#slide0

Fotografías de Alfredo Caliz

 

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La ARMH recibe un premio en EEUU

-El premio, con una dotación de 100.000 dólares, reconoce el activismo en defensa de los Derechos Humanos de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

-Emilio Silva, presidente de la asociación, lamenta que desde España no se reciban ayudas y “que tengan que ser los organismos internacionales” los que premien su labor. 

infolibre.es / Marta Semitiel / 06-05-2015

Emilio Silva, nieto del primer desaparecido por la represión franquista e impulsor del movimiento de recuperación de la memoria histórica en España, recogerá el premio Alba Puffin en Nueva York concedido a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

El galardón se concede bajo la categoría de Activismo en la Defensa de los Derechos Humanos y para Silva supone “un reconocimiento a los más de 700 voluntarios que han pasado por la asociación” en sus quince años de actividad. El premio tiene una dotación de 100.000 dólares (89.700 euros).

“Estamos muy contentos porque el premio nos va a permitir que no se cierre nuestro laboratorio de Ponferrada”, manifestó Silva en declaraciones a infoLibre. El presidente de la ARMH lamentó que desde España no se reciban ayudas y “que tengan que ser los organismos internacionales los que vengan a reconocer y premiar nuestra lucha”.

El premio Alba Puffin y las donaciones del sindicato de electricistas noruego ELOGIT son las únicas ayudas económicas que recibe la ARMH, según Silva. “De los quince años que llevamos trabajando, solo hemos recibido cuatro ayudas –españolas– que financiaron proyectos”, reconoció.

La ARMH cifra en 114.226 los desaparecidos a causa de la represión franquista en España. En un comunicado, la asociación aseguró que seguirá trabajando “contra el olvido y la falta de justicia”.

El premio Alba Puffin es uno de los mayores premios de Derechos Humanos del mundo, otorgado anualmente por los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln y patrocinado por la Fundación Puffin.

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Fotografía destacada: Labores de excavación llevadas a cabo por voluntarios de la ARMH. ARMH

http://www.infolibre.es/noticias/politica/2015/05/06/la_asociacion_para_recuperacion_memoria_hitorica_recibe_premio_estadounidense_32317_1012.html

 

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La ARMH recogerá el 9 de mayo en Nueva York el premio ALBA-Puffin

El próximo 9 de mayo, los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA) otorgará el Premio ALBA/Puffin al Activismo en Pro de los Derechos Humanos a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en España (ARMH). Dotado con 100.000 dólares, el Premio ALBA/Puffin es uno de los mayores premios de derechos humanos en el mundo, otorgado anualmente por ALBA y patrocinado por la generosidad de la Fundación Puffin, con el objetivo de honrar a las Brigadas Internacionales y conectar su legado inspirador con causas contemporáneas.
Más de 114.000 cuerpos yacen, sin identificación, enterrados en fosas comunes, víctimas de la represión durante la Guerra Civil Española (1936-1939) y la posterior dictadura franquista (1939-1975). Desde el retorno de la democracia en 1978, decenas de miles de españoles han anhelado localizar y exhumar los restos de sus seres queridos para honrar su memoria y darles un entierro digno. Sin embargo, desde hace casi cuatro décadas, “el Estado español prácticamente ha ignorado los derechos de las víctimas del fascismo español”, afirma ALBA.

La ARMH surgió a raíz de la lucha del periodista Emilio Silva para exhumar los restos de su abuelo de una fosa común en el noroeste de España, donde fue ejecutado por un grupo de pistoleros falangistas en octubre de 1936. En el año 2000, con la ayuda de un equipo de voluntarios, Silva desenterró el cuerpo de su abuelo junto con los de otros doce republicanos. La exhumación fue ampliamente difundida y muchos otros españoles se dirigieron posteriormente a Silva con el deseo de recuperar a sus propios familiares.

Silva fundó la ARMH en el año 2000. En sus 15 años de existencia, la ARMH ha llevado a cabo más de 150 exhumaciones de fosas comunes por todo el territorio nacional y recuperado los restos de más de 1.300 víctimas del régimen de Franco, aproximadamente un 8% de los desparecidos.

La Asociación ha hecho este trabajo con casi ningún apoyo estatal, olvidada por un gobierno que desde el año 2011 ha suprimido todas las ayudas destinadas a actividades relacionadas con las víctimas de la Guerra Civil y el franquismo. La ARMH trabaja con expertos forenses exhumando e identificando víctimas para establecer una base de datos de ADN y ha trabajado para poner los derechos de las víctimas y la justicia transicional en la agenda política española. A través de su labor de promoción a nivel nacional e internacional, el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas comenzó a incluir a España en sus informes a partir de 2003.

Parte de una iniciativa diseñada para mantener vivo el legado de las experiencias, aspiraciones y el idealismo de la Brigada Abraham Lincoln, el premio ALBA/Puffin da apoyo a causas activistas actuales. El premio fue creado por el filántropo y visionario Perry Rosenstein, presidente de la Fundación Puffin, que en 2010 estableció un fondo dotado para este premio.

Fundada en 1979, los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln (ALBA) es una organización educativa sin fines de lucro que promueve la sensibilización pública, la investigación y el análisis con respecto a la Guerra Civil Española y su significado histórico, político y artístico, sustentado en un importante archivo ubicado en la Biblioteca Tamiment de la Universidad de Nueva York. Las miles de cartas, folletos, carteles, escritos, fotografías y películas almacenadas allí son consultados por investigadores y estudiantes de todo el mundo. ALBA también auspicia exposiciones, publicaciones, presentaciones y programas educativos para maestros de escuelas secundarias, con el fin de preservar el legado de activismo progresista de la Brigada Abraham Lincoln como inspiración para generaciones presentes y futuras.

 

http://www.diarideguerra.com/es/noticias/1166/la-armh-recibe-un-premio-internacional-en-pro-de-los-derechos-humanos-dotado-con-100000-dolares.html

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El PSOE se opone a la entrega de los ministros franquistas reclamados por Argentina

Infolibre.es/29-04-2015

-Los socialistas esgrimen que la Audiencia y el Supremo ya han defendido la prescripción de los delitos de los que se les acusa

-Izquierda Plural, autora de la moción, aún confía en poder transaccionar la enmienda con el principal partido de la oposición

El PSOE se opuso este miércoles en el Congreso de los Diputados a la entrega a Argentina de varios exministros franquistas reclamados por la juez María Servini, junto con otras autoridades del régimen, a las que acusa de crímenes contra la humanidad cometidos en España durante la dictadura de Francisco Franco.

El PSOE enmendó la moción consecuencia de la interpelación que el diputado de IU Joan Josep Nuet dirigió el pasado miércoles al ministro de Justicia, Rafael Catalá, en la que se reclamaba al Gobierno que reconsiderara su negativa a esta entrega. Propuso que, a cambio, se inste a la Fiscalía que investigue si los hechos de los que se acusa a una veintena de reclamados son constitutivos de delito en España.

Según esgrimió el diputado socialista Nacho Sánchez Amor en el hemiciclo, la Audiencia Nacional y el Tribunal Supremo ya han defendido en pasadas ocasiones la prescripción de los delitos de los que se les acusa por lo que la interpretación de la legislación excluye la extradición.

Sánchez Amor reconoció que este hecho deja “una sensación amarga” pero recordó que actuar así es aplicar las leyes aprobadas en democracia y, por tanto, proceder de forma distinta a la de los verdugos. “En una democracia los verdugos también tienen derechos, nosotros se los hemos dado”, subrayó.

Que se cumpla la ley de 2007

El representante socialista reclamó la puesta en marcha de otra vía, distinta a la judicial, que pueda servir para la reparación de las víctimas y la recuperación de la memoria histórica. “Hay que explorar otras vías, pongamos en marcha lo que establecía la Ley de Memoria Histórica de 2007, que ha sufrido una derogación de facto por parte del grupo que ejerce la mayoría”, dijo.

Así, su enmienda reclama que se dé “inmediato cumplimiento y desarrollo” a esta norma y se recupere la Oficina de Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura y la labor de localización de fosas y se proceda al entierro digno de los que yacen en montes y cunetas y a la retirada de todas las menciones conmemorativas de la sublevación militar, la Guerra Civil o la dictadura. El PSOE también pide el traslado de los restos de Francisco Franco fuera del Valle de los Caídos y se prohíba que se celebren allí actos de naturaleza política.

Por su parte el PP, en boca del diputado Pedro Gómez de la Serna, recordó al resto de partidos de la izquierda presentes en el hemiciclo, y en particular al representante de Amaiur Xabier Mikel Errekondo, que el último gran genocidio sufrido en España es “el terrorismo de ETA” y otras organizaciones terroristas.

El parlamentario conservador cuestionó la entrega de los reclamados por la juez Servini. “Me niego a pensar que la justicia argentina sea de mayor calidad que la española”, dijo, y remarcó que esta cuestión, está jurídicamente resuelta.

Revocar el acuerdo

Nuet reclamó que el Congreso inste al Gobierno a revocar el acuerdo del 13 de marzo de 2015 por el que denegó la extradición de esas 20 personas reclamas por la jueza María Servini, tres de las cuales ya han fallecido, y entre las que se encuentran los exministros Alfonso Osorio, Rodolfo Martín Villa y José Utrera Molina.

Además, IU-ICV-CHA quiere que la Cámara emplace el Ejecutivo a “cumplir de inmediato la orden de detención preventiva cursada por Interpol” contra los 17 reclamados que continúan vivos, de manera que sean puestos a disposición de la Audiencia Nacional en cumplimiento de las leyes españolas de Extradición Pasiva, de Cooperación Internacional en Materia Penal y del Tratado Bilateral de extradición vigente ente España y Argentina.

Su iniciativa contará con el apoyo del Grupo Mixto, PNV y CiU mientras que UPyD adelantó que se abstendrá en la votación, que se hará mañana jueves. Nuet se comprometió a dialogar con el PSOE para transaccionar la enmienda presentada.

Según explicó, no acceder a la entrega supone amparar la impunidad y proteger a personas sospechosas de haber cometido delitos internacionales. En su opinión, el acuerdo del Consejo de Ministros deja en “profundo desamparo” a los familiares de las víctimas. “Hagan un favor a nuestra historia, convivencia y reconciliación, pongamos a los verdugos ante los jueces y que sean ellos los que tengan la última palabra”, dijo.

Fotografía destacada: El líder del PSOE, Pedro Sánchez, durante la sesión de control al Gobierno de este 29 de abril. EFE

http://www.infolibre.es/noticias/politica/2015/04/29/el_psoe_opone_entrega_los_ministros_franquistas_reclamados_por_argentina_32042_1012.html

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Un documental desvela las torturas a menores en los internados del franquismo

La Marea/Brais Benítez/27-04-2015

“Me quemaban el culo con velas y me restregaban ortigas por mis partes por orinarme en la cama”; “lo que le hice a este señor sé que se llama felación, pero yo entonces no tenía ni idea”; “pensé en suicidarme. Que un niño con 12 años piense en eso es muy duro”. Son algunos testimonios de los centenares de miles de niños y niñas que pasaron gran parte de su infancia, cuando no toda, encerrados en internados y centros de beneficencia durante el franquismo y los primeros años de la democracia. Allí fueron víctimas de palizas, violaciones, trabajo esclavo y vejaciones, en unos centros que el régimen utilizaba para su propaganda. Unas dramáticas experiencias vitales que quedaron sepultadas por el silencio y que recoge el documental Los internados del miedo, realizado por dos de los periodistas que más han documentado la barbarie de la dictadura en España, Montse Armengou y Ricard Belis, y que este martes estrena el programa Sense Ficció de TV3.

Los testimonios que han podido recabar destacan por su crueldad y evidencian la impunidad con la que órdenes eclesiásticas que cobraban por cada niño que acogían, e incluso funcionarios del Estado, actuaban contra unos menores que no tenían manera de defenderse ni denunciar. “Me llevaron a Sant Boi. A veces yo le contestaba a la monja y me castigaban con electrochoques, pero no porque estuviera loca, sino como castigo”, relata en la cinta Julia Ferrer, sobre su experiencia en la Casa de la Caridad de Barcelona. “Venía el sacerdote con la mano bajo la sotana, tocándote y tocándose él, teniendo un orgasmo. Y a este mismo señor al día siguiente lo veías dando misa a las 8 de la mañana. Mi creencia en Dios quedó trastocada”, explica Joan Sisa, que pasó varios años en las instalaciones Llars Mundet de la capital catalana, un internado inaugurado por Franco para acoger a niños procedentes de familias desestructuradas.

Algunos de los afectados dan fe de la explotación laboral a la que fueron sometidos. “Yo fui vendido. Me sacaron del colegio y me llevaron a León a cuidar ganado a los montes completamente solo, con 13 años”, cuenta José Sobrino, uno de los afectados. “Nos hacían lavar de la mañana a la noche con sosa. Me quedaron las manos llenas de agujeros, con sangre y pus. En el colegio éramos esclavas”, afirma Isabel Perales sobre sus años en el centro religioso Ángeles Custodios de Bilbao.

Internados

 

Otros testimonios relatan palizas cotidianas y vejaciones delante de los demás niños. “Un aspecto en el que hemos incidido bastante es en que no se trataba de castigos que se estilaban en la época, como podía ser pegar con una regla en la mano en la escuela, sino que rayan la tortura: los apaleaban de forma cruel, los humillaban en público, de manera que les han quedado secuelas terroríficas o les daban una comida infecta y si vomitaban les obligaban a comérselo, con el discurso aquél de ‘con el dinero que nos costáis y lo que hacemos por vosotros’”, expone Armengou. “Estamos hablando de mucha maldad, de mucho desprecio. Y un impacto muy fuerte para nosotros ha sido comprobar que este tipo de abusos tuvieron su auge en los 60 y 70, pero también se produjeron a principios de los 80. Con la amnistía del 77 mucha gente salió a la calle, pero en cambio estos niños continuaron encerrados en una especie de cárceles”, apunta.

La extensión del fenómeno

“El régimen franquista se encargaba de la beneficencia y la asistencia social, pero en la mayoría de casos era una beneficencia falsa, con ánimo de adoctrinamiento y formación ideológica. Además, había sido el régimen el que había creado esa situación: niños desvalidos porque los padres estaban en las cárceles, o porque se habían separado y la madre perdía la custodia, incluso abandonados porque la madre no podía soportar el estigma de ser madre soltera”, detalla Armengou. “Existía un organismo terrorífico, el Patronato de Protección de la Mujer, que se creó, textualmente, para ‘proteger a la mujer caída o en riesgo de caer’; pero ese centro que iba encaminado a la prevención de la prostitución acabó siendo un contenedor donde fueron a caer niñas en exclusión social, adolescentes con inquietudes políticas, o menores que habían sido violadas por algún familiar y se habían quedado embarazadas. A quienes encerraban era a las víctimas”, subraya la documentalista.

A pesar de no ser un fenómeno que sucediera en todos los internados, colegios religiosos, orfanatos, preventorios antituberculosos o centros de Auxilio Social, los casos de abusos físicos, psíquicos, sexuales, de explotación laboral y prácticas médicas dudosas ocurrieron en multitud de ellos. Tanto que después de elaborar documentales como Los niños perdidos del franquismo, Las fosas del silencio o el retrato del Valle de los Caídos Abuelo, te sacaré de aquí, es el trabajo con el que sus autores se han encontrado más casos entre conocidos y allegados. “Mucha gente nos ha dicho que su padre, su hermano, un amigo… ha pasado alguna experiencia no demasiado agradable en uno de esos internados. Es el documental en el que nos ha pasado más”, asegura Armengou.

Sin reparación

Los autores del documental contactaron con algunos de los presuntos responsables de esos abusos para corroborar las historias y contrastar información, pero estos no aparecen en la cinta, que se centra en dar voz a las víctimas. Algunas de ellas se encuentran adheridas a la querella argentina por los crímenes del franquismo, pues afirman no creer en la justicia española. Hubo quien recientemente acudió a la justicia eclesiástica que, “aunque parezca extraño, es mucho más dura que la civil para casos de abusos, con plazos de prescripción mucho más amplios”, señala Armengou, aunque los casos se cerraron al haber fallecido los presuntos culpables.

Al contrario de lo que sucedió en Irlanda, donde tanto el Estado como la Iglesia han condenado los casos de abusos a menores, en España el Estado ni siquiera ha escuchado a las víctimas. Es mediante trabajos como éste que, por primera vez, sienten que alguien se interesa por ellos y se atreven a desvelar sus traumas. Armengou destaca el cariño que reciben por ese trabajo: “Una vez más nos hemos encontrado unas muestras de agradecimiento brutales por parte de la gente. Con todas las dificultades continuamos haciendo una apuesta por estos temas, pero es increíble que tengamos que seguir haciendo de bomberos, de UVI y de primeros auxilios sobre la verdad y la reparación en este país. A nivel profesional es muy enriquecedor. Pero como ciudadana es una vergüenza”.

Fotografía destacada: Un sacerdote junto a niños internados en Llars Mundet, en Barcelona.

http://www.lamarea.com/2015/04/27/un-documental-desvela-las-torturas-a-menores-en-los-internados-del-franquismo/

 

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