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OLIVER LAW: EL PRIMER OFICIAL AFROAMERICANO QUE MANDÓ SOBRE SOLDADOS BLANCOS MURIÓ EN ESPAÑA LUCHANDO CONTRA EL FASCISMO

En tiempos de lucha contra el racismo queremos recordar a Oliver Law; brigadista internacional, primer oficial afroamericano en comandar soldados norteamericanos blancos. Tras la Batalla del Jarama, en la que el general Miaja dirigía al ejército de la República, ascendió a comandante de ametralladoras por su gran labor.

armhnotasdeprensa.blogspot.com / 04-06-2020

Law había nacido en Texas el 9 de julio de 1900. Tras el crack de 1929 profundizó su militancia en el Partido Comunista de Estados Unidos y su activismo por la justicia social. Participó en protestas contra la invasión de Etiopía por el ejército de Mussolini.

 

En 1936 se embarcó en Nueva York con rumbo a España, dispuesto a luchar contra el fascismo en suelo español como miembro del Batallón Lincoln, compuesto por unos 2.500 voluntarios norteamericanos.

 

Tras su gesta en la Batalla del Jarama y su ascenso a comandante, se convirtió en el primer oficial afrodescendiente en dirigir a un grupo de soldados blancos norteamericanos.

 

El 7 de julio de 1937 murió de un disparo en el conocido como Cerro del Mosquito, participando en la Batalla de Brunete.

 

El actor estadounidense Paul Robeson trató de llevar su vida al cine, pero la época de «caza de brujas» que se vivía en los Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial le hizo abandonar el proyecto.

 

Los documentalistas Alfonso Domingo y Jordi Torrent dirigieron en 2015 el documental: “Héroes invisibles: afroamericanos en la guerra civil española”. Aquí el tráiler: https://youtube.com/watch?v=2ikmDim5FR0

 

Y @latinapaterson nos recuerda en tuiter que no olvidemos a la enfermera  Salaria Kea, que aparece en la fotografía junto al doctor Byrne atendiendo a un bebé herido en el Hospital de las Brigadas Intenacionales en el Palacio de Villa Paz en Saelices (Cuenca). Archivo Brigadas Internacionales.

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Fuente:https://armhnotasdeprensa.blogspot.com/2020/06/oliver-law-el-primer-oficial.html?fbclid=IwAR2-uePiqc73MT9biOg5bFyHFyA4shxzxTw9BOQMC4yk8ABRa6BNWN_G_54

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Reflexiones en primera persona: ¿para qué sirve la memoria?

Soledad era una trabajadora de una fábrica de conservas que no tuvo la opción de elegir una vida sin política, como tantas otras a las que no nos llegan los rescates del sistema.

elsaltodiario.com / Daniela Ferrández / 02-06-2020

Marché para Galiza hace casi diez años y solo llevé conmigo mi memoria y un perro, y ahora puedo decir que los tres crecimos en paralelo en un fuego lento alimentado por la distancia, el amor que perdura y los deseos de no perder aquello que nos configura como parte de un todo. Sin embargo, yo, personalmente, y a diferencia de otras compañeras en la diáspora, pude experimentar unas cuantas veces al año ese complejo proceso de la vuelta, tan intensa como efímera, tan personal como colectiva, tan llena como sus propios vacíos.

Una vuelta a un universo al que no le bastaba ir a mil por hora para permanecer estático en mis adentros, paralizado por mi propio miedo de no ser reconocida como lo que soy, miedo de que nuestros caminos paralelos nunca se volvieran a juntar y, a fin de cuentas, miedo de perderlo. Es por eso por lo que mis retornos no se redujeron a un espacio, sino que se tiñeron de profesionalidad para buscar en las fuentes históricas rastros de su pasado (y del mío).

De esta forma, en estos últimos diez años escribí un libro sobre la represión franquista en mi pueblo, Almoradí (Alacant), donde recogí información de más de 150 consejos de guerra utilizados por el ejército franquista para ejercer la violencia contra sus vecinas. Volví, además, sobre muchas de estas trayectorias en mi TFM y en mi tesis, donde me dediqué a juntar pequeñas biografías de individuos que revelaran una panorámica completa de aquella sociedad que yo quería mirar.

En este proceso, hubo historias que llegaron a marcar mi vida y mis decisiones, referentes que me emocionaron y me empoderaron, que me enseñaron a llorar. De hecho, aquí y ahora, haciendo el ejercicio de recordar a una mujer que no conocí, Soledad Amorós Girona, me atrevo a reconocer algo que no fui capaz de reconocerle al tribunal de mi tesis cuando me preguntó, un tribunal al que no le acababan de bastar las argumentaciones académicas que en ella explicaban por qué era necesario para el conocimiento en general trabajar la historia de mi pueblo. Ahora, acordándome de Soledad, siento la fuerza para decir que quise utilizar algo que aprendí en la academia, la investigación, para volver, para emocionarme, y, sobre todo, para buscarme.

Poco después del Golpe, Soledad y otras compañeras no dudaron en enfundarse el mono de milicianas y cambiar el latón de la conserva por el acero del fusil

Soledad era una trabajadora de una fábrica de conservas que no tuvo la opción de elegir una vida sin política, como tantas otras a las que no nos llegan los rescates del sistema. En 1931 su hermano José fue asesinado cuando acudió a protestar a un mitin de la derecha republicana, por considerar que se trataba de un partido tapadera de los antiguos monárquicos. Ese mismo año ella se sindicaba en el primer sindicato de mujeres del municipio, el de obreras conserveras, a la vez que el resto de su familia se adhería al Partido Comunista y a la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra. Poco después del Golpe, Soledad y otras compañeras no dudaron en enfundarse el mono de milicianas y cambiar el latón de la conserva por el acero del fusil. Los informes de Falange la acusan de formar la milicia femenina, pronunciar mítines ante las masas y en ellos, insultar y menospreciar con palabras soeces a sus “Gloriosos Generales, especialmente al Caudillo”.

En el fondo, y pese a la épica del asunto, las evidencias revelan que las milicianas de mi pueblo solo pudieron configurar un espacio propio adscrito a las Juventudes Socialistas Unificadas, la Unión de Muchachas, un local donde se formaban y hacían representaciones teatrales. Su guerra, por lo tanto, fue también la guerra de ser mujeres, ya que su papel se relegó a coser ropas para el frío frente de Teruel y preparar “conejo con tomate” para los milicianos.

Esta irremediable asunción, redundaba en que no pudieran ser relacionadas directamente con ninguno de los asesinatos cometidos por los republicanos en la villa en tiempos de retaguardia, por lo que fueron acusadas de una suerte de “traición a su género” que recuerda a la que reproduce Margaret Atwood en El cuento de la criada. Como bien me dijo una informante, “a Soledad le tenían mucha manía porque era una mujer de armas tomar, la llamaban la Pasionaria”.

A Soledad Amorós y a Luisa Rebollo se les aplicó la pena de muerte, si bien a la segunda le fue conmutada por quedar tetrapléjica en la prisión, posiblemente a causa de las palizas

La documentación de los consejos de guerra lo corrobora. En los expedientes de Soledad Amorós, alias “la Pasionaria”; Trinidad Montesinos, alias “la Culebra”; Remedios Zaragoza, alias “la Zaragoza”, e Luisa Rebollo, alias “La Campesina” nunca se les perdonaría vestir los pantalones del mono de milicianas, llevar un arma, y, a fin de cuentas, invadir el espacio público siendo mujeres. Fueron criminalizadas como lo fue todo lo que cuestionara su norma sacrosanta, y, por lo tanto, acusadas de inductoras y represaliadas por ello. A la Culebra y a la Zaragoza se les condenó a treinta y veinte años de prisión respectivamente, mientras que a la Pasionaria y a la Campesina se les aplicó la pena de muerte, si bien a la segunda le fue conmutada por quedar tetrapléjica en la prisión, posiblemente a causa de las palizas.

Otra informante me contó cómo siendo una nena vio a Soledad cuando era sacada de la cárcel que improvisaron los falangistas en el hospital —cuestión de prioridades—, y la llevaban para ser fusilada. Sus ojos se iluminaban al decirme “como yo soy tan roja, lo vi”. La memoria se mezclaba con la identidad y el resultado ante mí era esa señora en toda su profundidad, en toda su claridad humana. En ese punto en el que se juntaban la empatía y el reconocimiento, y que es capaz de formar pilares que den forma a comunidades.

Me contó que en ese momento que sacaban a Soledad, muchas vecinas desafiaron el nuevo poder de los falangistas y levantaron el puño con ella, entonando el “adiós muchachos” de Carlos Gardel. “Adiós muchachos, compañeros de mi vida”, cantaba la señora antes de que ese recuerdo le hiciera de enlace con otro en el que se reconocía como mujer. De nuevo la memoria y la identidad. Esta vez el brillo de los ojos desapareció entre su ceño fruncido cuando soltó que, según escribiera Soledad en una carta, la mataban porque el falangista jefe de la prisión quiso “hacer con ella” y esta se negó. Soledad fue fusilada y enterrada en la fosa 524/2009 del cementerio de Alicante en 1941, después de dar a luz a su hija, con la que tuvo la suerte de poder retratarse, y yo de ponerle cara, gracias a la amabilidad de un descendiente.

Según escribiera Soledad en una carta, la mataban porque el falangista jefe de la prisión quiso “hacer con ella” y esta se negó. Soledad fue fusilada y enterrada en la fosa 524/2009 del cementerio de Alicante en 1941

La memoria es un proceso que bebe del pasado, pero que se construye en el presente. Y yo construí la mía con respecto a mis antecesoras, a mi tierra y a mis referentes. Decidí no olvidar a Soledad, y aportar mi grano de are al hecho de que en el pueblo no exista ni una sola mención a estas mujeres. Lo mejor de todo es que en mi vida las necesité, cosa que no podía haber imaginado antes de descubrirlas. Me vi en Soledad Amorós antes de volver a mi pueblo para contarle a todo el mundo que era trans. Sentí que aquellas mujeres que levantaron el puño para cantar con ella a Gardel seguían ahí y aparecerían tras la vigilancia que yo tanto temía. Quizás, sin eso, nunca me habría atrevido a dar el paso y a comprobar que así fue, que siempre existiría humanidad, amor, comunidad y vecindad para imponerse al odio.

Cuando hoy teorizamos y debatimos sobre la necesidad de buscar, trabajar y construir una memoria LGTBI de Galiza lo hacemos partiendo del anhelo de nuestras soledades. Necesitamos conocer a aquellas que lucharon, porque solo con su lucha lo consiguieron. Dejaron estela, rastro, cambios, y, a fin de cuentas, un mundo más vivible de como lo encontraron. Necesitamos más Elisas y Marcelas, más Soledades, y eso, solo puede hacerse apostando por la investigación y la colectivización de los resultados. Necesitamos repensar, emocionarnos, clarificarnos en esa mezcla de identidad y memoria, de lo que realmente somos.

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Fotografía destacada: Antes de ser fusilada y enterrada en una fosa en Alacant, Soledad pudo ser retratada con su hija.

Fuente:https://www.elsaltodiario.com/memoria-historica/reflexiones-primera-persona-para-que-sirve-memoria-lgtbi-soledad-amoros-girona

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Con los ojos de Bautista en Neuengamme

Los hermanos Muñoz, Bautista y Francisco, permanecieron un año en un campo de concentración nazi en el noroeste de Alemania, pero los deportados a Neuengamme no cuentan con reconocimiento, homenajes ni han entrado en la lista del BOE de hace meses

latribunadetoledo.es / M.G. / 31-05-2020

Se salvó de la cámara de gas, de una paliza mortal o de una inyección de benceno por sus ojos azules. Bautista Muñoz era muy alto, castaño claro y de intensos ojos azules, algo que apreciaban los nazis, aunque nunca pensó que supondrían su salvoconducto en Neuengamme. Quizá también tuvo algo que ver que fuera ebanista, como su hermano, con el que compartió un año de internamiento en un gran campo de concentración, que contaba con 60 subcampos, veinte de ellos en Hamburgo.

«¡Qué tontería, cómo voy a ver Neuengamme con tus ojos!»,  le soltó Gloria -apodada Mayu- a su padre las pocas veces que hablaron del tema. No entendía la promesa porque Bautista apenas hablaba de aquello, pero fue lo que le dijo antes de morir a los 72 años. También que tenía que quedarse con el uniforme de rayas que conservaba. Terminó cumpliendo aunque le costó y visitó Neuengamme hace cinco años  por insistencia de sus hijos, que la acompañaron en un viaje tan dramático. «Sólo vi dolor allí dentro y fue complicado porque tuve el corazón encogido todo el tiempo», recuerda. «Las palabras de mi padre se me quedaron taladradas, pero entendí por qué tenía que ver el campo con sus ojos, quería transmitirme lo que pasó, que todos somos seres humanos y que no puede volver a repetirse».

Bautista y su hermano Francisco, 19 meses mayor, llegaron juntos Neuengamme en mayo de 1944, un año antes de su liberación, cuando los alemanes ya tenían la amenaza de la derrota encima desde hacía meses. Pero eso allí dentro no se notaba. El campo de concentración tenía una población de unos 50.000 reclusos y la entrada de los hermanos de Talavera de la Reina coincidió prácticamente con la llegada del primer grupo numeroso de presas procedentes de Auschwitz, que trasvasó en total a 10.000 deportadas que fueron distribuidas por los satélites de esta antigua fábrica de ladrillos vacía.

Con los ojos de Bautista en Neuengamme

Neuengamme dejó un testamento aterrador en sus siete años de funcionamiento, unos 56.000 reclusos muertos, unos gaseados en sus dos cámaras, otros agotados por la hambruna, por los inhumanos trabajos forzados, o por la epidemia de tifus que se cebó con los internos en distintas fechas por el hacinamiento y las malas condiciones higiénicas. En el memorial del campo se alude a esta terrible enfermedad que se propagó con rapidez y provocó un millar de víctimas mortales a finales de 1941.

En primavera, las SS decidieron habilitar un crematorio en el recinto para ahorrarse los continuos traslados de cuerpos a Hamburgo. Meses más tarde, se construyó la segunda cámara para gasear a los prisioneros y esparcir sus cenizas en las zonas verdes de Neuengamme.

Bautista y Francisco se salvaron, quizá por su constitución o  por ser ebanistas y realizar encargos durante el año que permanecieron en este recinto, pero fueron meses muy duros de los que el padre de Mayu hablaba lo justo. Lo hacía en ocasiones porque aprendió a enmudecer muy pronto y su hija ha ido reconstruyendo sus años en Francia, sus tres  encarcelamientos previos -Rouille, Voves y Compiegne, este último durante dos días-, por sus pocos comentarios, lo que se ha ido escribiendo a lo largo de los años y la documentación hallada.

El tren de mercancías, preparado para un largo y agotador trayecto, vaticinaba un viaje inhumano.   Las cuentas no salían a pesar de la veintena de vagones en hilera de menos de 40 metros cuadrados abiertos para recibir a más de 2.000 prisioneros de 17 nacionalidades distintas que no llegaron a imaginar las horas interminables hacinados, sin comida, sin agua, sin espacio para sentarse o recostarse para coger fuerzas. Tampoco supieron su destino ni que las SSse tomaban estos traslados como parte de su sistema de exterminio, un primer experimento que conseguía diezmar  el pasaje de cualquiera de los ‘trenes de la muerte’. El convoy 1.214 no iba a tener mejor suerte.

Mayu se enteró de algunas cosas cuando su padre se atrevió a lanzar algunas confidencias con la llegada de la democracia. «Los metieron en un vagón y no les dieron agua en todo el trayecto». El viaje duraba tres días y los pasajeros se organizaron para intentar moverse en círculo «y chupar los barrotes». El cansancio hizo mella en pocas horas  y el desgaste físico de estar de pie era insoportable, pero todo aquel que caía al suelo moría y había que sobrevivir.
«Parece que hicieron una parada en otro campo de concentración antes de llegar a Neuengamme, pero no los dejaron bajar  y algunos deportados pidieron agua a los SS que descansaban fuera». A Mayu le cuesta reconstruir una escena tan escabrosa. «Los SS señalaron un bidón con orina y le pregunté a mi padre: ‘¿No os lo bebisteis no?’ No me contestó. Bajó la cabeza y lo único que dijo fue ‘La gente se volvía loca’.

Nace la asociación El viaje de Mayu para reconstruir la historia de su padre y de su tío, honrar su memoria y dar voz a los deportados españoles en este campo de concentración cercano a Hamburgo se ha encontrado con algún tropiezo, pero espera que en las próximas semanas el colectivo que han formado una treintena de familias, bajo el nombre Amical de Neuengamme, sea operativo porque ha cumplido con todos los trámites. Aun así, el parón de actividad por la pandemia del Covid-19 ha retrasado la validación del Registro Central, obligó a cancelar el vuelo previsto para visitar el campo a primeros de mayo y reunirse con el cónsul de Hamburgo y a anular un emotivo acto en Talavera de la Reina en homenaje a Bautista y Francisco, en el que participaba la Universidad a Distancia (UNED).

El acto también contaba con la colaboración de los historiadores Benito Díaz, y Antonio Muñoz, este último investiga desde hace tiempo el listado de españoles, unos con nombres y otros con número de ingreso, que pasaron por Neuengamme y poco a poco va identificando más y poniéndose en contacto con sus familiares.

«Antonio me llamó hace un par de años  después de localizar a un hermano de mi padre para preguntar» y ahí comenzó a hilvanarse el paso de los Muñoz por este campo de concentración. También entonces Mayu tuvo la oportunidad de ponerse en contacto con otros familiares  y comenzar a trabajar para formar una asociación que ayude a visibilizar la memoria de una buena cantidad de deportados que no figura en los incompletos listado del Gobierno, que únicamente han reflejado 4.427 nombres cuando los historiadores llevan años aportando datos e investigaciones que establecen en unos 10.000 el número de deportados a campos nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

De momento, el trabajo del historiador Antonio Muñoz ha permitido elaborar una lista con más de 500 nombres, aunque aún quedan muchos que todavía permanecen en el anonimato. Incluso Alemania lleva meses intentando localizar a familiares de algunos deportados españoles para entregarles objetos y pertenencias que aún siguen sin dueño.
«Cada uno tiene sus vivencias y sus ideologías, pero como asociación queremos reconocer a nuestros familiares  y que no caigan en el olvido». También comparten la necesidad de seguir dando a conocer sus historias públicamente «para que nunca más se repita algo tan tremendo».

Fin del trayecto Las puertas del tren se abrieron de golpe junto al inmenso complejo de Neuengamme. Mayu no sabe mucho de ese año de internamiento, salvo algunos episodios sueltos que le comentó su padre cuando  lo vio oportuno y únicamente compartía con ella a pesar de tener cuatro hijos más.

«Mi padre y mi tío lo pasaron mal como todos, pero su profesión de ebanistas ayudó a sobrellevar la hambruna», los castigos y el día y la noche en un recinto que olía a miedo, a enfermedad y a muerte a pesar de que en la primavera de 1944 el poder nazi se desdibujaba por las derrotas y  el avance de los aliados.

Los hermanos Muñoz no se separaron en esos doce meses y fueron destinados, o al menos permanecieron un tiempo, en uno de los 85 subcampos externos de Neuengamme, una antigua mina de sal. Mayu fue conociendo estos detalles gracias a Balbina, la hija de un deportado llamado Evaristo que compartió muchas horas con los hermanos talaveranos, a los que estaba muy agradecido porque le proporcionaban algo de comida y leche para sobrevivir en un pequeño cuerpo famélico a punto de agotarse.

«Mi padre siempre ha ayudado a todo el mundo y supongo que allí  se cuidaban unos a otros como podían», pero valora el gesto de agradecimiento de Balbina, con la que ha hablado muchas horas por teléfono de este tema y tiene muchas ganas de conocer en persona. Su amiga le contó hace tiempo que los hermanos Muñoz, que también compartieron tren con Evaristo, le llevaron durante algún tiempo «la leche que el cocinero del campo dejaba a su gato negro» para que se repusiera, también peladuras y restos de comida cuando podían, que se repartían entre los más débiles.

Mayu y Balbina han comentado en varias ocasiones que ninguno de ellos tuvo relación con otros prisioneros españoles una vez liberado Neuengamme, pero la hija de Evaristo sí sabía que a su padre le hubiese gustado encontrarse años después con los ebanistas de Talavera para abrazarlos fuerte.

Bautista se quedó «muy traumatizado» aunque no lo compartiera con su familia. «Algunas noches los kapos de las SS entraban en los barracones, señalaban a alguien, se lo  llevaban sin más y no volvían a verle». Lo que más le angustiaba es que algún día le tocara a su hermano Francisco y ese miedo pudo provocar que Mayu siempre haya visto dormir a su padre con la luz encendida de una lamparita atenuada por el trapo que ponía encima.

También le resultaba curioso su fobia a lo oscuro. «El negro lo odiaba a muerte y  no podía ponerse nada de ese color». A Mayu le sorprendía, pero entendió que se trataba de un trauma  o de una secuela del campo de concentración y no ahondó más.

Bautista tampoco relató la liberación del campo el 4 de mayo de 1945 por las tropas británicas, salvo «que notaban algo porque vieron meterse a gente dentro del campo». Días antes, los SS comenzaron una evacuación forzosa trasladando a numerosos presos al cercano campo de Belger-Belsen, aproximadamente unos 10.000 prisioneros formaron parte de la marcha de la muerte hacia Lübeck y, al menos, otros 6.500 fueron obligados a montar en dos barcos de los que únicamente sobrevivieron 600 tras el bombardeo por error de los británicos, que no pensaron que los alemanes llevaban prisioneros.

hermanos se quedaron seis meses en Alemania para curarse de las distintas enfermedades que traían de Neuengamme, pero nunca terminaron de sanar del todo porque Bautista arrastró problemas derivados de «unos bronquios destrozados» sus últimos veinte años de vida y murió con 72 años.

Sus otras batallas «Mi padre siempre estuvo muy agradecido a todos los que les ayudaron tras el campo. No tenían nada, pero recibieron unos pantalones, les curaron las heridas, pudieron comer caliente» y recuperarse antes de buscarse la vida y pensar dónde ir. El camino de los hermanos Muñoz se separó y Bautista decidió emigrar a Venezuela mientras Francisco se quedó en Francia, pero ambos echaban de menos España a pesar de que ya llevaban años sin pisarla.

se casó con Gloria Cejas  y ambos intentaron regresar al cabo del tiempo, pero él no conseguía permiso, así que ella se trasladó a Talavera en 1960 con tres hijos y otro en camino, y dos años más tarde, en diciembre de 1962, entró Bautista. La dictadura y su burocracia pusieron muchas trabas desde el principio. La familia no disponía de libro de familia, ellos estaban casados por lo civil y tuvieron que formalizar el matrimonio por la iglesia a pesar de que él era ateo. En aquellos momentos incluso se llegó a considerar que sus tres hijos mayores eran ilegítimos y tenía que adoptarlos.

«Mi padre era muy echado para adelante y se comía el mundo, pero el día que volvió a España decidió también morderse la lengua y sopesó lo que había pagado por una ideología, al fin y al cabo, se trataba «de un rojo», explica con énfasis su hija. Nunca militó en un partido, pero su ideología comunista se fue suavizando con los años para acercarse al socialismo.

El salto fundamental que ayudó a establecerse a esta familia en Talavera llegó con el ofrecimiento de Tomás, hermano de Bautista, para que trabajase con él en una fábrica de muebles que había montado y este contrato familiar fue su salvaconducto para poder establecerse en Talavera. El reencuentro tuvo que ser especial porque no veía a sus padres ni hermanos, salvo a Francisco, desde1939. Sin embargo, en esos años sufrió una gran pérdida, la de su inseparable hermano Francisco, al que volvió a ver en los 60 en una boda en Talavera, pero apenas tuvo tiempo para despedirse porque murió el mismo día que iba a coger un avión para regresar a Francia. Sus hijos decidieron que sus restos reposaran aquí, cerca de sus hermanos.

En aquel momento se perdió la historia compartida de estos dos hermanos que huyeron a Francia tras luchar en el bando republicano durante la Guerra Civil para evitar la cárcel o el fusil.

El exilio en Francia tampoco trajo tranquilidad. «Me contó que estuvieron en dos campos de refugiados y del último se escaparon los dos, siempre estaban juntos», subraya Mayu. Le hubiera gustado conocer más sobre esta etapa, pero añade que lo único que sabe es que  formaron parte de la resistencia francesa y los sorprendieron «pasando gente», con lo que fueron trasladados a cárceles francesas hasta que formaron parte del pasaje del tren para Neuengamme.

Mayu seguirá honrando la memoria de su padre a través de la nueva asociación, recopilando más documentación y echando de vez en cuando un vistazo al traje de rayas que guarda desde hace tiempo  para que nadie olvide la historia de Bautista, el número 31.274 de Neuengamme.

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Fotografía destacada: Con los ojos de Bautista en Neuengamme

Fuente:https://www.latribunadetoledo.es/Noticia/Z03F53D00-FA79-6940-BD49D086F1C1F6C5/202005/Con-los-ojos-de-Bautista-en-Neuengamme?fbclid=IwAR1d_9nBEdrDPSZe6g1Yqe8uShlyC6wpVwpCTUMQjnX47KsZILMyIQ_PLbA

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Exposición: Boix, el fotógrafo de Mauthausen

NOMBRE: BOIX, FOTÓGRAFO DE MAUTHAUSEN

DESCRIPCIÓN
Existe un desconocimiento generalizado de la realidad de españoles y gallegos en los campos de concentración y de exterminio nazi. Escapando de la represión franquista, se exiliaron a Francia y les sorprendió la Segunda Guerra Mundial. Fueron víctimas de la represión nazi y, además, de su olvido en España.
Por estos motivos, la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica) colabora en la organización de la exposición sobre Francesc Boix, preso de Mauthausen y fotógrafo catalán quien ayudó a documentar con sus fotografías el horror sufrido en los campos nazis.
La trayectoria vital de Boix va inequívocamente unida al destino de miles de españoles refugiados de guerra en Francia tras la victoria franquista en 1939, posteriormente declarados apátridas y que serían deportados a los campos de concentración nazi en Alemania. Otro destino se cruzará en su vida: su cámara y sus conocimientos en fotografía retratarán las condiciones lamentables y de muerte en los campos y a sus ejecutores. Fue un importante testigo en el juicio de Nüremberg de condena del régimen nazi. Allí pudo documentar lo sucedido gracia a miles de archivos.
Parte del material fotográfico está en esta exposición ordenada temáticamente.

IDIOMA
Español

CARACTERISTICAS
· 18 rollups de 80×200 cm (anchoxalto). Están numerados para exponer cronológicamente. Algún rollup puede que haya que engancharlo en la pared.
· 2 carteles en cartón pluma de 180 x 50 cm aproximadamente anunciadores de la exposición.

MONTAJE
Fácil montaje. Rollups y cartón pluma.

PRECIO
60 euros más gastos de transporte

PROPUESTAS COMPLEMENTARIAS
·Acto de Inauguración
· Diversos documentales sobre Boix y sobre Mauthausen
·Visitas guiadas
·Conferencias y Encuentros con expertos y/o familiares
·Típtico informativo

CONTACTO
trianguloazul.armh@gmail.com

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La exhumación de la mayor fosa del franquismo en Sevilla saca ya a la luz a casi un centenar de represaliados

Además de ser la primera fosa común cuya exhumación se acomete en la ciudad de Sevilla, es también la de mayor envergadura que se afronta en el conjunto del país.

eldiario.es / Javier Ramajo / 26-05-2020

Los trabajos de exhumación en la fosa común de Pico Reja de Sevilla están arrojando datos y conclusiones tras arrancar el pasado 19 de enero. Un total de 502 sujetos han sido localizados, de los cuales 412 han sido exhumados y 84 de ellos presentan posibles evidencias de haber sido represaliados. 157 osarios y un centenar de ataúdes, junto a 158 restos aislados en desconexión anatómica, completan la distribución de los sujetos exhumados hasta el pasado 30 de abril.

Estos datos se contemplan en el último informe de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, adjudicataria del concurso público convocado por el Ayuntamiento de Sevilla y para la que trabaja un equipo multidisciplinar de arqueológos, antropólogos, sociólogos, historiadores, etc. Todo el proceso de trabajo ha implicado ya la “revisión de decenas de miles de restos”, si bien para la contabilidad de evidencias localizadas, excavadas y exhumadas diferencian varios grupos: inhumaciones primarias que podrían corresponder a la población reclusa fallecida en la cárcel, actividad funeraria normalizada (ataúdes), restos óseos aislados y dispersos, y conjuntos secundarios.

Según el informe, “cualquier tipo de material óseo exhumado, proceda de osario o de conjuntos articulados, pasa por una revisión destinada a observar las zonas de rotura, defectos de sustancia o alteraciones que puedan atribuirse a episodios violentos o daños perimortem”. A lo largo de toda la intervención se está operando “con la eventualidad de que los presuntos depósitos de población asesinada hayan sido alterados e integrados en acumulaciones secundarias”, explica el informe.

Los mineros fusilados

La exhumación del material óseo de la fosa de Pico Reja, donde yacerían más de un millar de ejecutados por el franquismo, una cuarta parte del total de 4.500 represaliados depositados sin vida en el cementerio de San Fernando de la capital hispalense, parte del acotamiento de “realidades muy distintas, tiempos muy distintos y protagonistas muy distintos”, si bien en el informe se explica que se posee “suficiente información documental, arqueológica y antropológica para llegar a una serie de conclusiones sobre los contenidos de la fosa”.

Entre esas conclusiones está que “la cronología de los materiales inhumados en la fosa de Pico Reja desborda ampliamente la fecha de agosto de 1936” y que existe “una actividad funeraria no documentada e improvisada junto a otra que sigue los patrones usuales de enterramiento socialmente aceptados”. En ambos casos aportan “una cantidad ingente de material”.

Asimismo, apunta Aranzadi que la documentación recabada identifica “una población que se inhuma en julio y agosto, en teoría junto a las personas asesinadas, que supera ampliamente las cifras estimadas”. “La población represaliada con partidas en blanco supera en unos 300 sujetos a la estimada en las investigaciones anteriores a la fecha actual”, indica el informe, estando ante “evidencias inusuales detectadas, como sería la población reclusa, fallecida de hambre y enfermedad en las cárceles”. “No puede descartarse la presencia de sujetos asesinados por consejos de guerra, más allá del grupo de los mineros fusilados en los últimos días de agosto de 1936”, se señala también entre las conclusiones.

Patrones multiformes

Aranzadi indica que todas esas actividades “determinan patrones multiformes” en el modo en que se presentan los contextos arqueológicos y antropológicos, como material óseo suelto, material óseo “producto de la traslación de restos individualizados desde nichos o sepulturas del entorno”, o grandes osarios “que procederían de otros lugares en los cuales se ha producido una pérdida
de elementos anatómicos pequeños”.

También se presentan los restos en grandes depósitos mixtos con sujetos “con desplazamientos de zonas anatómicas que acontecerían cuando el sujeto estaba provisto de elementos de retención”, o en espacios de inhumaciones primarias en ataúd, conformando espacios más o menos amplios o compartiéndolos con osarios y conjuntos mixtos.

También se han apreciado “depósitos improvisados de material anatómico procedente de autopsias y amputaciones clínicas, que se incluyen en ataúdes o junto a éstos”. “La documentación de las inhumaciones que se desarrollan en paralelo a las personas represaliadas contempla escasas inhumaciones de este tipo, con lo que solo cabe pensar en material no documentado o en que se trata de materiales posteriores a agosto de 1936”, explica en ese sentido.

Intervención sin pausa

El informe, que aclara que la intervención en la fosa de Pico Reja no ha implicado ningún tipo de paralización completa de la actividad, como informó este periódico, y que durante los días de vigencia de la fase más restrictiva del Estado de alarma los trabajos se centraron en la revisión de materiales, actualización de datos y teletrabajo.

La intervención arrancó a finales de año gracias a un acuerdo entre Junta, Ayuntamiento y Diputación que costó terminar de fraguar y que aspira a identificar y dar digna sepultura a 1.103 represaliados por las tropas golpistas al inicio de la Guerra Civil, entre ellos, numerosos líderes sindicales y políticos sevillanos, según las investigaciones previas a los trabajos de exhumación.

Además de ser la primera fosa común cuya exhumación se acomete en la ciudad de Sevilla, es también la de mayor envergadura que se afronta en el conjunto del país. Entre los restos que se aspiran a encontrar estarían los de Blas Infante, padre de la patria andaluza. Con 671,34 metros de longitud (66 más de la dimensión inicialmente barajada por los historiadores) y una profundidad aproximada de cuatro metros, la fosa común de Pico Reja alcanza 2.685,36 metros cúbicos. El fin último es dignificar a las personas que fueron depositadas en la misma, darles un entierro digno y atender a las peticiones de las familias y su voluntad.

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Fotografía destacada: Tareas de exhumación en Pico Reja ARANZADI

Fuente:https://www.eldiario.es/andalucia/sevilla/exhumacion-franquismo-Sevilla-primeros-represaliados_0_1031347204.html

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Una familia recibe la carta de un soldado inglés escrita justo antes de morir en Dunkerque: «Lo superaré bien»

Harry Cole, de 30 años, redactó la misiva para su madre el 26 de mayo de 1940, pero se perdió después de que un francotirador nazi lo matara tres día después de un disparo en la cabeza. Su hermano, de 87 años, ha podido leerla ahora, 80 años más tarde.

abc.es / Israel Viana / 26-05-2020

«Mi querida madre, por fin puedo escribirte algunas líneas dentro de todo el ajetreo y bullicio de esta vida. Me ha alegrado mucho recibir tu carta y saber que estáis bien. La enviaste el día 12 y no la recibí hasta ayer, para que te hagas una idea del tiempo que ha tardado en llegarme. La razón es que no permanecemos muchos días en un mismo lugar, pero me hace muy feliz recibir tu carta, puesto que no nos llegan muchas noticias hasta aquí. Qué curioso… no es muy divertido estar en la guerra y no saber qué está pasando. Por favor, no te preocupes por mí. Lo superaré todo bien».

Así comenzaba la carta que un desconocido soldado británico escribió a su familia, desde Dunkerque, el 26 de mayo de 1940, hace hoy justo 80 años. Se llamaba Harry Cole y había aprovechado un pequeño descanso de los bombardeos para escribir unas líneas tranquilizadoras a sus padres y hermanos, puesto que hacía muchos días que no tenían noticias suyas. «No te preocupes por mí. Lo superaré», aseguraba, pero tres días después recibía un disparo en la cabeza que acababa con su vida de manera fulminante. Tenía 30 años.

La familia no supo que le había pasado hasta un tiempo después y, además, jamás recibió aquella misiva redactada justo el día que comenzaba la batalla de Dunkerque, una de las más sangrientas de aquellos primeros compases de la Segunda Guerra Mundial. Esta se perdió cuando las tropas británicas fueron evacuadas en la famosa Operación Dinamo y fue a parar a un cuartel local para que los censores la revisaran y se aseguraran de que no contenían secretos militares. Tras desechar el peligro, fue encontrada por un oficial del Tercer Reich en un camión abandonado, junto a otras 50 cartas más, que se llevó al trastero de su casa.

En 1968 decidió entregárselas a la embajada británica en Bonn y esta las remitió a la Asociación del Regimiento Suffolk, en Bury St Edmunds. Allí empezaron a buscar a los destinatarios, pero con la de Harry no hubo suerte. Estuvo guardada durante décadas en su archivo, hasta que una trabajadora nueva de la asociación que vive de Hasketon, el pequeño pueblo del condado de Suffolk de los Cole, reconoció el apellido. Conocía a Clemmie Cole, un carpintero retirado de 87 años, y fue a preguntarle sobre su familia. Entonces descubrió que su hermano mayor había muerto en la Segunda Guerra Mundial y se llamaba, efectivamente, Harry.

El espíritu de Harry

Hace unos días, ocho décadas después de que fuera escrita, la carta llegó por fin a su destino. De toda la familia solo han podido leerla Clemmie, que aún reside en la vivienda familiar de sus padres junto a su esposa Joy, y su otro hermano, Derek, de 89, que vive muy cerca. El resto ya ha fallecido. «Me emocioné mucho cuando leí las últimas palabras escritas por Harry», comentó el primero al diario «The Sun», donde recordó también que su madre contó durante toda la vida que, el día que murió su hijo por el disparo de aquel francotirador nazi, vio su «espíritu merodeando por la casa».

Harry Cole – East Anglia New Service

Cuando Harry murió, el 29 de mayo de 1940, las cosas no andaban muy bien para los aliados en Francia. Solo hacía 15 días que el presidente francés, Paul Reynaud, había despertado a su homólogo británico con una llamada urgente, a las 7.30 de la mañana, en el 10 de Downing Street. Winston Churchill, que nunca fue un hombre muy madrugador, aún dormía, y tardó un poco en ponerse al teléfono. Las primeras palabras de Reynaud le sobresaltaron y terminaron por despertarle: «Hemos sido derrotados. Hemos perdido la batalla».

La reacción inmediata de Churchill fue intentar tranquilizarle. La ofensiva nazi había comenzado solo cinco días antes y seguro que las cosas no iban tan mal, pensó, pero el 20 de mayo, medio millón de soldados británicos, franceses y belgas se encontraron bloqueados dentro de una pequeña zona costera que se extendía desde Calais hasta Ostende, al oeste de Francia. A medio camino entre aquellas dos ciudades estaba el puerto de Dunkerque, donde estaba Harry Cole.

El respiro de la guerra

Él y el resto de tropas que se encontraban dentro de ese enclave gozaron de un inesperado respiro el 24 de mayo, cuando las columnas de carros de combate germano hicieron un alto para permitir que la infantería les diera alcance. Fue ese el momento cuando nuestro protagonista aprovechó para escribir a su madre. Sin embargo, al día siguiente comenzó la ofensiva de los nazis y la mencionada Operación Dinamo, con el objetivo de embarcar y rescatar en las costas de Dunkerque al máximo número de soldados posibles. Lo consiguieron con 338.000, según los datos de Craig L. Symonds en «La Segunda Guerra Mundial en el mar: Una historia global» (La Esfera de los Libros, 2019), pero Cole no estaba entre ellos. Había seguido combatiendo con la Fuerza Expedicionaria Británica en el Primer Batallón del Regimiento de Suffolk, donde encontró la muerte tres días después.

Clemmie recordaba esta semana en el «Daily Mail» el día que llegó de la escuela y se encontró a su madre llorando por el telegrama que acababa de recibir, donde se informaba que su hijo Harry había desaparecido en una acción de guerra. «Ha sido un shock recibir la carta después de tanto tiempo. Me conmovió leer sus palabras, sabiendo que fue asesinado solo un par de días después de haberlas escrito. Mi madre tenía siete hijos. Harry era el mayor y, también, el favorito. Era un chico muy tranquilo y, aparentemente, aquella no era una vida para él, pero no podía abandonarla», cuenta.

«Ella solía decir que odiaba al ejército –añade–. Un día, cuando yo era niño, ella dijo de repente que había visto el rostro de Harry en la ventana de su habitación, durante la noche. Incluso le dijo a mi padre que se levantara a mirarlo, pero se había ido. Siempre pensó que aquella aparición era el espíritu de mi hermano visitando la casa justo el día que lo mataron».

Los hermano en la guerra

Harry no fue el único Cole que combatió en la Segunda Guerra Mundial. La familia estuvo marcada por ella de manera dramática. Otro de los hermanos, Wilfred, sirvió también en el Regimiento de Suffolk y pasó tres años y medio como prisionero de los japoneses, después de la caída de Singapur. Un tercero, Alfred, sirvió en la Royal Navy antes de ser enviado a Australia en 1945, donde desertó. Allí cambió de identidad y tardó una década en escribir a su familia y comunicarles que estaba vivo, casado y con dos hijos. Y un cuarto, Stan, también sirvió en la Royal Navy, pero después de la guerra se fue a vivir a Londres y tampoco contactó con sus padres ni sus hermano en el resto de su vida.

La carta de Harry Cole y otras escritas durante la guerra más desvastadora de la historia de la humanidad, se encuentran ahora en una exposición llamada «Con amor, desde Dunkerque», organizada por Suffolk Archives y Suffolk Artlink. «Es una historia sorprendente que demuestra la importancia y la naturaleza personal de nuestros archivos. Son cartas muy conmovedoras. Uno solo puede imaginar las dificultades y la angustia que estos soldados y sus familias debieron soportar. Es alentador pensar que ahora podemos ayudar a que algunas de ellas llenen ese vacío leyendo unas cartas que ni siquiera sabían que existían hasta ahora», declaró el concejal de Patrimonio Histórico del Condado de Suffolk, Paul West.

La carta completa dice así:

«Mi querida madre, por fin puedo escribirte algunas líneas dentro de todo el ajetreo y bullicio de esta vida. Me ha alegrado mucho recibir tu carta y saber que estáis bien. La enviaste el día 12 y no la recibí hasta ayer, para que te hagas una idea del tiempo que ha tardado en llegarme hasta mí. La razón es que no permanecemos muchos días en un mismo lugar, pero me ha puesto muy feliz recibir tu carta, puesto que no nos llegan muchas noticias hasta aquí. Qué curioso… no es muy divertido estar en la guerra y no saber qué está pasando. Por favor, no te preocupes por mí. Lo superaré todo bien.

Por favor, no te preocupes por mí, lo superaré bien.

¿Entonces Stan piensa unirse? Yo no me molestaría si fuera él. Debería esperar hasta que le llamen. De todos modos, puedes decirle que se unirá cualquier cosa menos a Infantería.

¿Qué pensaste de que los Jerry llegaran a Francia? Creo que pronto estarán huyendo de allí y, cuando eso suceda, nada les impedirá regresar a Alemania rápidamente. El número de Hitler está ya reservado y creo que el día que atrapen deberían asarlo vivo.

Lamento decir que Bob Bishop ha sido asesinado.

Bueno, mamá, papá y niños, creo que debo dejar de escribir una vez más. Espero que todos sigáis bien y que podáis salir adelante cuando todo esto termine. Espero que podamos volver a descansar. Que vuelva la paz y la tranquilidad de nuevo.

No te preocupes si, a veces, tienes que esperar mucho tiempo para recibir una carta mía, ya que muchas veces no podemos escribir durante días. También hay demoras para dejar el correo, así que, hasta la próxima, Cheerio. Mucho amor a todos, Harry.»

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Fotografía destacada: Soldados británicos, durante la evacuación de Dunkerque, en Francia, junto a la carta de Harry Cole – ABC / Suffolk Archives

Fuente:https://www.abc.es/historia/abci-segunda-guerra-mundial-familia-recibe-carta-soldado-ingles-escrita-justo-antes-morir-dunkerque-superare-bien-202005260144_noticia.html

 

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