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El entierro de Timoteo Mendieta tendrá lugar el 2 de julio: “Que venga toda la gente que quiera”

Los restos del sindicalista fusilado en 1939 serán trasladados al tanatorio de la M-30, en Madrid.

“Mucha gente no ha tenido la oportunidad de sacar a sus seres queridos de las fosas y mi abuelo podría ser su padre, su hermano o su tío”, dice la nieta, Chon Vargas.

eldiario.es / Teresa Sánchez Garzón / 25-06-2017

“Que venga toda la gente que quiera”. Esta ha sido la respuesta de Ascensión Mendieta, hija del sindicalista fusilado en 1939, al ser preguntada cómo quería que fuera el entierro de su padre. Ya han pasado semanas desde que se confirmó, el pasado día 9 de junio, que uno de los cuerpos exhumados en el cementerio de Guadalajara era el de Timoteo Mendieta y la familia continua aún asumiendo la noticia. “Cada uno lleva el tema de una forma, pero intento ponerme en el lugar de mi madre, que fue quien abrió la puerta hace 78 años y esa imagen no se le va”, explica Chon Vargas Mendieta, nieta de Timoteo.

El próximo sábado 1 de julio a las 11.00 horas llegarán los restos de Timoteo Mendieta al tanatorio de la M-30 en Madrid y al día siguiente, el día 2 de julio, tendrá lugar el entierro a las 11.00 horas en el cementerio civil de la Almudena, también en la capital. “Mucha gente no ha tenido la oportunidad de sacar a sus seres queridos y es como si les enterráramos a todos, y aunque no queremos representar a nadie, si queremos hacer llegar a la gente que mi abuelo podría ser su padre, su hermano o su tío”, asegura Chon Vargas.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) realizó una primera exhumación en enero de 2016 que finalmente no dio con los restos de Timoteo. Como dedujeron los técnicos de la ARMH, Timoteo Mendieta fue arrojado en una fosa y anotado en otra, algo que se pudo constatar en la segunda exhumación mediante una identificación científica. El cuerpo de Timoteo Mendieta fue enterrado el 16 de noviembre de 1939, un día después de su asesinato, y aunque los libros del cementerio lo ubicaban en la Fosa 2, finalmente fue encontrado en la Fosa número 1, exhumada recientemente.

La Asociación terminaba así el pasado 31 de mayo la segunda exhumación autorizada por el Juzgado número 4 de Guadalajara dentro de la llamada ‘querella argentina’ bajo la dirección de la jueza María Romilda Servini. Hicieron falta hasta tres exhortos de una justicia ajena a la española para conseguir localizar a Timoteo Mendieta.

“Creo que el duelo vendrá después, mi familia no lo tuvo, en su día lloraron pero el duelo hay que pasarlo”, explica la nieta de Timoteo. Al ser preguntada por cómo está su madre, asegura que se encuentra tranquila, en el momento de esta entrevista se encontraba cosiendo, “siempre está haciendo algo”.

Por el momento, la familia continua tranquila aunque la nieta de Timoteo Mendieta asegura que según se acerque el día, llegará la congoja. “En realidad mi madre no ha visto el cuerpo de mi abuelo todavía, vio en la fosa como iban sacando los restos pero no sabíamos con certeza cuáles eran los suyos”. Por este motivo, los familiares han elegido un ataúd grande para armar el cuerpo entero.

El ‘caso Mendieta’ ha tenido gran repercusión y eso lo ha podido descubrir la familia.“A mi madre no hay día que no le pare la gente por la calle y todo el mundo se alegra muchísimo de que por fin se hayan identificado los restos de mi abuelo”. La propia Ascensión asegura “A mi me quiere mucho la gente”.

La nieta de Timoteo Mendieta asegura que no va a parar aquí, y que quiere seguir ayudando a las familias que se encuentran en su situación. “ Tenemos que conseguir que aquel que quiera recuperar el cuerpo de algún ser querido pueda hacerlo. En Guadalajara todavía quedan más de 800 cuerpos. En general, ayudar en todo lo que podamos”.

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Fotografía destacada: Ascensión Mendieta. FOTO: ARMH

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/Chon-Vargas-Mendieta-vendra-despues_0_658284404.html

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Satisfacción y tristeza tras identificar el cuerpo de Timoteo Mendieta

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica recuerda la ausencia de ayudas de las instituciones en todo el proceso.

Su presidente asegura que con esta identificación se pone en valor al equipo que ha trabajado en las dos exhumaciones.

“Ascensión Mendieta es un ejemplo de lo que es honrar a un ser querido”, afirma Emilio Silva.

eldiario.es / Teresa Sánchez Garzón / 10-06-2017

La identificación del cuerpo de Timoteo Mendieta el pasado viernes en el cementerio de Guadalajara no solo ha alegrado a sus familiares. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha mostrado su “emoción” por toda la gente que ha estado trabajando en las dos exhumaciones y que ha ayudado a Ascensión Mendieta, la mujer que cumplió 88 años viajando en un avión a Argentina para pedir ayuda a la jueza que ha ordenado a través del principio de justicia universal la exhumación de la dos fosas comunes, dentro del proceso penal abierto en Argentina para investigar los crímenes de la dictadura franquista.

Sin embargo no todo son alegrías para la Asociación. “Sentimos tristeza por la ausencia de ayudas de las instituciones porque todo esto ha ocurrido en un estado paralelo donde la sociedad civil se ha organizado para resolver problemas que son responsabilidad del Estado”, señala su presidente Emilio Silva.

La primera exhumación se realizó en enero de 2016 y finalmente no dio con los restos de Timoteo. Como dedujeron los técnicos de la ARMH, Timoteo Mendieta fue arrojado en una fosa y anotado en otra, algo que se ha podido constatar ahora mediante una identificación científica, en la segunda exhumación. “Esto demuestra que el equipo que estuvo trabajando en la primera exhumación no se ha quedado de brazos cruzados y ha seguido investigando hasta que llegaron a esa conclusión”, apunta Silva.

Además la Asociación recuerda que el empeño de Ascensión por encontrar los restos de su padre permitirá a otras 27 familias identificar a sus seres queridos, como resultado de las dos exhumaciones llevadas a cabo en su búsqueda. “Por ahora se ha identificado solo los restos de Timoteo, que era lo que la querella de argentina reclamaba, pero hay 27 familias que pueden hacer una prueba de ADN para identificar a un ser querido”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica terminaba el pasado 31 de mayo la segunda exhumación autorizada por el Juzgado número 4 de Guadalajara dentro de la llamada ‘querella argentina’ bajo la dirección de la jueza María Romilda Servini. Hicieron falta hasta tres exhortos de una justicia ajena a la española para conseguir localizar a Timoteo Mendieta.

“En total se han total se han exhumado 48 cuerpos, entre las fosas individuales y la fosa I y II, y hay 27 familias que pueden hacer una prueba de ADN para identificar a un ser querido”. Los cuerpos que no sean reclamados por ningún familiar, se enterrarán en un espacio que la Asociación va a solicitar al Ayuntamiento de Guadalajara. “Los cuerpos se guardaran individualmente, tendrán un estudio osteológico con las características de sus huesos para que su identificación, en el que caso de que la solicite algún familiar, sea más fácil”, explica Emilio Silva.

Una labor que continúa

¿Y a partir de ahora qué? En cuanto a los restos de Timoteo Mendieta irán al cementerio civil de Madrid y la Asociación seguirá realizando su trabajo por toda España. “Tenemos lista de espera para que hacer lo mismo en otros lugares, estamos buscando una fosa en Asturias, la vamos a buscar en León y Galicia. Lo que nosotros hacemos es ayudar a quien podemos con los recursos que tenemos”, asegura su presidente.

De Ascensión Mendieta solo tiene palabras de agradecimiento y de admiración. “Es un ejemplo de lo que es honrar a un ser querido. Ha calado en mucha gente por su forma de ser y por una combinación de la imagen de una persona físicamente frágil y a la vez de una tenacidad fuera de lo normal”. Además apunta Emilio Silva que mucha gente se ha enganchado con ella y con su historia, porque representa la situación de muchas personas.

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Fotografía destacada:  Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/Satisfaccion-tristeza-identificar-Timoteo-Mendieta_0_653035076.html

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Identificado genéticamente el padre de Ascensión Mendieta

Este viernes, el juzgado de Guadalajara ha recibido del laboratorio Lab Genetics la confirmación de que uno de los cuerpos exhumados recientemente en el Cementerio de Guadalajara es el de Timoteo Mendieta, padre de Ascensión Mendieta, la mujer que cumplió 88 años viajando en un avión a Argentina para pedir ayuda a la jueza que ha ordenado a través del principio de justicia universal la exhumación de la fosa, dentro del proceso penal abierto en Argentina para investigar los crímenes de la dictadura franquista.

nuevatribuna.es / ARMH / 09-06-2017

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que ha llevado a cabo las exhumaciones sin ayudas públicas, realizó una primera exhumación en enero de 2016 que finalmente no dio con los restos de Timoteo. Cómo dedujeron los técnicos de la ARMH, Timoteo Mendieta fue arrojado en una fosa y anotado en otra, algo que se ha podido constatar ahora mediante una identificación científica.

El cuerpo de Timoteo Mendieta fue enterrado el 16 de noviembre de 1939, un día después de su asesinato, y aunque los libros del cementerio lo ubicaban en la Fosa 2, finalmente ha sido encontrado en la Fosa número 1, exhumada recientemente.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica quiere agradecer y reconocer el tesón de Ascensión Mendieta, su valentía, su gran ejemplo de amor por su padre y su enorme esfuerzo en la lucha por los derechos humanos, en un país en el que ningún Gobierno de la democracia ha hecho nada por ayudarla. El empeño por encontrar los restos de su padre permitirá a otras 27 familias identificar a sus seres queridos, como resultado de las dos exhumaciones llevadas a cabo en su búsqueda.

Fuente TEXTO E IMÁGENES: ARMH

Imágenes: Fotografías de la exhumación, de Timoteo Mendieta con su mujer, Maria Ibarra; y de su mujer, cuando ya estaba viuda, junto a sus hijos. 

 

 

 

 

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Fuente:http://www.nuevatribuna.es/album/sociedad/identificado-geneticamente-padre-ascension-mendieta/20170609180811140720.html

 

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Las 105 víctimas del franquismo que han sido exhumadas gracias a Argentina

Argentina está investigando crímenes del franquismo y ha hecho cuatro peticiones para abrir fosas. Tres han sido rechazadas por juzgados españoles.

El caso de Timoteo Mendieta en Guadalajara es el único en el que ha salido adelante, con la recuperación de decenas de cuerpos.

Mientras la justicia argentina considera las desapariciones forzosas del franquismo como crímenes de genocidio y lesa humanidad, España los considera crímenes comunes y prescritos.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 02-06-2017

La justicia argentina ha pedido cuatro veces a España que abra fosas comunes de Franco y en tres ocasiones la respuesta ha sido negativa. El único caso que ha sido aceptado es el de Timoteo Mendieta en Guadalajara y ha permitido recuperar los restos óseos de otras 50 personas mientras se buscaba a Mendieta.

La justicia española sin embargo ha devuelto tres exhortos del país austral: el de una petición que España ha clasificado de “confidencial” para exhumar en el Valle de los Caídos, la del represaliado Cipriano Martos, obligado a beber ácido, en Cataluña, y el de la mayor fosa común de Baleares.

Pese a la negativa de los juzgados españoles, la conocida como “fosa de Mallorca” sí salió adelante excepcionalmente, gracias a la colaboración entre el Govern balear, el Ayuntamiento de Porreres y asociaciones de Memoria Histórica, que sortearon la sentencia contraria de la justicia y lograron sacar de la tierra a 55 ejecutados por el franquismo. En total, directa e indirectamente, Argentina tiene el mérito de haber logrado desenterrar 105 cuerpos de víctimas de Franco.

¿Por qué Argentina pide y España niega? Las peticiones de intervenir en fosas del franquismo parten de las denuncias por desaparición forzada incluidas en la denominada querella argentina. De ahí, la jueza  María Servini de Cubría, que lleva el caso de la querella argentina, remite desde Buenos Aires el requerimiento a jueces españoles que han dado un “no” por respuesta en tres de estos cuatro casos.

La diferencia fundamental entre uno y otro país es la calificación de los crímenes de Franco. Para España son delitos comunes. Para Argentina se trata de crímenes por genocidio y lesa humanidad. ¿Qué motivos alegan los juzgados españoles para no atender los exhortos argentinos? Aplican la Ley de Amnistía, alegan que los crímenes han prescrito o inciden en que los hechos que se intentan investigar competen a la justicia española. Esas son las tres fundamentaciones principales de las comunicaciones denegatorias.

La misma interpretación que subraya la Fiscalía General del Estado en la circular enviada a las sedes judiciales como  guía para que los fiscales provinciales puedan negar el auxilio judicial y torpedear la investigación del franquismo que lleva a cabo Argentina. Esta orden interna del Ministerio Público acusaba a Servini de un interés “ajeno” a la justicia y recordaba la causa contra el exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por actuar como ella.

Del otro lado, Servini señala la imprescriptibilidad de las violaciones de los derechos humanos. Y de esta “forma diferente de plantear los hechos” llega el bloqueo de España, advierte Ana Messuti, abogada de la querella argentina.

Como ejemplo de la interpretación dispar, el Juzgado de Instrucción número 4 de Reus (Tarragona) dice que la razón de no ejecución y devolución del exhorto que pedía la exhumación de Cipriano Martos “es que no se aprecia relación alguna entre el auto judicial y la narración de los hechos”, afirma Messuti. Es decir, lo que para Argentina “es una sola causa de crímenes contra la humanidad” para España son “casos concretos”, comunes, y esto invalida la petición.

“Uno de los huesos” de Timoteo Mendieta

Con estas tres negativas (aunque el caso Mallorca se acabara resolviendo por otra vía), solo hay un caso bajo tutela internacional, el de Timoteo Mendieta. Un juzgado de Guadalajara (Castilla-La Mancha) recogía el guante del exhorto argentino y la exhumación se llevaba a cabo en enero de 2016 en el cementerio local y rescató a 22 desaparecidos forzados en presencia de Ascensión Mendieta, hija de Timoteo y querellante en la causa contra los crímenes del franquismo.

El juez decano de Guadalajara Jesús Villegas (i), saluda a Ascensión Mendieta, hija de Timoteo Mendieta, represaliado del franquismo, durante la segunda exhumación en el cementerio de Guadalajara. | EFE

Pero ninguno de los huesos pertenecía al padre de Ascensión, según el resultado de las muestras genéticas. La nueva oportunidad llegó en mayo de 2017 después de que el Juzgado número 1 de Guadalajara atendiera otro exhorto dictado por la jueza Servini y remitido por el Ministerio de Justicia español. La intervención del equipo arqueológico de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha exhumado a otros 28 represaliados por el franquismo (cuatro de ellos en enterramientos individuales) sumando un total de 50 víctimas asociadas al ‘caso Mendieta’ y que ha tenido un  efecto llamada para otras 15 familias.

Ascensión “sabe que ha sido asesinado, también sabe dónde se encuentran sus restos, pero nunca ha podido darle la sepultura que todo ser humano merece”, resume Ana Messuti como paradigma del olvido español a las víctimas del franquismo. Recuerda además un momento clave que propició que Argentina iniciara las peticiones de exhumación de fosas en España cuando Asunción Mendieta viajó a Buenos Aires con casi 90 años, “tomó la palabra” ante la jueza Servini y le pidió “sólo una cosa”: que le ayudara a encontrar “los restos de su padre” para, a su muerte, “llevarse consigo uno de los huesos”.

Cipriano Martos y su hermano, Antonio.

Martos, el último desaparecido del franquismo

En la solicitud de exhumación en el  Valle de los Caídos, la petición a través de la querella argentina fue rechazada y quedó casi silenciada por la “obligación de confidencialidad” del caso, según han relatado las fuentes consultadas por eldiario.es. No trascendió la identidad de la persona buscada ni del querellante.

Del otro caso rechazado sí se saben nombre y apellidos. Y cómo fue asesinado: Cipriano Martos, obligado a beber ácido en un cuartel de la Guardia Civil. Corría el año 1973 cuando fue detenido y torturado por repartir propaganda antifranquista. Luego le dieron el ‘cóctel de la verdad’. Murió a los pocos días y quedó enterrado en una fosa de beneficencia en el cementerio de Reus (Tarragona). Es el último desaparecido del franquismo.

A Cipriano “lo cogieron en la calle” por antifranquista y en un cuartel de la Guardia Civil fue obligado a tomar ácido. Su hermano quiere saber “la pura verdad de lo que hicieron con él, que se abra la tierra y sacar los restos”.

La familia Martos, emigrantes andaluces de  Huétor Tájar (Granada), participan como querellantes en la única causa que juzga los crímenes del franquismo, en el país austral. De ahí, y en una petición de la jueza Servini de Cubría, un juzgado de Sabadell (Barcelona)  tomó declaración a Antonio, el hermano de Cipriano. Un magistrado recogió el guante de la toma de declaraciones indagatorias, pero otro rechazó la búsqueda de los restos de Cipriano.

“Lo cogieron en la calle porque tenía un carnet clandestino del Partido Comunista de España Marxista-Leninista”, recuerda su hermano Antonio. Militó también en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). “Prefería pasar hambre antes que ver a otra persona pasarla”, refiere para escenificar el “compromiso” social de Cipriano. “Hasta que cayó en sus manos”, repite. Desde entonces quiere ofrecer a su hermano una digna sepultura. “Quiero que se haga justicia, claro, pero más saber la pura verdad de lo que hicieron con él, que se abra la tierra y sacar los restos”.

La “fosa de Mallorca”, la mayor de Baleares

Trabajos de exhumación de la fosa de Porreres. | EFE

“El caso de Cipriano es muy importante”, dice Ana Messuti. Por sus características: el tipo de asesinato y la época, en los estertores del régimen de Franco. Y porque, a diferencia del juez de Guadalajara “que da cumplimiento al tratado internacional”, el Juzgado de Instrucción número 4 de Reus “no aceptó el exhorto remitido desde la justicia argentina”. La asociación Xarxa Catalana i Balear de Suport a la Querella Argentina contra els crims del franquisme critica “la posición de los jueces” que se escudan en el mandato de la Fiscalía.

El exhorto argentino para abrir  la mayor fosa común que la guerra civil española dejó en Baleares tampoco fue atendido por la justicia española. Pero la exhumación fue posible por la implicación del Govern Balear, el Ayuntamiento de Porreres, la Associació per la Recuperació de la Memòria Històrica de Mallorca y la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que realizó la intervención arqueológica.

El primer proceso rescató del cementerio de Porreres los restos óseos de 55 personas –a finales del año 2016– y una segunda intervención espera elevar la cifra a alrededor de 120 víctimas. Al enterramiento ilegal se le conoce como la “fosa de Mallorca” porque los golpistas arrojaron allí a ejecutados de unos 30 pueblos. El colectivo Memòria de Mallorca interpuso además una denuncia penal por delitos de lesa humanidad (ante el Decanato de los juzgados de instrucción de Manacor) por aquellos asesinatos ocurridos entre 1936 y 1937 en el oratorio de la Creu de Porreres.

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Fotografía destacada: Primera exhumación en el cementerio de Guadalajara, en enero de 2016. | ARMH

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/victimas-franquismo-Argentina-fosas-Espana_0_648835693.html

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La memoria en los huesos

Sobre la mesa de autopsias del cementerio de Guadalajara, los esqueletos, las calaveras agujereadas de los fusilados republicanos cuentan su historia.

ctxt.es / Cristina Fallarás / 31-05-2017

“Franco murió y ha continuado durante 40 años más. La gente no lo ve como un criminal, a lo sumo como una vergüenza familiar… como un embarazo no deseado. Para mí es una de las vergüenzas más grandes de Europa. ¡Estamos hablando de un país civilizado de Europa occidental! Vienen millones de turistas al año aquí y creen que hay muchas cosas modernas, pero aquí, por debajo, hay algo que yo he visto en Ruanda. Y nadie quiere hablar de ello. Me parece increíble. ¡Increíble, único!”.

Larry Owens, forense británico, voluntario en las exhumaciones de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en el Cementerio de Guadalajara.

La memoria

Sentada en una banqueta que le han colocado a la sombra de un toldillo, Ascensión Mendieta recuerda la primera vez que su madre, María Ibarra, su hermana Paz y ella se acercaron al Ayuntamiento de Guadalajara a reclamar los huesos de su padre, fusilado el 16 de noviembre de 1939. “Uy, eso, eso es historia ya, nos dijo un señor de la oficina… sí, así nos lo dijo”. A su derecha, la fosa número 1 guarda en su vientre el último fusilado por exhumar, allá abajo, cuatro metros hacia la oscura entraña. Si Ascensión se asomara, vería cómo el esqueleto llamado “Individuo 24” muestra ya su descarnada mitad superior.

Una joven arqueóloga recorre el contorno de la fosa con una brocha gorda de pintor. El sol de finales de mayo pica a las 6 de la tarde. La chica no lo sabe, pero antes de que pasen 15 horas, una forense llamada Shelley Jones y llegada de Londres introducirá el dedo índice de su mano derecha enguantado en látex azul por el orificio que dejó la bala en la parte posterior de ese cráneo por el que pasa la brocha. Agujeros en la tierra, agujeros en los cráneos, agujeros de bala en los muros, agujeros en la memoria. Piedra pómez.

Ascensión Mendieta conversa con René, el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria, al pie de la Fosa 1 / Óscar Rodríguez / ARMH

Ascensión es una mujer menuda y clara. Su elegancia de hilo blanco soleado parece inquebrantable. Su voluntad de dar con los huesos de su padre no lo parece: es inquebrantable. “Mi hermana se llamaba Paz, Paz Mendieta Ibarra. Pobrecita mi hermana, murió hace cinco años. Murió con la pena de no ver a mi padre. Hemos venido mucho aquí, hemos ido a todos los sitios”. Un día su hermana le dijo: “Yo tengo ahorrados más o menos dos millones [de pesetas]”. Ascensión le contestó que ella no tanto, pero que algo había. Tiempo después, hace hoy cuatro años, voló a Argentina, cumplió 88 en el avión, consiguió allí conmover a una jueza y que le diera lo que no recibía en España, el permiso para buscar a su padre en fosas, entre huesos. El año pasado los buscaron en la fosa número 2 del Cementerio de Guadalajara. No estaban allí. Hoy, los cuerpos de la fosa número 1 acaban de salir.

AGUJEROS EN LA TIERRA, AGUJEROS EN LOS CRÁNEOS, AGUJEROS DE BALA EN LOS MUROS, AGUJEROS EN LA MEMORIA. PIEDRA PÓMEZ

“Sentí mucha alegría entonces, me vine de Argentina con mucha esperanza”, murmura para sí. “Yo qué sé la esperanza, yo qué sé lo que pasará, doy las gracias a todo el mundo…”.

Ascensión responde a las muestras de reconocimiento. Ella es el eje que vertebra una nueva búsqueda. No de los huesos de su padre, junto a los que quiere descansar, no solo. Esa mujer diminuta ya entrada en los noventa se ha convertido en la protagonista de una historia que ya no es la Historia. Su fragilidad ha abierto una grieta imparable en el plomo del silencio. Aquellos que no tenían un relato al que agarrarse ya lo tienen. A los fusilados republicanos los mataron dos veces: una vez, de un tiro; otra vez, imponiendo el silencio. Vivir en la memoria es una forma de existencia.

Todo lo hurtado por el miedo, los pactos de la vergüenza, las instituciones españolas, los sucesivos gobiernos y los medios de comunicación, todo agoniza a los pies de Ascensión, bajo la banqueta que alguien le ha puesto junto a la fosa número 1, de donde empiezan a sacar los huesos del último fusilado, el Individuo 24.

Los huesos

Sobre una bandeja rosa de plástico, un cuenco rojo también de plástico, y dentro del cuenco, una calavera remendada con decenas de parchecillos de cinta adhesiva. Le falta parte del maxilar superior, del que conserva un trozo con un incisivo, canino y tres molares. La mitad de la mandíbula descansa en la bandeja, junto a un puñado de dientes.

En la sala de autopsias del Cementerio de Guadalajara trabajan cuatro forenses llegados de Inglaterra. Larry Owens, el jefe del equipo, dos metros de hombre joven, enérgico, se inclina con la cámara sobre un cráneo. “Estoy fotografiando traumas”, rebufa, “al menos este tiene solo un disparo”. Parece que va a echarse a gruñir. Han venido a hablar con los huesos a un país que lleva 40 años de democracia sin querer oírlos.

De dcha a izda, Larry Owens, Shelley Jones, Tatiana Bleming y, medio oculto, Adam Burr, los cuatro forenses ingleses que han venido a trabajar en las exhumaciones del cementerio de Guadalajara.

Pero los huesos hablan.

Los forenses recuerdan uno de los esqueletos exhumados en la Fosa 1. Tenía 25 fracturas de costilla. El ser humano tiene 24 costillas. Hace falta mucha saña para 25 fracturas de costilla. No se trata de una paliza, ni siquiera de una sola sesión de tortura. “Le pegaron durante meses seguidos con ganas”, explica Owens. “Tenía fracturas medio curadas y sobre ellas otras nuevas, partidas de nuevo, y fracturas en las vértebras, en el codo derecho, en las piernas. Todo fracturado, todo desastre. Hay que recordar que utilizaban este tipo de política para su venganza personal. ¿Murió esta persona? No. Lo dejaron ahí en la cárcel y volvieron de vez en cuando y le pegaron, y le pegaron, y le pegaron… y lo mataron”.

El Individuo 22

El hombrón apoya la mano en la parte superior del cráneo que está fotografiando: “Era un individuo muy normal, un hombre más. Había perdido ya varios de sus dientes a sus 35 años, me temo que mucha azúcar. Los españoles comen demasiada azúcar. Aparte de eso, era alto, sobre todo para esa época, más o menos 1,75. Era muy fuerte, se puede ver que los músculos eran muy grandes. No era siniestro, era amplio. Durante su vida, alguien se había peleado con él, y le fracturó la nariz. Pesaba unos 80 kilos. Los demás, en general, tienen más señales de tortura prolongada que él. Quizás sea porque era muy grande y le tenían miedo. Lo sacaron un día, pusieron una pistola de bala pequeña al lado izquierdo de la cabeza y lo mataron. Era tan fuerte y su hueso del cráneo era tan grueso que, al contrario de lo que pasa con otros individuos, la bala ni pudo expulsar el fragmento de hueso de salida. Era un tipo con buena salud, que podría haber ayudado mucho a su país, pero… se acabó”.

Impacto de bala, cerca de una de las fosas. / Óscar Rodríguez / ARMH

Cuando un forense habla con los huesos y ve al hombre, dan ganas de preguntarle si besaba mucho, su forma de abrazar, cómo bailaba en las fiestas de su pueblo, con quién se iba a los huertos. ¿Qué más puede ver?

ERA TAN FUERTE Y SU HUESO DEL CRÁNEO ERA TAN GRUESO QUE, AL CONTRARIO DE LO QUE PASA CON OTROS INDIVIDUOS, LA BALA NI PUDO EXPULSAR EL FRAGMENTO DE HUESO DE SALIDA

“Veo muchas cosas a las que España debería mirar y no lo hace. Veo a un hombre… ¡Era un hombre! Pero la gente acostumbra a pensar ‘Oh, no, no hay que pensar en eso, no hay que molestar a los muertos, porque al fin y al cabo son historia…’. ¡No! Sí hay que molestar a los muertos, sí hay que verlos. El problema es que la mayoría de gente no se ha enfrentado a la violencia de esto, no sabe realmente lo que significa. Estas personas no eran soldados, no eran guerreros, eran muy normales, vivían en sus casas, tenían sus trabajos y llegó un día el ejército, o quien fuera, los sacaron, y los mataron, y los dejaron aquí… y nadie ha asumido esa responsabilidad durante 80 años. Eso es lo que veo”.

Mirar a nuestros muertos, escuchar lo que cuentan sus huesos.

Y Owens, que ha pasado por Ruanda, Zimbabue, Sudáfrica, Perú, Bolivia, Chile, Israel o Egipto, se revuelve contra lo que ve en Guadalajara, no da crédito. Eso cuentan los huesos.

El Individuo 23

En la salita contigua, sobre los huesos pulcramente ordenados del Individuo 23, Tatiana Bleming conversa con lo que fue un hombre en la treintena. Con él no se ensañaron, pero le dieron dos tiros finales. Uno le reventó las cervicales 5 y 6, el otro le cruzó el cráneo. “Todo esto que estoy viendo me parece muy violento. Prácticamente todos los esqueletos que estamos sacando tienen heridas de bala. La mayoría, además, tiene otras fracturas, no podemos determinar si fueron justo antes de la muerte o todavía cuando estaban en la cárcel”.

Bleming lleva solo tres años hablando con huesos. “Como dice Larry, los huesos no mienten. Tú puedes enterrar a alguien con artefactos u objetos valiosos, y dar una imagen totalmente falsa. Es luego, al mirar a los huesos, cuando sabes sexo, edad, estatura, enfermedades, dieta, origen…”.

El Individuo 21

Junto a Tatiana, Adam pasa el dedo índice por uno de los extremos de la clavícula e indica que aún es rugoso. Después repasa el coxis, los dientes y las vértebras y concluye: “Estamos ante un veinteañero. Seguramente cumplidos los 25”.

“VEO MUCHAS COSAS A LAS QUE ESPAÑA DEBERÍA MIRAR Y NO LO HACE. VEO A UN HOMBRE… ¡ERA UN HOMBRE! 

Adam Burr es un veterano de sesenta y muchos con cara luminosa, que lleva más de 15 años tratando con huesos. “En cuanto al trauma”, explica con serenidad, “lo que normalmente hemos estado viendo son disparos a la cabeza. Uno o dos, en general. Pero este individuo es peculiar, porque no tiene ninguno. Entonces nos preguntamos ¿dónde puede estar la muerte? Cuando estuve ordenando las vértebras, de repente encontré que las cervicales 3 y 4, situadas en el cuello, estaban destrozadas. Y aquí está la mandíbula”.

El hombre muestra las dos partes en las que está dividida la mandíbula, las toma y las junta. Cuando casan, en el centro, justo en medio de la barbilla, aparece un agujero perfecto menor que una canica.

Entonces, agarra con la mano izquierda la mandíbula ya unida, se la sitúa frente a la cara como quien coge del mentón el rostro que va a besar, coloca la derecha en forma de pistola y, “pum”, dispara. “Fue un tiro en la cara, en la mandíbula, que entró por el mentón y salió por el cuello. El disparo entra limpio, de ahí este agujero, pero sale abriendo el destrozo. Es algo difícil de ver, pero aquí está y es lo que es. Y no hay ningún otro trauma en ningún otro sitio. O sea, que aquí tenemos a un joven al que alguien miró a los ojos y disparó a la cara”.

Si le preguntas qué ha visto en las exhumaciones del Cementerio de Guadalajara, responde: “He visto un montón de asesinatos. Es todo lo que puedo decir. Muchos asesinatos”. Es el único momento en el que una sombra cubre la luz de su cara.

El Individuo 24

“Este es el último individuo que salió de la Fosa 1”, relata Shelley Jones. “Los huesos están todavía húmedos de la tierra. Estamos intentando retirar el barro de manera que podamos limpiarlos”.

No es fácil en este caso ver alguna patología o herida. Los huesos están cubiertos de barro y rudimentariamente envueltos en papel de periódico. Tampoco es fácil limpiarlos. “Son demasiado frágiles, explica Jones, “algunos secan rápido, a las vértebras les cuesta más”.

La joven forense peina dos trenzas rubias. Saca la calavera de su papel de periódico y la agarra con las palmas de ambas manos como una madre levantaría a su bebé. Con los dedos, suavemente, va retirando el barro, que ya empieza a secarse. Dice que seguramente va a encontrar un agujero de entrada de bala en la base del cráneo, por donde va pasando los dos pulgares con mimo. Caen pedacitos de barro y de repente, ahí está.

Lleva guantes azules de látex. Introduce su dedo índice por el agujero de bala que acaba de aparecer. Tiene los dedos finos. Si el dedo índice fuera un poco más grueso, no cabría. Una vez encontrado el agujero de entrada, da la vuelta a la calavera y ahí, en el extremo opuesto, aparece el destrozo de salida de la bala.

Nada más cuenta, por ahora, el último hombre extraído de la fosa número 1, aquel que descansaba en el fondo mientras los restos del silencio agonizaban a los pies de Ascensión Mendieta, sentada en su banquetilla. Romper el silencio es reparar la segunda muerte, dar una vida a los asesinados.

René Pacheco

Un veinteañero a quien alguien disparó mirándole a los ojos, un hombretón cuyo cráneo ni la bala pudo destrozar, un torturado molido durante meses y vuelto a moler, el hombre joven que recibió un tiro en el cuello y otro en la cabeza, quién sabe si por falta de pericia del asesino o simplemente por saña.

René muestra la ficha con la lista de esqueletos exhumados. / Óscar Rodríguez / ARMH

Eso cuentan los huesos que no queremos oír.

René Pacheco es el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) al frente de las exhumaciones en el Cementerio de Guadalajara. El primer hueso con el que dio fue una costilla de cabra de hace 1,8 millones años, en una cueva de Girona. Su primer contacto con la violencia de la memoria, dos personas enterradas en una viña al lado de una carretera de León. Corría noviembre de 2008, y desde entonces sigue. Resulta inevitable preguntarle si todavía, como aquel día, llora. “Uno no deja de llorar con este trabajo nunca. Es muy difícil ver a Ascensión aquí al lado y aguantar”.

Es consciente de la importancia del trabajo que realiza la ARMH en Guadalajara, en términos históricos, y de su proyección futura. Sin embargo, él también insiste en el hombre.

“UNO NO DEJA DE LLORAR CON ESTE TRABAJO NUNCA. ES MUY DIFÍCIL VER A ASCENSIÓN AQUÍ AL LADO Y AGUANTAR”

 “Esas personas, las que exhumamos, te están contando qué les pasó en el último momento de sus vidas. Pero también lo que fueron sus vidas en general: esfuerzos, dolores, enfermedades… Lo que hay que hacer es reconstruir sus vidas y mostrar que eran personas como nosotros. Como cuando hoy nos hemos levantado por la mañana… Sales y alguien puede cogerte en algún lugar, secuestrarte, torturarte, matarte… Es importante humanizar a las personas que estamos recuperando, demostrar que eran como cualquiera de nosotros”.

¿Por qué no lo hemos hecho? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué no hemos escuchado a los huesos?

“Los 40 años de Dictadura más los 40 de Democracia son 80 años que han pesado sobre la población en muchos sentidos. En el miedo continuado en la población que sí sufrió directamente las consecuencias de la Guerra y la posguerra, y también en el olvido generado a través de la educación, de la sociedad etcétera, el no querer hablar de esto. El miedo es una de nuestras principales dificultades cuando estamos trabajando. Hace que la gente no se atreva a hablar cuando llegas a un pueblo para preguntar dónde están las fosas, quiénes pueden estar en ellas y demás. El miedo te lo encuentras en los familiares, que muchas veces vienen a reclamar y te cuentan que no lo han hecho durante años porque tenían miedo, no solo de lo que dirían sus vecinos, sino de lo que dirían sus propios familiares. El miedo sobre todo de la población en general: ¿Qué pasa si estás abriendo fosas?”.

René Pacheco sabe de qué habla. Aún recuerda la primera vez que le dijo a su madre que iba a exhumar una fosa común de la Guerra Civil. “Lo primero que se le ocurrió decirme fue: ‘René, ¿y no te va a pasar nada?”.

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Fotografía destacada: El Individuo 24, al fondo de la Fosa 1 del Cementerio de Guadalajara. ÓSCAR RODRÍGUEZ / ARMH

Fuente:http://ctxt.es/es/20170531/Politica/13046/memoria-historica-ctxt-timoteo-mendienta-franquismo-guerra-civil-exhumacion-guadalajara.htm#.WS8ChCP_WAQ.facebook

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No sabían que sembraban semillas

En el cementerio de Guadalajara hay 900 republicanos fusilados en fosas comunes. Gracias a una jueza argentina y a un sindicato noruego, la ARMH ha podido buscar los restos de Timoteo Mendieta y otras 50 personas.

ctxt.es / Willy Veleta / 30-05-2017

He pasado 23 días en un cementerio. Delante de mí tenía un ciprés centenario, una fosa común con 24 fusilados y un muro de piedra y ladrillo con impactos de bala a la altura del pecho de una persona de estatura media. Desde un banco de hierro y bajo un toldo portátil he visto desfilar a mucha gente. Pero hubo dos personas que dejaron huella: Eugenio y Rubén. Ambos son bisnietos de fusilados. El poco tiempo libre que les permite su trabajo lo han pasado a 2, 3, 4 metros de profundidad (según el día). Se han deslomado sacando tierra de las fosas, llevando “carretillos” de tierra para cribar, subiendo capachos repletos de “evidencias”. Nadie les ha preguntado pero todos sabemos que cada palada que daban era en homenaje a sus bisabuelos, ejecutados en 1939 por defender una democracia efímera.

Eugenio pagó en varias ocasiones y de tapadillo la comida de los integrantes de la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica)… Nunca se sentó a la mesa, siempre estaba alejado unos metros, al sol. No probaba bocado, y su expresión era una mezcla entre estar agradecido y estar avergonzado por no poder hacer más por su bisabuelo.

Rubén cuenta que desde que tiene uso de razón traía cada día de Todos los Santos unas flores a la Fosa 3. Su padre puso una placa con los colores de la bandera republicana que dice: “Fusilado por defender la libertad”. Este gesto no gustó nada en su familia. Los del “no te signifiques” y “no te metas en política” no pasan una. Ahora sabe que su tío abuelo está en la Fosa 4, según los registros. Una fosa que igual nunca se llega a exhumar, mientras la Ley de Memoria Histórica sea una trampa, una ciénaga bipartidista que beneficia a los de siempre.

El caso de Rubén es consecuencia del efecto dominó provocado por el coraje de Ascensión Mendieta. Rubén se ha implicado de tal manera estos 23 días que sus amigos no le ven el pelo. “Menos mal que ha terminado la exhumación”, dice, “me duelen todos los huesos”. Rubén cavaba con mucho ímpetu, sus carretillas siempre iban más llenas que las de los otros. Se apuntaba a echar una mano cuando alguien desfallecía a 4 metros de profundidad por el calor de mayo. El último día se le vio con un pincel, desempolvando lo que parecía ser el fémur de otro fusilado. Igual ha nacido un candidato a arqueólogo.

El 80% de los voluntarios que han trabajado en esta exhumación tienen familiares desaparecidos: desde el arqueólogo René hasta el encargado de seguridad, el minero prejubilado Carlos, pasando por Marco, vicepresidente de la ARMH. Y entonces se me viene a la cabeza esa litografía de Castelao que decía: “Pensaban que enterraban cuerpos pero enterraban semillas”.

El 29 de mayo apareció un joven con una foto en blanco y negro de un soldado republicano. Era su tío abuelo. Había seguido la pista de la etiqueta #CTXTTimoteoMendieta, que ha usado esta revista para la cobertura en Twitter, y había dado con una foto de Ascensión Florián, la nieta del fusilado número 24 de la Fosa 1. Junto a la foto estaba el parte de enterramientos de aquel 26 de julio de 1939.

Su tío abuelo era el número 23: Alfonso Alonso. El joven, llamado Jesús, dejó a su mujer con su hija recién nacida y se plantó en el cementerio de Guadalajara con la foto de Alfonso. Todo lo que sabe Jesús de las peripecias de su tío abuelo lo sabe gracias a su abuelo, porque nadie más en la familia quiso saber nada. Esa es la tónica general de las familias que desfilan delante de mí en el cementerio… Los que remueven todo no son los hijos de los fusilados, sino los nietos.

Gracias al revuelo organizado en la exhumación de la Fosa 1 en enero de 2016, varias familias se enteraron de que sus familiares habían sido arrojados a una fosa después de ser fusilados delante del muro del cementerio civil. Entre ellos, Pilar, una joven que no llega a los 30 años y que hasta ese día siempre pensó que su familia había luchado en el bando franquista. En su casa todo era silencio. Es la constante. Tiempo de silencio.

David, uno de los voluntarios de la ARMH, guarda forestal en Linares (Jaén) que cogió 20 días de sus vacaciones de verano para venir a exhumar, me cuenta que los alemanes les enseñaron a los que ganaron la guerra en España que todo enterramiento debía quedar registrado para saber quiénes eran los que en el futuro iban a poner flores en la fosa común. No por humanidad, sino para recordarles que no repitieran el ejemplo o correrían la misma suerte.

Además, los enterradores cobraban por muerto enterrado, así que más les valía llevar los libros de enterramientos al día. Gracias a esa meticulosidad hoy podemos “intentar” buscar a los miles de Timoteos Mendieta que pueblan los cementerios. Lo de las cunetas es harina de otro costal.

EL DÍA QUE FUSILARON A TIMOTEO MENDIETA (16 DE NOVIEMBRE DE 1939) ASESINARON A OTROS 16 REOS REPUBLICANOS. EN LA FOSA 1 QUEDABA UN HUECO PARA DOS CUERPOS, LA FOSA 2 YA ESTABA LLENA. 

El día que fusilaron a Timoteo Mendieta (16 de noviembre de 1939) asesinaron a otros 16 reos republicanos. En la Fosa 1 quedaba un hueco para dos cuerpos, la Fosa 2 ya estaba llena. Cuatro fusilados fueron enterrados en fosas individuales y con ataúd. La familia había sido informada y pagaron por ese entierro “más digno”. Los familiares de los arrojados a las fosas comunes se enteraron días o semanas después de las muertes de sus seres queridos. Por eso se cree que Timoteo podría ser el individuo número 1 de la Fosa 1, y no el número 16 de la Fosa 2 como aparece en los registros. Los sepultureros cobraban por cuerpo enterrado, no por poner los datos bien.

En esta esquina del cementerio civil desde donde tecleo se daba el tiro de gracia a los fusilados. Hace un par de días, David (el guarda forestal de Linares) pasó el detector de metales debajo de mis pies y encontró una veintena de ojivas de pistola 9mm y rifle Máuser. María, nieta de un fusilado, recuerda jugar de pequeña en un montón de tierra gigante: “Esa arena que estáis sacando de la Fosa 1 estaba aquí en medio cuando yo era pequeña”.

Según numerosos testimonios, el cura que daba el tiro de gracia era Esteban Esteban Esteban (hijo de dos primos). Era manco de la mano derecha, y llevaba siempre un guante negro, cuentan. Casualmente nos comentan los forenses que todos los cráneos exhumados en la Fosa 1 aparecen con un orificio de entrada que indica que el ejecutor era zurdo. Esteban Esteban Esteban está enterrado en la parte católica del cementerio, a sólo 100 metros de sus víctimas. Murió en 1982, tan ricamente. Amnistiado.

EL EQUIPO FORENSE VIENE DE LONDRES. MUCHOS ESTÁN USANDO SUS DÍAS DE SUS VACACIONES PARA ANALIZAR LOS RESTOS Y DETERMINAR QUIÉN ERA QUIÉN.

El equipo forense viene de Londres. Muchos están usando sus días de sus vacaciones para analizar los restos y determinar quién era quién. Uno de ellos tiene 67 años, se llama Adam y entre té y té me pregunta con insistencia si el Estado español no ha hecho nada por ayudar a las familias de las víctimas. Me lo pregunta precisamente él, que ha venido de voluntario siguiendo los pasos de su profesor de arqueología. Me cuenta que, en Inglaterra, la Guerra Civil se considera como la gran causa perdida del siglo XX, que mucha gente en su país sigue sintiendo nostalgia de las Brigadas Internacionales y que por eso vino. Me sigue haciendo muecas cuando le digo que ha sido la perseverancia de una jueza argentina lo que ha permitido exhumar estas dos fosas, y que gracias a Timoteo se han encontrado a otros 50 defensores de la democracia. Adam me dice que el hombre que volverá al aeropuerto de Gatwick mañana no será el mismo que aterrizó en Barajas hace 23 días.

Larry, el forense principal, cuenta en plena morgue y bajando la voz que casi todos los individuos exhumados de la Fosa 1 presentan heridas provocadas por culatazos, tanto en la nariz como en las costillas. Shirley, su ayudante, añade que la extraña trayectoria de las balas podría confirmar que muchos de los fusilados morían de rodillas y que les sujetaban la cabeza para que no se movieran.

Y todo esto es un grano de arena en un desierto de desolación, porque se han abierto dos fosas, pero hay 17 más pegadas a ellas (con 265 cuerpos) y otra fosa gigante con más de 600 cuerpos (en la zona católica, donde reposan aquellos que no renegaron de su fe justo antes de ser ejecutados).

Cuando le pregunto a René, el arqueólogo, por los temas legales, me topo con lo bien atado que lo dejó todo Franco y lo bien que lo remató Zapatero con aquella frase antológica referida a su Ley de Memoria Histórica: “Era una ley equilibrada porque no gustaba a ninguna de las dos partes”.

La clave de todo es: ¿cómo denunciar un delito amnistiado (por la famosa Ley de Amnistía del 77)? De forma que los exhumados de la Fosa 1 que no sean Timoteo Mendieta, según la ley, tendrían que volver a ser arrojados a una fosa común en pleno 2017. Eso no va a ocurrir porque, pese a lo absurdo de la parte contratante de la segunda parte de la Memoria Anti Histórica, al final los huesos se quedarán con sus familias (si vienen a por ellos) o en el laboratorio de la ARMH a la espera de que aparezcan los descendientes.

JULIO RECUERDA: CUANDO ERA NIÑO, MUJERES CATÓLICAS SE ACERCABAN A LA TAPIA DE ESTA PARTE DEL CEMENTERIO PARA INSULTAR A LOS MUERTOS, A LOS FUSILADOS, A LOS QUE HABÍAN PERDIDO LA GUERRA.

Mientras termino de escribir esta crónica aparece Julio, sobrino de uno de los fusilados. Me cuenta que, cuando era niño, mujeres católicas se acercaban a la tapia de esta parte del cementerio para insultar a los muertos, a los fusilados, a los que habían perdido la guerra. Él se escondía entre los rastrojos que cubrían las fosas comunes. Hasta la llegada de la democracia, aquello era un estercolero, y los familiares de los fusilados lanzaban flores por encima de la tapia; eso sí, de noche y mirando a todas partes para no ser vistos.

Ascensión Florián tiene a su abuelo en la Fosa 1. Es el último en aparecer, es decir, el primero que fue arrojado ahí en julio del 39. Ella es la única de la familia que se ha puesto a investigar para limpiar el nombre de su abuelo, un obrero que defendía a otros obreros. El resto de su familia la considera un bicho raro: “Para qué remueves nada, deja las cosas como están”. Ascensión se mete 4 metros bajo tierra para ver de cerca los restos de su abuelo. Me cuenta que como su padre es muy mayor y tiene poca carne no le cabe ninguna duda de que el cráneo que acaba de ver es el de su abuelo, se parece a su padre muchísimo. Off the record: días después, uno de los forenses me comenta que el individuo 24 era bajito y delgado, tal y como describió Ascensión a su abuelo. Ojalá sea él.

También pasa junto a mi mesa Carmen. Su abuelo era concejal socialista de Valdeconcha (Guadalajara), un campesino que no luchó en la guerra (por edad). Dedicó la vida a trabajar en el campo y daba de comer al que no tenía nada. Le avisaron de que no volviera a su pueblo tras la victoria franquista, pero él quería despedirse de su madre y fue. Le dijo: “Hazme un huevo frito con chorizo que me van a matar”. Lo apresaron, se lo llevaron a la cárcel de Guadalajara y de ahí al paredón de fusilamiento delante de la Fosa 1. Igual que a Timoteo Mendieta. Carmen está haciendo el trabajo de investigación que su madre no se atrevió a hacer por miedo. El eterno miedo, el todo atado y bien atado, el larguísimo tiempo de silencio.

Según todos los indicios, Timoteo Mendieta podría ser el individuo número 1 de la Fosa 1. Por estatura podría coincidir. Pero nadie se quiere pillar los dedos y hasta que no lleguen los resultados de las pruebas de ADN que se tomaron a Ascensión, nadie dirá nada. De no estar ni en la Fosa 1 ni en las cuatro individuales podría estar en la fosa donde yacen más de 600 fusilados, bajo una pradera, al final de la zona civil del cementerio. Pero eso sí que sería un tiro en la oscuridad porque allí sólo iban a parar los que se declaraban católicos, y no parece que aquel carnicero de Sacedón profesara religión alguna. A Ascensión Mendieta se la ve tan frágil que el comentario más extendido entre los voluntarios es: “En cuanto tenga los huesos de su padre…”. Y nadie acaba la frase.

En la exhumación del año pasado, la de la Fosa 2, aparecieron dos hermanos, los Escamilla Rebollo, también de Sacedón, a los que nadie reclamó. El jardinero del cementerio, Juan, un hombre con problemas de corazón que cada día viene a regar de manera voluntaria la parte “republicana” del cementerio, nos ha confirmado que si no aparece ningún familiar él los meterá en una sepultura perpetua que ya tiene pagada. Una fosa llama a otra.

Aprovechando este viaje al pasado, yo mismo he traído todos los documentos y fotos de dos hermanos de mi padre desaparecidos durante la Guerra Civil. Eran miembros de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) y la UGT. Se alistaron voluntarios en el Ejército republicano el 18 de julio de 1936. Uno murió en el Frente de Belchite defendiendo la República, el otro sigue desaparecido.

Una fosa llama a otra fosa. Y no, no sabían que enterraban semillas.

PD: Durante la exhumación de la Fosa 1 se acercó un sindicato noruego de electricistas a entregar unas rosas y ver de cerca este microcosmos del genocidio franquista (ellos son los que más dinero aportan a la exhumación de la ARMH). Ningún cargo de la UGT pisó el cementerio, cuando curiosamente la mayoría de los fusilados de esta fosa tenían esa filiación sindical. Al parecer, hay semillas que no terminan de brotar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Fotografías: Willy Veleta

Fuente:http://ctxt.es/es/20170524/Politica/12986/Fosas-Guadalajara-Timoteo-Mendieta-CTXT-Willy-Veleta.htm

 

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Sindicalismo y memoria, ese viejo nuevo internacionalismo

Un sindicato de electricistas noruegos visita la exhumación de la fosa de Timoteo Mendieta, en Guadalajara.

Desde 2014 han donado 50.000 euros a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

lamarea.com / Isabel Cadenas Cañón / 24-05-2017

Un autobús lleno de electricistas noruegos viaja desde Madrid hacia Guadalajara. Pertenecen a una agrupación regional de El & It, un sindicato del sector eléctrico que agrupa a unos 37.000 afiliados en total. Llevan una semana en España: han estado en Marinaleda, se han reunido con CC.OO. y ahora van hacia el cementerio de Guadalajara. Allí les espera una fosa de la que, a día de hoy, se han exhumado 17 cuerpos. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera que uno de ellos sea el de Timoteo Mendieta, aquel hombre fusilado en noviembre de 1939 por ser presidente de la UGT en su pueblo, Sacedón y cuya hija, Ascensión Mendieta, cumplió 88 años en un avión rumbo a Buenos Aires para testificar en la querella argentina contra los crímenes del franquismo.

El día anterior, esta agrupación regional del sindicato, que cuenta con unos 2.000 miembros, donó 7.000 euros a la ARMH. No era la primera vez: desde 2014, diferentes agrupaciones de El & It han donado alrededor de 50.000 euros a la asociación. “Si lo divides entre 37.000, no es mucho dinero”, dice uno de ellos.

¿Qué hace que un sindicato noruego done dinero para exhumar las fosas del franquismo? Varias razones. Una de ellas es Henning Solhang. Henning visitó España por primera vez en 1979: le impresionó la impronta del franquismo en la sociedad y supo “que no podía entender este país”, así que empezó a leer todo lo que caía en sus manos sobre España. En 2013, volvió con varios directivos del sindicato y organizó un encuentro con la ARMH. Después de ese encuentro llegó la primera donación. Otra razón es Willy Davidsen, un célebre sindicalista que, durante la Guerra Civil, luchó en las Brigadas Internacionales. Uno de sus hijos, Jan Davidsen, fue el secretario general de uno de los sindicatos más importantes del país. Para muchos de estos sindicalistas, la relación con la Guerra Civil es genealógica: lo que sus antepasados aprendieron en las Brigadas Internacionales les sirvió después para liberar el país de la ocupación nazi, dicen. Y también: “hay quienes piensan que no se puede hacer nada contra el fascismo, pero la Guerra Civil española prueba que sí”.

Para la mayoría de estos hombres –el sindicato es casi exclusivamente masculino, sólo un 3% son mujeres–, esta es su primera vez en España. Salen poco de Noruega. Llevan medio año organizando este viaje, es decir, leyendo y aprendiendo sobre historia española. En el autobús, algunos lo dicen con cierta vergüenza: que en Noruega no se estudia la Guerra Civil española en las escuelas, y que antes de empezar a prepararse para este viaje, no sabían nada sobre el tema. Otro explica que la única manera de frenar el avance de la extrema derecha en Europa es comprender lo que el fascismo fue capaz de hacer en el mundo, y que por eso vienen: para ayudar a que se sepa la historia. Oevind Wallentinsen, secretario general de la agrupación, estuvo en Ponferrada hace un par de años visitando el laboratorio de la ARMH. Se quedó impactado con “lo que Franco hizo a la república” y es también gracias a él que se ha organizado este viaje –el primero de la agrupación desde 1995–: porque la única manera de que esto no se repita en la Europa de la crisis es el boca a boca, decírselo a otros, correr la voz. Por eso para ellos es tan importante la ayuda económica, pero también la difusión: junto a ellos viaja, en todo momento, un periodista de Nettwerk, la revista del sindicato.

Ninguno de ellos ha visto nunca una fosa común.

Hoy hay poca gente en el cementerio, apenas las voluntarias y voluntarios de la ARMH y algunas periodistas. Marco González, vicepresidente de la asociación, les explica el contexto: en este cementerio hay unos mil represaliados, esta es la parte civil, todo eso que veis son fosas. Les dice que él no pudo encontrar a su abuelo, pero que gracias a sus donaciones, muchas otras personas sí han podido desenterrar a sus familiares. Los sindicalistas hablan de historia, toman fotos, preguntan. Y entonces se asoman a la fosa. René Pacheco, el arqueólogo, les habla desde allí abajo, a unos 3 metros de profundidad. Junto a él, un fémur, varias costillas, se adivinan dos cráneos con impactos de bala. Son los cuerpos 18 y 19.

Cambia todo. Primero está el silencio. Poco a poco los sindicalistas preguntan por el miedo, por ejemplo, preguntan por qué la gente que está trabajando en la fosa es tan joven. Sigurgir Olafsen, un hombre creyente, pregunta si no están teniendo apoyo de la iglesia, porque estas personas no han tenido un entierro digno. Pacheco le explica que, de hecho, los tiros de gracia de muchos de estos hombres los disparó el cura del pueblo, y que ese cura está enterrado muy cerca, en la parte noble del cementerio.

Poco a poco los sindicalistas empiezan a reunirse en pequeños grupos. Hablan entre ellos, con desconcierto. Sigurgir no puede comprender: “en mi país los curas son los buenos. Son hombres de dios.” Leif Egil dice “esto no es una película, es la realidad. Tengo que tratar de entenderlo”. Christopher Fageland, el más joven del grupo, “¿Quieres saber de qué estamos hablando? De que tendríamos que dar mucho más dinero.” Y, en todos, dos comentarios que se repiten: que no entienden cómo el gobierno español puede dar la espalda a todo esto y que es su deber, ahora, contarlo cuando vuelvan a Noruega. “Lo voy a poner en mi Facebook”, “Voy a escribir un artículo”, “Esto tiene que saberse, se lo voy a contar a toda la gente que conozco”. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

Cernuda comenzó “1936”, un poema sobre un brigadista internacional, con ese verso. Lo terminó escribiendo que una sola persona valía como testigo de la nobleza humana. Algo así se siente al hablar con estos hombres que no tienen ningún tipo de orgullo por haber donado dinero para realizar tantas exhumaciones —“¿Por qué deberíamos estar orgullosos de eso? Por supuesto que tenemos que ayudar”—, para los que sindicalismo es sinónimo de solidaridad —“tanto en Noruega como fuera. Somos un sindicato, y los sindicatos sirven para eso, para que la gente luche unida”.

Y eso es lo que queda en el aire cuando se van del cementerio. Que han pasado por aquí los internacionalistas; los hombres buenos. Los voluntarios y las voluntarias les aplauden. Los sindicalistas les aplauden a ellos.

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Fotografía destacada: Una agrupación regional del sindicato noruego El & It visita el cementerio de Guadalajara. Óscar Rodríguez, ARMH.

Fuente:http://www.lamarea.com/2017/05/24/sindicalismo-memoria-ese-viejo-nuevo-internacionalismo/

 

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Los arqueólogos abren la cuarta fosa con un represaliado gallego fuera de la comunidad

La ARMH busca a familiares de Emilio Aranda Olivan, enterrado en Guadalajara en 1939 Solo saben que es de A Coruña y que sus padres se llamaban Josefa y Emilio.

laopinioncoruna.es / Rosa Prieto / 21-05-2017

Costó décadas vencer el silencio y el miedo que impuso la Guerra Civil y los años oscuros de la dictadura. Pero hace poco más de 15 años, quienes fueron testigos de los paseos del franquismo empezaron a señalar las fosas donde fueron enterrados más de 100.000 represaliados. Aún hoy, miles de desaparecidos yacen en cunetas, montes o tapias de cementerios a la espera ser exhumados y recibir sepultura junto a sus padres, abuelos, cónyuges o incluso hijos.

“Busco a mi padre”. “Sé dónde está enterrado mi abuelo”. “En esa fosa está mi tío”. A la Asociación de la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), colectivo originario del Bierzo promotor de las primeras exhumaciones en España, le llegan a diario peticiones para exhumar aquellos viejos huesos vencidos que desde hace casi ocho décadas claman memoria. En la práctica totalidad de los casos son los propios familiares o los vecinos de la zona los que sitúan el lugar donde fueron ejecutados y aportan datos de cada uno de los represaliados. Pero en la fosa de Guadalajara, donde la ARMH inició este mes los trabajos de exhumación -la cuarta con represaliados gallegos fuera de la comunidad-, el equipo de investigación, coordinado por Marco González, se ha encontrado con el expediente de un gallego del que tan solo disponen de su lugar de origen, su profesión y la fecha en la que fue ejecutado por el delito de “adhesión a la rebelión”. El colectivo trata de dar con familiares para entregarle los restos una vez concluya el proceso de exhumación y cotejo de las muestras genéticas.

Se trata de Emilio Aranda Olivan, tal y como recogen las anotaciones del Registro Civil y de los libros de enterramientos del cementerio de Guadalajara, donde fue ejecutado el 19 en octubre de 1939. Natural de “La Coruña”, “soltero” y de profesión, “delineante”. “hijo de Emilio y Josefa” y “domiciliado” en Guadalajara. Militante del PCE y miembro de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, y del Socorro Rojo Internacional. Durante la guerra trabajó en la Secretaría del Comisariado del IV Cuerpo de Ejército Republicano.

El equipo de voluntarios espera que la noticia sobre su búsqueda llegue a los familiares pese a los escasos datos, ya que no han podido acceder a la causa militar. “Está en el Archivo Militar de Zaragoza”, apunta Marco González, vicepresidente de la ARMH. No sería la primera vez que una familia conoce por los medios de comunicación dónde están enterrados sus allegados. Ya ocurrió con la fosa exhumada en 2009 en Aladrén (Zaragoza), donde fueron recuperados los restos de tres gallegos paseados en 1937: Cándido Silva, de Ribeira; Juan Moreno, de Vigo, y Benito Alonso, de A Cañiza. Fueron los familiares de este último, residentes en País Vasco, que se enteraron por este periódico dónde había sido fusilado, tal y como entonces relataron a este diario. Su sobrino había escuchado que Benito había muerto por “Zaragoza”. Pero ninguna pista más que le acercase el lugar exacto donde había sido sepultado.

20 días de exhumación

El pasado 9 de mayo, voluntarios de la ARMH iniciaron en el cementerio de Guadalajara el segundo intento para recuperar los restos de Timoteo Mendieta, miembro de UGT ejecutado el 16 de noviembre de 1939. Se trata del primer caso de una exhumación que se realiza tras un exhorto internacional dictado por la juez argentina María Servini, encargada de la instrucción de la conocida como “querella argentina” contra los crímenes franquistas.

Los restos de Mendieta no estaban, tal y como se creía cuando se comenzó en enero del año pasado la exhumación, en la fosa número 2 del cementerio de Guadalajara. De ahí que los arqueólogos retomasen este mes los trabajos tanto en la fosa identificada como número 1 en la que hay unos 25 cuerpos -entre ellos el del coruñés Emilio Aranda Olivan- como en otros cuatro sepulturas situadas en la primera fila del camposanto.

El equipo de la ARMH prevé concluir la exhumación a finales de mes. Ya recogieron muestras genéticas a los familiares, que serán cotejadas una vez recuperados todos los cuerpos. Aquellos que no sean identificados o reclamados recibirán sepultura en el cementerio de Guadalajara y el colectivo se quedará con muestras genéticas de cada cuerpo exhumado por si los familiares que desconocen el paradero de sus allegados los reclaman una vez concluido el proceso.

Desde que en el año 2000, la ARMH comenzó a poner nombre y apellido a cada resto que exhumaban de una fosa común, ya han ha recuperado unos 1.400 restos en toda España, más de medio centenar en Galicia. Además, en tres fosas ya abiertas fuera de la comunidad exhumaron restos de represaliados gallegos. La primera en el año 2004 en Arnado (León), donde estaban enterrados Ramiro Franco, concejal republicano de Rubiana (Ourense) y Carlos López Figueroa, conocido en la zona como El Coruñés. En 2009 fue exhumada la fosa de la localidad zaragozana de Aladrén, donde habían sido sepultados tres gallegos. Y en verano de 2014, en Ávila, recuperaron los restos del guerrillero ourensano Perfecto de Dios.

Antes del verano, el equipo de la ARMH organizará el acto de entrega de los restos exhumados el año pasado en la aldea lucense de Castroncelos (dos cuerpos); As Covas, en Quiroga, (uno) y en la localidad coruñesa de Páramos (cuatro).

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Fotografía destacada: Integrantes de la ARMH durante la exhumación de la fosa común en el cementerio de Guadalajara. Oscar Rodríguez

Fuente:http://www.laopinioncoruna.es/galicia/2017/05/21/arqueologos-abren-cuarta-fosa-represaliado/1183050.html

 

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Piden a los diputados de Castilla-La Mancha que visiten la exhumación de víctimas del franquismo

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica se ha dirigido al Parlamento regional vía correo electrónico.

“La defensa de los derechos humanos de las víctimas de la dictadura no deben ocurrir al margen de las instituciones democráticas”, aseguran.

Se cumplen nueve días de los trabajos de exhumación en el cementerio de Guadalajara para localizar a Timoteo Mendieta.

La ARMH elabora informes de cada caso que servirán de “prueba” en posibles juicios para demostrar que se trató de asesinatos y no de muertes como consecuencia de la guerra.

eldiario.es / Carmen Bachiller / 18-05-2017

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha remitido una carta a los diputados de las Cortes de Castilla-La Mancha en la que les invitan a realizar una visita a los trabajos de exhumación que se llevan a cabo desde hace nueve días en el cementerio de Guadalajara para buscar a Timoteo Mendieta, fusilado en 1939, pocos meses después del término de la guerra civil, a instancias de la justicia argentina que investiga los crímenes cometidos por el franquismo.

La asociación considera que “la defensa de los derechos humanos de las víctimas de la dictadura no deben ocurrir al margen de las instituciones democráticas” y que esta visita sería una manera de “respaldar públicamente el rechazo a la violencia y a la persecución de cualquier ser humano por razones políticas”. La carta se ha remitido a través del correo electrónico y la reproducimos de manera íntegra:

“Desde el pasado día 9 de mayo, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica está llevando a cabo la exhumación de una fosa común en el cementerio de Guadalajara. En ella esperan encontrar los restos de 25 personas civiles, asesinadas tras el final de la guerra de 1936. Lo que comenzó como búsqueda de Timoteo Mendieta, natural de Sacedón, padre de Ascensión Mendieta, la mujer que ha promovido judicialmente la exhumación, se ha convertido en la esperanza de una docena de familias que llevan décadas esperando a poder enterrar dignamente a un ser querido y a saber qué es realmente lo que le ocurrió.

La labor de recuperación e identificación de los restos humanos es un acto de reparación dentro del trabajo de defensa de los Derechos Humanos que ha quedado pendientes desde el final de la dictadura franquista.

En ese ámbito de rechazo a la violencia y persecución contra cualquier ser humano por sus ideas, entendemos que la reparación de hechos tan terribles, y la defensa de los Derechos Humanos, no puede ocurrir al margen de las instituciones democráticas. Esa es la razón por la que queremos invitar a una representación o a todas las Cortes de Castilla-La Mancha a visitar la exhumación, mantener contacto con los familiares, conocer de primera mano las labores que se están llevando a cabo en el cementerio de Guadalajara y saber en qué consisten las demandas de quienes todavía buscan desaparecidos de la dictadura. Los trabajos continuarán hasta el próximo 27 de mayo”.

Nueve días de exhumación con optimismo contenido

Mientras tanto, este jueves se cumple el noveno día de exhumación en la fosa uno del cementerio de Guadalajara. Ya se han sacado diez de los 25 cuerpos que se habrían depositado en el lugar a finales de los años 30 del pasado siglo.

René Pacheco, arqueólogo que dirige la excavación, explica que durante los actuales trabajos se han encontrado “con cuerpos mucho más amontonados, con menos capa de tierra de separación entre asesinato y asesinato”. Eso podría dificultar la tarea de la asociación a la hora de definir, con cierta exactitud, la temporalidad de cada asesinato pero, matiza Pacheco, “nos permite avanzar más rápido”.

Exhumación en la fosa 1 del cementerio de Guadalajara FOTO: ARMH

De momento se están confirmando los datos de los registros de enterramiento. “En la fosa número uno creo que no vamos a tener tantos problemas en la identificación genética de las víctimas porque a ella se arrojaban los cuerpos sin repartirlos en otras fosas del cementerio como ocurría en la fosa dos. En ese caso tiraban los cuerpos de forma simultánea a la dos y a la tres o a otras”.

Permiso para analizar los restos en Madrid en vez de Argentina

Aún es pronto para extraer conclusiones en lo que se refiere a la localización de los restos de Timoteo Mendieta. “En la saca, el grupo en el que podría encontrarse Timoteo, puede haber pasado cualquier cosa. Hemos encontrado un cuerpo joven, otro mayor…Uno de los dos podría ser pero no lo podemos confirmar”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha solicitado al juzgado argentino que dirige María Romilda Servini la posibilidad de enviar las muestras para su análisis genético a Madrid, en lugar de hacerlo a los laboratorios argentinos. “Parece que vamos a obtener ese permiso”, asegura René Pacheco.  El objetivo es ganar tiempo y por eso en el mismo cementerio se está simultaneando el análisis antropológico de los cuerpos con la extracción y preparación de muestras para el posterior análisis del ADN.

‘Pruebas’ para  futuros juicios que demuestran los asesinatos

A los trabajos de exhumación que son gratuitos, ya que la propia asociación corre con todos los gastos, se han acercado otras familias que esperan encontrar a sus seres queridos. “Tenemos a 12 ya identificadas y nos faltan otras tantas por encontrar”, señala Pacheco quien invita a los interesados a acercarse al cementerio. “Tendrán la oportunidad de trasladar los restos a sus panteones familiares”.

La ARMH elabora informes técnicos de cada caso que también se ponen a disposición de las familias “para que tengan una validez judicial. En el futuro pueden servir como prueba para la investigación de otros crímenes. De hecho, se demuestra que estamos ante un asesinato y no una muerte consecuencia de la guerra, tal y como reflejan muchas actas de defunción. Es la evidencia de que el franquismo manipuló”.

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Fotografía destacada: Ascensión Mendieta permanece al pie de la fosa, esperando noticias FOTO: ARMH

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/Piden-Castilla-La-Mancha-exhumacion-franquismo_0_644985783.html

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Las familias que buscan a los ‘otros Mendieta’ fusilados en Guadalajara

El caso de Timoteo Mendieta, fusilado en 1939, estimula la búsqueda de los restos de otros republicanos fusilados en las fosas del cementerio de Guadalajara.  

Diez familias más creen que también pueden tener represaliados en el camposanto de la capital alcarreña, entre ellas, las de Gregorio Florián, Francisco de Llera y Saturnino de Luz.

eldiario.es / Raquel Gamo / 14-05-2017

Gregorio Florián, Francisco de Llera y Saturnino de Luz dan nombre a víctimas del odio, de la sinrazón, de la impunidad y del olvido. Fueron testigos de una de las etapas más oscuras de la historia reciente de España. Casi ochenta años después desde el fin de la Guerra Civil y la instauración de la dictadura franquista, los restos de sus cadáveres continúan, en plena era democrática, esparcidos en fosas comunes del cementerio de Guadalajara como si se trataran de ciudadanos de segunda. Sin que sus familias hayan podido recuperarlos y darles una sepultura digna.

El caso de Timoteo Mendieta, carnicero y presidente de UGT en su pueblo –la localidad alcarreña de Sacedón- ha servido de espolea para que otras diez familias se hayan movilizado en la búsqueda de represaliados en el cementerio municipal de Guadalajara. Una tarea en la que van a contar con la ayuda de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Desde el martes, precisamente, los miembros y arqueólogos de esta entidad trabajan en el segundo intento para localizar los restos de Mendieta, asesinado el 15 de noviembre de 1939. El primer intento fue en enero del pasado año, pero no dio sus frutos. La hija del represaliado, Ascensión Mendieta, a sus 91 años, mantiene incansable la búsqueda por recuperar “un hueso” y “unirse a él”.

La orden de apertura de la fosa en la que se cree que se halla Timoteo Mendieta no procede de ningún juzgado español, sino de la jueza argentina María Servini de Cubría, quien instruye la llamada ‘querella argentina’ de los crímenes del franquismo desde 2010, después de que descarrilara la causa abierta por Baltasar Garzón en el Tribunal Supremo. Hace un año, los especialistas recuperaron los restos de diez personas que estaban en la misma lista que Timoteo. Sin embargo, los análisis de ADN rubricaron que ninguno de ellos era él.

Esta semana, tras la segunda exhumación, en presencia del juez de Guadalajara que ha recibido el exhorto de la magistrada argentina para abrir la fosa, los miembros de la ARMH han localizado por el momento un cráneo aunque aún no se sabe si corresponde al padre de Ascensión. René Pacheco, arqueólogo que trabaja en el equipo de esta asociación, considera que el cadáver de Timoteo Mendieta “pudo haber sido arrojado a otra fosa común próxima en la que fueron arrojados otros dos cadáveres el mismo día”.

Fosa común del cementerio de Guadalajara donde podrían localizarse los restos de Saturnino De Luz

En cualquier caso, lo cierto es que el caso Mendieta ha abierto la espita a otras familias que también buscan a sus represaliados, tal como ya empezó a ocurrir en 2016. Después de la primera exhumación, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica recibió solicitudes de información de más de un centenar de personas. Y ahora, otras diez familias también consideran, a la luz de las investigaciones y los archivos, que los restos de sus antepasados se localizan en el camposanto de la ciudad de Guadalajara.

Los trabajos coordinados por la ARMH avanzan a buen ritmo. “Hemos encontrado los primeros restos humanos en buen estado de conservación”, asegura Pacheco. Solo en el cementerio de Guadalajara, según se recoge en los archivos oficiales, el franquismo fusiló en torno a 822 republicanos entre 1939 y 1944. De ellos, más de 250 cuerpos se encuentran abandonados en 16 enterramientos colectivos en la zona del recinto donde actualmente se centran los trabajos arqueológicos de la asociación. Los técnicos consideran que en la fosa 1 del cementerio de Guadalajara deberían alojarse los cuerpos de 25 víctimas del franquismo entre los que se encontrarían, además de Timoteo, Gregorio Florián y Francisco de Llera, naturales de los municipios alcarreños de Torija y Valdeconcha, y también represaliados por el régimen al término de la Guerra Civil.

Referente para otras familias

El proceso judicial iniciado hace siete años por los Mendieta, convertido en un referente paradigmático de la dignidad en la lucha por la memoria histórica, ha conducido a otras familias a investigar el paradero de sus antepasados e incluso, en algunos casos, como ocurre con Gregorio y Francisco, sus parientes podrán comprobar en las próximas semanas si sus familiares se hallan en la misma fosa que Timoteo Mendieta. La biografía de estas tres víctimas de la Guerra Civil, relatada por sus familiares a eldiarioclm.es, está íntimamente ligada al activismo político y sindical en defensa de los valores republicanos hasta su fusilamiento en los meses posteriores al ocaso del conflicto fratricida.

La breve vida de Gregorio Florián estuvo vinculada a la villa alcarreña de Torija. Nacido en 1890, fue donado a la Casa de la Misericordia de Guadalajara y, más tarde, adoptado por un hombre de Atanzón. Durante su juventud en el municipio torijano, Gregorio trabajó cuidando del ganado como criado de un señor. Años después se convirtió en jornalero empleado en la construcción de una carretera aledaña al pueblo, un oficio que le permitió prosperar económicamente. Su temprano compromiso político le llevó a afiliarse a la UGT, organización en la que desempeñó el cargo de recaudador de Torija. Allí se casó con su mujer y juntos formaron su familia.

Ascensión Florián, nieta de Gregorio Florián, miembro de la UGT de la localidad de Torija ejecutado por el régimen franquista en julio de 1939.JPG

La vida parecía sonreírle a la familia Florián hasta que un suceso en Torija cambió su destino para siempre: el asesinato del cura de Trijueque a finales de los años 30. Algunos vecinos le acusaron de ser el autor de los hechos en colaboración con otras personas y de haberse mofado de la Iglesia con las vestiduras del párroco. A pesar de que no había pruebas contra él, un grupo afín al ideario falangista le delató ante la autoridad y un tribunal militar le detuvo, acusado por su activismo en la UGT y por el asesinato del clérigo en abril de 1939, que nunca pudo corroborarse.

Un mes después ingresó en la prisión central de Guadalajara. El único contacto que tuvo con el exterior fue durante un permiso penitenciario que le concedieron para dar sepultura a su hijo Benito, víctima de la difteria.  Según relata su bisnieto, Rubén Aguado, “en Torija siempre se ha contado que cuando el hijo de mi bisabuelo Gregorio estaba muy enfermo, el médico le negó la asistencia por la vinculación de su familia con la izquierda. Cuando su padre consiguió salir de la cárcel, solo llegó para enterrarle”.

Los últimos meses de la vida de este ugetista transcurrieron entre los barrotes de la prisión alcarreña. Le condenaron a muerte en cumplimiento de una sentencia sumarísima y fue fusilado en el cementerio de Guadalajara el 27 de julio de 1939. Contaba 48 años. Pero la tragedia para la familia Florián no acabó aquí. Los falangistas multaron y embargaron todos los bienes familiares. Además, como venganza, tal explica su bisnieto, los vecinos querían quemarlos en el horno de pan de la población.

Ochenta años después de esta historia, los descendientes de Gregorio están volcados en encontrar los restos de su familiar hasta el punto de llevar su búsqueda a los juzgados. Durante las indagaciones para conocer el paradero de la víctima lograron confirmar que sus restos se encuentran, precisamente, en la fosa que está siendo exhumada desde esta semana. “La acusación que pesaba sobre mi abuelo fue completamente falsa, como luego se demostró”, explica emocionada su nieta, Ascensión Florián, quien no escatima elogios hacia Ascensión Mendieta y su familia. “Es encomiable y valiente. Agradecemos a esta familia su perseverancia porque la evolución de su caso nos va a permitir buscar también a nuestro familiar. Sin embargo, creo que el primer paso para recuperar la memoria de nuestros antepasados debería haber sido declarar nulos los juicios. Estoy muy indignada. Estamos sacando a nuestras víctimas como si fueran asesinos”, lamenta Ascensión.

La nulidad de los juicios sumarísimos del franquismo fue una posibilidad que el Estado cerró con la Ley de Amnistía, aprobada en 1977 durante la Transición, a cambio de autorizar la legalización del Partido Comunista de España en abril de ese mismo año. Después, la Ley de Memoria Histórica, impulsada por el Gobierno de Zapatero en 2007, tampoco incluyó esta exigencia de las víctimas.

Ana María González De Llera, nieta de Francisco de Llera, concejal republicano de la localidad de Valdeconcha fusilado en noviembre de 1939

“Darle sepultura”

El destino de Francisco de Llera corrió la misma suerte que su compañero Gregorio Florián. Nació en la localidad alcarreña de Valdeconcha, en octubre de 1889. Durante los años previos a la Guerra Civil, cultivó sus tierras, unas propiedades que le granjearían más tarde rencillas con otros vecinos. En esta etapa contrajo matrimonio con su primera esposa, enviudó y después volvió a casarse. Fruto de estas uniones nacieron siete hijos. Era concejal socialista en  Valdeconcha cuando estalló la guerra.

Según relata una de sus nietas, Ana María González, “a lo largo del conflicto se dedicó a abastecer de víveres a los soldados republicanos que lucharon en el frente”. Precisamente, al regreso de una misión, en 1939, Francisco fue detenido junto a su hija Agustina en su vivienda, probablemente, tras ser delatado por sus vecinos como venganza por viejas disputas alrededor de varias de sus propiedades. Ambos fueron recluidos en la cárcel de Guadalajara. Aunque la adolescente logró ser liberada, su padre acabó siendo fusilado en el cementerio de la capital alcarreña el 11 de noviembre de 1939. El motivo de fondo: su afiliación al Partido Socialista.

La familia De Llera, después de muchos años en los que la historia de su abuelo ha sido tabú en su seno, decidió hace unos meses romper con el “miedo” e investigar el destino de su antepasado. A tenor de los documentos oficiales, fue enterrado también en la fosa número 1. “Hemos descubierto que a mi abuelo le iban a conmutar la pena, pero al final le ejecutaron después de la guerra. Tenemos esperanza de que aparezcan sus restos. Deseamos dignificarle y darle un merecido homenaje en Valdeconcha”, explica Ana María.

En el caso de esta familia, el posible reencuentro con su abuelo, tras ocho décadas de silencio, llega tarde para los parientes más longevos. La hija de Francisco y madre de Ana María, Pilar Gabriela de Llera Alonso, murió hace unas semanas, a la edad de 91 años. No tuvo la oportunidad de honrar a su padre.

Salceda De Luz, nieta de Saturnino De Luz, fusilado en el camposanto alcarreño en mayo de 1940

Dignificar la fosa

La historia de Saturnino de Luz hunde sus raíces en el municipio de Tendilla. Agricultor en sus años de juventud, se casó y tuvo cinco hijos. Su trayectoria estuvo marcada por su unión, como sucedió en otras muchas poblaciones de la provincia de Guadalajara, a la UGT, sindicato en el que alcanzó la posición de Secretario de la Colectividad en Tendilla durante los años previos al estallido de la Guerra Civil. Su “adhesión a la rebelión” fue el motivo esgrimido entonces por las autoridades franquistas para detenerle y encarcelarle, primero en su localidad natal y luego en Guadalajara, tras concluir la guerra. Después de un periodo de cautiverio fue ejecutado en el camposanto de la ciudad el 13 de mayo de 1940. Tenía 40 años.

La investigación de la familia de Saturnino de Luz fructificó con un primer resultado acerca de la localización de sus restos. Según el registro del cementerio, fue ejecutado por orden judicial del Ministerio de Justicia y enterrado en otra fosa común situada al sur del recinto, en el patio 4 del camposanto de la capital arriacense.

El hijo de la víctima, Juan de Luz, de 91 años, presenció en primera fila junta a Ascensión Mendieta, la apertura de la fosa 1 el pasado martes. Su nieta, Salceda de Luz Medel, junto a otros familiares, inició el proceso para encontrar a su abuelo aunque luego decidió paralizar el proceso judicial. “Queremos dignificar esa fosa en la que yacen muchos de nuestros familiares asesinados por el franquismo. Pedimos autorización al ayuntamiento para embellecer el lugar y colocar placas de homenaje, pero nos la denegaron”, sostiene. Según detalla, la respuesta de la Alcaldía de Guadalajara fue que ellos se encargarían de acometer la reforma de la fosa. Pasado el tiempo, el Gobierno local se ha limitado a ajardinar la superficie del enterramiento, de tal manera que no parece una fosa.

Precisamente, este desdén institucional es una de las principales quejas que deslizan los familiares de las víctimas del franquismo. El denominador común que presentan es el de mantener su esfuerzo a la hora de buscar a sus familiares, pero les hubiera gustado hacerlo con más apoyo oficial y sin que tuviera que mediar la Justicia internacional.

Sin apoyo oficial

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se jactó en el Foro de El Mundo, en diciembre de 2015, que a lo largo de sus cinco años de mandato había dejado “a cero” la asignación presupuestaria destinada a memoria histórica. Esta falta de colaboración del Gobierno dificulta y retrasa todos los procesos judiciales que se han abierto para recuperar a víctimas del franquismo. Desde 2011, todos los avances que se han producido han sido gracias al altruismo de asociaciones y particulares comprometidos con la causa de la memoria histórica.

En el caso de Guadalajara, además, el equipo de Gobierno municipal del PP emitió el año pasado facturas a la ARMH por la exhumación de los restos de veintidós represaliados, entre ellos los que se suponía que eran de Timoteo Mendieta. Lo denunció el grupo de Ahora Guadalajara, lo que motivó que este Ayuntamiento eliminara este cobro.

Ahora, la reciente segunda exhumación en la fosa 1 en Guadalajara satisface los deseos de la familia Mendieta, pero no cumple con las obligaciones que la comunidad internacional, a través de la ONU, ha lanzado a España para que cumpla en materia de las fosas, no solo por un asunto de memoria histórica, sino por una cuestión que atañe a los derechos humanos. Todas las personas tienen derecho a dar una digna sepultura a los suyos.

“En otros países como Bosnia y Colombia sí tienen un censo de desaparecidos oficializado. En Colombia, concretamente existe desde hace 10 años, teniendo en cuenta que las FARC no han entregado las armas”, ha señalado en reiteradas ocasiones el fotoperiodista Gervasio Sánchez, presente en la segunda exhumación de Timoteo. Por el contrario, en España, no hay un registro oficial de víctimas del franquismo, pese a que la Ley de Memoria Histórica contemplaba la creación de una Oficina de Víctimas de la Guerra Civil y la Dictadura.

Es evidente que la normativa se ha quedado corta para los familiares de las víctimas, especialmente, en lo que se refiere al apoyo para ejecutar exhumaciones. De ahí la relevancia de lo que está ocurriendo en las excavaciones en el cementerio de Guadalajara. Tanto por el número de víctimas que los expertos creen que están enterradas como por lo que representa de divulgación de un drama que durante muchos años ha permanecido silenciado. “Nuestra familia ha dado visibilidad a las víctimas del franquismo que no tienen cuernos, ni rabo ni quieren matar a nadie”, señaló el martes a los medios Chon Vargas, hija de Ascensión Mendieta.

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Fotografía destacada: Linea de fosas colectivas en el cementerio civil de Guadalajara

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/familias-buscan-Mendieta-fusilados-Guadalajara_0_643585973.html

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