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España: es hora de acabar con el apartheid de las víctimas de la violencia

Esconder a las víctimas de la dictadura y maltratarlas desde el Estado, mientras a otras se les garantizan todos los derechos es un acto inhumano de discriminación, que muestra las costuras de una democracia débil.

eldiario.es / Emilio Silva / 13-07-2017

Primero lo secuestraron y lo detuvieron ilegalmente. Sus captores lo torturaron porque era parte del castigo que pretendían infringirle. Lo habían elegido por su militancia política y no iban a tener ni la más mínima contemplación con él ni con su familia. Las armas todavía calientes, acostumbradas a las distancias cortas, a no dudar al apuntar, a mirar a los ojos a la persona a la que estaban a punto de arrebatarle la vida.

Después de mantenerle retenido, lo sacaron con los ojos vendados y no era por protección de los verdugos, porque no sobreviviría para delatarles. Era una forma más de aumentar su sufrimiento. Finalmente, junto a unos árboles, le dispararon dos tiros en la cabeza y allí dejaron su cuerpo agonizante.

Hasta aquí este podría ser el relato del asesinato de Miguel Ángel Blanco pero es el de Emilio Silva Faba, mi abuelo, militante de Izquierda Republicana en Villafranca del Bierzo, donde dedicó su vida política a reclamar la construcción de un grupo escolar público y laico. Los asesinos, pistoleros de la Falange, no habían terminado su trabajo. Hicieron enterrar su cadáver a unos aterrorizados vecinos, y quedó abandonado en aquella cuneta, lejos de su casa, de los lugares por los que su familia buscó su cuerpo, para multiplicar el castigo a quienes iban a sufrir su pérdida.

La desaparición forzada es el peor delito contra la sociedad que se puede cometer a través de una persona. Se le detiene ilegalmente, se le tortura, se le quita la vida después de haberlo aterrorizado, y se hace desaparecer su cadáver para destrozar emocionalmente a su familia, a sus amigos, a sus compañeros de militancia.

De ese modo fueron asesinadas y arrojadas a fosas comunes en cunetas, caminos o fuera de las tapias de los cementerios 114.226 personas, civiles que no se encontraban en un escenario de guerra, entre dos trincheras, formando parte o en medio de dos ejércitos.

Los asesinos formaban parte de lo que el diario cordobés La Voz tituló la primera vez que fue tomado y editado por los pistoleros de la Falange, el 21 de agosto de 1936: “Las valerosas fuerzas que luchan por España limpian de marxistas los pueblos”.

Aquel era el proyecto político y genocida de los golpistas del 18 de julio de 1936. Sembrar terror ejemplarizante entre los hombres y mujeres que habían osado construir una democracia en la que ganaron elecciones diferentes ideologías, que separó la Iglesia católica del Estado y que estableció nuevos derechos para las clases sociales que en España siempre habían estado sometidas a los grandes latifundistas y las grandes fortunas con la ayuda de la Iglesia y el Ejército.

24 de diciembre de 2016. Felipe VI, en un despacho del Palacio de la Zarzuela, lee su discurso de navidad. En medio de su argumentación, una frase destinada a las víctimas de la dictadura, a los descendientes de aquellos hombres y mujeres que están en las cunetas: “Son tiempos para profundizar en una España de brazos abiertos y manos tendidas, donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas”.

28 de junio de 2017. La presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor, lee su discurso en la celebración del aniversario de las elecciones del 15 de junio de 1977. Entre sus afirmaciones, como cabeza representativa de una institución que debe acoger las ideas de todos los españoles, una alusión al inolvidable papel de las víctimas del terrorismo y, en un acto de negacionismo, ninguna mención a las víctimas de la dictadura franquista y a los hombres y mujeres que se enfrentaron y lucharon contra la dictadura para que un día ella fuera presidenta del Parlamento español gracias a unas elecciones democráticas.

12 de julio de 2017, la hermana de Miguel Ángel Banco le exige a la alcaldesa de Madrid que cuelgue una pancarta con el rostro de su hermano en la fachada del Ayuntamiento. Marimar Blanco, diputada del Partido Popular, el mismo que no tuvo complejos en que sus tramas de corrupción utilizaran los espacios destinados al apoyo a las víctimas del terrorismo. Ella, que no soporta que se relaciones a las víctimas del terrorismo con las del franquismo, intenta imponer el relato del PP y la actitud que debe tener alguien para mostrar su rechazo a la violencia.

Mientras ella realiza esas manifestaciones, con todo el respaldo de las instituciones y las líneas editoriales de los grandes medios de comunicación, Chon Vargas Mendieta, nieta de Timoteo Mendieta, y un representante de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica denuncian públicamente que el Ayuntamiento de Guadalajara, gobernado por el Partido Popular, pretende cobrarles 2.057 euros de tasas, más bien una multa, por haber osado rescatar los cuerpos de 27 personas asesinadas en los tiempo de la paz franquista, por haber pertenecido a sindicatos de izquierdas.

Las élites españolas, que lo fueron durante la dictadura franquista, beneficiarias directas o indirectas de la violencia, el saqueo y la corrupción política del régimen, hicieron grandes esfuerzos para convertir la transición en una puerta giratoria, en la que entraron franquistas y salieron demócratas. Fue precisamente el recién condecorado Rodolfo Martín Villa el encargado de quemar millones de documentos para blanquear cientos de miles de currículums de adeptos, dirigentes y colaboracionistas.

Una vez borrados los documentos, lo más incómodo para ellos era la memoria de las víctimas, de los luchadores antifranquistas, de quienes los habían conocido antes y después. Y por eso era preciso quitarles la voz a los supervivientes, enmudecerlos, mantenerlos a raya, y la construcción de ese gran silencio fue otro de los grandes objetivos políticos de las élites.

El aprendizaje de la experiencia de las víctimas del terrorismo de ETA fue descubierto por esas élites como una buena herramienta para ocultar su pasado y así, poco a poco, fueron poniéndolas en el centro de la política, utilizándolas para esconder a otras y convirtiéndolas en un valor absoluto de la democracia.

Así se consolidó en esos años el uso y abuso del Partido Popular de las víctimas del terrorismo de ETA, la cooptación de algunas de ellas mediante buenos sueldos en fundaciones, espacios mediáticos e incluso puestos en listas electorales.

En el inicio del año 2000, los nietos de los desaparecidos de la dictadura comenzaron un movimiento social para buscar y reivindicar a sus abuelos y abuelas. La ignorancia y el silencio impuesto comenzaba a resquebrajarse y la élite que había vivido en una sociedad desmemoriada comenzó a articular sus argumentos en contra. Así, de las reivindicaciones de las víctimas del franquismo se ha dicho que: reabren heridas, dividen a los españoles o se acuerdan de sus padres por dinero. Desde el Partido Popular, pasando por la Conferencia Episcopal y llegando a la jefatura del Estado se ha repetido como un mantra que quienes sufrieron el delito más grave que se puede cometer contra un ser humano están mejor calladas; y, por supuesto, se les ha negado cualquier apoyo desde las instituciones, utilizando los recursos públicos para criminalizarlas y acusarlas de poner en peligro la democracia.

Todas las víctimas de la violencia denuncian y reclaman justicia para hechos cometidos en el pasado. Todas tienen derecho a que las instituciones democráticas las protejan y les garanticen su derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación. Todas sienten dolor y todas tienen derecho a tener una ideología y un pasado sin que ello suponga que el Estado pueda seleccionar a quién ayuda y a quién desprecia.

Mientras los desaparecidos de la dictadura franquista tienen que esperar la ayuda de un sindicato noruego de electricistas o de un grupo de forenses llegados de cualquier parte del mundo, hay otras víctimas que reciben todos los derechos por parte del Estado. Las personas asesinadas por la violencia tienen una vida política y todos y todas tienen derecho a participar de ella en igualdad de condiciones. Escuchar a Mariano Rajoy presumir de que su Gobierno dedica cero euros a ayudar a personas como Ascensión Mendieta no sólo abochorna a cualquier persona con un mínimo de humanidad, sino que forma parte de un cultura política proveniente del franquismo en la que unos españoles tienen todos los derechos, y otros ninguno.

Los recursos públicos y la atención a víctimas de la violencia tienen que ser una política de derechos humanos que no puede depender del capricho de quienes gobiernen. Igual que en las urgencias de un hospital no se pide un carnet político para ver quién es atendido y quien no, las políticas públicas asistenciales a víctimas de delitos violentos tienen que ser universales y responder a las necesidades materiales y emocionales de quienes se hayan visto afectados directa o indirectamente por el terrible dolor de una pérdida violenta.

Esconder a las víctimas de la dictadura y maltratarlas desde el Estado, mientras a otras se les garantizan todos los derechos es un acto inhumano de discriminación, que muestra las costuras de una democracia débil, al servicio de intereses de un grupo y no de toda la sociedad. Cuando acabemos con ese apartheid y terminemos con esa discriminación habremos dado como sociedad un salto democrático y terminaremos de maltratar a quienes los mayores enemigos de la democracia, que son los dictadores violentos como Francisco Franco, decidieron convertir en sus enemigos, a quienes están en las cunetas, por no participar en la destrucción de las libertades, ni legitimar el uso de la violencia para asaltar el poder.

Cuando todos los Timoteo Medita estén enterrados con la misma dignidad que los Miguel Ángel Blanco, seremos una sociedad mucho más digna.

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Fotografía destacada: Exhumación en el cementerio de Guadalajara que permitió identificar a Timoteo Mendieta. FOTO: ARMH

Fuente:http://www.eldiario.es/zonacritica/Espana-acabar-apartheid-victimas-violencia_6_664643554.html

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TVE silencia el entierro de Timoteo Mendieta y la lucha que lo ha hecho posible

Los telediarios públicos emitieron un reportaje sobre fosas comunes en Colombia mientras ignoraban que en Madrid se producía el entierro histórico del sindicalista asesinado en 1939 y cuyos restos han estado 78 años en una fosa.

publico.es / Alejandro Torrús / 03-07-2017

Para los informativos de La 1 Ascensión Mendieta no existe. Los telediarios han ignorado durante todo el fin de semana el entierro histórico que esta mujer de 91 años, acompañada de varios cientos de ciudadanos, dio ayer en Madrid a su padre, Timoteo, que fue fusilado 1939 por su filiación sindical en UGT. El telediario de la televisión pública ignora así un caso icónico de la lucha de miles de ciudadanos de todo el Estado por encontrar y dar sepultura a sus familiares desaparecidos y asesinados durante la Guerra Civil y la dictadura.

 El ‘silencio’ que ha guardado TVE sobre este caso y las miles de fosas y los miles de desaparecidos que hay en España se hace más estridente cuando se compara, por ejemplo, con la información que TVE sí decidió publicar en el telediario del domingo: un reportaje sobre fosas comunes en Colombia. Es decir, sí interesan las fosas comunes, pero no las que están en España.

“Es un hábito en TVE silenciar la lucha de los represaliados de la dictadura y de las familias que continúan buscando a sus seres queridos. Silenciando el caso de Ascensión están silenciando también la lucha que hay detrás y que llevan a cabo muchas personas”, denuncia Emilio Silva, que ha anunciado que interpondrá una queja ante los órganos correspondientes de la Corporación Pública.

“El presidente de RTVE dijo hace muchos años en una entrevista en ‘El País’ que él nunca sería antifranquista. Parece que está construyendo una televisión a su imagen y semejanza”

Contactados por este medio, el Consejo de Informativos ha denunciado que “a priori” se trata “de un nuevo caso de censura” y ha avanzado que abrirá un expediente para investigar si se ha vulnerado el código deontólogico de la cadena o si había alguna razón periodística y de interés general que justificara que el entierro de Timoteo Mendieta no estuviera entre los temas más importantes de este fin de semana.

“Vamos a abrir una investigación con nuestro procedimiento habitual. Vamos a preguntar a los responsables del telediario de este fin de semana y a escuchar los motivos por los que consideraron que no tenía cabida. Nos llama la atención, no obstante, que sí tenga cabida un reportaje sobre fosas en Colombia y no el entierro del padre de Ascensión Mendieta“, informan a Público fuentes del Consejo de Informativos.

No hay españoles desaparecidos

No obstante, no es la primera vez que TVE ignora la lucha de las víctimas del franquismo y sus familiares. Los informativos de la televisión pública consiguieron dar una noticia sobre el Día Internacional de las Víctimas de Desapariciones Forzadas sin nombrar ni una sola vez a los miles de españoles que continúan desaparecidos desde la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura.

“El presidente de RTVE dijo hace muchos años en una entrevista en El País que él nunca sería antifranquista. Parece que está construyendo una televisión a su imagen y semejanza”, denuncia Emilio Silva.

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Fotografía destacada: La lucha de una vida. Ascensión levanta unas flores con los colores republicanos junto a su hijo.- REUTERS

Fuente: http://www.publico.es/politica/ascension-mendieta-tve-silencia-entierro-timoteo-mendieta-lucha-hecho-posible.html

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Ascensión Mendieta entierra a su padre 78 años después de ser asesinado

Carnicero de profesión y sindicalista, Timoteo Mendieta fue asesinado y arrojado a una fosa común. Su única hija viva, de 92 años, pidió ayuda a la justicia argentina para recuperar sus restos y ofrecerle sepultura digna, un acto que ha tenido lugar este domingo en Madrid.

publico.es / Patricia Campelo / 02-07-2017

Entre la niña de 13 años que abrió la puerta de su casa un día de abril de 1939, a la hora de la siesta, y la anciana de pelo plateado de 92 que este domingo fijaba su mirada en el féretro con los restos de su padre han pasado casi ocho décadas. Ascensión Mendieta ha sufrido toda la vida el peso de aquel gesto con el que los verdugos accedieron a la vivienda y se llevaron a su progenitor, Timoteo, un carnicero de Sacedón (Guadalajara), presidente local del sindicato UGT. Hasta este domingo, jornada en la que, al fin esta mujer, que celebró su 88 cumpleaños en un avión rumbo a Argentina para contarle su caso a la jueza que instruye desde Buenos Aires la única querella contra el franquismo, ha podido despedirse de su padre dándole una sepultura digna.

Pasadas las once de la mañana de este domingo, Ascensión entraba a paso lento por la zona civil del cementerio del Este [rebautizado como de la Almudena en el franquismo]. Entre sonoros aplausos, banderas republicanas y música de la banda Solfónica de fondo comenzaba el multitudinario entierro de una víctima del franquismo, de un desaparecido durante 78 años cuyo ataúd portaban voluntarios que habían trabajado en su rescate. El día antes, su hija pudo velarle en el tanatorio. “Estaba muy nerviosa y llorando. Mis dos sobrinas, una de ellas es arqueóloga, recompusieron el cadáver y lo pudimos ver dentro del ataúd. Fue muy emocionante”, explicaba a Público Francisco Vargas Mendieta, uno de los nietos, momentos antes del sepelio.

En los últimos 17 años se han podido rescatar de las cunetas a más de 1.400 desaparecidos

La recuperación e identificación de los restos de Timoteo Mendieta ha sido posible gracias a las órdenes de la jueza argentina María Servini para abrir dos fosas comunes del cementerio de Guadalajara. El padre de Ascensión figuraba inscrito en el enterramiento número 2, pero lo habían arrojado al 1, junto a otras 27 personas. Esta circunstancia torpedeó su recuperación e identificación, labores realizadas por un centenar de voluntarios de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), colectivo que se sufraga con aportaciones voluntarias y que ha identificado, en los últimos 17 años, a más de 1.400 desaparecidos del franquismo.

Con los ojos encharcados y un gesto que viajó del dolor al alivio, Ascensión Mendieta permaneció inmóvil mientras el ataúd descendía bajo tierra, a escasa distancia de donde figura enterrada su madre. “Ahora vamos a llevarle flores a la abuela”, planteaba, Chon Vargas, una de las nietas. “Que nos os veáis en una así”, clamaba la única hija viva de Timoteo. “Gracias por venir a este acto tan triste. Después de tantos años, pero al final ya le hemos recogido. Que esto no le ocurra jamás a nadie. Muchas gracias, y a luchar por la libertad”, expresó Ascensión tras ver cerrada la tumba de su padre.

Ascensión Mendieta

Francisco Vargas: “Recorrimos 20.000 despachos, y ministerios, y se nos fueron cerrando todas las puertas”

Tras la inhumación, Francisco Vargas, micrófono en mano, repasó la historia de Timoteo: “Al finalizar la Guerra Civil, mi abuelo, que estaba haciendo ejercicios de milicia en Canillejas [Madrid], se desplaza caminando hasta Sacedón. No había participado en la guerra pero al llegar, después de tres días, mientras dormía la siesta, según cuenta mi madre, llaman a la puerta y ella abrió, un pesar que ha llevado siempre. Entró un falangista con un soldado, y nunca más volvieron a verlo”. Eran los primeros días de abril, tras concluir la contienda. La detención se prolongó hasta el 15 de noviembre de 1939, cuando fue fusilado en el cementerio de Guadalajara.

El nieto denunció también las trabas del estado español a la hora de recuperar los restos de su abuelo, una promesa que María, la madre de Ascensión, les solicitó a ella y a su hermana Paz, fallecida en 2012. “Recorrimos 20.000 despachos, y ministerios, y se nos fueron cerrando todas las puertas; hasta que mi hermana se enteró que había una causa abierta en Argentina”. Vargas también deploró el nulo interés de las élites institucionales en estos procesos de cumplimiento de derechos humanos. “Timoteo era de UGT, y no se ha personado nadie a dar ánimos a mi madre. Estamos muy decepcionados”. También, el nieto aseguró que “hay más de cien mil ‘Timoteos’ enterrados en fosas y cunetas”, animó a “seguir luchando” y ofreció la ayuda de su familia para “quien quiera recuperar los restos de sus seres queridos”. “Y si no se puede, al menos les rendiremos un homenaje e intentaremos que reciban justicia y reparación”, concluyó.

La tercera generación cava la tierra para rescatar a sus abuelos

En la ARMH, un crisol de personas voluntarias, de distintos perfiles profesionales y personales, trabaja a pie de fosa retirando la tierra o limpiando los huesos. También, antes de abrir el enterramiento, documentando testimonios o buceando entre archivos. Las labores de exhumación en Guadalajara que condujeron al hallazgo de Timoteo Mendieta concitaron el interés de más de cien voluntarios entre historiadores, arqueólogas, forenses y demás profesionales y gente que se acercó “a echar una mano”. Es el caso de Rubén Notario, de 34 años. Su bisabuelo y el hermano del mismo, Domingo y Ciriaco Buendía, son dos desaparecidos en el camposanto arriacense, lugar que alberga alrededor de 200 víctimas en 15 fosas comunes. “Mi bisabuelo tenía filiación sindical por UGT. Lo mantuvieron preso unos diez meses y luego lo ejecutaron”, relata tras concluir el entierro de Mendieta.

“Nos dijeron que estaba en la fosa tres, pero según los registros del cementerio está en la cuatro. Ha habido un baile de cuerpos importante”, lamenta.

Este joven, grado superior en medio ambiente, llegó al cementerio de Guadalajara hace un año, cuando la ARMH practicaba la primera exhumación. “Vi que en el listado figuraba el hermano de mi bisabuelo, así que fui a ver qué podía hacer”, recuerda. Pese a lo que indicaban las anotaciones escritas, las pruebas genéticas dieron negativo. El pasado mayo, cuando comenzó la segunda exhumación, Notario acudió como voluntario. “Iba a las nueve de la mañana y me quedaba hasta que entraba a trabajar por la tarde”. Así durante los 24 días que duraron las tareas. En ese enterramiento tampoco había rastro de sus familiares, pero él no desiste. “La esperanza es lo último que se pierde, y voy a seguir luchando”, avanza.

Donaciones y ayuda internacional ante la dejación del estado español

A cuatro metros de profundidad y con más de una veintena de cuerpos, la identificación del padre de Ascensión presentó dificultades pero “técnicamente, las fosas de Guadalajara se podían exhumar”, defiende Marco González, uno de los arqueólogos de la ARMH, antes de abandonar este domingo el cementerio madrileño. “Hay otras 200 personas enterradas, y 90 familias a las que se les debe dar una respuesta”, insiste, y lamenta los impedimentos del Ayuntamiento en “algo tan sencillo como dar el permiso para que las técnicas y técnicos que estaban allí pudieran entrar a trabajar”.

Marco González: “Hay otras 200 personas enterradas, y 90 familias a las que se les debe dar una respuesta”

González apunta a la responsabilidad del estado en el proceso de recuperación de desaparecidos del franquismo. “Esto no puede ser una labor de las propias familias. Aquí han estado nietos y sobrinos de personas allí enterradas. Si una asociación como la ARMH ha identificado a más de 1.400 personas, ¿qué no puede hacer el estado?”, deplora.

Ante el vacío de ayudas oficiales, las exhumaciones por las que Ascensión Mendieta ha recuperado a su padre han sido posibles gracias a la voluntariedad y a las donaciones de instituciones extranjeras como el sindicato noruego Elogit, y al premio concedido por los Archivos de la Brigada Abraham Lincoln.

Ascensión Mendieta, abuela de Plaza de Mayo

La abogada de la querella argentina Ana Messuti, que trabaja con las víctimas desde España, destacaba minutos antes de la llegada de Ascensión al cementerio la importancia del “precedente de colaboración” entre la justicia argentina y española que se da con el caso Mendieta. “Se trata de un ejemplo de cooperación evidente, y podemos pedir nuevos exhortos y tratar de abrir otras fosas. El precedente es positivo pero también hay otros muchos negativos que superar”, razonó.

Para Lila Parrondo, de la Red argentino – europea por el derecho a la identidad, presente también en el sepelio, “al fin se ha hecho justicia; la lucha por larga que sea da sus frutos ”. La coordinadora de esta red que pertenece al movimiento Abuelas de Plaza de Mayo ve a Ascensión como una de esas madres y abuelas que aún luchan por rescataron a los hijos y nietos que les arrebató la dictadura en ese país. “Ella es hija de Timoteo pero ahora es una abuela, y ha luchado toda su vida para que esto llegara a concretarse. Y su emoción nos embarga a todos. Ha sido un camino muy largo, pero la verdad triunfa al final”.

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Fotografía destacada: Ascensión Mendieta durante el entierro de su padre, Timoteo Mendieta, asesinado en 1939 por las fuerzas del franquismo. REUTERS/Juan Medina

Fuente:http://www.publico.es/sociedad/ascension-mendieta-entierra-padre-78-anos-despues-asesinado.html

 

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El entierro de Timoteo Mendieta tendrá lugar el 2 de julio: “Que venga toda la gente que quiera”

Los restos del sindicalista fusilado en 1939 serán trasladados al tanatorio de la M-30, en Madrid.

“Mucha gente no ha tenido la oportunidad de sacar a sus seres queridos de las fosas y mi abuelo podría ser su padre, su hermano o su tío”, dice la nieta, Chon Vargas.

eldiario.es / Teresa Sánchez Garzón / 25-06-2017

“Que venga toda la gente que quiera”. Esta ha sido la respuesta de Ascensión Mendieta, hija del sindicalista fusilado en 1939, al ser preguntada cómo quería que fuera el entierro de su padre. Ya han pasado semanas desde que se confirmó, el pasado día 9 de junio, que uno de los cuerpos exhumados en el cementerio de Guadalajara era el de Timoteo Mendieta y la familia continua aún asumiendo la noticia. “Cada uno lleva el tema de una forma, pero intento ponerme en el lugar de mi madre, que fue quien abrió la puerta hace 78 años y esa imagen no se le va”, explica Chon Vargas Mendieta, nieta de Timoteo.

El próximo sábado 1 de julio a las 11.00 horas llegarán los restos de Timoteo Mendieta al tanatorio de la M-30 en Madrid y al día siguiente, el día 2 de julio, tendrá lugar el entierro a las 11.00 horas en el cementerio civil de la Almudena, también en la capital. “Mucha gente no ha tenido la oportunidad de sacar a sus seres queridos y es como si les enterráramos a todos, y aunque no queremos representar a nadie, si queremos hacer llegar a la gente que mi abuelo podría ser su padre, su hermano o su tío”, asegura Chon Vargas.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) realizó una primera exhumación en enero de 2016 que finalmente no dio con los restos de Timoteo. Como dedujeron los técnicos de la ARMH, Timoteo Mendieta fue arrojado en una fosa y anotado en otra, algo que se pudo constatar en la segunda exhumación mediante una identificación científica. El cuerpo de Timoteo Mendieta fue enterrado el 16 de noviembre de 1939, un día después de su asesinato, y aunque los libros del cementerio lo ubicaban en la Fosa 2, finalmente fue encontrado en la Fosa número 1, exhumada recientemente.

La Asociación terminaba así el pasado 31 de mayo la segunda exhumación autorizada por el Juzgado número 4 de Guadalajara dentro de la llamada ‘querella argentina’ bajo la dirección de la jueza María Romilda Servini. Hicieron falta hasta tres exhortos de una justicia ajena a la española para conseguir localizar a Timoteo Mendieta.

“Creo que el duelo vendrá después, mi familia no lo tuvo, en su día lloraron pero el duelo hay que pasarlo”, explica la nieta de Timoteo. Al ser preguntada por cómo está su madre, asegura que se encuentra tranquila, en el momento de esta entrevista se encontraba cosiendo, “siempre está haciendo algo”.

Por el momento, la familia continua tranquila aunque la nieta de Timoteo Mendieta asegura que según se acerque el día, llegará la congoja. “En realidad mi madre no ha visto el cuerpo de mi abuelo todavía, vio en la fosa como iban sacando los restos pero no sabíamos con certeza cuáles eran los suyos”. Por este motivo, los familiares han elegido un ataúd grande para armar el cuerpo entero.

El ‘caso Mendieta’ ha tenido gran repercusión y eso lo ha podido descubrir la familia.“A mi madre no hay día que no le pare la gente por la calle y todo el mundo se alegra muchísimo de que por fin se hayan identificado los restos de mi abuelo”. La propia Ascensión asegura “A mi me quiere mucho la gente”.

La nieta de Timoteo Mendieta asegura que no va a parar aquí, y que quiere seguir ayudando a las familias que se encuentran en su situación. “ Tenemos que conseguir que aquel que quiera recuperar el cuerpo de algún ser querido pueda hacerlo. En Guadalajara todavía quedan más de 800 cuerpos. En general, ayudar en todo lo que podamos”.

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Fotografía destacada: Ascensión Mendieta. FOTO: ARMH

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/Chon-Vargas-Mendieta-vendra-despues_0_658284404.html

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Satisfacción y tristeza tras identificar el cuerpo de Timoteo Mendieta

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica recuerda la ausencia de ayudas de las instituciones en todo el proceso.

Su presidente asegura que con esta identificación se pone en valor al equipo que ha trabajado en las dos exhumaciones.

“Ascensión Mendieta es un ejemplo de lo que es honrar a un ser querido”, afirma Emilio Silva.

eldiario.es / Teresa Sánchez Garzón / 10-06-2017

La identificación del cuerpo de Timoteo Mendieta el pasado viernes en el cementerio de Guadalajara no solo ha alegrado a sus familiares. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha mostrado su “emoción” por toda la gente que ha estado trabajando en las dos exhumaciones y que ha ayudado a Ascensión Mendieta, la mujer que cumplió 88 años viajando en un avión a Argentina para pedir ayuda a la jueza que ha ordenado a través del principio de justicia universal la exhumación de la dos fosas comunes, dentro del proceso penal abierto en Argentina para investigar los crímenes de la dictadura franquista.

Sin embargo no todo son alegrías para la Asociación. “Sentimos tristeza por la ausencia de ayudas de las instituciones porque todo esto ha ocurrido en un estado paralelo donde la sociedad civil se ha organizado para resolver problemas que son responsabilidad del Estado”, señala su presidente Emilio Silva.

La primera exhumación se realizó en enero de 2016 y finalmente no dio con los restos de Timoteo. Como dedujeron los técnicos de la ARMH, Timoteo Mendieta fue arrojado en una fosa y anotado en otra, algo que se ha podido constatar ahora mediante una identificación científica, en la segunda exhumación. “Esto demuestra que el equipo que estuvo trabajando en la primera exhumación no se ha quedado de brazos cruzados y ha seguido investigando hasta que llegaron a esa conclusión”, apunta Silva.

Además la Asociación recuerda que el empeño de Ascensión por encontrar los restos de su padre permitirá a otras 27 familias identificar a sus seres queridos, como resultado de las dos exhumaciones llevadas a cabo en su búsqueda. “Por ahora se ha identificado solo los restos de Timoteo, que era lo que la querella de argentina reclamaba, pero hay 27 familias que pueden hacer una prueba de ADN para identificar a un ser querido”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica terminaba el pasado 31 de mayo la segunda exhumación autorizada por el Juzgado número 4 de Guadalajara dentro de la llamada ‘querella argentina’ bajo la dirección de la jueza María Romilda Servini. Hicieron falta hasta tres exhortos de una justicia ajena a la española para conseguir localizar a Timoteo Mendieta.

“En total se han total se han exhumado 48 cuerpos, entre las fosas individuales y la fosa I y II, y hay 27 familias que pueden hacer una prueba de ADN para identificar a un ser querido”. Los cuerpos que no sean reclamados por ningún familiar, se enterrarán en un espacio que la Asociación va a solicitar al Ayuntamiento de Guadalajara. “Los cuerpos se guardaran individualmente, tendrán un estudio osteológico con las características de sus huesos para que su identificación, en el que caso de que la solicite algún familiar, sea más fácil”, explica Emilio Silva.

Una labor que continúa

¿Y a partir de ahora qué? En cuanto a los restos de Timoteo Mendieta irán al cementerio civil de Madrid y la Asociación seguirá realizando su trabajo por toda España. “Tenemos lista de espera para que hacer lo mismo en otros lugares, estamos buscando una fosa en Asturias, la vamos a buscar en León y Galicia. Lo que nosotros hacemos es ayudar a quien podemos con los recursos que tenemos”, asegura su presidente.

De Ascensión Mendieta solo tiene palabras de agradecimiento y de admiración. “Es un ejemplo de lo que es honrar a un ser querido. Ha calado en mucha gente por su forma de ser y por una combinación de la imagen de una persona físicamente frágil y a la vez de una tenacidad fuera de lo normal”. Además apunta Emilio Silva que mucha gente se ha enganchado con ella y con su historia, porque representa la situación de muchas personas.

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Fotografía destacada:  Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

Fuente:http://www.eldiario.es/clm/Satisfaccion-tristeza-identificar-Timoteo-Mendieta_0_653035076.html

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Identificado genéticamente el padre de Ascensión Mendieta

Este viernes, el juzgado de Guadalajara ha recibido del laboratorio Lab Genetics la confirmación de que uno de los cuerpos exhumados recientemente en el Cementerio de Guadalajara es el de Timoteo Mendieta, padre de Ascensión Mendieta, la mujer que cumplió 88 años viajando en un avión a Argentina para pedir ayuda a la jueza que ha ordenado a través del principio de justicia universal la exhumación de la fosa, dentro del proceso penal abierto en Argentina para investigar los crímenes de la dictadura franquista.

nuevatribuna.es / ARMH / 09-06-2017

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, que ha llevado a cabo las exhumaciones sin ayudas públicas, realizó una primera exhumación en enero de 2016 que finalmente no dio con los restos de Timoteo. Cómo dedujeron los técnicos de la ARMH, Timoteo Mendieta fue arrojado en una fosa y anotado en otra, algo que se ha podido constatar ahora mediante una identificación científica.

El cuerpo de Timoteo Mendieta fue enterrado el 16 de noviembre de 1939, un día después de su asesinato, y aunque los libros del cementerio lo ubicaban en la Fosa 2, finalmente ha sido encontrado en la Fosa número 1, exhumada recientemente.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica quiere agradecer y reconocer el tesón de Ascensión Mendieta, su valentía, su gran ejemplo de amor por su padre y su enorme esfuerzo en la lucha por los derechos humanos, en un país en el que ningún Gobierno de la democracia ha hecho nada por ayudarla. El empeño por encontrar los restos de su padre permitirá a otras 27 familias identificar a sus seres queridos, como resultado de las dos exhumaciones llevadas a cabo en su búsqueda.

Fuente TEXTO E IMÁGENES: ARMH

Imágenes: Fotografías de la exhumación, de Timoteo Mendieta con su mujer, Maria Ibarra; y de su mujer, cuando ya estaba viuda, junto a sus hijos. 

 

 

 

 

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Fuente:http://www.nuevatribuna.es/album/sociedad/identificado-geneticamente-padre-ascension-mendieta/20170609180811140720.html

 

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Las 105 víctimas del franquismo que han sido exhumadas gracias a Argentina

Argentina está investigando crímenes del franquismo y ha hecho cuatro peticiones para abrir fosas. Tres han sido rechazadas por juzgados españoles.

El caso de Timoteo Mendieta en Guadalajara es el único en el que ha salido adelante, con la recuperación de decenas de cuerpos.

Mientras la justicia argentina considera las desapariciones forzosas del franquismo como crímenes de genocidio y lesa humanidad, España los considera crímenes comunes y prescritos.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 02-06-2017

La justicia argentina ha pedido cuatro veces a España que abra fosas comunes de Franco y en tres ocasiones la respuesta ha sido negativa. El único caso que ha sido aceptado es el de Timoteo Mendieta en Guadalajara y ha permitido recuperar los restos óseos de otras 50 personas mientras se buscaba a Mendieta.

La justicia española sin embargo ha devuelto tres exhortos del país austral: el de una petición que España ha clasificado de “confidencial” para exhumar en el Valle de los Caídos, la del represaliado Cipriano Martos, obligado a beber ácido, en Cataluña, y el de la mayor fosa común de Baleares.

Pese a la negativa de los juzgados españoles, la conocida como “fosa de Mallorca” sí salió adelante excepcionalmente, gracias a la colaboración entre el Govern balear, el Ayuntamiento de Porreres y asociaciones de Memoria Histórica, que sortearon la sentencia contraria de la justicia y lograron sacar de la tierra a 55 ejecutados por el franquismo. En total, directa e indirectamente, Argentina tiene el mérito de haber logrado desenterrar 105 cuerpos de víctimas de Franco.

¿Por qué Argentina pide y España niega? Las peticiones de intervenir en fosas del franquismo parten de las denuncias por desaparición forzada incluidas en la denominada querella argentina. De ahí, la jueza  María Servini de Cubría, que lleva el caso de la querella argentina, remite desde Buenos Aires el requerimiento a jueces españoles que han dado un “no” por respuesta en tres de estos cuatro casos.

La diferencia fundamental entre uno y otro país es la calificación de los crímenes de Franco. Para España son delitos comunes. Para Argentina se trata de crímenes por genocidio y lesa humanidad. ¿Qué motivos alegan los juzgados españoles para no atender los exhortos argentinos? Aplican la Ley de Amnistía, alegan que los crímenes han prescrito o inciden en que los hechos que se intentan investigar competen a la justicia española. Esas son las tres fundamentaciones principales de las comunicaciones denegatorias.

La misma interpretación que subraya la Fiscalía General del Estado en la circular enviada a las sedes judiciales como  guía para que los fiscales provinciales puedan negar el auxilio judicial y torpedear la investigación del franquismo que lleva a cabo Argentina. Esta orden interna del Ministerio Público acusaba a Servini de un interés “ajeno” a la justicia y recordaba la causa contra el exjuez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón por actuar como ella.

Del otro lado, Servini señala la imprescriptibilidad de las violaciones de los derechos humanos. Y de esta “forma diferente de plantear los hechos” llega el bloqueo de España, advierte Ana Messuti, abogada de la querella argentina.

Como ejemplo de la interpretación dispar, el Juzgado de Instrucción número 4 de Reus (Tarragona) dice que la razón de no ejecución y devolución del exhorto que pedía la exhumación de Cipriano Martos “es que no se aprecia relación alguna entre el auto judicial y la narración de los hechos”, afirma Messuti. Es decir, lo que para Argentina “es una sola causa de crímenes contra la humanidad” para España son “casos concretos”, comunes, y esto invalida la petición.

“Uno de los huesos” de Timoteo Mendieta

Con estas tres negativas (aunque el caso Mallorca se acabara resolviendo por otra vía), solo hay un caso bajo tutela internacional, el de Timoteo Mendieta. Un juzgado de Guadalajara (Castilla-La Mancha) recogía el guante del exhorto argentino y la exhumación se llevaba a cabo en enero de 2016 en el cementerio local y rescató a 22 desaparecidos forzados en presencia de Ascensión Mendieta, hija de Timoteo y querellante en la causa contra los crímenes del franquismo.

El juez decano de Guadalajara Jesús Villegas (i), saluda a Ascensión Mendieta, hija de Timoteo Mendieta, represaliado del franquismo, durante la segunda exhumación en el cementerio de Guadalajara. | EFE

Pero ninguno de los huesos pertenecía al padre de Ascensión, según el resultado de las muestras genéticas. La nueva oportunidad llegó en mayo de 2017 después de que el Juzgado número 1 de Guadalajara atendiera otro exhorto dictado por la jueza Servini y remitido por el Ministerio de Justicia español. La intervención del equipo arqueológico de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha exhumado a otros 28 represaliados por el franquismo (cuatro de ellos en enterramientos individuales) sumando un total de 50 víctimas asociadas al ‘caso Mendieta’ y que ha tenido un  efecto llamada para otras 15 familias.

Ascensión “sabe que ha sido asesinado, también sabe dónde se encuentran sus restos, pero nunca ha podido darle la sepultura que todo ser humano merece”, resume Ana Messuti como paradigma del olvido español a las víctimas del franquismo. Recuerda además un momento clave que propició que Argentina iniciara las peticiones de exhumación de fosas en España cuando Asunción Mendieta viajó a Buenos Aires con casi 90 años, “tomó la palabra” ante la jueza Servini y le pidió “sólo una cosa”: que le ayudara a encontrar “los restos de su padre” para, a su muerte, “llevarse consigo uno de los huesos”.

Cipriano Martos y su hermano, Antonio.

Martos, el último desaparecido del franquismo

En la solicitud de exhumación en el  Valle de los Caídos, la petición a través de la querella argentina fue rechazada y quedó casi silenciada por la “obligación de confidencialidad” del caso, según han relatado las fuentes consultadas por eldiario.es. No trascendió la identidad de la persona buscada ni del querellante.

Del otro caso rechazado sí se saben nombre y apellidos. Y cómo fue asesinado: Cipriano Martos, obligado a beber ácido en un cuartel de la Guardia Civil. Corría el año 1973 cuando fue detenido y torturado por repartir propaganda antifranquista. Luego le dieron el ‘cóctel de la verdad’. Murió a los pocos días y quedó enterrado en una fosa de beneficencia en el cementerio de Reus (Tarragona). Es el último desaparecido del franquismo.

A Cipriano “lo cogieron en la calle” por antifranquista y en un cuartel de la Guardia Civil fue obligado a tomar ácido. Su hermano quiere saber “la pura verdad de lo que hicieron con él, que se abra la tierra y sacar los restos”.

La familia Martos, emigrantes andaluces de  Huétor Tájar (Granada), participan como querellantes en la única causa que juzga los crímenes del franquismo, en el país austral. De ahí, y en una petición de la jueza Servini de Cubría, un juzgado de Sabadell (Barcelona)  tomó declaración a Antonio, el hermano de Cipriano. Un magistrado recogió el guante de la toma de declaraciones indagatorias, pero otro rechazó la búsqueda de los restos de Cipriano.

“Lo cogieron en la calle porque tenía un carnet clandestino del Partido Comunista de España Marxista-Leninista”, recuerda su hermano Antonio. Militó también en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). “Prefería pasar hambre antes que ver a otra persona pasarla”, refiere para escenificar el “compromiso” social de Cipriano. “Hasta que cayó en sus manos”, repite. Desde entonces quiere ofrecer a su hermano una digna sepultura. “Quiero que se haga justicia, claro, pero más saber la pura verdad de lo que hicieron con él, que se abra la tierra y sacar los restos”.

La “fosa de Mallorca”, la mayor de Baleares

Trabajos de exhumación de la fosa de Porreres. | EFE

“El caso de Cipriano es muy importante”, dice Ana Messuti. Por sus características: el tipo de asesinato y la época, en los estertores del régimen de Franco. Y porque, a diferencia del juez de Guadalajara “que da cumplimiento al tratado internacional”, el Juzgado de Instrucción número 4 de Reus “no aceptó el exhorto remitido desde la justicia argentina”. La asociación Xarxa Catalana i Balear de Suport a la Querella Argentina contra els crims del franquisme critica “la posición de los jueces” que se escudan en el mandato de la Fiscalía.

El exhorto argentino para abrir  la mayor fosa común que la guerra civil española dejó en Baleares tampoco fue atendido por la justicia española. Pero la exhumación fue posible por la implicación del Govern Balear, el Ayuntamiento de Porreres, la Associació per la Recuperació de la Memòria Històrica de Mallorca y la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que realizó la intervención arqueológica.

El primer proceso rescató del cementerio de Porreres los restos óseos de 55 personas –a finales del año 2016– y una segunda intervención espera elevar la cifra a alrededor de 120 víctimas. Al enterramiento ilegal se le conoce como la “fosa de Mallorca” porque los golpistas arrojaron allí a ejecutados de unos 30 pueblos. El colectivo Memòria de Mallorca interpuso además una denuncia penal por delitos de lesa humanidad (ante el Decanato de los juzgados de instrucción de Manacor) por aquellos asesinatos ocurridos entre 1936 y 1937 en el oratorio de la Creu de Porreres.

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Fotografía destacada: Primera exhumación en el cementerio de Guadalajara, en enero de 2016. | ARMH

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/victimas-franquismo-Argentina-fosas-Espana_0_648835693.html

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La memoria en los huesos

Sobre la mesa de autopsias del cementerio de Guadalajara, los esqueletos, las calaveras agujereadas de los fusilados republicanos cuentan su historia.

ctxt.es / Cristina Fallarás / 31-05-2017

“Franco murió y ha continuado durante 40 años más. La gente no lo ve como un criminal, a lo sumo como una vergüenza familiar… como un embarazo no deseado. Para mí es una de las vergüenzas más grandes de Europa. ¡Estamos hablando de un país civilizado de Europa occidental! Vienen millones de turistas al año aquí y creen que hay muchas cosas modernas, pero aquí, por debajo, hay algo que yo he visto en Ruanda. Y nadie quiere hablar de ello. Me parece increíble. ¡Increíble, único!”.

Larry Owens, forense británico, voluntario en las exhumaciones de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en el Cementerio de Guadalajara.

La memoria

Sentada en una banqueta que le han colocado a la sombra de un toldillo, Ascensión Mendieta recuerda la primera vez que su madre, María Ibarra, su hermana Paz y ella se acercaron al Ayuntamiento de Guadalajara a reclamar los huesos de su padre, fusilado el 16 de noviembre de 1939. “Uy, eso, eso es historia ya, nos dijo un señor de la oficina… sí, así nos lo dijo”. A su derecha, la fosa número 1 guarda en su vientre el último fusilado por exhumar, allá abajo, cuatro metros hacia la oscura entraña. Si Ascensión se asomara, vería cómo el esqueleto llamado “Individuo 24” muestra ya su descarnada mitad superior.

Una joven arqueóloga recorre el contorno de la fosa con una brocha gorda de pintor. El sol de finales de mayo pica a las 6 de la tarde. La chica no lo sabe, pero antes de que pasen 15 horas, una forense llamada Shelley Jones y llegada de Londres introducirá el dedo índice de su mano derecha enguantado en látex azul por el orificio que dejó la bala en la parte posterior de ese cráneo por el que pasa la brocha. Agujeros en la tierra, agujeros en los cráneos, agujeros de bala en los muros, agujeros en la memoria. Piedra pómez.

Ascensión Mendieta conversa con René, el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria, al pie de la Fosa 1 / Óscar Rodríguez / ARMH

Ascensión es una mujer menuda y clara. Su elegancia de hilo blanco soleado parece inquebrantable. Su voluntad de dar con los huesos de su padre no lo parece: es inquebrantable. “Mi hermana se llamaba Paz, Paz Mendieta Ibarra. Pobrecita mi hermana, murió hace cinco años. Murió con la pena de no ver a mi padre. Hemos venido mucho aquí, hemos ido a todos los sitios”. Un día su hermana le dijo: “Yo tengo ahorrados más o menos dos millones [de pesetas]”. Ascensión le contestó que ella no tanto, pero que algo había. Tiempo después, hace hoy cuatro años, voló a Argentina, cumplió 88 en el avión, consiguió allí conmover a una jueza y que le diera lo que no recibía en España, el permiso para buscar a su padre en fosas, entre huesos. El año pasado los buscaron en la fosa número 2 del Cementerio de Guadalajara. No estaban allí. Hoy, los cuerpos de la fosa número 1 acaban de salir.

AGUJEROS EN LA TIERRA, AGUJEROS EN LOS CRÁNEOS, AGUJEROS DE BALA EN LOS MUROS, AGUJEROS EN LA MEMORIA. PIEDRA PÓMEZ

“Sentí mucha alegría entonces, me vine de Argentina con mucha esperanza”, murmura para sí. “Yo qué sé la esperanza, yo qué sé lo que pasará, doy las gracias a todo el mundo…”.

Ascensión responde a las muestras de reconocimiento. Ella es el eje que vertebra una nueva búsqueda. No de los huesos de su padre, junto a los que quiere descansar, no solo. Esa mujer diminuta ya entrada en los noventa se ha convertido en la protagonista de una historia que ya no es la Historia. Su fragilidad ha abierto una grieta imparable en el plomo del silencio. Aquellos que no tenían un relato al que agarrarse ya lo tienen. A los fusilados republicanos los mataron dos veces: una vez, de un tiro; otra vez, imponiendo el silencio. Vivir en la memoria es una forma de existencia.

Todo lo hurtado por el miedo, los pactos de la vergüenza, las instituciones españolas, los sucesivos gobiernos y los medios de comunicación, todo agoniza a los pies de Ascensión, bajo la banqueta que alguien le ha puesto junto a la fosa número 1, de donde empiezan a sacar los huesos del último fusilado, el Individuo 24.

Los huesos

Sobre una bandeja rosa de plástico, un cuenco rojo también de plástico, y dentro del cuenco, una calavera remendada con decenas de parchecillos de cinta adhesiva. Le falta parte del maxilar superior, del que conserva un trozo con un incisivo, canino y tres molares. La mitad de la mandíbula descansa en la bandeja, junto a un puñado de dientes.

En la sala de autopsias del Cementerio de Guadalajara trabajan cuatro forenses llegados de Inglaterra. Larry Owens, el jefe del equipo, dos metros de hombre joven, enérgico, se inclina con la cámara sobre un cráneo. “Estoy fotografiando traumas”, rebufa, “al menos este tiene solo un disparo”. Parece que va a echarse a gruñir. Han venido a hablar con los huesos a un país que lleva 40 años de democracia sin querer oírlos.

De dcha a izda, Larry Owens, Shelley Jones, Tatiana Bleming y, medio oculto, Adam Burr, los cuatro forenses ingleses que han venido a trabajar en las exhumaciones del cementerio de Guadalajara.

Pero los huesos hablan.

Los forenses recuerdan uno de los esqueletos exhumados en la Fosa 1. Tenía 25 fracturas de costilla. El ser humano tiene 24 costillas. Hace falta mucha saña para 25 fracturas de costilla. No se trata de una paliza, ni siquiera de una sola sesión de tortura. “Le pegaron durante meses seguidos con ganas”, explica Owens. “Tenía fracturas medio curadas y sobre ellas otras nuevas, partidas de nuevo, y fracturas en las vértebras, en el codo derecho, en las piernas. Todo fracturado, todo desastre. Hay que recordar que utilizaban este tipo de política para su venganza personal. ¿Murió esta persona? No. Lo dejaron ahí en la cárcel y volvieron de vez en cuando y le pegaron, y le pegaron, y le pegaron… y lo mataron”.

El Individuo 22

El hombrón apoya la mano en la parte superior del cráneo que está fotografiando: “Era un individuo muy normal, un hombre más. Había perdido ya varios de sus dientes a sus 35 años, me temo que mucha azúcar. Los españoles comen demasiada azúcar. Aparte de eso, era alto, sobre todo para esa época, más o menos 1,75. Era muy fuerte, se puede ver que los músculos eran muy grandes. No era siniestro, era amplio. Durante su vida, alguien se había peleado con él, y le fracturó la nariz. Pesaba unos 80 kilos. Los demás, en general, tienen más señales de tortura prolongada que él. Quizás sea porque era muy grande y le tenían miedo. Lo sacaron un día, pusieron una pistola de bala pequeña al lado izquierdo de la cabeza y lo mataron. Era tan fuerte y su hueso del cráneo era tan grueso que, al contrario de lo que pasa con otros individuos, la bala ni pudo expulsar el fragmento de hueso de salida. Era un tipo con buena salud, que podría haber ayudado mucho a su país, pero… se acabó”.

Impacto de bala, cerca de una de las fosas. / Óscar Rodríguez / ARMH

Cuando un forense habla con los huesos y ve al hombre, dan ganas de preguntarle si besaba mucho, su forma de abrazar, cómo bailaba en las fiestas de su pueblo, con quién se iba a los huertos. ¿Qué más puede ver?

ERA TAN FUERTE Y SU HUESO DEL CRÁNEO ERA TAN GRUESO QUE, AL CONTRARIO DE LO QUE PASA CON OTROS INDIVIDUOS, LA BALA NI PUDO EXPULSAR EL FRAGMENTO DE HUESO DE SALIDA

“Veo muchas cosas a las que España debería mirar y no lo hace. Veo a un hombre… ¡Era un hombre! Pero la gente acostumbra a pensar ‘Oh, no, no hay que pensar en eso, no hay que molestar a los muertos, porque al fin y al cabo son historia…’. ¡No! Sí hay que molestar a los muertos, sí hay que verlos. El problema es que la mayoría de gente no se ha enfrentado a la violencia de esto, no sabe realmente lo que significa. Estas personas no eran soldados, no eran guerreros, eran muy normales, vivían en sus casas, tenían sus trabajos y llegó un día el ejército, o quien fuera, los sacaron, y los mataron, y los dejaron aquí… y nadie ha asumido esa responsabilidad durante 80 años. Eso es lo que veo”.

Mirar a nuestros muertos, escuchar lo que cuentan sus huesos.

Y Owens, que ha pasado por Ruanda, Zimbabue, Sudáfrica, Perú, Bolivia, Chile, Israel o Egipto, se revuelve contra lo que ve en Guadalajara, no da crédito. Eso cuentan los huesos.

El Individuo 23

En la salita contigua, sobre los huesos pulcramente ordenados del Individuo 23, Tatiana Bleming conversa con lo que fue un hombre en la treintena. Con él no se ensañaron, pero le dieron dos tiros finales. Uno le reventó las cervicales 5 y 6, el otro le cruzó el cráneo. “Todo esto que estoy viendo me parece muy violento. Prácticamente todos los esqueletos que estamos sacando tienen heridas de bala. La mayoría, además, tiene otras fracturas, no podemos determinar si fueron justo antes de la muerte o todavía cuando estaban en la cárcel”.

Bleming lleva solo tres años hablando con huesos. “Como dice Larry, los huesos no mienten. Tú puedes enterrar a alguien con artefactos u objetos valiosos, y dar una imagen totalmente falsa. Es luego, al mirar a los huesos, cuando sabes sexo, edad, estatura, enfermedades, dieta, origen…”.

El Individuo 21

Junto a Tatiana, Adam pasa el dedo índice por uno de los extremos de la clavícula e indica que aún es rugoso. Después repasa el coxis, los dientes y las vértebras y concluye: “Estamos ante un veinteañero. Seguramente cumplidos los 25”.

“VEO MUCHAS COSAS A LAS QUE ESPAÑA DEBERÍA MIRAR Y NO LO HACE. VEO A UN HOMBRE… ¡ERA UN HOMBRE! 

Adam Burr es un veterano de sesenta y muchos con cara luminosa, que lleva más de 15 años tratando con huesos. “En cuanto al trauma”, explica con serenidad, “lo que normalmente hemos estado viendo son disparos a la cabeza. Uno o dos, en general. Pero este individuo es peculiar, porque no tiene ninguno. Entonces nos preguntamos ¿dónde puede estar la muerte? Cuando estuve ordenando las vértebras, de repente encontré que las cervicales 3 y 4, situadas en el cuello, estaban destrozadas. Y aquí está la mandíbula”.

El hombre muestra las dos partes en las que está dividida la mandíbula, las toma y las junta. Cuando casan, en el centro, justo en medio de la barbilla, aparece un agujero perfecto menor que una canica.

Entonces, agarra con la mano izquierda la mandíbula ya unida, se la sitúa frente a la cara como quien coge del mentón el rostro que va a besar, coloca la derecha en forma de pistola y, “pum”, dispara. “Fue un tiro en la cara, en la mandíbula, que entró por el mentón y salió por el cuello. El disparo entra limpio, de ahí este agujero, pero sale abriendo el destrozo. Es algo difícil de ver, pero aquí está y es lo que es. Y no hay ningún otro trauma en ningún otro sitio. O sea, que aquí tenemos a un joven al que alguien miró a los ojos y disparó a la cara”.

Si le preguntas qué ha visto en las exhumaciones del Cementerio de Guadalajara, responde: “He visto un montón de asesinatos. Es todo lo que puedo decir. Muchos asesinatos”. Es el único momento en el que una sombra cubre la luz de su cara.

El Individuo 24

“Este es el último individuo que salió de la Fosa 1”, relata Shelley Jones. “Los huesos están todavía húmedos de la tierra. Estamos intentando retirar el barro de manera que podamos limpiarlos”.

No es fácil en este caso ver alguna patología o herida. Los huesos están cubiertos de barro y rudimentariamente envueltos en papel de periódico. Tampoco es fácil limpiarlos. “Son demasiado frágiles, explica Jones, “algunos secan rápido, a las vértebras les cuesta más”.

La joven forense peina dos trenzas rubias. Saca la calavera de su papel de periódico y la agarra con las palmas de ambas manos como una madre levantaría a su bebé. Con los dedos, suavemente, va retirando el barro, que ya empieza a secarse. Dice que seguramente va a encontrar un agujero de entrada de bala en la base del cráneo, por donde va pasando los dos pulgares con mimo. Caen pedacitos de barro y de repente, ahí está.

Lleva guantes azules de látex. Introduce su dedo índice por el agujero de bala que acaba de aparecer. Tiene los dedos finos. Si el dedo índice fuera un poco más grueso, no cabría. Una vez encontrado el agujero de entrada, da la vuelta a la calavera y ahí, en el extremo opuesto, aparece el destrozo de salida de la bala.

Nada más cuenta, por ahora, el último hombre extraído de la fosa número 1, aquel que descansaba en el fondo mientras los restos del silencio agonizaban a los pies de Ascensión Mendieta, sentada en su banquetilla. Romper el silencio es reparar la segunda muerte, dar una vida a los asesinados.

René Pacheco

Un veinteañero a quien alguien disparó mirándole a los ojos, un hombretón cuyo cráneo ni la bala pudo destrozar, un torturado molido durante meses y vuelto a moler, el hombre joven que recibió un tiro en el cuello y otro en la cabeza, quién sabe si por falta de pericia del asesino o simplemente por saña.

René muestra la ficha con la lista de esqueletos exhumados. / Óscar Rodríguez / ARMH

Eso cuentan los huesos que no queremos oír.

René Pacheco es el arqueólogo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) al frente de las exhumaciones en el Cementerio de Guadalajara. El primer hueso con el que dio fue una costilla de cabra de hace 1,8 millones años, en una cueva de Girona. Su primer contacto con la violencia de la memoria, dos personas enterradas en una viña al lado de una carretera de León. Corría noviembre de 2008, y desde entonces sigue. Resulta inevitable preguntarle si todavía, como aquel día, llora. “Uno no deja de llorar con este trabajo nunca. Es muy difícil ver a Ascensión aquí al lado y aguantar”.

Es consciente de la importancia del trabajo que realiza la ARMH en Guadalajara, en términos históricos, y de su proyección futura. Sin embargo, él también insiste en el hombre.

“UNO NO DEJA DE LLORAR CON ESTE TRABAJO NUNCA. ES MUY DIFÍCIL VER A ASCENSIÓN AQUÍ AL LADO Y AGUANTAR”

 “Esas personas, las que exhumamos, te están contando qué les pasó en el último momento de sus vidas. Pero también lo que fueron sus vidas en general: esfuerzos, dolores, enfermedades… Lo que hay que hacer es reconstruir sus vidas y mostrar que eran personas como nosotros. Como cuando hoy nos hemos levantado por la mañana… Sales y alguien puede cogerte en algún lugar, secuestrarte, torturarte, matarte… Es importante humanizar a las personas que estamos recuperando, demostrar que eran como cualquiera de nosotros”.

¿Por qué no lo hemos hecho? ¿Por qué no lo hacemos? ¿Por qué no hemos escuchado a los huesos?

“Los 40 años de Dictadura más los 40 de Democracia son 80 años que han pesado sobre la población en muchos sentidos. En el miedo continuado en la población que sí sufrió directamente las consecuencias de la Guerra y la posguerra, y también en el olvido generado a través de la educación, de la sociedad etcétera, el no querer hablar de esto. El miedo es una de nuestras principales dificultades cuando estamos trabajando. Hace que la gente no se atreva a hablar cuando llegas a un pueblo para preguntar dónde están las fosas, quiénes pueden estar en ellas y demás. El miedo te lo encuentras en los familiares, que muchas veces vienen a reclamar y te cuentan que no lo han hecho durante años porque tenían miedo, no solo de lo que dirían sus vecinos, sino de lo que dirían sus propios familiares. El miedo sobre todo de la población en general: ¿Qué pasa si estás abriendo fosas?”.

René Pacheco sabe de qué habla. Aún recuerda la primera vez que le dijo a su madre que iba a exhumar una fosa común de la Guerra Civil. “Lo primero que se le ocurrió decirme fue: ‘René, ¿y no te va a pasar nada?”.

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Fotografía destacada: El Individuo 24, al fondo de la Fosa 1 del Cementerio de Guadalajara. ÓSCAR RODRÍGUEZ / ARMH

Fuente:http://ctxt.es/es/20170531/Politica/13046/memoria-historica-ctxt-timoteo-mendienta-franquismo-guerra-civil-exhumacion-guadalajara.htm#.WS8ChCP_WAQ.facebook

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No sabían que sembraban semillas

En el cementerio de Guadalajara hay 900 republicanos fusilados en fosas comunes. Gracias a una jueza argentina y a un sindicato noruego, la ARMH ha podido buscar los restos de Timoteo Mendieta y otras 50 personas.

ctxt.es / Willy Veleta / 30-05-2017

He pasado 23 días en un cementerio. Delante de mí tenía un ciprés centenario, una fosa común con 24 fusilados y un muro de piedra y ladrillo con impactos de bala a la altura del pecho de una persona de estatura media. Desde un banco de hierro y bajo un toldo portátil he visto desfilar a mucha gente. Pero hubo dos personas que dejaron huella: Eugenio y Rubén. Ambos son bisnietos de fusilados. El poco tiempo libre que les permite su trabajo lo han pasado a 2, 3, 4 metros de profundidad (según el día). Se han deslomado sacando tierra de las fosas, llevando “carretillos” de tierra para cribar, subiendo capachos repletos de “evidencias”. Nadie les ha preguntado pero todos sabemos que cada palada que daban era en homenaje a sus bisabuelos, ejecutados en 1939 por defender una democracia efímera.

Eugenio pagó en varias ocasiones y de tapadillo la comida de los integrantes de la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica)… Nunca se sentó a la mesa, siempre estaba alejado unos metros, al sol. No probaba bocado, y su expresión era una mezcla entre estar agradecido y estar avergonzado por no poder hacer más por su bisabuelo.

Rubén cuenta que desde que tiene uso de razón traía cada día de Todos los Santos unas flores a la Fosa 3. Su padre puso una placa con los colores de la bandera republicana que dice: “Fusilado por defender la libertad”. Este gesto no gustó nada en su familia. Los del “no te signifiques” y “no te metas en política” no pasan una. Ahora sabe que su tío abuelo está en la Fosa 4, según los registros. Una fosa que igual nunca se llega a exhumar, mientras la Ley de Memoria Histórica sea una trampa, una ciénaga bipartidista que beneficia a los de siempre.

El caso de Rubén es consecuencia del efecto dominó provocado por el coraje de Ascensión Mendieta. Rubén se ha implicado de tal manera estos 23 días que sus amigos no le ven el pelo. “Menos mal que ha terminado la exhumación”, dice, “me duelen todos los huesos”. Rubén cavaba con mucho ímpetu, sus carretillas siempre iban más llenas que las de los otros. Se apuntaba a echar una mano cuando alguien desfallecía a 4 metros de profundidad por el calor de mayo. El último día se le vio con un pincel, desempolvando lo que parecía ser el fémur de otro fusilado. Igual ha nacido un candidato a arqueólogo.

El 80% de los voluntarios que han trabajado en esta exhumación tienen familiares desaparecidos: desde el arqueólogo René hasta el encargado de seguridad, el minero prejubilado Carlos, pasando por Marco, vicepresidente de la ARMH. Y entonces se me viene a la cabeza esa litografía de Castelao que decía: “Pensaban que enterraban cuerpos pero enterraban semillas”.

El 29 de mayo apareció un joven con una foto en blanco y negro de un soldado republicano. Era su tío abuelo. Había seguido la pista de la etiqueta #CTXTTimoteoMendieta, que ha usado esta revista para la cobertura en Twitter, y había dado con una foto de Ascensión Florián, la nieta del fusilado número 24 de la Fosa 1. Junto a la foto estaba el parte de enterramientos de aquel 26 de julio de 1939.

Su tío abuelo era el número 23: Alfonso Alonso. El joven, llamado Jesús, dejó a su mujer con su hija recién nacida y se plantó en el cementerio de Guadalajara con la foto de Alfonso. Todo lo que sabe Jesús de las peripecias de su tío abuelo lo sabe gracias a su abuelo, porque nadie más en la familia quiso saber nada. Esa es la tónica general de las familias que desfilan delante de mí en el cementerio… Los que remueven todo no son los hijos de los fusilados, sino los nietos.

Gracias al revuelo organizado en la exhumación de la Fosa 1 en enero de 2016, varias familias se enteraron de que sus familiares habían sido arrojados a una fosa después de ser fusilados delante del muro del cementerio civil. Entre ellos, Pilar, una joven que no llega a los 30 años y que hasta ese día siempre pensó que su familia había luchado en el bando franquista. En su casa todo era silencio. Es la constante. Tiempo de silencio.

David, uno de los voluntarios de la ARMH, guarda forestal en Linares (Jaén) que cogió 20 días de sus vacaciones de verano para venir a exhumar, me cuenta que los alemanes les enseñaron a los que ganaron la guerra en España que todo enterramiento debía quedar registrado para saber quiénes eran los que en el futuro iban a poner flores en la fosa común. No por humanidad, sino para recordarles que no repitieran el ejemplo o correrían la misma suerte.

Además, los enterradores cobraban por muerto enterrado, así que más les valía llevar los libros de enterramientos al día. Gracias a esa meticulosidad hoy podemos “intentar” buscar a los miles de Timoteos Mendieta que pueblan los cementerios. Lo de las cunetas es harina de otro costal.

EL DÍA QUE FUSILARON A TIMOTEO MENDIETA (16 DE NOVIEMBRE DE 1939) ASESINARON A OTROS 16 REOS REPUBLICANOS. EN LA FOSA 1 QUEDABA UN HUECO PARA DOS CUERPOS, LA FOSA 2 YA ESTABA LLENA. 

El día que fusilaron a Timoteo Mendieta (16 de noviembre de 1939) asesinaron a otros 16 reos republicanos. En la Fosa 1 quedaba un hueco para dos cuerpos, la Fosa 2 ya estaba llena. Cuatro fusilados fueron enterrados en fosas individuales y con ataúd. La familia había sido informada y pagaron por ese entierro “más digno”. Los familiares de los arrojados a las fosas comunes se enteraron días o semanas después de las muertes de sus seres queridos. Por eso se cree que Timoteo podría ser el individuo número 1 de la Fosa 1, y no el número 16 de la Fosa 2 como aparece en los registros. Los sepultureros cobraban por cuerpo enterrado, no por poner los datos bien.

En esta esquina del cementerio civil desde donde tecleo se daba el tiro de gracia a los fusilados. Hace un par de días, David (el guarda forestal de Linares) pasó el detector de metales debajo de mis pies y encontró una veintena de ojivas de pistola 9mm y rifle Máuser. María, nieta de un fusilado, recuerda jugar de pequeña en un montón de tierra gigante: “Esa arena que estáis sacando de la Fosa 1 estaba aquí en medio cuando yo era pequeña”.

Según numerosos testimonios, el cura que daba el tiro de gracia era Esteban Esteban Esteban (hijo de dos primos). Era manco de la mano derecha, y llevaba siempre un guante negro, cuentan. Casualmente nos comentan los forenses que todos los cráneos exhumados en la Fosa 1 aparecen con un orificio de entrada que indica que el ejecutor era zurdo. Esteban Esteban Esteban está enterrado en la parte católica del cementerio, a sólo 100 metros de sus víctimas. Murió en 1982, tan ricamente. Amnistiado.

EL EQUIPO FORENSE VIENE DE LONDRES. MUCHOS ESTÁN USANDO SUS DÍAS DE SUS VACACIONES PARA ANALIZAR LOS RESTOS Y DETERMINAR QUIÉN ERA QUIÉN.

El equipo forense viene de Londres. Muchos están usando sus días de sus vacaciones para analizar los restos y determinar quién era quién. Uno de ellos tiene 67 años, se llama Adam y entre té y té me pregunta con insistencia si el Estado español no ha hecho nada por ayudar a las familias de las víctimas. Me lo pregunta precisamente él, que ha venido de voluntario siguiendo los pasos de su profesor de arqueología. Me cuenta que, en Inglaterra, la Guerra Civil se considera como la gran causa perdida del siglo XX, que mucha gente en su país sigue sintiendo nostalgia de las Brigadas Internacionales y que por eso vino. Me sigue haciendo muecas cuando le digo que ha sido la perseverancia de una jueza argentina lo que ha permitido exhumar estas dos fosas, y que gracias a Timoteo se han encontrado a otros 50 defensores de la democracia. Adam me dice que el hombre que volverá al aeropuerto de Gatwick mañana no será el mismo que aterrizó en Barajas hace 23 días.

Larry, el forense principal, cuenta en plena morgue y bajando la voz que casi todos los individuos exhumados de la Fosa 1 presentan heridas provocadas por culatazos, tanto en la nariz como en las costillas. Shirley, su ayudante, añade que la extraña trayectoria de las balas podría confirmar que muchos de los fusilados morían de rodillas y que les sujetaban la cabeza para que no se movieran.

Y todo esto es un grano de arena en un desierto de desolación, porque se han abierto dos fosas, pero hay 17 más pegadas a ellas (con 265 cuerpos) y otra fosa gigante con más de 600 cuerpos (en la zona católica, donde reposan aquellos que no renegaron de su fe justo antes de ser ejecutados).

Cuando le pregunto a René, el arqueólogo, por los temas legales, me topo con lo bien atado que lo dejó todo Franco y lo bien que lo remató Zapatero con aquella frase antológica referida a su Ley de Memoria Histórica: “Era una ley equilibrada porque no gustaba a ninguna de las dos partes”.

La clave de todo es: ¿cómo denunciar un delito amnistiado (por la famosa Ley de Amnistía del 77)? De forma que los exhumados de la Fosa 1 que no sean Timoteo Mendieta, según la ley, tendrían que volver a ser arrojados a una fosa común en pleno 2017. Eso no va a ocurrir porque, pese a lo absurdo de la parte contratante de la segunda parte de la Memoria Anti Histórica, al final los huesos se quedarán con sus familias (si vienen a por ellos) o en el laboratorio de la ARMH a la espera de que aparezcan los descendientes.

JULIO RECUERDA: CUANDO ERA NIÑO, MUJERES CATÓLICAS SE ACERCABAN A LA TAPIA DE ESTA PARTE DEL CEMENTERIO PARA INSULTAR A LOS MUERTOS, A LOS FUSILADOS, A LOS QUE HABÍAN PERDIDO LA GUERRA.

Mientras termino de escribir esta crónica aparece Julio, sobrino de uno de los fusilados. Me cuenta que, cuando era niño, mujeres católicas se acercaban a la tapia de esta parte del cementerio para insultar a los muertos, a los fusilados, a los que habían perdido la guerra. Él se escondía entre los rastrojos que cubrían las fosas comunes. Hasta la llegada de la democracia, aquello era un estercolero, y los familiares de los fusilados lanzaban flores por encima de la tapia; eso sí, de noche y mirando a todas partes para no ser vistos.

Ascensión Florián tiene a su abuelo en la Fosa 1. Es el último en aparecer, es decir, el primero que fue arrojado ahí en julio del 39. Ella es la única de la familia que se ha puesto a investigar para limpiar el nombre de su abuelo, un obrero que defendía a otros obreros. El resto de su familia la considera un bicho raro: “Para qué remueves nada, deja las cosas como están”. Ascensión se mete 4 metros bajo tierra para ver de cerca los restos de su abuelo. Me cuenta que como su padre es muy mayor y tiene poca carne no le cabe ninguna duda de que el cráneo que acaba de ver es el de su abuelo, se parece a su padre muchísimo. Off the record: días después, uno de los forenses me comenta que el individuo 24 era bajito y delgado, tal y como describió Ascensión a su abuelo. Ojalá sea él.

También pasa junto a mi mesa Carmen. Su abuelo era concejal socialista de Valdeconcha (Guadalajara), un campesino que no luchó en la guerra (por edad). Dedicó la vida a trabajar en el campo y daba de comer al que no tenía nada. Le avisaron de que no volviera a su pueblo tras la victoria franquista, pero él quería despedirse de su madre y fue. Le dijo: “Hazme un huevo frito con chorizo que me van a matar”. Lo apresaron, se lo llevaron a la cárcel de Guadalajara y de ahí al paredón de fusilamiento delante de la Fosa 1. Igual que a Timoteo Mendieta. Carmen está haciendo el trabajo de investigación que su madre no se atrevió a hacer por miedo. El eterno miedo, el todo atado y bien atado, el larguísimo tiempo de silencio.

Según todos los indicios, Timoteo Mendieta podría ser el individuo número 1 de la Fosa 1. Por estatura podría coincidir. Pero nadie se quiere pillar los dedos y hasta que no lleguen los resultados de las pruebas de ADN que se tomaron a Ascensión, nadie dirá nada. De no estar ni en la Fosa 1 ni en las cuatro individuales podría estar en la fosa donde yacen más de 600 fusilados, bajo una pradera, al final de la zona civil del cementerio. Pero eso sí que sería un tiro en la oscuridad porque allí sólo iban a parar los que se declaraban católicos, y no parece que aquel carnicero de Sacedón profesara religión alguna. A Ascensión Mendieta se la ve tan frágil que el comentario más extendido entre los voluntarios es: “En cuanto tenga los huesos de su padre…”. Y nadie acaba la frase.

En la exhumación del año pasado, la de la Fosa 2, aparecieron dos hermanos, los Escamilla Rebollo, también de Sacedón, a los que nadie reclamó. El jardinero del cementerio, Juan, un hombre con problemas de corazón que cada día viene a regar de manera voluntaria la parte “republicana” del cementerio, nos ha confirmado que si no aparece ningún familiar él los meterá en una sepultura perpetua que ya tiene pagada. Una fosa llama a otra.

Aprovechando este viaje al pasado, yo mismo he traído todos los documentos y fotos de dos hermanos de mi padre desaparecidos durante la Guerra Civil. Eran miembros de las JSU (Juventudes Socialistas Unificadas) y la UGT. Se alistaron voluntarios en el Ejército republicano el 18 de julio de 1936. Uno murió en el Frente de Belchite defendiendo la República, el otro sigue desaparecido.

Una fosa llama a otra fosa. Y no, no sabían que enterraban semillas.

PD: Durante la exhumación de la Fosa 1 se acercó un sindicato noruego de electricistas a entregar unas rosas y ver de cerca este microcosmos del genocidio franquista (ellos son los que más dinero aportan a la exhumación de la ARMH). Ningún cargo de la UGT pisó el cementerio, cuando curiosamente la mayoría de los fusilados de esta fosa tenían esa filiación sindical. Al parecer, hay semillas que no terminan de brotar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Fotografías: Willy Veleta

Fuente:http://ctxt.es/es/20170524/Politica/12986/Fosas-Guadalajara-Timoteo-Mendieta-CTXT-Willy-Veleta.htm

 

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Sindicalismo y memoria, ese viejo nuevo internacionalismo

Un sindicato de electricistas noruegos visita la exhumación de la fosa de Timoteo Mendieta, en Guadalajara.

Desde 2014 han donado 50.000 euros a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

lamarea.com / Isabel Cadenas Cañón / 24-05-2017

Un autobús lleno de electricistas noruegos viaja desde Madrid hacia Guadalajara. Pertenecen a una agrupación regional de El & It, un sindicato del sector eléctrico que agrupa a unos 37.000 afiliados en total. Llevan una semana en España: han estado en Marinaleda, se han reunido con CC.OO. y ahora van hacia el cementerio de Guadalajara. Allí les espera una fosa de la que, a día de hoy, se han exhumado 17 cuerpos. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera que uno de ellos sea el de Timoteo Mendieta, aquel hombre fusilado en noviembre de 1939 por ser presidente de la UGT en su pueblo, Sacedón y cuya hija, Ascensión Mendieta, cumplió 88 años en un avión rumbo a Buenos Aires para testificar en la querella argentina contra los crímenes del franquismo.

El día anterior, esta agrupación regional del sindicato, que cuenta con unos 2.000 miembros, donó 7.000 euros a la ARMH. No era la primera vez: desde 2014, diferentes agrupaciones de El & It han donado alrededor de 50.000 euros a la asociación. “Si lo divides entre 37.000, no es mucho dinero”, dice uno de ellos.

¿Qué hace que un sindicato noruego done dinero para exhumar las fosas del franquismo? Varias razones. Una de ellas es Henning Solhang. Henning visitó España por primera vez en 1979: le impresionó la impronta del franquismo en la sociedad y supo “que no podía entender este país”, así que empezó a leer todo lo que caía en sus manos sobre España. En 2013, volvió con varios directivos del sindicato y organizó un encuentro con la ARMH. Después de ese encuentro llegó la primera donación. Otra razón es Willy Davidsen, un célebre sindicalista que, durante la Guerra Civil, luchó en las Brigadas Internacionales. Uno de sus hijos, Jan Davidsen, fue el secretario general de uno de los sindicatos más importantes del país. Para muchos de estos sindicalistas, la relación con la Guerra Civil es genealógica: lo que sus antepasados aprendieron en las Brigadas Internacionales les sirvió después para liberar el país de la ocupación nazi, dicen. Y también: “hay quienes piensan que no se puede hacer nada contra el fascismo, pero la Guerra Civil española prueba que sí”.

Para la mayoría de estos hombres –el sindicato es casi exclusivamente masculino, sólo un 3% son mujeres–, esta es su primera vez en España. Salen poco de Noruega. Llevan medio año organizando este viaje, es decir, leyendo y aprendiendo sobre historia española. En el autobús, algunos lo dicen con cierta vergüenza: que en Noruega no se estudia la Guerra Civil española en las escuelas, y que antes de empezar a prepararse para este viaje, no sabían nada sobre el tema. Otro explica que la única manera de frenar el avance de la extrema derecha en Europa es comprender lo que el fascismo fue capaz de hacer en el mundo, y que por eso vienen: para ayudar a que se sepa la historia. Oevind Wallentinsen, secretario general de la agrupación, estuvo en Ponferrada hace un par de años visitando el laboratorio de la ARMH. Se quedó impactado con “lo que Franco hizo a la república” y es también gracias a él que se ha organizado este viaje –el primero de la agrupación desde 1995–: porque la única manera de que esto no se repita en la Europa de la crisis es el boca a boca, decírselo a otros, correr la voz. Por eso para ellos es tan importante la ayuda económica, pero también la difusión: junto a ellos viaja, en todo momento, un periodista de Nettwerk, la revista del sindicato.

Ninguno de ellos ha visto nunca una fosa común.

Hoy hay poca gente en el cementerio, apenas las voluntarias y voluntarios de la ARMH y algunas periodistas. Marco González, vicepresidente de la asociación, les explica el contexto: en este cementerio hay unos mil represaliados, esta es la parte civil, todo eso que veis son fosas. Les dice que él no pudo encontrar a su abuelo, pero que gracias a sus donaciones, muchas otras personas sí han podido desenterrar a sus familiares. Los sindicalistas hablan de historia, toman fotos, preguntan. Y entonces se asoman a la fosa. René Pacheco, el arqueólogo, les habla desde allí abajo, a unos 3 metros de profundidad. Junto a él, un fémur, varias costillas, se adivinan dos cráneos con impactos de bala. Son los cuerpos 18 y 19.

Cambia todo. Primero está el silencio. Poco a poco los sindicalistas preguntan por el miedo, por ejemplo, preguntan por qué la gente que está trabajando en la fosa es tan joven. Sigurgir Olafsen, un hombre creyente, pregunta si no están teniendo apoyo de la iglesia, porque estas personas no han tenido un entierro digno. Pacheco le explica que, de hecho, los tiros de gracia de muchos de estos hombres los disparó el cura del pueblo, y que ese cura está enterrado muy cerca, en la parte noble del cementerio.

Poco a poco los sindicalistas empiezan a reunirse en pequeños grupos. Hablan entre ellos, con desconcierto. Sigurgir no puede comprender: “en mi país los curas son los buenos. Son hombres de dios.” Leif Egil dice “esto no es una película, es la realidad. Tengo que tratar de entenderlo”. Christopher Fageland, el más joven del grupo, “¿Quieres saber de qué estamos hablando? De que tendríamos que dar mucho más dinero.” Y, en todos, dos comentarios que se repiten: que no entienden cómo el gobierno español puede dar la espalda a todo esto y que es su deber, ahora, contarlo cuando vuelvan a Noruega. “Lo voy a poner en mi Facebook”, “Voy a escribir un artículo”, “Esto tiene que saberse, se lo voy a contar a toda la gente que conozco”. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

Cernuda comenzó “1936”, un poema sobre un brigadista internacional, con ese verso. Lo terminó escribiendo que una sola persona valía como testigo de la nobleza humana. Algo así se siente al hablar con estos hombres que no tienen ningún tipo de orgullo por haber donado dinero para realizar tantas exhumaciones —“¿Por qué deberíamos estar orgullosos de eso? Por supuesto que tenemos que ayudar”—, para los que sindicalismo es sinónimo de solidaridad —“tanto en Noruega como fuera. Somos un sindicato, y los sindicatos sirven para eso, para que la gente luche unida”.

Y eso es lo que queda en el aire cuando se van del cementerio. Que han pasado por aquí los internacionalistas; los hombres buenos. Los voluntarios y las voluntarias les aplauden. Los sindicalistas les aplauden a ellos.

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Fotografía destacada: Una agrupación regional del sindicato noruego El & It visita el cementerio de Guadalajara. Óscar Rodríguez, ARMH.

Fuente:http://www.lamarea.com/2017/05/24/sindicalismo-memoria-ese-viejo-nuevo-internacionalismo/

 

Publicado por ARMH
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