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La Desbandá. Identidad y memoria

Ana Leiva e Isabel del Valle comparten sus recuerdos de la Desbandá, aquella huida masiva de Málaga en plena Guerra Civil. Marta Orosa recupera la memoria de su abuela -y la de su madre, sus tías, sus primas, y la de su hermana y la suya propia, y la de tantas mujeres andaluzas- en un proyecto que trata de desmemoria, incomprensión y ausencias.

pikaramagazine.com / Marta Orosa / 20-02-2019

El proyecto artístico, ‘La Desbandá. Identidad y memoria’ que cabalga entre el trabajo documental y el conceptual y que enraíza lo personal con lo político, nace de las historias que me contaba mi abuela en el salón de su casa, de cuando tuvieron que coger cuatro cosas y salir huyendo de Málaga porque llegaban las tropas franquistas “cortando cabezas y violando a mujeres”. Era el 7 de febrero de 1937.

Esas historias de mi abuela, que siempre me parecían quedarse a medias (como si de algunas partes no se pudiese hablar), no eran La Historia con mayúsculas que encontraba en los libros. No era la voz visible. Era la de Antonia, una mujer andaluza, que nos hablaba desde lo que había vivido. Siento que esas historias son también las de mi madre, las de mi tía, las de mis primas, las de mi hermana y las mías. Digo que son nuestras porque todas hemos vivido escuchándolas y porque han configurado los dolores y las fortalezas con las que hemos crecido.

Las historias de la abuela de la autora sobre la Desbandá son nuestras porque hemos vivido escuchándolas y porque han configurado los dolores y las fortalezas con las que hemos crecido.

Para mi abuela, que tenía seis años en aquel momento, la Desbandá fue una aventura: un camino lleno de niñas para jugar, cañas de azúcar para comer… ¿Qué más podía pedir? La mamatoña, su madre, lo vivió desde el lugar de quien deja su casa, sus quehaceres, sin despedirse de sus vecinas y se lanza a caminar con sus hijas y el miedo a cuestas. Caminaban por la carretera de Málaga a Almería, con el mar a su derecha y a la izquierda la montaña. Ella contaba siempre que a lo lejos, en el mar, se veía una lucecita que no le gustaba ni un pelo y cuando estaban llegando a Almería esa luz resultó ser un barco desde el que las bombardeaban. Entonces ya no había juego, ni cañas dulces, solo quedaban los cuerpos esparcidos por aquel camino y el miedo de las que consiguieron sobrevivir.

Fue uno de los episodios más dramáticos de la Guerra Civil española. Maribel Brenes, coautora del libro 1937. Éxodo Málaga Almería, señala que por esa carretera, que ahora se conoce como la carretera de la muerte, se desplazaron entre 100.000 y 300.000 personas tras las amenazas radiofónicas de Queipo de Llano y, más de 5.000 personas murieron en el camino. “Yo iba andando y pisando muertos”, me dice Josefa La Molinera, una de las supervivientes. Sin embargo, esa historia trágica de Andalucía es una historia olvidada.

Ana Leiva, que tiene ahora 97 años, se ha pasado más de 30 sin hablar con nadie lo que vivió aquellos días de febrero. “Después de eso, en mi casa no se habló absolutamente nada. Cada uno se lo tragó y se lo quedó con él”, me cuenta. Ese, me parece, que es un olvido de alguien que está lleno de dolor y necesita seguir viviendo, pero siento que el olvido sobre la Desbandá corre en muchas direcciones y está atravesado también por otros silencios, determinados por la culpa o la vergüenza.

82 años más tarde, con la necesidad de restaurar esas narraciones a medias de las voces que no forman parte de las Grandes Narrativas ni la Historia, llevo a cabo ‘La Desbandá. Indentidad y memoria’, que consiste en una serie de diez retratos de supervivientes de la Desbandá, intervenidos posteriormente con imágenes originales del suceso, fotos personales y otros objetos. Cada imagen va acompañada del testimonio en audio de las protagonistas.

En las charlas con ellas no encontré fechas, ni horas. Encontré con voces llenas de verdades -las verdades que salen del cuerpo-, de desmemoria, de incomprensión y ausencias. Ahora sé que esas historias, que parecían prohibidas y que se contaban en la casa de mi abuela, no solo estaban allí entre nosotras, sino que estaban en otras casas (se contaran o no) y han configurado las penas y las fortalezas de muchas familias andaluzas.

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Fotografía destacada: Ana Leina (izda) y Josefa, la molinera.

Fuente:https://www.pikaramagazine.com/2019/02/la-desbanda-identidad-y-memoria/

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Los días azules y el sol de la infancia de Antonio Machado siguen vivos 80 años después de la muerte del poeta

‘Estos días azules y este sol de la infancia’ fue el último verso que escribió Antonio Machado: lo hizo días antes de morir en un pueblo de la costa francesa donde se exilió durante la Guerra Civil, hace 80 años.

lasexta.com / 19-02-2019

Antonio Machado dijo que sólo nos pertenece la tierra donde morimos, y él murió en un pueblo de la costa francesa, en Collioure, donde llegó como refugiado, con lo puesto, huyendo de la Guerra Civil. Y eso que él nunca quiso salir de Madrid.

“Cruzó la frontera en condiciones espantosas, junto a miles y miles de personas, bajo la metralla de aviones alemanes e italianos matando a gente inocente mientras huía. Es un espanto, y su madre estaba medio muerta”, comenta Ian Gibson, autor de ‘Los últimos caminos de Antonio Machado”.

Cabizbajo y muy cansado, Machado fue fotografiado en ese camino del exilio. Nada más cruzar la frontera francesa, le recomendaron refugiarse en una pensión de Collioure.

En la casa Quintana, su propietaria tuvo que darles hasta ropa, porque Machado y su hermano sólo tenían una camisa que se intercambiaban, pero él ya estaba muy enfermo. “Salió varias veces a ver el puerto para dar una última vista del mar”, explica Gibson.

El poeta pidió que le enterraran junto a un pequeño cofre con arena de España. “Simboliza la tragedia del exilio. Él terminó en Colliure, a dos pasos de España, pero fuera de su país y con pocas posibilidades de volver”, señala el escritor.

Falleció sólo 20 días después de cruzar la frontera. Junto a su cuerpo posan varias notas y un último verso: “Estos días azules y este sol de la infancia”.

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Fuente:https://www.lasexta.com/noticias/cultura/los-ultimos-dias-de-antonio-machado-80-anos-de-la-muerte-del-poeta-en-el-exilio-video_201902195c6c1a140cf2717239dcd82a.html

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Hambre, agotamiento y muerte: refugiados republicanos en Almería tras la Desbandá

Casi 100.000 refugiados, procedentes de la columna de la Desbandá en febrero de 1937, llegaron exhaustos a Almería. Una investigación inédita de los historiadores Eusebio Rodríguez Padilla y Francisco Colomina Sánchez refleja la otra cara de aquellos días, la desesperación por la supervivencia de estos refugiados en una ciudad sumida en el caos.

publico.es / María Serrano / 17-02-2019

Madrugada del 7 al 8 de febrero de 1937. Hace ahora 82 años. Miles de ciudadanos huyeron desde la ciudad de Málaga ante la llegada de las tropas sublevadas y la propaganda radiofónica que infundía Queipo de Llano a todos los vecinos de la provincia. Más de 300.000 ciudadanos hicieron la carretera a pesar del peligro, de las terribles consecuencias que significaba partir sin equipaje ni recursos a ningún parte.

Pegados al mar, perseguidos y bombardeados por las tropas franquistas, huérfanos, ancianos, mujeres y hombres desconsolados por tantas pérdidas llegaron a una de las últimas ciudades republicanas al final de la guerra, Almería. El gobernador civil Morón Díaz acogería a más 100.000 refugiados. “Venían la mayoría de la Desbandá. Era una huida hacia ninguna parte“, apunta el investigador Eusebio Rodríguez Padilla a Público. En menos de un mes, la provincia de Almería triplicó sus habitantes. “Pasaron de 50.000 a una cifra desorbitada, 150.000 personas para las que no había apenas recursos”.

Era una estampida hacia el abismo. Desde la caída de Málaga en enero de 1937, Andalucía Oriental estaba movilizada en una huida masiva para sobrevivir. “Solo queríamos escapar de las bombas y las muertes diarias de demasiados vecinos y amigos que sembraron de muerte. Los cuerpos se encontraban descuartizados en plena carretera”, alegan los testimonios. De aquellos supervivientes, ya solo quedan las vivencias de los niños que reconstruyen el terrible episodio. Los investigadores Eusebio Rodríguez Padilla y Juan Francisco Colomina Sánchez han elaborado una investigación inédita en el libro La Desbandá de Málaga en la provincia de Almería (editorial Círculo Rojo). Ambos historiadores señalan a Público cómo en aquella España republicana, una de las provincias más alejadas de los combates fue Almería, que “se convirtió en un destino idóneo para los refugiados. Un lugar donde la guerra no llegaría nunca”. El libro cuenta cómo recayó en los Comités locales y los ayuntamientos, la atención a los refugiados encargados de procurarles alojamiento, atención sanitaria y alimentación.

Anuncio del Comité Nacional de Refugiados el 18 de febrero de 1937

Padilla y Colomina afirman que “la actuación de los refugiados malagueños en su deambular por la provincia reflejaba lo padecido en el viaje”. Tenían un fuerte estado de indignación. Demasiadas muertes vividas en el camino.

Así lo reflejaba también la prensa local ante la llegada de la primera oleada el 8 de febrero de 1937. “No podemos negar la congoja que nos invade al ver desfilar por las calles de nuestra ciudad esa interminable caravana de evacuados. Todos estamos obligados a poner nuestro esfuerzo para evitar lo que tan sólo es una simple consecuencia de la lucha (…)”.

La llegada de 100.000 refugiados a una ciudad colapsada

La auténtica avalancha de los malagueños plantea a las autoridades almerienses un grandísimo problema humanitario. La cifra oficial más certera que se baraja es la dada por la corresponsal de Holanda Het Voll, que eleva hasta los 150.000 la población refugiada a partir de 1937.

Hay una pregunta clave en medio de este escenario y es si se acabó el sufrimiento para los refugiados al llegar a suelo republicano. Rodríguez Padilla remarca que “la intención de las fuerzas sublevadas y la aviación italiana y alemana era hacerles aún más la vida imposible a estos refugiados“. En la tarde del día 12, cuando las calles estaban repletas por una cola de más de cuarenta mil refugiados en estado de agotamiento empezaron a caer bombas. La sirena sonaría treinta segundos antes de que cayera el primer bombardeo. La calle quedaría convertida en una auténtica carnicería.

En la documentación del gobierno civil de Morón Díaz consta cómo en aquella jornada negra se “arrojaron cuarenta bombas graduadas de gran potencia, causando medio centenar de muertos y cerca de cien heridos”.

Los comités refugiados piden ayuda desinteresada a los vecinos de Almería

Los Comités Locales de Refugiados, las organizaciones sindicales, el Socorro Rojo Internacional o la organización anarquista Solidaridad Internacional Antifascista empiezan a funcionar sin descanso para dar cobertura en medio del caos.
El Comité lanzaría un mensaje a la población civil en el Diario Adelante. “Rogamos a todos los ciudadanos de Almería y a los comités locales de la provincia que nos faciliten camas para poder atender a las familias que vienen huyendo del terror fascista”.

Estos Comités tenían una misión clara, liberar a los Ayuntamientos de sus obligaciones con los desplazados y también se encargaron de la distribución de refugiados entre las familias para su alojamiento. La ley obligaba a los vecinos a dar comida y cobijo a los recién llegados. Y es que el problema de los refugiados en la retaguardia republicana fue asumido por el Gobierno como un problema de Estado.

Refugiados en Almería

Cayetano Martínez Artés era presidente en 1936 del Comité Provincial del Socorro Rojo Internacional en Almería. A pesar de su ayuda desinteresada y su escasa vinculación política, al finalizar la guerra fue condenado a muerte y ejecutado el 6 de septiembre de 1939. Su única significación era estar afiliado al PSOE. Su profesión era oficial de correos.

El comité también atendía guarderías Infantiles junto al Socorro Rojo Internacional. Sofía Plaza García regentaba una de ellas. Esta protagonista anónima tenía solo 20 años de edad. Era soltera, enfermera, natural de Fiñana y vecina de Almería. A la finalización de la guerra fue condenada a la pena de 12 años y un día de prisión por su ayuda a los refugiados durante la guerra civil.

Ante el desplazamiento de refugiados hacia otros puntos de la provincia el gobernador Morón Díaz, iba también distribuyendo a los recién llegados entre todos los municipios de la provincia.

José Gutiérrez fue uno de aquellos alcaldes que se volcó en el pueblo de Dalías con los refugiados. “Este alcalde republicano se acercaría al domicilio del maestro de escuela y levantó un inventario de los muebles, propiedad del maestro, para que fueran trasladados y así acoger a una familia de refugiados. También requisó algunos muebles a personas de significación derechista en el pueblo para atender a los que no tenían medios”, destacan testimonios orales del municipio.

“No se pudo dar cabida en el cementerio a todos los cadáveres”

El deplorable estado físico en el que llegaron los refugiados queda constatado en el libro de urgencias del Hospital de Almería. “Mayoritariamente llegaban con llagas con úlceras en piernas y pies, agotamiento físico y heridas de metralla”. Hay que destacar que, del total de ingresos, un mínimo de 152, se corresponden a menores de 16 años. Seis de ellos era bebés.

Uno de los episodios más negros y desconocidos que se documentan en la investigación “La Desbandá de Málaga en la provincia de Almería” fue la enorme columna de refugiados que llega hasta el municipio de Adra. Miles de ancianos, mujeres y niños. Sin embargo, el 8 de febrero vivieron el peor asedio de las bombas de la Legión Cóndor. La aviación alemana quiso hostigar a los refugiados que se encaminaban a Almería. Centenares de evacuados cayeron muertos en la propia vía por la metralla. “Fue tan grande la dimensión de la masacre que el cementerio municipal no pudo dar cabida a todos los cadáveres. Se hizo necesario abrir zanjas en los alrededores de Puente del Río (Adra-Almería)”, aclara la investigación.

Refugiados desplazados a Ciudad Real, Murcia, Alicante, Valencia

Los refugiados menos afortunados tuvieron que improvisar refugios en las calles de Almería durante meses. Hicieron su vida diaria en la intemperie hasta el 23 de abril de 1937. En aquella fecha el Delegado de Evacuación procede a la re¬cogida de refugiados por las calles de Almería para enviar a los hombres a Fortificaciones y a las mujeres, niños y ancianos a otras provincias donde se les podría dispensar mejor calidad de vida. Otros fueron trasladados a zonas costeras del levante, así como las provincias de Ciudad Real, Murcia, Alicante, Valencia, Castellón, Tarragona y Lleida.

Recorte de prensa local el día del bombardeo en Almería a los refugiados. Febrero 1937

Hay documentación que refleja que incluso algunos niños de aquella Desbandá fueron llevados a la Unión Soviética, en la expedición que sale del puerto de Valencia el 21 de marzo de 1937 en el buque Cabo de Palos.
Otra de las últimas soluciones fue llevar a los jóvenes a las columnas, ya agotadas, del Ejército Popular de la República, concretamente al “Batallones Antonio Coll y el Batallón Floreal” casi al final de la guerra.

La República logró evacuar a todos los refugiados, aunque aquello también significó para muchas familias y niños la separación durante un largo tiempo. Muchos estuvieron sin verse hasta finalizada la guerra y bien entrada la posguerra.

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Fotografía destacada: Columna de refugiados. / Libro ‘La Desbandá de Málaga en la provincia de Almería’.

Fuente:https://www.publico.es/politica/hambre-agotamiento-muerte-refugiados-republicanos-almeria-desbanda.html

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“El régimen franquista castigó al 21% de los maestros de la provincia tras la Guerra Civil”

Jesús García Díaz Autor de una tesis doctoral sobre la represión del régimen franquista a los maestros nacionales en la provincia de A Coruña entre 1936 y 1945

“Los sancionados podían ser separados definitivamente del puesto, suspendidos de empleo y sueldo desde un mes a indefinidamente o trasladados a otra provincia”.

laopinioncoruna.es / José Manuel Gutiérrez / 16-02-2019

La Diputación acaba de editar el libro La depuración del Magisterio Nacional en la provincia de A Coruña (1936-1945), tesis doctoral de Jesús Manuel García Díaz que recibió el premio Luis Tilve de Investigación e Divulgación Histórica. Se trata del primer trabajo sobre este proceso contra los maestros públicos tras el inicio de la Guerra Civil, que revela que un 21% de ellos fueron castigados en la provincia al ser considerados contrarios al régimen.

 ¿Cuál es el origen de su investigación sobre la depuración de maestros en la provincia tras la Guerra Civil?

-Quería hacer una tesis doctoral y el historiador Julio Prada Rodríguez me propuso investigar la depuración de los maestros y me dio a elegir las provincias de A Coruña o Pontevedra porque otra compañera iba a hacer la de Lugo. Empecé la tesis en noviembre de 2013 y se defendió, curiosamente, el 18 de julio de 2017, en la Facultad de Historia de Ourense. Es la primera investigación completa que se hace en Galicia sobre una provincia, analiza todas las frases del proceso depurador y las compara, genera una base de datos con 200.000 entradas, analiza el tiempo de resolución de los expedientes y de espera entre las distintas instancias, así como la aportación de cada una de ellas a la resolución final y los recursos presentados. También intenta reconstruir el paisaje sociocultural de un territorio rural con su moral, mostrando los consensos y disensos de los individuos con el nuevo régimen y permite conocer la situación personal y económica de los maestros castigados.

 ¿Cree que los maestros fueron especialmente perseguidos por el régimen franquista?

-Sin duda, que no le quepa a nadie la menor duda. Era una urgencia actuar contra ellos porque eran los educadores de los nuevos españoles, por lo que había prisa por depurarlos. Hablo de depuración administrativa porque se confunde con el asesinato. Hubo maestros que fueron asesinados, pero el objetivo de mi investigación es que fueron sometidos a un expediente de depuración. Para estudiarla hay que ir al Archivo General de la Administración de Alcalá de Henares, donde se encuentra el grueso de los expedientes de los maestros de toda España. Allí encontramos 2.000 expedientes de A Coruña.

 ¿Es esta la cifra definitiva de maestros depurados?

-Hay expedientes repetidos, por lo que en realidad son 1.968, pero revisando la prensa y el Boletín Oficial de la Provincia el número exacto fue de 2.061. Entre ellos hay 23 de maestros que fueron ejecutados por motivos como ser izquierdista, comunista, del Frente Popular, de la Asociación de Trabajadores de la Enseñanza o de la Federación de Trabajadores de la Enseñanza de UGT. Hay otros 21 expedientes de maestros que fueron encarcelados por ser masones, rebeldes, comunistas o espías.

 ¿Las acusaciones eran reales en todos los casos?

-La mayor parte de las denuncias se debían a las rencillas y envidias en el medio rural, y sobre todo a venganzas. El proceso de depuración tuvo tres fases, en la primera de las cuales intervino la autoridad gubernativa militar en julio y agosto de 1936. Si acusaban de algo, los militares castigaban directamente sin posibilidad de recurso y hubo 473 maestros sancionados. Como el curso se echaba encima, le pasaron esta labor a la máxima autoridad educativa de cada región, que en Galicia era el rector de la Universidad de Santiago, a quien le llegaron 164 expedientes, de los que hubo 121 sancionados y 43 absueltos. En ese periodo también actuó la Junta de Decanos, que revisó los casos de 12 maestros y sancionó a 8. La segunda fase está marcada por el decreto del 8 de noviembre de 1936, con el que los sublevados organizaron el plan de depuración con numerosa legislación, en la que figuraban las comisiones provinciales de depuración. Por la de A Coruña pasaron 1.967 expedientes y hubo un 27% de absueltos. Los expedientes pasaban después por la Comisión de Cultura y Enseñanza, que solía confirmar las decisiones anteriores y analizó 190 expedientes de los que absolvió al 39%. La última fase llegó en enero de 1938 con la creación del Ministerio de Educación Nacional, cuya Oficina Técnica Administrativa actuó hasta 1944 y dictó 695 resoluciones, con un 99% de absoluciones. También existía la Comisión Superior Dictaminadora, que emitió 1.095 resoluciones sobre maestros coruñeses, de las que el 69%. Al ver que la depuración se les iba de las manos, crearon el Juzgado Mayor de Revisiones para analizar los recursos y que analizó 645 expedientes, de los que absolvió al 66% de los maestros.

 Había una auténtica maquinaria administrativa para desarrollar este proceso.

-Y muy bien pensada. Al final tuvieron una resolución definitiva 1.963 maestros de la provincia, de los que fueron castigados el 21% y absueltos el 79%. El número total de maestros en la provincia era de 2.184 y examinaron a todos, aunque no sabemos qué pasó con todos ellos.

 ¿En qué consistían los castigos impuestos?

-Podían separarlos definitivamente del puesto, suspender de empleo y sueldo desde un mes a indefinidamente y trasladar a otra provincia y si eras nacionalista a la otra punta del país. Las infracciones podían ser políticas, sociales, profesionales y religiosas o morales. Te ponían denunciar por tener una criada en casa si eras soltero, si ibas con amigos al baile si eras jovencita, si no vestías como ellos querían o te pintabas las uñas, algunos fueron acusados de mujeriegos y alguna maestra de pegarle al marido, así como de no tener “fervor por el glorioso movimiento salvador”. Se pedía un informe de cada maestro del párroco, del alcalde, de la Guardia Civil y de un padre de familia de buenas costumbres. También podían informar la Falange, algún vecino, empresario, algún maestro delator e incluso algún inspector de educación, pero eran tenidos en cuenta sobre todo los de los curas, que eran los más meticulosos, ya que contaban con unos cuestionarios muy puntillosos en los que se preguntaba sobre cuestiones profesionales, sociales, políticas, sindicales y religiosas.

 ¿Quedaban marcados socialmente los castigados?

-A pesar de que los absueltos fueron más que los sancionados, eso no quiere decir que para los que se libraron ese periodo fuera un camino de rosas, ya que hubo 266 maestros perdonados al final del proceso pero que en una fase anterior habían sido sancionados. Los que volvían a trabajar no tenían más remedio que tragar con ruedas de molino y amoldarse a la nueva ideología, aunque hubo maestros que acogieron muy bien el nuevo régimen.

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Fotografía destacada: Jesús García Díaz, con su obra, esta semana.| Víctor Echave

Fuente:https://www.laopinioncoruna.es/coruna/2019/02/16/regimen-franquista-castigo-21-maestros/1375798.html

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Emilio Silva: “En ocho meses de gobierno no se ha hecho prácticamente nada en memoria histórica”

El cofundador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) Emilio Silva fue entrevistado en la sección semanal de memoria histórica de La Cafetera de radiocable.com. Silva criticó que “en ocho meses de gobierno con el tema de la memoria no se haya hecho prácticamente nada”. Y el gobierno “se haya dedicado a focalizarlo todo” en la exhumación de Franco.

radiocable.com / 14-02-2019

En caso de que venza la legislatura estaremos ante “una oportunidad perdida”, dijo. Porque “en ocho meses se podrían haber hecho bastantes cosas”– insistió.

“A Franco se le podía haber sacado”– aseguró. Y rescató el ejemplo del alcalde de Pamplona,  en noviembre de 2016, “con los restos de Mola y Sanjurjo que estaban en el Monumento a los Caídos”.

Emilio Silva considera que “el gobierno debería haber sido más valiente y haber sacado a Franco directamente”. Y señaló que “el PSOE lleva años jugando electoralmente con los restos de Franco”. Y recordó cuando en 2011 encargó un informe a un grupo de expertos que presentó a finales de octubre, cuando las elecciones eran en noviembre y “los presentó asumiendo que iba a perder las elecciones”.

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Fuente:http://www.radiocable.com/emilio-silva-gobierno-memoria-historica-245.html

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Paco Ferrándiz: “Me gustaría que el Valle de los Caídos se convirtiera en un lugar interactivo de la historia del monumento”

Es uno de los mayores expertos en políticas de Memoria del panorama nacional e internacional. Fue uno de los miembros del Comité de Expertos para el futuro del Valle de los Caídos, creado por Zapatero en 2011. 

publico.es / Alejandro Torrús / 13-02-2014

Paco Ferrándiz (Oviedo, 1963) es uno de los mayores expertos en políticas de Memoria del panorama nacional e internacional. Es antropólogo y trabaja en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Fue uno de los expertos que elaboró el informe para el futuro del Valle de los Caídos que encargó el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero poco antes de convocar las elecciones generales de 2011. Ahora, con el paso de los años, asume que su posición sobre el futuro del Valle de los Caídos ha evolucionado.

apenas un día de que el Ejecutivo apruebe la exhumación del dictador, alaba el “coraje político” de Pedro Sánchez para sacar adelante la exhumación de Franco, pero también lamenta que no haya tenido aún más coraje para especificar qué proyecto de futuro tiene para el monumento. De hecho, dice tener la sensación de que el Ejecutivo no sabe ahora mismo “qué hacer” con el Valle de los Caídos.

Ferrándiz, en cambio, sí tiene un proyecto claro en mente para el Valle de los Caídos. Quiere que se convierta, gracias a las nuevas tecnologías, en una especie de “libro de Historia en piedra”. Es decir, que el visitante tenga acceso a través de su teléfono móvil a toda la historia del monumento, desde su construcción con batallones de presos políticos, al entierro del dictador presidido por el rey, pasando por el discurso de Franco el día de su inauguración. Se trataría de acabar con el oscurantismo que preside el lugar para que los ciudadanos puedan tener una opinión propia. “Creo que los estados democráticos deben promover una ciudadanía crítica y eso es lo fundamental”.

¿Está cerca la exhumación de Franco o aún nos queda un largo culebrón por delante, sobre todo viendo que la familia recurrirá al Supremo?

Pues si la familia Franco recurre al Supremo, como ya ha anunciado, la clave de este asunto será si el Supremo dicta una orden de suspensión cautelar de la exhumación o no. Yo, si fuera el Gobierno, intentaría hacerlo lo más rápido posible y después ya veríamos qué dice el Supremo. Obviamente, sin saltarse ningún plazo administrativo ni nada de eso. Me parece evidente que, a estas alturas, la familia ya ha perdido la legitimidad para echar un pulso al Estado. Se trata de una exhumación de Estado en la que el Gobierno democrático debe fijar cómo será el proceso.

Entonces, la clave para ver si se alargará o no la exhumación del dictador está en la decisión que tome el Supremo.

“La presencia de Franco en el Valle de los Caídos es extraordinariamente perjudicial para la calidad de la democracia española”

Yo creo que sí. Esa es la clave. Luego, por lo que parece, este proceso llegará más lejos y seguramente acabe en Estrasburgo. La familia Franco dice que hay una sentencia que le favorece, que no es otra que la que dio este tribunal cuando Polonia movió los restos del expresidente Kaczynski, que falleció en un accidente de avión. En aquel momento condenaron al Estado polaco por mover el cuerpo sin pedir permiso a la familia. Las alegaciones de la familia Franco irán por ahí y, sin ser yo jurista, parece que el Supremo tiene argumentos por ahí para tratar de paralizarlo.

No dejaría de ser contradictorio ver a la familia Franco recurrir a un Tribunal de Derechos Humanos.

Sí, así es. Por lo demás, yo creo que es una cuestión de coraje político. Fíjate en lo ocurrido en Pamplona con las exhumaciones de Sanjurjo y Mola. Los dos fueron exhumados del Monumento a los Caídos y trasladados a otro lugar. La familia Sanjurjo recurrió y finalmente el Tribunal Superior de Justicia de Navarra ha sentenciado que la exhumación estuvo bien hecha. El recorrido jurídico puede ser muy largo, pero no hay que perder el foco. Hay que tener en cuenta que la presencia de Franco en el Valle de los Caídos es extraordinariamente perjudicial para la calidad de la democracia española. Mi posición sería la de ir adelante lo más rápido posible.

¿Por qué la presencia de Franco en el Valle es perjudicial para la democracia española?

Bueno, es perjudicial ahora y ha sido perjudicial desde el momento en el que se consolidó la democracia. Una vez se aprobó la Constitución y nos constituimos como una democracia es insólito que haya un lugar que ensalza a la dictadura franquista. Nosotros, en el informe del comité de expertos de 2011, ya dijimos que Franco debía ser exhumado y que Primo de Rivera debía ser trasladado a un lugar no preeminente.

“Tengo la sensación de que el Gobierno ahora mismo no sabe qué quiere hacer con el Valle de los Caídos”

Me parece muy interesante ver cómo ha sido la evolución del movimiento por la Memoria en España y cómo ha llegado a este tema. Se comenzó exhumando a los republicanos represaliados. Campesinos, sindicalistas… Después, evolucionó y se pasó a quitar calles, monumentos, placas y llegó una Ley de Memoria Histórica. Ahora, el movimiento ha alcanzado un punto en el que también cuestiona los enterramientos de honor de los que fueron los militares golpistas y que cometieron una larga serie de crímenes durante la Guerra. Todo está conectado. Son procesos paralelos, pero que están relacionados.

Ahora ya se ha conseguido exhumar a Mola y Sanjurjo. Se está cerca de sacar a Franco del Valle y se cuestiona el lugar donde está enterrado Queipo de Llano en la catedral de Sevilla y otros golpistas en el Alcázar de Toledo…

El Gobierno ya ha dicho que no piensa actuar en el Alcázar de Toledo.

Sí, así es. El Gobierno ha dicho que no, pero las peticiones del movimiento memorialista están encima de la mesa. La joya de la corona de todo este nuevo movimiento es sacar a Francisco Franco. Pienso que si Franco sale del Valle de los Caídos… un suspiro de alivio recorrerá el país, sobre todo para la izquierda española.

“El Valle de los Caídos no es un lugar de reconciliación ni un lugar de encuentro de las dos Españas. Es un monumento que ensalza el franquismo”

Este tema se está convirtiendo en una especie de trinchera por la cual la familia de un dictador, que no tiene más que eso, ser la familia de un dictador, se está enfrentando al Estado. El Valle de los Caídos no es un lugar de reconciliación ni un lugar de encuentro de las dos Españas. Es lo que es: un monumento que ensalza el franquismo. Solo hay que fijarse en una cosa. Cuando los benedictinos han tenido problemas… ¿a quién han recurrido? Pues a la extrema derecha. Hay que ponerse las manos en la cara para no verlo.

¿Y qué haría usted con el cadáver? ¿Dónde cree que debe estar enterrado?

El cementerio de Mingorrubio de El Pardo puede ser un buen sitio. Y, después, si resulta que allí se organiza un núcleo neofascista e incluso se convierte en lugar de peregrinaje de fascistas europeos… pues se puede volver a tomar otra decisión. Tampoco podemos anticiparnos.

Es una sepultura que pertenece a Patrimonio Nacional.

Ya, pero Patrimonio puede estar dispuesto a cedérselo a la familia. Es importante, eso sí, que no tenga un acceso de carácter público. ¿Es el lugar idóneo? Pues no lo sabemos, pero es importante abrir el foco y mirar al resto de países. En España somos mucho de ahogarnos en nuestro vasito de agua. Lo que nos pasa a nosotros está pasando en muchos países del Estado con los restos de sus dictadores comunistas. El cuerpo de Franco, como el del resto de dictadores, está lleno de significados políticos y eso no lo puedes borrar con un decreto ley. Para esto tiene que pasar tiempo.

Ahora bien, habría que encontrar fórmulas para que Patrimonio no tenga que pagar por el mantenimiento de esa tumba. Tiene que haber mecanismos que lo permiten. Ahora mismo lo importante es sacar a Franco del Valle de los Caídos y reubicarlo con la legitimidad del Estado democrático.

Y una vez que Franco esté fuera… ¿Qué hacemos con el Valle? No sé si tiene la sensación de que se está desperdiciando una nueva buena oportunidad para ir más allá.

Tengo la sensación de que el Gobierno ahora mismo no sabe qué quiere hacer con el Valle de los Caídos. El Gobierno ha demostrado coraje político con esta decisión, pero me hubiese gustado que el coraje político fuera mayor. Cuando Pedro Sánchez viajó a Chile y volvió dijo que renunciaba a hacer un monumento de reconciliación en el Valle de los Caídos… A mí me pareció que esa frase se quedaba a medias. No dijo qué quería hacer.

¿Y cuál es su propuesta?

Pues yo defiendo una postura que tiene que ver con la pedagogía. Me gustaría que el Valle de los Caídos fuera utilizado como una especie de libro de Historia de piedra. Me explico. Ahora mismo el Valle de los Caídos tiene dos memorias. Por una parte, la memoria nacional católica, que se puede categorizar como totalitaria. Por otra, está la memoria democrática, con los cuerpos de los republicanos, que ahora mismo no tiene cómo expresarse. La propuesta que defiende es expresar esa memoria democrática a través de píxeles.

¿Cómo se hace eso?

Se trata de transformar el Valle sin obras. Sería crear una Wi-Fi potente con el que la gente pueda acceder estando allí a una serie contenidos digitales, no muy dirigidos, que permitan al visitante recorrer la historia del monumento a través de imágenes del No-Do de las obras, de las visitas de Franco, del discurso de inauguración, el propio entierro de Franco presidido por el rey… Hay muchísimo material disponible. Sería tener acceso a todo lo que encierra el Valle de los Caídos en un solo click. Con esta herramienta, el ciudadano libre puede ver, por sí mismo, aquellas palabras de Franco fueron un discurso de reconciliación o no, por ejemplo.

“Se trata de transformar el Valle sin obras. Sería crear una Wi-Fi potente con el que la gente pueda acceder estando allí a una serie contenidos digitales”

Esto permitiría revertir el secretismo que hay ahora mismo en el Valle, donde no puedes sacar el móvil para hacer una fotografía. El píxel también nos permitiría ver qué hay detrás de los muros mediante técnicas de realidad ampliada. Hacerlo todo accesible. De esta manera, se puede crear un relato democrático sin necesidad de construir nuevos monumentos. Se trata de utilizar de forma inteligente las nuevas tecnologías, que son más baratas y transmiten mejor a las nuevas generaciones, que es lo que importa.

Esta sería para mí la solución. De esta manera, la memoria totalitaria quedaría en la piedra, mientras que la memoria democrática estaría en el píxel.

Usted también ha hablado de crear rutas europeas de visita a monumentos totalitarios…

Sí. Creo que es muy importante desterritorializar el Valle de los Caídos. Esto es, habría que colocarlo dentro de una ruta de monumentos totalitarios europeos que incluya a Alemania, Italia y España, y también, por qué no, Rusia y a otros países de Europa del Este donde hay monumentos totalitarios. Eso de alguna manera significa desterritorializar el monumento y convertirlo en un monumento emblemático de lo que fueron los pensamientos totalitarios de mediados del siglo XX. A veces perdermos de foco que el Valle de los Caídos es uno de estos monumentos, pero en su versión española: el nacionalcatolicismo.

Me parece que esta medida sacaría al Valle de los Caídos de su eje actual, que no es otro que un eje conservador, neofranquista de preservar el statu quo.

¿Se pondrían de acuerdo en el Congreso sobre cuál debe ser el relato democrático del Valle de los Caídos?

El relato democrático que se aporte al Valle no tiene que ser especialmente cerrado. Creo que los estados democráticos deben promover una ciudadanía crítica y eso es lo fundamental. El Valle de los Caídos se convertiría así en un lugar maravilloso para que historiadores, especialistas, antropólogos, sociólogos, politólogos, pudieran construir relato de lo que es la España democrática como contraste o en base al relato que propone ese Monumento.

Se especula mucho sobre si el Gobierno exhumará a Franco a plena luz del día y con publicidad o lo hará más a escondidas para evitar posibles incidentes, tal y como hizo Zapatero con la última estatua de Franco en Madrid. ¿Usted cómo cree que debe ser?

“Creo que los estados democráticos deben promover una ciudadanía crítica y eso es lo fundamental”

Pues en una cosa intermedia. Creo que la exhumación se tiene que documentar, se tiene que grabar y que se tiene que publicar después en forma de documental o reportaje para televisión. Pero creo que no se debe hacer de manera publicitada. Por una parte, porque podría generar disturbios. Por otra, porque se convertiría en un espectáculo televisivo con conexiones en directo y demás. No creo que sea conveniente convertir esto en un espectáculo para programas de tertulias. Sería contraproducente y sería una especie de banalización.

¿Echa de menos que no se incluya mover a Primo de Rivera en este primer paso?

Nosotros, en el documento de 2011, defendimos que Primo de Rivera puede estar en el Valle, pero no en un lugar preeminente, mientras que Franco tenía que estar fuera porque su presencia era extraña incluso para el uso que el franquismo había previsto para el monumento ya que no fue un caído de la Guerra Civil.

Creo que el Gobierno ha querido ir por partes. Empezar por Franco para después continuar con Primo de Rivera y con la entrada a las criptas donde ya hay sentencias judiciales en firme de los tribunales. Lo que pasa es que el tiempo político se le está echando encima. No obstante, creo que si consiguen sacar a Franco, todo lo que venga después será más fácil. Será mucho menos problemático.  Una vez que Franco salga, la riada se llevará a José Antonio Primo de Rivera y se podrá ver qué se hace con las criptas.

Hace unas semanas vandalizaron la placa de Yolanda González. Esta semana ha sido el turno de las tumbas de Pablo Iglesias y la Pasionaria. Parece que seguimos sin gestionar bien como sociedad la Memoria Democrática. ¿Qué nos pasa con la Memoria? Parece que se trata de un mensaje al Gobierno.

Sí, me parece evidente que se trata de un mensaje al Gobierno que viene a decir ‘si se toca a Franco no hay cuerpo que esté a salvo’. A mí parece tremendo que se hagan este tipo de cosas. Pero hay que tener en cuenta que no son nuevas. Ya sucedía antes. Hay muchísimos monumentos en todo el país que se han levantado sobre fosas que han sido vandalizados una y otra vez. Creo que forma parte de la mala digestión de la Memoria en este país. Estas acciones, junto a las dificultades para mover a Franco, nos permite hacer un diagnóstico un poco desolador sobre la calidad de la democracia en la que vivimos o, incluso, del deterioro de la calidad democrática.

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Fotografía destacada: Paco Ferrándiz fue miembro del Comité de Expertos que redactó el informe sobre el Valle de los Caídos en 2011 que recomendaba exhumar a Franco.

Fuente:https://www.publico.es/politica/exhumacion-franco-paco-ferrandiz-me-gustaria-valle-caidos-fuera-utilizado-especie-libro-historia-piedra.html

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Asociación de Memoria Histórica pide “luz y taquígrafos” al exhumar a Franco

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha pedido hoy lunes al Gobierno “luz y taquígrafos” en la exhumación de los restos de Francisco Franco que el viernes aprobará el Consejo de Ministros para evitar que se haga “con nocturnidad y alevosía”.

lavanguardia.com / EFE / 11-02-2019

A través de un comunicado, esta entidad asegura que no quiere que el traslado se haga del modo en que se retiraron monumentos franquistas en aplicación de la Ley de Memoria Histórica, sin anuncio previo.

Así ocurrió, recuerda, cuando la última estatua ecuestre de Franco ubicada en Madrid se desmontó “entre semana, de noche, como si hubiera que ocultar el hecho”.

La ARMH “espera que el Gobierno no agache la cabeza frente a la familia del dictador ni la fundación que lleva su nombre”, prosigue en su nota, en la que denuncia el “espectáculo” de los últimos meses en los cuales “la familia de un dictador trataba de tú a tú al Gobierno de un Estado democrático”.

Y reitera que la exhumación de los restos de Franco supone “una gran oportunidad” para llevar a cabo un acto de “pedagogía democrática” y explicar la represión franquista a los “millones de personas” que no han estudiado esta parte de la historia de España, y cuyo conocimiento en los centros de enseñanza no ha sido potenciado por ningún Gobierno.

También considera “una forma de maltrato” por parte del Estado hacia los familiares de las víctimas del franquismo que hayan tenido que “financiar con sus impuestos la tumba del dictador” sin haber visto satisfechos en 40 años de democracia sus derechos “a la verdad, a la justicia, a la reparación y a las garantías de no repetición”. EFE

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Fuente:https://www.lavanguardia.com/politica/20190211/46375387618/asociacion-de-memoria-historica-pide-luz-y-taquigrafos-al-exhumar-a-franco.html

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Prisioneros del sur de Lugo en el campo de nazi de Mauthausen

Una asociación busca familiares de cuatros de ellos, procedentes de Ribas de Sil, O Saviñao y O Incio.

lavozdegalicia.es / Francisco Albo / 10-02-2019

Aunque es un hecho histórico poco recordado, en el tristemente célebre campo de concentración nazi de Mauthausen -en el municipio austriaco del mismo nombre- hubo prisioneros naturales del sur lucense y de otras partes de la provincia, de los que muchos no sobrevivieron. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) dispone de datos sobre estas personas y busca a posibles familiares con el fin de ofrecerles la información que posee y de recabar la que estos parientes puedan proporcionar en la actualidad.

Dos integrantes de la asociación, Carmen García Rodeja y Manuel Barreiro Bugliot, hablaron de las víctimas gallegas de Mauthausen en una charla que ofrecieron el viernes en el instituto monfortino Río Cabe, que acoge una exposición preparada por este colectivo y dedicado al fotógrafo catalán Francisco Boix, uno de los más célebres prisioneros de este campo. Boix, que sobrevivió al encierro, consiguió rescatar un archivo fotográfico que reunía miles de fotografías tomadas por los propios oficiales y guardianes. Estas imágenes sirvieron como pruebas incriminatorias en los juicios de Nuremberg, donde unos sesenta de ellos fueron condenados a muerte y ejecutados.

García Rodeja señala que entre los prisioneros lucenses -como entre los procedentes de otras partes de Galicia y de España- hubo un elevado número de muertes debido a las durísimas condiciones de vida. Fue lo que ocurrió con algunas víctimas oriundas de lugares como Ribas de Sil y O Saviñao. «La mayoría de ellos murieron ya en los primeros meses del encierro, en 1941, porque además de las propias condiciones que se daban en Mauthausen, la mayoría de ellos habían estado internado antes en campos de prisioneros franceses y ya llegaron muy debilitados», explica. En su mayor parte, los prisioneros españoles eran antiguos combatientes del bando republicano en la Guerra Civil que fueron apresados por los nazis tras la invasión alemana de Francia. «El régimen de Hitler consultó al de Franco en cuanto a qué debía hacer con aquellas personas y la respuesta fue que no las consideraban españolas y que las abandonaban a su suerte», añade.

Los responsables de la ARMH piden a los parientes de las víctimas que se pongan en contacto con ellos para intercambiar información si lo desean. Pueden hacerlo a través del correo deportadosgalicia@gmail.com. Carmen García señala que las investigaciones históricas sobre Mauthausen se siguen llevando a cabo y que aún pueden aparecer otras víctimas de origen lucense, ya que se están reuniendo datos de personas nacidas en lugares como Madrid o Barcelona, pero de familias gallegas.

Entre los presos hubo numerosas muertes ya en los primeros meses de cautiverio

Registrados con nombres, apellidos y datos de sus parroquias de origen

En los datos recopilados por la ARMH figuran los nombres de tres nativos del municipio de Ribas de Sil que estuvieron encerrados en el campo de concentración austriaco. Dos de ellos -José Caneda Macía y Andrés Alonso Losada- no consiguieron sobrevivir. Del segundo de ellos se sabe que procedía de la parroquia de Peites. El tercer prisionero, Miguel Colmenero Fernández, fue liberado con vida.

En Mauthausen también murió Ricardo López López, natural de la localidad de Beleigán, en O Saviñao. Lo mismo ocurrió con Castor Martínez Parada, que figura en la lista como natural de Trascastro, aunque la ARMH aún no tiene claro si procedía de la parroquia de O Incio que lleva este nombre. En el municipio leonés de Peranzanes hay otro pueblo que se llama de la misma manera.

Otras localidades

Otros prisioneros lucenses que murieron en el campo de concentración fueron tres naturales del municipio de Cervantes -Manuel Fernández Fernández, José Fernández Pérez y José Fernández Santín-, el sarriano Jesús Arias López y Liberio Bailín Pérez, oriundo de As Nogais. En cambio, Marcelino Pérez Díaz -natural de Becerreá- y Benigno López Caloto -de Frollais, en Samos-, todavía estaban vivos cuando las tropas estadounidenses entraron en Mauthausen en mayo de 1945. Otros prisioneros del campo procedían de localidades lucenses como Outeiro de Rei, Pol y Viveiro.

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Fuente:https://www.lavozdegalicia.es/noticia/lemos/ribas-de-sil/2019/02/10/prisioneros-sur-lugo-campo-nazi-mauthausen/0003_201902M10C3991.htm

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Los huesos que defendieron la democracia

En las fosas comunes y cunetas del país, están los restos de los hombres y mujeres que defendieron la primera experiencia democrática del Estado español. Expertos piden a los políticos que dejen los derechos de las víctimas de la dictadura fuera del juego partidista. “España tiene la obligación de exhumar a las víctimas de los crímenes franquistas”, exigen.

publico.es / Alejandro Torrús / 09-02-2019

Los huesos de Josep Navarro Anchel están enterrados en una fosa común del cementerio de Paterna. Fue asesinado por su militancia en UGT y en el Partido Comunista durante la II República frente a un paredón militar, de nombre España. Sus restos cayeron en la fosa 126. En ese mismo cementerio están los huesos de otros de 2.238 republicanos asesinados por el franquismo entre 1939 y 1956. Su nieta, María Navarro, continúa luchando por su exhumación y por darle un entierro digno.

Familia de Josep Navarro Anchel

A lo largo y ancho de la provincia de Málaga están repartidos los huesos de 5.000 republicanos en 99 fosas comunes. Hace ahora 82 años, las tropas franquistas entraron a sangre y fuego en la ciudad. Más de 100.000 salieron por la carretera de Málaga-Almería huyendo de una muerte casi segura. Las bombas caían por todas partes. Por el aire, de la aviación italiana; por el mar, de los buques franquistas, mientras que por tierra llegaban las tropas italianas y el sangriento ejército de Queipo de Llano.

Natalia Montasaroa recordaba en 2014 para Público cómo aquel camino se quedó con los huesos de centenares de ciudadanos y ciudadanas cuyo único delito es haber creído y apoyada a la II República, la primera experiencia democrática de España. Natalia tenía 13 años  y nunca pudo olvidar lo que allí vio. Una mujer y su hijo en brazos estaban muertos en una cuneta. Parecía que habían muerto mientras amamantaba al pequeño. Milicianos ahorcados en los árboles. Niños, ancianas, familias enteras yacían muertos. De hambre, de metralla, de fuego. Otros, directamente se habían suicidado.

Natalia y su familia decidieron dar media vuelta y regresar a Málaga. Sobrevivió y tuvo suerte. Durante las siguientes siete semanas a la toma de la ciudad fueron juzgadas 3.041 personas y 1.574 fueron ejecutadas. El último presidente del Gobierno de Franco, Carlos Arias Navarro, estuvo entre los jueces militares responsables de la matanza. Sus huesos siguen por ahí. Tirados.

CARRETERA DE MÁLAGA.- CEDIDA POR JESÚS MAJADA

En la provincia de Valladolid apenas hubo Guerra. La provincia apenas ofreció resistencia al golpe de Estado de Franco y los suyos. A pesar de eso, la represión fue brutal. La ARMH de Valladolid calcula que 2.000 ciudadanos fueron ejecutados solo en esta provincia. Los huesos de personas como Ángel de la Fuente, que desapareció en los primeros días del golpe de Estad y nunca más se supo nada más de él, o de Herminio Agudo, que a la edad de 30 años fue ejecutado por su participación activa en la Casa del Pueblo de Laguna de Duero (Valladolid), siguen por ahí. Sólo en el mes de agosto de 1936 fueron ejecutadas o desaparecidas alrededor de 550 ciudadanos en la provincia.

Manuela Martín, natural de Granada, murió sin olvidar a su padre y a dos de sus hermanos. Salieron de casa cuando ella era apenas una niña huyendo de las tropas franquistas. Los rumores de sus fechorías eran demasiado graves como para quedarse esperando. Nunca más volvieron a verlos. Nunca supieron dónde quedaron sus huesos. Un testigo desveló una vez que había visto el cadáver del padre tirado en una montaña. De los dos muchachos nunca se supo.

Imágenes de algunas de las 7.000 personas que fueron represaliadas.- ARMH VALLADOLID

Ascensión Mendieta sí sabía, más o menos, donde habían enterrado a su padre, Timoteo, natural de Sacedón y cuyo delito fue militar en la UGT. Lo habían tirado a una fosa común del cementerio de Guadalajara. Allí estarían sus huesos durante casi 80 años. Hasta que la Justicia de Argentina, donde Ascensión acudió a pedir ayuda, dio la orden de exhumar y España aceptó. Las pruebas de ADN certificaron que unos huesos de aquellas fosas eran los de su padre. Esta mujer, que ronda ya los 92 años, consiguió así uno de los objetivos de su vida: recuperar a su padre. “No sabes la de noches que me he acostado pensando en él. Eso se lleva por dentro… Tantos años sin poder llamar a tu padre…”, contaba Mendieta en esta entrevista con Público. Gracias a la Justicia de Argentina y al trabajo de la ARMH Mendieta consiguió recuperar los huesos de su padre. “Quiero que me entierren con él”, decía esta mujer cuando consiguió tenerlos cerca.

El caso de Ascensión Mendieta es, sin embargo, una excepción. Comparativamente hablando, son pocos los familiares de víctimas de la dictadura las que han conseguido recuperar a su ser querido. Muchas de ellas murieron esperando. Esperando a que la democracia los rescatara de las profundidades de la tierra y del olvido o, directamente, soñando con que esos pasos que se escuchaban en las escaleras fueran los de su ser querido, que en realidad no estaba muerto a pesar de llevar décadas desaparecido.

El Valle de los Caídos, en el interior de cuya basílica descansan los restos de más de 33.400 víctimas de la Guerra Civil. EFE

Pero los milagros son de otro tiempo histórico. Joan Pinyol, por ejemplo, estuvo durante años llevando flores a la fosa común del cementerio de Lleida donde creía que estaban los huesos de su abuelo, el soldado republicano Joan Colom. Sin embargo, aquella fosa estaba vacía. Y no. Colom no estaba vivo. La dictadura había trasladado sin autorización los huesos de este hombre, y los de sus compañeros de fosa, al Valle de los Caídos. Joan, el nieto, lo descubrió mucho tiempo después gracias a un artículo en prensa. Desde entonces, su lucha fue la de recuperar esos huesos y llevarlos junto a la tumba de su abuela.

Son unos cuantos casos. Pocos, muy pocos comparados con la magnitud de la tragedia que vivió España tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, la consecuente Guerra Civil y 36 años de régimen represor. Los datos del Ministerio de Justicia, correspondientes al año 2017, reconocen la existencia de 2.457 fosas comunes, de la cuales 1.221, prácticamente la mitad, siguen sin ser abiertas y lo más preocupante: 250 han desaparecido por la construcción de infraestructuras, por ampliación de calles, por planes urbanísticos.

Hasta ahora, la inmensa mayoría de estas exhumaciones se ha realizado gracias a la tarea de organizaciones civiles formadas por familiares y voluntarios que no han cejado en su empeño de dar una sepultura digna a los suyos. España, de hecho, tiene la obligación de impulsar un Plan Nacional de búsqueda de los desaparecidos y acometer las exhumaciones. Así se lo ha recordado al Estado en multitud de ocasiones diversos organismos de las Naciones Unidas. El Consejo de Derechos Humanos, el Grupo de Trabajo contra las Desapariciones Forzadas y también los dos últimos relatores de la ONU para la promoción de los derechos a la verdad, la justicia y reparación. Todos ellos han tirado de las orejas a España por el abandono que han sufrido y sufren las víctimas del franquismo.

“Los derechos de las víctimas del franquismo no pueden ser parte del juego electoral”, denuncia Emilio Silva

De hecho, el actual Relator, Fabian Salvioli, visitó el Congreso de los Diputados donde instó a los diputados a poner en marcha un Plan Nacional de búsqueda de los desaparecidos. “Lo prioritario ahora mismo tiene que ver con las exhumaciones y fundamentalmente con dar respuesta a las familias de víctimas, que son ya muy mayores”, explicó Salvioli en una entrevista en Público

Durante largos años, el Gobierno de Rajoy había dejado durante largos años a cero el presupuesto dedicado a la Memoria Histórica y ahora, cuando el PSOE ha destinado 15 millones a este propósito en su proyecto de Presupuestos, las críticas del Partido Popular han arreciado. Esta misma semana la senadora del PP Esther Muñoz denunciaba duramente que se dedicaran 15 millones a buscar “unos huesos” aunque, tras el revuelo ocasionado, intentó rectificar asegurando que se refería “a los de Franco”. No obstante, la justificación no caló. Ni el presupuesto para exhumar a Franco sale del presupuesto para Memoria, ni los restos de Franco son unos huesos y, sobre todo, nada ni nadie impidió a Muñoz decir en la tribuna del Senado lo que realmente quería decir.

La ARMH, sin ayuda del Estado español de ningún tipo, ha abierto la fosa común de Timoteo Mendieta.- REUTERS

“Muestra la falta de cultura democrática del Partido Popular”, dice Emilio Silva, que insta a los partidos políticos, de todo signo, “a dejar los Derechos Humanos fuera de la batalla política”. “Los derechos de las víctimas del franquismo no pueden ser parte del juego electoral. España tiene la obligación de exhumar a las víctimas de la dictadura“, prosigue Emilio Silva, presidente de la ARMH.

La experta en políticas de Memoria Histórica Manuela Bergerot recuerda que si hemos llegado a esta situación en pleno 2019 es gracias a todos los gobiernos de España desde 1975. Ninguno de ellos ha hecho lo suficiente por rescatar a los republicanos que se dejaron la vida contra el golpe de Estado franquista. Así, España continúa siendo una excepción en Europa.

“España tiene la responsabilidad de exhumar y de dar un entierro digno a las víctimas de la dictadura”, dice Manuela Bergerot

“No es la primera vez que esta senadora pervierte el relato histórico o banaliza los crímenes del franquismo. Me cuesta creer que una persona joven como ella pueda hacer declaraciones en contra de lo que dicen los organismos de Derechos Humanos de la ONU. Ante esta situación no nos queda otro remedio que decirlo una y mil veces: España tiene la responsabilidad de exhumar y de dar un entierro digno a las víctimas de la dictadura”.

Mientras tanto, mientras que discutimos sobre las barbaridades que se dicen e instituciones que representan a todos los ciudadanos, como es el caso del Senado, hay familiares que ven cómo se escapa la posibilidad de recuperar los restos de sus seres queridos. Personas mayores que solo piden que se cumplan los derechos que le corresponden y que mueren sin obtener ni justicia ni verdad ni reparación.

“Se suele decir que hay que devolver la dignidad a los que lucharon por la democracia y hoy continúan en fosas comunes. Pero no. Ellos murieron y lucharon con toda dignidad. Los indignos son los que están fuera de la fosa y permiten o hacen lo posible para que esas personas sigan en fosas comunes. Ellos son los indignos“, sentencia Manuela Bergerot.

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Fotografía destacada: Restos de cuerpos exhumados en la fosa común de Chillón (Ciudad Real) | ARMH

Fuente:https://www.publico.es/politica/huesos-defendieron-democracia.html

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Darío Rivas, el hombre que se vengó del franquismo

Se despidió de su padre a los 9 años, desde el barco que lo llevó a Buenos Aires. Lo hizo de nuevo a los 17, cuando avisaron por carta de que había sido asesinado por falangistas en Portomarín, en Lugo, por su actuación como alcalde de Castro de Rei en favor de los despojados. Y aún se despidió otra vez en 2005 cuando fue capaz de exhumar su cuerpo de la fosa común en la que lo habían escondido. La historia de este gallego residente en la Argentina dio inicio al histórico proceso judicial que está investigando los crímenes del franquismo entre 1936 y 1977.

luzes.gal / Débora Campos / 23-10-2018

La taza tiene un tamaño singular. No va con las de su talla, las del café, que son pequeñas. Pero tampoco casa con las grandes, las del té. «Entonces se hacían los juegos bajo petición y mi padre había comprado las doce piezas tradicionales con su platito y además esta enorme para beber él en ella a su gusto, y también una muy pequeñita para mí, que era el menor de los hijos», recuerda Darío Rivas, 97 años, en la serenidad de una tarde en el extrarradio de la ciudad de Buenos Aires a la que llegó de Lugo en 1930. Aunque aquí el tiempo se paró hace muchas horas, las referencias dicen que sólo en esta semana, este gallego que ahora guarda la taza en una vitrina con dedos rápidos, ha participado en cuatro actos y pasado dos veces por los tribunales porteños acompañando a nuevos declarantes en la querella que presentó en 2010 para investigar los crímenes del franquismo.

La taza que conserva de su padre, con una fotografía suya de niño

El proceso judicial iniciado el 14 de abril de 2010 en la capital argentina —coincidiendo con el 79 aniversario del inicio de la II República en España— tenía la firma de colectivos de defensa de los derechos humanos, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de España y de las Abuelas y las Madres de la Plaza de Mayo. Con todo, el caso insignia, el que permitió que la justicia abriera unas puertas siempre difíciles, siempre bien cerradas, fue justamente el caso que presentó Darío Rivas. «Pasé décadas reuniendo todos los documentos. Todo lo denunciado está probado por escrito y con sellos y firmas», dice y pega con el dedo índice sobre la mesa para acompañar las últimas sílabas.

La querella no se andaba con rodeos: denunciaba al Estado español como responsable de los delitos cometidos entre el día 17 de julio de 1936 y el 15 de junio de 1977, fecha de las primeras elecciones después de la muerte del dictador Francisco Franco. Se entiende que se trata del genocidio de parte de la población y de crímenes de lesa humanidad y que, como tales y a pesar de la Ley de Amnistía de 1977, no prescriben bajo el criterio de la justicia universal.

En una concentración contra la impunidad del franquismo.

Con el patrocinio del abogado Carlos Slepoy, el requerimiento de Rivas junto con Inés García Holgado, también familiar de un represaliado, y Silvia Carretero, torturada en Extremadura y Madrid, pedía a la jueza federal argentina María Romilda Servini de Cubría que buscase la información necesaria para hacer una lista de los ministros de aquel período, de los responsables militares y policiales y de los dirigentes de la Falange, así como también de las víctimas: los represaliados, desaparecidos, torturados, asesinados, sin olvidar el detalle de las fosas comunes sembradas por toda la Península y referencias sobre los niños y las niñas apropiadas ilegalmente con la ayuda, en no pocos casos, de la propia Iglesia católica. Por último, también querían el nombre «de las empresas beneficiadas con el trabajo forzado y esclavo de los presos republicanos».

La justicia argentina pidió precisiones a los jueces españoles. Las respuestas, cuando llegaban, siempre ponían por delante la Ley de Amnistía de 1977, una añagaza, ya que este tipo de normas no pueden pasar por encima del derecho internacional. Así las cosas, el 18 de septiembre de 2013, Servini de Cubría pidió la extradición de cuatro represores españoles —dos de ellos ya fallecidos—. El 30 de octubre de 2014 la jueza dictó una  orden internacional de detención preventiva y extradición contra el ex ministro franquista Rodolfo Martín Villa, acusándolo, entre otros delitos, del asesinato de los cinco obreros tiroteados en Vitoria en marzo de 1976. Desde entonces, Martín Villa, con la ayuda de la justicia española, ha tenido que entablar un largo litigio para evitar ser extraditado. Uno de los últimos intentos fue la solicitud de prestar declaración en Argentina con la condición de quedar en libertad, petición que denegó María Servini.

El tiempo ya no corre en esta casa bonaerense en la que Darío Rivas retira ahora de la vitrina una pequeña bandeja conmemorativa del homenaje que le hizo a su padre en el año 1994, casi una década antes de poder sepultarlo. Y cuenta. Porque en el origen de la querella que ya hizo historia hay un padre y un hijo. Y también un gabán y una placa.

Aún se repiten las historias en Castro de Rey sobre como recuperaba tierras sin dueño —o con un dueño que no las atendía— y se las asignaba a los despojados para que pudieran trabajar en ellas las semillas que él incluso les conseguía

«Recuerdo bien mi casa, era enorme, como un pazo. Por la izquierda tenía la cuadra para los animales y también un horno de piedra. Y por la derecha, un jardín. Más allá, estaba el sitio en el que se cortaban los robles para hacer las traviesas del tren», vuelve Rivas, ahora mismo un niño pequeño en un mundo de adultos. Fue el más pequeño de nueve hermanos y, aunque no lo dice de todo, puede que fuese también el más mimado por el padre que, en pocos años, quedó viudo y con el chaval de cinco años por criar, además de los otros ocho hijos.

Mucho ha hablado Darío Rivas sobre su padre, Severino Rivas Barja, alcalde de Castro de Rei, fusilado en una cuneta pocos meses después del Alzamiento, el 29 de octubre de 1936. Tanto ha contado sobre este gallego que 68 años después de su asesinato se transformó en el primero exhumado e identificado en Galicia, que ahora se ve en el problema de tener que ajustar las historias publicadas sobre su recuerdo.

«Dicen que mi padre era socialista. Pero no. Yo no le recuerdo participación alguna en mítines ni en cosas de la política», quiere corregir el hijo que escapa de los intereses partidarios como de la peste. La confusión tendrá inicio, a lo mejor, en el hecho de que el señor Severino era un hombre bueno y generoso. Aún se repiten las historias en Castro de Rey sobre como recuperaba tierras sin dueño —o con un dueño que no las atendía— y se las asignaba a los despojados para que pudieran trabajar en ellas las semillas que él incluso les conseguía.

No se lo contaron. Darío lo vivió: «En mi casa, la matanza se hacía para los nuestros y para el resto. Mi padre nos mandaba a los más pequeños llevar paquetes de carne a las personas más pobres de la aldea. ‘¡Y cuidadito con aceptarles ni una peseta!’, nos advertía». El señor Severino no es que fuera rico, pero había tenido la inteligencia necesaria para sacar beneficio de las oportunidades. Trabajaba sus tierras, arrendaba otras que también explotaba y administraba las de los señores de la zona. Cuando tuvo oportunidad, también se hizo con unos robles que luego cortaba para hacer traviesas para el tren, que vendía.

«Aún me sorprende que fuera capaz de conseguir tanto, siendo como era hijo de soltera», reconoce su hijo, que también se pregunta ahora si su padre sabía siquiera leer y escribir. «Algo sabría, claro. Pero yo recuerdo perfectamente que, en casa, mandaba leer el periódico a alguien. Yo pienso que sabía lo mínimo», apunta. Con o sin formación, el señor Severino Rivas era, claro está, un lúcido intérprete de la realidad europea y española de los años 20 y 30. Ventaba un futuro difícil para su prole. Un futuro que, desde luego, era hijo del pasado reciente: ya había mandado un hijo a la guerra y no estaba dispuesto a mandar otros. Poco había para ellos en la aldea: décadas de reverencias delante de la tierra para ser tanto o más pobres aún. No, sus hijos tendrían mejor destino en la emigración.

«En la primera semana de clase, un chaval me llamó gayegodespreciativamente y llevó unos cuantos golpes. Yo no sabía si se podía pegar en la escuela, pero otro niño me alentó y pienso que el burlón no se volvió a meter conmigo»

«A los 9 años, mi padre decidió que yo marchara. Me mandó a Buenos Aires donde ya vivía una de mis hermanas y donde, con los años, vendrían otros cinco más. Aún recuerdo la lancha que nos llevó en la Coruña hasta el barco que aguardaba en el mismo centro del mar. La gente, que trepaba por una escalerita de nada, se mareaba mucho con el movimiento de aquella mole, pero como yo era un niño, no me enteraba de nada». Darío sonríe desde su mirada de niño espabilado delante de aquellos adultos tristes y asustados. Casi ni pisó el camarote. El padre le había metido algo de dinero en el bolsillo y el resto se lo entregó la un paisano que trabajaba en el transatlántico para que le echara un ojo al niño durante el viaje. No sabe si el hombre hizo tal, porque pasó las noches durmiendo bajo las estrellas y los días comiendo chocolate y cuanto dulce comprara aquel dinero.

Pero los días de libertad duraron poco y, cuando pudo enterarse, ya estaba en Villa Ballester, en la periferia noroeste de Buenos Aires, alistándose para una experiencia nueva: ir a la escuela todos los días. «En la primera semana de clase, un chaval me llamó gayegodespreciativamente y llevó unos cuantos golpes. Yo no sabía si se podía pegar en la escuela, pero otro niño me alentó y pienso que el burlón no se volvió a meter conmigo», dice, y las fotos que tira de una carpeta aún lo retratan alto y fuerte en el final de la infancia.

Al mes ya no hablaba gallego y, como tantos y tantos, fue un alumno esmerado que recuerda y presume de una lección de Historia de México que le valió, dice, un diez para el resto del año por parte de la señorita de 6º grado. «Siempre me gustó mucho aprender y descubrir», apunta. Y la vida le da la razón. Darío Rivas hizo los dos primeros años de la escuela de golpe y luego avanzó como el resto hasta rematar los estudios básicos. Como tantos niños de aquella, también ayudaba en la tienda de su tío sastre:

«Ordenaba las cosas o barría el sitio moviendo la escoba de un lado y luego del otro para que se gastara sin desniveles», recuerda. Mientras el niño crecía en Villa Ballester y aterrizaba en el mundo del trabajo sin escalas, el padre también crecía en prestigio y respeto entre los vecinos de Castro de Rey. «Después de la escuela fui a trabajar de encargado en la panadería que uno de mis hermanos tenía en Chascomús [a 123 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires]», adelanta. Aún era un niño pero trabajaba como los adultos. Tanto es así que un hombre que lo conocía le ofreció un negocio: podían ir de socios en un emprendimiento de apicultura. El hombre ponía los cuartos y Darío, el trabajo.
—¿Y usted qué sabía de las abejas?
—¡Nada, yo qué iba a saber! Pero compré unos libros, los leí y descubrí todo. El resto me lo enseñó el hombre aquel y allá estábamos, con docenas de colmenas a producir.
De las colmenas pasó, de vuelta en Buenos Aires, a una confitería que compró con su hermana a medias sobre la avenida Córdoba con Uruguay, en el centro de la ciudad; y como el día tenía muchas horas, también hacía ventas para una empresa inglesa; y administraba una pequeña compañía de construcciones que había fundado con unos primos: «Ellos tenían estudios pero el encargado era el gallego», dice. Cuando el día acababa, Darío se iba a beber el café con los republicanos que se daban alientos los unos a los otros en los bares de la avenida de Mayo. «Leíamos el periódico Crítica porque decía que la República iba ganando la guerra. Pero no era verdad», reconoce.

«Los dejaron en las cunetas muchas horas, al cuidado de un chaval de 17 años, para escarmentar a la gente, y luego mandaron a mis hermanos a enterrarlo en una fosa común»

Pocos años antes, el prestigio ganado por su padre entre los vecinos de la aldea lo había llevado a convertirse en alcalde de Castro de Rey. «Una de sus primeras medidas fue a traer un maestro y montar en nuestra casa una escuela para todos los niños», repite el hijo. Tal audacia, entre otras, no pasó inadvertida y sólo semanas después del alzamento de julio de 1936, fueron buscarlo.

Severino Rivas fue capturado en el Hotel España de Lugo y aunque tuvieron que liberarlo, la segunda vez no dudaron: fue asesinado el 29 de octubre de 1936 de cinco tiros al lado de la capilla de Cortapezas, en Portomarín, junto con otro republicano. «Los dejaron en las cunetas muchas horas, al cuidado de un chaval de 17 años, para escarmentar a la gente, y luego mandaron a mis hermanos a enterrarlo en una fosa común», desvela el hijo. Los falangistas acusaron el ex alcalde por «traición a la patria», porque el mal, además, siempre sabe ser muy bruto. El miedo sembrado dio enseguida frutos amargos. Darío Rivas supo de la muerte del padre por carta. Tenía 17 años. También supo que había muchas más palabras calladas que dichas en esa historia. «Y decidí que yo, a España, no volvía nunca jamás en la vida», dice.

Pero volvió. Casi que sin quererlo. En el año 1952, su esposa, Clotilde, le pidió visitar una tía que había dejado también en Galicia. Y fueron. «Al llegar sentí curiosidad y fui allá, a la aldea», recuerda. Cuenta que hizo preguntas que nadie le respondía o sobre las que le daban razones dudosas, confusas. Pero Darío no es hombre que se contente con evasivas. En lo que todos coincidían en aquel año 1952 era en el reconocimiento a don Severino.

«Los vecinos querían hacerle homenajes e incluso que una calle de la villa llevara su nombre. Pero para que eso fuera posible había que documentarse», y Darío se documentó. Mucho más de lo que imaginaban los funcionarios franquistas que le pedían pruebas de la valía de su padre. Con la ayuda de unos y de otros, a lo largo de varias décadas, el hijo fue consiguiendo todos los papeles necesarios para probar el asesinato de su padre, incluso tiene el archivo de su detención en la cárcel de Lugo y la orden de fusilamiento «por comunista» firmada por los mandos militares de la región. Sólo quedaba descubrir dónde estaba el cuerpo, porque él no tragaba la trola de que lo habían sepultado en un cementerio que había quedado bajo las aguas del embalse que sepultó al viejo Portomarín en 1963, a pesar de haber sido declarado Conjunto Histórico Artístico en 1946, y de que allí habían pernoctado los Reyes Católicos, Carlos V y Felipe II.

Siempre por la buenas, Darío Rivas pidió al cura de Cortapezas poner una placa en memoria de su padre. No, no se puede. Entonces pidió poner una cruz de madera, por fuera de la iglesia. No, tampoco se puede porque es tierra santa. Tuvo que ser por las malas.

«Mucho pregunté, pero mis hermanos se habían llevado el secreto a la tumba y nadie me daba razón», dice y anuncia el momento que aún lo emociona del relato. Lo contó docenas de veces y lo vuelve a contar ahora, en esta tarde bonaerense en la que va un calor impúdico: «En el año 2004 fui a participar de un homenaje a mi padre. Fue un acto muy especial y quise cerrarlo visitando Portomarín», dice. No había sepultura, pero allí era dónde habían asesinado a su padre, de suerte que allá fue Darío, a acercarse a su memoria, sentir que estaban juntos. «Entramos en una tienda de recuerdos y, mientras mi sobrina compraba, la propietaria me preguntó si era yo turista. Pensé que me querría cobrar los chismes esos más caros, y entonces le expliqué que era de Castro de Rei», recuerda y bromea. Por decir cualquier cosa, la mujer comentó de unos hombres que había visto asesinados en el 36 que eran de aquella aldea. Habló del gabán que vestía uno de ellos y de que el rumor decía que era alguien de importancia.

Casi sin aire, Darío recordó el gabán que le habían mandado de regalo a su padre desde Buenos Aires y pidió más detalles. «Quien bien sabe de esta historia es el carnicero», añadió la señora. Darío Rivas salió corriendo de la tienda. «Los mataron contra la capilla de Cortapezas. Pero quien bien sabe de esta historia es el anciano que vive al lado de la iglesia», añadió el carnicero. Correr y correr. El viejito confirmó no solo la muerte, sino que habían sido sepultados allí mismo por las familias y que él era el chaval que lo veló durante varias horas, cuando tenía 17 años.

Darío, con el hombre -entonces un joven de 17 años- que vio como enterraban a su padre

«¿Y aún están aquí?», preguntó Darío, que no podía creer que debajo de aquella tierra, de aquellas hierbas silvestres, finalmente, 68 años después, estuviera su padre. «Estar, solo está su padre, porque al otro la familia lo desenterró por la noche y lo llevó al cementerio de la aldea», confirmó el señor. Por las buenas. Siempre por la buenas, Darío Rivas pidió al cura de Cortapezas poner una placa en memoria de su padre. No, no se puede. Entonces pidió poner una cruz de madera, por fuera de la iglesia. No, tampoco se puede porque es tierra santa. Tuvo que ser por las malas.

Con la documentación en la mano y con el acompañamiento de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, el 19 de agosto de 2005, un grupo de amigos acompañó el hijo en la exhumación. Fue lenta e inquietante. Pero allí estaba. Severino Rivas Barja fue sepultado con todos los honores en el panteón de la familia, en Loentia. La lápida dice: «Fue alcalde de Castro de Rei, nacido el 13 de septiembre de 1875. Lo asesinaron en Portomarín los falangistas el día 29 de octubre de 1936. Volvió a casa para descansar en paz el día 19 de agosto de 2005».

La lápida de Severino Rivas en el cementerio de Castro de Rei.

Y, sobre ella, una placa añade una petición: «Papá, descansa en paz. Te lo pide tu niño mimado, Darío». La taza baila en los dedos ágiles del señor Rivas, que rechaza la política aunque reconoce que sus acciones también lo son: «Porque estamos luchando contra el franquismo», dispara. El médico le recomendó evitar las emociones, y por eso ya no habla en público. Escribe discursos, con una caligrafía de rasgos aun escolares, y luego pide que alguien los lea. Con todo, el 30 de junio de 2011, la multitud con la que marchó en la Ronda de la Dignidad en la Puerta del Sol, en Madrid, reclamó escucharlo. Y él habló. «Os pido que no recordemos a los nuestros cómo víctimas sino como héroes. El Gobierno de España no busca sus desaparecidos y muchos niños secuestrados no conocen su verdadera identidad. Eso es una vergüenza. Es dejar vivo el antecedente de un genocidio impune que van a pagar las generaciones futuras».

La luz del ventilador se refleja en la taza en esta noche en Ituzaingó. «Yo no heredé nada de mi padre. Mis hermanos que allá habían quedado repartieron las cosas entre ellos y bueno… pero cuando volví, fui a echar cuentas y dije: «No quiero nada, solo esta», acaba el hijo, que ya dejó un legado propio a la humanidad.

 

 

 

 

 

 

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Fuente:https://luzes.gal/ct/2018/10/23/5782/en-aberto-ct/debora-campos/dario-rivas-el-hombre-que-se-vengo-del-franquismo/

Publicado por soporte
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