Archivo de la etiqueta: sindicato noruego Elogit

Memoria Histórica | |
170523-Exhum-Guadalajara-1220-7-680x365
Publicado por ARMH
Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Share on LinkedIn

Sindicalismo y memoria, ese viejo nuevo internacionalismo

Un sindicato de electricistas noruegos visita la exhumación de la fosa de Timoteo Mendieta, en Guadalajara.

Desde 2014 han donado 50.000 euros a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

lamarea.com / Isabel Cadenas Cañón / 24-05-2017

Un autobús lleno de electricistas noruegos viaja desde Madrid hacia Guadalajara. Pertenecen a una agrupación regional de El & It, un sindicato del sector eléctrico que agrupa a unos 37.000 afiliados en total. Llevan una semana en España: han estado en Marinaleda, se han reunido con CC.OO. y ahora van hacia el cementerio de Guadalajara. Allí les espera una fosa de la que, a día de hoy, se han exhumado 17 cuerpos. La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera que uno de ellos sea el de Timoteo Mendieta, aquel hombre fusilado en noviembre de 1939 por ser presidente de la UGT en su pueblo, Sacedón y cuya hija, Ascensión Mendieta, cumplió 88 años en un avión rumbo a Buenos Aires para testificar en la querella argentina contra los crímenes del franquismo.

El día anterior, esta agrupación regional del sindicato, que cuenta con unos 2.000 miembros, donó 7.000 euros a la ARMH. No era la primera vez: desde 2014, diferentes agrupaciones de El & It han donado alrededor de 50.000 euros a la asociación. “Si lo divides entre 37.000, no es mucho dinero”, dice uno de ellos.

¿Qué hace que un sindicato noruego done dinero para exhumar las fosas del franquismo? Varias razones. Una de ellas es Henning Solhang. Henning visitó España por primera vez en 1979: le impresionó la impronta del franquismo en la sociedad y supo “que no podía entender este país”, así que empezó a leer todo lo que caía en sus manos sobre España. En 2013, volvió con varios directivos del sindicato y organizó un encuentro con la ARMH. Después de ese encuentro llegó la primera donación. Otra razón es Willy Davidsen, un célebre sindicalista que, durante la Guerra Civil, luchó en las Brigadas Internacionales. Uno de sus hijos, Jan Davidsen, fue el secretario general de uno de los sindicatos más importantes del país. Para muchos de estos sindicalistas, la relación con la Guerra Civil es genealógica: lo que sus antepasados aprendieron en las Brigadas Internacionales les sirvió después para liberar el país de la ocupación nazi, dicen. Y también: “hay quienes piensan que no se puede hacer nada contra el fascismo, pero la Guerra Civil española prueba que sí”.

Para la mayoría de estos hombres –el sindicato es casi exclusivamente masculino, sólo un 3% son mujeres–, esta es su primera vez en España. Salen poco de Noruega. Llevan medio año organizando este viaje, es decir, leyendo y aprendiendo sobre historia española. En el autobús, algunos lo dicen con cierta vergüenza: que en Noruega no se estudia la Guerra Civil española en las escuelas, y que antes de empezar a prepararse para este viaje, no sabían nada sobre el tema. Otro explica que la única manera de frenar el avance de la extrema derecha en Europa es comprender lo que el fascismo fue capaz de hacer en el mundo, y que por eso vienen: para ayudar a que se sepa la historia. Oevind Wallentinsen, secretario general de la agrupación, estuvo en Ponferrada hace un par de años visitando el laboratorio de la ARMH. Se quedó impactado con “lo que Franco hizo a la república” y es también gracias a él que se ha organizado este viaje –el primero de la agrupación desde 1995–: porque la única manera de que esto no se repita en la Europa de la crisis es el boca a boca, decírselo a otros, correr la voz. Por eso para ellos es tan importante la ayuda económica, pero también la difusión: junto a ellos viaja, en todo momento, un periodista de Nettwerk, la revista del sindicato.

Ninguno de ellos ha visto nunca una fosa común.

Hoy hay poca gente en el cementerio, apenas las voluntarias y voluntarios de la ARMH y algunas periodistas. Marco González, vicepresidente de la asociación, les explica el contexto: en este cementerio hay unos mil represaliados, esta es la parte civil, todo eso que veis son fosas. Les dice que él no pudo encontrar a su abuelo, pero que gracias a sus donaciones, muchas otras personas sí han podido desenterrar a sus familiares. Los sindicalistas hablan de historia, toman fotos, preguntan. Y entonces se asoman a la fosa. René Pacheco, el arqueólogo, les habla desde allí abajo, a unos 3 metros de profundidad. Junto a él, un fémur, varias costillas, se adivinan dos cráneos con impactos de bala. Son los cuerpos 18 y 19.

Cambia todo. Primero está el silencio. Poco a poco los sindicalistas preguntan por el miedo, por ejemplo, preguntan por qué la gente que está trabajando en la fosa es tan joven. Sigurgir Olafsen, un hombre creyente, pregunta si no están teniendo apoyo de la iglesia, porque estas personas no han tenido un entierro digno. Pacheco le explica que, de hecho, los tiros de gracia de muchos de estos hombres los disparó el cura del pueblo, y que ese cura está enterrado muy cerca, en la parte noble del cementerio.

Poco a poco los sindicalistas empiezan a reunirse en pequeños grupos. Hablan entre ellos, con desconcierto. Sigurgir no puede comprender: “en mi país los curas son los buenos. Son hombres de dios.” Leif Egil dice “esto no es una película, es la realidad. Tengo que tratar de entenderlo”. Christopher Fageland, el más joven del grupo, “¿Quieres saber de qué estamos hablando? De que tendríamos que dar mucho más dinero.” Y, en todos, dos comentarios que se repiten: que no entienden cómo el gobierno español puede dar la espalda a todo esto y que es su deber, ahora, contarlo cuando vuelvan a Noruega. “Lo voy a poner en mi Facebook”, “Voy a escribir un artículo”, “Esto tiene que saberse, se lo voy a contar a toda la gente que conozco”. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

Cernuda comenzó “1936”, un poema sobre un brigadista internacional, con ese verso. Lo terminó escribiendo que una sola persona valía como testigo de la nobleza humana. Algo así se siente al hablar con estos hombres que no tienen ningún tipo de orgullo por haber donado dinero para realizar tantas exhumaciones —“¿Por qué deberíamos estar orgullosos de eso? Por supuesto que tenemos que ayudar”—, para los que sindicalismo es sinónimo de solidaridad —“tanto en Noruega como fuera. Somos un sindicato, y los sindicatos sirven para eso, para que la gente luche unida”.

Y eso es lo que queda en el aire cuando se van del cementerio. Que han pasado por aquí los internacionalistas; los hombres buenos. Los voluntarios y las voluntarias les aplauden. Los sindicalistas les aplauden a ellos.

___

Fotografía destacada: Una agrupación regional del sindicato noruego El & It visita el cementerio de Guadalajara. Óscar Rodríguez, ARMH.

Fuente:http://www.lamarea.com/2017/05/24/sindicalismo-memoria-ese-viejo-nuevo-internacionalismo/

 

Publicado por ARMH
Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Share on LinkedIn
Memoria Histórica | |
1151_FotoGaleria_1641193_0
Publicado por ARMH
Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Share on LinkedIn

Los investigadores denuncian que aún hay 114.000 personas en fosas franquistas

No hay agujeros ocultos con personas asesinadas de forma individual o colectiva durante la Guerra Civil. La afirmación es del senador del PP, José Joaquín Peñarrubia. “Ya no hay más fosas que descubrir”, dijo. Añadió una coletilla: “Salvo que se empeñen en buscar a Federico García Lorca en los cuatro puntos cardinales de España”. Sin embargo, la realidad es otra.

bez.es / Yolanda Martos / 19-10-2015

Esta tajante afirmación de que no hay más fosas por descubrir contrasta frontalmente con lo que sostienen los investigadores de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH): “Hay 114.226 personas de desaparición forzada reclamadas por sus familiares y allegados. Están por todo el territorio del Estado –cuenta a bez.es Alejandro Rodriguez, historiador de la ARMH–. Son datos reunidos a pesar de la escasez de medios. Nos ocupamos de ello a base de voluntariado y escasos fondos. No tenemos ni un euro de subvención pública desde 2011. Nuestra financiación es por los socios, cerca de mil, donaciones de familiares (cuando las hay) y las aportaciones de un sindicato de electricistas de Noruega”.

El sindicato noruego Elogit acudió el año pasado a España a una reunión sindical y se interesó vivamente por las personas desaparecidas durante la guerra civil, colaboró con 12.000 euros -casi de entrada- y, tras ver los trabajos en su laboratorio de Ponferrada, se ha comprometido a subvencionar las exhumaciones de los próximos tres años.

“Esto es una muestra increíble de solidaridad –continúa Alejandro- y un toque de atención para los sindicatos españoles”. Muchos de los enterrados en fosas comunes eran sindicalistas, pero ni UGT ni CCOO han mostrado interés alguno en devolver a las familias la tranquilidad, añade Rodríguez.

El historiador de la ARMH considera que la ley de Amnistía del 15 de Octubre de 1977 lo que hizo fue borrón y cuenta nueva con las víctimas: “En otros países como Bosnia, Argentina, Chile, esto es un delito que no prescribe. En España, parece que ha prescrito“.

Ellos, sin embargo, aún sin ayudas, siguen reivindicando la Memoria Histórica. Cada vez son más las personas que reclaman a sus muertos. Por un lado, porque han perdido el temor. Por otro, porque esta asociación ha recibido el espaldarazo de un premio de 100.000 dólares por su labor.

“Ahora somos cuatro investigadores y cientos de personas voluntarias que trabajan recabando datos en los archivos. El gran problema que encontramos con frecuencia está en el acceso a los archivos de algunos partidos Judiciales. En el archivo militar de Ferrol, nos niegan la entrada con la excusa de la Ley de Protección de Datos o de tener que llevarse sabido el número del documento que queremos consultar (cosa que solo sabe el archivero). Lo que están haciendo es ocultar la historia”.

¿Por qué siguen los archivos sin desclasificar?

Ángel Viñas, escritor de La otra cara del Caudillo, dice en su libro que hay alrededor de 10.000 documentos preparados para desclasificar, incluso inventariados desde 2011, que con el cambio de gobierno se paralizaron. “Yo tengo una hipótesis: el gobierno del PP tiene un miedo pavoroso a la historia”, dice Viñas. Considera que en los archivos españoles hay serpientes venenosas. Algo que según el autor pasa en todos los países como forma de explicar el pasado. “Ocurre que gran parte de la derecha actual española mantiene ahora mismo el temor reverencial y el acatamiento al líder de una manera vergonzosa. No sigue a Franco de una forma directa, pero sí sigue los puntos fundamentales del canon franquista”.

Otro aspecto que destaca Alejandro Rodríguez es la posibilidad de que se oculte “la implicación directa de los ejércitos alemán e italiano en el golpe de Estado y la responsabilidad del Estado en crímenes de lesa humanidad. El Estado, como responsable subsidiario debería enmendar estos crímenes. Al no existir documentación clara y al uso de esas desapariciones, el Estado se puede seguir manteniendo al margen”.

El joven historiador, que lleva 10 años en la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica, coincide con Viñas en que investigar, además de laborioso, es caro. “El Ministerio de Cultura no pone obstáculos para entrar, pero tienes que pagar por la información, copias y envío. Las fotocopias en el Ministerio de Cultura cuestan casi el triple que en la calle”.

En estos momentos, y desde el 5 de octubre, parte de los archivos del Archivo Histórico Nacional, están fuera de uso hasta nuevo aviso. Justo los referentes a Asuntos Exteriores, Estado e Inquisición. A los investigadores se les paraliza. “No poder saber qué pasó es triste”, dice Alejandro Rodriguez. “Se está educando a generaciones en el silencio y ocultación sobre su propia historia”, añade.

Los archivos son la base de la investigación

Ángel Viñas, que habla en su libro de cómo Franco se hizo rico durante la Guerra Civil, explica a bez.es los impedimentos que ha encontrado en su tarea de investigación: “Cualquiera puede reescribir la Historia a gusto de quien le paga, pero la investigación histórica es un trabajo en solitario. Hay que desplazarse a los archivos, porque son la base. Me di cuenta hace tiempo que, para abrir brecha en la historia contemporánea, no podías fiarte de lo que habían escrito otros porque los historiadores en España no escribían en libertad, estaban sometidos a la censura previa de Fraga. Empecé a trabajar en archivos porque me pidió (Enrique) Fuentes Quintana que investigara la financiación nazi a la guerra española; ahí estaba un par de horas o tres diarias y, al cabo de dos años, me pasó fondos para pagar las fotocopias”.

Al escritor le llamó -en 1977- el ministro de Cultura Pío Cabanillas, interesado por el trabajo que estaba haciendo. El autor había buceado en documentos alemanes y reconstruído el relato que demostraba que la destrucción de Guernica fue hecha por los alemanes en connivencia con el mando franquista. El ministro le preguntó qué había detrás de esto y él respondió que “los españoles queremos tener acceso a los papeles del Ejército del Aire del Cuartel General”. A esto, Cabanillas contestó que podía hacer muchas cosas en los archivos, pero no meterse en documentos militares.

En vísperas de cumplirse 40 años de la muerte del dictador Franco, la sociedad española y la mirada internacional siguen esperando que se aclare una gran parte de nuestro pasado reciente. Personas desaparecidas, maniobras militares, acuerdos diplomáticos que se deberían poder consultar en los archivos, pero no es posible acceder a ellos.

Desde que este historiador retomara la Guerra Civil en 2001, recorrió archivos de toda Europa en busca de papeles, oficiales o privados, de todos los países que intervinieron. “Vivo en Bruselas y estoy cerca de todos ellos. Me desplazo, investigo. Esto no lo hace mucha gente. Yo pretendo dar a conocer las cosas. Por ejemplo, en el caso de Guernica. Aunque probablemente se destruyera el expediente al abrir los archivos del Ejército del Aire, siempre quedan papeles revoloteando porque siempre se les escapa algo. Yo hace 3 años reconstruí el relato de la connivencia del mandato franquista con la Legión Cóndor. Nadie me lo ha podido rebatir y nadie lo comenta. Ese es otro tema, el del ninguneo de otros historiadores o de los medios de comunicación”.

La demostración más reciente es la obra del historiador Angel Viñas. La prueba constante, la del trabajo de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. ¿Qué está pasando con nuestros archivos?

La situación de mala accesibilidad y transparencia de los archivos va a quedar pronto a la vista. “La Cátedra de Memoria Historia está preparando un libro blanco sobre las dificultades de acceso a los archivos. Hay más de 20 personas haciendo un análisis de las dificultades y en pocos meses lo veremos publicado”, señalan desde la ARMH.

___

Fotografía destacada: Excavación de una fosa en un pueblo de Burgos

Fuente:http://www.bez.es/819042881/Desaparecidos-en-Espana.html

Publicado por ARMH
Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Share on LinkedIn