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Las gafas de Abundio, el pendiente de María, el dado de Eugenio: lo que las fosas nos cuentan de las víctimas del franquismo

Las fosas comunes de la Guerra Civil guardan los huesos de los fusilados, pero, además, un incontable y variado número de objetos que permiten a los investigadores obtener pistas sobre la identidad de la víctima y, en ocasiones, conocer detalles sobre las aficiones y las historias de vida de los ejecutados.

publico.es / Alejandro Torrús / 09-05-2019

Abundio Andaluz fue fusilado el 18 de agosto de 1936 por cuatro falangistas que se hacían acompañar de un sacerdote. Era abogado, militante de Izquierda Republicana y vicepresidente de la Diputación de Soria tras las elecciones de febrero del ’36. Los tiros, sin embargo, no acabaron con su vida de manera instantánea. El libro La represión en Soria durante la Guerra Civil, de Gregorio Herrero, relata cómo Abundio, antes de morir, se arrastró más de un kilómetro en dirección sureste. Los testimonios orales, la lucha de su nieta Ana Andaluz y de la Asociación Recuerdo y Dignidad sirvieron para localizar, más de 80 años después, el emplazamiento de Abundio. Los forenses se pusieron a sacar tierra del suelo y rápidamente aparecieron los restos de Andaluz. Pero no solo. También aparecieron sus gafas redondas. Las mismas que llevaba aquel fatídico 18 de agosto. Las lentes de abundio daban testimonio de la barbarie franquista en Soria.

El caso de Abundio es similar al que este miércoles contaba en El País el periodista Nuño Domínguez. En este caso, se trataba del caso de Catalina Muñoz, una mujer que fue fusilada en septiembre de 1936 y enterrada con un sonajero de su hijo de nueve meses, quien conoció la historia completa de su madre 83 años después. El juguete, encontrado en una fosa común en 2011, había servido como pista para reconstruir el pasado de una familia destrozada por la represión franquista. Y es que cuando una fosa común se abre no sólo aparecen huesos.

“Cuando hablamos de exhumaciones en fosas comunes se nos viene a la mente la imagen de unos huesos, que es la prueba más evidente del asesinato. Pero los objetos que acompañan a esos huesos son igual de importante o más. Son los objetos los que nos dan una explicación sobre cómo era esa persona. Los objetos nos definen como personas. Los humanos somos los animales que se caracterizan por hacer y usar objetos, por lo que estos instrumentos, que encontramos en las fosas, son clave para devolver esa humanidad, para conocer algo más que el nombre de la persona que fue fusilada”, explica a Público el arqueólogo del Incipit-CSIC Alfredo González-Ruibal.

Así, González Ruibal recuerda el caso de una fosa que exhumó en el cementerio de Castuera (Badajoz). Uno de los cuerpos, cuyo nombre se desconoce, guardaba en uno de sus bolsillos un buen número de anillos de cobre y monedas. El arqueólogo explica que este hombre, seguramente, convertía las viejas monedas de cobre en anillos y que estos serían usados en el campo de concentración como moneda de cambio por alimentos. Sus verdugos lo sacaron del campo de concentración de Castuera, por donde pasaron miles de personas, y lo fusilaron. Los restos de este hombre se encontraban junto a los de otros 200 fusilados en una fosa.

Objetos encontrados tras la exhumación de una fosa en Castuera.- Cedida por Alfredo González-Ruibal

“El hecho de que llevara tantos objetos encima cuando fue fusilado nos hace pensar que no sabía que iba a ser ejecutado en ese momento. Seguramente se trata de un hombre que trabajó como orfebre. También tenía una prótesis dental y boquillas de fumar, por lo que creemos que el asesinado tenía un estatus social elevado”, prosigue González-Ruibal.

Los objetos que le acompañaron han permitido conocer un poco de la historia de vida de este hombre cuya identidad, aún hoy, es desconocida. Pero los casos en los que se encuentran este tipo de materiales son más que habituales en las más de 800 fosas que se han exhumado durante los últimos años en España. Un ejemplo paradigmático fue el del dado de Eugenio. 

En mayo de 2017, durante la exhumación de la sepultura número 10 de la parte civil del cementerio de Guadalajara, los arqueólogos de la ARMH encontraron un dado junto a los restos de Eugenio Molina Morato, que había sido fusilado en noviembre de 1939. Cuenta Willy Veletaen este reportaje de CTXT, que realmente el dado lo encontró el poeta y Premio Nacional de Poesía en 2002 Juan Carlos Mestre. “Jamás un golpe de dados abolirá el azar”, recitó el poeta.

El dado de Eugenio.- ÓSCAR RODRÍGUEZ

Ese pequeño dado, tallado en madera, con sus seis caras correspondientes, constituía, prácticamente, la herencia que dejaba Molina y una pista de lo que pudieron ser sus últimos días en prisión. “Observábamos incrédulos ese trocito de madera tallado con números. Intenté imaginar a qué jugarían estos represaliados del franquismo durante su cautiverio en la cárcel de Guadalajara. ¿A quién se le ocurrió la idea de fabricar un dado? ¿Habría otro dado? Eran carne de pelotón de fusilamiento, estaban famélicos, apenas podían ver a sus familiares, pero todavía tenían ganas de jugar con el azar“, reflexionaba en el texto su autor, el periodista de CTXT Veleta.

Uno de los arqueólogos que trabajó en la exhumación de Eugenio, y en la de cientos de víctimas del franquismo, es René Pacheco, que atiende a Público desde México. El arqueólogo explica que, en muchas ocasiones, los objetos que aparecen en las fosas comunes muchas veces dan más información al investigador que los propios huesos. “Hay un caso en el que conseguimos determinar que las víctimas eran ferroviarios, e incluso la compañía en la que trabajaban, gracias a que aparecieron los botones del uniforme”, cuenta Pacheco, que señala que en su trayectoria ha encontrado desde relojes a monedas pasando por carteras. Una de ellas, incluso, llena de dinero. “Llegamos a calcular el dinero y parecía el salario del trabajador. Que cobró y directamente lo apresaron y lo mandaron fusilar”, prosigue.

Quizá el ejemplo más conmovedor que traslada Pacheco es el del pendiente de María Alonso Ruiz, una mujer que fue fusilada con 32 años en 1936 y enterrada en una fosa común en Izagre (León). Los expertos de la ARMH encontraron un pendiente y buscaron y rebuscaron hasta encontrar el otro. Sin embargo, Josefina, la hermana de María, alertó a los arqueólogos. “No sigan buscando. María salió de casa ese día con un solo pendiente. Tenía una infección en la otra oreja y el pendiente se quedó en casa. Ahora, el pendiente encontrado es un colgante en el cuello de Josefina. 

“Para los trabajadores, los que estamos a pie de fosa, creo que los objetos nos transmiten mucho más que los huesos. Nos ayundan a convertir en persona esos huesos, te hacen consciente de que esos restos tenían una vida. Los objetos te trasladan otro punto de vista mucho más humano”, explica Pacheco, que recuerda el día que encontró una granada que en el bolsillo del cuerpo de Perfecto de Dios, en una fosa en Chaherrero (Ávila), o la cantimplora que apareció en una fosa que exhumó en Retuerta del Bullaque (Ciudad Real).

Camisa encontrada en una fosa que podría pertenecer al bisabuelo de Miguel Ángel Torres.- ARQUEANTRO

Los objetos que aparecen en las fosas son, en muchas ocasiones, las únicas pistas de los investigadores para conocer la identidad del fusilado mientras llegan las pruebas de ADN. Objetos como unas gafas o una pipa de fumar permiten a las familias intuir quién es su ser querido a falta de la confirmación necesaria del ADN. Este fue el caso de Miguel Ángel Torres y su bisabueloMiguel Galán, que estaba enterrado en la fosa 128 de Paterna (València). En este lugar apareció una camisa que se había conservado relativamente bien. Tenía unas iniciales escritas: “M.G.“. Son las únicas iniciales que coinciden con el nombre de una de las víctimas allí enterradas: Miguel Galán.

Su nieto, Miguel Ángel Torres, está prácticamente convencido que aquella camisa pertenecía a su abuelo. “Fue muy fuerte para nosotros ver la camisa acribillada a balazos”. Uno de los profesionales que trabajaron en aquella exhumación es Àlex Calpe, miembro del colectivo Arqueoantro. Calpe explica a Público que en Paterna han encontrado multitud de objetos durante la exhumación de 552 víctimas de las más de 2.238 que el franquismo ejecutó en este lugar. “Lo más habitual ha sido la ropa, pero también objetos personales como mecheros, lápices, anillas, gafas…”, señala Calpe.

No obstante, de todos estos objetos, hay uno que se le quedó guardado. Una víctima llevaba encima una pelota del deporte tradicional valenciano conocido como pilota valenciana. ‘”Me impresionó mucho porque es muy típico de aquí. Puede ser un recuerdo que quiso llevarse a la cárcel o una manera de distraerse durante el tiempo que estuvo en prisión”, explica Calpe.

No obstante, en este caso, el objeto no sirvió para identificar al fusilado. Varias familias señalaron que su ser querido asesinado era aficionado a este deporte. Pero sí que constituía una pista y, en cualquier caso, recuperaba una de las aficiones de esta víctima de la represión franquista.

Objetos personales de los represaliados fusilados que han aparecido en las fosas de Paterna.- ARQUEANTRO

En otro caso, el equipo en el que trabaja Calpe encontró una carta en el bolsillo de un pantalón. Había sido escrita durante la estancia en prisión. La carta era prácticamente ilegible, pero sí se podía ver con claridad el nombre del remitente. Y coincidía con el de una de las más de 2.000 víctimas que fueron enterradas en Paterna. Las pruebas de ADN confirmarán o no la auténtica identidad de la víctima, pero la carta dirigida al hermano del fusilado, es una pista única.

Calpe también relata que en dos de las fosas mejor conservadas también era habitual encontrar las cuerdas con las que los republicanos eran enviados, maniatados, frente al pelotón de fusilamiento. “En algunas de estas cuerdas se aprecia hasta la forma, que se ajustaba a las muñecas de las víctimas“, prosigue.

Este caso, el de las cuerdas, es más que habitual en las exhumaciones de fosas comunes de la Guerra Civil y los primeros años de franquismo. Aparecieron también, por ejemplo, en la exhumación de la fosa de Chillón en Ciudad Real, realizada por la ARMH en el año 2011. En aquella ocasión, no obstante, eran cables eléctricos que habían sido usado para atar a los enviados al pelotón de fusilamiento. En aquella fosa aparecieron los restos Marcelino Agudelo Serrano (44 años), Alfonso Capilla Casado (39 años), Isidoro Castillo Mosqueda (30 años), Bernardino Gallego Franco (17 años), Manuel León Rodríguez (29 años), Pablo Madrid Amaro (22 años), Patricio Mata Gómez (33 años) y Manuel Puebla Perianes (33 años).

Cable usado para atar a los paseados de Chillón.- ARMH

El blog A pie de fosa también recoge varios ejemplos de objetos que han sido encontrados en fosas comunes que han servido para dar a los arqueólogos y forenses pistas sobre la vida e identidad de la persona fusilada. Es especialmente curioso un caso ocurrido en San Sebastián. Durante unas obras en la zona conocida como ‘El puente de hierro’ los trabajadores encontraron evidencias de que podrían estar trabajando sobre una fosa común de la época de la Guerra Civil. La sociedad Aranzadi acudió al lugar y exhumó las dos fosas localizadas. En una de ellas apareció un botón que pertenece al uniforme de la Policía Municipal de San Sebastián durante la II República.

O el caso de la fosa común de Teba, en la provincia de Málaga, que era en realidad una zanja de 25 metros de largo por dos de ancho emplazada en el propio cementerio de la localidad. Allí apareció un reloj de bolsillo parado, exactamente, alas 4 y 15 en el bolsillo del fusilado 124. Junto a él monedas, un mechero de gasolina y una boquilla para fumar. El reloj de esta víctima del franquismo se paró a esa hora. No sabemos si su fusilamiento se produjo antes o después. Lo que hoy sí se conoce es que los autores del genocidio fundacional del franquismo intentaron parar el reloj de todo el país durante 39 años de dictadura.

‘Reloj del individuo 124.- Exposición en el Archivo Histórico Provincial de Málaga

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Fotografía destacada: Las gafas de Abundio Andaluz, fusilado por falangistas en agosto de 1936 en Calatañazor (Soria).- ASOCIACIÓN RECUERDO Y DIGNIDAD

Fuente:https://www.publico.es/politica/gafas-abundio-pendiente-maria-dado-eugenio-fosas-cuentan-victimas-franquismo.html

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La madre que llevó un sonajero a su fusilamiento

Catalina Muñoz fue ejecutada en septiembre de 1936 y enterrada con el juguete de su hijo de nueve meses, quien ha conocido su historia 83 años después.

elpais.com / Nuño Domínguez / 08-05-2019

En agosto de 2011, un equipo de arqueólogos se topó con un sonajero dentro de una fosa de la Guerra Civil. Era un juguete rosa y amarillo chillón, con forma de flor, que estaba junto a un cadáver rociado con cal viva y enterrado sin ataúd. A la hora de comer, los excavadores no hablaron de otra cosa: ¿podía el objeto ser de 1936?

“Parecía una broma”, recuerda Almudena García-Rubio, antropóloga de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, quien se encontraba ese día en unas excavaciones ya de por sí inquietantes, pues buscaban 250 víctimas de la represión franquista enterradas bajo los columpios infantiles del parque de La Carcavilla, en la ciudad de Palencia, donde antaño estaba el cementerio municipal.

El sonajero fue llevado al etnógrafo Fermín Leizaola, quien cortó un pedazo del plástico y lo acercó a una llama, en la que prendió rápidamente dejando un “característico olor a alcanfor”. Eso probaba que era de celuloide, un plástico desarrollado en 1870 muy usado en objetos cotidianos hasta los años setenta del siglo XX. El juguete podía ser de la época. “Este es el objeto más llamativo y conmovedor que haya podido salir de una fosa de la Guerra Civil”, opina García-Rubio, que destaca que es el único de este tipo recuperado en las más de 700 fosas exhumadas en España hasta la actualidad.

Este objeto y la historia que hay detrás de él ha servido para que toda una familia recupere la memoria de unos hechos que habían estado enterrados hasta ahora. Los registros del cementerio viejo de Palencia indicaban que el cadáver era de Catalina Muñoz Arranz, de 37 años y natural de Cevico de la Torre, un pueblo a 30 kilómetros de la capital palentina. Tenía cuatro hijos cuando la mataron. El más pequeño, de 9 meses, era probablemente el dueño del sonajero.

Martín de la Torre Muñoz, hijo de Catalina, junto a su hija Martina (izquierda) y su mujer, Francisca Atienza. VÍCTOR SÁINZ

Aquel bebé es hoy un hombre de 83 años que vive en una casa humilde de la calle principal de Cevico de la Torre, con unos 400 habitantes. Habla poco, tiene la mirada fija y unas manos muy anchas de toda una vida trabajando, pues empezó a los ocho años. “Fui pastorcillo y luego trabajé en el campo. Nunca fui a la escuela”, explica en la cocina de su casa, donde vive con su mujer y con su hija Martina, de 56 años. “De mi madre no recuerdo nada”, dice Martín de la Torre Muñoz. “No sé ni qué cara tenía, porque no tenemos ninguna foto suya, esa es la pena”, confiesa. Nunca pudo indagar sobre su madre y en la familia casi no se habló de lo sucedido.

Tras la muerte de su madre, a Martín le crió una tía en Cevico. Su padre, Tomás de la Torre, estaba en la cárcel acusado del asesinato de un falangista en una reyerta que sucedió en el pueblo el 3 de mayo de 1936. Le condenaron a 17 años. Su mujer corrió peor suerte. La detuvieron el 24 de agosto, algo más de un mes después del golpe de Estado impulsado por Franco, que triunfó en Palencia. La juzgó un consejo de guerra en el que el alcalde de Cevico y otros dos vecinos declararon que iba a manifestaciones, que la habían descubierto lavando sangre de la ropa de su marido, que daba vivas a Rusia y mueras de la Guardia Civil, que dijo: “Todavía vamos a vencer y os vamos a hacer tajadillas”.

Lucía Muñoz, hija de Catalina, en la residencia de Cevico de la Torre (Palencia). VÍCTOR SÁINZ

Catalina no sabía leer ni escribir, pero sí firmar, según el sumario de su juicio, que se conserva en el archivo militar de Ferrol. Es fichada como una mujer de 1,51, morena, de pelo y ojos negros, de apodo Pitilina. El 5 de septiembre, ella testificó y firmó una declaración en la que admitía haber ido a manifestaciones, pero negaba el resto de acusaciones contra ella.

A pesar de la falta de pruebas, el tribunal la condenó por rebelión militar con la pena máxima. Murió el 22 de septiembre a las “cinco y treinta horas del día […] por heridas producidas por arma de fuego de pequeño proyectil en cráneo y pecho”, según el detallado sumario, que coincide casi a la perfección con el análisis osteológico que hicieron los antropólogos en 2011 tras desenterrar su cadáver. Junto a él también se encontraron botones, corchetes metálicos y las suelas de goma de sus zapatos, del número 36.

El sonajero hallado junto al cuerpo de Catalina. SOCIEDAD DE CIENCIAS ARANZADI

Unos pocos metros más abajo de la casa de Martín está la única familiar que recuerda a Catalina: Lucía, su hija y hermana de Martín. Ella tiene ahora 94 años, la memoria algo frágil y las mismas manos anchas que su hermano. En una sala de visitas de la residencia de ancianos de Cevico donde vive Lucía recuerda el día que detuvieron a su madre. “Salió de casa corriendo con el niño y se cayó en la trasera de una casa y fueron a cogerla. Al niño no le pasó nada. Ella gastaba un delantal de medio cuerpo y pico negro para taparse. Es lo único que llevaba cuando salió de casa”, relata. Aunque no recuerda el sonajero, Lucía dice que es probable que su madre lo llevase en el bolsillo de ese mandil. “Tenía mucho genio, en eso me parezco a ella. Si le decían algo… Jesús. Y por eso la mataron. Desde hace unas semanas no paro de llorar acordándome”, lamenta con los ojos humedecidos y la mirada perdida. Lucía tenía 11 años cuando fusilaron a su madre. Se quedó al cuidado de su abuelo y empezó a servir en casas de gente pudiente del pueblo, pero no pudieron hacerse cargo de enterrar a su madre en Cevico.

“De entre el centenar aproximadamente de mujeres asesinadas en los primeros meses de la guerra en la provincia de Palencia, Catalina Muñoz es la única que fue juzgada y condenada a muerte, al resto las pasearon”, resalta Pablo García-Colmenares, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Valladolid y presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Palencia (ARMH). Es autor de la obra Víctimas de la Guerra Civil en la provincia de Palencia (1936-1945), editada por la Junta de Castilla y León.

Placa con el normbre de Catalina Muñoz entre otras víctimas de la represión franquista en el parque de La Carcavilla (Palencia). VÍCTOR SÁINZ

Cuando el padre de Martín salió de la cárcel, se fue a trabajar a Bilbao.  Muchos años después, ya jubilado, volvió a Cevico y vivió allí los últimos ocho años de su vida. Nunca hablaron de lo sucedido y Martín no le preguntó nada sobre su madre por no despertarle recuerdos dolorosos.

Martín no sabía que a su madre la habían enterrado sola en Palencia y ahora ha visto por primera vez la foto del juguete que se llevó a la tumba. Al no haber reclamado nadie los restos y las pertenencias de Catalina, fueron enterrados en el cementerio nuevo de Palencia junto a otras víctimas de la represión, pero en una caja separada. Tras conocer la historia del juguete y su paradero, Martina, la hija de Martín, ha iniciado los trámites para recuperar el cadáver y, junto a él, el sonajero, que podría volver a las manos de su padre 83 años después.

Martina ha acudido por primera vez a Palencia a ver el monolito de La Carcavilla que recuerda a las víctimas, donde figura el nombre de su abuela, ha comprado el libro sobre las víctimas de la Guerra Civil de Colmenares y quiere hacer una urna para guardar el sonajero para que sus hijos y nietos conozcan la historia. “Al ver el nombre de Catalina grabado en el monolito he sentido una sensación de vacío muy rara, pero por otro lado estoy muy contenta de poder recuperar a mi abuela y llevarla junto a mi abuelo. Yo creo que él no fue el culpable de lo que le pasó a mi abuela, como se pensaba, sino que fue él quien se entregó para cubrirla a ella, fue un gesto de amor”, explica Martina. Cuenta que a su padre ahora se le saltan las lágrimas cuando se pregunta si va a morir antes de que traigan de vuelta a su madre.

Un cadáver en la fosa de La Andaya (Burgos) con una alianza en la mano izquierda. LUIS RÍOS

Los objetos como el sonajero de Catalina son pequeños tesoros para los arqueólogos contemporáneos, que aplican métodos científicos a la recuperación y estudio de materiales de episodios de la historia reciente. En ocasiones, emblemas militares o alianzas de boda son claves para identificar a algunas víctimas. “Los objetos personales que se recuperan junto a los cuerpos permiten un acercamiento a la cotidianidad de las personas represaliadas”, explica García-Rubio en Mujeres en la Guerra Civil y la posguerra. Memoria y Educación(Audema). “Un lápiz, unas gafas, un reloj, un peine, un recorte de periódico con el resultado del Tour de Francia de ese año 1936, son pequeños fogonazos de la vida de cada uno reflejada en lo que llevaban en los bolsillos en el momento en que fueron detenidos. A veces se trata de elementos muy particulares, como unos gemelos con el dibujo de un faraón, pero la mayoría de las veces son elementos propios de una época y de una ocupación, como los cientos de suelas de goma del calzado de labranza recuperados en las fosas de Burgos, Palencia o Valladolid”, detalla.

Esta alianza recuperada en la fosa Andaya permitió identificar el cadáver de Tomás Requejo, que era segundo teniente de alcalde de Aranda del Duero y fue asesinado en verano de 1936. LUIS RÍOS

En otros casos los objetos aportan una visión diferente a episodios de la historia reciente, explica Alfredo González-Ruibal, arqueólogo del CSIC que lleva años excavando trincheras y campos de concentración de la Guerra Civil, de la que ha recuperado decenas de miles de objetos que son catalogados y archivados y que, a su manera, resumen la contienda. Hay medallas, crucifijos, botes de perfume, zapatos de tacón, además de kilos de metralla y munición. “El poder de este tipo de arqueología no es contar un episodio ya conocido, sino sintetizar un momento de la historia con una imagen”, según explicó el investigador en una reciente conferencia en el Museo Arqueológico Nacional en la que destacaba el sonajero de Catalina como uno de los objetos que mejor condensan la historia de la Guerra Civil.

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Fotografía destacada: Restos de Catalina Muñoz Arranz junto al sonajero hallados en el parque de La Carcavilla (Palencia) en 2011. En vídeo, historia de un sonajero. SOCIEDAD DE CIENCIAS ARANZADI

Fuente:https://elpais.com/elpais/2019/05/07/ciencia/1557240719_368278.html

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La Junta de Andalucía retira la subvención a una web que mantiene una base de datos con casi 100.000 víctimas del franquismo

‘Todoslosnombres.org’, la web de referencia contra el olvido de la represión franquista en Andalucía, recibía una ayuda de 10.000 euros anuales desde 2016. Sus responsables advierten de que el proyecto corre ahora el riesgo de desaparecer.

publico.es / 08-05-2019

La Junta de Andalucía gobernada por PP y Ciudadanos ha eliminado una subvención de 10.000 euros a una web de memoria histórica que mantiene una base de datos con los nombres y apellidos de 97.615 represaliados por el franquismo en Andalucía, Extremadura y el norte de África y que además sirve de punto de encuentro entre familiares de represaliados e investigadores, informa Infolibre.

La web Todos los nombres recibía desde 2016 una ayuda anual de 10.000 euros de la Junta presidida por Susana Díaz por considerar que el proyecto de Todos los nombres “es probablemente la herramienta más efectiva a la hora de buscar información sobre desaparecidos de la guerra civil y del franquismo en Andalucía”. Ahora la Consejería de Cultura, en manos del PP, retira la subvención y justifica la decisión en que esa ayuda es “un trato de favor” por, asegura, eludir la concurrencia competitiva. Las competencias de memoria histórica que antes, con la última administración socialista, estaban en una dirección general que dependía de la Consejería de Presidencia han recaído en la Consejería de Cultura.

Los responsables de la web ya han avisado que la retirada de la subvención pone en peligro la viabilidad de este proyecto de memoria histórica. La web nació hace doce años, en el año 2006, con el objetivo de crear una base de datos con toda la información disponible, organizada según la tipología represiva, con la idea de “generar un proceso social de memoria frente a olvido, en particular el que afecta a las personas que, como consecuencia de la represión, deben ser objeto de reparación ética y reconocimiento público”.

Con este anuncio empieza a concretarse lo que muchos temían: que la memoria histórica iba a ser la primera víctima del nuevo Gobierno andaluz. Los responsables de la web ya anunciaron hace un mes que desde la llegada del nuevo Ejecutivo andaluz viven en “una situación de inestabilidad que puede comprometer la supervivencia de la web”. En ese sentido, Vox no ha engañado a nadie: el pasado 3 de abril ya advirtió con claridad de que no apoyarán unos presupuestos para este año que contemplen recursos para financiar las leyes de memoria histórica y para lucha contra la violencia de género, porque ambas normas fomentan la “desigualdad”. Y dicho  y hecho: de momento ya se ha eliminado una subvención.

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Fotografía destacada: Una fosa común en Álava | EFE

Fuente:https://www.publico.es/politica/memoria-historica-junta-andalucia-retira-subvencion-web-mantiene-base-datos-100000-victimas-franquismo.html?utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=publico

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La “prisión militante” de las reclusas rojas y feministas

Madrid albergó desde 1931 a 1969 la prisión femenina más poblada de la historia de España. Era la cárcel de Ventas, un lugar pensado durante la II República por Victoria Kent para reinsertar a las presas pero que con la llegada de Franco acabó siendo conocido como el “almacén de reclusas”. Allí cientos de mujeres – en muchos casos junto a sus hijos- se hacinaban como animales. Sin embargo, se convirtió en el mejor sitio para reivindicar y reforzar su lucha.

publico.es / Nuria Coronado / 04-05-2019

Donde hoy están varios edificios de viviendas y un parque conocidos como el Parque Residencial Isabel II, antes hubo una edificación que se pierde en el olvido o en el triste desconocimiento de la historia sin la que hoy no seríamos libres. Se trata de la Cárcel de Ventas, un inmueble que en 1931, gracias a la cesión de terreno público, albergó la que fuera la primera prisión femenina española “con departamento de niños y sala de costura”. Una finca que años más tarde fue subastada en enero de 1973 y adquirida por una sociedad bancaria por trescientos millones de pesetas y destinada a la edificación de casas.

La cárcel fue encargada por Victoria Kent, la primera mujer directora general de Prisiones de la historia de España, a Manuel Sainz de Vicuña Camino, arquitecto de las prisiones de Torrero (Zaragoza) y Reus (Tarragona). Ella quería una “prisión modelo” para mujeres que en nada se pareciera a las antiguas “galeras” en las que el duro encierro se pagaba cosiendo como medio “corrector y moralizador” y vigilado por religiosos. Por eso pidió a Camino que diseñara un espacio “con mucha luz. Una casa como la que quisiera uno para vivir. Luz por todas partes”, en la que 34 mujeres -la primera sección femenina del cuerpo de Prisiones- serían las encargadas de su vigilancia.

Dicho y hecho. La Cárcel de Ventas se construyó con amplios espacios “bien iluminados por anchas ventanas, patios con fuentes, terrazas para las salas de presas madres con sus hijos, celdas individuales, salón de actos -que no capilla- y biblioteca, además de una sección separada para presas políticas y sociales”, tal y como se documenta en diferentes escritos. El edificio, inaugurado en septiembre de 1933 (y demolido en la década de los setenta por pura especulación inmobiliaria), colindaba al norte con la calle Marqués de Mondéjar, al oeste con Rufino Blanco, al sur con el Paseo de Marqués de Zafra y al este con los descampados del Arroyo del Abroñigal por donde hoy está la autovía de circunvalación M-30.

La que iba a ser una cárcel modelo acabó desbordada de presas militantes de partidos y sindicatos obreros

Allí en varias galerías conformadas cada una por un total de 27 celdas (para una o dos personas), de 13 por 14 baldosines cuadrados de 18 centímetros con rejillas en la parte alta de los tabiques de separación, con los lavabos al fondo, cumplirían pena de forma separada presas políticas y sociales.

Sin embargo, la que iba a ser una cárcel modelo acabó desbordada de presas militantes de partidos y sindicatos obreros por la represión gubernamental que siguió a la insurrección de octubre de 1934 a la que se sumó después la toma de Madrid por las tropas franquistas. “Con la rebelión surgida en el bando republicano al final de la guerra, Ventas se llenó de comunistas. La cárcel se convirtió en un verdadero almacén de reclusas”, tal y como explica el historiador Fernando Hernández Holgado.

Pero la prisión de Ventas, lejos de hacerles cambiar de pensamiento, aumentó la militancia de las mujeres. “Esta cárcel a lo largo de los años 40, en su carácter de prisión central o de cumplimiento de pena -reunía a presas de toda la geografía española- y dada la gran cantidad de presas concentradas-, se convirtió en una especie de universidad para las reclusas políticas. Estaban perfectamente organizadas (socialistas, comunistas y libertarias) y en ocasiones coordinaban sus acciones de protesta y reivindicación”, comenta Hernández Holgado.

En Ventas todas ellas hicieron un relato que dicho historiador no duda en definir de “prisión militante”. Es decir, los barrotes eran físicos pero no mentales. “La prisión se constituyó en mejor lugar para seguir reafirmando su creer político organizativo, identitario o cultural”.

Años negros para las presas

En este período de dura represión franquista las presas de Ventas tenían que intentar seguir adelante con la zozobra de poder ser fusiladas en cualquier momento por su militancia. “En los primeros años de la Ventas franquista, en el 39 y el 40, los fusilamientos, sobre todo el de Las 13 rosas, causaron una gran conmoción. Esos fusilamientos, así como las muertes por enfermedad –en especial de niños-, dejaron una honda huella en su memoria y en su relato. En Madrid la proporción de mujeres fusiladas fue muy alta: 80 en el lapso de tres años”, rememora dicho experto en Memoria Histórica.

El Régimen franquista se encargó de diferenciar la represión femenina respecto a la masculina

Tal era la situación que nunca antes hubo tantas mujeres privadas de libertad en la historia de España como en aquel bienio fundamental. “La media de encarceladas en toda España para el quinquenio 1930-35 era de 500. Las estadísticas oficiales de finales de 1940 ascendían a algo más de 23.000 aunque sospechamos que había muchas más sobre todo a lo largo de 1939. Para diciembre de 1940, según el padrón, solo en Ventas había más de 1700 presas, a las que habría que sumar las de la prisión habilitada de Claudio Coello, casi 600. Si sumamos la población de la prisión maternal de San Isidro, unas 200, hablaríamos de cerca de 2500 reclusas en un momento en que ya los centros habían empezado a descongestionarse”, destaca este historiador.

Una cifra que fue más allá de Madrid. “Si añadimos además el resto de prisiones centrales españolas (Gerona, Santander y penales del Norte como el de Saturrarán en Guipúzcoa, más las prisiones provinciales y de partido), es muy posible que la cifra oficial de 23.000 para esa fecha se quede corta”, añade Hernández Holgado.

A esta acumulación de mujeres encarceladas hay que añadir cómo el Régimen franquista se encargó de diferenciar la represión femenina respecto a la masculina con una saña especial. “En primer lugar pesaba la maternidad en prisión: el hecho de que entraran mujeres con sus hijos hasta dos años en la cárcel. En los primeros años de posguerra, la preocupación constante por la salud de su hijo o de su hija, acosados por la enfermedad, el hambre, era una constante. Los testimonios de las presas políticas remarcan que el sufrimiento mayor era el de las presas madres que tenían a sus hijos dentro”, destaca el historiador.

Además el Régimen se encargaba de aprovechar los momentos de alegría que suponía estar dos horas al día junto a sus hijos menores o de los tres únicos días del año en los que se autorizaba la entrada en la cárcel -durante buena parte del día- de los niños y niñas para visitar a sus madres: Reyes y las fiestas de la Virgen del Carmen y de la Merced, patrona de las prisiones para hacer propaganda.

“El que una mujer entraba en prisión solía significar la disolución de la familia”, explica Hernández Holgado

“Unos momentos en los que ellas disfrutaban y reían junto a sus pequeños y que eran aprovechados para ser inmortalizados en fotos y que después se usaban a modo de publirreportaje del franquismo. La cárcel se veía como un sitio en el que las presas y los hijos de estas no estaban nada mal.”, dice Hernández Holgado. Nada más lejos de la realidad porque además también se daban casos de bebés robados en los que las monjas se encargaron de quitar a sus hijos de sus madres para entregárselos a familias bien.

En segundo lugar el sistema carcelario afectaba y mucho sobre la familia que quedaba fuera. “El que una mujer entraba en prisión solía significar la disolución de la familia”, explica Hernández Holgado. Otro factor diferencial fue la rígida disciplina que los agentes religiosos de la prisión (monjas, capellanes…) llevaban a cabo con ellas. “Una rígida disciplina de trabajo de costura en labores propias de su sexo, según el modelo de feminidad doméstica que se pretendía imponer”, añade. “La intención era controladora. Pero la presa política solía subvertirlo”, añade el historiador.

Y es que el Régimen pensaba que en las galeras “la rectitud iba a hacer que estas mujeres volvieran a los rediles y que no había mejor manera de hacerlo que a través del personal religioso. “A la mujer caída, fuera presa política o común, había que redimirla. El redentorismo de carácter religioso se convirtió en la doctrina penal del régimen franquista. La religión aquí -la Iglesia, aliado sancionador y legitimador de la sublevación de julio de 1946- jugó un papel fundamental. Por eso no es de extrañar que se organizasen procesiones en Semana Santa dentro de la Cárcel que eran fotografiadas por el Régimen para hacer ver después en los periódicos que la prisión cumplía con su misión salvadora de las mujeres”, explica el historiador.

Por último señalar cómo el franquismo se encargó de que la rigidez del encierro de las mujeres fuera diferente a la de los varones. “La cárcel era como una metáfora del hogar. Ninguna mujer salió a trabajar extra muros de la cárcel (al contrario que los varones)”. Es decir, los franquistas se comportaron con las mujeres como lo que eran: como machistas. “Quisieron imponer el modelo de feminidad doméstica que no era nuevo, pero que fue reforzado por el Régimen”.

Historias invisibilizadas, historias en voz alta

La vida de todas aquellas mujeres que pasaron por la Cárcel de Ventas ha caído, salvo algunas excepciones gracias a sus reivindicaciones, en el saco del olvido. “Unas mujeres se visibilizaron más o menos recientemente -las presas políticas que contaron su testimonio- pero otras muchas quedaron en el olvido estigmatizadas por su condición de “rojas” y “ex presas”. No era una experiencia que pudieran valorizarse fácilmente en la calle, a su salida, durante el franquismo pero también durante las décadas posteriores”, expone Hernández Holgado.

La documentación y el estado de conservación de sus expedientes para rescatarlas del olvido son una verdadera penuria documental

Sin embargo la invisibilización de sus historias no es lo único lamentable de la Cárcel de Ventas. La documentación y el estado de conservación de sus expedientes para rescatarlas del olvido son una verdadera penuria documental.

“Mucha documentación ha desaparecido. Y la que se conserva no es de acceso fácil, caso de los expedientes penitenciarios depositados actualmente en el Archivo del Ministerio del Interior. La consulta de los mismos debe hacerse nombre a nombre, justificando por parte del investigador que han transcurrido 25 años desde su muerte para poder tener acceso a su consulta. En la petición de reproducción, todos los otros nombres mencionados en el expediente son tachados en la copia obtenida. Por último, los investigadores no tenemos acceso a la base de datos. Todo esto es consecuencia de la priorización de la legislación de protección del derecho a la intimidad por encima de la de Patrimonio”, añade el historiador.

Natividad Camacho García-Moreno, una predestinada revolucionaria

En Público hemos querido rescatar una de estas historias, la de Natividad Camacho García-Moreno. Una luchadora que pasó por Ventas en 1968 por pertenecer al movimiento obrero sindical del sector textil de Madrid -ampliamente feminizado- y quien agradece que recuperemos la memoria porque “hacerlo es valorar y comprobar que aún quedan muchas cosas por las que hay que pelear”.

Natividad, venía predestinada a revolucionar el mundo. Nacida en Fuencaliente (un pequeño pueblo de Ciudad Real) se trasladó a Puertollano a los tres meses de vida con sus padres. Allí con un progenitor que pertenecía al PCE y que trabajaba en las minas de Calvo Sotelo, hacía de pequeña, como otros y otras hijas de estos mineros, de correo sindical. “En solidaridad con la huelga general de los mineros de Asturias, las minas de Puertollano también se pararon. Sin mucha conciencia de lo que hacía, nos colábamos por los ventisqueros de la mina y llevamos la revista Mundo obrero y La Pirenaica a los huelguistas”, recuerda. “A los 15 años ya participo con conciencia de todo que hacían mis padres y vecinos, porque la lumbre de Asturias alumbraba a todo el país”, matiza.

“La lucha fue el mejor acierto. Combatir contra una dictadura tan larga es un orgullo y una manera de sanar la herida de haber nacido en una familia represaliada”

Esta activista no se arrepiente ni un ápice de su destino. “La lucha fue el mejor acierto. Combatir contra una dictadura tan larga es un orgullo y una manera de sanar la herida de haber nacido en una familia represaliada. Saber que mis dos abuelos y mis tíos fueron fusilados víctimas de la Guerra Civil, y mis dos abuelas y mis padres fueron encarcelados, es un dolor muy grande pero a la vez me impulsó a poner mi grano de arena para luchar por vivir en un país libre y no en el que se veía en el NODO”.

Por eso cuando sus padres se trasladan con ella y sus otros cuatro hermanos a vivir a Madrid no dudó ni un segundo en afiliarse al PCE y empezó a trabajar en Estrecho en una fábrica textil. “Se trataba de entrar en la empresa más grande para que las chicas y los chicos conocieran el movimiento obrero”, recuerda. Allí Natividad comenzó su camino en Comisiones Obreras y a luchar por que el sector textil tuviera un convenio digno. “En aquellos momentos el movimiento estudiantil empezó a organizarse, fuimos capaces de hacer una tabla reivindicativa, de pedir explicaciones o de ir como observadores a los convenios del colectivo de la Confección de Vestido y Tocado de Madrid, que hasta el nombre tenía enjundia”. Un camino que además de acarrearle la entrada en prisión en varias ocasiones, le supuso tener que afrontar multas enormes para la época y vivir estados de excepción.

Su paso por Ventas lo recuerda con tristeza y fuerza a partes iguales. “En el año 68 a finales de marzo me detienen por formar parte de una asamblea de Comisiones Obreras en la estación de Zarzalejo. Cerca de 100 personas nos reunimos en un albergue de los marianistas para hacer una reunión y a la vuelta nos interceptaron. Conmigo había otras cinco mujeres del sector. Yo era reincidente. Nos llevaron a la Dirección de Seguridad de Madrid, y al ser tantos reaccionamos dándonos ánimos los unos a los otros y cantando Rosas en el mar de Massiel. Aquella fue una respuesta de solidaridad que el Régimen no se esperaba. Nos retuvieron en esas dependencias durante 72 horas hasta que nos mandaron al Tribunal de Orden Público. El 5 de abril ingresé en Ventas una cárcel en ruinas, horrorosa, siniestra”, rememora Natividad.

Una cárcel tétrica

Esta sindicalista recuerda lo lúgubre de unas celdas de aislamiento durante cuatro días en la que tiene que estar junto con otras tres mujeres. “En estas celdas se levantaba una media pared y en la parte más alta hasta el techo había unas alambradas. Daba la sensación de estar en unas jaulas”, comenta.

Tras salir del aislamiento se encontró en uno de los patios con otras presas históricas como la estudiante Lola Canales –que también dejaría escritas sus memorias carcelarias- condenada a cuatro años de prisión; la libertaria Alicia MurPilar Pérez Benito y Encarnación Formentí, militantes del PCE marxista-leninista, entre otras. Allí, unidas en la sororidad, se organizaron para pasar el tiempo formándose. “Pilar Bravo que estudiaba económicas, nos enseñaba economía; Pilar Pérez, que sabía chino, se empeñó en enseñarnos chino mandarín. Encarnación que hacía yoga nos quería hacer las mejores yoggies –ríe al recordar- hasta que nos dimos cuenta que el empeño por aprender estaba muy bien pero que ni el chino ni hacer yoga no nos iba a servir de mucho para la lucha ni nos iba a sacar de allí. Por eso nos decidimos a pedir una celda abierta para podernos reunir y organizarnos mejor”, cuenta a Público.

En Ventas todas estas mujeres hicieron gala de su lucha. Realizaron huelga en los talleres de costura a los que eran obligadas a asistir y trabajar ya que eran pura explotación. “Se cosía ropa por una miseria para las empresas”. También alzaron la voz ante el rancho que les daban de comer. “Recuerdo que era pésimo. Nos daban restos, raspas de pescado o acelgas con pimentón que flotaban en platos de aluminio que nunca se fregaban bien”. Además Natividad recuerda que su grupo era el más revolucionario. “Llegamos a cantar La Internacional el 1 de mayo y nos castigaron. Reivindicábamos todo porque sentíamos que con ello hacíamos lo correcto y además hacíamos genealogía de otras presas que antes habían pasado por Ventas”, relata.

Y como en Ventas había mucho tiempo para pensar y dar vueltas Natividad recuerda la impresión de las mujeres prostituidas. “Me conmovía mucho su actitud. Se las llamaba las piculinas, porque en aquella época no se podía decir prostituta y menos puta. Ellas llegaban a Ventas con multas de 15 días, por eso las llamaban quinceneras. Su mundo era un mundo de miseria, de mujeres muy jóvenes que entraban y salían de la cárcel porque desde la propia comisaría así se decidía. Las penas de libertad las pagaban ellas y no quienes pagaban por prostituirlas. Su trato era vejatorio. Las funcionarias las tenían de voceadoras, es decir, gritaban los recados al resto de las presas. En un mundo personal como el mío en el que venía de una posición reivindicativa te das cuenta que el Régimen no solo nos reprimía a nosotras sino que aún era peor con ellas. Por eso salgo de Ventas con la idea aún más arraigada de acabar con el franquismo”, finaliza.

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Fotografía destacada: Presas republicanas en la cárcel madrileña de Ventas. M. Á. M.

Fuente:https://www.publico.es/politica/prision-militante-reclusas-rojas-feministas.html

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La sirena de Mauthausen

Pedro Gallego, lejano familiar de un deportado de Camuñas, acaba de visitar el campo de concentración austriaco para conocer de cerca parte de su historia y de las de sus otros dos amigos del pueblo que también fueron trasladados allí. Su rastro se perdió cuando dejó de enviar cartas desde los campos de trabajo, pero Emiliano, el único superviviente, se encargó de comunicar a la familia que había sido asesinado en Gusen meses después de su ingreso.

publico.es / Marta Tomé / 04-05-2019

“El silencio te sobrecoge en Mauthausen. También el sonido de la sirena cuando se oye en todo el campo”. Pedro Gallego cogió el tren hace poco más de un mes, recorrió a pie los cinco kilómetros que separan la estación de la inmensa fortaleza y entró como uno más, como uno de esos visitantes que quieren conocer de cerca lo ocurrido, rendir homenaje al primo de su padre y a otros dos jóvenes amigos del pueblo con los que entró allí y quedarse en paz.

“Con este viaje siento el deber cumplido, pero también me ha dejado mucha tristeza por haberlo realizado demasiado tarde, tarde por las familias de los tres”. Y tarde también por lo que sufrieron.

Pedro acaba de reconstruir la historia de su lejano familiar, también llamado Pedro Gallego, asesinado el 1 de agosto de 1942, “y de sus dos compañeros de fatigas”. Tres jóvenes de Camuñas (Toledo), “que apenas habían salido de su pueblo”, combatieron con el ejército republicano durante la Guerra Civil, como otros tantos jóvenes, y terminaron cruzando la imponente mole austriaca después de buscar asilo en Francia. Únicamente uno de ellos, Emiliano Yuste, salió con vida tras varios años de penalidades. La pista de Pedro se perdió muy pronto, cuando dejó de escribir esas escuetas cartas desde Savoy, a unos cien kilómetros de la Línea Maginot, la barrera de defensa que construyó Francia en la frontera con Alemania tras la Primera Guerra Mundial.

Segundo y Beneranda, sus padres, no se imaginaban la situación de su hijo como prisionero en los campos de trabajo ni los meses que pasaría después en Mauthausen antes de morir. Recibían noticias de vez en cuando y creían que Pedro estaba bien porque preguntaba por el campo, el ganado y el día a día. Los tres amigos pasaron a Francia, se alistaron en la 86º compañía española de trabajadores del ejército francés y fueron a parar al campo militar de Valbonne, la parada previa al campo de trabajo de Sauvoy.

Imagen de Pedro Gallego, uno de los prisioneros de Mauthausen.

“Me alegro de que se encuentren bien. Yo quedo bien, en compañía de los paisanos y de los de Madridejos y más amigos…”, escribió el 29 de febrero de 1940. El correo llegaba una vez al mes más o menos, siempre en el mismo tono, con preguntas triviales y comentarios de las fotos que se incluían, pero poco más. Cuatro meses más tarde se cortó la comunicación, ya no hubo más cartas. Segundo y Beneranda no supieron nada de Pedro hasta años después, pero esta vez el remitente era Emiliano Yuste, uno de sus dos grandes amigos de Camuñas. “Quiero manifestarles la mala noticia de que su querido hijo murió el 1 de agosto de 1942… Nos separaron en el campo de Mauthausen. Era tanto tiempo que cuando llegó la separación en aquel maldito campo le dije al jefe del bloque que me quería marchar con él… Basta que quisiera ir con él para que el jefe de bloque no me dejara y estuve si iba o no al crematorio porque todos los días me hacía barrer, nevando y lloviendo… Cuando me dijeron ‘tu paisano ha muerto’, lloré, ya ven si nos llevábamos bien los dos…”.

La familia de Emiliano guarda este pedazo de papel con apego. Un testimonio que también recogió Carlos Hernández, autor de Los últimos españoles en Mauthausen, como una prueba más de los recuerdos y de las vivencias de esos 9.300 deportados españoles que fueron trasladados a este conocido campo de concentración. También Pedro Gallego conserva las cartas de su familiar porque merecían que se desempolvaran y salieran del desván “donde permanecieron ocultas durante años porque el ocultismo en este tema era general y de una manera marcial se imponía no hablar del tema, imagino que por los años de represión”.

La llegada al campo

Los tres de Camuñas fueron capturados y transportados a los campos de internamiento, los famosos stalags, en junio de 1940. El camino de los tres ‘compañeros de fatigas’, Pedro, Emiliano y Noé, se separaron. A los dos primeros los internaron en uno de Trier, pero el último terminó en Ziegenheim y apenas se supo más de Noé Ortega, que fue trasladado a Mauthausen en un largo y tenebroso trayecto en tren, hacinado, hambriento y asustado. Ese tercer convoy de carga, que transportaba a 90 españoles más, paró en la estación el 13 de agosto de 1940. Durante ese mes llegaron allí más de 7.300 deportados, como apuntan los registros oficiales.

Pedro y Emiliano tampoco se libraron. También subieron a un tren con paradas interminables hasta Mauthausen. Ambos pensaron, según cuentan sus familiares, que quizá regresaban a España, de la que habían salido en 1939 tras la caída de Cataluña. Pero un cartel escrito en alemán rompió su sueño, y enseguida escucharon los gritos y sintieron los empujones de los SS a la llegada a la gélida estación el 25 de enero de 1941. Ninguno de los dos se imaginó que a su amigo Noé se lo habían llevado un día antes a Gusen, uno de los campos satélites, situado a cuatro kilómetros, más mortíferos. Seis días más tarde, el cuerpo de Noé terminó en el crematorio para hacer sitio.

Pedro y Emiliano superaron el registro, las duchas heladas, el toque de sirena a las cuatro de la madrugada para empezar el día, las extenuantes jornadas en la cantera y la interminable escalera por la que tenían que subir las piedras. 139 malditos peldaños tenía antes de la reforma y 186 dos años más tarde, según le contó Emiliano a su familia. También se acostumbraron a perder sus nombres. En Mauthausen atendían por el 3.866 y el 3.917. El único respiro para ambos fue permanecer juntos casi todo el tiempo. Intentaban que las fuerzas no fallasen y mantenerse sanos para evitar acabar en Gusen, pero Pedro se fue debilitando poco a poco. Emiliano intentaba ayudarle con parte de su escueta ración de comida diaria, pero tampoco sirvió para que Pedro se mantuviera fuerte y el 8 de abril de 1941 llegó la hora de la separación. Su compañero no pudo ahogar el grito y terminó implorando desesperado que quería marcharse con él, un gesto que pagó con un cambio de barracón y varios castigos.

A pesar de que a Pedro le fallaban las fuerzas y de la fama de Gusen de exterminar con rapidez a los enfermos, los más débiles y los que no soportaban las inhumanas condiciones de trabajo, el joven de Camuñas aguantó nueve meses más, aunque no se sabe más. No hay cartas. Y nadie puede hablar de sus últimos meses. El único que aportó noticias fue Emiliano, que muchas veces pensó que tampoco saldría de Mauthausen con vida. Fue sorteando los registros de los fallecidos, aunque cada día su cuerpo se debilitaba más, se hacía más pellejo por la falta de alimento. El hambre suscitaba pequeños robos en las cocinas, pero también costaba caro, tremendas palizas por roer una cáscara de naranja o por un chusco de pan.

Su familia cuenta que hubo que darle terrones de azúcar porque si comía algo más sus intestinos se descomponían

Emiliano sobrevivió, pero tras la liberación del campo ese 5 de mayo de 1945 por las tropas estadounidenses, este joven de Camuñas pasó varios meses intentando cicatrizar ese infierno. Su familia cuenta que hubo que darle terrones de azúcar porque si comía algo más sus intestinos se descomponían, pero poco a poco se recuperó y pudo hacer vida normal.

Emiliano nunca olvidó a sus dos amigos y siempre terminaba con lágrimas cuando contaba todo lo vivido a sus familiares. Aquella carta que le mandó a Segundo y Beneranda exorcizó parte de su angustia, pero no toda. También el reciente viaje a Mauthausen de Pedro Gallego ha tenido su contrapartida, acercarse un poco más a los tres de Camuñas, aunque no pueda evitar cierta tristeza “por los familiares que ya no están por su edad y se han ido sin que nadie les haya contado esa barbaridad cometida”. Además, siente tristeza “por lo poco que los estamentos oficiales han reconocido a las víctimas hasta ahora”. Sin embargo, agradece al Gobierno “que se instaure el 5 de mayo como día de recuerdo de las víctimas españolas en los campos nazis”. Y está contento por haber realizado su viaje a Mauthausen, acompañado por su mujer y su hijo adolescente, y recorrer el campo de exterminio “con emoción, un gran interés y ganas de entenderlo todo”. Ninguno de los tres olvidará esa estruendosa sirena.

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Fotografía destacada: Campo de concentración y exterminio nazi de Mauthausen-Gusen | Memorial Mauthausen

Fuente:https://www.publico.es/sociedad/sirena-mauthausen.html

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El maqui Elio Ziglioli regresa a Italia, 70 años después de ser torturado y asesinado por la Guardia Civil

Elio Ziglioli es la quinta víctima a la que se puede poner nombre gracias al Programa de identificación genética, después de que sus restos fueran localizados en la fosa del cementerio de Castellar del Vallès con nombre y apellidos “desconocidos”.

publico.es / EFE / 02-05-2019

Los restos del maqui Elio Ziglioli, enterrado en Castellar del Vallès (Barcelona) desde hace 70 años, han sido devueltos este jueves a su familia en un acto que ha presidido la consellera de Justicia de la Generalitat de Catalunya, Ester Capella.

Elio Ziglioli es la quinta víctima a la que se puede poner nombre gracias al Programa de identificación genética, después de que sus restos fueran localizados en la fosa del cementerio de Castellar del Vallès con nombre y apellidos “desconocidos”.

De este modo, este maqui podrá descansar finalmente en el cementerio de Lovere, su localidad natal, en el norte de Italia, después de que en 1949 fue enterrado sin identificar en una fosa común.

Según la historia de este maqui recogida por la Generalitat, Elio Ziglioli fue detenido, torturado y ejecutado por la Guardia Civil, y murió por los alrededores de Sant Llorenç del Munt de un disparo en la cara que le destrozó la mandíbula, cuando tenía 22 años.

Ahora, sus restos mortales viajarán en barco hasta Italia, donde la familia tiene previsto celebrar una ceremonia de despedida, el próximo lunes 13 de mayo, en el cementerio de Lovere.

La Dirección General de Memoria Democrática del Departamento de Justicia ha excavado la fosa gracias al Plan de fosas y ha identificado el esqueleto con el Programa de identificación genética, que cruza el ADN de los restos óseos con el de posibles familiares vivos.

La excavación ha puesto al descubierto otro esqueleto que estaba enterrado junto Ziglioli, concretamente los restos de un hombre que aún no ha podido ser identificado, de unos 40 años, que también habría muerto a tiros, y todo apunta a que es otro maqui.

De acuerdo con la Ley de fosas, “los restos de las personas que no sean reclamadas ni identificadas serán inhumados en el cementerio correspondiente al término municipal en el que se encontraron”.

Coincidiendo con la entrega de los restos de Ziglioli, Castellar del Vallès también ha enterrado dignamente los restos de este cuerpo en un nicho del cementerio municipal.

Elio Ziglioli se fue de su pueblo en 1948, con 21 años, la familia le perdió el rastro y no tuvo más noticias suyas pero, en 2010, el Ayuntamiento de Lovere recibió un correo electrónico desde Catalunya aportando datos sobre su posible paradero.

El historiador de Sant Celoni Javier Argimiro preguntaba si todavía quedaba en la ciudad algún familiar “de un tal Elio Ziglioli”, por lo que a la semana siguiente, un familiar respondió al correo.

Argimiro se había topado con el nombre de Ziglioli por casualidad mientras hacía un trabajo de investigación sobre Quico Sabaté y encontró una pequeña referencia del joven italiano en una publicación del periodista e historiador Antonio Téllez.

También descubrió que Jordi Guillemot, bloguero y estudioso sobre San Lloreç del Munt, había conseguido reconstruir los últimos días de Ziglioli a través de testimonios orales que había recogido.

Paralelamente, el historiador de Sant Celoni encontró un certificado de defunción de un hombre con nombre y apellidos “desconocidos” que había muerto en la carretera de Terrassa el 3 de octubre de 1949, “aparentando tener unos 25 años de edad”.

Oficialmente, la causa del fallecimiento fue una “hemorragia traumática”, y fue enterrado el 4 de octubre en la fosa situada en la zona de extramuros del cementerio de Castellar, donde inhumaban personas de otras religiones o consideradas desafectos por el régimen.

Enrica Volpi, sobrina del Elio, inscribió el caso en el Censo de personas desaparecidas de la Generalitat, mientras el Govern puso en marcha en 2017 el Plan de fosas, que permite hacer excavaciones de oficio, considerando la intervención en Castellar prioritaria.

Los arqueólogos excavaron la fosa de Castellar durante el verano de 2018 y encontraron los dos cuerpos sin identificar, uno de los cuales tenía la mandíbula destrozada y correspondía a un hombre joven.

Elio Ziglioli formaba parte de un grupo de ocho maquis conocido como Los Primos, que salieron de Toulouse (Francia) y entraron en Catalunya a principios de septiembre de 1949 y, días después, se refugiaron en el barranco de Santa Bárbara, en Sant Llorenç del Munt, cerca del Mas del Castell de Castellar.

Según la investigación de Jordi Guillemot, Elio fue a comprar víveres en Matadepera la tarde del 28 de septiembre de 1949 para proveer el grupo, pero la Guardia Civil recibió un aviso y lo detuvo.

Llevaba documentación falsa, 335 pesetas, 285 francos, un kilo de morcilla, un kilo de tocino y cinco barras de pan y, a pesar de que el informe policial dice que fue “estrechado a preguntas”, en realidad fue torturado de forma salvaje.

Al día siguiente, los agentes llevaron al joven al Mas del Castell por si los caseros lo reconocían o habían osado ayudarle, sucio, esposado, orinado y lleno de contusiones, imploraba un vaso de agua.

Los agentes interrogaron la casera, pero no encontraron ninguna relación con el maquis y acabaron por irse del lugar. A continuación, la mujer, de lejos, oyó el disparo mortal que acabó con la vida del Elio.

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Fotografía destacada: La consellera Ester Capella – GENERALITAT

Fuente:https://www.publico.es/politica/maqui-elio-ziglioli-regresa-italia-70-anos-despues-torturado-asesinado-guardia-civil.html

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La joven Enriqueta, juzgada por un tribunal franquista a los 15 años

Pura Sánchez, investigadora granadina, cuenta una historia inédita, la de una niña de la guerra, Enriqueta Trujillo, que pasó por un consejo de guerra con tan solo 15 años. Los hechos ocurrieron cuando la menor tenía doce en el pueblo de Pedro Martínez (Granada). Una radiografía más de la ilegalidad de aquel régimen de Franco que juzgó a menores en tribunales militares. Enriqueta está viva. Tiene 95 años sus vivencias en el libro, ‘La luz de la inocencia’ (editorial Bellaterra).

publico.es / María Serrano / 28-04-2019

“El testimonio de Enriqueta es el de la una vida singular, marcada por la violencia que debieron sufrir las vencidas. Una vida en la que la condición de mujer resistente acabará imponiéndose a la de víctima” Enriqueta Trujillo nunca fue educada en la religión católica. Su padrastro Eduardo la quiso educar en la escuela racionalista, promovida por la CNT en el pueblo de Sallent, de Barcelona donde leía la Revista Blanca anarquista, editada por los padres de Federica Montseny. Hija de María Gallardo, con la que emigró sola a Cataluña al final de la dictadura de Primo de Rivera, nunca tuvo una vida fácil. “Antes de los 21 años había vivido el mayor drama de su vida; cárcel, un juicio militar, la pérdida de su madre. Ha sido una auténtica superviviente”, cuenta a Público Pura Sánchez, investigadora y autora del libro ‘La luz de la inocencia’.

Con su memoria nítida Enriqueta recuerda un día de su niñez, en la década de los años 20. “Un día, cuando volvía de la escuela, vi que, en la plaza del pueblo, habían plantado unas mesas, ante las que se iba formando una cola de gente. En medio de la plaza, un hombre se dirigía a los transeúntes. “No os quedéis aquí, viendo cómo vuestros hijos pasan hambre y necesidad”. Cuando llegó a su casa la madre ya había tomado una decisión. “Nos vamos a Cataluña, que no sé dónde está, pero yo no sigo aquí recogiendo hojas, llena de barro, tirada por esos caminos y matándome a fregar por la comida y poco más”.

María partió con Enriqueta siendo muy niña a Cataluña. Su madre se volvió a enamorar de Eduardo un hombre anarquista que logró que tuviera una cierta estabilidad en una etapa tan incierta. Eduardo, el hijo de este, Eduardico, María y Enriqueta formaron una familia libre en la Barcelona de los años 30. Este hombre, afiliado a la CNT era del municipio de Pedro Martínez, un pueblo de la provincia de Granada, que ahora solo tiene un millar de habitantes a causa de la fuerte emigración sufrida en los años 50 y 60. Pero pronto la paz de aquellos días empezó a perturbar a la familia. “Eduardo no quería engañar a María. Su militancia en la CNT podría traer problemas”. El padrastro anarquista de Enriqueta, volvería de nuevo a su pueblo para empezar allí una vida con todos ellos.

A pesar de los años vividos, en la memoria de Enriqueta, ya nonagenaria, han quedado estampado los días en que su “padre” Eduardo la llevaba a los mítines del Cine Condal de Barcelona, donde aprendió el espíritu de la solidaridad que lo ha acompañado toda su vida. “Nunca ha podido olvidar aquel tiempo donde la lucha fue crucial y su ideología la marcaría el resto de su vida”.

Enlace de la Brigada Maroto a los 12 años de edad

Enriqueta Trujillo y su hija, Isabel Navarro, en la actualidad.

Pura Sánchez recuerda a Público cómo aquella joven, de tan solo doce años, fue miembro durante la República de las Juventudes Libertarias de Pedro Martínez. Ya iniciada la guerra hace de “enlace” en la 147 Brigada Maroto. “En el año 37 Enriqueta tenía trece años y había conocido muy de cerca ya lo que era el frente, que se organiza cerca de El Molinillo”, una aldea cercana a Tocón de Quéntar, en plena sierra. El “padre” de Enriqueta escribe una carta como civil al miliciano Maroto, quien pide a Eduardo que él y su familia se ocupen de la intendencia. Empieza el adiestramiento de la niña Enriqueta como enlace: se le enseña a montar a caballo y el camino habitual que debía recorrer. “Es curiosa cada anécdota”, puntualiza Pura Sánchez. “En las entrevistas que le he hecho a Enriqueta nunca pensó que era un enlace del ejército republicano, de una brigada mixta. Siendo tan niña, creía que aquellos sobres lacrados eran correspondencia familiar. Y lo que tenían eran importantes instrucciones militares. Pero el guardia civil que la acusaría años después nunca supo de aquella etapa de enlace que la hubiera llevado a un fusilamiento seguro”.

La guerra continuaba. Sembraba pánico en las calles de Pedro Martínez, donde Enriqueta vivía ya casi adolescente junto a su madre y su hermanastro. “En aquellos años las rencillas eran motivo suficiente para estar señalado y ser familia de los Tiburcios e hijastra de Eduardo fue motivo suficiente para que la joven Enriqueta estuviera en el punto de mira” de aquellos guardias civiles.

“Es una niña. ¿Ha matado a alguien? ¿Usted la conoce de algo?”

El 5 de abril de 1939, ya acaba la guerra, Enriqueta vio como a las mujeres del pueblo las pusieron en fila. “La niña se aproximó al edificio del ayuntamiento nuevo con cautela. Desde el último recodo de la calle, pudo observar cómo se había formado una fila de hombres, que iban entrando uno a uno, conforme los iban nombrando”. El guardia Molinero, quien llevaría a Enriqueta hasta la cárcel “estaba armado con un vergajo con el que iba descargando con furia vergajazos en las espaldas de cada uno que entraba”. Estaban también las compañeras de Enriqueta de la Asociación de Mujeres Antifascistas, la mayoría jóvenes, alguna mujer casada e incluso la Virginia, una anciana que acabaría muriendo en la cárcel. Pura Sánchez cuenta como Enriqueta entró asustada y encogida en la sala en la que, tras una mesa, había dos militares, que eran los que dirigían el interrogatorio. Uno de los oficiales pareció compadecerse de ella. “Es una niña. ¿Ha matado a alguien? ¿Usted la conoce de algo?” “No. Ha venido de Barcelona, pero está apuntada al sindicato y está en la lista que les he dado”. Pura cuenta como los “soldados le dijeron entonces que se fuera a su casa, preparara el macuto, y esperara que fueran a buscarla para llevarla a la cárcel”.

El periplo carcelario de Enriqueta Trujillo empezó en una prisión totalmente improvisada en Pedro Martínez, para marchar al poco tiempo a la cárcel de mujeres de Guadix, donde permaneció casi cuatro meses. Su madre María no lograba soportar el trago, era demasiado duro ver a la pequeña Enriqueta entre barrotes y suplicaba cada día en el cuartel que la llevaran a prisión con su hija. En aquel tiempo , su pareja Eduardo también estaba recluido en un campo de concentración. “María hizo lo imposible para que el despiadado guardia Molinero la llevara con ella”. Y así fue. María y Enriqueta permanecieron unos meses en la cárcel de Guadix. A sus 45 años, María Gallardo se encontraba bastante mal. “Vomitaba toda la comida que ingería en la prisión. Estaba en mal estado y su pesar era demasiado grande”.

Acusada a los 15 años de adhesión a la rebelión

En enero ya de 1940, Enriqueta es trasladada a la cárcel de mujeres de Granada. Su madre queda en la otra prisión y tiene poco conocimiento de que a su hija de quince años la van a juzgar sola en un Consejo de Guerra.

Imagen de la foto del Consejo de Guerra de Enriqueta Trujillo a principios de los años 40./ ‘La luz de la inocencia’. Pura Sánchez. Editorial Bellaterra. Año 2019

Pura Sánchez consiguió el legajo del juicio sumarísimo que ahora, por fin, ha conocido Enriqueta y su familia, hace tan solo unos meses. Nunca había logrado acceder a aquellos papeles que se encontraban en el archivo histórico provincial de Almería “a Enriqueta se la consideró culpable de los hechos que se le imputaban y que le atribuyó el guardia Molinero en el escrito de denuncia “Intervino en el asalto y destrucción de la casa Cuartel de la Guardia Civil de este pueblo, alentando a las masas. También tomó parte en la destrucción de la Iglesia Parroquial y recaudó fondos con destino al Socorro Rojo Internacional”. Se la acusó de un delito de adhesión a la rebelión. Según reza la sentencia “los testigos justificaron sus actuaciones declarando que obró, no por iniciativa propia, sino impulsada por los padres, que eran marxistas de la peor clase”. Enriqueta solo admitió haber sido la presidenta de las Juventudes Libertarias en su pueblo.

En el expediente del consejo de guerra se indica que el 25 de junio de 1940 Enriqueta pasara a disposición del Tribunal Tutelar de Menores. “No consta en el expediente judicial la fecha en la que fue excarcelada. Sin embargo, en una agenda que conserva Enriqueta, ella misma anotó que salió de la cárcel el 8 de diciembre de 1943, para ingresar seguidamente en el convento de las Adoratrices” por ser aún menor de edad en aquellos años.

“Ay, mamica… mamica, ya no te veré más. Ya no me esperarás en ningún sitio”

María Gallardo, madre de Enriqueta, poco tiempo después de su llegada a Sallent

Aquellos cinco años marcaron para siempre la vida de esta joven granadina. Y la hicieron vivir uno de los peores momentos de su vida dentro de la cárcel. Enriqueta vio cómo su madre entró con una camilla en la prisión de Granada casi moribunda. Es el único momento de la entrevista donde Enriqueta no es capaz de contener las lágrimas.

La propia autora se estremece al recordar el testimonio de Enriqueta, cuando las monjas de la enfermería de la cárcel la dejaron sola tras su fallecimiento: “Prepararon el cuerpo de María para velarla y encerraron a madre e hija”. Así pasó Enriqueta la última noche con su madre “María, amortajada, en el suelo y ella, para estar cerca, se acurrucó junto a la muerta” Por la mañana temprano, vinieron cuatro hombres y metieron a María en un cajón de tabaco para enterrarla.. “Ay, mamica… mamica, ya no te veré más. Ya no me esperarás en ningún sitio”, gritaba Enriqueta en el pobre cortejo que tuvo hasta la puerta de la cárcel. María Gallardo Vergara fue enterrada en una fosa común. Nadie le dijo a Enriqueta donde estaban sus restos. Ni aún a día de hoy ha podido tener conocimiento de ello.

El intento de reeducación de Enriqueta

El día que la joven salió de prisión era aún menor de edad. “Seguía siendo un sujeto peligroso, que poco podía aportar como “roja” a la sociedad y la llevaron a un convento para reeducarla” Enriqueta cuenta que pasó peores días en el convento que en la propia cárcel donde estaba con paisanas que al menos le brindaban su cariño y su solidaridad.

Anunciación fue su nuevo nombre ,pero Enriqueta se revelaría en cada momento para hacer entender a aquellas monjas que ella no iba a servir a Dios. “Quería salir y casarse. Tener su propia vida”.

Informe de conducta que se le imputa a Enriqueta por los hechos cometidos con tan solo doce años de edad. / ‘La luz de la inocencia’. Pura Sánchez. Editorial Bellaterra. Año 2019

Tardó mucho tiempo en poder volver de nuevo a Pedro Martínez ,donde tenía hecha una promesa. Un joven de su edad, Antonio el Rubio, le dijo unas palabras antes de ingresar en la cárcel: “Que no llores, Enriqueta, que aunque vuelvas con sesenta años, me he de casar contigo”. Ya en 1948 Enriqueta pudo casarse con Antonio y tener nueve hijos, aunque la vida nunca dejó de darle momentos difíciles.

En los años 60 ,Enriqueta perdió a su marido y hace pocos años ,a dos de sus hijos. Sigue fuerte y la publicación de su historia le ha proporcionado una gran alegría a ella y a su familia. La historia de esta menor en las cárceles del franquismo es un hecho “más habitual de lo que nos creemos” en la historiografía reciente. Cuántos informes de conducta, cuántas menores de 21 años eran consideradas “sujetos peligrosísimos” como le ocurrió a la joven Enriqueta. El número es incalculable pero los tribunales militares no dejaron de acusar a niñas inocentes y de encarcelarlas, al considerarlas “peligrosísimas para la causa nacional” o “individuas de dudosa moral”.

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Fotografía destacada: Chiquillería de la calle Sant Esteve, en Sallent, donde vivieron Enriqueta y su madre. / ‘La luz de la inocencia’. Pura Sánchez. Editorial Bellaterra. Año 2019

Fuente:https://www.publico.es/culturas/joven-enriqueta-juzgada-tribunal-franquista-15-anos.html

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En bicicleta hasta Mauthausen

Un ciclista de Barcelona recorrerá 2.000 kilómetros hasta el campo nazi para rendir un último homenaje a su abuelo, de la localidad de Jorcas, que murió allí en 1941.

heraldo.es / Luis Rajadel / 01-05-2019

Un bombero de Tarrasa (Barcelona), Alex Cirera, se subirá este miércoles en una bicicleta para recorrer 2.000 kilómetros durante 17 días hasta llegar al campo de concentración de Gusen (Austria) para rendir homenaje a su abuelo, Félix Izquierdo, natural de Jorcas y que murió en el cautiverio en 1941. Izquierdo había llegado hasta allí deportado desde Francia por su condición de republicano español.

Alex Cirera, que no supo de la existencia de su abuelo biológico hasta los 10 años, se empeñó en conocer todos los detalles de la desaparición de su antepasado hace un año, tras visitar el campo de Mauthausen –del que dependía Gusen– durante unas vacaciones. El bombero recuerda que su abuela guardó un “mutismo absoluto” respecto de la existencia de su esposo deportado, aunque, como Alex pudo comprobar, guardó celosamente durante toda su vida cartas y varias fotografías de Félix Izquierdo.

El bombero barcelonés pedaleará durante dos semanas hasta llegar al lugar en el que murió Félix Izquierdo para colocar una placa en su recuerdoLa intensa experiencia física y emocional será recogida en un documental realizado por Eloy Calvo, que hará entrevistas y tomará imágenes que contextualizarán la historia. El proyecto audiovisual, bautizado como ‘Carretera a Gusen’, cuenta con el apoyo de la Amical de Mauthausen.

El ciclista explica que conocer en el verano de 2018 el campo nazi en el que murió su abuelo le dejó “muy impactado emocionalmente”. Pudo comprobar el “sufrimiento” que padecieron decenas de miles de presos –7.000 de ellos españoles–, muchos de los cuales no sobrevivieron. “Salí de allí con la determinación de volver algún día para colocar una placa en su memoria y para recordar su padecimiento”, cuenta el nieto.

Fèlix Izquierdo, de Jorcas | A.C.

Félix Izquierdo emigró a Barcelona desde su Jorcas natal con 19 años en busca de un futuro mejor. En la capital catalana se afilió a la CNT. En plena Guerra Civil, el turolense contrajo matrimonio con Rosa Duaigües, de Tarrasa, quien en 1939 alumbraría a la que sería la madre de Alex. La niña fue inscrita como hija de padre desconocido. Félix Izquierdo mantuvo, desde el exilio, una relación epistolar con su esposa que ahora ha sido recuperada por el nieto.

Rosa se casó nuevamente y solo al morir el segundo esposo, comunicó a Alex la impactante notica de que quien hasta entonces había tenido por abuelo no lo era en realidad. El padre de su madre, Félix Izquierdo, había muerto en el campo de Gusen.

Alex averiguó que unos años después de terminada la II Guerra Mundial un deportado que regresó de Mauthausen y que conoció a su abuelo informó a la viuda de los derechos que le asistían y que le permitieron recibir una indemnización del Gobierno alemán.

Para superar la exigente prueba física que afronta desde este miércoles, el bombero se ha sometido a un intenso entrenamiento durante seis meses. Aunque practica el ciclismo habitualmente, ha incrementado las distancias de sus salidas diarias para ganar resistencia.

Ochenta años después, va a cruzar media Europa para seguir el mismo periplo que su abuelo. El recorrido arrancará en Tarrasa y pasará por el campo de concentración de Saint Cyprien, la línea Maginot y Estrasburgo para terminar en Mauthausen.

El documental incluirá también localizaciones en Jorcas y en Teruel. El objetivo de ‘Carretera a Gusen’ es “arrojar algo de luz sobre una parte de la historia familiar silenciada durante años”. Cirera recuerda que hasta hace pocos meses ni siquiera disponía de una foto de su abuelo. Al remover un arcón de la casa familiar, aparecieron dos instantáneas que le devolvieron la imagen de su antepasado olvidado.

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Fotografía destacada: Alex Cirera, durante su entrenamiento para recorrer 2.000 kilómetros a través de Europa. | Eloy Calvo

Fuente:https://www.heraldo.es/noticias/aragon/teruel/2019/05/01/en-bicicleta-hasta-mauthausen-1312327.html

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El presidente de EFE pide perdón a los vencidos de la Guerra Civil por olvidarles 80 años atrás

Fernando Garea ha querido zanjar este martes “una deuda histórica” y homenajear a los exiliados, los represaliados y los vencidos de la Guerra Civil, a quienes ha pedido perdón por ignorarles cuando la agencia era un instrumento de propaganda franquista.

publico.es / EFE / 30-05-2019

Felipe VI entrega este martes en Madrid los premios internacionales de periodismo Rey de España en su XXXVI edición y el XV premio de periodismo Don Quijote, convocados por la Agencia EFE y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid).

Fernando Garea, presidente de EFE, ha señalado que la agencia se creó como un “instrumento de propaganda” que “sólo hablaba de los vencedores”. Sin embargo, ha matizado que “80 años después, es el momento de que EFE zanje una deuda histórica, rinda tributo y pida perdón a exiliados, represaliados y vencidos de la Guerra Civil”.

Así ha afirmado durante la edición, en la que este año ha reconocido la labor de informadores y medios de comunicación de España, Venezuela, México, Argentina, Brasil, Bolivia, Nicaragua y Portugal en las categorías de prensa, radio, televisión, fotografía, periodismo digital y periodismo ambiental y desarrollo sostenible.“Estos premiados son ejemplo de una forma de ejercer la democracia y, al tiempo, de mostrar hasta qué punto es necesario el periodismo en democracia”, afirmó Garea durante la gala.

 

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Fotografía destacada: El presidente de la Agencia EFE, Fernando Garea. | EFE

Fuente:https://www.publico.es/sociedad/premios-internacionales-periodismo-presidente-efe-pide-perdon-vencidos-guerra-civil-olvidarles-80-anos.html

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La invisible censura franquista que sigue viva en los libros que lees

Muchas de las traducciones de los clásicos de la literatura actualmente en circulación son aún las versiones aprobadas por los censores.

La tarea más urgente es sensibilizar a los lectores y al sector cultural respecto a los efectos a largo plazo de la censura.

eldiario.es / Jordi Cornellà-Detrell / 23-04-2019

Hace 80 años que terminó la guerra civil, un conflicto que sigue generando debate y opiniones encontradas. No hay duda de que, décadas después de la muerte del general Franco, la dictadura continúa proyectando una larga sombra sobre la sociedad española. Los aspectos del pasado aún sin resolver abarcan desde la existencia de cientos de fosas comunes todavía sin exhumar a la frecuente publicación de libros que fueron censurados durante la dictadura.

En efecto, pocos lectores son conscientes del hecho de que uno de los legados más importantes del franquismo es el impacto continuado de los libros expurgados hace décadas por los censores, tanto en España como en el mundo hispanohablante en general. Estos textos manipulados incluyen, por ejemplo, a autores como Ira Levin, George Orwell, Ian Fleming, Muriel Spark, Ernest Hemingway, James M. Cain, Bill S. Ballinger, Henry Miller y James Baldwin.

Los textos censurados

Muchas de las traducciones de los clásicos de la literatura actualmente en circulación son aún las versiones aprobadas por los censores, con frecuencia sin el conocimiento de los editores ni de los lectores. Este hecho supone un ataque a la libertad de expresión y debería abordarse de manera urgente, particularmente ahora que Vox amenaza con derogar la Ley de la Memoria Histórica.

Entre 1936 y 1966, cualquier libro que se quisiera publicar era inspeccionado por los censores del régimen, que decidían si el texto se prohibía en su totalidad o podía publicarse con cortes. En 1966 la consulta se convirtió en voluntaria, pero las autoridades podían retirar de la circulación cualquier libro considerado inaceptable, lo que estimuló la autocensura de autores, editores y traductores.

El régimen reguló de manera estricta la publicación, traducción y circulación de textos con el fin de reforzar un conjunto de valores morales, sociales y religiosos conservadores, promover la uniformidad ideológica y cultural y manipular la historia, especialmente la memoria de la guerra civil.

Niños leyendo durante la guerra civil. BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA | CC BY-NC-SA

El resultado es que, casi 45 años después del fin del régimen, se siguen editando libros manipulados por la dictadura. Asimismo, las bibliotecas públicas continúan albergando miles de volúmenes expurgados y promoviendo su lectura. La censura, por lo tanto, todavía juega un papel en la vida cultural y no puede considerarse un simple episodio histórico que no tiene relevancia en el presente.

La semilla del diablo de Ira Levin, por ejemplo, se encuentra disponible en más de 20 ediciones distintas (versión electrónica incluida) a las que les faltan dos largos pasajes. Según los censores, estos fragmentos glorificaban a Satán y eran poco respetuosos con los valores religiosos. Ve y dilo en la montaña de James Baldwin sufrió varios cortes que incluyen referencias a la contracepción y detalles sobre la vida sexual de los protagonistas. Según el censor, el texto contenía “ya expresiones obscenas, ya descripciones pornográficas, y, en algún caso, incluso irreverencias”. Paradójicamente, la publicación de esta novela expurgada contó con el patrocinio de la UNESCO.

En algunos casos, como en La Marca de George Orwell y Operación trueno de Ian Fleming, la versión censurada se ha publicado nuevamente a pesar de que ya existía una traducción completa.

La consolidación de la democracia no puso fin a la producción, circulación y lectura de obras censuradas en España. Estos libros con frecuencia fueron importados a Hispanoamérica, y por lo tanto la censura franquista tuvo también repercusiones al otro lado del Atlántico.

Por qué la censura no ha terminado

Es evidente que el país aún no ha sido capaz de hacer frente y superar su traumática historia reciente. La Ley de la Memoria Histórica de 2007 supuso un gran paso adelante que permitió reexaminar el pasado e inició un debate sobre las consecuencias de la represión franquista. Esta ley condenó la dictadura e instauró compensaciones para las víctimas. Desde un punto de vista cultural, la ley promovió la retirada de estatuas y símbolos públicos que enaltecían la dictadura, pero sin hacer referencia a otros productos culturales como los libros.

El llamado pacto del olvido facilitó la transición hacia la democracia, pero entre otras muchas consecuencias impidió que se desarrollaran estrategias sistemáticas para prevenir la publicación y lectura de obras censuradas. De hecho, muchos textos han sido restaurados o traducidos de nuevo, pero estos esfuerzos muchas veces han pasado desapercibidos.

La censura sigue viva, y la circulación de textos expurgados podría incluso aumentar en el futuro. El uso de las nuevas tecnologías y el hecho de que muchos textos de los años 30 y 40 empiecen a pasar al dominio público (y por tanto estén libres de derechos), hace que sea fácil reeditar versiones digitales o en papel de los clásicos. Los censores nunca imaginaron que su labor quedaría plasmada en Kindles y tabletas.

En este sentido, la censura es uno de los legados más persistentes e invisibles del régimen franquista. Su efecto en España y otros países hispanohablantes es incalculable, ya que distorsionó las opiniones de centenares de escritores respecto a la guerra civil o temas sociales como el control de la natalidad, los roles de genero y la homosexualidad, por poner algunos ejemplos.

Venta de libros en Zaragoza, 1938. BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA, CC BY-NC-SA

La cuestión es cómo hacer frente a este complejo legado, particularmente ahora que Vox ha sugerido derogar la ley de la Memoria Histórica bajo el pretexto que manipula el pasado.

La tarea más urgente es sensibilizar a los lectores y al sector cultural respecto a los efectos a largo plazo de la censura. Esto requeriría el apoyo decidido del gobierno y el compromiso de instituciones públicas y privadas, desde archivos, bibliotecas y publicaciones culturales a traductores, escritores y editoriales.

Las nuevas tecnologías que amenazan con dar nueva vida a la censura podrían servir también para contrarrestar sus efectos. Una base de datos pública de textos restaurados, por ejemplo, podría ser una herramienta muy eficaz para dar a conocer nuevas versiones de textos y asegurar su presencia en librerías y bibliotecas.

El impacto de la dictadura franquista en la memoria social e histórica de España ha recibido una atención creciente desde principios de siglo, pero el proceso de reconciliación con el pasado está lejos de haberse completado. El pacto del olvido ha resultado en una falta de reflexión sobre ciertos aspectos clave del patrimonio cultural. Los cambios sociales y culturales son lentos, y el país no se librará de la sombra arraigada de la censura franquista hasta que este tema sea abordado de manera pública y decidida. Ahora que la presión en contra de revisitar el pasado está aumentado, no hay tiempo que perder.

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Fotografía destacada: Información proporcionada por la Subsecretaría de Propaganda para la población civil. BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA | CC BY-NC-SA

Fuente:https://www.eldiario.es/cultura/invisible-censura-franquista-sigue-libros_0_891711009.html

 

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