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El niño al que las bombas de ‘La Desbandá’ le arrebataron la infancia

Salvador Guzmán fue uno de los niños supervivientes del trágico éxodo provocado por la entrada del ejército fascista en Málaga y que movilizó hasta 150.000 personas.

publico.es / Borja Díez / 07-02-2019

Los ojos de Salvador Guzmán se clavan fácilmente en la mirada de la gente. Desnuda su memoria y la muestra con suma facilidad a pesar del tiempo transcurrido. Describe el silbido de las bombas y el bamboleo de su cuerpo tras su estallido como si todo hubiera pasado ayer. Pero ya hace 82 años que este nene, como tiernamente se describe, fue arrebatado de su infancia y tuvo que vivir la barbarie de la Desbandá.

El Rubio apenas tenía seis años cuando su padre, José Guzmán, teniente de alcalde socialista del Ayuntamiento de Coín, les encomendó a él y a sus hermanos aquella madrugada del 7 de febrero recoger los bártulos más importantes para huir de lo que días después se materializó: la irrupción del bando fascista en Málaga y su toma por parte del ejército de Franco.

No titubea. Señala con sentido del humor una herida en su cabeza “provocada posiblemente por una metralla” y reconoce que la verdadera cicatriz está en su corazón. En sus memorias, grabadas a fuego tras ser testigo de la fiereza del ser humano.

Una multitud de niños, durante los sucesos de ‘La Desbandá’. ARCHIVO HISTÓRICO MUNICIPAL DE ANTEQUERA

“Es una alegría poder contarlo… me dan también pena los recuerdos, pero yo al menos puedo contarlo”, destaca Guzmán, que evita entrar en detalles al relatar la cantidad de niños que, como él, corrían de la ferocidad del ejército franquista pero que quedaron por el camino. “No puedo, olvidar, no puedo olvidar…”, repite constantemente, a lo que también añade: “Solo me sale darle amor a la gente, después de todo lo vivido…”.

Primer atisbo del terror

El camino de aquella madrugada se interrumpió primero cerca de la Alameda de Málaga, donde se reencontraron con un guardia de asalto paisano, Francisco Barea, quien les animó a seguir su camino y se negó a acompañarles. “Estamos luchando en las calles contra el franquismo, tengo que defender la república”, les dijo.

Salvador Guzmán, en una foto realizada por las autoridades franquistas para su reconocimiento semestral. CEDIDA

La siguiente parada fue un centenar de metros adelante. Varios soldados les dieron el alto para pedirles que se llevaran al Limonar (un barrio de Málaga) a una mujer que estaba a punto de dar a luz en una cuneta. “Una de las cosas que más me arrepiento en esta vida es no haber descubierto posteriormente quién era aquella mujer… Jamás volví a saber de ella, me provoca muchísimo dolor”, detalla.

Una vez dejaron a la mujer en ese barrio y se encaminaron a la carretera que conectaba a Málaga con Almería, la barbarie dejó de ser un recurso propagandístico del fascismo para amilanar a la población para convertirse en una realidad. “Lo primero que vimos fue a un hombre encañonar a su mujer delante de sus hijos. Le disparó a ella y, después, le siguieron sus hijos…”, cuenta mientras su semblante comienza a tornarse decepcionado.

El infierno del ‘Canarias’ y el ‘Cervera’

Al llegar a la costa todo se complicó muchísimo más. Había varios aviones sobrevolando la carretera y los buques Canarias Cervera estaban pegados a la playa bombardeando los caminos. “Había pedazos de criaturas, de animales. Fue un infierno. Cuando llegamos a Salobreña las calzadas estaban llenas de cuerpos, de sangre…”, narra.

Llegó un momento que avanzar con el coche era una odisea. Unos soldados de la FAI se bajaron de un vehículo y les ayudó a quitar cadáveres de la carretera. El chófer, acongojado y despavorido, se negó a conducir con las luces puestas. No había más alternativa: conducir por la mañana no era una opción; o conducías con luces y te jugabas ser un blanco fácil para los buques, o sin ellas y caías en el riesgo de precipitarte al mar.

Salvador Guzmán lee uno de los fragmentos de sus libros autobiográficos. B.D.

La lluvia de bombas les obligaba cada día a recluirse cada mañana en las montañas. Guzmán recuerda con entrañeza que, una vez, se escondió junto a un señor mayor entre unos arbustos. “Cada vez que se escuchaba el silbido de las bombas y su explosión se percibía lejos de nosotros, me decía, «rubio, de esta nos hemos librado»”.

Guzmán no es timorato. El dolor que todavía perdura en él jamás tornó en rabia, en ganas de venganza. Desde demasiado joven se familiarizó con el olor a sangre. Conoció lo que es verdaderamente una tragedia sin apenas llegar a los 10 años.
Solo interrumpe su relato para enseñar un baúl con varias libretas en las que, con los años, ha ido escribiendo su autobiografía. “La BBC me quiso pagar un montón de dinero por ella, pero no vendo mi dignidad. Mi historia se la cuento al que quiera gratis, porque el mundo jamás debería olvidar lo que pasó”, manifiesta.

Por eso Salvador Guzmán nunca dice que no a nadie cuando le piden charlar con él. Periodistas, directores de instituto, incluso vecinos y desconocidos… este todavía vigoroso superviviente sabe que es memoria viva de la tragedia y que su deber es contarlo.

El hambre y los piojos, sus grandes compañías

El éxodo a Almería también estuvo protagonizado por la falta de alimentos. Pasó tres días sin llevarse nada a la boca y, para colmo, también tenía piojos. Incluso llegó a sufrir de sarna y tifus. La llegada a la capital almeriense supuso un alivio para su padre y sus hermanos que pronto tornó en aflicción.

La Legión Condor decidió convertir Almería en un lugar idóneo para probar sus armas de fuego. Obligaron a su padre a ir al frente de combate y él tuvo que huír a una cueva, donde escapaba de las autoridades que montaban a los niños en barcos con destino a México o Rusia. Él no se movería sin su padre. Estuvo hasta casi el final de la guerra visitando diariamente la estación de trenes con la esperanza de ver a su padre.

Salvador Guzmán muestra uno de los pocos retratos que le quedan de su padre, teniente alcalde de Coín. B.D.

Guzmán estuvo a punto de embarcarse en una fragata de la que consiguió huír a tiempo. En ella sí consiguieron salir de España tres ilustres literatos: Juan Ramón JiménezPablo Neruda y Rafael Alberti. Las letras de la esperanza, de la lucha por la libertad y de las odas a la democracia cruzaban el charco huyendo a la barbarie fascista… mientras él permanecía a la espera de su padre. “Después pude conocerlos en algunos actos y charlas con ellos… fue una bendita casualidad, fueron muy amables conmigo”, cuenta.

El milagro se avino a finales de abril del 39. En uno de sus cientos de viajes a la estación pudo oír la voz de su padre. Tras años donde la única sonrisa aparecía cuando se llevaba un trozo de comida a la boca o las tropas del buque Jaime I le invitaban a café, Guzmán volvió a sentir la felicidad. Para la narración, aprovecha la pausa para darle un pequeño sorbo al café y sus facciones de la cara cambian completamente. “Gritaba ‘Salvarillo, Salvarillo’, he vuelto”, detalla con verdadera plenitud.

La mal nombrada ‘Desbandá’

A pesar de todo su pesadilla no terminó ahí. Solo empezaba. De camino de vuelta a Coín, en la estación, un conocido traicionó a su padre y fue llevado a la antigua cárcel de Málaga. Antes de que fuera “ajusticiado” (y se agarra a la silla y aprieta los dientes antes de contarlo) iba todos los días a llevarle algo de la poca comida que les quedaba.

José Guzmán fue fusilado el 17 de octubre de 1944 sobre los muros del cementerio de San Rafaella fosa común más grande exhumada hasta ahora en Europa occidental. Su nombre, como los de los más de 2.500 allí identificados, se encuentran grabados en un monolito en honor a los olvidados.

Salvador parece estremecerse verdaderamente cuando se menciona a La Desbandá. Insiste que odia escucharla. Que él no era un pájaro. Que las 150.000 personas que se vieron involucradas en ese trágico (y durante mucho tiempo invisibilizado) terror eran seres humanos. “Me hace daño, me hace mucho daño… Por favor, dejad de denominarla así, no se honra de esta manera a tantísima gente que murió aquellos días”, dice tajantemente.

Yo soy socialista y republicano hasta la médula. Eso no quiere decir que mataría por mis ideales, no somos dueños de nuestra vida”, sentencia. “Mi papá, mi papá…”, murmura mientras deja un largo y estremecedor silencio… “mi papá no mató ni robó”. A Salvador se le ilumina la cara cuando habla de su padre. Señala la foto que guarda en su salón y cuenta que se quedó fuera del ejército durante la guerra de Marruecos.

Guzmán cierra las libretas en las que ha escrito sus hazañas y se resiste a que las nuevas generaciones olviden su pasado, “las letras que ha escrito la historia de su nación”.

Es el primero en acudir todos los años a lo que él siempre gusta de llamar La carretera de la muerte, una tragedia que, de no ser por Robert CapaNorman Bethune y otro millar de héroes a los que la historia ha dejado en la sombra, habría quedado en el olvido.

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Fotografía destacada: Salvador Guzmán, junto a un antiguo retrato suyo y una distinción de la Junta de Andalucía. B.J.

Fuente:https://www.publico.es/politica/memoria-historica-nene-bombas-desbanda-le-arrebataron-infancia.html

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“15 millones para que ustedes desentierren unos huesos” y otros desprecios y burlas del PP a las víctimas del franquismo

Ha vuelto a pasar. Otra vez. La senadora del PP Esther Muñoz criticó este martes en el pleno de la Cámara Alta los quince millones de euros que se destinarán del presupuesto de la memoria histórica para que, en sus palabras, “desentierren unos huesos”. No es la primera vez ni la segunda que desde el PP se burlan de la memoria histórica o directamente de las víctimas del franquismo. Diputados, senadores, alcaldes o el mismo secretario general del Partido Popular han hecho declaraciones en las que muestran su desdén o directamente su desprecio a las víctimas del golpe de Estado franquista, la guerra civil y la posterior represión durante la dictadura.

publico.es / Tremending / 06-02-2019

Estos son algunos ejemplos:

1.- Esther Muñoz, senadora del PP, sobre el dinero para la Memoria Histórica: “15 millones para que ustedes desentierren unos huesos”

Es solamente el último apunte en una larga lista. Las palabras de Muñoz fueron recibidas con abucheos desde los escaños socialistas, y la ministra de Justicia, Dolores Delgado, tachó su comentario de “absolutamente indigno”. Posteriormente, Muñoz aseguró que se refería al proyecto de exhumar el cadáver de Franco, y no “a la gente que está en las cunetas”, aunque en sus palabras iniciales no hay absolutamente nada que apoye esa disculpa. Tampoco es la primera vez que esta senadora hace escarnio con la memoria histórica.

2.- Pablo Casado: “Los de izquierdas son unos carcas, todo el día con la fosa de no sé quién”

Las mofas y burlas a las víctimas del franquismo empiezan por el mismo presidente del Partido Popular, Pablo CasadoEn un mitin, mientras era vicesecretario de comunicación, dijo: “No puede estar de moda ser de izquierdas, pero si son unos carcas! Están todo el día con la guerra del abuelo, con las fosas de no se quién, con la memoria histórica”.

3.- Manuel González Capón. (Alcalde de Baralla, Lugo): “Los condenados a muerte será porque se lo merecían”

Manuel González Capón se negó a dimitir tras decir estas palabras porque no era “el pueblo quien lo pide”. El PP revalidó la mayoría absoluta en la localidad.

4.- Rafael Hernando: “Algunos se han acordado de su padre cuando había subvenciones para encontrarlo”

El portavoz del PP en el Congreso fue denunciado por la ARMH por esta vergonzosa burla a las víctimas del franquismo, pronunciada, además, en 13TV, la cadena de los obispos. Cuando la justicia archivó la demanda aseguró que las víctimas habían hecho “el ridículo”. Cinco años después reconoció que se había pasado “cuatro pueblos”.

5.- José Joaquín Peñarrubia, senador del PP por Murcia: “No den más la murga […] Ya no hay más fosas que descubrir”

El exjuez Baltasar Garzón documentó 114.226 desaparecidos de la Guerra Civil en su auto sobre los crímenes franquistas antes de ser expulsado de la Audiencia Nacional. Una cifra, que algunos expertos elevan a 150.000. Sin embargo, el senador del PP por Murcia, José Joaquín Peñarrubia, se atrevió a decir que “ya no hay más fosas que descubrir”.

Tras arrancar su discurso con la frase “son cansinos con la memoria histórica”, después espetó: “No den más la murga con esta cuestión” […] “Ya no hay más fosas que descubrir salvo que se empeñen en buscar a Federico García Lorca en los cuatro puntos cardinales de España”.

6.- Martínez Pujalte: “¡Ya saca a pasear al abuelo!”

El desprecio y la burla a las víctimas del franquismo viene de lejos. En febrero de 2006 fue el diputado del PP, Martínez Pujalte, el que dio un nuevo ejemplo. Pujalte le espetó al entones presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero: “¡Habla del abuelo! ¡Ya saca a pasear al abuelo!”, en referencia al antepasado de Zapatero, fusilado durante la guerra civil por mantenerse fiel a la República.

7.- Camps: “El abuelo de Zapatero no le transmitió cariño”

No es la única vez que desde las filas del Partido Popular se ha atacado a Zapatero haciendo burla con su abuelo. En 2011 el expresident valenciano Francisco Camps aseguró en un mitin que el abuelo de Zapatero no le transmitió “ni ternura ni cariño”.

8.- José María Aznar: “No removamos las tumbas ni nos tiremos los huesos a la cabeza”

Recuperar la memoria de unas víctimas y repararlas es, para el expresidente español José María Aznar, “remover tumbas” y “tirarse huesos a la cabeza”. Aznar hizo esas declaraciones al diario británico The Guardian.

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Fuente:https://www.publico.es/tremending/2019/02/06/15-millones-para-que-ustedes-desentierren-unos-huesos-y-otros-desprecios-y-burlas-del-pp-a-las-victimas-del-franquismo/

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La Asociación para la Memoria Histórica pide al Defensor del Pueblo que actúe frente a la Senadora

«Con que aprobara primero de básica de derechos humanos aprendería que un representante político en una democracia no puede menospreciar el dolor de las personas», asegura.

leonoticias.com / 06-02-2019

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha presentado una queja, ante la oficina del Defensor del Pueblo, por las afirmaciones que la senadora del Partido Popular Esther Gómez llevó a cabo sobre la búsqueda de personas desaparecidas de la dictadura franquista.

El colectivo, que inició la búsqueda científica de personas desaparecidas por la represión franquista en el año 2000, asegura que «con que aprobara primero de básica de derechos humanos aprendería que un representante político de una democracia no puede menospreciar el dolor de personas que han sido víctimas del peor delito que se puede cometer contra un ser humano».

El pasado martes, 5 de febrero, en un debate sobre los Presupuestos Generales del Estado en el Senado, la senadora ‘popular’ Esther Muñoz, criticando la partida presupuestaria relacionada con la memoria histórica, aseguró que el Gobierno pretendía gastar 15 millones de euros «en sacar unos huesos».

Bajo tierra

Se trata, a juicio de ARMH, de «una enorme falta de respeto por los Derechos Humanos y un trato vejatorio hacia las víctimas de la dictadura franquista, que todavía esperan a que el Estado cumpla con sus obligaciones en esa materia y les garantice el derecho a dar una sepultura digna a un ser querido».

El colectivo, a través de un comunicado recogido por Europa Press, considera incomprensible que en una institución como el Senado, enmarcada en la Constitución y en la Convención Europea de Derechos Humanos, se hagan afirmaciones lesivas con las personas que han sufrido el peor delito que se puede cometer contra un ser humano: «Un secuestro ilegal, seguido de torturas, del asesinato y de la ocultación del cadáver para castigar post morten a la persona a la que se le arrebata la vida y multiplicar el dolor y la incertidumbre de su familia y de su entorno social».

Ante tales manifestaciones, la asociación entiende que una institución como el Senado debería elaborar un régimen sancionador cuando se vulneren ese tipo de derechos fundamentales.

Agresión verbal

Recuerda también que la Convención contra la Desaparición Forzada Involuntaria de Naciones Unidas, ratificada por el Estado español, regula las obligaciones del Estado y de todas sus instituciones democráticas, de proteger y atender a los familiares de personas desaparecidas por causa de la violencia política.

Asismismo, propone al Defensor del Pueblo la recomendación de que todos y todas los miembros de las cámaras de representantes tengan que recibir formación en materia de Derechos Humanos para que, entre otras cosas, aprendan a distinguir cuáles son los límites del debate político, y no se repitan actos degradantes y de maltrato político por quienes tienen la obligación de defender los Derechos Humanos más allá y más acá de su ideología.

«¿Cómo es posible que desde un escaño se agreda verbalmente a personas que reclaman sacar a un padre o a un abuelo de una cuneta para darle el entierro que merece todo ser humano? Se trata de un acto de crueldad que no puede estar soportado por una institución democrática«, concluye el colectivo.

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Fotografía destacada: Imagen de una exhumación de la ARMH. 

Fuente:https://www.00/leon/asociacion-memoria-historica-20190206132621-nt.html

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Una senadora del PP reprocha al Gobierno que pretenda destinar 15 millones a “desenterrar unos huesos”

Esther Muñoz ha defendido después en los pasillos del Senado que se refería a la exhumación de Franco y no “a la gente que está en las cunetas”.

elpais.com / Natalia Junquera / 06-02-2019

La memoria histórica ha provocado una acalorada bronca este martes en el Senado cuando la senadora del PP Esther Muñoz se ha referido despectivamente a la partida prevista en el plan de Presupuestos del Gobierno para esta área. “Quince millones de euros, hombre, ahí no hubo error. Quince millones para crear una verdad de Estado. ¡Quince millones de euros destinados a que ustedes desentierren unos huesos en lugar de mejorar los salarios de jueces y fiscales”, insistió. Varios senadores del PSOE han respondido gritando “fuera” y “a la calle” mientras Muñoz les contestaba: “No se pongan así. Hasta en eso son unos incompetentes”.

En su turno de réplica, la ministra de Justicia, Dolores Delgado, ha calificado de “absolutamente indigno” el comentario de la senadora popular sobre los 15 millones de euros para desenterrar “unos huesos”.”No sé si por juventud o por convicciones, pero estamos hablando de algo que usted no va a entender nunca, que es la memoria democrática en valores y principios”. Después, en declaraciones a los medios en los pasillos del Senado, Muñoz ha dicho que se refería a la exhumación de Francisco Franco y no “a la gente que está en las cunetas”. Los 15 millones de euros de la partida, a los que ella se refirió desde el escaño, no están previstos solo para el traslado de los restos del dictador del Valle de los Caídos sino para un plan de exhumaciones que permita recuperar los cuerpos de los miles de fusilados del franquismo que aún yacen en fosas y cunetas.

La senadora popular ha recalcado posteriormente que en sus intervenciones anteriores sobre Memoria Histórica siempre ha hablado con respeto de esas personas y ha recordado que forma parte del PP de Castilla y León, “que ha puesto dinero para sacar a gente de las cunetas”. Sin embargo, el portavoz del PSOE en la Cámara alta, Ander Gil, ha insistido en que Muñoz se ha referido de “manera despectiva a los miles de españoles que dieron su vida por defender la democracia” y ha calificado de “inaceptables” las palabras de la senadora. Gil se ha preguntado qué hubiera ocurrido si una senadora alemana se hubiera referido de esa forma a las víctimas del holocausto nazi.

España es el segundo país del mundo con más desaparecidos, por detrás de Camboya, y Naciones Unidas ha recomendado en varias ocasiones a España que asuma la tarea de localización, exhumación e identificación de las víctimas del franquismo para poder entregar los restos a sus familiares.

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Fotografía destacada: La senadora del PP Esther Muñoz, este martes en la Cámara alta. En vídeo, bronca en el Senado por la partida prevista para memoria histórica en los Presupuestos de Sánchez. FOTO: EP | VÍDEO: SENADO

Fuente:https://elpais.com/politica/2019/02/05/actualidad/1549398632_017642.html

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La Armada abre un expediente disciplinario por falta grave a un militar que firmó el manifiesto contra Franco

La sanción puede llegar hasta los 30 días de arresto y la pérdida de destino.

El expediente asegura que la crítica al dictador, en plena polémica por su exhumación, vulnera la neutralidad política exigida a las Fuerzas Armadas.

El manifiesto fue firmado por varias decenas de militares, en respuesta a otro documento respaldado por 181 profesionales castrenses en defensa del dictador.

eldiario.es / 05-02-2019

La Armada ha abierto un expediente disciplinario por falta grave a uno de los militares en activo que firmó, el pasado verano, el manifiesto contra el dictador Francisco Franco.

Justifican esta decisión, que podría implicar un arresto de 30 días y la pérdida de destino para este cabo primero, asegurando que criticar al dictador rompe con la neutralidad política exigida a las Fuerzas Armadas.

La polémica por la exhumación

A finales de julio pasado, en plena polémica por la exhumación de Francisco Franco del Valle de los Caídos, un grupo de 181 militares retirados firmó un manifiesto en defensa del dictador y en contra de esta medida. En respuesta,  el mes siguiente otro grupo de profesionales castrenses publicó un segundo documento, esta vez contra el dictador.

En el primer caso, el  Ministerio de Defensa ordenó abrir un expediente a cinco de los militares firmantes por manifestar “expresiones contrarias” a la Constitución y demás instituciones del Estado, además de “infringir reiteradamente los deberes de la neutralidad política”. Sin embargo, no ha habido noticia de que hayan sido sancionados.

En la segunda situación, tal como  ha adelantado El País, a los nueve militares en activo que firmaron el documento en contra del dictador –un subteniente, cuatro cabos y cuatro guardia civiles– se les ha abierto un expediente informativo. Es el caso del cabo primero de Infantería de Marina, afiliado a la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME), que podría ser sancionado con un arresto de hasta un mes por firmar el manifiesto impulsado por el excapitán de navío Arturo Maira y respaldado por otros militares retirados, como el exJemad y diputado de Podemos Julio Rodríguez, entre otros.

La impulsora del expediente ha alegado que no se trata de la opinión sobre el dictador lo que podría suponer una falta por parte del cabo primero, sino de su adhesión al manifiesto en un momento en el que la exhumación de Franco estaba causando un “encendido debate político-social”, por lo que, en este caso, podría estar incumpliendo la neutralidad política exigida a estos cargos. La instructora dejaba en abierto la posibilidad de elevarlo a falta disciplinaria o no y, en caso de serlo, en falta grave o leve. Finalmente, la Armada le ha abierto un expediente disciplinario por falta grave.

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Fotografía destacada: Flores en la tumba de Franco en la Basílica del Valle de los Caídos EFE

Fuente:https://www.eldiario.es/sociedad/Abren-expediente-disciplinario-manifiesto-Franco_0_864763582.html

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“Vi a mi madre con esos matones y no se supo nada más”, Felipa, Ramona, Antonia y Modesta vuelven a casa 82 años después

El próximo 3 de febrero, los restos exhumados de estas cuatro vecinas de Murillo de Gállego (Zaragoza), asesinadas en Biscarrués en 1936, serán entregados a sus familias.

22 personas fueron apresadas el 18 de septiembre de 1936 en Murillo. Su recuerdo, a través de la remembranza de familiares y vecinos, quedó plasmado en el documental Los que callaron, los que quedaron, de Felipe Osanz.

“Mi tía Rosalía siempre decía que se les veían los pies por debajo de la manta, y que se preguntaba: ¿quiénes serán estas pobres mujeres? Sin saber que una era su hermana”.

Crímenes bajo tierra durante 82 años que ven la luz: cuatro mujeres exhumadas en Biscarrués

eldiario.es / Óscar F. Civieta / 01-02-2019

Las palabras se entrecortan. El poso del tiempo y la asunción de unos hechos que cambiaron sus vidas son insuficiente anestesia. Fue la última vez que las vieron. El postrero recuerdo de una madre, una tía o una hermana. 82 años después regresan. Y con ellas la emoción, la rabia, el dolor y la incomprensión que nunca se fueron. Gracias a las investigaciones de Antonio Ubieto y la cámara de Felipe Osanz, su vida es historia y su historia está viva.

El 18 de septiembre de 1936, dos meses después del fatídico golpe de Estado en España, 22 personas fueron apresadas en Murillo de Gállego (Zaragoza): “Había mucha gente por el monte y los caciques de Murillo dijeron que volvieran al pueblo, que nada les iba a pasar, pero al llegar les rodearon y se los llevaron”. Lo que sucedió aquel día, y en los siguientes, es otro episodio de la historia negra que se esparce por pueblos, aldeas, cunetas y cementerios de este país.

Las frases son de vecinos y familiares que observaron la atrocidad. Muchos años más tarde, esos mismos ojos (otrora infantiles e ingenuos y de nuevo llorosos) miraron a la cámara de Osanz para recordarlo. Son “Los que callaron, los que quedaron”.

Los que siguen preguntándose por qué y evocan imágenes que se grabaron en su memoria: “Un panadero le dijo a mi madre: mira qué lista tenemos para limpiar Murillo”, recuerda uno. “En Murillo nadie se esperaba la catástrofe, nos cogieron a todos en casa”, rememora su vecina.

“A estas cuatro también, y después las mataron en Biscarrués”

Y entre esas personas apresadas estaban Felipa Larraz Beitia, Ramona Barba Marcuello, Antonia Larraz Giménez y Modesta Rasal Vera. “Llegó el jefe y dijo: a estas cuatro echarlas también. Iban cuatro mujeres y las echaron en el camión”. Fue la última vez que las vieron con vida: “Vi a mi madre saliendo de casa y marchando con esos matones… y ya no se supo nada más”.

Las 22 personas fueron fusiladas. Algunas en Ayerbe: “Pararon allí, los traían en un camión, y los llevaron atados hasta este muro. Aquí los picaron. Mira, mira, aún se notan las balas”, y señala los agujeros en la piedra. El plomo que sesgó la vida de sus paisanos.

También en Agüero: “Aquí mataron a 12”, relata un vecino con la entereza que da la vejez: “Llamaron a otra gente del pueblo para que vieran cómo los mataban y los enterraran. Traían a gente de izquierdas para que lo vieran, les daban un escarmiento, pero, claro, tenían mucho miedo de que los fueran a matar a ellos también”.

A Felipa, Ramona, Antonia y Modesta las mataron a las afueras de Biscarrués, a menos de 20 kilómetros de Murillo de Gállego. “Las llevaban en un ‘vulquete’, tapadas con una manta, yo tenía y siete años y pensaba: ¿a quién le habrá tocado?”. La imagen quedó perenne en el recuerdo de más vecinas: “Mi tía Rosalía siempre decía que se les veían los pies por debajo de la manta, y que se preguntaba: ¿quiénes serán estas pobres mujeres? Sin saber que una era su hermana”.

Entrega de los restos exhumados

Sus cadáveres fueron recogidos por vecinos del pueblo y trasladados a una fosa del cementerio. Allí permanecieron 82 años, hasta que, a mediados de 2018, se puso en marcha el proyecto para recuperar sus restos. Los trabajos fueron promovidos por la Asociación para la Investigación y la Recuperación de la Memoria Democrática de Aragón (Aidos) y dirigidos por el arqueólogo Hugo Chauntón.

El domingo 3 de febrero se realizará un acto de entrega de los restos a los familiares (que siempre colaboraron en la exhumación) y se procederá a la inhumación en el cementerio de Murillo de Gállego.

Allí estarán algunos de “los que se quedaron”, preguntándose “por qué”; repitiendo que perdonan, pero no olvidan; asumiendo que se fueron: “Aun no me he hecho a la idea de que estén muertos, recientemente soñaba muchas veces que volvían”. Pidiendo “que no se vuelva a repetir”.

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Fotografía destacada: Los vecinos trasladaron los cuerpos desde las afueras de Biscarrués a una fosa en el cementerio de Murillo de Gállego ACIAMENGUERRA.BLOGSPOT.COM / MURILLO DE GÁLLEGO (ZARAGOZA)

Fuente:https://www.eldiario.es/aragon/sociedad/Vi-Felipa-Ramona-Antonia-Modesta_0_863364267.html#click=https://t.co/34U0rnl4BV

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Las tijeras salvaron la vida de Félix en Mauthausen

Félix Yébenes estuvo recluido en el campo de concentración austríaco casi cinco años. Realizó trabajos forzados en la cantera, pero su oficio de peluquero le salvó de la muerte. Fue gran amigo del fotógrafo Francis Boix y estuvo implicado en el robo de material fotográfico que se llevó como prueba a los juicios de Núremberg.

publico.es / Marta Tomé / 02-02-2019

Abrió los ojos muy sorprendido sin decir nada. Félix atravesó la puerta de la barbería, instalada en los primeros barracones del campo de concentración de Mauthausen, y observó durante unos minutos. Se encontró a tres barberos cortando el pelo a oficiales de las SS con una maquinilla eléctrica. Un artilugio nuevo para él que podía complicarle la prueba para dejar las extenuantes jornadasen la cantera tras año y medio cavando, cargando piedras de muchos kilos, calmando su estómago con pequeños cuencos de caldo y bastante agua, lo único que no estaba racionado.

El deportado tenía mucha experiencia como barbero porque había ejercido en su pueblo natal, Villafranca de los Caballeros, pero aquella maquinilla parecía endiablada. Le tocó el turno, la cogió y se puso a cortarle el pelo a Gustave, uno de los mejores peluqueros de allí, un deportado político que poco después ejerció como kapo, al que el Félix le cayó simpático. Superó el examen en pocos minutos y permaneció al calor de una estufa durante una temporada, aunque no se libró de las constantes humillaciones que sufrían sus compañeros de barracón.

“A mi padre le salvó su profesión y su vida fue menos mala que la de otros en Mauthausen”, cuenta su único hijo Juan Luis Yébenes, convencido de que tuvo cierta libertad para salir y entrar del campo de concentración austríaco y cumplir con su jornada. Incluso fue escalando como barbero porque más de una vez le cortó el pelo a Franz Zieris, el comandante, al que solían atender otros tres peluqueros. Una tarea más difícil que hacerse con la maquinilla eléctrica tratándose de un hombre tan despiadado, pero también pasó el examen y en alguna vez le tocó peinar a su mujer Ida.

“Cuando lo cogieron lo primero que se le pasó por la mente es que tenía que permanecer vivo, cuánto más tiempo mejor porque lo normal es que duraran unos cuatro meses al entrar en un campo de exterminio”

A Jean Louis su padre no le explicó mucho de esos años. “No solía hablar de la deportación ni de Mauthausen. Y si decía algo era para contar la historia de alguno de sus amigos”. Quizá el horror es mejor no destaparlo, pero el hijo ha ido reconstruyendo lo poco que le contó. La primera vez que le escuchó hablar de las SS tenía nueve años. Hubo más conversaciones, pero con cuentagotas y Jean Louis aprendió a convivir con sus silencios mientras observaba las fotos que su padre guardaba de aquel infierno y saludaba a las visitas que recibía de antiguos deportados.

Félix, un hombre menudo, algo orejón y con cara de pícaro, cruzó la inmensa puerta de Mauthausen el 13 de diciembre de 1940. Lo capturaron, junto a muchos españoles al noroeste de Francia, cerca de la frontera, tras meses en un campo de trabajo. Lo metieron y apretujaron en un convoy de ganado en un interminable viaje, lo sacaron a culatazos de fusil y al poco de su llegada pasó a ser un prisionero más, desinfectado, rapado y con uniforme de rayas.

“Cuando lo cogieron lo primero que se le pasó por la mente es que tenía que permanecer vivo, cuánto más tiempo mejor porque lo normal es que duraran unos cuatro meses al entrar en un campo de exterminio”. Sin embargo, el calendario fue pasando días de un invierno glacial, Félix siguió vivo y trabajó en la cantera durante año y medio, algo impensable para su hijo, porque los prisioneros se consumían con rapidez por agotamiento y falta de alimento. Sobre el papel, las raciones diarias impuestas desde Berlín eran de 2.300 calorías, pero sólo se repartían nabos, café aguado, chuscos de pan y caldos, y muchos deportados terminaban masticando cartón para engañar al estómago. “Mi padre estaba acostumbrado a comer poco y era pequeñito, una ventaja porque no necesitaba comer tanto. Tenía rodaje tras haber combatido con el V Regimiento en la Guerra Civil”.

Jean Louis no quiere que se escape ningún recuerdo. “Mi padre tuvo un accidente una vez volviendo de su jornada. Estaba a punto de entrar por una de las puertas laterales, se aproximó al centinela armado que tenía un perro y éste se lanzó y le mordió con fuerza en el culo”. Aquello lo supo su hijo al ver la enorme cicatriz de la dentellada. También le contó que unas amígdalas pudieron costarle la vida. Un dolor tan agudo suponía una visita segura a la enfermería y muy pocos salían con vida. “Le dijeron que tenían que operarle y menos mal que allí había un enfermero catalán llamado Ginesta, amigo suyo, y consiguió que lo hiciera un médico deportado polaco”. Todos los prisioneros acabaron con problemas médicos y Félix tuvo que tratarse después una úlcera de estómago, un mal que afectó a muchos. También en los registros oficiales figura que fue trasladado en transporte sanitario hasta Lyon tras la liberación porque resultó herido en un hombro.

Félix Yébenes.

El hijo de Félix asegura que una vez lo torturaron, pero no supo por qué ese día le tocó a él. Sin embargo, el autor francés Jean Laffitte detalla en su libro El ahorcamiento el crudo episodio. Quizá a su padre le resultó más fácil hablar de esos años endemoniados con alguien que estuvo Mauthausen en 1943. Un día se encontró con una desagradable sorpresa y dejó vacante su puesto de barbero. Lo llevaron al bloque 19, un módulo de aislamiento para prisioneros antes de su traslado. Entró en el primer comando formado por cincuenta españoles para acondicionar otro campo de concentración cercano, pero la estancia se complicó por la huida de cuatro deportados una noche. Los SS se enteraron enseguida y obligaron a los 46 prisioneros restantes a formar en el exterior durante horas bajo un sol abrasador. A continuación, el comandante, apodado ‘El Caballo’, por su rostro caballuno, les ordenó realizar ejercicios gimnásticos hasta la extenuación y correr hasta una cantera abandonada a tres kilómetros con el peso de una piedra. A la mañana siguiente, los SS interrogaron a los deportados y no hubo respuesta, con lo que decidieron colgar con las manos atadas a la espalda a cinco españoles, entre ellos a Félix, los que dormían junto a los huidos. “Romo era de peso ligero y soportó sin gemir los primeros momentos”. Laffitte narró también que el dolor era tan insoportable que para dejar de sufrir lo mejor era dislocarse el hombro, «así que dio un golpe de riñón, le subió una nausea y se desmayó».

Los castigos continuaron durante una semana y Félix tuvo que cumplir un condena extra, afeitar al comandante, al que estuvo apunto de rebanarle el cuello para acabar con su sufrimiento. Sin embargo, recibió ayuda del peluquero Gustave y superó esos días hasta su vuelta a Mauthausen. Un año más tarde, el toledano volvió a toparse con el Caballo en la barbería y notó como el sudor frío se adueñaba de su cuerpo mientras le atendía.

Una estrecha amistad

“Mi padre tenía en casa muchas fotos que había hecho Francis Boix, las entregaron a los juicios de Núremberg y a distintos museos”. En cambio, otras instantáneas de grupo y varias en las que aparecen ambos están guardadas en un altillo de su casa. Los dos eran muy amigos, comunistas y participaron en el robo del material fotográfico que probó las torturas, los crímenes y el sadismo diario de los nazis.

Su hijo recuerda la visita del fotógrafo a casa de su padre, considerado un héroe por sus fotos y su participación en la sustracción de alrededor de 20.000 negativos, aunque sólo aparecieron un millar. Pero Boix no fue el único fotógrafo en Mauthausen, Antonio García y José Cereceda también trabajaron en el laboratorio que guardaba las visitas oficiales, las fotos de registro de los presos, el día a día y los asesinatos, aunque el protagonismo se le atribuye al primero no sin cierta polémica. García le dijo en ocasión al historiador Benito Bermejo que ellos se limitaban a ver, oír y callar, aunque lo cierto es que circulan más versiones y alguna centrada en la enemistad con Boix “por su disposición a lamerle las botas a los SS”, como apunta el historiador David W. Pike en su nuevo libro Dos fotógrafos en Mauthausen.

Imagen del campo de concentración austríaco

También desde hace años corre una versión comunista del robo de las fotos que atribuye la misión de esconderlas a Félix Yébenes, “secretario de la organización secreta” de los españoles en Mauthausen, según comenta Pike en Españoles en el Holocausto. Y es posible que pidiera a Boix que estudiase la forma de sustraer 2.000 fotos para guardarlas en un lugar secreto. Sea cierta o no esta hipótesis, los historiadores sí comparten que el material se repartió y parte se trasladó al comando de desinfección para coserlo en las ropas, al taller de carpintería y al relojero Marcelo Rodríguez para que lo pusiera a recaudo. Más tarde, los deportados lo entregaron al comando Poschacher, formado por jóvenes españoles que trabajaban fuera de Mauthausen gracias a una empresa familiar de construcción que necesitaba mano de obra, y las fotos terminaron en manos de Ana Pointner, una vecina del pueblo que ayudaba a los deportados y las ocultó durante meses.

Muchas fotos se perdieron por el camino, otras circularon de mano en mano y las más impactantes terminaron como prueba en Núremberg. Pero Jean Louis, el hijo de Félix Yébenes, también ha heredado de su padre, fallecido en 1983, unos recuerdos muy valiosos.

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Fotografía destacada: Félix Yébenes y su amigo el fotógrafo Francis Boix

Fuente:https://www.publico.es/politica/memoria-publica/tijeras-salvaron-vida-felix-mauthausen.html

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El experimento de Franco con 50 mujeres en Málaga: en busca del «gen rojo»

Antonio Vallejo-Nájera, psiquiatra del régimen, analizó en 1939 a medio centenar de reclusas mediante encuestas sobre sexo y religión destinadas a demostrar «la perversión» de la izquierda.

diariosur.es / Alberto Gómez / 03-02-2019

Era mayo de 1939. El bando franquista acababa de declarar su victoria en la Guerra Civil, que daría paso a más de treinta años de dictadura. El nuevo régimen necesitaba coser la herida por la que sangraba España, fracturada en dos, y utilizó la pseudociencia como hilo. El médico Antonio Vallejo-Nájera, jefe de los servicios psiquiátricos militares, había planteado una disparatada tesis basada en la creencia de que existía un «gen rojo» que conducía a la perversión moral, sexual e ideológica. Franco había creado meses antes un gabinete de investigaciones psicológicas para buscar una explicación biológica al comunismo, en sintonía con las teorías nazis sobre la superioridad de la raza aria. El ideal franquista descansaba en el militarismo y el nacionalcatolicismo, un espíritu amenazado por la inferioridad mental que, según Vallejo-Nájera, arrastraba el marxismo.

Para tratar de demostrar sus hipótesis, el psiquiatra palentino se rodeó de criminólogos y asesores alemanes y sometió a prisioneros de guerra republicanos, y también a voluntarios procedentes de las Brigadas Internacionales, a pruebas macabras que los llevaron al borde del colapso. Estaba convencido de que «la perversidad de los regímenes democráticos favorecedores del resentimiento promociona a los fracasados sociales». A través de mediciones antropomórficas y encuestas, con preguntas sobre sexualidad o religión, la dictadura intentaba justificar su represión. La investigación concluyó que los ‘rojos’ mostraban un «carácter degenerativo» marcado por su tendencia al alcoholismo, el libertinaje y la promiscuidad, además de una inteligencia inferior a la media.

El régimen franquista detectó una laguna en su propio estudio, manipulado hasta la caricatura: no habían estudiado a ninguna mujer. Para remediarlo, Vallejo-Nájera contactó con el director de la clínica psiquiátrica de la prisión de mujeres de Málaga, Eduardo Martínez. Juntos analizaron a cincuenta reclusas, aunque renunciaron a las evaluaciones físicas al considerar que los contornos femeninos resultaban «impuros». Los resultados, que incluían detalles sobre la vida sexual de las presas, como la edad en que perdieron la virginidad, a lo que se referían como «desfloración», desvelaron que predominaban las reacciones temperamentales y primarias, algo que les permitió afirmar que las mujeres republicanas tenían «muchos puntos en común» con animales y niños. También localizaron comportamientos esquizoides, debilidad mental e introversión.

Antonio Vallejo-Nájera.

Los perturbados psiquiatras del franquismo defendían que las mujeres participaban en política para satisfacer sus apetencias sexuales. El argumentario servía para señalar la necesidad de que la religión católica impusiera sus estrictas normas, por entonces canalizadas por la tenebrosa Sección Femenina, dirigida por Pilar Primo de Rivera con el objetivo de promulgar la sumisión ante los deseos masculinos: «Cuando tu marido regrese del trabajo, ofrécete a quitarle los zapatos. Minimiza cualquier ruido. Si tienes alguna afición, intenta no aburrirle hablándole de ella. Si debes aplicarte crema facial o rulos para el cabello, espera hasta que esté dormido. Si siente la necesidad de dormir, que así sea. Si sugiere la unión, entonces accede humildemente, teniendo en cuenta que su satisfacción es más importante que la tuya».

A la represión franquista, en el caso de las mujeres, se sumaba la misoginia del régimen. La discriminación que sufrían era doble. Pero el lado más tétrico de las investigaciones psiquiátricas ordenadas por Franco en Málaga estaba aún por conocerse; los estudios, cuyas hipótesis se dieron por comprobadas pese a la falta de rigor y la inconsistencia de todo el proceso, escondían un plan para justificar «la segregación de estos sujetos desde la infancia» al entender que esta separación «podría liberar a la sociedad de plaga tan terrible». En otras palabras: al dar por válida la existencia de un «gen rojo» causante de psicopatías y criminalidad, la dictadura creía poder justificar el secuestro de niños republicanos. Se estima que el número de menores robados por el franquismo durante la contienda y en la posguerra, uno de los episodios más crueles y desconocidos de la historia reciente de España, ascendió a 30.000.

Antonio Vallejo Nágera, padre responsable de diseñar la represión franquista posterior

Una investigación de las profesoras Encarnación Barranquero, Matilde Eiroa y Paloma Navarro sobre la prisión de mujeres de Málaga revela que los hijos de reclusas, a menudo encarceladas por delitos tan ambiguos como «rebelión» o «atentados contra la moral pública», permanecían con sus madres, en caso de no poder quedarse con otro familiar, hasta que cumplían tres o seis años, en función de la legislación vigente. Entonces pasaban a ser tutelados por las instituciones estatales y religiosas. La presencia de los menores en las cárceles no consta en los expedientes, algo que ha dificultado los estudios posteriores, aunque de los testimonios recogidos se desprende que la mayoría de niños eran dados en adopción o emprendían carrera como seminaristas, siempre con el objetivo de pulverizar cualquier relación con el pasado.

Los servicios psiquiátricos dirigidos por Vallejo-Nájera y Martínez retrataron a las reclusas de la prisión de Málaga en informes detallados. De las cincuenta mujeres analizadas, más de la mitad habían sido condenadas a muerte, aunque las penas fueran finalmente conmutadas. Otra de las conclusiones dejaba al descubierto la paupérrima consideración que el sistema tenía de las mujeres, a quienes reducía a su papel de madres: «A la mujer se le atrofia la inteligencia como las alas a las mariposas de la isla de Kerguelen, ya que su misión en el mundo no es la de luchar en la vida, sino acunar la descendencia de quien tiene que luchar por ella». Los resultados fueron utilizados posteriormente por Vallejo-Nájera para reclamar «una Inquisición modernizada» que permitiera «higienizar nuestra raza». Murió en 1960 tras publicar cerca de treinta libros, aunque su obra, en un histórico ajuste de cuentas, ha quedado por suerte enterrada bajo polvo y olvido.

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Fotografía destacada: Prisión de mujeres de Málaga.

Fuente:https://www.diariosur.es/sur-historia/experimento-franco-mujeres-20190126170652-nt.html?fbclid=IwAR0Hj2ZKM-_sjoVpdKQrvui71j6-kIYuVSoNOuUOafavY6G8Ntpq952JfRo

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Emilio Silva: “La Desbandá fue uno de los hechos más terribles y desconocidos de la guerra civil”

El presidente de la ARMH (Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica), Emilio Silva, reflexionó en La Cafetera de radiocable.com sobre la tragedia de ‘La Desbandá’. Cuando se cumplen 82 años desde que en la carretera Málaga-Almería se produjera “uno de los hechos quizá más terribles y desconocidos de la guerra civil”.

radiocable.com / 31-01-2019

Cuando la ciudad de Málaga “iba a caer en manos de los fascistas” y sus ciudadanos sabían “lo que habían hecho en los pueblos”, la gente “no se iba a quedar allí a esperar”. Lo que provocó que “entre 30.000  y 50.000 personas salieran corriendo por una carretera” e hicieran esos 200 km “intentando buscar un puerto de refugio”. En ese trayecto “no solo fueron bombardeados por la aviación” sino que hubo barcos cerca de la costa que “también bombardearon a esta gente indefensa”. Lo que lo convirtió en un acto “quizá de los más sanguinarios, inhumanos y atroces” de la guerra.

Silva se pregunta “dónde está la memoria de todos esos refugiados” cuando se cumplen 80 años desde que “casi medio millón de personas salió por la frontera a Francia” en lo que se llamó ‘la Retirada’.

Aunque celebra que haya “resurgido la memoria” y se convoquen actos como las marchas de ‘La Desbandá’. En concreto, la III Marcha Senderista de “La Desbandá” comenzará en la ciudad de Málaga, y terminará la última etapa en la ciudad de Almería.

Escucha”#LaCafeteraMaduremos . Además, Memoria histórica con @emilio_Silva_: La Desbandá” en Spreaker.

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Fuente:http://www.radiocable.com/emilio-silva-la-desbanda-742.html

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La responsabilidad franquista en el Holocausto

Han pasado 74 años desde que se abrieron las puertas de los campos de concentración nazis y 43 de la muerte de nuestro dictador. ¿No es hora ya de contar la verdad y de recordar lo que realmente sucedió?.

eldiario.es/zonacritica / Carlos Hernández / 24-01-2019

Este domingo se celebra en todo el planeta el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. La fecha no fue elegida al azar. Fue un 27 de enero de 1945 cuando las tropas soviéticas liberaron la mayor factoría de la muerte de la Historia: el campo de concentración de Auschwitz. En las próximas horas se realizarán, también en nuestro país, decenas de actos para recordar a quienes sufrieron en sus carnes las garras del nazismo. Políticos y simples ciudadanos pensaremos en los millones de judíos exterminados y volveremos a maldecir a Hitler, a sus lugartenientes y a todos y cada uno de los europeos que hicieron suya la ideología nacionalsocialista.

Es bueno y necesario que sea así. La comunidad hebrea fue la principal víctima y los dirigentes de la Alemania nazi los mayores verdugos. “Principal víctima”, pero no la única; “mayores verdugos”, pero con numerosos cómplices. Por ello, sin restar protagonismo al genocidio judío, no deberíamos olvidar al resto de colectivos que estuvieron en el punto de mira del Reich: gitanos, soviéticos, polacos, homosexuales, testigos de Jehová… Una lista casi interminable en la que nosotros, especialmente, debemos incluir a más de 9.300 españoles y españolas que pasaron por los campos de la muerte de Hitler. Todos ellos provenían del entorno de la democracia republicana, liquidada por una sublevación militar respaldada por la Italia fascista y la Alemania nazi. Afortunadamente, cada año son más los municipios españoles que aprovechan el 27 de enero para homenajear no solo a los judíos, sino también a sus vecinos… A esos paisanos que sufrieron y/o murieron en campos de concentración como Mauthausen, Buchenwald, Dachau o Ravensbrück. Queda mucho por hacer, sobre todo a nivel estatal, pero hemos dado importantes pasos en el reconocimiento de estos compatriotas.

Otra cosa bien diferente es lo que ocurre cuando hablamos de los verdugos de aquel Holocausto. En esto no somos la excepción. Al resto de naciones europeas les ha costado y les cuesta reconocer su responsabilidad en aquellos crímenes. Francia no asumió públicamente hasta 1995 la culpabilidad de sus compatriotas colaboracionistas en la deportación de judíos a los campos de exterminio. Holanda, Bélgica o Ucrania siguen hoy minimizando la demostrada complicidad de buena parte de sus sociedades con los ocupantes alemanes. En Estados Unidos no quieren que se les recuerde el antisemitismo exhibido por no pocos políticos, empresarios y ciudadanos norteamericanos. Aún menos quieren oír hablar en Washington o en Nueva York de la ayuda prestada a Hitler para invadir Europa por algunas de sus multinacionales: la Standard Oil suministró el combustible que el líder nazi necesitaba para sus vehículos, made in USA, fabricados y vendidos por la Ford y por la General Motors. El remate, y nunca mejor dicho, lo firmó IBM poniendo sus equipos preinformáticos al servicio del Reich para elaborar los censos de judíos que facilitarían su exterminio.

Y en España… En España fue aún peor. Uno de los muchos capítulos que el franquismo borró de los libros de Historia fue su odio hacia los judíos y su complicidad no solo con el nazismo, sino también con el Holocausto. No mencionaré hoy las pruebas documentales que demuestran la responsabilidad directa de Franco en la deportación de aquellos 9.300 españoles a los campos de concentración, de los que 5.500 fueron asesinados. Esas evidencias han calado ya, afortunadamente, en buena parte de nuestra sociedad. En estas vísperas del 27 de enero, lo que también toca es recordar cuál fue la actitud del franquismo hacia los judíos.

La España de Franco se construyó, entre otras cosas, reivindicando la herencia antisemita de los Reyes Católicos. “Crearemos campos de concentración para vagos y maleantes; para masones y judíos (…) En territorio nacional no puede quedar ni un judío, ni un masón, ni un rojo”. Titulares como este, de un diario falangista de Cádiz en 1937, pudieron leerse durante toda la guerra contra la República. Tras triunfar la sublevación militar se cerraron las sinagogas y se prohibió a los judíos profesar su religión. Aunque la comunidad israelita era muy pequeña, en ciudades como Ceuta y Melilla donde sí tenía cierta visibilidad se produjeron ataques contra sus miembros. Las humillaciones más frecuentes fueron protagonizadas por falangistas que cortaban, en plena calle, los llamativos rizos que lucían en sus cabelleras los hombres y les obligaban a pasear por la vía pública mientras vaciaban sus intestinos debido a una forzada ingesta de aceite de ricino.

El nuevo régimen surgido tras la guerra no ocultaba su odio al judío y su respaldo a la “limpieza” emprendida por Hitler. Así lo verbalizó en numerosas ocasiones el propio Franco. Un buen ejemplo es su discurso de fin de año, pronunciado ocho meses después de la rendición republicana: “Ahora comprenderéis los motivos que han llevado a distintas naciones a combatir y a alejar de sus actividades a aquellas razas en que la codicia y el interés son el estigma que les caracteriza, ya que su predominio en la sociedad es causa de perturbación y de peligro para el logro de su destino histórico. Nosotros, que por la gracia de Dios y la clara visión de los Reyes Católicos, hace siglos nos liberamos de tan pesada carga, no podemos permanecer indiferentes ante esta nueva floración de espíritus codiciosos y egoístas”.

Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, el régimen y su prensa no solo justificaron, sino que jalearon la persecución del pueblo hebreo. Manuel Aznar, abuelo del expresidente del Gobierno, escribió en ABC poco antes del inicio de las deportaciones en Francia: “Legiones de judíos y de masones cayeron sobre el pueblo francés como sobre un botín inmenso y allí hicieron cebo y carne para sus apetitos”. Lógicamente, cuando se “limpió” París de esas “legiones” de malvados judíos, la reacción de la prensa del Movimiento, teledirigida desde la cúpula franquista, fue de euforia: “Si es la raza perseguida, es por la maldición divina que lleva encima (…) Esos judíos que en Francia, Grecia, Turquía, Italia y costas africanas preparan sus maletas, son un indicio de aquel viejo tesón español de no admitir jamás lo antiespañol y de reconocer solo lo español y cristiano”; “Era de esperar la resistencia de muchos judíos a mostrar la estrella de Sión y el descaro de otros que la exhibían con más insolencia que circunspección. Y la aspiración de otros de frecuentar medios y lugares en que repugnaba la presencia de una casta internacional que es la responsable de los males que afligen a Europa. Ha desenlazado todo esto en un programa gubernativo que se propone resolver con criterio riguroso, implacable, el problema de convivencia entre la población y el elemento hebreo (…) Hoy no me he topado en la calle ni en el Metro con ninguna estrella amarilla. Es un indicio, acaso una prueba, de que la eliminación responde a un designio definitivo e inapelable”.

El régimen conoció y aplaudió cada paso hacia el Holocausto final dado por las huestes de Hitler, tal y como se reflejaba en los discursos y en las informaciones dictadas por el servicio de propaganda franquista y publicadas en los diarios: “Esta Segunda Guerra Mundial, según la profecía del Führer, acabará con la raza judía”; “El gobernador de Varsovia ha publicado un decreto prohibiendo que los habitantes de los barrios judíos se mezclen con el resto de los habitantes de Varsovia. Este decreto ha sido muy bien acogido…”; “El barrio judío de París. Saint Antoine ha sido fumigado, desinfectado mediante la eliminación del censo israelita, el cual acaba de ser conducido a campos de concentración”. Eran los tiempos en que cerca de 50.000 españoles combatían en la División Azul bajo las órdenes del Führer. Los españolitos de a pie leían emocionados las crónicas de Andrés Gaytan, que viajaba con los divisionarios y escribía cosas como esta: “Cuando en alguno de los pueblos donde hemos descansado había judíos, se notaba la diferencia que existe entre esta raza y las demás”; “los judíos, que en su carne pagan todos los pecados de su estirpe maldecida, tienen una mirada tierna de perro apaleado cuando el soldado español no le maltrata sin motivos”.

Mucho más graves que las palabras fueron los hechos. Franco cerró las fronteras e impidió la llegada de los judíos que intentaban escapar desde la Francia ocupada por los nazis. Salvo excepciones, el paso solo se permitió a aquellos que poseían un visado de entrada a Portugal. De hecho, el Gobierno franquista cesó y castigó a sus diplomáticos que, desobedeciendo sus órdenes, se dedicaban a salvar vidas. Así le pasó al cónsul español en Burdeos, Eduardo Propper de Callejón. Rescatar de la muerte a miles de judíos a los que entregó un visado español provocó su relevo, su envío al ingrato consultado de Larache en el norte de África y le imposibilitó de por vida ascender al cargo de embajador.

En Francia, mientras tanto, los diplomáticos españoles solo recibieron de Madrid dos instrucciones: por un lado, no inmiscuirse en la política de los dirigentes nazis y del Gobierno colaboracionista de Vichy; por otro, hacer las gestiones oportunas ante las autoridades para hacerse cargo de las propiedades y de los bienes que abandonaban los judíos de origen español tras ser deportados. El dinero sí interesaba, las personas no. Estos y el resto de cónsules y embajadores informaron puntualmente a Franco sobre el incremento en el ritmo de los asesinatos y de las deportaciones a los campos de concentración.

Algunos embajadores, como Miguel Ángel de Muguiro en Budapest, se apoyaron en un decreto aprobado durante la dictadura de Primo de Rivera que permitía a los judíos de origen sefardí acceder a la nacionalidad española. De Muguiro lo empleó como argumento para conceder pasaportes españoles a centenares de judíos, lo que le costó el puesto y su inmediata repatriación. Su sucesor, Ángel Sanz Briz, continuó con la misma estrategia: también incumplió las órdenes que llegaban de Madrid y logró salvar así a unas 5.000 personas.

Ese antiguo decreto habría permitido a Franco salvar de las cámaras de gas a decenas de miles de judíos. En enero de 1943, en pleno arranque de La Solución Final, Hitler envió una circular a todos sus aliados, entre los que se encontraba España. En ella les daba un plazo de tres meses para “repatriar a sus judíos” de la Europa ocupada. En caso de no hacerlo, no había que ser muy listo para saber que su destino serían los campos de trabajo y/o exterminio. La respuesta que llegó desde Madrid fue de un absoluto desinterés, tal y como reflejaron en sus informes los diplomáticos alemanes. Tanto fue así que el Ministerio de Asuntos Exteriores franquista exigió a sus diplomáticos que se interesaran “solo por aquellos judíos de INDISCUTIBLE nacionalidad española”. Centenares de familias, cuyos ancestros provenían de la Península, acudieron en vano a nuestras sedes diplomáticas para pedir un pasaporte o un salvoconducto que les habría conducido hacia la vida. El resultado final fue desolador. Miles de sefardíes, 50.000 solo de la ciudad de Salónica, acabaron en las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau como consecuencia de esta meditada y premeditada inacción del Gobierno franquista.

En los momentos finales de la guerra, cuando ya se daba por segura la derrota de Hitler, Franco giró hacia los Aliados para intentar garantizar su supervivencia. Desde aquel mismo momento y durante los cuarenta años de dictadura los jerarcas del régimen se ocuparon de destruir la documentación que les señalaba como cómplices directos del nazismo. Tuvieron cuatro décadas para realizar ese trabajo y para reescribir una historia manipulada que continuamos estudiando las generaciones que crecimos en democracia.

Han pasado 74 años desde que se abrieron las puertas de los campos de concentración nazis y 43 de la muerte de nuestro dictador. ¿No es hora ya de contar la verdad y de recordar lo que realmente sucedió? ¿No es hora de señalar con el dedo a Franco cada Día del Holocausto?

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Fotografía destacada: Portada del diario falangista Águilas.

Fuente:https://www.eldiario.es/zonacritica/responsabilidad-franquista-Holocausto_6_860623956.html

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