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La ARMH considera un atropello la “persecución judicial contra cineastas que denuncian el franquismo”

  • La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) considera un atropello que se juzgue a dos cineastas que denunciaban una misa franquista.
  • La Fiscalía navarra actuaría de oficio si en vez de una misa franquista fuera una misa de enaltecimiento terrorista.
  • Un acto de enaltecimiento de los asesinos de miles de civiles no es una misa sino una reivindicación que humilla a las víctimas de la dictadura.

tercerainformacion.es / 13-11-2018

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) considera un atropello la persecución judicial que se está llevando a cabo sobre los cineastas Carolina Martínez y Clemente Bernad. Mañana comienza el juicio por su intento de sacar a la luz un acto de exaltación franquista que trata de camuflarse como de oficio religioso.

Los responsables de la película documental “A sus muertos” se sentarán en el banquillo de los acusados por haber tratado de grabar un acto de exaltación del fascismo que la Hermandad de Los Caballeros de la Cruz celebra todos los 19 de mes en conmemoración del golpe de Estado fascista de julio de 1936, en el Monumento a los Caídos de Pamplona.

Es evidente el interés informativo y social que conlleva el hecho de que un acto de enaltecimiento de la dictadura franquista se celebre dentro de un edificio de propiedad municipal y amparado por la Iglesia Católica. La conmemoración del golpe de

Estado de 1936 podría tratarse de un delito de odio y discriminación el que lleva a cabo la Hermandad todos los meses.

Es evidente que el acto que se realiza allí por parte de la Hermandad de Caballeros de la Cruz supone un acto político y no se puede considerar en ningún caso un acto religioso. Para el presidente de la ARMH, Emilio Silva, “el enaltecimiento de personas que incumplieron miles de veces el quinto mandamiento de la Iglesia Católica, no matarás, no puede ser amparado por la jerarquía de la iglesia católica. Hablamos de que rinden homenaje a los responsables del asesinato de más de 3000 personas civiles, en el territorio de Navarra, y que jamás se arrepintieron por ello sino que se enorgullecieron de haber llenado decenas de fosas comunes de cadáveres de personas que no estaban en el entorno de ninguna guerra, sino que fueron señaladas y asesinadas con un proyecto fascista de depuración social”.

Silva considera que la apertura de este juicio “es un acto de humillación, denigración y desprotección de las víctimas de la dictadura y de un enorme ejercicio de doble moral de la justicia, que en caso de que el rito de exaltación de los asesinos franquistas consistiera en el enaltecimiento de cualquier miembro de un grupo violento terroristas la justicia actuaría de oficio y tendría muy claro quiénes son las personas que deben ser perseguidas judicialmente por el incumplimiento de la ley”.

Documental “A tus muertos”


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Fotografía destacada: Monumento a los Caídos de Pamplona, donde sigue enterrado el golpista genocida Emilio Mola

Fuente:http://tercerainformacion.es/articulo/memoria-historica/2018/11/13/la-armh-considera-un-atropello-la-persecucion-judicial-contra-cineastas-que-denuncian-el-franquismo

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«Un vecino trajo una carta de mi padre en la suela del zapato desde Francia»

La hija de un exterminado en Mauthausen reivindica la historia de los gallegos del Holocausto.

lavozdegalicia.es / Mila Méndez / 11-11-2018

«Me gustaría llorar, pero no puedo». Olga Seijas Fuentes (Barcelona, 1935) lanza el aviso cuando empieza a hablar de su padre. No conserva muchos recuerdos en su memoria ni fotos en su álbum. Sí una carpeta llena de documentos que archiva con la ayuda de su hija Julia. Cómo fue José Seijas Insua, un perito mercantil de Carral, a dar con sus huesos en el campo de concentración de Mauthausen (Austria) es un tema al que aún le da vueltas. «Lloré tanto de niña…». «Que ya no le quedan lágrimas», completa la frase su hija. Olga vio por última vez a su padre en el vagón de una estación de tren de lo que, cree, era Francia. Tenía cuatro años.

La profesión de José Seijas, guardia de asalto en la II República, lo llevó a Barcelona. Allí lo pilló el fin de la Guerra Civil. Huyó con su familia a Francia «y ahí se deshizo todo», resume Olga. Su madre murió pocos años después, cuando ella tenía 12 años. «Regresamos a Carral. La verdad es que nunca se metieron con nosotras ni nos llamaron rojas. Nadie, excepto el cura, él sí que… dudaba. Decía que no estaba bautizada», recuerda Olga. Su madrina, que permaneció en Barcelona, les trasladó el comunicado de Cruz Roja Internacional a los tres años de estar en Carral: José Seijas murió en 1941. «Bueno -matiza su hija-, lo mataron». Fue en Gusen, un subcampo a cinco kilómetros de Mauthausen.

Deportado número 6.551

Unas cartas enviadas antes de ser deportado al campo -primero estuvo reclutado por los franceses- son lo último que conservan de él. «Una la trajo un señor de Vizoño (Abegondo) desde Francia en la suela del zapato. Se jugó la vida. Mi padre también era muy cauto. Le enviaba las cartas a otros familiares. Quería protegernos a nosotras», explica su hija. «Impactoume ver a súa vitalidade, falaba do futuro como algo alentador. Coido que ningún dos españois exiliados en Francia se imaxinaban que ía ser deles. Moito menos o que era un campo de exterminio nazi», cuenta Nieves Villar. Es la coautora, con Miguel Alonso, del libro dedicado José Seijas. La Asociación para a Recuperación da Memoria Histórica (A.R.M.H.) y Cultura Aberta de Carral están organizando una serie de charlas y exposiciones para dar a conocer su historia y la de los españoles víctimas del Holocausto. Seijas fue el deportado número 6.551 de Mauthausen.

COURTESY EVERETT COLLECTION

200 gallegos

Se calcula que fueron 200 los gallegos deportados a los campos nazis. Hay constancia documental de 9.328 españoles. De ellos, 5.185 murieron, 3.809 sobrevivieron y 334 figuran como desaparecidos. «España pudo haberlos reclamado cuando los deportaron, pero Franco no hizo nada por ellos. Sabía cuál era su destino. De hecho, la dictadura intercedió por unos pocos casos», insiste Benito Bermejo, historiador y uno de los mayores expertos sobre los españoles en Mauthausen, el campo al que fueron la mayoría. Este fin de semana también ha viajado a Galicia para participar en los homenajes a las víctimas gallegas. Muertos por partida doble. «Los que no salieron de los campos, quedaron, además, en el olvido. De los que lograron escapar, se pueden contar con los dedos de las manos los que regresaron a España», apunta Bermejo. «Eran unos apátridas para el franquismo», desliza Julia Longueira.

Los españoles portaban dos marcas. La «S», de spaniers, y el triángulo azul. «Indicaba que habían luchado en la Guerra de España. ¡El más joven solo tenía 14 años!», remarca Bermejo. Una viguesa superviviente, Mercedes Núñez, emprendió en los 80 la aventura de seguir el rastro de los gallegos deportados. «Se puso en contacto conmigo, pero desgraciadamente murió al poco tiempo», recuerda Olga Seijas. Núñez no pudo culminar su misión, pero dejó una semilla. «Hay familias que se enteraron hace muy poco. Conocí a más de una docena que no tenían ni idea. Su padre, abuelo… simplemente, había desaparecido. Una incluso llegó a pedir ayuda al programa de televisión Quién sabe donde», resalta Bermejo.

La sociedad española, reitera el historiador, tiene una deuda con ellos. «Mi madre ha recibido una indemnización de Alemania y otra de Francia», apunta Julia. Nada de España. «Antes no se podía ni hablar de esto», admite. Unos por miedo, otros por vergüenza. «Están os familiares que se senten reconfortados ao falar e os que aínda non o superaron e prefiren seguir nun segundo plano», confiesa Nieves Villar.

Compañero de Boix

«Tenemos todo. Su número de deportado, el día de ingreso en los tres campos donde estuvo, hasta cuando murió», detalla Julia, mientras muestra los documentos. Su abuelo atravesó las puertas de Mauthausen en la misma fecha que el fotógrafo catalán Francesc Boix, cuyas fotos fueron uno de los documentos utilizados para demostrar la barbarie nazi. La nieta de José Seijas tiene el libro de Benito Bermejo sobre los españoles exterminados. «Es un libro tan grueso, con tantos nombres, tanta gente muerta», se queda pensando.

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Fotografía destacada: Olga Seijas Fuentes – / Álex López-Benito

Fuente:https://www.lavozdegalicia.es/noticia/sociedad/2018/11/11/vecino-trajo-carta-padre-suela-zapato-francia/0003_201811G11P27991.htm#

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La matanza de las 17 rosas de Guillena, más de 80 años sin justicia

En noviembre de 1937, 17 vecinas de Guillena, en Sevilla, fueron trasladas a la vecina Gerena para ser fusiladas. Sus cuerpos, que en aquel momento se arrojaron a una fosa común, fueron recuperados y enterrados con honores en 2012; el asesinato múltiple sigue sin culpables.

lavozdelsur.es / Paco Sánchez Múgica / 06-11-2018

Los vecinos de Gerena, en Sevilla, tienen grabada la escena, los alaridos, las vejaciones, los cuerpos desparramados en el cementerio, el olor a sangre, las caras blancas y desencajadas, la infamia de aquellas mañanas de unos días de noviembre de hace 81 años. 17 vecinas del cercano pueblo de Guillena fueron fusiladas en 1937, en plena Guerra Civil y después de que las tropas golpistas arrasaran la zona casi sin oposición. Después de ser detenidas meses antes, estas mujeres, de entre 24 y 70 años, eran en su mayoría esposas de huidos del pueblo, participantes en el gobierno del Frente Popular o simpatizantes de movimientos de izquierda, anarquistas, obreros. Se negaban en muchos casos a revelar el paradero de sus maridos, y debían quedarse en el pueblo a cuidar a sus familias.

Antes de subirlas al camión, torturadas, humilladas y rapadas, les dieron el paseíllo por su pueblo, donde había un campo de concentración que surtía de mano de obra al cortijo de Gambogaz, regalado por el franquismo al general Queipo de Llano ese mismo año, y que ahora pretende ser recuperado por las administraciones públicas bajo la presión de los movimientos memorialistas. Luego, horas, días más tarde, fueron asesinadas una a una sin piedad, arrojando sus cuerpos a la fosa común de la que décadas más tarde serían exhumados.

“Recuerda que desde donde estaban, desde la que es hoy ventana del despacho de la Alcaldía, podía verse el cementerio y todos ellos, aterrados, vieron los relampagones de las descargas de los fusiles una y otra vez. Aún no era de día cuando comenzó la matanza”, rememoran desde la asociación memorialista 19 Mujeres de Guillena tras recopilar testimonios de testigos de la matanza.

Otras voces que vivieron aquel espanto relataron en su día a la asociación, como recogen en su página web, “una de ellas iba embarazada, con un barrigón así… Yo vi a aquellas mujeres. Yo no sabía que eran de Guillena. De eso me enteré al día siguiente (…). Eso pasó aquí… hicieron todo lo que quisieron (…) Yo escuchaba los chillidos que pegaban las mujeres allí. Había uno que se llamaba Moña, que las cogía y las arrastraba”. En el libro Las víctimas de la represión militar en la provincia de Sevilla (1996-1963) José María García Márquez considera estos asesinatos “operaciones de limpieza”, pues era la manera de cortar las ayudas y los vínculos entre estas sus mujeres y sus maridos, exiliados a Extremadura para seguir combatiendo en el frente republicano.

Una matanza en la querella argentina contra los crímenes franquistas

Hoy, los restos de las llamadas 17 rosas de Guillena—menos conocidas que las 13 rosas madrileñas— ya han sido recuperados, las pruebas de ADN evidenciaron que incluso una de ellas estaba embarazada de siete meses, pero nunca hubo justicia, algo parecido a la reparación frente a tanto daño gratuito. Es eso precisamente lo que llevan años buscando sus familias y la asociación para la recuperación de la Memoria Histórica 19 Mujeres de Guillena —dos de ellas finalmente fueron indultadas—. La recogida de testimonios que relatan las aberraciones que sufrieron —abusos hasta después de asesinadas— y las pruebas recopiladas durante décadas ponen nombres y apellidos a los autores del crimen múltiple propiciaron la interposición de una denuncia.

Fosa Común de las 17 Rosas de Guillena. Cementerio de Gerena (Sevilla). FOTO: Asociación por la recuperación de la Memoria Histórica 19 Mujeres de Guillena.

En 2016, tres documentos obtenidos en el Archivo General Militar de Ávila por el investigador González Tornero demostraban incluso que la ejecución de las 17 mujeres en 1937 fue planeada. “Eran sujetos peligrosísimos de filiación marxista”, aseguraban sus asesinos. El caso, de hecho, se incluye en la querella argentina contra los crímenes del franquismo. 81 años después de su asesinato, las 17 rosas de Guillena regresaron a su pueblo, a descansar en paz. En 2012, cientos de familiares, vecinos y autoridades homenajean a las represaliadas y las enterraron con honores. 17 cajas de madera, 17 rosas y 17 pequeños rótulos con el nombre de cada una salieron en procesión. El pasado 2017 incluso recibieron la medalla de oro de la Diputación de Sevilla. “Verdad, justicia y reparación”, puede leerse en la placa colocada a la entrada del panteón en el que las mujeres descansan juntas desde hace seis años.

Estos son los datos de las mujeres de Guillena asesinadas por el franquismo que conserva la asociación memorialista 19 Mujeres de la localidad sevillana:

1 – Eulogia Alanis García, “la cunera”.

2 – Ana María Fernández Ventura, “la lega”. Vivía en el Portugalete. Tenía unos 29 o 30 años. Tenía dos hijos, Luciano y Manuela, que llevan los dos apellidos de la madre por ser madre soltera.

3 – Antonia Ferrer Moreno. Natural de Loja. Casada con Cristobal Barroso Rosado (Ronda). tres hijos. Antonio Barroso Ferrer, Francisco Barroso Ferrer y Manuel Delgado Ferrer.

4 – Granada Garzón de la Hera, “la gitana”. 41 años. Casada con Francisco Aguilera Hidalgo (asesinado), al igual que su hijo mayor, José (19 años). Tuvo nueve hijos. Natural y vecina de Guillena.

5 – Granada Hidalgo Garzón. Vivía en c/ Echegaray nº 6. Viuda. 70 años. Sabía leer.

6 – Natividad León Hidalgo. 52 años. Casada con Antonio León García. Tenía dos hijos; uno de ellos, José León León, baja en padrón municipal al igual que ella sin causa. Vivía en c/ Pablo Iglesias, nº32.

7 – Rosario León Hidalgo. 41 años. Casada con Francisco Prieto López. Tenía tres hijos. Vivían en c/Pablo Iglesias. Nº 36.

8 – Manuela Liánez González, “la esterona”. Casada con Eduardo Rodríguez Membrilla. Fue detenida por no declarar el paradero de su marido, huido a la entrada de la tropas franquistas en Guillena. 46 años. Tenía dos hijas, Manuela e Isabel.

9 – Trinidad López Cabeza. 50 años. Tuvo ocho hijos (uno de ellos murió de pequeño). Fue detenida en su casa; su hija mayor se ofreció para ir en su lugar; no volvió a ver a su madre.

10 – Ramona Manchón Merino. 44 años. Casada con Antonio Palacios Sarcia (asesinado), figuran 4 hijos. Vivían en c/ Agustina de Aragón nº 23. Baja en padrón sin causa.

11 – Manuela Méndez Jiménez. 24 años. Casada con Manuel Domínguez Garzón (desaparecido). Vivían en c/ Sevilla, nº 1. Dos hijos, José y Antonio, de cinco y tres años. Detenida por no revelar el paradero de su marido.

12 – Ramona Navarro Ibáñez. Casada con José María Macero Maya. 24 años. Con dos hijas, Antonia y Carmen. Vivía en c/ Pablo Iglesias nº 1. Baja en padrón municipal sin causa.

13 – Dolores Palacios García. 46 años. Casada con Antonio Hidalgo Garzón. Tenían nueve hijos. Vivían en c/ Pablo Iglesias nº40. Baja en padrón municipal sin causa.

14 – Josefa Peinado López. 55 años. Casada con Manuel Peinado Gonzalez y vivian en c/ Pablo iglesias nº 3. Tenían dos hijos, Guillermo y Cipriano (ambos eliminados del Padrón municipal).

15 – Tomasa Peinado López. 61 años. Casada con Antonio Fernández Moray. Tenían cinco hijos, tres de ellos (Antonio, Francisco y Jose) fueron baja junto a ella del Padrón Municipal sin causa. Vivían en c/ Pablo Iglesias nº 54.

16 – Ramona Puntas Lorenzo. 52 años. Casada con Germán Franco Santiago (asesinado). Tenia una hija, Josefa. Vivían en c/ Ramon y Cajal nº 3. baja en padrón municipal sin causa.

17 – Manuela Sanchez Gandullo. 57 años. Casada con Emilio Valdivia Puntas. Vivían en c/ cervantes nº 24. Tres hijos. Su marido fue un destacado miembro de Unión Republicana Local, no represaliado.

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Fotografía destacada:  Algunas de las 17 mujeres de Guillena que fueron asesinadas en la vecina Gerena

Fuente:https://www.lavozdelsur.es/la-matanza-de-las-17-rosas-de-guillena-mas-de-80-anyos-sin-justicia/

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La fosa común que esconde los horrores del campo de concentración franquista de Albatera sale a la luz

El de Albatera, en Alicante, fue el campo de concentración más importante de la España de la posguerra, con hasta 16.000 personas internadas.

Testimonios recogidos por el arqueólogo Felipe Mejías han permitido localizar la fosa común del campo: “La única forma de saber dónde están los muertos es preguntando a la gente”.

eldiario.es / Emilio J. Martínez / 03-11-2018

Fue el campo de concentración más importante de la España de la posguerra. Allí fueron a parar una vez acabó el conflicto bélico destacados cargos republicanos, alcaldes, militares o artistas que se habían quedado sin billete en el último buque que salió de Alicante camino del exilio, el Stanbrook. Pese a que la crueldad y el horror se dieron cita en el que antes de su reconversión había sido el campo de trabajo más emblemático de la República (destinado a presos que incluso contaban con permisos de fin de semana), el de Albatera es actualmente uno de los más desconocidos de los casi doscientos que llegaron a existir. Ahora, el arqueólogo e investigador Felipe Mejías arroja luz sobre un enclave que el franquismo se apresuró en borrar.

Pese a ello, gracias al trabajo que ha venido realizando el también historiador para la cátedra Interuniversitaria de Memoria democrática de la Comunidad Valenciana -en la que participa la Conselleria de Justicia, así como la Universidad de Alicante, la Universitat de València y la Universitat Jaume I de Castelló- ha podido dar con la ubicación de la fosa común, “o pequeñas fosas” del campo de Albatera, situado actualmente en el término municipal de San Isidro. En esta localidad ha desgranado este sábado sus indagaciones en las XI Jornadas sobre el Campo de Concentración que ha organizado la Coordinadora de Asociaciones por la Memoria Histórica de Alicante (Coahmi).

“La única forma de saber dónde están los muertos es preguntando a la gente”, explica Mejías, quien detalla a eldiario.es el proceso que ha seguido hasta dar con el hallazgo. Anteriormente, otros investigadores iniciaron el mismo cometido, pero se encontraron “con el miedo o ignorancia” de los propietarios de las tierras agrícolas donde se asentó el campo, un terreno en el que solo ha quedado en pie la caseta de los guardias o “cuina”. Sin embargo, los contactos de Damián Sabater, conocido por renunciar a la alcaldía de San Isidro en marzo de este año tras cumplir su programa electoral, le abrieron varias puertas.

Así, Felipe Mejías ha podido hablar con un antiguo operario y tres propietarios. En concreto, con un agricultor que en los años 50 labrando se topó con “un cráneo con pelo y cuero cabelludo a metro y medio de profundidad”; en otro emplazamiento, el descubrimiento macabro fue el de “un brazo con los huesos todavía en conexión anatómica”; y otro testimonio dio con un fémur. En definitiva, “todos coinciden en señalarme un sitio concreto” de un área que en su conjunto abarca los 700 metros de largo.

Era la época en la que llegaron a esta zona del sur de la provincia de Alicante colonos procedentes de otros puntos del país para cultivar las tierras dentro del proyecto del Instituto Nacional de Colonización del Ministerio de Agricultura. “Esa gente trabajaba todos los días en el campo y cuando se encontraban con huesos humanos los encargados les decían que eso eran muertos de la guerra que no había que hacer caso”, rememora Mejías.

Otros de los testimonios de esos años los aportaron unos niños que contaron siendo ya adultos que iban con frecuencia a esa zona con sus bicicletas a coger dátiles y que un día vieron una fosa abierta con cadáveres “y cuando volvieron al día siguiente ya la habían tapado a la mitad”. Esta pista y la aportada por labradores que al cavar se encontraron con cemento oscuro, “que seguramente sea cal viva”, tendría la lectura para el arqueólogo de que la fosa podría estar en varias capas “lo que indicaría filas superpuestas”.

Asimismo, el operario le ha contado a Mejías que trabajando allí en 1977 cuando el Ministerio de Agricultura le encargó trazar zanjas en todos los bancales para evacuar el agua de una zona de saladar “salieron varios muertos en varias zanjas separadas en intervalos de ocho a diez metros entre cada zanja”, pero el descubrimiento “volvió a silenciarse”. Además, otros testimonios como los de los hijos de los dueños de esas tierras le han puesto en la pista de las palmeras donde siguen estando los agujeros de los disparos de los vigilantes de las torres.

Los planes de Mejías, responsable para la provincia de Alicante de localizar fosas comunes, pasan ahora por realizar “un estudio en mayor profundidad” del campo cuya ubicación exacta y perímetro tiene localizado gracias a unas fotografías aéreas de 1946 realizadas por los americanos. “Es curioso, porque en ellas se ve la estructura de un campo que desde el terreno no se percibía porque lo habían arrasado y solo permanecían algunos escombros”, explica. Tiene previsto con la ayuda de un georradar terminar de hacer la prospección que se ha iniciado de la fosa o pequeñas fosas comunes encontradas para acabar finalmente excavando el terreno, “localizar los cuerpos y entregárselos a los familiares”.

Fallecimientos y supervivientes

En un lugar que pasó de dar cabida como campo de trabajo republicano a 1.600 presos -sin que se registrara ningún fallecido- a 16.000 según Ginés Saura, miembro de Coahmi, ¿cuántas personas podrían permanecer enterradas? “Imposible saberlo de momento”, responde Felipe Mejías. En el registro civil de Albatera constan ocho muertos durante los seis meses que permaneció abierto el campo –de abril a octubre de 1939-, según el historiador Miguel Ors. Pero como apunta el también historiador Francisco Moreno, “los testimonios orales hablan de muchas más víctimas”. “Por fusilamiento las estimaciones que tenemos son entre 10 y 30 personas aproximadamente”, apunta Mejías.

A este respecto cuenta en un documental Eduardo de Guzmán, un periodista anarquista preso, que lo pusieron en formación junto con otros compañeros y “fusilaron delante de nosotros a tres muchachos”. No obstante, “lo más seguro es que los principales motivos de muerte en el campo fueran de enfermedad, penuria, deshidratación y hambre”, aclara Mejías.

Entre las fallecidas se encuentra la hija del histórico dirigente del PCE Santiago Carrillo, presa en este campo junto con su primera mujer. “Allí mi hija contrajo una enfermedad que acabó con ella. La niña era pequeña y no había leche, no había nada y las condiciones fueron realmente trágicas”, recuerda en el documental Rejas en la memoria. En anteriores jornadas organizadas por la Coamhi pasó el poeta comunista Marcos Ana, quien recordó cómo se fugó del campo de Albatera para acabar siendo detenido en Madrid y convertirse en el preso que más tiempo paso en una cárcel franquista.

Otros de los testimonios, que también ha fallecido, es el de Juan Ramos, recuerda Saura. Estuvo preso en el campo con 14 años y tiempo después en un documental reconoció la cara de Rudolph Hess, ministro de confianza de Hitler, del que recuerda que cuando fue a beber agua del suelo tras varios días deshidratado le dio una patada en el estómago.

La dureza del día a día la contó en los años 80 Juan Caba quien tras revelar que a él y a otros republicanos capturados les llevaron desde Alicante a Albatera en un vagón de tren abarrotado con cien personas donde murieron varios por asfixia, llegaron al campo donde “las torturas y vejaciones” fueron una constante y el hambre el principal problema. Les entregaban cada dos o tres días “una lata de sardinas de 125 gramos y un chusco de 200 gramos para cada 5 personas”.

La fotografía

El trabajo de investigación de Felipe Mejías, condensado en un artículo de 60 páginas que publicará en breve, incluye documentación gráfica que hasta ahora no había visto la luz como la fotografía que acompaña el artículo.

La imagen está fechada en febrero de 1938, cuando el campo de Albatera todavía era republicano. En contra de la opinión que todavía está extendida de que el campo anterior a Franco era de concentración, tanto Mejías como Saura niegan la mayor. “Era de trabajo, de rehabilitación de presos por razones de delincuencia común o políticas”, explica Saura. “El campo republicano tenía barracones donde dormían bajo techo, enfermería, y con un régimen de visitas de familiares”, explica Mejías. “Incluso algunos por buen comportamiento tenían los fines de semana libres y volvían el lunes”, añade. “Era un campo emblemático para la República, del que se sentían orgullosos por representar un sistema penitenciario novedoso”, concluye el arqueólogo.

Pero fue acabar la guerra civil y el bando nacional aprovechó la infraestructura para cercar a miles de personas que habían quedado atrapadas en el lado perdedor. A partir del 1 de abril de 1939 hasta que Franco ordena su cierre el 27 de octubre de ese año, “pasó a ser un campo de concentración puro y duro”, señala Mejías quien duda de que, como apuntan algunos historiadores, fuera también un campo de exterminio. “No estaba pensado para ese fin, el de exterminar a gente como ocurrió con los nazis, pero lo cierto es que sí que dejaron morir a la gente de hambre y sed”.

“Yo pienso que el campo de Albatera tenía una semejanza con esos campos de exterminio, aunque quizás lo que tenía era menos estructura, porque esto era muy artesano en todo”, reveló en su momento el preso Narciso Julián.

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Fotografía destacada: Aspecto que presentaba el campo de trabajo republicano de Albatera en febrero de 1938. BIBLIOTECA DIGITAL HISPÁNICA (BIBLIOTECA NACIONAL), REPORTAJES GRÁFICOS LUIS VIDAL

Fuente:https://www.eldiario.es/cv/alicante/comun-esconde-horrores-concentracion-Albatera_0_831866998.html

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El cómic despierta conciencia sobre la memoria democrática en España

Sento Llobel, Paco Roca, Antonio Altarriba y José Pablo García, importantes historietistas del cómic español han aportado sus novelas gráficas sobre la guerra civil y la represión franquista para ser expuestos en la nueva muestra del Archivo Histórico Provincial de Alicante, titulada Imágenes de la memoria democrática: el cómic como recurso didáctico.

publico.es / María Serrano / 04-11-2018

“El terror es como una gangrena que nos degrada a todos.. A lo verdugos los hace sádicos… A las víctimas las hace pasivas A los espectadores los hace cómplices” (Dr Uriel Sento Llobell). Una de las primeras viñetas de la muestra sobre el cómic como recurso para conocer la guerra civil lanza un mensaje fundamental sobre lo que fue y ha sido el conflicto del 36 y la dictadura de Franco para muchos españoles.

María del Olmo Ibáñez, directora del Archivo Histórico Provincial de Alicante, relata a Público la importancia de acercar, a través de los diferentes paneles (un total de siete) “este período convulso de la historia reciente de España tan desconocida para muchos de estos jóvenes”. Los escolares que visiten la exposición, realizada en colaboración con el CEFIRE (Específic d’Àmbit Humanístic Social), conocerán por episodios la guerra civil y la formación de los bandos, la represión posterior, las imágenes de los combates, el exilio republicano al final de la guerra, la lucha continuada tras la “paz” de Franco y finalmente la vida cotidiana de los vencedores y vencidos durante la dictadura militar.

Los detalles están estudiados con sumo cuidado en cada una de las exposiciones que el archivo alicantino acoge anualmente. Del Olmo recuerda como el pasado año la muestra sobre Miguel Hernández emocionó a muchos de los organizadores por los mensajes que aquellos escolares dejaron al poeta de Orihuela. “No intentamos nunca que sean paneles puramente informativos, por eso en 2017 con la historia trágica de Hernández de fondo logramos que en un campo de cebollas, que representaba el hambre y la miseria de la posguerra, los escolares escribieran mensajes dentro de la escena”, aclara.

“No intentamos nunca que sean paneles puramente informativos, por eso en 2017 con la historia trágica de Hernández de fondo logramos que en un campo de cebollas”

Algunos de ellos dieron las gracias a Hernández por su poesía, otros escribían a familiares que habían muerto o desaparecido durante la guerra. “Es una verdadera sorpresa ver como sus emociones se contagian con un período que les parece lejano pero que saben que se vivió en su misma ciudad”.

Con esta nueva muestra sobre el cómic como recurso didáctico se pretenden mostrar dos cuestiones fundamentales. “Una selección de la obra gráfica de los autores Sento Llobel, Paco Roca, Antonio Altarriba y José Pablo García y documentos originales del AHPA, de manera que muestre dos planos sobre la realidad y la ficción” de una etapa tan reciente, añade Del Olmo. La exposición irá acompañada también de un taller didáctico a realizar por los centros escolares que la visiten, además de mostrar originales cómics de época. Entre ellos, ejemplares del TBO, Búfalo Bill, Capitán Trueno o El Guerrero del Antifaz, entre muchos otros.

La ‘Novena’ en París, fusilamientos y un tragedia familiar para dar muestra de lo ocurrido

El panel sobre el cómic Los Surcos del Azar de Paco Roca es uno de los primeros que se visitan al llegar a la muestra. “Se ve la escena de entrada de La Novena en París en mayo de 1943. Las viñetas dibujan a aquellos soldados republicanos al frente de los tanques y con uniforme americano”, asegura Del Olmo. La dicotomía entre libertad y el final de una guerra. La imagen de unos soldados que habían tenido que luchar, sin jamás pretenderlo, en dos guerras seguidas.

Los recuerdos de Miguel Ruiz, republicano exiliado en Francia, reconstruyen la curiosa historia de La Nueve en el cómic, una compañía que nació bajo las órdenes del capitán Dronne y fue integrada en la segunda división blindada del general Leclerc.

La mayoría de los hombres era españoles y republicanos. Apenas habían cumplido los 20 años. Su autor señala como ninguno sabía entonces que en la noche del 24 de agosto de 1944 serían los primeros en entrar en París. Sus carros llevaban nombres como Madrid, Don Quixote, Guadalajara, Ebro o Guernica….

El autor valenciano Sento Llobell muestra otra gran panel de fusilamientos, la fosa de Paterna (Valencia) y la cruda historia del suegro de Sento, el doctor Uriel, un joven de veintidós años que durante el verano del 36 empezó ilusionado su andadura profesional sin saber que su vida se iba a convertir en una auténtica pesadilla. Pablo Uriel fue un médico encarcelado durante la Guerra Civil y obligado a servir como sanitario al bando golpista.

Aún en plena dictadura el doctor Uriel consiguió escribir sus memorias que vieron la luz en una pequeña edición familiar. Llobell recuerda lo impresionado que quedó al leer las memorias de su suegro, escritas dos años antes de su muerte en 1990.

Botellas de cristal para no perder el nombre de los fusilados.

La directora del archivo María Del Olmo destaca como en el panel de Sento se muestra también la imagen de la fosa de Paterna para evidenciar el terror vivido, los asesinatos impunes y la curiosa historia que esconde esta fosa. “La fosa de Paterna guarda una historia increíble que trata de cómo el enterrador de los cuerpos durante aquellos días guardó con delicadeza cada uno de los nombres de los vecinos que fueron asesinados en pequeñas botellas de cristal”. Aquel detalle ha permitido que hoy sus descendientes conozcan sus nombres y pueda ser identificados: “Además hemos querido que el panel de Sento tenga la imagen de las botellitas reales y así puedan dejar los estudiantes mensajes en su interior”.

Antonio Altarriba es el padre de otro de los escritores que participa en la muestra y que lleva su mismo nombre. Con su novela gráfica El arte de volar ganó el premio nacional de Cómic en 2010. La historia de su novela nace a partir del suicidio de su padre.

Altarriba hijo se emocionó muchísimo al ver el panel que mostraba la triste historia de su padre, quien a los 90 años, ingresado en una residencia de La Rioja, se arrojó al vacío por una ventana del geriátrico donde se encontraba ingresado.

“Es muy significativo que en la exposición se pueda ver también como aquella tragedia dejó a miles de familias desestructuradas”

Altarriba combatió en su juventud como soldado en el bando republicano, sobrevivió en la resistencia al sur de Francia durante los años de la posguerra, y en el exilio interior cuando regresó a España en los años cincuenta.

Para este panel también se toman viñetas de la otra novela gráfica de Altarriba Alas Rotasque termina de evidenciar la ruptura de muchas de aquellas familias al finalizar la guerra civil. “Es muy significativo que en la exposición se pueda ver también como aquella tragedia dejó a miles de familias desestructuradas y el sufrimiento de muchas mujeres, como la madre de Altarriba, en el silencio más absoluto” afirma la directora del archivo alicantino.

El panel sobre el cómic Alas rotas de Altarriba se realizó en tres dimensiones: El águila volando, las pequeñas flechas y el yugo que persiguen a un hombre huyendo de los recuerdos de aquella guerra y que señala la figura real de su padre, protagonista del cómic.

El último de los autores que aparece en la muestra es José Pablo García con La Guerra Civil Española una adaptación del libro del historiador británico Paul Preston al formato cómic. El joven historietista García ha tomado de referencia este manual histórico sobre el conflicto para hacer un relato común de la tragedia que sirva para preservar la verdadera memoria de aquellos días.

María del Olmo señala a Público que no hay que olvidar el lugar de acogida de la muestra, Alicante, una ciudad clave al final de la guerra civil. “Para nosotros es una tema de referencia, el último bastión de aquellos republicanos desesperados en su huida”. La directora relata cómo en el archivo se encuentran las listas de detenidos. “Todos figuran como indocumentados porque tiraron sus pasaportes al mar al ver a las tropas de Franco llegar” el 1 de abril de 1939. Los pasajeros del famoso vapor republicano Stambrook que zarpó en el último momento a pesar del intento de los cañonazos franquistas y que dejó a tantas familias rotas en una Alicante que albergaba a cientos de resistentes del otro bando. Una estampa que tampoco hay que olvidar.

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Fotografía destacada: Foto de la exposición.

Fuente:https://www.publico.es/politica/memoria-publica/franquismo-comic-despierta-conciencia-memoria-democratica-espana.html

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Les Valls acoge actividades sobre la memoria histórica organizadas por El Molí

Hicieron entrega de los 2.500 euros recaudados con la representación de «La Bolcheviqui del Carme».

eleconomico.es / 31-10-2018

Memoria, solidaridad y emoción fue lo que se transmitió este pasado sábado en el auditorio municipal de Quartell en el acto organizado por la Associació Memòria Històrica de Quart de les Valls “el Molí”, con la colaboración del Ayuntamiento de Quartell.

El acto comenzó con la entrega a la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica por parte de la asociación “El Molí” de los 2.500 euros que se pudieron recoger gracias a lo recaudado con las cinco actuaciones de teatro de “La Bolcheviqui del Carme” en los municipios de Benifairó de les Valls, Quart de les Valls, Quartell, Faura y Sagunto. Fueron los propios actores y actrices junto a los concejales y alcalde de Quartell, Pere Campos, quienes entregaron al portavoz de esta entidad, Bonifacio Sánchez, quien viajó desde Madrid para participar en el acto, esta donación que servirá para ayudar con las exhumaciones e identificación de los represaliados por el franquismo.

Bonifacio Sánchez participó también proyectando dos vídeos muy representativos “La tierra habla” y “La intervención del poeta Manuel Rivas en el homenaje en Rivas-Vaciamadrid a los republicanos en 2004”, en ambos vídeos se explica el importante trabajo de la asociación cara a los familiares de las víctimas y el espíritu de la importancia de la memoria para el presente y el futuro de la sociedad. Agradeció a la asociación El Molí la iniciativa dándoles su apoyo en futuras colaboraciones, añadiendo que junto a un sindicato noruego han sido las dos únicas entidades que se han solidarizado con la causa y que al igual que hicieron con el sindicato se informara a los familiares de dónde viene la ayuda económica, invitándoles en la finalización del proceso al acto de entrega de los cuerpos a sus familias.

Para finalizar el acto, se realizó la lectura dramatizada de la obra de teatro, “La sonrisa de Eulalia”, cuya directora Mariola Ponce creó en base los artículos periodísticos de Ximo Estal, dando voz los actores José Olmos, Miguel Del Río y Vicent Ortolá a los miles de civiles republicanos que siguen esperando a ser desenterrados de las fosas. La colaboración de Pez en el agua que ya viene siendo habitual con la Associació de la Memoria Histórica de Quart de les Valls”, cerró uno de los actos más sensibles y emotivos organizados hasta ahora.

Por otro lado, el pasado viernes en el Espai Cultural el Tabalet de Benifairó de les Valls la Associació “El Moli”, con la colaboración del ayuntamiento , también presentó el libro “Quart de les Valls poblé republicà, de refugis i refugiats” y proyectó el documental “Refugis i refugiats” a cargo de los autores y miembros  de la asociación Estel Bosó, José Sevillà y Ximo Estal.

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Fotografía destacada: La entrega de la recaudación se llevó a cabo en el Auditorio de Quartell

Fuente:https://eleconomico.es/comarca/128501-les-valls-acoge-actividades-sobre-la-memoria-historica-organizadas-por-el-moli

 

 

 

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La familia de una combatiente antifascista recuperará los bienes que le robaron los nazis: “Nunca imaginé que podríamos conseguirlos”

La murciana Braulia Cánovas luchó en la Resistencia francesa, fue capturada y deportada al campo de concentración de Ravensbrück, donde los nazis le robaron un reloj y un anillo.

El Servicio Internacional de Rastreo (ITS) almacena algunos objetos de las víctimas del nazismo. En breve la familia viajará a Alemania para recuperar sus enseres personales: “Nos hace mucha ilusión”, afirma su hija Marie Christine

Su compromiso antifascista no pasó desapercibido, siendo reconocida por el Gobierno francés con una de las más importantes distinciones: la Legión de Honor.

eldiario.es / VÍctor Peñalver / 30-10-2018

La heroína murciana de la Resistencia francesa, Braulia Cánovas Mulero, sufrió la deportación a los campos nazis por su lucha contra las tropas alemanas de ocupación. Pero a las condiciones inhumanas propias del cautiverio en estos centros represivos se unió el expolio ejercido por los nazis contra todos aquellos a los que capturaban. A la deportada murciana le robaron un anillo y un reloj. Ahora, después de más de setenta años, la familia podrá recuperar esos enseres personales.

El Servicio Internacional de Rastreo (ITS) almacena los objetos robados a las víctimas del nazismo, entre los que se encuentran los pertenecientes a 68 españoles. Esta institución, con sede en la ciudad alemana de Bad Arolsen (Hesse, distrito de Waldeck-Frankenberg), intenta, con ayuda del Gobierno de Alemania, devolver todos esos objetos a los familiares de los perseguidos por el III Reich. En este sentido, el historiador Antonio Muñoz Sánchez, especialista en el estudio de los republicanos españoles esclavizados por el nazismo, se sorprende por la nula colaboración del Gobierno de España para intentar encontrar a esos familiares: “Muchos países europeos destinan fondos públicos para esta labor; sin embargo, en España esta tarea la están realizando investigadores y asociaciones de manera altruista, cuando debería ser una cuestión de Estado”, afirma desde Lisboa el investigador, mientras recalca que “la democracia española, después de cuarenta años, todavía está a tiempo de enmendar parte de su desidia”.

El trabajo de investigación realizado por el eldiario.es ha permitido localizar a algunos de los descendientes de Braulia Cánovas Mulero e informarles de que el ITS conserva los bienes que le fueron requisados durante su deportación al campo de concentración de Ravensbrück: “Estoy sorprendida. Nunca imaginé que podríamos conseguirlos”, comenta su hija Marie Christine Jené desde París. Para ella, este descubrimiento ha supuesto una mezcla de sentimientos encontrados: “Por un lado siento tristeza al imaginar ese momento en el que le robaron sus cosas, pero también estoy feliz porque Alemania, consciente de todo el daño que ha causado, ha sido capaz de reconocer el horror, pedir perdón y honrar la memoria de los héroes como mi madre”.

El anillo de Braulia se encuentra en el archivo del International Tracing Service (ITS) BAD ARLOSEN (ALEMANIA)

La familia y el ITS han acordado reunirse en Alemania para recoger personalmente el reloj y el anillo, un encuentro al que acudirán descendientes de Braulia que residen en Francia y en Cataluña: “Nos hace muchísima ilusión. Cómo me gustaría que mi madre estuviera viva y pudiera disfrutar de ese momento”, expresa emocionada Marie Christine.

‘Monique’, la joven murciana antifascista

Braulia Cánovas Mulero nació en Alhama (Murcia) en 1920. En los años treinta, su familia emigró a Barcelona por motivos económicos y con el final de la Guerra Civil decidieron cruzar los Pirineos y exiliarse a Francia junto con el más de medio millón de republicanos que intentaba huir de la violencia franquista.

El inicio de la Segunda Guerra Mundial y la posterior incursión de la Alemania nazi en territorio francés despertó el sentimiento antifascista en Braulia y, con apenas 20 años, decidió integrarse en la Resistencia bajo el pseudónimo de ‘Monique’: “Ese nombre la acompañó hasta el final de sus días. Yo me llamo Mónica en su honor y lo llevo con mucho orgullo. Era una mujer fuerte y valiente”, cuenta a este periódico Mónica Cánovas, sobrina de Braulia.

Como resultado de su lucha, la murciana fue detenida en la ciudad de Perpiñán en 1943 para después ser enviada al centro de prisioneros de guerra de Compiègne (Hauts-de-France).

En febrero de 1944 sufrió la deportación al campo de mujeres de Ravensbrück (Fürstenberg, Alemania), en el que estaba obligada a trabajar en la fabricación de máscaras de gas para la empresa Continental Gummi-Werke. En abril de ese mismo año, cuando los Aliados se aproximaban a la zona, los dirigentes nazis trasladaron a los reos al campo de Bergen-Belsen (Baja Sajonia, Alemania). Finalmente, el 15 de abril de 1945, Cánovas Mulero pudo ser liberada y regresó a Francia, donde sería recibida con honores.

Homenajeada en Francia, olvidada por España y reconocida en su pueblo natal

El Gobierno francés reconoció el activismo de Braulia con la entrega de la ‘Cruz deChevalier (Caballero) de la Legión de Honor a título militar’: “No recuerdo la fecha, pero se la otorgaron al poco de terminar la Segunda Guerra Mundial”, comenta Marie Christine.

Braulia Cánovas con de Oficial de la Legión de Honor entregada por Francia en 1984 JOSEP CÁNOVAS / PARÍS

El 1984, el Ejecutivo del presidente François Miterrand aumentó el valor de la distinción y le concedió la Legión de Honor, pero ahora con el grado de Officier (Oficial): “Pocos españoles tienen este título. Eso me decía mi madre, que siempre se sintió orgullosa por el cariño mostrado por el pueblo francés”.

Monique, como le gustaba ser nombrada a Braulia, falleció en Barcelona en 1993 a causa de una grave enfermedad y jamás tuvo un reconocimiento por parte del Estado español. Aun así, el Ayuntamiento de Alhama le hizo un homenaje este año a título póstumo junto a los cuatro vecinos de la localidad que sufrieron el infierno de los campos nazis: “Cuando nos enteramos que Alhama realizó este acto nos alegramos muchísimo. Les damos las gracias por acordarse de mi tía y de esta gente anónima que dio tanto en su lucha contra el fascismo. El valor, coraje y determinación de estos hombres y mujeres debe continuar siendo nuestra guía para conseguir un mundo mejor”, destaca su sobrino Josep Cánovas.

Monolito que rinde homenaje a los cinco vecinos de Alhama deportados a campos nazis

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Fotografía destacada: Braulia Cánovas con su hijo François Jené en 1954 / Reloj robado por los nazis en su cautiverio en Ravensbrück JOSEP CÁNOVAS / FRANCIA

Fuente:https://www.eldiario.es/murcia/sociedad/combatiente-antifascista-recuperara-Jamas-conseguirlos_0_830117949.html

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La Comunidad de Madrid “oculta” a los 9.300 republicanos españoles deportados a campos nazis

La Consejería de Educación convoca una sesión formativa sobre el holocausto sin nombrar a los deportados por los nazis.

diario16.com / Eva Maldonado / 29-10-2018

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ha presentado una queja ante la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid por la convocatoria de una jornada pedagógica relacionada con el Holocausto a la que se han invitado a cientos de profesores de centros de enseñanza de la comunidad en la que ni siquiera se mencionan a los 9.000 españoles deportados por la colaboración de Franco y Hitler.

Coincidiendo con el estreno de la película “El fotógrafo de Mauthausen”, el primer largometraje de ficción que narra la historia de algunos de los deportados por los nazis. La Comunidad de Madrid ha convocado para el día de hoy en un instituto madrileño a una jornada de formación en torno a la película “El jugador de ajedrez”.

El año pasado la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica solicitó a la presidenta del Parlamento madrileño la lectura de los nombres de todos los deportados de la Comunidad de Madrid en el acto que cada año se celebra el 27 de enero en memoria del Holocausto. La respuesta de la Comunidad de Madrid fue que leer solo los nombres de los madrileños sería una forma de marginar al resto de víctimas.

Pero lo que se demuestra en esta convocatoria formativa en la que se nombran algunos colectivos de víctimas pero no a los republicanos españoles es que se trataba de un ejercicio de negacionismo tratando de desvincular el franquismo del nazismo y a partir del conocimiento de la historia a quienes después de luchar contra el Golpe de Estado el 18 de julio y ser obligados a exiliarse de España al sureste francés para salvar la vida fueron llevados hasta los campos de concentración nazis en los que murieron 5.300 republicanos españoles.

Independientemente de cómo esté organizada la sesión formativa el discurso político de la convocatoria llevada a cabo por la Consejería forma parte de una estrategia de negacionismo. La misma que hizo que la exposición de Auschwitz, que desde hace casi un año se exhibe en el Canal de Isabel II de Madrid, en la que se colocó un pequeño panel dedicado a los deportados españoles tras una protesta de la ARMH. Ocurre lo mismo en la audioguía de la exposición, que relata los hechos, y dice que los republicanos españoles fueron “llevados” a los campos nazis y no “deportados”. Algo que recuerda a la triste palabra “paseados” con la que durante décadas se han denominado a los asesinados por la represión franquista.

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Fuente:http://diario16.com/la-comunidad-madrid-oculta-los-9-300-republicanos-espanoles-deportados-campos-nazis/

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La brigada desconocida

La presencia de soldados marroquíes y de las mujeres, nuevos flancos de estudio sobre las Brigadas Internacionales, a los 80 años de su desfile de despedida en Barcelona.

elpais.com / Carles Geli / 27-10-2018

Parapetados tras sus boinas y sus cazadoras con cuello de franela, no hay prácticamente ni uno que sonría. Y eso que, en principio, dejaban la guerra y se iban a casa. Es una imagen del 25 de octubre de 1938 tomada en Les Masies, antiguo balneario entre el monasterio de Poblet y Espluga de Francolí, del homenaje que el Ejército del Ebro brinda a los miembros de las Brigadas Internacionales que, en número de 35.000 a 40.000 y de más de medio centenar de nacionalidades, participaron altruistamente (unos 10.000 no pudieron dar más: lo pagaron con su vida) en la Guerra Civil española. Hacía apenas cinco semanas, el 18 de septiembre, que la Sociedad de Naciones había adoptado una resolución por la que se ordenaba su retirada… Tampoco hay sonrisas abiertas en las jóvenes que portan flores para lanzárselas a esos brigadistas tres días después, el 28 de octubre, en el desfile que unos miles de ellos, representantes de todas las unidades y países, realizaron por la Avenida 14 de abril, la actual Diagonal. La tristeza más contenida es la de una de esas jóvenes, la de más a la izquierda, seguramente pensado en lo que esa marcha comportaría para el futuro de la niña con un lazo en la cabeza que lleva en brazos.

Las imágenes las tomó el inglés Henry Buckley, que cubría la guerra para The Daily Telegraph. Depositadas en el Archivo Comarcal del Alt Penedès (Buckley acabó casándose con una catalana, Maria Planas, y siendo corresponsal de la agencia Reuters para España), forman parte de una serie mayormente inédita que ahora puede observarse en una sucinta y modesta exposición del Memorial Democràtic en los jardines del Palau Robert de Barcelona a los 80 años de ese desfile. Son apenas 10 instantáneas que merecerían mejor suerte, si bien emocionan por sí solas. Especialmente la última: Buckley capta la cola del desfile, los brigadistas ya un poco alejados, casi en un contrapicado que permite ver a barceloneses en los balcones lanzado papelitos que caen al suelo donde, ya pisoteadas, quedan atrás también ramilletes de flores. Imposible mejor reflejo de la emotividad del momento y del estado de ánimo del propio Buckley, católico devoto, pero que sentía una profunda admiración y solidaridad con los episodios de factor humano que veía en el bando republicano.

Las crónicas hablan de una eclosión de gratitud popular que habría llevado a casi medio millón de barceloneses a la calle, si bien, por temor a los bombardeos, no se habría comunicado públicamente la realización del desfile hasta pocas horas antes del mismo. Quizá no fue exactamente así y es otro de los mitos que envuelven a las Brigadas Internacionales. Y es que queda mucho por narrar y desvelar sobre ellas, como se demostró el pasado viernes en el seminario internacional Historia y memoria de las Brigadas Internacionales. Una mirada este-oeste, que organizó la Universidad de Barcelona a través de su Observatorio Europeo de Memorias y el CRAI Biblioteca del Pabellón de la República. Por ejemplo, la presencia de brigadistas árabes y, en especial de marroquíes, que el imaginario colectivo (de la época y aún hoy) identifica con las brutales tropas que alimentaron el ejército rebelde de Franco.

Asistentes al desfile de despedida de las Brigadas Internacionales el 28 de octubre de 1938 en Barcelona. HENRY BUCKLEY

Se calcula que brigadistas árabes fueron un millar, que pagaron un alto precio: la mitad fallecieron. Mayormente, eran de origen magrebí. Los más, argelinos, “unos 500, por la influencia de los comunistas franceses y una mayor base obrera”, contextualiza Rocío Velasco de Castro, de la Universidad de Extremadura. Los marroquíes fueron dos centenares, pero también se han encontrado saudíes (cuatro), sirios (11), egipcios (cinco) y hasta un libanés. Los palestinos conformaron el segundo mayor contingente árabe, con 226 (“muchos eran judíos”).

Destaca la investigadora de entre esos últimos a Muhammad Najati Sidqui, por su curioso papel: amén de ser uno de los pocos que dejó unas memorias (inéditas en castellano), fue el responsable de la propaganda republicana encargada de dirigirse a sus compatriotas marroquíes fascistas para que cambiaran de bando. Iba, al parecer, intentándolo con un megáfono por las trincheras del frente de Córdoba. No tuvo demasiado éxito; pero tanto o más le costó convencer a los suyos de hacer esa labor más cerca del punto mismo de reclutamiento fascista, en Marruecos, a través de una emisora de radio en Argelia. Las autoridades francesas denegaron el permiso.

La jornada permitió constatar, entre otras aportaciones, que hay cinco monumentos en EEUU a los brigadistas, pero que “lo que pasó en España se ignora, no forma parte de la historia consensuada contra el fascismo, que para los estadounidenses arrancó cuando Pearl Harbour”, recuerda el historiador norteamericano Robert Coale, que deja constancia de que “algunos nostálgicos del Mccarthismo, desde radios derechistas, echan hoy pestes por comunistas a los que formaron la Brigada Lincoln”. En la antigua Yugoslavia, “hoy el revisionismo conservador elimina placas o monumentos de Los Spanci, como se conoce a los que fueron a luchar a España, unos 1.900, mayormente de Croacia y Eslovenia”, constata el profesor de la Universidad de Rijeka (Croacia), Vjeran Pavlakovic.

Entre lo poco estudiado, también la presencia femenina. “No aceptamos mujeres; si lo hacemos se descompone la brigada por razones obvias”, respondió por escrito uno de los máximos dirigentes de las Brigadas Internacionales, el italiano Luigi Longo, a una mujer de Estrasburgo que pedía alistarse en diciembre de 1936. Lo recordó la estudiosa holandesa Yvonne Scholten, que ha detectado 25 mujeres (casi todas, comunistas) entre los 700 combatientes holandeses que fueron a España. Apartadas del frente y destinadas mayormente a labores sanitarias, destacó el destino de Adriana Schrijver (comunista, claro): estuvo en España entre septiembre de 1936 hasta agosto de 1938, cuando el PCE logró que su homólogo holandés la expulsará por “mantener relaciones con gente del POUM”. De regreso a su país, perdió como casi todos los combatientes su nacionalidad y fue interrogada por la policía, que la incluyó en una lista de subversivas. El fichero fue a parar a manos de la Gestapo cuando la invasión alemana. Torturada por los nazis, se acabó suicidando en su celda. Tenía 35 años.

Despedida a las Brigadas Internacionales en Espluga de Francolí el 25 de octubre de 1938.HENRY BUCKLEY

También son voluntarios y conforman una heterogénea brigada: de archiveros, bibliotecarios e historiadores. En número fijo de seis y colaboradores flotantes. Son el personal del CRAI Biblioteca del Pabellón de la República que está llevando a cabo, desde hace ocho años, el SIDBRINT (Sistema de Información Digital sobre las Brigadas Internacionales), un portal sobre las míticas tropas. “No es una historia de las brigadas, sino de los brigadistas”, fija Lourdes Prades Artigas, alma mater de proyecto, nacido de sus tesis doctoral y que reúne la friolera de 23.700 brigadistas documentados, entresacados de 1.700 fuentes distintas, una de ellas tan descomunal como el Archivo Soviético. De cada uno se sabe el país de procedencia, su profesión, sus alías (“algunos llegaron a tener hasta 10”), la militancia política, dónde aparecen documentalmente y qué les paso tras la Guerra Civil, lo que sitúa el SIDBRINT como una de las fuentes más completas y de referencia del mundo sobre el tema.

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Fotografía destacada: Miembros de las Brigadas Internacionales, desfilando por la Avenida 14 de Abril (actual Diagonal) en Barcelona, el 28 de octubre de 1938. HENRY BUCKLEY

Fuente:https://elpais.com/ccaa/2018/10/26/catalunya/1540586126_544484.html

 

 

 

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“Siempre está aquí, siempre está en mi mente”

ABUSOS SEXUALES EN LA IGLESIA ESPAÑOLA

Leopoldo Martín, de 80 años, narra los abusos que sufrió en un internado religioso hace más de 70 años.

elpais.com / Julio Núñez / 28-10-2018

Más de 70 años después, Leopoldo Martín, madrileño de 80 años, aún recuerda las tres pesetas que le condenaron a vivir un año en un colegio de curas vallisoletano que le marcaría para siempre: abusos sexuales, maltrato físico y, debido a una mala alimentación, una enfermedad —el latirismo— que le ocasionó una pronunciada cojera de por vida. Por aquel entonces, mediados de los años cuarenta, la pobreza en la que vivía junto a su madre viuda y con cinco hijos llevó a Martín a vivir en un internado de Madrid. “Entré con siete años. Yo era el que me encargaba de hacerle todas las mañanas la cama al auxiliar”. Cierto día, cuenta, le pegaron una paliza porque de aquella habitación habían desaparecido tres pesetas. “Me pusieron el cuerpo morado y me dijeron: ‘Leopoldo, si mañana no aparecen las tres pesetas te matamos’. Yo me escapé, con tan mala suerte de que me pillaron y, como castigo, me mandaron a un internado en Valladolid”.

Martín relata que nada más llegar a aquel colegio, a unos 30 kilómetros de Valladolid, comenzó a trabajar en los campos “de los curas”, arreglaban las carreteras y los caminos. “Éramos esclavos. Nos mataban de hambre. Allí había de todo, pero a nosotros nos daban las sobras, almortas y algarrobas, lo mismo que le echaban a los cerdos”, narra. También empezaron los primeros abusos. “Había unos pasillos en los que nos colocaban desnudos y en fila para bañarnos. Los curas te lavaban con las manos, te manoseaban por todo el cuerpo y te daban tortazos en el culo”, asegura el octogenario con impotencia.

Los abusos sexuales aumentaron al poco tiempo, se convirtieron en agresiones. “Un día fuimos con un cura a un sitio al que llamaban El Soto. El sacerdote se subió la sotana, se puso una moneda de cinco céntimos en sus partes y nos decía que la cogiésemos con la boca. Luego te agarraba de la cabeza y se la arrimaba contra él”, explica. El clérigo, según afirma, se lo hacía siempre a él y a dos compañeros más. En el tiempo en el que él estuvo, se lo hizo tres veces. Pidieron ayuda a otro sacerdote joven. “Fuimos a confesar con él para contárselo y nos dijo: ‘Es imposible que haya pasado eso’. Fue a hablar con el director y al tiempo le llevaron [al abusador] como castigo a un colegio de Valladolid. No pasó nada de nada. Eso estaba oculto”, dice cabreado.

No fue la última vez que intentó denunciar el caso. Cuando su enfermedad se agravó, ingresó en el hospital provincial de Valladolid y allí se lo contó a su madre. ”Me cogió de la mano y fuimos al colegio a hablar con los curas. Cuando llegamos le dijeron a mi madre: ‘O se calla usted o le damos una paliza’. Eso es tan verdad como que me tengo que morir”, exclama Martín, que también cuenta que con la llegada de la democracia fue a buscar justicia al Defensor del Pueblo.

Lo vivido aquel año no solo condicionó el resto de la vida de Martín, también la de su mujer y sus dos hijas. “De alguna manera, la carga de lo que le había pasado estaba flotando en nuestra vida. Lo que le hicieron ha hecho que él sea de una determinada manera y que, quizá, eso ha hecho que nosotras tampoco hayamos tenido una niñez adecuada para formarnos como personas”, cuenta Yolanda Martín, la hija mayor de Martín. La víctima nunca ha ocultado a nadie el maltrato físico y sexual que sufrió. Lo que llevó a su hija menor, licenciada en Derecho, a intentar buscar a los responsables a comienzos de los noventa. “Intenté buscar archivos en la diócesis, pruebas y la verdad es que ha sido bastante complicado. Busqué datos de los sacerdotes que habían estado allí, sus nombres y apellidos. Se habló con la Iglesia, pero no se consiguió nada”, dice Nuria Martín, que opina que la Iglesia debería reconocer el daño hecho y pedir perdón, ya que cree que es una manera para que las víctimas puedan vivir, al menos, en paz. “Ojalá salga toda la porquería de la Iglesia Católica. El daño que han hecho”, pide la víctima.

Tras salir del hospital, Martín volvió a Madrid. Para él, el infierno había acabado, pero los recuerdos no se borraron. “Siempre está aquí, siempre está en mi mente”, exclama mientras se toca varias veces la frente. La crudeza de los años cuarenta no había desaparecido y volvió al mismo internado del que intentó escaparse. Nada más entrar por la puerta, le dijeron que las tres pesetas por las que había huido aparecieron poco después en el bolsillo de un pantalón que el auxiliar había llevado al tinte. “Esas tres pesetas…”, murmura. “Siempre me acuerdo de aquellas tres pesetas”.

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Fotografía destacada: ÁLVARO DE LA RÚA

Fuente:https://elpais.com/sociedad/2018/10/26/actualidad/1540552539_830132.html

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