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80 años de la masacre franquista de Navidad

196 hombres y mujeres fueron fusilados por las tropas franquistas en una operación que comenzó el día de Navidad de 1937.

Para desencadenar la matanza el gobernador militar utilizó como excusa un falso complot republicano.

“A mi abuelo Matías y a muchos otros les apresaron en plena cena de Nochebuena. Así era la cruel pasta de los asesinos”, declara a eldiario el nieto de una de las víctimas.

eldiario.es / Carlos Hernández / 24-12-2017

Fue el día de Navidad más sangriento de la historia de Cáceres. El 25 de diciembre de 1937 un piquete compuesto por 60 guardias civiles fusiló a 34 hombres en el campo de tiro adyacente al cuartel del regimiento de Infantería Argel 27. Entre las víctimas se encontraban maestros, sindicalistas, militantes de partidos democráticos y hasta cargos públicos como el alcalde de la ciudad, el socialista Antonio Canales, y el presidente de la Diputación, Ramón González Cid, de Izquierda Republicana. La ejecución masiva conmocionó a la ya de por sí atemorizada población extremeña. Sin embargo, la orgía de sangre no había hecho más que empezar. En los días siguientes se multiplicaron los fusilamientos en la capital cacereña hasta completar la escalofriante cifra de 196 ejecutados.

El cerebro de esta operación represiva fue el gobernador militar Ricardo de Rada, un general africanista que se sumó desde el primer minuto al golpe de Estado contra la República liderado por Mola y por Franco. Prácticamente toda la provincia de Cáceres estaba bajo control de los golpistas desde el 22 de julio de 1936, pero según ha documentado el historiador José Hinojosa, los mandos militares franquistas siempre se sintieron amenazados por las unidades guerrilleras republicanas que se infiltraban en su retaguardia desde la vecina Badajoz: “Hubo una intensa actividad guerrillera dirigida por el comandante de milicias y exlíder comunista cacereño Máximo Calvo Cano que llegó a instalarse clandestinamente en la ciudad. De Rada, que había sido destinado a Cáceres en julio de 1937, en contacto con sus superiores y especialmente con el general Saliquet, denunció en diciembre la existencia de un complot republicano para recuperar el control de la provincia. Como represalia por esa supuesta amenaza empezó todo. Los estudios históricos han demostrado que ese complot nunca existió”.

Los propios franquistas también reconocieron, años más tarde, que se trató de un burdo montaje. El dirigente de la Falange cacereña José Montes fue uno de los que lo dijo con total claridad: “No hubo complot, entre otras cosas porque no había nada organizado, siendo una cosa inventada por los militares de mayor graduación, caso del gobernador militar Rada, para demostrar su autoridad”. La invención se llevó por delante a 182 hombres y 14 mujeres. Sus nombres aparecen en un macabro documento en el que los verdugos hicieron el recuento final de su operación. Por si alguien tenía dudas, en el encabezado del mismo puede leerse: “relación nominal de personas fusiladas con motivo del abortado complot del 23 de diciembre en Cáceres dirigido por el cabecilla rojo Máximo Calvo”.

196 vidas truncadas

“A mi abuelo Matías y a muchos otros los detuvieron durante la cena de Nochebuena. Sabían que estarían en sus casas con sus familias. Así era la cruel y endurecida pasta de los que ordenaron sus asesinatos”. Matías Escalera comparte nombre y apellido con su abuelo, uno de los primeros en ser fusilados: “Mi abuela envió a mi padre, que aunque era el mayor de cuatro hermanos solo tenía doce años ¡doce años!, a seguir de lejos al grupo que le llevaba detenido. Quería saber a dónde le trasladaban. Y mi padre les siguió hasta el mismo cuartel, en donde estuvo esperando, a la intemperie, hasta que le echaron de allí los centinelas. Mi abuela Lucía fue también una víctima más desde aquel día. Representa a miles de mujeres que se vistieron de negro siendo jóvenes y murieron de negro, ancianas, guardando una silenciosa memoria de sus maridos asesinados, con una dignidad imbatible…”

Memorial erigido en el cementerio de Cáceres en recuerdo de las víctimas del franquismo

“Buena parte de los que fueron fusilados el día de Navidad junto a Matías —señala José Hinojosa—, como el alcalde de Cáceres, el presidente de la Diputación o un grupo de trabajadores ferroviarios de la UGT, llevaban meses en prisión y habían sido condenados a muerte en consejo de guerra. A partir de ahí, y hasta el 21 de enero, no pararon de fusilar. Entre las víctimas destacan algunos colectivos como los 40 militares del ejército franquista que fueron acusados de tener ideología republicana, los 16 mineros ejecutados la noche de Reyes o los 47 vecinos de Cáceres vinculados a organizaciones republicanas”.

En Navas del Madroño, un pueblo de apenas 3.000 habitantes, fueron asesinadas 54 personas en un solo día. En Malpartida de Cáceres fusilaron a una decena, entre ellos al popular tabernero Juan Doncel que pudo despedirse de su familia en una emotiva carta: “Escribo a mi esposa e hijos para despedirme de ellos. No podréis dudar de la conducta de vuestro padre que siempre ha sido bueno, honrado y trabajador. Os lo juro por la ceniza de mi padre. Querida esposa, a ti te toca con la ayuda de nuestros hijos defender el pan del día. De lo que disponemos tú dispondrás. ¿Qué más os voy a poner? tengo en la imaginación tanto que no puedo poner más. Un adiós para todos, para ti Josefa y María, Víctor, Dionisia, Rafael, Luisa, mi Alfonso y mi Antoñita, qué pequeñitos y sin padre. Recuerdos a mi hermana y a todos en general. Se despide tu esposo para siempre. Adiós a todos”. Pero Josefa no pudo “defender el pan del día”. Poco después de recibir la carta fue también detenida y, finalmente, fusilada el 2 de enero junto a otras 26 personas. Sus hijos fueron internados en orfanatos franquistas.

El documento en el que el ejército hizo balance de su acción terminaba con una “suma total”: 34+12+1+6+11+27+9+16+16+54+7+3=196. En el frío listado aparecen apellidos repetidos que indican la ejecución de padres e hijos o de hermanos. Entre los fusilados el 4 de enero pueden leerse los nombres de Ángeles, Antonio y Asunción Brú Casanova, cuyo hermana Rafaela ya había “desaparecido” a manos de los franquistas en agosto de 1936. “Esta gran masacre empezó en una fecha muy simbólica, la Navidad, y la Iglesia no hizo absolutamente nada para evitarlo —recuerda José Hinojosa—. Y eso que entre las víctimas había personas como el propio alcalde de Cáceres que habían tenido buenas relaciones con el estamento eclesiástico durante su mandato. La Iglesia se limitó a intentar que los reos aceptaran la extremaunción antes de ser fusilados”.

Documento en el que el ejército franquista hizo recuento de los 196 hombres y mujeres que fusilaron con la excusa del falso complot republicano.

Tras más de 40 años de olvido, en 1979 fueron exhumados los primeros cuerpos de las víctimas. Historiadores como Manuel Veiga, Julián Chaves y José Hinojosa han ido sacando a la luz los documentos oficiales y los testimonios que revelan la magnitud y la crueldad de la matanza. Desde 2010, la Asociación Memorial en el Cementerio de Cáceres lucha por recuperar la memoria de las víctimas y ha logrado que el ayuntamiento cacereño erija un monumento que recoge los nombres de 675 hombres y mujeres asesinados por el franquismo, entre ellos las 196 personas que perecieron mientras sus verdugos celebraban la Navidad de su “segundo año triunfal”.

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Fotografía destacada: Matías Escalera, fusilado el 25 de diciembre de 1937, fotografiado junto a su esposa Lucía. CARLOS HERNÁNDEZ DE MIGUEL

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/anos-masacre-franquista-Navidad_0_721977932.html

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La fosa de “Les Candases”, en la capilla del Barjola

Carlos Suárez invita a la reflexión con la recreación de las exhumaciones de un grupo de mujeres fusiladas en Bañugues.

lne.es / M. G. Salas / 22-12-2017

Una fosa común en la penumbra y sonidos de picos y palas removiendo la tierra. La capilla del Museo Barjola, en Gijón, ofrece un viaje hasta el cementerio de Bañugues (Gozón), donde el pasado mayo se halló uno de los cuerpos de “Les Candases”, las siete mujeres fusiladas y arrojadas por el Cabo Peñas el 2 de junio de 1938.

El artista plástico avilesino Carlos Suárez fue testigo de esa exhumación: “Experimenté una sensación muy especial, que me impactó; la historia fluyó de la tierra”. Y es ese sentimiento el que protagoniza la obra “Cita con la historia”, que expone el ganador de la primera edición del premio “Museo Barjola” hasta el 25 de febrero en Gijón.

La muestra consta de tres piezas: la física, con la reconstrucción de la fosa común; la sonora, con sonidos de las excavaciones, y la documental, con dos fotografías del momento de las exhumaciones. Suárez explica que el objetivo “es generar, a través de las emociones y el silencio, una reflexión de cómo una historia primero se oculta y luego se recupera”. Se refiere a “Les Candases”, tres de ellas enterradas en el cementerio de Bañugues tras devolver el mar sus cadáveres a la orilla. El forense Francisco Etxeberria encontró los restos de Rosaura Muñiz González, de 58 años, casada y con seis hijos en el momento de morir. Carlos Suárez siguió durante tres días las labores de búsqueda, en las que le llamó la atención, sobre todo, el silencio.

El avilesino entiende las propuestas artísticas como “un proceso de investigación” y cree que es “necesario tocar desde el punto de vista artístico la memoria histórica”. No es una línea nueva dentro de su trayectoria profesional, Suárez lleva cinco años estudiando el pasado. Empezó con una tesis doctoral sobre “Desplazamiento, memoria e identidad” y continuó con la exposición sobre “El vaciado de la huelga belga” en el Museo de Bellas Artes de Asturias. “Cita con la historia” es una evolución más dentro de esta temática. El catálogo de la obra, que realizará Marco Recuero, aspira a convertirse en “un libro” más que en un folleto sobre la exposición. “Es una pieza más, porque contextualiza la muestra e incorpora toda la información recabada”, destaca Suárez, que ,además de su faceta artística, desarrolló una labor documental gracias a la colaboración de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) de Asturias.

A Carlos Suárez le gusta “trabajar con otra gente para enriquecer la obra”. Y así lo hizo también con la ambientación sonora, realizada por Juanjo Palacios. “Quise dejar a un lado el testimonio oral y centrarme en el paisaje sonoro, de tal forma que fomente la imaginación del visitante”, cuenta.

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Fotografía destacada: El avilesino Carlos Suárez, ayer, delante de la fosa del museo. M. LEÓN

Fuente:http://www.lne.es/sociedad/2017/12/22/fosa-les-candases-capilla-barjola/2212727.html

 

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El grafitero que pinta la memoria histórica ahí donde está

El ilustrador Alto pinta en muros calaveras y huesos para recordar las fosas comunes que aún permanecen esparcidas por nuestro país.

yorokobu.es / Alberto G. Palomo / 19-12-2017

A veces la memoria peca de caprichosa. Selecciona recuerdos que no querríamos retener y elimina aquellos que en su día soñamos con registrar para la eternidad. En España, hablar de ella no suele asociarse a un aspecto neurológico o a prácticas en psicoanálisis, sino a un periodo histórico reciente, aún palpable. Nos lleva a un país dividido y a la usual excusa de no desempolvar el pasado. Es casi sinónimo de revancha, olvido o derrota.

Bajo las cunetas aún quedan miles de cuerpos sin identificar, de lápidas sin nombre. Ahora, ese infausto honor patrio ha saltado a algunos muros de las ciudades. El artista urbano conocido como Alto pinta calaveras y huesos con un número de cuatro dígitos para recordar esta herida abierta.

Alto, seudónimo de alguien a quien su círculo conoce como Toño, provenía de la ilustración, del cómic y la animación. Tras un viaje a Grecia en 2004 descubrió en Atenas un mural de Zap 51, un artista griego con múltiples obras en la capital helena. «Me impresionó ver los típicos dibujos infantiles en paredes enormes», recuerda por teléfono. Algo le pinchó: descrubrió que quería pintar en las calles.

 

Poco después, Alto se introdujo en el colectivo Keller, un grupo de arte urbano donde aprendió las técnicas del espray con «chavales muy jóvenes». El lugar para las reuniones era el antiguo edificio de la Tabacalera de Madrid, reconvertido en Centro Social Autogestionado. «Tenían ilusión por pintar y no había presión. Me sentía muy a gusto, muy cómodo, y me acogieron en seguida», comenta.

La gran oportunidad le llegó en un acto municipal que habilitaba unas paredes para pintarlas. Salió elegido. «Me pareció que esta era una gran ocasión para dar voz con mi pintura a las víctimas del franquismo y tratar el tema de la memoria histórica en un proyecto financiado e impulsado por un ministerio del estado español», rememora. Lo comentó en su círculo y «apareció Manuela».

Manuela es, en realidad, Manuela Bergerot, una argentina experta en políticas de memoria histórica que reside en España. La conjunción de sus trabajos se plasmó en este primer trazado: varias personas sin cabeza al lado de unos cráneos. Así la explica: «Pillé una foto real, de una familia de la guerra, y quería que se vieran dos cosas: la cantidad de gente enterrada sin que los reconozcamos y la reflexión de cómo hemos perdido la cabeza porque no queremos revisar el pasado».

«Fue el punto de partida. Luego quise continuar, documentarme bien y ponerle número a cada fosa. Pretendía ser más riguroso con los datos, pero me di cuenta que lo importante era visibilizarlo», añade. «Me había interesado desde hacía tiempo, aunque no tengo ningún familiar en esa situación. En cualquier caso, me siento identificado con los que atraviesan un problema así y, además, es nuestra historia», apostilla quien cree que «estamos muy verdes» en cuanto a saber qué pasó.

 

Su amiga Manuela, cómplice de sus creaciones, estaba involucrada en la querella que algunas organizaciones de víctimas y familiares llevaron a los tribunales de Buenos Aires para investigar el «genocidio» español y los «crímenes de lesa humanidad» durante la Guerra Civil y el franquismo. «Había un déficit enorme en hacer llegar el mensaje y este pedazo de historia a los jóvenes. Necesitábamos un nuevo lenguaje y una nueva estética».

A lo que se refiere con mensaje es esa demanda ciudadana de enfrentarse a nuestros fantasmas y detallar lo que pasó entre 1936 y 1939, nuestra contienda fratricida, y el posterior régimen, que duró hasta 1975. Más de 40 años después del desenlace, aún hay quien no sabe dónde están enterrados sus familiares. En 2007, la Ley de Memoria Histórica, por la que «se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil y la dictadura» significó un avance, pero la falta de fondos e interés del Gobierno la han dejado en suspense.

Tal y como detallan en la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, todavía quedan repartidas por el territorio nacional 2.200 fosas comunes. Y se parte de la cifra de 114.226 personas asesinadas para la búsqueda de cuerpos. «El problema», precisan, «es que nunca vamos a saber cuántas hay.

El registro no es fiable y solo yendo pueblo por pueblo se consigue información». Suelen decir que de una fosa sale otra, como les pasó en Bañuelos, un pueblo de León en el que el rastro de un cuerpo les hizo desenterrar dos sepulcros con tres y once personas más. «Todo tipo de proyecto cultural —grafitis, obras teatrales, novelas…— es poco, porque partimos de la base de que en las escuelas no se habla del tema», esgrimen desde la agrupación cuando se les habla de Alto.

 

Recoge el testigo Manuela Bergerot. «No hay apenas datos, es alucinante. ¿Cómo puede ser que no se haya llevado a cabo una investigación de lo que pasó hace dos días?», se pregunta ella, que culpa al gobierno actual de esquilmar presupuestos para la investigación y de paralizar las exhumaciones, tanto a nivel local como nacional.

Por eso, para Bergerot la primera pintada del Matadero fue «incluso un acto de justicia poética». «La hicimos con dinero del Ministerio de Cultura», anota. Esa institución, precisamente, que entorpece el cumplimiento de la Ley y que convierte la lucha en un asunto personal, siendo cada afectado quien se sufraga los costes del proceso. «Se escudan en la escasez económica para no levantar los hoyos y para hacer no hacer análisis de datos genéticos», señala la activista.

 

¿Y el futuro? Para Alto, coger los botes de nuevo tiene que esperar: su trabajo y una hija de año y medio no le permiten desempolvar el espray. No quiere decir que no vaya a continuar con el proyecto en el que lleva cuatro años embarcado.

Al contrario. Le gustaría representar alguna fosa en los lugares donde se lucha por desenterrar a alguien y homenajear a los torturados y asesinados. Como el caso de Ascensión Mendieta, en Guadalajara, que siguió de cerca: esta mujer de 91 años consiguió hace unos meses exhumar los restos de su padre, fusilado en 1939. «Creo que a la historia hay que hacerle frente y no mirar a otro lado. Y no cuesta tanto reparar a las víctimas. Porque los que aluden a remover el barro sí que saben dónde están sus muertos», zanja. Por esta su obra, algunos también recuerdan a los suyos con estos detalles en las paredes.

 

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Fuente:https://www.yorokobu.es/grafitis-alto-fosas-comunes/

 

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Piden un homenaje a los madrileños deportados a los campos nazis

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica espera que en el acto de conmemoración del Holocausto se lean los nombres de los 500 republicanos deportados nacidos en la comunidad de Madrid.

nuevatribuna.es / 19-12-2017

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) presentó este martes un escrito en el registro de la Asamblea de Madrid, dirigido a la presidenta del parlamento madrileño, Paloma Adrados. En la petición se solicita que en el acto institucional que se celebre en torno al 27 de enero, Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, se lean los nombres de las 500 personas, nacidas en localidades de la Comunidad de Madrid, que fueron deportadas a los campos de exterminio nazis.

La petición presentada por la ARMH iba a acompañada por el listado de todos los madrileños deportados. El colectivo se ha ofrecido también a localizar a familiares de esos deportados para que puedan participar en el acto institucional.

El texto es el siguiente:

“El próximo 27 de enero se conmemora, como cada año, el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Se trata de una jornada especial para recordar a todas aquellas personas que fueron víctimas de la violencia del nazismo. En torno a esa fecha, la Asamblea de Madrid llevará a cabo un acto para condenar uno de los hechos más terribles de la historia de la humanidad.

Hace unos días pudimos ver a la presidenta de la Comunidad de Madrid visitando la exposición sobre el campo de concentración de Auschwitz, que ha abierto sus puertas en Madrid. En esa ocasión, en la que usted la acompañaba, escuchamos a Cristina Cifuentes hablar del deber de recordar.

A los campos de concentración nazis fueron deportados cerca de 10.000 ciudadanos españoles, exiliados republicanos, tras una gestión de los responsables de la dictadura franquista ante sus aliados nazis. De todos ellos, cerca de 500 fueron ciudadanos madrileños, nacidos en esta Comunidad, deportados y obligados a vivir el horror del exterminio, al que muchos de ellos no sobrevivieron.

Desde la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, con el compromiso de mantener viva la memoria de todas las personas que sufrieron el Holocausto, queremos proponerle a la Asamblea madrileña que en el acto de conmemoración en torno al próximo 27 de enero se lean los nombres de todas y cada una de las personas madrileñas que fueron obligadas a subir en los trenes de la muerte, que murieron allí o que fueron liberadas pero nunca pudieron regresar y morir al lugar en el que habían nacido, porque la dictadura franquista les negó el derecho a regresar y vivir en su país.

Nosotros nos ofrecemos a aportar toda la documentación necesaria y a llevar a la asamblea a algunos familiares de esas personas para que reciban el reconocimiento que merecen por todo lo que sufrieron”.

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Fuente:http://www.nuevatribuna.es/articulo/madrid/piden-homenaje-madrilenos-deportados-campos-nazis/20171219183139146510.html

 

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Las mentiras del exabad sobre el Valle de los Caídos

El antiguo responsable de la abadía aseguró en un informe que el trabajo en el valle fue voluntario y que “cobraban de hecho un salario superior al de los obreros de igual categoría laboral”.

“Ese señor es un mentiroso, pero además es un imbécil”, dice el preso político Nicolás Sánchez Albornoz que tuvo que trabajar en el valle: “¿Voluntario yo?”.

“Lo que más me duele es que 80 años después tengamos que estar rebatiendo estas barbaridades”, explica el periodista Isaías Lafuente autor de Esclavos por la patria.

eldiario.es / Carlos Hernández / 18-12-2017

“Ese señor es un mentiroso, pero además es un imbécil”. A sus 91 años, el historiador y preso político durante el franquismo Nicolás Sánchez Albornoz no puede ni quiere ocultar su indignación tras conocer el contenido del informe elaborado en 2005  por el abad del Valle de los Caídos publicado por la Cadena Ser. “Se atreve a decir que los presos que allí trabajamos éramos voluntarios —ha declarado este lunes a eldiario.es—. ¿Voluntario yo? ¿Cómo voy a ser voluntario si me sacaron de la universidad y me encerraron allí por mis ideas”. En la segunda mitad de los años 40, Sánchez Albornoz fue detenido por la policía franquista y condenado a seis años de cárcel por formar parte de una organización estudiantil. Tras pasar por las prisiones de Alcalá de Henares y Carabanchel, en 1948 dio con sus huesos en uno de los tres destacamentos penales que trabajaban en la construcción del monumento franquista, el encargado de erigir el monasterio.

En agosto de ese mismo año protagonizó con éxito una novelesca fuga en compañía de otro compañero, por lo que solo estuvo seis meses en el valle de Cuelgamuros. No fue demasiado tiempo y, según él mismo reconoce, fue un privilegiado: “Al tener estudios me dieron un trabajo de pluma y papel en la secretaría del destacamento”. Fue, no obstante, un periodo más que suficiente para constatar las pésimas condiciones en que vivían la mayor parte de los prisioneros: “Aún recuerdo las noches de verano en las que las chinches se metían por las narices y los oídos y chupaban por todo el cuerpo cubos de sangre”, recordaba en sus memorias.

Más hastiado que indignado se muestra el periodista Isaías Lafuente, que durante años investigó el trabajo forzado al que fueron sometidos los presos políticos del franquismo y que plasmó en su libro ‘Esclavos por la patria’. Esta obra es citada varias veces por el abad en su informe: “Te confieso que lo que diga el abad me importa muy poco —explica Lafuente a eldiario.es—. Lo que más me duele es que 80 años después tengamos que estar rebatiendo estas barbaridades, discutiendo de estos temas sin que hayamos hecho una comisión de la verdad que estableciera cómo fueron los hechos realmente. Yo con el abad no tengo nada que discutir, pero sí discuto a nuestra España democrática que no haya resuelto todos estos temas relacionados con la dictadura”.

De los “malentendidos” a las medias verdades

El informe que el abad Anselmo Álvarez remitió al Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero en 2005 pretendía, según se decía en sus páginas, acabar con “malentendidos y tergiversaciones (…) que se han vertido sobre la realidad del Valle”. Sin embargo, un análisis detallado de las aseveraciones y los argumentos que en él se aportan, viene a demostrar una burda manipulación de la realidad construida a base de la utilización de fuentes nada fiables, medias verdades y una larga lista de falsedades.

“Ninguno de estos penados trabajó de manera forzada, todos lo hicieron voluntariamente”  

Tal y como apunta Isaías Lafuente “se trata de una media verdad o más bien de una media mentira que se convierte en pura mentira”. El abad habla de voluntariedad porque los prisioneros que trabajaban en el Valle se habían acogido al llamado Sistema de Redención de Penas por el Trabajo ideado por el régimen franquista para explotar laboralmente a los cientos de miles de presos políticos que abarrotaban sus cárceles. Lo que olvida decir el abad es cómo y por qué habían llegado hasta allí todas estas personas.

En primer lugar no se trataba de delincuentes, sino de hombres cuya única falta había sido pertenecer a un partido democrático, militar en un sindicato o, simplemente, oponerse a la dictadura. En segundo lugar, su “voluntariedad” estaba forzada para evitar un mal mayor; realizar trabajos forzados era la forma de reducir la duración de las condenas y, de paso, escapar de unas cárceles insalubres, masificadas y en las que el trato solía ser aún más inhumano.

Salvando todas las distancias, los presos que trabajaron en el Valle de los Caídos eran tan “voluntarios” como los judíos deportados a los campos de concentración nazis que pugnaban por ser incluidos en empresas y grupos de trabajo externos para así escapar de las condiciones que sufrían en el interior de Auschwitz, Buchenwald o Dachau.

“Los trabajadores, libres o penados, cobraban de hecho un salario superior al de los obreros de igual categoría de los pueblos cercanos”

Absolutamente falso. Las diferentes memorias publicadas por el Patronato de Redención de Penas por el Trabajo señalan detalladamente cómo se producían esos pagos. Las empresas que realizaban los trabajos pagaban al Estado, por cada hombre, el salario medio de un obrero libre que tuviera idéntica especialización. Sin embargo, el Estado se quedaba con ese dinero y solo le daba al preso 50 céntimos diarios. En el caso de que estuvieran casados por la Iglesia y tuvieran hijos, se consignaban 2 pesetas diarias para la esposa y 50 céntimos por hijo destinados a su manutención. “Son los propios documentos franquistas los que desmienten al abad —apunta Lafuente—. El grueso del salario se lo quedaba el propio régimen”.

“Se cuidó especialmente la alimentación de los presos. En 1947 se estableció que en el caso de los trabajadores reclusos debía ser al menos de 3.000 calorías por persona y día… Llamaba la atención de los penados la abundancia y variedad de los alimentos”

Falso. Los testimonios de los supervivientes coinciden en señalar la mala y escasa alimentación que recibían. Ello, en parte, era debido a la corrupción que estaba instalada en buena parte de la oficialidad franquista. Testigo de ello fue el propio Nicolás Sánchez Albornoz que trabajaba en la secretaría de uno de los destacamentos del Valle: “Era una corrupción consentida. Los camiones llegaban con garbanzos, aceite, patatas… pero se descargaban solo unos pocos sacos. El resto lo revendían en el estraperlo en Madrid. Mandábamos a la Dirección General de Prisiones un estadillo con los menús que se daban cada día, pero todo era inventado. Me encargaban a mí que los redactara y lo hacía sin hablar con el cocinero ni con el almacén. Lo que ponía no tenía relación alguna con lo que realmente comían los presos.”

Nicolás Sánchez Albornoz.

“La iniciativa de la participación de presos en las obras fue siempre de las empresas constructoras”

Falso. Era el régimen franquista el que planificaba obras públicas en lugares que entrañaban tanta dificultad, ya fuera por su recóndita ubicación o por las características del propio trabajo, sabiendo que solo sería posible realizarlas con mano de obra esclava. “Se hacían los trabajos en mitad de la nada —destaca Lafuente—. No podías mover 1.000 o 1.500 trabajadores para que estuvieran cada día al pie del valle. Solo los trabajadores reclusos podían trabajar a cualquier hora, en cualquier condición… siendo levantados en medio de la noche para recuperar el trabajo que no se pudo culminar por un apagón, por ejemplo. Estas obras o las hacían presos o no las hacía nadie”.

14 muertos, entre obreros libres y penados

Media verdad. Es cierto que de los centenares y centenares de centros de detención franquistas (campos de concentración, cárceles, colonias penitenciarias, batallones de trabajadores, etc.) por los que pasaron más de un millón de españoles, los tres destacamentos penales que construyeron el Valle de los Caídos no estaban entre los más duros. La cifra de 14 muertos en los trabajos es real, pero muy incompleta.

De hecho, la fuente que usa el abad para dar ese dato es el médico prisionero Ángel Lausín que también relató, y esto no lo cuenta el religioso, el elevadísimo número de heridos que se produjeron: “Raro era el día que no había un accidente, porque, claro, se movían piedras muy gordas, se movían vagonetas muy grandes, transportando materiales y tierra”.

El arquitecto franquista del Valle Diego Méndez lo resumió así: “Ellos horadaron el granito, se subieron a andamios inverosímiles, manejaron la dinamita… Han jugado, día a día, con la muerte”. Según cifras del propio régimen, el 8 por ciento de los prisioneros que trabajaron en la construcción de la cripta resultaron heridos durante los trabajos. A ello hay que añadir las secuelas que sufrieron la mayoría de ellos por la inhalación del polvo provocado por las detonaciones que perforaban la montaña. Nicolás Sánchez Albornoz habla de “la muerte aplazada” de decenas de prisioneros trabajadores.

“Los fines esenciales de la fundación del Valle (Decreto Ley agosto 1957…) son la oración por todos los muertos de la guerra del 36… La idea fundacional del Valle aspiraba también a la superación de las causas remotas de la guerra: desigualdad e injusticias sociales”

Falso. El Valle de los Caídos fue concebido, exclusivamente como un monumento a los vencedores. Ya el 3 de junio del 39 el propio Franco habló por primera vez de que “nuestro monumento a la Victoria no será un monumento más”. El decreto de 1 de abril de 1940 en el que ordenó la construcción insistía en la misma idea: «Es necesario que las piedras que se levanten tengan la grandeza de los monumentos antiguos… que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a los que les legaron una España mejor». Ese mismo día, Franco inauguró oficialmente las obras ante los embajadores de la Alemania nazi, la Italia fascista y el Portugal de Salazar.

El abad también evita mencionar que la mayoría de los republicanos que fueron sepultados en el Valle, fueron sacados de las fosas comunes en las que yacían y trasladados allí sin el consentimiento de sus familias.

El abad afirma que los testimonios recogidos por Isaías Lafuente y por otros historiadores y periodistas “reconocen que en el Valle encontraban un marco de libertad (dentro de su condición de penados) y de buenas condiciones salariales y laborales…”

El propio Lafuente responde a esta última aseveración del abad: “Es absolutamente falso que se pueda sacar esa conclusión de la lectura de mi libro. Me parece increíble que tengamos que seguir debatiendo de este tema. Tendríamos que conocer no solo el detalle real de todo lo que ocurrió allí. Tendríamos que saber el nombre y los apellidos de todos los que allí trabajaron. El problema —concluye— es que 80 años después, el Valle de los Caídos siga respondiendo al fin para el que fue construido: ser un monumento a mayor gloria de Francisco Franco y de José Antonio Primo de Rivera”.

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Fotografía destacada: Valle de los Caídos EFE

Fuente:www./sociedad/mentiras-exabad-Valle-Caidos_0_719878920.html

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El Paraíso, trabajar como esclavo en el Valle de los Caídos

El anterior abad del monumento franquista niega en un informe de 2005 que los presos que allí trabajaron lo hicieran obligados y afirma que gran parte de ellos disfrutaba de libertad de movimientos, de sueldos más altos que otros trabajadores de la zona y de buena alimentación.

En su opinión, es imposible afirmar que fuera un campo de concentración o de explotación de trabajo esclavo.

cadenaser.com / Javier Torres / 18-12-2017

Anselmo Álvarez, abad del Valle de los Caídos hasta 2014, redactó un informe sobre el monumento para “esclarecer, sobre bases suficientemente seguras aunque tal vez no completas, no pocas afirmaciones referidas a hechos y circunstancias concernientes a la fundación y construcción del Valle”. En realidad, lo que trataba era ofrecer su versión “sobre malentendidos y tergiversaciones” que durante 2005 (año en el que está fechado el informe) se habían realizado.

Tras realizar un repaso de las condiciones laborales que vivieron quienes trabajaron, el abad afirma que “ninguno de los penados trabajó en el Valle de manera forzada; todos lo hicieron voluntariamente, de acuerdo con la naturaleza del sistema al que se acogían”.

Es más, se atreve a señalar que “cobraban de hecho un salario superior al de los obreros de igual categoría laboral de los pueblos cercanos. Existían posibilidades de gratificación extraordinaria”. Y añade que desde noviembre de 1939 y por Orden Ministerial, “se cuidó especialmente la alimentación de los presos“.

Extracto del escrito de Anselmo Álvarez, abad del Valle de los Caídos hasta 2014 / CADENA SER

ASIGNATURA PENDIENTE

El documento enviado por al Abad al responsable de Patrimonio Nacional a mediados de 2005 forma parte de los estudios e informes recabados y realizados por la comisión de estudio creada tras la llegada a Moncloa del socialista Jose Luis Rodriguez Zapatero, que desembocó en la aprobación de la ley de Memoria Histórica de España, el 26 de diciembre de 2007. Una de las cuestiones que abordaron los expertos nombrados en septiembre de 2005 fue, precisamente, el futuro del Valle de los Caídos y su posible conversión en un centro de homenaje a la memoria. A pesar de la ingente cantidad de documentos estudiados y opiniones recibidas, los cambios en el Valle, donde aún reposan los restos de Francisco Franco, no han supuesto un punto final a la discusión ni han contentado a quienes creen que es aún un vestigio que honra a los ganadores de la Guerra Civil.

Vistas estas condiciones laborales tan favorables, el abad concluye que “no puede decirse sin falsedad evidente que el Valle de los Cuelgamuros fuera un campo de concentración ni de explotación de trabajo esclavo de los presos políticos”. Y por si acaso hubiera dudas, añade que “se observa una anticipación casi completa a las condiciones de trabajo de los reclusos dispuesta por la ONU en 1955″.

Además, asegura que “la presencia de los restos de Franco en la Basílica se debe a la decisión de la autoridades del estado en 1975, en ausencia de toda disposición de aquel sobre este particular”. El abad es claro respecto a la decisión de enterrar allí al dictador que traslada al “entonces jefe de Gobierno, Arias Navarro, ante las dudas sobre la voluntad final de Franco”. Y al final, sentencia, “en el cementerio de El Pardo hay dos tumbas destinadas al matrimonio Franco”.

En ese documento asegura que los símbolos franquistas en el Valle “son casi irrelevantes” e incluso llega creer ver la existencia de una bandera republicana como símbolo de hermandad de los bandos que se enfrentaron durante la Guerra Civil. “Los símbolos son y están en el Monumento mismo, Monumento dedicado a Dios en nombre de España, cuyos destinos se le confían, y de los caídos, cuyas almas se le encomiendan. Por tanto, son símbolos de carácter eminentemente sagrado“, añade.

EL NEGACIONISMO DEL ABAD, SEGÚN LA ARMH

Emilio Silva, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, acusa al abad de un negacionismo que trata de ocultar la verdadera naturaleza del Valle de los Caídos, un “campo de concentración donde hubo mano de obra esclava“. Recuerda tan sólo el testimonio del historiador Nicolás Sánchez Albornoz, quien aparece citado en el mismo informe del abad porque su huida es tomada por el religioso como ejemplo de la libertad de movimientos que disfrutaban los presos. Según Silva, el historiador conoció de primera mano la llegada de víveres y siempre denunció que “los pedidos pasaban antes por las manos de los funcionarios franquistas, que practicaban el estraperlo“.

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Fotografía destacada: El Paraíso, trabajar como esclavo en el Valle de los Caídos / GETTY IMAGES

Fuente:http://cadenaser.com/ser/2017/12/17/cultura/1513512331_386878.html

 

 

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Andalucía ha recuperado los cuerpos de 3.365 represaliados por el franquismo

El grupo ‘Recuperando la Historia Social de Andalucía‘ de CGT publica un informe en el que sintetiza la información de las 92 intervenciones en fosas comunes en Andalucía.

publico.es / María Serrano / 13-12-2017

La estimación parece clara. Sin embargo, quedan demasiados nombres por conocer de aquellas víctimas. Andalucía ha exhumado 92 fosas comunes con 3.635 cuerpos de la Guerra Civil y la posterior represión franquista. El grupo ‘Recuperando la Historia Social de Andalucía‘ de CGT ha lanzado a la luz pública un listado inédito: el de las fosas intervenidas en la comunidad más represaliada a nivel nacional durante el franquismo. El número de víctimas resulta aterrador. En torno a 47.000 asesinados podrían ubicarse en estos enterramientos ilegales repartidos en las ocho provincias.

Cecilio Gordillo, coordinador del Grupo y de la web ‘Todos los Nombres’, que engloba una relación de 92.300 desaparecidos relata a Público la importancia de este listado que tiene como “objetivo unificar lo que hasta el momento eran varios en función del promotor o patrocinador (Junta de Andalucía, administración central, gobiernos provinciales y/o locales, e incluso de entidades o Asociaciones, …) sin responder a la necesidad social de conocimiento global de intervención en esta grave problemática que mantiene a miles de asesinados en las cunetas de carreteras y cementerios”.

Pero, ¿cuántas fosas comunes se encuentran realmente en el sur de España? Gordillo habla de casi “setecientas”. El censo oficial del mapa de fosas, realizado en el año 2010, cifraba el número en 614 fosas comunes y 47.000 asesinados. Fuentes de la Junta de Andalucía aclaran a Público que esta relación se “encuentra actualmente en un proceso de actualización que el Gobierno andaluz está llevando a cabo con la participación de asociaciones memorialistas, ayuntamientos, diputaciones y expertos”. El nuevo mapa podría tener un aumento “considerable” con respecto al número anterior de fosas .

La primera intervención. La búsqueda fallida de Aniceto

En Andalucía se han producido numerosas intervenciones en fosas. La primera se inicia el 14 de junio de 2003 en el Valle de Lecrín (Granada). Agustín Góngora Montero buscaba hace catorce años los restos de su hermano Aniceto. Había nacido en el pueblo granadino de Torvizcón. Las señas de los testimonios ubicaban una fosa con 25 cuerpos en un paraje de este valle que fue exhumado sin resultados positivos. Hoy Agustín ya ha fallecido. Ni el ayuntamiento granadino, ni la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) estatal ni la CGT pudieron dar una explicación a Agustín después de toda una vida en vilo.

Mausoleo Victimas de la Fosa de San Rafael (Málaga)

Cecilio Gordillo relata que el empeño continúo con nuevas búsquedas. Concretamente en el barranco del Carrizal, en Órgiva (Granada), hoy declarado Lugar de la Memoria de Andalucía. “Buscamos en la cruz donde los familiares habían señalado la zona de arrojamiento de los cadáveres”, afirma Cecilio. Solo se hallaron huesos de animales en esa zona del paraje cuando fueron analizados por el Laboratorio de Identificación Genética de la Universidad de Granada. “La denuncia ante el Juzgado de Motril no permitió que se continuara la búsqueda”apunta Cecilio, que dice que ”aún esperan esa respuesta”.

Sin embargo, los testimonios orales hablan de que en el barranco de este paraje alpujarreño se podrían exhumar más de 5.000 cuerpos sepultados.

Veintidós fosas intervenidas en Sevilla provincia

La relación es muy significativa en cuanto al número de fosas intervenidas en cada provincia. En el listado se observa un amplia diferencia entre Almería con dos fosas abiertas, seguidas de Jaén (4), Córdoba (12), Málaga (12), Cádiz (15), Granada (16) y finalmente Sevilla con 22. El numero total ascendería a 92 fosas comunes intervenidas. Las víctimas estimadas por el grupo de CGT Andalucía es de 3.635 cuerpos exhumados. Gordillo hace balance. Y es que solo “2.840 cuerpos corresponderían a una sola fosa, la del cementerio de Málaga exhumada en el año 2009”. El resto de cuerpos de los 795 asesinados se ubicarían en el cómputo restante de las 91 fosas abiertas.

Ante la pregunta sobre el número de personas que han logrado reconocerse con nombres y apellidos, Gordillo afirma con rotundidad “la necesidad de trabajar en esta operaciones arqueológicas junto a los datos ofrecidos por los Consejos de Guerra”, como ya ocurriría en el caso de Málaga donde llegaron a reconocerse 4.100 víctimas.

La relación aporta una treintena de fosas sin resultado ni hallazgo de restos

“Si en Málaga el número de desaparecidos fuera de la fosa superaba el millar dentro de la documentación de los Consejos de Guerra, eso indica una expoliación previa en tiempos del régimen. Se cree que esos 1260 cuerpos fueron trasladados para el relleno de las obras del mausoleo del Valle de los Caídos”, apunta el coordinador de CGT-A, según la documentación histórica encontrada.

El listado aporta otras fosas con un importante resultado en cuanto al número de desaparecidos. Es el caso de la fosa de Puerto Real, Cádiz, (193 cuerpos), seguida de la Teba, Málaga, (151 cuerpos), Cazalla de la Sierra, Sevilla, (109 cuerpos) y Aguilar de la Frontera, Córdoba, (66 cuerpos). ¿Expolio o falta de testimonios?

Treinta y tres fosas sin restos

La relación aporta una treintena de fosas sin resultado ni hallazgo de restos. El expolio o falta de documentación científica sobre los hechos históricos hablarían claramente de qué ocurrió en estos parajes, “utilizados como enterramientos clandestinos” por los golpistas.

Cecilio Gordillo habla de dos casos contrapuestos dentro del hallazgo de los restos en dos fosas de mujeres. El caso de la fosa de La Puebla de Guzmán (Huelva), intervenida en 2015, no permitió a pesar de la insistencia de testimonios orales de familiares ubicar los restos de aquellas 15 mujeres salvajemente asesinadas. “Nunca olvidaremos cómo los arqueólogos nos dijeron que en el 73 se había iniciado un acto de destrucción del paraje pero eso parece que ya no interesaba investigarlo”. El informe final de la exhumación hablaba de cómo la tierra había sido “removida, vaciada y rellena con una capa de piedra de pizarra”.

Durante la Transición se abrieron varias fosas a pico y pala, sin ayuda de expertos

En otra fosa de mujeres en Guillena (Sevilla) ni el libro del cementerio, ni los datos en archivos hablaban del asesinato de las 17 rosas. Se realizaron trabajos de localización y búsqueda de los restos en 2009 y 2012. Los testimonios orales de un niño de ocho años, el de José Domínguez Núñez que vio el enterramiento es quien mantiene su versión. “En esta ocasión la herramienta básica para el hallazgo de la fosa hasta dar con todas las mujeres ha sido el testimonio como aporte fundamental”, apunta Cecilio. En una primera intervención no se consigue dar con ellas. Cuatro años después y con una profundidad de diez metros más sobre la tierra, las rosas de Guillena son halladas en el pueblo vecino de Gerena.

Las fosas abiertas en la Transición

Aún faltan algunas más. Las que se abrieron a pico y pala, sin ayuda de expertos a finales de los 70. En plena Transición. Sin ningún tipo de difusión pública. Solo añadiendo la fosa de Constantina en Sevilla, exhumada en mayo de 1979, aumentaría el número de víctimas en 780.

Los encargados del censo de aquella pionera exhumación se encargaron de contabilizar cada una de las calaveras que iban saliendo de la tierra. No hubo forenses ni arqueólogos. La autorización la llevó a cabo el primer ayuntamiento democrático formado por el PSOE y la UCD. “En aquel pueblo de la Sierra Norte hubo una auténtica masacre”, apunta Gordillo. Casi 800 muertos. Gordillo habla de tres fosas más de esta etapa. “Una fosa intervenida en Jimena de la Frontera (Cádiz). Una más en Granada y otra en Córdoba”.

“La matanza inicial del verano del 36 tiene muchas lagunas que no se podrán resolver”, apunta Gordillo

Los datos de los Consejos de Guerra sí han permitido dar luz verde a algunas de las recientes intervenciones en grandes fosas como la de Pedro Masera Polo, iniciada el pasado mes de octubre. Hasta el momento es la única víctima exhumada del cementerio de la Soledad de Huelva. Su nieta María Luisa pudo conseguir el Consejo de Guerra de su abuelo, a través de la Diputación onubense. El forense que certificó, al pie de la fosa, la muerte de Masera dejó por escrito las coordenadas exactas del enterramiento en febrero de 1938.

Y es que gracias a la documentación existente, a partir de febrero de 1937, se han podido conocer un amplio número de desaparecidos. “La matanza inicial del verano del 36 tiene muchas lagunas que no se podrán resolver”, apunta el coordinador de CGT-A. La mayoría de los asesinatos, cometidos entre julio de 1936 y febrero de 1937 se realizaban por “aplicación de bando de guerra”. Sin juicio, documentos ni certificados que permitan ni saber la identidad de la mitad de los desaparecidos en las fosas.

El actual marco para abrir las fosas en Andalucía.

Cecilio Gordillo habla de cómo a lo largo de estos catorce años el permiso de intervención en fosas ha ido variando hasta encontrase actualmente reglado por el protocolo de exhumaciones de la Junta de Andalucía, articulado en la nueva Ley de Memoria Democrática. Todo ayuntamiento, asociación o entidad público-privada tiene que pedir autorización a la conocida Dirección General de Memoria Democrática, por la Orden, publicada el 7 de septiembre de 2009. “La localización, exhumación e identificación se incoa de oficio por la Junta de Andalucía, como a instancia de familiares, entidades memorialistas y ayuntamientos, existiendo en este sentido un Protocolo Andaluz de actuación en exhumaciones de victimas de la Guerra Civil y la Posguerra”.

Gordillo concluye que “estas medidas retrasan, en muchas ocasiones, el orden de las exhumaciones”, autorizadas a través de un Comité Técnico. Las operaciones en fosas son todas aprobadas por el Gobierno Andaluz, aunque Gordillo matiza que “la Junta no sea siempre la encargada de aportar los fondos para la realización de estas intervenciones”.

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Fotografía destacada: Foto de la Fosa de Teba. Fuente Todos los Nombres

Fuente:www./politica/andalucia-recuperado-cuerpos-3365-represaliados-franquismo.html

 

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Los testimonios que han abierto una grieta en la impunidad franquista: “La pena es que ya no están vivos”

Hablamos con los descendientes de dos de las víctimas cuyos casos se encuentran incluidos en la causa judicial que ha abierto un juzgado de Gipuzkoa para investigar los crímenes del franquismo en Elgeta.

publico.es / Danilo Albin / 11-12-2017

Anttoni Telleria pasó la mayor parte de su vida en silencio. Quizás por miedo. Tal vez porque no podía hacer otra cosa. Escondió, por ejemplo, el verdadero motivo por el que tenía los dedos amputados. “Siempre nos dijo que se había caído de un árbol”, recuerda Gurutze, su sobrina-nieta. En realidad, se los habían arrancado de un disparo cuando puso la mano sobre la cabeza de su padre, justo antes de que le mataran. También ejecutaron a su madre delante de sus ojos. Luego, los asesinos la violaron a ella. Podrían haberla matado también a ella, pero prefirieron condenarla a vivir con esa maldita imagen en la cabeza. Tenía 14 años.

Este lunes, Gurutze se enteró de una noticia tan deseada como inesperada. La historia de Anttoni y sus “aitas” (padres) será, por fin, tenida en cuenta por una jueza. No en vano, el caso de los Telleria forma parte de la investigación ordenada por el Juzgado de Instrucción número 4 de Bergara, a cargo de Maider Imaz Mendizabal. La magistrada ha ordenado abrir diligencias previas a raíz de la querella formulada por el ayuntamiento de Elgeta, ya que entiende que podría tratarse de un “delito de genocidio y crímenes contra la humanidad”.

La historia de Anttoni y sus “aitas” (padres) será, por fin, tenida en cuenta por la Justicia

“Llega tarde, pero al menos llega”, comentó Gurutze Telleria a Público algunas horas después de que el ayuntamiento y la asociación Intxorta 1937 dieran a conocer el auto de la jueza Imaz. “La pena –añade- es que todo esto no haya ocurrido cuando mi tía abuela estaba viva”. En efecto, Anttoni murió en 2007, cuando aún no había ni el más mínimo atisbo de que un tribunal pudiese llegar a interesarse por su terrible historia.

Hoy su caso está en el juzgado de Bergara. También se encuentra en el despacho de la jueza argentina María Servini de Cubría, quien instruye una causa propia sobre los crímenes cometidos por la dictadura franquista. Ya sea de un lado u otro del océano, el objetivo es buscar grietas en el muro de la impunidad que se construyó en España. Justo lo que parece que empezará a ocurrir en el juzgado de Gipuzkoa. Justo lo que Gurutze y sus familiares llevaban tiempo esperando.

“Mi tía abuela siempre estuvo convencida de que los que mandaron a esos tipos a violarla eran del pueblo”, relata su sobrina-nieta. De ahí, quizás, los tabús y silencios que acompañaron a Anttoni durante muchos años, en los que apenas hablaba sobre su trágica historia. “Para ella era una batalla perdida”, rememora Gurutze.

Asesinado a sangre fría

La grieta en el muro de la impunidad también provoca una comedida esperanza en casa de Alberto Osoro, uno de los testigos que el próximo 17 de enero declarará ante la jueza de Bergara. Lo hará en su calidad de nieto de José Vicente Garay, un vecino de Elgeta que fue ejecutado a sangre fría por los franquistas en la puerta de su caserío. “Si mi testimonio sirve para algo, adelante”, comentó a Público.

La historia de su familia forma parte del listado de crímenes cometidos por los franquistas en Elgeta. “Mi aitite (abuelo) salió al portón de su caserío y se encontró a cuatro milicianos muy jóvenes. A ellos los mataron y enterraron debajo de un manzano. A mi abuelo le pegaron un tiro en la cabeza y lo dejaron allí tirado”, señala. Su tío, que por entonces era un niño, se refugió en la cuadra de animales. “El asesinato de su padre le dejó secuelas para toda la vida”, relató. Como si esto fuera poco, la tragedia familiar se completó con la desaparición de otro tío abuelo de Osoro.

Durante años, este hombre acompañó a su madre a distintos homenajes. Ahora será él quien podrá relatar ante un tribunal las historias de sufrimientos y vidas inconclusas provocadas en su entorno familiar por la dictadura franquista. Antes, Osoro le contará a su ama (mamá) que la justicia, aquella que siempre estuvo tan lejos, hoy podría estar unos milímetros más cerca.

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Fotografía destacada: Frantsizka Lamarain y Pedro Telleria

Fuente:http://www.publico.es/politica/testimonios-han-abierto-grieta-impunidad-franquista-pena-no-vivos.html

 

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Jesús Rodríguez “El Chuchi”: “El asesinato de mi abuelo es ejemplo de la atrocidad franquista por tener ideas”

Jesús Rodríguez “El Chuchi” | Nieto de Aquilino Rodríguez, asesinado por el franquismo

“Deseo encontrar los restos, tirados en algún lugar, para darles sepultura en memoria de mi padre, Gil Rodríguez, que murió sin hallarle, es mi derecho”.

laopiniondezamora.es / Susana Arizaga / 08-12-2017

“Ni siquiera una rosa”, la persecución y fusilamiento del vecino por el bando falangista del cabrero de Matellanes Aquilino Rodríguez, cabrero y agricultor de 48 años, durante la Guerra Civil, cuyos restos fueron enterrados en una fosa común junto a otros cuatro vecinos del pueblo, está muy cerca de conseguir un Goya. El día 13 se conocerá si logra pasar a la final el trabajo de César Martínez, director de la cinta, con la producción de Jesús Rodríguez, el nieto del zamorano represaliado por las tropas del dictador Francisco Franco.

-¿Cuánto hace que emprendió esta búsqueda, todavía pendiente de un final feliz?

-A la muerte de mi padre, en 2011. El siempre quiso recuperar los restos de mi abuelo, fusilado en 1936 en el cementerio de Alcañices, donde están sus restos en teorías, para llevarlos a Matellanes, nuestro pueblo natal, y darles sepultura.

-¿Qué le mueve a continuar con el empeño de su padre?

-Retomo su lucha en su memoria, por la de mi abuelo y por mí mismo, son mis sentimientos, mi obligación y mi derecho. A los meses de la muerte de mi padre, digo “¿aquí se acabó todo ?, no puede ser que se quede en el olvido”. Quiero que sirva de ejemplo, para que no vuelva a ocurrir más.

-¿Cómo surge la idea de grabar el documental “Ni siquiera una rosa” que relata la historia de su abuelo fusilado por los falangistas en 1936 y su búsqueda de los restos?

-Estábamos centrados en hacer una película. y el 15 de octubre de 2016 se acuerda la excavación en el cementerio de Alcañices en busca de la tumba de mi abuelo, a César Martínez, que está en el proyecto como director, se le ocurrió ir a grabar por si encontrábamos los restos.

-¿No hubo subvenciones?

-No, ni lo pretendí, he trabajado toda vida, desde niño, y a a mí, afortunadamente, me sobra dinero para pagar todo esto. No busco dinero, como dijo el portavoz del PP, Rafael Hernando, cuando nos acusó de que “se acuerdan de desenterrar a su padre solo cuando hay subvenciones”. Me mueven sentimientos no subvenciones del Estado y menos del PP, que solo cierran todas las posibilidades de búsqueda, no quiero dinero, me sobra para hacer esto. El cariño por mi abuelo más allá de todo eso.

-La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica acaba de denunciar a Rafael Hernando por llamar “entretenimiento” las búsquedas de asesinados por Franco, ¿qué le diría?

-A ese señor del PP me gustaría decirle que mi abuelo está tirado en una cuneta, que he hecho la investigación por mi cuenta, sin ayuda, para que vengan a decirme que es un entretenimiento. Quiero que se sepa lo que los falangistas malnacidos hicieron con personas que solo tenían sus ideas, que sirva como muestra de la atrocidad que se cometió en estos pueblos de Aliste, donde nunca tenían que haber venido esos sinvergüenzas a asesinar a sus vecinos.

-No es un documental guionizado, ¿cómo surge?

-No, surge todo de forma espontánea, mientras se estaba realizando la excavación para buscar a mi abuelo. En él aparecemos mi prima Genoveva, que la nieta de mi tío Aquilino, y yo. Las emociones, la rabia, los sentimientos que se transmiten en ese corto son los que en ese momento experimentábamos, fue muy intenso todo.

-¿Terminará en una película?

-En la actualidad, y desde hace varios años, estoy trabajando con Pedro Ríos para guionizar la vida de mis abuelos, de mi padre y de mis tíos, una vida difícil y de persecución constante por parte de los franquistas y la dictadura, la Guardia Civil, desde que comenzó la Guerra Civil, hasta tal punto que mi abuela murió de un infarto tras el asesinato de mi abuelo y por las continuas palizas que daban a mis tíos.

-El documental, que ha sido elegido como finalista para el galardón de los Goya, ya se ha visto en Madrid con muy buena aceptación.

-Sí, se presentó ya en cines de Madrid, está en la candidatura para los Goya, con diez trabajos más entre los que la Academia de Cine elegirá a los finalistas el día 13 de diciembre.

-¿Una compensación a tantos desvelos y tanta frustración?

-Después de toda la rabia y los malos momentos que he pasado al no poder hacer realidad mi deseo de encontrar los restos de mi abuelo es como una pequeña recompensa, un subidón, una pequeña gratificación, como si hubiera tomado un chupito.

-La familia como la recibió

-Bien.

-Si ganan el Goya, ¿irá a recogerlo personalmente?

-Iré a la entrega, haré acto de presencia, pero subir a recoger el premio, no lo sé, no me gustan mucho este tipo de actos, los cabreros somos así, un poco tímidos. Para eso está César Martínez.

-¿No tirará la toalla?

-No. He hecho excavaciones por mi cuenta, encontrarlo es muy difícil, he hecho todo el cementerio, lo quiero encontrar por empeño, a lo mejor lo enterraron en tierra santa junto o los sacaron del cementerio de Alcañices donde le mataron en la pared de dentro el 14 de septiembre al amanecer de 1936, junto a Rafael Sassot Rodríguez, catalán pero vecino de Alcañices y que trabajaba en la aduana; Laurentino Mata de Medina de Campo y conductor de la línea de autobuses Zamora-Alcañices; el farmacéutico Félix Prieto; y Antonio Rodríguez.

-¿Cómo detuvieron a su abuelo?

-Por la noche, llamaron a la puerta, se despidió de su familia porque sabía que no iba a volver. Durante una o dos noches, le mantuvieron en el calabozo goleándole, maltratándole, le dieron paseo, le llevaron al paredón y allí le mataron. En el pueblo se escuchaban los gritos del calabozo cuando les pegaban. Y los disparos de esa madrugada del 14 de septiembre cuando les fusilaron.

-¿Se sabe quiénes apretaron los gatillos?

-Sí. A Sassot lo mató Salvador Montejo Moreno, un conductor de autobuses; también participaron en la ejecución Luis Silva, “Pititis”, que era guardia civil; José García, alias “Mítrico”; y “El Amaro”; y Antonio.

-¿Cómo logró que conocer el nombre de los asesinos?

-Porque fueron Salvador y Luis a comer pollos al bar la Villa para almorzar, como héroes, como si hubiera sido una hazaña, a las doce del mediodía, después de matar a cinco personas y dejado huérfanos. Y “El Amaro”, que era tartamudo, decía que “el hijo puta”, en referencia a Sassot, “se reía de mí y me decía me matas ya o qué” porque se le atascó el revólver al disparar.

-¿Ha podido hablar con alguno de los descendientes de los ejecutores de esa madrugada?

-Hablé con su hijo, que me dijo que su padre fue muy malo, pero no sabía dónde estaban estos cadáveres. El hijo no sabía dónde los habían tirado. Y le di un abrazo al final de la conversación.

-¿Aún viven vecinos de Matellanes que conozcan lo que ocurrió aquella madrugada?

-Sí, pero siempre ha sido tabú y por los pueblos de 200, de 100, de alrededor de Alcañices ha habido muertes y nadie habla, preguntas a los hijos de las víctimas, que tienen 80 o 90 años, y les da vergüenza, no se atreven a hablar por toda la culpa que se les ha ido echando encima, en esa zona con tanto yugo y crucifijo colgado y olor a incienso. Yo creo que hay vecinos que saben, pero no quieren hablar.

-Las ejecuciones iban precedidas de denuncias de los vecinos, ¿no?

-Sí, para matar a mi abuelo recogieron denuncias, firmaron cuatro o cinco vecinos y el cura, mi abuelo no iba a misa. Tras el asesinato de mi abuelo, cada cuatro o cinco días la Guardia Civil iba a casa, les quitaban lo poco que tenían para comer, iban a por mi tío Domingo, le daba palizas, cuando volvía estaba en la cama días para recuperarse, se exilió a Brasil. En Argentina tengo a otros do tíos, Antonio y Ángel, les perseguían y no les dejaban vivir.

-El 23-F, su padre también abandonó Matellanes por miedo.

-Era socialista, el pequeño e los hermanos, Gil Rodríguez. Yo tenía 10 años, huyó a Portugal, pero antes fue a hablar con el cura y le dijo “mañana por la mañana toca las campañas y dices a todo el pueblo que como les pase algo a mi mujer y mis hijos vengo y mato a todo el pueblo”. Volvió en marzo o abril. Demetrio Madrid estuvo en mi casa para decirles a mi tío Anastasio, que era comunista, y mi padre que el 23-F estaban en el número 7 y 8 de la lista negra. Recuerdo a Demetrio en la cocina e casa tomando vino y chorizo.

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Fotografía destacada: Jesús Rodríguez durante la excavación en el cementerio de Alcañices. Foto extraída del corto “Ni siquiera una rosa

Fuente:http://www.laopiniondezamora.es/zamora/2017/12/08/asesinato-abuelo-ejemplo-atrocidad-franquista/1049947.html

 

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La Fiscalía insta a Cultura a reclamar a la Fundación Francisco Franco los documentos de su archivo

La Fiscalía General del Estado ha remitido al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte una posible reclamación acerca de la propiedad de los documentos del archivo de la Fundación Francisco Franco. Ahora será la Subdirección General de Protección del Patrimonio Histórico la que tenga que iniciar acciones legales en caso de que sean necesarias.

diariosigloxxi.com / 05-12-2017

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) presentó ante la Fiscalía General del Estado las referencias del archivo de la Fundación Francisco Franco con el objetivo de que se iniciara una investigación para determinar si la propiedad de esos documentos es del Estado.

En ese caso, la ARMH requiere que se inicien las medidas legales necesarias para que la fundación devuelva aquellos documentos de titularidad pública y que se tomen las medidas penales previstas en caso de que la documentación hubiera sido apropiada indebidamente.

Según informó la ARMH, en la respuesta remitida por la Fiscalía se informa de que se ha dado traslado a Cultura y, en concreto, a la Subdirección General de Protección del Patrimonio Histórico de esta circunstancia en caso de que el Estado tenga que exigir a la Fundación Francisco Franco la devolución del patrimonio documental del que pudiera haberse apropiado.

Entre los documentos que se encuentran en manos de esta fundación se encuentran informes del Estado, comunicaciones de embajadas y algunas informaciones que “podrían constituir un delito de revelación de secretos” al afectar a los acuerdos y relaciones de España con otros países.

La ARMH espera que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte tome las medidas necesarias para recuperar los archivos que puedan ser de titularidad pública y que se adopten las medidas punitivas que fueran necesarias.

Este colectivo considera de “extrema gravedad” que se permita la existencia de la Fundación Francisco Franco y que “tratándose de una organización orientada al enaltecimiento de un genocida pueda haber disfrutado de la connivencia del Estado en el uso de una documentación que de ser de titularidad pública nunca debería haber formado parte del archivo de la Fundación”.

Al mismo tiempo, cree “paradójico” que “el mismo ministerio que debería haberse interesado por la propiedad legal de esos documentos sea el que subvencionó a la Fundación Francisco Franco bajo el Gobierno de José María Aznar en los años 2000, 2001 y 2002”.

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Fuente:http://www.diariosigloxxi.com/texto-s/mostrar/260790/fiscalia-insta-cultura-reclamar-fundacion-francisco-franco-documentos-archivo

 

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