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La exposición sobre Auschwitz se olvida de las víctimas españolas de los nazis

Aunque se trata de una colección exhaustiva, la muestra que se exhibe en Madrid ignora casi por completo a las víctimas españolas del nazismo.

El director de la exposición asegura a que estudiarán hacer cambios y ampliaciones para subsanar el olvido: “Agradezco y asumo todas las críticas”, explica.

eldiario.es / Carlos Hernández / 19-01-2018

Cientos de paneles informativos, veinticinco salas, 600 objetos originales y una extensa audioguía que invita a prolongar la visita durante más de tres horas.

Aportaciones de colecciones privadas, de instituciones y museos como el Estatal de Auschwitz-Birkenau, el United States Holocaust Memorial and Museum y el Centro de Conmemoración de la Shoah. Todo es magnífico y está bien cuidado en la exposición sobre el campo de concentración de Auschwitz que se exhibe desde el pasado mes de diciembre en Madrid. ¿Todo? Hay quienes piensan que no. Los responsables de la muestra han tenido un olvido que ya ha comenzado a ser denunciado por algunos investigadores y por asociaciones memorialistas como la Amical de Ravensbrück y la ARMH. Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos se ha olvidado, casi por completo, de las víctimas españolas de los campos de concentración nazis.

Los miles de visitantes que ya han pasado por la exposición salen con una idea muy completa sobre el III Reich, La Solución Final y el funcionamiento de la fábrica de matar que era Auschwitz-Birkenau. Sin embargo, apenas reciben información sobre los miles de españoles que también vivieron, sufrieron y murieron tras las alambradas nazis.

La cara española del Holocausto se limita a tres pinceladas, aisladas, difusas y hasta equivocadas. De las más de dos horas de narración recogidas en la audioguía, se dedican exactamente 19 segundos a hablar de los cerca de 10.000 republicanos españoles que fueron deportados a los campos de concentración de Hitler: “Al menos 7.000 fueron enviados al campo de concentración de Mauthausen —se dice en la grabación—. Donde al menos 3.500 murieron”.

Una narración breve y además errónea, porque la cifra real de españoles muertos en ese campo alcanza un mínimo de 4.816; un 30% más de lo que se dice en la audioguía. Ya en la propia exposición solo hay dos referencias en clave española: un panel en el que se cita los nombres, sin más explicación, de algunos de los compatriotas que pasaron por Auschwitz y el dibujo hecho, supuestamente, por un SS del cadáver de un español que se suicidó lanzándose contra la valla electrificada de Gusen, un subcampo de Mauthausen. En el texto que le acompaña también se ofrece una cifra errónea, en este caso por exceso, del número de compatriotas que murieron en este subcampo.

Fuera de la exposición ha quedado la historia de los más de 2.000 españoles y al menos 300 españolas que acabaron en los campos de concentración nazis por pertenecer a la Resistencia que luchó en Francia contra las tropas de Hitler. Fuera ha quedado también la responsabilidad directa que tuvo Franco y su ministro de la Gobernación, Ramón Serrano Suñer, en la deportación a Mauthausen de más de 7.000 españoles que habían sido capturados por la Wehrmacht durante la invasión de Francia. Fuera ha quedado la triste odisea de decenas de miles de judíos de origen sefardí, y por tanto de origen español, que acabaron en las cámaras de gas de Auschwitz-Birkenau porque el régimen franquista rechazó el ofrecimiento que le hizo Berlín para repatriar a “sus judíos” y salvar así sus vidas.

Paradójicamente, la exposición sí hace mención, y es la tercera y última cita en clave española, a Ángel Sanz Briz, el diplomático franquista que salvó la vida de miles de judíos en Budapest. El texto que acompaña a la foto de Briz, sin embargo, no menciona que este realizó la heroica misión incumpliendo las órdenes que le llegaban desde Madrid de no inmiscuirse en lo que el régimen franquista consideraba “asuntos internos” de Hungría.

Parte de la exposición de Auschwitz de Madrid / Jesús Varillas

Se puede rectificar

Luis Ferreiro, director de la exposición, ha contestado a estas críticas y ha explicado a eldiario.es cómo fue la génesis de la exposición. “Quizás podríamos haber dedicado más espacio a estos temas que afectan directamente a España, pero la narrativa de Auschwitz es ya de por sí demasiado amplia como para resumirla en una sola exhibición —afirma—. Agradezco y asumo todas las críticas. La responsabilidad es nuestra, de Musealia, la empresa española que ha trabajado durante años para hacer realidad esta exposición. Hemos contado como comisarios con tres prestigiosos historiadores internacionales y con el equipo del Museo Estatal de Aushchwitz-Birkenau”.

Ferreiro niega rotundamente cualquier tipo de consigna política para esconder la historia de los republicanos españoles o las vinculaciones de Franco con el Holocausto y recuerda que la exposición tiene vocación internacional ya que nació con el objetivo de ser exhibida, después de Madrid, en seis ciudades europeas y en otras siete del continente americano.

Aún así y teniendo en cuenta que Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos permanecerá en la capital de España hasta el mes de junio, su director asegura que “la exposición, como grupo, va a estudiar posibles ampliaciones o cambios” encaminados a corregir los errores y las carencias que se han denunciado. Ferreiro cree, no obstante, que “la historia de los españoles que pasaron por los campos de concentración nazis merece una exposición propia —concluye—. Ojalá pueda realizarse algún día”.

Mientras llega ese momento, si es que llega, la escritora y miembro de honor de la Amical del campo de concentración de Ravensbrück  resumía recientemente en el diario Público el sentir de los descendientes de las víctimas: “¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar en este país la afrenta de la tergiversación de la realidad histórica, las ocultaciones e infamias, la indiferencia contra aquellos luchadores antifascistas que tomaron partido contra la injusticia, y tras combatir el fascismo en España, lanzados al exilio en 1939, fueron internados en desolados campos de concentración franceses? ¿Para cuándo, el reconocimiento a la lucha en la guerra, el maquis y la contribución en la resistencia francesa de nuestros hombres y mujeres, contra el invasor nazi, en tierras francesas, en denodada lucha por las libertades? Hombres y mujeres, y a veces niños estafetas, cazados en territorio francés por las SS y la Gestapo para explotarlos hasta su extenuación en fábricas de armamento, y terminar en las cámaras de gas o en los hornos crematorios. ¿Cuándo se va a enseñar en las escuelas la lucha del pueblo español, dentro y fuera de nuestras fronteras, y que los primeros libertadores que entraron en París, el 24 de agosto de 1944, eran soldados españoles republicanos?”

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Fotografía destacada: Parte de la exposición de Auschwitz de Madrid / Jesús Varillas

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/Auschwitz-imperdonable-gran-exposicion-espanolas_0_731077541.html

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El encuentro del Papa con las víctimas de Pinochet deja en evidencia el silencio de la Iglesia española con el franquismo

Francisco atiende a una víctima de la dictadura chilena que fue ‘bendecida’ por Juan Pablo II al saludar desde un balcón con el general.

Los obispos en España no han visto necesario hacer llegar a Bergoglio las reclamaciones de la víctimas y se han negado sistemáticamente a reconocer la memoria histórica.

El Vaticano ha abierto sus expedientes sobre Argentina o Uruguay mientras el Valle de los Caídos continúa sin acceder a las exhumaciones y apenas se han atendido los casos de niños robados.

eldiario.es / Jesús Bastante / 18-01-2018

Hace 31 años, el Papa Juan Pablo II bendecía al régimen de Augusto Pinochet, presentándose junto a él en el balcón de la Casa de la Moneda de Santiago. El respaldo de la jerarquía vaticana al general, basado en la amistad de éste con el entonces secretario de Estado vaticano (y ex Nuncio en Chile), Angelo Sodano, hizo mucho daño a los católicos chilenos. Una herida que, este jueves, el papa Francisco ha reconocido como primer paso de reconciliación.

En el último acto de su visita a Chile de 2018, y antes de partir hacia Perú, Bergoglio se ha encontrado con dos víctimas del régimen de Pinochet, que le entregaron una carta en la que se le solicitaba la ayuda del Vaticano para esclarecer, en la medida de lo posible, las circunstancias de la desaparición de miles de personas en los duros años de la dictadura chilena.

La actitud de Francisco contrasta con la que preside a la Iglesia católica en España, que se ha negado sistemáticamente a cualquier revisión de la memoria histórica. Basta con recordar las calificación episcopal: “Una sociedad que parecía haber encontrado el camino de su reconciliación y distensión, vuelve a hallarse dividida y enfrentada por una utilización de la “memoria histórica, guiada por una mentalidad selectiva”, decían los obispos españoles hace 11 años, cuando el Gobierno Zapatero debatía la aplicación de la Ley de Memoria Histórica.

¿Por qué en algunos casos Francisco habla y en otros no? La respuesta está en el interés de las cúpulas eclesiásticas nacionales. La causa es tan sencilla como difícilmente explicable, y la daba hace unos meses el Nuncio de Su Santidad en España, Renzo Fratini: “No creo que sea necesaria la inclusión del Santo Padre en este proceso”. En otras circunstancias, tanto en Argentina como en Uruguay, los obispos atendieron las reclamaciones de las víctimas, y las hicieron llegar a Francisco. En España, los obispos no lo consideran “necesario”.

Hablan los represaliados

Una de las víctimas de la represión pinochetista, Héctor Marín Rossel, ha contado al Papa que su hermano fue secuestrado el 28 de septiembre de 1973, y desapareció ese mismo día en Iquique. “En sus manos dejo la esperanza de encontrar a nuestros detenidos desaparecidos” clamó ante el Pontífice.

Antes, en el aeródromo de Maquehue (Temuco), que sirvió como centro de detención y tortura durante la dictadura, el Papa celebró una misa que ofreció “por todos los que sufrieron y murieron y por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias’. El papa pidió un momento de silencio por tanto ‘dolor y tanta injusticia’, en medio de la emoción que se palpaba en el ambiente.

El compromiso del Papa Francisco por las víctimas de las dictaduras forma parte de su lucha contra lo que llama “cultura del descarte”. Los olvidados son una de las obsesiones de este pontificado: los refugiados, los sin techo, los pueblos originarios… y también, los afectados por los regímenes dictatoriales.

En este sentido, Francisco ordenó la desclasificación de los archivos que el Vaticano guarda sobre la dictadura de Videla en Argentina, para que las familias de los desaparecidos pudieran acceder a toda la documentación. Un gesto que se reprodujo la semana pasada, cuando el obispo castrense anunció la entrega a las familias y asociaciones de víctimas de todos los datos relativos a los 175 nacimientos que se produjeron en la tristemente famosa Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) entre 1975 y 1979.

Hace semanas, el Papa ya hizo lo propio en el caso de Uruguay, tras encontrarse con el nuevo embajador uruguayo ante la Santa Sede, comprometiéndose a desclasificar los archivos que el Vaticano tiene sobre la última dictadura militar uruguaya (1973-1985). En estos días se discute sobre si los datos sólo estarán a disposición de los familiares de desaparecidos o si se contemplará la posibilidad de un modelo de acceso más amplio, como reclama la sociedad civil uruguaya.

Contraste con España

Argentina, Chile, Uruguay han sido tres de las dictaduras que marcaron la historia de América del Sur en el siglo XX. Sin embargo, la dictadura fascista española del general Francisco Franco no ha merecido tanta actividad reparadora por parte de la Iglesia católica.

Tras la aprobación de la ley de memoria, y dos meses antes de la entrada en vigor de la ley, se produjo la mayor beatificación de mártires en la historia de la Iglesia, con medio millar de asesinados durante la Guerra Civil, en una ceremonia presidida en el Vaticano por el propio Benedicto XVI.

La presencia del monje de Montserrat, Hilari Raguer (al comienzo estuvo el cardenal Sebastián, pero pronto la abandonó) en la Comisión para la Aplicación de la Ley de Memoria Histórica, hizo saltar chispas entre los obispos, que estallaron cuando la citada comisión recomendaba convertir el Valle de los Caídos en un centro de reinterpretación histórica, al tiempo que solicitaba que se cumpliera la ley para que las familias que lo desearan pudieran exhumar sus restos de Cuelgamuros, e instaba a debatir la salida de los cuerpos de Franco y José Antonio.

Costó mucho sudor, y decenas de demandas judiciales, conseguir que, poco a poco, buena parte de las catedrales, basílicas y parroquias españolas retirasen todos los signos franquistas de sus fachadas. Así lo hicieron las catedrales de Almería, Granada, Cuenca o Segovia, por ejemplo, retiraron placas por los ‘caídos’ o José Antonio tras sentencias de los juzgados. Otras, como Toledo, o templos como el Valle de los Caídos o el Cerro de los Ángeles de Getafe, continúan exhibiéndolas sin pudor. Alrededor de una quincena de diócesis no han respondido a los requerimientos planteados.

Algún cambio

Algunas cosas están cambiando, es cierto. En Madrid, por ejemplo, el cardenal Osoro accedió a que un sacerdote, Santos Urías, participara en la comisión para la memoria histórica, sin mayores problemas, y en algunas diócesis se ha facilitado el acceso de las víctimas del franquismo a los datos que pudiera haber sobre los fallecidos. La Iglesia, oficialmente, ha acatado la ley, aunque las trabas continúan siendo demasiados

Pero, siguen sumándose sinsabores para las víctimas. A la negativa de los monjes del Valle a cualquier exhumación de los restos de las víctimas, se suma el escándalo de los bebés robados durante el franquismo y los primeros años de la democracia, vinculados a hospitales y congregaciones católicas.

A pesar de que tanto el presidente de la CEE, Ricardo Blázquez, como su portavoz, José María Gil Tamayo, se han reunido con asociaciones de víctimas. y de que, en 2014, se comprometieron a que la Iglesia abriría sus archivos para aquellos particulares que reclamen documentos relacionados con supuestos casos de bebés robados. A pesar de que, además, éste se mostró de acuerdo en que las personas que tengan dudas sobre la posible sustracción de sus hijos en un hospital o clínica privada, o las familias que busquen a sus allegados, puedan acudir a su diócesis para solicitar las partidas de bautismo o de defunción del afectado. Hasta la fecha, y salvo casos contados, esto no se ha producido.

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Fotografía destacada: El papa Francisco con una víctima de la dictadura pinochetista.

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/encuentro-Papa-Pinochet-Iglesia-franquismo_0_730727862.html

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