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Primera mujer inscrita en el colegio de abogados /
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La primera abogada de León tenía expediente de ‘roja’

Ya habían pasado más de 100 años desde que se creó el Colegio de Abogados de León, en 1844, cuando la primera mujer se propuso traspasar sus puertas y ejercer la abogacía en la provincia. Se trata de Rudesinda Fernández Pereiro (Villafranca del Bierzo, 1910-?), una mujer que por entonces ya contaba con 36 años de edad y estaba casada.

diariodeleon.es / Ana Gaitero / 28-03-2017

Poco se sabe de esta berciana que obtuvo el título de Licenciado en Derecho —como se ponía y se pone aún en muchas titulaciones oficiales— en la Universidad Central de Madrid aquel mismo año en el que el país trataba de salir de la posguerra a duras penas.

En el archivo del Ilustre Colegio Oficial de Abogados de León (Ical) consta la solicitud de puño y letra de esta pionera, junto con una copia de los pagos al Estado por el título provisional de letrada.

Pero su rastro se pierde entre estas dos hojas que se guardan en una carpeta verde. No se ha podido constatar si se le autorizó la colegiación, aunque parece que no había ningún obstáculo para ello, y si llegó a ejercer como abogada en León.

Su rostro permanece aún en el anonimato. De Rudesinda Fernández Pereiro se conocen, sin embargo, otros datos de su vida debido a que durante la Guerra Civil fue detenida en León «por haberse negado a saludar en el momento en que la banda de música de FET interpretaba el himno nacional y era arriada la bandera frente al monumento a los Caídos».

Así se desprende del expediente rescatado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Esta asociación busca desde hace tiempo a familiares de Rudesinda Fernández Pereiro para entregárselo. Su nombre forma parte del listado de víctimas F junto a varias decenas de personas de las que la asociación tiene información y busca a familiares.

El expediente de auditoría de guerra que abrieron a Rudesinda Fernández Pereiro desvela que en 1938 vivía en León, más en concreto en la plaza de la Pícara Justina, y que por entonces era estudiante de Derecho.

 

Rudesinda es tachada de «izquierdista» y se le reprocha que aconsejara a su hermano, Domingo Fernández Pereiro, que no declarara nada en contra de su voluntad antes de ser fusilado. De su conducta se dice que se atiene a los cánones morales aceptados y se deja constancia de que, antes de ser fusilado el hermano, asistía alguna vez a la iglesia católica.

La auditoría de guerra se cerró sin propuesta el 29 de julio de 1938, un mes y diez días después de su apertura. El comandante juez instructor concluyó que los hechos que se aportaban no eran hechos que «ofrezcan la apariencia de delito» por lo que se acordó el sobreseimiento provisional de la causa.

No obstante, el auditor de guerra deja la posibilidad de que le sea impuesta a la joven, que por entonces contaba con 28 años, una multa de doscientas pesetas. Si le obligó a pagarla o no, también es un misterio.

Lo que sí parece, a tenor de sus declaraciones, es que era una mujer valiente. Rudesinda Fernández Pereiro declaró que se dirigía a su casa cuando, al pasar a la altura del colegio Carmelitas de León, casi en la esquina de Alfonso V, «oyó tocar la marcha real y no levantó el brazo ni se paró para saludar por considerar que dada la distancia al monumento de los Caídos y por no verlo, no tenía esa obligación». Relató también que «un señor desconocido de una manera imperiosa y grosera le mandó pararse y levantara el brazo».

Rudesinda aseguró que obedeció la orden, pero que al hombre «no le gustó» y le ordenó levantarlo de nuevo y rectificar la posición, a lo que se negó porque le pareció que la intención del desconocido era «únicamente molestarla». El hombre tomó sus datos y la mujer siguió su camino. Según su declaración oficial, cuando llegó a la altura del comercio de Lubén, en Ordoño II, «le mandó que le acompañase a las oficinas de Falange» donde fue interrogada. Luego la dejaron irse a casa.

Al día siguiente se presentó en su casa la delegación de orden público para comunicarle que tenía que personarse en San Marcos. La mujer declaró que como no le precisaron la hora pensó en hacerlo a las cinco y media, cuando iba a dar clases de las asignaturas de Derecho que cursaba, para no alarmar a su madre. Sin embargo, pocos minutos antes se presentaron los guardias en su casa y la llevaron a San Marcos.

De las pioneras a la paridad

De la época romana se conoce el nombre de la jurisconsulta Hortensia, pero hasta el siglo XIX hay un enorme vacío. Las mujeres fueron apartadas de las profesiones liberales en la edad moderna La insigne Concepción Arenal tuvo que disfrazarse de hombre para asistir como oyente a las clases de la Facultad de Derecho entre 1842 y 1845 y María Ascensión Chirivella (Valencia.1893 – México 1980) es la primera española colegiada, tras licenciarse en 1921. En León, después de la petición de Rudensida Fernández Pereiro en 1946, consta la colegiación, en 1962, de Mª del Carmen Sánchez González, una oscense nacida en 1938, que ejerció hasta 1967 y por un breve período en 1985 en la calle Sampiro. En 1994 había un 12% de letradas y actualmente la profesión roza la paridad en León.

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Fotografía destacada: MARCIANO PÉREZ –

Fuente:http://www.diariodeleon.es/noticias/sociedad/primera-abogada-leon-tenia-expediente-roja_1148743.html

 

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Miguel Hernández, tu rayo no ha cesado todavía

Con motivo del 75 aniversario de la muerte de Miguel Hernández, varias voces de la poesía actual española hablan de su influencia y honran su legado.

Antonio Lucas, Raquel Lanseros, Jorge Villalobos o Aitor Larrabide, presidente de su Fundación, exponen la importancia de revivirlo leyéndolo.

eldiario.es / Álvaro Macías / 27-03-2017

¿Quién era Miguel Hernández? ¿Cómo un oriundo de Orihuela, destinado a ser otro jornalero de frente y manos duras, acabó dotando a la poesía española de todo un aliento agro, un  savoir faire de entraña, un relámpago sin mística? ¿Cómo pudo una mala tisis llevárselo tan pronto, en una cárcel, sin una cebolla blanca en la boca? ¿Qué versos futuros perdía la Historia -y su Josefina- de quien fue joven hasta para morir? ¿Quién era Miguel Hernández? Pero, sobre todo, ¿quién sigue siendo Miguel Hernández?

Se cumplen 75 años desde que falleciera el ‘hijo español’ de Pablo Neruda -su ‘padre’, Alberti; su ‘hermanísimo’, Lorca, otro que se fue sin mirar atrás-. Miguel Hernández sigue vivo. En cada verso de poeta contemporáneo su influencia no es errata. Generación tras generación, hay un ‘post-miguelhernandismo’ en la metáfora patria. Conversamos con algunas de las voces de la poesía actual española para saber de primera mano cómo hay un ‘viento del pueblo’ que sigue su rumbo en los pulmones de los otros.

“La influencia de su escritura ha sido menor que el calado de su actitud y de su leyenda abaratada. Miguel Hernández fue más de lo que nos dijeron”, afirma el poeta Antonio Lucas (Madrid, 1975) en un hilo que recoge con el mismo impulso Momo Galera (Murcia, 1997), coordinador de la Jam de nakama y del Micro Abierto de ‘La Casa Vieja’ en Albacete: “De los poetas actuales, son muchos los que se han dejado bañar por la tinta crítica de Miguel Hernández, aunque posiblemente son menos de los que deberían”.

La libertad es algo
que sólo en tus entrañas
bate como el relámpago.

“Miguel Hernández no es un poeta cuya influencia pueda rastrearse fácilmente porque la suya no fue una obra revulsiva, que sentara las bases de una estética propia”, explican desde la editorial Esto no es Berlín. “Lo valioso es que, aún así, fue un poeta original.  Su influencia está, o debería estarlo, en su actitud poética indesmayable”. Una actitud en donde cada víscera está al servicio del siguiente verso, cada músculo tensado para asombrar con una tilde nueva al lector.

Desde la Fundación Miguel Hernández advierten de que la vigencia de su verbo radica en “su autenticidad, intemporalidad del mensaje, su rebeldía por aquello impuesto”. Hablan de que sus libros “suponen un gran esfuerzo por aspirar a la belleza partiendo de lo simple”, de que su influencia en la poesía contemporánea promueve “una vuelta al yo, al intimismo”. Y con un vistazo a los poetas del hoy que serán poetas mañana:  el ‘yo poético’ de Miguel ha alargado su sombra telúrica hasta nuestros días.

Miguel Hernández arengando a las tropas en la Batalla de Extremadura (1937)

Un legado en lunas

“Miguel Hernández es un poeta de un extremo virtuosismo y un deslumbrante talento natural, que supo cantar a la vida, tomar partido en los duros dilemas de su tiempo y no renunciar jamás a su sentido de la dignidad y la verdad”. Las palabras de Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) sirven de cimiento para cantar qué delimita la poesía del oriolano. “Si algo la define, es esa extraña resiliencia de la juventud en la libertad. Estos son sus dos mayores pilares: el amor y la libertad”, expone desde su Málaga natal el joven vate Jorge Villalobos (1995).

Para Momo Galera, el mejor sinónimo de Miguel Hernández es “la lucha”. “Es el consagrado ‘poeta del pueblo’ por el fiel reflejo que hace de ese sentimiento de lucha obrera, de causa republicana. La obra de Miguel es un retrato detallado de una España atrasada”. Para su Fundación, los lendeles que dejó Miguel se escriben con tres adjetivos fieros: “Auténtico, profundo, sencillo. Su obra bebe de las fuentes del pueblo”.

Miguel Hernández con Josefina Manresa, 1935

Un pueblo que de alguna forma le dio la espalda y la cruz de la moneda de una idea. Hubo que reivindicarlo, aunque su herencia poética aún galopa rauda. Para Villalobos, Miguel Hernández “fue mártir porque no aceptó cadenas, porque no renunció a la sonrisa ni su voz.  En cada poema se ve una honestidad titánica, eso es su legado”. Raquel Lanseros coincide y lanza el órdago: “Sin su figura no es posible explicar la producción poética posterior”.

Y Antonio Lucas lo resume, ¿qué define la poesía de Miguel Hernández? “El instinto. La calentura de un verso que sube alto la imagen poética y que cuenta con una potencia verbal asombrosa”. ¿Cómo definiría su legado? “Como el de un hombre que nació fieramente para la poesía, para el asombro y para el dolor”. Quedan por saber las razones por las que debe su sangre seguir estercolando el territorio poético.

Leer una ausencia

La editorial Esto no es Berlín da su impresión, que no va mal encaminada: “Hay que leerle, primero, porque, admitámoslo, no lo leemos todo lo que deberíamos, pero la España de la crisis probablemente sea más sensible a la magnitud de su voz”. La poeta Luna Miguel (Madrid, 1990), sin embargo, retrata en esta anécdota una razón que tiene raíz (de ser) y árbol (genealógico):

“Yo nunca había leído a Miguel Hernández, sentía que sus palabras no representaban ni mi vida ni mis sentimientos. Sin embargo, al cumplir los 18, mi abuela me regaló una antología de su obra que agradecí y en seguida olvidé en mi estantería. En aquella época, yo vivía con mi abuela en Alcalá de Henares. Recuerdo que a veces, en el desayuno, ella recitaba de memoria algunos de sus versos. Por supuesto, yo no los reconocía.

Un día, no sé por qué, leí la antología de principio a fin. Volví a no sentirme identificada con Hernández, y sin embargo sí que me sentí más unida a mi abuela. Es curioso cómo un poeta que nunca terminó de gustarme acabó haciéndome sentir así: más orgullosa de ser nieta de esa mujer que durante años fue profesora de literatura y recitó de memoria los versos de grandes poetas y, por supuesto, los de Hernández”.

Miguel Hernández (arriba a la izquierda) junto a otros poetas como Neruda, Pedro Salinas o Gerardo Diego en el homenaje a Aleixandre

Momo Galera, desde su propia trinchera de juventud, no negocia: “Cualquier joven escritor que pretenda en sus textos virar el timón a contracorriente, ser en definitiva crítico y autocrítico, debería impregnarse de la tinta libertaria de Miguel”. Otro que se afianza en esa idea es Jorge Villalobos: “Tanto para la vida como para escribir es mucho lo que puede enseñar , reflejarnos, abrazarnos en momentos adversos o difíciles”. Elige un verso: voy entre pena y pena sonriendo.

¡Dejadme la esperanza! es el que elige desde la fundación del poeta Aitor Larrabide, su presidente, puesto que “resume muy bien la filosofía vital de Miguel Hernández. Su obra representa no sólo un ejemplo de la evolución de la poesía española del siglo XX sino también de la pasión por la escritura y por la cultura como única forma de progreso”.

“Se trata de un poeta hondo y luminoso. Cuando leí El rayo que no cesa en la adolescencia, me impresionó tanto que se convirtió en uno de mis libros de cabecera”, dice y concluye Raquel Lanseros, quien elige mismo libro que Antonio Lucas, que aprovecha para dar el porqué de su lectura: “Porque abre el idioma, porque dota las palabras de lumbre, amor, rabia y autenticidad. Porque su escritura es un trallazo. Es uno de esos hombres que lanzan las palabras más lejos que la vida”.

Una vida que se le escapó de las manos bajo el frío que da el azul entre los barrotes. Esas mismas manos que escarbaban la tierra a dentelladas, esos mismos ojos que dio a los cirujanos para la libertad o esa misma boca que apenas si pudo decir adiós -a su Josefina- una sola vez. Y no volvió. Pero siempre se vuelve a él. Hay testigos.

Miguel Hernández en San Petesburgo, 1937

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Fotografía destacada: Miguel Hernández

Fuente:http://www.eldiario.es/cultura/libros/poesia/Miguel-Hernandez-poesia-rayo_0_625387991.html

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Diario de una víctima del franquismo: “Que cante, dicen. Pero de esta boca violada sólo salen alaridos”

Gloria Bosque, víctima de torturas durante el régimen franquista, eligió vivir y hoy forma parte de la querella conjunta que pide la declaración de genocidio.

“Algún día, el Gobierno que sea, tendrá que pedir perdón por la monstruosidad que fue el franquismo”.

eldiario.es / N. Elia / 26-03-2017

Noviembre de 1975, Valladolid. “ Hace frío. Pero tiritar de frío es el menor de los males. Desnuda delante de tres agentes. Ahora con los brazos en cruz, ahora andando en círculos con los pies para afuera, ahora arrodillada y hecha un ovillo mientras me contemplan por detrás y se ríen. Llueven los golpes y arden sobre la piel. Que cante, dicen, que cante. Pero de esta boca violada sólo salen alaridos. Otra vez la sal, por toda la cara, sobre los ojos, en la boca, hasta la garganta. Escuece, quema, asfixia, necesito quitármela, arrancar el dolor. Pero las manos siguen a la espalda, atadas, entumecidas.

Tal vez vaya a morir así, tal vez sea hoy, con la voz arrasada por la sal y el cuerpo sembrado de golpes. Ya no intento gritar. Me vale con que el aire llegue a los pulmones. Pienso en los míos, en Pamplona, en el monte, en el aire frío y limpio que respirábamos con ímpetu a la carrera … Un manotazo en la cara me obliga a abrir los ojos.

Es otra vez él. Que no me duerma, grita. Que vamos a aprender los vagos y maleantes lo que cuesta vivir. Se aleja un par de pasos y vuelve con un trapo mugriento. Gotea. Siento un calor húmedo que se extiende hasta las rodillas y sé que me he vuelto a orinar encima. Se ríen. Se quejan de que huelo mal. Me insultan, guarra, me soban, no sirves ni para dar por culo, me salpican con mi propia orina, cerda, que eres una cerda.

No puedo más. Quiero terminar ya. Que acabe este sufrimiento. Quiero morir. El más grande me agarra del mentón y me abre bruscamente la boca. Algo húmedo y áspero me la invade. Creo que es el trapo, que ahoga mis gritos. Ponle también la toalla, escucho antes de que la luz de la celda se transforme en sombras y oscuridad. Llevo una toalla mojada sobre la cabeza y tengo encajado un trapo en la boca, las manos atadas, el cuerpo molido a palos, vejada, rendida, muerta de miedo. ¿Qué viene ahora?”

A Gloria Bosque Ezker la detuvieron en noviembre de 1975 en Valladolid y pasó 10 días de torturas e interrogatorios en diferentes dependencias policiales. Se enteró de la muerte de Franco estando presa. Pero, lejos de pensar que con el fallecimiento del dictador llegaba también el final de su calvario, Gloria Bosque se dio cuenta de que había barra libre aquellos días para sus torturadores. Cuenta que quiso morir en muchos momentos. Que mentalmente suplicaba que la matasen. Pero la obligaron a elegir y escogió la vida.

Suplicó por su vida, literalmente, cuando fue llevada a punta de metralleta a un bosque de pinos en las afueras de Valladolid y los agentes que llevaban diez días sometiéndola a todo tipo de torturas decidieron hacerle creer que la iban a fusilar. “¿Qué hacemos, la matamos, o que vuelva y que cante?”, les escuchó a su espalda. “¡Quiero vivir!”, eligió ella a grito limpio. Sus captores decidieron no matarla.

Desde 1975, Gloria Bosque ha vivido a la sombra de estos recuerdos que la marcaron a fuego. Ahora forma parte, a título personal, de la querella compartida que el Ayuntamiento de Pamplona ha presentado ante la Audiencia de Navarra para que los crímenes del franquismo sean declarados delitos de lesa humanidad, es decir, delitos que nunca prescriben, delitos que deben ser juzgados de una vez. “Ningún futuro de paz, justicia y solidaridad podremos construir negando lo anterior”, advierte Gloria Bosque.

“La querella reclama la justicia negada a todas y todos los que fueron asesinados y desaparecidos, mujeres vejadas y violadas, familias despojadas, humilladas y perseguidas durante décadas, gentes exiliadas, detenidas, maltratadas, torturadas, encarceladas; sindicalistas despedidos y perseguidos, mujeres despojadas de sus más elementales derechos durante décadas. En definitiva, a todo un pueblo ninguneado al que durante 40 años se le negó todo tipo de libertades democráticas y derechos humanos”, explica. Aunque no se muestra demasiado optimista sobre el resultado final de la querella en los tribunales, sí muestra su esperanza de que la justicia en Navarra “esté a la altura de las circunstancias y haga frente a sus responsabilidades, tal y como están comenzando a hacer las instituciones forales y municipales”.

Las cifras del oprobio

Aunque en Pamplona no hubo un frente de guerra propiamente dicho, el franquismo dejó tras de sí una estela de muertes, desapariciones, encarcelamientos y torturas a las que un estudio encargado a la Universidad Pública de Navarra ha puesto cifras, nombres y apellidos. En total 309 muertes y más de 1.000 encarcelamientos durante la guerra civil y el franquismo.

Según ha explicado la letrada que dirige la querella, Lourdes Etxeberria, los hechos objeto de la demanda “nunca han sido investigados penalmente por los tribunales de justicia del Estado español”, por lo que se apela al “principio de interdicción de la impunidad”, a la obligación de las instituciones para “remover todos los obstáculos fácticos y jurídicos que impidan la investigación, enjuiciamiento y, en su caso, condena de las violaciones masivas, sistemáticas, planificadas y generalizadas de Derechos Humanos”.

Emilio Majuelo, doctor en Historia Contemporánea y profesor de la UPNA, ha dirigido el proyecto del Fondo Documental de la Memoria Histórica de Navarra. Un recopilatorio que sirve de base al informe pericial que acompaña la querella y que permitirá a los jueces conocer de primera mano miles de testimonios. Horas y horas de grabaciones de entrevistas realizadas a familiares de desaparecidos y a víctimas en primera persona de la represión franquista.

El nombre de Gloria Bosque Ezquer figura en el citado Fondo Documental de la Memoria Histórica de Navarra junto a unos asépticos parámetros con los que se ha intentado clasificar el horror: “Represión: encierro en prisión provincial o penal, comisarías, cuarteles… Torturas y agresiones físicas: Tortura”. El apartado ‘Informe de muerte’ deja los campos de año, mes y día vacíos. Hace más de 40 años que Gloria Bosque suplicó por su vida y los agentes que iban a fusilarla se la perdonaron.

“Si no se reconoce este genocidio, es muy difícil avanzar a nivel de justicia y paz. Es imprescindible. Y que se depuren responsabilidades, porque parece que seguimos con la sombra del franquismo, que es intocable. El dictador murió hace 40 años. Y sin embargo no se atreven y no les interesa que se reconozca la verdad”, lamenta Gloria Bosque. “Algún día, no sé cuándo pero creo que no lo conoceré, el Gobierno que sea tendrá que pedir perdón por la monstruosidad que fue el franquismo”.

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Fotografía destacada: Homenaje a desaparecidos del franquismo

Fuente:http://www.eldiario.es/norte/navarra/ultima_hora/Llueven-golpes-cante-violada-alaridos_0_626087636.html

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Muere con 96 años el brigadista mexicano Juan Miguel de Mora: “De la España de la Guerra Civil solo queda la derecha católica”

El pasado 18 de marzo falleció en su tierra natal Juan Miguel de Mora, brigadista internacional que acudió a España para luchar contra el fascismo. Fue uno de los primeros en llegar en 1936.

publico.es / Alejandro Torrús / 25-03-2017

“Ya veo a la Pelona (así llamamos a la muerte en México) que me sonríe a veces, pero no me llama. Lamento que mi cita con ella no sea en Samarcanda, como en el cuento oriental, porque así conocería Samarcanda, capital de Uzbekistán, antes de irme…” Estas fueron las últimas palabras que escribió Juan Miguel de Mora para la Asociación de Amigos de las Brigadas Internacionales. Fue en el mes de noviembre con motivo del 80 aniversario de la llegada de las Brigadas a España para luchar durante la Guerra Civil. La semana pasada, 18 de marzo, Juan Miguel falleció con 96 años de vida y lucha a sus espaldas.

Juan Miguel de Mora fue uno de los primeros brigadistas internacionales en llegar a España. Sólo los atletas que estaban participando en la Olimpiada Popular y se alistaron al Ejército republicano llegaron antes de él. Así lo contó él a Público en 2014 durante la última visita que realizaría a España. En su opinión, lo único que queda de la España de 1936 es la derecha tradicional católica.

“Los que capitalizaron la guerra no fueron los fascistas ni los nazis que había en España, sino los católicos”

“Este país no tiene absolutamente nada que ver con el país que yo conocí. Nada de nada. Lo único que queda es la derecha española tradicional clerical. Esa derecha, por cierto, que fue la que supo capitalizar la ayuda de Hitler, quien, por cierto, era ateo. Cuando Alemania perdió la guerra, la Falange también perdió poder en España en detrimento del sector más católico y ultraconservador. Los que capitalizaron la guerra no fueron los fascistas ni los nazis que había en España, sino los católicos. Si llega a ganar Hitler la II Guerra Mundial hubiera mandado mucho más la Falange y la Iglesia lo hubiese pasado peor.

Tenía entonces 14 años cuando llegó a España, pero convenció a un amigo para que lo trajera a España en su coche y a finales de julio de 1936 pidió alistarse al Ejército. Sin embargo, su edad era un impedimento. De hecho, recordaba su vergüenza cuando nada más llegar vio que los republicanos tenían una guardería para chavales de entre 2 y 14 años: “Discutí durante horas con el comisario general del Ejército republicano para luchar en el Ebro. Me preguntó si pensaba que el ejército republicano tenía alguna posibilidad de ganar la guerra. Le dije que no. Entonces, me respondió que por qué quería luchar. Y yo le dije: Pues por eso mismo. Finalmente, no le quedó otra que aceptarme por mi tozudez”, recuerda.

Llegaba desde París, donde con 14 estudiaba en el Liceo. Así recordaba Juan Miguel los motivos que le trajeron a España para luchar contra el fascismo: “Hoy la gente es indiferente ante la política, pero entonces había un problema con el fascismo y todo el mundo era consciente de ello. En Francia informaban de la existencia de dos bandos. Uno, el de los leales a la República y otro, el de los fascistas. Las claves de rojos y nacionales eran de consumo interno español. En Europa se utilizaban otros términos. Yo vi a unos militares con el brazo en alto, como si estuvieran comprobando si llovía o no, y decidí que tenía que luchar”. Descanse en paz.

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Fotografía destacada: Juan Miguel de Mora durante su última estancia en Madrod.- A.T.

Fuente:http://www.publico.es/politica/muere-96-anos-brigadista-mexicano.html

 

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“Qué clase de persona hay que ser para humillar a gente que quiere sacar a su padre de una cuneta y llevarle a un cementerio”

La Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (AMRH) valora negativamente que por segunda vez la Justicia no vea delito en las palabras de Rafael Hernando (PP) sobre las víctimas del franquismo y sopesan llevarle ante el Supremo.

cadenaser.com / Alberto Pozas / 22-03-2017

“Qué tipo de persona hay que ser para atacar o humillar a gente muy mayor que lo que quiere es sacar a su padre de una cuneta y llevarle al cementerio”. Son las palabras de Emilio Silva, portavoz de la Asociación por la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), tras saber que la Fiscalía no encuentra nada reprochable por la vía judicial en las palabras del portavoz ‘popular’ en el Congreso, Rafael Hernando, sobre las víctimas del franquismo.

“Su partido debería ser el primero en aplicarle el artículo 3 de sus estatutos, en el que se declara un partido solidario con las víctimas de cualquier tipo de violencia”, explica Silva.

En declaraciones a la Cadena SER el mismo día en que han conocido la posición de la Fiscalía General del Estado, Silva también explica que están sopesando, junto con sus servicios jurídicos, llevar a Hernando ante el Supremo de todas maneras. “Tenemos una especie de deber, ser un martillo pilón y denunciar esto allí donde ocurra”.

Por último, Silva también relata cómo reciben las víctimas este tipo de comentarios. “Es una vergüenza que entre la clase política alguien desde esa tribuna se dedique a tratar de humillar a gente que no ha hecho nada, que lo único que ha hecho es sufrir”, dice.

Desde la ARMH sostienen también que la Fiscalía “habría actuado de oficio” si los comentarios se hubiesen producido sobre las víctimas del terrorismo.

“Los muertos para arriba y para abajo”

En este caso, la Fiscalía ha comunicado a la ARMH que “no se va a emprender ningún tipo de actuación” contra Hernando por sus palabras recientes. Tildó de “entretenimiento de algunos” estar “con los muertos para arriba y para abajo“. Días después, reafirmaba sus palabras en una entrevista concedida a eldiario.es donde preguntaba: “¿Por qué voy a pedir perdón?”.

Eran unas declaraciones que hacía tras ser preguntado por la resolución del Tribunal Supremo sobre la petición de exhumar a Franco del Valle de los Caídos. Sus palabras fueron llevadas ante la Fiscalía General del Estado, que tras analizarlas asegura que “no se encuentran elementos suficientes para ejercer acciones penales o civiles”, añadiendo que “por parte de la Fiscalía General del Estado no se va a emprender ningún tipo de actuación”.

Dejando la puerta abierta, eso sí, a que tal y como sopesa la ARMH sean las propias víctimas las que tomen la iniciativa: “Sin perjuicio de la facultad que le asiste para ejercer por sí mismo cuantas acciones estime pertinentes”, asegura el escrito del Fiscal Jefe de la secretaría técnica, José Miguel de la Rosa.

“Algunos sólo se acuerdan de sus padres cuando hay dinero”

No es la primera vez en que las víctimas de la dictadura y sus familiares llevan a Hernando ante los tribunales por declaraciones parecidas. El entonces portavoz adjunto del PP en el Congreso y diputado por Almería aseguró que “algunos se han acordado de su padre cuando había subvenciones para encontrarlo” en una tertulia de la cadena 13TV en noviembre de 2013.

En esa ocasión, a Hernando le salvaron el “parece ser” y el “algunos“: después de que la Fiscalía se apartase del proceso, los cinco jueces de la sala de lo penal decidieron inadmitir la querella de la ARMH por entender que sus palabras estaban “amparadas por la libertad de expresión“. Destacaba que, tal y como decía Hernando en la entrevista que también reflejaba el auto, la opinión “no contiene expresión vejatoria”, no utilizó “una expresión ni generalizada ni categórica” y además surge “en un programa de debate público“.

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Fotografía destacada: El portavoz del Partido Popular en el Congreso, Rafael Hernando, durante la rueda de prensa ofrecida tras la reunión de la Junta de Portavoces / Emilio Naranjo (EFE)

Fuente:http://cadenaser.com/ser/2017/03/21/tribunales/1490121743_935534.html

 

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La Fiscalía no ve delito en la burla de Rafael Hernando a las víctimas del franquismo

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica denunció ante la Fiscalía General del Estado las declaraciones de Hernando en el Congreso en las que señalaba que “esto de estar todos los días con los muertos para arriba y para abajo” es el “entretenimiento de algunos”.

Público.es / 21-03-2017

La Fiscalía General del Estado considera que no hay indicio de delito alguno en las declaraciones de Rafael Hernando. El portavoz del Grupo Popular en el Congreso se burló de las víctimas de la dictadura franquista asegurando que “esto de estar todos los días con los muertos para arriba y para abajo” es el “el entretenimiento de algunos”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) había presentado un escrito ante la Fiscalía General del Estado para indagar si esas declaraciones habían sido constitutivas de un delito penado por el artículo 510 del Código Penal, que castiga con una pena de prisión de uno a cuatro años a quienes fomenten, promuevan o inciten al odio, hostilidad, discriminación o violencia contra un grupo por motivos racistas, antisemitas u otros referentes a la ideología, religión o creencias.

El presidente de la ARMH, Emilio Silva, considera que “la Fiscalía, en una clara coincidencia con la política del Partido Popular, actúa como si existieran victimas de primera y de segunda clase”. Y añade: “Si un político hubiera dicho de las víctimas del terrorismo se entretienen con sus muertos para arriba y para abajo, nadie puede dudar de que la actuación de la Fiscalía hubiera sido muy distinta y no se hubiera ido de rositas”.

La ARMH ha denunciado en numerosas ocasiones, igual que ha hecho el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, que el Gobierno discrimina entre diferentes víctimas de hechos graves y violentos: “Como si hubiera muertes que duelen menos o violaciones de derechos humanos que se pueden consentir”, sentencia Silva.

“Lo lamentable es que en el Congreso de los Diputados haya políticos capaz de humillar y burlarse de personas que tienen un familiar desaparecido en una cuneta y quieren darle una sepultura digna. La cultura democrática de alguien así está bajo mínimos”, remarca el presidente de la ARMH, un colectivo que lleva más de dieciséis años ayudando a familias de desaparecidos a saber qué ocurrió con sus seres queridos y a darle una sepultura digna.

Fotografía destacada: El portavoz del PP, Rafael Hernando, durante la rueda de prensa posterior a la Junta de Portavoces celebrada hoy en el Congreso de los Diputados. EFE/Mariscal

http://www.publico.es/politica/fiscalia-ve-delito-burla-rafael.html

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Cumplir con el deber de olvidar

La salvaguarda de la memoria histórica se ha convertido en una obligación moral de nuestra época. Pero en ocasiones los recuerdos cometen grandes injusticias con el presente.

cultura.elpais.com / David Rieff / 19-03-2017

La mayoría de la gente decente en España, como en casi todas partes, convendría con el célebre precepto de George Santayana: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”. La consecuencia de esto es que hoy la memoria se ha convertido en una de las devociones más inatacables. Se nos ha inculcado que el recuerdo del pasado y su corolario, la conmemoración de la memoria histórica colectiva, es una de las más elevadas obligaciones morales de la humanidad.

Sin embargo, ¿qué ocurre si, no siempre pero con mucha frecuencia, esto es una equivocación? ¿Qué ocurre si la memoria histórica colectiva, tal como la emplean las comunidades y las naciones, ha conducido demasiadas veces a la guerra más que a la paz, al rencor y al resentimiento más que a la reconciliación y a la determinación de vengarse por los agravios reales e imaginarios en lugar de comprometerse con la ardua tarea del perdón? En suma, ¿no hay épocas en que es mejor olvidar algunas cosas?

Es lo que pasó en el sur de EE UU después de 1865, cuando tras la guerra de Secesión, otra modalidad de batalla se libró sobre la versión del conflicto que prevalecería: la victoria de la Unión o la derrota de la Confederación. Esa batalla por la memoria, aunque atemperada, continúa, como quedó demostrado en el reciente debate sobre la bandera confederada. Y así como la memoria histórica colectiva arrasó a la exYugoslavia en los años noventa, lo mismo ocurre hoy con Israel-Palestina, en Irak y en Siria, con el populismo nacionalista hindú del partido Bharatiya Janata de India y entre yihadistas e islamistas, tanto en el mundo musulmán como en la diáspora musulmana en Europa occidental, Norteamérica y Australia.

No hay una solución sencilla. Al contrario, es probable que el ansia de comunidad de los seres humanos, ya imperiosa en tiempos de paz y abundancia, llegue a sentirse como una urgencia psíquica y moral en tiempos difíciles. Pero, al menos, no se ha de hacer la vista gorda al tremendo sacrificio que las sociedades han de asumir y siguen asumiendo en aras del consuelo de la rememoración.

Que la memoria histórica colectiva no respeta el pasado debería ser evidente. Y para que quede claro, no se trata solo de inexactitud, voluntaria o involuntaria, como la que abunda en las actuales series de televisión que pretenden recrear un periodo histórico —como Los Tudor o Roma—. Cuando los Estados, los partidos políticos y los grupos sociales hacen un llamamiento a la memoria histórica, sus motivos no son triviales. Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, el objetivo de dichos llamamientos, casi invariablemente, era alentar la unidad nacional. Resultaría reconfortante creer que los regímenes reprobables han sido más propensos a esta práctica que los decentes, pero la realidad es que casi todos se han empeñado en la movilización y manipulación de la memoria o en su creación.

Incluso movimientos políticos rivales han llegado a disputarse la propiedad de una figura histórica particular, que supuestamente encarna a la nación, como ocurrió con Juana de Arco en la Francia del siglo XIX. La derecha la tenía por emblema de la determinación francesa que rechazó a los invasores extranjeros; en cambio, para la izquierda, mayoritariamente anticlerical, fue una víctima de la Iglesia católica que la condenó a morir en la hoguera. Cuando fue beatificada en 1909 (y canonizada en 1920), la izquierda no pudo reclamarla como propia. Pero la memoria de Juana de Arco continuó en el centro de la controversia; fue un referente para la derecha, primero para el extremista movimiento conservador católico, Action Française, y el Gobierno de Vichy y, en los ochenta, para el ultraderechista Frente Nacional, que conmemora a Juana de Arco cada 1 de mayo, coincidiendo no por casualidad con la fiesta anual más importante de la izquierda.

En la mayoría de los casos al menos, el olvido comete una injusticia con el pasado. El problema se agrava cuando al recordar se incurre en una injusticia con el presente. En este caso, cuando la memoria colectiva condena a las comunidades a sentir el dolor de sus heridas históricas y el enconamiento de sus agravios, no es preciso cumplir con el deber de recordar, sino con el deber de olvidar. En este tipo de situaciones, ¿se puede decir qué es peor, el recuerdo o el olvido?

No existe una respuesta categórica. Pero dadas las tendencias agresivas de la humanidad, es posible como mínimo que el olvido, a pesar de todos los sacrificios que impone, sea la única respuesta prudente; y en ese sentido debería ofrecer cierto consuelo más que causar consternación. Sobran los ejemplos históricos en que dicho olvido se produce más pronto de lo que razonablemente cabría esperar. Sirva para ilustrar esto el momento en que el general De Gaulle decidió que Francia tendría que aceptar la independencia de Argelia; se cuenta que uno de sus asesores protestó exclamando: “Se ha derramado demasiada sangre”. De Gaulle respondió: “Nada se seca tan pronto como la sangre”.

Una mujer es abucheada en Chartres (cerca de París) tras haber sido rapada por haber tenido un hijo con un soldado alemán, en agosto de 1944. ROBERT CAPA (MAGNUM)

Con lo anterior no estoy prescribiendo una amnesia moral. Estar desprovisto de memoria es estar desprovisto de un mundo. Tampoco se discute la decisión de los colectivos de recordar a sus muertos o exigir el reconocimiento a los sufrimientos causados, sobre todo por los estados nacionales. Hacerlo sería recomendar una suerte de mutilación moral y psicológica de proporciones trágicas. Por otra parte, el exceso de olvido no es con mucho el único riesgo. También lo es el exceso de recuerdo, y a comienzos del siglo XXI, cuando en todo el mundo la gente está, en palabras del difunto Tzvetan Todorov, “obsesionada con un culto nuevo, el de la memoria”, lo último parece haberse convertido en un riesgo mucho mayor que la primero.

Para presentar el dilema de forma más cruda: la conmemoración puede ser aliada de la justicia, pero no es una amiga fiable de la paz, y el olvido sí puede serlo. Un ejemplo de ello es el llamado pacto del olvido en España entre la derecha y la izquierda que, si bien nunca se formalizó, resultó esencial para el acuerdo político que restauró la democracia tras la dictadura de Franco. La transición democrática aterrizó sobre las alas de la reescritura y del olvido. La mayoría de avenidas y paseos —aunque por supuesto no todos los miles de calles— que tras la victoria fascista de 1939 ostentaban el nombre de Franco y otros subordinados suyos fueron rebautizados. En lugar de sustituirlos con los nombres de héroes y mártires republicanos, se eligieron denominaciones que se remontaban más atrás.

El pacto del olvido pretendía apaciguar a los leales a Franco en una época en que la disposición de la derecha a consentir siquiera la transición no estaba garantizada. Desde un principio el pacto tuvo numerosos detractores, no sólo de la izquierda. Incluso una parte importante de los que no se opusieron de entrada pensaban que no tendría éxito a menos que fuera acompañado de una comisión de la verdad parecida a la sudafricana o a la argentina. Pero finalmente le tocó a un magistrado intentar iniciar por medio de procesos judiciales lo que los políticos se habían negado categóricamente a plantearse. En 2008, el juez Baltasar Garzón emprendió la investigación de la muerte de las 114.000 personas que se estima fueron asesinadas por el bando fascista durante la guerra y en las décadas posteriores. Se ordenó la exhumación de 19 fosas comunes.

Casi sobra recordar a los lectores españoles la controversia desatada por los empeños de Garzón, y no sólo porque muchos aún estaban convencidos de que el pacto del olvido había sido eficaz, sino también porque la Ley de Amnistía de 1977 mantenía que los asesinatos y atrocidades cometidos por cualquiera de los dos bandos, con “intención política”, estaban protegidos de la acción judicial. Garzón argumentó que “toda ley de amnistía que busca encubrir un crimen de lesa humanidad es inválida ante la ley”. Sus partidarios, los más apasionados de los cuales pertenecían a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, estaban de acuerdo. Y, aunque a la postre el Tribunal Supremo no sólo desautorizó a Garzón, sino que se empeñó en suspenderlo de la judicatura (en 2014 fue uno de los principales abogados defensores que representó al fundador de Wikileaks, Julian Assange), sus partidarios siempre han estado convencidos de que sus acciones representan la única respuesta ética lícita. Lo anterior quedaba compendiado en la pregunta retórica que se publica de forma intermitente en la parte superior de la web de esa asociación: “¿Por qué los padres de la Constitución dejaron a mi abuelo en una cuneta?”.

Los defensores de los derechos humanos, entre ellos algunos miembros de la judicatura, como Garzón, en general han presentado la ley y la moral como inseparables, al menos en los casos en que el asunto examinado compete con toda claridad al ámbito jurisdiccional de un tribunal. Y puesto que la mayoría de ellos supone que la justicia es el requisito esencial de una paz duradera, tienden a restar importancia al riesgo de que sus acciones tengan consecuencias políticas y sociales negativas. Cuando estas consecuencias se han hecho efectivas, su postura ha solido ser declarar que la responsabilidad de solucionarlas es de los políticos, no suya.

No sería honrado limitarse a señalar las ocasiones en que el recuerdo todavía no es útil (para la paz o la reconciliación), o en que ha dejado de ser provechoso, sin reconocer también los abundantes casos en los que el olvido también tiene fecha de caducidad, a veces muy cercana. Otro tanto reiteró la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica en su campaña de apoyo a lo que intentaba lograr Garzón. Desde un punto de vista analítico, además, el grupo tenía razón cuando sostenía que “la Ley de Amnistía fue clave para avanzar hacia la democracia tras una dictadura atroz y gozó durante años de un gran apoyo social. Pero a finales de esta década [la primera del siglo XXI], las víctimas empujaban a un Gobierno de izquierdas para que los crímenes de lesa humanidad [cometidos en la Guerra Civil y bajo la dictadura de Franco] no siguieran gozando de impunidad”.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica probablemente estaba en lo cierto cuando sostenía que la España del siglo XXI ya no necesita el pacto del olvido; una situación semejante a la de Francia cuando, tras la emisión televisiva de Le Chagrin et la pitié, pronto quedó claro que el país había cambiado lo suficiente para que la verdad sobre lo ocurrido durante la Ocupación no causara un daño tan grave a la ecología moral o histórica del país.

Incluso en el supuesto de que lo dicho sea ahora el caso en España, es demostrablemente falso en otros lugares. En los Balcanes, en Israel-Palestina (y gran parte del resto del Medio Oriente), hasta hace poco en Irlanda del Norte, no es tanto una cuestión de “olvidar ahora” como de darse cuenta de que en algún momento del futuro, independientemente de si el momento llega más o menos pronto o se aplaza mucho tiempo, sería mejor abandonar las victorias, las derrotas, las heridas y los rencores que se conmemoran.

Ese listado incluiría a Sri Lanka, Colombia y Ucrania. También a EE UU y el recuerdo de los ataques del 11 de septiembre de 2001. Pese a que los estadounidenses aún no están preparados para afrontar aquello, la llamada guerra mundial contra el terror terminará algún día, al igual que la II Guerra Mundial, y tarde o temprano el 11-S no tendrá más resonancia que el ataque japonés contra la flota estadounidense en Pearl Harbor en 1941.

El crítico social estadounidense Leon Wieseltier advirtió en una ocasión que la política nacionalista fundada en la memoria colectiva puede “destruir la actitud empírica necesaria para el responsable ejercicio del poder”. Los acontecimientos en Oriente Próximo —campo de pruebas del uso irresponsable del poder— parecen confirmar esa afirmación todos los días. Para citar un solo ejemplo, cuando las fuerzas israelíes rodearon Beirut en 1982, el primer ministro israelí, Menahem Begin, anunció que tenían a los “nazis rodeados en su búnker”, aunque los que estaban atrapados en la capital libanesa eran Yasser Arafat y los combatientes de Fatah. Se trata de un ejemplo paradigmático de lo que ocurre cuando la memoria colectiva nacida del trauma encuentra una expresión política y sobre todo militar.

Israel es un ejemplo del desastroso modo en que la memoria colectiva puede deformar una sociedad. El movimiento de los colonos recurre rutinariamente a una versión de la historia bíblica cuya distorsión de lo ocurrido en realidad es flagrante. En la entrada del asentamiento de Givat Assaf, en Cisjordania, hay un letrero en le que se lee: “Hemos vuelto a casa”. Benny Gal, uno de los dirigentes de los colonos, en una entrevista reciente reiteraba que “en este lugar exacto, hace 3.800 años, la tierra de Israel fue prometida al pueblo hebreo”. ¡Tres mil años de historia! ¿Cómo puede rivalizar con ello la actitud empírica necesaria para el ejercicio responsable del poder? Y las fantasías en el lado árabe del conflicto son tan históricamente absurdas como para que los yihadistas se refieran a los cruzados y comparen Israel con el reino de Jerusalén del siglo XII.

Pero nada de lo anterior debería sorprendernos. Si la historia algo nos enseña es que, ni en la política ni en la guerra, los seres humanos están dispuestos a la ambivalencia; responden a la lealtad y a la certeza. Y como sostenía el historiador francés del siglo XIX Ernest Renan, en la medida en que puedan ser fortalecidos por la memoria colectiva, no importa si los recuerdos son históricamente fieles.

El gran historiador y filósofo judío Yosef Yerushalmi pensaba que el problema fundamental de la edad moderna es que sin alguna forma de autoridad dominante, o ley moral, la gente ya no sabe lo que necesita ser recordado y lo que sería posible olvidar sin percances. Pero si los temores de Yerushalmi están justificados y toda continuidad real entre el pasado, el presente y el futuro ha sido sustituida por memorias colectivas del pasado que no son más reales que las tradiciones inventadas, entonces sin duda ha llegado el momento de escudriñar nuestras heredados devociones sobre la rememoración y el olvido.

Un buen precedente podría ser el edicto de Nantes, proclamado por Enrique IV en 1598 con el propósito de poner fin a las guerras de religión en Francia. El monarca se limitó a prohibirle a sus súbditos, tanto católicos como protestantes, que revivieran sus recuerdos. “Que la memoria de todos los acontecimientos ocurridos entre unos y otros, tras el comienzo del mes de marzo de 1585 —decretaba el edicto— y durante los convulsos precedentes de los mismos, queden disipados y asumidos como cosa no sucedida”. ¿Habría podido funcionar? ¿Habría logrado atemperar semejante resentimiento la orden real? Como Enrique fue asesinado en 1610 por un católico fanático opuesto al edicto, revocado al poco tiempo, nunca lo sabremos. Sin embargo, ¿no sería concebible que si nuestras sociedades dedicaran al olvido una parte mínima de la energía que ahora dedican a recordar, la paz en algunos de los peores lugares del mundo podría estar más cerca?

Presencié la guerra de Bosnia entre 1992 y 1995, que fue sobre todo una masacre avivada por la memoria colectiva o, más concretamente, por la incapacidad para olvidar. Allí siempre llevaba conmigo dos poemas de la poeta polaca Wislawa Szymborska. En ellos —‘Fin y principio’ y ‘La realidad exige’— la más antidogmática y humanitaria de los poetas, una mujer que dijo que su frase predilecta es “no sé”, entendía el imperativo moral del olvido. Nacida en 1923, vivió el desesperado sufrimiento de Polonia bajo los nazis y los rusos. Y, sin embargo, escribe:

La realidad exige

que también se diga:

la vida sigue.

Sigue en Cannas y en Borodino

y en Kosovo Polje y en Guernica.

Szymborska expresa el imperativo ético del olvido, si la vida ha de continuar, como corresponde. Y tiene razón. Porque todo debe llegar a su fin, incluso el duelo. Si no la sangre nunca se seca, el fin de un gran amor se convierte en el fin del amor mismo y, como solían decir en Irlanda, mucho después de que la disputa haya dejado de tener sentido, perdura el recuerdo del rencor.

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David Rieff es periodista estadounidense. Esta semana presenta en España su libro ‘Elogio del olvido’ (Debate).

Traducción de Aurelio Major.

Fotografía destacadaReloj encontrado, en diciembre de 2014, en una fosa común en el cementerio de San Roque de Puerto Real (Cádiz). DANIEL OCHOA DE OLZA (AP)

Fuente:http://cultura.elpais.com/cultura/2017/03/17/actualidad/1489750131_452411.html

 

 

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Qué hace el escudo del águila en un centro comercial de Kansas City

Uno de los primeros centros comerciales del mundo, en Kansas City, mantiene desde los años 60 el escudo del águila en uno de sus edificios.

La ciudad de EEUU está hermanada con Sevilla desde finales de los 60, en pleno franquismo, y el complejo de ocio copia el aspecto de un “cortijo andaluz” con Giralda incluida.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica denuncia el caso, aunque el emblema podría ser el de los Reyes Católicos, que el franquismo copió para su escudo.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 17-03-2017

Es el escudo del águila de Kansas City y está en una fachada del Country Club Plaza, centro comercial de la ciudad de Missouri (EEUU), que mantiene una reproducción en cerámica del símbolo franquista: el águila de san Juan. Un turista español ha comunicado el hallazgo a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que ha denunciado públicamente el emblema.

La historia viene de lejos y su origen está en el hermanamiento entre Kansas y Sevilla.  Los años 60 eran tiempos de trasiego entre ambas ciudades. Viajes de ida y vuelta que incluían la participación de los respectivos alcaldes, Félix Moreno de la Cova e Ilus W. Davis, el rector de la Universidad de Kansas City, Randall M. Whaley, o del cónsul general de España en Chicago, Carlos Villanueva. Y hasta próceres del franquismo como el poeta fascista José María Pemán .

Un par de años antes del hermanamiento oficial quedó inaugurado el edificio Swanson’s, el 4 de septiembre de 1967. Es una especie de cortijo andaluz rematado con réplicas de dos emblemas sevillanos: la Giralda y la fuente de la plaza Virgen de los Reyes. El escudo con el águila corona desde una pared el homenaje de Kansas a Sevilla.

El turista español que hizo el hallazgo cuenta en su correo al colectivo memorialista: “En una calle me encontré con una reproducción en cerámica del escudo franquista del águila, como de un metro cuadrado adosado a una pared”. El “ominoso hecho”, escribe el descubridor, “no creo que se deba a una acción malintencionada, sino a ignorancia”.

Otra posibilidad, como señalan varios lectores, es que el emblema que figura en la fachada del edificio sea el de los reyes católicos, en cuyo escudo se inspiró el del franquismo, aunque en Kansas se han suprimido el yugo y las flechas que aparecen en ambos emblemas.

Escudo de los reyes católicos (izda) y de Franco (dcha,).

Entre las diferencias entre ambos figuran las columnas de Hércules, la divisa “una grande y libre” y las armas de Navarra en lugar de las de Aragón-Sicilia. En cualquier caso y sea el escudo inspirador de Franco o el franquista, la ARMH ha denunciado la presencia del emblema del águila de San Juan, que fue instalado en 1967, en pleno franquismo.

El “escudo franquista del águila”, en el Country Club Plaza. | GOOGLE MAPS

La unión entre las dos ciudades fue oficial el 25 de marzo de 1969. Una iniciativa más, de muchas, que servía a Franco para vender la supuesta apertura del régimen. Ambas metrópolis tienen nominada una avenida con el topónimo de la contraria y en la hispalense queda otro vestigio foráneo con origen en el Pabellón de EEUU en la Exposición Universal de Sevilla de 1992: la estatua de un indio montado a caballo que otea el horizonte, conocido como ‘el explorador’.

Portada de ABC del 21 de junio de 1967. | HEMEROTECA ABC

Desde el Country Club Plaza responden a eldiario.es que van a “investigar” el asunto y decidirán “qué hacer” una vez confirmados “los hechos relacionados con la pieza”. Un escudo colocado “antes de nuestra compra de la propiedad” y cuyo origen y finalidad, puntualizan, será “producto de la investigación”. Y agradecen el hecho de haber sido alertados, según indica la gerente del complejo de compras y ocio, Meredith B. Keeler, en un correo.

El Gobierno de Kansas también ha respondido a este medio y confirma el desconocimiento del significado del elemento decorativo. “Le enviamos este mensaje a nuestros contactos en la Union Station –centro de cultura, educación y entretenimiento con más de un siglo de antigüedad– que son quienes pueden averiguar algo al respecto”, dicen a eldiario.es. De momento no ha habido una respuesta. El Ayuntamiento de Sevilla no ha respondido las preguntas sobre el caso.

La réplica de la Giralda corona una esquina del edificio Swanson’s. | GOOGLE MAPS

La historia del Country Club Plaza nace del viaje por Europa en 1922 del promotor inmobiliario Jesse Clyde Nichols. Tras visitar Sevilla, decide crear un complejo de compras y ocio en Kansas City cuya arquitectura “intenta ser un homenaje al estilo español”. En 1923 ya está abierto el considerado primer centro comercial del mundo, con su copia de la Giralda, años después, en una esquina del edificio Swanson’s. Y, por error, desconocimiento u homenaje, con su escudo franquista.

*El texto original ha sido actualizado con la posibilidad de que el escudo sea el de los reyes católicos tras los comentarios de algunos lectores de eldiario.es que han avisado de esta posibilidad. 

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Fotografía destacada: El escudo franquista de Kansas City. | GOOGLE MAPS

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/franquista-Kansas-City-homenaje-espanol_0_621888700.html

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Javier Cercas blanquea de nuevo el fascismo

Una de las claves de la última novela de Cercas es la ambigüedad: no es de extrañar si pensamos en la dificultad de convertir a su tío abuelo, un fascista común que encuentra la muerte en una batalla, nada menos que en Aquiles

Francisco Espinosa Maestre/ ElDiario.es/ 16-03-2017

Llevan un tiempo los medios de comunicación, especialmente los del grupo PRISA, bombardeándonos con el último producto de Javier Cercas Mena, El monarca de las sombras, que para variar vuelve a la guerra civil para seguir hablándonos de Falange. Ya lo hizo una vez sobre un personaje tan relacionado con Cáceres como Rafael Sánchez Mazas y ahora lo hace sobre su tío abuelo Manuel Mena Martínez. Y si en el caso de otra de sus novelas, El impostor, su protagonista Enric Marco venía a ser el Quijote ahora Cercas ha decidido asociar al fascista de su tío abuelo con el mítico Aquiles. Supongo que igual que en El impostor debió creerse Cervantes ahora se verá como Homero. Da igual que la novela sea plana, insulsa e incluso un tanto tediosa o que una vez más quiera convencernos de que sus novelas no son de ficción. Estamos ante la obsesión de un profesor de literatura por aparecer en sus novelas y querer hacerlas pasar por algo más que un mero relato con voluntad de ser literario.

Algunos llaman a esto novela de no ficción, relato real, novela antigénero, metaliteratura, género degenerado, posliteratura o como les venga en gana, pero quizás pertenezca de lleno al territorio de la egoficción. Lo curioso es que en sus declaraciones a los medios Cercas no habla como un novelista sino como un historiador, lo cual no deja de llamar la atención en alguien que está convencido de que la historia nunca es objetiva. Aunque cuando dice esto no se sabe cuál de sus muchos “yo” habla, si el personal, el literario, el pueblerino, el mentiroso, el cosmopolita, el periodístico o el historiador. A saber.

De esta forma ocurre que, sean cuales sean sus intenciones y por muy literarias que parezcan, lo que sus lectores perciben es que lo que leen pretende pasar por Historia. Y así se produce la paradoja: los historiadores llevamos décadas intentando comprender las causas y consecuencias de la destrucción de la II República y por ahí en medio aparece Cercas disfrazado de historiador e inventándose lo que le viene en gana con el aplauso de los que nunca han querido que se conozca ese pasado.

De entrada conviene situar tanto a Cercas como a su tío abuelo Manuel Mena, a quien considera “un niño inocente”. No se cansa de decir allá por donde va que “murió por culpa de una panda de hijos de puta que envenenaban el cerebro de los niños y los mandaban al matadero”. No es una reflexión muy elaborada, pero a él le basta, ya que debe pensar que así se le considerará un hombre de izquierdas, un antifranquista. Pero al decir esto olvida que tanto entre los golpistas como entre los defensores de la República hubo gente muy joven, de la misma edad que Mena, y que muchos de ellos sabían perfectamente, al igual que él, por qué y contra qué luchaban.

Así que ni niños ni inocentes ni pandas de hijos de puta. Manuel Mena pudo elegir entre respetar las leyes o actuar al margen de ellas y decidió lo segundo, lo cual no es mal principio para alguien que pensaba iniciar los estudios de Derecho ese mismo año. Se asombraría Cercas si supiera el papel que tuvieron muchos de esos “niños inocentes” en los pueblos que cayeron pronto, como el suyo, en poder de los sublevados.

Según nos cuenta el propio Cercas, uno de sus antepasados, Juan Mena, padre de Manuel, propietario de tierras y ganado, era el cacique del pueblo. Por otra parte su abuelo Francisco Cercas había sido concejal durante el Bienio Negro y fue destituido en febrero del 36. En fecha imprecisa, aunque supongo que sería en los meses del Frente Popular, ambos fueron detenidos y pasaron por la cárcel “acusados de almacenar armas en una finca”. Javier Cercas, al que este hecho lleva a decir: “A estas alturas todo estaba preparado para que el país entero volase en mil pedazos”, los justifica diciendo que, ante el rumor de que los jóvenes socialistas de la Casa del Pueblo fuesen a realizar una matanza de derechistas, la propia Guardia Civil les aconsejó que se protegieran. ¿Y quién se supone que debía defender a los socialistas de esa gente armada y conchabada con la Guardia Civil?

Además, con ello Cercas da crédito a ese tipo de rumores que circularon a posteriori por todos los pueblos con el único objeto de justificar el golpe y la represión. Lo cierto es que su abuelo Francisco Cercas, presidente de la Sociedad de Agricultores, fue igualmente el presidente de la gestora el 20 de julio del 36, jefe local de Falange y alcalde de Ibahernando entre 1937 y 1939. “Un período bastante breve”, añade Cercas sin percatarse de la eternidad que representaron aquellos dos años. Por cierto que en dicha gestora también estaba su tío Juan Domingo Gómez Bulnes, yerno del cacique y que también llegaría a alcalde. Tampoco su bisabuela, la madre de Mena, se cubre de gloria cuando la vemos arremeter contra un vecino que ha luchado por la República con el que se cruza por el pueblo echándole en cara que él viva y su hijo no.

Para Javier Cercas su abuelo Francisco era un “labrador instruido”, “hombre cabal” y “dotado de una autoridad congénita y de una congénita capacidad para ejercerla”, don este muy extendido entre quienes accedieron al poder por vía militar. Añade que había simpatizado con el socialismo y que procedía de Unión Republicana, el partido de Manuel Azaña. Sirva esto de muestra de las mal digeridas lecturas que ha hecho Cercas, ya que no hace falta ser un experto en historia de la República para saber que Unión Republicana nació de una escisión del Partido Radical y que el Partido de Azaña era Izquierda Republicana y no el que él dice.

En cuanto a su abuelo, aparte del disparate de asociarlo al socialismo, más bien encaja en aquellos reaccionarios descolocados por la llegada de la República que se metieron en el Partido Radical para no quedar fuera de la vida política. Sería todo lo cabal y lo congénitamente capacitado que su nieto desee pero lo que debería haber hecho es presentarse a las elecciones. La forma en que llegó a la alcaldía no lo deja en muy buen lugar y sería curioso ver todos los informes políticos que llevaban su firma.

Cercas intenta mostrar la bondad de sus familiares contando cómo ayudaron a algunos izquierdistas. Parece no saber dos cuestiones básicas: que quien en esas situaciones puede salvar vidas es muy probable que también haya tenido la potestad de destruirlas y que raro fue el partidario del golpe que, por lo que pudiera pasar, no contaba en su haber con un rojo salvado. Y digo esto porque desde el desastre nazi en Stalingrado a fines de 1942 y la debacle del fascismo italiano en septiembre de 1943 más de uno empezó a pensar en el nuevo signo de los tiempos. Por suerte para ellos la censura franquista les libró de ver los cadáveres de Mussolini y otros afines colgados en una plaza de Milán en abril de 1945.

Para los que apoyaron el golpe militar y se unieron a fuerzas paramilitares como las banderas de Falange, caso de Francisco Cercas y Manuel Mena, su idea de lo que se traían entre manos era similar a la de un paseo triunfal. Tenían ante sí lo ocurrido en Cáceres, una provincia que había caído casi por completo en cuestión de días. Para esta gente su tarea consistía en ocupar el poder municipal, acabar con la vida de una serie de gente muy concreta, expulsar de todas las instancias locales a las personas relacionadas con la República y reajustar la vida local como poco a la situación existente antes del 14 de abril de 1931. La experiencia republicana debía ser destruida y borrada, como si no hubiera existido.

Pero ocurrió que la marcha triunfal terminó de manera abrupta el 7 de noviembre de 1936 en las puertas de Madrid. Contra todo pronóstico el ejército de la República paró en seco a las diferentes columnas que esperaban ocuparla en poco tiempo. Todos ansiaban celebrar la entrada en Madrid, unos con sus consejos de guerra listos para desinfectar la capital y otros con toda la parafernalia para la celebración de misas al aire libre, y resulta que no solo no lo consiguieron sino que el golpe devino en una guerra interminable, una guerra de verdad y no la escabechina que venían practicando desde julio. La decepción que sufrieron Francisco Cercas y Manuel Mena de la que habla Cercas no era otra cosa que el terrible choque que la guerra de verdad produjo incluso en aquellos que la provocaron. La guerra no era lo que les habían contado.

Nos cuenta Cercas –imposible saber qué hay de verdad en ello– que Manuel Mena, a la altura de 1938, estaba ya harto de la guerra y que si volvía a ella era por un sacrificio personal, para que no tuviera que ir otro de sus hermanos. Lo que le lleva a afirmar que era “un hombre de carne y hueso, un simple muchacho pundonoroso y desengañado de sus ideales y un soldado perdido en guerra ajena”. También “había sido capaz de arriesgar su vida por valores que, (…), estaban para él por encima de la vida, aunque no lo estuvieran o aunque para nosotros no lo estuvieran”.

Y añade: “… no murió por la patria…no murió por defenderla… murió por nada…”. ¿Le parecerá poco a Cercas que su familia pasase a controlar el pueblo desde el 20 de julio de 1936? ¿No le choca que su abuelo Francisco Cercas, presidente de la primera gestora fascista y alcalde durante la guerra, considerara ya de mayor a los vencedores como una banda de arribistas y desaprensivos, cuando no maleantes, y que sintiera por ellos el mayor desprecio? ¿Acaso no estaban él y su familia entre ellos? Se trata de un fenómeno conocido y que pasó también a fascistas de toda Europa: con el paso de los años aquel pasado negro les empezó a estorbar.

Otro problema es la terminología. Solo dos apuntes. Cercas y otros como él no se cansan de escribir y de hablar de cuándo estalló la guerra civil. Con ello lo que hacen es cubrir con el manto de la guerra unos meses en los que no cabe hablar de guerra alguna, sino simplemente de golpe militar y de represión. El 17 y 18 de julio no estalla guerra alguna, sino que se produce un golpe de estado contra la República, golpe que, como hoy sabemos, venía preparándose desde el mismo día de su proclamación. La guerra vino luego. Primero fue la sublevación, el trasvase a la península del ejército de África, sin el cual poco hubieran podido hacer, y el plan represivo que produjo en pocos meses un genocidio de proporciones desconocidas en nuestro país. En la zona controlada por los fascistas no hubo paseos, sino un plan de exterminio perfectamente organizado por los militares y civiles que movían los hilos de la maquinaria represiva.

Las personas asesinadas en Ibahernando, unas doce, dos de ellas mujeres, no fueron paseadas por un grupo de incontrolados sino que lo fueron por decisión de un comité local presidido por alguien en funciones de comandante militar, comité que, aunque conocido por todos –máxime en un pueblo de dos mil y pico de habitantes–, solía mantenerse en la sombra. Es posible que el comandante militar de Ibahernando fuese un guardia civil y que este estuviese asesorado en las tareas represivas por algunos vecinos. Los componentes de dicho comité no solían mancharse las manos de sangre, para eso estaban el personal subalterno, ya fueran falangistas, guardias o simples voluntarios. Así pues hablar de paseos es ignorar la mecánica represiva puesta en marcha por los sublevados.

Una de las claves de la novela es la ambigüedad, lo cual no es de extrañar si pensamos en la dificultad de convertir a un fascista común que encuentra la muerte en una batalla nada menos que en Aquiles. Veamos un ejemplo. En un momento se puede leer que la Falange fue “la milicia armada de la reacción en el violento expediente de urgencia segregado por la oligarquía para terminar con una democracia que pretendía reducir sus privilegios…”. Esto parece que procede de algún libro. Y en otro se asocia esa misma Falange al “idealismo romántico y antiliberal, la radicalidad juvenil, el vitalismo irracionalista y el entusiasmo por los liderazgos carismáticos y los poderes fuertes de aquella ideología de moda en Europa”. Y aquí parece que transcribe a Sánchez Mazas.

Cercas prefiere hablar de falangistas y franquistas más que de fascistas y de fascismo, concepto que solo aparece en relación con Europa. Esta confusión sistemática está en la base de la novela y es continua y obligada, ya que si no existiera no habría forma de salvar al personaje. Parece que este es el destino de Cercas: salvar a fascistas y farsantes como Sánchez Mazas, Enric Marco o Manuel Mena.

El panfleto de Cercas se encuentra en la misma onda de aquella declaración que el gobierno de Felipe González y Alfonso Guerra realizó en 1986 con motivo del cincuenta aniversario del golpe militar. Según parece, pretendían “honrar y enaltecer la memoria de todos los que, en todo tiempo, contribuyeron con su esfuerzo, y muchos de ellos con su vida, a la defensa de la libertad y de la democracia en España”. Y también manifestar “su respeto a quienes, desde posiciones distintas a las de la España democrática, lucharon por una sociedad diferente a la que también muchos sacrificaron su propia existencia”.

Pues bien, este cinismo de calculada ambigüedad es exactamente el mismo que parece inspirar el escrito de Cercas. El PSOE lo hacía por satisfacer a todos, seguir obteniendo más votos que los demás y perpetuarse en el poder. Cercas lo hace para blanquear a través de su tío y de su familia el pasado del fascismo español. También para salvarse a sí mismo de tan negra memoria familiar, con la que no sabe qué hacer. Afirma que solo en la madurez ha dejado de sentir vergüenza por sus orígenes familiares, pero que ya se ha resignado a ellos. Y piensa, imbuido sin duda de la clarividencia histórica que lo caracteriza, que su familia “había sido franquista, o por lo menos había aceptado el franquismo con la misma mansedumbre acrítica que lo había aceptado la mayor parte del país”.

Sin duda le hubiera venido bien un proyecto de investigación similar al que se llevó a cabo en Alemania en los años noventa, titulado “El abuelito no fue nazi. Nacionalsocialismo y holocausto en la memoria familiar”.

Al recordar el entierro celebrado en el pueblo en honor de Manuel Mena Martínez viene a la memoria lo escrito por un vecino de Sanlúcar de Barrameda con motivo de un acontecimiento similar ocurrido allí durante la guerra. Decía: “Rodeada así la vida de este aparato militar y litúrgico, la vida parece una cosa despreciable. Dan ganas de convertirse en muerto”. Eso debieron pensar algunos vecinos de Ibahernando, olvidando que ya había habido muertos.

Desgraciadamente Cercas aporta escasa información sobre los vecinos de su pueblo que fueron asesinados a partir del 20 de julio. Quizás la más citada sea la maestra Sara García, de 22 años, cuyo cadáver apareció en una finca. Como en otras muchas ocasiones el crimen se justifica por motivos externos: porque su novio, un izquierdista, había huido o, también, porque se trató de una venganza de un pretendiente anterior. Conocemos estas historias. Son ya muchos años intentando asociar la represión a cuestiones personales. Hay, sin embargo, otra opción que Cercas no tiene en cuenta: por lo general la gente dedicada a la enseñanza fue asesinada por ser de izquierdas y representar la apuesta más importante realizada en nuestra historia a favor de la educación pública. Por su edad, la maestra Sara García pudo ser una de esas maestras de la generación de la República que no encajaban de ninguna manera en los planes de enseñanza que los sectores más reaccionarios de la sociedad española, con la Iglesia en cabeza, impusieron de inmediato. También fue asesinado otro maestro.

Para justificar el terror que segó vidas en una pequeña localidad en la que hasta ese momento no se había derramado sangre, Cercas recurre a fórmulas que no cuadran con el caso. No se trata ya de dar pábulo a rumores como el de que jóvenes socialistas habían creado una lista con los nombres de los derechistas que había que eliminar, sino de hablar de “la situación explosiva” existente en el pueblo en los meses anteriores al golpe o aludir a los propietarios “asustados por la deriva revolucionaria de la República y sobre todo por la atmósfera de violencia que desde hace meses se respira en Ibahernando”. Tampoco se priva de decirnos que sería raro que Manuel Mena “no respirase allí [Cáceres] la atmósfera de preguerra que se respiraba en todo el país” y que sintiese “la inminencia del estallido violento” que todo el mundo sentía. Cercas está preparando el terreno para el golpe y para su familia.

Al poco tiempo de morir, el nombre de Manuel Mena pasó a denominar una calle del pueblo. Según la ley de memoria histórica esta calle debería desaparecer. Nadie que se sume a un golpe de estado merece una calle. La pregunta que surge ahora, tras la salida al mercado de la novela de Cercas, es quién se atreverá quitar del callejero de Ibahernando al héroe local que su sobrino nieto ha convertido en mito. ¿Qué más da que sirviese por voluntad propia en fuerzas paramilitares como Falange o a las órdenes de golpistas como Yagüe o Barrón? Es más, tal como van los tiempos es muy posible que Javier Cercas, además de dar nombre a la Casa de la Cultura de su pueblo, pase a denominar alguna de las calles cercanas a la de su tío abuelo. El día que eso ocurra se cerrará esta historia. Aquiles y Homero juntos.

La cuestión de fondo del libro de Cercas es dejar sentado que se puede ser “un joven noble y puro y al mismo tiempo luchar por una causa equivocada”, es decir, ser un fascista. Como es lógico, la respuesta del sobrino nieto de Manuel Mena Martínez, en la estela de la declaración del gobierno de González y Guerra en 1986, es que sí.

Este mismo espíritu es el que ha llevado hace poco a un juez de Soria, Carlos Sánchez Sanz, a decidir que el nombre de Yagüe debe seguir unido al de San Leonardo, su pueblo. Esto y un acuerdo de pleno de 2016 en el mismo sentido firmado por PP, PSOE y Ciudadanos. El argumento es similar al de Cercas: una cosa es el Yagüe falangista, guerrero y represor, y otra muy diferente el Yagüe benefactor que convirtió a su pueblo en un oasis soriano. Naturalmente se deja a un lado que la decisión de denominar al pueblo San Leonardo de Yagüe es de enero de 1940, cuando el jefe de la columna de la muerte aún no había derramado su acción benéfica sobre su pueblo.

Y es que Yagüe, como Mena, también entra dentro de ese privilegiado grupo de hombres puros y cabales que dieron vida, cada uno desde su sitio, al fascismo español, igual que “el poeta” Pemán o “el aviador” Ruiz de Alda. ¿Para cuándo la reposición de las plazas y avenidas antaño dedicadas a Franco, el gran benefactor de España? Sería solo el principio. Al fin y al cabo hombres de tan gran corazón como el carnicero de Badajoz no hubo muchos, pero de héroes locales está el país lleno.

Fotografía destacada: El escritor Javier Cercas durante un acto con motivo de la publicación de su novela ‘El monarca de las sombras’. EFE

http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Javier-Cercas-mundo-egoficcion_6_622647752.html

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Pamplona lleva ante la Justicia el asesinato de 309 ciudadanos durante el franquismo

La querella del Ayuntamiento de la capital navarra se centra en 17 casos concretos, de los que cuatro, ya sea en primera persona o a través de familiares, se adhieren personalmente a la denuncia. Se interpondrá el viernes ante los tribunales.

publico.es / 13-03-2017

Pamplona abre el camino contra la impunidad franquista. El Ayuntamiento de la capital navarra interpondrá este viernes ante la Justicia una querella criminal en la que solicita que se investiguen hasta 309 asesinatos y más de 1.000 encarcelamientos durante la Guerra Civil y el franquismo en la capital navarra.

La querella, que plasma la línea de acción de la Red de Ciudades por la Justicia y la Memoria, prestará especial atención a 17 casos concretos, de los que cuatro, ya sea en primera persona o a través de familiares, se adhieren personalmente a la denuncia que, por tanto, no será únicamente del Ayuntamiento, sino que será compartida.

El Ayuntamiento engloba los asesinatos producidos en Pamplona como crímenes de lesa humanidad por lo que aún no estarían prescritos ya que este tipo de delitos no caduca hasta su resolución. Así lo ha anunciado este lunes el alcalde de Pamplona, Joseba Asiron, que ha comparecido en rueda de prensa junto al director de la Oficina de Información sobre Memoria Histórica de la represión franquista en Pamplona, Emilio Majuelo, y la abogada, Lourdes Etxeberria.

Según ha explicado Lourdes Etxeberria, del despacho Arankoa, encargado de llevar el proceso, la estrategia de la acusación pasa por formular el principio de “interdicción de la impunidad” y la obligación de todos los estados de remover todos los obstáculos fácticos y jurídicos que impidan la investigación, enjuiciamiento y, en su caso, condena de las violaciones masivas, sistemáticas, planificadas y generalizadas de Derechos Humanos.

309 asesinatos

La querella se basa en el informe pericial encargado por el Ayuntamiento de Pamplona sobre la vulneración de derechos humanos durante la Guerra Civil y el franquismo en Pamplona, informe que se elaboró durante casi seis meses en los locales de la Oficina de la Memoria Histórica en la que se han recogido testimonio y documentación.

Las conclusiones de ese informe, dadas a conocer en octubre del año pasado, confirmaron que 309 pamploneses y pamplonesas fueron asesinados o muertos en cautividad durante el franquismo por razones políticas, en la mayoría de los casos, sin juicio previo ni sentencia firme.

En total, se tiene constancia de que fueron represaliadas y objeto de vulneración de derechos humanos 1.310 personas en la ciudad, cifra que supone una primera aproximación ya que existen otros 451 casos sobre los que se tiene noticia pero aún no se han podido validar y cientos más que saldrán a la luz a raíz de la realización de este trabajo.

El informe además de asesinatos, muertes en cautividad, desplazamientos y encierros (que en conjunto suman un 85,58% de los casos comprobados), contabilizaba también testimonios sobre agresiones de género, represión económica y laboral, represión lingüística y cultural y tortura y agresiones físicas.

Red de ciudades por la Justicia y la Memoria

El Ayuntamiento de Pamplona ha sido uno de los principales impulsores de la Red de Ciudades por la Justicia y la Memoria, que busca impulsar las querellas de los ayuntamientos para que se investiguen los crímenes del franquismo. La red está constituida por los consistorios de Barcelona, Zaragoza, A Coruña, Vitoria-Gazteiz, Cádiz y Rivas.

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Fotografía destacada: Performance del artista navarro Abel Azcona en la que entierra simbólicamente a decenas de familiares fusilados y exiliados de la Guerra Civil. Se realizó el pasado 1 de mayo.- EFE

Fuente:http://www.publico.es/politica/pamplona-lleva-justicia-asesinato-309.html

 

Publicado por ARMH
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