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Publicado por ARMH
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Virgilio Fernández, exbrigadista: “Los fascistas siempre han estado ahí”

Virgilio Fernández tiene 98 años y es uno de los últimos supervivientes que vivió de primera mano la contienda.

Sirvió en el servicio sanitario del batallón Dombrowski en la XIII Brigada que participó en las batallas de Brunete, Belchite o el Ebro.

El exbrigadista analiza desde la memoria el presente: “Si no se conoce la historia se cae en el mismo hoyo otra vez”.

eldiario.es / Juan Miguel Baquero / 13-11-2017

Con casi un siglo de vida, cuenta con palabras, miradas, gestos y la lucidez de quien ha visto de cerca la grandeza y miseria del ser humano. Virgilio Fernández del Real (Larache, 1918) es uno de los últimos supervivientes que vivieron de primera mano la guerra civil española. En el frente. En las trincheras. Esas que nunca ha abandonado en el plano ideológico.

Su relato, su historia vital, es memoria viva. Virgilio Fernández quería defender la democracia y se enroló como soldado en el servicio sanitario de la resistencia republicana. No tenía ni 18 años. Nacido en el antiguo protectorado español en Marruecos. Acabó integrado en el batallón Dombrowksi en la XIII Brigada Internacional para vivir un puñado de las batallas más duras de la contienda: Brunete, Guadalajara, Belchite, el frente de Aragón, el Ebro… Ahora vive en México y está pasando una temporada en Madrid. La misma ciudad donde hacía prácticas en 1936 en el hospital La Princesa cuando los fascistas provocan la guerra de España.

¿Cómo acaba un joven enrolado en la guerra?

Yo trabajaba en el hospital de la Princesa [Madrid]. El día 18 me enteré de que se había levantado Franco pero pensé que sería como antes, en el 32, cuando se levantó Sanjurjo. Y no le di mucha importancia, pensé que eso duraría poco. El lunes fui a trabajar y ya se había tomado el Cuartel de la Montaña la noche anterior. Entonces empezaron a llegar heridos. Iba a cumplir 18 años, y yo daba anestesia o limpiaba heridas.

Acaba pasando por multitud de frentes, durante meses.

32 meses. Después de regresar del Ebro se disolvieron las Brigadas, pensando inocentemente que las potencias Inglaterra, Francia y Estados Unidos iban a pedir a Franco que retirara a los alemanes y a los italianos. Pero no.

Virgilio Fernández (arriba a la derecha) en un hospital de las Brigadas.

¿Recuerda cuál fue el más duro y complejo de superar?

Al final de la batalla del Ebro, cuando nos retirábamos, hubo unas batallas en las sierras de Pandols y Cavalls donde un día contamos mil heridos. Los muertos ni los vimos. Nos los traían [a los heridos] y había que pasarlos en barca al otro lado del río porque el puente estaba destruido. Y pasar mil heridos en barca… ya lleva.

Claro que hubo otras batallas. Una de tanques, importante, cerca de Morata y una muy fuerte también fue la de Belchite. Las Brigadas estaban para romper el frente o para, cuando nos lo habían roto, ir a taponar. Entonces, si no era una de las dos cosas, estábamos descansando allí o allá. El descanso podía durar tres días o 15.

¿Qué encuentra un equipo médico en un conflicto regado por batallas encarnizadas, como fue la guerra de España?

Primero éramos el equipo para un batallón, pero fue creciendo tanto el número de médicos y practicantes como la movilidad. Nos habían regalado los suizos un camión especial hecho como quirófano. Tenía su mesa de operaciones, su autoclave, dónde lavarse las manos… Y nos poníamos muy cerca del frente, para las heridas esas que, si no se actúa ahorita, se muere, se desangra.

La barbarie de la guerra.

La cosa es que las guerras hoy son más aviones y tanques que infantería. Cada vez van avanzando más las máquinas. Es horrible. El que tiene más armamento es el que gana. Nosotros lo empezamos sin tener un bando militar. No había ninguna disciplina ni quien pudiera poner disciplina. En la mañana venían de Madrid al frente en coches y taxis, claro, ¡requisados! Ellos [los fascistas] tenían un ejército que venía desde Burgos, y la columna con el general Mola, y tenían una disciplina. Y nosotros nadie mandaba en nadie. Eran gentes civiles que habían agarrado un fusil, muchos de ellos ni sabían usarlo.

El soldado republicano, fotografiado por el médico polaco Gabriel Ersler.

¿Es una clave para explicar por qué la República y la democracia pierden la guerra?

Se perdió la guerra por la diferencia de armamento, por la diferencia de ejército, la diferencia de disciplina, la diferencia del principio. Después ya algo de armamento tuvimos, una aviación muy heroica pero muy pequeña comparada con lo que tenían ellos. Y, desde luego, ellos tenían mandos que habían estudiado cosas militares. El militar más importante que tuvimos fue el general Rojo.

Determinante fue el apoyo de la Alemania nazi y la Italia de Mussolini.

Eso por una parte. Por otra la alianza que hicieron de no intervención, que quería decir que nosotros no podíamos salir al mercado del armamento y comprar lo que hiciera falta, no nos dejaban comprar. Pagando. Porque a Rusia lo que se le compró se le pagó. El Banco de España tenía dinero y se fue pagando, no fue ningún favor que hicieron. Francia llegó al punto de que sabíamos que había un tren con munición y armamento que venía de Rusia en la frontera de Irún, y no nos dejaron pasar hasta que Franco llegó a tener esa área.

Y con apenas 20 años sale del país por la frontera francesa ante el asedio franquista y acaba en un campo de concentración en Saint Cyprien, que define como “una playa con alambres de púas”.

Sí. Hicieron un acotamiento de la playa con postes y alambres de púas y senegaleses fuera cuidando que no nos saliéramos. Nos daban de comer lentejas con arena. Primero dormíamos en el suelo y al aire, y después nosotros mismos hicimos unas barracas y ahí dormíamos, en el suelo, pero ya tapados por un techo.

Un año después, en 1939, conoce por un anuncio en un periódico que su madre le busca. ¿Cómo fue esa historia?

Ella vivía en Madrid. Cuando ya se sabía que habíamos perdido se fue a Alicante y tomaron un barco a Francia. Mi madre, una hermana y mi hermano.

¿Se llegó a reencontrar con su familia en Normandía?

Sí. Alguien me dijo “hay un anuncio, que te andan buscando”. Lo busqué, escribí y ella se había cambiado a Normandía, a un pueblo. El jefe de policía vio a mi familia y me hizo un laissez passer [dejar pasar] para que pudiera salir del campo [de concentración] e ir a Normadía.

Ahí esperamos hasta que juntaron dinero en México, mi hermana ya había pasado, y consiguió un préstamo y pagó un pasaje en un barco norteamericano. Y fuimos de Burdeos a Nueva York. De ahí La Habana, Progreso, el Yucatán y en Veracruz nos estaba esperando mi hermana.

La Memoria Histórica… Si no se conoce la historia se cae en el mismo hoyo otra vez.

Sigue la actualidad política y social española, ¿qué opinión le merece?

En términos generales en México y en todo el mundo manda el 1% que es el que tiene el dinero. Los Estados Unidos hasta ahora no han permitido que en ninguna parte haya varios partidos que puedan llegar al poder. Siempre hay dos. En Francia; en Estados Unidos, los demócratas y los republicanos; en México, el PAM o el PRI; aquí, el PP o el Partido Socialista, que de socialista no tiene nada. Felipe González, que al principio parecía que se iba a comer el mundo, resultó ser un señorito andaluz, que nada más le preocupaba cuánto ganaba su familia. Él permitió todos los contratos basura.

La  crisis de Catalunya está provocando encarcelamientos a políticos, represión en la calle… ¿Cree que los miembros del Govern y los Jordis son presos políticos como en el franquismo?

Claro que hay presos políticos. Y política es todo esto. Creo que los catalanes prefieren salir de España estar bajo un gobierno con tanto corrupto, aunque dentro de Cataluña también lo hay. Yo prefiero que no se separen. Es más, prefiero que desaparezcan las fronteras, los pasaportes y todo eso. Pero, los catalanes deben decidir qué tipo de gobierno quieren tener.

Entonces, considera que hay presos políticos en España.

Claro, son presos políticos. Como están diciendo ahora, esta huelga no es una huelga obrera sino una huelga política. Sí señor. Es mucho mejor una huelga política que una guerra que nos impuso Franco. Para eso no protestaron tanto.

En las manifestaciones unionistas están apareciendo, con impunidad, grupúsculos de marcado carácter…

Fascista. Y sacan las banderas, y el brazo en alto [hace el saludo fascista].

¿Están encontrando su caldo de cultivo?

Aquí han existido siempre. Esta gente durante la guerra estaban camuflados y algunos con carnet del Partido Comunista o anarquistas. Cuando empieza la guerra todo el mundo intenta tener un carnet para que no lo tomen como de la Quinta Columna y vivir más tranquilos. Esos han estado siempre ahí.

¿Por qué piensa que están “siempre ahí”?

Porque aquí, desde que murió Franco y hubo lo que llaman Transición, no hemos tenido un Gobierno que ponga reglas para evitar que esos fascistas sigan existiendo. En cambio, el Partido Comunista estuvo ilegal por mucho tiempo y le dieron en la Transición la oportunidad de ser legal, cosa que fue mal, porque el Partido Comunista era más efectivo cuando era ilegal que después.

Virgilio Fernández, en Madrid, 81 años después de iniciada la guerra civil. | ANA ORDAZ

¿Y eso enlaza con que España no haya cerrado las heridas de la guerra civil? El Gobierno ignora la Memoria Histórica, hay simbología franquista en las calles, el país está sembrado de fosas comunes…

La Memoria Histórica… Si no se conoce la historia se cae en el mismo hoyo otra vez.

¿Cree que  el país de la desmemoria no entiende todavía que sacar a los muertos de las fosas es una cuestión de Derechos Humanos?

El muerto, muerto está y no se va a resucitar. Pero la gente quiere saber y, sobre todo, que se sepa que no los mataron por ser bandidos sino por una injusticia. Eso es lo principal. Si el sacar los muertos y ponerlos en un sitio con el nombre arreglara algo… pero sí entiendo que la gente que tenga todavía esas costumbres y quiera saber exactamente si lo mataron pero que era injusto, que no había hecho nada. Y cuando vine a España la primera vez, ya muerto Franco, todavía quedaban la calle del Generalísimo, Sanjurjo… esto se me hacía muy raro.

El actual rey, Felipe VI, ha participado en algún reconocimiento a los combatientes republicanos de La Nueve. Pero en París, aquí los ignoran. Y el Gobierno ha sido capaz de hacerlo con la División Azul. ¿Le gustaría algún homenaje aquí para quienes lucharon por la democracia?

A las Brigadas, sí. Yo cuando veo al Felipe lleno de ‘cosas’ [se señala la pechera], como si hubiera ganado cincuenta batallas, siempre creo que estamos en un teatro musical. Antes, su padre era General de la Armada, de la Aviación, tenía todos los uniformes… Es un fantoche. Sí tendrían que reconocer que vinieron gentes que no eran aventureros, que no venían por lo que iban a ganar, que no iban a saquear los pueblos, no iban a violar a las mujeres, como sí traían a la legión extranjera. Esta cosa de oír a Queipo de Llano decir a las mujeres: “Van a ver ustedes, no saben lo que es un hombre, ahora se lo van a mostrar mis legionarios, no esos maricones comunistas”.

El  regreso del programa Salvados de Jordi Évole se ha adentrado en la capital de Daesh, Raqqa. Aparece un ciudadano español que combate al denominado ‘Estado Islámico’, como otros extranjeros, y en el brazo lleva una bandera republicana con la insignia de las Brigadas Internacionales. ¿Encuentra relación entre la voluntad y objetivo de estos soldados voluntarios y quienes combatieron el fascismo en la guerra de España?

Sí. Combatir por una causa justa es lo que hicieron ellos. Ellos vinieron aquí no sólo para luchar por la República española, era para luchar contra Hitler, contra Mussolini. Hay un libro que se llama El yugo y las flechas, escrito por el que era el embajador norteamericano en España, y describe lo que pasó, y fue a hablar con Roosevelt y le dijo “estamos equivocados, había que ayudar a la República”.

Pero tenían más miedo a Stalin que a Hitler. Entonces, no hicieron nada. Y les costó mucha sangre y mucho dinero. Cuando llegué a Nueva York, había una señora que iba registrando los nombres y qué religión tenía cada uno. Entonces me dijo: “¡¿Cómo se viene de Europa ahora?! ¡Tendría que estar luchando contra Hitler!”. Y le dije: “Señora, yo ya estuve 32 meses, ahora mande usted a su hijo”. Fue una equivocación y permitió a Hitler completar toda la estrategia de cómo iba a arrasar los pueblos. Por eso Francia cayó en nada, cuestión de semanas. Nosotros duramos 32 meses conteniendo a esa cantidad de armamento y aviones y tanques.

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Fotografía destacado: Virgilio Fernández del Real. ANA ORDAZ

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/Brigadista-espanola-Claro-politicos-Espana_0_706230237.html

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