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Primera mujer inscrita en el colegio de abogados /
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La primera abogada de León tenía expediente de ‘roja’

Ya habían pasado más de 100 años desde que se creó el Colegio de Abogados de León, en 1844, cuando la primera mujer se propuso traspasar sus puertas y ejercer la abogacía en la provincia. Se trata de Rudesinda Fernández Pereiro (Villafranca del Bierzo, 1910-?), una mujer que por entonces ya contaba con 36 años de edad y estaba casada.

diariodeleon.es / Ana Gaitero / 28-03-2017

Poco se sabe de esta berciana que obtuvo el título de Licenciado en Derecho —como se ponía y se pone aún en muchas titulaciones oficiales— en la Universidad Central de Madrid aquel mismo año en el que el país trataba de salir de la posguerra a duras penas.

En el archivo del Ilustre Colegio Oficial de Abogados de León (Ical) consta la solicitud de puño y letra de esta pionera, junto con una copia de los pagos al Estado por el título provisional de letrada.

Pero su rastro se pierde entre estas dos hojas que se guardan en una carpeta verde. No se ha podido constatar si se le autorizó la colegiación, aunque parece que no había ningún obstáculo para ello, y si llegó a ejercer como abogada en León.

Su rostro permanece aún en el anonimato. De Rudesinda Fernández Pereiro se conocen, sin embargo, otros datos de su vida debido a que durante la Guerra Civil fue detenida en León «por haberse negado a saludar en el momento en que la banda de música de FET interpretaba el himno nacional y era arriada la bandera frente al monumento a los Caídos».

Así se desprende del expediente rescatado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Esta asociación busca desde hace tiempo a familiares de Rudesinda Fernández Pereiro para entregárselo. Su nombre forma parte del listado de víctimas F junto a varias decenas de personas de las que la asociación tiene información y busca a familiares.

El expediente de auditoría de guerra que abrieron a Rudesinda Fernández Pereiro desvela que en 1938 vivía en León, más en concreto en la plaza de la Pícara Justina, y que por entonces era estudiante de Derecho.

 

Rudesinda es tachada de «izquierdista» y se le reprocha que aconsejara a su hermano, Domingo Fernández Pereiro, que no declarara nada en contra de su voluntad antes de ser fusilado. De su conducta se dice que se atiene a los cánones morales aceptados y se deja constancia de que, antes de ser fusilado el hermano, asistía alguna vez a la iglesia católica.

La auditoría de guerra se cerró sin propuesta el 29 de julio de 1938, un mes y diez días después de su apertura. El comandante juez instructor concluyó que los hechos que se aportaban no eran hechos que «ofrezcan la apariencia de delito» por lo que se acordó el sobreseimiento provisional de la causa.

No obstante, el auditor de guerra deja la posibilidad de que le sea impuesta a la joven, que por entonces contaba con 28 años, una multa de doscientas pesetas. Si le obligó a pagarla o no, también es un misterio.

Lo que sí parece, a tenor de sus declaraciones, es que era una mujer valiente. Rudesinda Fernández Pereiro declaró que se dirigía a su casa cuando, al pasar a la altura del colegio Carmelitas de León, casi en la esquina de Alfonso V, «oyó tocar la marcha real y no levantó el brazo ni se paró para saludar por considerar que dada la distancia al monumento de los Caídos y por no verlo, no tenía esa obligación». Relató también que «un señor desconocido de una manera imperiosa y grosera le mandó pararse y levantara el brazo».

Rudesinda aseguró que obedeció la orden, pero que al hombre «no le gustó» y le ordenó levantarlo de nuevo y rectificar la posición, a lo que se negó porque le pareció que la intención del desconocido era «únicamente molestarla». El hombre tomó sus datos y la mujer siguió su camino. Según su declaración oficial, cuando llegó a la altura del comercio de Lubén, en Ordoño II, «le mandó que le acompañase a las oficinas de Falange» donde fue interrogada. Luego la dejaron irse a casa.

Al día siguiente se presentó en su casa la delegación de orden público para comunicarle que tenía que personarse en San Marcos. La mujer declaró que como no le precisaron la hora pensó en hacerlo a las cinco y media, cuando iba a dar clases de las asignaturas de Derecho que cursaba, para no alarmar a su madre. Sin embargo, pocos minutos antes se presentaron los guardias en su casa y la llevaron a San Marcos.

De las pioneras a la paridad

De la época romana se conoce el nombre de la jurisconsulta Hortensia, pero hasta el siglo XIX hay un enorme vacío. Las mujeres fueron apartadas de las profesiones liberales en la edad moderna La insigne Concepción Arenal tuvo que disfrazarse de hombre para asistir como oyente a las clases de la Facultad de Derecho entre 1842 y 1845 y María Ascensión Chirivella (Valencia.1893 – México 1980) es la primera española colegiada, tras licenciarse en 1921. En León, después de la petición de Rudensida Fernández Pereiro en 1946, consta la colegiación, en 1962, de Mª del Carmen Sánchez González, una oscense nacida en 1938, que ejerció hasta 1967 y por un breve período en 1985 en la calle Sampiro. En 1994 había un 12% de letradas y actualmente la profesión roza la paridad en León.

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Fotografía destacada: MARCIANO PÉREZ –

Fuente:http://www.diariodeleon.es/noticias/sociedad/primera-abogada-leon-tenia-expediente-roja_1148743.html

 

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Miguel Hernández, tu rayo no ha cesado todavía

Con motivo del 75 aniversario de la muerte de Miguel Hernández, varias voces de la poesía actual española hablan de su influencia y honran su legado.

Antonio Lucas, Raquel Lanseros, Jorge Villalobos o Aitor Larrabide, presidente de su Fundación, exponen la importancia de revivirlo leyéndolo.

eldiario.es / Álvaro Macías / 27-03-2017

¿Quién era Miguel Hernández? ¿Cómo un oriundo de Orihuela, destinado a ser otro jornalero de frente y manos duras, acabó dotando a la poesía española de todo un aliento agro, un  savoir faire de entraña, un relámpago sin mística? ¿Cómo pudo una mala tisis llevárselo tan pronto, en una cárcel, sin una cebolla blanca en la boca? ¿Qué versos futuros perdía la Historia -y su Josefina- de quien fue joven hasta para morir? ¿Quién era Miguel Hernández? Pero, sobre todo, ¿quién sigue siendo Miguel Hernández?

Se cumplen 75 años desde que falleciera el ‘hijo español’ de Pablo Neruda -su ‘padre’, Alberti; su ‘hermanísimo’, Lorca, otro que se fue sin mirar atrás-. Miguel Hernández sigue vivo. En cada verso de poeta contemporáneo su influencia no es errata. Generación tras generación, hay un ‘post-miguelhernandismo’ en la metáfora patria. Conversamos con algunas de las voces de la poesía actual española para saber de primera mano cómo hay un ‘viento del pueblo’ que sigue su rumbo en los pulmones de los otros.

“La influencia de su escritura ha sido menor que el calado de su actitud y de su leyenda abaratada. Miguel Hernández fue más de lo que nos dijeron”, afirma el poeta Antonio Lucas (Madrid, 1975) en un hilo que recoge con el mismo impulso Momo Galera (Murcia, 1997), coordinador de la Jam de nakama y del Micro Abierto de ‘La Casa Vieja’ en Albacete: “De los poetas actuales, son muchos los que se han dejado bañar por la tinta crítica de Miguel Hernández, aunque posiblemente son menos de los que deberían”.

La libertad es algo
que sólo en tus entrañas
bate como el relámpago.

“Miguel Hernández no es un poeta cuya influencia pueda rastrearse fácilmente porque la suya no fue una obra revulsiva, que sentara las bases de una estética propia”, explican desde la editorial Esto no es Berlín. “Lo valioso es que, aún así, fue un poeta original.  Su influencia está, o debería estarlo, en su actitud poética indesmayable”. Una actitud en donde cada víscera está al servicio del siguiente verso, cada músculo tensado para asombrar con una tilde nueva al lector.

Desde la Fundación Miguel Hernández advierten de que la vigencia de su verbo radica en “su autenticidad, intemporalidad del mensaje, su rebeldía por aquello impuesto”. Hablan de que sus libros “suponen un gran esfuerzo por aspirar a la belleza partiendo de lo simple”, de que su influencia en la poesía contemporánea promueve “una vuelta al yo, al intimismo”. Y con un vistazo a los poetas del hoy que serán poetas mañana:  el ‘yo poético’ de Miguel ha alargado su sombra telúrica hasta nuestros días.

Miguel Hernández arengando a las tropas en la Batalla de Extremadura (1937)

Un legado en lunas

“Miguel Hernández es un poeta de un extremo virtuosismo y un deslumbrante talento natural, que supo cantar a la vida, tomar partido en los duros dilemas de su tiempo y no renunciar jamás a su sentido de la dignidad y la verdad”. Las palabras de Raquel Lanseros (Jerez de la Frontera, 1973) sirven de cimiento para cantar qué delimita la poesía del oriolano. “Si algo la define, es esa extraña resiliencia de la juventud en la libertad. Estos son sus dos mayores pilares: el amor y la libertad”, expone desde su Málaga natal el joven vate Jorge Villalobos (1995).

Para Momo Galera, el mejor sinónimo de Miguel Hernández es “la lucha”. “Es el consagrado ‘poeta del pueblo’ por el fiel reflejo que hace de ese sentimiento de lucha obrera, de causa republicana. La obra de Miguel es un retrato detallado de una España atrasada”. Para su Fundación, los lendeles que dejó Miguel se escriben con tres adjetivos fieros: “Auténtico, profundo, sencillo. Su obra bebe de las fuentes del pueblo”.

Miguel Hernández con Josefina Manresa, 1935

Un pueblo que de alguna forma le dio la espalda y la cruz de la moneda de una idea. Hubo que reivindicarlo, aunque su herencia poética aún galopa rauda. Para Villalobos, Miguel Hernández “fue mártir porque no aceptó cadenas, porque no renunció a la sonrisa ni su voz.  En cada poema se ve una honestidad titánica, eso es su legado”. Raquel Lanseros coincide y lanza el órdago: “Sin su figura no es posible explicar la producción poética posterior”.

Y Antonio Lucas lo resume, ¿qué define la poesía de Miguel Hernández? “El instinto. La calentura de un verso que sube alto la imagen poética y que cuenta con una potencia verbal asombrosa”. ¿Cómo definiría su legado? “Como el de un hombre que nació fieramente para la poesía, para el asombro y para el dolor”. Quedan por saber las razones por las que debe su sangre seguir estercolando el territorio poético.

Leer una ausencia

La editorial Esto no es Berlín da su impresión, que no va mal encaminada: “Hay que leerle, primero, porque, admitámoslo, no lo leemos todo lo que deberíamos, pero la España de la crisis probablemente sea más sensible a la magnitud de su voz”. La poeta Luna Miguel (Madrid, 1990), sin embargo, retrata en esta anécdota una razón que tiene raíz (de ser) y árbol (genealógico):

“Yo nunca había leído a Miguel Hernández, sentía que sus palabras no representaban ni mi vida ni mis sentimientos. Sin embargo, al cumplir los 18, mi abuela me regaló una antología de su obra que agradecí y en seguida olvidé en mi estantería. En aquella época, yo vivía con mi abuela en Alcalá de Henares. Recuerdo que a veces, en el desayuno, ella recitaba de memoria algunos de sus versos. Por supuesto, yo no los reconocía.

Un día, no sé por qué, leí la antología de principio a fin. Volví a no sentirme identificada con Hernández, y sin embargo sí que me sentí más unida a mi abuela. Es curioso cómo un poeta que nunca terminó de gustarme acabó haciéndome sentir así: más orgullosa de ser nieta de esa mujer que durante años fue profesora de literatura y recitó de memoria los versos de grandes poetas y, por supuesto, los de Hernández”.

Miguel Hernández (arriba a la izquierda) junto a otros poetas como Neruda, Pedro Salinas o Gerardo Diego en el homenaje a Aleixandre

Momo Galera, desde su propia trinchera de juventud, no negocia: “Cualquier joven escritor que pretenda en sus textos virar el timón a contracorriente, ser en definitiva crítico y autocrítico, debería impregnarse de la tinta libertaria de Miguel”. Otro que se afianza en esa idea es Jorge Villalobos: “Tanto para la vida como para escribir es mucho lo que puede enseñar , reflejarnos, abrazarnos en momentos adversos o difíciles”. Elige un verso: voy entre pena y pena sonriendo.

¡Dejadme la esperanza! es el que elige desde la fundación del poeta Aitor Larrabide, su presidente, puesto que “resume muy bien la filosofía vital de Miguel Hernández. Su obra representa no sólo un ejemplo de la evolución de la poesía española del siglo XX sino también de la pasión por la escritura y por la cultura como única forma de progreso”.

“Se trata de un poeta hondo y luminoso. Cuando leí El rayo que no cesa en la adolescencia, me impresionó tanto que se convirtió en uno de mis libros de cabecera”, dice y concluye Raquel Lanseros, quien elige mismo libro que Antonio Lucas, que aprovecha para dar el porqué de su lectura: “Porque abre el idioma, porque dota las palabras de lumbre, amor, rabia y autenticidad. Porque su escritura es un trallazo. Es uno de esos hombres que lanzan las palabras más lejos que la vida”.

Una vida que se le escapó de las manos bajo el frío que da el azul entre los barrotes. Esas mismas manos que escarbaban la tierra a dentelladas, esos mismos ojos que dio a los cirujanos para la libertad o esa misma boca que apenas si pudo decir adiós -a su Josefina- una sola vez. Y no volvió. Pero siempre se vuelve a él. Hay testigos.

Miguel Hernández en San Petesburgo, 1937

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Fotografía destacada: Miguel Hernández

Fuente:http://www.eldiario.es/cultura/libros/poesia/Miguel-Hernandez-poesia-rayo_0_625387991.html

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Diario de una víctima del franquismo: “Que cante, dicen. Pero de esta boca violada sólo salen alaridos”

Gloria Bosque, víctima de torturas durante el régimen franquista, eligió vivir y hoy forma parte de la querella conjunta que pide la declaración de genocidio.

“Algún día, el Gobierno que sea, tendrá que pedir perdón por la monstruosidad que fue el franquismo”.

eldiario.es / N. Elia / 26-03-2017

Noviembre de 1975, Valladolid. “ Hace frío. Pero tiritar de frío es el menor de los males. Desnuda delante de tres agentes. Ahora con los brazos en cruz, ahora andando en círculos con los pies para afuera, ahora arrodillada y hecha un ovillo mientras me contemplan por detrás y se ríen. Llueven los golpes y arden sobre la piel. Que cante, dicen, que cante. Pero de esta boca violada sólo salen alaridos. Otra vez la sal, por toda la cara, sobre los ojos, en la boca, hasta la garganta. Escuece, quema, asfixia, necesito quitármela, arrancar el dolor. Pero las manos siguen a la espalda, atadas, entumecidas.

Tal vez vaya a morir así, tal vez sea hoy, con la voz arrasada por la sal y el cuerpo sembrado de golpes. Ya no intento gritar. Me vale con que el aire llegue a los pulmones. Pienso en los míos, en Pamplona, en el monte, en el aire frío y limpio que respirábamos con ímpetu a la carrera … Un manotazo en la cara me obliga a abrir los ojos.

Es otra vez él. Que no me duerma, grita. Que vamos a aprender los vagos y maleantes lo que cuesta vivir. Se aleja un par de pasos y vuelve con un trapo mugriento. Gotea. Siento un calor húmedo que se extiende hasta las rodillas y sé que me he vuelto a orinar encima. Se ríen. Se quejan de que huelo mal. Me insultan, guarra, me soban, no sirves ni para dar por culo, me salpican con mi propia orina, cerda, que eres una cerda.

No puedo más. Quiero terminar ya. Que acabe este sufrimiento. Quiero morir. El más grande me agarra del mentón y me abre bruscamente la boca. Algo húmedo y áspero me la invade. Creo que es el trapo, que ahoga mis gritos. Ponle también la toalla, escucho antes de que la luz de la celda se transforme en sombras y oscuridad. Llevo una toalla mojada sobre la cabeza y tengo encajado un trapo en la boca, las manos atadas, el cuerpo molido a palos, vejada, rendida, muerta de miedo. ¿Qué viene ahora?”

A Gloria Bosque Ezker la detuvieron en noviembre de 1975 en Valladolid y pasó 10 días de torturas e interrogatorios en diferentes dependencias policiales. Se enteró de la muerte de Franco estando presa. Pero, lejos de pensar que con el fallecimiento del dictador llegaba también el final de su calvario, Gloria Bosque se dio cuenta de que había barra libre aquellos días para sus torturadores. Cuenta que quiso morir en muchos momentos. Que mentalmente suplicaba que la matasen. Pero la obligaron a elegir y escogió la vida.

Suplicó por su vida, literalmente, cuando fue llevada a punta de metralleta a un bosque de pinos en las afueras de Valladolid y los agentes que llevaban diez días sometiéndola a todo tipo de torturas decidieron hacerle creer que la iban a fusilar. “¿Qué hacemos, la matamos, o que vuelva y que cante?”, les escuchó a su espalda. “¡Quiero vivir!”, eligió ella a grito limpio. Sus captores decidieron no matarla.

Desde 1975, Gloria Bosque ha vivido a la sombra de estos recuerdos que la marcaron a fuego. Ahora forma parte, a título personal, de la querella compartida que el Ayuntamiento de Pamplona ha presentado ante la Audiencia de Navarra para que los crímenes del franquismo sean declarados delitos de lesa humanidad, es decir, delitos que nunca prescriben, delitos que deben ser juzgados de una vez. “Ningún futuro de paz, justicia y solidaridad podremos construir negando lo anterior”, advierte Gloria Bosque.

“La querella reclama la justicia negada a todas y todos los que fueron asesinados y desaparecidos, mujeres vejadas y violadas, familias despojadas, humilladas y perseguidas durante décadas, gentes exiliadas, detenidas, maltratadas, torturadas, encarceladas; sindicalistas despedidos y perseguidos, mujeres despojadas de sus más elementales derechos durante décadas. En definitiva, a todo un pueblo ninguneado al que durante 40 años se le negó todo tipo de libertades democráticas y derechos humanos”, explica. Aunque no se muestra demasiado optimista sobre el resultado final de la querella en los tribunales, sí muestra su esperanza de que la justicia en Navarra “esté a la altura de las circunstancias y haga frente a sus responsabilidades, tal y como están comenzando a hacer las instituciones forales y municipales”.

Las cifras del oprobio

Aunque en Pamplona no hubo un frente de guerra propiamente dicho, el franquismo dejó tras de sí una estela de muertes, desapariciones, encarcelamientos y torturas a las que un estudio encargado a la Universidad Pública de Navarra ha puesto cifras, nombres y apellidos. En total 309 muertes y más de 1.000 encarcelamientos durante la guerra civil y el franquismo.

Según ha explicado la letrada que dirige la querella, Lourdes Etxeberria, los hechos objeto de la demanda “nunca han sido investigados penalmente por los tribunales de justicia del Estado español”, por lo que se apela al “principio de interdicción de la impunidad”, a la obligación de las instituciones para “remover todos los obstáculos fácticos y jurídicos que impidan la investigación, enjuiciamiento y, en su caso, condena de las violaciones masivas, sistemáticas, planificadas y generalizadas de Derechos Humanos”.

Emilio Majuelo, doctor en Historia Contemporánea y profesor de la UPNA, ha dirigido el proyecto del Fondo Documental de la Memoria Histórica de Navarra. Un recopilatorio que sirve de base al informe pericial que acompaña la querella y que permitirá a los jueces conocer de primera mano miles de testimonios. Horas y horas de grabaciones de entrevistas realizadas a familiares de desaparecidos y a víctimas en primera persona de la represión franquista.

El nombre de Gloria Bosque Ezquer figura en el citado Fondo Documental de la Memoria Histórica de Navarra junto a unos asépticos parámetros con los que se ha intentado clasificar el horror: “Represión: encierro en prisión provincial o penal, comisarías, cuarteles… Torturas y agresiones físicas: Tortura”. El apartado ‘Informe de muerte’ deja los campos de año, mes y día vacíos. Hace más de 40 años que Gloria Bosque suplicó por su vida y los agentes que iban a fusilarla se la perdonaron.

“Si no se reconoce este genocidio, es muy difícil avanzar a nivel de justicia y paz. Es imprescindible. Y que se depuren responsabilidades, porque parece que seguimos con la sombra del franquismo, que es intocable. El dictador murió hace 40 años. Y sin embargo no se atreven y no les interesa que se reconozca la verdad”, lamenta Gloria Bosque. “Algún día, no sé cuándo pero creo que no lo conoceré, el Gobierno que sea tendrá que pedir perdón por la monstruosidad que fue el franquismo”.

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Fotografía destacada: Homenaje a desaparecidos del franquismo

Fuente:http://www.eldiario.es/norte/navarra/ultima_hora/Llueven-golpes-cante-violada-alaridos_0_626087636.html

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El franquismo del PP

La derecha española es heredera, familiar, social e ideológicamente, del franquismo, por lo que reconocer sus crímenes la obligaría a una renuncia imprescindible para reparar una Historia culpable de la que así son cómplices. 

eldiario.es / Ruth Toledano / 19-07-2015

El otro día, en una fiesta de cumpleaños muy divertida, una joven artista me contó que su padre, que no había cometido otro delito que el de ser comunista, había pasado veinte años en una cárcel franquista. Me contó cómo la vida de su familia había sido truncada por el dictador y que su padre, una vez en libertad, nunca llegó a recuperarse del todo. Después seguimos bailando. Pero esa cifra, veinte años, vuelve desde entonces a mi cabeza una y otra vez. Y, con ella, los 500.000 encarcelados por el fascismo español. Y los 550.000 exiliados que huyeron del terror de ese fascismo. Y los 300.000 niños robados a sus madres por rojas. Y los cientos de miles de desaparecidos. Y los cientos de miles de depurados, despedidos de su trabajo y despojados de sus bienes por ser republicanos.

También, con esa cifra, vuelven los 80.000 republicanos asesinados entre 1936 y 1939. Y los 115.000 antifranquistas asesinados entre 1939 y 1975, año en que el general Francisco Franco murió en la cama de la impunidad. Con esa cifra vuelve también la tía abuela de Ismael Serrano, que aún sigue en una fosa común, como bien  recordó el cantante en un tuit a Pablo Casado (que se burló de quienes quieren recuperar de las cunetas los restos de sus familiares para darles digna sepultura y luego los suyos lo nombraron vicesecretario de Comunicación del PP). Y vuelve Emilio Silva Faba, fusilado por republicano en la comarca del Bierzo y cuyos restos fueron los primeros de un represaliado del franquismo identificados por una prueba de ADN. Su nieto, Emilio Silva Barrera, es el presidente de la  Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que hace dos meses recibió en Nueva York el premio ALBA/Puffin al Activismo en Derechos Humanos, uno de los más prestigiosos del mundo.

Podría llamar la atención que este premio venga de Estados Unidos mientras en España la tarea de la ARMH es despreciada o, peor, obstaculizada. Pero no sorprende: la derecha española es heredera, familiar, social e ideológicamente, del franquismo, por lo que reconocer sus crímenes la obligaría a una renuncia imprescindible para reparar una Historia culpable de la que así son cómplices. Si el franquismo aplicó el terrorismo de Estado, los descendientes del franquismo que no lo condenan justifican o defienden ese terrorismo. Mientras organizaciones e instituciones internacionales reconocen el esfuerzo de los hijos y nietos de la injusticia, ese esfuerzo es ninguneado en la España donde los herederos del franquismo han podido ganar elecciones democráticas. “No es casual”, señala Emilio Silva Barrera, “que este premio venga de Estados Unidos o que la causa que hay abierta contra el franquismo, a raíz de la querella que promovimos el 14 de abril de 2010, esté en un juzgado argentino”. La ARMH no ha recibido aún reconocimiento alguno por parte del Estado español ni de la Unión Europea: “Decirle al viejo continente que tiene pendiente la resolución de graves violaciones de derechos humanos sería algo así como una falta de respeto, tratándose de este continente civilizado”, ironiza Silva.

La ARMH denuncia que ‘los padres de la Constitución’ dejaron en las cunetas a muchos abuelos y reclama el fin de un olvido y un silencio que aún fomenta el PP. Ante el anuncio de Manuela Carmena de la posible sustitución de nombres franquistas de calles madrileñas, la Delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, ha mostrado su oposición con un razonamiento tan pobre y sospechoso como insultante: “Se aprende de lo pasado”. Claro que se aprende de lo pasado, señora Dancausa, precisamente para eso es necesaria una memoria capaz de juzgar qué de ese pasado merece reconocimiento y qué merece repulsa. Pretender que una calle que lleva el nombre de un general franquista o que conmemora a los caídos de la División Azul (división de soldados franquistas y falangistas que se unió al ejército nazi) sea una forma de aprender lección alguna supone una burda manipulación. No hay que ser muy lista para comprender que poner a una calle el nombre de algo o de alguien lleva implícito un reconocimiento. Así que es fácil deducir que las motivaciones de Dancausa poco tienen que ver con ilustrar la verdad y mucho con el franquismo heredado por su partido.

La ARMH lo considera una humillación a las víctimas. Una humillación que nos alcanza si “una representante de un Gobierno democrático defiende los honores en espacios públicos a militares golpistas, criminales de guerra y miembros de una dictadura que obligó a exiliarse a medio millón de personas, asesinó a más de cien mil civiles cuyos cuerpos siguen todavía desaparecidos, secuestró las elecciones durante cuatro décadas, convirtió a las mujeres en ciudadanas de tercera clase y persiguió a los homosexuales como delincuentes”.

Como no podía ser otro modo, a los planes de Carmena también se ha opuesto Esperanza Aguirre, rabiosa perdedora de la alcaldía de Madrid que se ha tenido que mal conformar con ser portavoz del PP en el Ayuntamiento. Ha anunciado que los populares se opondrán a las intenciones de la alcaldesa, pasándose por el forro que ese cambio venga avalado por una Ley de Memoria Histórica que ya lo marca y que, simplemente, no se ha cumplido. Tras una reacción como la de Aguirre, solo puede haber mucho franquismo -familiar, social e ideológico- presente. Tanto franquismo como para que ella, la lideresa en descomposición, aún quiera ir más allá: pide la derogación de esa Ley. Es decir, desaparecerán los nombres franquistas de las calles, pero acechará el espíritu antidemocrático mientras no salgan de las instituciones residuos tóxicos como Aguirre o el diputado del PP Rafael Hernando, que  se atrevió a escupir que “los familiares de las víctimas del franquismo se acuerdan de desenterrar a su padre solo cuando hay subvenciones” (y luego los suyos lo nombraron portavoz parlamentario del PP). Porque “ser demócrata”, recuerda la ARMH, “significa ser antifranquista, así como oponerse al uso de la fuerza en el ejercicio del poder”.

Más de 170 calles enaltecen aún en Madrid a responsables y símbolos de la dictadura franquista. De cumplirse la Ley de Memoria Histórica a través de la iniciativa de Carmena y su equipo de Gobierno, Madrid se convertiría en el primer municipio que obedece a la normativa y hace un gesto para reparar una injusticia que, desde la muerte de Franco, suma cuatro décadas de impunidad a las cuatro anteriores de violencia del dictador. Ochenta años de víctimas abandonadas por la Justicia. Lección del pasado sí será, como propone la ARMH, que la retirada de esos nombres y esos símbolos vaya acompañada por la correspondiente explicación de quién, qué y por qué no merece estar en el callejero de nuestras ciudades.

Se lo debemos a Emilio Silva Faba, a la tía abuela de Ismael Serrano y a todos los españoles que, como el padre de la joven artista que conocí en un cumpleaños, fueron víctimas de un terrorismo de Estado que, mientras no se repare con el respeto debido, deslegitimará la Transición e impedirá que este país avance hacia una verdadera democracia.

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http://www.eldiario.es/zonacritica/franquismo-PP_6_410918913.html

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BIENVENIDOS A ESTA WEB DE LA MEMORIA HISTÓRICA

Diez años agujereando el olvido, el silencio, la niebla con la que la dictadura quiso cubrir sus terribles crímenes, los más atroces que pueden cometer algunos seres humanos.

Diez años reapareciendo, recuperando, desolvidando. ayudando a regresar a los desaparecidos, a las desaparecidas, a los que fueron secuestrados, asesinados y abandonados.

Diez años de esfuerzos de mucha gente, de muchos lugares, de testigos que comparten su memoria para señalar cunetas, parajes, espacios en los que las fosas esconden su secreto.

Diez años para aprender, para saber, para conocer la dimensión criminal del franquismo, para entender por qué tuvieron que callar, por qué portaron hasta el presente, en silencio, la memoria que los hacía testigos de delitos atroces, que los amenazaba.

 

 

Diez años de conocer a hombres y mujeres que tuvieron que cavar en su memoria una fosa y enterrar en ella los recuerdos de los asesinos, de los prepotentes, de los pequeños dioses del fascismo que decidían sobre la vida y la muerte.

Diez años conociendo familias aplastadas, sometidas, olvidadas, insignificantes para un Estado que hasta ahora no ha querido darles verdad, ni justicia, ni reparación. Cuando hace diez años un grupo de arqueólogos y forenses trabajaba en una cuneta a la entrada de la localidad leonesa de Priaranza del Bierzo nadie podía imaginar que ese agujero en el silencio era el primero de muchos otros.

Allí aparecieron 13 cadáveres de civiles republicanos; los primeros asesinados por la represión franquista exhumados con técnicas arqueológicas y cuyos cuerpos fueron estudiados con técnicas de antropología y medicina forenses. Desde entonces hemos ayudado a miles de familias. A cerca de 1.500 a encontrar a sus seres queridos. A muchas otras a saber, a conocer, a encontrar documentos o testimonios para dar respuesta a dolorosas preguntas que llevaban años contestadas por un silencio político, judicial y administrativo.

Somos una asociación formada por familiares de desaparecidos y personas solidarias con su causa, su sufrimiento, su derecho a la reparación. No tenemos una sede propia como tal, por lo que en esta que estás es nuestra casa. Acabamos de mudarnos.

A través de esta página podrás enterarte de las actividades que llevamos a cabo, proporcionarnos información u ofrecerte a echarnos una mano. Gracias por interesarte por la recuperación de esta memoria.

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CRÍTICA AL PROGRAMA DE TVE SOBRE LA MEMORIA HISTÓRICA

Artículo de Vicenç Navarro, 22 de octubre de 2010

Este artículo analiza críticamente el documental de TVE sobre la Memoria Histórica que se basa en entrevistas a José Alvarez Junco, Javier Pradera, Santos Julià y Julián Casanovas. El artículo argumenta en contra de las tesis sostenidas en el documental de que una vez enterrados los desaparecidos es importante cerrar el capítulo de recuperar la memoria histórica y dejar de exigir responsabilidades por los asesinatos y crímenes cometidos por los vencedores de la Guerra Civil. El artículo sostiene que la recuperación de los desaparecidos conlleva la recuperación de su memoria y la corrección de la historia de nuestro país, que continúa promoviendo la visión de que lo que llaman erróneamente “los dos bandos” compartieron las responsabilidades de lo acaecido. La limitada democracia española requiere una corrección de la historia de España, para que ésta esté basada en los valores democráticos que la mayoría de los desaparecidos defendieron. Televisión Española ha presentado un documento, “Tengo una pregunta para mi: ¿vivimos en deuda con el pasado?”, que consiste en cuatro entrevistas a cuatro personas a las que se les pregunta su opinión sobre lo que ha  venido a llamarse en España “recuperación de la memoria histórica”. Los entrevistados son José Álvarez Junco, una de las personas que escribió la ley conocida por tal nombre; otros dos son Javier Pradera y Santos Julià, que han sido muy críticos con aquellos sectores de las izquierdas que quieren recuperar la memoria de los vencidos, exigiendo responsabilidades; y  Julián Casanovas, historiador que critica lo que él define como intento de politizar la memoria, hecho que considera criticable, pues cree que se debiera dejar tal labor de recuperar y conocer el pasado a los historiadores.

Todos ellos expresan preocupación por como se está llevando este proceso, atemorizados de que pueda desembocar en unas tensiones que consideran innecesarias e improductivas. Piden que se encuentre a los muertos desaparecidos y, si sus familias así lo desean, los entierren y se les honre. Pero están preocupados por que este proceso se desmadre y vaya ahora a reavivar lo que ellos llaman “los fantasmas de la Guerra Civil”. Creo que ésta es también la postura del gobierno socialista y la del mayor partido de la oposición, el PP. Antes de expresar mi desacuerdo con tales posturas, creo justo intentar resumir la postura de cada uno de los entrevistados.


De los cuatro entrevistados, el más interesante y más sorprendente considero que es José Álvarez Junco. Éste explica que cuando la Oficina de la Presidencia del Gobierno de España le pidió que escribiera la Ley (como miembro de una Comisión encargada de prepararla) se le instruyó que hiciera una ley que satisficiera tanto a los descendientes políticos de los vencedores, como de los vencidos. Era una ley, según le dijeron en Presidencia, “para cerrar heridas”, aceptable por parte de los dos bandos. (Por cierto, un elemento común en las respuestas de los cuatro entrevistados, es que todos definen lo que llaman la Guerra Civil como una guerra entre dos bandos, definición que no comparto y a la cual me referiré más tarde). La ley, por lo tanto, tenía que satisfacer tanto a las derechas (al PP), como a las fuerzas democráticas herederas de las que existieron en las Cortes Republicanas y de las que lucharon contra la dictadura, de las cuales las izquierdas eran la gran mayoría. No era, aclara José Álvarez Junco, una ley de la memoria histórica, sino una ley de reconocimiento a las víctimas de los dos bandos de la Guerra Civil y de la dictadura. Ahora bien, este reconocimiento tenía límites, según José Álvarez Junco. El nuevo estado democrático –dice él- era continuista del estado anterior, y por lo tanto no podía anular juicios aprobados por el estado anterior. Es más, de hacerlo tendría que conllevar pagos, compensaciones y reivindicaciones que el nuevo estado no estaba dispuesto a realizar.


Por lo demás, José Álvarez Junco considera el mandato que había recibido de la Comisión suficientemente complejo como para desanimarle a ir mas allá de reconocer a las víctimas, pues ello nos llevaría a considerar cuál es la memoria, de las muchas que hay, que merece ser recuperada. De ahí que la mejor solución era dejar tal decisión a las familias de los desaparecidos y que éstas –las que así lo desearan- recuperaran la memoria de sus seres queridos. Por otra parte -añade José Álvarez Junco- no es fácil definir quién es una víctima, o si la víctima merece el reconocimiento y/o el homenaje ¿Es, se pregunta José Álvarez Junco, merecedor de reconocimiento como demócrata un maquis comunista, cuando – según José Álvarez Junco- tal maquis intentaba establecer una dictadura estalinista?


Creo haber resumido correctamente las posturas de José Álvarez Junco. Y, repito, considero sorprendente que el gobierno socialista español quisiera hacer una ley en la que se intentara honrar a las víctimas y a la vez satisfacer a los victimizadores. Incluso numéricamente, los golpistas crearon muchas más víctimas que los que defendieron la República Democrática  y lucharon más tarde para reinstaurarla de nuevo, incluyendo, por cierto, el partido Comunista y los maquis. Como bien ha documentado el Catedrático Josep Fontana, el Partido Comunista tenía como objetivo restablecer la democracia parlamentaria existente durante la República. Es más, las víctimas de los republicanos no hubieran existido si no hubiera habido un golpe militar que desencadenó toda la violencia. Considerar como un proyecto factible el desarrollar una ley de reconocimiento que satisfaga por igual a vencedores y vencidos asume erróneamente que lo que ellos llaman los dos bandos comparten las mismas responsabilidades en lo ocurrido en aquel periodo de nuestra historia, lo cual es obviamente falso. Una recuperación justa con homenaje a las víctimas, lleva inevitablemente a denunciar a los vencedores. De ahí la continua oposición a tal proceso por parte de sus sucesores. Creer que se puede satisfacer a vencedores y vencidos es asumir y reproducir esta imagen tan generalizada hoy en España, de que la mal llamada Guerra Civil era una lucha entre dos bandos que, llevados por ideologías extremas (como subraya Julián Casanovas), cometieron barbaridades, que es importante recordar y conocer para no reproducirlas en el futuro. Pero la realidad, fácilmente documentable fue distinta.


En realidad, lo que se requiere no es sólo la recuperación de la memoria de los vencidos, sino la corrección de la historia que se ha enseñado a la juventud en este país. José Álvarez Junco indica que ha habido “silencios” sobre la historia de España. Pero, por lo visto, no se pregunta porque ha habido tales silencios. En realidad, estos silencios se deben precisamente al enorme poder que los sucesores de los vencedores tienen todavía sobre el estado español continuista del anterior y sobre la sociedad. ¿Cómo se explica que los primeros documentales que se presentan en la televisión española (el medio de educación popular más importante del país) sobre las atrocidades del franquismo (documentales como “Els Nens Perduts del Franquisme”), sin acompañarlos de los “horrores” cometidos por el otro bando (como siempre había ocurrido) no se hiciera hasta casi un cuarto de siglo después de que se inaugurara la democracia?


La función de este silencio es reproducir la versión “oficial” que se enseñó durante muchos años, que fue transformándose desde presentar a los golpistas como los buenos, a la versión existente hoy de que no hubo ni buenos ni malos, pues los dos bandos eran culpables. Esta versión de los dos bandos es la versión “oficial” que adquiere su relevancia, no por sanción del estado, sino por la ausencia de otras versiones que la cuestionen, al estar excluidas en los mayores medios (incluyendo los públicos) de información y persuasión.


José Álvarez Junco niega que haya una “historia oficial” y tampoco desea que exista. Ninguno de los cuatro entrevistados quiere hacerla, denunciando a aquellos que lo desean. Si visitan cualquier país democrático verán, sin embargo, que en las escuelas públicas se explica una única historia, resultado de unos valores democráticos definidos por las instituciones representativas gobernadas por las fuerzas democráticas. En cualquier país democrático, los libros de texto en las escuelas son aprobados por los representantes de la población. Y, en su mayoría, promueven valores democráticos, incluidos en la versión de sus historias. En España, los silencios son reflejo del miedo y/o el deseo de no mirar atrás, pues el estado actual es, como José Álvarez Junco reconoce, un estado continuista de un estado dictatorial basado en un golpe militar. De ahí el énfasis en no mirar al pasado, pues este no mirar al pasado es una manera de silenciar una visión democrática de nuestro pasado, promoviendo así indirectamente la versión de los dos bandos que comparten responsabilidades en lo acaecido. Pero este silencio también tiene su función, según Álvarez Junco: permitir la convivencia entre los herederos de los dos bandos, cada uno con su propia memoria.


Los argumentos de Javier Pradera. “Para tener la paz tenemos que aceptar la injusticia”.
Pero esto nos lleva a Javier Pradera, cuya mayor tesis es que debemos aprender a convivir con nuestro pasado tal como han hecho otros pueblos, como el americano o el francés. Javier Pradera se refiere, por ejemplo, a la Guerra Civil de EEUU, que todavía hoy perdura en el memorial de aquel país. En realidad, Pradera señala que aquella guerra fue muy semejante a la Guerra Civil española. De ahí que debiéramos aprender de EEUU a cómo convivir con el pasado y su memoria. Creo conocer bien EEUU, al haber vivido cuarenta años de mi exilio en aquel país, y conozco su historia, incluida su Guerra Civil, la cual, por cierto, tiene muy pocas semejanzas con la Guerra Civil española. Pero independientemente de sus semejanzas o diferencias, el hecho que Javier Pradera parece ignorar es que en la Guerra Civil de EEUU los buenos ganaron. No así en España. En EEUU, la bandera confederada de los vencidos y sus símbolos fueron prohibidos durante muchos años, la estructura económica de los vencidos fue destruida (con la abolición de la esclavitud) y los valores republicanos representados por el Presidente Lincoln, dirigente de los vencedores, fueron promovidos activamente en el sistema educativo de aquel país. No así en España, donde no vencieron los demócratas.


Lo mismo ocurrió en Francia, con la Revolución Francesa, que Javier Pradera presenta también como una Guerra Civil semejante a la nuestra. En aquel conflicto francés, los buenos ganaron. Y los valores de los vencedores fueron clave para establecer los regímenes republicanos en Francia y también, por cierto, en Europa. De nuevo, no así en España. Es más, estos mismos valores de la Revolución Francesa fueron los que la resistencia anti-nazi francesa (en la que lucharon muchos antifascistas españoles), salvó con la derrota del Régimen de Vichy, cuyos seguidores fueron severamente sancionados por el régimen republicano democrático, vencedor en aquel segundo conflicto. De nuevo, lo opuesto ocurrió en España.


Y ahí está la especificidad de España. Los malos ganaron y la democracia que resultó de la transición no fue una rotura, sino una adaptación, con la abertura a las fuerzas democráticas, pero dentro de un enorme desequilibrio en las relaciones de fuerza. Pradera admite que se han hecho enormes injusticias con los vencidos durante el proceso democrático, siendo el olvido uno de ellos. Pero lo considera necesario para mantener la paz. Pradera, con la arrogancia y tono insultante que le caracteriza, se refiere, con un tono condescendiente, a una presentación del Juez Garzón, indicando que Garzón hizo “el discurso predecible” cuando indicaba que “la Paz era imposible sin ir acompañada de Justicia”. La realidad, señala Pradera, es distinta. La Paz requiere, en muchas ocasiones, la perpetuación de la injusticia. Y lo ocurrido en España –subraya Pradera- es un ejemplo. Lo que Pradera confunde, sin embargo, es el significado de los términos utilizados en tal frase. Paz es mucho más que la ausencia de tiros en la calle. Existe violencia institucional en España, tanto dentro como fuera del Estado, violencia que ocurre en bases diarias con vencedores y vencidos. Y parte de esta violencia es la represión en contra de la memoria y de la historia de los vencidos. Es violencia negar a los vencidos (que fueron en su gran mayoría los defensores de la democracia) que su historia sea la historia de la democracia española, como también es violencia que en muchas partes de España exista todavía hoy miedo a recuperar esta memoria y es violencia que sea tan difícil encontrar a los muertos desaparecidos del lado de los vencidos, o que sea imposible llevar a los responsables de aquella violencia a los Tribunales. ¿De qué Paz habla Pradera?


Pero las consecuencias de la propuesta de Pradera de aceptar las injusticias tienen, incluso, un coste mayor para España, pues implica condenarla a una democracia sumamente incompleta y recortada, viviendo bajo el silencio. En el proyecto democrático es un enorme error abandonar la exigencia de que se conozca el pasado y se demanden responsabilidades por lo ocurrido, como bien exigía el juez Garzón en el enjuiciamiento del franquismo. En realidad, ha sido el conocimiento de las atrocidades realizadas por tal régimen el que ha ido concienciando a la población de la maldad de aquel régimen. Hoy, ya el 30% de los votantes del PP (el partido heredero de los vencedores) apoya el enjuiciamiento del franquismo, desaprobando la acción del Tribunal Supremo de condenar al Juez Garzón por su intento. Tal elevado porcentaje entre los herederos de los vencedores sería impensable hace sólo unos años. España no tendrá una democracia completa y madura hasta que no tenga una derecha democrática, homologable a la derecha europea (la cual ha denunciado al Tribunal Supremo por tal acto). De ahí la enorme importancia de que se conozca lo que fue el golpe militar y sus consecuencias, intentando en aquel proceso que el estado español deje de considerarse continuista del régimen dictatorial anterior y se defina como el heredero de la II República. Creo que ello ocurrirá, pero la labor es más  dura y difícil que en otros países, porque aquí los que ganaron no eran los buenos. Pero para ello se requiere que los nietos y los biznietos de los vencidos (y muchos de los vencedores) presionen para que se conozca el pasado oculto y se exijan responsabilidades a los vencedores y a aquellos que gozan de privilegios heredados del golpe y de la dictadura. Sus valores democráticos así se lo exigirán.


Naturalmente que en esta recuperación de la historia de las fuerzas democráticas hay que incluir las luces y sombras de los vencidos. Pero estas últimas no pueden apagar el hecho de que eran los que llevaban razón, defendiendo mejor los intereses de la población y de su mayoría, las clases populares. Los aliados en la II Guerra Mundial cometieron atrocidades como el bombardeo de Dresden. Pero estas atrocidades no anularon el hecho de que los aliados tenían una superioridad moral sobre los nazis y el mundo ganó cuando vencieron aquel conflicto. La perpetuación y promoción de quienes son los buenos y malos es fundamental para fortalecer la cultura democrática, todavía poco desarrollada en España, lo cual me lleva a recuperar mi desacuerdo con el tercer entrevistado, Santos Julià.


Las memorias de Santos Julià
Santos Julià afirma que los dos bandos tienen sus propias memorias, lo cual es obvio y nadie cuestiona. Este no es el punto de debate. El punto de debate es qué memoria debe priorizar en el estado democrático en este momento, pues toda historia –conocimiento y comprensión del pasado- se basa en la memoria individual y colectiva, oral y escrita de la sociedad. En cualquier estado democrático, tal como he indicado anteriormente, el estado prioriza los valores democráticos que se transmiten en su historia. Y en España ello no ha ocurrido durante la época socialista, aún cuando el silencio oficial permite la reproducción de la historia promovida por el Estado durante los gobiernos conservadores del PP (es decir, el de los dos bandos). De ahí que aquella Ley debiera haber ido mas allá que el hecho de enterrar a los muertos, pues de no hacer más, con aquellos muertos se enterrará también nuestra historia democrática. El intento del Gobierno Socialista español de no ofender a los vencedores era, indirectamente, aceptar la versión histórica anterior de “los dos bandos”.


Santos Julià está en desacuerdo con que se exijan responsabilidades a los vencedores. En realidad, considera que la Amnistía era un indicador de la madurez de la democracia española, perdonándonos los unos a los otros. Esta actitud, probablemente procedente de su pasado como sacerdote, es profundamente insatisfactoria desde el punto de vista democrático, pues pone en el mismo nivel a victimizadores y a víctimas, además de abandonar el intento de recuperar la memoria y la historia democrática. Tal Ley de Amnistía no tuvo nada que ver con la madurez de las fuerzas democráticas, sino con el enorme desequilibrio de fuerzas entre las izquierdas y las derechas en el momento de la transición. Es muy probable que si en España hubiera habido una ruptura, en lugar de un proceso continuista, se habría sancionado a los golpistas y  sucesores, y se hubiera considerado al nuevo estado democrático, un estado heredero de la República. Ahora bien, la correlación de fuerzas en España, no permitió que tal rotura ocurriera, y es posible que la manera como se hizo tal transición era la única posible. Pero definirla como modélica es idealizar aquel proceso, pues la democracia que tenemos dista mucho de ser homologable a las otras democracias existentes en la UE. Sus enormes insuficiencias han determinado, entre otros hechos, un estado del bienestar muy insuficiente (como documento en mi libro Bienestar insuficiente, Democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país. Anagrama. 2002)


Puede ser que las izquierdas no tuvieran otra alternativa, en un estado en el que su jefe de estado –el Monarca- consideraba al Dictador como su padre y el Ejército estaba a punto de interrumpir cualquier abertura. Santos Julià confunde madurez con debilidad. Las derechas, continuadoras de la nomenclatura de aquel estado dictatorial, tienen  todavía un enorme poder sobre este estado continuista, y la muestra de ello es que nada menos que el Tribunal Supremo lleve a los tribunales al único Juez que ha intentado enjuiciar al franquismo, y ello en respuesta a una denuncia realizada por el Partido fascista, la Falange. Una situación bochornosa, de escándalo internacional, que es a la ve esclarecedora de la naturaleza escasamente democrática del Estado español.


Julián Casanovas y la despolitización de las memorias
Lo cual me lleva a la última entrevista, la de Julián Casanovas, de cuyos libros sobre la Iglesia Española he aprendido y citado con frecuencia. Mi admiración por su trabajo no excluye mi crítica hacia sus posicionamientos expresados en la entrevista en este programa de TVE. Julián Casanovas subraya que debe despolitizarse la memoria histórica y  dejar el estudio del pasado a historiadores. Mientras –dice él-, que se entierre a los muertos desaparecidos y con ello se cierre este periodo de nuestra historia. Es una visión un tanto corporativista, que asume que la historia es tarea exclusiva de los historiadores y hay que dejarles que hagan su trabajo. Y que sean sus productos, los libros de historia, los que la juventud estudie para conocer la Historia de España. De no hacerse así, y de continuarse la “politización de la memoria y de la historia”, tal como –según él- está ocurriendo ahora, las cosas se van a complicar demasiado, con jueces y cortes internacionales interviniendo en España, convirtiéndose la recuperación en un show internacional que va a dar una muy mala imagen de España.


En esta postura hay varios supuestos cuestionables. Uno es la posibilidad de despolitizar el análisis histórico, lo cual lo veo imposible y además indeseable. Politizar quiere decir dar voz a los representantes de la población que, dividida en clases sociales, géneros y nacionalidades, tienen distintas memorias, y por lo tanto distintas historias. Es lógico y aconsejable, desde el punto de vista democrático, que sean sus representantes los que prioricen las preguntas y los métodos de investigación en el proceso histórico, realizados por los historiadores. Decir esto no es infravalorar la labor del historiador, sino reconocer que la historia es una tarea mucho más amplia que lo que hacen los historiadores. Es más, los historiadores, como seres humanos, están sujetos a la subjetividad dentro de un proceso científico. De la misma manera que las feministas exigen, con razón, que haya más mujeres entre los historiadores, a fin de ser más sensibles al punto de vista de la mujer en la recuperación de la historia humana, los vencidos tienen el derecho de exigir que haya más historiadores que, bien como hijo o nieto de los vencidos, o de los vencedores con sensibilidad democrática, sean sensibles a los valores democráticos.


Por otra parte, el método histórico se alimenta de la memoria. Y la memoria de los vencidos no se ha recogido. Cualquier memoria es política y, por lo tanto, su recogida es también política. No encuentro censurable que las izquierdas quieran recuperar sus valores políticos en aquella memoria, tal como las derechas lo han hecho (dificultando además ahora que las izquierdas lo hagan). Lo que el compromiso democrático exige es precisamente denunciar el silencio sobre el pasado, causado por las coordenadas de poder (político y mediático) existentes en España, a favor de las derechas. Julián Casanovas parece ignorar que el que controla el pasado, controla el presente. En España, el control de aquel pasado explica la relación de poder en la España actual. Las encuestas muestran como las instituciones más populares en España (excepto en Cataluña y en el País Vasco)  son la Monarquía, el Ejército y la Iglesia, los cuales (con la Banca y el mundo empresarial) son el pilar de las derechas, cuyo poder se  ha traducido en el enorme subdesarrollo social de España, donde el tiempo de visita como promedio al médico es sólo de seis minutos. Inteligencia política es la posibilidad de relacionar hechos. Si hubiera habido rotura, con el estado considerándose heredero de la República (que hizo reformas sustanciales en un corto periodo) y con las izquierdas gobernantes, hoy España tendría un estado del bienestar mucho más desarrollado que el que tiene en la actualidad. En Europa, donde las izquierdas han sido fuertes (como en los países nórdicos), el bienestar social y la calidad de vida, incluida la democrática, han sido mucho más altos que en países como España, donde las derechas han sido muy fuertes.


Por otra parte, la historia no se reproduce sólo a través de los libros de historia, sino a través de la cultura y conocimiento (que va desde el cancionero popular a películas, obras de teatro y un largo etcétera) que promueven una visión de la realidad a costa de otras. Estamos, pues, tocando el tema clave en una democracia que es la producción y reproducción de valores, o lo que mi amigo Norman Chomsky llama “los aparatos de producción del consumo ideológico dominante”. Y creo fácil de mostrar (como lo he hecho en mis libros) que tales medios en España están claramente sesgados excluyendo y discriminando a las izquierdas. La aparente placidez (o Paz, como la llama Pradera) que se da en nuestra sociedad se basa en una enorme represión que margina al que critica y responde a tal represión. De ahí que lo que se requiere es denunciar esta situación, aún cuando aquellos que así lo hagan sean acusados de politizar la realidad. En realidad, lo que están haciendo no es politizar, sino introducir nuevos valores políticos que rompen con aquella placidez, sustentado por otros valores que no son democráticos. Aplaudo así la Ley de la Memoria Histórica aprobada por la Generalitat de Catalunya, que de una manera explícita intenta no sólo enterrar a los muertos, sino desenterrar su memoria y la de los que lucharon en contra del fascismo, intervención que es protestada por las derechas acusando al gobierno de volver a los fantasmas de la Guerra Civil, politizando el pasado. Lo que el gobierno catalán hace es romper con el dominio político de aquel pasado por parte de los responsables del horror de aquellas horribles páginas de nuestra historia. Y esto es lo que creo debe hacerse.


Universidad Pompeu Fabra
Barcelona. Octubre 2010
Publicado por ARMH
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