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“Las víctimas del franquismo no buscamos venganza o protagonismo, anhelamos justicia y verdad”

Familiares de víctimas extremeñas de la dictadura dicen que para cerrar heridas es indispensable el reconocimiento de las personas que a día de hoy siguen desaparecidas en las cunetas.

Levantan en Castuera el Monumento-Memorial Democrático a las Víctimas del Franquismo.

eldiario.es / Jesús Conde / 23-04-2017

Este  fin de semana se inauguraba en Castuera un monumento memorial a las víctimas del franquismo. Un día ‘muy especial’ para los familiares. Lo consideran un ‘pequeño logro’ más en la carrera por el reconocimiento de la memoria “de todas aquellas personas desaparecidas y fusiladas, para aquellas que fueron retenidas y obligadas a realizar trabajos forzados”.

Son las palabras de Marisa Blanco, miembro de la Asociación Memorial Campo de Concentración de Castuera. El colectivo ha levantado el Monumento-Memorial Democrático a las Víctimas del Franquismo (1936-1949), con 267 nombres de personas represaliadas. Algunas de Castuera y Extremadura, pero otras muchas de fuera de España.

Han contado con el respaldo unánime del ayuntamiento de la localidad, algo que el colectivo de memoria considera un éxito, porque “el Gobierno sigue olvidando a las víctimas” según denuncia Marisa Blanco. Se refiere así a la decisión del Ejecutivo central de eliminar de nuevo de los Presupuestos Generales del Estado la partida dedicada a la Ley de Memoria Histórica. Una partida que bajo el gobierno socialista se utilizaba entre otras cuestiones para financiar las exhumaciones de represaliados (se calcula que en España hay unas 2.000 fosas por abrir).

“Verdad, justicia y reparación”

Marisa es nieta de Manuel Blanco, una víctima del franquismo que pasó también por el campo de concentración de Castuera. Era presidente de la comunidad de agricultores de la localidad, perteneciente a la UGT, antes de estallar la Guerra Civil. Fue detenido en mayo del 39 y tras permanecer preso en Castuera fue trasladado a Orduña, desde donde volvió a Badajoz para ser fusilado en 1940. La familia piensa que sus restos descansan en una gran fosa común en el Cementerio San Juan Bautista.

Tras hacer un relato de la historia de su abuelo quiere dejar claro que ni ella, ni el resto de familiares y víctimas del franquismo, buscan venganza o protagonismo. “Queremos que se haga justicia, buscar la verdad y hacer una reparación de estas personas”.

Para ella buscar la verdad supone contar en las escuelas qué ocurrió en el campo de concentración de Castuera. Que las nuevas generaciones conozcan que hubo un golpe de estado militar “que fue un fracaso, que acarreó una guerra civil contra un gobierno legítimo, y una brutal dictadura de 40 años”.

“Supone contar los hechos que ocurrieron hace 80 años. Ojo, que no estamos hablando de un relato de la reconquista de España, estamos hablando de un capítulo que ocurrió hace apenas unas décadas”.

Lamenta que las heridas “siguen abiertas, no se han cerrado”. Para cerrar heridas piensa que es indispensable el reconocimiento de las personas que a día de hoy siguen desaparecidas. Tiradas en las cunetas y represaliadas.

“Recuperar su memoria silenciada durante mucho tiempo. Y la voz de los familiares que no han tenido derecho a saber el paradero de sus seres queridos. En un duelo continuo y abierto, que pervive en la sociedad”.

Un reconocimiento que ‘dignifique’ su figura, desde la tolerancia y el respeto. Transmitirlo a los jóvenes desde los valores democráticos, porque “buscar verdad, justicia y reparación permite no olvidar unos hechos frente a la intolerancia, que nos lleva a los fanatismos peligrosos. Y los tiempos que corren no son para olvidar”.

¿Qué pasó en Castuera?

Para la asociación es importante levantar el monumento porque rememora la figura de quienes pasaron por el campo de concentración levantado por el franquismo en la localidad en marzo de 1939, y por el que llegaron a estar cautivos ente 5.000 y 10.000 prisiones según sus datos. “Distribuidos en 80 barracones prefabricados, dormían en el suelo, no tenían derecho ni a las tarimas tantas veces reproducidas en el cine para mostrar a las víctimas del holocausto nazi”.

El campo de concentración de Castuera fue declarado años atrás Bien de Interés Cultural, pero la asociación aunque advierte que queda mucho trabajo por hacer. “Quedan muchas historias por sacar a la luz. Queda mucha gente aún enterrada en fosas, y eso es una asignatura pendiente”.

Los testimonios orales recogidos y las investigaciones de los historiadores apuntan a la presencia de un campo de ‘clasificación’, donde terminaban personas acusadas de tener algún tipo de compromiso, ya fuera político o sindical afín a la república. “Algunos de ellos llevados a hacer trabajos forzosos, a construir infraestructuras como mano de obra esclava, mientras que otros iban a parar a las cárceles para acabar luego fusiladas”.

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Fotografía destacada: Óscar Rodríguez

Fuente:http://www.eldiario.es/eldiarioex/sociedad/franquismo-venganza-protagonismo-anhelamos-justicia_0_636236826.html

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El Ejército entierra en secreto al golpista Sanjurjo en un panteón de Melilla

FUE EXHUMADO EN PAMPLONA EL AÑO PASADO

Las autoridades han conseguido evitar que se difunda la noticia durante semanas para sortear la polémica que rodea siempre a los héroes del franquismo.

elconfidencial.com / 21-04-2017

Los restos del general golpista José Sanjurjo (1872-1936) fueron enterrados el pasado 23 de marzo en el Pabellón de Héroes Regulares del Cementerio de Melilla, en secreto y con representación de altos mandos militares y políticos. Según fuentes presenciales, la ceremonia se llevó a cabo respetando su rango (teniente general) y fue presidida por las autoridades militares y civiles de la ciudad autónoma, incluido el presidente y senador por dicha circunscripción, Juan José Imbroda, así como el comandante general, Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu.

Sanjurjo, general dos veces golpista, había sido exhumado del Mausoleo franquista de Los Caídos de Pamplona el 16 de noviembre en virtud a la Ley de Memoria Histórica, junto a otro de los “cerebros” del Alzamiento, el general Emilio Mola. La iniciativa, recurrida por la familia de Sanjurjo, partió del pleno del Ayuntamiento de Pamplona, contando con respaldo judicial y el beneplácito del arzobispo de la ciudad. Contactados por El Confidencial, los familiares declinaron hacer declaraciones al respecto.

Mausoleo de Regulares de Melilla.

Después de meses de negociaciones con la familia, la noticia de su inhumación en Melilla apareció por primera vez en “Siempre P’alante”, un boletín carlista, y ahora ha sido confirmada por el investigador y bloguero local Enrique Delgado. “Fui al cementerio y corroboré los datos con varios trabajadores. Diversas personas me dijeron después que no se ha hecho oficial porque era una ceremonia secreta. Un traslado así requiere unos recursos, y un despliegue, además de los permisos administrativos del Ministerio de Defensa”, asegura Delgado.

Fuentes del Ejército de Tierra respondieron por correo electrónico a las preguntas de El Confidencial asegurando que fue la familia quién solicitó que fuese enterrado en un panteón militar. “Atendiendo a que fue Comandante General de Melilla, estuvo al mando de las fuerzas Regulares y estaba en posesión de dos cruces Laureadas de San Fernando (1914 y 1926) se autorizó que el entierro se celebrase en el cementerio municipal de Melilla, en el panteón de Regulares número 2, que se sigue utilizando para la inhumación de los fallecidos de Regulares que lo requieran”. Las mismas fuentes describieron el acto como “sencillo, íntimo y privado” y concretaron posteriormente que el traslado se realizó en helicóptero, en uno de los traslados regulares a la ciudad autónoma.

Un traslado así requiere unos recursos, y un despliegue, además de los permisos administrativos del Ministerio de Defensa

A Sanjurjo se le consideró durante décadas “el salvador de Melilla” por haber desembarcado en la ciudad tras los sucesos de Annual, al frente de un ejército en el que Francisco Franco era un oficial más. El investigador Delgado recuerda que el general tiene un barrio a su nombre en la ciudad y que su hazaña bélica en Melilla es anterior al Alzamiento, por lo que resulta ideal para “blanquear” su memoria.

El general Sanjurjo.

“Lo que más me extraña de este tema es cómo aparece en Melilla. A Mola, por ejemplo, se lo llevaron los familiares. Al resto de enterrados en Pamplona, también. Pero con Sanjurjo se ha llegado a un acuerdo para que se quede en un pabellón militar en Melilla, y se ha hecho todo en secreto para que no se genere debate”, dice.

La inhumación del general se llevó a cabo con secretismo y se cursaron invitaciones limitadas a algunas personalidades de Melilla. Su nombre no aparece en el registro oficial y no hay acceso sin autorización al interior del Pabellón, que sólo se puede ver desde la verja.

Monárquico, golpista y sifilítico

El 20 de julio de 1936 el héroe de la aviación española Juan Antonio Ansaldo aterriza en Estoril. El país está en llamas desde que dos días antes, el 18 de julio, una parte del ejército ha protagonizado un golpe de Estado contra el gobierno de la II República y Ansaldo tiene una misión esencial en la estrategia de los alzados. Tiene que transportar en su avioneta Puss Mouth al general José Sanjurjo a Burgos, donde, según los planes del llamado Director del complot, el general Emilio Mola, debe ponerse al frente de la sublevación.

Última imagen con vida de Sanjurjo momentos antes de subir en la avioneta que se estrellaría en Estoril el 20 de julio de 1936.

Pero la avioneta se estrella nada más despegar envuelta en llamas contra una valla de piedra en la rua de Santa Cruz de la pedanía de Areia Cascais. Ansaldo sufre heridas leves y atribuirá después el accidente al exceso de equipaje del coronel, especialmente a su pesada colección de medallas. Sanjurjo muere dejando la vía expedita al ascenso de otro general, más tarde generalísimo: Francisco Franco.

No era la primera vez que Sanjurjo, el más celebre militar español africanista, se ejercitaba en la práctica del golpe de Estado. Suya fue la primera tentativa de insurrección contra una república recién nacida el 10 de agosto de 1932, la ‘Sanjurjada’, una maniobra confusa y torpe que pretendía liquidar la “dictadura anticlerical de Azaña” y que fracasó estrepitosamente. Tras el pronunciamiento, el general fue expulsado del ejército y condenado a muerte, aunque la pena se conmutó después por una cadena perpetua que empezó a cumplir en el penal del Dueso, Santoña, hasta que el posterior gobierno de Lerroux le indultó en 1934.

Sanjurjo se convirtió así en el héroe moral y principal referencia para todos aquellos que soñaban con tumbar la república, un héroe por cierto, y según descubría una biografía reciente de su sobrino nieto Enrique Sacanell Ruiz de Apodaca, que vivió una vida tan recta en lo militar como disoluta en lo afectivo, protagonizada por sus constantes líos de faldas que le llevarían a enfermar de sífilis. En 1936, con la oposición de Goded y la reticencia de Franco, el general Sanjurjo fue nombrado jefe de la Junta y estaba previsto que se erigiera en el jefe de gobierno de los golpistas en caso de triunfo. Un plan cortocircuitado el 20 de julio de 1936 cuando se estrelló la avioneta del piloto Ansaldo.

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Fotografía destacada: Interior del Pabellón de Héroes Regulares del Cementerio de Melilla.

Fuente:http://www.elconfidencial.com/cultura/2017-04-21/general-sanjurjo-golpista-1936-panteon-melilla-honores-militares_1370523/

 

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El Ayuntamiento de Madrid homenajea a los republicanos que liberaron París del nazismo

Manuela Carmena y Anne Hidalgo han inaugurado este jueves un jardín en Ciudad Lineal en honor a los combatientes republicanos.

La Nueve es el nombre que recibe la división republicana que participó en la liberación de París del nazismo el 24 de agosto de 1944.

“La liberación de esta ciudad fue celebrada en el mundo entero como la victoria de la libertad”, así ha remarcado la alcaldesa de París la importancia del la lucha de esta división.

eldiario.es / Laura Galaup / 20-04-2017

El espacio habilitado por el Ayuntamiento de Madrid para inaugurar el jardín de los combatientes de La Nueve se ha quedado pequeño. Dos centenares de personas, muchas de ellas ataviadas con banderas republicanas, se han acercado a este espacio ubicado en el distrito de Ciudad Lineal.

El acto ha servido para que un Gobierno municipal madrileño rinda por primera vez un homenaje a los  combatientes de la división republicana que participó en la liberación de París del nazismo el 24 de agosto de 1944.

“Qué mañana de primavera de Madrid. Poniendo lo que hay que poner, donde había que poner”, así ha tomado la palabra la alcaldesa de la capital, Manuela Carmena. Con este mensaje aludía a la placa que han descubierto posteriormente con el nombre de Jardín de los combatientes de La Nueve y el párrafo que le acompaña, dedicado “a los españoles republicanos antifascistas que continuaron su lucha en el exilio en la Segunda División Blindada del Ejército de la Francia Libre. Héroes de la Liberación de París”.

Carmena se ha mostrado emocionada por la buena acogida que ha tenido el evento y por el significado de la inauguración, a la que han acudido familiares de víctimas del franquismo, de miembros de La Nueve y Rafael Gómez, el único combatiente que queda vivo. “Rafael, veo cómo te miran los jóvenes de Madrid y veo que quieren ver en ti lo que supisteis hacer: trabajar y luchar por la libertad necesaria”, ha incidido.

En 1944, al llegar a las inmediaciones de la capital francesa, él fue enviado por la División Leclerc, junto a sus 140 compañeros, como avanzadilla de reconocimiento. El 24 de agosto, la tanqueta Guadalajara fue la primera del ejército aliado en pisar suelo parisiense.

“Estoy contento, no soy un gran orador. Gracias a todos”, se ha limitado a apuntar Gómez que ha preferido no tomar la palabra en el acto y que ha sido recibido con un sonoro grito de gratitud por parte del público: “Gracias, Rafael”.

Rafael Gómez, único miembro de La Nueve que queda con vida MARCOS SERVERA

“Liberaron París, pero no solo París. La liberación de esta ciudad fue celebrada en el mundo entero como la victoria de la libertad. Aunque todavía quedaba por combatir para acabar con el nazismo, se cuenta que incluso en Buenos Aires sonaron también las campanas ese día, cuando entraron en París”, ha señalado la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que también ha participado en el acto.

En él ha recordado como un hijo de expatriados españoles, que había formado parte del equipo de Jacques Chirac cuando fue alcalde, le relató en el año 2001 la historia de esta unidad. Por aquel entonces, Hidalgo era solo concejal del Consistorio. Aun así, tres años después consiguió colocar doce placas en la ciudad para reconocer de forma oficial el recorrido realizado por los republicanos españoles al entrar en París.

“Es cierto que esta historia ha estado escondida, había una amnesia voluntaria”, ha reseñado la alcaldesa parisina en alusión a los 60 años que pasaron desde que La Nueve entró en la capital francesa hasta que recibieron un reconocimiento oficial. Ya con Hidalgo liderando el Gobierno municipal, se inauguró un jardín en el Ayuntamiento en honor a esta unidad. Los reyes participaron en ese acto, un apoyo que también ha querido destacar la alcaldesa francesa.

“El general De Gaulle había llamado a la insurrección del pueblo parisino, para que la gente saliese a la calle y fuese a tomar posesión de lo que los enemigos habían dominado. En ese momento, seguro que los parisinos esperaban ver llegar americanos y ¿qué se encontraron? En la plaza del Ayuntamiento vieron a hombres hablando un idioma que no era el inglés, que era el español”, ha añadido Hidalgo. Además, ha recordado que estos hombres “querían luchar para la libertad y para la democracia” y que esta lucha es la que actualmente permiten a los europeos ser “seres libres”.

Manuela Carmena también ha centrado su discurso en la libertad, destacando que este acto trataba de unir el parque parisino que rinde homenaje a los combatientes republicanos con el madrileño que se acaba de inaugurar: “Por encima de todo, la memoria es esa obligación necesaria para conservar la libertad”.

“La libertad hay que cuidarla, no viene sola. La libertad hay que recrearla todos los días, porque es imprescindible para la evolución de la humanidad. Es posible que un mundo sea mejor, y ese mundo no tiene fronteras si no tenemos libertad”, ha apuntado.

“Si no tenemos claro que la libertad, igualdad y la fraternidad son la luz y el aire que necesita el ser humano. Es absolutamente imprescindible, nos lo enseñaron los franceses, lo empezamos a decir en francés y ahora lo decimos en otras lenguas”, ha recordado en honor a los pilares de la República francesa Liberté, Egalité y Fraternité.

Carmena e Hidalgo han estado arropadas por concejales del equipo municipal como Carlos Sánchez Mato, Jorge García Castaño, Mauricio Valiente, Rita Maestre o José Manuel Calvo; la portavoz del PSOE municipal, Purificación Causapié; y miembros de Podemos, como su secretario general, Pablo Iglesias o Íñigo Errejón, secretario de Análisis Estratégico y Cambio Político.

Primer reconocimiento institucional a La Nueve

Es un placer presentar el primer reconocimiento que se hace a los héroes de La Nueve en ese país. Se trata de héroes de la democracia, de luchadores que tuvieron que salir de España por culpa de un golpe de Estado”, ha recordado Yolanda Rodríguez, concejala del distrito, que también ha tomado la palabra junto a la escritora Almudena Grandes, los portavoces de la asociación francesa 24 de agosto de 1944 y alumnos del Liceo francés y del IES Miguel Delibes.

Esta inauguración también ha servido para rendir un homenaje al último miembro de La Nueve que ha fallecido, Luis Royo. De forma simbólica, su hija ha depositado una urna con sus cenizas junto a la placa dedicada a los “héroes de la liberación de París”. El acto se ha interrumpido en varias ocasiones por la intervención de algunos asistentes que han manifestado que “los crímenes del franquismo no deben prescribir”, así como que “sin memoria no hay democracia”.

Ascensión Mendieta ha sido una de las asistentes a esta inauguración, para esta mujer de 90 años este acto ha sido un símbolo de justicia poética. Hija de un sindicalista de UGT fusilado en 1939, y que continúa batallando judicialmente para que se exhumen los restos de su progenitor, es vecina del barrio y pasea diariamente por esta zona ajardinada. “Hasta ahora nunca se había hecho un reconocimiento así a las víctimas del franquismo”, ha asegurado a eldiario.es visiblemente emocionada.

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Fotografía destacada: Placa del Jardín de los combatientes de La Nueve en Ciudad Lineal MARCOS SERVERA

Fuente:http://www.eldiario.es/madrid/La_Nueve-Paris-Madrid-Carmena_0_635187187.html

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El franquismo del PP

La derecha española es heredera, familiar, social e ideológicamente, del franquismo, por lo que reconocer sus crímenes la obligaría a una renuncia imprescindible para reparar una Historia culpable de la que así son cómplices. 

eldiario.es / Ruth Toledano / 19-07-2015

El otro día, en una fiesta de cumpleaños muy divertida, una joven artista me contó que su padre, que no había cometido otro delito que el de ser comunista, había pasado veinte años en una cárcel franquista. Me contó cómo la vida de su familia había sido truncada por el dictador y que su padre, una vez en libertad, nunca llegó a recuperarse del todo. Después seguimos bailando. Pero esa cifra, veinte años, vuelve desde entonces a mi cabeza una y otra vez. Y, con ella, los 500.000 encarcelados por el fascismo español. Y los 550.000 exiliados que huyeron del terror de ese fascismo. Y los 300.000 niños robados a sus madres por rojas. Y los cientos de miles de desaparecidos. Y los cientos de miles de depurados, despedidos de su trabajo y despojados de sus bienes por ser republicanos.

También, con esa cifra, vuelven los 80.000 republicanos asesinados entre 1936 y 1939. Y los 115.000 antifranquistas asesinados entre 1939 y 1975, año en que el general Francisco Franco murió en la cama de la impunidad. Con esa cifra vuelve también la tía abuela de Ismael Serrano, que aún sigue en una fosa común, como bien  recordó el cantante en un tuit a Pablo Casado (que se burló de quienes quieren recuperar de las cunetas los restos de sus familiares para darles digna sepultura y luego los suyos lo nombraron vicesecretario de Comunicación del PP). Y vuelve Emilio Silva Faba, fusilado por republicano en la comarca del Bierzo y cuyos restos fueron los primeros de un represaliado del franquismo identificados por una prueba de ADN. Su nieto, Emilio Silva Barrera, es el presidente de la  Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que hace dos meses recibió en Nueva York el premio ALBA/Puffin al Activismo en Derechos Humanos, uno de los más prestigiosos del mundo.

Podría llamar la atención que este premio venga de Estados Unidos mientras en España la tarea de la ARMH es despreciada o, peor, obstaculizada. Pero no sorprende: la derecha española es heredera, familiar, social e ideológicamente, del franquismo, por lo que reconocer sus crímenes la obligaría a una renuncia imprescindible para reparar una Historia culpable de la que así son cómplices. Si el franquismo aplicó el terrorismo de Estado, los descendientes del franquismo que no lo condenan justifican o defienden ese terrorismo. Mientras organizaciones e instituciones internacionales reconocen el esfuerzo de los hijos y nietos de la injusticia, ese esfuerzo es ninguneado en la España donde los herederos del franquismo han podido ganar elecciones democráticas. “No es casual”, señala Emilio Silva Barrera, “que este premio venga de Estados Unidos o que la causa que hay abierta contra el franquismo, a raíz de la querella que promovimos el 14 de abril de 2010, esté en un juzgado argentino”. La ARMH no ha recibido aún reconocimiento alguno por parte del Estado español ni de la Unión Europea: “Decirle al viejo continente que tiene pendiente la resolución de graves violaciones de derechos humanos sería algo así como una falta de respeto, tratándose de este continente civilizado”, ironiza Silva.

La ARMH denuncia que ‘los padres de la Constitución’ dejaron en las cunetas a muchos abuelos y reclama el fin de un olvido y un silencio que aún fomenta el PP. Ante el anuncio de Manuela Carmena de la posible sustitución de nombres franquistas de calles madrileñas, la Delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, ha mostrado su oposición con un razonamiento tan pobre y sospechoso como insultante: “Se aprende de lo pasado”. Claro que se aprende de lo pasado, señora Dancausa, precisamente para eso es necesaria una memoria capaz de juzgar qué de ese pasado merece reconocimiento y qué merece repulsa. Pretender que una calle que lleva el nombre de un general franquista o que conmemora a los caídos de la División Azul (división de soldados franquistas y falangistas que se unió al ejército nazi) sea una forma de aprender lección alguna supone una burda manipulación. No hay que ser muy lista para comprender que poner a una calle el nombre de algo o de alguien lleva implícito un reconocimiento. Así que es fácil deducir que las motivaciones de Dancausa poco tienen que ver con ilustrar la verdad y mucho con el franquismo heredado por su partido.

La ARMH lo considera una humillación a las víctimas. Una humillación que nos alcanza si “una representante de un Gobierno democrático defiende los honores en espacios públicos a militares golpistas, criminales de guerra y miembros de una dictadura que obligó a exiliarse a medio millón de personas, asesinó a más de cien mil civiles cuyos cuerpos siguen todavía desaparecidos, secuestró las elecciones durante cuatro décadas, convirtió a las mujeres en ciudadanas de tercera clase y persiguió a los homosexuales como delincuentes”.

Como no podía ser otro modo, a los planes de Carmena también se ha opuesto Esperanza Aguirre, rabiosa perdedora de la alcaldía de Madrid que se ha tenido que mal conformar con ser portavoz del PP en el Ayuntamiento. Ha anunciado que los populares se opondrán a las intenciones de la alcaldesa, pasándose por el forro que ese cambio venga avalado por una Ley de Memoria Histórica que ya lo marca y que, simplemente, no se ha cumplido. Tras una reacción como la de Aguirre, solo puede haber mucho franquismo -familiar, social e ideológico- presente. Tanto franquismo como para que ella, la lideresa en descomposición, aún quiera ir más allá: pide la derogación de esa Ley. Es decir, desaparecerán los nombres franquistas de las calles, pero acechará el espíritu antidemocrático mientras no salgan de las instituciones residuos tóxicos como Aguirre o el diputado del PP Rafael Hernando, que  se atrevió a escupir que “los familiares de las víctimas del franquismo se acuerdan de desenterrar a su padre solo cuando hay subvenciones” (y luego los suyos lo nombraron portavoz parlamentario del PP). Porque “ser demócrata”, recuerda la ARMH, “significa ser antifranquista, así como oponerse al uso de la fuerza en el ejercicio del poder”.

Más de 170 calles enaltecen aún en Madrid a responsables y símbolos de la dictadura franquista. De cumplirse la Ley de Memoria Histórica a través de la iniciativa de Carmena y su equipo de Gobierno, Madrid se convertiría en el primer municipio que obedece a la normativa y hace un gesto para reparar una injusticia que, desde la muerte de Franco, suma cuatro décadas de impunidad a las cuatro anteriores de violencia del dictador. Ochenta años de víctimas abandonadas por la Justicia. Lección del pasado sí será, como propone la ARMH, que la retirada de esos nombres y esos símbolos vaya acompañada por la correspondiente explicación de quién, qué y por qué no merece estar en el callejero de nuestras ciudades.

Se lo debemos a Emilio Silva Faba, a la tía abuela de Ismael Serrano y a todos los españoles que, como el padre de la joven artista que conocí en un cumpleaños, fueron víctimas de un terrorismo de Estado que, mientras no se repare con el respeto debido, deslegitimará la Transición e impedirá que este país avance hacia una verdadera democracia.

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http://www.eldiario.es/zonacritica/franquismo-PP_6_410918913.html

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BIENVENIDOS A ESTA WEB DE LA MEMORIA HISTÓRICA

Diez años agujereando el olvido, el silencio, la niebla con la que la dictadura quiso cubrir sus terribles crímenes, los más atroces que pueden cometer algunos seres humanos.

Diez años reapareciendo, recuperando, desolvidando. ayudando a regresar a los desaparecidos, a las desaparecidas, a los que fueron secuestrados, asesinados y abandonados.

Diez años de esfuerzos de mucha gente, de muchos lugares, de testigos que comparten su memoria para señalar cunetas, parajes, espacios en los que las fosas esconden su secreto.

Diez años para aprender, para saber, para conocer la dimensión criminal del franquismo, para entender por qué tuvieron que callar, por qué portaron hasta el presente, en silencio, la memoria que los hacía testigos de delitos atroces, que los amenazaba.

 

 

Diez años de conocer a hombres y mujeres que tuvieron que cavar en su memoria una fosa y enterrar en ella los recuerdos de los asesinos, de los prepotentes, de los pequeños dioses del fascismo que decidían sobre la vida y la muerte.

Diez años conociendo familias aplastadas, sometidas, olvidadas, insignificantes para un Estado que hasta ahora no ha querido darles verdad, ni justicia, ni reparación. Cuando hace diez años un grupo de arqueólogos y forenses trabajaba en una cuneta a la entrada de la localidad leonesa de Priaranza del Bierzo nadie podía imaginar que ese agujero en el silencio era el primero de muchos otros.

Allí aparecieron 13 cadáveres de civiles republicanos; los primeros asesinados por la represión franquista exhumados con técnicas arqueológicas y cuyos cuerpos fueron estudiados con técnicas de antropología y medicina forenses. Desde entonces hemos ayudado a miles de familias. A cerca de 1.500 a encontrar a sus seres queridos. A muchas otras a saber, a conocer, a encontrar documentos o testimonios para dar respuesta a dolorosas preguntas que llevaban años contestadas por un silencio político, judicial y administrativo.

Somos una asociación formada por familiares de desaparecidos y personas solidarias con su causa, su sufrimiento, su derecho a la reparación. No tenemos una sede propia como tal, por lo que en esta que estás es nuestra casa. Acabamos de mudarnos.

A través de esta página podrás enterarte de las actividades que llevamos a cabo, proporcionarnos información u ofrecerte a echarnos una mano. Gracias por interesarte por la recuperación de esta memoria.

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CRÍTICA AL PROGRAMA DE TVE SOBRE LA MEMORIA HISTÓRICA

Artículo de Vicenç Navarro, 22 de octubre de 2010

Este artículo analiza críticamente el documental de TVE sobre la Memoria Histórica que se basa en entrevistas a José Alvarez Junco, Javier Pradera, Santos Julià y Julián Casanovas. El artículo argumenta en contra de las tesis sostenidas en el documental de que una vez enterrados los desaparecidos es importante cerrar el capítulo de recuperar la memoria histórica y dejar de exigir responsabilidades por los asesinatos y crímenes cometidos por los vencedores de la Guerra Civil. El artículo sostiene que la recuperación de los desaparecidos conlleva la recuperación de su memoria y la corrección de la historia de nuestro país, que continúa promoviendo la visión de que lo que llaman erróneamente “los dos bandos” compartieron las responsabilidades de lo acaecido. La limitada democracia española requiere una corrección de la historia de España, para que ésta esté basada en los valores democráticos que la mayoría de los desaparecidos defendieron. Televisión Española ha presentado un documento, “Tengo una pregunta para mi: ¿vivimos en deuda con el pasado?”, que consiste en cuatro entrevistas a cuatro personas a las que se les pregunta su opinión sobre lo que ha  venido a llamarse en España “recuperación de la memoria histórica”. Los entrevistados son José Álvarez Junco, una de las personas que escribió la ley conocida por tal nombre; otros dos son Javier Pradera y Santos Julià, que han sido muy críticos con aquellos sectores de las izquierdas que quieren recuperar la memoria de los vencidos, exigiendo responsabilidades; y  Julián Casanovas, historiador que critica lo que él define como intento de politizar la memoria, hecho que considera criticable, pues cree que se debiera dejar tal labor de recuperar y conocer el pasado a los historiadores.

Todos ellos expresan preocupación por como se está llevando este proceso, atemorizados de que pueda desembocar en unas tensiones que consideran innecesarias e improductivas. Piden que se encuentre a los muertos desaparecidos y, si sus familias así lo desean, los entierren y se les honre. Pero están preocupados por que este proceso se desmadre y vaya ahora a reavivar lo que ellos llaman “los fantasmas de la Guerra Civil”. Creo que ésta es también la postura del gobierno socialista y la del mayor partido de la oposición, el PP. Antes de expresar mi desacuerdo con tales posturas, creo justo intentar resumir la postura de cada uno de los entrevistados.


De los cuatro entrevistados, el más interesante y más sorprendente considero que es José Álvarez Junco. Éste explica que cuando la Oficina de la Presidencia del Gobierno de España le pidió que escribiera la Ley (como miembro de una Comisión encargada de prepararla) se le instruyó que hiciera una ley que satisficiera tanto a los descendientes políticos de los vencedores, como de los vencidos. Era una ley, según le dijeron en Presidencia, “para cerrar heridas”, aceptable por parte de los dos bandos. (Por cierto, un elemento común en las respuestas de los cuatro entrevistados, es que todos definen lo que llaman la Guerra Civil como una guerra entre dos bandos, definición que no comparto y a la cual me referiré más tarde). La ley, por lo tanto, tenía que satisfacer tanto a las derechas (al PP), como a las fuerzas democráticas herederas de las que existieron en las Cortes Republicanas y de las que lucharon contra la dictadura, de las cuales las izquierdas eran la gran mayoría. No era, aclara José Álvarez Junco, una ley de la memoria histórica, sino una ley de reconocimiento a las víctimas de los dos bandos de la Guerra Civil y de la dictadura. Ahora bien, este reconocimiento tenía límites, según José Álvarez Junco. El nuevo estado democrático –dice él- era continuista del estado anterior, y por lo tanto no podía anular juicios aprobados por el estado anterior. Es más, de hacerlo tendría que conllevar pagos, compensaciones y reivindicaciones que el nuevo estado no estaba dispuesto a realizar.


Por lo demás, José Álvarez Junco considera el mandato que había recibido de la Comisión suficientemente complejo como para desanimarle a ir mas allá de reconocer a las víctimas, pues ello nos llevaría a considerar cuál es la memoria, de las muchas que hay, que merece ser recuperada. De ahí que la mejor solución era dejar tal decisión a las familias de los desaparecidos y que éstas –las que así lo desearan- recuperaran la memoria de sus seres queridos. Por otra parte -añade José Álvarez Junco- no es fácil definir quién es una víctima, o si la víctima merece el reconocimiento y/o el homenaje ¿Es, se pregunta José Álvarez Junco, merecedor de reconocimiento como demócrata un maquis comunista, cuando – según José Álvarez Junco- tal maquis intentaba establecer una dictadura estalinista?


Creo haber resumido correctamente las posturas de José Álvarez Junco. Y, repito, considero sorprendente que el gobierno socialista español quisiera hacer una ley en la que se intentara honrar a las víctimas y a la vez satisfacer a los victimizadores. Incluso numéricamente, los golpistas crearon muchas más víctimas que los que defendieron la República Democrática  y lucharon más tarde para reinstaurarla de nuevo, incluyendo, por cierto, el partido Comunista y los maquis. Como bien ha documentado el Catedrático Josep Fontana, el Partido Comunista tenía como objetivo restablecer la democracia parlamentaria existente durante la República. Es más, las víctimas de los republicanos no hubieran existido si no hubiera habido un golpe militar que desencadenó toda la violencia. Considerar como un proyecto factible el desarrollar una ley de reconocimiento que satisfaga por igual a vencedores y vencidos asume erróneamente que lo que ellos llaman los dos bandos comparten las mismas responsabilidades en lo ocurrido en aquel periodo de nuestra historia, lo cual es obviamente falso. Una recuperación justa con homenaje a las víctimas, lleva inevitablemente a denunciar a los vencedores. De ahí la continua oposición a tal proceso por parte de sus sucesores. Creer que se puede satisfacer a vencedores y vencidos es asumir y reproducir esta imagen tan generalizada hoy en España, de que la mal llamada Guerra Civil era una lucha entre dos bandos que, llevados por ideologías extremas (como subraya Julián Casanovas), cometieron barbaridades, que es importante recordar y conocer para no reproducirlas en el futuro. Pero la realidad, fácilmente documentable fue distinta.


En realidad, lo que se requiere no es sólo la recuperación de la memoria de los vencidos, sino la corrección de la historia que se ha enseñado a la juventud en este país. José Álvarez Junco indica que ha habido “silencios” sobre la historia de España. Pero, por lo visto, no se pregunta porque ha habido tales silencios. En realidad, estos silencios se deben precisamente al enorme poder que los sucesores de los vencedores tienen todavía sobre el estado español continuista del anterior y sobre la sociedad. ¿Cómo se explica que los primeros documentales que se presentan en la televisión española (el medio de educación popular más importante del país) sobre las atrocidades del franquismo (documentales como “Els Nens Perduts del Franquisme”), sin acompañarlos de los “horrores” cometidos por el otro bando (como siempre había ocurrido) no se hiciera hasta casi un cuarto de siglo después de que se inaugurara la democracia?


La función de este silencio es reproducir la versión “oficial” que se enseñó durante muchos años, que fue transformándose desde presentar a los golpistas como los buenos, a la versión existente hoy de que no hubo ni buenos ni malos, pues los dos bandos eran culpables. Esta versión de los dos bandos es la versión “oficial” que adquiere su relevancia, no por sanción del estado, sino por la ausencia de otras versiones que la cuestionen, al estar excluidas en los mayores medios (incluyendo los públicos) de información y persuasión.


José Álvarez Junco niega que haya una “historia oficial” y tampoco desea que exista. Ninguno de los cuatro entrevistados quiere hacerla, denunciando a aquellos que lo desean. Si visitan cualquier país democrático verán, sin embargo, que en las escuelas públicas se explica una única historia, resultado de unos valores democráticos definidos por las instituciones representativas gobernadas por las fuerzas democráticas. En cualquier país democrático, los libros de texto en las escuelas son aprobados por los representantes de la población. Y, en su mayoría, promueven valores democráticos, incluidos en la versión de sus historias. En España, los silencios son reflejo del miedo y/o el deseo de no mirar atrás, pues el estado actual es, como José Álvarez Junco reconoce, un estado continuista de un estado dictatorial basado en un golpe militar. De ahí el énfasis en no mirar al pasado, pues este no mirar al pasado es una manera de silenciar una visión democrática de nuestro pasado, promoviendo así indirectamente la versión de los dos bandos que comparten responsabilidades en lo acaecido. Pero este silencio también tiene su función, según Álvarez Junco: permitir la convivencia entre los herederos de los dos bandos, cada uno con su propia memoria.


Los argumentos de Javier Pradera. “Para tener la paz tenemos que aceptar la injusticia”.
Pero esto nos lleva a Javier Pradera, cuya mayor tesis es que debemos aprender a convivir con nuestro pasado tal como han hecho otros pueblos, como el americano o el francés. Javier Pradera se refiere, por ejemplo, a la Guerra Civil de EEUU, que todavía hoy perdura en el memorial de aquel país. En realidad, Pradera señala que aquella guerra fue muy semejante a la Guerra Civil española. De ahí que debiéramos aprender de EEUU a cómo convivir con el pasado y su memoria. Creo conocer bien EEUU, al haber vivido cuarenta años de mi exilio en aquel país, y conozco su historia, incluida su Guerra Civil, la cual, por cierto, tiene muy pocas semejanzas con la Guerra Civil española. Pero independientemente de sus semejanzas o diferencias, el hecho que Javier Pradera parece ignorar es que en la Guerra Civil de EEUU los buenos ganaron. No así en España. En EEUU, la bandera confederada de los vencidos y sus símbolos fueron prohibidos durante muchos años, la estructura económica de los vencidos fue destruida (con la abolición de la esclavitud) y los valores republicanos representados por el Presidente Lincoln, dirigente de los vencedores, fueron promovidos activamente en el sistema educativo de aquel país. No así en España, donde no vencieron los demócratas.


Lo mismo ocurrió en Francia, con la Revolución Francesa, que Javier Pradera presenta también como una Guerra Civil semejante a la nuestra. En aquel conflicto francés, los buenos ganaron. Y los valores de los vencedores fueron clave para establecer los regímenes republicanos en Francia y también, por cierto, en Europa. De nuevo, no así en España. Es más, estos mismos valores de la Revolución Francesa fueron los que la resistencia anti-nazi francesa (en la que lucharon muchos antifascistas españoles), salvó con la derrota del Régimen de Vichy, cuyos seguidores fueron severamente sancionados por el régimen republicano democrático, vencedor en aquel segundo conflicto. De nuevo, lo opuesto ocurrió en España.


Y ahí está la especificidad de España. Los malos ganaron y la democracia que resultó de la transición no fue una rotura, sino una adaptación, con la abertura a las fuerzas democráticas, pero dentro de un enorme desequilibrio en las relaciones de fuerza. Pradera admite que se han hecho enormes injusticias con los vencidos durante el proceso democrático, siendo el olvido uno de ellos. Pero lo considera necesario para mantener la paz. Pradera, con la arrogancia y tono insultante que le caracteriza, se refiere, con un tono condescendiente, a una presentación del Juez Garzón, indicando que Garzón hizo “el discurso predecible” cuando indicaba que “la Paz era imposible sin ir acompañada de Justicia”. La realidad, señala Pradera, es distinta. La Paz requiere, en muchas ocasiones, la perpetuación de la injusticia. Y lo ocurrido en España –subraya Pradera- es un ejemplo. Lo que Pradera confunde, sin embargo, es el significado de los términos utilizados en tal frase. Paz es mucho más que la ausencia de tiros en la calle. Existe violencia institucional en España, tanto dentro como fuera del Estado, violencia que ocurre en bases diarias con vencedores y vencidos. Y parte de esta violencia es la represión en contra de la memoria y de la historia de los vencidos. Es violencia negar a los vencidos (que fueron en su gran mayoría los defensores de la democracia) que su historia sea la historia de la democracia española, como también es violencia que en muchas partes de España exista todavía hoy miedo a recuperar esta memoria y es violencia que sea tan difícil encontrar a los muertos desaparecidos del lado de los vencidos, o que sea imposible llevar a los responsables de aquella violencia a los Tribunales. ¿De qué Paz habla Pradera?


Pero las consecuencias de la propuesta de Pradera de aceptar las injusticias tienen, incluso, un coste mayor para España, pues implica condenarla a una democracia sumamente incompleta y recortada, viviendo bajo el silencio. En el proyecto democrático es un enorme error abandonar la exigencia de que se conozca el pasado y se demanden responsabilidades por lo ocurrido, como bien exigía el juez Garzón en el enjuiciamiento del franquismo. En realidad, ha sido el conocimiento de las atrocidades realizadas por tal régimen el que ha ido concienciando a la población de la maldad de aquel régimen. Hoy, ya el 30% de los votantes del PP (el partido heredero de los vencedores) apoya el enjuiciamiento del franquismo, desaprobando la acción del Tribunal Supremo de condenar al Juez Garzón por su intento. Tal elevado porcentaje entre los herederos de los vencedores sería impensable hace sólo unos años. España no tendrá una democracia completa y madura hasta que no tenga una derecha democrática, homologable a la derecha europea (la cual ha denunciado al Tribunal Supremo por tal acto). De ahí la enorme importancia de que se conozca lo que fue el golpe militar y sus consecuencias, intentando en aquel proceso que el estado español deje de considerarse continuista del régimen dictatorial anterior y se defina como el heredero de la II República. Creo que ello ocurrirá, pero la labor es más  dura y difícil que en otros países, porque aquí los que ganaron no eran los buenos. Pero para ello se requiere que los nietos y los biznietos de los vencidos (y muchos de los vencedores) presionen para que se conozca el pasado oculto y se exijan responsabilidades a los vencedores y a aquellos que gozan de privilegios heredados del golpe y de la dictadura. Sus valores democráticos así se lo exigirán.


Naturalmente que en esta recuperación de la historia de las fuerzas democráticas hay que incluir las luces y sombras de los vencidos. Pero estas últimas no pueden apagar el hecho de que eran los que llevaban razón, defendiendo mejor los intereses de la población y de su mayoría, las clases populares. Los aliados en la II Guerra Mundial cometieron atrocidades como el bombardeo de Dresden. Pero estas atrocidades no anularon el hecho de que los aliados tenían una superioridad moral sobre los nazis y el mundo ganó cuando vencieron aquel conflicto. La perpetuación y promoción de quienes son los buenos y malos es fundamental para fortalecer la cultura democrática, todavía poco desarrollada en España, lo cual me lleva a recuperar mi desacuerdo con el tercer entrevistado, Santos Julià.


Las memorias de Santos Julià
Santos Julià afirma que los dos bandos tienen sus propias memorias, lo cual es obvio y nadie cuestiona. Este no es el punto de debate. El punto de debate es qué memoria debe priorizar en el estado democrático en este momento, pues toda historia –conocimiento y comprensión del pasado- se basa en la memoria individual y colectiva, oral y escrita de la sociedad. En cualquier estado democrático, tal como he indicado anteriormente, el estado prioriza los valores democráticos que se transmiten en su historia. Y en España ello no ha ocurrido durante la época socialista, aún cuando el silencio oficial permite la reproducción de la historia promovida por el Estado durante los gobiernos conservadores del PP (es decir, el de los dos bandos). De ahí que aquella Ley debiera haber ido mas allá que el hecho de enterrar a los muertos, pues de no hacer más, con aquellos muertos se enterrará también nuestra historia democrática. El intento del Gobierno Socialista español de no ofender a los vencedores era, indirectamente, aceptar la versión histórica anterior de “los dos bandos”.


Santos Julià está en desacuerdo con que se exijan responsabilidades a los vencedores. En realidad, considera que la Amnistía era un indicador de la madurez de la democracia española, perdonándonos los unos a los otros. Esta actitud, probablemente procedente de su pasado como sacerdote, es profundamente insatisfactoria desde el punto de vista democrático, pues pone en el mismo nivel a victimizadores y a víctimas, además de abandonar el intento de recuperar la memoria y la historia democrática. Tal Ley de Amnistía no tuvo nada que ver con la madurez de las fuerzas democráticas, sino con el enorme desequilibrio de fuerzas entre las izquierdas y las derechas en el momento de la transición. Es muy probable que si en España hubiera habido una ruptura, en lugar de un proceso continuista, se habría sancionado a los golpistas y  sucesores, y se hubiera considerado al nuevo estado democrático, un estado heredero de la República. Ahora bien, la correlación de fuerzas en España, no permitió que tal rotura ocurriera, y es posible que la manera como se hizo tal transición era la única posible. Pero definirla como modélica es idealizar aquel proceso, pues la democracia que tenemos dista mucho de ser homologable a las otras democracias existentes en la UE. Sus enormes insuficiencias han determinado, entre otros hechos, un estado del bienestar muy insuficiente (como documento en mi libro Bienestar insuficiente, Democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país. Anagrama. 2002)


Puede ser que las izquierdas no tuvieran otra alternativa, en un estado en el que su jefe de estado –el Monarca- consideraba al Dictador como su padre y el Ejército estaba a punto de interrumpir cualquier abertura. Santos Julià confunde madurez con debilidad. Las derechas, continuadoras de la nomenclatura de aquel estado dictatorial, tienen  todavía un enorme poder sobre este estado continuista, y la muestra de ello es que nada menos que el Tribunal Supremo lleve a los tribunales al único Juez que ha intentado enjuiciar al franquismo, y ello en respuesta a una denuncia realizada por el Partido fascista, la Falange. Una situación bochornosa, de escándalo internacional, que es a la ve esclarecedora de la naturaleza escasamente democrática del Estado español.


Julián Casanovas y la despolitización de las memorias
Lo cual me lleva a la última entrevista, la de Julián Casanovas, de cuyos libros sobre la Iglesia Española he aprendido y citado con frecuencia. Mi admiración por su trabajo no excluye mi crítica hacia sus posicionamientos expresados en la entrevista en este programa de TVE. Julián Casanovas subraya que debe despolitizarse la memoria histórica y  dejar el estudio del pasado a historiadores. Mientras –dice él-, que se entierre a los muertos desaparecidos y con ello se cierre este periodo de nuestra historia. Es una visión un tanto corporativista, que asume que la historia es tarea exclusiva de los historiadores y hay que dejarles que hagan su trabajo. Y que sean sus productos, los libros de historia, los que la juventud estudie para conocer la Historia de España. De no hacerse así, y de continuarse la “politización de la memoria y de la historia”, tal como –según él- está ocurriendo ahora, las cosas se van a complicar demasiado, con jueces y cortes internacionales interviniendo en España, convirtiéndose la recuperación en un show internacional que va a dar una muy mala imagen de España.


En esta postura hay varios supuestos cuestionables. Uno es la posibilidad de despolitizar el análisis histórico, lo cual lo veo imposible y además indeseable. Politizar quiere decir dar voz a los representantes de la población que, dividida en clases sociales, géneros y nacionalidades, tienen distintas memorias, y por lo tanto distintas historias. Es lógico y aconsejable, desde el punto de vista democrático, que sean sus representantes los que prioricen las preguntas y los métodos de investigación en el proceso histórico, realizados por los historiadores. Decir esto no es infravalorar la labor del historiador, sino reconocer que la historia es una tarea mucho más amplia que lo que hacen los historiadores. Es más, los historiadores, como seres humanos, están sujetos a la subjetividad dentro de un proceso científico. De la misma manera que las feministas exigen, con razón, que haya más mujeres entre los historiadores, a fin de ser más sensibles al punto de vista de la mujer en la recuperación de la historia humana, los vencidos tienen el derecho de exigir que haya más historiadores que, bien como hijo o nieto de los vencidos, o de los vencedores con sensibilidad democrática, sean sensibles a los valores democráticos.


Por otra parte, el método histórico se alimenta de la memoria. Y la memoria de los vencidos no se ha recogido. Cualquier memoria es política y, por lo tanto, su recogida es también política. No encuentro censurable que las izquierdas quieran recuperar sus valores políticos en aquella memoria, tal como las derechas lo han hecho (dificultando además ahora que las izquierdas lo hagan). Lo que el compromiso democrático exige es precisamente denunciar el silencio sobre el pasado, causado por las coordenadas de poder (político y mediático) existentes en España, a favor de las derechas. Julián Casanovas parece ignorar que el que controla el pasado, controla el presente. En España, el control de aquel pasado explica la relación de poder en la España actual. Las encuestas muestran como las instituciones más populares en España (excepto en Cataluña y en el País Vasco)  son la Monarquía, el Ejército y la Iglesia, los cuales (con la Banca y el mundo empresarial) son el pilar de las derechas, cuyo poder se  ha traducido en el enorme subdesarrollo social de España, donde el tiempo de visita como promedio al médico es sólo de seis minutos. Inteligencia política es la posibilidad de relacionar hechos. Si hubiera habido rotura, con el estado considerándose heredero de la República (que hizo reformas sustanciales en un corto periodo) y con las izquierdas gobernantes, hoy España tendría un estado del bienestar mucho más desarrollado que el que tiene en la actualidad. En Europa, donde las izquierdas han sido fuertes (como en los países nórdicos), el bienestar social y la calidad de vida, incluida la democrática, han sido mucho más altos que en países como España, donde las derechas han sido muy fuertes.


Por otra parte, la historia no se reproduce sólo a través de los libros de historia, sino a través de la cultura y conocimiento (que va desde el cancionero popular a películas, obras de teatro y un largo etcétera) que promueven una visión de la realidad a costa de otras. Estamos, pues, tocando el tema clave en una democracia que es la producción y reproducción de valores, o lo que mi amigo Norman Chomsky llama “los aparatos de producción del consumo ideológico dominante”. Y creo fácil de mostrar (como lo he hecho en mis libros) que tales medios en España están claramente sesgados excluyendo y discriminando a las izquierdas. La aparente placidez (o Paz, como la llama Pradera) que se da en nuestra sociedad se basa en una enorme represión que margina al que critica y responde a tal represión. De ahí que lo que se requiere es denunciar esta situación, aún cuando aquellos que así lo hagan sean acusados de politizar la realidad. En realidad, lo que están haciendo no es politizar, sino introducir nuevos valores políticos que rompen con aquella placidez, sustentado por otros valores que no son democráticos. Aplaudo así la Ley de la Memoria Histórica aprobada por la Generalitat de Catalunya, que de una manera explícita intenta no sólo enterrar a los muertos, sino desenterrar su memoria y la de los que lucharon en contra del fascismo, intervención que es protestada por las derechas acusando al gobierno de volver a los fantasmas de la Guerra Civil, politizando el pasado. Lo que el gobierno catalán hace es romper con el dominio político de aquel pasado por parte de los responsables del horror de aquellas horribles páginas de nuestra historia. Y esto es lo que creo debe hacerse.


Universidad Pompeu Fabra
Barcelona. Octubre 2010
Publicado por ARMH
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