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El encuentro del Papa con las víctimas de Pinochet deja en evidencia el silencio de la Iglesia española con el franquismo

Francisco atiende a una víctima de la dictadura chilena que fue ‘bendecida’ por Juan Pablo II al saludar desde un balcón con el general.

Los obispos en España no han visto necesario hacer llegar a Bergoglio las reclamaciones de la víctimas y se han negado sistemáticamente a reconocer la memoria histórica.

El Vaticano ha abierto sus expedientes sobre Argentina o Uruguay mientras el Valle de los Caídos continúa sin acceder a las exhumaciones y apenas se han atendido los casos de niños robados.

eldiario.es / Jesús Bastante / 18-01-2018

Hace 31 años, el Papa Juan Pablo II bendecía al régimen de Augusto Pinochet, presentándose junto a él en el balcón de la Casa de la Moneda de Santiago. El respaldo de la jerarquía vaticana al general, basado en la amistad de éste con el entonces secretario de Estado vaticano (y ex Nuncio en Chile), Angelo Sodano, hizo mucho daño a los católicos chilenos. Una herida que, este jueves, el papa Francisco ha reconocido como primer paso de reconciliación.

En el último acto de su visita a Chile de 2018, y antes de partir hacia Perú, Bergoglio se ha encontrado con dos víctimas del régimen de Pinochet, que le entregaron una carta en la que se le solicitaba la ayuda del Vaticano para esclarecer, en la medida de lo posible, las circunstancias de la desaparición de miles de personas en los duros años de la dictadura chilena.

La actitud de Francisco contrasta con la que preside a la Iglesia católica en España, que se ha negado sistemáticamente a cualquier revisión de la memoria histórica. Basta con recordar las calificación episcopal: “Una sociedad que parecía haber encontrado el camino de su reconciliación y distensión, vuelve a hallarse dividida y enfrentada por una utilización de la “memoria histórica, guiada por una mentalidad selectiva”, decían los obispos españoles hace 11 años, cuando el Gobierno Zapatero debatía la aplicación de la Ley de Memoria Histórica.

¿Por qué en algunos casos Francisco habla y en otros no? La respuesta está en el interés de las cúpulas eclesiásticas nacionales. La causa es tan sencilla como difícilmente explicable, y la daba hace unos meses el Nuncio de Su Santidad en España, Renzo Fratini: “No creo que sea necesaria la inclusión del Santo Padre en este proceso”. En otras circunstancias, tanto en Argentina como en Uruguay, los obispos atendieron las reclamaciones de las víctimas, y las hicieron llegar a Francisco. En España, los obispos no lo consideran “necesario”.

Hablan los represaliados

Una de las víctimas de la represión pinochetista, Héctor Marín Rossel, ha contado al Papa que su hermano fue secuestrado el 28 de septiembre de 1973, y desapareció ese mismo día en Iquique. “En sus manos dejo la esperanza de encontrar a nuestros detenidos desaparecidos” clamó ante el Pontífice.

Antes, en el aeródromo de Maquehue (Temuco), que sirvió como centro de detención y tortura durante la dictadura, el Papa celebró una misa que ofreció “por todos los que sufrieron y murieron y por los que cada día llevan sobre sus espaldas el peso de tantas injusticias’. El papa pidió un momento de silencio por tanto ‘dolor y tanta injusticia’, en medio de la emoción que se palpaba en el ambiente.

El compromiso del Papa Francisco por las víctimas de las dictaduras forma parte de su lucha contra lo que llama “cultura del descarte”. Los olvidados son una de las obsesiones de este pontificado: los refugiados, los sin techo, los pueblos originarios… y también, los afectados por los regímenes dictatoriales.

En este sentido, Francisco ordenó la desclasificación de los archivos que el Vaticano guarda sobre la dictadura de Videla en Argentina, para que las familias de los desaparecidos pudieran acceder a toda la documentación. Un gesto que se reprodujo la semana pasada, cuando el obispo castrense anunció la entrega a las familias y asociaciones de víctimas de todos los datos relativos a los 175 nacimientos que se produjeron en la tristemente famosa Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) entre 1975 y 1979.

Hace semanas, el Papa ya hizo lo propio en el caso de Uruguay, tras encontrarse con el nuevo embajador uruguayo ante la Santa Sede, comprometiéndose a desclasificar los archivos que el Vaticano tiene sobre la última dictadura militar uruguaya (1973-1985). En estos días se discute sobre si los datos sólo estarán a disposición de los familiares de desaparecidos o si se contemplará la posibilidad de un modelo de acceso más amplio, como reclama la sociedad civil uruguaya.

Contraste con España

Argentina, Chile, Uruguay han sido tres de las dictaduras que marcaron la historia de América del Sur en el siglo XX. Sin embargo, la dictadura fascista española del general Francisco Franco no ha merecido tanta actividad reparadora por parte de la Iglesia católica.

Tras la aprobación de la ley de memoria, y dos meses antes de la entrada en vigor de la ley, se produjo la mayor beatificación de mártires en la historia de la Iglesia, con medio millar de asesinados durante la Guerra Civil, en una ceremonia presidida en el Vaticano por el propio Benedicto XVI.

La presencia del monje de Montserrat, Hilari Raguer (al comienzo estuvo el cardenal Sebastián, pero pronto la abandonó) en la Comisión para la Aplicación de la Ley de Memoria Histórica, hizo saltar chispas entre los obispos, que estallaron cuando la citada comisión recomendaba convertir el Valle de los Caídos en un centro de reinterpretación histórica, al tiempo que solicitaba que se cumpliera la ley para que las familias que lo desearan pudieran exhumar sus restos de Cuelgamuros, e instaba a debatir la salida de los cuerpos de Franco y José Antonio.

Costó mucho sudor, y decenas de demandas judiciales, conseguir que, poco a poco, buena parte de las catedrales, basílicas y parroquias españolas retirasen todos los signos franquistas de sus fachadas. Así lo hicieron las catedrales de Almería, Granada, Cuenca o Segovia, por ejemplo, retiraron placas por los ‘caídos’ o José Antonio tras sentencias de los juzgados. Otras, como Toledo, o templos como el Valle de los Caídos o el Cerro de los Ángeles de Getafe, continúan exhibiéndolas sin pudor. Alrededor de una quincena de diócesis no han respondido a los requerimientos planteados.

Algún cambio

Algunas cosas están cambiando, es cierto. En Madrid, por ejemplo, el cardenal Osoro accedió a que un sacerdote, Santos Urías, participara en la comisión para la memoria histórica, sin mayores problemas, y en algunas diócesis se ha facilitado el acceso de las víctimas del franquismo a los datos que pudiera haber sobre los fallecidos. La Iglesia, oficialmente, ha acatado la ley, aunque las trabas continúan siendo demasiados

Pero, siguen sumándose sinsabores para las víctimas. A la negativa de los monjes del Valle a cualquier exhumación de los restos de las víctimas, se suma el escándalo de los bebés robados durante el franquismo y los primeros años de la democracia, vinculados a hospitales y congregaciones católicas.

A pesar de que tanto el presidente de la CEE, Ricardo Blázquez, como su portavoz, José María Gil Tamayo, se han reunido con asociaciones de víctimas. y de que, en 2014, se comprometieron a que la Iglesia abriría sus archivos para aquellos particulares que reclamen documentos relacionados con supuestos casos de bebés robados. A pesar de que, además, éste se mostró de acuerdo en que las personas que tengan dudas sobre la posible sustracción de sus hijos en un hospital o clínica privada, o las familias que busquen a sus allegados, puedan acudir a su diócesis para solicitar las partidas de bautismo o de defunción del afectado. Hasta la fecha, y salvo casos contados, esto no se ha producido.

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Fotografía destacada: El papa Francisco con una víctima de la dictadura pinochetista.

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/encuentro-Papa-Pinochet-Iglesia-franquismo_0_730727862.html

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La dolorosa ausencia de los republicanos españoles deportados en una exposición sobre Auschwitz

Antonina Rodrigo
Escritora y miembro de honor de la Amical de Ravensbrück

blogs.publico.es / 18-01-2018

Asombra dolorosamente la ausencia de los deportados Republicanos españoles en el holocausto nazi, en la bien instalada exhibición sobre el campo de exterminio de Auschwitz, del Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid. Hasta el punto de que cuesta creerlo, por inexplicable, teniendo en cuenta que en este campo hubo compatriotas nuestros. Pero no solo aquí, los españoles fueron exterminados. También en otros campos nazis: Mauthausen, Buchenwald, Dora Mittelbau, Dachau, Bergen Belsen, Ravensbrück, Flossenburg, Neuengamme, Oranienburg, Natzweiler, Treblinka, Strutthop, Rawa Ruska, Schirmer. Es decir, que hubo prisioneros españoles internados en quince de los veintidós campos principales nazis, diseminados por la Europa ocupada por las tropas y los servicios policiales del Tercer Reich alemán.

Al final de nuestra visita a la siniestra muestra de los horrores nazis, preguntamos por la persona responsable. Nos recibió una señora que, amablemente, nos dijo que la exposición venía conformada de Alemania, y que la empresa española que había corrido con el montaje en Madrid era Musealia. El Centro se había limitado a alquilar las salas.

Nos negábamos a admitir que en la explícita muestra de los horrores nazis no hubiese ni un solo panel dedicado a la deportación de los miles y miles de republicanos españoles: mujeres, hombres, ancianos, niños, heridos. Y para que las nuevas generaciones conocieran la alianza del franquismo con el nazismo ilustrarlo con la foto en la que Franco saluda, rendidamente, a su aliado Hitler en la frontera española.

La vida de nuestras gentes refugiadas fue de una honda miseria y dramatismo. Hasta marzo de 1945 no obtuvieron el estatuto de refugiados políticos. En 1947, a raíz de la condena moral al régimen franquista por las Naciones Unidas, se cerró la frontera francesa. Pero tres años más tarde, el franquismo recibía el doble espaldarazo de la firma del pacto militar con Estados Unidos y el beneplácito de un nuevo concordato con la Santa Sede vaticana. La Iglesia, cómplice de Franco durante la Guerra Civil, como siempre, desde tiempo inmemorial, aliada con el poder. Las democracias volvieron a mantener la pervivencia del franquismo en el poder, para desolación del valioso y numeroso exilio español.

¿Hasta cuándo vamos a tener que soportar en este país la afrenta de la tergiversación de la realidad histórica, las ocultaciones e infamias, la indiferencia contra aquellos luchadores antifascistas que tomaron partido contra la injusticia, y tras combatir el fascismo en España, lanzados al exilio en 1939, fueron internados en desolados campos de concentración franceses? ¿Para cuándo, el reconocimiento a la lucha en la guerra, el maquis y la contribución en la resistencia francesa de nuestros hombres y mujeres, contra el invasor nazi, en tierras francesas, en denodada lucha por las libertades? Hombres y mujeres, y a veces niños estafetas, cazados en territorio francés por las SS y la Gestapo para explotarlos hasta su extenuación en fábricas de armamento, y terminar en las cámaras de gas o en los hornos crematorios. ¿Cuándo se va a enseñar en las escuelas la lucha del pueblo español, dentro y fuera de nuestras fronteras, y que los primeros libertadores que entraron en París, el 24 de agosto de 1944, eran soldados españoles republicanos?

Pensamos que si esa exposición, afrentosa para la memoria de los luchadores y víctimas del nazismo, de la que al parecer nadie se ha hecho responsable, se hubiese dedicado a criticar al superviviente general golpista, un coro de voces se habría alzado, como trompetas de Jericó, prohibiendo su contenido y reescribiendo los fastos gloriosos del dictador. Y es que la Transición nos trajo de nuevo el silencio, dogma de los vencedores, el miedo que aherrojó bocas, y en muchos casos el terror los hizo serviles, para sobrevivir a la represión del régimen franquista.

Creemos que, a pesar de los diez años transcurridos desde la Ley de Memoria Histórica, como derecho humano, es molesta para una mayoría de gentes de sensibilidad amorfa y visión cegata, que apela al gasto que supone para el país. Y ahí continúan en sus fosas, cunetas y descampados, sin exhumar, las víctimas del franquismo, al mismo tiempo que se suceden las beatificaciones a los eclesiásticos y religiosos, mártires de la Cruzada. El Gobierno, la Justicia, la Iglesia y personas influyentes permanecen ajenas a la verdad, justicia y reparación, de las víctimas republicanas.

El escaso interés de los responsables gubernamentales y culturales en vigilar los contenidos de la exposición del madrileño Centro de Exposiciones y exigir su rectificación, corresponde a la negativa que la presidenta de la Asamblea de Madrid, el parlamento regional de la comunidad autónoma, dedica a las víctimas del nazismo, al prohibir el simple recordatorio de los nombres de más de quinientos deportados madrileños, una gran parte exterminados en los campos nazis, el Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las víctimas del Holocausto, a petición de la Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica. Su actitud implica el rechazo a restablecer la Memoria de nuestra historia, silenciada y oculta, a las nuevas generaciones, con un argumento insostenible: “La lectura de los nombres de todas y cada una de las personas madrileñas que fueron víctimas haría necesaria la lectura de los nombres de los millones de víctimas”, leemos en el periódico digital Diario.es (13 enero 2018).

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Fotografía destacada: Prisioneros en el campo de concentración de Buchenwald / Holocaust Education Archive Research Team.

Fuente:http://blogs.publico.es/dominiopublico/24939/dolorosa-ausencia-republicanos-espanoles-deportados-en-una-exposicion-sobre-auschwitz/

 

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La presidenta de la Asamblea de Madrid se niega a nombrar a los madrileños presos en campos nazis en un homenaje

La presidenta de la cámara, Paloma Adrados (PP), rechaza la petición de la Asociación de Memoria Histórica al considerar que es un “acto que trasciende fronteras”.

“La lectura de los nombres de todas y cada una de las personas madrileñas que fueron víctimas, haría necesaria la lectura de los nombres de los millones de víctimas”, explica en su respuesta escrita.

Estas actitudes “tienen algo de negacionismo porque en el fondo supone seguir ocultando la historia de esos cientos de hombres y mujeres madrileñas”, dice el presidente de la asociación, Emilio Silva.

eldiario.es / Carlos Hernández / 13-01-2018

En el acto con que la Asamblea de Madrid, el parlamento regional de la comunidad autónoma, homenajeará a las víctimas del nazismo no habrá espacio, paradójicamente, para recordar los nombres de los madrileños que fueron deportados a campos de concentración nazis.

Su presidenta, Paloma Adrados (PP), ha rechazado la petición que le había realizado en este sentido la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Esta organización había solicitado oficialmente que, durante el acto que se celebrará en la Asamblea a finales de mes con motivo del Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto, se leyeran los nombres de los más de 500 vecinos de localidades de la Comunidad de Madrid que acabaron en lugares como Mauthausen, Buchenwald, Dachau, Ravensbrück o Auschwitz. Adrados no lo ha visto apropiado.

La respuesta por escrito de la presidenta de la Asamblea, a la que ha tenido acceso eldiario.es, ha sido negativa. A través de su jefe de Gabinete, Adrados rechaza la petición argumentando que se trata de un “acto que trasciende fronteras” y que, por ello, “la lectura de los nombres de todas y cada una de las personas madrileñas que fueron víctimas, haría necesaria la lectura de los nombres de los millones de víctimas que padecieron en los campos de exterminio, lo cual resulta imposible”. Para Emilio Silva, presidente de la ARMH, se trata de una burda excusa: “El argumento de que nombrarles generaría una discriminación para el resto de deportados es insostenible. Estamos hablando de un acto en Madrid y, por tanto, es lógico que se cite a las víctimas madrileñas. Estamos claramente ante la construcción de un argumento sobre una negativa previa; vamos a decir que no y luego ya veremos cómo justificar esa decisión”.

Negociación entre Franco y Hitler

La ARMH recordaba en su escrito que la inmensa mayoría de estos hombres y mujeres fueron enviados a campos de concentración nazis “tras una gestión de los responsables de la dictadura franquista ante sus aliados nazis”. La asociación adjuntaba un listado detallado de los deportados, agrupados en base a sus localidades natales, se ofrecía a facilitar toda la documentación histórica sobre ellos y a “llevar a la Asamblea a algunos familiares de esas personas para que reciban el reconocimiento que merecen por todo lo que sufrieron”.

No es la primera vez que los dirigentes del PP madrileño ignoran una petición relativa al medio millar de madrileños que vivieron y murieron entre las alambradas nazis. Hace exactamente un año fue la propia comunidad judía en Madrid, a través de su presidente David Hatchwell, la que aprovechó el acto conmemorativo de las víctimas del Holocausto para pedirle a la presidenta madrileña que erigiera un monumento “a los republicanos españoles que fueron llevados a los campos de trabajo que, en realidad, eran campos de la muerte”.

La petición ni siquiera obtuvo una respuesta oficial en su momento y hoy, 12 meses después, no se conocen pasos en ese sentido. Según Emilio Silva todas estas actitudes “tienen algo de negacionismo porque en el fondo supone seguir ocultando la historia de esos cientos de hombres y mujeres madrileñas que por una negociación entre el régimen franquista y las autoridades del nazismo fueron deportados a los campos de exterminio. No quieren que se visibilice esa España que tuvo unos vínculos muy estrechos con el nazismo; vínculos que solo se disolvieron y se trataron de ocultar tras la derrota de Hitler y el final de la II Guerra Mundial”.

546 historias ignoradas

Las últimas investigaciones indican que de los más de 9.300 españoles y españolas que fueron deportados a campos de concentración nazis, fruto de las negociaciones entre Franco y Hitler, al menos 546 procedían de algún municipio de la Comunidad de Madrid. Cerca de dos tercios de ellos fueron asesinados, mayoritariamente en Mauthausen, y los escasos supervivientes arrastraron secuelas físicas y psicológicas durante el resto de sus vidas.

Entre las víctimas mortales se encontraba un elevado número de vecinos de la capital, pero también de otros 56 municipios de la Comunidad de Madrid. Pueblos como Valdemorillo, Getafe, Torrelodones, Torrejón, Pinto, Parla, Cabanillas de la Sierra, Brunete, Cenicientos, Chinchón, Ciempozuelos, Alcalá de Henares… Detrás del nombre de cada víctima hay una historia desconocida de hambre, trabajo esclavo, torturas y muerte. También hay una condena eterna de sufrimiento para unos familiares que aguardaron en España un regreso que nunca se produjo.

Historias como la de la madre de Andrés Fariñas, asesinado por los nazis en Gusen en noviembre de 1941, que con 80 años de edad se seguía sentando en la puerta de su casa en Madrid, esperando el retorno de su hijo. O como la de Josefa Fontanet, que pasó toda su vida pensando que su padre la había abandonado tras la guerra de España. No fue hasta marzo de 2014 cuando pudo saber que José Fontanet había muerto a manos de los SS, 73 años atrás.

Los detalles de la trágica vida de los madrileños en Mauthausen los conocemos gracias a un puñado de testimonios de los supervivientes y, especialmente gracias a las memorias de Vicente Delgado y Enrique Calcerrada.

Delgado describió como nadie la llegada al campo de concentración: “Cuando las puertas de los vagones se abrieron, a voces y golpes de fusiles nos hicieron bajar y avanzar muy rápido. Estábamos muertos de miedo, nos mirábamos sin pronunciar palabra. Los kilómetros que separaban el pueblo del campo los recorrimos a toda velocidad. El campo contaba con una alambrada electrificada y los perros se echaban sobre nosotros, empujados por sus guardianes. Así descubrimos el campo de la muerte”.

Calcerrada relató, por su parte, cuál era su truco para resistir las torturas a las que le sometían a diario: “La experiencia de una vez anterior me indicó que metiéndome el gorro entre los dientes para amortiguar la reacción al impacto, el cuerpo resistía mejor el dolor”. Este prisionero madrileño también narró con precisión periodística cómo era el trabajo que realizaban los deportados en la terrible cantera de Mauthausen “El descenso a esa sima en los amaneceres del invierno era un tropel diabólico formado por miles de chancletas zapateando por el duro suelo. Los escalones de piedra, todos desiguales en altura, fueron con frecuencia medidos con nuestras espaldas, porque las lisas suelas de madera resbalaban en las piedras heladas y los presos, al caer, golpeaban a otros que a su vez caían sobre los demás, formándose a veces montones de presos en la escalera. Algunos infortunados se iban a pique, cayendo por el costado descubierto y aplastándose, en caída libre, cincuenta metros más abajo”.

Enrique Calcerrada, según relata a eldiario.es su sobrina Esther, “contó su experiencia porque, al igual que sus compañeros, fue fiel al juramento que hicieron todos los supervivientes de Mauthausen tras ser liberados: vivir para contarlo”.

La sobrina del deportado 4.479 cree que la negativa de la presidenta de la Asamblea madrileña a homenajear a su tío y al resto de sus compañeros no impedirá que, más pronto que tarde, “se dé el reconocimiento que merecen estos hombres y mujeres. Pese a todos los impedimentos y negativas que se han producido a lo largo de todos estos años, gobernara quien gobernara, siempre ha habido, hay y habrá historiadores, periodistas, familiares y gente de cualquier clase o condición, que deseará recordarles”. Esther Calcerrada reconoce que “es muy triste saber que no quedará con vida ningún deportado madrileño cuando ese homenaje se acabe celebrando, pero estoy convencida de que seremos muchos los que empujaremos para que algún día se haga realidad”.

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Fotografía destacada: Madrileños deportados: : Jorge Semprún, Vicente Delgado, Melchor Antuñano, Andrés Fariñas, José Fontanet y Enrique Calcerrada

Fuente:http://www.eldiario.es/sociedad/presidenta-Asamblea-Madrid-madrilenos-holocausto_0_728627830.html

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