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Los datos de la exhumación de la fosa de Bañugues se conocerán en otoño

La arqueóloga de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), Arantza Margolles, ha avanzado que los resultados de los restos analizados de la exhumación de la fosa de Bañugues llegarán en otoño. El equipo de Aranzadi, dirigido por el forense Francisco Etxebarria, analiza los datos de los hallazgos en su laboratorio de San Sebastián desde hace semanas. “Reconstruyeron ya los supuestos restos de Rosaura Muñiz y también están analizando restos de otros dos cuerpos de los que solo se encontraron partes”, destaca la arqueóloga, que manifiesta además que es difícil precisar si los otros dos restos de otros individuos tienen que ver con las mujeres que fueron arrojadas por el acantilado del Cabo Peñas el 2 de junio de 1938. “Estaban bastante machacados”, apostilló.

lne.es / Illán García / 24-06-2017

Margolles destaca además que las investigaciones para dar con el resto de cuerpos en los cementerios de Viodo y Luanco están avanzando. En total, fueron seis mujeres asesinadas y después lanzadas a la mar y fueron apodadas “Les Candases” que trabajaban en las industrias conserveras cuando fueron apresadas por los falanguistas un año después de que la guerra civil española finalizara en Asturias.

A la hora de dar con el paradero de los enterramientos en Viodo y Luanco hay ciertas dificultades. La ARMH ha comenzado a recoger testimonios orales para intentar estrechar el cerco. “Hay una desventaja en Viodo, el cementerio es muy pequeño y creemos por documentación consultada que los restos de Rita ‘La Camuña’, otra de ‘Les Candases”, puede estar en un nicho, pero hay que investigar mucho más”, destaca la arqueóloga. Y resalta la gran implicación de las familias en la búsqueda de sus antepasados. “Estamos estudiando las posibles ampliaciones que pudo tener el cementerio de Viodo. En un principio, pensamos que los cadáveres pueden estar intramuros, pero no se descarta que puedan estar extramuros”, indica la experta, que participará el sábado en un acto con las familias en el centro de La Baragaña de Candás a partir de las 19.00 horas.

La charla, en la que también participarán los alcaldes de Gozón, Jorge Suárez, y Carreño, Amelia Fernández, servirá como homenaje a las mujeres asesinadas el 2 de junio de 1938 y que la mar devolvió a la orilla cercana al Cabo Peñas. “Explicaremos nuestra investigación, proyectaremos fotos y vídeos de la exhumación y leeremos las biografías de esas mujeres. También entregaremos una serie de obsequios a los familiares de las víctimas”, señaló la arqueóloga de la ARMH.

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Fotografía destacada: Trabajos en la fosa de Bañugues R. S.

Fuente:http://www.lne.es/aviles/2017/06/24/datos-exhumacion-fosa-banugues-conoceran/2125775.html

 

 

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Camarada Camilo, guerrillero antifranquista

ENTREVISTA AL ÚNICO MAQUIS GALLEGO QUE SIGUE VIVO

Se echó al monte con quince años. Encarcelaron a su madre. Le mataron a un hermano y no paró de luchar hasta dar con sus huesos. Sufrió torturas y barrotes. La vieja cárcel de Lugo acoge el documental ‘Camilo: o último guerrilleiro de Galicia’.

publico.es / Henrique Mariño / 15-06-2017

Poco antes de que Carrillo renunciase a la guerra de guerrillas y los maquis enfilasen los Pirineos, un chaval de apellido mesiánico se echaba al monte. Camilo había nacido tres años antes del comienzo de la Guerra Civil en Sandiás. Hijo del fundador del PCE en ese pequeño pueblo de Ourense, a los doce ya ejercía, como su madre y su hermano mayor, de enlace. Muerto el padre, los tres pasaron a la clandestinidad. Un quinceañero rebelde. Un guerrillero imberbe. Un preso sin juventud.

Camilo de Dios vive: ochenta y cinco años, su chorro de voz llega con potencia, aunque su oído renquea al otro lado del teléfono. La lucha sigue: cuando salió de la cárcel y la resistencia eran el Piloto y tres más, él persiguió los restos de Perfecto, abatido por la Guardia Civil al poco de alcanzar la mayoría de edad. Cuando el pico escarbó el borde del camposanto de Chaherrero en 2014, al fin se encontró con sus huesos y un par de botas. Sesenta y cuatro años después de su muerte, la fosa arrojaba la verdad gracias a la ayuda económica de un sindicato noruego de electricistas, que permitió a la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) hacer justicia. La madre había estirado la vida hasta los noventa y tres, pero no pudo velarlo porque aún faltaban tres lustros para que fuese desenterrado. A Perfecto le faltaba un brazo.

Madre e hijo partían hacia Madrid disfrazados de segadores, ajenos a las penalidades de Camilo en prisión. Los acompañaban otros dos guerrilleros, Manuel Rodríguez y Juan Sorga, cuando la Guardia Civil los interceptó en el pueblo abulense. Sorga pudo haber llegado a Francia, el destino final que pretendían alcanzar los fugados; a Rodríguez le dieron garrote tras detenerlo días más tarde; y Perfecto fue cosido a balazos allí mismo. Su madre, en vez de huir, lo remendó a abrazos, uno por cada año de cárcel, hasta cumplir trece. Camilo se enteró de su muerte meses después, cuando llegó la carta remitida por Carmen Fernández Seguín.

Entre ambos medió una correspondencia macabra. Desde el penal de Alcalá escribía un muerto. Y una muerta devolvía las palabras desde la prisión de Segovia. Ambos habían sido condenados a la pena capital, si bien él se libró por ser menor y a su madre le conmutaron la pena. El viejo guerrillero cree que el régimen suavizó el castigo para ganarse los favores de la ONU, en la que Franco pretendía ingresar. Camilo vagó por tantas prisiones como dedos tienen sus manos y, durante cinco años, llegaron a estar juntos, aunque separados. “En la prisión de Alcalá sólo nos separaba un muro, pero nunca nos dejaron vernos”, recuerda.

Pese a que usted ya era un joven inquieto, el primer atisbo de rebeldía se produjo tras la muerte de su padre, cuando una falangista se acercó a su casa durante el velatorio y se puso a cantar el Cara al sol. Luego ajustaría cuentas a palos…

Hubo varios motivos que se fueron acumulando… No obstante, ése fue el comienzo de mi rebeldía. Yo no estaba ideologizado, pero al entrar en la guerrilla me dieron unos cursillos y me prepararon: desde clases de tiro hasta manejo de armas, pasando por la concienciación política.

Se echó al monte con quince años, aunque ejercía de enlace desde que tenía trece. Qué joven, ¿no?

Sí, mas yo no sentía que estuviese corriendo ningún peligro. De alguna manera, era una tarea segura, porque nadie desconfiaba de mí. A un adulto lo vigilan, pero a un niño, no.


Su madre colaboraba con la guerrilla, fue represaliada y llegaron a pegarle.

Tuvo un par de incidentes. Ella había huido con mi padre a Portugal, si bien tuvo que volver porque tenía dos hermanos movilizados. La familia de mi madre era de derechas. Sin embargo, cuando conoció a mi padre se politizó. Tuvieron tres hijos y dos terminamos echándonos al monte. El resto es historia.

Camilo de Dios, en el documental ‘Camilo: o último guerrilleiro de Galicia’

Camilo se ahorra los detalles. Alguien llama a la puerta y Carmen ve a cuatro jóvenes. Uno le estampa una piedra en la cabeza: es el hijo del alcalde, que cobrará del futuro guerrillero. No obstante, las reacciones a aquellos abusos lo ponen en el punto de mira de la Falange y de la Guardia Civil. Un día, ve un camión de la Benemérita frente a su casa. Su madre ha escapado y él va a buscarla. Intenta convencerla de que no hay peligro: no van a por ella, sino que simplemente habían ido a recoger unas patatas, o se habían parado para mear ahí delante, tanto da. Carmen cree que es el momento de dejarlo todo atrás y sumarse a la lucha. Su marido, Jesús de Dios, había caído enfermo después de andar escapado durante la guerra y yace en el cementerio. Perfecto lo tiene claro. Camilo, al principio reticente, se suma, y luego se conciencia.

“La historia de Camilo en el monte es heroica. Aunque él le quita importancia, aquel niño campesino se convierte en una figura legendaria. Al ser joven, pasa a formar parte de una guerrilla de choque y alguna de sus acciones da para escribir una novela, como el intento de rescatar en 1948 a José Gómez Gayoso (secretario general del PCE en Galicia) y a Antonio Seoane (jefe del Ejército Guerrillero de Galicia)”, explica Carmen García Rodeja, historiadora y miembro de la ARMH. “Partió de Ourense y llegó a Ferrol monte a través, luego embarcó hasta A Coruña y entró a golpe de máuser en la cárcel. Huyó entre tiros, no sin antes disfrazarse con el uniforme que le había quitado a un guardia e intentar liberar infructuosamente a sus camaradas”, añade la participante en la exhumación de Perfecto en Chaherrero.

A la familia le han quitado todo. La vivienda donde se crio y el terreno que pisaban los cuatro bueyes, las seis vacas, el caballo y el burro de parada —o sea, un semental— que poseían. No era una mala casa, pues hasta despachaban cacao. Pero poco antes, en 1934, Benigno Álvarez les había inoculado los ideales del PCE durante un mitin, por lo que estaban marcados. Camilo alternó la escuela con las labores del campo, que retomaría décadas después. No le dio tiempo a nada en la vida, más allá de sacarse el carné de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU), porque al año de echarse al monte fue detenido en un enfrentamiento con la guardia civil.

Fue torturado durante 59 días antes de ingresar en la prisión de A Coruña. Engrilletado de sol a sol, le quitaron las uñas, le clavaron lápices y le hicieron cortes en las manos con una navaja para comprobar cómo era la sangre de los rojos. Él maldecía a las madres de los torturadores para ganarse un tiro, que nunca llegó. Corre el año 1949 y el Ejército Guerrillero de Galicia es la sombra de lo que fue. Dos años antes, el PCE se ha impuesto sobre socialistas y anarquistas, pero tras un auge del maquis, la dictadura engrasa su maquinaria de represión contra ellos y sus apoyos, por lo que el partido ordena el fin de la lucha. En la comarca de A Limia, donde nació Camilo, detienen a decenas de personas —un ejército en la retaguardia callado e incruento— relacionadas con el maquis, que ha visto cómo sus guerrilleros iban cayendo en la batalla.

“El principal tropiezo se produce cuando los aliados, durante la Segunda Guerra Mundial, deciden no derrocar a Franco y en 1944 fracasa la invasión del Valle de Arán, que tenía como objetivo hacer reaccionar a las potencias occidentales. El régimen reaccionó mandando tropas y hubo muertos a punta pala. Entonces se vio que no había nada que hacer y algunos comenzaron a recibir la orden de abandonar la lucha”, explica el periodista Antón Grande. Sin embargo, otros siguieron sumándose. “La incorporación de Camilo fue tardía y obedece a la decisión del PCE de organizar grupos de guerrillas integradas por jóvenes de entre 16 y 18 años, que no tenían experiencia alguna. Cayeron casi todos, sólo queda él”.

Camilo de Dios, en el documental ‘Camilo: o último guerrilleiro de Galicia’

Antes y después, en el monte había de todo. Anarquistas, socialistas, comunistas y republicanos en general, aunque también personas no ideologizadas que habían tomado las armas porque estaban siendo represaliadas en el llano. A Camilo le venía de familia, si bien entonces él sólo era un chaval. Su hermano Perfecto, en cambio, estaba más politizado. Tenía otro, llamado Castor, que vivió con su padrino y no llegó a entrar en la guerrilla. En realidad, todos los hermanos vivieron con sus respectivos padrinos, que se llamaban igual que ellos, cuando en su casa montaron un cuartel de la Falange y les comenzaron a requisar la cosecha y las bestias: Castor se fue con el padrino Castor; Perfecto, con el padrino Perfecto; y Camilo, claro, con el padrino Camilo. Luego volvió el padre de la cárcel y al poco murió. Intentaron retomar su vida y sus propiedades, pero las circunstancias terminarían empujándolos a la clandestinidad.

A finales de los cuarenta, esperaban la intervención de los aliados. No llegó.

Éramos conscientes de que no teníamos fuerza suficiente para derrocar al régimen. Sin embargo, había promesas de que los aliados nos iban a ayudar. No obstante, cuando muere Roosevelt y Truman llega a la Presidencia de EEUU, todo se fastidia. Encima, las noticias aquí llegaban tarde.

Los maquis fueron cayendo, hasta que en A Limia quedó sólo una treintena. Sin embargo, no quisieron aceptar a los hijos de los guerrilleros que preferían echarse al monte a hacer la mili, porque pensaban que eran carne de cañón.

Claro. No admitimos a más gente porque los apoyos no nos permitían contar con más personas. La gente iba cayendo, las torturas eran terroríficas y decidimos no aceptar refuerzos.

Llegó a disfrazarse de seminarista para burlar a la pareja de la guardia civil.

Eso era cuando iba a hacer un enlace, a buscar propaganda o a transportar armas para arreglarlas. No era habitual, mas suponía una garantía, porque entonces no había documentación, sino una cédula personal.

Curiosamente, años antes, el sacerdote del pueblo no quiso darles la primera comunión: “A mí no me hizo ateo la política, fue el cura”.

Decían que éramos hijos de rojos. Eso te marca y te forja una conciencia en contra de un sistema que, aunque no lo entiendes bien porque eres un niño, ves que es injusto. Como aquel Cara al sol... Yo era un crío, pero cuando hay un difunto en casa, los vecinos no se fijan si es de izquierdas o de derechas, porque se le debe un profundo respeto. El problema no era tanto la canción, sino la falta de respeto por cantar en un velatorio.


Encarcelados, usted y su madre mantuvieron una correspondencia durante años.

Podíamos escribir sólo una carta al mes y que no pasase de veintiuna líneas. El censor no daba abasto y, para no tener tanto que leer, nos obligaban a escribir textos breves.


Su primer libro en la cárcel: La vida de los topos.

Sí, bueno… [risas] Eso fue en A Coruña. ¡Qué me importaba a mí lo que comían los topos! ¡O cómo construían las galerías! Sin embargo, me lo sabía de memoria… En todo caso, yo ya había leído otros libros antes e incluso teníamos una enciclopedia y un maestro escondido en casa. Yo no, pero mi hermano Perfecto era muy buen estudiante.

Camilo de Dios, en el documental ‘Camilo: o último guerrilleiro de Galicia’

Había que llegar a pie o a caballo. La casona de un ilustre del franquismo se había convertido en su cuartel general, pues los caseros eran afines a la causa. Allí, en A Edreira, un claro en la sierra de San Mamede, mandaban su madre y Benigno Álvarez, el veterinario que fundó el PCE en la provincia de Ourense. Carmen se ocupaba de la intendencia y de la propaganda. Cuando murió Benigno, la guardia civil mostró el cadáver de la Fiera Comunista en pueblos y aldeas de la redonda, como si se tratase de una atracción de feria. Aquella parada y fonda, que alternaban con otras casas de enlaces y con los rigores del monte, fue bautizada como el Balneario.

El periodista Antón Grande describe aquellos días poniendo tierra y tiempo de por medio. “Aunque existe una concepción romántica de la guerrilla, no estaban todo el día en el monte, sin lavarse y pasando calamidades. Eso era una parte del maquis, pero los inviernos en Galicia son muy largos, por lo que tenían muchos refugios gracias al apoyo del pueblo, que los protegía”. Sin embargo, las autoridades emprendieron una “campaña de intoxicación” para desacreditarlos entre la población y “los trataban como bandoleros”, afirma García Rodeja.

Ellos, por su parte, contraatacaban con El Guerrillero, un periódico clandestino que se presentaba como el Órgano del Ejército de Galicia. “También les llegaba de fuera Mundo Obrero, aunque a veces sólo conservaban la cabecera y escribían en papel de calco un nuevo diario, elaborado a mano, en el que incluían opiniones y poemas. Una información sesgada y partidista, porque tenían poca información de lo que pasaba en el mundo”, explica Antón Grande. Luego estaba el llamado Parte de guerra, unos panfletos que arrojaban en los pueblos tras llevar a cabo una acción.

En una misión en Ourense, Camilo y José María Saavedra, un socialista de Ferrol, son cercados por los agentes, que le prenden fuego a la casa donde se guarecen de las balas. Su camarada, herido, le pide que le pegue un tiro para evitar las torturas y las delaciones. Él le pone la pistola en la mano izquierda y bum. Lo deja allí con un ojo colgando, la cabeza atravesada por una bala. Camilo es detenido, aunque no se imaginaba que, tras despertar atado a la cama de un hospital, se iba a reencontrar con José María en la cárcel de A Coruña. No lo había rematado porque pensaba que estaba muerto. Su compañero, cuya confesión provocó el desmantelamiento de la guerrilla en Mugardos y Ferrolterra, fue ajusticiado a garrote vil y le dejó un reloj que aún conserva en herencia. Sólo había pedido que Camilo lo acompañase durante sus últimas horas.

Llegó a la prisión de A Coruña con el pantalón tan desgastado que sus compañeros le regalaron un mono. Una década después, cuando finalmente salió en libertad de la cárcel de Yeserías, le tocó en suerte un traje pagado por el PCE. Por una puerta había entrado un campesino metido a guerrillero, y por otra salió un guerrillero convertido en un encuadernador… de libros y prensa falangista, claro. “Antes y después, siempre fue y siguió siendo un guerrillero”, enfatiza García Rodeja

Tuvo que disparar, aunque sostiene que no le gustaba que hubiese muertos en ningún bando.

Eso le pasa a todo el mundo, excepto que seas un sádico. Pero si estás cercado, no te queda otro remedio que defenderte con los recursos que tengas a mano. Nunca recuerdo un tiro en la nuca ni cosas así. Había alguna acción dura, pero la considerábamos un acto de justicia, y aún hoy pienso que era justo.

Trabajó en Madrid como encuadernador, oficio que aprendió en la Imprenta de los Talleres Penitenciarios de Alcalá de Henares.

En concreto, en la editorial Paraninfo. Además de libros, en la cárcel también editábamos los periódicos El Alcázar, Redención y Siete Flechas para Europa.


¿Cuándo y por qué se volvió a su pueblo?

Cuando en 1958 muere Pío XII, el nuevo papa me concede un indulto. Tuve que ir a hacer la mili a Ourense. [Allí, fue escolta de un coronel que había sido republicano. Cuando falleció y tuvo que trasladar a su mujer a Santander, durante el trayecto en coche le confesó que era prima de Paco Bedoya, la sombra de Juanín en la guerrilla cántabra. Camilo regresaría a Madrid, donde vivió varios años. En realidad, la pregunta se refería a su regreso definitivo a Galicia: cosas de familia, responde]

Camilo de Dios, en el documental ‘Camilo: o último guerrilleiro de Galicia’

Pagó con violencia la violencia sufrida: cuando le cantaban el Cara el sol con su padre de cuerpo presente, cuando el hijo del alcalde llamó a la puerta de su casa y le estampó a su madre una piedra en la cabeza… Claro que su reacción conllevaba más represión, y así hasta que se echó al monte. Poco duró la aventura, pero sí la cárcel. Camilo siguió militando y volvería a ingresar en prisión en 1971, después de insuflar vida a las Comisións Campesiñas, vinculadas al PCE, y al propio partido, que no sería legalizado hasta seis años después. “Volví a ser torturado, en esta ocasión por la policía”, rememora. Concejal en su pueblo y en Xinzo de Limia, volvió a trabajar la tierra, aunque también se empleó como viajante y camionero.

“Su historia no podía perderse en el tiempo y era necesario recogerla, porque es un símbolo de resistencia que todavía hoy mantiene vivo sus ideales”, afirma Juan Pirola, director de fotografía del documental Camilo: o último guerrilleiro de Galicia, el trabajo de fin de grado realizado junto a sus compañeros Alba Sánchez, Pedro Iglesias y Miguel García. Para ellos, el único superviviente gallego del maquis es un referente. Por ello, estos cuatro graduados en Comunicación Audiovisual por la Universidade de A Coruña viajaron hasta Sandiás para difundir sus gestas y sus miserias, el frío y el hambre de la cárcel, la vida en el llano y la muerte en el monte. Hoy podrán ser testigos de su vida quienes se acerquen a la vieja cárcel de Lugo, donde se proyectará el filme. Allí estarán Miguel Freire, profesor y miembro de la ARMH, y los autores del documental, quienes loan la figura del protagonista.

“Es una fuente de inspiración para la juventud, sobre todo en un tiempo en el que nos venden la antipolítica, no comprometerse, ni preocuparse de los demás”, asegura Juan Pirola. “Después de lo que sufrió, que una figura como Camilo siga reafirmándose en sus ideales de compañerismo, solidaridad y altruismo infunde esperanza”. Lo secunda García Rodeja: “Sorprende su empatía, la facilidad que tenía para ponerse en el lugar de los demás sin dejar de ser un revolucionario. Camilo hace que sigas creyendo en el ser humano”.

Su lucha terminó cuando encontró a su hermano con la ayuda de la ARMH.

Llevaba mucho tiempo detrás de él, pero faltaba el permiso de las autoridades y, sobre todo, los medios económicos. Por ello estoy muy agradecido al sindicato noruego que sufragó la exhumación.

La estirpe continúa.

Estoy casado y tengo tres hijos y otros tantos nietos. Conocí a mi mujer, Ramona, cuando era viajante en Verín. Su padre, un capitán de aviación del Ejército Republicano, había estado en la cárcel. Cuando estalló la guerra, escapó a Portugal, logró llegar a Francia y luego regresó a España para luchar con la República. Busqué una compañera que me comprendiera y se identificase con mi forma de pensar, y tuve la suerte de encontrarla.

Vaya vida… Después de todo, ¿se arrepiente de algo?

No, porque no soy consciente de haber hecho cosas malas. En todo caso, podría arrepentirme de no haber sido más útil.

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Fotografía destacada: Camilo de Dios, en el documental ‘Camilo: o último guerrilleiro de Galicia’

Fuente:http://www.publico.es/politica/camilo-dios-guerrillero-antifranquista.html

 

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La ULE ofrecerá becas para facilitar la colaboración de sus alumnos con la ARMH

Ambas entidades formalizan la cesión del espacio que sirve de sede desde 2008 al laboratorio de la asociación.

elbierzonoticias.com / D. Álvarez / 14-06-2017

Alumnos de las especialidades de Historia, Biología, Biblioteconomía o Antropología de la Universidad de León (ULE) podrán beneficiarse de las nuevas becas de formación que la institución académica prevé implantar para favorecer la colaboración con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Tras la firma del convenio marco rubricado en Ponferrada por el rector de la ULE, Juan Francisco García Marín, y el vicepresidente de la ARMH, Marco A. González, la Universidad cederá de manera oficial por un periodo de dos años las instalaciones que la asociación viene usando desde 2008 como sede de su laboratorio.

En ese sentido, el documento da carta de naturaleza formal a una cesión que se venía dando desde hace cerca de una década, con la apertura del laboratorio y la sede física de la ARMH en el Campus de Ponferrada en diciembre de 2008. La “cesión oficial” de los espacios tendrá una duración de dos años, que se prorrogarán de manera automática si ambas partes están de acuerdo.

Además, el convenio establece otras vías de colaboración, como las becas a estudiantes para que presten su apoyo al trabajo de la asociación, cuya “gran labor” elogió Marín. “Actúan en toda España y están desbordados”, explicó el rector. En ese sentido, las becas estarán dotadas con una cuantía mensual de entre 400 y 500 euros y permitirán que los alumnos combinen la formación con el trabajo diario en la sede de la ARMH. “Todavía no hemos definido cuántos alumnos podrán disfrutarlas, pero inicialmente serán pocos”, avanzó Marín, que cifró el número previsto de participantes entre dos y tres alumnos. El acuerdo también prevé la opción de que los estudiantes colaboren con la asociación gracias a las becas de verano, más restringidas y de sólo dos meses de duración.

Además, su influencia se podrá ampliar con la firma de convenios más amplios en los que participen “no sólo otras universidades sino entidades públicas como Diputación , Ayuntamiento o Junta”, explicó Marín. Por su parte, el vicepresidente de la ARMH consideró que la firma del convenio es “muy importante” porque permite que la ULE se implique “en el apoyo a las víctimas y al trabajo de la ARMH” y reducirá la “excesiva carga de trabajo” del laboratorio de la asociación. “Este acuerdo da consistencia al trabajo que estamos haciendo”, destacó González, que recordó que el laboratorio situado en Ponferrada ya ha resuelto más de 350 casos de víctimas del franquismo y continúa buscando a más de 1.500 personas en el territorio español.

Objetivos del acuerdo

En esa línea, los objetivos concretos que se desarrollarán tras la firma del documento, tienen que ver con la colaboración en materia de actividades educativas, como conferencias, cursos de extensión universitaria y cursos de verano o seminarios, en los que la ARMH podrá realizar sus aportaciones. En el mismo sentido, la asociación colaborará con el Programa Interuniversitario de la Experiencia.

Además, ambas entidades pondrán en común el material bibliográfico, datos, información y experiencias en actividades de investigación conjuntas y se prestarán servicios técnicos y asesoramiento mutuo en cuestiones relacionadas con su actividad. Por su parte, la ULE cederá el uso de sus recursos educativos, de investigación o tecnológicos, así como sus infraestructuras y espacios, para la realización de proyectos conjuntos.

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Fotografía destacada: Firma del convenio entre la ULE y la ARMH. / César Sánchez

 

Fuente:http://www.elbierzonoticias.com/ponferrada/ofrecera-becas-facilitar-20170614161437-nt.html

 

 

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El franquismo del PP

La derecha española es heredera, familiar, social e ideológicamente, del franquismo, por lo que reconocer sus crímenes la obligaría a una renuncia imprescindible para reparar una Historia culpable de la que así son cómplices. 

eldiario.es / Ruth Toledano / 19-07-2015

El otro día, en una fiesta de cumpleaños muy divertida, una joven artista me contó que su padre, que no había cometido otro delito que el de ser comunista, había pasado veinte años en una cárcel franquista. Me contó cómo la vida de su familia había sido truncada por el dictador y que su padre, una vez en libertad, nunca llegó a recuperarse del todo. Después seguimos bailando. Pero esa cifra, veinte años, vuelve desde entonces a mi cabeza una y otra vez. Y, con ella, los 500.000 encarcelados por el fascismo español. Y los 550.000 exiliados que huyeron del terror de ese fascismo. Y los 300.000 niños robados a sus madres por rojas. Y los cientos de miles de desaparecidos. Y los cientos de miles de depurados, despedidos de su trabajo y despojados de sus bienes por ser republicanos.

También, con esa cifra, vuelven los 80.000 republicanos asesinados entre 1936 y 1939. Y los 115.000 antifranquistas asesinados entre 1939 y 1975, año en que el general Francisco Franco murió en la cama de la impunidad. Con esa cifra vuelve también la tía abuela de Ismael Serrano, que aún sigue en una fosa común, como bien  recordó el cantante en un tuit a Pablo Casado (que se burló de quienes quieren recuperar de las cunetas los restos de sus familiares para darles digna sepultura y luego los suyos lo nombraron vicesecretario de Comunicación del PP). Y vuelve Emilio Silva Faba, fusilado por republicano en la comarca del Bierzo y cuyos restos fueron los primeros de un represaliado del franquismo identificados por una prueba de ADN. Su nieto, Emilio Silva Barrera, es el presidente de la  Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), que hace dos meses recibió en Nueva York el premio ALBA/Puffin al Activismo en Derechos Humanos, uno de los más prestigiosos del mundo.

Podría llamar la atención que este premio venga de Estados Unidos mientras en España la tarea de la ARMH es despreciada o, peor, obstaculizada. Pero no sorprende: la derecha española es heredera, familiar, social e ideológicamente, del franquismo, por lo que reconocer sus crímenes la obligaría a una renuncia imprescindible para reparar una Historia culpable de la que así son cómplices. Si el franquismo aplicó el terrorismo de Estado, los descendientes del franquismo que no lo condenan justifican o defienden ese terrorismo. Mientras organizaciones e instituciones internacionales reconocen el esfuerzo de los hijos y nietos de la injusticia, ese esfuerzo es ninguneado en la España donde los herederos del franquismo han podido ganar elecciones democráticas. “No es casual”, señala Emilio Silva Barrera, “que este premio venga de Estados Unidos o que la causa que hay abierta contra el franquismo, a raíz de la querella que promovimos el 14 de abril de 2010, esté en un juzgado argentino”. La ARMH no ha recibido aún reconocimiento alguno por parte del Estado español ni de la Unión Europea: “Decirle al viejo continente que tiene pendiente la resolución de graves violaciones de derechos humanos sería algo así como una falta de respeto, tratándose de este continente civilizado”, ironiza Silva.

La ARMH denuncia que ‘los padres de la Constitución’ dejaron en las cunetas a muchos abuelos y reclama el fin de un olvido y un silencio que aún fomenta el PP. Ante el anuncio de Manuela Carmena de la posible sustitución de nombres franquistas de calles madrileñas, la Delegada del Gobierno en Madrid, Concepción Dancausa, ha mostrado su oposición con un razonamiento tan pobre y sospechoso como insultante: “Se aprende de lo pasado”. Claro que se aprende de lo pasado, señora Dancausa, precisamente para eso es necesaria una memoria capaz de juzgar qué de ese pasado merece reconocimiento y qué merece repulsa. Pretender que una calle que lleva el nombre de un general franquista o que conmemora a los caídos de la División Azul (división de soldados franquistas y falangistas que se unió al ejército nazi) sea una forma de aprender lección alguna supone una burda manipulación. No hay que ser muy lista para comprender que poner a una calle el nombre de algo o de alguien lleva implícito un reconocimiento. Así que es fácil deducir que las motivaciones de Dancausa poco tienen que ver con ilustrar la verdad y mucho con el franquismo heredado por su partido.

La ARMH lo considera una humillación a las víctimas. Una humillación que nos alcanza si “una representante de un Gobierno democrático defiende los honores en espacios públicos a militares golpistas, criminales de guerra y miembros de una dictadura que obligó a exiliarse a medio millón de personas, asesinó a más de cien mil civiles cuyos cuerpos siguen todavía desaparecidos, secuestró las elecciones durante cuatro décadas, convirtió a las mujeres en ciudadanas de tercera clase y persiguió a los homosexuales como delincuentes”.

Como no podía ser otro modo, a los planes de Carmena también se ha opuesto Esperanza Aguirre, rabiosa perdedora de la alcaldía de Madrid que se ha tenido que mal conformar con ser portavoz del PP en el Ayuntamiento. Ha anunciado que los populares se opondrán a las intenciones de la alcaldesa, pasándose por el forro que ese cambio venga avalado por una Ley de Memoria Histórica que ya lo marca y que, simplemente, no se ha cumplido. Tras una reacción como la de Aguirre, solo puede haber mucho franquismo -familiar, social e ideológico- presente. Tanto franquismo como para que ella, la lideresa en descomposición, aún quiera ir más allá: pide la derogación de esa Ley. Es decir, desaparecerán los nombres franquistas de las calles, pero acechará el espíritu antidemocrático mientras no salgan de las instituciones residuos tóxicos como Aguirre o el diputado del PP Rafael Hernando, que  se atrevió a escupir que “los familiares de las víctimas del franquismo se acuerdan de desenterrar a su padre solo cuando hay subvenciones” (y luego los suyos lo nombraron portavoz parlamentario del PP). Porque “ser demócrata”, recuerda la ARMH, “significa ser antifranquista, así como oponerse al uso de la fuerza en el ejercicio del poder”.

Más de 170 calles enaltecen aún en Madrid a responsables y símbolos de la dictadura franquista. De cumplirse la Ley de Memoria Histórica a través de la iniciativa de Carmena y su equipo de Gobierno, Madrid se convertiría en el primer municipio que obedece a la normativa y hace un gesto para reparar una injusticia que, desde la muerte de Franco, suma cuatro décadas de impunidad a las cuatro anteriores de violencia del dictador. Ochenta años de víctimas abandonadas por la Justicia. Lección del pasado sí será, como propone la ARMH, que la retirada de esos nombres y esos símbolos vaya acompañada por la correspondiente explicación de quién, qué y por qué no merece estar en el callejero de nuestras ciudades.

Se lo debemos a Emilio Silva Faba, a la tía abuela de Ismael Serrano y a todos los españoles que, como el padre de la joven artista que conocí en un cumpleaños, fueron víctimas de un terrorismo de Estado que, mientras no se repare con el respeto debido, deslegitimará la Transición e impedirá que este país avance hacia una verdadera democracia.

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http://www.eldiario.es/zonacritica/franquismo-PP_6_410918913.html

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BIENVENIDOS A ESTA WEB DE LA MEMORIA HISTÓRICA

Diez años agujereando el olvido, el silencio, la niebla con la que la dictadura quiso cubrir sus terribles crímenes, los más atroces que pueden cometer algunos seres humanos.

Diez años reapareciendo, recuperando, desolvidando. ayudando a regresar a los desaparecidos, a las desaparecidas, a los que fueron secuestrados, asesinados y abandonados.

Diez años de esfuerzos de mucha gente, de muchos lugares, de testigos que comparten su memoria para señalar cunetas, parajes, espacios en los que las fosas esconden su secreto.

Diez años para aprender, para saber, para conocer la dimensión criminal del franquismo, para entender por qué tuvieron que callar, por qué portaron hasta el presente, en silencio, la memoria que los hacía testigos de delitos atroces, que los amenazaba.

 

 

Diez años de conocer a hombres y mujeres que tuvieron que cavar en su memoria una fosa y enterrar en ella los recuerdos de los asesinos, de los prepotentes, de los pequeños dioses del fascismo que decidían sobre la vida y la muerte.

Diez años conociendo familias aplastadas, sometidas, olvidadas, insignificantes para un Estado que hasta ahora no ha querido darles verdad, ni justicia, ni reparación. Cuando hace diez años un grupo de arqueólogos y forenses trabajaba en una cuneta a la entrada de la localidad leonesa de Priaranza del Bierzo nadie podía imaginar que ese agujero en el silencio era el primero de muchos otros.

Allí aparecieron 13 cadáveres de civiles republicanos; los primeros asesinados por la represión franquista exhumados con técnicas arqueológicas y cuyos cuerpos fueron estudiados con técnicas de antropología y medicina forenses. Desde entonces hemos ayudado a miles de familias. A cerca de 1.500 a encontrar a sus seres queridos. A muchas otras a saber, a conocer, a encontrar documentos o testimonios para dar respuesta a dolorosas preguntas que llevaban años contestadas por un silencio político, judicial y administrativo.

Somos una asociación formada por familiares de desaparecidos y personas solidarias con su causa, su sufrimiento, su derecho a la reparación. No tenemos una sede propia como tal, por lo que en esta que estás es nuestra casa. Acabamos de mudarnos.

A través de esta página podrás enterarte de las actividades que llevamos a cabo, proporcionarnos información u ofrecerte a echarnos una mano. Gracias por interesarte por la recuperación de esta memoria.

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CRÍTICA AL PROGRAMA DE TVE SOBRE LA MEMORIA HISTÓRICA

Artículo de Vicenç Navarro, 22 de octubre de 2010

Este artículo analiza críticamente el documental de TVE sobre la Memoria Histórica que se basa en entrevistas a José Alvarez Junco, Javier Pradera, Santos Julià y Julián Casanovas. El artículo argumenta en contra de las tesis sostenidas en el documental de que una vez enterrados los desaparecidos es importante cerrar el capítulo de recuperar la memoria histórica y dejar de exigir responsabilidades por los asesinatos y crímenes cometidos por los vencedores de la Guerra Civil. El artículo sostiene que la recuperación de los desaparecidos conlleva la recuperación de su memoria y la corrección de la historia de nuestro país, que continúa promoviendo la visión de que lo que llaman erróneamente “los dos bandos” compartieron las responsabilidades de lo acaecido. La limitada democracia española requiere una corrección de la historia de España, para que ésta esté basada en los valores democráticos que la mayoría de los desaparecidos defendieron. Televisión Española ha presentado un documento, “Tengo una pregunta para mi: ¿vivimos en deuda con el pasado?”, que consiste en cuatro entrevistas a cuatro personas a las que se les pregunta su opinión sobre lo que ha  venido a llamarse en España “recuperación de la memoria histórica”. Los entrevistados son José Álvarez Junco, una de las personas que escribió la ley conocida por tal nombre; otros dos son Javier Pradera y Santos Julià, que han sido muy críticos con aquellos sectores de las izquierdas que quieren recuperar la memoria de los vencidos, exigiendo responsabilidades; y  Julián Casanovas, historiador que critica lo que él define como intento de politizar la memoria, hecho que considera criticable, pues cree que se debiera dejar tal labor de recuperar y conocer el pasado a los historiadores.

Todos ellos expresan preocupación por como se está llevando este proceso, atemorizados de que pueda desembocar en unas tensiones que consideran innecesarias e improductivas. Piden que se encuentre a los muertos desaparecidos y, si sus familias así lo desean, los entierren y se les honre. Pero están preocupados por que este proceso se desmadre y vaya ahora a reavivar lo que ellos llaman “los fantasmas de la Guerra Civil”. Creo que ésta es también la postura del gobierno socialista y la del mayor partido de la oposición, el PP. Antes de expresar mi desacuerdo con tales posturas, creo justo intentar resumir la postura de cada uno de los entrevistados.


De los cuatro entrevistados, el más interesante y más sorprendente considero que es José Álvarez Junco. Éste explica que cuando la Oficina de la Presidencia del Gobierno de España le pidió que escribiera la Ley (como miembro de una Comisión encargada de prepararla) se le instruyó que hiciera una ley que satisficiera tanto a los descendientes políticos de los vencedores, como de los vencidos. Era una ley, según le dijeron en Presidencia, “para cerrar heridas”, aceptable por parte de los dos bandos. (Por cierto, un elemento común en las respuestas de los cuatro entrevistados, es que todos definen lo que llaman la Guerra Civil como una guerra entre dos bandos, definición que no comparto y a la cual me referiré más tarde). La ley, por lo tanto, tenía que satisfacer tanto a las derechas (al PP), como a las fuerzas democráticas herederas de las que existieron en las Cortes Republicanas y de las que lucharon contra la dictadura, de las cuales las izquierdas eran la gran mayoría. No era, aclara José Álvarez Junco, una ley de la memoria histórica, sino una ley de reconocimiento a las víctimas de los dos bandos de la Guerra Civil y de la dictadura. Ahora bien, este reconocimiento tenía límites, según José Álvarez Junco. El nuevo estado democrático –dice él- era continuista del estado anterior, y por lo tanto no podía anular juicios aprobados por el estado anterior. Es más, de hacerlo tendría que conllevar pagos, compensaciones y reivindicaciones que el nuevo estado no estaba dispuesto a realizar.


Por lo demás, José Álvarez Junco considera el mandato que había recibido de la Comisión suficientemente complejo como para desanimarle a ir mas allá de reconocer a las víctimas, pues ello nos llevaría a considerar cuál es la memoria, de las muchas que hay, que merece ser recuperada. De ahí que la mejor solución era dejar tal decisión a las familias de los desaparecidos y que éstas –las que así lo desearan- recuperaran la memoria de sus seres queridos. Por otra parte -añade José Álvarez Junco- no es fácil definir quién es una víctima, o si la víctima merece el reconocimiento y/o el homenaje ¿Es, se pregunta José Álvarez Junco, merecedor de reconocimiento como demócrata un maquis comunista, cuando – según José Álvarez Junco- tal maquis intentaba establecer una dictadura estalinista?


Creo haber resumido correctamente las posturas de José Álvarez Junco. Y, repito, considero sorprendente que el gobierno socialista español quisiera hacer una ley en la que se intentara honrar a las víctimas y a la vez satisfacer a los victimizadores. Incluso numéricamente, los golpistas crearon muchas más víctimas que los que defendieron la República Democrática  y lucharon más tarde para reinstaurarla de nuevo, incluyendo, por cierto, el partido Comunista y los maquis. Como bien ha documentado el Catedrático Josep Fontana, el Partido Comunista tenía como objetivo restablecer la democracia parlamentaria existente durante la República. Es más, las víctimas de los republicanos no hubieran existido si no hubiera habido un golpe militar que desencadenó toda la violencia. Considerar como un proyecto factible el desarrollar una ley de reconocimiento que satisfaga por igual a vencedores y vencidos asume erróneamente que lo que ellos llaman los dos bandos comparten las mismas responsabilidades en lo ocurrido en aquel periodo de nuestra historia, lo cual es obviamente falso. Una recuperación justa con homenaje a las víctimas, lleva inevitablemente a denunciar a los vencedores. De ahí la continua oposición a tal proceso por parte de sus sucesores. Creer que se puede satisfacer a vencedores y vencidos es asumir y reproducir esta imagen tan generalizada hoy en España, de que la mal llamada Guerra Civil era una lucha entre dos bandos que, llevados por ideologías extremas (como subraya Julián Casanovas), cometieron barbaridades, que es importante recordar y conocer para no reproducirlas en el futuro. Pero la realidad, fácilmente documentable fue distinta.


En realidad, lo que se requiere no es sólo la recuperación de la memoria de los vencidos, sino la corrección de la historia que se ha enseñado a la juventud en este país. José Álvarez Junco indica que ha habido “silencios” sobre la historia de España. Pero, por lo visto, no se pregunta porque ha habido tales silencios. En realidad, estos silencios se deben precisamente al enorme poder que los sucesores de los vencedores tienen todavía sobre el estado español continuista del anterior y sobre la sociedad. ¿Cómo se explica que los primeros documentales que se presentan en la televisión española (el medio de educación popular más importante del país) sobre las atrocidades del franquismo (documentales como “Els Nens Perduts del Franquisme”), sin acompañarlos de los “horrores” cometidos por el otro bando (como siempre había ocurrido) no se hiciera hasta casi un cuarto de siglo después de que se inaugurara la democracia?


La función de este silencio es reproducir la versión “oficial” que se enseñó durante muchos años, que fue transformándose desde presentar a los golpistas como los buenos, a la versión existente hoy de que no hubo ni buenos ni malos, pues los dos bandos eran culpables. Esta versión de los dos bandos es la versión “oficial” que adquiere su relevancia, no por sanción del estado, sino por la ausencia de otras versiones que la cuestionen, al estar excluidas en los mayores medios (incluyendo los públicos) de información y persuasión.


José Álvarez Junco niega que haya una “historia oficial” y tampoco desea que exista. Ninguno de los cuatro entrevistados quiere hacerla, denunciando a aquellos que lo desean. Si visitan cualquier país democrático verán, sin embargo, que en las escuelas públicas se explica una única historia, resultado de unos valores democráticos definidos por las instituciones representativas gobernadas por las fuerzas democráticas. En cualquier país democrático, los libros de texto en las escuelas son aprobados por los representantes de la población. Y, en su mayoría, promueven valores democráticos, incluidos en la versión de sus historias. En España, los silencios son reflejo del miedo y/o el deseo de no mirar atrás, pues el estado actual es, como José Álvarez Junco reconoce, un estado continuista de un estado dictatorial basado en un golpe militar. De ahí el énfasis en no mirar al pasado, pues este no mirar al pasado es una manera de silenciar una visión democrática de nuestro pasado, promoviendo así indirectamente la versión de los dos bandos que comparten responsabilidades en lo acaecido. Pero este silencio también tiene su función, según Álvarez Junco: permitir la convivencia entre los herederos de los dos bandos, cada uno con su propia memoria.


Los argumentos de Javier Pradera. “Para tener la paz tenemos que aceptar la injusticia”.
Pero esto nos lleva a Javier Pradera, cuya mayor tesis es que debemos aprender a convivir con nuestro pasado tal como han hecho otros pueblos, como el americano o el francés. Javier Pradera se refiere, por ejemplo, a la Guerra Civil de EEUU, que todavía hoy perdura en el memorial de aquel país. En realidad, Pradera señala que aquella guerra fue muy semejante a la Guerra Civil española. De ahí que debiéramos aprender de EEUU a cómo convivir con el pasado y su memoria. Creo conocer bien EEUU, al haber vivido cuarenta años de mi exilio en aquel país, y conozco su historia, incluida su Guerra Civil, la cual, por cierto, tiene muy pocas semejanzas con la Guerra Civil española. Pero independientemente de sus semejanzas o diferencias, el hecho que Javier Pradera parece ignorar es que en la Guerra Civil de EEUU los buenos ganaron. No así en España. En EEUU, la bandera confederada de los vencidos y sus símbolos fueron prohibidos durante muchos años, la estructura económica de los vencidos fue destruida (con la abolición de la esclavitud) y los valores republicanos representados por el Presidente Lincoln, dirigente de los vencedores, fueron promovidos activamente en el sistema educativo de aquel país. No así en España, donde no vencieron los demócratas.


Lo mismo ocurrió en Francia, con la Revolución Francesa, que Javier Pradera presenta también como una Guerra Civil semejante a la nuestra. En aquel conflicto francés, los buenos ganaron. Y los valores de los vencedores fueron clave para establecer los regímenes republicanos en Francia y también, por cierto, en Europa. De nuevo, no así en España. Es más, estos mismos valores de la Revolución Francesa fueron los que la resistencia anti-nazi francesa (en la que lucharon muchos antifascistas españoles), salvó con la derrota del Régimen de Vichy, cuyos seguidores fueron severamente sancionados por el régimen republicano democrático, vencedor en aquel segundo conflicto. De nuevo, lo opuesto ocurrió en España.


Y ahí está la especificidad de España. Los malos ganaron y la democracia que resultó de la transición no fue una rotura, sino una adaptación, con la abertura a las fuerzas democráticas, pero dentro de un enorme desequilibrio en las relaciones de fuerza. Pradera admite que se han hecho enormes injusticias con los vencidos durante el proceso democrático, siendo el olvido uno de ellos. Pero lo considera necesario para mantener la paz. Pradera, con la arrogancia y tono insultante que le caracteriza, se refiere, con un tono condescendiente, a una presentación del Juez Garzón, indicando que Garzón hizo “el discurso predecible” cuando indicaba que “la Paz era imposible sin ir acompañada de Justicia”. La realidad, señala Pradera, es distinta. La Paz requiere, en muchas ocasiones, la perpetuación de la injusticia. Y lo ocurrido en España –subraya Pradera- es un ejemplo. Lo que Pradera confunde, sin embargo, es el significado de los términos utilizados en tal frase. Paz es mucho más que la ausencia de tiros en la calle. Existe violencia institucional en España, tanto dentro como fuera del Estado, violencia que ocurre en bases diarias con vencedores y vencidos. Y parte de esta violencia es la represión en contra de la memoria y de la historia de los vencidos. Es violencia negar a los vencidos (que fueron en su gran mayoría los defensores de la democracia) que su historia sea la historia de la democracia española, como también es violencia que en muchas partes de España exista todavía hoy miedo a recuperar esta memoria y es violencia que sea tan difícil encontrar a los muertos desaparecidos del lado de los vencidos, o que sea imposible llevar a los responsables de aquella violencia a los Tribunales. ¿De qué Paz habla Pradera?


Pero las consecuencias de la propuesta de Pradera de aceptar las injusticias tienen, incluso, un coste mayor para España, pues implica condenarla a una democracia sumamente incompleta y recortada, viviendo bajo el silencio. En el proyecto democrático es un enorme error abandonar la exigencia de que se conozca el pasado y se demanden responsabilidades por lo ocurrido, como bien exigía el juez Garzón en el enjuiciamiento del franquismo. En realidad, ha sido el conocimiento de las atrocidades realizadas por tal régimen el que ha ido concienciando a la población de la maldad de aquel régimen. Hoy, ya el 30% de los votantes del PP (el partido heredero de los vencedores) apoya el enjuiciamiento del franquismo, desaprobando la acción del Tribunal Supremo de condenar al Juez Garzón por su intento. Tal elevado porcentaje entre los herederos de los vencedores sería impensable hace sólo unos años. España no tendrá una democracia completa y madura hasta que no tenga una derecha democrática, homologable a la derecha europea (la cual ha denunciado al Tribunal Supremo por tal acto). De ahí la enorme importancia de que se conozca lo que fue el golpe militar y sus consecuencias, intentando en aquel proceso que el estado español deje de considerarse continuista del régimen dictatorial anterior y se defina como el heredero de la II República. Creo que ello ocurrirá, pero la labor es más  dura y difícil que en otros países, porque aquí los que ganaron no eran los buenos. Pero para ello se requiere que los nietos y los biznietos de los vencidos (y muchos de los vencedores) presionen para que se conozca el pasado oculto y se exijan responsabilidades a los vencedores y a aquellos que gozan de privilegios heredados del golpe y de la dictadura. Sus valores democráticos así se lo exigirán.


Naturalmente que en esta recuperación de la historia de las fuerzas democráticas hay que incluir las luces y sombras de los vencidos. Pero estas últimas no pueden apagar el hecho de que eran los que llevaban razón, defendiendo mejor los intereses de la población y de su mayoría, las clases populares. Los aliados en la II Guerra Mundial cometieron atrocidades como el bombardeo de Dresden. Pero estas atrocidades no anularon el hecho de que los aliados tenían una superioridad moral sobre los nazis y el mundo ganó cuando vencieron aquel conflicto. La perpetuación y promoción de quienes son los buenos y malos es fundamental para fortalecer la cultura democrática, todavía poco desarrollada en España, lo cual me lleva a recuperar mi desacuerdo con el tercer entrevistado, Santos Julià.


Las memorias de Santos Julià
Santos Julià afirma que los dos bandos tienen sus propias memorias, lo cual es obvio y nadie cuestiona. Este no es el punto de debate. El punto de debate es qué memoria debe priorizar en el estado democrático en este momento, pues toda historia –conocimiento y comprensión del pasado- se basa en la memoria individual y colectiva, oral y escrita de la sociedad. En cualquier estado democrático, tal como he indicado anteriormente, el estado prioriza los valores democráticos que se transmiten en su historia. Y en España ello no ha ocurrido durante la época socialista, aún cuando el silencio oficial permite la reproducción de la historia promovida por el Estado durante los gobiernos conservadores del PP (es decir, el de los dos bandos). De ahí que aquella Ley debiera haber ido mas allá que el hecho de enterrar a los muertos, pues de no hacer más, con aquellos muertos se enterrará también nuestra historia democrática. El intento del Gobierno Socialista español de no ofender a los vencedores era, indirectamente, aceptar la versión histórica anterior de “los dos bandos”.


Santos Julià está en desacuerdo con que se exijan responsabilidades a los vencedores. En realidad, considera que la Amnistía era un indicador de la madurez de la democracia española, perdonándonos los unos a los otros. Esta actitud, probablemente procedente de su pasado como sacerdote, es profundamente insatisfactoria desde el punto de vista democrático, pues pone en el mismo nivel a victimizadores y a víctimas, además de abandonar el intento de recuperar la memoria y la historia democrática. Tal Ley de Amnistía no tuvo nada que ver con la madurez de las fuerzas democráticas, sino con el enorme desequilibrio de fuerzas entre las izquierdas y las derechas en el momento de la transición. Es muy probable que si en España hubiera habido una ruptura, en lugar de un proceso continuista, se habría sancionado a los golpistas y  sucesores, y se hubiera considerado al nuevo estado democrático, un estado heredero de la República. Ahora bien, la correlación de fuerzas en España, no permitió que tal rotura ocurriera, y es posible que la manera como se hizo tal transición era la única posible. Pero definirla como modélica es idealizar aquel proceso, pues la democracia que tenemos dista mucho de ser homologable a las otras democracias existentes en la UE. Sus enormes insuficiencias han determinado, entre otros hechos, un estado del bienestar muy insuficiente (como documento en mi libro Bienestar insuficiente, Democracia incompleta. Sobre lo que no se habla en nuestro país. Anagrama. 2002)


Puede ser que las izquierdas no tuvieran otra alternativa, en un estado en el que su jefe de estado –el Monarca- consideraba al Dictador como su padre y el Ejército estaba a punto de interrumpir cualquier abertura. Santos Julià confunde madurez con debilidad. Las derechas, continuadoras de la nomenclatura de aquel estado dictatorial, tienen  todavía un enorme poder sobre este estado continuista, y la muestra de ello es que nada menos que el Tribunal Supremo lleve a los tribunales al único Juez que ha intentado enjuiciar al franquismo, y ello en respuesta a una denuncia realizada por el Partido fascista, la Falange. Una situación bochornosa, de escándalo internacional, que es a la ve esclarecedora de la naturaleza escasamente democrática del Estado español.


Julián Casanovas y la despolitización de las memorias
Lo cual me lleva a la última entrevista, la de Julián Casanovas, de cuyos libros sobre la Iglesia Española he aprendido y citado con frecuencia. Mi admiración por su trabajo no excluye mi crítica hacia sus posicionamientos expresados en la entrevista en este programa de TVE. Julián Casanovas subraya que debe despolitizarse la memoria histórica y  dejar el estudio del pasado a historiadores. Mientras –dice él-, que se entierre a los muertos desaparecidos y con ello se cierre este periodo de nuestra historia. Es una visión un tanto corporativista, que asume que la historia es tarea exclusiva de los historiadores y hay que dejarles que hagan su trabajo. Y que sean sus productos, los libros de historia, los que la juventud estudie para conocer la Historia de España. De no hacerse así, y de continuarse la “politización de la memoria y de la historia”, tal como –según él- está ocurriendo ahora, las cosas se van a complicar demasiado, con jueces y cortes internacionales interviniendo en España, convirtiéndose la recuperación en un show internacional que va a dar una muy mala imagen de España.


En esta postura hay varios supuestos cuestionables. Uno es la posibilidad de despolitizar el análisis histórico, lo cual lo veo imposible y además indeseable. Politizar quiere decir dar voz a los representantes de la población que, dividida en clases sociales, géneros y nacionalidades, tienen distintas memorias, y por lo tanto distintas historias. Es lógico y aconsejable, desde el punto de vista democrático, que sean sus representantes los que prioricen las preguntas y los métodos de investigación en el proceso histórico, realizados por los historiadores. Decir esto no es infravalorar la labor del historiador, sino reconocer que la historia es una tarea mucho más amplia que lo que hacen los historiadores. Es más, los historiadores, como seres humanos, están sujetos a la subjetividad dentro de un proceso científico. De la misma manera que las feministas exigen, con razón, que haya más mujeres entre los historiadores, a fin de ser más sensibles al punto de vista de la mujer en la recuperación de la historia humana, los vencidos tienen el derecho de exigir que haya más historiadores que, bien como hijo o nieto de los vencidos, o de los vencedores con sensibilidad democrática, sean sensibles a los valores democráticos.


Por otra parte, el método histórico se alimenta de la memoria. Y la memoria de los vencidos no se ha recogido. Cualquier memoria es política y, por lo tanto, su recogida es también política. No encuentro censurable que las izquierdas quieran recuperar sus valores políticos en aquella memoria, tal como las derechas lo han hecho (dificultando además ahora que las izquierdas lo hagan). Lo que el compromiso democrático exige es precisamente denunciar el silencio sobre el pasado, causado por las coordenadas de poder (político y mediático) existentes en España, a favor de las derechas. Julián Casanovas parece ignorar que el que controla el pasado, controla el presente. En España, el control de aquel pasado explica la relación de poder en la España actual. Las encuestas muestran como las instituciones más populares en España (excepto en Cataluña y en el País Vasco)  son la Monarquía, el Ejército y la Iglesia, los cuales (con la Banca y el mundo empresarial) son el pilar de las derechas, cuyo poder se  ha traducido en el enorme subdesarrollo social de España, donde el tiempo de visita como promedio al médico es sólo de seis minutos. Inteligencia política es la posibilidad de relacionar hechos. Si hubiera habido rotura, con el estado considerándose heredero de la República (que hizo reformas sustanciales en un corto periodo) y con las izquierdas gobernantes, hoy España tendría un estado del bienestar mucho más desarrollado que el que tiene en la actualidad. En Europa, donde las izquierdas han sido fuertes (como en los países nórdicos), el bienestar social y la calidad de vida, incluida la democrática, han sido mucho más altos que en países como España, donde las derechas han sido muy fuertes.


Por otra parte, la historia no se reproduce sólo a través de los libros de historia, sino a través de la cultura y conocimiento (que va desde el cancionero popular a películas, obras de teatro y un largo etcétera) que promueven una visión de la realidad a costa de otras. Estamos, pues, tocando el tema clave en una democracia que es la producción y reproducción de valores, o lo que mi amigo Norman Chomsky llama “los aparatos de producción del consumo ideológico dominante”. Y creo fácil de mostrar (como lo he hecho en mis libros) que tales medios en España están claramente sesgados excluyendo y discriminando a las izquierdas. La aparente placidez (o Paz, como la llama Pradera) que se da en nuestra sociedad se basa en una enorme represión que margina al que critica y responde a tal represión. De ahí que lo que se requiere es denunciar esta situación, aún cuando aquellos que así lo hagan sean acusados de politizar la realidad. En realidad, lo que están haciendo no es politizar, sino introducir nuevos valores políticos que rompen con aquella placidez, sustentado por otros valores que no son democráticos. Aplaudo así la Ley de la Memoria Histórica aprobada por la Generalitat de Catalunya, que de una manera explícita intenta no sólo enterrar a los muertos, sino desenterrar su memoria y la de los que lucharon en contra del fascismo, intervención que es protestada por las derechas acusando al gobierno de volver a los fantasmas de la Guerra Civil, politizando el pasado. Lo que el gobierno catalán hace es romper con el dominio político de aquel pasado por parte de los responsables del horror de aquellas horribles páginas de nuestra historia. Y esto es lo que creo debe hacerse.


Universidad Pompeu Fabra
Barcelona. Octubre 2010
Publicado por ARMH
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